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Este libro se propone a ofrecer tips y será de extrema utilidad. La autora aborda cuidadosamente el calentamiento y la dramatización; de forma perspicaz, busca la psicodinámica de los síntomas y conflictos. Rosa Cukier es una psicodramatista contemporánea que resalta la importancia de la psicoterapia individual, empleando la acción dramática sin dejar de tomar en cuenta los otros importantes avances de la psicología del pasado y presente siglo, inclusive el psicoanálisis.
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Seitenzahl: 207
Veröffentlichungsjahr: 2019
Tapa
Tarjeta de catálogo
DADOS INTERNACIONAIS DE CATALOGAÇÃO NA PUBLICAÇÃO (CIP)
(CÂMARA BRASILEIRA DO LIVRO, SP, SP, BRASIL)
C973p
Cukier, Rosa
Psicodrama bipersonal [recurso eletrônico] : su técnica, su terapeuta y su paciente / Rosa Cukier ; tradução María Alicia Romaña. - São Paulo : Ágora, 2019.
recurso digital
Tradução de: Psicodrama bipessoal
Formato: epub
Requisitos do sistema: adobe digital editions
Modo de acesso: world wide web
Inclui bibliografia
ISBN 978-85-7183-241-1 (recurso eletrônico)
1. Psicodrama. 2. Psicoterapia de grupo. 3. Livros eletrônicos. I. Romaña, María Alicia. II. Título.
19-59667 -------------------------------------- CDD: 616.891523
-------------------------------------- CDU: 616.8-085.851
Vanessa Mafra Xavier Salgado - Bibliotecária - CRB-7/6644
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Portada
PSICODRAMA BIPERSONAL
Su técnica, su terapeuta y su paciente
Rosa Cukier
Créditos
Del original en portugués
PSICODRAMA BIPESSOAL
Sua técnica, seu terapeuta e seu paciente
Copyright © 1992 by Rosa Cukier
Traducción al castellano del original en portugués: María Alicia Romaña
Revisión de la traducción: Valentina Fraíz-Grijalba
Portada: Airton Gomes
Diagramación de epub: Santana
Editora Ágora
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Dedicatorio
Dedico este libro a mis terapeutas Fonseca y Bustos, porque me auxiliaron para que pudiese reconocer esa niñita y sus acrobacias dentro de mí, y a todos mis pacientes que me permiten el acceso a esas fantásticas criaturas, niños y niñas que los habitan.
AGRADECIMIENTOS
A Nelson, querido compañero que sostiene y estimula mis búsquedas. A mis hijas Karina y Vivian, por convivir razonablemente bien con esta madre inquieta, que siempre está partiendo para algún lugar, y a mi hijo Renato, con el que discutí mucho, pero al final consiguió enseñarme a manejar el computador. ¡Ustedes son regalos que la vida me dio!
A Guerry, también sobre el computador. ¡Qué buen profesor que eres!
A mis amigos, Sonia Marmelsztejn, Dorory Abramovich, Gisela Pires Castanho, Luis Falivene, Pedro Mascarenhas y Wilson Castello de Almeida, por haber leído y dado valiosas contribuciones para este libro y, sobre todo, por estimularme para seguir adelante.
A todos los compañeros de la SOPSP — Sociedad de Psicodrama de São Paulo —, a mis grupos de supervisión y auto-dirigido con el Dr. Bustos, y al GEM — Grupo de Estudios de Moreno — ¡me gusta mucho intercambiar ideas y discutir psicodrama con ustedes!
A algunos profesionales de nuestra área psico-afin, que conversaron gentilmente conmigo y me facilitaron datos históricos y técnicos que necesitaba: Antonio Carlos M. Godoy, José Roberto Wolf, Selma Ciornai, Vera Konigsberger... ¡Un fuerte muchas gracias!
iQUE NIÑITA TAN ASTUTA!
Dentro de mí vive una niña herida.
— ¡Pobrecita! — dirán todos —
¿Qué le pasó?
— Mi padre hizo esto,
mi madre hizo lo otro...
Pero lo cierto es — dice ella radiante —
que Rosa me aceptó.
La miro con piedad,
¡su carencia!, ¡su llanto!
Me parece tan frágil la pobrecita
que me acerco acogedora
sin defensa, protectora,
y le prometo un refugio.
—¿Podrá defenderme? — me pregunta
– ¿No permitirá que nadie me lastime?
— Su lealtad y su complicidad
me tiene que prometer,
Yo necesito eso para vivir,
lascivamente, dentro de ti,
hasta que la muerte nos separe...
No escucho la palabra muerte,
minimizo el peso del compromiso propuesto.
solo me atraigo por la suave tonada.
El sediento por favor de su pedido,
con la seguridad de que su dolor es muy profundo.
Lo que fuera una rápida aceptación,
de repente se convirtió en un pacto.
para toda la vida
me transformo en ella y
ahora su dolor es mío también.
¡Sufre la madre y sufre la niña!
¡¡TERAPEUTAS!!...¿pueden darme su bienvenida?
Pasan los años,
yo cada vez más a ella adherida,
ya no puedo respirar.
¡Es una dueña exigente!
Cuando amenazo dejarla,
Se cambia el disfraz,
Y otra vez estoy a ella apegada,
Metiéndome en confusiones,
y puede ser una pobre niña otra vez.
Y ablandar mi corazón
y le permito vivir en él.
Soy esclava de esta niña, dueña herida
Ahora es ella la que manda.
No sé si esto tiene fin.
Y creo que no se retractará
Pues los reos, a quien ella acusa, ya no existen más.
El mundo entero no le sirve de jurado,
¡ella siempre quiere más!
— ¡Miren cómo me humillaron — dice ella —
— ¡cómo fui traicionada! — grita —
—¡Respetables señores, hagan algo!
— ¡Defiendan a esta criatura
sometida a tal tortura!
¿Qué haré con ella? – Les pregunto
¡le tengo tanta pena!
Sé que está loca,
no sabe olvidar, ni renunciar.
No puedo vengarla,
Y tampoco abandonarla.
Y sin ella no seria quien soy.
Ven conmigo, niñita,
por lo menos por ahora.
Hasta que encuentre una honorable salida,
Donde, dentro de mí
Tu dignidad te sea devuelta.
Ven conmigo, dulce, herida, astuta, humillada y
pequeña tirana.
Rosa
SUMARIO
Tapa
Tarjeta de catálogo
Portada
Créditos
Dedicatorio
AGRADECIMIENTOS
PRESENTACIÓN
1. INTRODUCCIÓN
2. QUÉ ES EL PSICODRAMA BIPERSONAL?
1. Psicodrama bipersonal en la literatura
2. Abordajes alternativos para terepias psicodramáticas individuales
3. El psicodrama bipersonal de Bustos
4. Mi enfoque
3. ENCUADRE BÁSICO
4. CALDEAMIENTO
1. Caldeamiento inespecífico
2. Caldeamiento específico
5. DRAMATIZACIÓN
1. Técnicas clásicas
2. Dramatización en escena abierta
3. Psicodrama interno
4. Trabajo con sueños
5. Trabajo con imágenes o esculturas
6. JUEGOS DRAMÁTICOS
1. Un poco de historia
2. ¿Qué es el juego?
3. ¿Qué es juego dramático?
4. Clasificación de los juegos dramáticos
5. Juegos explorativos
6. Experimentos
7. Juegos elaborativos
7. COMPARTIR
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
PRESENTACIÓN
Hace algún tiempo, Rosa me preguntó por qué no escribía un libro dirigido a los alumnos de psicodrama, para que las personas que se iniciaban en las complejidades de la creación de J. L. Moreno pudiesen tener una visión clara de las principales técnicas. Ella pensaba en un manual práctico para iniciantes.
La idea me pareció excelente, sólo que en esa época yo estaba ocupado elaborando otros temas. Pero, como toda pregunta tiene una respuesta latente, le dije que ella misma podía encarar ese proyecto. Conozco a Rosa desde hace muchos años, por eso no me sorprendí cuando, después de algún tiempo, me trajo el libro terminado.
La cantidad de publicaciones sobre psicodrama ha aumentado enormemente en los últimos tiempos. Una buena señal, especialmente considerando la calidad del contenido de los libros publicados. Sin embargo, el espacio para el manual de técnicas continuaba esperando ser llenado.
Rosa hace la caracterización de cada técnica, busca clarificar las consignas y las ejemplifica con corrección. Su libro está dirigido a los alumnos de psicodrama que están iniciándose en este camino, pero a pesar de este claro objetivo, pienso que será bien recibido por los psicodramatistas experimentados, como también por las personas que quieran hacer una primera aproximación al psicodrama.
Dalmiro M. Bustos
1. INTRODUCCIÓN
Este libro surgió de la necesidad de organizar un aprendizaje en psicodrama. En realidad, un día él fue un proyecto de dos personas: yo y Lucia Guimarães de Moraes Aranes. En aquel momento pretendíamos escribir sobre varios manejos terapéuticos que podrían utilizarse en el psicodrama bipersonal.
En función de diferencias personales, el hijo acabó quedando huérfano de uno de los padres y un poco diferente de la primera idea. De cualquier manera, deseo que quede claro el origen del proyecto, pues estoy segura de que, sin las discusiones iniciales y sin el apoyo que tuve de Lucia, yo no habría sido capaz de concretar esta idea. A ella le manifiesto mi agradecimiento y la ratifico como coautora de los primeros capítulos.
Mi aprendizaje sobre el psicodrama fue francamente caótico y desorganizado. Vengo de una formación analítica y de algunos años de trabajo como sicoanalista que me dejaron insatisfecha sobre el rol de terapeuta. Me parecía que la “asepsia” tan difundida como actitud-patrón de los psicoanalistas no me sentaba bien. Era como haberse vestido con una ropa apretada. Uno se la puede poner, pero es incómoda.
Mi primer contacto con el psicodrama fue por medio de un grupo terapéutico con el Dr. José Fonseca, siendo esta experiencia la que me estimuló a iniciar un trabajo de terapia individual con el Dr. Bustos. Fue en esta donde pude finalmente encontrar las conexiones entre el psicodrama y el psicoanálisis y sentirme confortable, primero en la ropa de paciente y después como terapeuta.
Emprender un cambio tan radical como éste, del psicoanálisis para el psicodrama, de hecho no fue una tarea fácil. Hasta entonces yo no había hecho un curso sistemático sobre psicodrama, y al principio conté apenas con el modelo de mis terapeutas y con la ayuda del Dr. Antonio Gonçalves dos Santos, que fue mi primer supervisor.
No sé exactamente en qué momento de mi terapia bipersonal comencé a fichar las técnicas utilizadas por Bustos, pero sí sé que de pronto quise aprender a hacer lo que él hacía y comencé a imitarlo en mi consultorio. Estaba acostumbrada a quedarme admirada por la riqueza de instrumentos, juegos y manejos que mi terapeuta utilizaba. No entendía de dónde sacaba aquellas ideas y cómo podía, mediante estas formas tan poco ortodoxas de manejo, conseguir tanto material de sus pacientes.
Anduve ávidamente detrás de esas respuestas, perpleja y guiada por una intensa curiosidad. Comencé a leer todo lo que podía sobre psicodrama y siempre me deparaba con el tema crucial de la espontaneidad y la creatividad. Ya sabía que los terapeutas experimentados que conocía eran personas muy creativas, pero me preguntaba cómo podría yo llegar a ser creativa también. ¿La creatividad se aprende?
El psicodrama como técnica se aprende con la propia acción. Esto representa un desconcierto para quien se inicia en este trabajo: tenemos que ser creativos y espontáneos, pero estamos inseguros, tensos, no tenemos confianza en la propia dramatización, no tenemos repertorio de ideas o de juegos. ¿Qué hacer?
Un recurso posible consiste en utilizar el recuerdo de la propia vivencia terapéutica, otro es observar lo que los otros terapeutas hacen. De cualquier forma, hay que tener valor para lanzarse a experimentar con el paciente.
Todos tenemos algunos mecanismos de defensa para movernos en situaciones tensas. Podemos ser fóbicos, histéricos, obsesivos, en fin, conviene saber cómo reaccionaremos en estos casos. Generalmente, yo me defiendo de manera obsesiva. Intento organizar a priori un repertorio de recursos técnicos, suponiendo que esto me tranquilizará y me dará más posibilidades de contacto con el paciente. Y es eso lo que ocurre; sólo que muchas veces, cuando estoy con él, acabo olvidándome de todo lo que programé, como si me sintiera más segura sobre lo que tengo que hacer y entonces puedo tolerar el no saber.
Así nació la idea de este libro, pues cuando me di cuenta ya había acumulado un razonable número de fichas técnicas, no sólo de manejos usados por el Dr. Bustos como también de los utilizados por otros terapeutas que fui conociendo a lo largo de este camino, en vivencias, workshops y congresos.
Inicialmente pensé que las fichas podrían ser útiles para los terapeutas iniciantes que, como yo, necesitaban auxilio (algo obsesivo, sin duda) para empezar a trabajar. Poco a poco mis colegas fueron convenciéndome de que muchos otros terapeutas, no solamente los que estaban comenzando, podrían desear tener esas informaciones. Inclusive porque hay poco material escrito sobre psicodrama bipersonal.
Hablando de él, quiero aclarar que fue un sub-producto de mi búsqueda inicial. En el comienzo estaba apenas interesada en la técnica psicodramática, quería aprender juegos para utilizarlos con mis pacientes. Al final comprendí que tendría que adentrarme en la teoría y enfrentarme con cuestiones delicadas, tales como la inexistencia conceptual, según reno, del psicodrama bipersonal.
Mi búsqueda original me llevó hacia caminos que nunca podría haber imaginado, como, por ejemplo, hacia la guestalt-terapia. Hice contactos con nas que, como yo, se interesaban por formas alternativas de manejos terapéuticos.
Varias veces se me aparecieron relatos de personas que estuvieron en Beacon y/o Esalen, en el final de los años 60 y comienzo de los 70. Percibí que las técnicas psicodramáticas son igualmente utilizadas por otros abordajes terapéuticos y viceversa. En algunos casos es difícil saber quién inventó qué. Célebre e infecunda es la discusión sobre quién creó la técnica de la silla vacía, disputa que envolvió a Perls y a Moreno.1
En fin, mucho de lo que será expuesto en este libro podrá ser blanco de acaloradas críticas de algunas facciones dentro del psicodrama. Mi argumento preferido para esas críticas es el de no tener la pretensión de ser portavoz de las ideas de Moreno, sólo de las mías después de haber conocido las ideas de Moreno y de otros autores que leí y de las experiencias psicodramáticas que viví.
Una última palabra sobre otra cuestión polémica: este libro no es exactamente un libro de recetas, pero no me avergüenzo de decir que se propone ofrecer pistas. Sé muy bien que para que alguien sea un terapeuta son necesarias más que pistas. Comenzando por una sensibilidad humana aguda, junto a esto es necesaria la propia terapia y una sólida formación teórica. Ser terapeuta es una tarea para ser aprendida a lo largo de los años y por el resto de la vida.
Sin embargo, ¿Por qué no ofrecer pistas? Me gusta hacerlo. Me gusta poder pasar a los otros los conocimientos que me costó mucho obtener y realmente deseo que este libro pueda auxiliar terapeutas, iniciantes o no, de la misma forma que haberlo escrito me ayudó a sistematizar mi aprendizaje en psicodrama.
Rosa Cukier
2. QUÉ ES EL PSICODRAMA BIPERSONAL?
Se designa psicodrama bipersonal al abordaje terapéutico que tiene origen en el psicodrama, que no se sirve de yo-auxiliares y atiende solamente a un paciente cada vez, creando así una relación bipersonal, o sea, un paciente y un terapeuta.
La tarea de describir este tipo de psicodrama ofrece una serie de problemas específicos. Primero, es difícil decir quién lo inventó. Se tiene la impresión de que siempre estuvo ahí, como un hijo bastardo del Dr. Moreno, algunas veces mencionado por otros autores.
El mismo nombre que es utilizado para referirse a esta modalidad psicoterapéutica varía de un autor a otro: psicodrama de dos para Moreno, psicodrama bipersonal para Bustos, psicoterapia de la relación para Fonseca, psicoterapia psicodramática individual bipersonal para los más rigurosos con la teoría. En fin, todas ellas son formas de nombrar terapias psicodramáticas individuales que no utilizan yo-auxiliares.
Algunas cuestiones teóricas importantes están conjugadas en esta polifonía de nombres:
1.Prescindir del contexto grupal y del rol de yo-auxiliar implica desfigurar el trabajo que Moreno llamó psicodrama. ¿No sería más respetuoso asumir un desvío teórico, utilizando otro nombre para ese tipo de psicoterapia, como, por ejemplo, psicoterapia psicodramática?
2.¿El término bipersonal describe el número de personas (grupo o un paciente), o se refiere al número de terapeutas (terapeuta y yo-auxiliar o terapeuta único)? ¿No sería preferible especificar individual y bipersonal, para atender a estos detalles?
3.El psicodrama de Moreno estuvo constituido en su mayoría por actos terapéuticos y no por terapias procesales, como lo hacemos actualmente. ¿No deberíamos usar otro nombre para un abordaje psicoterapéutico procesal?
4.¿Y qué decir de la asimilación de otras influencias teóricas y prácticas, como el psicoanálisis y la guestalt-terapia? ¿Cómo debe llamarse un psicodrama que acaba incluyendo éstos y otros procedimientos?
La literatura actual no presenta un consenso sobre este asunto, pero en nuestro medio existe una tendencia, como bien dice Perazzo2, de dar por consagrado el nombre psicodrama bipersonal, a pesar de los cuestionamientos teóricos que provoca. Personalmente pienso que si un determinado nombre o forma de llamar algo es elegido por un número grande de personas, esto por sí sólo ya está mostrando sua eficiencia semántica.
La expresión psicodrama bipersonal es simple y sintética: dice claramente que es psicodrama y que incluye solamente dos personas. Además creo que el psicodrama practicado hoy en día no es semejante a aquél enseñado por Moreno, tanto cuando atendemos un grupo como cuando utilizamos un yo-auxiliar. Por eso, lo que se refiere al respeto a Moreno me parece más complejo que simplemente hacer un cambio de nombres.
El psicodrama cambió, evolucionó, sobre todo aquí en Brasil. Nunca se escribió tanto sobre este abordaje como se ha hecho en estos últimos tiempos. No tenemos por qué estar atados a las colocaciones hechas por Moreno, haciendo de ellas nuestras conservas teóricas.
Es necesario considerar, por ejemplo, que Moreno estaba muy comprometido con un enfrentamiento con el psicoanálisis, que para él era un método de trabajo opuesto y completamente diferente del suyo. Dentro de esa oposición no tenía sentido pensar en la posibilidad de un encuadre bipersonal.
Estoy de acuerdo con Bustos3 cuando dice que el psicoanálisis y el psicodrama, en el caso de que sean tomados como alternativas absolutas, crean una parcialización empobrecedora con relación a los posibles beneficios que pueden tener el uno del otro. Yo creo que Moreno no pensaba así, pero yo sí lo pienso.
Además, me parece que podemos demostrar nuestro respeto a Moreno no solamente cuando hacemos explícito lo que él pensaba, sino también cuando usamos nuestra espontaneidad para crear a partir de aquello que él dejó. Es esto lo que pretendo hacer, comenzando por rastrear en la literatura para saber lo que piensan los otros autores sobre el asunto, con especial atención para el propio Moreno.
1. Psicodrama bipersonal en la literatura
Rojas Bermúdez4 señala que la evolución de las técnicas psicoterapéuticas se inició con la situación bipersonal en el psicoanálisis, seguida por la terapia individual en grupo, y más tarde la terapia grupal ente dicha.
El psicodrama bipersonal representa, por lo tanto, un retroceso. Comenzando por Moreno,5 vemos que raramente menciona esta posibilidad técnica y, cuando lo hace, es de alguna manera de forma peyorativa.
El psicodrama de dos, paralelo a la situación psicoanalítica del diván, ha sido experimentado de tiempo en tiempo, pero es interesante señalar que el psicodramatista, en su práctica particular, muchas veces prefiere emplear su enfermera como yo-auxiliar a fin de mantener absoluta su propia identidad de director.
A pesar de este testimonio, sabemos que por lo menos en dos casos Moreno utilizó una atención bipersonal,6 en el caso de Rath y en el psicodrama de Adolfo Hitler. Sin embargo, esos casos clínicos no parecen haber hecho mucho impacto en su obra, ya que en ningún momento Moreno mente prescinde o cuestiona la función del yo-auxiliar.
... La función de yo-auxiliar fue considerada indispensable en la situación experimental del psicodrama, como un concepto para la comprensión del proceso interpersonal que ocurre en el escenario, así como un instrumento para el tratamiento. 7
Al yo-auxiliar son atribuidas tres funciones: 1) actor — representando papeles exigidos por el mundo del sujeto; 2) agente terapéutico; y 3) investigador social.
Una de las atribuciones del yo-auxiliar, según Moreno, es la de ser un observador participante. Moreno llega a presagiar que ese tipo de observación podría romper con la dificultad metodológica de las ciencias humanas, comparadas con las ciencias exactas.
De cualquier forma, la mejor distancia para una observación científica estaría dada por el terapeuta, que observa al yo auxiliar, que a su vez es un observador, sólo que participante.
Si avanzamos un poco más en el pensamiento de Moreno, observamos que también para él hubo cambios en la forma de concebir la función del yo-auxiliar. Al comienzo tenemos la impresión de que la función principal del yo-auxiliar era la de ocupar el lugar de quien no estaba presente en la sesión, y que el propio terapeuta podía hacer esto.
Los pacientes recurren al psiquiatra para que los ayude a enfrentar un conflicto social, donde otra persona tiene un rol esencial. Esta situación nos lleva a dar los primeros pasos en la nueva técnica. El psiquiatra pasó a ser un yo-auxiliar. Él todavía era el principal agente del proceso de cura... Cuando las inter-relaciones presentes en una neurosis social se tornaron demasiado amplias, el psiquiatra se vio impelido a usar otros agentes terapéuticos y a alejarse de la escena, para convertirse en un yo-auxiliar distanciado.8
La técnica psicodramática evolucionó de tal manera que se fueron usando cada vez más yo-auxiliares:
La técnica exigía comúnmente más de un auxiliar terapéutico para el paciente, o sea, auxiliares que pudiesen inducir al propio paciente para comenzar, y como actores de los principales roles que la situación y el propio paciente pudiesen requerir. En lugar de un yo-auxiliar, fueron necesarios numerosos yo-auxiliares. Por eso se llegó a esto: el yo-auxiliar original, el psiquiatra, se mantuvo a una cierta distancia, y se rodeó de un equipo de yo-auxiliares que él coordinaba y a los que marcaba en líneas generales el rumbo y los objetivos del tratamiento psiquiátrico.9
La creación de la función de yo-auxiliar parece que sirve también como una crítica de Moreno al rol clásico de psiquiatra y a la postura rígida de los terapeutas de la época. A la luz de la sociometría él percibió que la tele terapéutica estaba distribuida por toda la comunidad y que la principal tarea del médico era hacerla efectiva y guiarla para los canales apropiados.
Para superar esta desventaja (de la función tradicional del psiquiatra)10 desarrollamos la función del yo-auxiliar que, de acuerdo a lo esperado, iría a ampliar el ámbito y aumentaría la flexibilidad de su rol (el rol del psiquiatra).
... El psiquiatra principal tiene que estar fuera de la acción, y ser removido de las escenas, tornándose un yo-auxiliar a la distancia. Su función se redujo al hecho de decidir quién podría ser el mejor agente terapéutico para quién, y a ayudar en la selección de estos agentes. Perdió sus insignias de omnipotencia, de magnetismo personal y el status de consejero. El médico, cara a cara, se convirtió en un médico a distancia. Ajustó su nueva función a la dinámica de un mundo tele. 11
En fin, el psicodrama de dos no mereció mucha dedicación de Moreno y no fue considerado en absoluto una modalidad terapéutica importante. Bustos,12 citando conversaciones que tuvo con Moreno, afirma que él consideraba el psicodrama de dos un ejemplo de alta de espontaneidad y que su práctica se debía a la incapacidad del director para incluir otros en su trabajo.
Otros autores, además de Moreno, han minimizado la importancia del psicodrama bipersonal. Es el caso de Rojas Bermúdez, en Argentina y de Victor C. Dias, en Brasil.
Rojas Bermúdez13 considera que la relación estructural dramática es una relación triangular, a la que se agrega el juego de personajes propios y ajenos. El yo-auxiliar en la función de actor y/o investigador social es parte indispensable de la referencia terapéutica, ya que forma la unidad funcional junto con el terapeuta.
La unidad funcional es el subsistema responsable por el éxito de los objetivos propuestos para el individuo y el grupo.14
Rojas Bermúdez tampoco dio énfasis al trabajo bipersonal. Inclusive es muy difícil encontrar menciones de esta modalidad psicoterapéutica en su obra.
Victor C. Dias15 considera que el psicodrama bipersonal es más desventajoso que ventajoso y, con claridad, pone en evidencia las dificultades de esta práctica. Uno de los mayores problemas es la cuestión de la distancia terapéutica.
Desde el punto de vista del terapeuta, el hecho de tener que jugar papeles complementarios con el paciente (por falta de un yo-auxiliar para hacerlo) propiciaría una probabilidad alta de contaminación contra-transferencial y perjudicaría su papel de director, que quedaría abandonado en estas ocasiones. Además, la ausencia de un yo-auxiliar empobrecería el instrumental dramático, que quedaría restringido al psicodrama interno y al onirodrama, lo que facilitaría el uso indiscriminado de declaraciones y del compartir.
Desde el punto de vista del cliente, perder la distancia terapéutica (vivenciada en el juego de roles con el terapeuta) causaría una sensación de desprotección, sería un estímulo para la carga de transferencia y un daño para su capacidad de observar. Además de eso, según Dias, la relación dual es artificial y no tiene paralelos en la vida real.
2. Abordajes alternativos para terepias psicodramáticas individuales
En nuestro medio buscaron solucionar a su manera aquello que muy ciertamente José Fonseca 16 llama “angustia del psicodramatista en su setting de psicoterapia individual”.
Esa angustia es de naturaleza eminentemente técnica, ya que el manantial de manejos terapéuticos dejado por Moreno se refiere sobre todo al trabajo grupal, donde la acción, principal característica del abordaje psicodramático, se desenvuelve con facilidad.
¿Cómo incorporar esa dimensión al trabajo terapéutico en la ausencia de yo-auxiliares y del grupo? Esta ha sido la interrogación de estos autores.
Fonseca17 desarrolla lo que llama terapia de la relación, donde utiliza procedimientos de acción (doble, espejo, inversión de roles, concretización, maximización, presentificación1 y también psicodrama interno) y verbales (interacción coloquial, señalamientos verbales y corporales, interpretaciones). Este autor hace explícito que lo importante en su técnica es que:
