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La cooperación es una herramienta fundamental en nuestros días. Si la especie humana ha logrado un desarrollo sin igual de la cultura, de la ciencia, de las artes, en fin, eso que habitualmente llamamos civilización, ha sido gracias al empeño que los humanos le hemos puesto al trabajo con otros, a partir de la conciencia de que solos, como individuos aislados, es muy poco lo que podemos realizar. Se reúnen en este volumen investigaciones que tocan los más disímiles campos que se ubican en el registro de lo intersubjetivo y transubjetivo, pero todos centrados en pensar los diversos vericuetos por los que transita la cooperación cuando los humanos han de abocarse a resolver diversos tipos de problemas. Los primeros capítulos ofrecen un esquema para pensar la construcción teórica de la cooperación. Luego un apartado especial lo configuran artículos que se preguntan por las complejidades que tiñen a la cooperación en el grupo familiar y en el vínculo de pareja. Cuando se trata de estudiar la cooperación en el marco institucional se hacen visibles ciertos extremos; uno de ellos es el cooperar para no cooperar, fenómeno que se observa, por ejemplo, en las relaciones de trabajo y de formación. El otro extremo lo conforma la cooperación máxima en las situaciones de relevo ante la tarea, ya que dan cuenta de sincronización. Por último, se muestran distintos análisis que abordan la cooperación patológica. Este texto puede ser de utilidad para un abanico amplio de cientistas sociales, ya que permite comprender la dinámica inconsciente de los vínculos interpersonales que se generan en espacios grupales, organizacionales e institucionales con efectos directos hasta en lo político, pues aborda las condiciones que han de cumplirse para que diversas personas puedan coincidir en ciertas tomas de decisión asumiendo el ejercicio del poder que les es inherente.
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Seitenzahl: 323
Veröffentlichungsjahr: 2022
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302.14
C778v Pensar en grupo. El trabajo de co-operar /
Horacio Foladori, Nelson Ruiz (compiladores).
–1a. ed.– Santiago de Chile: Universitaria, 2017.
179 p.; 15,5 x 23 cm. (Estudios)
Incluye bibliografías.
ISBN edición impresa: 978-956-11-2560-5ISBN Digital: 978-956-11-2755-5
1. Cooperativismo. 2. Psicología social. 3. Sociología clínica. I. Foladori, Horacio, comp. II. Ruiz, Nelson, comp.
© 2017. HORACIO FOLADORI, NELSON RUIZ.Inscripción N° 282.672. Santiago de Chile.
Derechos de edición reservados para todos los países por© EDITORIAL UNIVERSITARIA, S.A.Avda. Bernardo O'Higgins 1050, Santiago de Chile
Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida, transmitida o almacenada, sea por procedimientos mecánicos, ópticos, químicos o electrónicos, incluidas las fotocopias, sin permiso escrito del editor.
Texto compuesto en tipografía Palatino 11/13
IMAGEN DE PORTADA©GutenTagVector/Schutterstock.com
DIAGRAMACIÓNYenny Isla Rodríguez
Diseño de portadaNorma Díaz San Martín
ESTE PROYECTO CUENTA CON EL FINANCIAMIENTO DELFONDO JUVENAL HERNÁNDEZ JAQUE 2016DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE.
Diagramación digital: ebooks [email protected]
El Fondo Rector Juvenal Hernández Jaque fue instituido el año 2003 mediante el Decreto Universitario N° 0025.932, con el fin de «promover la edición, publicación y difusión de libros y textos de interés académico, otorgando prioridad a los desarrollados por la Universidad de Chile, que generen una contribución a las ciencias, humanidades y artes, y que signifiquen un enriquecimiento científico y cultural de la comunidad».
Desde el año 2013 la convocatoria a postular obras se ha realizado en forma anual siguiendo estándares editoriales rigurosos estrictos. Un Comité Editorial formado por cinco Profesores Titulares de diversas áreas del conocimiento –presidido por el Prorrector de la Universidad de Chile– conduce el proceso de revisión y selección de las obras, identificando pares evaluadores que contribuyen con su opinión ilustrada y fundamentada a la decisión final sobre bases exigentes y rigurosas.
En el presente concurso el Comité Editorial del Fondo estuvo constituido por los Profesores Gonzalo Díaz Cuevas, Rafael Epstein Numhauser (Presidente), Jorge Hidalgo Lehuedé, María Loreto Rebolledo González y Ángel Spotorno Oyarzún. La convocatoria alcanzó a 37 libros, siendo seleccionados 16. Uno de ellos es el libro que usted tiene en sus manos.
Comité EditorialFONDO RECTOR JUVENAL HERNÁNDEZ JAQUE
PrólogoRosa Jaitin
Introducción
El diálogo con los grupalistas
El diálogo con los institucionalistas y organizacionales.
El diálogo en el espacio laboral
La cooperación en los vínculos familiares
PRIMERA PARTE FUNDAMENTOS DE LA COOPERACIÓN
La noción de cooperación en Enrique Pichon-RivièreHoracio Foladori
Introducción
El asunto de la tarea
Cooperación y dialéctica de liderazgos
La cooperación para excluir: el fenómeno del chivo emisario
La cooperación como condensación: el portavoz
Cooperación Grupo-Coordinación
Cooperación Coordinador-Observadores
El factor cooperación
La cooperación en el ejemplo del fútbol
Condición para la cooperación
Síntesis final
Bibliografía
Cooperación (In)Consciente en el Trabajo. Análisis conceptual de la noción de Cooperación en el trabajoMarcelo Balboa Gallardo
La Cooperación en el Trabajo en el marco de las transformaciones del trabajo contemporáneo
La Cooperación como analizador de las formas de Organización del Trabajo contemporáneo
Revisión de la noción de Cooperación en el marco de teorías clínicas del trabajo grupal e institucional
Dimensiones inter y transubjetivas de la cooperación en el trabajo
Primer nivel de análisis: Formas de cooperación, manifiestas conscientes y estratégicas
Segundo nivel de análisis: Formas de cooperación no-manifiestas y dinámicas inconscientes intersubjetivas.
Tercer nivel de análisis: Formas inconscientes transubjetivas que determinan la Cooperación
Discusión: La cooperación (in)consciente, un modelo de análisis de la cooperación en el trabajo.
Conclusión
Bibliografía
SEGUNDA PARTE LA COOPERACIÓN DE LOS VÍNCULOS DE PAREJA Y FAMILIA
La cooperación desde la perspectiva del vínculo fraternoEmilia Napolitano M.
Bibliografía
Complejo Fraterno y Cooperación en los Vínculos Intrafamiliares. Apuntes de un caso de incesto fraternoNancy Méndez / Nelson Ruiz
La demanda de intervención familiar. Antecedentes del caso
La proposición incestuosa. Acerca del fantasma de incesto fraterno
El silencio pactado entre hermanos. Las alianzas inconscientes y cooperación en los vínculos intrafamiliares
Somos como un plantel. La indiferenciación fraternal como defensa
Orlando y Ulises, sobrevivientes de la locura familiar. El complejo fraterno
La embarrada familiar: de la suciedad de la casa a la suciedad cósmica. La intervención
Comentarios finales
Bibliografía
Cooperación y violencia en el vínculo de pareja: caminando juntos hacia la rupturaSandra Marcela Hernández
La ambigüedad del comienzo
En cooperación con otras disciplinas
La cooperación en la clínica psicoanalítica de pareja
¿Qué miro en la clínica con parejas y desde dónde lo hago?
Lo que miro
Lo hago desde acá
La cooperación y las alianzas inconscientes
La pareja que consulta
Dibujo de Julia
Dibujo de Pablo
Bibliografía
TERCERA PARTEPARTICULARIDADES DE LA COOPERACIÓN EN DIVERSAS INSTITUCIONES
Los boicoteos a la cooperación y el sufrimiento en el trabajoM. Cristina Silva D.
La cooperación en el grupo de tarea
El grupo institucionalizado
La cooperación en la psicodinámica del trabajo
El nuevo management y las trabas a la cooperación
Sobre las instituciones de salud y el caso de un CESFAM Rural del sur de Chile
Conclusiones
Bibliografía
Cooperación y Sociología Clínica: una propuesta de formaciónPatricio Guerrero M.
Palabras finales
Bibliografía
Cooperación en Unidades de Producción Recuperadas por los Trabajadores (UPRT) y sus efectos en la subjetividadHoracio Foladori
La cooperación en el dispositivo de la Asamblea
El sistema de rotación de roles
La cooperación con y de la comunidad barrial
La compleja cooperación con organizaciones sindicales
¿Es posible pensar una cooperación con el Estado?
Algunas reflexiones sobre los cambios en la subjetividad
Comentarios finales
Bibliografía
Cooperación Perversa. Un lazo social particular a propósito del Caso KaradimaCarlos Barría Román
Bibliografía
Cooperación, creatividad y trabajo en el tratamiento de la psicosisCamila Ovalle Sazie
Introducción
Ejes articuladores del dispositivo: Pilares teóricos de la intervención
La grupalidad
Grupo de pares
Grupo centrado en la tarea
La creatividad
El trabajo vivo y la cooperación
Metodología: Trayectoria de una intervención
La tarea de la escritura
Metodología
La tarea de la publicación y el lanzamiento
Metodología
La tarea de la autogestión
Metodología
Discusión
La belleza estética: el encuentro
La belleza ética: la cooperación
La belleza política: el acto poder
Bibliografía
Esta obra, original por su temática y su enfoque, desarrolla tres ejes principales: en el primero se fundamenta la noción de cooperación como un supuesto básico organizador de todo vínculo. En segundo se trabaja la cooperación en los vínculos de pareja y de familia, y la tercera parte analiza la complejidad de la cooperación en los vínculos institucionales, mostrando bien cómo el objeto de trabajo de cada institución moviliza una problemática específica según la tarea explícita y la patología que la atraviesa.
Diez autores especializados en diferentes configuraciones vinculares, grupales, institucionales, de familia y de pareja abordan el tema de la cooperación desde la perspectiva de la clínica vincular en su triple articulación del sujeto, del grupo y la tarea.
Esta obra retoma el concepto introducido por Enrique Pichon-Rivière, como lo señala Horacio Foladori.
Pichon-Rivière se apoya, sin decirlo, en las ideas de Bion, dándole una vuelta de espiral dialéctica. Para diferenciar la participación espontánea en los grupos de supuesto básico, de la participación consciente e inconsciente en los grupos de trabajo, Bion propone reservar la palabra "cooperación" para el grupo de trabajo y llama "valencia" a la capacidad primaria de participar, a la actividad mental y a la acción grupal del grupo de "supuesto básico".
W. Bion (1961)1 llega a esta conclusión después de haber analizado el "supuesto básico de emparejamiento". Retoma entonces la noción de libido de Freud definiendo la cooperación como "la capacidad que se desarrolla en la manifestación de la libido".
Podemos decir entonces que para que haya cooperación las pulsiones eróticas deben tener curso libre. Esta idea de pulsión que ha sido criticada por Pichon-Rivière-Rivière como ligada a las pulsiones instintivas ha sido reformulada en las últimas décadas por André Green2 (2012 ) y René Kaës3 (2012).
La pulsión se impone como una fuerza de trabajo a la psique del lado de la vida y la transformación; y del lado de la muerte o la destrucción. No es algo "heredado" sino que se construye y se transmite en la relación con el otro posibilitando un grado de representación fantasmática a nivel intrapsíquico.
Pero lo interesante es que Bion (1961) desarrolla la idea de cooperación cuando trabaja el supuesto básico de "emparejamiento", en el que los participantes fantasean el pasaje al acto sexual de ciertos miembros del grupo (formación de parejas). Esto ocurre en el momento en que los sujetos comparten entre ellos una imagen idealizada del grupo.
La pareja sería un líder manifiesto y su producto (el bebé mesías) es fantaseado como un sujeto que va a salvar al grupo de sus problemas. Pero en ese contexto opera como resistencia en el grupo de trabajo.
La cooperación sería el resultado de la pulsión erótica. Entendemos entonces la pulsión erótica como pulsión de vida.
Pero para Pichon-Rivière la cooperación puede ser entendida desde la vida o la destrucción.
"Cooperación y competencia dejan de tener un signo positivo y negativo" citando a Horacio Foladori; estos dos conceptos pueden ambos aludir al erotismo o a la muerte. Pichon-Rivière reformula la noción de pulsión de vida del lado del proyecto vincular en el que la vida se prolonga en un mañana.
El caso clínico de pareja presentado por Sandra M. Hernández pone en evidencia cómo la separación de esta pareja es resultante de la cooperación en su intrincación de vida y muerte. Esta autora muestra de manera muy fina cómo la pareja compite por la sobrevivencia de sus identidades.
Otro elemento interesante de la autora es que introduce una mediación simbólica por el dibujo, en la medida en que esta pareja presentaba serios trastornos de simbolización. La sexualidad aparece como resultante de una excitación que pretende calmar el vacío existencial de estos sujetos.
Aquí vemos también la importancia de la violencia de lo vital como necesaria para poder separarse de un otro4. Ese otro sería un intermediario de separaciones previas fallidas, que se escenifican en un presente abriendo nuevas brechas al proceso de separación subjetiva.
Continuando del lado de la familia desde la filiación fraternal, el material clínico presentado por Nancy Méndez y Nelson Ruiz abunda en su confirmación de la función "salvavidas" de la fratría frente al riesgo de incesto que la atraviesa en ausencia de la función parental. Estos autores demuestran el lugar estructurante de la alianza fraterna en tanto la co-operación deviene un fenómeno político en la medida en que se lucha por el poder para ser representado como sujeto "existente y emergente", es decir en el reconocimiento de la existencia de cada uno como sujeto de filiación, cuando opera la prohibición del incesto.
El interrogante abierto por Emilia Napolitano sobre la paradoja entre el narcisismo y la cooperación ha sido respondido por Lacan cuando plantea que el estadio del espejo posibilita la identificación con el semejante con el que es necesario confundirse y rivalizar para verlo como otro.
La continuidad de mis escritos entre el grupo de niños y el grupo fraterno ha puesto en evidencia el lugar de la fratría como grupo intermediario entre el grupo familiar y el grupo social. La fratría aporta un escenario en donde el ejercicio del poder se ejerce en la relación con los hermanos abriendo camino al lazo con el grupo de pares.
Un tema central de este libro colectivo es el lugar del poder en las diferentes configuraciones vinculares.
Una primera lectura sería la perspectiva intersubjetiva, en la que el vínculo de poder tendría dos caras: la primera alude al poder como forma de representación, como reconocimiento de la existencia de cada sujeto en la relación con el otro; la segunda refiere al poder como relación de sometimiento, de dominación, de control y de inmovilización del lado de la destrucción y la muerte de la subjetividad.
Todo vínculo supone imposición5. Cuando esta se ejerce para instaurar el respeto por las diferencias generacionales, sexuales y culturales, el poder opera como organizador vincular.
En este sentido, podríamos referirnos a la experiencia clínica del coordinador grupal. Este ocupa el lugar de "co-operador", que instaura una posición generacional que lo diferencia del grupo. Su saber le permitiría descifrar los movimientos arcaicos y regresivos del grupo ofreciendo su capacidad de continencia para ayudar a elaborar las ansiedades que atraviesan el campo transferencial, del que el coordinador es también parte. Resulta importante diferenciar al grupo autocrático del grupo operativo. Los grupos autocráticos de tendencia endogámica desestiman el lugar del tercero representado por la figura del coordinador grupal.
Desde la perspectiva del grupo, Pichon-Rivière sobrepasa el clivaje del grupo de trabajo y del grupo de supuesto básico introducido por Bion.
En la medida que Pichon-Rivière integra en su concepción de grupo la noción de lo operativo y de tarea, es decir, el hacer como un organizador central del grupo, introduce no solo la idea de trabajo, sino que avanza en la comprensión de diferentes formas de simbolización vincular. En este sentido el cuerpo, la mente y el mundo externo serían modalidades de representación del vinculo grupal. La co-operación es entonces figurada de múltiples formas: sensorial desde el cuerpo, como acción en el mundo externo y como pensamiento consciente e inconsciente.
Pero también la noción de emparejamiento podría ser comprendida como confluencia del nivel horizontal-grupal y del nivel vertical del sujeto que porta la voz. Este sería un actor de cooperación, ya que condensa la expresión del afecto que el grupo desplaza y difracta sobre él.
Pero veamos ahora el tema del poder desde la perspectiva transubjetiva como aparece en los vínculos sociales y de trabajo.
Para Marcelo Balboa Gallardo la cooperación sería un analizador de la organización del trabajo contemporáneo pero que también daría cuenta de las relaciones inconscientes intersubjetivas. Esta perspectiva, común a todos los autores del libro, privilegia la relación triangular en la relación coordinador-grupo-tarea. Esta triangulación constituye un ángulo central de lectura de los obstáculos, de los dilemas, de los clivajes en la cooperación.
El autor realiza un profundo recorrido en el que retoma los autores centrales que analizaron la institución en su vertiente regresiva y progresiva.
El espacio institucional opera como un trasfondo implícito en un contexto histórico-social, en donde las relaciones de producción funcionan como formas organizadoras de poder. En este sentido M. Cristina Silva introduce la cuestión de la autonomía y de la responsabilización ilusoria en el trabajo como forma moderna de dominación. El activismo no sería expresión de co-operación sino que puede ser una nueva forma de esclavitud.
El trabajo de Patricia Guerrero nos pone en evidencia las paradojas y limitaciones de nuestro trabajo en el plano institucional. La demanda de formación de directores de escuelas surge de una congregación que queda sin financiamiento para pagar capacitaciones. Se les ofrece un encuadre de formación en donde el hacer (corporal), el sentir (emocional) y el pensar (cognición) confluyen. Este trabajo les permite valorizar el trabajo y recuperar la autoestima. Desde el nivel de la co-operación del grupo de trabajo la experiencia resulta un éxito. El grupo sobrepasa la melancolización del docente, pero emergen nuevos síntomas (infartos, depresiones...) por lo que podría concluirse que el trabajo tiene dos planos: el de abrir a la creatividad para sobrepasar las limitaciones del contexto, creando aperturas para la cooperación conjunta, pero teniendo claro que no basta cambiar las organizaciones sino teniendo claro el compromiso y el camino de la lucha política, pero también considerando el sujeto en el nivel intrapsíquico, resultante de la propia historia.
El caso Karadima introducido por Carlos Barría Roma demuestra con acierto el problema de la perversión ejercida sobre niños y el efecto traumático del abuso, señalado por S. Ferenczi (1936)6 como confusión de lenguas, en oposición a la sobredimensión de la vida fantasmática freudiana.
El bello trabajo de Camila Ovalle Sazie que transforma el pensamiento psicótico en obra literaria agrega un eslabón fundamental a la cadena asociativa grupal, apoyada en una mediación de simbolización como es la escritura, traductora de un lenguaje indescifrable en una lengua socializada.
Este libro constituye un aporte valioso para todos los profesionales que trabajan en el campo de los grupos, las instituciones, las familias y las parejas. Los profesionales podrán apoyarse en él para pensar problemas de las prácticas cotidianas; abre nuevas preguntas, dando respuestas posibles a problemas complejos de las múltiples configuraciones vinculares aquí tratadas.
ROSA JAITINLyon, abril de 2017
La noción de cooperación no ha sido desarrollada por la corriente psicoanalítica más clásica y ortodoxa. Es natural que así haya sido, ya que la preocupación central de Freud ha tenido que ver con los espacios intrapsíquicos en lugar de los vinculares. Su interés se centró en pensar el funcionamiento del psiquismo suponiendo, tal vez, una relación biunívoca entre el individuo como objeto empírico y un inconsciente pensado en consecuencia. Si bien pueden realizarse en nuestra época lecturas más amplias de la vida psíquica y anímica basados en los planteamientos freudianos, no fue así en los orígenes del psicoanálisis.
Ahora bien, el propósito de este escrito no es dar cuenta del origen y desarrollo del estudio de los grupos desde una perspectiva psicoanalítica, pero se hace necesario precisar algunas cuestiones. El grupo es un término gestáltico, una integración de figura (conjunto) y fondo (individuo); hace entonces referencia a una suma de elementos, a una escena de varias personas. Lewin, Elton Mayo y Pratt fueron los precursores de su estudio desde la psicología social o microsociología, lo concebían como un objeto empírico, tangible, observable, que se reúne artificial o espontáneamente, colocando el acento en el agrupamiento, es decir, en la pertenencia de un individuo a un conjunto de personas que comparten ciertos afectos.
Entender al grupo desde un punto de vista psicoanalítico implica comprenderlo no solo como un hecho objetivo o fáctico, sino como una construcción imaginaría, como una representación psíquica. Esto supone un salto cualitativo importante, el grupo sería también un objeto intangible que tiene leyes de funcionamiento que no son comparables con lo que sucede a nivel psíquico individual y que hacen necesaria una metapsicología distinta y, en consecuencia, una revisión del método psicoanalítico.
La cuestión del grupo interroga, pues, los saberes del psicoanálisis, la forma cómo este los ha construido y los límites de su validez. Es en estas condiciones que las teorías psicoanalíticas del grupo contribuyen a la teoría general del psicoanálisis, porque desde el momento en que el aparato psíquico no es concebido como una mónada, sino como un sistema abierto, sobre la base de los espacios intersubjetivos, ya no podemos entender exactamente de la misma manera los procesos de formación del inconsciente (Kaës).
Cuando se desarrolla el grupalismo a partir de los años 1940, con trabajos realizados por psicoanalistas como Bion, Foulkes, Pichón-Rivière, entre otros, comienza a pensarse con mayor detención aquello que se produce en las relaciones interpersonales y que tiene lugar en el espacio intersubjetivo es entonces cuando el asunto de la cooperación, de manera implícita o explicita, cobra relieve.
De igual modo, cuando se piensa al individuo como el resultado del interjuego establecido entre su mundo interno y externo, es decir, de una relación de interacción dialéctica entre su espacio intrapsíquico e intersubjetivo, se da un salto cualitativo de una teoría psicoanalítica predominantemente intrapsíquica, hacia un psicoanálisis de los vínculos (Pichon-Rivière). Desde esta perspectiva se entiende que las relaciones interpersonales se establecen sobre la base de necesidades, fundamento motivacional del vínculo; dichas necesidades tienen un matiz e intensidad particulares en las que intervienen fantasías inconscientes que se crean (y recrean) en el espacio intersubjetivo del vínculo. En este marco la cooperación desempeña una importante función para el grupo, permite que uno o varios portavoces hagan manifiestas las fantasías inconscientes del grupo, es decir, "sus crónicas internas de la realidad externa", sus ansiedades, deseos, anhelos o carencias, e incluso sus esfuerzos defensivos.
Esta otra dimensión de lo inconsciente, el espacio intersubjetivo del vínculo, hace necesario estudiar los efectos de la transmisión de la vida psíquica entre individuos que forman parte de grupos e instituciones. En suma, mientras se piensa en el inconsciente "individual" no hay necesidad de abordar el asunto de las relaciones entre los humanos. Veremos cómo las investigaciones cambian radicalmente de paradigma cuando se comienza a pensar la subjetividad como producida por una masa –el grupo– donde la individualidad resulta de un efecto de diferenciación, rescatándose de un origen común fundante.
Tal vez lo primero que hay que mencionar tiene que ver con precisar el sentido del término. Por cooperación entendemos una cierta operación psíquica que se realiza en común con otros psiquismos. Operación que se basa en un estatuto de igualdad de los que participan de la misma. Se trata de una relación entre pares que co-operan para la solución de un problema común, donde cada uno está en condiciones de aportar lo que tiene y con lo que cuenta. Por tanto, hace alusión a un tipo de relación que se caracteriza por la horizontalidad, ya que es un vínculo que se establece sin condiciones.
La cooperación ha de diferenciarse de la colaboración, donde cada uno de los integrantes aporta voluntariamente a una labor que hace el otro. Esto supone una relación que no es de hecho horizontal por cuanto las condiciones del trabajo están definidas desde antes. Se colabora con un otro que realiza su proyecto, lo que determina ciertas dependencias; en todo caso no se trata de un proyecto común. Se podría decir que en la colaboración se pueden identificar jerarquías.
Esta discriminación es esencial, por lo que más adelante veremos dónde se plantea, por ejemplo, si puede haber cooperación con la jefatura (Dejours).
Veamos ahora cómo aparece la noción de cooperación en algunas de las diversas corrientes del pensamiento analítico, organizacional e institucional.
Por ejemplo, para Bion la individualidad en realidad no interesa. Él le habla al grupo como si fuese una nueva entidad, un nuevo objeto de trabajo producido en respuesta a comportamientos y reacciones totales más allá de las declaraciones manifiestas de sus miembros. Sostiene que es posible identificar pautas que responden a una totalidad nueva, que el grupo se estructura para reaccionar a ciertas situaciones. Por medio de la noción de cultura grupal Bion identifica formas de reacción de la masa ante determinadas fantasías grupales que llevan al conjunto a operar según ciertos patrones que designa como supuestos básicos. Para Bion es impensable hablar de cooperación ya que eso significaría poner el énfasis en las individualidades del conjunto, lo que sería "regresar" a un nivel nocional para él superado. Si el grupo es una entidad nueva, se trata de analizar lo que este nuevo sujeto produce como reacciones, tomando sensible distancia del nivel anterior, aquel en el que se leía al grupo como un colectivo efecto de la sumatoria de individualidades. Está claro que en Bion no está la problemática colectivista.
Otro tanto ocurre con S.H. Foulkes, que elabora la idea de una matrix grupal como lugar de origen común desde donde las individualidades podrían a su vez constituirse. La subjetividad sería el resultado de la pertenencia a distintas matrices relacionales, el individuo sería la suma de sus vínculos. Pero nuevamente la idea de cooperación no es explícitamente desarrollada por el autor ya que hay una totalidad con la que trabaja.
En cambio, para Pichon-Rivière la grupalidad es más compleja. Este autor tiene la virtud de realizar preguntas nuevas en el marco del desarrollo de las teorías de la grupalidad. Por medio de la noción de portavoz él se plantea el asunto de la articulación entre la grupalidad y la individualidad. Dado que el grupo habla por medio y a través de sus integrantes, a Pichon-Rivière le interesa abordar la cuestión de por qué el grupo en cierto momento se expresa a través de A y no de B, C o D. Por eso habla del portavoz, cuando hay una voz que, además de representar al sujeto del discurso, también lo hace inconscien temente en nombre de la totalidad grupal. Hay un efecto de condensación ya que el portavoz se hace cargo de la angustia grupal del momento (teoría del emergente) y si bien cree hablar solo por sí mismo, también y además lo hace en representación del conjunto. Y entonces surge la pregunta por una representación del grupo que se vehiculiza por medio de uno de sus integrantes. Y este es el punto en el cual la cooperación no puede soslayarse, ya que tal "delegación" supone un complejísimo proceso inconsciente de cooperación entre los miembros del grupo.
Pichon-Rivière es el único que en su momento se interesó por la articulación inconsciente grupo-individuo, abriendo a problemáticas nuevas que enriquecen significativamente el análisis metapsicológico de lo que ocurre en los grupos y de tener que dar cuenta de manera explícita del fenómeno de la cooperación. Entonces, la articulación entre el grupo y el individuo en el grupo no solamente ofrece nuevas perspectivas sino que además introduce la suposición de una cooperación inconsciente, lo que lleva a Pichon-Rivière a invertir radicalmente las viejas preguntas voluntaristas, a saber:
– El enfoque tradicional analiza los mecanismos que deben ponerse en juego para que los individuos cooperen. La psicología social clásica diseña entonces herramientas de persuasión, estudia las condiciones de posibilidad, los requisitos, las instancias para lograr que "el grupo se una" y por lo tanto coopere.
– Pichon-Rivière, partiendo de que la cooperación es inherente al grupo y parte consustancial de la operación grupal como acto de producción de una tarea, se sorprende de que en ciertos momentos el conjunto no lo haga, no pueda cooperar positivamente. La pregunta es entonces por la negativa, es decir, por los factores inconscientes resistenciales a la cooperación.
¿Por qué razón inconsciente un grupo, que está destinado a cooperar como efecto natural, presenta obstáculos, demoras, ineficiencias, incluso alianzas, etc., todo lo cual muestra que su funcionar no es tan operativo como se esperaría? La pregunta no está ubicada desde el voluntarismo, ya que el grupo no tiene conciencia de que ha elaborado prácticas que tienen como finalidad el saboteo del trabajo. Es el famoso "cooperar para no cooperar", donde la cooperación está siempre presente, ahora con una marca negativa. La intervención interpretativa al grupo focaliza el obstáculo para que al recapacitar en torno al mismo se restituya la cooperación positiva perdida.
Así, la cooperación adquiere para este autor una nueva dimensión, sobre la cual queremos fijar la atención, ya que se constituye en una aportación original al tema.
Posteriormente, las investigaciones de Kaës (también grupalista) en el rubro de la intersubjetividad vienen a precisar otros aspectos de la cooperación que nos importa rescatar. Partiendo de las propuestas de Piera Aulagnier sobre la construcción del sujeto en el espacio intersubjetivo entre la madre y el niño, Kaës propone estudiar las alianzas inconscientes. Esquemáticamente, podría decirse que Kaës parte de otra pregunta por demás relevante. ¿Qué hace que dos individuos que se encuentran no se maten inmediatamente de manera impulsiva, sino que puedan generar un espacio intersubjetivo de reconocimiento del otro? ¿Cuál es el pacto inconsciente que pre-existe al encuentro y que garantiza la alteridad del otro en un cierto pacto: "Si Ud. me respeta a mí, yo lo respeto a Ud.", pacto que posibilita comenzar a construir algo juntos, al margen del exterminio mutuo?
Dicho de otro modo, ¿qué es lo que está presente como cooperación inconsciente que autoriza a partir de allí a renunciar al enfrentamiento para continuar cooperando? Entonces estamos nuevamente en presencia de una cooperación inconsciente, tácita, al servicio de la humanidad, por cuanto el otro aparece como un lugar validado como interlocutor, más allá de que puedan o no estar de acuerdo finalmente, según las posturas que se adopten, a partir de ciertos obstáculos que puedan surgir en las relaciones interpersonales como producto de una intersubjetividad compleja.
En el campo de las organizaciones e instituciones hay varias corrientes que deben ser consideradas. En primer lugar, hay que referirse a la Escuela inglesa, la que prefiere centrarse en torno a la noción de organización como una extensión de las problemáticas grupales emergentes. En tal sentido importan los desarrollos emanados del Instituto Tavistock de Human Relations (Miller, Rice)7 proveniente de los enfoques grupalistas de Bion, Jacques, Sutherland y otros, y que aparece como una alternativa muy sugerente para pensar el asunto del funcionamiento de las organizaciones, los efectos de contención que la organización ofrece, así como las tensiones que se generan en su seno, todo esto con una clara proyección en el plano de la salud mental de sus miembros. Ocurre aquí lo ya señalado con respecto a Bion, en el sentido de que la orga nización es pensada como un todo y por tanto el énfasis está puesto en este singular que es a la vez plural. Los talleres grupales residenciales proveen de un lugar para que cada uno de los participantes pueda estudiar y aprender acerca de qué lugar adopta en un grupo y en una organización, y los efectos que esto tiene en su propia subjetividad. La noción de cooperación es abordada implícitamente por este enfoque, ya que está presente de manera estructural: el éxito del taller experimental, y por tanto experiencial, depende de la manera en que pueda pensarse durante el mismo el fenómeno transferencial central e intertransferencial.
Tal vez sea la corriente que más rigurosamente ha sostenido el espacio grupal como soporte de la actividad psíquica personal, ofreciendo además el acceso a dimensiones, intersubjetivas y transubjetivas, generando una profunda reflexión a partir de la confrontación que los mismos talleres producen de forma automática en todos los participantes, incluso en el equipo técnico.
La combinación de estímulos grupales que se presentan en los talleres ofrecen un espacio privilegiado para estudiar las dificultades inter e intrasubjetivas en la conformación de los grupos según el tamaño de estos. Así, por ejemplo, se visualiza un funcionamiento más acogedor en la modalidad de los pequeños grupos en oposición a las manifestaciones de ansiedad, desamparo, inhibición, aislamiento, etc., que se producen en los grupos grandes, abriendo preguntas acerca de las resistencias para la cooperación en algunos de estos espacios.
La pregunta que interroga estos enfoques tiene que ver con la suposición de que el trabajo riguroso con el inconsciente de la organización no implicaría juicio sobre la estructura formal de la institución en la que la organización se asienta, por cuanto la consideración de una teoría específica del poder parece no ser una prioridad.
Otra línea de pensamiento que interesa considerar por sus efectos son las propuestas de G. Mendel. Este investigador, que proviene del psicoanálisis, termina abrazando en mayor medida ciertas ideas de la sociología y de la política de los grupos, quedando la base psicoanalítica tan solo a nivel de comprensión de los fenómenos grupales. Para Mendel el grupo es el lugar de "recuperación de poder". Además, se trata de un grupo que debe ser autogestivo, esto es, debe funcionar como grupo de pares sin figuras de autoridad (técnicos) estructurales que puedan generar sometimiento y dependencia.
Para este autor los individuos solos no están en condiciones de recuperar poder (véase allí una crítica a la postura inglesa) ya que el poder es el resultado de la producción y esta en el capitalismo es por definición colectiva (Marx). Vemos allí una primera referencia a una cooperación imprescindible entre los pares, tal vez con reminiscencias al mítico asesinato del padre en la horda primitiva (Freud), tanto como la puntualización de que la estructura vertical institucional divide a los hermanos, rompe los grupos y atenta contra el desarrollo de la subjetividad adulta (instalar las condiciones de posibilidad para que se produzcan relaciones psicosociales más que psicofamiliares-regresivas).
Si el poder está en los grupos autogestivos, la cooperación es imprescindible, lo que guía la construcción de modelos de intervención que pretendan alterar, en última instancia, la estructura institucional aunque en los hechos solo se alcance a mejorar la salud mental de las personas trabajadoras. Mendel observa que este tránsito no está exento de obstáculos, como puede ser la producción de sentimientos de culpa ante la fantasía de recuperación de cierto poder cuando se instala la idea de "matar al padre"-patrón. Se trata entonces de intervenir para esclarecer el temor y restituir la cooperación en el grupo.
El socioanálisis francés (Lourau), análisis del manejo del poder en las instituciones, supone algunas coincidencias con los grupalistas, si bien se inscribe en un análisis institucional propio. En este caso, está claramente planteada una crítica a la institución, que no puede ser otra que al propio Estado, en tanto modelo hegemónico para la construcción de las instituciones que alberga en su seno, esto es, el modelo de institución vertical creado en una usurpación del poder individual, inherente a cada quien en tanto ser humano. La cooperación tácitamente planteada nace del darse cuenta (como acto que supone cierta virulencia) de cómo el Estado se reproduce cotidianamente en las diversas formas sociales que implican los vínculos interpersonales. Cooperar para darse cuenta y cooperar para planificar una gestión de no reproducción de la forma Estado en las relaciones interpersonales. En este sentido, desde esta perspectiva las relaciones sociales nacen instituidas, por lo que su modificación supone un arduo camino de esclarecimiento y de cooperación para cambiarlas. La lucha entonces es contra el Estado (Clastres) y contra las instituciones que este crea de manera central o periférica. En estos planteos la cooperación tiene un claro sentido estratégico y político ya que únicamente por la vía de la autogestión grupal se hace factible constituir instituciones que no reproduzcan el modelo del Estado, aunque el "retorno de lo reprimido político" hace plantear a Lourau la idea del "Estado inconsciente".
Otro lugar privilegiado para estudiar la cooperación es el mundo del trabajo. Mucho habría que decir acerca de ello, sin embargo no es el momento de hacerlo. Tan solo algunas apreciaciones.
Hoy en día el mundo del trabajo concentra la mayor parte de la vida de las personas, en cuanto a tiempo, en cuanto a compromiso y en cuanto a energía invertida en el mismo, al punto que en muchos casos ha igualado la importancia determinante de la familia. El trabajo tiene efectos de satisfacción y de sufrimiento.
La cooperación dice de las modalidades de posibles encuentros entre los trabajadores así como las limitaciones institucionales para que puedan encontrarse. Así, la taylorización que desde principios de los años 1900 ha ido infiltrando la industria ha sido una herramienta para atentar directamente contra la conformación de los colectivos, contra el contacto interpersonal entre pares y para generar formas de evaluación "objetivas" que atentan contra modalidades grupales de abordaje de la producción. Se comprueba un incremento en las tensiones así como cierta pérdida de identidad que deja sus secuelas en la subjetividad de las personas, afectando por ejemplo la salud mental. En dicho sentido mantenemos un diálogo con la obra de Dejours, hoy por hoy el gran teórico de la relación trabajo-subjetividad, para dilucidar salidas, por ejemplo por medio de la cooperación en diversos planos de las relaciones entre trabajadores, generando mecanismos de intervención que alivien el sufrimiento laboral e institucional.
En el terreno de la cooperación para la producción cabe mencionar un caso emblemático por lo radical de sus logros. Se trata de las llamadas "Fábricas sin patrón" que comenzaron a funcionar a partir de la crisis económica del año 2000 en Argentina y Uruguay, y que tiene algunos antecedentes destacados en Brasil, en la década anterior. El abandono de los emprendimientos productivos por parte de la patronal, ya que estos no resultaban lo suficientemente interesantes por las ganancias que aportaban, ocasionó movimientos autogestivos de toma de los emprendimientos para la defensa a toda costa de los puestos de trabajo, en el que el colectivo movilizado se dio a la tarea de poner nuevamente a la fábrica a producir pero ahora bajo el control obrero. En un plano de igualdad entre todos los participantes, en términos de responsabilidades, ingresos, rotación de tareas, etc., lográndose un funcionamiento eficiente al punto de que las nuevas "empresas" pudieron insertarse en el mercado y competir con otras por ser viables como espacios productivos.
Lo interesante en estos casos son los niveles alcanzados de cooperación, en todos los planos del quehacer del emprendimiento, al punto de observarse una gran compenetración entre todos los operarios. Crearon una suerte de cooperación permanente que les permitía anticipar errores, omisiones o fallas, evitando las consecuencias. No es este el espacio para realizar una exposición exhaustiva de este modelo, pero vale la pena preguntarnos cuáles son las condiciones que facilitan la emergencia de altos grados de cooperación en proyectos laborales colectivos, qué tipo de estructura interaccional estimula altos niveles de satisfacción en emprendimientos compartidos, que redunden en mejoras a la salud mental de sus miembros. Estas cuestiones interrogan a su vez la relación entre autogestión y productividad, los efectos intersubjetivos de una estructura horizontal en la calidad de productos y/o servicios.
Más que de familia preferimos hablar de grupo familiar, para poder dar cuenta de la relación vincular entre todos aquellos que viven juntos, más allá de que tengan o no lazos de sangre. Se trata de un grupo muy particular ya que por momentos tiene roles fijos, los que van evolucionando con el tiempo. Parte de los conflictos tienen que ver con las dificultades que surgen ante estos cambios que pueden resultar muy ansiógenos para algunos de sus integrantes. El grupo familiar es donde aprendemos a participar en otros colectivos posteriores. Un grupo que, sobre todo en nuestra cultura, se resiste a reconocer que es transitorio. Es el grupo originario que se piensa eterno y fijo. Como en todo grupo el familiar sufre tanto ante la salida de integrantes como ante la inclusión de nuevos miembros. Además, pretende transmitir pautas, modalidades, estereotipos, historia, secretos, ideales, etc. Se trata de un grupo que es constituido por una pareja, ¿se la puede considerar un grupo que tiene como tarea producir placer entre sus miembros?
Puede verse entonces que la cooperación atraviesa de innumerables formas pero con matices precisos en cuanto a la especificidad del devenir del grupo familiar en sus variadas formas. Allí, la manera de cooperar hace a este, lo identifica, le otorga cierta identidad, habilita su proceder.
Tan solo estamos esbozando temas de una enorme amplitud para mostrar las diversas facetas que la cooperación puede adoptar en su seno. Agréguense a lo anterior las vicisitudes que puede mostrar además la cooperación ante una aproximación terapéutica ya que allí se trata de una nueva tarea, la de la cura, que supone poner en juego la cooperación en la transferencia y su resolución. Podría agregarse que el trabajo con el grupo familiar supone poder abordar los conflictos vinculares en el mismo espacio en el que fueron generados, particularidad única que no se da en otros encuadres terapéuticos.
Finalmente, reconocer que la familia también es una institución y por ello un sistema jerarquizado de ejercicio del poder, lo que pone en entredicho las posibilidades de la cooperación.
