Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Saberes al margen reúne herramientas para pensar y analizar instituciones socioeducativas y de salud mental que trabajan con sujetos "alterizados", ubicados en el extrarradio de la normalidad: expulsados, inadaptados, cuerpos y vidas problematizadas. El foco no está en esas personas sino en las instituciones que dicen tratarlas, en sus mitos de origen, sus lógicas simbólicas y sus efectos. Desde una mirada institucional y socio-histórica, el libro recorre: los orígenes y efectos de las instituciones; la relación entre patología e institución y las formas del padecimiento institucional; claves de análisis mediante analizadores que van de los ejes del poder a las identidades y su institucionalización, el funcionamiento cotidiano, la obediencia, la norma y sus grietas. Finalmente, abre una vía de transformación "molecular" con perspectiva interseccional y revisa experiencias de frontera que desafían el encierro y la captura: la psicoterapia institucional de Bonneuil, el movimiento Hearing Voices y la performatividad del lenguaje, para concluir con una invitación a transgredir la pedagogía y sostener aperturas a lo imprevisto.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 135
Veröffentlichungsjahr: 2026
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Asun Pié BalaguerMiguel Salas Soneira
Pie Balaguer, Asunción
Saberes al margen : notas para un análisis institucional / Asunción Pie Balaguer ; Miguel Salas Soneira. - 1a ed. - Paraná : La Hendija Ediciones, 2026.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-631-6538-74-1
1. Salud Mental. 2. Psiquiatría. 3. Instituciones Psiquiátricas. I. Salas Soneira, Miguel II. Título
CDD 150.2
Primera edición primavera de 2024
© por La Hendija ediciones
Panamá 726 (C.P.3100)
Paraná. Provincia de Entre Ríos.
República Argentina.
Tel:(0054) 0343-154381539
e-mail: [email protected]
www.lahendija.org.ar
Diagramación: Martín Calvo
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
Primera edición en formato digital
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto451
Portada
Portadilla
Legales
1. Aperturas
2. Orígenes, mitos y efectos de las instituciones
2.1 Del mito de la Horda primitiva al malestar de la cultura
2.2 Eros y Thanatos
2.3 ¿Instinto vs. Cultura?
2.4 La función simbólica de la institución
3. Patología e institución
3.1. Dimensiones para enmarcar el padecimiento institucional
3.2. Tipologías de disfuncionamiento institucional
4. El análisis institucional
4.1 Analizadores institucionales
4.1.1. De los ejes del poder a las identidades
4.1.2. De las identidades y su institucionalización
4.1.3. El funcionamiento institucional
4.1.3.1. Instituciones cerradas y lógicas inmunitarias
4.1.3.2. El problema de la obediencia
4.1.3.3. La norma y sus grietas
5. Hacia una transformación molecular con mirada interseccional
6. Experiencias de frontera
6.1. Consideraciones previas: de extituciones, comunes y procomunes
6.2. La institución estallada. A propósito de la experiencia de psicoterapia institucional de Bonneuil
6.3. El caso paradigmático de Hearing Voices
6.4. Performatividad del lenguaje
7.Transgredir la pedagogía: una forma de concluir
Bibliografía
1
2
3
4
5
6
7
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
51
52
Portada
Portadilla
Legales
Tabla de contenidos
Comienzo de lectura
amigo, maestro de vida y de pincel.
Saberes al margen. Notas para un análisis institucional, pretende ofrecer algunas herramientas para pensar y analizar las instituciones socioeducativas dirigidas a sujetos que por sus condiciones han sido alterizados. Se trata de instituciones que albergan sujetos problematizados, la mayoría de las cuales se ubican en el extrarradio de la normalidad. Es este lugar simbólico al que llamamos margen, entendido también como frontera. Las particularidades y condición social de los que habitan estos márgenes determinan el lugar fronterizo que ocupan dichas instituciones. Se trata de esos territorios en los que se trabaja con los deshechos sociales, con los expulsados, con los inadaptados. El margen fronterizo (Sánchez, 2024) (1) es un lugar simbólico, de expulsión, pero también la ocasión para que algo nuevo emerja, aunque es importante aclarar que el objeto de este análisis no son dichos sujetos sino las instituciones que dicen tratarlos.
Margen fronterizo es así una posición, pero también un modo de habitar y de mirar, un modo de ordenar, de tratar, un modo de existir. En palabras de Gloria Anzaldúa:
“Una frontera es una línea divisoria, una fina raya a lo largo de un borde empinado. Un territorio fronterizo es un lugar vago e indefinido creado por un residuo emocional de una linde contra natura. Está en un estado constante de transición. Sus habitantes son los prohibidos y los baneados. Ahí viven los atravesados: los bizcos, los perversos, los queer, los problemáticos, los chuchos callejeros, los mulatos, los de raza mezclada, los medio muertos; en resumen, quienes cruzan, quienes pasan por encima o atraviesan los confines de lo normal” (Anzaldúa, 2016:42).
Para Anzaldúa la frontera implica mezcla, impureza, cruces incesantes. Es un linde que conlleva formas de ser y habitar específicas, ni dentro ni fuera, ni carne ni pescado, en el umbral o entre dos aguas que se cruzan y discuten las purezas impostadas. Es en estos mestizajes donde se abren las ocasiones para otro modo de articular las instituciones. Las tensiones entre lo instituido y lo instituyente nos indicarán aperturas posibles, intersticios potenciales que nos muestran otros modos de ordenar o desordenar; o esos cruces que ocurren en la vida real, no ya en la rectilínea forma de atribuir causas y efectos.
Los sujetos nos inscribimos en contextos que habitamos y determinamos, aunque también estos contextos nos habitan y nos transforman. Existe un juego de afectaciones mutuas entre el adentro y el afuera de sujetos e instituciones, así como entre estas últimas y su exterioridad. Los profesionales de la acción social se ubican en este terreno complejo, no son ajenos a él, de modo que sus prácticas no dependen exclusivamente de una voluntad consciente, sino particularmente, de una dinámica institucional que en ocasiones desborda, se naturaliza, se normaliza. La institución es el medio donde pasa y se juega la relación entre unos y otros, pero es también la materialidad de dicha relación. Es en realidad, pasto para la existencia relacional que, a su vez, puede producir nuevas subjetividades o, al contrario, cosificar o semejantizar (Deligny, 1971). De esto modo, podemos afirmar que las instituciones son el medio en el que vivimos y respiramos, forman parte de nuestra propia naturaleza.
Los escenarios en los que pasa y se juega la vida no son un tema menor. De hecho, determinan todo o casi todo de lo acontecido. Otra cuestión será la comprensión hegemónica de lo que somos, elaborada por occidente. Esa insistencia esencialista que desenfoca los contornos del sujeto, sus contextos o escenarios como si estos solo fueran continentes sin contenido. Al contrario, las instituciones nos determinan tanto como nosotros las determinamos a ellas.
Por otro lado, las instituciones son también territorios recortados de la realidad, que expresan de manera clara lo mismo que sucede en la sociedad. En palabras de Deligny “igual que el hombre es un hombre entre los demás, el centro es una hectárea recortada de la sociedad” (Deligny, 1971:125). De este modo, se han incorporado en el texto tanto cuestiones sociales amplias, macroestructurales como otras moleculares o microsociales. La pretensión no es otra que hacer notar su influencia mutua y la afectación que estas tienen sobre las producciones subjetivas y colectivas al calor de grupos e instituciones.
Todo ello indica que la voluntad y las buenas intenciones de los profesionales tienen un lugar marginal en los efectos de la acción social y educativa. Existen otras cuestiones en juego que inciden sistemáticamente y que suponen una determinación, al menos parcial, de las posibilidades educativas. Si bien dichas variables no se agotan en las que aquí presentamos, hemos escogido las que consideramos más relevantes y urgentes para una correcta comprensión de las instituciones socioeducativas dedicadas a gestionar o a tratar las diferencias y las desigualdades sociales. Al calor de esta pretensión, el lector encontrará un desplazamiento de los problemas a tratar o, dicho de otro modo, otra manera de enfocar el asunto a tratar en dichas instituciones.
Hace cinco siglos, Copérnico asestó un duro golpe al egocentrismo humano con su teoría heliocéntrica. Aceptemos también entonces que el sujeto no es el centro de sus decisiones o no solo, sino que sus entornos, las instituciones y sus relaciones son parte de la materialidad del propio sujeto.
Comprender estas otras variables subjetivas, estructurales, estructurantes, colectivas, organizativas y de funcionamiento es uno de los objetivos principales del presente trabajo. A ello deberemos añadir cierta dimensión de la herencia en la propia constitución de las profesiones (de dónde vienen y que legados han recibido) para completar dicha comprensión.
En continuidad, uno de los intereses principales es dialogar con las propias contradicciones y ofrecer experiencias críticas que pongan en juego otra comprensión del sujeto, de la educación y de sus instituciones. Por esta razón se presenta en primer lugar un apartado dedicado a los orígenes, mitos y efectos de la institución en sentido amplio. En segundo lugar, se dialoga con algunos disfuncionamientos institucionales y sus formas patológicas. En tercer lugar, se ofrecen algunas claves para el análisis institucional y se cierra con una propuesta de análisis interseccional de los analizadores anteriores que permite comprenderlos de modo relacional en sus múltiples cruces.
En síntesis, Saberes al margen. Notas para un análisis institucional, pretende ofrecer herramientas para volver a pensar los efectos de algunas instituciones, demoler los cimientos de otras, rescatar experiencias de apertura a lo imprevisto, así como aprender nuevos modos de habitar los márgenes y las fronteras, dentro y fuera de las instituciones.
“Quiero la libertad para tallar y esculpir mi propia cara, restañar la hemorragia con cenizas, fabricarme mis propios dioses con mis entrañas. Y si se me niega la posibilidad de regresar a casa, tendré que ponerme en pie y reclamar mi espacio, creando una nueva cultura -una cultura mestiza- con mi propia madera, mis propios ladrillos y mortero y mi propia arquitectura feminista” (Anzaldúa, 2016:64)
1. Tomamos prestada la noción de fronterizo propuesta por Chema Sánchez Alcón en la obra de 2024 Mentes fronterizas. Filosofando desde la interdepencia. Madrid: Editorial Fundamentos.
“Como el otro, la institución precede al individuo singular y lo introduce en el orden de la subjetividad, predisponiendo las estructuras de la simbolización: mediante la presentación de la ley, mediante la introducción al lenguaje articulado, mediante la disposición y los procedimientos de adquisición de los puntos de referencia identificatorios.”
(Kaës 1989:27)
Etimológicamente el término institución proviene de instituir, poner en pie, establecer, estar. Hace referencia a la fundación, establecimiento y principio de permanencia. Esta noción de permanencia está ligada al hecho de que lo instituido tiende a subsistir, en cierta manera, por sí mismo. Lo instituido se contrapone a lo instituyente que refiere a la propia transformación de lo instituido, a la apertura de lo establecido. Todas las instituciones, en menor o mayor medida, tienen componentes instituidos e instituyentes. Comprender el alcance de cada uno formará parte de un buen conocimiento del marco institucional.
La culturalización del ser humano, más específicamente las ideas restrictivas de un humano civilizado, lo alejan del instinto. Por este motivo el orden humano se inventa y se constituye en oposición y diferencia al orden biológico y natural. Esta distinción entre lo que es vida bio y vida zoé (Agamben, 2003), es decir entre vida humana/cultural y vida animal o pura vida, ha sido uno de los ejes de reflexión contemporáneos más ampliamente discutidos. Sin poder entrar a ampliar esta cuestión es importante considerar que dicha frontera sigue operando en nuestro orden social y en los modos de concebir lo humano. Ello tiene una relación directa con los tipos de organización institucional hegemónicos y la gestión de las diferencias humanas.
La humanidad y en consecuencia sus modos de organización social se disponen para inventar un orden simbólico que pueda dar respuesta a esa supuesta falta de instinto. Para el psicoanálisis todo lo que queda fuera de este orden simbólico, fuera del símbolo que da explicación, fuera de lo que es pensable, abre un agujero que en cierto modo debe llenarse. Por ello, es necesario a nivel social inventar modos que permitan ordenar el afuera simbólico, ingobernable desde el lenguaje, el discurso o la cultura. Existe en este sentido una delimitación de los límites para lo humano. Las instituciones son la respuesta social a este vacío que abre lo no simbolizable. Son una respuesta culturalmente construida para ordenar lo ingobernable. Por ello, establecen un determinado orden que no deja de ser arbitrario. Las instituciones aparecen entonces como oposición a la incontinencia de la naturaleza en tanto que creación social, pero también representan un carácter de verdadera naturaleza para los sujetos. Aun así, no deja de sorprender el hecho de que tengamos que estar poniendo diques a la pulsión más primaria si la distinción entre humano-animal está tan clara. De lo que se trata entonces es de una determinada forma de concebir lo humano también arbitraria.
La concepción hobbesiana de lo humano (Homo homini lupus de Plauto o el hombre es un lobo para el hombre de Hobbes) es la que ha legitimado la necesidad de un Estado regulador para una armónica y pacífica organización social. Siguiendo a Benjamin (1977) ello sugiere la existencia de un acto fundacional violento como condición de un estado soberano. Esta concepción conlleva una ontología individualista que acrecienta las ideas de desvinculación de Hobbes (la guerra, la violencia…) de unos contra otros. Esta ontología de la desvinculación es la que ha fundamentado la noción de contrato social y las teorías contractualistas de justicia social. Es decir, son las ideas de sospecha sobre los otros y en consecuencia la necesidad de leyes que ordenen (impongan) un freno a esta violencia que de otro modo produciríamos, las que rigen nuestro tipo de organización social y en consecuencia nuestras instituciones. El trabajo de Sigmund Freud en El Malestar en la cultura es heredero de estas concepciones, aunque incorpora otros aspectos importantes. Veámoslo.
Para Freud, el origen y los cimientos de la primera institución los encontramos en el descubrimiento que el otro adquiere el valor de colaborador, y por lo tanto en la vida en común. A través del mito de “Tótem y Tabú”, Freud sitúa el origen del pasaje de la naturaleza a la cultura. Así, para describir los orígenes de la humanidad y la formación de las sociedades humanas, utiliza el mito de la horda primitiva (2). Roquefort lo denomina “mito histórico”. Mito, porque se trata de una hipótesis que nunca nadie podrá verificar. Histórico, porque Freud considera que describe la manera en que no solo las sociedades se han constituido sino también la estructura subjetiva de los humanos. De este modo, se establece cierta analogía entre el desarrollo de las sociedades primitivas y el desarrollo individual del psiquismo humano. Ello supondrá más adelante entender como la multiplicidad institucional se sintetiza en el mismo inconsciente de los individuos. Las propuestas de Análisis institucional recogerán esta concepción psicoanalítica.
El médico vienés imaginó que al principio de la humanidad vivía una horda primitiva, completamente librada a la arbitrariedad de un padre violento que protegía y vigilaba a las hembras expulsando a los hijos a medida que éstos iban creciendo. Cansados de esta situación los hijos decidieron poner fin, matando al padre, posesivo y tiránico. Pero librados de su despotismo y dotados de su poder la ley del padre persistió. Aquello que ignoraron los hijos fue que el padre había sido “un padre amado”, la culpabilidad terminó produciendo una obediencia retrospectiva. Este sentimiento de culpabilidad de los hijos engendra, según Freud, dos de los tabús fundamentales del totemismo: la prohibición del asesinato del padre y la prohibición del incesto (Freud 1973). Freud pretendió con ello situar la hipótesis de un origen común del totemismo y la exogamia. Existe una correlación entre el complejo de Edipo, complejo de castración y el conflicto mítico que daría origen a la cultura: el asesinato de un padre originario perpetrado por el clan de hermanos. La escena totémica del padre asesinado simboliza también la internalización del padre y de su autoridad o “ley”. Así, la cultura y el Superyo tendrían, según la teoría freudiana, un origen estructuralmente paralelo. Además, Freud mostrará el camino que llevará desde esta familia hasta el siguiente grado de convivencia: la forma de alianzas entre hermanos. Los hijos tienen la experiencia de que una unión puede ser más fuerte que el individuo. “La cultura totemista descansa en las limitaciones a las que tuvieron que someterse para mantener el nuevo estado. Los preceptos del tabú fueron preceptos del primer ‘derecho’ “(Freud 1929:98).
