Perdidos en Hamartia - Luis Jorge Boone - E-Book

Perdidos en Hamartia E-Book

Luis Jorge Boone

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Beschreibung

Perdidos en Hamartia recopila los poemarios que Luis Jorge Boone escribió y publicó entre los veinte y los treinta años de edad, condensando así las búsquedas que un joven poeta debió emprender para construir su propia voz. Su título alude no tanto a la acepción fatal del término griego hamartia, sino a la comprensión del carácter eternamente ambiguo, nunca decisivo, de todo acto humano.

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Seitenzahl: 144

Veröffentlichungsjahr: 2026

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 PERDIDOS EN HAMARTIA

 Perdidos en Hamartia

Primeros poemas

 LUIS JORGE BOONE

POESÍA  FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición, 2025

[Primera edición en libro electrónico, 2025]

Distribución mundial

D. R. © 2025, Fondo de Cultura EconómicaCarretera Picacho Ajusco, 227; 14110 Ciudad de México

Comentarios: [email protected].: 55-5227-4672

Diseño de la colección: León Muñoz SantiniDiseño de portada: Neri Ugalde

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito del titular de los derechos.

ISBN 978-607-16-8820-0 (rústica)ISBN 978-607-16-9042-5 (ePub)ISBN 978-607-16-9064-7 (mobi)

Hecho en México - Made in Mexico

SUMARIO

  

 GALERÍA DE ARMAS ROTAS

 

Ciudades sueltas

Playa Oxímoron

Farewell Station

Antes de dar nombre al camaleón

  LEGIÓN

 

Breve historia de la luz

Adoraciones menores

Las destrucciones

Legión

  MATERIAL DE CIEGOS

 

Desobediencia del cuerpo

Cautiverios

Por los incendios todos

  NOVELA

 

Epígrafes…

Trances

Barbarie

Paisaje al vacío

Epílogo a dos voces:

  TRADUCCIÓN A LENGUA EXTRAÑA

 

Pórtico

Primer libro

Segundo libro (Notas del traductor)

Tercer libro (Versiones y variaciones)

Último libro

Es penetrar en la tierra de los muertos.

  Nota final

  Índice

   Este recuento de los años que se alejan y perduran es para mi hija Marifer Boone Cárdenas

  GALERÍA DE ARMAS ROTAS

CIUDADES SUELTAS

    ÚLTIMO PISO

 

Los suicidas usan las escaleras,

nunca el ascensor.

Cada paso les permite arrepentirse

aunque nadie lo haga,

como si disfrutaran subir

hacia la cima del campanario,

la mitad del puente

o al quinto piso de un hotel.

 

(No está bien elegir el sexto,

y del cuarto muchos se han salvado.

Cinco es el número propicio.)

 

Mirando la ciudad desde estas alturas

uno empieza a comprenderlos:

abajo, en los callejones,

las almas son cigarrillos que se apagan después

de compartir el fuego

en cualquier esquina.

El abismo es una mujer que llama

y promete un beso de astillas y concreto.

El suicida siente que la calle sube hasta el balcón

y es él quien baja hipnotizado. Imagina,

cuenta hacia atrás, deshaz los nudos

cinco

(la distancia precisa,

cuatro

el viaje más largo,

tres

el que aún no llega)

nada

cuenta las ventanas que se cierran,

nada

las cortinas arrebatadas por el viento.

 

Dan ganas de hacerle honor al quinto piso:

dan ganas de tirarse.

    BITÁCORA DEL EXILIADO

 Wherever I am,

I am what is missing.

MARK STRAND

 

Todo se borra a mi paso

y tras de mí vuelve a dibujarse.

Soy un punto muerto

en las calles atestadas, en los subterráneos,

en las estaciones donde los trenes llegan

demasiado tarde.

Soy la oscuridad a las orillas de un salón iluminado.

 

Toda la semana emigraron las aves,

sin aviso mis amigos se mudaban.

Espero mañana no despertar ciego

y el martes andar aún sobre mis piernas.

 

Y si alguien en la calle me pregunta

siquiera diga qué es lo que le pasa,

diré que lo ignoro.

Cómo se mata este animal

que desde la oscuridad se burla.

Cómo extraer este cuchillo

sin reventarme por dentro.

Cómo escapar de lo que soy,

lo que fui,

del polvo que seré dentro de siglos.

 

No hay señales, no hay receta:

esta ciudad

se come cruda.

    CINEMA

 Y le dije que no valía la pena

no es más que una película estúpida

no tan estúpida, dijo ella, como la vida.

SAM SHEPARD

  I

 

Al encenderse las luces

maldije al protagonista

por ganar el juego,

por saberlo todo,

por llevarse a la chica,

por no haber perdido un brazo en el intento.

  II

 

Soundtrack.

Canciones que cuentan tu historia

sin saberlo.

No importa quién ni dónde,

pero alguien las escribió

pensando justo lo que sientes

al conducir por la carretera a medianoche,

y besar sin aviso a una chica

y acariciarla debajo de la falda.

 

Como si pudieras cantarlas.

Como si no las escucharas

en los microbuses,

entre motores que aceleran

y neumáticos marcando el pavimento,

como si no fueran tan sólo

algunas notas

del himno de tus huesos.

  III

 

La virtud del personaje:

salir de cuadro siempre a tiempo.

 

Su fortuna:

atenerse al guión,

hablar con la seguridad

de quien nunca ha de quedarse

sin palabras.

  IV

 

Sin actores ni cámaras

éste era el argumento:

 

dos jóvenes se amaban,

una noche durmieron juntos

en un cuarto donde alas se batían

y amanecieron sobre el mar.

Jamás volvieron.

 

Sería tan sencillo contarlo todo

así,

sin muletas,

a mansalva.

  V

 

He visto caer ciudades,

transcurrir vidas

y suceder naufragios en silencio.

 

Conozco un tipo que ha muerto

una y otra vez.

La primera como héroe de Vietnam,

otra como un gángster que había perdido un hermano,

la última en un hospital,

víctima del cáncer.

Nunca he subido a un avión

y he visto el reverso de las nubes.

Pasee por los suburbios de París,

amé a una inglesa que no tenía padres

y enterré las uñas en la butaca

durante su última escena.

 

Tal vez nos mientan,

pero uno habla del mundo

y de uno mismo

por lo que ve en las películas.

  VI

 

Los besos duran casi nada en este lado de la sala.

 

(No se escucha además

la música de fondo:

una guitarra eléctrica más bien suave,

muchas cuerdas. El vocalista cantando en otro idioma

para no distraer.

Faltan los tonos sepia,

y no hay lente que inmortalice

a los amantes.)

 

No hay remedio, este clímax

será casero:

cuadro por cuadro acerca tu boca,

tararea —suave— una canción

y cierra tus ojos para la última

disolvencia.

  VII

 

Zoom in

sobre sus ojos,

sobre la estricta delgadez de sus labios

y la palabra que no dicen

pero tú escuchas.

 

Bastó una lágrima suya

para que la pantalla se volviera un

derrumbe con heridos,

un incendio irremediable,

un tatuaje equivocado,

el mal sueño que irá tras de ti aun después

de que cruces la salida.

 

Cuadro a cuadro

te vas quedando solo.

  VIII

 

¿Acaso puede hacerse el amor

en casas tan grandes?

Encontrarse en la misma habitación ya es difícil.

 

Entre tantos besos en close up

¿existe uno que haya comprometido

de veras el resto del cuerpo?

 

Pero no te fíes de mí. La envidia me traiciona.

Tú y yo sólo somos extras

que se aman a oscuras

y no saben contemplarse,

no saben desnudar sus cuerpos

bajo los reflectores.

  IX

 

Te gusta elegir cada noche la misma película y verla a solas.

Vagar en los pasillos, de una sala a otra, como esperando una cita.

Contener el llanto mientras repites los diálogos de la actriz

cuyo papel se parece tanto a tu vida.

Platicar después con los pósters de las paredes de tu habitación.

Mirar cada viernes la cartelera como quien reconoce

en los estrenos las noticias, el futuro, su destino.

  X

 

A esta película que habito le falta un letrero

Fin

Cuando aparezca

podré prestar atención a los créditos

y preguntar si alguien entre el público

puede explicarme

de qué trató,

si ganaron los buenos,

si todo era un mal drama

y decir

que parecía a ratos una de esas comedias absurdas

donde había que reírse de cada pastelazo

aunque nadie los recibiera en mi lugar.

    MUSEO DE LABERINTOS

 

Un cuarto cerrado

sin direcciones posibles.

 

La súbita multiplicidad del lenguaje,

espejo reflejándose a sí mismo.

 

La engañosa eternidad,

la voluntad inquebrantable

de la línea recta.

 

La memoria

con sus guiños, sus retoques

inevitables con el tiempo.

 

Absoluta e inmutable

la ceguera.

 

Los otros

—inasibles en verdad—,

los otros.

 

Uno mismo,

Teseo y Minotauro

sin Ariadna.

PLAYA OXÍMORON

    MAREA

 

Hay que temer a los ríos cuando llueve.

Acostumbran estar secos todo el tiempo

y de repente crecen, se desbordan.

 

Las nubes traen dentro

el espíritu juguetón de las olas,

dejan caer el cuerpo insepulto del océano

que busca habitar de nuevo

el reino olvidado de las conchas

y los peces vueltos piedra.

 

La lluvia ahoga las espinas,

nos llena los pulmones,

pasa a nuestra sala y descansa del largo viaje,

satisfecha de haber cumplido la promesa

de resucitar al mar en el desierto.

    CLAVADISTA

 

Escribo para llegar al fondo de tus ojos,

hablar con los peces de tu silencio,

recoger caracolas,

bucear en las ruinas donde guardas

un tesoro de coral y arrecife

y salir empapado de ti

a la playa de tus manos.

    MUJER

 Para Alfa

 

Sus hondas pisadas quedaron en la playa.

Ella se adentra en el mar en cada ola.

Camina resuelta en agua, arrecifes, peces y gaviotas,

nubes rosa y púrpura con que atardece

este mar embravecido

que cabe dentro de mis ojos.

 

De noche se cierne sobre mí

como una tormenta.

Nube profunda como siete mares apilados,

busca empapar mi cuerpo,

extraviarlo entre sus rayos

como a un barco sin velas ni timón.

 

Al amanecer se vuelve marea,

sube por la playa para bajar de nuevo

y dejarme en la arena un beso de sal.

 

Ella es un río: se evapora y

llueve, se filtra por mi piel.

Completa en mí

el ciclo de su cuerpo.

    CARTOGRAFÍAS

 

El desierto es un punto ciego

que se extiende

hacia todos los brazos de la brújula.

Un silencio en la geografía

que no se rompe.

El vacío amarillo del planeta

donde se detienen

tiempo,

aire,

pasos

de quien mira

a los ojos de la muerte.

 

El océano dibuja quietas olas

en las cartas de marear.

Confundieron a vikingos,

llevaron a encallar en arrecifes de sirenas;

aparecen islas sumergidas,

esconden continentes.

 

¿Cruzar a nado el desierto

o perderse caminando en el mar?

 

Ambos señalan el mismo signo:

ese registro en los mapas donde cabe la desolación,

el trazo de las culpas que no alcanzan a expiarse,

la tristeza y las lágrimas

—aún húmedas,

secas ya— de los muertos y los vivos.

    LA SIRENA

 

Descubro un resumen del mar

cuando estoy en la ducha.

Rodeado de burbujas y peces,

hipocampos de piedra,

olas eternizadas en la pared,

vigilado por la sirena del mosaico.

 

Veo sus pechos a través del agua

que cae sobre mis párpados.

 

La marea sube en la tina de baño.

Aquí se corre el riesgo de naufragar en el desierto.

No hay olas

pero el jabón hace la espuma

con que se alegra esta playa sin arena.

 

La sirena pintada en mi baño

abraza un caracol que no llama tormentas

y extraña en silencio el mar que nunca tuvo.

FAREWELL STATION

 Estoy triste: pero siempre estoy triste. Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.

PABLO NERUDA

    DE LA DISTANCIA

 A Lorena

 I

 

Las ciudades se reflejan entre sí.

Tú repites mis pasos

en otras calles, otras aceras

donde no habría espacio para caminar juntos:

desdibujadas por la última lluvia,

oscuras

como tu última mirada,

conducen a otras fuentes

donde no bajan las aves.

 

Repito tu nombre.

Te busco y encuentro el roce de tu sombra

—como una sábana aún tibia

pero vacía—

en las azoteas, los edificios

donde no vive ningún amigo,

en estas calles que ya no saben de ti

y al ritmo de mis pasos te recuerdan.

 

Te fuiste de pronto,

muchacha de silencios largos,

de sonrisas que se pierden como hojas

que han caído

y no volverán con la próxima estación.

  II

 Talvez ficar perto seja sempre um excesso sem desculpae ficar longeuma sagueza mínima.

PEDRO MEXIA

 

La idea es no renunciar:

permanecer inmóvil,

si es necesario,

hasta que mis huesos se sostengan

por el simple conjuro de aguardar

a ser visto por tus ojos.

 

Porque no puedo darme a tu caza

olfateando en la oscuridad tu cuerpo.

Por eso me quedo quieto, alerta.

Porque me falta la sangre fría de los sicarios,

la mirada profunda de los reos de muerte.

Me falta ser reptil para no hacer ruido.

  III

 

Cuando dejaste la ciudad

las sombras volvieron a ser sombras

solamente,

el cuervo dejó de ser heraldo del destino,

los platos rotos no fueron ya causa de espanto,

ni los temores que nos deja el paso por la infancia.

El frío de las manos de mi madre.

La herencia desordenada de los que mueren de noche.

Las malas películas que se ven varias veces.

Los que esperan a nadie durante horas en las esquinas.

La oscura voz que habla sin querer en la casa deshabitada.

Los libros de poemas caídos de la repisa

por voluntad suicida.

Los ojos tristes de mi gato.

Mis máscaras: el miedo.

La estúpida valentía de los que no creen en el amor.

El silencio.

El futuro que nunca acaba por llegar. El futuro.

Todo se alejó de tu signo.

 

Aún hoy las cosas buscan

recuperarse a sí mismas

del todo.

  IV

 

No te canto a ti

sino a los muros de tu casa.

Felices de guardarte,

reflejan el blanco de ti misma,

sostienen tus fotografías, las ventanas,

se asoman por encima de tus hombros y leen tus libros,

se acostumbran a ti

como una jaula al ave que la llena de música

y vuelos y latidos.

Sufren cuando hablas sola

y no te pueden contestar.

 

Esas paredes ven cuando te marchas

y me cuentan luego tu rutina:

no espero historias de princesas,

vuelos de mariposa, cantos de sirena:

quiero escuchar el cuento

de la muchacha que eres,

sencilla y diaria,

dentro de tu casa.

  V

 

Aquí te esperan mis palabras.

Mientras vuelves

espían los armarios,

se miran al espejo

que guarda memoria de tu mirada,

su tristeza y el gesto con que descifras

la ciencia inexacta del amor.

 

Aquí te esperan mis palabras.

Saben pronunciarse en voz alta

para que las bebas y te embriaguen

y loca de sonrisas abras la ventana

y brilles

más que cualquier estrella,

más que cualquier hoguera.

 

Aquí te aguardan.

 

Tal vez nunca las veas

—sentadas a tu mesa, recostadas en tu cama,

detrás de las cortinas—

y de noche sueñes con ausencias,

con mi sombra

y el eco de mi voz

cantando tu belleza.

Entonces sabrás que a veces escribo sólo

para convocarte en una página y

nombrarte:

mar donde me extravío,

poema que escribí y aún recuerdo,

canción que yo quisiera

llevar entre los labios.

    LA MISMA ESPERA

 

En el marco de la puerta

ve pasar los hombres a lo lejos.

Fumando busca entre la gente

un rostro que nadie ha visto.

Cuando está sola

llora de rodillas,

a puerta cerrada.

 

Hace tres días entré en su casa

y no ha notado mi cuerpo

que se da entre las sábanas.

    HASTA LA SOMBRA

 

Te presiento como a las lágrimas,

como quien se acerca a la playa

y adivina el mar antes de verlo:

eres la metáfora que juega a no decir nada.

Eres amarga como la lluvia que se niega a mojarme

y yo soy un niño que te mira desde su ventana.

 

Cuando llega el telegrama de los recuerdos

puedo encontrarte

como a un silencio entre las notas del piano,

mezcla de música y ausencia:

de palabras que dicen todo y nada

a quien sólo nada escucha.

 

He de seguirte mirando

e imaginar que tú también me miras.

Creer que estoy encarcelado

y tengo la llave en el bolsillo,

y olvidar que el dolor se clava en mi boca,

mis manos,

mi corazón y mi sombra.

    SOLEDAD EN FAREWELL STATION

 

Los hombres aguardan en el andén.

Nadie ha venido a despedirlos.

Cuando parten los trenes

dicen adiós a la mitad de sí mismos

que no abordó,

que se quedó a enterrar muertos,

esperar cartas

y buscar motivos

para el regreso.

 * *

Las vías guardan memoria del último suicidio.

Ciertos viajes no pueden

anunciarse en los tableros,

no caben en la velocidad de los horarios.

Este territorio no ostenta una bandera.

Las fronteras carecen de historia y filiación:

un café con mesas tambaleantes y

periódicos sin crucigrama,

un corredor sucio y sillas verdes.

El viento que arroja basura contra los vagones.

 * *

Suben al tren ignorando el destino.

El nombre de una ciudad en los billetes

es el truco con que se engañan

los que temen no llegar a ninguna parte.

Los pasajeros se apresuran,

se roban los lugares en la fila

mientras pasan sus dedos por las postales

con el mismo afán con que los ciegos

acarician las monedas

para adivinar su valor.

 * *

Los cuerpos se olvidan;

la piel se vuelve cada vez más como este suelo:

arena imposible de apresar.

Aunque conservemos una imagen,

las manos, el reposo de los pechos, la curva del muslo,

pasará el tiempo

y se volverán nada.

No habrá cuerpo.

Habrá memoria del cuerpo.

Y no hay tren que nos ayude a escapar de la memoria.

 * *

Si alguien llegara,

si alguna vez bajara,

uno, dos cortos escalones:

vería esta ciudad a la que ha llegado huyendo de su tristeza

(como si no fuera una hija oscura,