Perspectivas de la paz territorial - Marco Romero Silva - E-Book

Perspectivas de la paz territorial E-Book

Marco Romero Silva

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Beschreibung

 Desde su fundación, el Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial Paz y Posconflicto (GIDETEPP) ha buscado articular un puente de comunicación permanente entre la academia y la sociedad colombiana. Es por ello que su producción investigativa promueve el análisis de los cambios que se están gestando al interior de los sectores y escenarios sociales, políticos y económicos para evidenciar las transformaciones de la realidad nacional, con el fin de contribuir a la comprensión de los conflictos contemporáneos, así como a la consolidación de una paz duradera.   Perspectivas de la paz territorial es un aporte de GIDETEPP a los debates y discusiones generados a partir de la lucha histórica del pueblo colombiano hacía la construcción de una sociedad democrática, pacífica, plural y diversa, en donde todas las diversidades sean reconocidas y aceptadas y se posibilite la coexistencia pacífica con todas las formas de vida presentes en el territorio nacional.   Este libro es el resultado de los esfuerzos que día a día realiza todo el pueblo colombiano para posibilitar que la academia y la universidad sean independientes y críticas, con perspectiva de futuro, como lo es la Universidad Nacional de Colombia, que día a día trabaja con el objetivo de analizar los problemas nacionales y proponer alternativas para superarlos. 

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Seitenzahl: 403

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Perspectivas de la paz territorial

Perspectivas de la paz territorial

Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP)

Instituto de Investigación Sociojurídica

“Gerardo Molina” - Unijus

Bogotá D. C., 2022

CATALOGACIÓN EN LA PUBLICACIÓN UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Universidad Nacional de Colombia (Sede Bogotá). Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP)

Perspectivas de la paz territorial / Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP); [Marco Romero Silva, compilador]. -- Primera edición. -- Bogotá : Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Vicedecanatura de Investigación y Extensión. Instituto de Investigación Sociojurídica “Gerardo Molina” (Unijus). Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto, 2022.

238 páginas : ilustraciones en blanco y negro, diagramas, fotografías. -- (Colección Gerardo Molina ; 98)

Incluye referencias bibliográficas al final de cada capítulo e índices temático y onomástico

ISBN 978-958-505-056-3 (impreso). -- ISBN 978-958-505-058-7 (e-book). – ISBN 978-958-505-057-0 (impresión bajo demanda).

1. Paz territorial 2. Posconflicto 3. Participación política -- Colombia 4. Planeación territorial 5. Tenencia de la tierra -- Negociaciones de paz – Colombia 6. Acuerdos de paz -- Colombia 7. Proceso de paz -- Colombia 8. Negociaciones de paz 9. Colombia -- Comisión de la verdad -- Investigaciones I. Romero Silva, Marco Alberto, 1963-, compilador II. Título III. Serie

CDD-23

303.6909861 / 2022

Perspectivas de la paz territorial

Colección Gerardo Molina

© Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá

© Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales

© Vicedecanatura de Investigación y Extensión

© Instituto de Investigación Sociojurídica “Gerardo Molina” - Unijus

© Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP)

Primera edición, 2022

ISBN (impreso): 978-958-505-056-3

ISBN (IBD): 978-958-505-057-0

ISBN (digital): 978-958-505-058-7

Dolly Montoya Castaño

Rectora Universidad Nacional de Colombia

Hernando Torres Corredor

Decano Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales

Alejo Vargas Velásquez

Vicedecano de Investigación y Extensión

Preparación editorial

Instituto de Investigación Sociojurídica

“Gerardo Molina” - Unijus

Alejo Vargas Velásquez

Director Unijus

Hernando Sierra

Coordinador editorial

John Fredy Guzmán

Gestor editorial

Paola Andrea Castillo Rozo

Coordinadora académica

Luis Miguel Solórzano

Asesor administrativo y financiero

Sandra Milena Méndez Niño

Asistente administrativa en procesos editoriales

María del Pilar Hernández Moreno

Correctora de estilo

Julián Hernández - Taller de Diseño

Diagramador

Carolina Bedoya

Imagen de cubierta

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

Impreso y hecho en Bogotá, D. C., Colombia.

Contenido

Lista de tablas

Lista de figuras

Introducción

PRIMERA PARTE

A modo de introducción Estudios sobre la paz y el desarrollo territorial

Carlos David Higuera Villalba

Melissa Villegas Briceño

Paz territorial: aproximaciones a un concepto

Óscar Javier Martínez Ricaurte

La dimensión política de la paz territorial

Marco Romero Silva

Aportes feministas y ambientales a la paz territorial

Sebastián Isidro Espinosa Martínez

SEGUNDA PARTE

Desafíos territoriales del Acuerdo de Paz y las vías terciarias

Simón Rubiños Cea

Comisión de la Verdad en Colombia y sus retos para la paz territorial

Linda Yulieth Correa Grisales

Autores

Índice temático

Índice onomástico

Lista de tablas

A modo de introducción. Estudios sobre la paz y el desarrollo territorial

Tabla 1. Relación violencia y paz

Tabla 2. Medidas en los acuerdos de paz

Tabla 3. Medidas en los acuerdos de paz en los casos seleccionados

Tabla 4. Proyección del acuerdo colombiano

Lista de figuras

A modo de introducción. Estudios sobre la paz y el desarrollo territorial

Figura 1. Elementos conceptuales de la paz territorial

Figura 2. Puntaje de implementación de acuerdos de paz

Figura 3. Elementos de la conflictividad colombiana

Aportes feministas y ambientales a la paz territorial

Figura 4. Casa de Librada Mendoza

Desafíos territoriales del Acuerdo de Paz y las vías terciarias

Figura 5. Organigrama de Invías

Comisión de la Verdad en Colombia y sus retos para la paz territorial

Figura 6. Organigrama de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú

Introducción

El Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP) de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia pone en manos de los colombianos y las colombianas la presente publicación titulada Perspectivas de la paz territorial referida en su integridad a la paz territorial, con el ánimo de proponer ejercicios hermenéuticos desde distintos enfoques teóricos y desde diversos intereses, que permitan un acercamiento holístico y profundo a este tema, que se perfila como el de mayor complejidad en la etapa de implementación del Acuerdo Final de Paz.

La presente publicación se divide en seis capítulos que, en su complejidad, se ocupan de dos grandes temas: el primero es el teórico-­conceptual en el cual se presentan, resumen e interpretan algunas teorías que, a juicio de sus autores y autoras, resultan relevantes para abordar las complejidades de la paz territorial. Asimismo, se plantean hipótesis y acercamientos conceptuales desde diversos y variados puntos de vista sobre algunos de los posibles acercamientos que pueden hacerse al tema objeto de reflexión. El segundo es a propósito de algunos aspectos que a grandes rasgos podrían llamarse prácticos o, más exactamente, casos ilustrativos sobre asuntos prácticos, que deben abordarse en la construcción de la paz territorial, como la infraestructura y los procesos de justicia, verdad y memoria.

En la primera parte del presente libro se encuentran los siguientes artículos: “A modo de introducción: estudios sobre la paz y el desarrollo territorial”, escrito por Carlos David Higuera Villalba y por Melissa Villegas Briceño; “Paz territorial: aproximaciones a un concepto”, escrito por Óscar Javier Martínez Ricaurte; “La dimensión política de la paz territorial”, escrito por el director del GIDETEPP, Marco Alberto Romero Silva, y “Aportes feministas y ambientales a la paz territorial”, escrito por Sebastián Isidro Espinosa Martínez. En la segunda parte se encuentran los siguientes artículos: “Desafíos territoriales del Acuerdo de Paz y las vías terciarias”, escrito por Simón Rubiños Cea, y “Comisión de la Verdad en Colombia y sus retos para la paz territorial”, escrito por Linda Yulieth Correa Grisales.

A continuación, se describe de forma breve cada uno de los capítulos del presente libro. El primero se titula “A modo de introducción: estudios sobre la Paz y el desarrollo territorial”. Su objetivo es presentar los principales temas y conceptos que autor y autora correlacionan con la paz territorial. Para tal fin, presenta una contextualización del origen y desarrollo de los estudios sobre y para la paz, sobre el conflicto y sobre el problema conceptual de la paz territorial —este último desde la óptica del desarrollo y del progreso material— con base en cuatro enfoques: el económico, el social-colectivo, el individual-subjetivo y el estatal-­institucional. Finalmente, se ocupa del caso colombiano en torno al Acuerdo Final de Paz y sus implicaciones para el desarrollo de las regiones —y para la paz territorial— a partir del análisis de algunas experiencias internacionales útiles para entender diversas tipologías y agendas de anteriores acuerdos de paz.

El segundo se titula: “Paz territorial: aproximaciones a un concepto”, cuyo fin es proponer una definición o, al menos, una interpretación del concepto “paz territorial”, a partir del estudio de los términos paz y territorio. Además, presenta una lista no exhaustiva de las posibles aristas o temas clave para la paz territorial en Colombia. Para el efecto, se presentan los principales enfoques en la investigación para la paz y en los estudios sobre el territorio. Posteriormente se muestra un estado del arte de los trabajos dedicados explícitamente al concepto “paz territorial”, y los temas que a juicio del autor resultan clave para la construcción de paz en el territorio.

El tercero, “La dimensión política de la paz territorial”, busca analizar las potencialidades y las limitaciones del Acuerdo Final de Paz (AFP) en torno al tema de la participación política desde un enfoque territorial. En un primer momento argumenta, desde un punto de vista histórico, la pertinencia de un enfoque de paz territorial basado en el respeto por las diversidades étnicas y culturales, tanto en el ejercicio de la política como en el quehacer práctico de las instituciones del Estado. En la segunda parte se estudian las implicaciones territoriales del modelo político del AFP y se proponen tres posibles niveles de implicación: 1) régimen político pactado en el AFP; 2) transformaciones potenciales del sistema político colombiano a la luz del AFP, y 3) riesgos para el sistema político colombiano de una implementación minimalista del AFP. La tercera parte del texto aborda el tema de la implementación del AFP en medio de situaciones y contextos de violencia en los territorios donde se destacan las acciones del ELN, de las disidencias de las FARC y del EPL, grupos herederos del paramilitarismo y bandas criminales, y la delicada situación de seguridad a la que se ven enfrentados y enfrentadas reclamantes de tierras, líderes y lideresas sociales, migrantes y excombatientes de las FARC, todo lo cual se agrava por la debilidad y la precaria presencia de las instituciones civiles del Estado en buena parte del territorio nacional. Al final se analiza la reforma política en perspectiva de paz territorial a partir del análisis del fracaso en el proceso de descentralización y, por tanto, de la oportunidad que esta tiene en este contexto y aun en medio de las limitaciones y restricciones que presenta el AFP.

El cuarto se titula “Aportes feministas y ambientales a la paz territorial”. Recoge el concepto institucional de paz territorial propuesto por Sergio Jaramillo para criticarlo y ampliarlo desde la ecología política (latinoamericana y feminista) y los feminismos territoriales, que se entienden como epistemologías necesarias para comprender la paz territorial. En un primer momento se describe la importancia de las agencias no humanas y el papel de la naturaleza en la construcción de paz. Asimismo, explora la relación entre el extractivismo y la paz territorial. En un segundo momento, el artículo se ocupa de analizar la tríada cuerpos-territorios-naturalezas que, según su autor, resulta indispensable para un entendimiento holístico y no hegemónico del territorio y, por tanto, de la paz territorial. Finalmente, el trabajo critica la justicia clásica del enfoque liberal desde los puntos de vista de la justicia ambiental, feminista y territorial.

El quinto artículo “Desafíos territoriales del Acuerdo de Paz y las vías terciarias”, reflexiona sobre los desafíos territoriales del Acuerdo Final de Paz en el tema concreto de las vías terciarias y presenta una perspectiva crítica en clave teórica e histórica sobre los conceptos de “desarrollo” e “infraestructura” en América Latina y en Colombia. En segundo lugar, analiza los retos y las posibilidades del Plan Nacional de Vías Terciarias en el marco de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). En tercer lugar, advierte sobre posibles desafíos territoriales de las vías terciarias en el posconflicto y sus potenciales tensiones con los intereses económicos de las élites. El artículo concluye con una mirada crítica de las ventajas del desarrollo territorial.

El último texto, “Comisión de la Verdad en Colombia y sus retos para la paz territorial”, plantea los desafíos de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) para incorporar un enfoque territorial. En un primer momento, el autor se refiere a la importancia del derecho a la verdad en escenarios de justicia transicional y de posconflicto. Luego, analiza teóricamente lo que puede entenderse por un enfoque territorial desde el análisis de los conceptos de: 1) territorio y conexos (territorialidad, territorialización, etc.); 2) enfoque diferencial y 3) desarrollo. Además, el artículo estudia las lecciones que dejan algunos casos internacionales cercanos como los de Guatemala y Perú, respecto a la cuestión territorial, pero también a los asuntos étnicos, que necesariamente deberán conciliarse y sintetizarse en aras del éxito del mandato de la CEV. El texto hace un examen no exhaustivo de los principales desafíos para incorporar un enfoque territorial durante el periodo en que realizará sus investigaciones la CEV. Al final, se estudian las acciones que la CEV ha puesto en marcha en sus tres años de existencia para incorporar un enfoque territorial.

PRIMERA PARTE

A modo de introducción Estudios sobre la paz y el desarrollo territorial

Carlos David Higuera Villalba*

Melissa Villegas Briceño**

Introducción

La discusión por la paz territorial surge como una respuesta a la compleja realidad colombiana en la que han persistido las causas de la conflictividad a lo largo de la historia nacional, en la que los conceptos que se han ideado para dar fin al conflicto han resultado insuficientes. La naturaleza del conflicto colombiano corresponde a múltiples fenómenos que imbrican una lógica del uso de la fuerza, de desigualdades económicas, del atraso institucional y las rupturas del tejido social, en la que los modelos de paz negativa, positiva, económica o neutra responden parcialmente y el enfoque integrado u holístico se presenta con el nombre de paz territorial.

El concepto de paz territorial surge de la praxis de la conflictividad y tiene una vocación analítica. Al aproximarse a las potencialidades de este enfoque es necesario posicionarlo en relación con las demás categorías que ordena la relación de paz y desarrollo. Por ello, en este artículo introductorio se explican los principales conceptos que se vinculan a la discusión de la paz, con el ánimo de que los lectores encuentren en este texto insumos para abordar las discusiones específicas que presentan los autores de este libro. Sin el ánimo de ser reduccionistas, se plantea el siguiente gráfico explicativo, que tiene la vocación de ilustrar la relación interna de los conceptos que a lo largo de este primer artículo introductorio se abordan desde una perspectiva de revisión. El objetivo al finalizar el texto es explicar la figura 1.

Concepciones de paz y tipos de violencia (conceptos introductorios a la paz)

Para indagar a profundidad sobre los términos “paz” y “desarrollo territorial” (DT),es necesario hacer una revisión del concepto de paz, para ubicar qué se ha dicho y cómo se ha estudiado y aplicado esta noción. Primero se revisarán las construcciones de paz realizadas por autores que parten de diferentes corrientes de pensamiento y épocas. Sin la pretensión de exhaustividad, se destacarán los aportes más significativos y puntos importantes que ayuden a comprender qué se ha investigado sobre y para la paz. En un segundo apartado se estudiará cómo la teoría ha sido llevada a la práctica en distintos países que han transitado por procesos de pacificación, para comprobar hasta qué punto coinciden la teoría y la realidad fáctica y en dónde se registran distanciamientos importantes.

Figura 1. Elementos conceptuales de la paz territorial

Fuente: elaboración propia.

Proponemos la tabla 1 como una herramienta para la comprensión de los diferentes modelos de paz propuestos en los estudios sobre la paz y la guerra y de los tipos de violencia que conceptualizan. No se pretende hacer ninguna definición absoluta sobre la paz, de manera que no se realiza una revisión de la literatura que versa sobre sus desarrollos de manera cronológica. En su lugar, se destacan los autores más relevantes en la materia y cuyos aportes han cambiado el enfoque de los estudios para la paz. Para profundizar en el concepto de violencia y los estudios de la paz brevemente reseñados aquí, el capítulo titulado: “Paz territorial: aproximaciones a un concepto”, por Óscar Martínez, muestra una exposición detallada de estos vocablos.

Concepciones de paz

Los ejes paz, violencia y conflicto y las relaciones entre estos conceptos han regido históricamente los estudios para la paz. La evolución cronológica de los estudios sobre la paz puede dividirse en cuatro fases, a saber: el origen (1914-1945), institucionalización (1945-1970), expansión (­1970­-­1990), y consolidación (desde 1990) (Checa, 2014, p. 3).

Tabla 1. Relación violencia y paz

Relación de la violencia ejercida con la construcción de categorías de paz

Tipos de violencia

Modelos de Paz

Paz territorial

Violencia directa y manifiesta (personal o física)

Paz negativa (Johan Galtung)

Violencia estructural (no deliberada, latente)

Paz positiva (Johan Galtung)

Paz imperfecta (Francisco A. Muñoz)

Violencia cultural y latente

Paz neutra (Francisco Jiménez)

Paz cultural (Johan Galtung)

Violencia estructural no deliberada y manifiesta

Paz económica

Fuente: elaboración propia.

El origen de los estudios para la paz coincide con el behaviorismo en ciencias sociales, la amenaza de holocausto nuclear y la preocupación por el futuro del ser humano como reacción a la barbarie que produjeron las dos guerras mundiales (Hernández, 1990, p. 17). Posteriormente, la institucionalización se produjo en un contexto internacional de enfrentamiento entre dos potencias en la Guerra Fría. En este momento se establecieron las primeras instituciones dedicadas a la investigación de la paz como objeto de estudio más allá del análisis de la guerra/paz (Jiménez-Bautista y Jiménez-Aguilar, 2014; Del Arenal, 1987; Raymond, 1985; Fisas, 1987), como binomio inseparable en Estado Unidos, cuya corriente se ubicaba al lado minimalista y pragmático, y, por otro lado, países como Suecia y Noruega se posicionaron en una tendencia estructuralista y maximalista.

En el periodo de expansión, la tensión entre potencias se había reducido y los estudios sobre la paz se habían nutrido de diferentes disciplinas, que enriquecieron el debate y lo ampliaron más allá del objetivo de evitar la guerra. En cambio, sus causas y mantenimiento se centraron en las desigualdades y desequilibrios ecológicos. En 1990 se consolidaron los estudios para la paz desde la teoría crítica y estudios feministas que dan cuenta de cómo hay relaciones de poder que ejercen violencias estructurales. De modo que la paz pasa por la desestructuración de relaciones y estructuras que sostienen los conflictos al generar desigualdad e injusticias. Desde este momento el análisis se centra en la cuestión cultural de la paz y plantea una transformación de conflictos desde abajo, para el cambio de la dimensión estructural como la relacional y cultural, poniendo énfasis en las transformaciones que habrán de producirse en los individuos. Aquí comienza a indagarse el tema de la educación para la paz.

Más allá de una revisión cronológica, la mirada se ha centrado en tres perspectivas o formas de abordar: 1) la paz en el marco de la guerra y la violencia desde la violentología (Gómez, 2019, p. 502) se acercó a las tipologías de guerra (Small y Singer, 1979), luego se centró en las características del conflicto (Galtung, 1998; Lederach y Chupp, 1995; Nasi y Rettberg, 2005); 2) la paz como objeto de estudio (Gómez, 2019, p. 504) para considerar acciones que se deberían hacer o las decisiones que se deberían tomar para el alcance, desarrollo y goce de la paz (Buckles, 2000; Galtung, 1998, 2003a; Lederach, 1995, 1998; Pruitt y Carnevale, 1992); 3) la investigación sobre paz y derechos humanos (Gómez, 2019, p. 506), que estudia la relación pedagogía-paz-convivencia (Amstutz, Mazzarantani y Paillet, 2005; Girard y Koch, 1997) y la construcción de la cultura de paz (Fisas, 2011) y 4) algunos teóricos se han acercado al campo de la educación para la paz (Jares, 1991, 1995; Hicks, 1993; Lederach, 1984).

La investigación para la paz se consolida después de la Primera y Segunda Guerra Mundial en 1950, como campo de estudio diferenciado, pues, por mucho tiempo se presentó como un binomio inseparable entre guerra y paz. Por ello, las primeras investigaciones para la paz se hicieron desde el estudio de la guerra (Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2016, p. 121; Hernández, 1990, pp. 7-8). La paz —o al menos la limitación de la guerra— es una preocupación tan vieja como la humanidad, pues desde la historia y la filosofía política, y en la tradición de ciencia política, se encuentran referentes desde la época antigua (Hopwood, 1986), pasando por la medieval (Schalloroech, 1986; Brock, 1972; Johnson, 1975), la modernidad1 y los clásicos Sorokin, Richardson, Wright y Gandhi, junto con autores que han tratado el campo desde su creación en los cincuenta, más directamente (Del Arenal, 1987, p. 564).

De forma concreta, el surgimiento de la investigación para/sobre la paz se une al descontento conocido como revolución behaviorista2. Los principales enfoques usados para abordar teóricamente el tratamiento de la paz en diversos periodos pueden dividirse en tres grandes categorías: estructural, multidimensional y resolución de conflictos. El primero no es propiamente investigación sobre o para la paz, sino que se centra en la resolución del conflicto e indaga en las causas de la guerra, es fuertemente cuantitativo y behaviorista; no obstante, se acerca a la búsqueda de la paz sobre todo con autores como Röling (1984) y Dedring (1976). Siguiendo a Ríos y Gago (2018, p. 289) este enfoque distingue entre aproximaciones a la paz de forma dura (cuantitativa) o blanda (cualitativa).

La teoría estructural, siguiendo a Harto de Vera (como se cita en Ríos y Gago, 2018, p. 288) fue impulsada en 1960 por Galtung, cuando este autor profundiza en la noción de violencia estructural. El enfoque versa sobre el ejercicio de la fuerza que no se reduce únicamente a la violencia sino que contempla una implicación estructural, que se evidencia en la desigualdad de poder, exclusión, marginalidad y falta de oportunidades. Boulding (1977), Hardin (1983) y Schmid (1968) forman parte de esta corriente en su acepción más heterodoxa. Por otro lado, Rummel (1998) y Galtung (2003) parten de un estructuralismo ortodoxo en el que hay un claro rechazo al ejercicio de la violencia como medio para obtener la paz. Otros autores coinciden en esta corriente, con algunas diferencias, como Senghaas, Krippendorf y Dencik, de inspiración marxista, y otros de inspiración humanista, dentro de los que se encuentran Galtung y Curle (Del Arenal, 1987, p. 565).

La paz económica o integral ha sido una crítica desde el Sur a los estudios de la paz que se han realizado en centros geopolíticos como Estados Unidos o Europa, que indagan en contextos de violencia estructural (entendida en forma de explotación económica, esquilmación de recursos, intercambio desigual y social no deliberado y manifiesto), ambiental y simbólica existente en América Latina, que sobrevive en el sistema mundo capitalista moderno/colonial al servicio de las empresas transnacionales (Gómez, 2019, p. 27; Sandoval, 2020, p. 8). Propone investigar realidades propias de América Latina y generar conocimiento teórico, analítico y metodológico de la paz aplicable en contextos donde no se producían guerras o violencia directa, pero donde estaban vigentes regímenes autoritarios o profundamente injustos.

Por otro lado, la paz imperfecta es un concepto pensado por Harto de Vera y Muñoz, que plantean una reformulación del programa maximalista de la paz positiva y sugieren una aproximación gradual hacia la erradicación de la violencia. Desde este enfoque el conflicto es connatural a la existencia humana. Por eso la construcción de paz es un proceso continuo e inacabado (Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2016, p. 143). La paz imperfecta aborda las mismas violencias que pretende solucionar la paz positiva, solo que lo hace de forma gradual y pensando en no eliminar completamente la conflictividad social.

La paz neutra se desarrolla desde la consolidación de los estudios de paz y le otorga un papel prioritario al rol individual de cada sujeto en la reducción del conflicto. Sugiere herramientas para la implicación activa y personal en la reducción de la violencia cultural. Coincide con la paz imperfecta en la gradualidad del proceso de pacificación, al suponer las relaciones humanas dentro de un marco cultural, como complejas y naturalmente en pugna. Se apoya en valores y principios como la igualdad, la libertad, la justicia, la responsabilidad (Jiménez-Bautista, 2009, p. 172). Así pues, la paz neutra busca abordar la violencia cultural que no es clara en las relaciones sociales, pero que puede aparecer en cualquier momento.

La violencia cultural es todo lo que está presente en la cultura y que legitima o promueve la violencia directa o estructural. Es más sutil y difícil de identificar (Calderón, 2009, p. 16). Al equiparar este caso concreto de violencia, la corriente constructivista y Jiménez-Bautista proponen la paz neutra, como la estrategia que, por medio de un método dialógico, analiza los elementos que justifican la violencia en la sociedad. Para ello propone implicar activamente a las personas en la desestructuración de una violencia simbólica mediante la deconstrucción del lenguaje, que no genere estereotipos y discriminación, sino que valore la diferencia como enriquecedora y comprenda al otro desde la empatía (Jiménez-Bautista y Jiménez-Aguilar, 2014, p. 155).

El abordaje multidimensional hace referencia a la ausencia de violencia, pero distingue los tipos de violencia señalados en la figura 1. Después de diferenciar el tipo de violencia, plantea una ruta de investigación y de acción. Esta concepción sobre la paz fue muy popular tras la tensión de armas nucleares entre potencias. Dentro de sus exponentes se encuentran: Eide, Curle y Dunn, que respectivamente han tratado los enfoques minimalistas, intermedios y maximalistas. En el minimalismo se entiende que hay un estado de paz cuando hay una ausencia de guerra; se centra en la violencia personal, física y directa, y pretende prevenir la guerra. Desde esta concepción se plantea una paz negativa3.

El enfoque intermedio lleva la noción de ausencia de guerra un poco más allá al plantear que la paz es, asimismo, la no presencia de instrumentos e instituciones de guerra; en últimas, pretende evitar la violencia organizada y las amenazas que pongan en peligro la convivencia en sociedad. Así, se entiende que una paz imperfecta se aproxima gradualmente no solo a una sociedad sin conflictos que afecten la esfera emocional y física de la comunidad de manera directa, sino que pretende la creación de condiciones en las que el ser humano desarrolle todo su potencial, es decir, un ambiente de seguridad y apoyo comunitario para que el individuo perfeccione sus cualidades intelectuales y artísticas y no tenga que preocuparse por sus necesidades básicas. Está muy relacionada con el enfoque centrado en la resolución de conflictos.

En cambio, para el enfoque maximalista la violencia no debe estar presente de forma directa, indirecta, real o virtual. Autores como Galtung conceptualizan la paz positiva4 y aseguran que, en otras palabras, es la ausencia de la violencia directa, estructural y cultural. No solo se trataría del cese al fuego o de acuerdos de paz sino del gran objetivo de una paz estable y duradera. El enfoque maximalista plantea la necesidad de ir más allá de las perspectivas teóricas y pone de frente un horizonte mucho más ambicioso (Valencia, 2012, p. 154; Harto de Vera, 2018, p. 140; Del Arenal, 1987, p. 553; Loaiza Giraldo, 2012, p. 129).

Paz territorial

Llegados a este punto y con el ánimo de reconstruir la discusión del desarrollo territorial desde sus implicaciones prácticas es importante partir de una definición del objeto de estudio, a saber, la paz territorial, para lo cual la Cepal afirma que, si bien desde hace tiempo se viene hablando desde distintas disciplinas de desarrollo y territorio, este concepto busca imbricar ambos mediante un proceso de construcción social del entorno, en el que exista una interacción entre las características geofísicas, las iniciativas individuales y colectivas de distintos actores y la operación de las fuerzas económicas, tecnológicas, sociopolíticas, culturales y ambientales en el territorio (Moncayo, 2001, p. 45). Las experiencias del desarrollo territorial son nuevas y por ello son pocos los estudios realizados en torno a este concepto; sin embargo, se puede afirmar que se aplica en su mayoría a la realidad de América Latina.

Tal noción, desde sus inicios, centraba la atención en espacios diferentes a la ciudad, buscando que el progreso y la estabilidad económica, derivados del desarrollo, llegaran de forma amplia y se distribuyeran en el territorio. En especial, porque las asimetrías creadas entre campo y ciudad dan lugar a una paz aparente en las urbes, pero una conflictividad latente en el campo. Con todo ello estas asimetrías también se nutren de la misma conflictividad. La finalidad teleológica del desarrollo territorial consiste en eliminar las causas de la conflictividad, para lo cual se implementan acciones diferenciadas que atienden a las conflictividades específicas. Para profundizar en este concepto, a continuación se estudian los tipos de paz y los tipos de violencia a los que atienden.

La paz territorial pretende una aproximación a la dimensión maximalista y estructural, porque concibe la paz no solo como la ausencia de guerra sino como la ausencia de elementos de conflictividad estructurales y culturales. Se trata de un enfoque que aborda aspectos socioeconómicos y valorativos que alimentan y prolongan la violencia. Dicho de otro modo, la paz territorial aborda la paz como ausencia de las violencias física (directa y coercitiva), estructural (exclusión, marginalidad, desigualdad) y cultural.

Si bien Jaramillo señala que es un enfoque de derechos que pretende fortalecer las instituciones territoriales, no se queda en lo estatal-nacional; por el contrario, su centro de atención es el territorio5, lo local, lo particular, entendiendo las expresiones de violencia y conflicto desde sus distintas causas y manifestaciones. En últimas, el concepto de paz territorial da cuenta de realidades sociopolíticas complejas y heterogéneas. De esta manera, se rescata una definición de paz que se desprende de su carácter universalista y acompaña una más cercana a la realidad de los contextos a los que se aplica.

Del concepto de paz a algunos casos fácticos

Ahora bien, situados los protagonistas y puntos más importantes de los estudios de la paz, es importante señalar una de las discusiones más álgidas en el campo de la investigación para la paz, a saber, la falta de estudios empíricos al respecto. Desde este punto de vista, y una vez claros los elementos teóricos que nos permiten conceptualizar los enfoques de paz, es fundamental revisar la aplicación práctica de las llamadas paces.

Algunos escenarios concretos donde se puede visualizar la violencia directa son los conflictos armados en Burundi, Congo, Suráfrica, Guatemala, El Salvador, Angola, Indonesia, Croacia, Irlanda del Norte e India. El común denominador en estos países es la presencia de un conflicto armado interno. Y si bien comparten un tipo de violencia (directa), su manifestación es diversa según el tiempo y el lugar donde ocurrieron los hechos. Ante este primer avance de identificar la presencia de un conflicto, es necesario ahondar en el panorama. Cabe preguntarse: ¿Qué tipo de violencia se manifestó en cada contexto y cómo marcó la dirección de la sociedad hacia la paz?

Un ejemplo del ejercicio de la paz negativa se dio en Indonesia, cuyo rápido proceso de paz fue acelerado por el desastre natural del Tsunami en 2004. El cese de hostilidades se dio en términos de una reducción significativa de la violencia física directa; sin embargo, este proceso no fue acompañado de otros cambios que redujeran la violencia estructural y la desigualdad. La desmovilización no promovió la reducción de la violencia que excluía de las decisiones políticas a un sector importante de la sociedad. Todo ello es visible por la falta de garantías de participación política y la baja participación política en la provincia de Aceh tras el proceso de paz6 (Fisas, 2010b, p. 15).

En cambio, en procesos más demorados como Guatemala, El Salvador, Irlanda del Norte y Burundi, influyeron factores como presión externa (Grupo Contadora, presión por crisis humanitaria), motivaciones económicas y, concretamente en Guatemala y Suráfrica, tendía a darse una mayor participación social lo cual direccionó a un tipo de paz positiva en tanto no se buscaba acabar con la violencia sino con causas estructurales que impedían la participación efectiva o propiciaban la exclusión (Fisas, 2010a, p. 62).

Un ejercicio empírico de la paz positiva puede encontrarse en la Cumbre de Río (1992) convocada por Naciones Unidas, en la que se planteó la necesidad de avanzar en acciones que eliminaran la desigualdad, pero que respetaran el derecho al desarrollo, que avanzara en necesidades futuras y presentes, pero teniendo en cuenta las particularidades ambientales. Sin embargo, en la cumbre de Johannesburgo (2002), la agenda contempló el tratamiento de una situación ambiental y la pobreza. De cualquier forma, el enfoque de la paz positiva parece quedarse corto ante los acuerdos respecto a la necesidad de la construcción de una racionalidad distinta (Hernán y Becerra, 2011, p. 93). Con el anterior ejemplo es evidente una aproximación a la justicia social, el horizonte que busca la paz positiva.

Por otro lado, países con conflictos armados como Congo, Angola, Croacia se han visto enfrentados a conflictos cuya violencia ha sido en mayor medida cultural, sin quitarles fuerza a los distintos grados de violencia física y estructural; no obstante, sus procesos de paz integrados han pretendido con distintos grados de éxito una paz neutral, cultural y negativa. En Croacia se ha buscado una paz imperfecta que parte de una situación de poca justicia social a un escenario donde sea posible que las personas desarrollen su potencial (Ugarrizaet al., 2013, p. 172).

Al revisar más detenidamente la situación en la que se resuelven los conflictos de Irlanda del Norte, Guatemala, Indonesia y Burundi podemos aproximarnos a la paz económica, pues estos conflictos cesan cuando se reactiva la economía y el país se inserta al mercado mundial con mayor eficacia y reconocimiento de los otros Estados parte y de la legitimidad del Estado, que es capaz de mantener un monopolio de la fuerza a lo largo de su territorio. El conjunto de medidas de carácter económico que tiende a regular el Estado y el mercado está determinado por acciones concretas de paz económica como medidas de protección de mercados nacionales, planes de desarrollo local compensaciones económicas. Se profundizará en ellas más adelante.

Del desarrollo territorial y su relación con los enfoques de paz

Teniendo en cuenta los diferentes conceptos de paz y su relación con el tipo de violencia es importante precisar que a partir de estos es posible ubicar diferentes dimensiones del desarrollo territorial desde la perspectiva pedagógica en clave de revisión propuesta en el presente artículo. El punto de partida de esta reflexión es entender al desarrollo territorial como meta a largo plazo, que se alcanza desde el direccionamiento de las relaciones entre sociedad, Estado y mercado. Al margen de esta definición operativa, la Cepal se ha encargado de elaborar una definición amplia del desarrollo territorial en los siguientes términos:

El desarrollo territorial se entiende como un proceso de construcción social del entorno, impulsado por la interacción entre las características geofísicas, las iniciativas individuales y colectivas de distintos actores y la operación de las fuerzas económicas, tecnológicas, sociopolíticas, culturales y ambientales en el territorio. (s. f.)

Las definiciones presentadas son una guía de trabajo para el siguiente apartado, debido a que permiten caracterizar cuatro tipos de desarrollo territorial que se identifican en los procesos de paz. En el artículo escrito por Simón Rubiños Sea encontraremos una mirada crítica al concepto de desarrollo en el análisis de las vías terciarias. Estos cuatro tipos de desarrollo difícilmente se aplican de forma excluyente, por lo que su clasificación corresponde a un esfuerzo de sistematizar posiciones y enfoques del desarrollo y porque teóricamente se identifican cuatro elementos que caracterizan la conflictividad: el económico, el social, el institucional y el colectivo, de cada uno de estos se desliga un tipo de desarrollo que se explica a continuación.

Es importante resaltar que recogemos una quinta visión que se sale de la caracterización de tipos de desarrollo, derivada de la teoría crítica del desarrollo y que, en esencia, implica una crítica a la modernidad. En esta corriente encontramos autores como Escobar, 1995; Sachs, 2010; Latouche, 2009; Rist, 1997, que hacen una crítica radical al paradigma dominante y usan todas sus energías para desarrollar nuevos paradigmas que ofrezcan horizontes y que conduzcan a la emancipación (Munck, 2010). Al reconocer que el desarrollo está asociado a la consolidación del capitalismo, la teoría crítica está inexorablemente ligada con la modernidad y discute sus malestares. En los años setenta movimientos sociales que estudiaban temas de paz, género y ecología transitaron hacia el cuestionamiento de lo moderno, por ejemplo, Arturo Escobar señala que el concepto de desarrollo se da por sentado y no es novedoso, pues sus premisas como progreso, racionalidad y orden siguen ancladas a la ontología moderna (Martínez, 2020).

Desarrollo territorial económico: relaciones de producción

La conflictividad económica surge a partir de relaciones de producción deficientes, por lo cual, el DT material económico intenta atender las causas que originan estos conflictos, como, por ejemplo, la desigualdad de ingreso y la distribución de riqueza. Este desarrollo se orienta hacia el correcto funcionamiento del régimen económico, que hoy en día se reconoce con el sistema capitalista, corrigiendo las fallas institucionales e incentivando la inserción de las poblaciones a los circuitos económicos, con el fin de que participen en nuevos espacios para la ampliación de mercados (Jiménez-Bautista, 2009, p. 102). Por ello, el desarrollo económico persigue una economía social de mercado en tanto amplía el estado de condiciones de producción y factores productivos —con el mayor aprovechamiento de los recursos disponibles— y la mejora de las condiciones de intercambio y de diferenciación productiva.

Esta posición muestra una forma de entender el conflicto y la violencia persistente y apunta a la falla en un elemento concreto de la vida en sociedad, que desemboca en la conflictividad. En este sentido, el enfoque de este desarrollo tiene que ver con los vínculos que establecen los seres humanos como agentes del proceso productivo y los medios que utilizan para obtener los bienes deseados. Los conflictos que atiende este enfoque de desarrollo se relacionan con la paz negativa y la paz económica, a saber: la violencia física y estructural derivada de relaciones de explotación y precarización.

Un ejemplo de este tipo de desarrollo se encuentra en el proceso de paz de Burundi, en el que se implementaron medidas de carácter económico (redistribución nacional de recursos, implementación de programas económicos para la eliminación de la pobreza), por una falla en el desarrollo económico territorial que se traducía en violencia estructural, indirecta, ejercida sobre la población. Para determinar si un país necesita un enfoque de paz económica se debe observar cómo se movilizan los medios sociales de producción material y simbólica de la vida social, en los intereses de las clases dominantes y del capital. De esta manera, las relaciones de producción representan un ejercicio colectivo de formación social. De ahí que el desarrollo económico se expresa en diferentes políticas y acciones que contribuyen indirectamente a la producción de la vida material y simbólica.

Desarrollo territorial construcción social-colectiva: relaciones de apropiación-despojo

Por otro lado, el DT construcción social-colectiva plantea la necesidad de edificar el patrimonio natural y cultural como activos del desarrollo, con la participación política de líderes que deciden sobre su territorio y, sobre todo, proponen un desarrollo de formas de economía social y solidaria. Este tipo de desarrollo proviene de conflictos de carácter social y su principal objetivo es fortalecer el tejido social, el desarrollo social y humano, pues surge de conflictos relacionados con la discriminación identitaria, la segregación por género o raza, el desconocimiento de procesos indígenas, procesos de despojo, entre otros. Este tipo de conflictos se asienta en relaciones violentas de apropiación y despojo, lo que implica entender que los procesos de guerra y conflicto tienen una dimensión simbólica y están inscritos en relaciones de poder específicas.

Esta relación de apropiación-despojo se localiza en una imbricación entre ambiente, cultura y desarrollo, de modo que los agentes que se sitúan en el DT construcción social-colectiva ubican una falencia en los procesos de colonización de los cuerpos que habitan los territorios nombrándolos como cuerpos monstruosos y, sobre el espacio, fijando una concepción del desarrollo que ve a la naturaleza como el escenario en el que actúan los seres humanos. Por ello es lícito extraer de los territorios lo necesario para continuar con economías devoradoras de vida. Este tipo de desarrollo proporciona una plataforma para construir una paz con enfoque positivo o neutro, por lo que atiende de forma directa la violencia cultural latente y la violencia estructural no intencionada.

Cuando se afirma que los conflictos que presenten fallas profundas en la construcción social-colectiva tienen respaldo en las relaciones de apropiación-despojo localizadas en la organización de espacios y cuerpos que habitan los territorios, se quiere decir que la pugna se presenta en el ámbito de las relaciones de poder que buscan organizar el espacio, sus recursos y los cuerpos que los habitan. De allí que la guerra no sea solamente una actividad que desteje el tejido social, sino que crea consensos sociales sobre los cuerpos abyectos, que no son válidos y merecen ser exterminados en la guerra, en contraposición a aquellos otros cuerpos que merecen vivir. En un sentido similar desplaza espacialmente el significado sobre territorio en una lógica funcional de propiedad, marcando como inválidas aquellas otras posturas que lo ven de otra forma (Comíns, 1994, pp. 272-273).

Para atender este tipo de conflictividad social se plantea que la paz debe abordar tales relaciones de los cuerpos y la organización de espacio en los territorios, pues, para lograr el cese de estos tipos de violencia se deben atender las construcciones culturales tejidas en el lugar y en el proyecto político de vida en colectivo (Escobar, 2010). Aquí es importante destacar el trabajo de Ulloa, quien nombra a los procesos donde se evidencia una transformación de la vida de los territorios por ideas de desarrollo impuestas desde afuera como: imbricaciones territoriales —ambientales-globales— y escenarios ambientales de la apropiación y el despojo (2016, p. 124). Haciendo óbice a que la falla que origina estos conflictos consiste en no permitir que los territorios asignen su propia idea de desarrollo colectivo, que se acompañe con formas económicas propias, más amables con la vida.

En resumen, el desarrollo social colectivo busca una valorización del patrimonio natural y cultural, como activos del desarrollo y unos lazos colectivos, que vuelvan a dinámicas de apoyo mutuo o solidaridad, que cierren las brechas de discriminación entre los grupos de seres humanos, en últimas, es una reparación de la comunidad y los colectivos con profundos elementos simbólicos. Con este desarrollo se pretende reivindicar y proteger la producción de identidades múltiples en un tejido heterogéneo, rizomático, llamado sociedad.

Dentro de este contexto, no es inusual que las medidas implementadas en conflictos atendidos desde un enfoque de desarrollo social estén destinadas a reparar el tejido social y los vínculos de la comunidad con su territorio y la naturaleza, con la creación de instancias de justicia transicional, reconocimiento de derechos colectivos, entre otros. En el artículo de Linda Correa Grisales es posible profundizar en las medidas que buscan tratar las fallas del DT de construcción social-colectiva en las comisiones de verdad, particularmente en Colombia con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.

Sin embargo, no todas las comunidades están de acuerdo con las medidas propuestas para un DT construcción social-colectiva, pues para colectivos de mujeres, comunidades negras e indígenas, el fallo es mucho más profundo que cómo se organizan los espacios y los cuerpos. Por lo que existen posiciones que se separan del desarrollo como horizonte. En razón a que en este artículo son múltiples y complejas, nos limitaremos a denominarlas “otras perspectivas territoriales basadas en ontologías relacionales”, que se derivan de un giro ontológico que comporta un distanciamiento de los referentes con los cuales se ha entendido la naturaleza desde la racionalidad moderna occidental. De este modo se plantean alternativas teóricas para comprender cómo las sociedades conceptualizan e interactúan con sus territorios (Ruiz y Del Cairo, 2016, p. 194).

Un ejemplo de “otras perspectivas territoriales basadas en ontologías relacionales” lo encontramos en la lucha de las mujeres negras en el alto Cauca, quienes reconocen su propio ser constituido de las relaciones con otros, en otras palabras, piensan la relación sujeto humano-sujeto no humano, desde su relación personal con el territorio y la naturaleza (Minaet al., 2015, p. 13). De ahí que la ontología relacional, al rechazar la matriz moderna del individuo aislado, indica alternativas al desarrollo concebido desde una mirada que advierte a la naturaleza como un medio para un fin, como un objeto cuya cosificación les es funcional a los grandes intereses extractivos presentes en sus territorios. En el artículo “Aportes feministas a la paz territorial”, de Sebastián Isidro Martínez, es posible profundizar en las críticas y propuestas de ampliación de la paz territorial desde otras representaciones como el feminismo.

Desarrollo territorial subjetivo individual: relaciones intersubjetivas

Las relaciones intersubjetivas son procesos de reconocimiento de la alteridad. En la intersubjetividad dos individuos toman parte para compartir la conciencia y el conocimiento del otro. Este término puede entenderse como “el proceso en el que compartimos nuestros conocimientos con otros en el mundo de la vida” (Rizo, 2005), o sea, aquel en el que los sujetos están vinculados entre ellos por valores y procesos cognitivos de interpretación conjunta del entorno. La relación intersubjetiva permite una interacción social, que posibilita la comprensión del otro y la construcción de referentes para interpretar todo lo que es externo a nosotros mismos (Vargas, 2010).

La conflictividad entre las relaciones intersubjetivas se origina en procesos en los que se está construyendo al otro. En específico en estos procesos de construcción de identidad se impone una imagen del mundo y se construyen formas de articulación política y cultural. Así pues, el desarrollo territorial subjetivo individual busca indagar en procesos históricos en los que se clasifica y se ordena a individuos y grupos sociales en el campo con base en una posición desigual de capitales (informacional, económico, coercitivo, simbólico).

El desarrollo territorial subjetivo individual busca la participación en la propuesta de valores universales, que permiten ejercer el poder de decisión, de movilización y de asignación de habitus de los individuos o grupos sociales que habitan un territorio. Esto es importante, pues el habitus son las disposiciones perceptuales arraigadas o incorporadas en cada sujeto, un conjunto de prácticas cotidianas que conforman un estilo de vida y a partir de las cuales se construye otro “diferente: enemigo o aliado”, un pasado, una forma de comprender el mundo y los valores jerarquizados con respecto a la posición de los agentes en el campo político.

El conflicto señala una profundización de la represión que se ejerció de manera individual, con claros objetivos de eliminar “al otro” e imponer los procesos de subjetivación y clasificación de los grupos sociales, oponiendo o sembrando discordia entre los individuos, ante modos diversos de entender el mundo. Una falla de esa relación intersubjetiva y una ruptura que impide reconocer al otro como un ser humano. El conflicto y la deuda del desarrollo subjetivo individual derivan en una baja posibilidad de que los individuos o grupos sociales sean reconocidos dentro del sistema político, social y cultural desde sus determinaciones, que permitan acceder a tratos diferenciados que atiendan a las desigualdades históricas, que los han puesto en una posición de vulnerabilidad respecto a la población hegemónica o que ha obtenido el poder.

De modo análogo, los conflictos que cortan a los individuos intelectual y culturalmente al imponer las creencias y cosmovisiones ajenas, buscando controlar social/culturalmente a largo plazo los grupos sociales, son casos explícitos de violencia cultural y latente que actúan sobre el concepto de identidad, que tiene que ver con la definición de lo propio o la identificación con ciertos símbolos, representaciones o marcos de referencia. Para ejemplificar lo anterior hay que mirar Angola y el Congo, cuyos procesos de paz dan cuenta de medidas de cese al fuego, desarme, rehabilitación de zonas de conflicto, entre otras, lo que revela una negociación determinada por su situación histórica y desarrollo dentro de una falencia de DT objetivo individual, y cuyo primer paso es cesar la violencia latente y física para avanzar hacia una paz neutra, que elimine los elementos que justifican la violencia hacia determinados grupos humanos.

Cabe resaltar que, si bien el DT social colectivo pretende garantizar unas condiciones en las que las comunidades o grupos puedan fortalecer sus vínculos y prácticas de apoyo e incorporar acciones para la garantía y promoción de la defensa de los derechos humanos, por otro lado, la unidad analítica del DT subjetivo individual se centra en que el individuo no vea coartadas sus oportunidades de desarrollo por un entorno conflictivo y por relaciones establecidas desde concepciones violentas. Es aquí donde el proyecto colectivo toma gran relevancia, pues el individuo depende de los demás para desarrollar el máximo de sus capacidades y perfeccionarse a sí mismo. Por tanto, es relevante la fundación de una organización política que permita que el sujeto sea libre y feliz; sin embargo, este no siempre es el caso.

Las fallas en el DT subjetivo individual aparecen por la negación de la alteridad, con la ruptura de las relaciones intersubjetivas y la consecuente invisibilización del “otro” y su subjetividad. En este sentido, las medidas adoptadas buscan garantizar la convivencia e interacciones que devuelvan al otro un estatuto digno. Por ello, el DT objetivo individual se centra, por un lado, en la articulación de una respuesta institucional para el diseño e implementación de medidas de prevención y protección integrales en beneficio de los seres humanos y, por otro, en la promoción de una cultura de paz entre los habitantes. En concreto, este enfoque se basa en la garantía de los derechos individuales y universales para que cada ciudadano desarrolle su personalidad.

Como veremos más adelante tanto el DT subjetivo individual como el DT estatal institucional tienen la particularidad de atravesar dos concepciones de desarrollo territorial similares, en tanto ambos demandan una fortaleza del Estado para cumplir con la garantía de los derechos de los individuos y como un facilitador de instituciones que podrían mejorar la seguridad, el intercambio de bienes y servicios y, en términos generales, la calidad de vida de las personas por medio de escuelas, hospitales, espacios culturales y recreativos.

Desarrollo territorial estatal-institucional: relaciones de dominación

Las relaciones de dominación en el contexto del DT estatal institucional hacen referencia a una “relación social recíproca y asimétrica de dar órdenes y brindar obediencia, en la cual una persona, un grupo o una organización pueden obligar a otros (temporalmente) a obedecer” (Leggewie, 2017, p. 5). En este sentido, las relaciones de dominación representadas por personas, permiten una estructuración del mundo social y de las relaciones y tensiones de la sociedad.

A pesar de que generalmente la dominación se interpreta como una relación vertical de mando y obediencia, inclusive desequilibrada, existe otra cara de la dominación, que se consolida como horizontal entre iguales, y los papeles de dominantes-dominados son intercambiados con cierta periodicidad. En esta segunda concepción de las relaciones de dominación, el papel de los dominantes es tomar decisiones vinculantes y legítimas, y asegurar su cumplimiento. En otras palabras, siguiendo a Weber, en la dominación legítima hay una correspondencia entre la obediencia voluntaria de unos actores y el mandato de otros actores sociales (Múnera, 2005, p. 34).

Mediante esta fórmula, el Estado sería entonces una condensación de las relaciones de la sociedad civil. Es importante notar que no toda organización política es negativa, pero sus posibilidades sí dependen de las formas de relación social; la institucionalidad y las formas de organización política son el resultado de las formas de relacionarse en la sociedad. Por ello, las fallas en el DT