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En Relatos para mi hijo: militancia, exilio e internacionalismo, María Luz Casal recuerda, a través de una serie de entrevistas realizadas por su hijo, su vida desde la niñez hasta el nacimiento de su nieta, atravesada por el exilio y la desaparición de su marido, Carlos Balerini García. Esta mujer tuvo una vida intensa contextualizada en la época de los grandes movimientos sociales, tanto en América Latina como en Europa. Durante cinco años, las charlas que mantuvieron semanalmente abordaron temas de su infancia, adolescencia, los golpes de Estado en su país, su militancia, el exilio, su integración en las guerrillas centroamericanas, la desaparición de su marido y su nuevo exilio en México a partir de 1981, entre otros temas. Narrado en primera persona, este libro pretende contribuir a los estudios del exilio y el desarraigo desde una mirada testimonial con base en la metodología de la historia oral.
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Seitenzahl: 278
Veröffentlichungsjahr: 2025
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cip. instituto mora. biblioteca ernesto de la torre villar
nombres: Balerini Casal, Emiliano.
título: Relatos para mi hijo : militancia, exilio e internacionalismo : testimonio de María Luz / Emiliano Balerini Casal.
descripción: Primera edición | Ciudad de México : Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2025 | serie: Colección Testimonios.
palabras clave: Casal, María Luz | México | Argentina | Centroamérica | Exilio | Militancia política | Internacionalismo | Relatos personales | Historia de vida.
clasificación: DEWEY 304.872082 BAL.r | LC HV640 B7
Imágenes de portada: ver páginas interiores: 137, 140, 141, 153, 161, 169, 179.
Este libro fue evaluado por el Consejo Editorial del Instituto Mora y se sometió al proceso de dictaminación en sistema doble ciego siendo aprobado para su publicación.
Primera edición ePub, 2025
D. R. © Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora Calle Plaza Valentín Gómez Farías 12, San Juan Mixcoac,03730, Ciudad de México.Conozca nuestro catálogo en <www.mora.edu.mx>
ISBN: 978-607-8953-87-5 ePub ISBN: 978-607-8953-82-0 PDF acceso abierto DOI: https://doi.org/10.59950/IM.160
Hecho en México Made in Mexico
Siglas y acrónimos
Prólogo
Mónica Toussaint
Introducción
Emiliano Balerini Casal
Capítulo 1
Niñez
Las Guías
Capítulo 2
Militancia en Argentina
América en Armas
Organización Comunista Poder Obrero (ocpo)
Capítulo 3
El exilio
México
Capítulo 4
El internacionalismo
Centroamérica
Tu nacimiento
La visita de Mamama
Honduras
La desaparición del Flaco
Capítulo 5
Regreso a México
Campaña por la liberación del Flaco
Alejamiento de la militancia
El fsln y el fmln hoy
Capítulo 6
Primer viaje a Argentina
Vivir en México
Carlos López Alcocer
Ainhoa, mi nieta
Reflexión final
Anexo fotográfico
Anexo documental
Fuentes consultadas
Índice onomástico
acnur
Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.
aip
Agencia Independiente de Prensa.
caba
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
cecari
Centro de Estudios Centroamericanos de Relaciones Internacionales.
cee
Centro de Estudios Ecuménicos.
cgt
Confederación General del Trabajo.
ciesas
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
Colmex
El Colegio de México. CoMadres Comité de Madres y Parientes de Prisioneros, Desaparecidos y Mártires Políticos de El Salvador.
Cospa
Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino.
dni
Dirección Nacional de Investigaciones.
eln
Ejército de Liberación Nacional.
erp
Ejército Revolucionario del Pueblo.
fal
América en Armas-Fuerzas Armadas de Liberación América en Armas.
fal
Fuerzas Argentinas de Liberación.
fap
Fuerzas Armadas Peronistas.
fapu
Frente de Acción Popular Unificada.
Felap
Federación Latinoamericana de Periodismo.
Fenastras
Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños.
fmln
Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional.
fora
Federación Obrera Regional Argentina.
fpl
Fuerzas Populares de Liberación.
Fusep
Fuerzas de Seguridad Pública de Honduras.
gor
Grupo Obrero Revolucionario.
gymsa
Geólogos y Mineros Sociedad Anónima.
ilce
Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa.
mln
-Malena
Malena Movimiento de Liberación Nacional.
ocpo
Organización Comunista Poder Obrero.
oea
Organización de Estados Americanos.
oit
Organización Internacional del Trabajo.
onu
Organización de las Naciones Unidas.
Orden
Organización Democrática Nacionalista de El Salvador.
pan
Partido Acción Nacional.
prt
Partido Revolucionario de los Trabajadores.
sahop
Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas.
Segob
Secretaría de Gobernación.
sep
Secretaría de Educación Pública.
side
Secretaría de Inteligencia del Estado.
uam
Universidad Autónoma Metropolitana.
uba
Universidad de Buenos Aires.
unam
Universidad Nacional Autónoma de México.
upn
Universidad Pedagógica Nacional.
Mónica Toussaint
El Seminario de Estudios sobre Centroamérica fue un esfuerzo interinstitucional emprendido por investigadoras del Instituto Mora y colegas del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (cialc) de la unam con el objetivo de promover la investigación original e interdisciplinaria sobre los procesos políticos y sociales centroamericanos, con una perspectiva histórica y regional. Durante casi una década, nos reunimos mensualmente para compartir avances de investigación sobre la región centroamericana en un grupo compuesto por investigadores e investigadoras de ambas instituciones, así como profesores invitados de otros espacios dedicados a la investigación y a la docencia, tanto de México como del extranjero, con la finalidad de proponer nuevas herramientas para el estudio de la realidad de los países del istmo. Asimismo, contamos con la presencia de alumnos de maestría y doctorado que pudieron adentrarse en la temática y, algunos de ellos, desarrollar sus tesis de grado.
Los temas de investigación estuvieron centrados en el estudio de los movimientos revolucionarios en Guatemala, Nicaragua y El Salvador, tomando como base la crisis política centroamericana de los años setenta del siglo pasado, el periodo de la guerra en la década de los ochenta y los esfuerzos para alcanzar la paz y la firma de los acuerdos en los noventa. Los ejes principales de investigación estaban relacionados con los conflictos armados, las organizaciones político-militares, la diplomacia internacional, la violencia, la estrategia de contrainsurgencia, el desplazamiento forzado, el asilo y el refugio, así como con problemas de la posguerra: la seguridad, la migración, la reinserción, el desarme y los nuevos actores sociales. También se presentaron trabajos relativos a los actores externos como la Contra en Nicaragua, la política exterior de México hacia la región, el papel de Estados Unidos en la geopolítica regional y las iniciativas multilaterales encaminadas a concretar los tratados de paz.
Dentro de todos estos aspectos, tuvo un lugar importante el tema de la memoria y el estudio de los testimonios, ya fueran textos literarios enfocados en la experiencia de la guerra y la posguerra o relatos elaborados a partir de la metodología de la historia oral. En ambos casos, los textos testimoniales nos permitieron dar cuenta del contexto centroamericano de aquella época al tiempo que nos dieron la oportunidad de historizar las versiones de los distintos actores que participaron en los procesos. En suma, logramos avanzar en el análisis y la reflexión crítica sobre los años de la guerra y la posguerra en Centroamérica, en particular sobre lo acontecido en Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
Al vincular la memoria y la historia logramos establecer que los procesos actuales no pueden ser comprendidos a cabalidad sin una perspectiva histórica y pudimos reconstruir lo sucedido en un periodo del pasado centroamericano profundamente autoritario, represivo, y donde constantemente se violaban los derechos humanos de sus habitantes. Al mismo tiempo, logramos comprender las motivaciones de los actores sociales que emprendieron una lucha con base en un compromiso político para transformar las estructuras sociales existentes y construir a una sociedad más justa. De este modo, el relato de los actores partió del contexto en el que se desarrollaba para explicar tanto su actividad individual como para expresar la complejidad de la realidad política y social a la cual se enfrentaban y la manera en que contribuyeron a generar un cambio democrático en la región.
Además de las sesiones mensuales, los trabajos de tesis y diversas mesas sobre los temas centroamericanos que fueron organizadas en congresos internacionales como los de lasa (Latin American Studies Association), calacs (Canadian Association of Latin American and Caribbean Studies) y el Centroamericano de Historia, entre otros, del seminario surgieron textos individuales o colectivos que fueron publicados en los años recientes. Destacan entre ellos el libro de Mónica Toussaint, Diplomacia en tiempos de guerra. Memorias del embajador Gustavo Iruegas, coeditado en 2013 por el Instituto Mora, el cialc y La Jornada; el libro de Verónica Rueda-Estrada, Recompas, recontras, revueltos y rearmados. Posguerra y conflictos por la tierra en Nicaragua, 1990-2008, publicado en 2015 por el cialc y el Instituto Mora; Centroamérica después de la firma de los Acuerdos de Paz. Violencia, fronteras y migración, coordinado por Natalia Armijo Canto y Mónica Toussaint, publicado en 2015 por el Instituto Mora y la Universidad de Quintana Roo; México ante el conflicto centroamericano. Testimonio de una época, coordinado por Mario Vázquez Olivera y Fabián Campos Hernández, publicado por el cialc de la unam en 2017; Guerra y posguerra en Centroamérica, coordinado por Natalia Armijo Canto y Mónica Toussaint, el cual fue publicado en 2020 por el Instituto Mora y la Universidad de Quintana Roo.
Como parte de la colección Testimonios, del Instituto Mora, también se publicó en 2015 el libro Modesto Armijo Lozano: Diario dedicado a su esposa, Carmenza Mejía Aráuz (octubre de 1926-julio de 1927), cuyos editores fueron Mónica Toussaint y Guillermo Fernández Ampié. Gracias a este documento histórico, escrito a su compañera de vida, pudimos reconstruir las vicisitudes del gobierno liberal en resistencia que se instaló en 1926 en la ciudad de Puerto Cabezas en la costa Atlántica, durante la invasión de Estados Unidos a Nicaragua. De aquí que ahora presentemos un nuevo testimonio para esta colección, de la autoría de Emiliano Balerini Casal, miembro del seminario. Ubicado en un periodo más reciente, nos permite comprender de manera cabal el papel del internacionalismo revolucionario en Centroamérica y sus consecuencias, a partir del relato de una de sus protagonistas: María Luz Casal.
De nacionalidad argentina, tuvo que salir de su país perseguida a causa de su militancia, y se incorporó a las guerrillas centroamericanas en Nicaragua y El Salvador en medio de una crisis política regional que tenía sus raíces tanto en la historia interna de los países del istmo como en el accionar de los actores externos. El poder se había concentrado en las manos de los terratenientes a partir del modelo agroexportador que había tenido su origen a fines del siglo xix, y había traído consigo una importante subordinación a los intereses del capital extranjero, particularmente el capital estadunidense. Las sociedades centroamericanas se caracterizaban entonces por una fuerte polarización social y por un alto nivel de violencia, una vida política excluyente y constantes violaciones a los derechos humanos.
En ese contexto, las protestas sociales se convirtieron en movimientos claramente revolucionarios como resultado de un proceso de convergencia ideológica que, a pesar de su complejidad, sirvió para organizar a las distintas expresiones de la oposición en contra de las oligarquías. Fue entonces cuando los partidos políticos tradicionales mostraron su inoperancia mientras que los grupos guerrilleros empezaron a tener un mayor poder de convocatoria a través de los frentes de masas que aglutinaban a sectores campesinos, populares, estudiantiles y de mujeres.
En consecuencia, la represión gubernamental se expresó en niveles nunca antes vistos y las masacres empezaron a tener lugar de manera masiva. En ese momento se sucedieron las disoluciones violentas de manifestaciones y huelgas con el fin de inhibir cualquier tipo de sublevación. Además, se reprimía cualquier intento de asociación política ya fuera en sindicatos, gremios y organizaciones campesinas. En suma, no sólo se buscaba perseguir, asesinar o desaparecer a las cabezas de esto movimientos, sino que se inició un proceso de exterminio de comunidades enteras, ya fuera que se hubieran sublevado o que se consideraran sospechosas de colaborar con los movimientos guerrilleros.
Cada vez más, en Centroamérica tuvo lugar un amplio despliegue militar que condujo al escalamiento de los conflictos armados locales, los cuales comenzaron a amenazar con convertirse en una crisis regional, avivada por las amenazas de Estados Unidos de llevar a cabo una invasión en el istmo, así como por el apoyo económico y militar a los gobiernos en turno. De aquí el surgimiento de iniciativas tanto de actores externos como de los protagonistas internos para iniciar la búsqueda de la paz y evitar que los conflictos alcanzaran mayores dimensiones. Todo ello en el marco de la guerra fría que, por momentos, hacía que se restara importancia a las condiciones internas de desigualdad e injusticia para enmarcar las luchas revolucionarias en los países del istmo como resultado del enfrentamiento Este-Oeste.
Un momento crucial de las luchas en Centroamérica lo constituye el triunfo de la lucha sandinista para derrocar a Anastasio Somoza Debayle el 19 de julio de 1979, lo cual condujo a un ascenso notable del movimiento revolucionario tanto en El Salvador como en Guatemala. A partir de entonces, la región se militarizó cada vez más, lo que llevó a exacerbar la confrontación entre las fuerzas revolucionarias y el aparato represivo.
Hablamos de un momento histórico caracterizado por la política exterior de la administración republicana de Ronald Reagan en Estados Unidos, quien ejerció una presión más enérgica sobre los movimientos insurreccionales y se empeñó en asumir el liderazgo para llevar a cabo una especie de cruzada contrarrevolucionaria a partir de la llamada guerra de baja intensidad, cuya finalidad era revertir la revolución nicaragüense y derrotar a los movimientos insurgentes en el istmo, a lo cual se sumaba el apoyo directo a las fuerzas armadas, policiales y paramilitares que llevaban a cabo el día a día de la estrategia contrainsurgente en el área.
Fueron los años de las luchas de los guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua y de los combatientes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador, quienes aceptaron la ayuda y colaboración de jóvenes de diversas nacionalidades, algunos de los cuales eran perseguidos en sus países, para fortalecer así la lucha revolucionaria y los primeros años de la reconstrucción después de la guerra. El sueño de estos internacionalistas era colaborar para la construcción de sociedades más justas en la región centroamericana y quizás, después, poder retornar a sus países para replicar la experiencia en la medida de lo posible.
Un aspecto particular de la narración de María Luz, además de tratarse de una mujer, cuestión no tan común en los textos testimoniales, es que el que llevó a cabo las entrevistas fue su propio hijo, Emiliano Balerini Casal, quien deseaba entrevistar a su madre para contribuir a las investigaciones sobre la militancia política y el exilio, no sólo por un interés estrictamente académico, sino porque toda su vida Emiliano vivió inmerso en esa realidad. El relato se tornó así mucho más íntimo y personal, pues además de permitirle comprender las motivaciones de sus padres para ingresar a las filas del internacionalismo revolucionario, comprometidos con sus ideales políticos, lo llevó a revivir y poner por escrito momentos sumamente difíciles como la militancia de su madre en Argentina, la persecución y la tortura, la necesidad de dejar su país, su participación política en Centroamérica, la desaparición de su compañero de vida Carlos Balerini, padre de Emiliano, su exilio en México y el alejamiento de la militancia.
El texto se divide en seis capítulos a través de los cuales se reconstruye a profundidad la historia de vida de María Luz Casal, tomando como base los momentos clave de este proceso, tanto personal como político. El primero hace referencia a su niñez y a su juventud temprana, mientras que el segundo se enfoca en el tema de su militancia en Argentina y su participación en dos organizaciones: América en Armas y la Organización Comunista Poder Obrero (ocpo). En el tercer capítulo surge el tema del exilio y los primeros años de su vida en México, con todo lo que implicaba dejar su país y hacer una nueva vida en un lugar lejano, tanto geográfica como culturalmente hablando. El capítulo 4 entra de lleno en la experiencia internacionalista en Centroamérica y destaca el nacimiento de su hijo Emiliano justo en medio de este proceso, el cual culmina con la desaparición de su esposo, Carlos Balerini, en Honduras, siendo Emiliano un bebé de brazos. En el quinto capítulo, el relato nos traslada a su regreso a México, su trabajo político de apoyo al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (fmln), la manera en que emprendió la campaña por la liberación del Flaco Balerini, así como los motivos que la llevaron a alejarse de la militancia para, finalmente, concluir su relato con un sexto capítulo en el que narra desde su primer viaje a Argentina y lo que significaba vivir en México, hasta asuntos de índole personal como su matrimonio con Carlos López Alcocer y el nacimiento de su nieta, Ainhoa, hija de Emiliano y su esposa Camila.
El libro va acompañado de una serie de imágenes del archivo personal de la testimoniante. Por un lado, se presentan algunas fotografías tomadas a lo largo de su vida en los distintos países y momentos a los cuales se hace referencia en el relato y, por otro, se incluyen documentos de gran relevancia que dan sustento a la narración de los acontecimientos políticos vividos por María Luz.1
María Luz sintetiza claramente lo que significa este libro, que forma parte de la colección Testimonios del Instituto Mora: “una historia de vida que parte del esfuerzo de poner en papel una época, una pequeña parte de años muy duros para América Latina donde las dictaduras asesinaron, desaparecieron, apresaron y exiliaron a muchas personas, militantes o no, y poner a la discusión mi punto de vista, que puede no ser el de muchos”. En suma, se trata de la historia de vida de una internacionalista comprometida con las causas justas propias de su tiempo, que se atrevió a soñar en que el mundo podía ser más justo y que empeñó tanto sus habilidades políticas como sus más caros afectos para lograr un escenario de paz y democracia en una región históricamente convulsa, como lo ha sido y es Centroamérica.
Notas
1 Agradecemos a Felipe Morales Leal, del Laboratorio Audiovisual de Investigación Social del Instituto Mora, su apoyo en la labor de escanear las imágenes que María Luz nos hizo llegar en papel. También damos las gracias al fotógrafo Manuel Tama Gianni, quien se hizo cargo de tomar la fotografía que se ha utilizado en la portada, además de colaborar para incrementar la calidad de tres imágenes más. Y, por último, expresamos nuestro agradecimiento a Rodrigo Suárez, quien nos ayudó en la tarea de que las imágenes digitales tuvieran la mejor calidad posible.
Emiliano Balerini Casal
La idea de hacer este libro surgió una tarde en casa de Mónica Toussaint quien, además de ser una de las coordinadoras del Seminario de Estudios sobre Centroamérica, fue mi lectora de la tesis de maestría dedicada al estudio de las aportaciones de los internacionalistas al triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua y al proceso de reconstrucción. Estaba por terminar el doctorado en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), con una tesis sobre el papel de Argentina en el conflicto centroamericano y el internacionalismo revolucionario, de la cual también fue lectora, y ella me sugirió elaborar un texto testimonial sobre la vida de mi madre, quien junto con mi padre se había incorporado a las luchas revolucionarias en la región.
Paralelamente, durante toda mi carrera, tanto periodística como académica, fui testigo de cómo mi mamá dio una serie de entrevistas a diferentes investigadores y estudiantes, especialmente sobre su militancia en las guerrillas centroamericanas de los años setenta y ochenta. Como el proyecto sugerido por Mónica me entusiasmó, le pedí a mi madre que dejara de dar entrevistas a otras personas, para abocarnos a la realización de este trabajo. Aunque me pareció egoísta, lo hice para alcanzar el resultado que a continuación se podrá apreciar.
Durante cinco años llevamos a cabo 23 entrevistas, en las cuales me habló de su infancia y adolescencia, sus estudios secundarios, la universidad, su militancia en Argentina, el exilio en Perú y México, su militancia en las guerrillas centroamericanas de Nicaragua y El Salvador, la desaparición de mi padre, su regreso a México, su trabajo político para el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (fmln) en ese país, coordinando diferentes comités de solidaridad, como el CoMadres y el de Presos Políticos, su vuelta a Argentina en 1988, doce años después de que había salido originalmente al exilio, su vida en México y el nacimiento de su nieta Ainhoa, mi hija. Semanalmente nos reuníamos en su casa para trabajar. Las entrevistas, de a poco, se convirtieron en un diálogo amistoso y emocional, lleno de sentimientos encontrados, en el que especialmente aprendí mucho de su vida y de la de nuestra familia. Su tiempo de duración varió entre los quince minutos y la hora, dependiendo el tema abordado y el estado de ánimo de mi mamá.
La metodología empleada para este testimonio incluye no sólo las entrevistas realizadas con María Luz Casal, sino también una revisión documental de su archivo privado que consta de cartas personales enviadas y recibidas, poemas, cuentos, memorias y fotografías. La selección de algunos de esos poemas, cuentos y memorias están escritos en el libro con letra cursiva con el propósito de que destaquen frente al resto del texto.
Desde mi perspectiva, este trabajo contribuye a los estudios sobre el exilio y la militancia política, a partir de una disciplina como el testimonio, que siempre nos ayuda a conocer en primera persona el ideario personal e ideológico del entrevistado o entrevistada. Para hacerlo, empleé la metodología de la historia oral. En este sentido, coincidimos con Alessandro Portelli al decir:
...cuando hacemos una entrevista, nos encontramos en presencia de un evento extraordinariamente híbrido, en el cual la intención del narrador de contar las cosas como han ocurrido, instituyendo con lo histórico un pacto referencial, convive con el deseo de hablar de sí y de representarse, tanto más en sujetos a los cuales les ha sido negada la posibilidad de hacerlo por motivo de clase o edad, y con la función estética, del mismo gusto de contar.1
Ese deseo de hablar de sí, al que se refiere Portelli, o en este caso de mis padres, sus compañeras y compañeros, mi familia y, finalmente, también de mí, estuvo siempre muy presente en mi vida. Crecí en medio de relatos del exilio, la militancia y la guerrilla, que tendí a idealizar de diferentes maneras. Los resultados de esa idealización se pueden ver reflejados en mis tesis de maestría y doctorado: “Aportes del internacionalismo revolucionario al triunfo Sandinista del 19 de julio de 1979 y la posterior reconstrucción de Nicaragua”, y “Argentina en el conflicto centroamericano: de la intervención de la dictadura al internacionalismo revolucionario (1977-1983)”,2 respectivamente. En ambos trabajos realicé una serie de entrevistas a diferentes internacionalistas o militares que me permitieron establecer mis hipótesis y objetivos. Casualmente, en ninguno de los dos trabajos entrevisté a mi madre con el argumento de que ya eran trabajos demasiado personales como para volverlos aún más. Sin embargo, en ambos estuvo presente la historia de mi padre.
Por ello, en esta ocasión, me adentré en la vida de una mujer que no sólo militó en Argentina, sino que como muchos otros integrantes de su generación, se transformó en una internacionalista revolucionaria. A ella le tocó contribuir con su experiencia en el movimiento insurreccional de El Salvador a fines de los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado. Perteneció a una generación que apostó por soñar con un mundo diferente, más igualitario para todos y todas, más justo, donde cupieran muchos mundos dentro de uno solo y no un mundo para unos cuantos. Y, como ella misma dice, “después de la dura derrota que representó Argentina, apareció Centroamérica y la posibilidad de participar en revoluciones que te hicieran sentir viva nuevamente”.
El recorrido por su historia de vida develó sus miedos, temores, alegrías y sensaciones políticas pasadas y presentes. Nos permitió hacer un testimonio o una historia de vida a más de 40 años de los sucesos narrados. La fidelidad de lo contado demuestra la excelente memoria que tiene y su capacidad de análisis al hablar de los hechos relatados. Por otro lado, esta es la historia de una mujer que creció en la aristocracia argentina venida a menos, en medio de familias tradicionales, muy católicas y sumamente antiperonistas o gorilas –como también se les dice a aquellos opositores recalcitrantes de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón–, pero que decidió dejar sus comodidades por sus ideales políticos. Luchó contra la clase social de la que provenía en su país, y pagó las consecuencias con el desarraigo, el secuestro, la tortura y la desaparición de su primer marido: Carlos Leoncio Balerini García, así como el asesinato de muchos de sus compañeros y compañeras.
Durante su infancia y adolescencia fue testigo de tres de los golpes militares que más marcaron la historia de Argentina en el siglo xx: el de 1955 denominado “Revolución Libertadora”, encabezado por Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, para deponer del cargo de presidente de la República a Juan Domingo Perón; el de 1966 llamado “Revolución Argentina”, impulsado por Juan Carlos Onganía (1966-1970), Roberto Marcelo Levingston (1970-1971) y Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973), para sacar del gobierno al entonces mandatario Arturo Ilia (1963-1966); y el de 1976, nombrado “Proceso de Reorganización Nacional”, dirigido por Jorge Rafael Videla, Eduardo Massera y Orlando Agosti, para quitar a María Estela Martínez de Perón. Como ella misma dice, “cuando era niña creía que el último grado de la carrera militar era el de presidente”.
Este último golpe de Estado fue el que motivó a mi madre a militar: primero en las Fuerzas Armadas de Liberación América en Armas (fal) y después en la Organización Comunista Poder Obrero (ocpo), y fue el que provocó que se exiliara junto con mi padre, Carlos Balerini García, y otros de sus compañeros y compañeras. También fue el que provocó que no regresara a vivir a Argentina y que después de sus años de militancia en Centroamérica decidiera quedarse en México. Fue el golpe de Estado que instauró el neoliberalismo en el país sudamericano, que dejó 30 000 desaparecidos y cientos de miles de exiliados regados por el mundo. Además, fue el que se enarboló en la guerra de Malvinas con el objetivo de perpetuarse en el poder y con la excusa de recuperar el archipiélago.
Una de las decisiones más complicadas para mi madre fue exiliarse de Argentina. Como ella misma lo narra, durante su primer tiempo en México sólo iba de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Vivía en un departamento en la colonia Condesa con su amiga Lita, con quien se pasaba horas y horas cantando tangos y recordando Buenos Aires. El exilio no sólo le robó a sus amigos y a sus calles, le impidió ver morir a su padre, quien meses después de que saliera del país falleció de cáncer. De hecho, en todos estos años viviendo en México, no pudo estar en ningún funeral de sus seres queridos: padre, madre y bisabuela. A su hermana tampoco alcanzó a verla, pues llegó días después de su muerte.
El exilio se te mete en la piel, rompe con todas las etiquetas y construcciones sociales. Es un sentimiento que se hereda de padres a hijos e hijas. Por lo menos, ese fue mi caso. Yo siempre me sentí exiliado. Mi madre me enseñó a amar Argentina en la lejanía, a tal grado que siempre quise vivir ahí, como ha pasado en los últimos tres años.
El contexto político en el que creció María Luz Casal, por otro lado, fue el de permanentes cambios políticos. Vivió en una época después de la segunda guerra mundial, donde la revolución cubana, los conflictos en Corea, Vietnam, y la guerra fría, sumados al movimiento hippie, el de los Derechos Civiles, el mayo francés y la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, entre otros, transformaron a fuego lento el quehacer diario y político de la gente. Asimismo, en 1969, fue testigo del Cordobazo, Rosariazo y Tucumanazo, entre otros, que en los hechos constituyeron puebladas en diferentes provincias de Argentina contra la dictadura autodenominada “Revolución Argentina”. El desgaste de los militares fue tan grande que se vieron obligados a convocar a elecciones presidenciales y a permitir el regreso al país a Juan Domingo Perón, proscrito en el exilio 18 años.
Al mismo tiempo, es la historia de una mujer que superó cada una de las adversidades que se le presentaron y que con el paso de los años logró rehacer su vida en México, lugar en el que decidió establecerse definitivamente, y reencontró el amor con Carlos López Alcocer, con quien vive hace más de 33 años. Aquí dejó este trabajo lleno de mucho amor, y con la esperanza de que contribuya a los estudios en la materia, desde la historia oral y el testimonio.
Notas
1 Portelli, “El uso de la entrevista”, 2017, p. 38.
2 La tesis doctoral fue publicada como libro por el Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de Honduras y el Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Honduras (Cofadeh) y presentada el 30 de noviembre de 2024 en Tegucigalpa.
Me llamo María Luz Casal Pagés. Nací el 23 de julio de 1949 en el Sanatorio Anchorena de Capital Federal. Los primeros cuatro años de mi vida viví en la calle French 717, de Banfield,1 con mi papá, mi mamá y mi hermana Estela. Mis papás, Saúl y Martha,2 se divorciaron cuando tenía cuatro años. En mis recuerdos de esa época Estela no aparece casi nunca. Tengo recuerdos de esa época donde mi papá y mi mamá están peleando y yo me escondía detrás del sillón cuando los escuchaba. Pero también recuerdo a los vecinos. Nosotros vivíamos en una casita que tenía arriba un departamentito donde vivía la señora Olga con su hija Emilce, a quien le decían Coca, que era enfermera y amiga de tu tía Rosa, la hermana de tu papá. A media cuadra estaba una familia de origen inglés, los W.3 Todas las mañanas Sony, que era el mayor de los hermanos, tenía tal vez 20 años, comía como a eso de las once de la mañana, milanesa con papas fritas, y yo le iba a cambiar un tenedor por una papa frita. Ellos eran la señora Gina, que no recuerdo si ya estaba viuda, y sus hijos Sony, Willy y Rosemary. La hija tenía como 18 años y me llevaba con su novio a nadar y a diferentes lugares. Fue la que me enseñó a tejer a mis cuatro años.
Lo primero que tejimos con Rosmary fue un gorro para su gato, que era gordo y cachetón. No sé por qué siempre tuve relación con gente mucho más grande que yo. Tenía tres o cuatro años y vecinos de 18 o 20 que me llevaban de paseo. Eso también me pasó con otros amigos cuando después nos fuimos a vivir a la calle Vieytes 845, en Martínez.4 Viví hasta los cuatro años en Banfield. Iba al jardín de infantes al colegio Duprat, que era del Estado. Estela ya estaba en la primaria y yo en el jardín. Con mi mamá y Estela pasábamos todas las mañanas por la casa de una maestra, que no sé si era de Estela o mía, que tenía una lechuza en el jardín. Saludábamos a la lechuza y seguíamos a la escuela.
A esa edad íbamos al ballet. Yo era muy chiquitita y no llegaba a la barra. Tenía que saltar para agarrarme de ella porque siempre fui muy chiquita hasta los once años, que fui muy grandota para esa edad, y me quedé como ahora estoy de pequeña. Luego hubo un episodio muy desagradable, en el que mi mamá acusó a la niñera de robarle unas joyas. Me acuerdo que nos fueron a buscar con la policía al ballet. Supongo que Estela también iría, aunque no la recuerdo. Llegó la policía y total que las joyas estaban envueltas en un hoyo de la cañería del baño. Por supuesto, que a la muchacha se la llevaron, la echaron, pobrecita. Ese es uno de los pocos recuerdos que tengo de esa época. En ese tiempo, también íbamos mucho a casa de un tío, Enrique Chiozza, esposo de una prima de mi papá, y que junto con otras personas fundaron San Bernardo5 en La Costa, él tenía una fábrica en la isla Maciel, que es un barrio del Dock Sud en Avellaneda. Mi tío hacía unos caracoles en salsa y un chivito asado muy ricos. Posiblemente seguí yendo con papá después del divorcio. No la recuerdo a mi mamá ahí. Recuerdo unas vacaciones en Mar de Ajó en casa de Enrique Chiozza, donde sí estaba mi papá, mi mamá y Estela. Mi tío tenía una hija, Cristina, y un hijo, Quique, y de la mujer ni me acuerdo. En ese viaje escribí una pequeña memoria que hablaba de mi papá en la playa, cuando fuimos caminando por la arena en un lugar donde habían sembrado un montón de arbolitos en la playa de San Bernardo, que ahora deben ser súper árboles. El texto es el siguiente:
“De la mano de su padre caminaron por la playa al anochecer, en su memoria quedaron grabadas las pequeñas olas que mojaban sus pies, los pinos recién sembrados y la manada de toninas en el horizonte. Cada tanto corrían y reían, en una ceremonia repetida miles de veces.
La playa se fue poblando, los pinos crecieron, las toninas no regresaron, tampoco ellos, sólo su recuerdo grabado en algún médano”.
24 de febrero de 2009.
Una cosa que me marcó mucho, y que fue muy desagradable en mi infancia, fue cuando mi mamá se fue de la casa, cuando se separó de mi papá y nos fue a buscar a la escuela y ya no volvimos. Una amiga de mi abuela, Raquel, que era senadora peronista, créase o no, porque nuestra familia siempre fue antiperonista o gorila, como también se les decía, y que tenía auto, fue a buscar a mi mamá a Banfield y con ella nos fuimos a un departamento donde vivía mi abuela Celina, a quien le decíamos Mamama, con mis bisabuelos Agustín Degregory, Abú, y Albina Sala, Tita, en la calle Sánchez de Bustamante, en Capital Federal.
