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Una guía para aprender a sobrellevar, comprender y superar la pérdida de un ser querido. Convertido en un clásico contemporáneo de la materia, Martha Whitmore Hickman escribió este libro tras la muerte de su hija en un trágico accidente cuando ésta tenía solamente 16 años. En Sanar una pérdida nos brinda una preciosa recopilación de frases y pensamientos que nos ayudarán en los momentos de dolor y tristeza tras una pérdida. Grandes pensadores y creadores, que van desde Marco Aurelio o los compiladores de los Evangelios a Emily Dickinson, Vincent van Gogh o Mark Twain, nos ofrecen 365 puntos de partida para meditar sobre la muerte, convirtiendo cada uno de los días del año en una amable invitación a deshacernos del pesar de la pérdida
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Seitenzahl: 436
Veröffentlichungsjahr: 2021
Martha Whitmore Hickman
Sanar una pérdida
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Colección Espiritualidad y Vida interior
SANAR UNA PÉRDIDA
Martha Whitmore Hickman
1.ª edición en versión digital: octubre de 2021
Título original: Healing After Loss: Healing Meditations for Working Through Grief
Traducción: Alejandro Pareja
Corrección: Sara Moreno
Diseño de cubierta: Enrique Iborra
Maquetación ebook: leerendigital.com
©1994, Martha Whitmore Hickman Edición original publicada por Avon. Cedidos todos los derechos para la lengua española por Harvey Klinger Inc., a través de Sandra Bruna Ag. Lit.
(Reservados todos los derechos)
© 2021, Ediciones Obelisco, S.L.
(Reservados los derechos para la presente edición)
Edita: Ediciones Obelisco S.L.
Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida
08191 Rubí - Barcelona - España
Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23
E-mail: [email protected]
ISBN EPUB: 978-84-9111-799-5
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Índice
Portada
Sanar una pérdida
Créditos
Introducción
Sanar una pérdida
1 de enero
2 de enero
3 de enero
4 de enero
5 de enero
6 de enero
7 de enero
8 de enero
9 de enero
10 de enero
11 de enero
12 de enero
13 de enero
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Acerca de la autora
Para Bill y Sudie
Introducción
Tras la pérdida de un ser querido hay, en los primeros momentos, mucha agitación y actividad; tenemos que organizar muchas cosas y se reúnen la familia y los amigos. Nos aporta consuelo la presencia de los amigos, las lágrimas y los abrazos compartidos, los obsequios de comida, los recuerdos comunes. Los actos religiosos nos dan sentido y esperanza, mientras la comunidad se reúne a nuestro alrededor para darnos amor y apoyo.
Pero por fin terminan los actos, los parientes y los amigos se vuelven a su casa, y nosotros nos quedamos solos, para entrar en un país nuevo y extraño, en un país donde falta una de las personas que había dado sentido a nuestra vida.
Ahora quedan espacios vacíos en la mente, espacios vacíos en los días y en las noches. El dolor y la inquietud regresan con frecuencia, cuando menos los esperamos, una y otra vez; a veces como una gran ola que rompe sobre nosotros; otras veces, como la lenta filtración del agua y de la arena para ocupar su lugar en el hoyo que hemos dejado al levantar un trozo de madera traído por la marea.
Este proceso perdura durante mucho tiempo. Si se trataba de un ser querido muy allegado, puede durar años enteros, más que días o meses. Hay quien pierde a un hijo, a un cónyuge, y no «lo supera» nunca. Pero si tenemos prudencia y suerte, si tenemos el valor y si contamos con el apoyo necesarios para volver a pisar una y otra vez ese suelo bendito, entonces la pérdida empezará a perder su capacidad para controlarnos. Podremos elegir. Seremos capaces de retirarnos de una zona de peligro en caso necesario, o de dejarlo para cuando nos sintamos más fuertes. Seremos capaces de sentir la espuma del mar en el rostro sin miedo a ahogarnos, e incluso de saborear la sal en los labios; porque, además de por la amargura de la pérdida, nos sentimos bañados también por el amor del que hemos perdido, y quizá percibamos que, dentro del misterio del universo, seguimos habitando juntos este mismo universo y seguimos vinculados el uno al otro en un amor que no se puede soltar nunca.
Thornton Wilder escribió: «Lo que es esencial no muere; se esclarece». Y también: «El mayor homenaje que podemos hacer a los difuntos no es nuestra aflicción, sino nuestro agradecimiento». Con el tiempo, acabaremos encontrando el camino a través de este «valle de las sombras» nuestro; y si bien nos quedará siempre un regusto triste, también nos asistirá un sentido de nuestra propia fuerza interior y de nuestra capacidad para regocijarnos en la vida que hemos compartido y para volver la mirada hacia un futuro en el que el ser amado, aunque no estará físicamente presente, seguirá bendiciéndonos.
Cada uno de nosotros hablamos y escribimos de nuestra propia historia de penas y alegrías. Mi vida como escritora y como ser humano se ha visto enormemente afectada por mis vivencias de duelo; más concretamente, por la muerte de una hija de dieciséis años que, una tarde soleada de verano, cuando estábamos de vacaciones en Colorado con toda la familia, sufrió una caída de un caballo y se mató. Ha pasado mucho tiempo. El duelo lleva su tiempo, y durante una temporada ocupa todo nuestro tiempo. Lo sé por experiencia. Así pues, con esta noción especial de estar en el lugar adecuado, de coherencia con mi propia vida, me puse a escribir este libro de meditaciones para los que están afligidos por la pérdida de un ser querido. Las meditaciones siguen el curso de un año, pero se puede empezar a leer en cualquier punto, por cualquier día de cualquier mes. Son breves porque nuestro plazo de atención es breve, sobre todo en las primeras etapas del duelo, y nos conviene más un solo pensamiento profundo que una disertación extensa.
Estoy agradecida a las muchas personas que han hecho posible este libro; a la familia y amigos que me apoyaron cuando estaba más vulnerable; a las comunidades espirituales y religiosas que me quieren y que me recuerdan quién soy, quién he elegido ser.
Y más especialmente, en estos momentos, a mi editora, Lisa Considine, que fue la primera persona que me planteó la posibilidad de emprender este proyecto; y a los centenares de personas cuyas palabras (en conversaciones informales, en cartas o en las páginas de sus libros) sirven de puntos de partida a estas meditaciones. Ha sido una aventura muy enriquecedora para mí conocer o recordar la sabiduría de esas personas. Y espero que, juntos, podamos ayudar a los que están de duelo a avanzar con decisión y valor, y con confianza en la luz que nos guía por el largo camino que conduce a la recuperación y a la reocupación de la vida.
Nashville, estado de Tennessee, agosto de 1994
1 de enero
Voy a dejar por escrito estas notas sobre mis afectos
en homenaje a la sensibilidad;
en homenaje a todos los que se han encontrado afiliados
a la cofradía de la pérdida […].
Edward Hirsch
Cuando nos encontramos afiliados a la cofradía de la pérdida, parece que nuestro estado natural es la sensibilidad. Estamos muy vulnerables. Cualquier cosa (un movimiento de cabeza, una risa, una manera de andar, un contacto, una conversación determinada) nos roza la herida reciente de nuestro duelo, nos recuerda lo que hemos perdido, nos desencadena unos recuerdos. Estas imágenes son como las cuentas de un collar, del collar de la pérdida. Doloridos, las repasamos una a una, sin cesar. No somos capaces de soportarlas. Tampoco somos capaces de soltarlas.
Después, paulatinamente, poco a poco, de alguna manera, el hilo en el que está ensartado el duelo se va transmutando, se va reconstituyendo en un hilo de recuerdos preciosos: un movimiento de cabeza, una risa, una manera de andar, un contacto, una conversación determinada…, que son regalos que nos dejó la vida que compartimos con la persona perdida, regalos que no nos puede quitar nadie.
Quiero respetar los procesos del duelo y de la sanación y confiar en ellos, sabiendo que, con el tiempo, amanecerá un nuevo día.
2 de enero
La mente no tiene más que una noción confusa de haber perdido algo muy grande. La mente y la memoria tardan meses enteros, años quizá, en recopilar todos los detalles y llegar a entender la pérdida y hacerse cargo de ella en toda su extensión.
Mark Twain
Si sentimos el impulso de «ir terminando de una vez» con nuestro duelo («si lo hago más deprisa, quizá tarde menos tiempo en sentirme mejor»), recordemos que hay muchas experiencias profundas de la vida (tales como hacer el amor, comer, beber…) que no necesariamente son mejores por hacerlas más deprisa. El proceso del duelo tiene una característica que quizá sea tranquilizadora: que no hay manera de saltárselo. Tardará el tiempo que tenga que tardar. Nuestra tarea consiste en estar atentos cuando nos lleguen los mensajes de la mente y de la memoria. Si los dejamos pasar de largo la primera vez que se presenten, lo más probable es que nos cuesten más a largo plazo.
Si soy capaz de dejar de resistirme, de tener calma en el alma, mi duelo me irá diciendo lo que necesita de mí a cada paso del camino.
3 de enero
Ama el momento, y la energía de ese momento se extenderá hasta más allá de todas las fronteras.
Corita Kent
Una de las cosas más sanadoras que podemos hacer cuando vivimos un duelo profundo es intentar aislar del flujo del tiempo algunos momentos maravillosos.
Aunque nos estemos preguntando «¿Cómo voy a soportar todos los años que me quedan por delante sin él, sin ella?», la verdad es que vivimos nuestra vida por momentos, por horas, por días. El futuro tendrá su algo de vacío. Pero si este preciso momento (esta reunión de seres queridos, este paseo por el bosque, esta conversación con un niño, este bocado de manzana, esta taza de té) es maravilloso…, saboreémoslo.
Una vez participé en un taller de relaciones humanas sobre el tema de «establecer límites»; tarea que, como tantas mujeres, no domino ni entiendo bien. El ejercicio consistía en pasearse por la sala, entre los demás participantes, imaginándote que estabas encerrado en un globo transparente, cuyas dimensiones determinabas tú mismo. Aquel momento imaginado de estar-sin-conexiones era una aventura maravillosamente liberadora. Quizá podamos aplicar este mismo sistema para estimar los momentos buenos de nuestra vida. En vez de pensar: «Antes de esto, estaba triste. Después de esto, estaré triste»;podemos probar a pensar: «De momento, voy a estar sólo en este momento y voy a saborear su bondad».
A veces, lo que me hace falta no es ver a largo plazo. Necesito este momento, sin ser rehén del pasado ni del futuro; vivirlo por sí mismo y nada más.
4 de enero
La gracia, por su propia naturaleza, siempre tiende a llenar los espacios que estaban vacíos.
Goethe
No es que no notemos la diferencia. No es que seamos desleales. Pero, si la vida nos otorga la posibilidad de hacer alguna otra cosa con nuestros impulsos hacia el que ya no está con nosotros, ¿cómo no sentirnos agradecidos? Es como un legado más; como una bendición, incluso, que el que hemos perdido concede a otra persona que necesita aquello que nosotros podemos dar. Así, el recuerdo del ser querido nos refresca, y al mismo tiempo ofrecemos un regalo al crear una nueva relación.
Que no se me pase por alto la presencia de alguien que me necesite ahora.
5 de enero
Cuando necesitamos esos momentos sanadores, nada mejor que darnos un gran paseo. Es maravilloso el ajustado modo en el que el movimiento rítmico de los pies y de las piernas está conectado con los limpiadores de telarañas del cerebro.
Anne Wilson Schaef
A veces, salir y hacer actividades físicas es lo que menos nos apetece del mundo. Aparte del esfuerzo necesario para levantarse y moverse, ¿qué importancia puede tener que mantengamos el cuerpo en buena forma?
Ésta es una de las ocasiones en las que el raciocinio tiene que poder más que el sentimiento. Sabemos que hacer ejercicio «nos sienta bien». Cuando nuestros músculos están trabajando vigorosamente, cuando estamos dedicando nuestra atención a recorrer más distancia o a desplazarnos por el agua, nos resulta difícil seguir sintiéndonos deprimidos. A medida que liberamos energía física con esos movimientos rítmicos, también nos quitamos de encima una parte de la energía del duelo. Tengo la impresión de que el valor psíquico de estas actividades estriba, en parte, en el hecho de que presenciamos nuestra propia habilidad, nuestra capacidad para movernos de manera rítmica, para estar «al mando» de nuestro cuerpo. Se nos irá extendiendo el sentimiento de confianza en nosotros mismos. Puede que, a fin de cuentas, no vayamos a estar presos del duelo para siempre. La vigorización física del ejercicio también nos vigoriza el espíritu.
A veces, cuando me siento abatido, soy mi peor enemigo. Quiero ser amigo mío.
6 de enero
La manera mejor de conocer a Dios es amar muchas cosas.
Vincent van Gogh
Después de una pérdida importante, resulta difícil aventurarse a un nuevo amor; cuánto más alimentar con buen sentido los amores que ya tenemos. Nuestra pérdida nos consume. ¿Qué podemos dar de nosotros? Y si nos aventuramos a un nuevo amor, ¿cómo protegernos de que nos vuelva a suceder lo mismo?
De ninguna manera. Pero la sabiduría de los siglos nos dice que para encontrar la vida debemos verter nuestro amor sobre el resto de la creación.
Recuerdo que, cuando era niña, después de mi primer encuentro con la muerte, pensé que la mejor manera de protegerme de que las pérdidas ulteriores que tendría que sufrir a lo largo de mi vida me dejaran devastada consistía en querer a tantas personas como pudiera. Así, cuando se muriera una, me quedarían todas las demás para seguir queriéndolas Ahora no estoy segura de que la geometría del amor funcione de esta manera, pero ¡no estaba mal para una principiante!
Ser vulnerables es ser humanos, al más profundo y al más enriquecedor de los niveles.
7 de enero
El remordimiento es un derroche de energía lastimoso. No sirve de base ni de apoyo para nada. Sólo sirve para revolcarse en él.
Katherine Mansfield
Está claro que hay cosas que nos producen remordimientos. Cosas de las que nos arrepentimos. Aunque hayamos tenido tiempo de decir todo lo que teníamos que decir, nos vendrán a la mente imágenes que desearíamos fervientemente poder cambiar. Nuestro ser querido ya nos habrá perdonado, sin duda. ¿Seremos capaces de perdonarnos a nosotros mismos?
Lo siento. Quiero que sepas que te amé. Yo sé que tú me amaste.
8 de enero
La esperanza es ese ser con plumas
que se posa en el alma
y canta una melodía sin palabras
y no calla nunca más.
Emily Dickinson
A veces conocemos la esperanza por su ausencia tanto como por su presencia. Cuando estamos deprimidos, la esperanza nos parece inaccesible, una mera ilusión. Nos sentimos aplastados por dentro, incapaces de movernos, o nos parece que nos limitamos a hacer mecánicamente lo que tenemos que hacer. Ese canto de esperanza de que habla la poetisa está silenciado. No obstante, lo que desea el espíritu, y lo que desea el cuerpo, es vivir; incluso vivir con entusiasmo. Entonces pasa algo: nos llama un amigo y nos movilizamos, esforzándonos por servirnos de algo a nosotros mismos o a alguna otra persona. La energía se aviva. Como mínimo, el momento vuelve a significar algo, y empieza a zumbarnos en la mente esa nota constante de la esperanza, sin la cual no somos capaces de vivir.
A veces, mi única esperanza es tener más esperanzas mañana.
9 de enero
Ha sucedido una cosa muy inesperada. Ha sido esta mañana, temprano. Por diversos motivos, que tampoco tienen nada de misteriosos de suyo, tenía el corazón más ligero que desde hacía muchas semanas. […] Y, de pronto, precisamente cuando menos lloraba la falta de H, fue cuando la recordé mejor. En realidad, fue algo (casi) mejor que un recuerdo; fue una impresión instantánea, indiscutible. No diré que fue como un encuentro; no llegó a tanto. Pero tenía algo que me tienta a describirla con esas palabras. Fue como si al despejarse la pena se hubiera levantado una barrera.
C. S. Lewis
A veces tememos inconscientemente que, si empezamos a distanciarnos de nuestro duelo, perderemos el contacto que mantenemos con aquella persona a la que tanto echamos en falta. Pero puede que sea más bien como dejar partir a nuestros hijos cuando ya están preparados para vivir su vida. Si los soltamos con suavidad, es mucho más probable que vuelvan a nosotros, y de modo congruente con su personalidad actual. Es posible que al desistir de nuestro duelo más intenso abramos un espacio en el que pueda desenvolverse una relación nueva con el ser querido. Al fin y al cabo, a quien queremos es a la persona, no al duelo.
Quiero sostener mi duelo en la mano con delicadeza, para que sea capaz de remontar el vuelo. Mi conexión con el ser que he perdido es inviolable; no se puede romper.
10 de enero
La tierra es mi hermana. Me encanta su elegancia diaria, su osadía callada, y lo amada que soy yo. Cómo admiramos la fuerza de los demás, lo que hemos perdido, lo que hemos sufrido, lo que sabemos. Esta belleza nos deja atónitos; y yo no olvido lo que es ella para mí, lo que soy yo para ella.
Susan Griffith
La tierra nos ayudará. El suelo, los árboles, el agua…, contienen una gran fuerza. El aire que respiramos nos inunda de vida nueva. El agua se eleva en la atmósfera y vuelve para llenar los ríos y los cursos de agua. Las montañas surgen, se erosionan y vuelven a surgir. En las frías tundras brotan florecillas invisibles. El ciclo de las estaciones está cargado de promesas de renacer. La creación es un misterio, como es un misterio la muerte. Pero tenemos pistas y promesas. Somos criaturas de Dios.
En la vida y en la muerte la fuerza nos llega de una misma fuente.
11 de enero
El sentido del pecado original se podría expresar de esta manera: si nos dieran a elegir, preferiríamos seguir enfurruñados que volver a la fiesta.
Robert Farrar Capon
Con las pérdidas, sobre todo si han sido repentinas y prematuras, suele suceder que sintamos la tentación de atrincherarnos en el último momento anterior a la pérdida. Nos resistimos. No lo aceptamos.
Es un modo de intentar aferrarnos al ser querido, a la persona que conocíamos antes de que se produjera la tragedia. Es, también, una forma de negación. Volver a participar en la vida equivale a aceptar lo sucedido. Pero esto es inaceptable. Nos disponemos a contener el aliento, viviendo en estado de suspensión, de no aceptación, hasta que el universo ceda y cambie de opinión… o, al menos, hasta que se disculpe y reconozca su delito.
Eso no va a pasar. Los que nos quedaremos atrás seremos nosotros. Es mejor que nos demos cuenta lo antes posible de que las condiciones actuales son distintas, y que empecemos a vivir en esta realidad cambiada.
La ira es aceptable. La negación no me hará daño más que a mí mismo y a mis seres queridos.
12 de enero
En los meses posteriores a la muerte de mi hija llené de anotaciones cuatro cuadernos, en los que escribía una o varias veces al día, o en otras ocasiones sólo una vez cada varios días. Describía mis sentimientos; los hechos del día; las situaciones de recuerdo, de pena y de esperanza. Me servía para apartar de mí el duelo, para dejarlo en otro sitio, para descargarlo.
Martha Whitmore Hickman
Puede que lo que a ti te sirva no sea escribir. Puede que consigas ese mismo efecto hablando con tus amigos. O pintando, o esculpiendo. La pintora Kathe Kollwitz realizó una serie completa de dibujos tras la muerte de su hijo.
Lo importante, para la mayoría de nosotros, no es que hayamos creado una producción con valor artístico, sino que hayamos tomado un duelo que teníamos junto al corazón, como un bulto, y lo hayamos apartado de nosotros.
La ventaja de dejar por escrito nuestros sentimientos en unas páginas (a diferencia de hablar con nuestros amigos) es que las páginas podemos volver a consultarlas si lo deseamos. Puede que no lo deseemos nunca; pero así se nos alivia la presión de tanto barullo sin resolver que tenemos en la cabeza. Prueba a ponerlo sobre el papel. Quizá te sirva para aclararte las cosas, y así quedarás libre para pasar a los momentos siguientes de tu vida.
Quiero estar abierto a nuevos modos de resolver mi duelo.
13 de enero
Creo que estos tiempos difíciles me han ayudado a entender mejor que antes la riqueza y hermosura infinitas de la vida en todos los sentidos, y que muchas de esas cosas de las que nos preocupamos constantemente no tienen la menor importancia.
Isak Dinesen
Esta sabiduría nos cuesta muy cara, y bien sabe Dios que habríamos preferido quedarnos sin ella. Pero también es verdad que pasar un gran dolor nos puede hacer más fuertes, nos puede enseñar lo que tiene verdadera importancia.
Pero sobrevivir a la muerte de un ser querido no nos garantiza alcanzar más sabiduría. También podemos volvernos amargados, retraídos, codiciosos. Es entonces cuando necesitamos amigos, comunidades de fe o incluso ayuda profesional. Pero si somos capaces de capear el temporal, tendremos una noción mejor de quiénes somos y de qué es lo que más queremos en la vida. Y habremos aprendido a saborear y a gozar del agua fría, del sol y del viento, del aroma de las rosas… y del amor y de la amistad que tenemos ahora.
Voy a tomarme el tiempo necesario para advertir los regalos que me brinda la vida y para agradecerlos.
14 de enero
El llanto es, quizá, la medida de alivio más humana y más universal.
Dr. Karl Menninger
¿Sabes una cosa? ¿Una cosa que las mujeres sabemos desde hace mucho tiempo, y que los hombres quizá estén empezando a descubrir? Que es verdad que llorando se siente uno mejor. Y no sin razón. Ahora empezamos a descubrir que el llanto tiene efectos positivos fisiológicos, además de psicológicos.
Unos científicos de la Universidad de Minnesota han descubierto que las lágrimas que derramamos por una emoción (a diferencia de las que se nos saltan con el viento, por ejemplo, o al cortar una cebolla) contienen dos sustancias químicas importantes, la leucinencefalina y la prolactina, y que se considera que la primera está relacionada con una de las sustancias naturales que emplea el organismo para aliviar el dolor. Nos dicen que las lágrimas son una sustancia exocrina (como el sudor, o como el aire que expulsamos); y una de las funciones de estos procesos es contribuir a limpiar el cuerpo de las sustancias que se acumulan con el estrés.
Entonces, ¿por qué nos avergonzamos tanto de nuestras lágrimas? ¿Por qué tememos que incomoden a los demás? Suele suceder que el trabajo de sanación puede empezar a partir del momento en que la persona es capaz de llorar.
Se acabaron las disculpas. Se acabó la vergüenza. Mis lágrimas me sirven para sanarme. Y puede que sirvan también para otorgar a otros el permiso de llorar cuando sientan la necesidad de hacerlo.
15 de enero
No cerréis la puerta de acceso a su vida.
Edith Fogg Hickman
¿Cuántos conocemos a personas que, por duelo, casi nunca vuelven a pronunciar el nombre de una persona querida que ha muerto? Como si por sólo decir ese nombre se les fuera a echar encima el duelo con una fuerza insoportable. Y como si evitar el nombre equivaliera de alguna manera a evitar el duelo.
Ese sistema no funciona.
Cuando murió mi hija, su bisabuela, que también había sufrido la pérdida de un hijo adolescente, nos dijo en una carta: «No cerréis la puerta de acceso a su vida». Yo creo que, aun sin este consejo, habríamos seguido hablando de ella, cada vez con menor pesadumbre con el paso del tiempo; pero en aquellos momentos nos vino bien contar con la sabiduría de aquella gran mujer.
Aunque la persona querida ha muerto, no ha muerto su recuerdo, el sentido de la presencia de la persona; ni tampoco ha muerto la posibilidad de regocijarse, al cabo de algún tiempo, no sólo con los recuerdos del pasado, sino con la participación del espíritu de la persona en nuestra vida, que sigue adelante.
Invito a entrar en el misterio nebuloso y continuado de la vida, como por una puerta abierta, al espíritu de la persona a la que he querido.
16 de enero
Quien supera una prueba, sea la que sea, debe contar su experiencia. Es su deber.
Elie Wiesel
La pérdida de un ser querido es una prueba, sin duda alguna. Entonces, ¿es que tenemos el deber de contar nuestra experiencia?
Contar nuestra experiencia es una manera de reafirmar la vida del ser que hemos perdido: las vivencias que hemos compartido, las historias familiares que más apreciamos. Contar la experiencia es, además, una manera de hacer avanzar nuestro duelo; por ello, contribuye a nuestra propia sanación.
Pero también estamos dando algo a los demás al relatar no sólo la experiencia común de la vida que ha pasado, sino nuestra propia historia en relación con el hecho y cómo lo hemos superado. ¿Cuáles han sido nuestros miedos, nuestros terrores? ¿Qué nos ha ayudado? ¿Qué fue lo que vino a salvar la situación? Si hubo un momento dado en que nos pareció ver la luz al final del túnel, ¿cómo fue?
A nuestros amigos les tocarán, tarde o temprano, sus propias crisis de pérdida. Quizá podamos facilitarles nosotros el camino. Mirad: podéis llorar. Podéis confiar en otras personas. Podéis estar confundidos, sin saber qué hacer. Y si hay momentos de luz y de esperanza, de apoyo y de fe maravillosa, también tenemos que contarlos.
Al contar mi experiencia, comparto con los demás lo que es más precioso para mí.
17 de enero
Ahora somos amigos de verdad porque hemos podido contarnos algunas vivencias dolorosas de nuestra vida privada.
May Sarton
¡Con qué facilidad se forja una amistad cuando se comparte el duelo con otra persona! Una vez que fui al hospital a visitar a mi madre, poco después de la muerte de mi hija, entablé conversación con una de las enfermeras de su planta. No sé si fue ella la primera que tocó el tema o si fui yo. Pero el caso fue que ambas éramos madres en estado de duelo por la muerte reciente de un hijo adolescente. Nos quitamos de en medio en un instante esa danza lenta, reticente, de toma y daca, que se produce cuando se empieza a conocer a una persona. Ya nos conocíamos. Conocíamos el dolor, las preguntas que tenía la otra en el corazón.
Yo me mudé de aquella ciudad y dejé de ver a mi nueva amiga. Seguimos felicitándonos por Navidad durante algunos años. Y aunque vivimos a más de mil kilómetros de distancia, si nos reuniésemos mañana, proseguiríamos con la amistad como si nos hubiésemos visto ayer mismo.
A veces, a las personas que no han pasado por una experiencia como la nuestra les resulta difícil saber cómo tratarnos. Nosotros podemos ayudarles, hablándoles de quiénes somos ahora, en este aspecto nuevo de nuestras vidas. Pero… ¡qué bendición encontrar amigos que saben lo que sentimos desde el primer momento!
Contigo, querido compañero de penas, puedo encontrar consuelo y descanso.
18 de enero
Morir es una noche loca y un camino nuevo.
Emily Dickinson
Una de las cosas que más nos asombran y más nos cuestan de la pérdida de un ser querido es que, mientras el sol sigue saliendo y poniéndose, mientras siguen publicándose los periódicos, mientras los semáforos siguen pasando de verde a rojo y de rojo a verde, toda nuestra vida está del revés, trastornada.
¿Acaso es de extrañar que nos sintamos desorientados, confusos? A pesar de lo cual, la gente que nos cruzamos por la calle va a lo suyo, como si a nadie se le hubiera agitado el mundo hasta la médula, como si la tierra no se hubiera abierto a nuestros pies y no nos hubiera tragado dejándonos caer en un mundo de incertidumbre y de cambios.
Es «un camino nuevo», como dijo Emily Dickinson, tanto para nosotros como para la persona que hemos perdido. Tardaremos algún tiempo en aprender a seguir ese camino. Además de tiempo, necesitaremos mucha ayuda para no tropezar y caer irremediablemente. Nuestros guías más valiosos serán, probablemente, las personas que también han pasado por experiencias de pérdida: sabrán cuándo deben decir la palabra justa, cuándo deben callar y caminar a nuestro lado, cuándo deben acercarse a nosotros y darnos la mano. Con el tiempo, nosotros mismos ayudaremos a otros.
He llegado a un país nuevo. Tendré paciencia conmigo mismo. Buscaré compañeros de camino.
19 de enero
Comercia con los dones que te ha entregado Dios.
Hilda de Whitby
Cuando estamos de duelo es cuando más atención debemos prestar a la persona que somos. Se nos ha quitado algo de enorme importancia. ¿Qué nos han dejado? ¿Qué nos queda que siga teniendo importancia para nosotros?
Un hombre de duelo pregunta a un guía espiritual:
—¿Qué puedo hacer para recuperar el equilibrio?
El guía le responde:
—Estás cansado. Siéntate en una tumbona, al sol, y ponte en contacto con las sensaciones de tu cuerpo. Escucha lo que te dice tu respiración. Siente los músculos de tus piernas. Y, después, deja vagar la mente. Escucha tus pensamientos. ¿Qué es lo que sale a relucir? ¿Qué es lo que te llama la atención?
Una conversación interior como ésta puede ayudarnos a los que estamos de duelo a «encarrilarnos» una vez más. ¿Tenemos aficiones que valoramos y a las que llevamos tiempo sin prestar atención? ¿Proyectos que hemos dejado para «más adelante»? ¿Alguna labor de servicio a los demás que nos agradaba pero que hemos ido dejando? Volver a tomar algunos de los hilos importantes que podemos haber dejado de lado equivale a adelantar la labor de volver a tejer nuestra vida siguiendo una pauta coherente.
Hoy voy a buscar modos de aplicar los dones singulares que me ha entregado Dios.
20 de enero
El dolor es el elemento más individualizador que existe en el mundo. También es cierto que es, al mismo tiempo, nuestro gran vínculo común; pero sólo caemos en la cuenta de esto cuando ya ha pasado. Sufrir es estar solos. Ver sufrir a otro es conocer la barrera que nos aparta de los demás y nos aísla a cada uno. Sólo los individuos pueden sufrir.
Edith Hamilton
Está muy bien hablar de la universalidad del duelo; pero cuando la pérdida es nuestra, tenemos la sensación de ser la única persona del mundo que alberga esos sentimientos…, y es verdad. Si un amigo bienintencionado nos dice: «Sé exactamente cómo te sientes», nos ponemos de uñas por dentro, sin querer aceptarlo: «No, no. Tú no puedes saber lo que es esto».
Hasta nuestros familiares más cercanos tienen una vivencia distinta de la nuestra, y hay veces en las que tropezamos unos con otros, nos hacemos daño unos a otros y nos sentimos dolidos porque damos por sentado que, dado que nuestro duelo es por la misma persona, nuestro dolor debe ser el mismo.
Sin embargo…, sin embargo… No hay momento en que necesitemos a los demás más que en éste. Es preciso encontrar un equilibrio delicado entre nuestra necesidad de respetar el carácter sagrado de nuestro espacio interior y nuestra necesidad de la presencia de otros, para que nos den amor, compañía, apoyo y comprensión.
Yo les diría a mis amigos: cuando no sea capaz de salir de esta casa de duelo, acercad la mano a la ventana abierta y yo os la asiré con todas mis fuerzas.
21 de enero
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Mateo 5, 4
En la breve lista de nueve enseñanzas que impartió Jesús a sus discípulos sobre la manera mejor de vivir la vida, ésta figura en segundo lugar. Llorar, en el sentido amplio de estar de duelo, es una parte integral de la vida, forma parte de la vida de todos, y su resultado es seguro. Llorar equivale a ser consolados.
Pero ¡cuánto nos gustaría dejar de hacerlo si pudiésemos! El duelo, de suyo, no es nada agradable.
Y Jesús no nos prometió que lo fuera.
Lo que nos prometió es que, los que tengan el valor de llorar, encontrarán, tras el llanto, una bendición inesperada: encontrarán que, después de haber expresado la tristeza, después de que el aire que lo acoge haya dado al dolor salida, es como si un amor que reside en el corazón de la vida abrazara al que está de duelo y le dijera: «Ya, ya…, estoy contigo, te escucho, te entiendo. Todo va a ir bien».
En esta oscuridad, voy a tender la mano, confiando en que la vida me tenderá la suya para darme consuelo y fuerza para seguir adelante.
22 de enero
Forma parte del proceso del renacer el desarrollo de una relación nueva con el muerto […] con ese fiel ami mort del que nos habla Saint-Exupéry. Es un proceso lento, oscuro, sin palabras, como todas las gestaciones. Mientras tiene lugar, tenemos una vulnerabilidad dolorosa. Debemos custodiar y proteger a la nueva vida que nos está creciendo dentro, como un niño.
Anne Morrow Lindbergh
Este viaje desde la relación que teníamos con la persona cuando estaba viva hasta la que hemos llegado a tener con la persona muerta transcurre por un terreno incierto. No sabemos lo que podemos esperar; ni siquiera sabemos qué es lo que buscamos. ¿Nos estaremos engañando al aceptar la posibilidad de que podemos mantener una relación con una persona que ha muerto?
Puede que esto se parezca un poco al padre y la madre primerizos que, llenos de temor de que pueda pasar algo malo, tienen que volver a mirar al niño constantemente. ¿Está bien? ¿Sigue respirando? ¿Sigue dormido tranquilamente?
Al cabo de un tiempo, el padre y la madre se tranquilizan. El recién nacido sigue allí, en efecto, y está a salvo; pero el nacimiento es uno de esos milagros a los que se tarda uno en acostumbrar. Es posible que nos llegue del mismo modo, poco a poco, esa confianza en que, en el misterio de la vida, es posible mantener una relación continuada con los muertos.
Voy a abrir mi corazón a la confianza en que, de maneras que yo no entiendo por ahora, mi ser amado seguirá estando presente en mi vida.
23 de enero
La vida no te exige más fuerza que la que tienes. Sólo hay una hazaña posible: no haber huido.
Dag Hammarskjöld
A veces nos increpamos a nosotros mismos: ¿por qué no lo estamos haciendo mejor? Sobre todo cuando somos personas que supuestamente tenemos algo de fe. ¿Por qué no somos capaces de acceder a los recursos que nos brinda la fe y ser unos modelos de aceptación tranquila y de serenidad interior?
Porque somos seres humanos y sentimos dolor.
Nadie que sea digno de ser tenido en cuenta va a tener peor concepto de nosotros porque reconozcamos el dolor desgarrador que nos ha producido esta pérdida. Si manifestamos una calma fuera de lo común, es posible que la gente nos vea con cierto asombro o admiración; pero si perciben que estamos siendo sinceros, se sentirán más próximos a nosotros y, por otra parte, podrán afrontar mejor su propio duelo cuando les llegue el momento. Debemos dejar que fluya el duelo a través de nosotros, sin dejar al mismo tiempo de procurar ser conscientes de la vida que prosigue a nuestro alrededor.
A veces se trata de eso mismo precisamente: de dejar que fluya el duelo a través de nosotros. No sólo es lo único que se puede hacer, como dice Hammarskjöld, sino que es un acto de la mayor valentía.
Voy a dejar la carga de querer encajar con una imagen del supuesto modelo de conducta del que está de duelo. La fuerza que tengo es la fuerza para ser quien soy.
24 de enero
Día sin reír, día perdido.
Refrán francés
Necesitamos el humor en nuestra vida, ahora también…, y puede que ahora más que nunca. Un poco de distensión cómica puede aliviar la tensión, puede arreglarnos el día.
Recuerdo una vez que estaba sentada con mis hermanas y mi hermano en una estrecha sala de espera, mientras mi padre se iba deslizando hacia la muerte, y mi hermano nos entretuvo refiriéndonos una conversación divertida que había oído por casualidad. Así, no sólo nos aligeró aquel momento, sino que puso de manifiesto la fortaleza del vínculo que nos unía, gracias al cual, en una situación tan extrema, había entre nosotros la confianza suficiente como para reírnos.
Recuerdo que, algún tiempo después de un fallecimiento, nos trajeron a casa una tarta…; una tarta tan densa que nuestro hijo, que es científico, dijo que era «una tarta de estrella de neutrones». Y nos la comimos con afecto y con agradecimiento; no sólo agradecíamos el haber recibido la tarta, sino aquel momento de alivio y de ligereza que nos había proporcionado.
Recuerdo cuando un sobrinito nos representó, de manera involuntariamente cómica, cómo se había puesto de pie, tembloroso y entre gemidos, un tío que había enviudado.
¿Faltas de respeto? ¿De sensibilidad? No. Fueron unos momentos benditos de risa salvadora dentro de un día cargado de duelo.
¡Viva la risa! ¡Que me la traigan!
25 de enero
25 de enero
El tiempo es una costurera especializada en arreglos.
Faith Baldwin
El cambio es ley constante de nuestra existencia, pero ¡cómo nos resistimos a él!
A veces, al volver la vista atrás, comprendemos que tuvimos que soltar lo antiguo para poder seguir adelante y conocer nuevas aventuras, nuevas ideas y nuevas satisfacciones.
Una viuda había vivido a la sombra de su marido, cumpliendo con el papel tradicional de buena esposa y madre. Pero, tras la muerte de él, empezó a brillar como conferenciante en muchas reuniones de tipo civil y religioso. Una vez me dijo: «¿Verdad que es una pena que haya tenido que esperar a la muerte de él para empezar a hacer lo que me llena a mí?».
Vivimos nuestra vida por capítulos. Está claro que lo que le venía bien a aquella mujer en los primeros años de su matrimonio no le había convenido en años posteriores. Y, por otra parte, tampoco le interesaba dejar su casa y a sus hijos al cuidado de otra persona mientras éstos eran pequeños.
Se encuentra algún consuelo en saber que los cambios, aunque sean difíciles, nos traen consigo unos dones sorprendentes. Aunque de momento no nos atraiga nada la idea, no nos apresuremos demasiado a cerrar la puerta a algo bueno que podría estar esperándonos en la habitación de al lado.
Voy a mantener los ojos abiertos. Puede que me suceda algo sorprendente y bueno, mañana mismo… o pasado mañana.
26 de enero
Si ayudas a la barca de tu hermano a cruzar el río…, ¡mira!, la tuya también habrá alcanzado la otra orilla.
Refrán hindú
Una de las causas de la gran eficacia de los grupos de autoayuda y de recuperación es que nos enrolan en la labor de ayudarnos los unos a los otros, de manera que en cada interacción se están ayudando dos personas, y el ejercicio de ayudarnos mutuamente a sortear los escollos bien conocidos nos desarrolla los músculos de la capacidad para salir adelante.
Ayudarnos los unos a los otros equivale a olvidarnos, al menos por unos instantes, de nuestra propia necesidad que nos consume. Así ganamos un poco de perspectiva, al darnos cuenta de que no somos los únicos.
Y como nuestras necesidades son semejantes, nos entendemos mutuamente, establecemos unos vínculos que sólo están al alcance de los que han recorrido este mismo camino. No nos hace falta explicarnos. El otro ya lo sabe. Ya ha pasado por allí.
Al principio, nosotros seremos el miembro más necesitado de la pareja de personas que se ayudan mutuamente. Otro que ya ha pasado por allí puede ser nuestro guía, nuestro modelo que nos inspira esperanza.
Después, al cabo de algún tiempo, nos tocará a nosotros ser guías de otros. Pero, aun así, se nos irá reduciendo la pena perdurable a medida que comunicamos a otra persona la esperanza vivificadora. «Mira: yo he conseguido superarlo. Tú también podrás».
Doy gracias a los que me tienden la mano, y agradezco también las oportunidades que tendré de tender la mano a otros.
27 de enero
¡Y es posible que en un mundo tan poblado y tan activo, la pérdida de una sola criatura débil deje en algún corazón un vacío tan amplio y tan hondo que sólo lo pueda llenar la amplitud y la hondura de la eternidad!
Charles Dickens
¿Cómo es posible? Tenemos muchos amigos, muchos conocidos. Pasábamos una buena parte de nuestro tiempo sin mantener un trato exclusivo con esa persona amada que ya no está.
Pero ahora… Parece como si toda la creación nos recordara a gritos la ausencia de ese ser. Hasta los mismos lugares y actividades a las que nos gustaba retirarnos para estar solos (una salida de compras a solas, o un paseo por el parque) nos evocan ahora ausencia y soledad. Vemos a personas que caminan juntas, alegremente, y pensamos: «¿Por qué no yo?».
Cuando emprendemos actividades como éstas, no podemos dejar nuestro duelo en casa. ¡Pero, al menos, podremos evitar multiplicar el duelo no echando de menos algo que nunca existió!
Antes, me conformaba con estar a solas en muchas ocasiones, y a veces incluso lo prefería. No quiero sucumbir al influjo del duelo hasta el punto de que mi imaginación no acepte la posibilidad de estar solo y satisfecho.
28 de enero
Al sentirme mejor […] tenía también una sensación de estar traicionando a mi marido, aunque yo sabía racionalmente que el duelo prolongado puede llegar a ser morboso. Teniendo en cuenta que el duelo puede convertirse en sustituto de la persona fallecida, renunciar al duelo puede ser el mayor de los desafíos del que ha perdido a un ser querido.
Mary Jane Moffat
Esto puede desconcertarnos al principio. ¿Acaso no tenemos clara la diferencia entre nuestro duelo y la persona cuya pérdida lloramos?
Pero confundir lo uno con lo otro es más fácil de lo que nos figuramos. Nuestra persona amada ya no está; no podemos recuperarla a base de pensar en ella constantemente.
Pero el duelo… El duelo constituye la totalidad de nuestro programa de actividades durante una cierta temporada. Podemos dedicarle una atención ilimitada. Buscamos a la persona perdida repasando la película de nuestro duelo omnipresente. Nos acostumbramos a ello y nos cuesta trabajo dejarlo. Pero es necesario que lo dejemos; de lo contrario, nos quedaremos atascados allí, en la muerte de nuestro ser amado, incapaces de gozar de la vida que vivió esa persona. Una mujer joven dijo, muchos años después de la muerte de su padre: «Por fin soy capaz de recordar la vida de mi padre, y no sólo su muerte».
Espero con ilusión el día en el que las imágenes de la vida de mi ser querido ya no estarán asociadas al hecho de la muerte de mi ser querido.
29 de enero
La desolación misma es otro mundo que hay que explorar.
Sylvia Townsend Warner
Es un mundo en el que no queremos entrar, un mundo que no nos apetece en absoluto. Lo rehuiríamos si pudiéramos. Pero nos encontramos metidos en él. Y somos multitud.
Se cuenta que una mujer que había perdido a su hijo acudió a ver al Buda para pedirle ayuda, y el Buda le dijo que, para sanarse, le bastaría con encontrar una semilla de mostaza en una casa en la que no se hubiera conocido la desgracia. Según el relato, la mujer viajó por todo el mundo en vano, sin encontrar una casa como aquélla; pero lo que sí encontró fue comprensión, solidaridad, amistad y sinceridad.
El mundo de la desolación nos llama a muchos. No tenemos ningún modo de esquivarlo. Si queremos encontrar la sanación y una vida nueva, tenemos que atravesarlo. Es un mundo digno de ser explorado, y que nos ofrece esas mismas cualidades que encontró la madre que había perdido a su hijo: comprensión, solidaridad, amistad, sinceridad.
Con dar la espalda a la verdad no consigo nada. Cuando las circunstancias de mi vida sean oscuras, haré frente a la oscuridad, aprenderé lo que me tiene que enseñar y seguiré adelante.
30 de enero
Es imposible sanarse en soledad; la soledad es lo contrario de la sanación. La camaradería es sanadora. Para sanarnos, debemos acudir con todas las demás criaturas al banquete de la Creación.
Wendell Berry
Resulta difícil dar crédito a estas palabras, porque cuando estamos de duelo solemos tener el impulso de retraernos de las demás personas. «Míralos: ellos siguen haciendo su vida habitual, mientras mi mundo se me ha desmoronado. ¿Cómo van a entenderlo? Además, mi tristeza los haría sentirse incómodos, ¿no?».
Claro está que necesitamos ratos de soledad para estar a solas con nuestros pensamientos, para tomar la medida de nuestro duelo, para descansar. Pero estar a solas sirve de poco consuelo, y debemos recuperar nuestro lugar dentro de la familia humana, darnos cuenta de que no somos el centro del mundo, dejarnos envolver por el amor y el cariño de los amigos.
Si hay personas a las que nuestra tristeza incomoda, podemos buscarnos a otras. O bien, si somos valientes, podemos reconocer la situación: «Soy consciente de que ahora mismo no soy el jardín de la alegría precisamente. Pero tenía la necesidad de salir y estar con gente».
