6,49 €
El cine digital supone una experiencia visual totalmente distinta a la que estábamos habituados. Aunque los elementos propios del género (la construcción visual de los cuadros, la secuencición de la narrativa, el montaje, la interpretación, la escritura del guion, el estilo de realización) no hayan variado mucho desde sus inicios, la evolución técnica ha supuesto una nueva manera de crear y disfrutar del cine. La posibilidad de filmar, grabar, procesar, transformar, almacenar, distribuir, presentar y compartir la información mediante medios y a través de redes digitales, de forma efectiva, con una calidad incomparable y unas limitaciones cada vez menores, se ha convertido en el argumento definitivo para la adopción del medio al entorno cinematográfico. -El proceso de creación de una película de cine digital. -Cierre del rodaje (Wrap). -Manual para producir vídeo aéreo con drones. -Youtube: Paso a paso de la producción audiovisual en Internet. -El cine en los dispositivos móviles. ¿Se pueden producir hoy películas por una fracción de lo que valían antes? La llegada de los formatos digitales frente a los tradicionales sistemas analógicos ha supuesto una revolución en el entorno visual. Primero fue en la televisión y más tarde –como no podía ser de otra manera– ha llegado también al cine. Internet y el Smartphone han aportado un nuevo paradigma al lenguaje audiovisual. Este libro repasa la evolución de los elementos propios del cine hacia su edición digital, destacando las nuevas herramientas interactivas. Hoy la transición desde las tradicionales cámaras de 35mm hacia las modernas cámaras HD como la Arri Alexa, la Red One, la Blackmagic o la Sony F65 es prácticamente absoluta, y nos hemos acostumbrado a nuevos tecnicismos como RAW, Log, espacios de colores, 2K, 4K, 8K, sensores y un largo etcétera.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2017
Arnau Quiles / Isidre Monreal
Producción de cine digital
© 2017, Arnau Quiles / Isidre Monreal
© 2017, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona
Diseño de cubierta: Regina Richling
Diseño interior: Amanda Martínez
Fotografía de interior p. 123: © Fernando Trueba P.C., Estudio Mariscal, Magic Light Pictures.
ISBN: 978-84-9917-489-1
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»
Índice
EL CINE Y EL ENTORNO AUDIOVISUAL
La digitalización de la industria audiovisual
El cine se hace moderno
La informatización del medio
El futuro es digital
Contar historias de forma visual y sonora
Tecnología y lenguaje
La televisión: la nueva reina
Formatos de imagen cinematográficos
La alta definición
La frontera de la imagen
Algunos datos
PRIMEROS PASOS EN UNA PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL
Análisis del guion desde producción
Aceptación del proyecto
Presupuesto del proyecto bajo línea
Etapas de la creación y difusión de una película
Fases de una película
Fase de preproducción
Fase de producción
Fase de postproducción
Difusión y distribución
De la idea al guion técnico
El storyboard
PREPRODUCCIÓN
Desglose de las necesidades del guion
Presupuesto realista, partidas y capítulos
Financiación y proyectos low cost
Fuentes de financiación públicas y privadas
El mecenazgo
El timing del proyecto
Los roles de producción y de dirección
Diseño y creación del equipo embrionario
El equipo artístico
El equipo técnico
Timing de incorporación
Tareas a realizar en preproducción
LA FASE DE PRODUCCIÓN
Productor, productor ejecutivo, director de producción y jefe de producción
Productor ejecutivo
Director de producción
Jefe de producción
El director y su equipo
El jefe de producción y su equipo
El tándem entre los departamentos de dirección y producción
Técnicas y tipos de efectos especiales
El gaffer y el equipo de eléctricos
Localizaciones exteriores, estudios e interiores (localizaciones y sets)
El trabajo con actores
Procesos de coordinación del equipo de rodaje
Los procesos técnicos del rodaje
El montaje on-set, visionados, copias de seguridad y control de imagen y sonido
El re-shoot
Cierre del rodaje (Wrap)
LA FASE DE POSTPRODUCCIÓN
Procesos de postproducción
El director de postproducción
Inicio de la postproducción, el montador y su equipo
El director, el productor y el montador en la sala de montaje
El coordinador de sonido y su equipo
Equipamiento técnico y estudios
El montaje y sus versiones
La música y las grabaciones
Los efectos visuales o VFX
El etalonaje y el rol del colorista
Postproducción de cine de animación
Finalización de la postproducción
Trabajos de producción en postproducción
Estrategia de lanzamiento del largometraje
LA DISTRIBUCIÓN
La película finalizada ¿y ahora qué?
¿Cómo hago para que vean mi película?
Los festivales
Los mercados del film
Los distribuidores y las empresas de distribución
El marketing y la promoción
La distribución online, el cine en la era de Internet
Hacia un nuevo modelo de distribución de cine digital
La piratería y la legislación
Comercio y nuevos medios audiovisuales
Ingresos, retornos y dividendos
Las tipologías del espectador
Consumir cine en la era de Internet
BIBLIOGRAFíA
AGRADECIMIENTOS
1
EL CINE Y EL ENTORNO AUDIOVISUAL
La digitalización de la industria audiovisual
Durante las últimas dos décadas la industria cinematográfica ha vivido su mayor transformación tecnológica desde que los hermanos Lumière presentaran su ya legendario cinematógrafo en la mítica sesión de 1895. La historia del cine ha sido en gran medida un diálogo entre el lenguaje propio que nace y se desarrolla con el medio, y la evolución técnica que moldea paso a paso un arte relativamente joven pero que ha transformado completamente la manera en que los seres humanos explican historias, a la vez que ha generado una industria multimillonaria que tiene presencia en prácticamente todos los países del mundo, y que ha logrado reflejar como pocos otros medios la diversidad estética y cultural de nuestra sociedad.
Hitos tan diversos como la invención del montaje cinematográfico, el cine sonoro, el color, el cinemascope, el 3D, o más recientemente la llegada de Internet, han ido construyendo y modificando los modos en que los creadores fílmicos se plantean las formas de abordar sus obras, la manera en que estas se presentaban y ofrecían al público y los métodos según los cuales se explotaban económicamente dichas obras.
Aún más si cabe, la metamorfosis del medio se fue acelerando a partir de otra de las invenciones claves del siglo XX, la televisión, y su paulatina introducción en nuestros hogares a partir de la década de los cincuenta. Durante décadas la separación entre cine y televisión fue esencialmente una división técnica: el cine era un medio que utilizaba el soporte fotoquímico para ser filmado y proyectado mientras que la tele era un sistema electrónico que utilizaba señal de vídeo, aunque por supuesto en sus inicios utilizara también la película fílmica. Por supuesto la divergencia entre los dos medios no se limitaba a este factor ya que sus naturalezas fueron en su origen bien distintas, pero sí puede afirmarse que el soporte tecnológico era la frontera que delimitaba sus territorios.
Sin embargo, a medida que más y más creadores cinematográficos empezaron a utilizar tecnologías de vídeo para grabar sus películas, la diferencia entre vídeo y cine se fue haciendo cada vez más difusa y ambigua, y la separación entre TV y cine fue ya puramente una cuestión de lenguaje, de contenidos y de modos de producción.
El cine se hace moderno
Ya en los años setenta algunos algunos cineastas de la talla de de Jean-Luc Godard, Michelangelo Antonioni o Roberto Rossellini empezaron a utilizar el vídeo para filmar sus películas. Y esa era una elección muy notable ya que no solamente contravertían las reglas de una industria consolidada durante décadas, sino que además vulneraban uno de los factores más esenciales del cine: su valor estético. En efecto, el hecho de registrar imágenes sobre un soporte fotoquímico como la película ofrece al cine unas cualidades muy particulares, el grano, la luz, son únicas y permiten transmitir un tipo de imagen que a menudo puede evocar el mundo onírico. Por otro lado, la tecnología cinematográfica se basa en el procedimiento de reproducir un número determinado de fotogramas por segundo interrumpidos por fases de oscuridad para aprovechar el fenómeno conocido como persistencia de la visión, y generar así la ilusión de movimiento en nuestro cerebro. En la época del cine mudo la frecuencia más común de fotogramas era de 18 por segundo mientras que con la llegada del cine sonoro este ratio se incrementó hasta los 24 fotogramas por segundo, medida que desde entonces se ha considerado la estándar.
Este número de imágenes o fotogramas por segundo, también llamado tasa de refrescamiento, no deja de presentar una serie de limitaciones en la reproducción de secuencias fílmicas. De alguna manera las imágenes que el espectador percibe no son del todo perfectas o definidas, y esto le otorga al cine otra cualidad que lo distingue de la realidad más prosaica de nuestra percepción. ¿Quién puede imaginarse a personajes míticos del cine como Scarlett O’Hara, Michael Corleone, Antoine Doinel o Plácido sin esa pátina de luz sublime, grano ruidoso y vibración tenue del proyector que los convierte en seres de ensueño? De nuevo uno de los criterios diferenciadores de la imagen, y a menudo ensalzadores de sus valores respectivos, entre cine y vídeo fue esta colección de «imperfecciones» que al filo de los años habían acabado por hacer mella en el ojo y la memoria del espectador, el cual ya no podía juzgar como «cine» una imagen electrónica demasiado fría y banal aunque más realista respecto a su proceso de registro del entorno.
La informatización del medio
En paralelo a la evolución del cine, de la televisión y del vídeo, una nueva invención iba a transformar completamente la vida de los seres humanos, los ordenadores. Sin duda hoy en día ese debate está más vivo que nunca ya que nos encontramos en los albores de la llamada cuarta revolución industrial o revolución digital. El término digital se refiere al conjunto de dispositivos que utilizan un medio numérico para la generación, transmisión, procesamiento o almacenamiento de datos. En ese sentido lo digital difiere tanto del soporte óptico como la película fotoquímica, como del soporte analógico que representa el vídeo tradicional, es decir un proceso electrónico que genera una señal continua grabada generalmente sobre un soporte magnético u óptico.
Aunque su origen puede encontrarse mucho más atrás, la evolución de lo digital se considera generalmente asociada a la historia de los ordenadores y de la informática. Y más particularmente en el caso que nos concierne al procesamiento digital de la imagen. Este es tan antiguo como uno de los primeros grandes ordenadores, el ENIAC, implementado por primera vez en 1946, aunque el primer avance significativo en cuanto a computación gráfica no llegará hasta 1962 con el desarrollo del sketchpad de Ivan Sutherland.
A partir de ese momento el camino hacia la digitalización de todos los datos y componentes visuales sería imparable, y si bien la industria del vídeo analógico vivía su momento de gloria en los años ochenta, con formatos de grabación y distribución de contenidos audiovisuales en cinta como el VHS o el Betamax, y más adelante camcorders y magnetoscopios domésticos en formato Vídeo 8 o profesionales como el U-matic y el Betacam, la llegada de los sistemas de vídeo digital, cuyas ventajas se anunciaban años antes, había de hacerse a finales del siglo anterior, un lugar de tal magnitud que nada volvería a ser igual en el mundo audiovisual.
El futuro es digital
La llegada de los formatos digitales se hizo de forma natural dentro del entorno del vídeo, en donde básicamente el popular sistema DV digital video mejoraba sustancialmente los productos analógicos. Posteriormente se implementó en televisión y finalmente llegó al cine, siendo este el medio que más se resistió a su implementación, y eso fundamentalmente por las causas que hemos mencionado anteriormente. A finales de los años noventa y principios de los 2000 fue bastante común entre la comunidad cinematográfica poner de relieve el estéril debate sobre si realmente se podía llamar cine a una película registrada con medios digitales y no sobre celuloide. Algunas voces de importantes cineastas se elevaron para defender lo que según ellos era un atentado, un verdadero asesinato de una arte, una tradición y una artesanía elaborada, y no se cansaban de proferir las mil virtudes del viejo material, sus aspectos superiores, su belleza absoluta y su increíble capacidad para transmitir emociones de las que jamás una máquina que codificaba en ceros y unos sería capaz.
Sea como fuere, el debate fue breve. Apenas una década después hasta los mayores adalides que guardaban celosamente los valores del «in celluloid we trust» (dixit de Werner Herzog) se habían convertido convencidos al nuevo estándar digital. Y eso se debió principalmente a tres factores:
Por un lado la capacidad no-destructiva del medio. Al tratarse de un entorno digital, las imágenes y el sonido registrados digitalmente eran fáciles de copiar y de reproducir de forma prácticamente infinita, a diferencia del medio analógico que ofrecía la limitación del entorno de la copia magnética, con una pérdida efectiva de calidad a cada paso. Ahí donde una copia digital es virtualmente idéntica a otra, cualquier medio basado en copia analógica presenta una desventaja evidente.
La capacidad de grabación y almacenaje digital fue otro de los elementos determinantes en la masiva adopción que la industria hizo de las nuevas herramientas. Efectivamente, aunque los primeros formatos DV se registraban aún sobre cinta, fue solo una cuestión de tiempo para que los soportes que aprovechaban al máximo las capacidades digitales —discos duros, DVD, Blu-ray— se impusieran definitivamente a los anteriores. Mejor optimización de la tecnología, copia infinita sin pérdida de calidad, y sobre todo cámaras más livianas, eficientes y versátiles, cuya calidad y resolución de imagen se fue acercando poco a poco a sus competidoras de cine, fueron el golpe de gracia definitivo a una transición inexorable.
Sin embargo el motivo definitivo que permitió efectuar el salto definitivo al entorno digital fue sin duda la digitalización global que vivieron no solo los medios sino en general todos los datos que actualmente conforman numerosos aspectos prácticos de nuestra vida de cada día. La posibilidad de filmar, grabar, procesar, transformar, almacenar, distribuir, presentar y compartir la información mediante medios y a través de redes digitales, de forma efectiva, con una calidad incomparable y unas limitaciones cada vez menores, se ha convertido en el argumento definitivo para la adopción del medio.
El advenimiento de Internet como fabulosa red de intercambio de todo tipo de informaciones ha supuesto también una aportación más que notable a la posibilidad de difundir y compartir todo tipo de experiencias personales, y por supuesto de producciones de cine, las cuales han vivido un lento pero constante proceso de transformación desde un método industrial complejo, elitista y prácticamente inasequible económicamente hacia una experiencia mucho más simple, abordable y en general democrática, y todo eso debido única y exclusivamente a los medios digitales.
Francis Ford Coppola, uno de los cineastas consagrados más importantes de su generación llegó a decir, tras experimentar con una cámara de cine digital, que el futuro del cine sería algún o alguna joven que con una de esas cámaras haría una película y se convertiría en el nuevo Mozart del cine.
Contar historias de forma visual y sonora
El cine es ante todo un medio audiovisual y esa cualidad ha moldeado durante décadas la forma en que se cuentan historias a través de él. No solamente eso sino también cómo se muestra la realidad, se informa de lo que sucede, se enseña, se adoctrina, se comparte, se comunica... A lo largo de los años ese lenguaje que es a la vez tan joven y tan sofisticado se ha ido transformando a medida que los distintos hitos que lo impactaban –avances en sonido, televisión, Internet,...– generaban nuevas formas de narrar y permitían que los creadores fílmicos experimentaran con nuevos lenguajes, herramientas y tecnologías.
Ya el neorrealismo italiano, de finales de los años cuarenta, utilizaban elementos propios del cine documental al sacar los rodajes fuera de los estudios y utilizar decorados naturales y luz ambiente. La Nouvelle Vague francesa de los sesenta no solo recuperó esos elementos sino que además adaptó otros propios de la dinámica de los rodajes de televisión –cámara en mano, flexibilidad de la producción y la realización, montaje altamente fragmentado–, estableciendo así un nuevo estándar en la manera de crear películas que definiría el arte audiovisual a partir de entonces.
Hoy en día sería inconcebible pensar un cine que no estuviera influenciado por las nuevas tecnologías de la información –Internet, el smartphone– ya que estos medios han aportado un nuevo paradigma al lenguaje audiovisual, ya no solo en forma de técnicas digitales que han permitido que prácticamente cualquiera pueda acceder a unos medios que antiguamente eran muy costosos y solo reservados a unos pocos, sino que además han generado unos nuevos estilos de lenguaje audiovisual que consiguen conectar con millones de espectadores a través del mundo, y eso en un crecimiento exponencial que parece estar apenas dando sus primeros pasos.
Tecnología y lenguaje
Sin embargo los elementos propios al lenguaje cinematográfico, y por extensión a todo lenguaje audiovisual, no han variado notablemente desde sus inicios. La construcción visual de los planos, la secuenciación de la narrativa, el montaje, la interpretación, la escritura del guion, el estilo de realización.. Todos esos factores ya se encontraban en una avanzadísimo estado de desarrollo hace cien años, y lo único que han hecho es evolucionar a merced de los cambios sociales, tecnológicos, estilísticos e incluso podría decirse que historiográficos que han marcado el siglo XX y el inicio del XXI. Si la manera de narrar audiovisualmente ha sido permeable a las transformaciones que nuestro mundo ha vivido a lo largo de esos años, convirtiéndose en un verdadero testigo de los acontecimientos que definían el mundo por venir, ha sido justamente por esa extraordinaria capacidad de adaptarse técnica y formalmente que el cine posee, algo que ha llevado a algunos a considerarlo el arte más importante que ha nacido de la mente humana, o tal vez el más completo, ya que aúna diversas disciplinas –literatura, fotografía, arte dramático– en un mismo contenido. Una capacidad transformativa que se ha incrementado y multiplicado hasta el infinito con el advenimiento de una tecnología nueva, la Red, que ha permitido en gran medida poner una pantalla en la mano de cualquiera. Si en el pasado las pantallas de cine eran escasas y limitadas a las viejas y nobles salas de cine, posteriormente aparecieron las televisiones, luego los reproductores de vídeo y finalmente las pantallas de ordenador, hoy los nuevos dispositivos móviles han permitido que el audiovisual pueda llegar a cualquiera y en cualquier parte, y además sea accesible, modificable e interactivo. Muy pronto el nuevo estándar en telefonía móvil, el 5G, permitirá que en la palma de nuestra mano se desplieguen imágenes formidables en calidades y resoluciones que hasta hace poco eran impensables, 4K - 8K, y que éstas sean reproducibles al instante.
