Saturno (N.E) - Liz Greene - E-Book

Saturno (N.E) E-Book

Liz Greene

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Beschreibung

Señor del Karma o Guardián del Umbral, Saturno representa aquellas áreas de la vida en que el individuo hallará mayores dificultades para expresarse y manifestarse. Cada retraso, cada engaño, cada miedo puede ser utilizado para profundizar en los misteriosos mecanismos de la psique y avanzar en el conocimiento del significado de nuestras vidas. Saturno es el instrumento o la oportunidad por los cuales podemos llegar a comprender la naturaleza del libre albedrío y el significado profundo del sufrimiento.

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Seitenzahl: 392

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Liz Greene

Saturno

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Colección Astrología

SATURNO

Liz Greene

1.ª edición en versión digital: febrero de 2021

Título original: Saturn

Traducción: Álex Arrese

Corrección: TsEdi, Teleservicios Editoriales, S. L.

Diseño de cubierta: Enrique Iborra

Maquetación ebook: leerendigital.com

© 1976, 2011, Liz Greene

(Reservados todos los derechos)

© 2021, Ediciones Obelisco, S.L.

(Reservados los derechos para la presente edición)

Edita: Ediciones Obelisco S.L.

Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida

08191 Rubí - Barcelona - España

Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23

E-mail: [email protected]

ISBN EPUB: 978-84-9111-697-4

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Índice

 

PORTADA

SATURNO

CRÉDITOS

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

I. EN LAS CASAS Y SIGNOS DE AGUA

SATURNO EN CÁNCER Y EN LA CASA IV

SATURNO EN ESCORPIO Y EN LA CASA VIII

SATURNO EN PISCIS Y EN LA CASA XII

II. EN LAS CASAS Y SIGNOS DE TIERRA

SATURNO EN TAURO Y EN LA CASA II

SATURNO EN VIRGO Y EN LA CASA VI

SATURNO EN CAPRICORNIO Y EN LA CASA X

III. EN LAS CASAS Y SIGNOS DE AIRE

SATURNO EN GÉMINIS Y EN LA CASA III

SATURNO EN LIBRA Y EN LA CASA VII

SATURNO EN ACUARIO Y EN LA CASA XI

IV. EN LAS CASAS Y SIGNOS DE FUEGO

SATURNO EN ARIES Y EN CASA I

SATURNO EN LEO Y EN LA CASA V

SATURNO EN SAGITARIO Y EN LA CASA IX

V. LOS ASPECTOS EN LA CARTA ASTRAL

SATURNO EN ASPECTO CON EL SOL

SATURNO EN ASPECTO CON LA LUNA

SATURNO EN ASPECTO CON MERCURIO

SATURNO EN ASPECTO CON VENUS

SATURNO EN ASPECTO CON MARTE

SATURNO EN ASPECTO CON JÚPITER

SATURNO EN ASPECTO CON URANO

SATURNO EN ASPECTO CON NEPTUNO

SATURNO EN ASPECTO CON PLUTÓN

VI. EN SINASTRÍA

CONTACTOS SOL-SATURNO

CONTACTOS MARTE-SATURNO

CONTACTOS MERCURIO-SATURNO

CONTACTOS VENUS-SATURNO

CONTACTOS LUNA-SATURNO

CONTACTOS JÚPITER-SATURNO

CONTACTOS SATURNO-SATURNO

CONTACTOS URANO-SATURNO

CONTACTOS NEPTUNO-SATURNO

LOS CONTACTOS PLUTÓN-SATURNO

VII. CONCLUSIÓN

«Cuando el discípulo ve en Saturno al dios que ofrece oportunidades y no lo considera únicamente una deidad que atrae las catástrofes, entonces es un verdadero discípulo en el sendero de la verdad y la acción correcta, y no en algo meramente teórico».

ALICE BAILEY

PRÓLOGO

Transcurridos muchos años desde la primera edición, resulta difícil sobrevalorar la importancia del libro de Liz Greene titulado Saturno: un nuevo enfoque de ese viejo diablo,así como de todo lo que representa.

Tanto entonces como ahora, dicha obra constituye un importante avance en el desarrollo de la más decisiva aportación a la evolución de la astrología de todo el siglo XX: aplicar la astrología como técnica de desarrollo personal y de toma de conciencia de todo nuestro potencial individual.

Las escuelas tradicionales de astrología, descendientes de culturas del Oriente Medio –entre las que se incluyen la helenística, jyotish y la astrología medieval (tanto en árabe como en latín)–, parecen dar por sentado que todo lo que nos sucede en la vida, así como sus correspondientes circunstancias, está prácticamente predestinado, por no decir por completo. El ejemplo más extremo de dicha corriente de pensamiento lo constituyen los astrólogos helenísticos, muy influidos por el estoicismo. Sirva como demostración el siguiente pasaje de Manilius:

Los destinos gobiernan el mundo. Todo está ya establecido por ley.

Las largas estaciones están señaladas por causas completamente establecidas.

Desde el momento en que nacemos, nos vamos muriendo, y el final depende del principio.

De ello surgen tanto la riqueza como la realeza, así como, incluso con mayor frecuencia, la pobreza. A los así creados les son otorgados tanto sus habilidades como su carácter, así como los vicios, las alabanzas, las pérdidas y la acumulación de cosas.

— [MAMILIUS, ASTRONOMICA, LIBRO IV, LÍNEAS 14-19. TRADUCIDO POR MÍ]

Aunque, en teoría, los astrólogos musulmanes y cristianos le otorgaban una mayor relevancia al libre albedrío, en la práctica no queda tan claro.

Además, las tres corrientes tradicionales de la astrología mantenían la clasificación de los planetas como «buenos» y «malos», lo cual derivó, más adelante, en los términos benéficos y maléficos. Uno de estos últimos era Saturno. Mientras que los benéficos eran la «causa» de un buen destino, los maléficos lo eran de uno malo.

No obstante, ya en la Antigüedad se alzaron voces disonantes, contrarias a estas dos ideas –que todo quedaba predestinado en el momento del nacimiento y que había planetas «buenos» y «malos»–, un concepto que Saturno socava en gran medida. En su obra Enéada, el filósofo Plotino (204-205 d. C.) rechaza ambas ideas hasta el punto de que su descripción de cómo actúan los planetas podría haber sido escrita por un astrólogo moderno:

Podemos considerar que las estrellas son como letras que se van grabando en el firmamento de forma permanente o que están grabadas de forma definitiva pero que, simultáneamente, se mueven para llevar a cabo las otras tareas que les corresponden: de acuerdo con dichas tareas se determina la cualidad del significado…

— ENÉADA 2.3.7. TRADUCCIÓN DE MCKENNA

En los dos pasajes siguientes, Plotino rechaza el concepto de planetas buenos y malos:

Se considera que los planetas, al seguir el curso que les corresponde, producen, en realidad, no sólo meras condiciones como la pobreza, la riqueza, la salud y la enfermedad, sino también la fealdad y la belleza, y lo más grave: vicios y virtudes junto con esos mismos actos que acarrean dichas cualidades, actos certeros de cada momento de virtud o de vicio. Esto nos lleva a suponer que las estrellas están molestas con el hombre, especialmente por cuestiones por las que al hombre, al haber sido moldeado por esas mismas estrellas, le resulta imposible agraviarlas.

— ENÉADA 2.3.1. TRADUCCIÓN DE MCKENNA

[Los planetas están] … permanentemente serenos y felices del bien del que disfrutan así como del panorama que se manifiesta ante ellos. Cada uno de ellos disfruta de su propia vida independiente; encuentra su propio Bien en sus propios Actos; y dichos Actos no están dirigidos hacia nosotros.

ENÉADA 2.3.3. TRADUCCIÓN DE MCKENNA

Aunque otros platónicos adoptaron el pensamiento de Plotino con respecto a esta cuestión, apenas influyeron sobre la astrología práctica. Sin embargo, dichos pasajes nos permiten ver que, ya en la Antigüedad, algunos rechazaban categóricamente la visión «tradicional» de la astrología por fundamentarse en la filosofía.

Sin embargo, a pesar de estas pocas disidencias de la Antigüedad y de un puñado de filósofos medievales que objetaron de forma parecida, la astrología se mantuvo dominada por posturas deterministas y por los conceptos de planetas benéficos y maléficos hasta que, en el siglo XX, la astrología occidental moderna las derrocó.

Previamente a la obra de Liz Greene, hubo otros que aportaron avances –enormes avances, de hecho– en esta línea, entre los que cabe destacar a Dane Rudhyar (1895-1985) junto a algunos de sus seguidores. Pero incluso pueden vislumbrarse pasos en esta dirección en el cambio de siglo gracias a la obra de Alan Leo (1860-1917), a pesar de que toda ella estuviera envuelta en un espeso halo de teosofía, por lo que podría argüirse que el desarrollo del pleno potencial individual planteado por Leo se fundamentaba básicamente en la teosofía, aunque con algunos toques anecdóticos de su astrología. Para poder utilizar la astrología como técnica de pleno desarrollo del potencial individual, era más o menos inevitable adoptar sus creencias y prácticas de la teosofía. En lugar de desarrollar dicha simbología y utilizarla con un nuevo propósito, su libro Astrología esotérica cambió e, incluso, distorsionó –de forma muy similar a la obra posterior pero con el mismo título de Alice Bailey– la antigua simbología de la astrología con el fin de alcanzar su resultado.

Además de ser discípulo de Bailey, Dane Rudhyar fue un paso más allá al utilizar, tal y como era, la verdadera y auténtica simbología de la astrología de la Antigüedad para explicar que la astrología era una herramienta para alcanzar el pleno desarrollo del potencial humano. Obras tales como La astrología de la personalidad combinan la profunda visión de Bailey con elementos de la psicología de Freud y Jung, con el fin de dejar claro que la astrología estaba preparada para superar su herencia medieval como técnica de predicción de acontecimientos y circunstancias externas de la vida y pasar a convertirse en una técnica para comprender los procesos internos del alma. Rudhyar investigó tanto la influencia de dichos procesos en la vida de las personas como, más importante aún, hasta qué punto la comprensión de dichos procesos podía aportarle libertad y autodeterminación al individuo. Asimismo, rechazó de lleno el concepto de planetas benéficos y maléficos.

Lo que voy a decir a continuación no ha de entenderse como una intención por mi parte de restarle ni valía a Rudhyar como autor ni importancia a su obra. Sin embargo, escribía en un lenguaje generalmente oscurantista, abstracto y muy teórico. Aunque sus exposiciones transmitían la esperanza de que era posible trascender cualquier manifestación específica de los astros, no aportaba ningún método específico para conseguirlo. Dicha tarea quedó relegada para la siguiente generación de astrólogos, donde cabe destacar la importante aportación al respecto que constituye el Saturno de Liz Greene.

El formato del libro es más bien tradicional, hasta el punto de que a primera vista se asemeja a un manual convencional de interpretaciones de la influencia de Saturno sobre los signos y las casas así como de sus aspectos con los demás planetas. Aunque no es en absoluto mi intención restarle valía a esta obra de Liz Greene, dicho formato no derrocha especialmente originalidad, ya que son muchos los manuales anteriores de interpretaciones astrológicas que siguen ese mismo formato. Sin embargo, era precisamente esta manera más o menos convencional de organizar el material lo que se necesitaba para salvar la brecha existente entre las potentes aunque abstractas interpretaciones de Rudhyar y las necesidades de cualquier buscador deseoso de saber cómo sacarle provecho a su carta astral.

Sin embargo, me veo en la obligación de ponerle un pequeño pero al hecho de equiparar la simbología de los planetas en las casas con la de los signos correspondientes. Por ejemplo, si aplicamos este enfoque, un Saturno en Aries actúa igual que un Saturno en Casa I; un Saturno en Tauro actúa igual que un Saturno en Casa II, y así sucesivamente. Aunque puede que la astrología del pasado, la premoderna, tuviera sus limitaciones a nivel filosófico y espiritual, disponía de un espectacular y muy variado vocabulario de simbolismos. Dicha equiparación de las posiciones en casas y signos sólo se aplicó en la melothesia, la asignación de los signos y las casas a las distintas partes del cuerpo (correspondencia de Aries y Casa I con la cabeza, Tauro y Casa II con la garganta, y así sucesivamente). Tanto la simbología como la función que cumplen los signos y las casas es muy distinta y, en mi opinión, equipararlas equivale a confundir unos sistemas de símbolos tan distintos entre sí.

Sin embargo, creo que dicha objeción por mi parte no constituye ningún gran error en el caso del Saturno de Liz Greene, dado que la autora recalca la importancia de la posición en las casas por encima de la de los signos y, desde este punto de vista, sus interpretaciones son magistrales. Incluso aunque pudieran equipararse las casas con los signos, debería considerarse menos importante la posición que ocupe Saturno en éstos últimos, dado que dicho planeta tarda dos años y medio en recorrer todos los grados de un signo, mientras que su tránsito diario por cada casa dura tan sólo un par de horas. La casa que ocupe un planeta revela muchas más características del individuo en cuestión, mientras que el signo que ocupe un planeta hace referencia a todas las personas que han nacido durante un determinado período de tiempo más prolongado.

En lo que más destaca este libro, en comparación con el enfoque de otros «recetarios» anteriores, es en la cualidad de sus interpretaciones de la combinaciones de Saturno con los signos, las casas y los demás planetas, no porque las descripciones de Liz Greene sean más «exactas» (¡como si se pudiera predecir exactamente cómo se va a manifestar un planeta en una determinada configuración!), sino porque sus interpretaciones le aportan al individuo una mayor capacidad de tomar el control de su vida. En lugar de ofrecer unas interpretaciones absolutas de lo que sucederá, el lector obtiene todo un abanico de argumentos producto de la combinación de los distintos símbolos, el cual le muestra hasta qué punto se puede dar la vuelta a las manifestaciones de la vida al cambiar nuestra conciencia individual, y convertir las situaciones potencialmente más difíciles en otras más creativas y satisfactorias. No es que la autora aporte unas interpretaciones meramente «optimistas» de las posibilidades, pasando por alto al mismo tiempo sus inconvenientes, sino que constituyen una descripción de la labor que debe hacer el sujeto si quiere realizar cambios más creativos. Greene no le pone peros a describir los cambios de conciencia que deben producirse en el individuo así como las tareas que necesita emprender. Todo ello requiere de un cambio de conciencia y de una mayor comprensión de uno mismo. Sírvanos de ejemplo la interpretación que hace Greene de Saturno en Casa VI:

Cuando una persona es relativamente inconsciente, Saturno [en Casa VI] puede simbolizar la insatisfacción y el resentimiento puesto que sólo sabrá que está atravesando un bache y que está aprisionado por las circunstancias… Sin embargo, no captará el significado de ésta, ya que no entiende qué es el servicio… En las enseñanzas esotéricas, se dice que el servicio, más que una «buena obra», es una cualidad innata en la persona… Este tipo de servicio es el resultado de la integración interna, ya que cuando se alcanza un equilibrio entre el cuerpo, los sentimientos y la mente, se puede comenzar a percibir de forma intuitiva el propósito y la naturaleza de la psique… El servicio, como fruto de un equilibrio interior, es el resultado potencial de un Saturno en VI que se expresa de forma consciente.

— [PÁG. 56 DE LA EDICIÓN DE JUNIO DE 1986 DEEDICIONES OBELISCO]

Como hemos mencionado anteriormente, la astrología medieval ya reconocía que el libre albedrío puede alterar una determinada influencia de los astros, aunque dicha creencia se fundamentaba, en gran medida, en argumentos religiosos, porque de no existir el libre albedrío, tampoco podría existir, entonces, la libertad de escoger la salvación, lo cual habría hecho recaer en Dios –y no en el individuo– la responsabilidad de alcanzar, o no, la salvación mediante los planetas. Pero, dado que los astrólogos medievales tan sólo apoyaban dicho concepto de los dientes para afuera, no se sentían obligados a explicar cómo podría modificarse la influencia de los astros con un acto de libre albedrío. Ni tan siquiera queda claro que creyeran que pudiera lograrse semejante cosa.

Saturno fue el pionero en demostrar que la variable con la que puede cambiarse la manera en que uno experimenta su propia carta astral y su vida es mediante una combinación de aceptación, comprensión y capacidad de contemplar opciones alternativas gracias a una percepción más refinada, ¡todo un triunfo de la astrología moderna y un punto muy importante! Estoy firmemente convencido de que nada de lo que pueda observarse en una carta astral predetermina el nivel de conciencia con el que afrontemos la vida, así como de que este libro apunta también en esa dirección. ¡El nivel de autoconciencia del individuo no está predestinado! Aunque puede que las circunstancias –familia, amistades, herencia cultural– hagan muy difícil cambiar nuestra conciencia individual hasta el punto de que parezca que se oponen a ello, dicho cambio nunca es imposible.

Fue un gran acierto escoger a Saturno como tema de este libro. Aunque Liz Greene escribiera con posterioridad libros similares sobre otros planetas, Saturno constituyó el mejor punto de partida, precisamente porque Saturno es el planeta que, según los astrólogos anteriores, con más intensidad restringe la libertad y predetermina el destino. Para muchos astrólogos, Saturno es el planeta del «karma» en ese sentido erróneo con el que suele utilizarse dicho término en Occidente, es decir, el planeta que distribuye un destino inevitable en forma de castigo o recompensa por los actos realizados en el pasado o en vidas anteriores.

El hecho de poder transformar la energía de Saturno, si uno dispone de un nivel apropiado de sabiduría y comprensión, nos abre una puerta para poder contemplar la astrología, en su totalidad, desde esa misma perspectiva. Para conseguirlo, no es necesario embarcarse en un proceso espiritual de extrema rigurosidad, abandonar la vida mundana y mendigar por las calles. Mediante innumerables ejemplos, Greene nos demuestra que todos podemos disponer de las pequeñas «iluminaciones» si afrontamos las cosas con una comprensión adecuada. En la astrología tradicional, Saturno constituía el «gran maléfico» (Marte también lo era, pero menos). Al ser Saturno el peor de los dos «maléficos» tradicionales, es evidente que lo mismo podría hacerse con todos los símbolos contenidos en una carta astral.

Por ello, el libro Saturno: Un nuevo enfoque de un viejo diablo de Liz Greene, gracias a su importantísima aportación a la astrología del siglo XX, se ha convertido en una de las obras clave para el desarrollo de la astrología así como de la idea de que la astrología no constituye un mero mapa del destino predeterminado de un individuo, sino un mapa potencial del desarrollo de su más auténtico yo superior.

ROBERT HAND

Abril 2011

INTRODUCCIÓN

En el cuento de La Bella y la Bestia,parece apropiado y lógico que la Bestia, con toda su fealdad, severidad y aspecto atemorizante, se convierta al final en el príncipe azul y se case con la heroína. Esta sensación de que sucede lo apropiado es el efecto característico de los cuentos de hadas ya que su esencia, así como la de los mitos, es una representación simbólica de los valores del inconsciente colectivo de la humanidad. Aparentemente inocentes, resultan poseer una cualidad de convincente familiaridad. Por debajo de las diferencias culturales, responsables de los detalles superficiales de estas historias, se encuentra una simplicidad de argumento y personajes, ya que éstos representan las experiencias psíquicas de la persona, el esqueleto de su vida subjetiva. Siempre hallamos al mismo príncipe, la misma hermosa princesa, el mismo gigante tontorrón y el mismo tesoro enterrado. La Bestia siempre representa la cara oscura del príncipe azul.

Esta paradoja parece ser una faceta obvia de la vida, fácilmente aceptada cuando se encuentra en los mitos, los cuentos de hadas y otros tipos de simbologías como, por ejemplo, muchos temas religiosos. Sin embargo, esta dualidad no parece haber impregnado en absoluto la mentalidad astrológica moderna. Todavía se habla de planetas maléficos, que son completamente malos, y planetas benéficos, que son completamente buenos. Incluso cuando se permite algo de ambigüedad, algo de gris entre el negro y el blanco, sigue siendo muy poco. Aún existe una cualidad llana y bidimensional en muchas de nuestras interpretaciones tradicionales del horóscopo natal. Asimismo, se observa una tendencia a interpretar la carta astral en base a los parámetros morales de la sociedad, de tal forma que se habla de cartas honestas o deshonestas, aspectos morales o inmorales y comportamiento positivo o negativo. En la astrología hemos perdido muchas de las sutiles paradojas que están contenidas en este rico sistema de símbolos. El más maligno de todos los símbolos astrológicos es Saturno, al que comúnmente se le reconoce su aspecto de la Bestia, pero cuya faceta de príncipe azul suele pasarse por alto. Sin embargo, si falta alguna de estas dos caras, el símbolo no puede comunicar su significado y la interpretación sólo ofrece al individuo un valor demasiado simple y bidimensional.

Saturno simboliza tanto un proceso psíquico como un tipo de experiencia. No representa únicamente el dolor, la restricción y la disciplina, sino que también es un símbolo del proceso psíquico, natural en todos los seres humanos, gracias al cual el individuo puede aprovechar sus experiencias de dolor, restricción y disciplina para obtener una mayor conciencia y plenitud. La psicología ha demostrado que, dentro de la psique humana, existe un motivo o impulso hacia la totalidad, hacia la plenitud. Dicho estado de totalidad se simboliza mediante el llamado «arquetipo del yo-mismo». Éste no sugiere una perfección en la que sólo se tienen en cuenta los aspectos buenos de la persona, sino que implica una totalidad en la que cualquier cualidad humana ocupa su lugar y encaja armoniosamente con el todo. Dicho arquetipo está presente en el simbolismo de muchas religiones así como en el folklore y en los cuentos de hadas de cualquier civilización en cualquier época de la historia.

Intrínsecamente siempre se trata de lo mismo, a pesar de que el aspecto externo varíe a medida que la persona se desarrolla. El proceso psíquico simbolizado por Saturno parece estar relacionado con la realización de la experiencia interna de plenitud del individuo. Saturno representa el valor educativo del dolor y la diferencia existente entre los valores externos (los que se adquieren de los demás) y los internos (aquellos que hemos descubierto dentro de nosotros mismos). El papel de la Bestia es un aspecto necesario del significado de Saturno ya que, como sucede en el cuento, sólo cuando se ama a la Bestia por sí misma, puede desaparecer el hechizo y convertirse en el príncipe azul.

En la astrología tradicional, Saturno es un planeta maléfico. Hasta sus cualidades son más bien sombrías: autocontrol, tacto, parquedad, precaución. Sus vicios son particularmente desagradables, ya que operan a través de la emoción que llamamos «miedo». No tiene ni la elegancia de los planetas exteriores ni las características humanas de los planetas personales. Por lo general, se le considera carente de sentido del humor así como el causante de las limitaciones, frustraciones y penurias. Representa la abnegación, e incluso su aspecto más brillante se asocia con la sabiduría y autodisciplina del personaje que trabaja con ahínco y que jamás comete la atrocidad de reírse de la vida. Según su posición en los signos y las casas, Saturno representa aquellas áreas de la vida en las que el individuo podrá ver frustrada su expresividad y donde encontrará mayores dificultades. En muchos casos, Saturno parece estar relacionado con las circunstancias dolorosas que, a primera vista, no están causadas por ningún fallo o debilidad por parte de la persona, sino que sencillamente «suceden», por lo cual el planeta ha obtenido el título de «Señor del Karma». Esta calificación más bien deprimente sigue enganchada a Saturno a pesar de que una de las enseñanzas más antiguas y persistentes lo denomina «el dueño del Umbral», el guardián de las llaves, a través del cual (y sólo a través de él) podremos obtener la libertad mediante la comprensión de nosotros mismos.

Las experiencias frustrantes relacionadas con Saturno son, obviamente, tan necesarias como educativas en un sentido práctico y psicológico. Ya sea en terminología esotérica o psicológica, el hecho básico permanece inalterable: los seres humanos únicamente se ganan el libre albedrío a través del descubrimiento propio, y éste no se produce hasta que las cosas se ponen tan feas que no hay otra salida. A pesar de que muy pocos astrólogos considerarían a Saturno un alegre compañero de cama, por lo general se reconoce, aunque de mala gana, la necesidad de la experiencia saturnina. Sin embargo, no se suele aceptar que puede haber felicidad en dicho tipo de experiencia. Todo aquel que disfruta de su propio dolor es considerado un masoquista, pero Saturno no fomenta un disfrute del dolor, sino un regocijo de la libertad psicológica. Normalmente, esto no se acepta, ya que poca gente lo ha experimentado.

Todos hemos sufrido alguna vez los desengaños, retrasos y angustias que suelen coincidir con una fuerte influencia de Saturno. Sin embargo, a la pregunta de ¿qué significan dichas experiencias y cómo se les puede sacar provecho?, no existen demasiadas respuestas, a parte del consejo típico de paciencia y autocontrol. Cuando no se contesta: «¡Suerte!», algo totalmente inservible, se dice, de forma igualmente inútil, que estas experiencias son causadas por el karma individual, la terminación actual de una acción o ciclo iniciado en alguna encarnación anterior, y que lo mejor es aguantar los desengaños, apretar los dientes, no hacer nada, tener fe y, de esta forma, pagar las deudas y hallar el sendero hacia la luz. Incluso a los astrólogos que permiten una cierta libertad en el desarrollo del ser humano les resulta difícil aconsejar algo sobre Saturno, aparte de tener paciencia, calma y una actitud positiva. Quizás lo que Saturno y nuestras psiques nos piden es que intentemos preguntarnos por qué, al igual que Parsifal cuando se encuentra en el castillo encantado y ve el Santo Grial. Es posible utilizar cada retraso, desengaño o miedo como un medio para profundizar en los misteriosos mecanismos de la psique y aprender gradualmente, a través de todas estas experiencias, a percibir el significado de nuestras propias vidas.

Una gran parte de lo que sucede en el interior de un ser humano permanece en el terreno de lo desconocido, y no se trata únicamente de las emociones reprimidas. El nivel periférico que Freud exploró no es más que el comienzo del mundo inconsciente. Cada persona crea su mundo de forma constante según el tipo de pensamientos que genera, produciendo una realidad que no es más que la expresión externa de éstos. Las experiencias con las que un individuo se encuentra son atraídas hacia su vida de forma misteriosa por el poder creativo de su propia psique y, aunque no comprendemos plenamente el mecanismo sincrónico de reflexión entre lo interior y lo exterior, sabemos que tiene lugar en todos los individuos. No hay más que observar a una persona en proceso de desarrollo para ver que las circunstancias externas a su vida siguen siempre el modelo de los cambios psíquicos que atraviesa. Ella no está creando conscientemente dichas circunstancias, pero sí su yo más amplio, la totalidad de su psique, que es la energía dinámica responsable del desarrollo del individuo. Si éste no se esfuerza en expandir su conciencia de tal forma que pueda comprender la naturaleza de su desarrollo total y pueda comenzar a cooperar con él, entonces se sentirá como una víctima del destino y no podrá controlar su vida. Únicamente podrá alcanzar su libertad aprendiendo más de sí mismo y comprendiendo la influencia de una experiencia en particular en el desarrollo de la totalidad de su yo. Y no hay nada como la frustración, el regalo de Saturno, para incitar a las personas a realizar este tipo de exploración.

La mayoría de nosotros no ha alcanzado el nivel en el cual las densas moléculas de la materia se mueven a las órdenes de nuestros pensamientos. Además, se suele desmentir vehementemente las experiencias o la existencia de los que han alcanzado este nivel de evolución. Al no considerarles como maestros que expresan lo que existe potencialmente en todos nosotros, se les concede el dudoso honor de ser unos caprichos de la naturaleza a los que las religiones del mundo han otorgado la precaria función de explicar nuestros pecados a Dios. La mayoría de la gente observa que sus acciones les vuelven en forma física a través de canales indirectos, los cuales suelen ser por culpa de terceros; o en forma de circunstancias favorables que atribuimos a la agudeza de nuestro intelecto consciente; o mediante enfermedades o accidentes que son debidos al azar, a la mala suerte, a las bacterias o a una dieta pobre. Todos éstos son los canales por los que llega la experiencia de Saturno, a parte del suyo favorito: la soledad. Generalmente, estas experiencias resultan más difíciles de lo necesario y se descubre muy poco del significado o del valor interno de la experiencia. Sólo se gana precaución y sabiduría. No hay nada más odioso que tener que aceptar la responsabilidad de nuestros actos y nuestro sino, a pesar de que las personas quieran creer desesperadamente que son libres. En caso de que se acepte la responsabilidad, se la suele colorear de negro y llamar pecado, lo cual conlleva una actitud igualmente inútil.

El mero deseo de eliminar un problema y la comprensión de las causas superficiales de su existencia no van a hacer que el problema desaparezca, en especial si no se trata realmente de un problema sino de un intento, por parte de la psique más interna, de alcanzar un equilibrio o un punto de vista más amplio. El inconsciente del individuo siempre lucha para obtener plenitud e integración y utilizará cualquier canal que la persona consciente ponga a su disposición. El verdadero sufrimiento surge cuando sus ideas conscientes de lo que es correcto o apropiado entran en conflicto directo con el camino que inconscientemente ha escogido, apareciendo entonces un dolor penetrante y una sensación de futilidad y de falta de objetivos. Mucha gente vive en un callejón sin salida, ya que, sea lo que sea lo que busquen en la vida, en el último momento siempre hacen algo que destruye el sueño antes de que se cumpla. Esta capacidad de destrucción está a menudo relacionada con el miedo y el sentimiento de culpa, lo cual es un aspecto de la expresión de Saturno. Con la misma frecuencia, detrás del miedo y la culpa se esconde otro propósito probablemente más sabio y significativo que el escogido por la persona consciente. Por lo general, sólo se ve la destrucción. Se le suele llamar «El Mal» y ha sido personificado en la imagen de Satán, el cual está obviamente muy relacionado con Saturno si nos fijamos en las pezuñas y cuernos de la cabra de Capricornio. Dicho conflicto entre el consciente y el inconsciente, la luz y las tinieblas, no es ni bueno ni malo, sino necesario para el crecimiento, ya que de él puede surgir la integración y una consciencia más amplia. La dualidad que encontramos al traspasar el umbral de la consciencia suele ser bastante incómoda debido a que siempre olvidamos que cualquier objeto que está en la luz proyecta siempre una oscura sombra. Dios y Satán, tengan o no una existencia objetiva, están definitivamente presentes en la psique de las personas en forma de impulsos, pero no son lo que aparentan.

No existe un método rápido y sencillo para hacerse amigo de Saturno. En muchos aspectos, el antiguo arte de los alquimistas se dedicaba a esto, ya que la materia prima de la alquimia, en la que podía encontrarse oro, se llamaba Saturno y, aparte de existir en forma concreta, representaba también al alquimista. La psicología moderna, cada vez más paralela al sendero de los alquimistas, también intenta descubrir cómo hacernos amigos de Saturno, aunque para ello utilice otra terminología. Pero si se es constante, se puede extraer oro, y si se hace un esfuerzo, se llega a ver que, a pesar de todo, Saturno tiene su sentido del humor cuando somos lo suficientemente sutiles como para comprender su ironía.

I

EN LAS CASAS Y SIGNOS DE AGUA

Si buscamos una interpretación tradicional de Saturno en los signos y las casas, tenemos a nuestra disposición una buena cantidad de libros. Algunos tienen una orientación más psicológica, aunque la mayoría se ocupan de su influencia limitadora y retardatoria en el plano o mundo material. Desde luego se trata de un método válido de interpretación ya que, sin duda alguna, Saturno coincide con los impedimentos y la frustración del flujo apacible del confort material y emocional de la vida. Respecto a los efectos de los aspectos de Saturno, existe mucha documentación basada en observación, experiencias y tradición. La forma en que Saturno se expresa ha sido tratada adecuadamente, y lo seguirá siendo a medida que avancen las investigaciones en las áreas de puntos medios, armónicos y astrología médica. Sin embargo, aquí nos ocuparemos del significado interno.

Es evidente que ninguna interpretación de Saturno por signos, casas o aspectos puede ser completa, pues estos elementos tienen que ser combinados y alineados con el Sol, la Luna y el ascendente en primer lugar, es decir, con la expresión consciente del individuo, sus reacciones inconscientes o instintivas y sus modelos de comportamiento. Estos valores aislados, en combinación con Saturno, se convierten en la espina dorsal de la carta natal desde el punto de vista del carácter. En forma muy concisa, nos explicarán lo que el individuo quiere (Sol), lo que necesita (Luna), su forma de obtener estas cosas (ascendente) y lo que hay dentro de él que le hace fallar o estar insatisfecho una vez que ha realizado su deseo (Saturno). No cabe duda de que se trata de una enorme simplificación, ya que se podrían escribir volúmenes enteros solamente con los significados conocidos de la Luna. Sin embargo, gracias a la interrelación de estos cuatro factores (cualquier trío debe estar integrado por un cuarto factor: una ley tanto psicológica como esotérica), podemos profundizar en la lucha individual hacia una conciencia superior que se representa en cada carta astral. No existen cartas sin Saturno, por muy exaltado y bien aspectado que esté, y no hay vida sin lucha.

En las doctrinas esotéricas se nos enseña que el plano físico es el de los efectos, el último y más denso de una serie progresivamente más sutil de estados de conciencia. Mucha gente se forma un concepto de localización espacial de dichos planos, pero nunca se describen de esta forma. Los planos se refieren a estados de existencia o de conciencia, más que a un lugar, y todos ellos coexisten simultánea y permanentemente, en todos los planos y en el mismo punto. Esto resulta algo difícil de asimilar para el intelecto racional y unidireccional, por lo cual debe percibirse mediante la intuición capaz de reconciliar las ideas opuestas de una paradoja y de verlas como una sola unidad. El concepto de los planos no se contradice con los descubrimientos de la psicología, a pesar de que la terminología de cada forma de pensamiento sea distinta. La persona que haya adoptado el sendero devocional encontrará adecuado el lenguaje de las enseñanzas esotéricas, con sus referencias al alma, al espíritu y la iluminación. El que prefiera el camino del desarrollo mental, discurrirá en términos de consciente e inconsciente, de represiones y experiencias cumbre, del yo totalmente integrado, más que de la Mónada. No importa qué tipo de terminología se use para comprender el desarrollo de las personas. Los mundos del cuerpo, los sentimientos, la mente y la intuición son esencialmente lo mismo que el plano físico, el astral, el mental y el espiritual.

Ningún suceso o circunstancia mundana puede tener lugar si no proviene de una idea, cargada de emotividad, que se manifiesta en una acción. Más allá de estos tres estados de experiencia, se encuentra el significado de la experiencia en relación con el todo, el cual debe ser percibido mediante la intuición. El mundo de los sentimientos está justo detrás del de los eventos, y éste es el mundo del que se ocupan las casas y signos de Agua. El plano astral simboliza la «vida de deseo» o la naturaleza emotiva de la humanidad, y el cuerpo astral (o naturaleza emotiva) del individuo representa a menudo el mundo de las causas de todo lo que le sucede en la vida. Sin embargo, suele desconocer la potencia de su naturaleza emotiva, especialmente en el momento actual en el que se da más importancia a la conducta externa que a la calidad del deseo. Mientras que algo no se «haga», el individuo estará convencido de que no siente ningún deseo de hacerlo. En consecuencia, aumenta el poder de los sentimientos ya que se les obliga a permanecer enterrados en el inconsciente. Desde esta posición subterránea, los sentimientos obligarán a la persona a actuar de una forma o a atraer cierto tipo de enfermedades o de comportamientos que no comprenderá, que pueden dañarla y que parecen venir de fuera. La energía psíquica, al igual que la física, no se destruye. De hecho, las dos son la misma energía y, sencillamente, adoptarán otra forma de expresarse si se les bloquea el canal habitual. El bloqueo en el nivel de los sentimientos está simbolizado por Saturno en una casa o signo de Agua y la energía psíquica, que normalmente se liberaría con la expresión del sentimiento, debe adoptar otro canal de expresión, a través del cuerpo o de ciertos sucesos.

El concepto de diferentes planos o estados de conciencia constituyentes de una sola vida (aunque puede que la mente consciente no los perciba) es de suma utilidad para comprender la responsabilidad que implica Saturno. Ya que la mayoría de la gente está polarizada en su vida emotiva y está motivada por el deseo, es de vital importancia comprender este principio si se quiere sacar algún sentido a un Saturno en Agua. Por supuesto, resulta inútil decirle a un individuo común que viene a hacernos una consulta astrológica que, en esencia, su sufrimiento es una parte del crecimiento y la evolución de una vida más amplia a la que pertenece. No le ayudará a vencer su problema personal con unos términos que él pueda comprender. Tampoco es muy probable que le interese saber que el alma de la Tierra se está preparando para una esfera de conciencia más elevada y que su lucha personal está íntimamente relacionada con la lucha general. Él, sencillamente, querrá saber por qué le ha dejado su pareja o por qué tiene artritis o por qué ha fracasado su negocio. Sin embargo, podrá descubrir un significado y un propósito en su vida si llega a comprender que hay algo más en él que la pequeña y débil chispa de conciencia y que si llega a un acuerdo con aquel aspecto interno que busca expresión pero que está bloqueado por el miedo, podrá aceptar sus experiencias como una fase positiva y necesaria del crecimiento y evitar una repetición en el futuro. Puede que hasta vuelva su pareja…

Existe un aspecto de Saturno al cual se le presta poca atención y que, sin embargo, contiene gran parte de la clave para comprender su significado. Se trata de su tendencia al disfraz, bellamente representada en el mito de Osiris, el cual, para huir de la ira de Set, se convirtió primero en una serpiente de mar y después en un cocodrilo (el símbolo animal original del signo). Podemos ver los restos de este disfraz en la cola de pez de la cabra montesa. Puede ser una cabra y habitar entre los riscos y las pendientes escarpadas de las más altas montañas, pero cuando lo necesite, es capaz de nadar en las aguas del mundo de las emociones, pudiendo asimismo transformarse en cualquier otra criatura según le haga falta.

Existen muchas otras variaciones de esta dualidad deliberada, a diferencia de la instintiva natural o la flexibilidad de los signos mutables. Una de ellas es la del dios romano Jano, el dios de los umbrales, origen del nombre del mes de enero,[01] mayormente capricorniano y al que se atribuían dos cabezas para poder mirar hacia delante y hacia atrás, es decir, hacia donde va y de donde viene, y porque tenía dos caras, tanto figurativa como literalmente.

Capricornio es el único signo que se puede representar con dos símbolos totalmente distintos. Esto puede parecer un detalle sin importancia, pero los versados en el esoterismo y en los aspectos más profundos de la psicología reconocerán que no existen las coincidencias.

Estamos bastante familiarizados con el rasgo innato del individuo fuertemente capricorniano como para justificar los medios por el fin y como para aceptar pacientemente las trampas externas de sumisión durante cierto tiempo si, de esta forma, consigue lo que ambiciona. Sin embargo, a Capricornio no se le suele considerar un signo engañoso, en el sentido del Piscis evasivo o de la tendencia geminiana a arrinconar las cosas en una esquina intelectual para después encontrar un truco para salir de ahí. Incluso podemos hablar del Escorpio que disimula su esencial vulnerabilidad emotiva y su sensibilidad con una cortina de pistas falsas. Resultaría interesante analizar más detalladamente a la cabra montesa trabajadora y disciplinada, ya que es la única que recompensa con tanta prontitud. Existen muchos signos y planetas que cambian de color como los camaleones: todos los mutables, así como Cáncer, la Luna, Neptuno y Mercurio. Pero todos ellos cambian de forma instintiva y fluctúan porque es su naturaleza, tanto si las circunstancias lo exigen como si no. Únicamente Saturno calcula su defensa como lo haría un abogado competente, para protegerse tanto del ataque del medioambiente como del descubrimiento consciente del propio individuo. Sin embargo, el individuo es el que comienza la protección en ambos casos.

El libre albedrío de cada uno, según sea su grado de autoconocimiento, es el que decide si Saturno es de plomo, de oro o de alguno de los estados intermedios. Su posición en el momento del nacimiento puede interpretarse de una de las maneras, y de las dos a la vez, y su contacto con otros planetas proporcionará, al unísono, dos formas de expresión aparentemente contradictorias.

Freud denominó a este estado «la emoción ambivalente». Él fue el primero en postular la idea de que se puede amar y odiar a alguien al mismo tiempo, y lo uno no niega lo otro. Con Saturno, las cosas nunca son lo que aparentan, y donde hay luz, hay una sombra. La comprensión, necesidad y valoración de esta dualidad elimina una gran parte del sufrimiento de la lucha.

Cáncer, Escorpio y Piscis, así como sus correspondientes casas –IV, VIII y XII–, se ocupan directamente de las emociones y motivaciones que yacen por debajo de la conciencia. Un Saturno en cualquiera de dichas casas o signos es extremadamente evasivo, ya que el individuo común no suele percatarse de la frustración emotiva inconsciente que se esconde detrás de sus acciones.

Sólo sabe que está aislado y que es emocionalmente vulnerable, si es que sabe algo. Saturno en estos signos o casas es el caso típico del que sufre a nivel de sentimientos y que acaba en el diván del terapeuta, pues se suele necesitar un punto de vista objetivo que guíe por los laberintos de los sentimientos.

SATURNO EN CÁNCER Y EN LA CASA IV

La casa IV corresponde a Cáncer y a la Luna, y es el área de la infancia, el origen, la familia y las raíces. Al ser la base de la carta astral, representa la base del individuo, tanto literalmente (en términos del hogar de donde procede) como simbólicamente por lo que se refiere a su sensación de seguridad y protección. Dicha casa se ocupa de las emociones y de la atmósfera que le rodean hasta que haya crecido lo suficiente como para decidir, consciente y racionalmente, si las acepta o no. Se puede asociar esta casa con el concepto junguiano de inconsciente personal y con las áreas de las reacciones instintivas condicionadas, impuestas por el primer ambiente.

Debido a la asociación con las influencias anteriores al desarrollo de la mente discriminativa, cualquier planeta situado en esta casa es altamente significativo, puesto que indica que existe algo en la psique que se tiene que descubrir y sacar a la superficie antes de que se pueda utilizar de manera constructiva.

Al igual que un gran río subterráneo, la influencia de esta casa yace bajo la superficie de la personalidad ulterior, la cual se desarrolla en base al Sol y al ascendente. Este río puede llegar a dominar el comportamiento sin que uno se dé cuenta. Se trata de una casa absolutamente personal y no parece tener mucho que ver con el área más extensa de las corrientes del inconsciente colectivo que afectan a la vida emotiva del grupo. Precisamente por ser tan personal, resulta más difícil de considerar de forma clara y objetiva.

Generalmente se considera que la casa IV es el indicador del padre y de su relación con el nativo. Se ha discutido mucho sobre este tema y la única pronunciación clara que se ha obtenido de tanta confusión es que el eje IV-X habla de la relación con los padres. Sin embargo, y basándome en mi propia experiencia, me siento más inclinada a asignar esta casa al padre, ya que él es el que constituye el pilar de la familia, le da su nombre y, mediante su presencia o ausencia, determina la seguridad o inestabilidad de los primeros años de la vida del niño. Es poco corriente que un niño pierda a la madre, a menos que sea por muerte. En cambio, cuando falla el matrimonio o, sencillamente, no lo hay, generalmente el padre es el que desaparece y, por lo tanto, su apoyo. Un hogar tumultuoso o desmembrado durante la niñez suele coincidir con la presencia de planetas afligidos en el cuarto signo o casa.

Es obvio que resulta difícil tener a Saturno trabajando como un factor inconsciente en el plano de los sentimientos, ya que es muy escurridizo. Normalmente, se considera que Saturno en Cáncer o casa IV sugiere una infancia fría, un hogar limitador, poco compasivo, en el que uno se ha sentido separado o aislado. Esto sucede a menudo de forma literal cuando el padre muere o los padres están divorciados, o cuando el padre debe ausentarse mucho debido a las circunstancias. El aislamiento también puede ocurrir de forma simbólica cuando el padre está físicamente presente pero no sabe dar amor, compasión o apoyo emocional, o incluso cuando, a pesar de ser cariñoso y amable, resulta una carga o una gran decepción a causa de alcoholismo, enfermedad, debilidad de carácter o una actitud emocional que destruye la paz en el hogar. También puede representar un énfasis exagerado en el desarrollo material y escaso en la expresión de los sentimientos.

A nivel mundano, existen gran cantidad de formas en las que se puede manifestar un Saturno en casa IV, y son tan variadas como los individuos mismos. Sin embargo, independientemente de cuál sea el medio de expresión externa, la reacción interna suele ser la misma: la sensación de seguridad y el sentimiento de protección que el niño necesita como base para poder desarrollar su ego se ven denegados o frustrados, con lo cual se bloquea la expresión natural del sentimiento que desea encontrar una unidad con la familia y un sentido de herencia.

No es necesaria una larga explicación para darnos cuenta de que la falta de una buena comprensión de este tipo de situaciones, al trabajar en niveles inconscientes, puede mutilar una parte de la emotividad del individuo para el resto de su vida. Por lo general se traduce en un recelo hacia cualquier intimidad emocional, particularmente en el terreno doméstico, así como un anhelo por algo seguro, permanente y tangible en la vida emotiva. Es raro encontrar un individuo que sea consciente de la polaridad existente en su interior. Generalmente, sólo verá un extremo o el otro. O bien se sentirá anormalmente atado a su familia o al lugar de nacimiento, o bien los odiará o se comportará con desapego y frialdad. No obstante, nunca será realmente indiferente, ya que carece de algo que era necesario para su desarrollo emotivo y la estructura de su psique ha tenido que construirse como torcida para compensar el vacío.