Romper el maleficio - Francisco de Antueno - E-Book

Romper el maleficio E-Book

Francisco de Antueno

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Beschreibung

El 5 de diciembre de 1957, River Plate se coronó tricampeón de primera división. Entonces nadie podía imaginar que transcurrirían casi dos décadas para que ese festejo se repitiera. Si bien en ese período grandes jugadores vistieron la camiseta de River (Ermindo y Daniel Onega, Carrizo, Perico Pérez, Varacka, Matosas, Solari, Delem, Cubilla y Artime, entre otros), y a pesar de que se hicieron grandes campañas, el Millonario no pudo obtener el título. En el medio, doce subcampeonatos y muchas cosas raras: el penal de Roma, la mano de Gallo, horrores arbitrales, resultados increíbles, mala fortuna, etc. Hasta que Ángel Labruna asumió como DT y armó un equipo formidable, que, luego de romper el maleficio, sería multicampeón: Perfumo, Alonso, Fillol, Merlo, Juan José López, Morete, Pedro González, Más, Passarella… Sin embargo, el camino no fue fácil: luego de un comienzo demoledor, la campaña estuvo plagada de hechos inverosímiles que pusieron la coronación en duda. A través de una rigurosa investigación archivística y de los testimonios tanto de protagonistas como de hinchas, Romper el maleficio cuenta la extraordinaria historia de aquellos años de sequía y, principalmente, de la gloriosa y sufrida campaña del Metropolitano de 1975.

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Seitenzahl: 726

Veröffentlichungsjahr: 2022

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ROMPER EL MALEFICIO

ROMPER EL MALEFICIO

EL DÍA QUE RIVER CAMBIÓ LA HISTORIA

POR FRANCISCO DE ANTUENO

Índice de contenido
Portada
Portadilla
Legales
Agradecimientos
Introducción: la importancia de la historia
Primera Parte: La Triple Corona (1957)
La noche larga y oscura: doce años de soledad (1958-1969)
Años tumultuosos (1970-1974)
Segunda Parte: El regreso de Labruna
Las primeras fechas y un comienzo demoledor
Puñalada y resurrección
Nubes en el horizonte
Otra vez la malaria
Una luz al final del túnel
La prueba final: una historia detrás de la historia
Un grito de corazón
Conclusión
Fuentes y Bibliografía de consulta
Anexo Estadístico

Antueno, Francisco de

Romper el maleficio / Francisco de Antueno. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-950-556-916-8

1. Clubes de Fútbol. 2. Historia. I. Título.

CDD 796.33409

© 2022, Francisco Javier de Antueno

© 2022, RCP S.A.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.

Primera edición en formato digital: noviembre de 2022

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

ISBN 978-950-556-916-8

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Diseño de tapa e interior: Pablo Alarcón | Cerúleo

A mi papá y a mi abuelo.

A Male, Ine y Angie, fanáticas de River,

por su entusiasmo y apoyo de siempre.

Y a todos los hinchas de River.

AGRADECIMIENTOS

Quisiera agradecer muy especialmente a Mario Argenta por su afecto y su esencial colaboración en la realización de este trabajo. Sin su invalorable ayuda y su entusiasmo, a esta historia le hubiera faltado la palabra de muchos de sus protagonistas. A Patricio Carballés por su paciencia y su apoyo, sin los cuales este libro nunca hubiese salido a la luz. A Fernando Bravo por su calidez y su amistad. A Diego Borinsky por su confianza, sus consejos y su buena onda de siempre. A Matías Patanian y a Rodolfo D’Onofrio por sus recuerdos y su cariño hacia este equipo del ’75; a Daniel Kiper por los recuerdos de su papá Jorge, y al Club Atlético River Plate.

Esta historia no hubiera sido posible sin el testimonio de sus principales protagonistas. Por tal motivo, quiero expresar toda mi gratitud a los campeones Norberto el Beto Alonso, el Pato Ubaldo Matildo Fillol, Pedro González, el Puma Carlos Morete, Jorge Vitrola Ghiso, Reinaldo Mostaza Merlo, Rubén Bruno, Fernando Zappia, Héctor Bargas, Ramón Orlando Gómez, Oscar Pinino Más, Juan José López, Francisco Groppa, Héctor el Gringo Ártico, José Omar Pepona Reinaldi, Miguel Ángel Perico Raimondo, Héctor el Gorrión López, Luis Jometón y Omar Labruna, por permitirme ser parte, a través de sus recuerdos y anécdotas, de esa aventura de ser campeón. Este trabajo está dedicado a ellos y a don Ángel Labruna, Roberto Perfumo, Alejandro Sabella, Pablo Comelles, Hugo Pena, Alberto Vivalda y al resto de los campeones del Metro ’75, a quienes conocí por boca de otros. No me quiero olvidar de mi amigo Gonzalo Iturbe y Miguel Ángel Bertolotto, ex cronistas de la revista River y testigos privilegiados de la hazaña histórica de estos monstruos futboleros, como también a Bernabé Cicuta (Juan José Villegas), y su hijo Jorge. También a Alberto Palito Haliasz, reportero gráfico de la revista River en esos años y ex fotógrafo oficial del club, por tantas anécdotas y buenos ratos compartidos. Asimismo, a Hernán Ceres, veterano del periodismo deportivo, al Chavo Diego Fucks, a Guillermo Tiburón Rivarola por sus recuerdos sobre Pablo Comelles, a Jorge Burruchaga por su ayuda, a Daniel Tito Onega, al Chamaco Carlos Rodríguez y a José Alberto Perico Pérez por sus memorias del River de los ’60 y ‘70; a Leonardo Barujel, a Rodrigo Daskal y Oscar Corletti del Museo River, a Carlos De La Fuente, eterno trabajador de las inferiores del club; y al genial Meiji (Jorge Meijide), por su pasión y su arte maravilloso, así como al actor Jean Pierre Noher por su amabilidad y sus historias.

La gesta de aquel torneo no se hubiera logrado sin los jugadores que dejaron todo en la cancha. Pero tampoco hubiera sido posible sin los hinchas de River que apoyaron, sufrieron y gozaron con esta historia, trágica y gloriosa a la vez. Por esta razón, quise insertar los comentarios, sugerencias, anécdotas, recuerdos, sensaciones, sentimientos y pequeñas historias de algunos de aquellos seguidores de River, que completan la historia que aquí intento relatar. Fue para mí un lujo hablar y debatir con muchos hinchas de River y de otros clubes, que me ayudaron a transmitir lo que significaron, tanto aquellos años de sequía como la explosión de agosto de 1975. Sus comentarios son fundamentales para “vivir” esta historia y hacerla propia. Expreso por eso mi afectuoso agradecimiento a mi papá Pancho y mi abuelo Pol, que me hicieron hincha de River; mi hermano Martín; mi tío Fernando Sarubbi; a mi cuñado Andrés Sostaric; mi gran amigo Willy Escasany y su padrino Carlitos Martínez Casas; mi profesor del secundario Alberto Chueco; Edgardo Hostench, que me hizo recorrer y vivir el camino desde el campeonato del ‘57 hasta la consagración del ‘75; mis amigas Fernanda y Anahí Millicay, por hacerme partícipe de ese recuerdo tan íntimo de su papá Nicolás (Beto); Christian Hotton, su papá Arturo y Norberto Rubicini; mi amiga Benedicta y su papá Carlos Giaquinto y Juan Carlos Quevedo, que me preparó un diario de lo que pasó en esos años; Santiago y su papá Marcelo Russo, que me hizo escuchar la la voz del Rojo; a mis amigos Gonzalo Ortiz de Zárate; Luciano Tanto Clément; Nazareno y su papá Juan Carlos Patato Ayala; Matías Giménez; José Gutiérrez Maxwell y Marcelo Ruiz Huidobro; Diego Sadofchi, Manuel Balaguer Salas, Gustavo García; Carlitos Gianotti; Patricio y su papá Carlos Violini; Gustavo Zlauvinen; Guillermo Nicolás; Laura Zerillo; a mis amigos del fútbol de los sábados Alejandro Canale, Alejandro Pichi Piscitelli, Antonio Sanchiño y Jorge Blumen; a Gustavo Bobrik, Graciela Pascuadebisceglie y Lacho, que me hablaron de Boca; a Raúl Ailán y Feliciano Gordillo, que me dieron la mirada cordobesa de las cosas; al artista Eduardo Barales; Adrián González Illing; a Juan Contartesi; Fabio Assad; Ezequiel Bassano, Mariana Bramano y toda la gente de Villa María. A Flor y Paula y sus padres, Alejandro Díaz Bessone y Leticia Pelloni; a Ayelén y su papá Diego Ghersi, del Lobo Platense; a Patricio Morat y su abuela Deidamia Arruabarrena, fanática de la Máquina y Labruna; a Daniel Saminian, por sus grandes anécdotas y a Javier Maluf por su investigación y sus recuerdos. Por último, aunque no menos importante, a Luis Pastorini y a Santiago el Tano Pasman por su memoria privilegiada y locura maravillosa; a Gustavo Cardone, autor riverplatense; y a Rubén Ramos y Ramiro Castro y el Presidente Fernando Fiore, por sus cuentos de River desde el tablón. Mis disculpas a todos por tantas anécdotas que quedaron en el tintero y no entraron en este libro.

Gracias a todos, porque el fútbol está hecho de la pasión de su gente.

INTRODUCCIÓN: LA IMPORTANCIA DE LA HISTORIA

“Pasaron hombres, hechos, circunstancias,

épocas inolvidables, tiempos difíciles…

Entre todos ayudaron a hacer grande,

infinitamente grande a River”.

(Miguel Ángel Bertolotto, diciembre de 2000)

Cuando aún continúan en el pueblo riverplatense los festejos y la algarabía lógicas por ganar una final irrepetible, por sus características y circunstancias excepcionales, sobre Boca Jrs. en Madrid y ante los ojos del mundo, muchos simpatizantes millonarios aseguran, sin ningún tipo de dudas, que el equipo de Marcelo Gallardo ha conseguido el logro más importante de la rica historia del club.

Una vez que pase el tiempo y baje la espuma del champagne (dentro de muchos años), se podrá apreciar en su justa medida el verdadero impacto del logro de aquella final única. ¿Es ésta realmente la conquista más importante de River Plate? En el momento actual, no cabe ninguna duda de que una victoria en la final de la Copa Libertadores de América, ante el acérrimo rival, delante de millones de telespectadores de todo el mundo, sólo cabía en los sueños más ocultos y psicodélicos de los hinchas. Sin embargo, los planetas se alinearon y el equipo riverplatense de 2018, dirigido por Marcelo Gallardo, consiguió hacer realidad aquella fantasía. Fue el superclásico más importante de la historia. A matar o morir. Y River mató.

Ahora bien, al decir esto, involuntariamente se corre el riesgo de ser irrespetuosos con la historia de River y de todos aquellos jugadores y técnicos que obtuvieron trofeos y vueltas olímpicas desde 1901 hasta el presente. Arrancando con el título amateur de 1920, los títulos de la década del 30 y siguientes de la era profesional, conseguidos por la Máquina y los Caballeros de la Angustia en los ’40, la Maquinita en los 50’, el River de Labruna en los ‘70/’80, la primera Libertadores y la Intercontinental en 1986, los muchos títulos nacionales e internacionales de las décadas de los ’90 y 2000 y los conseguidos por la Era Napoleón antes de 2018. Sin olvidarnos de los que restauraron el honor en el año más oscuro del club. Gracias a ellos, River Plate cuenta con una de las vitrinas más ganadoras de la Argentina y del mundo. A enero de 2022, y desde su fundación en 1901, entre los logros del equipo de fútbol de River Plate a nivel nacional pueden contarse 37 títulos profesionales de primera división y 13 copas nacionales, a lo que debemos sumar el mencionado Campeonato 1920 obtenido durante la era amateur. A nivel internacional, River ha obtenido 18 títulos, entre los que se destacan las copas Libertadores, Intercontinental, Interamericana, Supercopa, Sudamericana, Recopa, Suruga Bank, Ricardo Aldao y Tie Cup Competition, en la era amateur.

Ahora, retrocedamos en el tiempo hasta enero de 1975. River había ganado su último campeonato en diciembre de 1957. Habían pasado 17 años de sequía cuando Ángel Labruna se hizo cargo del primer equipo. Desde su fundación, River había obtenido 12 títulos nacionales profesionales de primera división y las 5 copas Ricardo Aldao eran sus únicos logros internacionales. Esos 17 años de maleficio estuvieron cargados de entusiasmo e ilusiones que se estrellaron contra resultados inverosímiles. River podría haberse hundido en la intrascendencia o repetir el destino del Alumni, que luego de una furiosa, pero breve, historia de gloria desapareció en las arenas del tiempo. Sin embargo, River no se resignó y, a pesar de los desencantos, de las oportunidades perdidas, de los gritos atragantados, y las cosas raras, continuó pujando para torcer ese destino esquivo. La vuelta del ‘75 marcó a toda una generación de hinchas y les cerró la boca a quienes se burlaban de un River que durante 17 años iba puntero y se desinflaba en las últimas fechas. Cuando charlé con Rodolfo D’Onofrio, presidente de River en 2018, no dudó en decirme “la sensación que tuve en el ‘75, la conmoción que se desató aquel agosto, sólo se puede comparar con lo sucedido en Madrid el 9 de diciembre”.

Tan fuerte fue la explosión por la obtención del Metro ‘75, que ese mismo equipo, bajo la conducción de don Ángel Labruna, luego de romper el maleficio, obtuvo el Nacional ‘75, el Metropolitano ‘77, el Nacional y el Metropolitano ’79, y el Metropolitano ‘80 (y fue la base del título que River obtuvo en 1981 bajo la dirección técnica de Alfredo Di Stéfano). El triunfo en el Metropolitano de 1975 marcó un punto de inflexión en la historia de River. Luego de consagrarse campeón, River recuperó la mística y su lugar como el equipo más ganador de torneos profesionales de la Argentina. En los siguientes 46 años, River ganaría 40 torneos, incluidos 23 títulos de primera división, 5 copas nacionales y 12 títulos internacionales. Todos los logros y equipos de River están concatenados, forman un camino único, ascendente y necesario hacia la gloria. Sin los campeones de 1975, tal vez no hubiera habido Madrid 2018.

Este es un humilde homenaje a aquellos héroes que cortaron la noche más larga. La odisea de aquel equipo que revolucionó a River. La historia de los que cambiaron la historia…

PRIMERA PARTE: LA TRIPLE CORONA (1957)

River es el más grande equipo de la era

moderna del fútbol argentino”

(Dante Panzeri, diciembre de 1957)

5 de diciembre de 1957. Tarde soleada y calurosa. A pesar del día laborable, los plateístas de la Tribuna Social (actual Platea San Martín) habían ocupado todos los asientos reservados para los socios del club. Sin embargo, el entusiasmo inicial y las enormes ilusiones puestas en el equipo de Labruna se habían ido diluyendo con el correr de los minutos y los espectadores miraban el partido cada vez con mayor desinterés. River e Independiente empataban en cero en Núñez y la posibilidad de campeonar en casa por tercer año consecutivo, en la era profesional logro únicamente conseguido por Racing entre 1949 y 1951, parecía desvanecerse. Al menos, por unos días.

River tenía un equipazo que había demostrado su superioridad a lo largo de todo el torneo y se suponía que debía derrotar a Independiente de la misma manera que lo había hecho en la primera ronda en Avellaneda, por 3 a 0. El Millo, con su tradicional 2-3-5 había tenido la posesión de la pelota, pero no había podido perforar la defensa de Independiente. Dante Panzeri, uno de los más grandes cronistas deportivos de la Argentina, comentaría con su estilo barroco que “River había jugado mejor (…) en cuanto a la disposición de cinco forwards que, según saben, acusaban sentido de colocación de la pelota, habilidad en el esquive, (y) conciencia del desmarque. Y allí estaba la gran diferencia de valores que la gran defensa de Independiente postergaba en la expresión concreta del score con un éxito que nadie hubiera previsto”.(1)

Independiente, por su parte, también había tenido sus chances y no estaba ganando por obra y gracia de Amadeo Carrizo, que se había quedado con varias pelotas de gol en el área millonaria. Concretamente, existieron dos jugadas que fueron claras oportunidades desaprovechadas por los Rojos para ponerse en ventaja. Primero se lo perdieron entre Cerviño y Bonnelli, y luego fue Oscar López el que permitió que Carrizo se luciera con esa “calma desmayada y algo mansa, de galán romántico”, mezcla de Vittorio Gassman y Marcello Mastroianni en el arco.(2)

Todo indicaba que, a cinco minutos del final, la vuelta olímpica tendría que esperar al partido con Atlanta en Villa Crespo. Sin embargo, en la cancha, un veterano de bigotes, con la banda cruzada en el pecho y el diez en la espalda, no daba aún el brazo a torcer. Faltaban tres minutos y Héctor de Bourgoing corrió apurado a patear un córner desde la derecha. Ángel Labruna se acercó a Víctor Rodríguez, su marcador, y le susurró “no te descuides, eh…”. De Bourgoing metió un centro bajo que Eliseo Prado peinó en el primer palo. Labruna escapó a la marca de Rodríguez, se encorvó y, rodeado por Tito Scherl, José Varacka y David Acevedo, metió un cañonazo de media vuelta que perforó la red del arco de Independiente. El Monumental estalló y un coro de gol bajó desde las tribunas colmadas de hinchas que formaban la herradura de Núñez.(3) Labruna se abrazó con sus compañeros, antes de palmearse la banda roja de la camisa abotonada y sonreír hacia las gradas.

Los jugadores de Independiente se miraron desconcertados. Varacka tomó la pelota con decisión y la llevó al círculo central mientras alentaba a sus compañeros para empatar en la última jugada. Pero con un minuto por jugarse, el Beto Menéndez recuperó la pelota por la derecha y se lanzó en velocidad por la banda, sorprendiendo al Rojo con el contraataque. Al llegar a la altura del área grande, la cedió al Mono Zárate, que la mandó al medio, donde estaba Labruna. Con la defensa Roja esperando el remate, el Feo la devolvió en magistral pase a Menéndez, que no había dejado de correr en dirección al arco y rompió la línea del off side. El Beto no desaprovechó su oportunidad y definió frente a Cozzi para llenar de gol el arco del Rojo por segunda vez. Pitazo del árbitro, final del partido y desahogo. Muchos chicos y algunos adultos se colaron al campo de juego a abrazarse y palmear a sus ídolos, que habían conseguido igualar la hazaña de Racing y coronarse campeones por tercer año consecutivo.

River ganó ese campeonato de principio a fin: fue puntero a partir de la fecha 3 y se mantuvo en esta posición durante las 28 fechas siguientes. Jugó 30 partidos, ganó 19, empató 8 y perdió 3 para consagrarse campeón tres fechas antes del final. Convirtió 75 goles, 22 de los cuales los hizo Roberto Zárate, el goleador del campeonato. Le siguieron el Beto Menéndez (15 goles), Ángel Labruna (13), De Bourgoing (12) y Eliseo Prado (8). Entre estos cinco delanteros convirtieron 70 goles (el 93% de los tantos del millonario), más que San Lorenzo de Almagro, que terminó en el segundo puesto del torneo. Hay que recordar que, en aquella época, las victorias otorgaban 2 puntos, por lo que el conjunto de Núñez se alzó con el 76% de los puntos en juego (46 de los 60 puntos en disputa).

Ese campeón batió varios récords, muchos de los cuales aún se mantienen vigentes. Se transcribe a continuación la numeración realizada por la revista River en diciembre de 1957:(4) fue campeón por 12° vez, récord absoluto en los 27 años que llevaba el profesionalismo hasta ese momento,(5) y cinco más que su perseguidor más cercano (Boca); obtuvo cinco títulos sobre los últimos seis torneos disputados; se coronó Tricampeón del fútbol argentino (récord que igualó la marca de Racing de 1949-1950-1951);(6) alcanzó diecinueve partidos seguidos sin perder;(7) marcó un récord con la transferencia de Enrique Omar Sívori a la Juventus de Italia (10 millones de pesos, el valor de la actual tribuna Sívori media y baja); alcanzó los tres años y tres meses invicto en el Monumental en partidos oficiales (1955/56/57); su ataque fue el más efectivo del campeonato y tuvo al goleador del certamen; obtuvo la mayor cantidad de victorias y fue el equipo menos derrotado; se mantuvo veintiocho fechas en la punta de la tabla; fue campeón de la primera rueda; y Ángel Labruna cumplió 25 años jugando para River, coronándose por novena vez campeón de primera división.(8) En cuanto al invicto de River en el Monumental en partidos oficiales, la racha había comenzado el 19 de septiembre de 1954, luego de la derrota de River contra Newell’s en Núñez por 2-1, y se extendería hasta el 6 de julio de 1958, cuando San Lorenzo lo venció por 4-2. En este período, se produjo una derrota ante Boca, el 17 de agosto de 1955, que no se contó en la estadística porque River hizo de local en la cancha de Racing.(9)

Su formación más recordada, en la época en la que los hinchas aún podían repetir, como en un cantito, los nombres de los titulares de su equipo favorito, estaba compuesta por Carrizo; Pérez y Vairo; Mantegari, Pipo Rossi, Sola; De Bourgoing (o Rodríguez), Prado, Menéndez, Labruna y Zárate. Era un equipo que tenía en Amadeo, Vairo, Rossi y Labruna su espina dorsal, orden, estilo y seguridad. La mezcla perfecta entre lo que quedaba de la Máquina de la década anterior, con Chaplin Lousteau entre los suplentes, y las nuevas generaciones, representadas por Zárate, Menéndez, y el Cabezón Sívori (que se fue al comienzo del ’57), y Ermindo Onega, que debutó al final de ese torneo, con 17 años.

Aquel equipo tenía un objetivo muy claro y ambicioso al comenzar la temporada: igualar el tricampeonato de Racing. Ése preciado récord que había estado tan cerca de lograrse luego del bicampeonato del ‘52-’53, y que volvía a estar al alcance de la mano, después de las coronas del ‘55 y ’56. Había mucha confianza, aunque también incertidumbre por la partida Sívori al comienzo del certamen para sumarse a la Juventus. Era el jugador argentino del momento y su transferencia ponía un signo de interrogación a la triple corona. La revista River escribió: “y se fue nomás el Cabezón, dejando tras sí una ola de apasionadas discusiones. Había quienes no daban ni cinco centavos por la suerte de River sin su joven astro; otros confiaban en que perdíamos una reserva de enorme valor, y con nosotros, el fútbol argentino. Se equivocaron los primeros, y acertaron los segundos. River no dejó de ser River por no tener a Sívori, y un nuevo campeonato se ganó sin su concurso, en una campaña extraordinaria”.(10) Juan Carlos Ayala era un habitué en la tribuna Belgrano con su papá y su hermano, y recuerda haber visto jugar a la Maquinita y al Cabezón Sívori: “era un jugadorazo. Lo vi en River y después, también lo vi en Italia. Era un jugador espectacular y no se sabía si River iba a poder reemplazarlo para el ‘57”.

José María Minella, el DT de la Banda Roja, sin desconocer el baluarte que perdía con esa transferencia, sabía del potencial de los jugadores con los que contaba, y la fuerza y capacidad del equipo que formaban. Y River lo demostró desde el principio: “River salió con todo desde el comienzo mismo del certamen. Dispuesto a sacar velozmente la distancia que le permitiera regular su ritmo en las últimas jornadas. En la segunda fecha del torneo, River goleó a Lanús por 5 a 2. En la tercera jornada ya estaba puntero, junto a Boca. En la quinta, superó por 6 a 2 a Argentinos Jrs. En la novena, destrozó a Estudiantes con un 6 a 1 memorable. La primera rueda la obtuvo con 10 triunfos y 5 empates, sacándole tres puntos de ventaja a San Lorenzo (…). Nunca estuvo en peligro el título. La regularidad de River era a prueba de balas”.(11) La “marcha hacia ese objetivo (el título) tuvo un ímpetu sensacional (…) Tan notable era el desempeño de River a medida que transcurrían las fechas, que en torno a su equipo se fue tejiendo la leyenda de la invencibilidad”.(12) El invicto continuó hasta que Argentinos Jrs. Lo sorprendió en el viejo Gasómetro. La racha llegó a 19 partidos, de los cuales se impuso en 14 y empató 4. Luego de la derrota, River vapuleó 7-0 a Ferro y tuvo algunos altibajos hasta el partido contra Boca en Núñez. River logró una goleada histórica sobre sobre los xeneizes por 5-3 el 24 de noviembre, en una actuación memorable que Dante Panzeri tituló para El Gráfico: “Boca aguantó un tiempo; River jugó los dos”. Refiriéndose al desarrollo del encuentro, el periodista escribió que “los reales 45 minutos del segundo período (13)fueron por momentos un anticipado cumplimiento del programa expuesto por cierto cartel que dos hombres le hicieron leer aun a los que no lo quisieran: ‘Baile los domingos en River Plate’”.(14) Luego de 45 minutos en los que River se puso en ventaja dos veces con goles del Beto Menéndez y el Mono Zárate y que Boca logró empatar, el conjunto millonario pasó por arriba a los primos de la Ribera y ganó el partido con tantos de Miguel Ángel Rodríguez y dos más de Zárate para el 5-3 definitivo. El Mono Zárate marcó esa tarde el gol número 2000 de la historia de River en el profesionalismo.(15)

Hoy resulta difícil dimensionar lo que significó en aquel momento la obtención de ese Tricampeonato, no sólo para River sino para todo el fútbol argentino. Dante Panzeri en diciembre de 1957 escribió: “River Plate consagróse campeón de primera división de 1957 sumando 13 títulos en su historia, 12 en el profesionalismo y 3 consecutivamente logrados, hazaña esta última con la que emula a Racing y satisface la única que le quedaba por cumplir como el más grande equipo de la era moderna del fútbol argentino (1931-1957)”.(16) Porque no hay que olvidar tampoco que el título obtenido en 1957 cerró un ciclo que había comenzado con la conquista del bicampeonato de 1952 y 1953, un tercer lugar en el torneo de 1954, y el tricampeonato del 55-56-57. Como dicen los estadounidenses al referirse a los súper equipos que conquistan numerosos trofeos durante varios años consecutivos, podríamos afirmar que el River del ’57 fue el último eslabón de una verdadera Dinastía que había empezado en 1952 y era heredera de la Máquina de los cuarenta. Al respecto, Edgardo Hostench, fanático de River que con 6 años ya escuchaba la radio e iba a la cancha con su papá a ver los partidos a Núñez, recuerda los jugadorazos que tenía el millonario y la diferencia que había entre el equipo de Minella y el resto: “era un equipo excepcional. El Beto Menéndez, Labruna, el Mono Zárate, Carrizo, Vairo, el Gallego Pérez, Pipo Rossi… River era una escuela de fútbol. Desde 1931 hasta finales de los ‘50, River estaba diez escalones arriba del resto. Había siete tipos de River titulares en la selección, eso te lo dice todo”. Los números de la triple corona son realmente impresionantes: fueron 90 partidos, de los que River ganó 54, empató 26 y perdió sólo 10 (en tres años), convirtió 189 goles y le convirtieron 101 tantos.(17) Además, River se quedó con la Copa de Oro Eva Perón, trofeo creado en 1952 para el primer equipo que ganara 3 campeonatos en forma consecutiva o 5 títulos en forma alternada (River logró ambos requisitos con el torneo de 1957).

Fueron cinco títulos de la máxima categoría del fútbol argentino en seis años, logrados con un equipo que pasó a la historia con el apodo de “La Maquinita”, por asociación con “La Máquina” original. Sin embargo, aquel mítico equipo de los ’40 que formó su delantera con Juan Carlos Muñoz, el Charro Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Lousteau (con variaciones en Deambrossi, D’Alessandro y Di Stéfano), si bien marcó una época en el fútbol y fue “para muchos, el mejor equipo de la historia del fútbol argentino”,(18) sólo consiguió tres títulos nacionales (1941, 1942 y 1945). La Maquinita, por su parte, fue menos espectacular en cuanto a su juego, pero mucho más efectiva en cuanto a sus resultados: durante aquellos seis años, alternó su delantera con jugadores de la categoría de Ángel Labruna, Enrique Omar Sívori, Walter Gómez, Norberto Menéndez, el Mono Roberto Zárate y Félix Lousteau, y consiguió los cinco títulos ya mencionados, haciendo gala de un fútbol excelso.

Eran tiempos en los que aún no existía la Copa Libertadores y no había un torneo continental que se le asemejara. Sin embargo, River realizó varias giras internacionales por Europa y las Américas, cuyo repaso nos puede servir para analizar si hubiese podido competir o incluso ganar un título internacional. Entre diciembre de 1951 y febrero de 1952 River hizo una gira por Europa, que lo llevó a enfrentarse con algunos de los equipos más importantes de España, Italia, Suiza, Francia, Inglaterra y Portugal. Entre diciembre de 1952 y febrero de 1953, River inició una “Gira del Pacífico” que lo llevó a Ecuador, Colombia y Venezuela. La siguiente gira de River tuvo lugar recién en el receso entre 1955 y 1956, por Perú y Bolivia. La última excursión del equipo millonario por América fue durante diciembre de 1956 y enero de 1957, por Perú, Colombia y Chile. En esta gira Enrique Omar Sívori se consagró como figura del equipo, convirtiendo 13 de los 38 goles de River y despertó el interés de la Juventus. En total, en sus cuatro giras al exterior, River jugó 47 partidos, obtuvo 24 victorias, 16 empates y sólo 7 derrotas, con 135 tantos a favor y 97 goles en contra.(19) Ganó más de la mitad de los partidos jugados y fue derrotado sólo en el 14% de los encuentros. Recordemos que los traslados en aquellos tiempos no tenían las facilidades ni las comodidades de ahora y que el equipo viajaba en medios de transporte que tardaban muchas horas, por caminos mucho más precarios que los actuales. Los jugadores no tenían prácticamente descanso ni entrenamiento y jugaban los partidos en total desconocimiento de las características del rival o las canchas donde jugarían. A pesar de esto, River se quedó con 64 de los 94 puntos en juego (68%). Si bien no es posible saber si hubiera campeonado un trofeo internacional, es muy probable que hubiera estado cerca.

Queda por destacar la mencionada gira que River emprendió por Europa, en la que se enfrentó al Atlético Bilbao, Real Madrid, Atlético de Madrid, Nápoli, Roma, Torino, un combinado del Milan-Inter, Lugano, combinado Génova-Sampdoria, Servette de Ginebra, Racing de París, Manchester City, Celta de Vigo y un combinado Sporting-Benfica. Fueron 14 partidos, de los que ganó 6, empató 7 y perdió sólo 1, jugando, en promedio, cada tres o cuatro días. Marcó 49 goles y le convirtieron 35 veces. En esta gira se produjo la famosa victoria de River sobre el Manchester City de Inglaterra, que configura un hecho histórico en sí mismo. La revista El Gráfico diría que “el 2 de febrero, el estadio de Maine Road, casa del Manchester City, estaba hecho un barrial, producto de la nevada pertinaz. Ni el lodo ni el frío fueron obstáculo para que Ángel Labruna, en dos oportunidades, Santiago Vernazza y Walter Gómez redondearan el 4-3 heroico que significó la primera victoria de un equipo argentino sobre uno inglés en su tierra”.(20) Luego de la gira, el equipo regresó y, sin interrupciones, retomó el campeonato y se coronó campeón.

Además, la Maquinita aportó varios jugadores a la selección. Cinco de ellos fueron parte de aquel equipo que se quedó con el famoso Sudamericano (la actual Copa América) de Lima en 1957. Ese equipo, conocido con el apodo de los “Carasucias”, tuvo a Federico Vairo, Pipo Rossi y el Cabezón Sívori entre sus titulares y figuras, y a De Bourgoing y Mantegari entre los suplentes, y se impuso en cinco de los seis partidos del campeonato y perdió sólo uno, convirtiendo 25 goles y sufriendo solo 6 en contra. Aquel equipo quedó en la historia.(21) En el año 1957, Guillermo Stábile, DT de la selección, convocó a siete jugadores millonarios para las eliminatorias del Mundial de Suecia 1958: Carrizo, Vairo, Sola, Rossi, Zárate, Labruna y Menéndez. Argentina se jugaba la clasificación contra Bolivia, ante quien había perdido en La Paz. Para asegurarse un lugar en el Mundial, Stábile llegó a convocar y poner en cancha a 9 jugadores de River entre los 11 titulares para el partido de vuelta. Este hecho es inédito, ya que ni antes ni después, un entrenador del seleccionado puso en cancha a 9 jugadores de un mismo club. El partido se jugó en la cancha de Independiente el 27 de octubre de 1957, y fue victoria por 4-0 con tres goles de jugadores Millonarios.(22) El equipo formó con Carrizo; Francisco Lombardo, Alfredo Pérez, Federico Vairo; Gilberto Sola, Pipo Rossi y Corbatta; Norberto Menéndez, Labruna y Roberto Zárate.(23) Con excepción de Lombardo (Boca Jrs.) y Corbatta (Racing), todos los demás eran de River Plate. El futuro parecía color de rosa (o rojo y blanco): River era el equipo más importante de la Argentina, tenía un plantel experimentado y ganador, más de la mitad del cual estaba en la selección nacional, y se ilusionaba con alcanzar el récord de los siete campeonatos de Racing durante el amateurismo. ¿Qué podía fallar? El maleficio estaba por comenzar…

1. Panzeri, Dante. “River Campeón sin Vuelta”. Revista El Gráfico, año 39, no. 1996 (13 de diciembre de 1957). Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1957. Pág. 17.

2. Fontanarrosa, Roberto. “No te vayas, campeón. Equipos memorables del fútbol argentino”. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2000. Pág. 27.

3. En aquella época, la cabecera que da al Río de la Plata aún no se había construido y el estadio Monumental contaba con la famosa “Ventana al Río de la Plata”. Enrique Omar Sívori fue vendido a la Juventus (Italia) y con el dinero de su pase se construyó la tribuna “Colonia” (actual Sívori) baja. Sívori (fundamental en los títulos de 1955 y 1956) llegó a jugar en la primera fecha del campeonato de 1957, en el empate 1-1 contra Rosario Central en Arroyito, antes de partir a Turín. La tribuna Colonia comenzó a construirse en 1957 y se terminó en 1958. La parte superior de la misma se construyó como parte de las reformas realizadas para el Mundial de 1978.

4. El álbum de la Triple Corona”. Revista River. Número Extraordinario. Año XIV (diciembre de 1957). Editorial Rosso S.R.L. Buenos Aires, 1957. Pág.9.

5. River continúa siendo el equipo argentino más ganador de torneos oficiales en la Argentina.

6. River en tres oportunidades más se consagraría tricampeón: con la Copa Campeonato 1936, Copa de Oro 1936 y Campeonato 1937 (gracias al reconocimiento posterior del título de Campeón de la Copa de Oro de 1936); Campeonatos 1955, 1956 y 1957; Campeonatos Metropolitano 1979, Nacional 1979 y Metropolitano 1980; y Torneos Apertura 1996, Clausura 1997 y Apertura 1997.

7. Este récord se mantendría vigente hasta ser superado por Racing en el bienio 1965/66 (39 partidos). Curiosamente, el récord de Racing terminó al caer derrotado ante River (el único equipo que lo derrotó ese año), que terminaría subcampeón.

8. Si bien Gatti y Bochini jugaron una mayor cantidad de partidos en primera división, Labruna es el único que mantiene el récord de jugar 25 años en un mismo club y es el segundo en cantidad de torneos de primera división ganados como jugador (9) detrás de Leonardo Astrada (10).

9. “Historia de River, el Campeón de Campeones”, fascículo 16, tomo II (1956-1980), pág. 262 y 273/274. Ediciones GAM, Buenos Aires, 1980.

10. “El álbum de la Triple Corona”. Revista River. Número Extraordinario. Año XIV (diciembre de 1957). Editorial Rosso S.R.L. Buenos Aires, 1957. Pág.76.

11. Bertolotto, Miguel Ángel. “River el campeón del siglo”. Edición oficial del Club Atlético River Plate. Editorial Océano Temas. Buenos Aires, 2a edición, diciembre 2000. Pág. 159.

12. El álbum de la Triple Corona”. Revista River. Número Extraordinario. Año XIV (diciembre de 1957). Editorial Rosso S.R.L. Buenos Aires, 1957. Pág.62-63.

13. El primer tiempo había terminado 2-2.

14. Panzeri, Dante. Revista El Gráfico, año 39, no. 1994 (29 de noviembre de 1957). Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1957. Pág. 5.

15. “Historia de River, el Campeón de Campeones”, fascículo 16, tomo II (1956-1980), pág. 260. Ediciones GAM, Buenos Aires, 1980.

16. Panzeri, Dante. “River Campeón sin Vuelta”. Revista El Gráfico, año 39, no. 1996 (13 de diciembre de 1957). Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1957. Pág. 14.

17. Lorenzo, Ricardo (Borocotó). “Maestros de la Redonda: River iguala la hazaña de Racing. Tres años campeón”. Revista El Gráfico, Edición Especial no. 7 “Momentos inolvidables del Fútbol Argentino” (01 de julio de 1964). Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1964. Pág. 77.

18. Rodríguez, Matías. “La Máquina de River”. Revista El Gráfico. Edición digital. 28 de febrero de 2014. https://www.elgrafico.com.ar/articulo/amp/1088/5076/la-maquina-de-river

19. Lorenzo, Ricardo (Borocotó). “1952-1957 Un Ciclo Excepcional”. Revista El Gráfico, Edición Especial no. 5 “Historia, Presente y Futuro de River Plate” (octubre de 1963). Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1963. Pág.114-117

20. “Primer equipo argentino en ganar en Inglaterra”. Revista El Gráfico, Edición Especial No 39. “River: momentos inolvidables” (agosto de 2012). Revistas Deportivas S.A., Buenos Aires, 2012. Pág.49.

21. Lorenzo, Ricardo (Borocotó). “1957 – Sudamericano de Lima. El ultimo gran campeón argentino”. Revista El Gráfico, Edición Especial no. 7 “Momentos inolvidables del Fútbol Argentino” (01 de julio de 1964). Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1964. Pág. 80-85.

22. Los goles fueron convertidos por Zárate, Prado y Menéndez. El restante fue convertido por Corbatta.

23. “Historia de la Selección Argentina”. Revista El Gráfico. Editorial Atlántida, Buenos Aires. Cap. 4.

LA NOCHE LARGA Y OSCURA: DOCE AÑOS DE SOLEDAD (1958-1969)

“Cuando River alcanza lo más alto,

comienza su declinación…”

(Borocotó, julio de 1964)

1958 y el Mundial de Suecia

En 1964 El Gráfico, definió perfectamente este período oscuro con las siguientes palabras: “con el logro de esa hazaña que le faltaba (el tricampeonato), cerró el club de Núñez un ciclo magistral. A partir de 1957, cuando River escala los picos más altos del panorama argentino, empieza su declinación… Se van apagando los últimos destellos de una escuela futbolística admirada en toda América, conocida en todo el mundo. Terminan los campeonatos ganados. Se inicia la dura marcha por la recuperación”.(24) Resulta difícil creer y aceptar que a River, ese equipo soberbio y orgulloso que venía ganando todo y que invitaba al tetra campeonato y, por qué no, a soñar con alcanzar la otra marca récord del fútbol argentino (los 7 campeonatos ganados por Racing en forma consecutiva entre 1913 y 1919), podía llegarle el ocaso… y de manera tan abrupta. Sin embargo, así sucedió. Los motivos fueron muchos y complejos. Mezcla de mala suerte, pésima planificación, falta de recambio, errores de conducción, fichajes equivocados, fallos arbitrales sospechosos, olvido de una filosofía de juego y abandono de la escuela futbolística de las inferiores. Vayamos por partes…

Lo primero que sucedió, fue el Mundial de 1958. Luego de obtenida la clasificación a Suecia, Stábile confirmó la convocatoria en la lista mundialista de ocho jugadores del club. Carrizo, Vairo, Rossi, Menéndez y Labruna (convocado a último momento por lesión del Mono Zárate) serían titulares, mientras que Alfredo Pérez y Eliseo Prado estarían en el banco de suplentes. Este seleccionado con base riverplatense, partió al país escandinavo cargado de ilusión y de soberbia. Era la primera participación de la Argentina en un mundial desde 1934. Habían pasado más de dos décadas. Mucho después, recordando esa aventura, la redacción de El Gráfico dijo que “cuando el equipo argentino partió rumbo a Suecia, dispuesto a reinsertarse en la Copa del Mundo luego de un aislamiento voluntario de veinticuatro años, jugadores, dirigentes, periodistas e hinchas coincidían en una nube de exitismo: ganar ese campeonato de 1958 sería un trámite”.(25) Los funestos resultados y el tan inesperado regreso aún hoy se recuerdan como una mancha en la historia del seleccionado albiceleste.

La Argentina debutó contra Alemania Occidental el 8 de junio de 1958 y perdió por 3-1, luego de haberse puesto en ventaja a los dos minutos de juego con un gol de Corbatta. Tres días después, fue el turno de Irlanda del Norte, a quien le ganó por idéntico resultado, con tantos de Corbatta, Norberto Menéndez y Ludovico Avio. Todas las fichas, entonces, quedaron puestas en el partido contra Checoslovaquia, el 15 de junio, y el resultado fue desastroso. El inobjetable 6-1 en contra (gol de Corbatta) desnudó la abismal diferencia que existía entre la Selección Argentina y los conjuntos europeos, tanto a nivel físico como técnico. Borocotó, en una famosa editorial que escribió para El Gráfico luego de la derrota, expresó que “no se puede hablar de fallas en el equipo argentino; fue superado netamente por velocidad, estado atlético, organización, sobriedad, sentido práctico” y que “a la flojedad física se agregó la impotencia mental: el saber que no se podía hacer nada”.(26) Amadeo Carrizo admitió: “cuando un equipo pierde por varios goles, evidentemente no hay funcionamiento de conjunto (…) El promedio de edad nuestro era superior. Los alemanes y checoslovacos nos pasaron por encima. Tenían una preparación física excelente, totalmente superior a la nuestra. Además, nos faltaba experiencia internacional”.(27) Por su parte, Pipo Rossi comentaría que “(h)oy, a la distancia, creo que el error fue haber estado ausente tantos años de competencias mundiales y haber creído que éramos los mejores (…) Nosotros vivimos con el recuerdo de las glorias pasadas. Que tampoco habían sido tantas”.(28) El campeón fue Brasil. Alemania terminó cuarta y Checoslovaquia, protagonista de aquella goleada feroz, ni siquiera clasificó y quedó eliminada en la fase de grupos. La prensa y los hinchas apuntaron contra la selección y, en particular, contra Carrizo y los jugadores millonarios. Tal fue la desilusión y el encono, que muchísima gente fue a recibir al avión que traía al equipo desde Suecia, cargada de monedas para tirarles a los jugadores (rito que luego se repitió cuando los jugadores de River que habían participado en el Mundial salían a jugar de visitante). Los jugadores riverplatenses, marcados especialmente por lo mucho que se esperaba de ellos, sintieron el impacto y se transformaron enlos culpables de Suecia. Todos los jugadores de la selección tuvieron rendimientos discretos a su regreso al fútbol argentino. El golpe fue muy duro. Carrizo comentaría que “el periodismo fue despiadado (…) yo admito la cuota de culpa que me corresponde, pero nunca ser el único causante como casi todos opinaron (…) me caí anímicamente, me ayudaron a recuperarme algunos directivos del club y esa hinchada maravillosa (…) que hizo que pudiera jugar diez años más”.(29)

En el campeonato de 1958, River caminó de forma irregular y sólo logró alcanzar el quinto puesto. En 30 partidos logró 14 victorias, 9 empates y 7 derrotas. Hizo 62 goles y le convirtieron 45. El fantasma de Suecia y el público que los acusaba como responsables en todas las canchas, hundieron anímicamente al equipo y generaron un desastre en su desempeño.

El torneo de 1959, entre la apatía y el retiro de Labruna

En 1959, comenzó el recambio. Se fueron Pipo Rossi, Eliseo Prado y otros.(30) La campaña fue peor que la anterior y River volvió a quedar quinto con 14 victorias, 2 empates y 12 derrotas.(31) A fin de ese año, la dirigencia de River y Minella tomaron una decisión drástica, que escondía, detrás de las razones futbolísticas, el deseo de sacarse de encima al máximo referente y uno de los principales apuntados por el desastre de Suecia. Al finalizar ese campeonato, a Labruna lo rajaron del equipo con un escueto e impersonal telegrama que recibió en su casa el 24 de diciembre de 1959. Al referirse a ese momento, el máximo ídolo millonario dijo años más tarde que “esa Navidad fue la más triste de mi vida; lloré de amargura. Cuando a la mañana recibí el telegrama del club donde me comunicaban que no iba a seguir, no lo podía creer… Estaba como loco, era como si la vida se me hubiera terminado”.(32) El telegrama decía textualmente: “Sr. Ángel Labruna. Queda usted libre. Colaciónese”. Ni las gracias le dieron. Labruna había jugado su último partido contra San Lorenzo, en la derrota por 3-0 en el Gasómetro (12 de octubre de 1959) por el torneo de primera división.(33) Según El Gráfico, “ese fue el primer golpe que dolió profundamente a Labruna, tocado por tal ingratitud”. Más aún porque a Labruna “se le esfuma de las manos un contrato no firmado, pero tácitamente acordado entre las partes”.(34) Labruna era ídolo del equipo de Núñez y su máximo goleador histórico, y estaba tan identificado con River como el club de Núñez con él. Se fue luego de jugar 515 partidos oficiales (35) y de marcar 293 goles, igualando el récord de Arsenio Erico como mayor goleador del fútbol argentino,(36) (ESTE DATO ESTÁ MAL, LABRUNA TIENE UN GOL MENOS.) y máximo goleador histórico del superclásico, con 16 goles oficiales a Boca, récord que se mantiene vigente en la actualidad, más de 60 años después. Fue un destrato injusto con una leyenda, a quien el club le debía la mayoría de las páginas de sus, por entonces, casi 60 años de gloria. Así, sin partido homenaje, sin plaqueta, sin medalla, sin ninguna posibilidad para que los hinchas riverplatenses despidieran a su ídolo, Labruna se fue por la puerta de atrás. Ya tendría su revancha…

1960 y el fútbol espectáculo

En 1960 comenzó en el fútbol argentino lo que se dio en llamar el fútbol espectáculo, que consistía, básicamente, en comprar futbolistas extranjeros para nutrir el fútbol local. Muchos clubes argentinos se subieron a este movimiento y River no fue la excepción. Vespucio Liberti, presidente los millonarios en aquel momento, dejó de lado los valores de las inferiores y se lanzó a la caza de jugadores sudamericanos de buen pie que, sin embargo, no necesariamente alcanzarían buenas actuaciones. Según El Gráfico “en la lucha por encontrar un nuevo estilo (acorde con los lineamientos del ‘juego moderno’ que tenía en Brasil a su más exitoso exponente) y recuperar un prestigio perdido, River se lanzó a la contratación de jugadores extranjeros. Las malas campañas (…) durante 1958 y 1959 reclamaban un cambio de orientación, otro tipo de jugadores y otra forma de jugar”.(37) Liberti dijo a la prensa una frase desafortunada que habría de volverse en su contra: “River no puede comprar jugadores baratos, es como el Teatro Colón, donde no actúa cualquiera”.(38) Como resultado, en 1960, River gastó una fortuna en refuerzos, entre ellos, José Varacka, el brasileño Paulinho de Almeida, el peruano Juan Joya Cordero y otros. Al mismo tiempo, se desprendió de Federico Vairo y seis jugadores más. El conjunto millonario ganó 16 encuentros, y empató y perdió 7 partidos y el equipo terminó en segundo lugar, a sólo dos puntos de Independiente. Sería el primero de muchos subcampeonatos…

El torneo de 1961 y la partida de los últimos históricos

Para 1961, Liberti aumentó la apuesta y trajo 7 jugadores extranjeros, el mejor de ellos: Delem. Entre las contrataciones nacionales, River se hizo con Alfredo el Tanque Rojas (volvió desde España) y se desprendió de dos ídolos: el Beto Menéndez y el Mono Zárate. Nunca estuvo clara la razón de sus salidas, ya que ambos estaban más que vigentes. Probablemente fuera que Liberti quería desprenderse definitivamente de lo que quedaba de la dinastía de los cincuenta. Nunca lo sabremos. El Beto Menéndez pasó a Huracán como parte de una operación encubierta de Boca, que le pagó el pase al Globo para evitar el escándalo que hubiera generado que el ídolo millonario pasara directo al club xeneize. Al año siguiente, Menéndez llegaría a Boca, donde también fue ídolo y ganó tres campeonatos. Zárate, por su parte, pasó a Banfield, donde continuó derrochando calidad durante varios años.

El equipo arrancó bien y se mantuvo invicto durante toda la primera rueda, hasta el receso de junio. Allí se organizó una nueva gira europea que llevó al equipo a jugar con el Real Madrid (3-2), Napoli (3-1), Inter de Milán (1-1), Juventus (5-2) y el Sevilla (2-3). River jugó 5 partidos, ganó 3, empató y perdió 1. Parecía que River había vuelto. Sin embargo, al regresar a la Argentina, se vino abajo. Los 15 partidos ganados, 8 empates y 7 derrotas lo condenaron a un tercer lugar en el torneo, a nueve puntos del campeón, Racing. Como positivo, sólo quedó el recuerdo de un River que, con todo el ataque extranjero (Pérez, Pepillo, Moacyr, Delem y Roberto) obtuvo una victoria histórica sobre el Real Madrid en el Santiago Bernabeu. Como dijo Pipo Rossi (que había asumido en octubre de 1961 como DT millonario), “el ‘fútbol espectáculo’, según la denominación que tanto River como Boca habían dado ese año a esa ‘melange’ de brasileños, uruguayos y peruanos comprados sin mucho criterio, había sido un verdadero fracaso”.(39) Sin embargo, todavía no había llegado lo peor.

1962 y el show de Nai Foino

Éste sería uno de esos años que no queremos recordar, pero no logramos olvidar. Al comienzo del torneo se fueron 14 jugadores, incluidos varias de las “grandes figuras”: el Tanque Rojas, Moacyr y Pepillo. En su reemplazo, llegaron Luis Artime (que sería ídolo y goleador del campeonato, con 25 tantos), Griguol, Vladislao Cap, Alberto Diz y Rogelio Domínguez. River hizo una muy buena campaña en la que los millonarios golearon a San Lorenzo en el viejo Gasómetro y en el Monumental, a Boca en Núñez, a Racing en Avellaneda e Independiente en el Monumental.

Todos conocen el oscuro final de aquel campeonato. River y Boca se enfrentaron por la anteúltima fecha. Llegaron empatados en puntos, con partidos accesibles para la última fecha, por lo cual, el encuentro a jugarse en la Bombonera era casi decisivo para definir al campeón. Boca abrió el camino con un penal de Valentim y, en la última jugada del partido, Simeone lo bajó a Artime en el área y el referí Nai Foino cobró penal. La Bombonera, que era una fiesta, enmudeció. Delem agarró la pelota, decidido, y la acomodó en el punto penal debajo de una catarata de insultos. Juvenal en El Gráfico escribió que “esa tarde, en la cancha de Boca, el árbitro Nai Foino cobró el penal contra los locales, un penal que podía costarles el campeonato, y luego no entendió (o no se atrevió a entender) que ese penal debía ejecutarse de nuevo porque Roma se había adelantado tres metros y medio para rechazarlo”.(40) Amadeo Carrizo comentaría en su biografía sus impresiones sobre el partido y el penal: “River estaba jugando un buen partido y dominó durante casi todo el encuentro. Delem era en River el responsable de patear los penales, venía convirtiendo y siempre lo ubicaba al mismo palo. Roma con seguridad venía advirtiendo ese detalle. Y yo sabía que se adelantaba Antonio en los penales. Te cuento, en esa semana nos quedábamos con Delem ensayando tiros al arco. Pateaba fuerte, pero a media altura. Le dije: ‘Mirá, Delem, si hay un penal en el partido con Boca, miralo a Roma; cuando se adelanta, se lo hacés notar al árbitro. Amagá, pero no tirés. No la pongas a la derecha. Ubicala a la izquierda’. Faltando cinco para terminar, penal para River. Delem cerró los ojos. Roma se adelantó ostensiblemente y se lo atajó. Se olvidó de todo lo conversado, el tiro salió a media altura y sobre la derecha. Ocurrió como yo decía. Perdimos el partido y el campeonato”.(41) Luis Artime, en una entrevista para El Gráfico en 2014, recordó que “ese penal me lo hicieron a mí, pero la verdad es que yo nunca pateaba los penales. Roma se adelantó mucho, fue terrible. Aparte estaba lleno de hinchas de Boca detrás del arco, en el campo de juego. Después, bajó el presidente de Boca Alberto J. Armando a festejar con los jugadores. Fue muy duro. El día más triste de mi carrera”.(42)

El equipo de la Banda se le fue encima al árbitro. Varacka, Labruna (ayudante de Pipo Rossi), Artime, Cap, rodearon a Nai Foino que, en el colmo de lo grosero hizo una declaración que, bordeando entre la guapeza y la provocación, entró en la historia del fútbol argentino: “aire, aire, penal bien pateado es gol”. Como si patear mejor o peor un penal justificara el adelantamiento del arquero. Mientras los jugadores de River le protestaban a Nai Foino, los hinchas de Boca entraron al campo de juego y el partido terminó: no había forma de reiniciarlo ni aunque el árbitro lo hubiera querido. Boca se aseguró prácticamente el campeonato. El Beto Menéndez, que jugó para Boca, recordó: “ese título lo ganamos por la gente que entró a la cancha. Fue bárbaro. Los dos polacos, Varacka y Cap, fueron a reclamarle a Nai Foino porque el Tano se había adelantado una barbaridad y el referí me dice: ‘Mirá a estos dos locos, quieren que lo haga tirar de vuelta. ¿Qué pretenden, que me maten...?’”.(43) No hay mucho más para decir, luego de lo que los testigos y los propios protagonistas del partido dijeron acerca de aquel fatídico penal…

Néstor Pipo Rossi, que sería separado de su cargo luego de la consagración de Boca en la fecha siguiente, diría muchos años después: “puedo asegurar, como lo vengo haciendo desde hace más de treinta años y como está documentado en fotos de la época, que Roma se adelantó muchísimo. Pero habría que haber estado en el cuero de Nai Foino, quien por primera vez dirigía un River-Boca, para entender por qué no hizo tirar de nuevo ese penal”.(44) River terminaría segundo, con la delantera más goleadora del torneo (61).(45)

Arturo Hotton, fanático de River, estaba esa tarde en la Bombonera y recuerda que “sin dudas, el adelantamiento de Roma se vio desde el Uruguay. Era imposible que Delem metiera ese penal. Fue una tragedia para nosotros y un festejo inolvidable para los bosteros”. Juan Carlos Quevedo, otro sufrido hincha de River de aquellos años, me comentó que “en aquel tiempo yo aún no iba a la cancha. Recuerdo que en ese momento crucial puse sobre la mesa dos radios (una grande eléctrica y una portátil Spica) y me paré en el medio para escuchar ese anhelado gol en ‘estéreo’… Pero Antonio Roma se le tiró a los pies a Delém y lo ‘atajó’. El árbitro se desentendió de los reclamos de los jugadores de River, seguramente temiendo por su pellejo”. Edgardo Hostench, presente en la Bombonera aquel día, dijo que “Roma siempre se adelantaba, como la mayoría de los arqueros de esa época. Hoy no podría atajar con ese estilo. Además, los árbitros eran muy localistas y si el que atajaba era Roma en la cancha de Boca o Carrizo en la de River, miraban al costado. Si anulabas un penal por eso, te mataban. Delém le pegaba muy bien a la pelota, era muy talentoso. Pero Roma se adelantó tanto que no pudo hacer nada. Los clubes grandes tenían razón siempre, y de locales, no te digo nada”.

1963 y otro papelón arbitral

En 1963 asumió Minella hasta el mes de septiembre, cuando Labruna se sentó por primera vez como técnico. Debido a la buena campaña del año anterior, el equipo mantuvo la base. River ganaba y jugaba bien. Artime hizo 12 goles en los primeros partidos, y los millonarios mantuvieron invictos durante 12 fechas y se adjudicaron la primera rueda. Siguieron así durante toda la segunda vuelta, con el Rojo un punto detrás. Aquí se produjo otra polémica con Nai Foino cuando el 20 de octubre de 1963 le anuló un gol a Artime y no cobró dos groseros penales por infracciones a Artime y a Ermindo Onega. De yapa, expulsó a Ramos Delgado a los 15 del segundo tiempo y el partido terminó 0 a 0, permitiendo que Independiente se acercara a dos puntos en la recta final del torneo. Ese mismo partido se recuerda porque “Sandrini”, un famoso barra de River, bajó a la cancha y quiso pegarle a Nai Foino, que se defendió a las piñas…

En las últimas tres fechas, River debía jugar con Independiente en Avellaneda, con Boca en Núñez y con Argentinos Jrs en la cancha de Atlanta. Los Millonarios perdieron 2-1 con el Rojo y quedaron iguales en puntos. Juan Carlos Quevedo recuerda haber escuchado este partido en su casa junto a su padre, con toda la ilusión de quedar al borde de la consagración, pero no pudo ser. Al respecto, rememora que: “ese día Roberto Ferreiro (que años después jugaría en River) le pisó el tobillo a Luis Artime, que estaba en el suelo, y lo lesionó feo. Años después, en 1969, mientras me encontraba en Nueva York haciendo el Viaje de Instrucción en la Fragata Libertad como cadete, River fue a jugar un amistoso allí, al cual por supuesto asistí.(46)Al día siguiente los jugadores vinieron a visitar la Fragata y cuando pudimos hablar con ellos, lo primero que hice fue increparlo a Ferreiro por aquella jugada. Luis Artime era mi ídolo y no se lo perdonaba. Ferreiro, sonriendo, me contestó con su mejor cara de sota: ‘no lo vi, lo pisé sin querer’”.(47)

River debía, sí o sí, vencer a Boca en Núñez, el 17 de noviembre de 1963. En un Monumental repleto, River salió a comerse a Boca, pero el equipo de la Ribera sorprendió a River en una contra y Sanfilippo le hizo el único gol del partido a Carrizo. Esa misma tarde, Independiente le ganó a Argentinos Jrs. 3-0 y quedó sólo en la punta. A Independiente le quedaba un rival duro, San Lorenzo, en Avellaneda, mientras que River jugaría con Argentinos Jrs. River le ganó al Bicho por 3-2 en el partido adelantado del viernes, pero al Rojo le alcanzaba un empate para ser campeón. San Lorenzo salió con todo a jugar ese partido, con su sector del público cargado de hinchas de River y del Ciclón. A los 20 minutos del primer tiempo, Héctor Veira, de 17 años metió un golazo, luego de una brillante jugada. A partir del gol, el árbitro Manuel Velarde fue permisivo con las violentas infracciones de los jugadores de Independiente, que hicieron que el Bambino, Telch y Zárate dejaran el campo lesionados, y expulsó a dos hombres de San Lorenzo (Albretch y Páez) por protestar. El Ciclón terminó el partido con sólo 6 jugadores en cancha.(48) Además, no cobró un claro penal a favor de los visitantes que hubiera podido liquidar el partido, cuando Navarro lo bajó a Casa que se iba solo al gol. A la media hora de juego, Independiente empató con gol de Raúl Savoy y en el último minuto del primer tiempo, el árbitro cobró un penal inexistente para el Rojo que Savoy nuevamente (haría 4 esa tarde) transformó en gol. En palabras de Daniel Balmaceda “en ese caos, Independiente siguió pegando. Entonces, San Lorenzo se cruzó de brazos y dejó de jugar (…) El Rojo terminó ganando 9 a 1. El último fue de antología. El Ciclón sacó desde mitad de cancha por el octavo gol y Oscar “Coco” Rossi apuntó a su arco. Irusta también la dejó pasar y así terminó el bochorno, con el gol en contra más distante de la historia. Independiente fue campeón y Velarde no dirigió nunca más en su vida”.(49)

Juan Carlos Quevedo continúa con sus memorias: “ese partido fue uno de los espectáculos más bochornosos de nuestro fútbol. Recuerdo que estaba escuchando el partido con mi primo hincha del Rojo, que se mordía los codos de los nervios mientras yo confiaba. San Lorenzo le estaba pegando un gran baile. Le ganaba 1 a 0 con gol del Bambino Veira cuando Rubén Marino Navarro, grosero defensor apodado ‘Hacha Brava’, cometió un evidente penal que el árbitro no cobró. Luego, San Lorenzo se quedó con seis y viendo que estaba todo demasiado amañado, decidió no prestarse a la farsa y no jugar más. Los jugadores se pararon en la cancha y dejaron que Independiente hiciera siete goles caminando. El último lo hizo Rossi en contra desde la mitad de la cancha, mientras el arquero estaba apoyado en un poste. Muy digno lo de San Lorenzo, pero el que resultó perjudicado fue River. A mi primo nada le importó y me lo tuve que bancar de todas las formas imaginables”. Refiriéndose al bochornoso partido, Juvenal escribió que “Independiente golea ante un adversario que ha bajado los brazos (…) Reacción antideportiva, desagradable, de un equipo diezmado por la violencia adversaria, perjudicado por los desaciertos del árbitro (…) Récord en el historial Independiente-San Lorenzo. Pero no para recordar. Para olvidarlo cuanto antes”. Y agregó: “lamento de veras la decepción que me produjo su arbitraje”.(50) Ante la injusticia del arbitraje de Valverde, San Lorenzo sufrió una goleada histórica, voluntaria y absurda, que damnificó de forma única, directa y alevosa a River. Independiente se coronó campeón, y River quedó nuevamente segundo, luego de una muy buena campaña. Carrizo tuvo, por quinta ocasión consecutiva, la valla menos vencida del certamen (1959, ‘60, ‘61, ’62 y ‘63),(51) pero el conjunto de Núñez volvió a perder partidos claves en las últimas fechas. La pesadilla estaba lejos de terminar…

El torneo de 1964 y nada para destacar

Al equipo se sumaron Hugo Gatti, desde Atlanta, que le peleó mano a mano el puesto a Carrizo, y los uruguayos Roberto Matosas y Luis Cubilla, entre otros. La temporada no fue buena para River, que alternó partidos buenos y derrotas impensadas. Los 15 goles de Artime sólo alcanzaron para dejar al equipo en el tercer puesto. Como dice Diego Fucks, en una temporada sin pena ni gloria, la única buena noticia para River ese año fue el debut de Oscar Pinino Más salido de las inferiores, con 17 años, en un partido contra Chacarita en San Martín, el 26 de abril de 1964.(52) Refiriéndose a él, El Gráfico dijo que “su pique era demoledor, tenía un zurdazo letal y su obsesión por el gol era fuera de lo común: le gustaba meterla desde ángulos imposibles; si era de lejos, mejor, si podía hacer que diera en los dos palos antes de atravesar la línea, mucho mejor aún”.(53)

Carlos De La Fuente, fanático de River y socio del club desde los 8 años, fue a su primer partido con su papá en Núñez contra Chacarita, un 30 de agosto de 1964. Fue victoria por 3 a 0 con un gol de Pinino Más y dos de Luis Artime. Oscar quedó maravillado con el equipo. Muchos años después, en cancha de Ferro, recuerda que reconoció a Luis Artime en la tribuna y se acercó a decirle “usted era mi ídolo. Gracias a sus