RUPTURAS Y NO MONOGAMIAS - Kathy Labriola - E-Book

RUPTURAS Y NO MONOGAMIAS E-Book

Kathy Labriola

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Beschreibung

Kathy Labriola hace uso de su impresionante repertorio de habilidades, sabiduría y experiencia para enseñarnos que no hay un patrón oro único de ruptura adecuada y, con total generosidad, nos propone opciones que pueden encajar en nuestras relaciones diversas. Además, nos enseña cómo hallar nuestro camino a través de un terreno inexplorado y espinoso, nos cuenta dónde podemos acabar perdides, cómo podríamos encontrarnos de nuevo y cómo recorrer la travesía de forma plenamente consciente. Con prólogo de Dossie Easton, autora del clásico Ética promiscua.

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Seitenzahl: 411

Veröffentlichungsjahr: 2024

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kathy labriola

Rupturas y no monogamias

Causas, prevención y supervivencia

Prólogo (de la versión en español) por sandra bravo

Prólogo (de la versión en inglés) por dossie easton

traducción de matilde pérez

Kathy Labriola, Rupturas y no monogamias. Causas, prevención y supervivencia

Editorial Continta Me Tienes, colección La pasión de Mary Read

Primera edición: noviembre de 2024

Edición a cargo de Marina Beloki

332 pp., 14,5 x 21,5 cm.

ISBN: 9788419323361

IBIC: VFVG

Colección La pasión de Mary Read, nº 55

Continta Me Tienes

C/ Belmonte de Tajo 55, 3º C

28019, Madrid

914693512 [email protected]

www.contintametienes.com

@Continta_mt @ContintaMeTienes @Contintametienes

© de esta edición: Continta Me Tienes

© del prólogo: Sandra Bravo

© de la traducción: Matilde Pérez

Diseño de colección: Belo C. Atance

Maquetación: Marta Vega

Índice

Prólogo: Endogamia poliamorosa y desamor. ¿Qué se rompe cuando una relación no monógama termina?por Sandra Bravo

Prólogo, por Dossie Easton

Introducción: Entender las rupturas no monógamas

Primera parte: ¿Cuáles son las causas más habituales de las rupturas no monógamas?

I. Los problemas sexuales originan montones de rupturas monógamas y montones de rupturas no monógamas

II. Cuestiones económicas que pueden arruinar tanto las relaciones monógamas como las abiertas

III. Cuestiones domésticas que pueden desembocar en rupturas

IV. Necesidades de apego y autonomía incompatibles

V. Problemas que una pareja trae consigo a la relación, como adicciones, trastornos mentales no tratados y maltrato

VI. Rupturas en las que la no monogamia tiene algo que ver, pero no es la causa principal

Segunda parte: Causas poli de las rupturas poli

VII. La causa más habitual de las rupturas no monógamas: elegir a las parejas equivocadas

VIII. Para gustos, colores: cuando las parejas desean modelos de relación abierta incompatibles

IX. Cuando la culpa la tiene una gestión pésima del tiempo y la energía

X. Cuando los celos son el origen de una ruptura

Tercera parte: Sobrevivir a una ruptura no monógama

XI. El autocuidado es el primer paso para sobrevivir a una ruptura

XII. Llora tu pérdida y extrae todas las lecciones posibles de esa relación

XIII. Mantener tu(s) otra(s) relación (o relaciones) durante la ruptura

XIV. Gestionar las relaciones sociales en una ruptura no monógama

XV. ¿Hay una manera mejor?

XVI. Avanzar

Agradecimientos

Bibliografía

Hitos

Cubierta

Inicio

Índice

PRÓLOGO A LA EDICIÓN EN ESPAÑOLEndogamia poliamorosa y desamor. ¿Qué se rompe cuando una relación no monógama termina?

Sandra Bravo

El antes: el amor (sic)

La novia dice: «Yo, (nombre de la contrayente), te recibo a ti, (nombre del contrayente), como esposo y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida».

El novio dice: «Yo, (nombre del contrayente), te recibo a ti, (nombre de la contrayente), para ser mi esposa, para tenerte y protegerte de hoy en adelante, para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe».

Estos votos de matrimonio canónico, heteronormados, monógamos y de una ranciedad patriarcal bastante vomitiva los he sacado de Google, en una búsqueda rápida de esas que puedes previsualizar sin acceder a la fuente. Eso de contrastar el origen de los datos está muy demodé en tiempos de negacionismo, fake news y paranoia social.

Sé que este libro que prologo va de rupturas poliamorosas (me lo he leído antes) y que resulta paradójico arrancar con estas, pero lo cierto es que todo lo roto fue antes unidad, y conocer y entender cómo se construyó esa unidad es imprescindible para comprender su posterior escisión. O eso creo yo.

Tranqui. No voy a ponerme rigurosa haciendo un análisis histórico de la monogamia heteropatriarcal. Simplemente quiero recordar que hasta hace cuatro días el matrimonio heterosexual era la única forma que muchas mujeres encontraban para huir de un padre abusivo, aunque terminasen con un marido generalmente peor. El divorcio en España no fue legal hasta 19811 y el matrimonio entre personas del mismo género vio la luz hace apenas veinte años.

Es obvio que no hace falta casarte para separarte de alguien, pero me resulta curioso observar todo lo que ha cambiado desde aquel entonces: el número de matrimonios ha descendido2, y los divorcios exprés y ante notario son ahora una práctica cotidiana –también entre personas LGTBI, a las que en su momento nos dio por reproducir alguno de los errores de la heterosexualidad; algo que algunas personas poliamorosas anhelan, por cierto–. ¡Qué rápido nos hacen creer que subsumirnos en el sistema es algo deseable!3

Por otro lado, si hasta hace cuatro días el poliamor era prácticamente un misterio para muchas, ahora parece –sobre todo en las burbujas que habitamos quienes leemos este tipo de textos– que la no monogamia consensuada prolifera por doquier. Quien más, quien menos ha intentado relacionarse de esta manera o tiene amistades cercanas que les comparten sus polidramas. Por tanto, bien sea porque realmente es una práctica más habitual o simplemente más visible, lo cierto es que las rupturas poliamorosas han accedido a nuestro imaginario colectivo, y, sobre todo, a nuestras prácticas. Porque toda historia de amor incluye su inseparable parte de desamor, incluso cuando renunciamos a la exclusividad romántica y sexual.

Se suele decir que las rupturas poliamorosas no son necesarias, porque son relaciones que pueden desescalar sin quebrarse (y a veces porque no se les da la entidad suficiente como para merecer una despedida digna). Pero acumular relaciones confusas o transformar los vínculos más parejiles en otra cosa no siempre es posible, ni siquiera deseable. Ahora bien, su ruptura no pone en duda la validez del modelo relacional. Si no, tendríamos que haber descartado la monogamia como opción posible hace muchos años.

«Romper, quebrar, fracturar, separar, escindir, trocear, disolver, resquebrajar, hender, cascar, fraccionar, despedazar… Cuando se trata de las rupturas, el diccionario está lleno de sinónimos, todos estos y muchos más»4. Todos ellos dolorosos, presumiblemente irreversibles y, como mínimo, indelebles en la memoria emocional. Si algo se rompe, aunque se vuelvan a juntar los pedazos, se nota. Las juntas pueden estar pegadas con mayor o menor habilidad, pero la grieta está ahí, aunque la disimules con un toque de barniz, con un relato melancólico y drama queen de superación personal… ¿acaso relacional?

Por otro lado y aunque nos cueste creerlo, lo roto puede ser más hermoso que lo entero, más original y más dispuesto a dar la batalla, a meterse en polvareda, a enfangarse. Todo lo nuevo y reluciente da cosa usarlo por miedo a que se estropee. De pequeña solo me dejaban estrenar ropa nueva en ocasiones muy especiales para reducir las probabilidades de que acabara rasgada o sucia. Ocasiones especiales a ojos de mi madre, obviamente: ir a misa, a una comunión, a una comida especial… Es decir, a eventos pensados por y para adultos, totalmente carentes de significado para mí. Lo especial para una niña como yo era ir a jugar al parque o saltar a la comba en la calle con mis amigas. Quizá con las relaciones más usadas pase lo mismo, que no nos da miedo llevarlas al parque a jugar, echarlas por tierra y que se ensucien, porque sabemos que existe la lavadora. Seguramente, para algunas esas sean precisamente las situaciones más especiales donde generar vínculo.

Tampoco debe de ser lo mismo si solo tienes un vestido que estrenar o tres, una única relación de pareja o varias. No digo que las rupturas en las no monogamias no duelan: ese es un cliché que necesitamos desterrar de una vez, pero es cierto que pueden darse sin renunciar por completo a lo romántico y sexual, si coincide que en ese momento tienes otras relaciones que aportan eso a tu vida. La energía de nueva relación –ese chute romántico que camuflamos bajo las siglas ENR– es compatible con un duelo, aunque se considere extraño y te corroa la culpa por sentirla en un corazón roto. ¿Es eso posible? ¿Es lícito? ¿Es normal?

El karma ha querido que la escritura de este prólogo me pille en medio de una ruptura, una transición o no sé muy bien qué cosa. Es mi primera ruptura significativa en muchos años. En realidad, hago un poco de trampa diciendo esto, porque no incluyo aquí los centenares de ghostings, fracasos amorosos y no-relaciones a mis espaldas, pero podría decir que, hasta ahora, todo lo que sabía de las rupturas poliamorosas era de oídas (rupturas ajenas) o por haberlo leído en libros como este (rupturas teóricas, que siempre duelen menos que las de verdad). En todo caso, el poliamor no fue el motivo de nuestra separación. Al contrario, alejarnos del modelo de pareja tradicional precisamente permitió que durara tanto tiempo y quizá posibilite ahora una transformación hacia un lugar más cómodo para ambas.

Aunque quizá ya lo sospeches, leyendo este libro descubrirás que las personas no monógamas solemos romper por los mismos motivos que las que no lo son: porque no nos entendemos, por conflictos varios, por expectativas que no encajan, por problemas de comunicación… Como bien explica Kathy Labriola: «Las personas no monógamas no son más listas en lo que a relaciones se refiere que las monógamas y cometen el mismo error desafortunado de enamorarse de gente que es totalmente incompatible con ellas. Hay quien ha alardeado de que les no monógames son mucho más evolucionades y llevan mejor las relaciones que les monógames, pero no es cierto». No lo es. Ojalá fuéramos heroínas del amor, pero tener más relaciones aumenta las probabilidades de que algo salga mal, aunque es cierto que la experiencia hace callo y que, de vez en cuando, evitamos tropezar cincuenta veces en la misma piedra.

El durante: de la ENR al polidrama

Son varias las personas que han comparado una constelación de relaciones poliamorosas con un jardín o un huerto. Para quien no sea muy ducho en plantas, hay especies que se hacen la competencia entre ellas: se roban recursos naturales, inhiben el crecimiento de otras, les hacen sombra… ¿Te suena de algo? Kathy Labriola asegura que aproximadamente la mitad de las relaciones no monógamas rompen por causas que nada tienen que ver con el modelo relacional, sino con las incompatibilidades típicas de un jardín. Con esta metáfora, Labriola se refiere a: problemas sexuales, incompatibilidad en torno al dinero, problemas domésticos, conflictos en relación a la autonomía y la intimidad, adicción a las drogas y el alcohol, trastornos de salud mental no tratados y problemas de ira que conducen al maltrato verbal o físico; aspectos que supondrían una causa de ruptura habitual tanto para relaciones poliamorosas como monógamas.

Creo que ninguna ruptura responde a un único motivo, fácilmente identificable y aislado. En general, somos unas cracks acumulando malestares que en un momento determinado explotan de golpe por los aires, en ocasiones, sin previo aviso (o eso nos gusta creer). Si a eso le sumamos la guinda del poliamor, la catástrofe es difícil de evitar.

Pongamos un ejemplo clásico de relación hetero, aunque también podría aplicarse a personas LGTBI. Chico y chica se conocen, se gustan, se enamoran hasta las trancas y deciden irse a vivir juntos en pleno chute romántico sin valorar previamente su compatibilidad para los asuntos domésticos. Una vez encontrado un alquiler aceptable (y con las cuentas bancarias a mínimos después de haber dejado el piso como un anuncio de Ikea), se dan cuenta de que su concepto de la limpieza y del orden difiere bastante. Ella considera que él es un dejado, pero el enamoramiento le ayuda a asumir todas las labores domésticas sin mayor drama (o con él mediante, pero sin explicitarlo). Él considera que ella es una histérica de la limpieza, pero aún no ha llegado a ese punto en que le acusa de parecerse a su madre y de estar siempre dándole órdenes. El tiempo pasa sin que aborden el tema en profundidad, ni lleguen a nuevos acuerdos, ni se comuniquen qué les mueve emocionalmente, más allá de los inevitables conflictos que les genera. Eso sí, el enfado acumulado por sentirse una pringada en casa hace que ella pierda el deseo hacia él y él se frustre por haber perdido a su novia y sentir que convive con una sargento del orden. ¿Y qué solución encuentran en esas circunstancias? Efectivamente… ¡Abrir su relación! A las bravas y sin mucho diálogo de por medio. ¿Para qué? Pues bien… Imagínate ahora cómo se siente ella cada vez que recoge un calzoncillo sucio del salón mientras su novio está en una cita. O cómo se siente él cada vez que su novia vuelve extasiada a casa después de una noche de sexo salvaje con otra persona. ¿Sería la no monogamia aquí la causa de su ruptura?

Por si te interesa saber en qué circunstancias sí lo seria, Kathy Labriola identifica cuatro causas principales donde el poliamor ayuda a que una pareja se vaya al traste. En orden de prevalencia –y con comentarios míos entre paréntesis que nadie ha pedido– serían: 1) enamorarse de una persona cuasi-monógama (spoiler: son esas que ponen «abiertx a explorar» en Tinder), 2) emparejarte con alguien que quiere un modelo de relación abierta diferente al tuyo (la anarquía relacional y el poliamor jerárquico son malos compañeros, después dirás que no te avisé), 3) hacer una mala gestión de tu tiempo y energía (lo de las no monogamias y las agendas es el tema: el amor será infinito, pero ni el tiempo ni tu capacidad de atención y comunicación lo son), y 4) los famosos celos (sabemos que la gente monógama nunca entiende esta parte, pero, aunque los sentimos y sufrimos, solemos tener problemas más difíciles de abordar: véanse los puntos 1, 2 y 3).

Esto último Labriola lo sintetiza muy bien haciendo referencia a uno de los aspectos «aparentemente paradójicos» de las relaciones abiertas. «Aunque la no monogamia parece una promesa de aventura salvaje y pasión desbordada, requiere un nivel de organización y planificación tan elevado, que puede resultar incluso burocrático e insensible». Muchas personas no monógamas bromeamos con aquello de que ojalá estuviéramos siempre en una orgía o tuviéramos tanto tiempo libre como la gente monógama presupone de nosotras, pero lo cierto es que nuestra dedicación principal tiene que ver con gestiones emocionales y encajes de agenda. En palabras de Labriola: «Aunque, en la teoría, la idea del romance espontáneo suena genial, en la práctica, suele ser incompatible con la no monogamia». Triste, pero cierto.

El después: las cicatrices

Después de entregarte mi ser, mi pasado, mi presente y mi futuro, mis sueños y expectativas infundadas, todo mi amor y mi deseo e incluso mis ahorros, cuando lo nuestro se rompe, ¿qué hago yo? ¿Qué haces tú? ¿Qué hacemos? Tras una ruptura monógama en la que nuestra pareja era el centro de nuestro universo y cuasi la totalidad de nuestra red, el abismo al que nos vemos abocadas asusta considerablemente. Pero, ¿acaso damos menos en las relaciones no monógamas o simplemente lo repartimos entre más personas? ¿Qué vacío se abre ante nosotras cuando un amor –de varios– se nos rompe de tanto usarlo? ¿Qué hacemos con nuestras cicatrices? ¿Cómo se lo explicamos a nuestro entorno más normativo? ¿Cómo llorarles a nuestras otras relaciones sin inundarles con nuestro dolor? Y, por último, pero no menos importante, ¿qué pasa con los metamores5?

El tema de los metamores me interesa especialmente. Creo que hablamos muy poco de las otras rupturas que conlleva el fin de una relación no monógama: esas personitas que quedan en una especie de tierra de nadie en la que yo nunca he sabido muy bien cómo moverme. ¿Qué pasa cuando tu pareja vive una ruptura muy dolorosa con alguien a quien quieres? ¿Qué haces con tus metamores en el largo periodo que puede implicar una ruptura inesperada o difícil de abordar? ¿Cómo se encajan aquí todas las emociones de las muchas personas implicadas en un croquis relacional complejo? Si en la monogamia aún nos queda pendiente gestionar el reparto de amistades en común, imagínate todo lo que tenemos por hacer en tierras poliamorosas. Quien tenga buenos tips y casos de éxito que los comparta, por favor.

Ignorar que el paradigma monógamo afecta a nuestras rupturas poliamorosas sería un disparate. Aunque queramos hacerlo diferente, esa idea del amor expatriado al que no puedes volver (ni tu gente querida tampoco) está muy presente en nuestro imaginario colectivo. Ese conmigo o contra mí. Ese «¿cómo puedes llevarte bien –o seguir amando y deseando incluso– a alguien que me ha roto el corazón?» Ese desasosiego, esa torpeza a la hora de romper, sobre todo cuando habíamos idealizado tanto un amor que creímos inmortal y enfermó rápidamente.

Si consideras exagerado que una ruptura pueda afectar a tu red de metamores, siento decirte que podría ir incluso más allá. Kathy Labriola cita en su libro a la Dra. Julie Fennell y su teoría de los dominós poli de alto riesgo. La metáfora de Fennell es muy ilustrativa y remite al conocido efecto dominó: cuando un cambio genera un cambio similar a su alrededor, y así sucesivamente (busca en Internet algún vídeo al respecto y podrás deleitarte con una bonita metáfora visual de lo que podría generar un polidrama sin final feliz).

Sí, puede que tú pensaras que tu ruptura con Menganita no afectaría a Fulanita porque son personas y relaciones muy diferentes, pero no pongas en duda la capacidad humana para complicarnos la vida. Hay quien anhela impaciente que caiga el rey para ocupar su lugar, que en las relaciones no monógamas es esperar un upgrade de jerarquía simplemente porque ha quedado libre el hueco de relación principal (spoiler: ese tipo de expectativas –y más cuando no se comparten– genera bastante dolor y frustración). Hay quien se agobia cuando sus relaciones rompen con otros vínculos y les demandan mayor atención porque disponen de más tiempo libre. Hay quien no sabe sobrellevar –o no quiere– un duelo ajeno. En definitiva, aunque parezca que la competencia disminuye cuando quedamos menos en el tablero de juego, los cambios en las redes no monógamas –tan endogámicas ellas– son complejos de gestionar.

Cada ruptura, a su tiempo

Cuando rompemos con alguien, el contexto importa. ¿Cómo estamos nosotras en ese momento? ¿Dónde? ¿Con quién? ¿De qué herramientas y medios disponemos? Con esto último no me refiero únicamente a las manidas herramientas de gestión emocional, sino a cosas mucho más tangibles e incluso necesarias como tener los recursos básicos para sostener la vida: un techo, autonomía económica, buen estado de salud, acceso a determinadas ayudas… También me parece necesario comprender el contexto socioeconómico y las normas sociales del lugar y la época en que se produce un determinado fenómeno.

Rupturas poliamorosas en tiempos… ¿monógamos?

No me aventuraría a decir que vivimos en una sociedad monógama, pero sí mononormada y heteropatriarcal. La monogamia en serie y las infidelidades han pervertido el significado original de la monogamia: un único vínculo exclusivo para toda la vida. De todos modos, aunque esto no se dé, la monogamia sigue siendo la norma, lo esperado y validado socialmente, el ideal romántico de la predestinación y el amor que todo lo puede.

Los estándares de éxito de la monogamia nos condicionan. Me refiero a aquello de valorar más lo longevo que lo que nos aporta bienestar; o pensar que una buena escalera mecánica6 (o varias) nos va a aportar mayor estabilidad y seguridad en el vínculo que una confianza forjada en base a una buena comunicación y honestidad mutua.

En un contexto donde lo normal es enamorarse de alguien hasta las trancas y no ver más allá, muchas personas son incapaces de empatizar plenamente con una ruptura no monógama. «¿Cómo puede generar dolor algo que nunca fue exclusivo?», se preguntan algunos. Tampoco recibimos mucha comprensión social cuando nuestra forma de relacionarnos excluye los vínculos jerárquicos (pareciera como si tus relaciones fueran siempre insignificantes y, por tanto, no importara si se desvanecen).

«Si tienes varias parejas y no esperas todo de una misma persona, romper no debe ser tan dramático, porque lo que te deja de dar una relación, se lo puedes pedir a otra», me comentaron una vez. La lógica monógama de este planteamiento nos coloca en un lugar desalmado, como si generáramos una especie de Frankenstein del amor con nuestros vínculos y perder un pedazo fuera tan sencillo como reemplazarlo con otro. Que no seamos exclusivas en lo romántico o en lo sexual no implica que no tengamos criterio o corazoncito.

Rupturas poliamorosas en tiempos precarios y de neoliberalismo salvaje:

Tal vez hayas visto un meme que asegura que el poliamor se inventó porque se necesitan tres salarios o más para pagar el alquiler de un piso. ¡Qué incómodo reírse al verlo, con esa gotita de sudor frío bajando por la frente! Cuando me preguntan cuál es la mayor dificultad que afronta una persona no monógama siempre respondo que el sistema neoliberal en que vivimos. Por un lado, aspiro a que mi manera de relacionarme me ayude a encontrar formas comunitarias de apoyo mutuo donde esto no pese tanto. Por otro lado, lloro en silencio la dificultad de que algo así sea factible en una ciudad como Barcelona, con las energías y recursos de mi entorno más cercano.

Quién se puede permitir una ruptura en términos económicos o de salud mental no es una pregunta baladí. Cómo opera el patriarcado y los roles de género en las relaciones no monógamas (y su posible disolución), tampoco. La culpa, la vergüenza, el estigma y el reproche social ejercen un peso especial sobre las personas socializadas como mujeres cuando el desamor aparece. ¡Imagínate cómo afectan otros ejes de opresión como el racismo, la transfobia o el capacitismo!

Eva Illouz es quizá la socióloga más citada para hablar de la influencia de la tecnología y el capitalismo en nuestras relaciones. «El desamor es un terreno privilegiado para entender de qué manera la intersección entre el capitalismo, la sexualidad, las relaciones de género y la tecnología produce una nueva forma de (no) sociabilidad (…)

Nuestra modernidad contemporánea hiperconectada parece estar marcada por la formación de lazos cuasisucedáneos [de las relaciones socialmente aceptadas] o negativos: follada de una noche, polvo sin ataduras, revolcón, rollo, aminovio, amigos con derechos, sexo casual, relación casual y sexo virtual son solo algunos de los nombres que se usan para identificar relaciones caracterizadas por su duración efímera y por el nulo o escaso involucramiento del yo, generalmente desprovistas de emociones, y basadas en una suerte de hedonismo autotélico que gira en torno al acto sexual como el principal y único objetivo».

Según Illouz1, los efectos de la «elección negativa» son ostensibles en aspectos como el incremento de las «relaciones múltiples (poliamorosas o de otro tipo), una circunstancia que pone en tela de juicio la centralidad de la monogamia y sus valores concomitantes, como la lealtad y el compromiso a largo plazo»1.

La lealtad o el compromiso a largo plazo no son valores intrínsecos ni exclusivos de la monogamia. Las personas poliamorosas somos capaces de desear y mantener relaciones de compromiso durante años, al igual que nos influyen los efectos del capitalismo y la tecnología a la hora de relacionarnos. Ningún modelo de relación aporta nada por sí mismo, sino las personas que estamos en él.

Sobre no monogamia y apps de dating se podría escribir un ensayo entero. Es uno de los lugares donde una persona poliamorosa puede sentir mayor frustración: se nos reduce al cliché más que nunca, entendiendo que cualquier persona no monógama busca sexo casual por defecto; las probabilidades de encontrar personas afines se reducen (por mera estadística, abundan más las personas monógamas), y solemos ser substituidas rápidamente cuando esa persona monógama que decía estar abierta a explorar encuentra a alguien con forma de media naranja. Vaya, que en esas aplicaciones encontramos lo mismo que fuera de ellas, pero con un extra de aceleración y condensado en una pantalla.

Puestas a hablar de tecnología, ¡cómo no mencionar la influencia de las redes sociales en nuestras rupturas! Esa galería de amor idílico en Instagram que llega a su fin, esos ataques velados por Twitter, esa lista de amor despechado con el nombre de tu ex en Spotify, esos vídeos con indirectas por TikTok… Las redes sociales son el gran canal que da visibilidad a nuestro amor (y por supuesto a nuestro desamor) en directo y con un solo clic.

¿Qué hacer con ese mausoleo de fotos de un amor que ya no es? ¿Cómo gestionar la vergüenza cuando se te escapa un like al revisar por enésima vez la galería de tu ex (o de su nueva pareja)? ¿Duele menos el desamor cuando podemos presumir de otros vínculos por redes? No lo creo. Aunque otras personas te pongan el corazón contento y quieras mostrarlo al mundo, lo que duele, duele. Lo digo por experiencia propia de señora narcisista que exhibe su vida en redes.

Rupturas en tiempos (donde presumimos) de anarquía relacional

Necesitaba llegar a este punto. La anarquía relacional –seguramente por la complejidad que implica su práctica en una sociedad neoliberal– es uno de los aspectos más distorsionados de la no monogamia (a pesar de que no es, en sí, una forma de no monogamia)7. Desde fuera (y desde dentro a veces, no nos engañemos), la anarquía relacional se ve como un totum revolutum en el que todo vale y nadie le debe explicación alguna a nadie. Vaya, como la cuna del caos relacional en la que los cuidados y la manida responsabilidad afectiva brillan por su ausencia. Como dice mi amiga Anabel, si lo único que nos interesa aquí es poder follar con quien sea sin dar explicaciones, no hemos entendido nada del anarquismo. ¿Qué otro tipo de activismos y prácticas cotidianas que ayuden a desmontar el sistema ejercemos en nuestro día a día? ¿Practicamos los cuidados más allá de repetir que deben estar en el centro?

Dicho todo esto, la anarquía relacional rechaza los mandatos impuestos sobre nuestras relaciones, algo que les añade complejidad e incertidumbre desde nuestra socialización monógama. Cuando se difuminan los límites entre los diferentes tipos de vínculos que tenemos, ¿qué implica una ruptura? Si el amor es infinito, si el amor no conoce jerarquías ni exclusividades, si el amor todo lo puede (a nosotras también se nos cuelan los mitos románticos, por mucho que los critiquemos), ¿qué puede salir mal? No lo sé, pero sale mal. La monogamia no es infalible. Su opuesto, tampoco.

«Nadie escoge deliberadamente a las parejas equivocadas. Sin embargo, a menudo pasamos por alto las banderas rojas que fácilmente podrían alertarnos de problemas potenciales, y es mejor llegar a conocer a alguien lo suficientemente bien como para ver esas incompatibilidades antes de comprometerse en una relación seria.», alerta Kathy Labriola. ¡Cuánta razón tiene y qué necesario aquello de no meter el acelerador para chutarle intensidad romántica a una relación antes de saber si somos mínimamente compatibles.

El sostén. Romper(se) entre amigas

La mejor parte de una ruptura amorosa es sentir cómo te sostienen tus amigas. Llorarles a ellas, ante ellas, bajo su mirada amorosa. Vulnerabilizarte con ellas, contra tu voluntad (no quieres ser una carga). Ir de su mano, hablarles desde el corazón durante horas. Sentirte en familia, entre las tuyas. Correr hacia sus brazos, hasta sentirlas piel con piel para no soltarte de allí jamás. Sanar mediante su ternura. Sentir que por ellas la teoría de los cuidados cobra sentido (según tu criterio); que sin ellas no serías nada (por mucho que reluzcan otros amores con mejor estrategia de marketing). Llorar, llorar y llorar, so pena de que te digan: «te lo advertí, amiga», sobre todo porque no es la primera vez que están ahí tras una ruptura tan predecible como tu incapacidad de huir antes de que volara todo por los aires.

Escribo esto con el corazón en la mano, pero sabiendo también que esas amigas de las que hablo son aquellas que previamente entienden cómo nos relacionamos, que no son todas. ¿Cómo lloramos las personas no monógamas las rupturas que nuestro entorno no comprende, no ve, no considera reales? ¿Cómo puede transitar su duelo una persona no monógama que aún vive en el armario? ¿Cómo explicarle a tu familia que tienes el corazón hecho trizas si jamás ha dado entidad a tus vínculos? ¿Qué papel juega aquí el silencio? Me refiero a ese silencio que nos corroe cuando sabemos que evidenciar una ruptura implicará recibir algún tipo de violencia. «¿Cómo querías que una cosa así funcionara?», te escupirán algunos. Otros incluso te responsabilizarán de lo ocurrido, por haber estado jugando con fuego.

¿Qué más da si se va?

Cuando le comenté a una amiga que estaba escribiendo este prólogo, me preguntó si el libro enseñaba a romperbien. Me quedé un rato pensando al respecto. Labriola ofrece en este ensayo muchas estrategias de prevención y herramientas para sobrevivir a una ruptura. También habla de las famosas transiciones en las relaciones no monógamas y cita casos de éxito de rupturas poliamorosas. Aun así, este no es un libro que nos enseñe a romper bien (ni mal), lo que me hace preguntarme por qué nos cuesta tanto abandonar nuestros proyectos románticos, incluso cuando no concentramos todos nuestros recursos amorosos en una única persona.

Cuando un vínculo ha desafiado las leyes de la monogamia, el concepto de fin o ruptura parece un gran desconocido difícil de abordar. ¿Qué es lo que se termina exactamente ahí? ¿Qué demonios somos ahora? Si nuestro entorno apenas comprendía por qué nos complicábamos la vida juntas, ¿qué lectura hará ahora de todo esto? ¿Acaso importa? Cuando lo susceptible de romperse (la relación) era algo difícil de definir, ¿qué es exactamente lo que se hace añicos?

Siento también que el fracaso de una relación pudiera llegar a ser algo alegre, deseable, creativo; una puerta a un futuro incierto (con ese puntito de morbo que tiene lo desconocido). Ser duchas en el arte de romper –o poli-romper(nos)– debe ser cuestión de práctica, sin duda. Cagarla en el amor nos ayudará a cagarla mejor la siguiente vez. Como cantan Rigoberta Bandini y Julieta Venegas: «¿qué más da si se va? Pues volvemos a empezar». Pero hagámoslo rodeadas de amigas.

Si la no monogamia es o no la causa de nuestra separación, ¿es relevante? Pareciera como si lo más peligroso del universo romántico fuera meterse en poliamor sin tenerlo del todo claro. A ver, si nos podemos ahorrar un disgusto, quitémonos trabajo de en medio. Pero qué poco se habla de todas las que probamos la monogamia sin saber si era lo nuestro y acabamos escaldadas. ¿Por qué nadie se apiada de nosotras ni nos aconseja previamente que eso de la exclusividad puede ser un suicidio amoroso en toda regla?>

Kathy Labriola asegura: «Muchas personas cometen el error de escoger el modelo que creen que deberían desear, ya sea un estilo de vida no monógama ideal sobre el que han leído en algún libro o el modelo propuesto por una pareja, en lugar de optar por el que verdaderamente les puede funcionar en el mundo real.». En su lugar, nos aconseja actuar con honestidad acerca de nuestras necesidades y deseos, «no intentes encajar en el modelo no monógamo de otra persona». Yo añadiría «o en el modelo monógamo», que también nos vamos al garete por eso, recuerda.

Me alegra muchísimo que un libro como este exista (¡gracias, Kathy!) Poder hablar abiertamente de las rupturas en relaciones no monógamas sin invalidar por ello el modelo implica que hemos llegado a cierto grado de madurez respecto a la aceptación social de nuestra manera de vincularnos. Aunque esta mirada no sea compartida por la norma, es necesario que al menos nosotras podamos hablar de lo que nos parte, de los finales y transiciones de nuestras prácticas amorosas sin (tanta) vergüenza ni culpa. No somos infalibles amando, por mucho que desafiemos los mandatos sociales. Ni falta que hace. Acertar continuamente nos privaría de muchísimos aprendizajes, aunque estos duelan. Dice Labriola que, «Por desgracia, muchas personas no monógamas buscan el amor en los lugares equivocados». Aunque me resisto a creer que haya lugares acertados o formas correctas e infalibles de buscar el (poli)amor, quizá sea cierto. Nadie dijo que fuera fácil.

Sandra Bravo

Barcelona, julio 2024

Prólogo

Dossie Easton

Kathy Labriola nos ha dado, por fin, el libro que desde hace tanto tiempo llevamos necesitando.

En mi adolescencia, durante la década de 1950, el divorcio era un desastre del que se hablaba por lo bajini. Por entonces, lo esperable era que todo el mundo se casase. Y si tenías problemas en tu matrimonio, es que algo debías de estar haciendo muy mal.

El concepto tradicional de matrimonio en la cultura occidental se basa en la importancia de la familia en el seno de la sociedad agraria. Para mantener el funcionamiento de una granja y garantizar que nadie muera de hambre durante el invierno se requiere un compromiso a largo plazo. El matrimonio implicaba estabilidad y la estabilidad era absolutamente imprescindible para la supervivencia. Hoy día, esta idea unívoca y generalizada sigue siendo el patrón de referencia, pero lo cierto es que nuestra seguridad económica ya no depende de la estabilidad de nuestras relaciones.

A medida que evolucionamos y nos adentramos en una nueva era de relaciones íntimas, se abre ante nosotres la posibilidad de establecer múltiples y variadas relaciones de afecto, con personas de muy diversos tipos. Las conexiones físicas pueden girar en torno a relaciones sexuales de distintas clases y pueden incluir géneros diversos, escenificar fantasías variadas o no contemplar la penetración. De igual manera, el amor romántico puede ser muy variado: de lo ceremonioso a lo apasionado, del «enamoramiento» al «no pude evitarlo».

La gente cohabita por seguridad económica, por compañía, por cocrianza, como compañeres de jubilación o como compañeres de convivencia. Y cualquiera de estas relaciones puede incluir, o no, el sexo y el amor. Podemos alcanzar la seguridad emocional en cualquier relación a través del apoyo mutuo, la honestidad y una buena comunicación. Incluso podemos iniciar una relación íntima por mera curiosidad, atraídes por el encanto que genera algo ajeno a nuestra cultura y nuestra experiencia propias. Para mí, esto supuso una auténtica revelación que me permitió ver más allá de los límites de mis propios valores familiares.

No olvidemos, además, la magnética atracción que ejerce el hecho de tener la oportunidad de lidiar con temas que llevan sin ser resueltos desde nuestra infancia. Muches de nosotres ansiamos reparar a nuestres adres o descubrir una manera más efectiva de enfrentarnos a les abusones. Hay relaciones que, a pesar de su brevedad, representan, en cierta medida, el remedio que nos ayuda a superar un dolor profundamente arraigado.

En cualquier conexión se puede elegir libremente el grado de informalidad, profundidad, intimidad o autonomía que se decide establecer. Quizás tú no seas de aspirar a la abundancia, sin embargo, puede que la mayoría de las personas esperen tener, como mínimo, varias relaciones importantes en su vida. Tal vez, algunas de estas relaciones sean similares y pueda vislumbrarse un patrón. En cambio, hay gente capaz de vivir relaciones radicalmente distintas.

Muchas de nuestras relaciones van mejor si permitimos que sigan su curso natural. Algunes consideran que dichas relaciones sirven un propósito concreto y, una vez aprendido lo que teníamos que aprender, llega el momento de asumir su final. Estas conexiones pueden durar semanas, meses o años, pero su valor no se mide en función de su duración.

La diversidad en nuestras vidas amorosas trae consigo, por otra parte, muchas más rupturas que los modelos de relación tradicionales, pero esto también supone una experiencia valiosa. Pensemos en lo que podría cambiar si abrazásemos la libertad de explorar conexiones y relaciones sexuales que, quizás, nunca lleguen a ser «la única». ¿Cómo serían nuestras vidas si valorásemos cada relación por lo que realmente importa en dicha conexión, y no por lo cerca que esté de convertirse en la pareja eterna de nuestros sueños?

Las viejas normas nos dicen que si una relación ya no funciona es porque alguien ha debido de hacer algo mal, que tiene que haber une culpable, que tal vez hemos cometido un terrible error. Esas mismas normas insisten en que poner fin a una relación íntima ha de ser tremendamente doloroso y aterrador, en que ha de provocar mucha rabia y en que las rupturas conllevan siempre todas y cada una de las emociones siniestras que podemos experimentar, y en su máxima expresión.

Nos dicen que la manera para evitar el sufrimiento es no volver a ver jamás a la persona con la que ya intimamos una vez, porque sería catastrófico y no podríamos soportarlo. Así que nos aseguramos de que nuestres amigues no inviten a esa persona a la que un día amamos a fiestas ni eventos sociales. Solo une de nosotres puede permanecer en la comunidad, ya sea una universidad, un trabajo o un vecindario. No puede haber amistades en común.

Sin embargo, esta reacción no es necesaria. En la década de 1970, pasé alrededor de un año sumida en una terrible depresión recuperándome de la ruptura de una relación de pareja muy especial. Mi ex, Robin, quería seguir explorando la conexión sexual tan especial que teníamos, pero yo me sentía incapaz. Tras superar finalmente mi depresión, retomamos la conexión como amigues íntimes disfrutando, a la vez, de nuestra pura dinamita sexual y, así, continuamos viéndonos otros nueve años. Definitivamente, fue lo mejor que pudimos hacer.

Más recientemente, en 2015, mis amigues y familiares se aliaron para acompañarme cuando tuve que someterme a una operación de columna y una larga hospitalización. Joi, una ex mía, estuvo turnándose con mi hija mayor para dormir en la habitación del hospital durante las dos primeras semanas y supuso un apoyo incalculable en los meses posteriores. Le dije a la gente que, cuando saliese del hospital, me vendría bien pasar un mes en una habitación de huéspedes en San Francisco sin escaleras y sin tener que conducir. De inmediato, me ofrecieron un santuario de sanación en casa de une queride amigue con quien rompí en 1979. ¿Es posible que un ejército de ex no te falle?

Agradezco enormemente que aquellos primeros años en los que rechacé la monogamia me llevasen a formar parte de una gran familia extensa de promiscuas, muchas de nosotras con criaturas, casas, carreras y demás responsabilidades adultas. Si tenía una cita con alguien de esa familia, empezábamos quedando en la casa de quien albergase la fiesta de pijamas infantil para que las demás pudiésemos salir a bailar. Cuando me tocaba a mí quedarme con las criaturas, llegué a cocriar a trece niñes y me convertí en la tita de unes cuantes más. Aquellas criaturas disfrutaban de un enorme respaldo por parte de les adultes y de la experiencia de tener hermanes en una gran familia, sumado al privilegio de regresar a casa con una familia menos numerosa.

Cuando una relación acababa en el seno de aquella familia, no podíamos separar a nuestras criaturas de dicha comunidad ni pedirles que evitasen a sus hermanes, así que teníamos que resolver las cosas de un modo que no pusiera en riesgo la supervivencia de nuestra extensa familia. Al final, acabamos resolviendo un montón de conflictos de los que antes habría huido y de los cuales aprendí muchísimo. Una de esas lecciones fue que el final de una vieja relación podía ser el comienzo de una nueva… y, a menudo, con la misma persona.

La ruptura es, probablemente, una de las peores cosas que puedes experimentar con una persona. Así que, cuando ya te has recuperado del trauma de la separación, la antigua relación de intimidad puede resultar tan cómoda como un guante viejo. Tal vez el sexo siga estando presente, tal vez no. Muches de nosotres tememos que, si alguien llega a conocernos de verdad, en profundidad, verá esa parte rota de nosotres de la que nos sentimos sumamente avergonzades y que tratamos de esconder a toda costa. Después de una ruptura ya no hay nada que ocultar, y eso es toda una liberación.

Entonces, ¿cómo podría ser una ruptura en este nuevo escenario tan desafiante? Quizás podríamos aprovecharla mejor si contásemos con un nuevo kit de habilidades. Nunca nos han enseñado a practicar el arte de la ruptura y vivir para contarlo, sin embargo, puede que adquirir ciertas destrezas a la hora de romper resulte de gran utilidad en otras situaciones conflictivas cotidianas.

Si quieres saber cómo sería esto, tienes en tus manos el libro idóneo. Kathy Labriola hace uso de su impresionante repertorio de habilidades, sabiduría y experiencia para enseñarnos que no hay un patrón oro único de ruptura «adecuada» y, con total generosidad, nos propone opciones que pueden encajar en nuestras relaciones diversas. Además, nos enseña cómo hallar nuestro camino a través de un terreno inexplorado y espinoso, nos cuenta dónde podemos acabar perdidos, cómo podríamos encontrarnos de nuevo y cómo recorrer la travesía de forma plenamente consciente.

Así que, ¡toma nota! Puedes empezar a construir tu particular grupo de apoyo de guantes viejos y sumamente cómodos hoy mismo replanteándote el modo en que abordas las rupturas.

Dossie Easton

Terapeuta de pareja y de familia

Coautora, junto a Janet W. Hardy, de Ética promiscua2.

Rupturas y no monogamias

Causas, prevención y supervivencia

Este libro está dedicado a Dña. A. LaVigna, mi profesora de Inglés de octavo, que me dijo que sería escritora, y a D. James Martin, mi profesor de Inglés de décimo, que me advirtió también de lo mismo. No creí a ningune de les dos, pero, de algún modo, cincuenta años después, me he convertido accidentalmente en escritora.

INTRODUCCIÓNEntender las rupturas no monógamas

Como terapeuta que trabaja con montones de personas que mantienen relaciones abiertas de todo tipo, soy plenamente consciente de que no todas las relaciones no monógamas viven felices para siempre. De hecho, la mayoría de la gente no monógama pasa por varias relaciones, con algunos altibajos épicos, que a menudo acaban bastante mal. La mayoría de estas personas, con el tiempo, adquirirán un amplio set de habilidades relacionales, aprenderán a escoger las parejas más convenientes y encontrarán el modelo de relación abierta que mejor les va. Obviamente, hay gente que nunca aprende y que parece decidida a repetir de forma indefinida los mismos errores. La mayoría de las personas no monógamas suelen experimentar una curva de aprendizaje empinada que implica aprender, por las malas, cuánto tiempo y cuánta energía pueden dedicar al sexo y a las relaciones y cuántas parejas son capaces de compatibilizar de una manera realista.

Al mismo tiempo, parece inevitable que ocurran ciertas rupturas extremadamente intensas y dolorosas, que suelen generar más sufrimiento de lo que la mayoría prevé. A lo largo de los años, he oído a mucha gente expresar asombro y consternación ante lo terriblemente dolorosas que resultan estas rupturas no monógamas y, también, ante lo largo que resulta el proceso de recuperación. El fin de cualquier relación sexual o romántica es por naturaleza doloroso, pero una ruptura no monógama genera una serie de desafíos y complicaciones que son únicos y muy particulares.

Este libro no es un estudio científico y la información que incluye es de naturaleza esencialmente anecdótica. Dado que la gente que acude a terapia suele estar afrontando ciertos desafíos y sufriendo en sus relaciones, me preocupaba que mi muestra no fuese representativa de las relaciones abiertas en general. Por tanto, para lograr una perspectiva más amplia, he llevado a cabo entrevistas exhaustivas a personas no monógamas acerca de sus experiencias personales de ruptura en una o más relaciones poliamorosas. Para ello, entrevisté a 45 personas procedentes de distintas partes de Estados Unidos, así como a algunas de Europa y Asia, a fin de obtener una muestra representativa lo más amplia posible. Cada entrevista duró unas tres horas y, durante la misma, pregunté sin contemplaciones a les entrevistades sobre todos los aspectos de su relación, de principio a fin, así como sobre las consecuencias de la ruptura. Aunque este libro no contenga estadísticas sólidas, sí contiene mucha información y, además, resume mis teorías más fundadas en base a dichas entrevistas y a varias décadas de experiencia asesorando a personas no monógamas en sus rupturas.

El libro comienza con una breve exposición de supuestos habituales en torno a las relaciones y a la ruptura, al tiempo que profundiza en cómo dichas convicciones influyen en nuestra experiencia cuando una relación llega a su fin. Vivimos en una sociedad en la que la monogamia se considera la norma y el matrimonio ha de durar toda la vida, a pesar de que en la mayoría de ellos haya infidelidades y de que más de la mitad acaben en divorcio. Estas expectativas tan poco realistas afectan también a las personas que mantienen relaciones no monógamas y, en consecuencia, la mayoría de la gente poli alberga ciertas creencias que pueden no encajar ni ser útiles en un estilo de vida no monógamo.

La siguiente parte del libro se centra en las causas más habituales de las rupturas no monógamas. Alrededor de la mitad de estas relaciones terminan por motivos que nada tienen que ver con la naturaleza no monógama de la relación. Más bien, están provocadas por una, si no más, de las siete incompatibilidades más comunes y corrientes. Son las mismas razones por las cuales se separa la gente que mantiene relaciones monógamas: problemas sexuales, incompatibilidad en torno al dinero, problemas domésticos, conflictos en relación a la autonomía y la intimidad, adicción a las drogas y el alcohol, trastornos de salud mental no tratados y problemas de ira que conducen al maltrato verbal o físico. Esta sección aborda cómo las incompatibilidades preexistentes en una de estas siete áreas se pueden intensificar aún más en una relación abierta, además de resumir algunas estrategias de prevención que pueden ayudar a mantener relaciones no monógamas.

La siguiente sección del libro gira en torno a la otra mitad de las rupturas no monógamas, es decir, aquellas cuyo origen radica en algún aspecto de la no monogamia. Se tratan, en este sentido, cuatro causas clave: una persona no monógama que se enamora de une monógame convencide, el hecho de escoger parejas que buscan un modelo de relación abierta distinto al que buscas tú, una gestión deficiente del tiempo y la energía y, por último, pero en modo alguno menos importante, los celos. Así, se exponen ciertas estrategias para prevenir estos problemas y reducir el riesgo de que una relación termine por motivos asociados a la no monogamia.

La última sección del libro ofrece estrategias de superación para sobrevivir al fin de una relación abierta. Entre ellas, se incluyen maneras de cuidarse a une misme al tiempo que se afronta el duelo por la pérdida de una relación, cómo conservar cualquier relación que quede, cómo aprender todo lo posible de une misme y de las relaciones y cómo gestionar las reacciones de amigues y familiares. Los dos últimos capítulos giran en torno al modo de incrementar las probabilidades de vivir rupturas menos dolorosas y al potencial para realizar la transición de una relación romántica a una amistad, e incluyen algunas reflexiones sobre relaciones futuras.

Este libro presupone cierto conocimiento sobre las relaciones abiertas. Es probable que la persona que lo esté leyendo ya tenga una relación no monógama o que, por desgracia, haya experimentado una ruptura poliamorosa. Son muchos los libros que pueden servir a modo de excelente tutorial sobre las relaciones abiertas, entre ellos, Ética promiscua, Más allá de la pareja3, Stories From the Polycule4, Opening Up5y Polyamory in the 21st Century6, además de mis anteriores obras, Love in Abundance7y The Jealousy Workbook8.

Las rupturas y la no monogamia van de la mano

Una diferencia clave entre las relaciones monógamas y las relaciones abiertas es el supuesto básico de que, en las no monógamas, cabe esperar que no todas las relaciones nuevas duren toda la vida.

Muchas de las personas que mantienen relaciones abiertas cometen el error de creer que el hecho de ir sumando parejas adicionales va a resultar inocuo y permanente. La realidad de vivir una vida no monógama es que, con el tiempo, unas parejas vienen y otras se van, y cuando una nueva pareja se suma a una relación abierta, no promete quedarse para siempre.

Las diversas materializaciones de las relaciones no monógamas pueden terminar por innumerables motivos. Esto es así, especialmente, en las relaciones «informales» o «secundarias»