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"Para mí, desde un punto de vista filosófico, la pregunta es: ¿qué significaría reconocer, aceptar, cierto tipo de permeabilidad, cierta manera en la que somos afectados por otros a los que no conocemos o por los que no elegimos ser afectados? El mayor peligro para mí es el del sujeto autónomo y monolítico que intenta establecer límites e impermeabilidades absolutas, porque se niega a reconocer su carácter social y su interdependencia. Y me parece que sobre este tipo de base no puede construirse ninguna ética o política sólidas." Judith Butler responde así en la entrevista que cierra esta obra dedicada íntegramente a indagar en las productivas complejidades de su trayectoria como intelectual, filósofa y feminista. Qué cuenta como una vida aborda los núcleos temáticos principales del trabajo crítico que con brillantez y generosidad Butler ofrece en cada uno de sus escritos, desde los textos que precedieron a su libro más influyente, Gender Trouble, hasta su más reciente producción. Qué cuenta como una vida incide en subrayar la esforzada tarea problematizadora de los conceptos que acompañan nuestras vidas y vertebran el pensamiento "en proceso" de Judith Butler, sus incisivas preguntas acerca de la cuestión de lo humano, los caminos de vida y las manifestaciones de amor percibidas como vivibles o, por el contrario, violentamente excluidas de aquello que es valorado como una legítima vida humana.
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Veröffentlichungsjahr: 2015
La pregunta por la libertad en Judith Butler
www.machadolibros.com
TEORÍA YCRÍTICA
Colección dirigida y diseñada por Luis Arenas y Ángeles J. Perona
© de la entrevista: María Prado Ballarín y Elvira Burgos Díaz, 2008 © Elvira Burgos Díaz, 2008 © MACHADOGRUPO DEDISTRIBUCIÓN, S.L.C/ LABRADORES, 5. PARQUEEMPRESARIALPRADO DELESPINO28660 BOADILLA DELMONTE(MADRID)[email protected]
ISBN: 978-84-9114-118-1
ELVIRABURGOSDÍAZ
La pregunta por la libertad en Judith Butler
MÍ N I M OTR Á N S I T OA. MACHADOLIBROS
ABREVIATURAS
INTRODUCCIÓN: Una escritura que interroga
CAPÍTULOI
1. Planteando la cuestión del sujeto
2. Del sexo al género. De Beauvoir y del llegar a ser mujer
3. Merleau-Ponty examinado
4. Modelo fenomenológico y modelo teatral de aproximación al género
5. Monique Wittig: sexo imaginario y cuerpo lesbiano
6. El sistema sexo/género y la teoría radical de la sexualidad de Gayle Rubin
7. Sexualidad y poder. A través de Foucault
7.1. La lógica de la inversión
7.2 Una actitud ética de desafío al poder
CAPÍTULOII
1. El género como problema
1.1. La fuerza crítica del término género
1.2. Debate sobre las categorías feministas
1.3. Del género al sexo
2. Crítica a la ontología del género de la metafísica de la substancia
3. La huella de Nietzsche
4. Hacia la identidad desde el psicoanálisis
4.1. La feminidad como mascarada
4.2. La inflexibilidad de la ley lacaniana
4.3. La ambivalencia de la perspectiva freudiana
5. Lo semiótico como estrategia de transgresión en Kristeva
6. Parodia y subversión
6.1. Capacidad de acción del sujetoconstruido
7. Réplicas aEl género en disputa
7.1. El contexto hispano de recepción
CAPÍTULOIII
1. Los cuerpos en su materialidad
1.1. Genealogía crítica del concepto de materia
2. Ni esencialismo ni constructivismo
2.1. Sofisticado constructivismo
3. Interpelación y subjetivación
4. Reapropiaciones subversivas
4.1. Quiebra de la posición simbólica privilegiada del Falo
4.2. La raza también importa
4.3. El ejemplo del términoqueer
CAPÍTULOIV
1. De la performatividad de los actos de habla
1.1. La dimensión corporal del habla
2. Palabras que hieren
2.1. Contra la censura
3. De la agencia en el discurso
3.1. Bourdieu y Derrida confrontados
CAPÍTULOV
1. La emergencia de la psique
2. Parentescoaberrante
2.1. Nuevas comunidades de afectos
3. Hacia la transformación social
3.1. Diálogo con Rosi Braidotti
3.2. Ante el paradigma de la diferencia sexual
3.3. Haciendo y deshaciendo el género (intersexualidad y transexualidad)
EPÍLOGO: Pensamiento en proceso
ENTREVISTA CONJUDITHBUTLER(por María Prado Ballarín yElvira Burgos Díaz)
BIBLIOGRAFÍA
En los textos de Butler y en las entrevistas que se citan se utilizan las siguientes abreviaturas:
AC:Antigone´s Claim. Kinship Between Life and Death, New York,Columbia University Press, 2000.
AFW: «Afterword», en Shoshana Felman,The Scandal of theSpeaking Body. Don Juan With J. L. Austin, or Seduction in Two Languages, Stanford, California, Stanford University Press, 2003. pp. 113-123.
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BM:Bodies that Matter: On the Discursive Limits of ´Sex‘, New York and London, Routledge, 1993.
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GD:El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, México, Paidós, 2001. Se trata de la traducción castellana deGender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity.
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LPI:Lenguaje, poder e identidad, Madrid, Síntesis, 2004. Se trata de la traducción castellana deExcitable Speech. A Politics of the Performative.
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OSRM: «On Speech, Race and Melancholia. An Interview with Judith Butler»,Theory, Culture and Society, 16 (2), 1999, pp. 163-174 (Interview with Vikki Bell).
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PLP:The Psychic Life of Power. Theories in Subjection, Stanford, Stanford University Press, 1997.
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SD:Subjects of Desire. Hegelian Reflections in Twentieth-Century France,New York, Columbia University Press, 1999.
SGE: «Sexo y género enEl segundo sexode Simone de Beauvoir»,Mora,n.º 4, 1998, pp. 10-21.
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TPH: «Troubling Philosophy: Interview with Judith Butler»,Women´s Philosophy Review, n.º 18, Spring 1998, pp. 7-8 (Interview with Alessandra Tanesini).
UG:Undoing Gender, New York-London, Routledge, 2004.
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VSGE: «Variaciones sobre sexo y género. Beauvoir, Wittig yFoucault», en Seyla Benhabib y Drucilla Cornell,Teoría feminista y teoría crítica, Valencia, Ediciones Alfons el Magnànim, 1990, pp. 193-211. Se trata de la traducción castellana de «Variations on Sex and Gender: Beauvoir, Wittig, Foucault».
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INTRODUCCIÓN
Un pensamiento innovador deja oír su voz cada vez con más fuerza en el comienzo de este sigloXXI. Juzgados, en general, sus textos como portadores de conceptos densos y de argumentaciones complicadas que exigen un gran esfuerzo de comprensión, su ya muy extensa obra se difunde, no obstante, de un modo sin duda sobresaliente en el panorama internacional. Los motivos de esta potente propagación de sus tesis se hacen evidentes cuando se acomete la empresa de recorrer pacientemente el conjunto de su producción teórica que examina directamente los problemas más acuciantes de nuestro mundo contemporáneo.
A su concepción de lo que es la crítica filosófica obedece el estilo narrativo de Judith Butler en el que abunda la formulación de incisivas preguntas. El trabajo intelectual crítico, tal como ella misma califica a su propio quehacer teórico, es siempre político porque se adentra en el análisis de textos difíciles cuyos significados no son inmediatamente accesibles. Esta dificultad es la que puede generar en la persona que lee una actitud crítica hacia el mundo social y su habitual constitución [1]. Su pensamiento ofrece preguntas antes que definitivas respuestas para incitar la mirada penetrante capaz de escrutar con ojosmúltiples lo que se nos dice ser la realidad dada. Este es el camino para motivar la transformación social sin quedar atrapados bajo la idea de la inevitabilidad, por sólido y natural, de nuestro mundo. Este estilo suyo no teleológico, interrogativo, provoca réplicas que afirman que su prosa es sofisticada y obscura, signo de elitismo. Butler reconoce que su escritura puede parecer impenetrable y que puede provocar cierta ansiedad en las personas lectoras. Considera, no obstante, que su estilo es una estrategia política que nos pone en cuestión nuestras nociones de lo que es y no es inteligible con el fin de extender los horizontes lingüísticos y epistemológicos.
Su inicial aplicación a la filosofía continental conllevó un considerable gasto de energías, en particular en la lectura de Hegel y en la de Heidegger, en cuyos complejos escritos comprobó que la dificultad del lenguaje era un camino esencial para el pensamiento filosófico. Aprendió de Hegel y de Heidegger que lo comúnmente aceptado, nuestros presupuestos asentados, es susceptible de ser modificado a través de la gramática y del estilo. El llamado «lenguaje ordinario», urdimbre básica de nuestro mundo «ordinario», es discutido en su pretensión de ser un verdadero indicador de la realidad como ella es y como tiene que ser, invitándosenos con ello a considerar cómo lo nuevo puede ser incorporado a nuestro mundo. A través de Hegel, en especial, confirmó que no podemos esperar que el lenguaje nos muestre transparentemente la verdad de lo que dice, ni tampoco que la verdad halle su fundamento fuera del lenguaje. Como también Nietzsche le enseñó, la gramática ejerce una fuerte seducción hacia la lectura en una unilateral dirección, siendo necesario un esforzado trabajo para percibir la simultaneidad de los sentidos de los enunciados y su doble direccionalidad. El uso rompedor de la gramática es una senda, pensó Butler, para la apertura del mundo. Estos fueron elementos importantes de su formación: los profundos cambios gramaticales y la quiebra del lenguaje ordinario puestos en acción por aquellos filósofos alemanes.
A ellos debe buena parte de su impulso hacia la defensa de su peculiar estilo de escritura y hacia el rechazo del supuesto deque en el ámbito del pensamiento crítico se tiene la obligación de escribir de una forma directamente accesible y dentro de las normas gramaticales aceptadas. ¿Qué significa proclamar la existencia de un lenguaje común al que nuestra responsabilidad social nos debe determinar a hablar?, se pregunta Butler. Lo denominado «sentido común», «significado accesible», «esfera pública», son ficciones, la ficción de que hay un común mundo lingüístico. La crítica que cuestiona el mundo social es dura y dolorosa porque pone en duda aquello que nos es más familiar en tanto que ha sido naturalizado. Nos dice Butler, a modo de ilustración, cómo en sus clases nunca presupone la presencia de un lenguaje común. Explicaba, en cierta ocasión, el ensayo de RousseauSobre el origen de las lenguasy, en concreto, su rechazo de la concepción onomatopéyica que supone la existencia de una realidad prelingüística, un sonido anterior al lenguaje, a la que las palabras representan de modo mimético en función de su íntima conexión con las cosas, los sonidos en este caso. En contra de esa tesis, lo que sucede es que las palabras usadas para los sonidos en los diferentes idiomas son las que nos preparan para oír el sonido de una cierta manera, de maneras distintas de acuerdo con cada lengua. Indagó en su aula, de unos ochenta estudiantes, sobre el número de lenguajes maternos hablados. Dieciséis, aproximadamente. Pidió que comunicaran en voz alta cómo sonaba el maullido del gato en cada caso. El resultado fue un conjunto fabulosamente dispar de sonidos: «mah», «mew», «eee» [2], y muchos otros, «miau» entre ellos. Esto fue una lección sobre las tesis de Rousseau y, sobre todo, una lección sobre el multilingüismo y sobre el hecho de que no hay un lenguaje que sin más entienda toda persona. Dentro de un contexto monolingüe se observa que tampoco hablamos un lenguaje estrictamente común cuando apreciamos los distintos y dispares sentidos y significados que otorgamos a la misma palabra o a un enunciado. Las palabras que hieren, pongamos por caso, no siempre logran el fin de la injuria o, a la inversa, lapalabra dicha sin intención de odio puede ser interpretada como palabra sexista o racista. Hay plurales niveles lingüísticos para cada lengua. La conveniencia de interpretar cada situación en particular no puede ser desestimada en favor de la imposición de normas e incluso leyes que nos exijan escribir y hablar de un determinado modo y no de otro.
Desde la perspectiva de su experiencia vivida en los actos concretos de escritura, nos subraya, además, cómo, en ocasiones, aquello que estaba intentando pensar no podía ser contenido por los cánones gramaticales habilitados para su lengua en esos momentos. No es que la dificultad se justifique por sí misma; se trata de que, en ciertas situaciones, atenerse a las normas lingüísticas establecidas supone un constreñimiento del pensamiento. Es este el caso de las definiciones dadas de conceptos tan importantes como los de «persona», «sujeto», «identidad de género», «sexualidad». Pero, si bien la gramática es lugar de coerción, no hay que olvidar que para Butler solo podremos tener éxito en esta tarea de apertura hacia lo nuevo si entendemos que la gramática es al mismo tiempo elemento productivo del sentido de lo que el mundo es [3].
Aunque discute las objeciones que le son enfrentadas, no por ello pretende mostrar algo así como «lo definitivo» de Butler, de una obra compuesta por múltiples y variadas identificaciones teóricas. Su pluralidad teórica y su voluntad de autocrítica ejemplifica el modo de su insurrección política que antes que conducirla a pretender liberarse a sí misma de las normas existentes y de sus correspondientes términos lingüísticos, lo que es imposible de acuerdo con la óptica de su pensamiento, la determina a recitar los términos y categorías para mostrar su configuración inestable. Reconociendo la inevitable violencia de la acción de nombrar, Butler adopta los términos dados, y que se le otorgan a ella, como «lesbiana», «mujer», «queer», a la vez que rehúsa ser definida exhaustivamente por ellos, haciendo entrar en crisis, mediante la reiteración subversiva, el poder establecido.
Es este un riesgo que Butler asume: la necesaria práctica política de citación y crítica que puede llevar a la suspensión de las seguridades ontológicas y epistemológicas pero que puede dotarnos de una mayor capacidad para el entendimiento de las diferencias. La defensa de Butler de la necesidad de poner los términos en cuestión no es, como a veces se tiende a creer, una operación negativa o destructiva en tanto que no supone el abandono de esos términos disputados sino el desalojo de su lugar metafísico para permitir que ocupen y que sirvan a otros intereses políticos, para posibilitar que puedan adquirir nuevos significados y desplazarse a contextos inusuales. Aunque la revisión crítica es aún más persistente, porque tampoco deja de ser fundamental la precaución de tener en cuenta que los términos pueden llevar consigo el rastro, la huella de su lugar anterior de modo que producen un nuevo efecto ontológico tras haber sido eliminado su alimento ontológico previo. Es como si los términos, su vida semántica, efectuaran un viaje a través del discurso en el que se prestan a adquirir nuevos significados ontológicos en direcciones no previstas de antemano. Cierto es, sin embargo, que estas hábiles precisiones no son tematizadas explícitamente por Butler desde el principio de su recorrido crítico, también, sin duda, atravesado por el devenir temporal.
La tradición filosófica en la que Butler reconoce el valor positivo del ejercicio de la crítica va desde Kant hasta Foucault, sin olvidar a la Teoría crítica, a Walter Benjamin y tampoco a Nietzsche. A este último se refiere cuando comenta en su ensayo «What Is Critique? An Essay on Foucault´s Virtue» [4], cómo la tarea de la crítica requiere del paciente y laborioso trabajo del rumiar de la vaca. La obra de Butler precisa, asimismo, de esa lenta y espaciada tarea de lectura. Imposible, al menos dudoso, acceder a la comprensión de su profundo y original pensamiento de otro modo. De ahí, por lo demás, que abunden las incorrectas o fallidas interpretaciones de su obra, por precipitadas. ¿Cómo podemos esperar una «radical accesibilidad» de una escritura que se forja reelaborando una y otra vez las preguntas difíciles que hilvanan la compleja labor del pensar y de un pensar cuyo propósito es cómo hacer posible la vida humana, cómo reconfigurar nuestro mundo social para que sean factibles otros modos de ser y de acción? La pregunta por lo humano, por cómo se define aquello que tiene el valor de lo humano en nuestras sociedades actuales, es un cuestionamiento de la violencia, de la exclusión violenta que anida en las respuestas habituales dadas a la pregunta por lo humano. En este sentido y con esta meta, la extensión y ampliación del concepto de lo humano, la obra de Butler se esfuerza por cambiar el marco de intelección mayoritario de la categoría de sujeto, en función de la cual hablamos, pensamos, vivimos. La categoría predominante de sujeto debe ser discutida, y debatida desde un lugar ética y políticamente motivado como así lo pone ante la vista todo el conjunto de la producción teórica de Butler.
En el intento de llevar a cabo una aproximación a su filosofía que dé cuenta de los núcleos principales de su discurrir así como de su articulación y desarrollo, objetivo que necesariamente no puede pretender exhaustividad, en este trabajo nos ocupamos de la mayor parte de las obras y textos que Butler ha ido construyendo desdeSubjects of Desire. Hegelian Reflections in Twentieth-Century Francehasta las más recientes comoPrecarious Life: The Powers of Mourning and Violence. En el análisis de la obra todavía más actualGiving an Account of Oneselfno nos adentramos porque de otro modo se vería comprometida, sin duda, la conclusión de este concreto y limitado ejercicio de escritura sobre una producción teórica que siendo ya extensa promete continuar ampliando su potencial creativo.
De modo general, hemos respetado en esta investigación el orden cronológico de los textos si bien, al ofrecer una exposición guiada por temas y conceptos hacia los que Butler vuelve una y otra vez, no resulta estricta esta voluntad de disposición temporal. En una primera parte, han sido atendidos los escritos precedentes a su libro aún hoy más influyente,Gender Trouble, resaltándose en ellos su dimensión de instrumentos de gestación, sin dejar de proporcionarnos, no obstante, argumentaciones sutiles y elaboradas, de las ideas más singulares de la filosofía de Butler. En segundo lugar, la reflexión sobreGender Trouble, sobre su complejidad conceptual y sobre la energía de su repercusión, en particular en el ámbito feminista teórico y práctico, nos ocupa por completo.Bodies that Matter, la difícil relación entre materialidad y discurso, entre cuerpo y lenguaje, es el eje conductor del tercer apartado de nuestro trabajo. En el cuarto, se ahonda en esta línea argumentativa que desde la noción de performatividad aborda la materia, también el cuerpo que habla, fundamentalmente a partir de la reflexión contenida enExcitable Speechsobre el lenguaje que hiere. En el último y quinto capítulo, se recogen temas pensados, vueltos a pensar —como el de la psique, la dimensión psíquica del poder, y su configuración melancólica de género— en el interior deThe Psychic Life of Power. Además, el parentesco, nuevas organizaciones de vida y de afectos con capacidad de transformación social, son cuestiones tratadas desdeAntigone´s Claimy desde trabajos contenidos enUndoing Gender; obra esta última que asimismo es importante por su reflexión sobre intersexualidad y transexualidad como marco que nos ayuda a pensar la conexión entre autonomía y sujeción y el íntimo vínculo entre libertad y no libertad.
Como en todo momento hemos tenido presente que la filosofía de Butler obtiene su originalidad en buena parte de una esforzada relectura crítica y resignificadora de las tesis aportadas por otros pensamientos, hemos querido dejar constancia de esos materiales teóricos que en algún sentido impulsan sus propias y brillantes conceptualizaciones. En lo que puede ser considerado como el epílogo del trabajo, «Pensamiento en proceso», se subraya, brevemente pero con convicción, la lucidez de su análisis, que discurre por las páginas también de su libroPrecarious Life: The Powers of Mourning and Violence, sobre la precariedad de la vida; de una vida que en esa crucial dimensión de la vulnerabilidad de lo humano halla su capacidad para la acción.
[1] Cfr.CHS. Se trata de una entrevista que en el año 2000 realizaron a Butler Gary A. Olson y Lynn Worshm.
[2]CHS, p. 330.
[3]CHS, p. 328.
[4]WC.
¿Qué es el sujeto, quién es un sujeto, qué es una vida? Esta es una presencia fundamental y continua en sus textos que debe ser destacada desde el primer momento: el íntimo entrelazamiento entre el ámbito de la teoría y el ámbito de la práctica vital. Pensar el sujeto es una cuestión teórica pero es al mismo tiempo una reflexión que afecta a la vida, al modo y a la posibilidad misma de vida de los humanos.
Aunque el sujeto ha sido tema de abundantes discursos teóricos y filosóficos a lo largo del devenir del pensamiento occidental, Butler teoriza al sujeto como opaco y desconocido para nosotros mismos en tanto que no es autoidéntico. Es contingente, incoherente y dependiente del reconocimiento otorgado por los otros. La pregunta por el sujeto es en Butler una invitación a la apertura hacia el otro pero siempre considerando que del otro no debemos esperar una respuesta concluyente sino más cuestionamientos, más preguntas. Un absoluto conocimiento del otro, tampoco de nosotros mismos, no es posible. El viaje que emprende Butler no persigue la meta del conocimiento absoluto que una obra como laFenomenología del espíritude Hegel nos describe. La revisión que ella realiza de la escena hegeliana del deseo y del reconocimiento de sí a través de la superación de las diferencias afirma la permanente y necesariainsatisfacción de ese deseo de reconocimiento o autoconocimiento porque es preciso dejar vivir al otro en su alteridad comprendiendo que la noción de yo coherente e idéntico se quiebra por las diferencias que el propio yo acoge. La importancia de la dialéctica es defendida por Butler pero con la matización de que la suya es una dialéctica sin conclusión, sin síntesis o resolución final. Una dialéctica como proceso sin origen y sin final es visible tanto en el pensamiento como en la estrategia textual de Butler cuando sus preguntas críticas constantes quedan intencionadamente huérfanas de respuestas. El pensamiento crítico usa ese instrumento, que hace incómoda y difícil la lectura, sin duda, como una vía de subversión, como medio de transgresión de la familiaridad de nuestro mundo.
Hegel es una de las influencias filosóficas apreciables en la obra de Butler, permitiéndole abrir el campo de una serie de interrogantes que no ha cesado de plantear y de formularse a sí misma, aun no siendo inmediatamente evidente en una rápida revisión de su pensamiento posterior. Ella inicia su aproximación hacia la categoría de sujeto en su libro dedicado al filósofo alemán, su primer libro,Subjects of Desire. Hegelian Reflections in Twentieth-Century France[1]. En el prefacio a su segunda edición, en 1999, se nos ofrecen unas muy interesantes observaciones al respecto tanto de su texto sobre Hegel como sobre el contexto de su formación intelectual.
Su entrenamiento académico como estudiante en la Universidad de Yale (en New Haven, Connecticut), a finales de los años setenta y a comienzo de los ochenta, la inició en el conocimiento de destacados pensadores europeos: Marx, Heidegger, Kierkegaard, Merleau-Ponty, y en los autores de la Escuela de Frankfurt. El trabajo con Seyla Benhabib, con quiencompartía su interés por la filosofía alemana, influyó asimismo, en aquella época estudiantil, en su pensamiento [2]. Hegel fue objeto principal de su instrucción recibida también en la Universidad de Heidelberg donde fue admitida como becaria Fulbright (en 1979-1980). Escribió, entonces, en particular sobre el concepto de deseo y en relación con la obraFenomenología del espíritu, ocupándose, además, de su recepción por parte de la filosofía francesa del sigloXX. Sin embargo, en aquel trabajo que fue de Tesis Doctoral, y a pesar de que tampoco el pensamiento postestructuralista le era del todo desconocido, Derrida y Paul de Man [3] en especial, se vio condicionada por el juicio de su director, el fenomenólogo Maurice Natanson, para quien la filosofía francesa alcanzaba su mayor desarrollo en la obra de Sartre y de Merleau-Ponty. Ese fue el motivo por el que los capítulos finales del libro,Subjects of Desire, sobre Lacan, Deleuze y Foucault, no formaran parte de su trabajo presentado como Tesis Doctoral donde se centraba en la filosofía francesa de los años treinta y cuarenta.
Se acercó a la obra de Foucault en el contexto de un seminario de Estudios de Mujeres y fue después de dejar Yale, y en la Universidad de Wesleyan (en Middletown, Connecticut), donde permaneció entre 1983 y 1986, cuando se introdujo en la teoría francesa a la que anteriormente se resistía. Revisó su estudio sobre Hegel y publicó la obra tal y como ahora la conocemos. Por su parte, la antropóloga feminista Gayle Rubin, insatisfecha con las tesis del feminismo de los últimos años de la década del setenta relativas al sexo, a la sexualidad y a la diferencia sexual, demasiado rígidas y apegadas al marco del determinismo biológico, encontró en los planteamientos de Foucault útiles instrumentos para sus propios análisis atentos a la fundamentalidad del ámbito de lo social e histórico. Butler, como así nos lo recuerda con emoción [4], leyó laHistoria de la sexualidadde Foucault bajo el influjo de Rubin. Foucault se irá mostrando en lo sucesivo como uno de los autores que más ha contribuido con sus peculiares puntos de vista al despliegue de las innovadoras formulaciones de Butler.
EnSubjects of Desire, sin embargo, solo en los últimos capítulos añadidos para la publicación del libro se aprecia el inicio del movimiento teórico que Butler efectuó con todo rigor en la escritura de su obra de 1990,Gender Trouble. De ahí que en el prólogo de 1999 para la reedición de su texto sobre Hegel, explicite que aquella fue una obra de juventud, escrita demasiado pronto, que se debe leer teniendo en cuenta las mencionadas reservas.
El deseo como asunto filosófico es el motivo central de interés de la obra de Butler. La filosofía occidental ha mostrado la mayor parte de las veces un escepticismo hacia el aprovechamiento filosófico del tratamiento teórico del deseo. En general, el deseo ha sido representado como lo otro de la filosofía [5], en cuanto arbitrario, inmediato, animal, irracional. En su tendencia hacia el conocimiento, la filosofía, en su autoproclamadapureza, no ha creído necesitar ni al mundo ni al deseo que es impulso hacia el mundo y su conocimiento. Pero como la filosofía, según Butler, no puede renunciar del todo al deseo, ha formulado estrategias para someterlo y controlarlo. La negación del deseo es una de estas operaciones realizadas por la filosofía que «desea hacer algo con el deseo» [6].
Cuando la filosofía no se plantea estar más allá del deseo sino ser cauce racional de su domesticación, cuando pretende armonizar razón y deseo, entonces se ofrece como la promesa del final del desequilibrio psíquico entre razón y deseo. El deseo, desprovisto de su interpretación naturalista como mero dato físico y dotado de significaciones filosóficas, puede ser entendido como potencia movilizadora del afán de conocimiento que guía a la filosofía. Así, el deseo adquiere nuevo sentido y la razón extiende sus habituales límites que la constriñen al ámbito de la racionalidad pensativa. En nuestra experiencia del deseo estamos ya interpretando el mundo, hacemos entrar en juego nociones filosóficas, nuestra existencia como seres filosóficos. Esta es una posibilidad para integrar el deseo en la filosofía. Sin embargo, Butler quiere pensar más ampliamente hasta qué punto el deseo y la razón pueden hermanarse, en qué medida el deseo no supone siempre una ruptura del proyecto filosófico. ¿No será que la filosofía fabrica un deseo a su imagen? [7]. Ante todo, lo que es preciso tener en cuenta, para no precipitar respuestas prematuras, falseadas, es que los términos, las palabras «filosofía» y «deseo» no tienen un único significado. Los términos tienen una historia, aparecen y se usan en concretos contextos temporales y teóricos. De ahí que, la pregunta sea para Butler una pregunta sobre las circunstancias particulares que determinaron al deseo como asunto filosófico; de qué modo el deseo devino en una cuestión filosófica; cómo el deseo humano se convirtió en un problema del pensamiento filosófico.
En el sigloXXfrancés, y este es el contexto puntual al que atiende la investigación butleriana, en los años treinta, la preocupación filosófica por el deseo comenzó con Alexandre Kojève y su interpretación del lugar metafísico y de la eficacia moral del concepto de sujeto de Hegel [8]. La narrativa hegeliana de un sujeto que emprende un camino dialéctico que lo lleva hacia fuera de sí para retornar a sí con seguridad y autosuficiencia es la que inaugura la recepción y reiterpretación del pensamiento de Hegel en Francia. Tanto Kojève como Hyppolite como Sartre contribuyeron de manera importante a la preeminencia que tuvo la filosofía de Hegel en la Francia de la postguerra. Ellos se plantearon la viabilidad y la vigencia del ideal hegeliano en un contexto histórico contemporáneo que es el de la ruptura metafísica. Y para el sujeto metafísico hegeliano, el deseo es fundamental porque el deseo nombra su esforzado empeño por superar las diferencias externas para llegar a ser un sujeto autosuficiente, consciente de que las diferencias no son más que momentos inmanentes de su subjetividad misma. La noción de deseo, por tanto, es lo que permite en el sigloXXfrancés la vuelta a Hegel y a su consideración del sujeto autónomo.
No es Hegel, obviamente, el primero en concebir un sujeto fundado metafísicamente. Hegel representa, para Butler, la última etapa en la genealogía del sujeto metafísico de la modernidad. Y representa algo más. La empresa hegeliana de laFenomenología del espíritu, junto con el dibujo de un deseo filosóficamente armonizado, deja el rastro de la quiebra de la integración metafísica del yo. Allí se puede leer, así lo hace Butler, cómo el deseo entendido como instancia humana de la razón dialéctica pone en peligro la meta dialéctica, la intimidad ontológica del sujeto con el mundo. El deseo en cuanto anhelo de identidad, es un modo interrogativo de ser, de cuestionamiento corporal, que hace estallar la identidad como problema. Esto se propone investigar Butler.
Advierte Butler, en este sentido, que su libro es sobre todo una investigación crítica sobre la relación repetidamente figurada entre deseo y reconocimiento, antes que una reflexión comprensiva y explicativa del hegelianismo francés o que un estudio de historia del pensamiento. Razón por la cual, enSubjects of Desireno se incluye un capítulo sobre Georges Bataille, no se considera la influencia de laLógicade Hegel, especialmente relevante en Jean Hyppolite, o no se trabaja sobre el importante capítulo de laFenomenología del espíritu, «Libertad de la autoconciencia; estoicismo, escepticismo y la conciencia desventurada» [9], cuya apropiación y certera interpretación por parte de Jean Wahl [10] supone, a juicio de Butler, la primera gran obra sobre Hegel en el transcurso de su recepción en el sigloXXfrancés.
El primer prefacio de la obra afirma que el sujeto de deseo hegeliano se muestra como un sujeto cuyo deseo es conocerse a sí mismo pero a través del encuentro, en los propios confines de su yo, del munto externo. Es así que su deseo es descubrir el dominio completo de la alteridad como reflejo de su sí mismo en una dirección en la que intensifica y aumenta, externalizando, las fronteras de su yo. El sujeto, bajo el motor de su deseo, inicia un proceso, una especie de viaje, de conocimiento y autoconocimiento, cada vez más incrementado, mediante un mecanismo interrogativo dirigido hacia el otro, la alteridad, lo que a la vez es una búsqueda del sí mismo, del yo, de la identidad. Son dos las modulaciones del deseo que se pueden observar en laFenomenología del espíritu: el deseo por algo otro y el deseo vuelto sobre sí mismo; el primero conduce a la pérdida del yo y el segundo a la pérdida del mundo. Esto implica que el sujeto, que necesita la mediación del otro pero con la meta de la autoconciencia, procederá a la anulación del otro en favor de su sí mismo.
El proceso de autoconciencia parece conllevar un impulso de negación destructiva pero sobre todo se trata de consumir,de absorber al otro dentro de sí según una lógica dialéctica de superación (Aufhebung) que dice cancelar y preservar al otro en el sí mismo. Esta complicada lógica será analizada por Butler a través del apartado «Señorío y servidumbre», donde se contiene el conocido episodio deel amo y el esclavo. De ahí se desprende la idea de que el otro que el yo tiene que superar para llegar al autoconocimiento es una parte de sí mismo. La confrontación entre el amo y el esclavo, como lucha entre dos yoes opuestos, es en realidad la confrontación de una conciencia escindida, dividida entre una conciencia independiente cuya naturaleza es ser para sí, y una conciencia dependiente cuya vida es ser para otro. Pero el amo, conciencia independiente, necesita al otro para confirmar su yo independiente y lo que precisa es destruir al otro y a su trabajo. El otro, el siervo, trabaja incesantemente y así es como alcanza ser para sí porque se reconoce a sí mismo en el objeto que ha producido con su trabajo. Butler considera que esta es una lucha hacia la muerte. La muerte del otro dará la autonomía al yo. Sin embargo, esta alteridad, que el yo debe destruir para lograr su autoconciencia, forma parte del yo mismo. El yo debe destruirse a sí mismo repetidamente para obtener el conocimiento de sí. El yo y el otro están mutuamente implicados el uno en el otro en orden a llegar a ser. Entonces, si ello es así, si el yo y el otro se autorizan el uno al otro, el deseo no es puramente un deseo que consume, como pareciera en primera instancia, sino que el deseo sostiene una suerte de ambiguo intercambio de dos autoconciencias dadoras una a la otra de autonomía, independencia, y alienación, otredad [11].
Este encuentro entre vida y muerte, descrito por Butler, propicia el reverso de las posiciones iniciales de los sujetos. El deseo del amo es un deseo de vida, de que no muera su deseo. Es un deseo por el reconocimiento a través de la otra autoconciencia. El deseo de vida del siervo, deseo por el trabajo, es deseo por transformar el mundo mediante su incorporación a sí. El primero se instruye en el conocimiento; el segundo obtiene independencia y libertad. Butler resalta la importancia de los dos deseos, el de reconocimiento y el de la autonomía, que otorga el trabajo, ya que esto conduce a pensar la conexión entre subjetividad, trabajo y comunidad. Solo en comunidad, esta es la cuestión principal, se logra la identidad. La comunidad, no únicamente el trabajo, es el espacio del reconocimiento recíproco, el lugar habilitado para que la mirada del otro dé confirmación a nuestro yo. Por lo tanto, Butler encuentra en laFenomenología del espírituno exclusivamente las presuposiciones ontológicas de un sujeto que persigue reflexivamente la identidad. Halla un sujeto cuyo deseo necesita del otro para su cumplimiento y para su propia configuración como ser intersubjetivo. En su búsqueda de autoconocimiento a través del otro, el sujeto se descubre a sí como ser dependiente y como siendo su dependencia el atributo fundamental de su yo. Este sujeto sigue siendo un sujeto deseante pero en el marco de una situación histórica concreta y de una comunidad dada [12].
El sujeto de deseo se constituye, como decíamos, en un tema de crítica y reformulación por parte de su recepción francesa para la que resulta ilusoria la síntesis final del ideal de una estática identificación de substancia y sujeto, y tanto si este ideal es propio de Hegel como si se le atribuye falsamente. Esto es lo que lee Butler en la generación de filósofos que constituye materia de su análisis: cómo en sus revisiones del planteamiento hegeliano, el sujeto, que al modo de un tenaz héroe se encamina, en lucha contra sus adversarios, hacia la conquista del pleno conocimiento de la identidad sin fisuras, se va progresivamente desintegrando. Kojève e Hyppolite se plantean si la satisfacción del deseo, entendida como el logro de una autonomía moral y metafísica, es una muerte en vida o, por el contrario, la apertura de la vida, o si, en todo caso, la satisfacción del deseo es finalmente deseable. Para ellos, el sujeto humano es un llegar a ser internamente no idéntico. Jean-Paul Sartre rompecon la pretensión hegeliana de unidad entre el sujeto de deseo y su mundo mediante su apuesta ontológica dualista que, no obstante, muestra una nostalgia del sujeto autoidéntico al tiempo que formula una versión del deseo como inútil esfuerzo metafísico. Estos tres filósofos, Kojéve, Hyppolite y Sartre, son incluidos por Butler en lo que ella considera el primer momento de la historia del hegelianismo en la Francia del sigloXX, momento en el que el sujeto se especifica en términos de «finitud, límites corporales y temporalidad» [13].
Lacan, Deleuze y Foucault cuestionan al sujeto hegeliano en tanto que constructo imaginario y consideran que el deseo viene a significar la imposibilidad de la coherencia del sujeto. Ellos, y también Derrida, representan el segundo momento de la historia butleriana del hegelianismo. Para Lacan el sujeto está escindido; el deseo no implica autonomía sino que se relaciona con la ley represiva, con la inevitabilidad de la insatisfacción. Deleuze, influido por Nietzsche y por su concepto de «voluntad de poder», entiende el deseo, antes que como falta, como exceso y plenitud. Foucault defiende con firmeza que el deseo es un producto histórico así como el sujeto es un sujetosujetado. Uno y otro, Deleuze y Foucault, consideran, a juicio de Butler, que el sujeto deseante de Hegel ejemplifica la moral de esclavos tematizada por Nietzsche y su dependencia del principio de identidad; ellos nombran la muerte del sujeto hegeliano. De Derrida, Butler aprovecha algunas de sus aportaciones de crítica a la «metafísica de la presencia», también su sugerencia de que tanto los filófosos que aceptan la promesa metafísica como los que hablan del fallo final de tal promesa permanecen aún bajo el hechizo del pensamiento de la autoidentidad. Derrida tematiza al sujeto bajo el concepto de «desplazamiento» [14].
La crítica francesa denuncia, en general, el anhelo totalizante del sujeto de deseo hegeliano. Sin embargo, Butler nosrecomienda una lectura más atenta y penetrante de laFenomenología del espíritu. Entonces, se nos revelará cómo su autor fue un «artista irónico» [15] que edifica su concepto de una manera menos totalizante de lo que él mismo presume. A la vez, las lecturas críticas francesas que dicen haber invalidado en sus análisis al sujeto de deseo, ofrecen, para Butler, más bien una reconsolidación de su posición. La persistencia de la figura del sujeto deseante, trazada por Hegel, perseguida por Kojève e Hyppolite, idealizada por Sartre y Lacan y reducida a concepto ficcional en Deleuze y Foucault, indica su alto grado de influencia en las teorías contemporáneas, incluso en las que no dudan en proclamar la «muerte» del sujeto de deseo, en donde su reemergencia es aún más provocativa [16]: así concluye el primer prólogo deSubjects of Desire.
La sospecha lanzada sobre el, mayoritariamente afirmado, dogmatismo del pensamiento de Hegel, es recuperada en el segundo prólogo escrito por Butler y reforzada ahora con la ayuda de interpretaciones más recientes debidas a autores como Gérard Lebrun [17], Jean-Luc Nancy [18] o PierreMacheray [19]. Fue dentro del contexto francés donde el pensamiento de Hegel fue denunciado en tanto que totalizante y teleológico y en cuanto que daba vida a un sujeto imperialista, mas también dentro de ese ámbito es donde se han producido importantes cuestionamientos de esos mismos calificativos. Las llamadas posiciones posthegelianas no son fácilmente distinguibles del texto de Hegel cuando este es sometido a lecturas más apropiadas.
Algunas otras sugerencias de lecturas aportadas por Butler como obras que ahora no podría dejar de tratar en el caso de emprender la tarea de revisar su texto primerizo, se refieren especialmente a contribuciones de Jacques Derrida, cuyo pensamiento no aprovechó entonces suficientemente, y de Luce Irigaray, autores ambos con abundante presencia en el pensamiento butleriano posterior. No obstante, que Butler muestre estas reservas hacia su obra no debe entenderse en un sentido equivocado. No indican el abandono absoluto de Hegel tras la reelaboración de su trabajo de Tesis Doctoral.
Su reflexión sobre el sujeto hegeliano continuó en su ensayo de 1995 «Stubborn Attachment, Bodily Subjection: Rereading Hegel on the Unhappy Consciousness», que más tarde fue incluido como capítulo en la obraThe Psychic Life of Power[20]. Quiso mostrar ahí que el apartadoSeñorío y servidumbreofrece un desenlace no observado por quienes subrayan su conclusión emancipatoria. Se trata de que Hegel apunta una configuración del sujeto en la que la sujeción deviene realidad psíquica, en la que la opresión adquiere un significado psíquico. Butler sugiere con ello que comienza en Hegel una explicación del poder como realidad psíquica, cercana a posturas como las de Nietzsche y Freud [21].
En otro de sus libros posteriores,Antigone´s Claim. Kinship Between Life and Death[22], el tratamiento hegeliano de la figura de Antígona será críticamente revisado. Hegel le ayuda a plantear la cuestión política tanto de las limitaciones impuestas a la subjetividad como del sujeto en cuanto punto de arranque de la política. Hegel es importante aquí porque su sujeto desplaza una movilidad crítica provechosa. Es un sujeto que se encuentra a sí mismo fuera de sí mismo y que estas extensiones suyas no le permiten retornar al yo anterior. Este yo que viene fuera de sí como condición de su existencia es un yo para quien es posible no volver a sí, para quien no hay un final tras la pérdida de sí. Por lo tanto, tampoco la noción hegeliana de diferencia es bien entendida, por parte de sus críticos, porque ella no permite ser pensada como integrada dentro de la identidad. El momento nombrado como de resolución de la diferencia no se puede distinguir del momento de su dispersión. El deseo de este sujeto es así la acción de su permanente desplazamiento. Hegel, nos proporciona, para Butler, la definición de un sujeto «en desplazamiento», sin resolución última [23].
En un sentido, afirma Butler, «toda mi obra permanece dentro de la órbita de un cierto conjunto de cuestiones hegelianas: ¿cuál es la relación entre deseo y reconocimiento, y cómo se vincula la constitución del sujeto con una radical y constitutiva relación con la alteridad?» [24]. La pregunta por el sujeto, por los mecanismos, plurales y complejos, a través de los cuales el sujeto es configurado, la pregunta por la posibilidad de la formación de una noción de identidad sin que ello implique laanulación del otro, la otra, los otros, la pregunta por el poder y por un poder que permita la potencia necesaria para la acción, son interrogantes replanteados constantemente, en efecto, a lo largo de su pensamiento. Hegel no serálamayor influencia visible en su discurso, porque su texto está compuesto por un complejo atravesamiento de teorías diversas; entre ellas, la de Hegel, ocupa el lugar del arranque de su inquietud por el pensamiento problematizador.
Asimismo, este también es el lugar donde se nos otorgan algunas de las primeras anotaciones de Butler relativas a su interés por el género [25]. En las páginas finales de su libro, Butler introduce breves referencias a la teoría de Julia Kristeva a modo de aproximación a una lectura del sujeto hegeliano desde un enfoque de género. Aunque el desarrollo del análisis de Butler sobre Hegel no se enmarca dentro de los estudios de género, muestra, no obstante, cierta sensibilidad feminista ya cuando al principio de su texto nos advierte del porqué de su uso del masculino («he») [26] para designar al personaje de la narración hegeliana: no porque laFenomenologíanos lo presente con un género reconocible, tampoco porque ella identifique el universal con el masculino, sino porque quiere hacer notar la dificultad de la gramática a este respecto.
En la conclusión de su obra su mirada feminista se agudiza. Ella se pregunta sobre qué género podría tener el individuo deseante del sujeto hegeliano de deseo, y se pregunta por cómo la oposición dialéctica sería susceptible de ser caracterizada desde el ámbito de la relación binaria entre los sexos [27]. Es cuando dialoga con Kristeva como lectora francesa preocupada por interpretar a Hegel desde el ángulo del cuerpo y del género. En suRevolution in Poetic Language[28], Kristeva criticaal sujeto hegeliano haber omitido la materialidad del cuerpo y haber negado los orígenes afectivos de la vida. El deseo, como apropiación racional de los impulsos, es en Hegel, para Kristeva, una resistencia logocéntrica al cuerpo. Ese sujeto que asume tal deseo muestra ser una figura asentada en el descarnado entramado competitivo de la sociedad capitalista, una figura racionalista, disociada del cuerpo, de personalidad paranoica que mantiene relaciones hostiles con el otro.
El camino elegido por Kristeva para quebrar la estructura monádica del sujeto es retornar al cuerpo entendido como un singular ente, como un conjunto dispar de impulsos y necesidades. Ella considera que es posible esta vuelta al lugar de lo heterogéneo a través del lenguaje poético cuyo ritmo y sonido, y su pluralidad semántica, remiten a la relación infantil con el cuerpo de la madre. Ese ámbito, que tiene su propio conjunto de significados y de significados no equivalentes a los formulados por las teorías lingüísticas, es denominado por Kristeva «lo semiótico». Para Butler lo semiótico remite a «los aspectos somáticos del lenguaje», al «trabajo de los impulsos irreductiblemente heterogéneos» [29]. La función simbólica del lenguaje requiere para Kristeva, como había dicho Lacan, la internalización del tabú del incesto porque es esa prohibición la que hace posible el tránsito de lo semiótico a lo simbólico. El lenguaje poético puede girarse hacia lo semiótico pero es solo dentro del lenguaje simbólico donde puede darse la expresión comunicativa propia del sistema cultural. Por tanto, podría ser que la recuperación de lo semiótico provocara una situación de psicosis. No obstante, Kristeva sostiene que las mujeres tienen una conexión con lo semiótico distinta a la de los hombres, porque ellas, como dice el psicoanálisis, requieren de una identificación con la madre para su desarrollo sexual. De acuerdo también con Lacan, Kristeva mantiene que lo simbólico, en cuanto ley del Falo, supone una negación de la dependencia del cuerpo de la madre y un repudio de la feminidad, así que el sujeto que instala lo simbólico se ve separado de su propio cuerpo y logra su unidad mediante la negación de sus impulsos. Esta negación impuesta por la ley represiva con el fin de la emergencia del sujeto, es renominada con el términodeseo.
Matiza Butler que aunque Beauvoir, de manera semejante, ya había considerado el dominio masculino de la categoría de sujeto, el fin de Kristeva no es el de la igualdad pretendida por Beauvoir. Kristeva quiere criticar al sujeto a partir de un poner en evidencia sus orígenes psicosomáticos. Con todo, Butler no encuentra en Kristeva una desviación importante del programa hegeliano, porque no desplaza el discurso sobre el deseo y sobre el sujeto hacia un anterior análisis sobre los cuerpos a partir de los cuales se organizan los deseos. En este sentido, Butler halla similitud entre los procedimientos de Kristeva y de Foucault. Kristeva se representa el mecanismo represivo del tabú del incesto, que introduce la naturaleza transformada en la historia, como un esquema históricamente invariable, como verdad de la cultura occidental. Desde Foucault se podría requerir un examen de los cuerpos, de la historia de los cuerpos, de las condiciones concretas que producen sus significados, pero, y aunque su visión es más sensible al devenir histórico y más crítica con el psicoanálisis, no deja de coincidir con Kristeva en que los sujetos se construyen mediante la negación del cuerpo y de sus impulsos heterogéneos.
Foucault tampoco realiza la necesaria operación de análisis de los cuerpos que Butler defiende a partir de las sugerencias halladas, sin embargo, en sus reflexiones. En laHistoria de la sexualidad[30] y en su presentación al diario deHerculine Barbin[31], Foucault recurre a la categoría de sexo para someterla a un fuerte cuestionamiento como un producto de los discursos sobre la sexualidad. Hay que hacer notar a este respecto que aquí Butler menciona conjuntamente ambos textos de Foucault sin establecer las pertinentes anotaciones sobre ciertas diferencias de planteamientos en uno y en otro que Butler sí observará con ocasión de revisiones posteriores (de ello daremos cuenta más adelante). La cuestión es ahora, para Butler, que Foucault en estos ensayos no está directamente interesado en los requerimientos feministas sino particularmente en el trabajo de los discursos reguladores sobre la sexualidad. Es esa acción reguladora la que crea la categoría de sexo. Y cuando Foucault alude a la resistencia a las formas represivamente impuestas de sexualidad, entonces, subraya Butler, señala no hacia el deseo, que ha sido históricamente producido como el lugar de laverdadde nuestro ser, sino hacia el cuerpo y sus placeres.
Recogiendo estas ideas, Butler afirma su tesis de que una historia de los cuerpos que discuta al sujeto de deseo podría ser el camino para la definitiva clausura del sujeto hegeliano [32]. Foucault, observa críticamente Butler, no lleva a cabo investigaciones concretas sobre los cuerpos en sus circunstancias particulares. Sus diferentes alusiones al cuerpo, en ocasiones usando un vocabulario naturalista, parecen, por otra parte, situarlo como lugar único invariable, en alguna medida romantizado, sobre el que se desarrolla el conflicto de fuerzas y de valores del juego histórico de la dominación. Foucault expone una única historia en la que la cultura, sus mecanismos reguladores, es siempre una presión negativa sobre el cuerpo, sujeción del cuerpo.
Más que concebir el cuerpo como superficie sobre la que se inscriben los acontecimientos, como hace Foucault, y entender toda cultura como negación del cuerpo, Butler recomienda orientar la mirada hacia los cuerpos en sus particulares contextos sociales; entonces, la noción de «inscripción» podrámostrarse como una noción de mayor complejidad de lo que indica el texto de Foucault; entonces, podremos preguntar al cuerpo por sus conexiones con las relaciones de género, por sus vínculos con las diferencias de raza y de etnia, por su modo de significar posiciones sociales y luchas culturales, por cómo su interrelación con otros cuerpos históricamente específicos nos alumbra el entendimiento del deseo. Butler tampoco realiza aquí, en su libro sobre Hegel, esta historia de los cuerpos que echa de menos en Foucault, pero al reclamar la importancia de tal investigación anticipa la línea de sus futuros estudios. En adelante su pensamiento se hará progresivamente más fuerte en la lúcida disección de conceptos como sujeto, sexo, género, cuerpo.
Con anterioridad a la publicación, en 1990, del libroGender Trouble, probablemente aún el más conocido y el que más reconocimiento internacional le ha proporcionado, Butler escribió una serie de textos en los que mostrándose con claridad su movimiento teórico hacia la centralidad de la reflexión sobre el género anticipa ideas que luego serán más por extenso desarrolladas. Simone de Beauvoir, y en particular su obraEl segundo sexo, es la autora a la que dedica varios de estos escritos. El impacto de este estudio de la filósofa francesa, editado en 1949 y traducido al inglés en 1952, fue de gran relevancia en el contexto norteamericano de la segunda ola feminista iniciada hacia los años sesenta. Indiscutiblemente, la fuerza de esta influencia no ha cesado todavía de dar sus frutos. No extraña que Butler no solo pero también en Beauvoir haya encontrado un entramado de pensamiento desde el que reorganizar su propia teoría sobre el género. Porque, como ha explicitado Donna Haraway, «a pesar de sus importantes diferencias, todos los significados feministas modernos de género parten deSimone de Beauvoir y de su afirmación de que “una no nace mujer”» [33].
En dilucidar los sentidos de esa sentencia, «No se nace mujer: llega una a serlo» [34], tanto los evidentes como sobre todos los significados implícitos, contenidos, o al menos sugeridos, pero no formulados, ocupa Butler buena parte de sus análisis sobre Beauvoir. Con ello se observa, por otra parte, que prevalece la afición de Butler por el quehacer filosófico en su dimensión de crítica intelectual, aguda en desentrañar, yendo más allá de lo obvio, la red de posibilidades de lecturas que abren los textos. «Sex and Gender in Beauvoir’sSecond Sex» [35], fue publicado en 1986; «Variations on Sex and Gender: Beauvoir, Wittig, Foucault» [36], también en 1986; «Gendering the Body: Beauvoir´s Philosophical Contribution» [37], en 1989. Además, en «Performative Acts and Gender Constitution: An Essay in Phenomenology and Feminist Theory» [38], de 1988 en su primera versión, Beauvoir está presente de modo destacado. Y en «Sexual Ideology and Phenomenological Description. A Feminist Critique of Merleau-Ponty´sPhenomenology of Perception» [39], escrito en 1981 y publicado por primera vez en 1989, las referencias a Beauvoir [40] son puntuales.
En la aparentemente sencilla exclamación de Beauvoir, Butler detecta variados y significativos matices dignos de ser sometidos a intensa reflexión. Aunque directamente ni se nombra al sexo ni al género, ahí se formula, según Butler, la distinción entre uno y otro. El que el ser mujer no sea un asunto de nacimiento, sino un proceso dellegar a ser, es el punto clave para comprender que si hay algo naturalmente dado es el sexo mientras que el género, lo que finalmente nos hace mujer u hombre, es un conjunto de apreciaciones de sentido instauradas histórica y culturalmente. Por lo tanto, lo anatómico, lo biológico, no es lo determinante para la mujer o para el hombre. Es la interpretación cultural de esos rasgos físicos lo que establece los géneros, la separación de géneros y sus respectivos lugares en lasociedad. Los valores o disvalores adscritos a las mujeres no son pues naturales, no dependen directamente de su dotación física. De otro modo, el hecho de ser mujer no estaría necesitado de ningún movimiento delllegar a ser;ser mujer sería algo inmediato, directo, inmutable. Pero, además, de ello también se desprende que si el género es un constructo cultural, entonces no hay tampoco un modo natural, correcto, verdadero, de asumir un género. Los comportamientos de género no se hallan dotados del valor de la verdad. Ser mujer no remite a algo natural, ni en cuanto al sexo, porque no somos mujeres desde el principio, ni por lo que se refiere al género, porque los significados culturales son artificios temporales. La categoría «mujer» es, por consiguiente, problemática. La radical problematización de las usuales categorías del feminismo que conducen persistentemente el pensamiento de Butler encuentra en Beauvoir una de sus fecundas motivaciones.
No solo el sexo y el género se separan distintivamente en la lectura de Butler, rompiéndose su tradicional conexión causal y la focalización en lo biológico de la subordinación de la mujer; observa ella asimismo la indeterminación beauvoriana de la relación entre sexo y género. Beauvoir no lo dice directamente, pero se podría deducir de lo que sí dice —tal es la estrategia interpretativa de Butler— que un cuerpo de hombre, por ejemplo, llegara a adquirir el género «mujer», ya que, como comentamos, no se es mujer desde la cuna. Aplicando la distinción consistentemente, no hay razón que impida pensar en una rotunda separación entre los géneros y los cuerposnaturalesque, si bien son los lugares de organización de los géneros, no los sostienen mediante lazos de rango ontológico. Tener un cuerpo que identificamos como de sexo mujer y «ser», llegar a ser, mujer, son modos distintos de ser. Para la teoría que Butler comienza a configurar esta es una importante contribución que le aporta la obra de Beauvoir; es secundario, en tanto que no es lo esencial si nuestro interés se centra en Butler, que dicha tesis no se pueda leer como tal en Beauvoir.
Elllegar a seres ocasión en Butler para plantear otro conjunto de complicaciones teóricas. El marco filosófico existencialista en el que se encuadra Beauvoir la dirige hacia la inclusión de los conceptos de «elección» y de «proyecto» en el proceso de llegar a ser un género. La adquisición de un género sostiene una ambigüedad. Parece que se trate de un asunto de elección voluntaria al tiempo que de una determinación cultural. Si el género está elegido, entonces no queda claro cómo el género es una construcción cultural que recibimos. O nos convertimos en mujeres, y por lo tanto en individuos subordinados, por voluntad propia, o se nos obliga a ser mujeres, a estar sometidas al opresor, sin poder orquestar nuestra liberación. Nos construimos como mujeres o somos construidas como mujeres. Surge el debate entre voluntarismo y determinismo que ha atravesado —y sigue haciéndolo— el desarrollo de la teoría feminista. Se trata de un conflicto entre posiciones que se interpretan, en primera instancia, como enfrentadas, antagónicas y sin resolución, y que ha repercutido directamente en algunas de las lecturas hechas de la obra de Butler, particularmente a partir deGender Trouble. Por eso, es importante que, aunque no sea pertinente desarrollar el mencionado debate en este momento en toda su extensión, nos detengamos en la argumentación puntual aportada por Butler en relación con Beauvoir.
«Género se convierte en el locus corpóreo de significados culturales tanto recibidos como innovados. Y en este contexto la «elección» pasa a significar un proceso corpóreo de interpretación dentro de una red de normas culturales profundamente establecida» [41]: esto escribe Butler a propósito de Beauvoir. Elegir un género es así la operación de investir el cuerpo con una serie de posibilidades que se adoptan, recreándolas, de entre las que la cultura en la que habitamos nos proporciona. Es una especie de estilo corporal que a la vez se asume y se decide llevar a cabo. Pero esto requiere de mayores precisiones. No en vano, Butler afirma, de modo muy expresivo, que la idea de que elegimos nuestro género nos enfrenta con «un rompecabezas ontológico» («an ontological puzzle») [42]. En estemomento, no pretenderá tanto, Butler, resolver este rompecabezas cuanto mostrar sus piezas constituyentes, lo que es una vía para resaltar la problematicidad del género.
