Prohibido dudar - Pascual Serrano - E-Book

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Pascual Serrano

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La guerra de Ucrania ha desmantelado todo lo que caracterizaba nuestro mundo, desde las relaciones comerciales hasta las culturales y políticas. Así, si antes se silenciaban y justificaban los crímenes perpetrados por Occidente, hoy se levanta en este mismo Occidente una unánime condena a las violaciones del derecho internacional por parte de Rusia. Si antes la acogida de refugiados generaba recelos y rechazo en sectores sociales, ahora nuestra sociedad se ve sacudida por una ola de solidaridad sin precedentes y abre los brazos a los ucranianos que piden asilo. Si antes EEUU y la UE eran los más apasionados defensores del mercado global, ahora la estructura financiera y comercial mundial ha sido dinamitada. Si antes nos vanagloriábamos de ser la región del mundo más defensora de la prensa libre, ahora asistimos cómplices a la censura a medios, voces y analistas calificados como «prorrusos». ¿Qué ha sucedido para que ahora todo sea diferente? Para descubrir lo que se esconde tras este escenario y relato oficial, Pascual Serrano nos muestra un cuadro incómodo, repleto de hipocresía y falsedad, donde expone cómo diez estremecedoras semanas de conflicto han desvelado el rostro que se ocultaba tras la máscara del llamado «mundo libre». El discurso ecologista, las vindicaciones democráticas, la seguridad jurídica, la bandera de los derechos humanos, las excusas para no afrontar una mayor inversión en sanidad y la defensa del libre mercado se derrumban ante los intereses de los tambores de guerra. Así, entre propaganda e intereses enfrentados, el mundo vive un viraje en el que ya nada volverá a ser como antes.

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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akal / a fondo

Director de la colección

Pascual Serrano

Diseño interior y cubierta: RAG

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

© Pascual Serrano, 2022

© Ediciones Akal, S. A., 2022

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

facebook.com/EdicionesAkal

@AkalEditor

ISBN: 978-84-460-5249-4

Pascual Serrano

Prohibido dudar

Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo

La guerra de Ucrania ha desmantelado todo lo que caracterizaba nuestro mundo, desde las relaciones comerciales hasta las culturales y políticas. Así, si antes se silenciaban y justificaban los crímenes perpetrados por Occidente, hoy se levanta en este mismo Occidente una unánime condena a las violaciones del derecho internacional por parte de Rusia. Si antes la acogida de refugiados generaba recelos y rechazo en sectores sociales, ahora nuestra sociedad se ve sacudida por una ola de solidaridad sin precedentes y abre los brazos a los ucranianos que piden asilo. Si antes EEUU y la UE eran los más apasionados defensores del mercado global, ahora la estructura financiera y comercial mundial ha sido dinamitada. Si antes nos vanagloriábamos de ser la región más defensora de la prensa libre, ahora asistimos cómplices a la censura a medios, voces y analistas calificados como «prorrusos». ¿Qué ha sucedido para que ahora todo sea diferente?

Para descubrir lo que se esconde tras este escenario y relato oficial, Pascual Serrano nos muestra un cuadro incómodo, repleto de hipocresía y falsedad, donde expone cómo diez estremecedoras semanas de conflicto han desvelado el rostro que se ocultaba tras la máscara del llamado «mundo libre». El discurso ecologista, las vindicaciones democráticas, la seguridad jurídica, la bandera de los derechos humanos, las excusas para no afrontar una mayor inversión en sanidad y la defensa del libre mercado se derrumban ante los intereses de los tambores de guerra. Así, entre propaganda e intereses enfrentados, el mundo vive un viraje en el que ya nada volverá a ser como antes.

Pascual Serrano es licenciado en Periodismo. Crítico con la prensa tradicional, en 1996 fundó la publicación electrónica Rebelión (www.rebe­lion.org), proyecto que abandonó hace 13 años. Durante 2006 y 2007 fue director editorial de Telesur.

Su denuncia a los métodos de información de los grandes medios tradicionales se ha reflejado en libros como Desinformación (2009), con prólogo de Ignacio Ramonet, o La prensa ha muerto: ¡viva la prensa! (2014). En Foca ha publicado Traficantes de información (2012), Medios democráticos (2016) y Paren las rotativas (2019).

En 2019 recibió el Premio de Periodismo de Derechos Humanos que anualmente concede la Asociación ProDerechos Humanos de España (APDHE). En la actualidad dirige en Akal la colección A Fondo y colabora con varios medios.

Introducción

Desde la caída de la URSS y el fin de la Guerra Fría, los conflictos internacionales se han desarrollado de una manera bastante similar. Los países con Gobiernos incómodos para la OTAN que cometían alguna tropelía o alguna ofensa, e incluso algunas veces sin cometerla, eran doblegados; fue el caso de Afganistán, Iraq, Yugoslavia, Libia o Somalia. A otros se les mantuvo acosados y sancionados para evitar que se desarrollaran o dieran problemas; fue el caso de Corea del Norte, Irán, Venezuela o Cuba. Hubo alguno que terminó arrasado pero sin cambio de Gobierno, como Siria, donde ya se vio que Rusia no estaba dispuesta a repetir lo que había vivido tras la caída de la URSS. Por supuesto, los Estados amigos de EEUU y la UE no eran molestados y podían seguir con sus crímenes y limitando los derechos de sus ciudadanos: Israel, Arabia Saudí, Colombia, Marruecos.

Con la intervención de Rusia en Ucrania asistimos por primera vez a un escenario en el que una potencia nuclear planta cara a EEUU y a la OTAN. Son evidentes dos cosas: la primera, que Rusia ha vulnerado la legislación internacional y la Carta Fundacional de las Naciones Unidas atacando militarmente dentro de las fronteras de otro país; la segunda, que había explicaciones para que lo hiciera –el avance de la OTAN hacia sus fronteras, el golpe de Estado que derrocó en 2014 al Gobierno que había en Ucrania, las intenciones de Ucrania de incorporarse a la Alianza Atlántica, el trato que estaban sufriendo las regiones del este más próximas culturalmente a Rusia, en guerra de baja intensidad contra el Gobierno de Kiev desde 2014–.

Estábamos, por tanto, ante la primera vulneración de la legislación internacional que no era protagonizada por el bloque de la OTAN y que no sería sancionada por el Consejo de Seguridad de la ONU, al tener Rusia derecho de veto. Por otro lado, tampoco se podía justificar la intervención de la OTAN, al no cumplirse el punto 5 del Tratado, que establece que, para poder hacerlo, se requiere el ataque a un miembro de la Alianza.

En realidad, ninguno de esos motivos era imprescindible para que la OTAN se considerara legitimada para intervenir: invadió Iraq sin que hubiera un ataque a ningún país miembro y bombardeó Serbia sin autorización del Consejo de Seguridad.

La diferencia con conflictos bélicos anteriores es que Rusia ahora es una potencia nuclear. De modo que Occidente tenía dos opciones: inhibirse con más o menos ruido, en cuyo caso el predominio militar de EEUU –el único predominio mundial que le quedará ante el avance imparable de la economía china– hubiera quedado en entredicho, o reaccionar con todos los medios que pudiera. Sin olvidar la tesis, defendida por importantes analistas, de que tras el conflicto lo que había era el intento premeditado de EEUU y la OTAN de provocar a Rusia para comenzar una guerra de desgaste que dañara al mismo tiempo a dos potencias incómodas: la propia Rusia y su socia China.

Así, los métodos a los que se recurrió para actuar contra Rusia fueron:

1. Enviar armamento, asesores militares, mercenarios, voluntarios y todo tipo de ayuda militar que permitiera a Ucrania resistir el ataque ruso.

2. Activar todos los mecanismos de sanciones contra Rusia de forma unilateral, sin pasar por las instituciones internacionales.

3. Convencer a la comunidad internacional del crimen que estaba cometiendo Rusia y de la legitimidad moral de Occidente para actuar como lo estaba haciendo.

Lo que hemos comprobado es que el resultado de todo ello ha sido el fin del mundo tal como lo hemos conocido. En diez semanas de guerra:

• El modelo de comercio globalizado vigente ha estallado, los contratos entre Rusia y los países que se han sumado a las sanciones se han convertido en papel mojado. La famosa inseguridad jurídica que suele esgrimirse contra los países del tercer mundo se ha vuelto manifiesta en el primero. Los bancos no tienen modo de atender las deudas, los clientes no pueden pagar servicios y productos contratados, las empresas no pueden servir los encargos.

• El sistema de suministro energético europeo ha convulsionado. Un gasoducto que se iba a estrenar, y que iba a traer 10.000 millones de metros cúbicos de gas a Europa, ha quedado en suspenso. La subida de la energía ha disparado casi al 10% la inflación en países de la UE.

• Los países europeos han comenzado a anunciar un aumento de sus presupuestos de Defensa, en algunos casos incluso a doblarlos. Las acciones de las empresas de armamento se han disparado.

• Las propuestas medioambientales y dirigidas a frenar el calentamiento global han terminado olvidadas: envíos de tropas, más aviones de guerra, gas licuado mediante fracking traído desde la otra parte del mundo, levantamiento de la prohibición de transgénicos... Todas las medidas ecologistas han quedado relegadas a un segundo plano.

• La política europea hacia los refugiados ha dado un vuelco. Se pasa de alambradas en África y naufragios en el Mediterráneo a ir a buscarlos a la frontera con Ucrania. Las tramitaciones que duraban meses ahora se resuelven en 24 horas. Sólo para ucranianos, eso sí.

• La libertad de prensa como marca diferencial de las democracias occidentales se ha derrumbado. Los medios rusos son prohibidos en Europa y EEUU. Los europeos deben instalar en sus aparatos electrónicos una VPN para simular que están en Venezuela o Siria, y así poder acceder a las agencias de prensa rusas. Los disidentes son acusados de «negacionistas», como si negasen que la Tierra fuera redonda o no aceptaran la teoría de la evolución.

• Las redes sociales, que se presentaron como el símbolo de la libertad de internet, han mostrado una capacidad de censura mayor que la que nunca tuvo ningún Gobierno. Bloquean medios de comunicación, etiquetan a periodistas, borran contenidos antiguos, adulteran los buscadores.

• Los Gobiernos occidentales se han movilizado en defensa de un Gobierno, el ucraniano, que, ya antes de la guerra, tenía partidos políticos ilegalizados, televisiones clausuradas y masacres sin investigar.

En conclusión, con la guerra de Ucrania estamos asistiendo al derrumbe de los grandes mitos de las democracias occidentales: el libre mercado, la libertad de expresión, la preocupación medioambiental, la participación ciudadana. Y lo más sorprendente es que todo ello se ha hecho sin cambiar una sola ley, sin una votación en ningún parlamento, sin una consulta ciudadana.

Todo esto es lo que mostraremos y analizaremos en este libro. No es el objetivo investigar la geopolítica del conflicto –seguro que hay documentos más cualificados para hacerlo–, mucho menos defender a Rusia o a Putin –de hecho, no se trata de hablar de este país, sino de lo que ha cambiado el mundo a consecuencia de la guerra entre Rusia y Ucrania–. Estamos ante un libro fruto de una coyuntura de urgencia, que no busca explicar los orígenes de un conflicto ni su contexto histórico. La idea es exponer, mediante el repaso de lo acontecido en estas diez primeras semanas, el vuelco que han dado las relaciones comerciales, políticas y culturales en todo el mundo.

En unos tiempos en los que no está permitido poner en entredicho el discurso oficial, la narrativa oficial, la verdad oficial, este libro parecerá irreverente sólo por dudar: dudar de las acusaciones de la OTAN; de las buenas intenciones de la UE; de la solidaridad con Ucrania; de los llamamientos a la paz mientras se envían armas; de la autoría de los crímenes de guerra sin investigaciones independientes; de la eficacia de las sanciones contra Rusia; de la culpa de Putin en el deterioro de nuestras economías; de que potencias emergentes como China sean un peligro; de que silenciando la voz de los otros podamos conocer mejor la realidad.

Si se observa bien, la gran mayoría de las citas no son estudios técnicos, ni siquiera análisis de opinión, son, básicamente, datos, declaraciones de líderes políticos, presentaciones informativas que muestran unas realidades y, al mismo tiempo, dobles raseros e hipocresías. Hemos procurado que las citas periodísticas procedan de medios occidentales, de esta forma no se podrá pensar que la información que presentamos está mediatizada por un enfoque ruso.

I

Las mentiras de las anteriores guerras

Es indiscutible que una guerra es el campo más abonado para la desinformación. Hasta hace unos años, los mecanismos se limitaban a la difusión de versiones falsas por parte de los bandos en liza, pero ahora no sólo se han multiplicado, sino que también son más complejos. Todos los implicados tienen aliados que se presentan como neutrales: medios de comunicación, asociaciones humanitarias, organizaciones de derechos humanos, centros de investigación, analistas militares, instrumentos de confirmación de noticias o de búsqueda de bulos, periodistas especializados y, por supuesto, otro ejército de colaboradores en las redes sociales, muchos de ellos ocultos en el anonimato. A ello se añaden todos los mecanismos tecnológicos que existen actualmente para manipular vídeos, sonidos, imágenes de satélites…, así como el fácil y masivo sistema de distribución de todo ello.

Por tanto, dudar de la información que nos llegue debería ser un principio ciudadano muy saludable. Sobre todo cuando nos presentan masacres espectaculares que no responden a ninguna lógica militar: bombardeos de hospitales o colegios, francotiradores que disparan a mujeres y niños, ataques a refugios de civiles. Es fácil comprender que ningún bando quiere crear un estado de opinión adverso, ni siquiera entre la población del enemigo, y menos aún entre la opinión pública internacional.

En esta guerra, Ucrania cuenta con el apoyo de unos protagonistas de los que ya tenemos una cierta experiencia sobre su modus operandi informativo en anteriores conflictos. Nos referimos a EEUU y la OTAN. Probablemente el recuerdo más emblemático sean las armas de destrucción masiva en Iraq, presentadas con imágenes de satélite en el Consejo de Seguridad en la ONU por el entonces secretario de Estado norteamericano Colin Powell para justificar la Segunda Guerra de Iraq y la invasión, y que resultaron falsas.

Y si de crímenes de guerra hablamos, también podemos recordar la noticia de la muerte de 312 bebés del hospital kuwaití Al-Adan al ser robadas las incubadoras por las tropas iraquíes cuando invadieron este país en 1991. Una adolescente de quince años declaró como testigo de los hechos en el Comité de Derechos Humanos del Congreso de EEUU. Afirmó que vio a «soldados iraquíes que entraron al hospital con sus fusiles, sacaron a los bebés de las incubadoras y los dejaron morir en el suelo»[1]. Fue noticia en todos los medios, el hecho provocó el apoyo de los congresistas estadounidenses a la invasión. Bush citó esta historia seis veces en su discurso. Se trató también en un foro internacional de la ONU. Dos días más tarde se aprobó la intervención militar.

Años después, la productora Fitftn State, perteneciente a la cadena canadiense CBC, elaboró el elocuente documental Vender la guerra, donde demostró que todo fue mentira: ni hubo bebés muertos ni se robaron las incubadoras[2]. El documental termina con esta afirmación del ejecutivo de la empresa de publicidad que tramó la mentira: «Con el paso del tiempo verán ustedes que las cosas que se quedan grabadas en la memoria son esas fotos, esa imagen, esas historias. Al final, el conflicto tuvo exactamente el desenlace que nosotros queríamos».

En Libia, la versión de la OTAN y de los Gobiernos occidentales era que, a partir de unas protestas en febrero de 2011, el Ejército de Gadafi las había reprimido brutalmente, con un saldo de 50.000 muertos. Incluso afirmaban que el Gobierno utilizaba aviones de guerra contra los civiles[3]; que ordenaba violaciones masivas de mujeres por parte del ejército y de las fuerzas de seguridad, con uso de viagra encontrado en los blindados; que utilizaba mercenarios africanos y argelinos, y que los pilotos de sus aviones desertaban hacia Malta.

Libia fue suspendida del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, se le aplicaron sanciones internacionales y se inició una investigación de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre el asesinato de civiles desarmados. El Consejo de Seguridad declaró una zona de exclusión aérea para proteger a la población civil de los bombardeos aéreos. Obviamente, sólo se aplicó al Ejército libio; Francia, Catar y Emiratos Árabes enviaron tropas y los aviones de la OTAN intervinieron, y un bombardeo en Trípoli mató a uno de los hijos y tres nietos del presidente libio. Mientras, la CPI decretó la captura de Gadafi y su entorno militar por crímenes de lesa humanidad.

Finalmente, ni las investigaciones de la ONU ni las de las organizaciones de derechos humanos lograron verificar todas esas acusaciones. Las organizaciones de derechos humanos afirmaron que las denuncias de violaciones masivas y otros abusos perpetrados por fuerzas leales al coronel Muamar el Gadafi se habían utilizado para justificar la guerra de la OTAN. Una investigación de Amnistía Internacional no encontró pruebas de estas violaciones de derechos humanos y en muchos casos las desacreditó o puso en duda. También encontró indicios de que, en varias ocasiones, los rebeldes de Bengasi parecían haber hecho afirmaciones falsas o fabricado pruebas a sabiendas. «Los líderes de la OTAN, los grupos de oposición y los medios de comunicación inventaron una serie de historias desde el comienzo de la insurrección el 15 de febrero, afirmando que el régimen de Gaddafi ordenó violaciones masivas, utilizó mercenarios extranjeros y empleó helicópteros contra manifestantes civiles»[4].

En agosto de 2013 se produjo un ataque químico cerca de Damasco en el marco de la guerra civil siria. Cientos de personas murieron por gas sarín procedente de los cohetes que cayeron sobre la ciudad[5]. EEUU, la UE y la oposición siria acusaron al Gobierno de Al-Ásad del asesinato de casi un millar de civiles, incluidos niños, en Guta, un barrio que no formaba parte del frente. El mismo día, los medios internacionales estaban informando de una masacre de 650 personas por parte del Ejército sirio, utilizando como fuente informativa un tuit de la oposición local[6]. Las potencias occidentales ya se planteaban intervenir militarmente.

Cuatro días después del ataque, el Gobierno sirio autorizó la presencia de los inspectores, y los dotó de escolta para desplazarse a la zona. Cuando se dirigían al lugar, sufrieron un tiroteo. De nuevo el Gobierno sirio es acusado de ser responsable de los disparos de francotiradores al convoy. Resulta cuando menos curioso que un bando escolte a unos inspectores de la ONU y al mismo tiempo les dispare, pero a nadie le pareció una contradicción. A continuación, los mismos que exigían la presencia de inspectores dijeron que ya era tarde[7], que no los necesitaban. Sin esperar a las conclusiones del equipo de investigadores de Naciones Unidas, el secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel, dijo que tenían la información de Inteligencia que demostraba que «no fueron los rebeldes», que el Gobierno sirio había sido responsable[8], y que no iban a esperar a las conclusiones de los inspectores.

De nada sirvió que el Gobierno sirio lo negara, o que Médicos sin Fronteras afirmase que «no puede establecer la autoría del ataque»[9]. El 6 de septiembre de 2013, el Senado de EEUU presentó una resolución para autorizar el uso de la fuerza militar contra el Ejército sirio en respuesta al ataque de Guta. El 10 de septiembre se evitó la intervención militar después de que el Gobierno sirio aceptase un acuerdo negociado por EEUU y Rusia para entregar «hasta el último fragmento» de sus arsenales de armas químicas para su destrucción y que declarase su intención de adherirse a la Convención sobre Armas Químicas.

Finalmente, los inspectores de Naciones Unidas lograron determinar el gas químico y los cohetes utilizados para su lanzamiento, pero no se pronunciaron sobre la autoría del ataque.

En Yugoslavia, de acuerdo con el relato de la Alianza Atlántica, la negativa del Gobierno yugoslavo a firmar los acuerdos de Rambouillet no dejó otra opción que la intervención, ya que Slobodan Milošević «no entendía otro lenguaje que el de la fuerza». Hoy sabemos que aquellos acuerdos probablemente se redactaron para que fuesen rechazados por las autoridades yugoslavas, ya que exigían, por ejemplo, la presencia de un contingente de 30.000 soldados de la OTAN en su territorio, a los que Belgrado debía garantizar el permiso de tránsito y plena inmunidad. «Fue una provocación, una excusa para comenzar el bombardeo […] fue un documento que nunca tendría que haberse presentado en aquella forma», declaró años después Henry Kissinger en The Daily Telegraph.

La coartada de que la OTAN intervino en Yugoslavia para evitar una limpieza étnica ha sido repetidamente cuestionada con el paso del tiempo –al igual que muchas de las masacres que en su momento se imputaron a Serbia–, como tantos otros argumentos presentados por los Estados de la OTAN para justificar su intervención, recogidos en un documental de la televisión alemana WDR del año 2000 titulado, significativamente, Es Begann mit einer Lüge (Comenzó con una mentira). La campaña logró, en definitiva, crear la sensación de que una masacre en Kosovo era inminente, por lo que la única manera de detenerla era recurriendo al uso de la fuerza[10].

La matanza de Rachak fue, como en su día la voladura del Maine en 1898 en Cuba o el incidente del golfo de Tonkín en 1964 en Vietnam, el suceso que desencadenó una guerra. Y como los anteriores, fue también una mentira. Lo explica el periodista Rafael Poch, corresponsal entonces en esa región, quien recogió el testimonio de un policía alemán que fue enviado al lugar de la masacre como observador:

Cerca de Rachak y de Rugovo, varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el Ejército. Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, estuvo allí. Era uno de los seleccionados por el Ministerio de Exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.

«Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados por pruebas de una masacre de civiles», me explicó Hensch en 2012. «Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos», decía el policía jubilado.

El 27 de abril, el entonces ministro socialdemócrata de Defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veían los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados. Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: «Por esto hacemos la guerra».

«Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una», ex­plicaba por teléfono Hensch, con sumo pesar. «Antes de esa expe­riencia, nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir, que el Gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población»[11].

EEUU y sus aliados dinamitaron los cimientos de la arquitectura mundial de posguerra. La OTAN llevó a cabo el bombardeo sin contar con una autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que puede considerarse, con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas, como una agresión contra un Estado soberano.

En los medios de comunicación, Milošević fue despojado de su título de presidente de la República Federal de Yugoslavia para convertirse en «líder serbio», un término con connotaciones étnicas claramente despectivas. De igual modo, su Gobierno se convirtió en «régimen», otro término negativamente connotado. Después, el bombardeo se convirtió en una «intervención humanitaria» con el fin de evitar la comisión de un genocidio e, incluso, según la prensa alemana, de «un segundo Auschwitz».

Pero quizá la mentira más burda y nauseabunda fue la de Timişoara.

A finales de enero de 1990, las televisiones se inundaron de unas imágenes atroces de las fosas de Timişoara en Rumanía, de las que responsabilizaban al presidente Nicolae Ceauşescu por unas masacres el mes anterior. Pero resultaron ser un montaje en el que los cadáveres alineados bajo los sudarios no eran víctimas de las masacres del 17 de diciembre, sino cuerpos desenterrados del cementerio de los pobres y ofrecidos de forma complaciente a la necrofilia de la televisión. Rumanía era una dictadura y Nicolae Ceauşescu, un autócrata, pero las imágenes eran mentira. Esas fosas de Timişoara conmocionaron a la opinión pública.

El falso osario de Timisoara es, sin duda, el engaño más importante desde que se inventó la televisión, afirmó Ignacio Ramonet[12]. Sus imágenes tuvieron un impacto formidable sobre los telespectadores. Los rumanos se sublevaron indignados, los medios occidentales sumaban ceros a la lista de asesinados. Unos decían 4.000, otros 60.000. Las imágenes de las fosas comunes otorgaban crédito a cualquier cifra, por delirante que fuera. La revuelta y la represión llegaron a la capital, y Ceauşescu y su mujer Elena, perplejos ante el levantamiento popular, huyeron en helicóptero en la mañana del 22 de diciembre. En su escapada, fueron capturados y condenados a muerte en un juicio sumarísimo. La pareja fue ejecutada el día de Navidad.

Los medios publicaron la confirmación de que fue un montaje en unas breves líneas pocos días después[13].

No es una defensa de Sadam Huseín, ni de Gadafi, ni de Al-Ásad, ni de Ceauşescu. Se trata de que el carácter criminal de esos Gobiernos no debe servir de justificación para, en nombre de la democracia y los derechos humanos, inventar mentiras, engañar a la opinión pública e iniciar intervenciones militares que ni liberan países ni mejoran las condiciones de vida de esos habitantes.

Todo este repaso también muestra que, independientemente de lo que uno quiera desconfiar de la versión rusa en el conflicto de Ucrania y de la opinión que se tenga del Gobierno de Putin, es evidente que, en lo tocante a las versiones de EEUU, la OTAN y la UE (que son siempre la misma), ya tenemos un amplio repertorio de engaños y montajes para inventar masacres, criminalizar gobernantes, justificar sanciones y comenzar ataques e invasiones.

Y esta es una percepción que no se le escapa a la población mundial. En un sondeo realizado en 2013 a cerca de 67.000 personas en 65 países, por la empresa de encuestas de opinión global Win/Gallup, a la cuestión de qué país representa la peor amenaza para la paz mundial, EEUU lideró la lista con el 24%; en segundo lugar figuraba Paquistán (8%) y, en tercer puesto, China (6%). Por cierto, a Rusia la consideraban la peor amenaza sólo el 2%[14]. Los datos se volvieron a repetir hace un año en otro estudio encargado por la Fundación Alianza de las Democracias con 50.000 encuestados en 53 países. Casi la mitad de ellos (44%) estaban preocupados de que EEUU amenace la democracia en su país; el miedo a la influencia china es, por el contrario, del 38%, y el miedo a la influencia rusa es el más bajo, el 28 %[15]. En conclusión, el país que lidera la coalición militar que se arroga el mantenimiento de la paz mundial es el percibido como el que más la pone en peligro. Todavía más curioso es que, unos años antes, una encuesta oficial del Eurobarómetro mostrara que el 53% de los europeos, los socios militares de EEUU, creía que era el país que más amenaza la paz mundial[16].

[1] «La mentira de Nayirah, el montaje en el Congreso de EEUU que sirvió para justificar la primera guerra de Irak», elDiario.es, 26 de junio de 2019 [https://www.eldiario.es/internacional/incidencia-george-hw-bush-irak_1_1484742.html].

[2] «Leading to war nos muestra cómo se vendió la guerra de Irak», RTVE, 14 de abril de 2008 [https://www.rtve.es/noticias/20080414/leading-to-war-muestra-como-se-vendio-guerra-irak/25290.shtml].

[3] «Gadafi saca los bombarderos para reprimir la revuelta», El País, 21 de febrero de 2011 [https://elpais.com/internacional/2011/02/21/actualidad/1298242810_850215.html].

[4] «Amnesty questions claim that Gaddafi ordered rape as weapon of war», The Independent, 23 de junio de 2011 [https://web-archive-org.translate.goog/web/20170218024655/http://www.independent.co.uk/news/world/africa/amnesty-questions-claim-that-gaddafi-ordered-rape-as-weapon-of-war-2302037.html].

[5] «El ‘déjà vu’ sirio», elDiario.es, 28 de agosto de 2013 [https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/deja-vu-sirio_129_5788473.html].

[6] «La oposición siria denuncia 650 muertos en ataque químico cerca de Damasco», Efe, 21 de agosto de 2013 [https://www.lainformacion.com/asuntos-sociales/la-oposicion-siria-denuncia-650-muertos-en-ataque-quimico-cerca-de-damasco_43ICVYLRPwvaLEP5M926c1/].

[7] «Francia asegura que la respuesta al ataque en Siria llegará esta semana», Efe, 26 de agosto de 2013 [https://www.eldiario.es/politica/francia-asegura-respuesta-siria-llegara_1_5785382.html].

[8] «EEUU, “preparado” para atacar en Siria», Efe, 27 de agosto de 2013 [https://www.eldiario.es/politica/eeuu-afirma-preparadas-obama-siria_1_5786492.html].

[9] «Siria: miles de pacientes con síntomas neurotóxicos son atendidos en tres hospitales apoyados por MSF», Médicos Sin Fronteras, 24 de agosto de 2013 [https://www.msf.es/actualidad/siria-miles-pacientes-sintomas-neurotoxicos-son-atendidos-tres-hospitales-apoyados-msf].

[10] «Veinte años de la agresión de la OTAN a Yugoslavia», El Salto, 24 de marzo de 2019 [https://www.elsaltodiario.com/balcanes/veinte-anos-agresion-otan-estados-unidos-yugoslavia].

[11] «La mentira de Kosovo en Alemania», Ctxt, 20 de marzo de 2019 [https://ctxt.es/es/20190320/Politica/25078/kosovo-alemania-otan-jamie-shea-rafael-poch.htm].

[12] «Jenízaros y un falso osario», Le Monde Diplomatique, octubre de 2013 [https://mondiplo.com/jenizaros-y-un-falso-osario].

[13] «¿Matanza o montaje?», El País, 1 de febrero de 1990 [https://elpais.com/diario/1990/02/01/internacional/633826813_850215.html].

[14] «EE.UU., la mayor amenaza a la paz mundial, según sondeo», BBC, 30 de diciembre de 2013 [https://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2013/12/131230_ultnot_sondeo_eeuu_lp].

[15] «US seen as bigger threat to democracy than Russia or China, global poll finds», The Guardian, 5 de mayo de 2021 [https://www.theguardian.com/world/2021/may/05/us-threat-democracy-russia-china-global-poll]

[16]El País, 4 de noviembre de 2003 [https://elpais.com/diario/2003/11/04/internacional/1067900407_850215.html].