Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Nada más estimulante que un libro que se presenta bajo los signos de una interrogación, y más aún cuando esa interrogación apunta al corazón mismo en el que se funda el descubrimiento de la experiencia analítica. Efectivamente, proponernos la lectura de ¿Por qué la histeria hoy? es una forma de decir también ¿por qué el psicoanálisis hoy? (…) En efecto, dejarse "aspirar por lo real", no solo es el sintagma por el cual es necesario seguir a la histeria, no retroceder ante su presencia, sin duda siempre imprescindible para mantener del psicoanálisis ese agujero fecundo que la histeria inauguró. Sino también, ¿por qué no?, lo podemos proponer como brújula de lectura del libro de Silvia, podríamos deslizarnos en él, manteniendo siempre ese hilo de Ariadna, capítulo a capítulo, epígrafe por epígrafe, cada uno de ellos aspirado por el real que pone en juego. Podríamos conjeturar que lo que articula de una manera lógica el conjunto del texto de Silvia, no son más que esos trozos de real, piezas sueltas que nos hacen sentir que cada acontecimiento, cada vicisitud de la genealogía de los conceptos y de su construcción, cada referencia, cada precisión clínica, deja siempre abierta la hiancia que conviene para que el rigor de los enunciados no se coagule en una transmisión sin consecuencias para el cuerpo del lector. Así, desde la "Introducción", hasta las imprescindibles "Palabras no conclusivas" que cierran el libro y que nos conducen enigmáticamente hacia "un sin-porqué", que no cesa de no escribirse. Ahora bien, el libro de Silvia no se detiene en la pregunta, en ¿Por qué la histeria hoy?, sino que a la manera de un subtítulo que implica el "Devenir del falo y lo femenino" nos encontramos con una solidaridad conceptual donde se anudan clínica, política y episteme.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 266
Veröffentlichungsjahr: 2022
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
¿POR QUÉ LA HISTERIA HOY?
Silvia Perassi
¿Por qué la histeria hoy?
Devenir del falo y lo femenino
© Grama ediciones, 2022
Manuel Ugarte 2548 4° B (1428) CABA
Tel.: 4781–5034 • [email protected]
http://www.gramaediciones.com.ar
© Silvia Perassi, 2022
Perassi, Silvia
¿Por qué la histeria hoy? : Devenir del falo y lo femenino / Silvia Perassi. - 1a ed. - Olivos : Grama Ediciones, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8941-46-2
1. Clínica Psicoanalítica. I. Título.
CDD 150.195
Diseño de tapa: Gustavo Macri
Primera edición en formato digital: diciembre de 2022
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
Obra de tapa de Silvina Sanmartino.
“La Salida” Oleo 70 x120 cm. 2020. Serie Mujeres
Hecho el depósito que determina la ley 11.723
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por medios gráficos, fotostáticos, electrónico o cualquier otro sin permiso del editor.
Mis agradecimientos
Porque un libro es un tejido de letras, afectos, deseo, tiempo y más…
A Jorge Assef, por acompañarme decididamente
a dar forma a mi proyecto.
A Marina Recalde, por sus intervenciones vitalizadoras.
A Cristina Martínez, por su lectura atenta y precisa.
A Oscar Ventura, por la generosidad
de su valiosísimo prólogo.
A Silvina Sanmartino, que me dio el gusto
de tener tan preciosa imagen para la tapa.
A mis amigas, a cada una, una por una,
ingeniosas tejedoras de vida.
A mi analista, por cortar la tela de mi singular
“preferiría no hacerlo”.
A Fran y Santi, que me abren cada día a lo nuevo.
A Guille, por amarme así, sin vueltas.
Prólogo
Oscar Ventura
Nada más estimulante que un libro que se presenta bajo los signos de una interrogación, y más aún cuando esa interrogación apunta al corazón mismo en el que se funda el descubrimiento de la experiencia analítica. Efectivamente, proponernos la lectura de ¿Por qué la histeria hoy? es una forma de decir también ¿por qué el psicoanálisis hoy? Pues si hay algo que puede dar cuenta del estado de las cosas, respecto al lugar que el discurso analítico ocupa en el lazo social y los efectos que se desencadenan de su práctica, es a la histeria sin duda a quien conviene preguntarle. Ella, con sus síntomas, vuelve patente la objeción más profunda al amo que pretenda erigirse como tal, al amo que en cada época, sea la que fuere, intentara imponer su condición de orden en el mundo, amparado en el semblante de un saber sobre las buenas formas del intercambio. Ella está ahí, con toda la potencia que engendra su discurso para hacernos palpar, de una manera u otra, ese litoral donde saber y goce producen su disyunción más radical.
Si hay algo que permite captar con toda precisión el alcance clínico de esa operación de desplazamiento que Lacan opera en su última enseñanza, cuando el estatuto del Otro, tal como lo conocíamos, en su lugar del Otro del lenguaje, del discurso del Otro, se declina a la dimensión del cuerpo como Otro, cuando Un-cuerpo pasa a ser la única consistencia, porque ese cuerpo es la condición necesaria para que se inscriba un goce que no tiene ninguna posibilidad de ser representando, es allí, en este territorio donde la histeria nos hace ver, con toda claridad, la impotencia de cualquier significante amo para nombrar el temblor del cuerpo abrasado por la certeza de un acontecimiento innombrable.
El libro de Silvia nos permite introducirnos de entrada en el hueso de la cuestión, nos ofrece las mejores razones para desplegar la pregunta que se hace y que nos hace con su título, la cito: “¿Por qué la histeria hoy? Porque es la que da cuenta que las identificaciones son semblantes, es la que hace síntoma según quien sea el amo. Los giros y desplazamientos de la histeria, señalando y denunciando la falla, sugieren que algo en ella no termina de apresarse. Es en este sentido, que interpretamos las palabras de Lacan cuando dice que seguirla es dejarse ‘aspirar por lo real’”.(1)
En efecto, dejarse “aspirar por lo real”, no solo es el sintagma por el cual es necesario seguir a la histeria, no retroceder ante su presencia, sin duda siempre imprescindible para mantener del psicoanálisis ese agujero fecundo que la histeria inauguró. Sino también, ¿por qué no?, lo podemos proponer como brújula de lectura del libro de Silvia, podríamos deslizarnos en él, manteniendo siempre ese hilo de Ariadna, capítulo a capítulo, epígrafe por epígrafe, cada uno de ellos aspirado por el real que pone en juego. Podríamos conjeturar que lo que articula de una manera lógica el conjunto del texto de Silvia, no son más que esos trozos de real, piezas sueltas que nos hacen sentir que cada acontecimiento, cada vicisitud de la genealogía de los conceptos y de su construcción, cada referencia, cada precisión clínica, deja siempre abierta la hiancia que conviene para que el rigor de los enunciados no se coagule en una transmisión sin consecuencias para el cuerpo del lector. Así, desde la “Introducción”, hasta las imprescindibles “Palabras no conclusivas” que cierran el libro y que nos conducen enigmáticamente hacia un “sin-porqué”, que no cesa de no escribirse.
Ahora bien, el libro de Silvia no se detiene en la pregunta, en ¿Por qué la histeria hoy?, sino que a la manera de un subtítulo que implica el “Devenir del falo y lo femenino” nos encontramos con una solidaridad conceptual donde se anudan clínica, política y episteme. Jacques-Alain Miller nos recuerda que “El psicoanálisis comenzó ocupándose precisamente de la histeria, que se caracteriza por exhibir un cuerpo enfermo de la verdad. El cuerpo histérico rechaza la imposición del significante amo, hace alarde de su propia división, y de alguna manera se separa de los algoritmos, del saber inscripto en su instancia”.(2)
El telón de fondo de este recorte tan preciso, nos permite seguir explorando las coordenadas de lo que van a ir descubriendo en la medida que avancen en la lectura de estas páginas. Es evidente que la histeria presentifica un cuerpo enfermo de la verdad. Jacques Lacan, en el Seminario 16 nos lo transmite de una manera diáfana: “es que la verdad precisamente no se dice por un sujeto, pero se sufre”.(3) Nada más pertinente para esclarecer el sufrimiento del sujeto histérico, enfermo de la verdad que no puede decirse, la verdad que se inscribe más allá de la verdad formalizada por la ciencia y que se separa de los algoritmos. Que la verdad se sufre, no atañe sino al goce del parlêtre, es “la manera en que cada uno sufre en su relación con el goce, en la medida en que este solo interviene por la función del plus-de-gozar, he aquí el síntoma –en cuanto aparece porque no hay más que una verdad social media, abstracta”.(4)
Es palmario, la verdad no se encarna más que en un cuerpo, pero ese cuerpo no deja de emitir una denuncia porque, como esclarece Lacan de una manera precisa, “la verdad social media, es abstracta”. El cuerpo de la histeria desaloja la abstracción social al mismo tiempo que la escribe, haciéndose portavoz –cuestión para nada banal– en cada época de lo que en ella falta, de lo que en ella falla. En fin, del agujero insondable de la sexualidad humana, perturbada sin retorno por la ortopedia del lenguaje, ella lo padece bajo su empuje a la reivindicación, bajo su empecinamiento por encontrar la verdad de la verdad que es necesario que se haga escuchar. Pero, en esta coyuntura, a la que su pathos mismo la arrastra, a veces sin piedad, al sacrificio, se olvida, y con su olvido nos recuerda y nos da a ver, que lo que está puesto en juego son las formas que en ella toman las vicisitudes de la inscripción del falo en su subjetividad y el rechazo de lo femenino. Así la histeria muestra tanto su dignidad como su miseria. En esta dirección, la experiencia clínica de la histeria inscribe una dimensión ética insoslayable de la cual somos tributarios desde Freud mismo. No solo es el norte que nos indica las respuestas del sujeto en una época, cualquiera sea, a los atolladeros del discurso del Amo, sino que también nos proporciona la capacidad de estar advertidos de estos callejones sin salida en la singularidad del caso por caso, que la experiencia clínica nos ofrece a cielo abierto.
Es en el despliegue de estas paradojas que el libro de Silvia Perassi nos irá guiando en una conversación con la clínica y con la época, a partir de un relevamiento riguroso del devenir del falo y de lo femenino según los momentos en que la doctrina del psicoanálisis pudo alcanzar un punto de capitón, siempre trémulo sin duda, un anudamiento posible, algo más consistente tal vez, hasta la lógica del sinthome que ella explora como la modalidad más contemporánea de una solución que un sujeto puede encontrar bajo las condiciones de la transferencia con ese partenaire privilegiado que es un analista. El capítulo III “Consideraciones sobre la época actual”, escrito con claridad y precisión conceptual, es una fotografía del momento de la civilización que vale la pena leer con minuciosidad. Es una herramienta a utilizar para los debates políticos en los que estamos concernidos.
Continuemos un poco más, dejándonos llevar por las secuencias del libro de Silvia, escrito bajo la lógica de la interrogación. Si quisiéramos por ejemplo, en un esfuerzo de imaginación, encontrar una respuesta, a la pregunta que Jacques Lacan se hacía el 26 de febrero de 1977 en la ciudad de Bruselas, al comienzo de su intervención que lleva por título “Palabras sobre la histeria”, cuando se preguntaba: “¿…A dónde se han ido las histéricas de antaño, esas mujeres maravillosas, las Anna O., las Emmy von N…? Ellas desempeñaban no solamente un cierto rol, un rol social cierto, pero cuando Freud se puso a escucharlas, fueron ellas quienes permitieron el nacimiento del psicoanálisis. Es por haberlas escuchado que Freud inauguró un modo enteramente nuevo de la relación humana. ¿Qué es lo que reemplaza a esos síntomas histéricos de otros tiempos? ¿No se ha desplazado la histeria en el campo social? ¿No la habrá reemplazado la chifladura psicoanalítica?”(5)
Bien, ¿dónde encontrar a “estas mujeres maravillosas”?, seguramente habrá formas múltiples de responder, cada uno de nosotros puede encontrar su respuesta, tal vez valga la pena no dejar de hacer un esfuerzo de reflexión para responder, nos podría deparar vaya a saber uno qué tipo de sorpresas sobre la chifladura psicoanalítica… Pero, si nos atenemos, en esta oportunidad, al libro que tienen por delante, podríamos pensar que Silvia encontró una fórmula para responderle a Lacan, le hace llegar su mensaje a partir de lo que él mismo articuló, para renovar cada vez, en cada oportunidad “un modo enteramente nuevo de la relación humana”. Y que no es otra cosa que ese laboratorio inédito, radicalmente solidario con el discurso analítico que es el dispositivo del pase, de la clínica que de él se desprende y de la enseñanza que puede ofrecernos. A veces por migajas, por retazos, entrelíneas, siempre en el borde de lo imposible de decir, por cortes que contradicen toda lógica supuesta, por pequeños detalles que amplifican la diferencia absoluta, por soluciones impensadas, por un ejercicio de enunciación que, cuando pasa, nos produce un eco en eso tan fundamental y tan contradictorio que se anuda a la experiencia de la vida que late más allá de cualquier palabra que venga a perturbarla.
De pronto el libro bascula, si en la primera parte habíamos sido testigos de una articulación que atraviesa los antecedentes, la teoría, la reflexión política, la construcción epistémica, el lugar de la histeria, del falo, de lo femenino… Ahora, a partir del capítulo IV encontramos encarnadas en cinco analizantes que han llevado la experiencia hasta el límite de lo imposible, los restos de una enseñanza que Silvia nos hace patentes, en una articulación que por ser singular hace lazo de la buena manera, que es generosa por su honestidad, y que encuentra en el detalle la articulación que conviene, sin pretender forzar que todo quede cerrado en la prisión de lo que correctamente habría que hacer encajar.
No, más bien nos encontramos que a partir de la lectura y el estudio de estos testimonios no podemos dejar de tropezar, de ser aspirados por lo real, con eso que queda velado, con lo opaco del goce que no tiene ni nombre ni causa en la que ampararse, que, por estar fuera de sentido, hacen que los conceptos se renueven, y dejan de ser lo que uno espera que sean. No hay ni universal de la relación con el falo, ni universal de lo femenino, ni hay –si queremos tensar la cuestión universal de la histeria–, no hay cura tipo, hay en todo caso agujero, hay troumatisme, uno por uno. Y los conceptos están ahí para servirse de ellos, la condición es demostrar, construir la lógica en cada oportunidad, estando advertidos que lo que dicen, solo puede tener un alcance real si están dichos en lalengua de cada uno, esa que los retuerce, que los refuta, que los vuelve operativos solo a partir de la mutación que imprime cada enunciación que puede, vaya a saber uno porqué, estar habitada por esa extraña forma del deseo, que es el deseo del analista.
Estos recortes de la vertiente estrictamente clínica del pase, iluminan el libro de Silvia con destellos que nos hacen captar que el psicoanálisis vuelve a encontrar a la histeria hoy. ¿O es ella la que convoca al analista y lo ubica en su justo lugar? Lejos se encuentra la histeria de los intentos clasificatorios que sueñan con su extinción; su clínica y su discurso nos desvelan una y otra vez. Y que antes que la nada, que a veces tiene por alimento, antes de cualquier contingencia de sus síntomas, que la época pretende escribirlos como fragmentos de una psicopatología dispersa y extraviada, antes del abismo, un paso más acá de cualquier impostura contemporánea, es imposible olvidar, tal y como Lacan nos lo hace ver que “La histérica ya es psicoanalizante, si se puede decir así, o sea que ya está en el camino de una solución”.(6) No debemos más que seguirla en su novedad, que no es otra que la profunda afinidad con el inconsciente de la que ella es una fanática, y menos mal, porque en ella reside la virtud de hacernos despertar de la pesadilla innombrable de lo que sería un mundo sin su presencia.
Recorran con calma estas páginas que tienen por delante. Que si escriben la histeria hoy, es porque mañana volverá a sorprendernos.
Alicante, febrero de 2022
1. En este volumen, p. 22.
2. Miller, J.-A. (1998), La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 363.
3. Lacan, J. (1968-1969), El Seminario, Libro 16, De un Otro al otro, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 62
4. Ibíd., p. 38.
5. Lacan, J., Propos sur l’hysterie.Intervención en Bruselas, el 26 de Febrero de 1977, publicada originalmente en Quarto(Suplemento belga de La lettre mensuelle de l’École de la cause freudienne), 1981, no 2, p. 3.
6. Lacan, J. (1968-1969), El Seminario, Libro 16, De un Otro al otro, óp. cit., p. 352.
Introducción
Cada época y cultura tratan lo sexual con modos de vida que mudan, sin que sepamos exactamente cuándo, cómo, ni dónde las cosas dejaron de ser como eran. Al modo en que Alicia sigue al conejo y va abriendo puertas, las causas y los efectos son trastocados, y en ese devenir de puro movimiento, de transformación y acontecimientos, hay efectos de vértigo, los sentidos desaparecen, se fugan, surgen otros. ¿Por qué hoy es más políticamente correcto hablar de género que de sexo? ¿De dónde surge que la diferencia sexual tiene que ser suprimida en nombre de la igualdad?
Y, en este tratamiento que hacemos de lo sexual, ¿conseguimos decir a la Reina de corazones, con sus moralejas y su sentencia de superyó, “¡No sois más que una baraja de cartas!”?
Nada es menos seguro…
A pesar del devenir, también está lo que no cambia, el malestar que insiste. Los sufrimientos que no ceden, incluso cuando todo está a disposición en el mercado, la ciencia o la conquista de nuevos derechos.
Lo sexual en lo humano se despliega en una frontera inapresable, misteriosa, no consigue andar bien.
Es lo que introdujo Freud con el inconsciente pulsional y tantas de sus investigaciones.
Para él, la mujer constituía un enigma.
Sin disolver ese misterio, Lacan consiguió nombrar otro goce que tiene una existencia por fuera del falo y la castración, por fuera de la palabra y los sentidos. De esa manera, respondió al Movimiento de Liberación Femenina (MLF) de su época, desplazando el psicoanálisis del falocentrismo y planteando lo femenino como un goce que no se lee ni mide con las referencias del falo.
En ese sentido, lo femenino para Lacan no fue obstáculo, ni falta u ocultamiento, sino un modo de goce radicalmente distinto que pueden experimentar hombres y mujeres. Justamente, esa singularidad y existencia litoral, hacen que sea temido o rechazado. Es un goce del cuerpo, que escapa a las representaciones.
Para el psicoanálisis, el cuerpo está recortado por el significante, separado de la biología, y esa operación segrega un goce que no es natural. De igual modo, el cuerpo no es solo un producto de la cultura, la pedagogía o de acciones políticas determinadas. La perspectiva del inconsciente rompió con cualquier ilusión de dominio y control sobre el cuerpo y el goce sexual. Freud ya señalaba que los factores constitutivos de la pulsión no se educan, que escapan al control de quienes están a cargo de la infancia. No hay pulsión que no sea autoerótica ni parcial.
La sexualidad ingresa por el trauma y no se organiza en un estadio superior, no evoluciona hacia un desarrollo total. Su estatuto es el troumatisme –neologismo lacaniano que reúne trauma y agujero– y eso produce un imposible complemento entre sexos.
En la experiencia analítica, encontramos infinitas respuestas al trauma de lo sexual, que se arman como síntomas, fantasmas, inhibiciones, angustia. En este trabajo, nos focalizamos en una de las respuestas típicas, llamada histeria, intentando precisar la manera en que rechaza y a la vez señala en su mismo cuerpo, ese real del trauma.
Así como la histeria es un diagnóstico que deriva de la psiquiatría clásica y es parte del cuerpo teórico del psicoanálisis, esta categoría ya no está en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales IV (DSM IV) de la American Psychiatric Association. Revisando distintas ediciones de este manual, puede recorrerse una enumeración extensa de fenómenos de la conducta –medicalizables en su mayoría– y la desaparición de diagnósticos estructurales y clásicos como histeria, neurosis obsesiva o psicosis.
En su lugar, los trastornos son mejor aceptados por una civilización que tiende a enmudecer los síntomas. La histeria se fragmentó en trastorno histriónico, trastornos del estado de ánimo, trastorno facticio, trastornos disociativos, trastornos sexuales, etc. El descubrimiento freudiano que cambió la historia de la clínica, la constatación de la división subjetiva, es objeto hoy de una negación sin precedentes, apoyada en la cultura de las imágenes, el cálculo numérico y la transparencia. Sin embargo, tenemos cierta confianza en que la histeria, con su anatomía fantasmática, hará obsoleta cualquier descripción sintomatológica.
A su vez, constatamos que el falo en el imaginario social es homologado a efectos de dominio y poder, asociado a un régimen patriarcal ya destituido.
Entonces, nos preguntamos sobre la utilidad de estas nociones, si resisten la subjetividad de la época.
La histeria, caracterizada por mantener el deseo insatisfecho y poner en falta al amo de turno develando sus inconsistencias, tiene el problema de quedar sumergida en el desconocimiento, el rechazo o la inhibición que surgen de sentirse siempre en falta respecto de una feminidad que es cobertura imaginaria. Ese modo de manejarse respecto del deseo, incidió en la formulación de la pregunta freudiana: ¿qué quiere una mujer?
Por su parte, el falo es un operador que introduce un marco o un límite al campo pulsional que con Lacan llamamos goce. En principio, es un residuo de la Metáfora Paterna (7) y en relación a él, el goce se organiza y adquiere alguna representación simbólica. Por eso, decimos que el falo produce efectos de significación.
Ahora bien, histeria y falo, son dos referencias que Lacan usó hasta el final de su enseñanza, no sin reformularlos a lo largo de ese recorrido.
Brevemente, podríamos situar que la histeria es una modalidad clínica de la neurosis (año 1956), pero también un discurso (en 1968) y, hacia el final, señala que la histeria indica lo real (1975-76). Por su lado, el falo aparece al principio como significante del deseo (en 1958), luego un significante del goce (1960), un semblante que vuelve insostenible la bipolaridad sexual (año 1971), más adelante es lo que hace obstáculo a la relación sexual (1972-73) y finalmente es el único instrumento capaz de verificar lo real (1975-76).
Encontramos en los últimos avances de Lacan, que histeria y falo señalan una relación de borde con la dimensión real del cuerpo.
Y lo real es la orientación que Lacan anima a seguir, a la vez que da cuentas de su imposible definición. Imposible de dominar, conocer, poner bajo control, “lo que vuelve siempre al mismo lugar”;(8) eso que queda fuera del campo del lenguaje o lo que “no cesa de no escribirse”.(9) Además, está su frase polémica y famosa: “no hay relación sexual”. Histeria y falo, marcan ese lugar de lo real como el lugar de lo que no anda.
¿Por qué la histeria hoy? Porque es la que da cuenta que las identificaciones son semblantes, es la que hace síntoma según quién sea el amo. Los giros y desplazamientos de la histeria, señalando y denunciando la falla, sugieren que algo en ella no termina de apresarse. Es en este sentido, que interpretamos las palabras de Lacan cuando dice que seguirla es dejarse “aspirar por lo real”.(10) Nos proponemos entonces, seguir los desplazamientos y los modos en que hace eco en su cuerpo del no hay relación sexual, cuando la época aparece bastante desengañada respecto de lo que no hay. ¿Qué aporta y enseña la histeria?
La época actual está considerada en esta investigación, como el proceso que, habiéndose iniciado con los complejos familiares, tiene su punto álgido con el ascenso al cenit social del objeto a, y continúa hasta el presente. Jacques Lacan, había anunciado en 1938 que la gran neurosis contemporánea tenía relación con la declinación de la imago paterna, al precisar los complejos familiares. Tomaremos tres premisas en relación a la época actual, que nombramos rápidamente y desarrollaremos en el tercer capítulo.
1. El Otro que no existe (11) y el consecuente “ascenso al cenit social del objeto a”.(12)
2. Lo que llamamos con Miller “la feminización del mundo”.(13)
3. La mutación del significante del falo, “ahora banalizado”.(14)
Si la brújula en esta época es un mandato a gozar, la histeria, ¿manifiesta con sus síntomas su oposición a formar parte de las políticas de control sobre los cuerpos y la primacía del goce?
Los significantes amo (S1) ya no están localizados, están por todas partes, multiplicados, esparcidos, debilitados o hiperpotenciados, forman parte del nothing impossible de la época del consumo. Nos interesa situar las formas singulares en que la histeria fabrica sus síntomas y cómo se manifiesta en un mundo feminizado. Por ejemplo, nos preguntamos si la cantidad de púberes y adolescentes que hoy se nombran bisexuales, darían cuenta de una salida por el atajo de la indefinición, ante el imperativo en que deriva el derecho a decidir el género.
Hombre, mujer, lesbiana, gay, trans, bisexual, queer, asexual o cualquier otra denominación, no alcanzan a tratar el enigma que el goce femenino abre a todo ser hablante. Acerca de ese goce queremos dar cuenta de cuál es su relación a lo fálico y si hay una escritura posible.
Para intentar aproximarnos a cada una de estas cuestiones, nos serviremos de testimonios de analizantes que realizaron la experiencia del pase.(15) Una experiencia de análisis llevada hasta el final es enseñante en muchos sentidos. En especial, es valiosa porque da el panorama de cómo se llevan adelante los análisis y se producen transformaciones del sufrimiento subjetivo singular. La transmisión que hace ante el público quien ha sido nominado AE (Analista de la Escuela), es la demostración de haber atravesado su fantasma y alcanzado una lectura del propio sinthome, de lo cual se obtiene un modo nuevo de vivir la pulsión, no sin restos sintomáticos.
En una época en que las evaluaciones proliferan, este dispositivo del pase, va más allá. Apunta a que quien da pruebas de la transformación de su sufrimiento y de su decisión de salir de ese pathos, sea considerado singularmente sin normas universales de evaluación. Es un uno por uno, aunque no sin otros que ratifican tal pasaje.
Al respecto, J.-A. Miller, acerca de la transmisión en el pase, dice:
El momento en que la asistencia está satisfecha forma parte del pase. Se puede decir incluso que es ahí donde el pase se consuma. Entregar al público los relatos del pase, eso nunca se hizo en la época de Lacan. La operación permanecía enterrada en las profundidades de la institución, sólo era conocida por un número reducido de iniciados –el pase era un asunto para menos de diez personas. Digámoslo: yo inventé llevar a cabo una mostración pública de los pases porque sabía, pensaba, creía, que estaba en juego la esencia misma del pase.(16)
En sintonía a este propósito que Miller transmite, confiamos en que cada AE nos enseñará con su caso sobre las formas que toma el malestar actual en relación al devenir del falo y lo femenino. Los testimonios de los AE son el terreno propicio para la investigación lacaniana, un laboratorio donde encontrar cómo se afectan los cuerpos en cada época y la efectividad del acto y la interpretación analítica.
Y bien… así repartimos las cartas de esta baraja:
En los tres primeros capítulos, el lector encontrará un recorrido epistémico organizado según el interés de esta investigación. Luego, las notas de color que aporta cada caso en su singularidad y finalmente unas palabras sobre los puntos políticos que anudamos en este camino.
PD: ¡Haremos lo posible para que no se cuele la reina de corazones! Si eso ocurre, que el lector nos avise…
7. Lacan, J. (1957-1958), El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 165.
8. Lacan, J., (1968-1969), El Seminario, Libro 16, De un Otro al otro, óp. cit., p. 195.
9. Lacan, J., (1972-1973), El Seminario, Libro 20, Aún, Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 114.
10. Lacan, J., “Propos sur l’hysterie”.Intervención en Bruselas, el 26 de Febrero de 1977, publicada originalmente en Quarto, 1981, no 2., p. 3.
11. Miller, J.-A. y Laurent, E. (1996-1997), El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 10.
12. Lacan, J., (1970) “Radiofonía”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 436.
13. Miller, J.-A. y Laurent, E., (1996-1997), El Otro que no existe…, óp. cit., p., 107.
14. Miller, J.-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis N°17, Publicación de la EOL, 2014, p. 23.
15. El pase es un dispositivo creado por Jacques Lacan y que consiste en la formalización y transmisión del propio caso a la comunidad, al finalizar la experiencia del análisis.
16. Miller, J.-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, óp. cit., p. 29.
CAPÍTULO I
Sobre la histeria
En este primer capítulo, vamos a escoger cinco temas sobre la histeria presentes en la obra de Sigmund Freud: la sexualidad reprimida, la conversión, la complacencia somática, el amor al padre y la castración del amo. Seguramente hay muchos otros que revisten interés –Freud se ocupó largamente de la histeria– pero, hemos seleccionado aquellos que se enlazan más a la investigación que nos proponemos.
En la segunda parte, abordaremos la noción de histeria en la enseñanza de Lacan, considerando sus desarrollos en relación a la pregunta por la mujer, qué quiere y de qué goza; la histeria como discurso, su relación al falo y las diferencias con la posición femenina.
Un recorrido por Freud
1. HISTERIA Y SEXUALIDAD
La histeria fue la puerta de entrada de Freud al psicoanálisis, la clave con la que armó su hipótesis del inconsciente, a la vez que fue Freud el que sacó a la histeria del lugar de prejuicio en el que estaba y le dio una dignidad clínica fundamental. Si bien en los historiales clínicos, la mayoría son casos de mujeres, también Freud la encontró en hombres y eso fue motivo de un primer escándalo –luego habrá otro por el descubrimiento de la sexualidad infantil. En su “Presentación autobiográfica” nos describe la resistencia de la que fueron objeto sus primeras exposiciones a la Sociedad de Medicina sobre la histeria en sujetos masculinos.
Tenía la obligación de dar cuenta ante la Gesellschaft der Árzte (Sociedad de Medicina) de lo que había visto y aprendido junto a Charcot. Solo que encontré mala acogida. Uno de esos médicos, un viejo cirujano, me espetó directamente: Pero, colega, ¿cómo puede usted decir tales disparates?
