Restart - Ney Díaz - E-Book

Restart E-Book

Ney Díaz

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Beschreibung

RESTART se presenta como una caja de herramientas que ofrece 7 acciones clave —Reenfocar, Explorar, Solucionar, Transformar, Avanzar, Reajustar y Trascender— para energizar y poner en movimiento al lector en momentos desafiantes. Su enfoque adaptable permite emplear estas herramientas en situaciones como la toma de decisiones cruciales, durante una crisis o mientras se vislumbra el futuro, proponiendo una mentalidad y una actitud proactivas para enfrentarse a los retos. Con historias inspiradoras, reflexiones profundas y consejos prácticos resultado de las vivencias y experiencias de su autor, RESTART busca no solo ayudar al lector a encontrar su propio norte en el camino hacia el crecimiento, el éxito y la trascendencia personal, profesional o empresarial, sino también brindarle herramientas efectivas para el manejo de los desafíos que encontrará en su andar por la vida.

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Seitenzahl: 272

Veröffentlichungsjahr: 2025

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RESTART

Primera edición España

Enero 2025

AUTOR

Ney Díaz

[email protected]

DIRECCIÓN EDITORIAL EDICIÓN ESPAÑOLA

Marta Prieto Asirón

REVISIÓN EDITORIAL

César Piernavieja y Virginia De Moya

PORTADA Y LÍNEA GRÁFICA

Glennys Anglada

MAQUETACIÓN Y DIAGRAMACIÓN

Carolina Disla Eli

ISBN

978-84-102095-0-3

PRODUCCIÓN DEL EPUB

booqlab

 

A mi esposa, Rosalía, por mostrarme cada día la belleza de lo simple. A mi hija, Andrea, por inspirarme a poner mi granito de arena para hacer de este un mejor mundo. A mis cuñadas, Virginia y Nieves, por dar siempre su milla extra desinteresadamente para aportar a mis logros. Gracias de corazón.

 

>> Hay una persona a la que le debo mucho, a quien nunca le he agradecido lo suficiente todo lo que me ha dado, y que merece más que nadie el reconocimiento especial, sincero y lleno de gratitud con el que quiero iniciar este libro. Me refiero a mi madre, doña Vicky.

Para mí resulta muy difícil resumir en pocas palabras cuánto le agradezco a la persona que, con su ejemplo, me inculcó muchos de los principios que me han acompañado en todos y cada uno de mis proyectos empresariales e iniciativas profesionales. Son pocas las situaciones que se me han presentado en la vida en las que no haya podido aplicar algo que ella me enseñó o algún consejo que me dio en mis años mozos.

Una de sus grandes enseñanzas —y la que más me ha marcado— es que las cosas «se hacen bien o, simplemente, no se hacen». Recuerdo vívidamente las innumerables veces que, de pequeño, me hacía rehacer la tarea porque estaba llena de borrones y tachones o porque las respuestas estaban a medias. En aquellos momentos me quejaba y hacía lo que me pedía a regañadientes, pero hoy se lo agradezco infinitamente.

Entiendo que el espíritu emprendedor lo heredé también de mi madre. Desde la decisión de venir por amor desde su natal España hace más de cincuenta y cinco años a un país extraño y al otro lado del mundo, o dejar voluntariamente una alta posición ejecutiva para iniciar una empresa de consultoría de la nada, o lanzar al mercado un curso de inglés para ejecutivos y comprar el mobiliario del aula con los ingresos de las primeras ventas o cerrar esta empresa en su mejor momento para empezar, también de la nada, un nuevo negocio desconocido para ella, pero que le permitiese dedicar más tiempo a mi hermana más pequeña..., cada memoria que tengo de mi madre es la de una mujer generando ideas para innovar o mejorar, tomando decisiones arriesgadas y lanzándose a desarrollar nuevas iniciativas.

En lo personal, el mejor legado que me ha dejado mi madre, y lo que más le agradezco, es haberme eliminado desde pequeño el sentimiento de la envidia. Esto me ha permitido regocijarme del éxito ajeno y valorar los logros que alcanzan los demás, incluso de personas que no conozco. Nunca he olvidado que cada vez que iba a mi madre con la queja de que un amiguito o un vecino tenía algo que yo no tenía, ella se tomaba el tiempo de explicarme que, de la misma forma que ese niño tenía unas cosas, yo tenía otras que él no poseía, y que eso era lo mejor porque así ambos podríamos compartir dos cosas diferentes.

Nunca podré agradecerle lo suficiente el que me grabara a fuego que la palabra de uno debe valer más que mil papeles firmados, que hay tiempo para todo y que nadie ha hecho algo trascendente en la vida sin disciplina y esfuerzo o tomando atajos.

Gracias, mami. Además de la vida me diste las velas para navegarla.

 

>> Te recomiendo que leas este libro. Serás mejor persona y profesional tras hacerlo. Voy a explicar por qué.

Desde tiempos inmemoriales se ha acudido al asesoramiento ajeno para la mejora tanto en cuestiones técnicas como de los hábitos comportamentales y directivos, y también para el incremento de las virtudes éticas. Basta leer Entrevista a Aristóteles (LID, 2023). En la actualidad esto recibe el nombre de coaching.

En las tres décadas en las que vengo ejerciendo coaching de alta dirección, he dirigido muchas docenas de procesos para directivos de docenas de países de cuatro continentes. He encontrado en ocasiones puntuales a personas decepcionadas, porque habían acudido previamente a quienes carecían de usanza o de conocimientos antropológicos y ejecutivos. Al igual que para ser cirujano resulta imprescindible la acumulación de conocimientos y ejercicio práctico, para proclamarse asesor o coach es esencial la experiencia. El coaching, como cualquier otra actividad, reclama una gestación consistente. Condiciones ineludibles para asesorar son contar con una conciencia firme y una rectitud avalada por una vida irreprochable.

Hay directivos que hacen funcionar la maquinaria de la organización provocando acritudes. El alma, los sentimientos, los pensamientos de una criatura humana quedan claramente a la luz cuando ejerce poder. Navegar con mesura solo se logra con prudencia, capacidad de análisis y visión estratégica. Para administrar, se precisa, sin duda, firmeza. Más significativas suelen ser la flexibilidad, la paciencia y la compasión. Liderar reclama conocer a las personas, apreciarlas, valorarlas, respetarlas… Y esto no se lleva a cabo sin aprendizaje.

Una organización mejora más gracias a una persona sublime que a una normativa excelente. Un paladín ha de mantener la cabeza cerca del corazón. Explicó con acierto Plutarco que «una autoridad que se funda sobre el terror, sobre la violencia y sobre la opresión es, al mismo tiempo, una vergüenza y una injusticia». Quien gobierna de forma equivocada diluye aceleradamente su liderazgo. Quienes mejor rigen suelen generar poco ruido.

Llegar a ser lo que debemos ser, sobre todo cuando se ocupa el pináculo, reclama la humildad de escuchar a quien proporciona buenos consejos para, al cabo, aseverar: «Confieso que he vivido». Desarrollar el alma tiene, en efecto, mucho que ver con generar vida. Es también digno permitir que los amigos nos aconsejen, siempre que cuenten con la preparación indispensable. Pero el mejor proceso de asesoramiento reclama, en primer término, aprender a gobernarnos a nosotros mismos. Y aquí llegamos al punto central del magnífico libro de Ney Díaz, un espléndido ser humano al que conocí en persona con ocasión de la presentación de su anterior libro —Las 12 preguntas— en el barrio de Salamanca, en Madrid.

El que ahora prologo, RESTART, no es un texto de superación ni un recetario de directrices sobre cómo obrar ante específicas coordenadas. Tampoco es una guía puritana o un proceso con acciones específicas. Ney no plantea un mapa con pautas inapelables para transitar por la vida. Siembra sabiduría, fruto de su experiencia profesional y personal.

RESTART es un texto dúctil y repleto de inteligentes recovecos. No es imprescindible estudiar los capítulos en el orden preestablecido. Como bien señala el autor, se multiplican en cada una de sus esquinas los empujoncitos que todos precisamos periódicamente. Ney anima a explorar cuando nos damos cuenta de que nuestra forma de timonear no es la mejor, cuando no atinamos a determinar cuál es el camino. Cuando comprendemos que hemos encallado.

Con interesantes ejemplos y conceptos, Ney nos evidencia que uno de los principales obstáculos para lanzarse a buscar opciones son los pensamientos limitantes a los que prestamos atención, hasta el punto de que llegan a formar parte inherente a nuestra forma de percibir el planeta. Somos profetas de nosotros mismos. Si juzgamos que no podemos, nos autolimitaremos. Si consideramos que una meta está en nuestras manos, pondremos implícitamente los medios para lograrla.

Un prólogo no pretende actuar de spoiler. Tiene el propósito de animar a disfrutar del contenido que a continuación espera. Ojalá que estas breves pinceladas hayan logrado ese propósito. Felicito de corazón a Ney por el arrojo para conceptualizar experiencias vitales y profesionales tan relevantes como ha atravesado desde que llegó al mundo. Son, sin duda, de gran utilidad. ¡Enhorabuena, Ney, y reconocimientos por tu esfuerzo! ¡Gracias, doña Vicky, por un hijo como Ney! ¡Gracias, Rosalía y Andrea, por cuidar tanto a Ney!

Javier Fernández AguadoSocio director de MindValue, autor y coautor de más de 60 libros y uno de los referentes del management en el mundo.

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

REENFOCAR

> En qué consiste reenfocar y cuándo debes hacerlo

> Cómo interpretar las señales

> Los pasos para reenfocar

> Para reflexionar y actuar

EXPLORAR

> En qué consiste explorar y cuándo debes hacerlo

> Explorando fuera de la zona de confort

> Desestigmatizando al fracaso

> Para reflexionar y actuar

SOLUCIONAR

> En qué consiste solucionar

> Cómo solucionar

> No te aferres

> No apuestes

> No subestimes ninguna idea

> Una herramienta valiosa

> Unas sugerencias finales

> Para reflexionar y actuar

TRANSFORMAR

> En qué consiste transformar

> Cuándo transformar o transformarte

> Replanteando el concepto crisis

> Algunas consideraciones finales

> Para reflexionar y actuar

AVANZAR

> En qué consiste avanzar

> Por qué y cómo debes avanzar

> Pautas para avanzar

> La curva S

> Combinando dos conceptos

> Ten un mindset emprendedor

> Maximiza tu «Retorno del estrés»

> Cuida tus pensamientos mientras avanzas

> Para reflexionar y actuar

REAJUSTAR

> En qué consiste reajustar

> Por qué y cuándo debes reajustar

> Cómo reajustar

> Mover o cambiar el pivote

> Date el permiso de equivocarte

> Nunca es tarde

> Bloquea tus «ya para qué»

> Para reflexionar y actuar

TRASCENDER

> Cuándo debes trascender

> En qué consiste trascender

> Cómo trascender

> Dale el debido peso a tu palabra

> No estafes…

> Tu «variable Y»

> Redefine el concepto de «la importancia»

> Mantén a raya tu soberbia

> Haz siempre lo correcto

> Iluminar para brillar

> Para reflexionar y actuar

REFLEXIONES FINALES

 

>> Era 1978 y yo estudiaba tercero de Primaria. Un día, entró al curso el profesor de Educación Física y nos preguntó: «¿Quiénes de ustedes practican natación?». Como el verano previo había tomado unas clases básicas y me había ido muy bien, levanté la mano efusivamente junto a otros compañeros. El profesor apuntó nuestros nombres y se fue. Tras visitar los otros dos cursos de tercero, ya había terminado su reclutamiento de la selección de nadadores de ocho años para los campeonatos intercolegiales. Al llegar a casa anuncié a bombo y platillo mi participación en esa competición de natación. Todavía recuerdo los ojos abiertos y la expresión estupefacta de mis padres cuando escucharon la gran noticia mientras almorzaban.

Llegó el gran día y también el momento de la prueba. Me paré en una plataforma junto a otros siete niños, todos ellos a mi derecha en sus respectivos carriles y yo en el último del extremo izquierdo. Allá, a lo lejos, estaba la pared de llegada, lo que desde mi perspectiva de niño parecía el otro extremo del Gran Cañón. Por primera vez en toda esa aventura sentí un poco de miedo al ver la meta tan lejana. Pero me dije: «Si ellos pueden, yo también puedo».

«¡En sus marcas, listos…!». ¡BANG! Al agua… Cuanto más agitaba los brazos, menor era la sensación de avanzar y mucho mayor la de cansancio. Seguí luchando y chapoteando hasta que ya no pude más, y empecé a tragar agua. Me agarré al borde de la piscina, tosiendo y llorando. Peor fue cuando vi que apenas había llegado a la mitad de ese enorme abismo de cincuenta metros. Y que los demás niños ya casi llegaban a la meta.

No había salido del todo de la piscina cuando mi padre se acercó, me ayudó a salir y me abrazó. A la vez que me secaba, me consolaba diciéndome que no pasaba nada. Me expresó muchas cosas en ese momento, pero hubo una frase que nunca olvidaré. Mientras yo seguía sollozando por mi «fracaso», me dijo: «No te preocupes, hijo: te prometo que vas a ser uno de los mejores nadadores de este país». Pocas semanas después yo estaba entrenando en un equipo de natación; cinco años más tarde formaba parte de la Selección nacional en unos campeonatos centroamericanos y del Caribe. Confieso que todavía a veces se me aguan los ojos cuando recuerdo aquel episodio.

No cuento esto como una historia de éxito personal, pues, aunque creo que fui un muy buen nadador, no rompí un récord olímpico ni pasé al salón de la fama de la natación nacional. Solo quiero resaltar la importancia que para mí tuvo aquella frase de mi padre, y que fue el «empujoncito» que yo necesitaba en ese preciso momento.

A veces me pregunto qué hubiese pasado si mi padre me hubiese reprochado en ese instante por qué me comprometí a participar en una competición para la cual no estaba preparado, a pesar de su insistencia de que lo reconsiderara. O qué hubiese ocurrido si él no me hubiese dicho aquellas palabras reconfortantes, inscrito en un equipo y acompañado todos los días —madrugadas y tardes incluidas— a practicar. O qué hubiese pasado si, cada vez que yo decía que no quería ir a entrenar a las cinco de la madrugada, no me hubiese recordado en tono firme que yo había asumido ese compromiso y que los compromisos se hacen para cumplirse.

Sería absurdo especular cuál hubiese sido el desenlace y dónde estaría yo hoy sin aquella intervención de mi padre. Pero de lo que estoy seguro es de que, gracias a este episodio a tan temprana edad, no hay una situación adversa en mi vida en la que no recuerde que un fracaso momentáneo no me define. Y que, simplemente, tengo que trabajar duro, como lo hice entonces, para dar un giro a la situación.

El impacto de aquel suceso en mi vida ha ido mucho más allá porque hoy, muchos años después, todo lo que hago se rige por esa convicción. Cuando un empresario requiere de mi opinión sobre un tema medular, cuando un ejecutivo me solicita orientación sobre una decisión de carrera, cuando un emprendedor me pide un consejo sobre cómo dar el próximo paso o cuando un joven universitario me pregunta qué debe hacer para ser un profesional exitoso, esto es lo que intento hacer: darle el empujoncito necesario en el momento adecuado.

Este principio es lo que también da sentido a todo lo que hago en mi actividad profesional y empresarial. Aquel empujoncito, que tanto me ayudó y que nunca he olvidado, es justo lo que aspiro a dar con cada una de las actividades formativas que realizamos en las empresas que dirijo, las grandes conferencias que organizamos, las entrevistas que hago para mi podcast, los posts que publico en mi blog o las cartas editoriales que escribo para nuestra revista Gestión.

Es también lo que me llevó a escribir mi primer libro, Las 12 preguntas. Gracias a este he recibido comentarios que nunca soñé obtener de lectores que me han confesado haber tomado decisiones trascendentales para su vida tras leerlo, algo que colma mi sentido de realización y mi propósito de vida.

Este libro sigue el mismo objetivo de dar el empujoncito necesario en el momento adecuado. A través de sus siete capítulos, RESTART quiere inspirarte y darte herramientas para que puedas mejorar tu situación actual, enfrentar un reto o superar un problema. Y esto solo se puede lograr tomando las decisiones correctas y dando los pasos necesarios ante una determinada coyuntura. Por eso lo he escrito con la firme voluntad de incitar a la reflexión y movilizar a la acción.

EN QUÉ CONSISTE RESTART

>> A diario nos enfrentamos con situaciones que nos obligan a tomar decisiones relevantes. Algunas son simples acciones de «pivotaje» y otras implican cambios de vida trascendentales. Para ambos fines —así como para todo el abanico de opciones intermedias— resulta conveniente contar con referencias, pautas o guías para determinar qué hacer, y, más importante aún, para saber cómo hacerlo.

Debido a la actividad a la que me dedico desde hace ya varias décadas, he tenido el enorme privilegio de trabajar de cerca, escuchar, ver en acción y conversar largo y tendido con muchos de los más reconocidos expertos globales de la gestión y el desarrollo personal. De igual forma, he tenido el placer de trabajar directamente con y para un alto número de líderes y referentes del management empresarial, el emprendimiento, la academia y la labor social de mi país y de muchos otros más. Todas estas interacciones me han transformado en un aprendiz permanente y me han permitido observar desde primera fila lo que funciona y lo que no a la hora de abordar un determinado reto, situación o problema.

También he desarrollado una especie de pasatiempo: identificar los comportamientos que caracterizan a las personas integralmente exitosas en múltiples facetas y actividades. Como resultado he podido descubrir siete acciones clave que una alta proporción de las personas de éxito a las que he conocido aplican de una forma u otra en diferentes contextos. Además, y para dar fe y testimonio de que estas acciones funcionan, he vivido muchas coyunturas personales, laborales y empresariales en las que las he aplicado con excelentes resultados. Estas son las que te explico con detalle en estas páginas.

Las siete acciones clave que componen RESTART son: REENFOCAR, EXPLORAR, SOLUCIONAR, TRANSFORMAR, AVANZAR, REAJUSTAR y TRASCENDER. Estas acciones cubren todo tipo de escenarios, contextos, entornos y realidades. Asimismo, están planteadas para ser utilizadas tanto por un profesional que quiere reinventarse o un alto ejecutivo que necesita tomar una decisión relevante como por un empresario que necesita dirigir su empresa por un nuevo rumbo. También son perfectamente útiles para un joven universitario intrigado por lo que le deparará el futuro, un bachiller indeciso sobre qué carrera estudiar o una persona recién retirada o desempleada que necesita decidir qué va a hacer con su vida tras dejar su trabajo u organización. Y, por supuesto, para quien esté viviendo una crisis personal, tenga un dilema existencial, o simplemente sienta la urgencia de salir de una determinada situación. En resumen, aplica para todo y a todos, porque, de una forma u otra, nos enfrentamos a las mismas necesidades.

CÓMO SACAR MÁXIMO PARTIDO DE ESTE LIBRO

>> Imagina por un momento que eres un apasionado de la cocina y has invitado a unos amigos a cenar en tu casa. Lo primero que haces es idear el menú, después piensas en los ingredientes y calculas las cantidades que necesitas, y, finalmente, escribes tu lista de la compra. Tras ir a comprar, cuando ya tienes todo listo en casa, comienzas a cocinar. Mientras preparas los platos, vas probando y pones los condimentos que consideras y en las porciones o cantidades que estimas conveniente. Todo, absolutamente todo, es a tu discreción. Al final tienes los platos que necesitabas para esa velada inolvidable que planificaste. Aplicando esta analogía, quiero que veas este libro como el lugar donde vas a comprar los ingredientes. Es decir, un universo amplio de alternativas entre las cuales escoges las que necesitas para un determinado momento, para luego combinarlas en la proporción y el orden que consideres más apropiados para el objetivo que persigues.

RESTART no es un libro de superación personal clásico ni es un recetario rígido de directrices sobre qué hacer o no ante determinadas situaciones o escenarios. Tampoco es una guía paso a paso, una metodología estricta o un proceso cronológico con actividades y acciones concretas. Ni constituye un mapa de ruta con pautas para transitar por la vida.

Puedes ver este libro como una caja de herramientas de la que tomas una o varias dependiendo de tu necesidad puntual. La combinación, el orden, el tiempo y la intensidad con las que utilices las siete acciones clave de RESTART dependerán de las circunstancias y de lo que requiera el momento. Asimismo, estas acciones no aplican exclusivamente para un instante específico o concreto: puedes utilizarlas de forma proactiva, aun cuando estés en tu mejor momento, para mantenerte a la vanguardia y no caer en la complacencia, como usarlas en medio de la más profunda de las crisis.

>> En resumen, RESTART es un libro flexible y lleno de recursos que puedes utilizar cuando quieras y como desees. De hecho, ni siquiera es necesario que leas los capítulos en el orden preestablecido. Puedes empezar por el capítulo que desees o que más te llame la atención. Te animo a que exprimas todo lo que puedas las páginas que leerás a continuación y que pases a la acción de manera decidida y entusiasta. Ojalá encuentres en ellas ese empujoncito que todos necesitamos en algún momento. Espero que no solo disfrutes de las ideas y conceptos que te propongo y las historias que comparto en este libro, sino que te resulten de mucha utilidad.

 

 

 

>>NOTA: No empieces a leer ningún capítulo de este libro sin antes haber leído la sección «Cómo sacar máximo partido de este libro» en la introducción.

«REENFOCARconsiste en mirar una determinada situación de una forma distinta para que cobre un nuevo sentido y que, a partir de ahí, te catapultes a una realidad más favorable. Dicho de otra manera, reenfocar es tomar acción para ver las cosas o situaciones de una forma más definida, clara y diáfana que te permita tomar decisiones más acertadas».

 

 

Enfocar 1.tr. Hacer que la imagen de un objeto producida en el foco de una lente se recoja con nitidez sobre un plano u objeto determinado. (…) 4. tr. Dirigir la atención o el interés hacia un asunto o problema desde unos supuestos previos, para tratar de resolverlo acertadamente.

Re– 1.pref. Significa ‘repetición’.

 

Fuente: Diccionario Real Academia Española (DRAE)

>> Tras graduarme de la Universidad, mi primer trabajo formal fue como supervisor de una línea de producción de una importante planta de zona franca dedicada a ensamblar suministros médicos. Esta línea tenía unas cien operarias y, de todas ellas, había una, solamente una, con la que tenía problemas. Durante unos meses que se me hicieron eternos, la joven discutía constantemente con sus compañeras, se distraía con frecuencia, no respetaba a mis dos asistentes, hablaba muy alto, se quejaba de forma incesante y, sobre todo, creaba mal ambiente en el área de empaque.

Intenté todo lo que se me ocurrió para lidiar con el comportamiento conflictivo de Marta —nunca podré olvidar su nombre— para lograr un cambio de actitud. Nada funcionó. Al borde de la desesperación, traté incluso ser más estricto con ella, pero el resultado fue peor. Me sentía frustrado y molesto porque me parecía increíble que una sola persona pudiese crear tanta crispación en nuestro lugar de trabajo.

Cada vez que me quejaba a mi jefe sobre la conducta de Marta, me respondía con una sonrisa que parecía decirme: «Resuélvelo como puedas porque ni la vamos a despedir ni le vamos a pasar el problema a otro supervisor». Y yo volvía cabizbajo a mi puesto a enfrentar mi karma. La situación con Marta llegó a tal punto que hasta me planteé renunciar a mi trabajo si la empresa no me ayudaba a quitarme esa piedra del zapato.

Un día, en medio de la impotencia, escuché a un compañero durante el almuerzo decir la famosa expresión «si no puedes vencerlos, únete a ellos». En ese instante, como si fuese una especie de epifanía, pensé en aplicar esa máxima a la situación con Marta. La llamé a una reunión y tuvimos una breve conversación:

—Hola, Marta. ¿Cómo está usted?

—Muy bien, señor.

—He notado que usted es una persona con mucha influencia en el área de empaque. Tengo un serio problema de disciplina en la línea de producción y usted es la principal persona que me podría ayudar.

—Claro que sí. ¿Cómo le ayudo?

—Usted sabe lo delicado e importante que es el trabajo que ustedes hacen. Necesito que me ayude a tranquilizar a las personas que tienen problemas de disciplina. Dígales que, por favor, hablen bajito si lo están haciendo muy alto, que respeten a los asistentes y que no discutan entre compañeras, por ejemplo. Cada vez que usted vea a alguna salirse de la línea por algún problema o situación, aconséjele y tranquilícela. ¿Puedo contar con usted?

—No se preocupe, señor. ¡Cuente conmigo!

Ese fue el último día que tuve un problema con Marta, con excepción de algunos incidentes menores durante las dos o tres primeras semanas en las que discutió con algunas de sus compañeras tratando de poner orden, situación que mejoró con un poco de lo que hoy llamaríamos coaching. Aquella chica «bullosa», incontrolable, polémica, inquieta e irrespetuosa dio un giro de 180 grados a su conducta y se convirtió en mi mejor aliada en la línea de producción.

Podría parecer que fue una manipulación por mi parte, pero yo prefiero llamarle «efecto Pigmalión» o influencia positiva. Antes de tener aquella reunión con Marta pensé muy bien en lo que le iba a decir para no mentir, pues cualquier exageración o falsedad por mi parte podría dar al traste con mis intenciones. Tal y como le dije, en efecto, ella tenía una fuerte influencia (solo que negativa…). Además, siendo la causante del problema de disciplina, ella era la persona que me podría ayudar a mejorar esa situación. Sea como fuera, Marta entró a esa reunión siendo una persona y salió siendo otra.

Todavía hoy reflexiono sobre qué factores pudieron haber motivado un cambio tan radical y para bien. Puede que Marta fuera un espíritu rebelde que demandaba un poco de atención y que, al recibirla, tomó la decisión de hacer lo imposible para no perderla. O, simplemente, nadie había confiado antes en ella y, al recibir ese voto de confianza, se comprometió en cuerpo y alma con no fallar. O quizás su autoestima mejoró con esa nueva responsabilidad.

Son varias las lecciones que extraigo de este episodio. Por ejemplo, que nuestro rol como líderes nos llama a hacer todo lo posible para sacar lo mejor de cada persona. Y que a veces, para hacerlo, basta con prestarle un poco de atención y recordarle que es importante. Y, más relevante aún: que muchas veces no son los demás quienen deben cambiar, sino nosotros mismos. O, como en este caso, lo que necesitamos cambiar es la forma de enfrentarnos a una determinada situación.

Con Marta lo único que cambié fue mi forma de mirar el problema y encararlo. El enfoque con el que me enfrentaba a él, además de equivocado, no me estaba dando ningún resultado y, cuando lo enfoqué de manera distinta, todo cambió. Así de poderoso es el reenfocar.

Si una persona puede cambiar su conducta con tan solo un comentario inspirador nuestro, una corta conversación o un voto de confianza, qué será lo que no podremos hacer con nosotros mismos con tan solo buscar inspiración en cada una de nuestras tareas y entender la trascendencia de todo lo que hacemos, por simple, sencillo e insignificante que nos parezca.

Estoy plenamente convencido de que el principio que debe regir nuestro comportamiento debe ser el mismo siempre: si las circunstancias no resultan como esperamos, debemos estar dispuestos y abiertos a cambiar el esquema. Con esquema me refiero a la película mental que nos hacemos o la idea preconcebida de lo que debe ser ideal, correcto, apropiado y conveniente. Y con estar abierto a cambiar el esquema, me refiero a ser conscientes de que hay situaciones y factores que están fuera de nuestro círculo de influencia, y que la actitud correcta es fluir con ellos. Con esto quiero decir que tenemos que adaptarnos y buscar las oportunidades de aprendizaje que esconden. Y, para ello, el primer paso es poder reenfocar la mirada.

EN QUÉ CONSISTE REENFOCAR Y CUÁNDO DEBES HACERLO

>> Reenfocar consiste en mirar una determinada situación de una forma distinta para que cobre un nuevo sentido y, a partir de ahí, te catapultes a una realidad más favorable. Dicho de otra manera, reenfocar es tomar acción para ver las cosas o situaciones de una forma más definida, clara y diáfana que te permita tomar decisiones más acertadas.

Quizás has sentido alguna vez que el camino que transitas no es necesariamente el correcto, o que el sentido y el ritmo que llevas no son los ideales, y no sabes qué hacer para cambiar este rumbo. O incluso, aunque sepas lo que tienes que hacer, no tienes claro por dónde empezar. En otros casos estás tan emocionalmente involucrado, acostumbrado, cómodo o resignado con un determinado escenario que no te das cuenta de que existen alternativas mejores u opciones diferentes. Si se da alguna de estas situaciones, llegó el momento de reenfocar.

Reenfocar debe ser el curso de acción a seguir cuando nos damos cuenta de que nuestra forma de ver una situación, un problema o una coyuntura, no es la única o la mejor. O, cuando al observarla, no atinamos a determinar claramente qué camino debemos escoger. También cuando intuimos que hay oportunidades que no estamos capitalizando del todo y nos gustaría saber si puede haber otras opciones mejores.

No siempre es necesario hacerlo solo ante algo negativo o adverso. Puede haber ocasiones en que queramos tener una visión diferente. Y, casi siempre, al añadir una visión complementaria, nuestra perspectiva será más completa y, por lo tanto, más rica y ajustada a la realidad.

CÓMO INTERPRETAR LAS SEÑALES

>> Reenfocar una situación o un problema no siempre implica el replantear desde cero el significado que tiene para ti. Cada hecho per se siempre será único. En este sentido, antes de abordarlo es muy recomendable que tengas claro qué representa para ti y, sobre todo, para tu situación futura. Para identificar cuáles son sus verdaderas implicaciones y tener un marco de referencia más claro conviene siempre hacerse las siguientes cuatro preguntas:

1 ¿Estoy haciendo una interpretación positiva, negativa o neutra de este hecho o suceso?

2 ¿Estoy siendo objetivo o existe la posibilidad de que mis emociones y experiencias pasadas incidan en la interpretación que estoy haciendo?

3 ¿Esta nueva realidad ha cambiado o alterado alguno de mis esquemas?

4 ¿Cuáles de mis creencias profundamente arraigadas están siendo retadas por este suceso?

Cuando hablo de hecho o suceso no me refiero únicamente a un evento concreto o acontecimiento de envergadura. A veces se trata de tener una idea u ocurrencia, darnos cuenta de una realidad que estaba ante nuestras narices o, incluso, de hacer un descubrimiento de algo sencillo. No tienes que limitarte a un suceso tangible o incidente palpable. Solo en la medida en que hagas esa parada y trates de responder conscientemente a estas cuatro preguntas podrás aproximarte a lo que realmente representa para ti esa determinada situación. Pero, sobre todo, qué es lo que quieres que represente para ti a partir de ese momento. Esto último es a lo que me refiero con reenfocar la situación.

No existe un momento preciso para abordar estas cuatro preguntas. Puede que las respondas en varios minutos justo cuando ocurre una determinada situación o que, por el contrario, te tome meses o años analizarlas, interpretarlas, entenderlas y asumirlas. Cada situación, contexto y persona es única, por lo que no debes presionarte a responderlas ipso facto como si necesitases cumplir un mandato ajeno. Esto debe ser algo hecho de forma consciente. Pero, en la medida de tus posibilidades, debes siempre tratar de responder a estas preguntas para comprender la situación y entender sus implicaciones.

No debes obviar el que hay ocasiones en las que aplazar una decisión puede ser contraproducente y no confrontar los hechos puede afectar a aspectos como tu salud, tu bienestar económico, tus relaciones o tu competitividad. Y tampoco debes olvidar que, cuanto antes realices este ejercicio, más rápidamente podrás solucionar el asunto en cuestión.

Puede darse el caso de que no tengas todas las respuestas, pero el solo hecho de haber parado a reflexionar evita que tomes decisiones de forma precipitada y actúes por mero impulso y con el piloto automático puesto ante cualquier suceso.

Sobre la rapidez y la lentitud, me gusta el criterio de Carl Honoré, referente del movimiento Slow y autor del libro Elogio de la lentitud (entre otros best sellers), y a quien tuvimos el honor de tener como ponente principal de nuestro evento Hello Wellness en junio del 2023. Honoré es muy enfático a la hora de resaltar que, cuando habla de lentitud, no se refiere a ir todo el tiempo en cámara lenta, sino a que hay momentos en los que hay que ir deprisa y momentos en los que es conveniente ir más despacio. De hecho, Carl plantea algo que a primera vista podría parecernos contradictorio o contraintuitivo: «En ocasiones hay que desacelerar para poder ir más rápido», y nos introduce a un concepto revolucionario clave, el de la pausa. La pausa es esa combinación de tiempo, espacio y enfoque mental en que nos detenemos para recargar energía, recentrarnos y dimensionar el alcance de nuestro avance. Y, a partir de ahí, poder seguir adelante con nuevos bríos.

Sobre esto último, el Dr. Stephen Covey, uno de los más grandes pensadores de la eficiencia personal, afirma que nadie puede estar tan ocupado conduciendo un vehículo como para no tener tiempo para detenerse a echar combustible. O, como suelo decir en conversaciones informales, para dar un gran salto a veces hay que dar algunos pasos hacia atrás para tomar impulso. Precisamente, en esos momentos de parada es cuando debemos aprovechar para hacer un ejercicio de reenfoque, pues es casi imposible recuperar un músculo lesionado mientras se realiza un ejercicio intenso.

LOS PASOS PARA REENFOCAR

>> Para poder reenfocar una determinada situación, debes dar los siguientes pasos:

1 → Determina si estás en un punto de inflexión