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A lo largo de últimas décadas, la producción y el consumo de plástico han aumentado de una manera imparable, y esta situación se ha visto agravada a causa de la pandemia mundial de covid-19. En la actualidad, las toneladas de envases y bolsas realizados con plásticos de un solo uso acumuladas en los vertederos es tan elevada que supone un problema medioambiental inmanejable. Hay plásticos que no se pueden reutilizar y solo disolviendo su estructura, a través de calor y abrasión, es posible reciclar sus componentes; pero este proceso tiene grandes riesgos para la salud debido a la emisión de micropartículas que terminan en el aire que respiramos. Esto lo saben las empresas que producen plástico y las distribuidoras que lo utilizan, pero no parece importarles. Mediante campañas de desinformación tejidas de manera irresponsable por dichas empresas y sus lobbies pertinaces, el plástico se ha introducido progresivamente en la economía productiva. Alice Mah, profesora de Estudios Urbanos y Ambientales en la Universidad de Glasgow (Escocia), ofrece un relato claro y convincente de cómo las empresas petroquímicas productoras de plástico se han opuesto a lo largo de medio siglo a todas las medidas gubernamentales que, mediante legislación medioambiental, han tratado de supervisar, regular y, llegado el caso, restringir el uso de los plásticos. El libro aporta un conjunto de medidas encaminadas a la lucha contra la proliferación del plástico: desde campañas de información veraces promovidas por organismos públicos y educativos, pasando por la eliminación de las subvenciones ofrecidas por los Estados, o la creación de impuestos especiales que disuadan a las empresas de seguir produciendo plásticos de un solo uso.
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Seitenzahl: 295
Veröffentlichungsjahr: 2024
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«Oportuno, fascinante y exhaustivo. Mah saca el libro que estaba esperando: un análisis geopolítico y del poder en el ámbito de la polifacética crisis de los plásticos, pasada y presente.»
REBECCA ALTMAN, escritora y socióloga ambiental
«Plásticos sin limite revela las fuerzas que impulsan el problema mundial de los residuos plásticos que están dañando los ecosistemas, minando la salud pública y ampliando las desigualdades. El agudo análisis de Alice Mah demuestra que el problema actual de los plásticos no es principalmente un problema de gestión deficiente de los residuos o de malas elecciones de los consumidores, sino que está impulsado por poderosas empresas que dominan la producción y el uso de los plásticos.»
JENNIFER CLAPP, Universidad de Waterloo
«Con una originalidad impresionante, Alice Mah expone por qué los plásticos están envenenando el planeta. La gobernanza está fallando. Y las empresas están fuera de control. Todo el mundo debería apresurarse a leer este análisis enérgico y punzante. Estas empresas deben rendir cuentas.»
PETER DAUVERGNE, Universidad de Columbia Británica
«Este libro, fantástico, extremadamente informativo y bien escrito, es de lectura obligada para todo el que esté interesado en las raíces más profundas de la crisis de los plásticos.»
FRANK GEELS, Universidad de Manchester
«El magnífico análisis de Mah revela la forma en que el continuo crecimiento de la industria petroquímica se apoya en una imaginaria economía circular del plástico dejando de lado el “colonialismo de los residuos” y las injusticias medioambientales.»
JOAN MARTÍNEZ-ALIER, Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA)
«Rastreando el plástico hasta su origen petroquímico, Plásticos sin limite presenta una investigación contundente sobre la responsabilidad de las empresas en la crisis de los plásticos. Mah presenta argumentos convincentes sobre la interrelación existente entre el consumo de plástico y el cambio climático, y ofrece estrategias para hacer frente a estas crisis alimentadas por el uso de combustibles fósiles a través de un activismo multiescalar.»
JENNIFER GABRYS, Universidad de Cambridge y autora de Citizens of Worlds: Open-Air Toolkits for Environmental Struggle
«Plásticos sin limite es un libro extremadamente útil y de lectura obligada para cualquier persona interesada en la contaminación por plástico. Al descorrer el telón sobre conceptos como el análisis del ciclo de vida (ACV), la economía circular, el objetivo de cero emisiones netas y el reciclaje químico, Alice Mah revela cómo cada uno de ellos posee ingredientes específicos que se alinean con el continuo crecimiento de la producción de plástico. El mundo académico ha ido a la zaga de los estudios de las ONG y el periodismo de investigación sobre la industria del plástico, pero Plásticos sin limite pone fin a esa tendencia de forma decisiva. ¡Es el libro que estaba esperando!»
MAX LIBOIRON, Universidad Memorial de Terranova y autor de Pollution Is Colonialism
Alice Mah
PLÁSTICOS SIN LÍMITE
CÓMO ALIMENTAN LAS EMPRESAS LA CRISIS ECOLÓGICA Y QUÉ PODEMOS HACER AL RESPECTO
Traducción de Carmen Ternero Lorenzo
Abreviaturas
1. Plásticos sin límite
2. La fabricación de necesidades y deseos tóxicos
3. La alianza de las empresas para (no) eliminar los residuos plásticos
4. Cobertura frente al riesgo climático
5. Los plásticos en la pandemia
6. ¿Cómo podemos frenar la crisis de los plásticos?
Selección de lecturas
Créditos
AAP
Academia Americana de Pediatría
BP
British Petroleum
BPA
bisfenol A
CAC
captura y almacenamiento de carbono
CIEL
Centro para el Derecho Internacional Ambiental
COP26
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (2021)
COTC
transformación de petróleo crudo en productos químicos
DEHP
di(2-etilhexil)ftalato
RAP
responsabilidad ampliada del productor
ASG
ambiental, social y de gobernanza
EuPC
European Plastics Converters
FMCG
bienes de consumo de rápido movimiento (o bienes de consumo empaquetados)
GFANZ
Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas
GtCO2e
gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente.
HDPE
polietileno de alta densidad
AIE
Agencia Internacional de la Energía
IP
International Petroleum
IPCC
Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático
IRENA
Agencia Internacional de Energías Renovables
ISSB
Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad
ACV
análisis del ciclo de vida
LDPE
polietileno de baja densidad
LLDP
polietileno lineal de baja densidad
GNL
gas natural licuado
NPRA
Asociación Nacional de Refinadores y Petroquímicos de Estados Unidos
OCDE
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
OSHA
Administración de Seguridad y Salud Ocupacional
PET
tereftalato de polietileno
PFAS
sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas
PFOA
ácido perfluorooctanoico
PLASTICS
Asociación de la Industria del Plástico
PP
polipropileno
PVC
cloruro de polivinilo
SBTi
iniciativa Objetivos Basados en la Ciencia
UNEA
Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente
PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
WBCSD
Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible
1 Nota de la traductora. Señalamos a continuación cómo hemos traducido algunos términos importantes: corporation: empresa o corporación (con el significado del DLE: empresa, normalmente de grandes dimensiones, en especial si agrupa a otras menores; publicy traded corporacions: empresas que cotizan en bolsa; corporate: corporativo; corporate responsibility: responsabilidad corporativa; corporate sustainability: sostenibilidad corporativa; corporate materials: material corporativo; corporate power: poder corporativo; business leaders: líderes empresariales.
El mundo tomó consciencia de la crisis mundial de los plásticos en 2017 y de la emergencia climática en 2018. En vísperas de la pandemia de COVID-19, las cuestiones de sostenibilidad dominaban los debates de la industria del plástico debido a la oleada de reacciones públicas en contra. Sin embargo, durante la primavera de 2020 volvieron a preferirse los plásticos de usar y tirar porque se consideraban necesarios para luchar contra el virus. Los programas de reciclaje de plásticos se paralizaron y su viabilidad quedó en entredicho con la caída del precio del crudo. La gente se desesperaba por la cantidad de mascarillas y envases de comida para llevar que se veían desperdigados por los espacios públicos, pero, desde un punto de vista más general, la atención mundial ante el problema había cambiado. Al fin y al cabo, la contaminación por plásticos palidecía en comparación con la crisis sanitaria mundial más inmediata. La emergencia climática, por el contrario, cobró un impulso político considerable durante la pandemia, ya que los Gobiernos de todo el mundo decidieron acelerar la transición a fin de abandonar los combustibles fósiles mediante recuperaciones verdes.
La crisis de los plásticos está inextricablemente unida a las crisis del calentamiento global, la contaminación tóxica, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad mundial. Es el ejemplo de una amenaza planetaria existencial debida a un consumo excesivo que supera los límites sostenibles de la Tierra. El dejar de lado la contaminación por plásticos, como si fuera una crisis menor que compite por encontrar su lugar en un mundo plagado de crisis, tiene graves consecuencias sociales y ecológicas. Los efectos tóxicos de la contaminación por plásticos agravan las desigualdades sociales ya existentes que se concentran en las comunidades costeras vulnerables al clima y las comunidades desfavorecidas de las zonas limítrofes (es decir, las comunidades colindantes a empresas contaminantes) de todo el planeta. En cuanto a los residuos plásticos, si se mantienen las políticas actuales, se prevé que los 11 millones de toneladas anuales de plástico que llegan al océano en 2020 pasen a ser 29 millones de toneladas anuales en 2040. Para el mismo período se prevé que la producción mundial de plásticos utilice el 19% del presupuesto total de carbono que queda a nivel mundial para mantener el calentamiento global dentro del límite de 1,5 grados2. Junto con las mortíferas olas de calor, inundaciones, extinciones masivas y pandemias que conlleva la catástrofe climática, el mundo se verá asfixiado por residuos plásticos tóxicos en el transcurso de una generación.
En este libro sostenemos que las empresas de toda la cadena de valor de los plásticos están alimentando la crisis ecológica mediante la búsqueda de un crecimiento ilimitado del uso de plásticos. Y lo que es más, se están saliendo con la suya. Desde el espectacular aumento de la producción de plásticos tras la Segunda Guerra Mundial, las empresas petroquímicas y de plásticos han luchado por ampliar y proteger los mercados de plásticos fabricando la demanda, negando el riesgo y cooptando soluciones. A lo largo de los años, estas empresas se han enfrentado a amenazas existenciales para el negocio: primero, ante una serie de escándalos sobre toxicidad que relacionaban los plásticos con el cáncer y otras enfermedades; y más tarde, en relación con los residuos plásticos marinos y la crisis climática. Los líderes de la industria han recurrido con frecuencia al engaño más descarado al objeto de negar los riesgos tóxicos en su afán por conservar el control del mercado. Otra táctica de la industria ha sido atribuir la culpa a los consumidores individuales y a las deficientes infraestructuras de África y el sudeste asiático. Recientemente, las empresas se han vuelto más sofisticadas en sus estrategias de sostenibilidad; por ejemplo, adoptando la agenda de la economía circular o aparentando abrazar iniciativas verdes al tiempo que persiguen un crecimiento insostenible. También han contrapuesto una crisis a otra, proclamando que los plásticos de las palas de las turbinas eólicas y los vehículos eléctricos son la solución al cambio climático. Su objetivo ha sido desviar la atención pública del problema clave: la producción de plásticos.
Por más que los residuos sean la manifestación más evidente de la contaminación por plásticos, la raíz del problema no está en los residuos, sino en la producción. Aun en el momento de mayor indignación pública por la basura plástica marina, pese a las prohibiciones de los plásticos de un solo uso y las limpiezas de playas patrocinadas por las empresas, la demanda mundial de plásticos siguió en aumento. El mayor mercado de plásticos es el de envases, que representa aproximadamente el 40% de los mercados finales mundiales. El segundo mercado en orden de importancia es el de la edificación y la construcción, con un 20%3. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los plásticos serán el mayor impulsor de la demanda de petróleo en la transición energética, hasta alcanzar cerca de la mitad de la demanda mundial de petróleo en 20504. Aun así, la creciente demanda de plásticos no puede seguir el ritmo del insaciable impulso de expansión de la industria petroquímica.
La industria petroquímica fabrica plásticos a partir de materias primas derivadas de combustibles fósiles y otros hidrocarburos mediante un proceso conocido como craqueo, que consiste en aplicar calor y presión para descomponer hidrocarburos pesados en moléculas más ligeras. La expansión de la industria petroquímica depende, en primer lugar, del acceso a materias primas vírgenes baratas y abundantes (basadas en combustibles fósiles), y, en segundo lugar, del crecimiento continuo de nuevos mercados de plásticos que absorban la expansión de la producción. La petroquímica es una industria cíclica, con ciclos de auge y caída de expansión, y exceso de capacidad5. Durante la década anterior a la pandemia de COVID-19 se produjo en todo el mundo una oleada de inversiones en proyectos petroquímicos vinculadas a una serie de factores, como la disponibilidad de gas natural licuado (GNL) barato, procedente de la fracturación hidráulica en Estados Unidos, la caída de los precios del petróleo en 2014, la diversificación hacia los plásticos de los países productores de petróleo (anticipándose a la transición energética) y el fuerte crecimiento del PIB en China6. Hacia finales de 2019, la industria petroquímica se encaminaba hacia un ciclo negativo. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 retrasó la crisis prevista de exceso de capacidad7. El precio del crudo alcanzó mínimos históricos, los nuevos proyectos petroquímicos se paralizaron y las materias primas de plástico reciclado se encarecieron. Mientras tanto, las empresas aprovecharon la crisis sanitaria para revocar las prohibiciones de los plásticos de un solo uso y los compromisos de sostenibilidad. La demanda de plásticos de un solo uso para envases y equipos de protección personal se disparó, compensando las pérdidas a corto plazo de otros mercados de plásticos, como los productos de automoción y los electrodomésticos8. «De cara al futuro, estamos viendo grandes márgenes —comentó un ejecutivo de la industria estadounidense en 2021—. No solo en Norteamérica, sino en todo el mundo9.»
¿Qué podemos hacer para detener la creciente crisis de los plásticos? A pesar del impulso mundial para hacer frente a la contaminación por plásticos, los responsables políticos no han conseguido desafiar el imperativo capitalista de un crecimiento ilimitado de la industria de los plásticos. Tenemos que afrontar este reto sin rodeos. Como primer paso, analicemos los datos sobre el plástico.
En pocos años, el panorama mediático se ha abarrotado de datos sobre el plástico. En diciembre de 2018, la Royal Statistical Society británica nombró estadística del año la siguiente cifra: «Se ha reciclado el 9% de todo el plástico fabricado»10. Entre 1950 y 2015 se produjeron 8.300 millones de toneladas métricas de plástico en todo el mundo, de los cuales 6.500 millones de toneladas métricas se convirtieron en desechos plásticos. De esos desechos, el 79% fue a parar a vertederos o se filtró al medioambiente; el 12% se incineró, y el 9% se recicló. La mitad de todo el plástico fabricado se ha producido desde el año 200011. Se espera que el total de la producción acumulada de plástico aumente hasta la asombrosa cantidad de 34.000 millones de toneladas métricas en 2050, por lo que para entonces se prevé que habrá más plásticos que peces en el mar12. Es casi imposible hacerse una idea de estas cifras, incluso con las prácticas infografías en las que vemos cuántas veces podríamos darle la vuelta a la Tierra si alineáramos todas las bolsas y botellas de plástico.
Todos los plásticos son polímeros (que en griego significa «muchas partes»), formados por largas cadenas de moléculas con unidades repetidas. Las cadenas de polímeros plásticos se componen de fuertes enlaces de carbono que pueden combinarse con aditivos químicos para fabricar prácticamente cualquier cosa. Los productos petroquímicos derivados de combustibles fósiles se utilizan para fabricar el 99% de los plásticos13, y los mercados de plásticos representan el 80% de la producción petroquímica14. Cinco polímeros principales componen el 90% de todos los plásticos de un solo uso: polipropileno (PP); polietileno de alta densidad (HDPE); polietileno de baja densidad (LDPE); polietileno lineal de baja densidad (LLDPE), y tereftalato de polietileno (PET)15. Las cualidades materiales que hacen que los plásticos sean tan útiles también se convierten en sus defectos: son extremadamente duraderos, dependientes de los hidrocarburos y se funden fácilmente con otras sustancias. En lugar de descomponerse a nivel molecular, los plásticos se fragmentan en trozos diminutos y persisten en el medioambiente. Nuestros cuerpos y ecosistemas están llenos de petroquímicos y microplásticos. Cada una de las etapas del ciclo de vida de los plásticos, desde la extracción y el refinado hasta el consumo y los desechos, plantea riesgos significativos para la salud humana16. La producción de plásticos libera sustancias tóxicas que están relacionadas con el cáncer, daños neurológicos y problemas reproductivos y de desarrollo17. La contaminación tóxica por plásticos afecta de manera desproporcionada a las comunidades de bajos ingresos y a las minorías étnicas de todo el mundo18. Millones de animales mueren cada año a causa de los plásticos, principalmente por inanición y por quedarse atrapados en ellos19. Los costes medioambientales, sanitarios y económicos mundiales de la contaminación por plásticos son incalculables.
La lista de datos y hechos es interminable, y están todos al alcance de la mano en internet. A diferencia de lo que ocurre con el calentamiento global, no hay quien niegue la crisis de los plásticos. Es demasiado tangible y rastreable. Los activistas de Break Free From Plastic han señalado a las grandes marcas Coca-Cola, PepsiCo y Nestlé como los peores contaminadores de plástico del mundo, basándose en una auditoría anual de cientos de miles de artículos de plástico recogidos por voluntarios20. Siguiendo la cadena de valor de los plásticos, un informe de la fundación Minderloo reveló que veinte de los mayores productores de plásticos (encabezados por ExxonMobil, Dow y Sinopec) son los causantes de más de la mitad de todos los residuos de plástico de un solo uso generados en el mundo en 2019; y cien de ellos, de más del 90%21. En lugar de negacionistas, hay detractores: personas que desestiman la crisis de los plásticos por considerarla una distracción de la crisis climática o que insisten en que se puede solucionar en gran medida mediante la mejora de los sistemas de reciclaje y gestión de residuos.
Muchos datos sobre el plástico están ampliamente aceptados, mientras que otros son más controvertidos. Por ejemplo, hay investigadores que han señalado que las predicciones sobre el número de peces o plásticos que habrá en el mar en el futuro son especulativas y dudosas22. Las industrias petroquímica y del plástico han aprovechado la incerteza pública sobre los datos relacionados con el plástico para poner en duda repetidamente las pruebas científicas sobre la toxicidad del plástico con el fin de proteger sus mercados23. También afirman que los envases de plástico son más respetuosos con el medioambiente que los materiales alternativos, basándose en suposiciones sobre los mercados de envases de un solo uso y el comportamiento de los consumidores24. Otros datos sobre el plástico están abiertos a una interpretación selectiva, como el descubrimiento, realizado en 2018, de que el 90% de los desechos de plástico que llegan al océano proceden de tan solo diez ríos, ocho de Asia y dos de África25. El hallazgo de los diez ríos fue anulado por otro estudio de 2021 que demostró que mil ríos pequeños y medianos, en lugar de los grandes ríos, representaban el 80% de los desechos plásticos que desembocan en los océanos, y que todos se encuentran en cinco países de Asia, por lo que el punto básico relativo a la geografía se mantuvo26. Esto llevó a decir a los representantes de la industria: «Sabemos dónde radica el origen del problema», señalando la inadecuada infraestructura de gestión de residuos en estas regiones27. Sin embargo, este razonamiento oculta otro hecho: el comercio mundial de residuos plásticos contaminantes es muy desigual. Los mayores exportadores de residuos plásticos son Estados Unidos, Alemania y Japón. Desde que China anunció la prohibición de importar residuos plásticos en 2017, las exportaciones mundiales de residuos se han redirigido a países del sudeste asiático, que se han visto inundados de residuos y han tenido dificultades para hacer frente a la situación28. Algunos de estos países han devuelto cargamentos contaminados, y Tailandia y Vietnam han anunciado planes para prohibir todas las importaciones de plástico, pero el tráfico continúa29. El comercio mundial de residuos plásticos es la última frontera del colonialismo de los residuos, un término que políticos y activistas han utilizado para describir el injusto comercio internacional de residuos peligrosos3031.
Tras un diluvio de datos deprimentes, la mayoría de los libros, películas e informes sobre la crisis de los plásticos llega a la misma conclusión voluntariamente esperanzadora: podemos cambiar la situación reduciendo el consumo de plásticos de un solo uso, reciclando y reutilizando, y, si se tiene mucho interés, participando en limpiezas de playas y concienciando a la comunidad. Algunos activistas contra el plástico se han tomado muy en serio esta misión y han redactado directrices detalladas sobre cómo vivir sin plástico en sociedades atestadas de plástico32. Otros activistas han apuntado a las empresas. Por ejemplo, la ONG ecologista Greenpeace, la iniciativa Break Free From Plastic y la fundación Changing Markets (que trabaja en colaboración con organizaciones no gubernamentales) han añadido la contaminación por plásticos a su larga lista de pecados de las empresas de combustibles fósiles y han puesto de relieve las «falsas soluciones» y las «promesas de papel» promovidas por la industria33. Sin embargo, los responsables políticos y la opinión pública tienden a desestimar estas afirmaciones por ideológicas, siguiendo el predecible guion de nombrar y avergonzar a los «principales contaminadores». En este libro haremos otro tipo de análisis. En lugar de exponer lo que rodea a la crisis o arremeter contra los principales contaminadores, nos preguntamos: ¿cómo hemos llegado a este punto y qué podemos hacer al respecto? Para empezar, ¿de dónde viene el deseo de fabricar tanto plástico?
«Me alegro de que nos acompañe la señora Tupperware», dijo el profesor ante la sala que albergaba a los veinticinco participantes, en su mayoría hombres, de un taller sobre mercados petroquímicos en Londres34. El profesor era un antiguo directivo de la industria petroquímica con décadas de experiencia en el sector, y su material parecía algo viejo. Sacó de su mochila unos recipientes de plástico de aspecto destartalado y los colocó sobre la mesa, del estilo de la de una sala de juntas, antes de empezar a hablar del polietileno. «El Tupperware fue el primer producto comercial de polietileno y el comienzo de la venta a domicilio», comenzó diciendo. La mayoría de sus historias sobre el origen del plástico empezaban con algún tipo de anécdota. Otra era sobre hombres que utilizaban resinas epoxi para arreglarles a sus esposas las tazas de té que se habían roto: «Chicos, esto puede funcionar en casa, pero no en la industria». La «señora Tupperware» y yo nos miramos después de este comentario y negamos con la cabeza.
La industria del plástico está acostumbrada a los «viejos chistes sobre el plástico», como afirmó en 1986 la revista comercial del sector refiriéndose a la famosa frase de la película El graduado (1968): «Solo quiero decirte una palabra... solo una palabra... plásticos. Hay un gran futuro en el plástico»35. Hoy en día, los plásticos siguen asociándose a imágenes estereotipadas de la vida estadounidense de la posguerra. Hay otras citas de este período que han resurgido y en retrospectiva resultan irónicas, como el descarado comentario de Lloyd Stouffer, editor de Modern Packaging Magazine, de que «el futuro de la industria está en el cubo de la basura»36. Esta cita es de una charla que dio Stouffer en una conferencia de la industria de los plásticos en 1956, en la que argumentaba que la industria debía dejar de fabricar plásticos reutilizables y empezar a fabricar plásticos de un solo uso para aumentar sus beneficios. Sus palabras se hacen eco de una fotografía que ha circulado mucho por las redes sociales: la revista Life la publicó en 1955 con el título «Throwaway Living» (La vida de usar y tirar), que es precisamente lo que está celebrando la familia que vemos en ella, rodeada de un remolino de productos desechables que prometen aliviar el peso de las tareas domésticas.
Una de las citas más clarividentes que circulan sobre el plástico es la del teórico cultural francés Roland Barthes, extraída de su libro de 1957 Mythologies. Barthes observó que «más que una sustancia, el plástico es la propia idea de su transformación infinita» y llegó a una siniestra conclusión: «La jerarquía de las sustancias queda abolida; una sola las sustituye a todas: el mundo entero puede plastificarse, e incluso la vida misma, ya que, según nos dicen, están empezando a fabricar aortas de plástico»37. Esto suena tanto a profecía autocumplida como a desafío. De hecho, la industria se dio cuenta de las tentadoras perspectivas de jugar a ser Dios con la naturaleza y, como era de esperar, ignoró las implicaciones fáusticas. Como dijo un ejecutivo del sector del plástico hacia el final de la Segunda Guerra Mundial: «Prácticamente nada se fabricaba con plástico, y todo podría fabricarse»38.
Es difícil imaginar el mundo antes de que «se plastificara». La proliferación de los plásticos por todo el planeta ha sido exponencial, desde los primeros plásticos del siglo XIX, pasando por los 2 millones de toneladas métricas de plásticos producidos anualmente en los años cincuenta, hasta los 368 millones de toneladas de producción anual de plásticos en 201939. La mayoría de las historias del plástico comienzan a mediados del siglo XIX, con la invención de la parkesina, un plástico semisintético derivado de la celulosa que se utilizaba como sustituto barato del marfil y los accesorios de carey40. Según la socióloga medioambiental Rebecca Altman, un hecho menos conocido del celuloide es que «aceleró la demanda de alcanfor, un producto arbóreo utilizado como disolvente y plastificante», debido a la rápida expansión del mercado del celuloide a finales del siglo XIX para su uso en películas fotográficas y cinematográficas41. Altman sostiene que la historia temprana de los bioplásticos (plásticos fabricados a partir de árboles y plantas) anticipó muchas de las injusticias laborales y de salud medioambiental que siguieron. Por ejemplo, la extracción de resinas, gomas y látex de origen vegetal para la producción de caucho y celuloide provocó el desplazamiento violento de comunidades indígenas, deforestación, destrucción del medioambiente y riesgos laborales. La expresión «ser gaseado» tiene su origen en las fábricas de caucho vulcanizado del siglo XIX, donde los trabajadores con salarios bajos sufrían una serie de problemas neurológicos debido a la exposición a sustancias tóxicas42. El rayón, viscosa o «seda falsa», un tejido derivado de la celulosa, también era letal para los trabajadores, ya que provocaba «demencia aguda en aquellos a los que envenenaba»43.
En el taller sobre mercados petroquímicos abordamos la historia temprana del caucho como parte de la cadena de valor del butadieno C4 (cuatro enlaces de carbono). El profesor nos enseñó una diapositiva sobre la fiebre del caucho (de 1879 a 1912), comentando de paso que «el caucho natural era originario de Brasil, pero todos los árboles de caucho de Brasil fueron exterminados»44. Luego nos contó cómo el explorador británico Henry Wickham «tomó prestadas» 70.000 semillas de caucho de Brasil, las llevó a los Jardines de Kew, en Londres, y estableció plantaciones en Sri Lanka y Malasia. Sin embargo, la violencia de esta historia colonial solo estaba implícita, como telón de fondo de la historia clave que subyace a todas las historias sobre el origen del plástico: la innovación química, ejemplificada por el logro científico de duplicar la naturaleza en forma sintética.
En 1907 se fabricó el primer plástico totalmente sintético, la baquelita, un plástico termoestable duro y resistente, pero que no se podía volver a fundir ni moldear. Durante la revolución de la ciencia de los polímeros de los años veinte y treinta en Europa occidental y Estados Unidos se sintetizó una amplia gama de termoplásticos (moldeables a altas temperaturas) para uso comercial: cloruro de polivinilo (PVC) en 1926; poliestireno en 1930; polietileno en 1933; nailon en 1935, y politetrafluoroetileno (más tarde conocido como teflón) en 1938. Los historiadores de la ciencia y la empresa suelen centrarse en los principales inventores y en las rivalidades entre empresas durante este período de intensa innovación científica, con el período de entreguerras como telón de fondo45. No obstante, la llegada de la Segunda Guerra Mundial fue la que catapultó a los plásticos al escenario mundial del consumo masivo.
La Segunda Guerra Mundial trajo consigo una demanda sin precedentes de caucho sintético, gasolina de alto octanaje (con aditivos químicos polimerizados), paracaídas, componentes de aeronaves, cañones de bazuca, espoletas de mortero, revestimientos para cascos, aislamiento de radares y una amplia gama de otros usos militares de los plásticos46. Los plásticos fueron cruciales hasta para la bomba atómica: los plásticos de fluorocarbono (relacionados con el politetrafluoroetileno) se utilizaron para contener los gases volátiles47. La guerra desencadenó el rápido crecimiento de la industria petroquímica, que comenzó a utilizar los subproductos del petróleo (en lugar del carbón) para crear resinas plásticas, los componentes básicos de los productos plásticos. Junto a las refinerías de petróleo surgieron enormes plantas petroquímicas en Estados Unidos y Europa. Anticipándose al exceso de capacidad petroquímica después de la guerra, las grandes empresas químicas empezaron a buscar nuevos usos para los productos petroquímicos. DuPont empezó a diseñar prototipos de productos de plástico para el hogar que pudieran comercializarse, con el eslogan publicitario «Better Things for Better Living... through Chemistry [cosas mejores para vivir mejor... gracias a la química]»48.
Las industrias petroquímica y del plástico, como muchas industrias capitalistas modernas, surgieron de la guerra. Sin embargo, esta historia tiene un lado aún más oscuro. En el período de entreguerras, el conglomerado químico alemán IG Farben, uno de los principales protagonistas de la revolución de la ciencia de los polímeros, dirigió un consorcio internacional de empresas que restringió el comercio mundial de aceite sintético y caucho. Durante la Segunda Guerra Mundial, IG Farben gestionó un campo de concentración con mano de obra esclava en una de sus instalaciones industriales, realizó experimentos médicos con prisioneros y suministró el gas tóxico Zyklon B a los campos de concentración49. En 1941, Estados Unidos llevó a cabo una investigación antimonopolio a Standard Oil (ahora Exxon) y sus seis filiales por conspirar con IG Farben para restringir el comercio y acusó a tres dirigentes de la empresa, que dimitieron50. Veintitrés directores de IG Farben fueron juzgados por el Tribunal Militar de Estados Unidos reunido en Nuremberg entre 1947 y 1949 por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, trece de los cuales fueron condenados. Este fue un caso internacional emblemático para responsabilizar a los líderes empresariales por delitos societarios51.
Tras la Segunda Guerra Mundial, los consorcios petroquímicos se disolvieron. En 1951, IG Farben se dividió en diferentes empresas, como BASF, Bayer y Hoechst, y cada una adquirió su propia identidad jurídica. Con todo, la cooperación tácita entre las principales empresas petroquímicas estadounidenses y europeas continuó52. Esto sentó las bases históricas de la colaboración y la connivencia industriales que continuaron entre los escándalos sobre sustancias tóxicas de años posteriores. El crecimiento exponencial de los plásticos en la posguerra no fue un resultado inevitable de la innovación material, como se suele decir, sino un legado de la guerra.
La industria europea del plástico celebró los cien años del plástico en diciembre de 2020 con el lanzamiento de un sitio web sobre cómo los plásticos hacen la vida mejor y más sostenible. El eslogan: «Posibilidades ilimitadas para el futuro»53. El logro más destacado de 1920 fue la publicación de un innovador artículo de investigación del científico alemán y premio nobel Hermann Staudinger que sentó las bases de la ciencia moderna de los polímeros. Fruto de la colaboración entre la división de química macromolecular de la Sociedad Alemana de Química y Plastics Europe Deutschland (la rama alemana de la asociación industrial Plastics Europe), su página web presenta artículos mensuales que muestran cómo los plásticos ayudan a la sociedad. El primer artículo, «Plastics During the Pandemic», señala cinco aportaciones de los materiales plásticos para luchar contra la enfermedad de COVID-19: trajes de protección; maquinaria de plásticos (para fabricar máscaras y otros equipos), paneles de protección (paneles divisorios transparentes), materiales del sector médico y transporte de vacunas (cajas aptas para vacunas congeladas)54. En esta lista brillan por su ausencia las bolsas de plástico y los envases desechables de alimentos y bebidas que la industria había promovido tan activamente como la «opción sanitaria» al principio de la pandemia5556. A pesar de su temática centenaria, el sitio web «100 Years of Plastics» evita toda mención a los orígenes bélicos de los plásticos modernos. En lugar de reflexionar sobre el pasado, se centra en el futuro aprovechando la ocasión para captar el ambiente festivo del renacimiento de los plásticos durante la pandemia. Las posibilidades ilimitadas para el futuro de los plásticos pasan, naturalmente, por el crecimiento perpetuo.
La búsqueda capitalista del crecimiento ilimitado es la clave del problema que subyace a la crisis de los plásticos. No es un problema exclusivo de la industria del plástico, sino más bien la característica que define a todas las empresas del capitalismo moderno. Las empresas que cotizan en bolsa están legalmente obligadas a actuar en el «mejor interés» de los accionistas, lo que la mayoría de la gente interpreta como maximizar los beneficios y el crecimiento. Sin embargo, como sostiene Michelle Meagher, abogada especializada en antimonopolio, la poderosa norma del valor para el accionista solo existe débilmente en la ley y no se puede hacer cumplir. En otras palabras, según Meagher, «el valor para el accionista no es la ley, o no tiene por qué serlo si acordamos colectivamente que no lo es»57. Meagher señala que cuando se crearon las primeras corporaciones en Inglaterra en el siglo XVII para financiar proyectos públicos, «la norma de responsabilidad no era la responsabilidad limitada, sino la responsabilidad ilimitada», ya que su principal obligación era cumplir su objetivo público. Meagher nos recuerda que el objetivo «público» de estas primeras corporaciones estaba vinculado a las ambiciones coloniales del Imperio británico, pero su argumento es que las normas que rigen las corporaciones pueden cambiar. En su opinión, la responsabilidad limitada de la corporación moderna «elimina la responsabilidad y la obligación de rendir cuentas»58.
Recientemente, los líderes empresariales han intentado dar un nuevo enfoque al objetivo del accionista de una empresa. La mesa redonda corporativa de abril de 2019, formada por más de doscientos de los principales directores ejecutivos del mundo, proclamó que el nuevo objetivo de las empresas que cotizan en bolsa sería servir a los intereses no solo de los accionistas, sino también de los trabajadores, las comunidades y el medioambiente59. Esto ejemplifica lo que el profesor de Derecho Joel Bakan describe como la «nueva» sociedad del siglo XXI: «hacerlo bien haciendo el bien» o «ganar dinero a través de los valores sociales y medioambientales, en lugar de hacerlo a pesar de ellos»60. El problema, según Bakan, es que la estructura jurídica de las empresas —impuesta por el imperativo de búsqueda de beneficios del capitalismo— hace que las empresas siempre den prioridad a hacerlo bien antes que a hacer el bien. Además, como observa el politólogo Peter Dauvergne, el modelo de negocio a favor de la sostenibilidad corporativa no consiste solo en desviar las críticas, sino también en ganar poder corporativo sobre las normativas61.
Muchas veces, los críticos de la industria del plástico meten a todas las empresas del plástico en el mismo saco y utilizan el término «grandes empresas del plástico» (Big Plastic) para referirse por igual a las empresas petroleras, de envasado, de bienes de consumo y de bebidas62. Por ejemplo, en septiembre de 2020, la fundación Changing Markets publicó el informe «Talking Trash: The Corporate Playbook of False Solutions», que acusaba a las grandes empresas del plástico de «hipocresía» por afirmar que están comprometidas con las soluciones a la crisis de los plásticos, al tiempo que obstruyen y socavan las soluciones legislativas a la misma63. Aunque existen muchas similitudes y colaboraciones entre las grandes empresas del plástico, también hay diferencias importantes. Las empresas de la cadena de valor de los plásticos abarcan una amplia gama de industrias interconectadas, que comprenden desde combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y biocombustibles (azúcar y biomasa) hasta la petroquímica (transformación de hidrocarburos en resinas plásticas), los transformadores de plásticos (transformación de resinas plásticas en envases y otros usos finales), los mercados finales del plástico (como las empresas de alimentación y bebidas y otras empresas de bienes de consumo rápido o FMCG), y la gestión y el reciclaje de residuos.
Una de las principales diferencias entre estos segmentos de la industria es su tamaño y poder relativos. Hasta hace poco, la mayor parte de la atención pública se centraba en los principales contaminadores de la última etapa de la cadena, debido a la gran visibilidad de los residuos de envases de plástico. Muchas organizaciones no gubernamentales y activistas han señalado a las grandes marcas de los sectores de bienes de consumo y bebidas (como Procter & Gamble, Unilever, Coca-Cola y Nestlé), que dependen en gran medida de los envases de plástico de un solo uso. Sin embargo, los investigadores y responsables políticos han ido centrando cada vez más su atención en los productores de plásticos de la industria petroquímica, preocupados por las prácticas anticompetitivas de la industria, la falta de transparencia, la contaminación tóxica y la continua dependencia de los combustibles fósiles64. Un número relativamente pequeño de empresas muy grandes domina el mercado gracias a su ventaja tecnológica y el acceso a materias primas baratas, creando fuertes barreras de entrada con economías de escala y alcance65. Los principales productores de plásticos por facturación anual son empresas petroleras y gasísticas integradas verticalmente (como ExxonMobil, Saudi Aramco y Chevron Philips) y empresas químicas multinacionales (como BASF, Dow, DuPont y INEOS), que gestionan miles de plantas de producción en todo el mundo agrupadas en enormes complejos petroquímicos junto a refinerías de petróleo, oleoductos y puertos. También son las que tienen más peso en las asociaciones comerciales de la industria del plástico, como el Consejo Mundial de los Plásticos, la Asociación de la Industria del Plástico, Plastics Europe, la Asociación Petroquímica Europea y el American Chemistry Council.
