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"¿Cómo experimentamos las ciudades que vivimos? Al hacerlo nos acompaña –y, a veces, se nos adelanta– una serie de narraciones e imágenes que construyen sentidos de ciudad. Cuando recorremos y habitamos una ciudad, cuando la hacemos parte de nuestro espacio al volvernos una pequeña parte del suyo, actualizamos esos sentidos previos, al tiempo que los torcemos. Las narrativas audiovisuales que Alejandra García Vargas analiza tienen un papel fundamental en la conformación de estos sentidos de ciudad y ellos en el modo en que la experimentamos. "Corazón, centro, margen, puerta, raíz, parte, destino, origen", San Salvador de Jujuy se tensa en las disputas culturales y políticas de actores y actoras heterogéneos. Las narrativas audiovisuales sobre la ciudad son ejercicios de poder y resistencias: demarcaciones y aperturas, control y empuje, iluminaciones y eclipses. Sentidos de ciudad… es un análisis situado de esas disputas. Toma su fuerza de asumir un punto de vista. Porque, como la autora sabe, el lugar importa. Narrativa sobre las narrativas, el libro tiene la respiración de la ciudad, se aquieta y trajina con ella. Pero no se trata únicamente del lugar geográfico, sino de la posición crítica de una preocupación intrínseca por las desigualdades entrelazadas, que muestra actorxs invisibilizadxs por voces altisonantes, muestra la costura de los hilos hegemónicos y entrama otras hebras en la urdimbre cultural de la ciudad." Sergio Caggiano
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Seitenzahl: 573
Veröffentlichungsjahr: 2020
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García Vargas, Alejandra
Sentidos de ciudad : poder, desigualdad y diferencia en narrativas audiovisuales de Jujuy / Alejandra García Vargas. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Miño y Dávila, 2020.
Libro digital, EPUB - (Antropología, estudios culturales y relaciones de poder / Caggiano, Sergio; Figurelli, Mónica Fernanda; 3)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-47358-6-7
1. Estudios Culturales. I. Título.
CDD 306
Edición: Primera. Agosto de 2020
ISBN: 978-987-47358-4-3
© 2020, Miño y Dávila srl / Miño y Dávila editores sl
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Diseño: Gerardo Miño
Composición: Eduardo Rosende
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En España: Miño y Dávila Editores s.l.
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En Argentina: Miño y Dávila s.r.l.
Tacuarí 540. Tel. (+54 11) 4331-1565
(C1071AAL), Buenos Aires.
Para Moncho y Anaclara, por la amorosa producción cotidiana del espacio que elegimos compartir
Comenzando el siglo XXI los gobiernos progresistas, o de centro izquierda, de Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Argentina han intentado, a través de la reforma de las legislaciones que regulan los medios de comunicación, una mayor participación en la producción y distribución de materiales culturales, en principio, para ampliar la cantidad de voces con llegada extendida a la sociedad. La constitución brasileña de 1988 enarboló el principio que los medios de comunicación no pueden caer bajo el dominio de monopolios u oligopolios. Este compromiso político de la restauración democrática, con ecos en toda Sudamérica, que los partidarios de estos gobiernos electos veían como una parte instrumental del proceso de superación de las políticas de las dictaduras, formó parte de un controversial esfuerzo para superar la desigualdad en Latinoamérica. Los triunfos electorales posteriores a ese ciclo, y maniobras parlamentarias, que nuevamente colocaron en las residencias presidenciales a accionistas de corporaciones oligopólicas, ponen en evidencia el desafío que los gobiernos populares constituyeron para las burguesías dominantes. En un giro netamente conservador, el electorado en la Argentina dijo tener memoria del neoliberalismo pero optó por Mauricio Macri; en Ecuador Lenin Moreno se planteó como el continuador de las políticas populistas de Rafael Correa, pero luego inició el trámite para cambiarse de nombre; Sebastián Piñera, otro gran empresario, volvió al poder en Chile y en Brasil Dilma Rousseff no logró resistir a un golpe (institucional) de Estado (y como por si eso fuese poco, encarcelaron a Lula da Silva con una causa armada por los detentores del poder). Más que vientos de cambio se trató de un verdadero vendaval.
Hubo un tiempo que fue hermoso, o estuvo cerca de serlo. Quizás mucho más cerca que otros momentos de la historia argentina. Desde el retorno al sistema democrático, sin dudas. ¿Qué pasó que en pocos años todo pareció volver al punto de partida? Algunos explican que en época de crisis las propuestas políticas progresistas son acompañadas por el electorado, mientras que en momentos de estabilidad o bonanza económica las pasiones se enfrían, la cabeza se resetea y los pueblos se sienten seducidos por discursos pro libertad de mercado, hoy envasados con un bello marketing empresarial que de vender productos sabe bastante. ¿La respuesta debe ser buscada en una explicación que concluya en los “ciclos” exclusivamente? No creo en los determinismos del estilo “ya tuvimos varios años de gobiernos de tal o cual signo político, ahora le tocará a los otros”. Porque a esa explicación le falta sustento, es fundamentalista, suena al “origen del hombre” contado en la Biblia. Le falta un entendimiento general de los procesos que, por ejemplo, poco a poco llevan a las mayorías a creer lo contrario que creían ayer u olvidar aquello que juraron nunca olvidar.
Hoy juegan un rol esencial en esta distribución / imposición de saberes y opiniones los medios masivos de comunicación. Y, como empresas, esos medios se encuentran en pocas manos. Es decir, solo basta para que sus dueños, que tienen mucho poder, difundan determinadas ideas, para modificar el clima social en derredor de un gobierno o sector político/social. Asimismo, nada de esto es lineal, ante esta propuesta de los que mandan está la de los trabajadores de la comunicación popular y comunitaria, la cual intenta promover un diálogo democrático, crítico y plural. Desde ya que decir todo esto es mucho más sencillo que desentrañarlo, indagarlo, mediante una investigación. Para eso está el trabajo profundo de Alejandra García Vargas, aquí presentado como libro.
Este libro se sustenta en una sólida investigación de doctorado, en la que se utilizan diversos recursos metodológicos de forma rigurosa (como el análisis bibliográfico y audiovisual y las entrevistas), con una voluntad polémica que hoy se echa de menos. Destaco el trabajo teórico realizado, recordándonos que los Estudios Culturales pueden sernos útiles para el análisis audiovisual.
La autora elabora tipologías y clasificaciones que clarifican la exposición del análisis. Elementos que podrían iluminar los estudios audiovisuales realizados en otras partes de la Argentina y que trabajan con corpus similares (programas o films que repiten el mismo tono en los debates y perspectivas sobre historia regional, las elucubraciones contrafácticas y las diferentes configuraciones de la “identidad”).
Se trata de una investigación que abordó las interpretaciones y representaciones sobre la ciudad de San Salvador de Jujuy en un corpus audiovisual local. Una parte importante de esos contenidos fueron producidos bajo el amparo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (n° 26.522). Aunque pasible de críticas por izquierda, la LSCA pateó el tablero de la distribución de espacios radioeléctricos en la Argentina. Hizo poner nerviosos a los poderosos, y eso siempre es bueno. La ley abrió una serie de discusiones que estaban vedadas hasta hace poco tiempo, los alcances en la regulación de la propiedad de los medios masivos y la participación de aquellos alternativos en el espectro, como los más importantes. Una ventana de esperanza para aquellos comunicadores que nos formamos en el dilema de “acomodarnos” ideológicamente en un medio grande o vivir de changas (o, prácticamente lo mismo, dedicarnos a la docencia). Hoy hemos vuelto a la Edad Media. Aunque guardamos una luz de esperanza, recordamos que algunas cosas que actualmente vemos de lejos fueron posibles hace muy poco.
El trabajo de Alejandra se aloja en el terreno de los estudios de caso que brindan elementos para reflexionar sobre los procesos socioculturales y comunicacionales. Como ella misma lo advierte temprano, elude dos riesgos: 1) dar información sobre un caso que no aporta a una discusión más amplia, 2) utilizar al “caso” como mera ilustración de la teoría. Su investigación posee un sustento teórico fuerte (aunque, como muchos hemos tenido que hacer durante el proceso de volver libro una tesis, las referencias teóricas se han reducido para una divulgación con llegada a un público más amplio) que se inserta decididamente en un debate contemporáneo mediante los programas, series, films y productos audiovisuales que analiza, con la construcción social del espacio urbano como objetivo. Es uno de los puntos más importantes de su estudio la diferenciación entre las cartografías audiovisuales como sentido de ciudad con raíz y como ciudad de los trajines. Dos tipos de construcción que, aunque son de plano completamente diferentes, no están exentas de aristas polémicas.
No voy a reproducir aquí el lamento típico de quienes vivimos en el interior del país, sobre el ser soslayados, dado que es inconducente y ubica a gran parte de los argentinos en un papel de víctimas a la espera de una redención mágica (que parecería alimentar la resucitación de esporádicos y espontáneos proyectos de traslado de la Capital al interior). Por lo contrario, quiero recalcar que la rigurosidad de la investigación de Alejandra, presentada en este libro, la coloca en un lugar de referencia de los estudios de comunicación argentinos. Lo hizo en y desde Jujuy, lo cual sin dudas le imprimió un sello local. Sin caer en patéticos localismos defensivos (que sí detecta en audiovisuales de su corpus), ella inscribe su indagación en el amplio campo de la comunicación.
El trabajo de campo lo realizó entre 2011 y 2015, a eso se deben las aclaraciones de la “coda” sobre los súbitos cambios en las plataformas de acceso a los contenidos digitales durante el gobierno de Cambiemos. El reemplazo de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) y las modificaciones mortíferas de la LSCA, supusieron la modificación completa del contexto en que Alejandra hizo su investigación. O bien, como ella destaca, se trata de “una restauración de las situaciones y condiciones productivas anteriores a la LSCA”. Un regreso del gélido clima, muy distinto del cálido tiempo que fue hermoso.
Javier Campo
Tandil, marzo de 2020
“El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… el objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje” (Saramago)
Conocer es un viaje que, como otros, aparece hoy teñido de colores múltiples que tejen un discurso –como base material– que captura, aquí y ahora, un saber/poder –siempre escurridizo– sobre un proceso. Un libro, de alguna manera, es un viaje-discurso en la voz de un viajante y, en este caso, nos convoca una y otra vez a pensar los nuevos comienzos en las travesías del conocer las ciudades contemporáneas en su complejidad y particularidad.
Un libro es la memoria de un viaje: el resultado particular de una elaboración artesanal que fracciona, selecciona y clasifica con la intención de mostrar la experiencia del conocer de la cual se nutre un recorrido, a la vez que monta la escena construida en su totalidad. Recordando a Walter Benjamin, “retomar en la historia lo que es el principio del montaje” es “erigir las grandes construcciones con los más pequeños elementos, confeccionados con perfil seco y cortante, para descubrir en el análisis del pequeño momento singular el cristal del total acontecer”. Quizás ésta sea una de las claves más creativas del trabajo ya que remite a una forma de construcción del objeto desde la indicialidad/circularidad como pista epistémica. Esta “manera de hacer” se manifiesta como la forma de organizar el escrito que va aportando, desde diferentes indicios, una perspectiva de totalidad que excede al propio objeto, abriendo el campo de indagación sobre los fenómenos de sentidos de ciudad en un mapa mayor de complejidades sociales y comunicacionales de nuestra contemporaneidad.
“La(s)” ciudad(es) y “los” medios-mediaciones, aparecen como el primer encuadre de interpretación para arribar a las actuales modalidades del hacer y del decir la ciudad: como lo señala la autora, “abordar las ciudades a partir de las narrativas televisivas producidas localmente posibilita una localización estratégica que multiplica las relaciones posibles entre el espacio social de la TV y la producción social del espacio”. Guy Debord ya señalaba algunas décadas atrás que “ciudad y comunicación” se funden en el urbanismo contemporáneo provocando un montaje en el que las imágenes no representan nada sino que son el resultado de la acumulación del capital. El presente libro nos convoca a pensar dicho vínculo, constituyendo un aporte fundamental para comprender las relaciones sociales y de poder que nos estructuran socio-subjetivamente, en el espacio físico, social y mediatizado de la vida urbana actual. Y ambivalentemente, nos da también “pistas” para pensar las injerencias del espacio social mediatizado en la reorganización material y perceptiva del territorio, es decir, en las experiencias y vivencias presentes de las imágenes y sentidos de ciudad.
Por todo ello, la producción de conocimiento desde lo que la autora, recuperando a Harvey, denomina “geografías del poder” es la clave de lectura que nos sumerge en ese viaje por las memorias de una ciudad del norte argentino. Pero a la vez, nos narra la constitución de una espacialidad sedimentada en los sentidos propuestos de un espacio en tensión y conflicto constante (y constitutivo) de las relaciones –desiguales y diferenciales– de poder que se dan en el territorio nacional. El libro pinta y expone los paisajes en continuo movimiento (histórico, urbanístico, narrativo) de la conformación de los sentidos de ciudad en San Salvador de Jujuy que revela un tipo de conflictividad poco tematizada como objeto de estudio en el campo de las Ciencias Sociales y Humanas contemporáneas.
Y como todo viaje está estructurado en torno a la experiencia del viajante, la autora va aunando su trayectoria de formación y práctica profesional a la construcción y reflexión del fenómeno estudiado: realiza un trabajo artesanal en el que la conexión mano-cabeza evidencia, al decir de Sennett, “la exploración de las dimensiones de habilidad, compromiso y juicio de una manera particular”. Y en ello radican los múltiples aportes que van emergiendo de la exposición y análisis a lo largo del libro. Expresan, por un lado, el fundamento de la distribución actual de las formas de conformar la ciudad como un todo social, y por el otro, dibuja los contornos y los limites/exclusión del sentido hegemónico de ciudad, tanto en las formas de organización urbana como en las formas de organización audiovisual. Construye el montaje que permite leer la multiplicidad y complejidad de las figuras del adentro/afuera; del centro/periferia; el otro externo/interno; etc. que caracterizan el paisaje urbano del norte en nuestra actualidad. Las relaciones entre sentidos de ciudad y geografías del poder que la autora va exponiendo a lo largo de su trabajo, captan –casi plásticamente–, las cartografías de inclusión –social, audiovisual, estatal y gubernamental– que materializan y evidencian formaciones sociales de alteridad.
Este libro nos lleva por un viaje que nos permite comprender que “la diferencia y la desigualdad” son el “resultado de las relaciones de poder en el proceso de producción social del espacio urbano” y de la especificidad de los procesos de comunicación y mediatización, en su materialización reproductiva o transformadora. En definitiva, el objeto-libro aparece como ese tejido, concienzudo y soñado, que muestra la constante tensión de reconocer el trabajo y el producto como parte de un mismo proceso, es decir, un trabajo artesanal. Y esa tensión que vibra a lo largo de toda la obra, nos convoca a nuevas travesías del conocer.
Belén Espoz
Córdoba, julio de 2020
Hace tiempo, en el cable, vi fragmentos de un documental. Y lo que vi me desenterró –como un hueso incrustado en la tierra– una percepción, latente, amasada por los años peronunca dicha hasta ese momento. Durante los días siguientes esperé descubrir la repetición de las imágenes. Quería ver la totalidad del relato. Había algo, ahí, en el tono y el paisaje, que me interpelaba. (…) Nunca pude saber el nombre del documental (…) Por lo tanto, estaba frente a un puñado de imágenes que mostraban a un hombre, el entrevistado, y una cámara que lo seguía en una recorrida en auto por su ciudad natal. (…) Trataba de adivinar el nombre y la actividad del tipo (¿un sobreviviente?). Y el lugar. (…) Entonces el hombre, ahora en movimiento, con el recuerdo de esa vaca en los ojos, largando una bocanada de humo, dijo algo que yo leí en letras blancas y a la velocidad que pasan los subtítulos; y que, a pesar de la fugacidad, se me grabó con la contundencia del fuego: Cada pedazo de pared de esta ciudad lleva, como una piel, las huellas de mi historia.
Hernán Ronsino(2013, pp. 15; 157-158, mi énfasis)
¿Qué significa estar ubicada en lugares particulares, cuando ese lugar es una provincia argentina de frontera, cuando tal ubicación se interroga a partir de los sentidos de ciudad que ofrecen narrativas audiovisuales locales, y cuando esa pregunta busca analizar una configuración cultural conmocionada por el debate en torno a la redistribución del poder de visibilizar el orden social y sus conflictos mediante programas televisivos?
Este libro aborda la conflictividad de lo social expresada en las interpretaciones heterogéneas, históricas, conflictivas y contingentes sobre San Salvador de Jujuy que construyen diversos actores, en desiguales condiciones, para comprender su experiencia urbana. Los sentidos de ciudad, como parte del sentido común o como formas coherentes que lo combaten, participan de las disputas culturales en torno a las relaciones y posiciones sociales.
La perspectiva teórica se basa en la literatura que enfatiza el carácter de producción social del espacio, resalta el carácter constituyente de la cultura en ese proceso y vincula a ambos con específicas geografías del poder. Desde allí, se especifica la mirada al espacio urbano y a los paisajes audiovisuales contemporáneos, para analizar los sentidos de ciudad circulantes en San Salvador de Jujuy entre 2011 y 2015, durante el período de debate sobre los servicios de comunicación audiovisual, y su relación con la cultura nacional argentina, asociados a las políticas públicas para la televisión digital.
Metodológicamente, se realiza un ejercicio interpretativo que reúne diversas estrategias en el marco del análisis cultural, para dar cuenta de las articulaciones entre espacios, temporalidades y ejes de identificación de actores/actrices sociales, a partir de materiales concretos provenientes de programas televisivos locales y de trabajo de campo realizado durante ese período.
Los programas televisivos elegidos operan como punto de ingreso a ese ejercicio y combinan como características compartidas el período de realización o circulación y la audiovisualización de espacios públicos de la ciudad de San Salvador de Jujuy; mientras que ofrecen heterogeneidad en géneros, financiamiento, plataformas o canales de circulación. El trabajo de campo se orientó a registrar y analizar narrativas que combinaran itinerarios sociobiográficos y profesionales y representaciones sobre la ciudad, la región y la nación, e incluyó entrevistas en profundidad a los realizadores y realizadoras de los programas seleccionados; entrevistas a audiencias destinatarias del Plan Mi TV digital y visionado compartido de los programas con jóvenes estudiantes universitarios.
Ese conjunto principal de materiales permitió identificar y analizar narrativas o imágenes complementarias citadas, referidas o editadas por ellos, o bien coexistentes en las pantallas televisivas accesibles localmente al momento de producción y/o programación de los programas seleccionados. El conjunto de materiales así reunido se contrastó entre sí.
El análisis indica que ubicar, cartografiar, urbanizar y edificar son ejercicios de la imaginación social local que participan de los conflictos culturales asociados al establecimiento de un sentido común (audio)visual sobre la ciudad otorgando poder de manera sistemáticamente desigual a quienes la habitan. Es así que los sentidos de ciudad de estas narrativas descentran y multiplican los paisajes urbanos disponibles, disputando el ejercicio del poder simbólico, pero al mismo tiempo reafirman formas sedimentadas de visualización de la heterogeneidad y la desigualdad sociales, participando activamente en los procesos de formaciones nacionales y provinciales de alteridad en un marco de multiculturalismo neoliberal.
Este libro se organiza en una introducción, cinco capítulos en los que se despliega el análisis, las conclusiones y una coda final.
Por claridad expositiva, la introducción se organiza en dos partes, que creemos que están integradas teórico-metodológicamente. La primera parte ofrece los aspectos conceptuales de la arquitectura teórico-metodológica. La segunda parte explora el lugar relativo de San Salvador de Jujuy en las específicas geografías del poder de las que participa a partir de una síntesis crítica de información, con el objetivo de ligar las posiciones relativas de la ciudad y sus habitantes con la circulación del audiovisual televisivo en procesos que son a un tiempo urbanos, provinciales, nacionales y globales. El ejercicio de síntesis crítica de este capítulo observa a la ciudad desde cierta distancia, ya que opera sobre la contrastación de indicadores sociodemográficos o económicos con el objetivo de describir aspectos generales de la historicidad espacializada de San Salvador de Jujuy para vincularlos al proceso de urbanización del capital (Harvey, 2005) y su relación con las dinámicas de circulación de las industrias culturales como parte de las geografías del poder y la desigualdad en la producción cultural contemporánea.
El capítulo 1 da inicio al análisis y especifica la pregunta “¿qué significa estar ubicados y ubicadas en lugares particulares?” para asociarla a la producción de la cultura y la cultura de la producción (televisiva local) a partir de entrevistas en profundidad con cinco realizadores y una realizadora. Este capítulo encuentra en la figura de la “ciudad mediatizada” acuñada por Raquel Paiva y Muniz Sodré (2004) –quienes retoman la ciudad letrada de Angel Rama (1998) para pensar las tramas sociotécnicas contemporáneas del ejercicio del poder simbólico– la principal clave interpretativa para abordar las diversas posiciones de enunciación desde las que San Salvador de Jujuy es audiovisualizada, y brinda un interesante contrapunto con las distancias de ese conjunto de posiciones respecto a las de quienes participan del proceso de circulación como audiencias. Ese conjunto de contrastes superpuestos que habilita observar la ciudad mediatizada muestra la desigual distribución del poder de definición de sentidos de ciudad que brinda la audiovisualización televisiva, desigualdad que se articula a través de y en relación con diversos ejes ordenadores de la diferencia –entre los cuales la consideración de las formaciones provinciales y nacionales de alteridad pero también la atención a las homologías (fundamentalmente, de clase, de género y de generación), resultan clave–.
El capítulo 2 especifica el vínculo entre formaciones nacionales de identidad y sentidos de ciudad para abordar los modos y significaciones de la nación y su relación con la experiencia de la estatalidad en las narrativas televisivas analizadas, a partir de las estrategias de audiovisualización de símbolos de representación oficiales argentinos, y especialmente de aquellos que se producen con la bandera nacional, como elemento vinculado a la ciudad en el conjunto de los programas del corpus. El capítulo surge como resultado de la recurrente presencia de este emblema en los programas analizados.
Esas formaciones nacionales de alteridad y esas experiencias de la estatalidad implican mapas paisajísticos compartidos y repertorios de características para la definición de lo urbano sintetizados en sentidos de ciudad que se construyen parcialmente a partir del contraste con otros sitios. Los sentidos de ciudad del material analizado señalan “los otros espaciales de la ciudad” y esa otredad se superpone (en coincidencia o contraste) con las producidas para imaginar los espacios de la nación.
El capítulo 3 explora los ejercicios de pareo (Lindón, 2008) en el material analizado, e indica que San Salvador de Jujuy se recorta contra los Andes (como un otro “natural” que la define como ciudad) y contra otras ciudades (que se presumen modélicamente “argentinas”) para participar de esas formas visuales y experienciales de la imaginación nacional y provincial relacionando paisaje y naturaleza al interior de mapas sedimentados.
Si bien los sentidos de ciudad se oponen a la naturaleza y a otras ciudades, también establecen relaciones con ellas en términos de geografías culturales amplias que permiten pensarlas como partes coexistentes, escalas o puntos de caminos, ya no por oposición sino por continuidad. En el material analizado, los Andes y varias ciudades argentinas alimentan los ejercicios de pareo imprescindibles para definir sentidos de ciudad para San Salvador de Jujuy, pero esos mismos lugares son, además, espacios coexistentes en relaciones mutuas y continuas que los definen. La segunda parte del capítulo 5 aborda las maneras en las que la capital jujeña es parte de ciertos mapas mayores con los que se articula o a los que articula: es “puerta”, “escala”, “periferia”, “punto de partida” o “punto de llegada”. Es decir, los sentidos de ciudad apelan a figuras que definen a San Salvador de Jujuy vinculándola a espacios mayores que la contienen. La ciudad es parte de conjuntos estructurados en relaciones simétricas o complementarias, de paridad o de centralidad/marginalidad pero de completa coexistencia.
Definidos contra otras experiencias espaciales y como parte de geografías amplias, los sentidos de ciudad permiten observar que, en tanto lugar, San Salvador de Jujuy es un momento en la intersección de relaciones sociales (Massey, 1995). Esas relaciones incluyen las formas de la imaginación social productivas de un reparto diferencial de actores vinculados a tiempos y espacios tanto en las homologías o contrastes entre la ciudad y otros sitios como en su distribución al “interior” de aquellos límites que la definen. De esa manera, los sentidos de ciudad construyen una verdadera topología social urbana al definir actores, espacializarlos y vincular ese conjunto de espacios precisos, habitados o transitados por actores igualmente precisos, con temporalidades diversas (y, lógicamente, también precisas).
Los capítulos 4 y 5 se detienen en esa capacidad constructiva de topologías sociales que tienen los sentidos de ciudad de narrativas televisivas, abordando las específicas maneras de condensación de los polos del eje metafórico centro/periferia (Silva, 2000; Segura, 2015) en el material analizado: para el primero, el centro del centro (la plaza Belgrano) y el territorio físico y simbólico que se constituye a su alrededor, y para la segunda, el área de los trajines callejeros de la antigua terminal de ómnibus (en pleno funcionamiento al momento de la realización de los programas y del trabajo de campo).1 Cada uno de esos capítulos observa esos lugares de referencia principal y continua para la espacialización diferencial de actores, actividad productiva de dos formas que son complementarias en la percepción hegemónica del espacio de San Salvador de Jujuy. Es así que el capítulo 4 trabaja sobre un sentido de ciudad “con raíz”, relevando las maneras en las que el espacio central de la ciudad se produce audiovisualmente en relación principal (aunque no exclusiva) con el ejercicio de una tradición selectiva que la liga a la colonia y a las guerras de la independencia, en una operación que presenta metonímicamente a una específica “porción” de la ciudad como si fuera la ciudad en su conjunto, como parte del ejercicio de dominación hegemónica que propone la propia cultura que ese recorte presenta como centro del mundo y que postula al territorio al que la asocia como “el centro de un grupo que se vuelve mundo para todos los integrantes” (Silva, 2000, p. 128).
El capítulo 5, por su parte, explora los “márgenes” de este “centro” en las prácticas y relaciones abigarradas que se concentran espacialmente en las áreas de los trajines callejeros y que completan de ese modo la trama de interpretación necesaria para la definición de un sentido de ciudad hegemónico (Antezana, 2009; Kingman Garcés, 2016). Sin embargo, tanto centro como márgenes conllevan y potencian posibilidades de contestación y disputa que se inscriben (en este caso, audiovisualmente) sobre esos sentidos preferentes, o que proponen otros espacios para desestabilizarlos.
El conjunto de capítulos culmina en las conclusiones, donde se sintetizan las acciones producidas por los sentidos de ciudad asociados a narrativas televisivas locales como parte del proceso de urbanización de la conciencia (Harvey, 1989): cartografiar, urbanizar, edificar y ubicar son ejercicios de la imaginación social que participan de los conflictos culturales asociados al establecimiento de un sentido común (audio)visual sobre la ciudad otorgando poder de manera sistemáticamente asimétrica a quienes la habitan.
La coda final se propone como ejercicio de apertura de líneas de fuga vinculadas al cambio de políticas audiovisuales asociadas al gobierno de la Alianza Cambiemos, a la luz del recorrido realizado.
En el epígrafe de esta introducción, cité una novela que me produjo cierta inquietud mientras realizaba la investigación que condujo a este libro. En Lumbre, Hernán Ronsino (2013) explora –como parte de un conjunto de zonas de penumbra que incluye el ambiente azulado propiciado por los rayos catódicos– los espacios de la visión y la producción televisiva en una ciudad pequeña del área pampeana argentina. El autor expone su teoría de las asimetrías de poder vinculadas a la circulación del audiovisual en términos del fusilamiento masivo de las audiencias locales por parte de los guionistas metropolitanos. Actualiza en su argumento la teoría de la “bala mágica”,2 argentinizándola mediante la imagen criolla del escopetazo en una cacería de perdices:
Los guionistas de televisión disparan cada día contra esos cuerpos que ahora descansan o terminan de comer fruta –atentos a la semilla o el carozo–, detrás de las persianas cerradas. Hay algo de fusilamiento masivo. Porque las palabras del guionista se desparraman en el aire, como las municiones que se usan para cazar perdices. (Ronsino, 2013, pp. 31-32)
En otro capítulo, que titula expresamente “Televisión”, el autor acude a la descripción de la experiencia de ser entrevistado en el plató del canal de cable local, siendo un guionista metropolitano. En ese estudio, todo es modesto, muy diferente a los sets que imaginamos para la “ciudad mediatizada” que describen Paiva y Sodré (2004), y en una distancia reafirmada por la sobrecorreción en el discurso del conductor del programa. Las instalaciones televisivas se superponen a usos anteriores del edificio, conocidos por quienes habitaron la ciudad por largo tiempo.
En las frases que abren esta introducción, Ronsino (2013) vuelve recurrentemente a la experiencia del narrador (a la sazón, el propio guionista) como televidente, en la fascinación –y el alto grado de identificación– que le produce la visión de un fragmento de un documental donde un sobreviviente habla de su ciudad natal. El entretejido entre unos “tonos y paisajes que desentierran percepciones” con una ciudad periférica, la televisión local y los guionistas metropolitanos que elabora Ronsino se relaciona con la búsqueda de este libro, y al mismo tiempo presenta literariamente parte de las posiciones contra las cuales se escribe. Esa trama coincide y se aleja, alternativamente, de los vínculos entre la vida social de la televisión (Abu-Lughod, 2006) y la producción social del espacio (Lefebvre, 2013) que revela el análisis de materiales precisos, cuyas disonancias y consonancias forman parte de una configuración cultural (Grimson, 2011).
Mientras cuenta la historia de un crimen en un contexto social crítico (Argentina en el entresiglo XX-XXI), Lumbre trama las relaciones espacializadas y espacializantes entre cultura y poder, desde la cotidianeidad de la televisión y la politicidad de la vida cotidiana. Es así como la localización de este relato en una ciudad no-metropolitana y la circulación de contenidos audiovisuales como punto de fuga para pensar el propio lugar intersecan escalas espaciales y diversas dimensiones de la heterogeneidad y de la desigualdad sociales desde diferentes escenas que hacen a los momentos de la comunicación televisiva y a su relación con la producción social del espacio. A lo largo de la novela, la acción plantea diversos escenarios: el hogar como un punto de encuentro entre las audiencias y los programadores y guionistas locales o metropolitanos (y, en ellos, con los productos televisivos transnacionales y sus hacedores en general); el set de televisión como espacio de las prácticas cotidianas de una televisión local que se distancia de aquellas realizadas en los enclaves centrales de las industrias culturales; los espacios referidos por narrativas en la pantalla como “series sintagmáticas” separables y recordables (Machado y Vélez, 2013), en este caso, un documental cuyo título se busca en el flujo repetido de las transmisiones de las decenas de señales del cable disponibles; una escena relevante en ese programa cuyo nombre no se conoce pero que se busca en la pantalla para identificar en él los fragmentos recordados no sólo por lo que brinda esa edición precisa sino, y sobre todo, por lo que en ese tono o en ese paisaje se reconoce como posibilidad de reflexión o como identificación con el propio lugar de quien mira la televisión, esto es, por su capacidad de interpelación. Ese conjunto heterogéneo de lugares se despliega a partir de la búsqueda de un puñado de imágenes y un conjunto de palabras transcriptas como subtítulos que narran una experiencia urbana.
Ronsino (2013) reúne en la trama de su novela experiencias espaciales y televisivas: piensa en el poder y la desigualdad para abordar localizadamente la conflictividad de lo social, y lo hace –en parte– desde y a través de los procesos de circulación televisiva que se desarrollan en una localización periférica de las industrias culturales transnacionales. La distancia que emerge de las búsquedas e identificaciones del guionista-narrador cuando recuerda sus propias experiencias como audiencia y la imagen del fusilamiento con la que piensa las de los sectores populares forma parte de esas desigualdades y esos poderes: el narrador busca en la programación del cable “un puñado de imágenes” de un determinado documental (y no otro) para confirmar su propia experiencia de nostalgia y de extrañamiento asociada a las transformaciones de su ciudad natal (y sus relaciones con la crisis de inicio del siglo XXI en Argentina). En cambio, las audiencias de los barrios de su propia ciudad de origen no realizan búsqueda alguna, sino que son fusiladas diariamentepor guionistas metropolitanos, durante siestas agobiantes, en hogares donde se pelan frutas pegajosas.
La novela, entonces, describe heterogeneidades y desigualdades que se multiplican al ritmo de diversas relaciones que hacen al proceso de circulación televisivo (situado en tiempo y espacio). Este aspecto de la trama coincide con mi indagación general sobre los diversos y desiguales modos en los que las narrativas audiovisuales sobre ciudades refieren a la producción social del espacio, ya que la televisión “vuelve obvio el hecho de que los mismos textos culturales tienen importancias diferentes en contextos distintos” (Abu-Lughod, 2006, p. 72). Los mundos que esos textos intersecan sólo pueden comprenderse dando cuenta de los diversos espacios y tiempos por los que circulan. La naturaleza ideológica de las narrativas televisivas, que actúan hegemónicamente a favor de determinados proyectos,
nos lleva a pensar en el modo en que los aspectos con que contamos para considerar una cultura como local no son en sí rasgos neutrales a ser interpretados, sino el resultado –a veces contradictorio– de otros proyectos de poder más locales dignos de ser analizados. (Abu-Lughod, 2006, p. 72)
Abordar las ciudades a partir de la circulación de narrativas televisivas producidas localmente posibilita una localización estratégica que multiplica las relaciones posibles entre el espacio social de la TV y la producción social del espacio. Sostengo que esa posibilidad analítica no se restringe al seguimiento de la multisituacionalidad transnacional, sino que también permite indagar las relaciones entre sentidos de ciudad y geografías del poder en otras escalas que intersectan variadas experiencias en un lugar determinado.
Denomino sentidos de ciudad a las interpretaciones heterogéneas, históricas, conflictivas y contingentes sobre el espacio urbano, que construyen diversos actores, en desiguales condiciones, para comprender su experiencia urbana. Tales interpretaciones coproducen las específicas geografías del poder de las que, al mismo tiempo, forman parte (es decir, están dentro de un juego de interconexiones múltiples y se localizan en mapas de poder a los que, a su vez, alimentan) (Massey, 1995).
He procurado construir una estrategia para indagar en tales relaciones a partir de narrativas sobre el espacio urbano asociadas a programas televisivos producidos en San Salvador de Jujuy. El punto de ingreso al análisis propuesto descansa en la hipótesis de que estas representaciones sobre las ciudades dependen de la experiencia espacial, social y audiovisual de los actores que las producen. Dado que el espacio es un producto social –o sea, un conjunto de relaciones históricas y conflictivas– el abordaje de las distancias entre productores/as, textos, circuitos y audiencias (entre sí y entre todos esos momentos) que revelan estos sentidos de ciudad (muchas veces, discrepantes) suma posibilidades al análisis de la pregunta crítica sobre cultura y poder que abre esta introducción.
Las diversas figuras ofrecidas por narrativas audiovisuales sobre la ciudad como espacio social refractan y al mismo tiempo construyen conflictos profundos de la sociedad jujeña vinculados al proceso de producción social del espacio. Interrogada de manera contextualista, esa condensación de elementos permite interpretar, a partir de materiales concretos, tanto el trabajo ideológico de establecimiento de “topologías” sociales como el de los lugares que ocupan esas mismas narrativas en San Salvador de Jujuy.
Es así que mediante el análisis de sentidosdeciudad propongo dar cuenta de articulaciones entre espacios, temporalidades y ejes de identificación de actores producidas por narrativas audiovisuales locales, como parte constitutiva de una serie de situaciones sociales de diverso tipo que se acumulan y condensan en una coyuntura.
Siguiendo la trama de sus procesos productivos y las posibilidades de conversación que abren con sus públicos, los sentidos de ciudad que ofrecen estos programas al narrar la capital jujeña se multiplican y expanden al ritmo de la vida social de la televisión, mostrándonos parte de las configuraciones sociales y territoriales –y los conflictos sobre el poder a ellas asociados–, del modo en que se presentan cuando se las interroga a partir de la circulación de estas narrativas, concebida –a su vez– como parte de la experiencia urbana y audiovisual de sus productores, productoras y televidentes.
Es así que los programas televisivos producidos localmente resultan un “espacio interpretativo” relevante y disponible de representaciones que circulan socialmente (Reguillo, 2008, p. 13), y por lo tanto permiten el abordaje de una coyuntura de multiculturalismo neoliberal (Hale, 2002) que relativiza la concepción universal de los procesos de globalización o de mundialización de la cultura, y al mismo tiempo recupera tanto la importancia de los lugares locales para comprender las dinámicas sociales (Massey, 1991) como su participación desigual(ada) en diversas geografías del poder (Massey, 1995). Esto es, la ubicación importa (Grossberg, 1996; Restrepo, 2012): ser audiovisualizado/a o poder audiovisualizar(se) se relaciona con localidades geoculturales estructuralmente asimétricas (globalmente, tales asimetrías se establecen entre el norte próspero y el sur del mundo; nacionalmente, entre en las capitales nacionales sede de los grupos concentrados y de los gobiernos federales; provincialmente, en entornos urbanos o rurales con diverso peso jurisdiccional y administrativo). Finalmente, esas posibilidades están asociadas a localizaciones institucionales (en productoras metropolitanas o periféricas que a su vez pueden ser públicas, privadas o privadas sin fines de lucro) y se vinculan con los lugares de enunciación (hablar con, hablar por, hablar desde, hablar de, hablar sobre).
Metodológicamente, la relevancia asociada a la atención al espacio próximo refiere a la posibilidad de trabajar en las especificidades históricas o sociales en diálogo con procesos empíricos situados y significativos. En este sentido, uno de los desafíos de este libro es producir un conocimiento teóricamente fundado y socialmente relevante, que dialogue con y enriquezca a la memoria teórica y metodológica del campo de la comunicación/cultura desde una ubicación precisa. Esto es, que al construir un objeto fuertemente localizado eluda dos riesgos asociados al “caso”: el peligro de proveer de abundante información sobre el entorno próximo sin aportar a la inteligibilidad de los procesos socioculturales y comunicacionales y/o a su crítica sistemática, y la tentación de reducir la tarea empírica a la ilustración de categorías o teorizaciones previas.
San Salvador de Jujuy es la ciudad capital de una provincia argentina de frontera ubicada en la región surandina, a mil seiscientos kilómetros de la capital nacional (Buenos Aires). Su condición liminar permite pensar el poder y la cultura desde una posición “excéntrica” a la tradición dominante de los estudios sobre ciudades latinoamericanas, y potenciar la capacidad crítica del teorizar de los Estudios Culturales (Hall y Mellino, 2011, p. 30). La articulación de varias escalas en el espacio urbano de la capital jujeña –entre las que podemos mencionar la relación de exclusión del proyecto nacional que Manzanal (1999) describe como desarticulación profunda; las características de ser la capital de una provincia de frontera que recibe un flujo permanente (aunque fluctuante) de migrantes bolivianos (Sala, 2005); la dinámica excluyente con el conjunto provincial que Karasik (2005) describe como un proceso histórico de drenaje de la población de las tierras altas hacia las áreas de desarrollo capitalista más dinámicos; la profunda desigualdad social que se verifica en el territorio urbano (García Vargas, 2009); y la fuerte exposición a las dinámicas culturales globales vinculadas al turismo a partir de la declaración de la Quebrada de Humahuaca como Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 2003 (Troncoso, 2009)– la vuelve un sitio especialmente fértil para el análisis cultural, ya que esta serie de superposiciones de experiencias espacio-temporales en situación de frontera nacional multiplica la intensidad e historicidad de su desigualdad social y su heterogeneidad humana y, por lo tanto, de las disputas hegemónicas para representarla en clave de interculturalidad (Briones, 2008; Caggiano, 2005), diversidad o discrepancias (Carman, 2006; Massey, 2005a; Segura, 2015).
El período durante el cual se produjeron o difundieron los programas televisivos (2011-2013), se realizó el trabajo de campo (2011-2016) y la tarea analítica (2011-2016) asocia la riqueza de tal liminaridad excéntrica y desigualada de esta ciudad a dos condiciones contextuales relevantes, vinculadas a la decisión de trabajar con estas narrativas en un momento en el que la televisión se apaga mientras se encienden otras pantallas.
En primer lugar, aún en una ecología de medios caracterizada por la transmedialidad y la convergencia, la I Encuesta Nacional de Tecnologías de la Información y la Comunicación (ENTIC) realizada en 2011, señaló a la televisión como la tecnología de la información y la comunicación más presente en los hogares urbanos de Argentina, en todas las regiones y en todos los niveles de ingreso. En el caso específico de Jujuy, el relevamiento indicó que el 94,9% de los hogares poseía televisor, porcentaje que se elevaba a 96,9% para el aglomerado San Salvador de Jujuy-Palpalá.3
En ese sentido, es importante notar que en la idea del “fin de la televisión” (Gilder, 1992; Negroponte, 1995), e incluso en la de su mutación vinculada a las transformaciones en las experiencias interactivas de las audiencias (Islas, 2010; Scolari, 2008) suele generalizarse las prácticas ligadas a los usos de la audivisualidad4 y la audiovisualización5 de los y las analistas –o, al menos, los de quienes habitan áreas urbanas y acceden a formas de conexión fluidas– al conjunto de la sociedad y de las regiones geográficas. De ese modo, se invisibiliza6 la heterogeneidad y desigualdad de esas prácticas y –quizá, sobre todo– la distancia entre las situaciones desiguales en los momentos de producción y de reconocimiento de narrativas audiovisuales. Tal posición niega, por un lado, la pregnancia de los medios tradicionales; luego, la importancia determinante de las tecnologías vinculadas a la conexión entre los dispositivos digitales y las redes de telefonía o distribución de flujos de contenidos en ese tránsito sociotécnico y su relación con las condiciones de acceso a los circuitos que aseguran la distribución amplia de esos contenidos. Esto es, la problemática del acceso material a las tecnologías se inscribe en mapas históricos de desigualdades nacionales y regionales, y también en aquellos que se trazan diariamente en la lucha y resistencia contra ellas.
En segundo lugar, ese proceso de multiplicación y transformación (desigual) de las pantallas y de los públicos convive con la inminencia del apagón analógico de la televisión (por entonces previsto para 2019 en Argentina). Durante el trabajo de campo, esas variaciones se sobrepusieron con el período de transformación normativa y organizativa de los medios operada por la conjunción de la sanción de la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), el decreto 1148/09 regulatorio de la Televisión Digital Abierta (TDA) y las modalidades de implementación de ambos, asociados a numerosas políticas públicas.
Tres de los programas analizados en este trabajo han sido financiados por fondos públicos destinados a la promoción de contenidos federales, y los cuatro inscriben su proceso productivo en la consideración del tiempo que va desde el anuncio y posterior sanción de la LSCA (en octubre de 2009) hasta las sustanciales modificaciones a esa norma que introdujeron los decretos 13, 236 y 267 en diciembre de 2015, completados luego con otros decretos durante 2016 y 2017.7
Durante el período de realización y emisión de los programas analizados (2011-2013), las políticas de fomento de la producción asociadas a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) interpelaron las prácticas sedimentadas de la comunidad audiovisual local, tanto en términos de las condiciones generales de posibilidades de producción como en la reflexión sobre los contenidos producidos y su relación con los que circulan habitualmente en las pantallas televisivas. Esas interpelaciones se dieron en un marco también cambiante y crecientemente visibilizado sobre la definición, percepción y valoración estatales del lugar de los medios y los servicios de comunicación audiovisual (especialmente, la televisión) en relación con “la cultura nacional” (habitualmente, en singular) abiertamente politizado. Al mismo tiempo, esas mismas preocupaciones implicaron la generación de políticas de asistencia para acompañar la migración al entorno digital de la televisión de aire analógica y el visionado de la TDA en parte de las audiencias (aquella considerada como “población prioritaria”) (García Vargas y otrxs, 2014).
Todas estas consideraciones sostienen la decisión de indagar los vínculos entre narrativas audiovisuales, configuraciones culturales y producción social del espacio urbano a partir de un corpus que combina tres importantes características en común –la audiovisualización de espacios públicos de San Salvador de Jujuy, la localización, y el período de registro y producción, en tanto dimensiones de la situacionalidad compartida–, con la heterogeneidad en géneros, en formatos y en otros componentes de las condiciones y situaciones productivas (por ejemplo, las formas del financiamiento o la relación con las instituciones que regulan los circuitos de distribución). Los programas seleccionados son la serie de ficción El viaje, 9 días buscando Norte (Vargas, 2011); el unitario documental San Salvador de Jujuy, Murmullo que aturde (Ricciardi, 2011); la serie documental Maestros del Norte (Ogando, 2011) y la temporada 2012 del magazine cultural semanal Jujuy Profundo (Calvetti, 2012).8
La combinación de elementos homogéneos y heterogéneos en los programas seleccionados buscó concordancias y discrepancias significativas en el material, que permitiesen analizar un “sentido común” sobre la ciudad y las disputas hegemónicas en torno a su construcción, consolidación y sostenimiento.
Las narrativas construidas por, o asociadas a, los programas seleccionados brindan, entonces, un interesante punto de abordaje situado de las dinámicas de la comunicación/cultura contemporánea en una coyuntura de transformación particular. En los términos indicados, permiten comprender tanto a la ciudad como a la cultura, pues interrogan las disputas en torno a qué significa estar ubicado o ubicada en lugares particulares, qué distintas modalidades de pertenencia son posibles y de qué diversas formas se vinculan las personas entre sí y con el mundo. Esa pregunta amplia, que recoge la inquietud de Grossberg (1996) sobre la dimensión espacial en los estudios culturales, consiente interrogar, a partir de materiales específicos:
- El proceso de representación y definición de la ciudad (cómo se compone en cada caso la trama intertextual; cómo se muestra, define y representa la ciudad; quiénes muestran; quiénes dicen; cómo muestran y cómo dicen; cómo acceden estas representaciones a circuitos de circulación pública; cómo son interpretadas).
- Las relaciones entre interculturalidad y ciudad (qué tipo de relaciones interculturales se proponen y cómo se las vincula con el espacio y la experiencia urbanas).
- Las “topologías sociales” de la ciudad (cómo se perciben y valoran las áreas que la constituyen y cómo se espacializan los actores sociales representados tanto en el ámbito urbano como en sus relaciones con otros lugares).
Se propone, entonces, que los sentidos de ciudad –y los vínculos hipotéticos que postulo entre ellos y una precisa configuración sociohistórica– tienen en los programas televisivos producidos localmente una posibilidad de recreación singular por los múltiples niveles y dimensiones analíticas que ofrecen para la tarea interpretativa de una configuración cultural. Las maneras en las que la producción social del espacio urbano se presenta cuando es interrogada a partir de narrativas televisivas locales permite explorar la articulación de al menos tres de esos niveles y dimensiones:
- La politicidad de la experiencia urbana y su vínculo con la producción audiovisual de la cultura (y las culturas de la producción audiovisual) en cuanto procesos espacializados y espacializantes que participan en formaciones nacionales y provinciales de alteridad (Agüero y García, 2010; Álvarez Leguizamón, 2010; Arancibia, 2014; Briones, 2005; Burgos y García Vargas, 2008; García Vargas, 2004; Karasik, 2005; Martín-Barbero, 1998; Orquera, 2010; Rabey y Jerez, 2010; Román Velázquez, 1999; Sarlo, 1999; Segato, 2007).
- La constitución de series de imágenes y sonidos sedimentados y emergentes en las configuraciones audiovisuales contemporáneas (Sorlin, 1980; Benjamin, 2011 [1931]; Berger, 2005 [1978]) y su relación con el sentido común (audio)visual (Caggiano, 2012) desde la precisa intersección de escalas y relaciones que ofrece la audiovisualización de una ciudad no-metropolitana en un marco de multiculturalismo neoliberal alimentado por industrias culturales transnacionales (Bayardo y Lacarrieu, 1999; Brunsdom, 2007; Chamorro, 2011; Miller, 2012; Masrany, 2016; Paulinelli, 2005; Rose, 2016a, 2016b; Yúdice, 2002; Zhang Zhen, 2007).
- La relación de ambos aspectos con la diversidad de formas de producción social del espacio y las temporalidades que implican el abordaje de los procedimientos interpretativos y de sus situaciones y condiciones sociales de producción en clave de hegemonía (Carman, 2006 y 2011; García Vargas, 2006; Lacarrieu, 1988; Lindón, 2008; Segura, 2015; Silvestri, 2011; Visacovsky, 2001).
Como ya he señalado, trabajo sobre materiales específicos, y con una concepción del espacio que lo concibe como producto de relaciones sociales, constituido a través de interacciones, que es condición primaria para la heterogeneidad y es siempre político (Massey, 2005b). Esa combinación resulta de interés para observar la potencia de los mapas y paisajes dominantes –como planos sedimentados que posibilitan (o imposibilitan) percibir, decir y representar la ciudad– en la tarea de estructurar aquellos que resultan hegemónicos, y sin perder de vista en qué medida las significaciones dominantes y un paisaje material ya existente abren y cierran posibilidades de acción y de coacción para su transformación por diversos actores. Por eso, los “sentidos de ciudad” discrepantes que ofrece la televisión resultan una vía de acceso situada para el análisis de la diversidad de experiencias de lo urbano, de su inestabilidad y dinamismo, y de su profunda imbricación con la desigualdad y el poder en Jujuy (Hall, 1995; Massey, 1994; Rose, 1995; Segura, 2015).
La mayor parte de las relaciones transnacionales, migrantes y barriales –pero también las comunitarias y familiares– se da en entornos ambientales urbanos específicos y situados. La ciudad (en tanto experiencia espacio-temporal) conecta, articula y reúne pero también desconecta, fragmenta y separa. Las narrativas televisivas ofrecen contradicciones similares, al amplificar la visibilidad y resonancia de determinados discursos y apreciaciones sobre la ciudad, pero también por su participación desigualada en las geografías amplias de las industrias culturales transnacionales y de los flujos de comunicación nacionales y provinciales, participación que se da desde entornos urbanos específicos, a los que a su vez co-produce mediante complejas prácticas de enmarcamiento y filtrado.
De manera que el tipo de intersecciones y mediaciones que presentan las situaciones sociales que analizo en este libro requiere abordar procesos que implican espacios y trayectos extensos crecientemente transnacionalizados, pero que al mismo tiempo se (re)territorializan porque están situados espacial y temporalmente y marcados por la desigualdad de base de la modernidad-mundo (Ortiz, 1996). Esas ubicaciones espacio temporales son progresivamente urbanas, aunque el lugar relativo que cada ciudad ocupa en el “tablero de la liga de ciudades” global, construido y alimentado por las dinámicas de la producción cultural transnacional (y por diversas instituciones y actores) sea diferente (Robinson, 2004 y 2006; Robinson en García Vargas y Román Velázquez, 2006).9
Las maneras de acceder a esos espacios mediante el análisis cultural ha sido seguir el hilo que enhebra la circulación de sentidos de ciudad a través de diferentes momentos del proceso comunicacional mediatizado de cuatro programas televisivos producidos localmente. Entiendo que esa elección me ha permitido observar la variedad de discursos y registros que construyen sentidos de ciudad, y las características de sus ubicaciones sociales. Ha sido una forma de ligar el espacio social de la televisión a la problemática general de la producción social del espacio a través de los sentidos de ciudad producidos por la televisión, intentando matizar la desoladora imagen del fusilamiento masivo de las audiencias populares por parte de los guionistas metropolitanos que expresara Ronsino en Lumbre (aunque sin olvidar la radical agudeza con la que esa imagen denuncia las relaciones de poder implicadas en la circulación mediatizada).
Mi camino para encontrar esos matices se ubica en el campo de la comunicación/cultura, y abreva en una apuesta interpretativa contextualista (basada principalmente en los estudios latinoamericanos críticos sobre cultura y poder, los estudios culturales británicos y la geografía feminista), cuya arquitectura teórico-metodológica repongo en la parte I de esta introducción, en la que además presento en detalle los materiales con los que se trabajó. Allí describo la tarea de articulación (Slack, 1996) que sostiene el trabajo con materiales específicos, explicitando las decisiones teóricas que guiaron el trabajo empírico.10 La primera parte de este capítulo cierra con una coda reflexiva sobre las relaciones entre la producción audiovisual y el trabajo de campo como praxis reveladoras de la relación entre la politicidad de la cultura y la producción social del espacio en áreas no centrales de Argentina, un país en el que la confrontación capital/provincias estructura continuamente la interpretación sociopolítica de la desigualdad.
En la segunda parte de la introducción se analizan algunas características contextuales e históricas vinculando a la producción televisiva con las condiciones de vida en San Salvador de Jujuy.
No se trata de describir apartándonos, sino de construir un saber que nos incluya, que no podría dejar de incluirnos. La relación comunicación/cultura es un salto teórico que presupone el peligro de desplazar las fronteras. Pero, justamente, de eso se trata: de establecer nuevos límites, de definir nuevos espacios de contacto, nuevas síntesis. En vez de insistir en una especialización reductora, se propone una complejidad que enriquezca.Héctor Schmucler (1997, pp. 150-151)
En la biblioteca de las teorías sociales y de la significación que alimentan la investigación en comunicación es posible encontrar una constelación de autores de adscripciones disciplinares (auto o hetero atribuidas) heterogéneas. La multiplicidad de autores y autoras visitados hace que Caggiano (2007) indique que, en lugar de “padres”, el campo de la comunicación (estrictamente, el de la comunicación/cultura) cuente con “tíos fundadores”. Lejos de percibir esa heterogeneidad como limitación, tiendo a comprenderla como una posibilidad contextual de movimiento que alienta la exploración teórica y metodológica. Alejandro Grimson (2011, p. 47), entre otros referentes, indica que esa potencialidad marcó su formación inicial y determinó parcialmente su apertura disciplinar y su rechazo al “monoteísmo metodológico”.
En esa misma y heteróclita biblioteca encontramos un conjunto de libros que se ocupan de la comunicación adscribiéndose explícitamente a este campo. Y en los estantes latinoamericanos de este grupo, una mirada rápida a los títulos revela que son numerosas las menciones que lo imaginan a través de metáforas espaciales y asociadas al movimiento. En ellos, la comunicación se ofrece como un mapa de rutas: caminos que unen puntos históricamente disciplinados y reconocibles de las ciencias sociales, desde y sobre Latinoamérica. Este mapa de rutas incluye tanto localizaciones particulares como trayectos y posiciones intermedias.
Ahora bien, ¿qué significa que una parte de la investigación en comunicación social pueda pensarse como un mapa de rutas, y qué consecuencias o posibilidades teórico-metodológicas ofrece? Concretamente, ¿cuáles son las rutas que permitirían recorrer la conflictividad y el poder de Salvador de Jujuy desde el análisis cultural de narrativas televisivas locales?
Vanina Papalini (2010) indica que, en términos prácticos, el conocimiento situado en el campo de la comunicación demanda resolver reflexivamente las tensiones que se producen al enfrentar los desafíos metodológicos. Deseo inscribirme en ese camino reflexivo, relatando conceptualmente cómo construí una aproximación teórico-metodológica interpretativa. Propongo la imagen del mapa de rutas, inspirada en los títulos de la biblioteca latinoamericana de la comunicación/cultura recién señalados, como figura que permite ordenar (relativamente) el relato sobre la producción de ese camino. Mapear el trayecto es una forma contextualista de explorar la biblioteca, de recorrer un estado de la cuestión articulando tales categorías, conceptos y líneas de abordaje en una reflexión situada sobre el conocimiento que se intenta producir, sin pretensiones de universalismo.
La perspectiva teórica de este libro se basa en la literatura que enfatiza el carácter de producción social del espacio (Harvey, 2005 [1997]), resalta el carácter constituyente de la cultura en ese proceso (Williams, 1997) y vincula a ambos con específicas geografías del poder (Massey, 1995). Desde allí, especifico la mirada al espacio urbano y a la industria cultural contemporánea, para analizar la conflictividad de lo social en los sentidos de ciudad ofrecidos por narrativas audiovisuales locales circulantes en San Salvador de Jujuy. Ese marco permite trabajar en la zona de confluencia disciplinar que suele nombrarse como Estudios Culturales.
Dentro de este piso fértil y amplio de los Estudios Culturales, propongo la elaboración de un conjunto teórico-metodológico que puede agruparse alrededor de la idea de configuración como principio clave de interpretación situada y contextual, y que me permitirá considerar a los procesos de significación del espacio urbano jujeño como parte constitutiva de la articulación de una serie de situaciones sociales de diverso tipo (económicas, políticas, culturales) que se acumulan y condensan en una coyuntura. Ese proceso configuracional y significativo puede interpretarse a través del análisis cultural de los “sentidos de ciudad” que se producen y reconocen en los procesos de comunicación de narrativas audiovisuales locales.
La atención al espacio próximo de la ciudad capital de una provincia del noroeste argentino posibilita trabajar en las especificidades históricas o sociales en diálogo con procesos empíricos situados. Pero tal posibilidad no implica un “encapsulamiento” en tiempo y espacio, sino que la vincula a la problematización de la desigualdad en la intersección de escalas implicadas tanto en la capacidad de movimiento como en las posiciones relativas de actores y regiones, ya que implica considerar no sólo relaciones de copresencia, sino también aquello que se excluye o está ausente.
Por la amplitud de experiencias que la denominación Estudios Culturales evoca (Richard, 2010), es necesario mencionar que recurro a la vertiente que se nombra habitualmente como Estudios Culturales Ingleses (Zubieta, 2000; Grimson, 1999)o Escuela de Birmingham
