Perder también es de campeones - Lorena Cos - E-Book

Perder también es de campeones E-Book

Lorena Cos

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Beschreibung

La penicilina o el marcapasos (¡e incluso la Coca-Cola!) son grandes ejemplos de errores que pasaron a la historia. Nos equivocamos más veces de las que acertamos, entonces ¿por qué nos preparamos más para ganar que para perder? Vivimos rodeados de historias de triunfos espectaculares que casi siempre omiten lo que cuesta alcanzarlos: derrotas, esfuerzo, incertidumbre y soledad. Buscamos atajos y fórmulas infalibles que nos lleven directos a la cima, sin tropiezos ni dudas. Pero eso solo pasa en las películas. Este libro no te promete victorias fáciles, sino la fuerza para convertir cada error en una lección poderosa, cada derrota en un impulso silencioso y cada caída en energía para levantarte con más firmeza. Como experta en psicología deportiva, y tras haber estado al lado de quienes rinden bajo presión, Lorena Cos ha sido testigo de lágrimas, de rabia y de frustración cuando las cosas no salen. Pero también de cómo esas emociones pueden transformarse en fuerza, un mensaje universal que va más allá del deporte. Por eso busca ayudarte a mirar las derrotas con amabilidad, a reconocer que caer es parte esencial de levantarse y a descubrir todo lo que puedes ganar cuando eliges seguir adelante. Con claridad y honestidad, hablándote de tú a tú, estas páginas son una invitación para que puedas crecer por encima de los resultados. Ponte las gafas de buceo y sumérgete en un viaje que cambiará por completo tu relación con las derrotas.

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Seitenzahl: 253

Veröffentlichungsjahr: 2026

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Perder también es de campeones

Lo que las derrotas pueden enseñarte

Lorena Cos

Prólogos de Pep Marí y Miguel Olmo

Nota de Dani Olmo

Primera edición en esta colección: enero de 2026

© Lorena Cos, 2026

© del prólogo, Pep Marí, 2026

© del prólogo, Miguel Olmo, 2026

© de la nota, Dani Olmo, 2026

© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2026

Plataforma Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99 – Fax: (+34) 93 419 23 14

www.plataformaeditorial.com

[email protected]

ISBN: 979-13-87813-62-8

Diseño de la cubierta: Isabel González (@muchacha_pinta)

Realización de cubierta y fotocomposición: Grafime S. L.

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

Este libro está dedicado a quienes habéis comprendido que perder también es una parte esencial de vivir. A los que habéis sentido la caída, el vacío y la duda, y, aun así —o precisamente por eso—, os habéis levantado con más verdad, más fuerza, más propósito.

También es un homenaje a vosotros, papis, cuyo ejemplo constante de amor ha sido la luz que ha iluminado mi camino tanto en los momentos de triunfo como, sobre todo, en los de caída.

Gracias a vosotros he aprendido a enraizarme para sostenerme y a alzar el vuelo para seguir soñando. Sin vuestro apoyo incondicional, nada de esto habría sido posible.

GRACIAS.

«He fracasado una y otra vez en mi vida. Y por eso he tenido éxito».

Michael Jordan

Índice

Prólogo Pep Marí

Prólogo Miguel Olmo

Nota Dani Olmo

Todo empezó así

¿Qué llevas en la mochila?

1. Una oportunidad disfrazada

2. Del miedo a fallar al permiso de crecer

3. El mito de la victoria constante

4. Equivocarse con intención

5. La huella del castigo

6. Bendita vulnerabilidad

7. Lo que nos contamos en silencio

8. El poder de la incomodidad

9. Presos de la autoexigencia

10. Resurgir con coraje

11. Humildad consciente

12. El valor de celebrar

13. Disfrutar sin esperar al final

14. Ellos lo han vivido

15. 30 oportunidades

Epílogo de Nacho Labarga

Lo que no se ve (para Pep Marí)

Carta de la autora

Anexos

Anexo I. Fórmula final

Anexo II. Preguntas que no mienten

Anexo III. CV de errores

Agradecimientos

Referencias bibliográficas

Navegació estructural

Cubierta

Portada

Créditos

Dedicatoria

Epígrafe

Índice

Comenzar a leer

Agradecimientos

Referencias bibliográficas

Colofón

Prólogo Pep Marí

Creo que la mejor manera de presentar el primer libro de Lorena es hablar de Lorena. Cuatro son los valores que, a mi juicio, mejor la definen: valentía, honestidad, generosidad y originalidad.

Quiero que te imagines el marco de un cuadro. Cada uno de sus lados se corresponde con uno de estos cuatro valores. El cuadro, esto es, el libro que te dispones a leer, está delimitado por estos mismos principios.

Si te identificas con alguno de ellos, estás de enhorabuena: este libro te va a emocionar. Si te sientes cómodo con los cuatro, entonces estás en casa y este manuscrito te resultará muy familiar.

Valentía

Lorena es una persona valiente. Ha aprendido de sus deportistas que la única forma de superar un miedo consiste en afrontarlo. Y vaya si lo hace, cada día de su vida… Por eso se gana a pulso la autoridad moral para pedirte que lo hagas tú también, no sin antes convencerte de los beneficios de esta nueva mirada.

Lo normal es fracasar. Ya era hora de que alguien se atreviera a abordar este tema con naturalidad y de una forma tan constructiva. Lejos de coleccionar tópicos al uso, la autora se dedica a compartir aquellas síntesis personales sobre el rol que juega el fracaso en el proceso de aprendizaje. Reflexiones a las que difícilmente habría llegado sin la ayuda y la contrastación de sus deportistas.

Los capítulos están redactados a imagen y semejanza de Lorena. Cuando no se reconocía en alguno de ellos, los desechaba. Se trataba de ser auténtica, un tema tan sensible como el fracaso lo requería. Sin su sello personal, los textos no pasaban el corte. Hace falta confiar en tu identidad para convertirla en un criterio.

Suerte que la confianza es conocimiento. Un conocimiento que Lorena Cos ha sacado de su formación en psicología y de su experiencia con todo tipo de deportistas que se han visto obligados a fracasar para poder llegar lejos.

Honestidad

Por honestidad entiendo ser coherente con tus valores. No llevarlos en la cartera, sino vestirte con ellos cada día.

Cada vez estoy más convencido de que aquello que distingue a los buenos profesionales de los mejores es la ética. Ser profesional no es cobrar por tus servicios, ni tan siquiera responsabilizarte de ellos. Más bien consiste en ejercer tu oficio conforme a unos valores, aquellos que mejor defienden los intereses de tu profesión.

Una de las razones que primero me hizo confiar en Lorena fue su honestidad. Una integridad a prueba de bomba.

Esa misma honestidad también la encontrarás en este libro. Te reconocerá sus dudas, te dejará siempre claro hasta dónde llega y jamás te hablará de lo que no conoce. Compartirá la identidad de sus deportistas cuando tenga permiso expreso para hacerlo y guardará su anonimato cuando así lo hayan preferido sus clientes. Separará sus opiniones de los hechos demostrados. No te dará a entender, te lo dirá. Otra cosa es que te guste aquello que te diga.

Generosidad

Preguntaron a la madre Teresa de Calcuta cuánto hay que dar y ella respondió: «Hasta que duela». Lorena no llegaría a tanto, pero no se quedaría corta. Creo que diría algo así como «Hasta vaciarse».

En la actualidad, Cos dirige un club de psicólogos aplicados al deporte. Esta actividad le sirve para seguir aprendiendo y para compartir cuanto sabe con su comunidad. No solo reparte sus conocimientos sobre aquellas materias imprescindibles para emprender, sino que también pone al servicio del club sus contactos y aquellos deportistas que se prestan a colaborar.

Si Lorena utiliza alguna guía o algún protocolo, en relación con los temas que presenta en su libro, no tendrá inconveniente en publicarlo para que el lector lo pueda utilizar, ya sea en forma de anexo o integrado en el texto. Al final de cada capítulo, a modo de resumen, encontrarás uno de los ejercicios que la psicóloga utiliza con sus deportistas.

Todo aquello que se escucha, se olvida. Todo lo que se escribe, se recuerda. Solo lo que se practica se aprende. Y Lorena quiere que aprendas, no le basta con intentarlo. Por eso cierra cada apartado con unos deberes para ti.

Ahora mismo te puede parecer que yo conozco más a Lorena que tú. Pues bien, cuando termines de leer su libro te prometo que estaremos empatados. Se escribe como se vive. Y la autora es de todo menos tacaña.

Originalidad

Si por original se entiende lo contrario de normal, Lorena es original. ¿O es normal que a una psicóloga del deporte le chiflen los musicales? ¿O es normal abordar un tema tan trillado con un enfoque tan nuevo?

Si original quiere decir singular, Lorena es original.

No conozco a tantas personas que puedan escribir este mismo libro. Y, sobre todo, que lo pueda redactar con este mismo tono: mitad novela, mitad ensayo, con poesía y con rigor a la vez.

En la primera frase de este prólogo te he anunciado que iba a hablarte del primer libro de Lorena. Y no solo es el primero porque con él ha debutado, sino porque habrá un segundo. Y quizás un tercero. Escribe como habla, ha venido para quedarse.

A la psicología del deporte le hacen falta profesionales que amen tanto fracasar para volverse a levantar. Levantarse de nuevo para ser mejores.

Prólogo Miguel Olmo

Aquellos que hacemos de nuestra pasión, nuestra forma de vida somos unos privilegiados. Lorena y yo lo somos, y hemos defendido cada momento con el convencimiento y la humildad de aportar, de sumar… hacer mejores a nuestros deportistas (futbolistas en nuestro caso). Y a fe que lo conseguimos. Vivimos juntos una de las etapas más brillantes de la historia del CE Sabadell en 2.ª división. Logramos que creyeran: afición, jugadores, entorno… pero, sobre todo, creímos en lo que hacíamos y en cómo lo hacíamos. Creer en algo y, esencialmente, creer en alguien.

Soñar es gratis. Tal vez ambos seamos unos soñadores, pero lo cierto es que perseguimos nuestros sueños ilusionados, motivados por la pasión que sentimos por nuestro trabajo.

You may say I’m a dreamer,

But I’m not the only one,

I hope someday you will join us,

And the world will be as one…

Esta estrofa de una de las mejores canciones jamás escritas («Imagine», de John Lennon) tiene, para Lorena y para mí, un significado especial. Tenerife era el escenario, un lugar donde el CE Sabadell nunca había ganado. Un vídeo de un grupo de chicos sordomudos, de la serie Glee, versionando esta canción, se convirtió en nuestro argumento emocional para que el equipo creyera en el grupo por encima de todo. Pese a las diferencias. Pese a las dificultades. Pese a la posibilidad de perder. Ganamos, 0-3. ¡Histórico!

Lorena es pura pasión. Lo ha sido siempre. Vive y disfruta de su trabajo, y a ello añado su innegable capacidad —y voluntad— de ayudar a los demás a superar sus retos, y también sus miedos.

La conocí el verano del 2013, tenía apenas veinticuatro años, pero ya mostraba la determinación y valentía de quien sabe lo que quiere y cómo debe conseguirlo. Me cautivó su convicción, su forma de dialogar y razonar, de escuchar, porque las cosas casi nunca obedecen a un solo prisma. Nos hizo entender eso y mucho más, sabía cómo poner luz desde otros ángulos, nos hizo mejores. Hay un antes y un después para cada uno de los que formábamos parte del equipo, jugadores, staff y dirección.

Lorena nos llevó a un nivel superior, para alcanzar metas, hoy todavía no superadas. Porque al final, de eso se trata la vida (y el deporte), de salvar obstáculos, de caer una y otra vez, pero levantarse siempre, y de saber, con toda certeza, que hay muchos más equipos que pierden y que no consiguen sus objetivos (e ilusiones) que los que lo logran.

Sí, a lo largo de una carrera profesional como deportista, y en concreto como futbolista, son muchas más las veces que se pierde que las que se gana, y se tiende a no hablar de ello, como si fuera un tabú, porque el futbolista siempre quiere ganar. Todos queremos ganar. Pero esto es un juego, y si uno gana, hay otro que pierde.

Lorena fue la primera psicóloga en formar parte de un cuerpo técnico del CE Sabadell. Creo ciegamente en el poder de la mente. Creo en ella y la quería en mi staff, pero a pie de campo, en el día a día; que no se perdiera nada de lo que significaba entrenar, competir con uno mismo y con los compañeros, cómo convive un equipo. Su visión cambió la forma en que entendíamos el rendimiento y la mentalidad. Y lo hizo sin imponerse, desde la cercanía, la convicción y el respeto.

Supo hablar de ello con una naturalidad poco común. Nos preparó para enfrentarnos a una realidad con la que convivíamos, porque forma parte del juego. No se trataba solo de lo que hacía, sino de cómo lo hacía. Y ahí estaba la diferencia. Nos hizo entender que la mejor forma de aprender, crecer y superarse era enfrentándonos al fallo, al error, a la equivocación… sin que ello afectara a nuestra autoestima. En mi fútbol, tienes que correr riesgos, y asumirlos, porque si no arriesgas, no ganas.

Lorena entendió cómo vivía el juego y nos ayudó a transmitirlo: fallar no es fracasar, es el primer paso hacia la capacitación. Aunque arriesgar te acerca al error, no íbamos a evitar lo que nos hacía diferentes. Fallar solo es iniciar el proceso de aprendizaje para volver a intentarlo.

El fútbol no tiene memoria, dicen. No es cierto. El fútbol lo guarda todo, lo retiene todo, y, llegado el momento, te lo recuerda. Las personas son las que no recordamos, a menudo de forma deliberada. ¿Si no por qué, cuando todo parecía estar en su punto más alto, nos tocó perder y vivir algo común, pero no por ello menos amargo?

Nos cesaron. A los dos. A la vez. Y lo vivimos juntos. Con dolor, sí. Pero también con entereza. Lo que habíamos dado (y conseguido) no nos lo quitaba nadie. Y entendimos que, a veces, cuando te despiden, el mundo te dice que tu camino debe seguir… pero en otro lugar. Aprendimos juntos. Nos caímos juntos. Y nos levantamos juntos. Como siempre.

Cada uno decidimos de qué manera las personas que conocemos o que forman parte de nuestro entorno, en un momento puntual o de forma habitual, nos cambian o no la vida. Aprender de ello también es gratis, y enriquece. Lorena me hizo mejor: mejor entrenador, mejor transmisor (siempre he creído que un entrenador es una idea, pero debe saberse contar, para contagiar), mejor persona… sin pedirme nada a cambio.

Y lo que Lorena siempre ha sabido, es que muy a menudo, en el fútbol, como en la vida, cuando pierdes, realmente empiezas a ganar.

Y así, tras recorrer juntos un camino lleno de aprendizajes y desafíos, es un honor (y orgullo) cerrar este prólogo con las palabras de alguien que también vivió el impacto de esta historia desde otro lugar y otra etapa.

Nota Dani Olmo

La vida une historias que comenzaron en el lugar donde se forjan los sueños, y que, cada una a su modo, siguen dejando huella. Mientras yo me formaba en la Masía, Lorena comenzaba a hacer historia en el CE Sabadell. Fútbol de alto rendimiento en sitios distintos, que entrelazaban nuestras trayectorias, llenas de ilusión y nuevos retos.

Aprender a aceptar la derrota con la misma valentía con la que celebramos la victoria es lo que verdaderamente nos hace grandes. Gracias, Lorena, por ayudarme a valorar tanto las derrotas como las victorias, y a visualizar ese poder que todos tenemos, pero que no siempre sabemos aprovechar para crear lo que deseamos.

Todo empezó así

Antes de escribir estas líneas, las he soñado miles de veces. Las he sentido en la piel, en la garganta, en la respiración. Hoy, al ponerlas en el papel, mi mano tiembla… y algo en mí sabe que tú, lector, también lo sentirás.

Este libro no es solo un texto: es un encuentro. Un espacio donde cada palabra, cada silencio, cada historia tiene un propósito: despertar algo dentro de ti. Mi intención es que pienses, que cuestiones, que reflexiones… pero, sobre todo, que actúes. Que cada pregunta que encuentres aquí se convierta en un impulso para integrar, vivir y transformar lo que lees en tu propia vida.

En una de esas charlas que siempre dejan huella con Pep Marí, mi amigo y mentor, le solté con ilusión: «Ya tengo la idea del libro. No sé si alguien lo comprará, ni si una editorial lo publicará, pero ahora estoy justo donde quiero estar, y esta sensación es increíble». Pep, que ha sido el motor principal de este proyecto, me sonrió sin decir una palabra y, con ese gesto, me dio toda la motivación para seguir adelante.

Él me propuso que compartiera la idea del título con varios de mis deportistas, sin decirles que era mío, claro, para ver si lo comprarían. Al ver que sus respuestas eran tan positivas, supe que no había marcha atrás. Bueno, en realidad sí tuve alguna duda… para qué engañarnos.

Antes de seguir, déjame contarte un poco sobre quién soy, por si acaso este libro ha llegado a ti sin saber mucho de mí. Mi viaje como psicóloga deportiva ha estado lleno de aprendizajes, desafíos, logros y, sobre todo, derrotas.

Durante los últimos trece años, he tenido el privilegio de acompañar a deportistas de diversas disciplinas, desde quienes recién comienzan, hasta quienes alcanzan la élite. A lo largo de este tiempo, he sido testigo de cómo la derrota —ese concepto que solemos evitar a toda costa— puede convertirse en nuestro peor enemigo o, por el contrario, en una oportunidad inigualable para crecer y aprender.

Tengo presente cada una de las veces que mis deportistas me han dicho que no podían soportar la idea de perder. De todas las historias que acompañaron la creación de este libro, la de Albert ocupa un lugar especial. Quizá no lo sepa, pero jugó un papel clave en el cierre de este libro. Así que, desde aquí, quiero agradecerle de todo corazón que encendiera en mí esta chispa de inspiración.

Nuestras sesiones han sido y siguen siendo profundas, llenas de reflexiones tan intensas que a veces teníamos que grabarlas para no perder ni un solo detalle. Nos metíamos tanto en la materia que olvidábamos tomar apuntes. Pero ese es el arte de fluir. Para él, como para muchos otros, la derrota era tan insoportable que parecía más fácil rendirse que enfrentarla, y, por supuesto, mucho más difícil aceptarla.

Este proyecto nace del deseo de desafiar esa mentalidad. De transformar la narrativa que rodea al fracaso, especialmente en el ámbito deportivo. Pero también es válido para cualquier contexto, incluido el de mis compañeros de profesión, quienes muchas veces nos sentimos solos al emprender y luchamos con esa sensación de derrota constante que tan de cerca nos acompaña.

La mayoría de los libros están llenos de historias sobre el éxito: personas que alcanzaron sus metas, superaron obstáculos, ganaron y cumplieron sus sueños. Pero pocos se detienen en lo que ocurre cuando eso no pasa. Se habla poco —muy poco— de quienes no lo lograron, o lo hicieron más tarde, de los que se quedaron a medio camino y de quienes lo intentaron una y otra vez sin ver el resultado esperado.

Falta una conversación honesta sobre la derrota: no pintarla como un final vergonzoso o una mancha que hay que esconder, sino como una parte legítima y valiosa de la vida. Porque perder no significa fracasar. Es vivir, exponerse, intentarlo. Y ese aprendizaje, profundo y muchas veces solitario, también merece ser contado.

A veces, encontrar la ruta correcta requiere dar pasos en la dirección equivocada. Es como si cada tropiezo añadiera una ficha al tablero, y poco a poco esa suma de piezas nos mostrara el mapa completo. Lo curioso es que, sin esas piezas, sin esos pasos erróneos, muchas veces no tendríamos la claridad necesaria para saber qué paso dar, y mucho menos para progresar.

Cuando te enfrentas a una derrota, a una mala decisión o a un resultado inesperado, no estás fallando. Lo que realmente está sucediendo es que estás aprendiendo a enfrentarte no solo a esa situación, sino también a esa sensación que se despierta. Porque si algo caracteriza a los grandes logros es que no solo requieren habilidad, sino también la capacidad de manejar las emociones que vienen de la mano.

Cada vez que pruebas una hipótesis y no sale, estás recogiendo pistas valiosas. Cada «no» que recibes te acerca, aunque no lo parezca, al «sí» que estás buscando. En el deporte sucede igual. Cuando fallas un saque, cuando no alcanzas la marca que entrenaste, no estás perdiendo el tiempo. Estás entendiendo qué funcionó, qué no, y qué puedes ajustar para volver a intentarlo con más precisión. Perder también es avanzar, si sabes mirar con atención lo que te está enseñando este viaje.

En la psicología del deporte, muchas veces el mayor reto es ayudar a los deportistas a reinterpretar el significado de sus errores. Pasar del «he fallado» al «he aprendido» es un cambio pequeño en palabras, pero inmenso en gestión emocional.

Porque alcanzar objetivos no siempre depende solo de ti. Seamos honestos: cada éxito está marcado por una serie de fracasos previos que, aunque duelen, son esenciales para llegar al destino. Y es por eso que la derrota también merece espacio, respeto y voz.

Al principio, me costaba entender por qué la palabra «perder» generaba tanto dolor. Pero fue emprendiendo, antes siquiera de acompañar a deportistas, cuando entendí en carne propia lo que significaba no alcanzar lo que había imaginado. Tras años de esfuerzo, de trabajo invisible y de apostar por un sueño, me encontré con la frustración de ver que los resultados no llegaban. Esa derrota no era solo profesional; era personal. Me enfrenté a la inseguridad, al miedo al qué dirán, y a la constante sensación de que nunca era suficiente, por más que me esforzara.

Un día, en plena sesión, un tenista me dijo: «Lorena, si pierdo esta semana, ya no me dan la beca». Lo dijo con una tensión tan grande en el cuerpo que era como si toda su identidad dependiera de ese resultado. Y me dolió. Me dolió porque lo entendí. Porque yo también he estado ahí: en ese lugar donde sientes que lo das todo, que te esfuerzas al máximo, pero no es suficiente. Donde, aunque cumplas con tu parte, hay factores que no controlas, decisiones externas, momentos en los que simplemente no depende de ti.

Lo miré a los ojos y le dije: «No sé qué pasará esta semana, pero de algo estoy segura: si pierdes, no será el final. Será solo un paso más en tu historia, y esa historia todavía sigue siendo tuya para seguir construyéndola».

Porque de eso va Perder también es de campeones. De aprender a contar nuestra historia con todos sus matices. De aceptar que no siempre vamos a ganar, pero que incluso en la derrota, hay belleza, hay valor y hay potencia.

Sin embargo, a medida que profundizaba en mi propio proceso y en el acompañamiento a deportistas, entendí algo esencial: la derrota no es el verdadero enemigo. Lo que realmente nos paraliza es el miedo que esta esconde.

He visto a atletas abandonar no porque les faltara talento o compromiso, sino porque no sabían cómo sostener el dolor de quedarse a medio camino. Sentían que no llegar era sinónimo de fracaso absoluto, y quedaban atrapados en esa frustración, como si todo su valor dependiera del resultado.

Y muchas veces, ese peso venía de fuera. La presión social, la necesidad de demostrar, de cumplir expectativas ajenas… competían más para agradar a otros que por sentir lo que hacían. El juicio externo, la comparación constante, la mirada de quienes solo valoran el podio, se convertían en una carga que intensificaba el golpe de cada caída.

Una vez me dijo un buen amigo: «Lo peor que le puede ocurrir a alguien, sea quien sea, es conseguir lo que quiere de manera rápida y fácil». Y qué razón tenía. Si el proceso no te enseña nada, ¿cómo sabrías qué ajustar para mejorar? ¿Cómo podrías saber que, al caerte, es posible levantarte más fuerte?

Esta obra que ahora tienes entre tus manos no solo refleja mi recorrido como psicóloga, sino también mi propia lucha: mis dudas, mis miedos y las veces que sentí que caía sin red. Es el resultado de años de trabajo codo a codo con profesionales que, sin saberlo, también me enseñaron. Me mostraron que el verdadero triunfo no consiste en evitar la derrota, sino en aprender a mirarla de frente, abrazarla con honestidad y convertirla en motor para seguir.

La clave no está en evitarla, sino en aprender a sostenerla cuando llega. Con el tiempo entendí que perder no significa fracasar, sino enfrentarte con sinceridad a lo que duele y seguir adelante con lo que has aprendido.

La derrota, tan exigente como bondadosa, nos confronta, nos exige humildad y nos obliga a revisar desde dónde hacemos lo que hacemos. Pero también tiene una cara invisible: la de quien se levanta sin aplausos, ajusta su trayecto y vuelve a intentarlo. No es el final del viaje, es una parte inevitable del proceso de quien decide apostar por algo, incluso cuando el resultado no está garantizado.

Enfrentarse a los desafíos no significa encontrar soluciones inmediatas ni respuestas fáciles. Muchas veces nos quedamos en la superficie, fijándonos en lo evidente. Es como estar dentro del agua, con el cuerpo sumergido, viendo solo la delgada línea que nos separa del aire. Desde ahí, nuestra visión es limitada e incompleta.

Este es el tipo de análisis que solemos hacer cuando algo no sale como esperábamos: nos enfocamos en lo evidente, en lo inmediato, sin atrevernos a explorar lo que hay más allá. Sin embargo, lo realmente transformador ocurre cuando decidimos ponernos las gafas de buceo y adentrarnos en la profundidad que, aunque oscura, resulta apasionante.

En ese universo bajo la superficie, el agua se vuelve más clara, el paisaje cambia y empezamos a ver lo que antes estaba oculto. Allí se encuentran nuestras emociones, nuestros miedos y nuestras creencias más arraigadas. Pero también encontramos, entre corales, lecciones valiosas y la posibilidad de contemplar cada derrota desde una nueva perspectiva.

Desde ahí, el mundo se percibe distinto: sentimos la calma, valoramos el silencio y aprendemos a observar sin intervenir. Es como danzar en el agua, entre la esencia que tenemos y el potencial que nos espera.

En mis sesiones, invito a cada persona a sumergirse en sus pensamientos y emociones con esta mirada más profunda. Porque solo cuando dejamos de ver la superficie y exploramos lo que hay debajo de ella, encontramos esas perlas escondidas que despiertan nuestra fuerza y nuestra curiosidad.

Este libro, por tanto, no es solo una reflexión sobre lo que significa perder, sino también sobre todo lo que puedes ganar cuando decides seguir adelante con más determinación que nunca.

Si alguna vez te has sentido atrapado en la frustración de un sueño que parece alejarse, si has sentido que la derrota está más cerca que la victoria, quiero que sepas algo: no estás solo. Estas páginas están hechas para ti.

Te invito a entrar de lleno en cada capítulo, a explorar cada reflexión y a sentir cada emoción que surja en esta aventura. Porque esta no es solo una lectura; es una travesía de autoconocimiento. Y te aseguro que, cuando llegues al otro lado, algo dentro de ti habrá cambiado.

Eso sí, prepárate para mirar de frente a lo que incomoda, porque ahí es donde empieza la verdadera transformación. Así que respira y sumérgete, hay mucha verdad esperándote bajo la superficie.

Gracias por estar aquí, en la línea de salida.

¿Qué llevas en la mochila?

Antes de embarcarnos en esta experiencia juntos, te propongo abrir esa mochila que llevas a la espalda. Sí, esa que todos cargamos, aunque a veces ni la notemos. Suele ir llena de ideas heredadas, miedos que no son nuestros y frases que se nos colaron sin pedir permiso.

Este pequeño test no pretende juzgarte, ni ponerte nota. Solo quiere ayudarte a ver qué llevas encima cuando se trata de perder, fallar o no llegar. Porque si vamos a hablar del fracaso… mejor saber con qué estamos trabajando.

Quienes me conocen saben que me encantan los ejercicios de papel. Soy muy fan de hacer pensar con boli en mano, de parar un momento y mirar hacia dentro. Y claro… no iba a ser menos en mi primer libro.

Así que quiero proponerte algo: que hagas una pequeña pausa para chequear desde dónde partes tú en tu relación con el fracaso y la derrota.

¿Cómo lo vives?

¿Qué te dices cuando algo no sale como esperabas?

¿Qué peso le das?

Porque a veces creemos que «llevamos bien» el tema, pero en el fondo hay miedos o exigencias que entran sin avisar.

Y si vamos a hablar de todo esto en las páginas que vienen, qué mejor que empezar con los ojos un poco más abiertos.

Solo necesitas un boli, unos minutos y ser honesto/a contigo. Nadie más va a mirar las respuestas (salvo tú, y eso ya es bastante).

¿Qué piensas (de verdad) sobre fracasar?

Responde del 1 al 5 según cuánto te identificas con cada frase.

1

Nada

2

Poco

3

Algo

4

Bastante

5

Totalmente

1. Si fracaso en algo importante, me cuesta perdonarme.

2. Cuando fracaso, me siento menos valioso/a como persona.

3. Fracasar me da miedo porque siento que decepciono a los demás.

4. Creo que el fracaso revela mis límites y debilidades.

5. Me comparo con quienes tienen más éxito y eso me hace sentir inferior.

6. Evito intentar cosas nuevas por miedo a fracasar.

7. Cuando fracaso, pienso que los demás me juzgan.

8. Me cuesta hablar abiertamente de mis errores.

9. Siento que, si fallo, pierdo credibilidad.

10. Fracasar me genera vergüenza.

11. Me resulta difícil separar lo que hago de lo que soy.

12. Si algo no sale como espero, siento que no soy suficiente.

13. Si algo no sale perfecto, siento que no vale la pena.

14. A veces prefiero no intentarlo antes que enfrentar el riesgo de fracasar.

15. El éxito de los demás me hace sentir que yo voy por detrás.

Interpretación orientativa

15-30 puntos. Parece que tienes una relación bastante sana con el fracaso (¡enhorabuena!). Puede que a veces te pique un poco, como es normal, pero también sabes verlo como parte del camino. Hay margen de mejora, sí, pero ya tienes una base fuerte.31-50 puntos. El fracaso no te resulta fácil. Puede que te remueva, que aparezca la culpa, la duda o ese miedo a «no estar a la altura». Tranquilo/a, no estás solo/a. Muchas de esas creencias se han ido instalando sin que te dieras cuenta… Pero estás aquí, y eso ya dice mucho.51-75 puntos. Ay… parece que el fracaso y tú no sois precisamente amigos. Tal vez sientes que fallar es sinónimo de no valer, de decepcionar o de no estar a la altura. Esa mirada tan exigente puede estar agotándote. Pero aquí no has venido a exigirte más, sino a aprender a tratarte distinto. Este libro no trae fórmulas mágicas, pero sí un espejo amable. Vamos a aflojar nudos, uno a uno.

Por último, piensa en ese error. El que duele, el que evitabas mirar.

Cuando termines este libro, vuelve a él y pregúntate: «Sin este error, ¿qué oportunidad me habría perdido?».

Buen viaje.