Psicoanálisis para todxs - Débora Tajer - E-Book

Psicoanálisis para todxs E-Book

Débora Tajer

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Beschreibung

La autora hace una doble apuesta. Por un lado, el develamiento de la visión patriarcal, heteronormativa y colonial subyacente a los abordajes "clásicos" psicoanalíticos. Por el otro, los aportes de instrumentos teórico-clínicos en la perspectiva de género y psicoanálisis. A lo largo del libro da cuenta de los cambios en las femineidades y masculinidades, las nuevas configuraciones familiares y vinculares, las actuales formas de inserción laboral, los nuevos ideales, los cambios en las modalidades de asunción de las identidades de género y las formas de expresiones sexuales y amatorias.   Un libro necesario para estos tiempos, donde la cuarta ola del feminismo ha impactado a toda nuestra sociedad, tanto a nivel local como internacional con #Niunamenos, "la revolución de las hijas", el debate por la legalización por el derecho al aborto, el #Metoo y los paros internacionales de mujeres.   Con un lenguaje claro y preciso, la autora asume el desafío de "aportar a un psicoanálisis contemporáneo que esté a la altura de las circunstancias y siga siendo revulsivo, como en los tiempos fundantes. Nos lo merecemos y fundamentalmente, se lo merecen quienes nos consultan y confían en que podemos ayudarles a ponerle palabras a su dolor."

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Seitenzahl: 300

Veröffentlichungsjahr: 2025

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PSICOANÁLISIS PARA TODXS

Por una clínica pospatriarcal, posheteronormativa y poscolonial

Débora Tajer

Este libro se propone la tarea de construcción de herramientas psicoanalíticas desde un abordaje pospatriarcal, posheteronormativo y poscolonial del sufrimiento humano.

La autora hace una doble apuesta. Por un lado, el develamiento de la visión patriarcal, heteronormativa y colonial subyacente a los abordajes “clásicos” psicoanalíticos. Por el otro, los aportes de instrumentos teórico-clínicos en la perspectiva de género y psicoanálisis. A lo largo del libro da cuenta de los cambios en las femineidades y masculinidades, las nuevas configuraciones familiares y vinculares, las actuales formas de inserción laboral, los nuevos ideales, los cambios en las modalidades de asunción de las identidades de género y las formas de expresiones sexuales y amatorias.

Un libro necesario para estos tiempos, donde la cuarta ola del feminismo ha impactado a toda nuestra sociedad, tanto a nivel local como internacional con #Niunamenos, “la revolución de las hijas”, el debate por la legalización por el derecho al aborto, el #Metoo y los paros internacionales de mujeres.

Con un lenguaje claro y preciso, la autora asume el desafío de “aportar a un psicoanálisis contemporáneo que esté a la altura de las circunstancias y siga siendo revulsivo, como en los tiempos fundantes. Nos lo merecemos y fundamentalmente, se lo merecen quienes nos consultan y confían en que podemos ayudarles a ponerle palabras a su dolor.”

Colección Psicoanálisis, Sociedad y Cultura

Débora Tajer

Licenciada y Doctora en Psicología (UBA). Magister en Salud (FLACSO). Profesora Adjunta a cargo de la Cátedra Introducción a los Estudios de Género. Profesora Adjunta regular de la Cátedra Salud Pública/Salud Mental II. Directora del Programa de Actualización en Género y Subjetividad Facultad de Psicología UBA. Imparte el Seminario ¿Cómo trabajar en clínica psicoanalítica con perspectiva de género?

A cargo de la Cátedra Alicia Moreau (2019), Universidad Paris 7 Diderot. Co-fundadora del Foro de Psicoanálisis y Género (APBA) y miembra de su Comité Asesor. Autora de Heridos Corazones (2009). Co-compiladora junto a Irene Meler de Psicoanálisis y Género. Debates en el Foro (2000). Oradora TEDxRíodelaPlata (2019). Ha publicado diversos capítulos en libros de su especialidad, así como artículos científicos, de divulgación general y en medios de comunicación, alguno de los cuales han sido traducidos al portugués, francés e inglés.

Fotografía: Camila Charask

Colección Psicoanálisis, Sociedad y Cultura

Diagramación E-book y arte de tapa: Mariana Battaglia.

Tajer, Débora

Psicoanálisis para todxs : por una clínica pospatriarcal, posheteronormativa y poscolonial / Débora Tajer. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Topía Editorial, 2025.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-631-6702-06-7

1. Psicoanálisis. 2. Teorías Psicoanalíticas. 3. Estudios de Género. I. Título.

CDD 150.195

© Editorial Topía, Buenos Aires, 2025.

Edi­to­rial To­pía

Juan Ma­ría Gu­tié­rrez 3809 3º “A” Ca­pi­tal Fe­de­ral

e-mail: [email protected]

[email protected]

web: www.topia.com.ar

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

La reproducción total o parcial de este libro en cualquier forma que sea, idéntica o modificada, no autorizada por los editores viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada.

Psicoanálisis para todxs

Por una clínica pospatriarcal, posheteronormativa y poscolonial

Débora Tajer

Colección Psicoanálisis, Sociedad y Cultura

INDICE

Introducción

Capítulo 1

Género, Salud Mental y Psicoanálisis en la Argentina

Capítulo 2

Género y subjetivación: modos de vivir, de amar y de trabajar

Capítulo 3

El modelo familiar moderno, sus alternativas actuales y los nuevos desafíos

Capítulo 4

Género y diversidad en la teoría y en la clínica psicoanalítica

Capítulo 5

Las infancias trans como infancias posibles

Capítulo 6

¿Qué quiere un hombre?Hacia una clínica de varones con perspectiva de género

Capítulo 7

Pensando con Silvia Bleichmar la relación entre subjetividad, poder, psicoanálisis y género

Capítulo 8

Gilou García Reynoso y sus aportes para pensar la relación entre Psicoanálisis y Género?

Capítulo 9

Con el psicoanálisis solo no alcanza, pero sin el psicoanálisis no se puede...

Capítulo 10

Heridos corazones. Psicosomática, psicoanálisis y género:aportes para pensar la vulnerabilidad coronaria

Bibliografía

A Claudio Erbin, mi compañero y a Sofía Erbin Tajer, mi hija, por el amor y la compañía.

En la memoria de Ana Zaltsman, mi mamá, y de Sonia Dragif, mi tía abuela, que me enseñaron a hacer mi juego, aún cuando me tocan las fichas negras en el ajedrez de la vida.

En la memoria de Fernando (Fajwel) Tajer, mi papá, que me enseño a saber hacer y autorizarme cuando me toca jugar con las fichas blancas

A mis amigxs que son lo mejor del amor

Introducción

Este libro relata las vicisitudes contemporáneas en la tarea de construcción de herramientas teórico-prácticas psicoanalíticas de abordaje pospatriarcal, posheteronormativo y poscolonial del sufrimiento humano.

Presenta una doble apuesta, por un lado, el develamiento de la visión patriarcal, heteronormativa y colonial subyacente a los abordajes clásicos en Psicoanálisis y, por el otro, el aporte a la comunidad psicoanalítica de los instrumentos teórico-clínicos adquiridos hasta el momento en la perspectiva de género y psicoanálisis para descifrar los desafíos actuales ligados a: los cambios en las femineidades y en las masculinidades, las nuevas configuraciones vinculares, las actuales formas de inserción laboral y los nuevos ideales que se constituyen con relación a estas prácticas, los cambios en las modalidades de asunción de las identidades de género y las formas de expresiones sexuales y/o amatorias. También el impacto de legitimidad social que se abre a partir de la sanción de las leyes de matrimonio igualitario (2010) y de identidad de género (2012).

El primer capítulo presenta una revisión del recorrido que han tenido en nuestro país los diálogos entre psicoanálisis y género y hace un paneo general de cómo se han desarrollado los mismos en la historia del psicoanálisis. El segundo capítulo realiza aportes para identificar cómo se interrelacionan las propuestas socio históricas con sus ideales de género y los procesos de singularización y constitución del psiquismo en esas coordenadas. El tercer capítulo interpela las concepciones que contiene el psicoanálisis acerca de las familias y las crianzas y visita producciones contemporáneas acerca de las “nuevas” familias con perspectiva de género. El cuarto capítulo presenta varias de las contribuciones que el psicoanálisis con perspectiva de género le ha hecho al psicoanálisis. El quinto capítulo, introduce las presencias de las infancias trans en nuestro medio y los modos de poder entenderlas y acompañarlas. El sexto capítulo aborda la clínica de los varones con perspectiva de género desde una mirada deconstructiva de la hegemonía que causa dolor propio y en lxs demás. Los capítulos siete y ocho están dedicados a los aportes de dos grandes psicoanalistas argentinas que, sin pertenecer a la corriente de psicoanálisis y género, han sido grandes interlocutoras y compañeras de ruta: Silvia Bleichmar y Gilou García Reynoso. Tengo, en lo personal, un profundo agradecimiento por ambas: a Silvia por ser la maestra que durante los 10 años que asistí a sus seminarios me reconcilió con el psicoanálisis; y a Gilou, por haber sido mi analista durante 20 años. Por su parte, Ana María Fernández e Irene Meler, de quienes he recibido las herramientas en psicoanálisis y género que han forjado una sólida base para que pueda hacer mi propio desarrollo, están presentes transversalmente en su pensamiento y obra en casi todo el libro.

Incluyo aquí el reconocimiento a Graciela Reid y Alejandra Lo Russo por la lectura y aportes de los borradores finales, a Lucía Saavedra por asistirme y corregirme y a Alejandro Vainer por su atento trabajo como editor.

Quiero compartir con ustedes a qué me refiero cuando hablo de las marcas patriarcales, coloniales y heternormativas del psicoanálisis actual, y qué quiero decir cuando apelo a una mirada pospatriarcal, poscolonial y posheteronormativa.

Voy a dar algunos ejemplos acerca de a qué refiere cada eje.

Pospatriarcal: implica identificar qué conceptos se sostienen y cuáles quedaron atados a modos históricos de las relaciones entre los géneros anclados en un modelo de diferencia jerárquica. Ejemplos: a) la teoría del padre, ligada al monopolio de la función simbólica por parte de los varones en el patriarcado; b) las teorías acerca de la femineidad, donde el deseo de hijx está ligado a suplir una carencia, sin posibilidad de idea de trascendencia, además de estar homologada la maternidad con la femineidad “normal” y lograda.

Poshetenormativo: salir de una concepción binaria de la sexualidad en la cual se suponen solo dos posiciones, aun cuando esté desamarrada de los cuerpos biológicos, para ser consecuentes con la idea de que la pulsión no tiene objeto a priori. Entender al “closet” como un dispositivo biopolítico de regulación de las sexualidades “legítimas” que causa malestar específico; esto implica identificar el malestar en plus del efecto de esta práctica social en lxs sujetxs que no se puede de ningún modo subsumir a la determinación y dinámica intrapsíquica.

Poscolonial: salir de la teoría sexual colectiva que sostiene que tanto lxs niñxs, como el psicoanálisis, vienen de Paris. Es muy enriquecedor leer la producción local de un psicoanálisis muy activo y prolífico. Producir teoría de acuerdo a las realidades propias. Doy cuatros ejemplos nodales para los temas que estamos tratando a) La ley de identidad de género local, basada en el derecho a la identidad y no en la rectificación de una situación psicopatológica como sucede en muchos países, incluyendo Francia, EEUU y Brasil, entre otros; b) La Ley de matrimonio igualitario, en la cual se incluye la parentalidad, y frente a la cual los psicoanálisis locales tuvieron un rol muy digno, distante de la vergonzosa oposición que hubo de muchxs colegas en Francia frente a las PACS c) el movimiento feminista argentino, que tiene una tradición muy propia diferente a lo que acontece en otros países. Tenemos 34 años ininterrumpidos de Encuentros Nacionales de mujeres, inventamos el #Niunamenos que luego se tomó a nivel internacional y en lo coyuntural, estamos atravesando a partir del debate por la legalización del aborto en 2018 una marea verde de alcances imprevistos y d) el psicoanálisis argentino, tiene una historia gloriosa que vale la pena heredar y poner a trabajar.

Por otra parte, puesta a escribir el libro y ya en etapa de corrección tuve que empezar a pensar qué haría con el uso del lenguaje inclusivo. La primera decisión fue poner el nombre completo, y no solo la inicial, de quienes fueron fuentes bibliográficas de este libro, para visibilizar de este modo la gran presencia femenina en las autorías que quedan invisibles con el uso de la inicial. Luego faltaban tomar otras decisiones ¿Usar la x, la e, el *, seguir usando la o/a? Uso distintas formas de lenguaje inclusivo desde hace muchísimos años dada la temática a la cual me dedico. Hasta hace dos o tres años, esto no se me constituía en problema. Usaba o/a, dado que las editoriales y las revistas científicas imponían ese límite. De esa manera se visibilizaba que el genérico no era el masculino y también se visibilizaba la presencia femenina, ambos valores importantes para mí. Hoy, muchas universidades y editoriales han abierto el panorama de lo que permiten, por lo tanto la responsabilidad sobre el “qué hacer” queda más ampliamente del lado de quien escribe. Para no sentirme tan sola al respecto, abrí la interrogación sobre el tema desde mi cuenta de facebook y recibí 327 comentarios, muchos de los cuales provinieron de colegas con mucha trayectoria en la temática y otrxs de colegas y personas en general, de varias generaciones, atravesadas por la temática, que me ayudaron a pensar qué estaba en juego y a tomar la decisión.

Me di cuenta también que hay un tema generacional. Mi generación ha sido subjetivada en la modernidad en un mundo con aspiraciones binarias y mi matriz de pensamiento viene de allí, aún en disidencia. Por lo tanto, muchxs de mis interlocutores que hablan con e, son de una generación con la cual dialogo y alojo, pero en diferencia. Y me parece importante escucharnos y leernos de este modo: tolerando que somos diferentes, pero que nos leemos, nos escuchamos y nos importamos recíprocamente en el armado de genealogías disidentes.

Dicho esto, tomé de todas las recomendaciones las que me sugerían que vaya escribiendo con el lenguaje que me vaya saliendo para cada ocasión. Eso me hizo sentir muy cómoda. Y creo que a la vez, tiene la ventaja de evidenciar que estamos en un momento de transición en el uso del lenguaje oral y escrito inclusivo.

Mi intención política inclusiva está muy lejos de crear una nueva gramática, pero muy cerca de dejar que fluyan las diversas voces para visibilizarlas y legitimarlas, en tránsito.

En el momento de la redacción final, me decidí por usar la x. Me permite la inclusión de la diversidad genérica y a mi entender hace más fácil su lectura pues cambia poco la palabra y a la vez permite que cada quien la lea como la significa.

Por todo lo anterior, les invito a leer este libro, de quien se asume como una psicoanalista trans (disciplinaria) que desde sus comienzos profesionales se ha formado y trabajado en la clínica, en la docencia y en la investigación en el dialogo entre el psicoanálisis, los estudios de género y la salud colectiva. En este libro encontrarán esa forma de hacer con la teoría y la clínica como potencia y no como déficit a corregir.

Va aquí un aporte para un psicoanálisis propositivo y revisitado de sus marcas patriarcales, heteronormativas y coloniales.

Capítulo 1

Género, Salud Mental y Psicoanálisisen la Argentina

Los Estudios de la Mujer, rama académica del feminismo de la segunda ola, luego devenidos en Estudios de Género en su relación con el campo de la Salud Mental se comenzaron a desarrollar en la Argentina durante la dictadura militar (76-83). En ese momento, en el contexto de los centros privados de investigación, las organizaciones no gubernamentales de mujeres y luego, a partir de la apertura democrática, en las universidades. La Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, fue pionera en este enfoque, con los seminarios de Postgrado que comenzaron en 1985 y luego se transformaron en la Carrera Interdisciplinaria de Estudios de la Mujer que se inauguró en 1987 y con la Cátedra de Grado de Introducción a los Estudios de la Mujer en 1988 y cuyos antecedentes son los seminarios impartidos en la asignatura Psicología Social desde 1985. Constituyéndose en la primera asignatura de grado en género en el país y en América Latina.

En lo que refiere al psicoanálisis en particular, parte del origen también puede ubicarse en el ámbito del CEM1, alrededor del cual se congregaron algunxs de lxs diversxs autorxs en nuestro país que han aportado en estos debates constituyendo lo que actualmente se conoce como Escuela Argentina de Psicoanálisis y Género.

La pionera fue Eva Giberti, con sus aportes en el campo de las femineidades, la crianza, la infancia, la adopción y la violencia de género. Ana María Fernández ha contribuido en la articulación de las relaciones de poder con la subjetividad sexuada, el impacto de la lógica del “privado sentimentalizado” en la femineidad y una fuerte crítica a los paradigmas epistémicos desde los cuales el psicoanálisis piensa la diferencia sexual. Mabel Burin, con sus desarrollos sobre teoría pulsional y género,,la medicalización del malestar femenino en plus y en la articulación entre trabajo, familia y modos de subjetivación generizados. Irene Meler ha aportado en el campo de la psicopatología desde las determinaciones genéricasy las conformaciones de las familias ensambladas y sus vicisitudes de género. Y ambas, Mabel Burín e Irene Meler, en la sistematización del campo de las masculinidades y las familias. Martha Rosenberg estableció los aportes locales en la línea del psicoanálisis de la diferencia sexual y en la mirada sobre aborto desde el psicoanálisis por su ubicación entre militancia y práctica psicoanalítica. Juan Carlos Volnovich ha promovido el rescate en este linaje de los aportes de Marie Langer, sus desarrollos en el campo de las masculinidades, la cultura prostibularia y su impacto en la psicosexualidad masculina y el abuso sexual. Irene Fridman ha hecho sus aportes en el campo de la violencia de género. Y Facundo Blestcher, en el campo de las masculinidades y las infancias trans.

Silvia Tubert y Emilce Dio Bleichmar, desde su residencia en España, son consideradas como integrantes de esta corriente. La primera ubicada con aportes en el campo de maternidad, la paternidad, las nuevas tecnologías reproductivas y su impacto en el psiquismo, las relaciones históricas entre Psicoanálisis y Género, los aportes de este entrecruzamiento incluyendo las relaciones de Freud con las feministas de su época y los debates entre psicoanálisis, género y posmodernidad. La segunda, con sus intervenciones en la relación entre prácticas de sexualidad y narcisismoen la configuración de la histeria femenina, los efectos de la mirada sexualizante de los padres varones en las adolescentes mujeresy la depresión en las mujeres.

En esta panorámica, cabe mencionar el trabajo de Leticia Glocer Fiorini, quien fuera presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Leticia, si bien no forma parte de este grupo, es una interlocutora constante y vale en esta introducción compartir sus aportes al campo en el país, en los cuales sobresale su análisis crítico de las lógicas y modos de pensamiento que sostienen a las teorías explícitas e implícitas sobre la diferencia sexual.

En cuanto a dispositivos de transferencia de estas producciones cabe jerarquizar el gran aporte que constituye la ya mencionada existencia de la Cátedra de Introducción a los Estudios de Género de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, cuya Fundadora y Profesora Titular ha sido Ana María Fernández hasta 2014 año en el cual me hice cargo de la misma. La cátedra se dicta ininterrumpidamente desde hace 32 años2 y es pionera de grado en género en toda América Latina. Su propósito es introducir diversas temáticas de género y subjetividad con el fin de que de lxs psicólogxs egresadxs de esa Facultad tengan una base para abordar su práctica desde este paradigma.

En el campo de posgrado, se destaca la creación del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires en 1995 Y luego el posgrado en la misma temática creado en 1999. Ambos diseñados en su comienzo por Irene Meler y Débora Tajer. Algunos textos presentados en ese espacio se pueden encontrar en diversos libros que los reúnen (Meler, Tajer, 2000) (Meler, 2017). Pilar Errazuriz realizó una traducción de algunos de estos escritos de la Escuela Argentina de Psicoanálisis y Género al francés (Errázuriz Vidal, 2017) abriendo de este modo nuevos horizontes de intercambio. También es importante resaltar el trabajo de Patricia Porchat para introducir nuestros aportes al portugués (Francoia, Porchat, Corsetto, 2018).

Del mismo modo, resaltar la existencia desde el año 2000 al 2012 del Seminario de Posgrado “Varones, Mujeres. Subjetividad y Género”, dictado por Sandra Borakievich y DéboraTajer en el marco del Programa de Actualización en el Campo de Problemáticas de la Subjetividad dirigido por Ana María Fernández en el área de Posgrado de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Y el Programa de Actualización en Género y Subjetividad en la plataforma virtual de Posgrado de la misma Facultad bajo mi dirección que comenzó en 2018 junto a Mercedes López, Alejandra Lo Russo y Mariana Gaba como docentes. También incluyo aquí un dispositivo de trasmisión teórico-clínico que llevo a cabo desde 2004 que se denomina “Como trabajar en clínica psicoanalítica con perspectiva de género” que ha pasado de grupo de estudio a seminario por el aumento del interés.

¿Por qué privilegiar el diálogo entre las diversas teorías psicoanalíticas y el campo interdisciplinario de los Estudios de Género?

Parte de la respuesta, es geográfica: somos argentinxs y el psicoanálisis ha tenido y tiene un lugar preponderante en el campo de Salud Mental en nuestro país. Esto quiere decir que quienes formamos parte de este diálogo desde el principio somos psicólogxs y médicxs dedicadxs al ejercicio del Psicoanálisis en el ámbito terapéutico, la investigación y la docencia. Y está es una particularidad y excepcionalidad argentina, que la formación predominante clínica en el campo de la Salud Mental sea en el marco del Psicoanálisis.

Desde un compromiso ideológico con la defensa de los derechos de las mujeres, concebida como un aspecto esencial del pleno ejercicio de la democracia, nos motivamos para la adquisición de conocimientos provenientes principalmente de estudios históricos, antropológicos, sociales, políticos y económicos, a fin de comprender de un modo integral los orígenes y la racionalidad subyacente a los ordenamientos que instituyen la subordinación femenina y la dominación masculina. Esta comprensión se vio unida, desde un principio, a la voluntad política de aportar desde diversos ámbitos al logro de la plena condición ciudadana de las mujeres y los varones argentinos3.

Para dicho objetivo fuimos incorporando y transmitiendo nuevos conocimientos que ampliaron nuestra visión integral del campo de problemáticas. Pero llegó un tiempo en el cual luego de abrir significativamente el eje de la determinación social hubo necesidad en algunxs de volver a acotar el campo de estudio, focalizando la indagación en la subjetividad. Este retorno implica una profunda modificación de la perspectiva originaria en psicoanálisis y a la vez, tuvo como objetivo la producción de nuevos conocimientos caracterizados por un mejor nivel de elaboración conceptual. Por lo tanto el diálogo entre género y psicoanálisis en nuestro país ha trabajado desde sus comienzos acerca de la construcción social de la subjetividad sexuada. Intercambio que se produce en un país caracterizado por un extraordinario desarrollo de las diversas corrientes psicoanalíticas, con una influencia que excede su ámbito específico de aplicación y que ha permeado toda la cultura.

Psicoanálisis y Género. Desventuras de un encuentro.Pasado y presente

Podemos identificar que en vida del propio Sigmund Freud ha habido encuentros y desencuentros entre los Psicoanálisis y los Feminismos. Podríamos intentar señalar una cronología de estas vicisitudes destacando distintas etapas.

Caracterizamos como primera etapa al período inaugural en el cual al interior del campo del psicoanálisis se realiza un fuerte debate acerca de la sexualidad femenina, basado en la visibilización de nuevos desarrollos debido a los efectos transferenciales4, o debates que discutían la masculinidad primaria o la erogenización de la vagina o el clítoris. Pero aun así, esos debates rara vez incluyeron la constitución del psiquismo femenino y su relación con el estatus social de las mujeres en ese período histórico. Hay una interesante excepción del mismo Freud cuando establece una reflexión acerca del efecto neurotizante en las mujeres por el deber de ajustarse a las normas impuestas por el modelo social que la cultura asigna a las mismas (Freud, 1908). Como podemos apreciar, esta sensible reflexión se mantiene en línea paralela en relación a su pensamiento general acerca de la femineidad, motivo por el cual queda aislada de su producción global acerca de las mujeres y sus malestares. Además de responder a las demandas de las feministas de su época psicopatologizando las reivindicaciones caracterizándolas como motivadas por la envidia del pene o por una histeria fálico narcisista, a las cuales se le podría dar “solución clínica” (Freud, 1925,1931) (Abraham, 1922). Aún así, hubo también desde el principio un debate no solo con el feminismo “externo” sino al interior del campo con psicoanalistas que podemos reconocer como feministas tales como Lou Andreas Salomé5 y Sabina Spielrein6, para mencionar dos muy destacadas.

Las feministas de época solían acusar a estos psicoanalistas de reproductores de la sociedad patriarcal. Tiempo más tarde, en la segunda ola del feminismo se pudo avanzar teóricamente y catalogarlos de androcentristas y sexistas. Algunas autoras que han sentado esta posición han sido Simone de Beauvoir (1962) y Betty Friedan (2016).

Cabe señalar que aún en medio del fragor de la disputa y la desconfianza mutua, las nuevas perspectivas que en el campo de la psicopatología y la sexualidad introdujo el psicoanálisis, sedujo a algunas feministas no psicoanalistas llevándolas a buscar en él las raíces profundas de la subordinación y la indagación de las cicatrices que la misma deja como consecuencia7. Esta búsqueda se produjo a partir de haberse percatado del efecto patógeno que tenía sobre las mujeres la necesidad de ajustarse a los valores de la sociedad de ese período histórico; esto producía muchos de los cuadros descriptos por el psicoanálisis8.

Gran parte del debate entre feministas y psicoanalistas en este período se estableció en términos del hallazgo de congruencias o incongruencias entre las imágenes de las mujeres descriptas por el Psicoanálisis y las mujeres reales.

En los casos de hallazgo de coincidencias, los mismos introdujeron la necesidad de indagación acerca del porqué de las mismas y motivaron la búsqueda de adquisición, por parte de las mujeres, de modalidades más saludables de existencia que no implicaran un alto costo en malestar.

Las incongruencias, en su mayor parte, fueron planteadas desde el interior del movimiento psicoanalítico. Sobresalen los trabajos de Helene Deutsch, Karen Horney y Ernest Jones, que formaron parte del intenso debate que se produjo en los años ‘30 al interior de la comunidad psicoanalítica en torno a la sexualidad femenina. Fecundo debate que fue suspendido por el llamado a la necesidad de cohesión frente al ataque externo9 y en aras de la convivencia política necesaria para atravesar dicha etapa. O resuelto, en algunos casos, identificando las diferencias como particularidades correspondientes a las líneas propias de algún país.

Durante las décadas del ‘20 y ‘30 hubo un gran debate al interior del psicoanálisis sobre la femineidad. En esa etapa las mujeres estuvieron cada vez más presentes en el movimiento psicoanalítico, dentro del cual se desarrollaban además varios debates que las incumbían en su existencia y su práctica: la femineidad, la maternidad, el análisis de niños y la sexualidad femenina. Así como reclamaban el derecho a existir como ciudadanas con todas las de la ley, comenzaban también a ocupar el lugar de psicoanalistas.

Entre quienes seguían la línea de Freud se pueden encontrar a Jeanne Lampl de Groot con sus trabajos “La evolución del complejo de Edipo en las Mujeres” (1927) y “Contribución al problema de la femineidad” (1933). HeleneDeutsch “La Psicología de la Mujer en relación a la función de procreación” (1925) y “La significación del masoquismo en la vida mental femenina” (1930). Luego Ruth Mack Brunswick con “La fase preedípica del desarrollo libidinal”(1940) y Marie Bonaparte con “La sexualidad de la mujer” (1951).

Luego hubo otro grupo que debatió fuertemente las teorías de Freud sobre la sexualidad femenina, varixs de lxs cuales se incluían en la corriente llamada culturalista del psicoanálisis (Vainer, 2009), entre quienes podemos encontrar a Josine Muller con “Contribución al problema libidinal de la fase genital en la niña (1932). Karen Horney con “El miedo a la Mujer” (1932) y “La negación de la vagina” (1933). Melanie Klein con “El psicoanálisis de niños” (1933) y Ernest Jones con “El desarrollo precoz de la sexualidad femenina” (1927), “La fase fálica” (1932) y “La sexualidad femenina precoz”(1935).

Podemos señalar que la detención del debate, salvo la continuidad de la producción de las excepciones señaladas anteriormente, ha tenido un efecto de “cerrar filas” repitiendo lo desarrollado clásicamente por algunos maestros; dando como resultado que muchxs analizantes -tanto hombres como mujeres- no hayan podido ser escuchadxs en sus sufrimientos producidos por las vicisitudes del ajuste a los patrones de género hegemónicos.

Dentro de esta historización, cabe subrayar la posición del psicoanálisis con respecto a la homosexualidad. En términos teóricos, las postulaciones de Freud en “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) plantean la inexistencia de un objeto fijo de la pulsión, abriendo la posibilidad de que tanto la heterosexualidad como la homosexualidad sean vicisitudes posibles, no privilegiando ninguna sobre la otra. Pero en paralelo con esta producción teórica en las prácticas concretas en 1921 en una circular interna de la IPA se decide “por el momento rechazar a todos los homosexuales manifiestos (como candidatos a psicoanalistas), porque generalmente, son demasiado anormales”. Esto nunca fue publicado, ni dicho abiertamente10, pero sus efectos se pueden apreciar hasta el momento. Todavía es un costo muy alto para alguien en una institución psicoanalítica asumirse públicamente como analista siendo gay o lesbiana y mucho más alto aún, asumirse como trans.

Durante gran parte de su historia, las apreciaciones del Psicoanálisis operaron como premisas-verdad no interrogables, no poniendo en cuestión el grado de generalización de las mismas, donde se volvieron sinónimos la humanidad y la teoría. Por lo tanto los criterios terapéuticos y la valoración del éxito de los tratamientos, estuvieron permeados por ideales de normalidad construidos históricamente, sin percatarse de la necesidad de dar cuenta de esta situación. Dar cuenta de la historicidad de los conceptos y de las herramientas permite conservar cierta objetividad de los instrumentos al estar advertidx del sesgo producido por los mismos y también de la necesidad de revisarlos toda vez que sea necesario.

Volviendo a la línea histórica, en los años ‘60 en Francia se reabre el debate cerrado a finales de los ‘30 sobre el estatus de lo femenino en Psicoanálisis. Este grupo es conocido como la Nouvelle Recherche. Una de sus autoras principales ha sido Jeannine Chasseguet-Smirgel (1985). En este grupo también se han destacado Bela Grunberger, Christien David y Marika Torok. Una de sus contribuciones principales de este grupo ha sido en el campo clínico, dado que como bien señalaban, hasta ese momento a la sexualidad femenina se le había dedicado más atención teórica que clínica, para entender su real especificidad.

Una segunda etapa de la relación se abre en los años ‘7011, en los cuales podemos señalar como hito el trabajo de Juliet Mitchell12 “Psicoanálisis y feminismo” (1982). En el mismo la autora señala su percepción de que no encuentra que el Psicoanálisis se constituya necesariamente en una recomendación de la sociedad patriarcal como criterio de salud mental, sino que lo considera como un análisis de los efectos de malestar correspondientes a la sociedad patriarcal moderna. Reflexionando acerca de ese período Ana Fernández, en nuestro medio, retoma el planteo de Mitchell para señalar que el Psicoanálisis, que tiene como objeto la enunciabilidad de las formaciones inconscientes, no se ha planteado como uno de sus objetos de reflexión la articulación entre formaciones inconscientes y formaciones histórico-sociales13. Por ende, quienes sostengan la existencia de esta relación, en este caso los feminismos, al señalar que la opresión de las mujeres es histórica, deberán realizar la indagación crítica de la teoría en cuestión para poder incorporarla eficazmente a la elucidación de la opresión de género (Fernández, 1992, 2009). Motivo por el cual lxs analistas interesadxs en una elección por ambos corpus han debido tomar como tarea la realización de un análisis de las marcas de la sociedad patriarcal en el interior de la teoría misma. Tarea en la cual se han encontrado, entre otros escollos, con que la teoría de la sexuación del Psicoanálisis conlleva un implícito de difícil deconstrucción: naturaliza el patriarcado y ofrece causas psíquicas para aquello que constituye un complejo precipitado de la inferiorización política de un género sexual (Fernández, 1992, 2009).Por lo tanto la tarea no se reduce a registrar el malestar debido al ajuste a los patrones hegemónicos sino que es necesario indagar los efectos intrasubjetivos de vivir en una sociedad patriarcal.

Es importante distinguir que en el campo de las relaciones entre feminismo académico y psicoanálisis se ubican el surgimiento en esa época de dos grandes líneas que siguen hasta este momento: una que relaciona feminismo de la igualdad con corriente anglosajona (o de las relaciones objetales del psicoanálisis) y otra que relaciona feminismo de la diferencia con corriente francesa (o estructuralista) del psicoanálisis. En la primera podemos ubicar a Nancy Chodorow, Jane Flax, Juliet Mitchel y Jessica Benjamin y en la segunda, a Luce Yrigaray, Frida Saal y también a Helene Cixous y Teresa de Lauretis, que aún, perteneciendo al campo de la filosofía y no siendo psicoanalistas, han hecho grandes aportes a esta corriente.

Podemos señalar que, en un primer momento, se trató de relacionar el estatus subordinado de las mujeres en el sistema patriarcal con las formas del malestar femenino. Esta tarea se realizó siguiendo la línea que planteó Freud en “El malestar en la cultura” (1930, 1988), texto en el cual expresa que no podemos esperar una conformación similar de los aspectos morales en aquellxs que más gozan de los bienes sociales (él se refería a los sectores más acomodados de la sociedad, entre los cuales se incluía) y los sectores más pobres. Él decía que quienes eran más afortunadxs socialmente podían estar más dispuestxs a dejar de lado sus deseos egoístas para someterse a los ideales culturales y sociales, de los cuales se veían beneficiadxs en mayor manera que los sectores subordinados. De este modo entendía que los sectores sociales más bajos no estuvieran muy dispuestos a las renuncias pulsionales a favor del interés colectivo.

Esta línea fue años más tarde retomada por Herbert Marcuse (1968) para expresar esta demanda hacia los sectores sociales subordinados, de mayor exigencia que devolución social a cambio, como base de las relaciones capitalistas que él analizaba en términos de la producción de un plus de malestar. Estos desarrollos fueron incorporados por los Estudios de Género, utilizando estas herramientas para un grupo que hasta ese momento no había sido pensado como subordinado socialmente: las mujeres. La psiquis femenina había sido pensada en tanto efecto de la diferencia sexual anatómica (Freud 1925, 1984). Por lo tanto, sacar a la feminidad del campo de la esencia (“lo” femenino) y de la determinación biológica de la psicología (consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica), para darle un estatus de construcción social que constituye psiquismo, fue la tarea emprendida por los Estudios de Género en un comienzo en su diálogo con el psicoanálisis. Y desde ese nuevo punto de partida, luego se trató de ver cómo se constituía la feminidad de cada mujer como modo particular de singularización en relación con un social histórico en el cual las mujeres son “el segundo sexo” (De Beauvoir, 1962).

Ubicándonos en el escenario del cambio de milenio, en lo que hoy situaríamos como la tercera ola del feminismo, se puede visualizar que la crítica de la modernidad impactó fuertemente el corazón del corpus psicoanalítico, aun el hegemónico, aumentando la sensibilidad acerca de la indagación de los vínculos entre lo histórico social y los padecimientos subjetivos, desde la perspectiva del campo de abordaje del Psicoanálisis.

Dicha sensibilidad dio la posibilidad de contar con nuevxs interlocutorxs y compañerxs de ruta caracterizadxs por una mayor necesidad de dialogo frente a lo incierto; aun cuando deconstruir la modernidad no llevó por añadidura el desmonte de la particular forma que el patriarcado adquirió en ese período. Mutaron las modalidades vinculares, laborales, amistosas, etc. manteniéndose la matriz de la asimetría jerárquica entre los géneros en las prácticas cotidianas, y en las clínicas.

Con respecto a este último punto, encontramos que una de las fuentes de profundo malestar en lxs sujetxs a finales de milenio, fue la coexistencia de ideales tradicionales e innovadores correspondientes a estas nuevas prácticas que, como capas geológicas, se fueron superponiendo entre sí. Esta superposición se ha producido en sujetxs que habían sido socializadxs de acuerdo a determinados ideales y que en un relativamente breve período histórico se encontraron inmersxs en condiciones muy diferentes a las cuales habían sido subjetivadxs. Este fenómeno produjo una vivencia de perplejidad y complejidad por la coexistencia de lo tradicional e innovador acrecentada por poseer lxs sujetxs una temporalidad de procesamiento más lenta que la de los cambios vertiginosos producidos en los valores e ideales. Incluso en lo relativo a ideales provenientes del logro de conquistas anheladas (mayores derechos, equidad en los vínculos, logro de autonomía, fluidez en la elección de objeto, entre otros) (Tajer, 2000).

Este panorama nos introdujo en una tercera etapa en la historia de los vínculos entre los Psicoanálisis y los Estudios de Género, rama académica de los feminismos. Avizorándose diferencias en el escenario, motivado por el cimbronazo relativo a la crisis de la modernidad y sus efectos en la práctica psicoanalítica: su modo de contrato y de financiamiento; algunos de sus supuestos y los cambios producidos en las constelaciones familiares de la cual provienen y en la cual construían su vida lxs sujetxs en análisis. Nuevas modalidades, que como señalamos con anterioridad, introdujeron la necesidad de aggiornamiento por parte de lxs analistas.

Desde la perspectiva del psicoanálisis con perspectiva de género, uno de los problemas actuales sigue centrándose en torno a la deconstrucción del patriarcado en su modalidad actual14, y otra de las perspectivas se interesa por la revisión de las concepciones psicoanalíticas que exceden (aún, cuando la incluyen) la problemática de la sexuación. Concepciones que dan cuenta de cómo se constituye el psiquismo humano, cómo logra un sujeto su autonomía, cuáles son los posibles estatus de la alteridad en el psiquismo, cómo se representan las diferencias. En síntesis, con qué herramientas opera el Psicoanálisis contemporáneo para pensar las profundidades de la complejidad humana.

Es a partir de esta preocupación que, entre otras razones, en nuestro medio fue de gran impacto en ese momento la visita de Jessica Benjamin a Buenos Aires en noviembre de 199715. Su planteo acerca del buen aprovechamiento que el psicoanálisis de género puede extraer en su intercambio con la corriente intersubjetiva en psicoanálisis para avanzar en algunos de los impasses