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Ramo de coplas y caminos es una introducción sentimental al cante, un mapa con indicaciones llanas para todos los que quieren acercarse al flamenco, sean cuales sean sus orígenes, alforjas y motivos. Mezcla de manual didáctico, poemario flamenco y diario personal, en el libro abundan detalles sobre los diferentes palos, apuntes históricos y sociológicos, personajes insignes, audiciones recomendadas, rutas bibliográficas, rivalidades, leyendas, buques mercantes, pueblos migrantes, tabernas. Absorbido por la cultura del entretenimiento y desligado del sustrato vital que lo vio nacer, el flamenco pelea por seguir revelando un conocimiento que aún alimenta los rescoldos del pueblo andalusí. Las claves culturales que aquí se dan, pues, facilitan tanto el disfrute contemplativo como el desvío por veredas existenciales. Por eso el Ramo, que es mapa y es viaje, puede leerse como una novela de iniciación. También es una invitación a que cada lector escriba la suya propia, transitando la vida, el amor, la fatiga o el júbilo a lomos del cante. "Porque el cante no patrocina esa soberbia empresa humana de querer domesticar la realidad. Muy al contrario, se recrea con la incapacidad del hombre frente a la ocurrencia más ridícula del destino. Entonces, justo en el momento en que tiemblas de pura vulnerabilidad, de frío espantoso, te ofrece una navaja con la que debes amputar el último reducto de tu orgullo, ése donde aún conservas unas poquitas ganas de resistir. Desnudo, arrecido y maltrecho, es ahora y sólo ahora cuando el flamenco te revela el espíritu de lo hondo: transitar la vida con generosidad, agradecerle sus frutos dulces y amargos, devorar apasionadamente el misterio de la existencia."
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Seitenzahl: 94
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Pedro Lópeh
RAMO DE COPLAS Y CAMINOS
Un viaje flamenco
El lector tiene en sus manos una introducción sentimental al cante, un mapa con indicaciones llanas para todos los que quieren acercarse al flamenco, sean cuales sean sus orígenes, alforjas y motivos. Mezcla de manual didáctico, poemario flamenco y diario personal, en sus páginas abundan detalles sobre los diferentes palos, apuntes históricos y sociológicos, personajes insignes, audiciones recomendadas, rutas bibliográficas, rivalidades, leyendas, buques mercantes, pueblos migrantes, tabernas.
Absorbido por la cultura del entretenimiento y desligado del sustrato vital que lo vio nacer, el flamenco pelea por seguir revelando un conocimiento que aún alimenta los rescoldos del pueblo andalusí. Las claves culturales que aquí se dan, pues, facilitan tanto el disfrute contemplativo como el desvío por veredas existenciales. Por eso el Ramo, que es mapa y es viaje, puede leerse como una novela de iniciación. También es una invitación a que cada lector escriba la suya propia, transitando la vida, el amor, la fatiga o el júbilo a lomos del cante.
«Porque el cante no patrocina esa soberbia empresa humana de querer domesticar la realidad. Muy al contrario, se recrea con la incapacidad del hombre frente a la ocurrencia más ridícula del destino. Entonces, justo en el momento en que tiemblas de pura vulnerabilidad, de frío espantoso, te ofrece una navaja con la que debes amputar el último reducto de tu orgullo, ese donde aún conservas unas poquitas ganas de resistir. Desnudo, arrecido y maltrecho, es ahora y sólo ahora cuando el flamenco te revela el espíritu de lo hondo: transitar la vida con generosidad, agradecerle sus frutos dulces y amargos, devorar apasionadamente el misterio de la existencia.»
Diseño portada:
RAG
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Nota a la edición digital:
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© Pedro Lópeh, 2019
© Ediciones Akal, S. A., 2019 para lengua española Sector Foresta, 1 28760 Tres Cantos Madrid - España Tel.: 918 061 996 Fax: 918 044 028
www.akal.com
ISBN: 978-84-460-4965-4
A mi buena familia, a mis buenos amigos, a mi buena Soleá.
Este libro es una versión novelada del juego de la oca. Las 63 casillas del tablero espiral representan los hitos, peligros y misterios de un viaje de redención, el Camino de Santiago, que se ofrecía a algunos presos para conmutar sus penas medievales. En las siguientes páginas encontraréis puentes, posadas, pozos y laberintos, marismas, dehesas y olivares, porque yo también tenía una pena. Y peregriné al sur.
Podéis hacer la ruta de principio a fin, pero entendería que quisierais jugar con los dados de vuestra voluntad. O ir, digamos, de oca en oca. Si es así, en el índice hallaréis el tablero organizado en tres tipos de casillas: Coplas,Caminos y Diario de viaje. Las primeras conforman un poemario flamenco. Los segundos, un manual de introducción al cante. El último alberga mis impresiones personales.
* * *
Todos los cantes recomendados están reunidos en una lista de reproducción, llamada Ramo de coplas y caminos, disponible en dos plataformas: Spotify y YouTube.
En YouTube podéis encontrar una segunda lista, Ramo de estampas, que recoge imágenes dignas de contemplación.
Guía para un itinerario personal
Diario de viaje
La escribanía /
Detrás camina mi sombra /
Ayudá a la gente /
La piedra, el centro, los sueños /
El almendro /
Los marcianos
La pasión /
La patria /
El camino flamenco /
Los frutales de Diego
Coplas
Soleá por bulerías / Soleá de la soleá / Bulería /
Fandango / Alegría / Granaína / Guajira /
Alboreá / Bambera / Seguiriya del ataúd /
Soleá del recuerdo / Petenera /
Caracol / Seguiriya del pobre /
Soleá de Charamusco /
Tiento / Farruca / Garrotín /
Seguiriya de Clavel /
Seguiriya de las horas / Malagueña/
Martinete / Seguiriya de la solita / Toná /
Rumba / Saeta / Tango /
Taranta / Mirabrás
Caminos
Sobre la copla flamenca / Sobre el camino flamenco /
(Paréntesis: sobre la lengua vernácula) / Glosarito de urgencia / Las soleares – El Agujetas /
Las bulerías – La Paquera de Jerez / Los fandangos / Las alegrías /
Las granaínas – Enrique Morente / Las guajiras – Cantes de ida y vuelta / La alboreá – Pericón de Cádiz /
Las bamberas – El Torta / Las seguiriyas (siguiriyas, seguirillas) – José Menese /
La petenera – Naranjito de Triana / Los caracoles – Antonio Chacón / Sobre el ¡ay! /
La soleá de Charamusco – Antonio Mairena / 77: Los tientos – Manuel Soto, El Sordera /
La farruca – Nombres artísticos / El garrotín – Pepe Marchena / Radiografía de un quejío /
Voces para una seguiriya / Las malagueñas – Diego Clavel / El martinete – Tía Anica la Piriñaca
y Pepe de la Matrona / Preguntas existenciales, respuestas terrenales /
La rumba – Bambino / La saeta / Los tangos – Camarón de la Isla /
Las tarantas – La minería / El mirabrás – Rafael Romero, El Gallina / Recomendaciones
La escribanía
Me pasó la primera vez de chico: era verano, yo tenía siete u ocho años, la televisión se había roto y mis padres cumplían con el rito sagrado de echarse la siesta. Durante un par de horas debía obedecer un estricto voto de silencio en casa; y afuera, aunque me hubieran dejado salir, los postigos y las puertas hervían con la boca cerrada. El patio, sometido por una legión de moscas como verdugos soliviantados, era transitable con sigilo, pero peligroso. Las horas se evaporaban tan de gota en gota que moría de sed toda mi esperanza en el porvenir. La condena era eterna; la celda, minúscula. Sin saber dormir ni poder llorar, caí en una exasperante desazón espiritual.
Y arranqué a escribir.
La segunda vez que sentí esa angustia fue este verano. Recordé los buenos frutos que dieron aquellas fatigas niñas y decidí seguir el ejemplo de unas soleares primitivas:
Mira si tengo talento,
que he puesto una escribanía
dentro de mi pensamiento.
Las siguientes coplas, que no son más que recreos y llantos para la siesta de la alegría, han nacido de ese arrebato. También los caminos que señalo hacia el Flamenco, nombre que le dábamos al naranjo fragante y portentoso que ofrecía sombra a todo el patio en agosto.
Soleá por bulerías
Hijo mío, hijo mío,
te recuerdo_a cada instante.
Y si no te di la vía
es que no_encontré a tu madre.
No saquéis en procesión
a los santos pa que llueva,
que ya_estoy llorando yo.
Me acurruco por la noche
en tu lao de la camita,
se me quitan los dolores.
Sobre la copla flamenca
La copla flamenca atesora características que la hacen, a vista de mis oídos, especialmente hermosa más allá de su puro valor poético y de la belleza de las imágenes que dibuja. Esas características son fruto de su condición como esqueleto del cante, como sostén de la música, y leídas pierden gran parte de su efecto. Toda literatura de cariz popular tiene sus artimañas para perpetuarse en la memoria de los oyentes y producir las sensaciones que pretende. En el caso que nos ocupa me gusta destacar dos, que dependen una de otra: el aldabonazo y la intriga.
Con aldabonazo aludo a esa particular concreción de la estrofa flamenca, que casi siempre trasmite una idea o imagen muy poderosa de forma breve y autónoma, sin conexión con la estrofa anterior o posterior. No existe en la copla flamenca un relato como lo encontramos en el romance, no hay un discurso ordenado, ni tiene por qué guardar cierta unidad temática entre las diferentes partes. Al contrario, dispone de entre veinte y cuarenta sílabas para trasmitir un mensaje completo cuya recepción produce a menudo una sensación estremecedora: como un aldabonazo en la puerta del alma, una llamada de atención a las entrañas. Ese efecto brutal se consigue en gran parte gracias a la acción del otro recurso al que he hecho referencia:
La intriga, entendida como impaciencia o ansia que tiene uno de que el cantaor ahogue sus requiebros y sus ornamentos melódicos en el curso de la estrofa (a menudo hacia el final de ésta) y nos desvele el último verso o palabra que da sentido al mensaje y acaba de concretarlo: que se deje de rodeos, hablando mal y pronto. El cantaor puede posarse bastantes segundos en una sílaba, adornándola, llorándola, viajándola, lo que no hace más que aumentar la intriga por saber cómo va a acabar la historia. En muchos casos, para más inri, la copla se canta con una parsimonia exasperante, con repeticiones de versos que producen un desasosiego que sólo acaba con y en el aldabonazo. Cuando eso sucede, sólo queda rendirse: el flamenco lo ha vuelto a conseguir.
Es habitual achacar tal estremecimiento a elementos estrictamente musicales, a la valía de un cantaor al que poco le hubiera importado no articular palabra con sentido para destrozarnos el corazón. A veces, cierto, el texto se humilla ante el puro quejío, se desintegra como esqueleto del cante para ser mera excusa de declamación; pero vaya desde aquí mi consideración de que sólo la unión de todos los elementos flamencos producen el milagro.
Valga como ejemplo de lo expuesto la maravillosa petenera Yo le he preguntaíto a un sabio de Naranjito de Triana:
Comienza el cante con sosiego y melancolía.
Yo le’ preguntaíto a un sabio
La pesadumbre se hace muy sonora y quejicosa mientras canta:
cómo se olvida un querer.
Ahora se va a detener en«contestó» para empezar a postergar poco a poco la resolución de la historia.
Y me contestó llorando,
Queremos saber qué contestó el sabio. Y, si no es mucho pedir, por qué llora.
madre de mi corazón,
¡Esperábamos la respuesta! Aquí tenemos ya la intriga, que se eleva a medida que el ritmo de declamación cae, con los recreos del cantaor casi en cada sílaba.
y me contestó llorando:
¡Esto ya lo sabíamos! Queremos la respuesta que Naranjito pospone mientras asemeja su canto a un lamento hermoso. La intriga no deja de crecer.
«Quién lo pudiera saber,
Ah, así que el sabio está en las mismas. Pero el cante no ha acabado…
quién lo pudiera saber,
Parece que aquí termina la historia, pero intuimos que falta algo, entre otras cosas porque aún no se ha producido la rima final. Y porque, oye, no va un sabio a llorar por tan poca cosa…
(¡ay!) un querer me está matando».
¡Pobre sabio! ¿Alguien esperaba esta respuesta? Intriga y aldabonazo de la mano de una interpretación portentosa y magistral. A esto me refiero.
Escuché esta petenera cuando era un crío, con la edad insuficiente como para saber mucho de sabios ni quereles, pero recuerdo limpiamente el estremecimiento que me produjo. Desde entonces me gusta el cante, y desde entonces cuelga de mi alma una aldaba con la que a menudo el flamenco llama a su puerta.
