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¿Cómo estás? ¿Cómo te sentís? ¿Qué cambiarías? ¿Dónde podés ubicar esto en el cuerpo? Son solo algunos de los interrogantes que se presentan para comenzar a ampliar el espectro de la autopercepción y el autoconocimiento. Partiendo de la idea de ser una lectura amena, que tiene como eje una concepción integral del ser humano, Ser consciente es un libro que invita a conocer a la persona más importante de nuestras vidas: nosotros mismos. Mediante la propuesta de actividades al final de cada capítulo, utilizando el registro del aquí y ahora, pretende ser el inicio en un camino de encuentro y exploración personal.
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Seitenzahl: 101
Veröffentlichungsjahr: 2019
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Bustillo, María Luz
Ser consciente : una propuesta integradora para el crecimiento personal / María Luz Bustillo. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.
104 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-494-8
1. Autoayuda. 2. Psicología. 3. Espiritualidad. I. Título.
CDD 158.1
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2019. Bustillo, María Luz
© 2019. Tinta Libre Ediciones
SER CONSCIENTE
Una propuesta integradorapara el crecimiento personal
ÍNDICE
El camino personal Pág. 9
Recorriendo nociones Pág. 17
Los momentos de meditación Pág. 21
Los puntos de carga Pág. 29
Deconstruir la felicidad Pág. 39
Desovillarse Pág. 45
Trabajo de equilibrista Pág. 51
Hablemos de relaciones Pág. 59
Incomodidad o insatisfacción Pág. 63
Ampliar la consciencia Pág. 71
(Mi) línea histórica Pág. 79
Los puntos de carga en la historia personal Pág. 85
Paso a paso Pág. 91
Para recordar… Pág. 95
Anexo Pág. 97
El camino personal
Este libro surge como expresión de un camino recorrido en el que se entremezclan mi formación académica como psicóloga, las vivencias desde el reiki, las creencias personales deconstruidas y el trabajo psicoterapéutico desde un doble rol, como paciente/consultante y como terapeuta a la vez. Es el resultado del encuentro, en lo personal y lo profesional, de diversos conocimientos y modos de abordaje del ser humano: un breve pasaje por la PNL (Programación Neurolingüística), que me ha servido para una mayor conceptualización de nociones que estaban separadas en mí; talleres de constelaciones familiares (a los que asistí como participante y constelando); la constante del enfoque Gestalt, desde mis días en la Facultad de Psicología; la presencia de la energía reiki desde mi adolescencia; las vivencias únicas que me otorgó el pasaje por el Psicodrama; la insaciable sed de lectura que me llevó a sumergirme en los más variados libros; acercarme a distintas terapias alternativas, como flores de Bach, biodecodificación, bioenergética (experiencia sin igual que complementa armoniosamente al proceso terapéutico); y tocar de oído nociones de la memoria celular.
Todo ello ha contribuido a que hoy pueda posicionarme como psicoterapeuta en este lugar, con mucha seguridad para brindarme y acompañar a cada persona que asiste a la consulta en el recorrido y en la construcción de su propio camino personal. Y todo esto no lo hago porque haya concluido mi propio viaje, sino porque siento la inclinación de hacerlo; por eso, estimo, en su momento escogí estudiar la profesión que elegí sin saber con la pluralidad de situaciones con las que me iba a encontrar, algunas más complejas que otras, pero todas igual de enriquecedoras. No soy perfecta, yo también estoy en el trabajo constante de mí misma y cuento con la presencia de personas que colaboran con eso, lo sepan ellas o no, incluso aquellas que participan de una manera no consciente en mi vida.
Si pienso en retrospectiva, no sé con exactitud qué fue lo que me condujo a comenzar a estudiar Psicología, solo sabía que lo que me gustaba era eso, a pesar de nunca haber ido a un terapeuta. Por eso, en el último año de secundaria, sabiendo que el siguiente paso era la Facultad de Psicología, decidí comenzar terapia. Como es habitual, comencé terapia con quien ya iba una conocida de la familia (ella estaba conforme con ese terapeuta); no recuerdo con precisión cuánto duré, pero no me gustó para nada. Quizás porque era psicoanalista de pura cepa o quizás nunca hubo transferencia de mi parte, y no sé cómo funcionó la contratransferencia de su parte (nótese que utilizo términos psicoanalíticos para referirme a ese hecho). El tema es que decidí dejar a los pocos meses, pero eso no me impidió buscar otra terapeuta, ya con nuevas herramientas, porque estaba cursando el primer año de la carrera y me había dado cuenta de que el psicoanálisis no era para mí. Pequeño problema en una carrera de orientación tan psicoanalítica como lo es Psicología en la universidad pública de Rosario. Por ese motivo, en el tercer año de cursada dudé de estudiar otra cosa. Menos mal que no lo hice.
Recuerdo muy bien que a los 19 años fui a la entrevista con la psicóloga de la prepaga que tenía mi familia y pedí: “Quiero hacer terapia pero no con un psicoanalista”. Me dieron un listado muy reducido de profesionales que trabajaban con otras teorías (esto fue hace más de diez años, y afortunadamente esta situación ha cambiado por una oferta mucho más diversa de profesionales). Aquella vez, mi elección fue acertada.
Comencé mi terapia con Laura, quien me acompañó desde su lugar durante aproximadamente un año. Y por el transcurso de casi diez años la vi de manera intermitente. La veía en aquellos momentos que sentía que sola no podía y el espacio de la terapia era clave para acompañarme en instancias importantes como rupturas de noviazgos, desafíos de las relaciones familiares, el último año de la carrera, los primeros meses de convivencia con mi novio, el período de inserción laboral como profesional de la salud mental, y el último período fue durante los meses previos a mi casamiento y las semanas posteriores.
Siempre me intrigó saber qué pensaba ella respecto de todo el tiempo transcurrido juntas. Nunca se lo pregunté directamente en aquel entonces, pero tuve la fortuna de que siguiéramos en contacto y conocer más adelante una parte de su experiencia. Fue una extrañeza notar que formó parte de mi vida por tanto tiempo y a la vez no fue nada más que mi psicóloga(y nada menos).
Eso también me hizo repensar mi vocación: tomé consciencia de que formo parte de la vida de quienes consultan y que puede que eso no continúe después de seis meses, o puede que sí. Pero en el tiempo en que trabajamos, es obvio (para mí) que se forma una relación, un vínculo en el que el cariño, el amor y también el enojo o la frustración circulan en ambos sentidos.
No me da vergüenza admitir que me encariño con la gente que conozco en el marco del consultorio, y no lo veo como una debilidad, sino como una fortaleza que permite estrecharnos en una intimidad que posibilita un trabajo profundo y respetuoso. Mi profesión es mi vocación, es la elección consciente que hago cada día. Disfruto de cada sesión, de cada historia personal y de brindar todas las herramientas que fui recolectando tanto desde la formación teórica como desde la formación que me dio —y me sigue dando— el crecimiento personal y espiritual al cual me animo todos los días.
Luego de mi casamiento, sentí que se cerraban muchas cosas en mi vida y que se abría todo un nuevo camino por delante, tanto en lo privado del hogar como en el ámbito psi. Y en ese momento sentí que mi tiempo con Laura había concluido, que nuestros encuentros habían llegado a su fin junto con la etapa de mi vida en la que ella me había acompañado.
Cuando miro hacia atrás, hacia esa primera consulta con ella y la última vez que nos vimos, es como una película con diferentes escenas que parecen tan cortas, pero en realidad forman parte de una historia de diez años. ¡Qué magnífico! Es la única palabra que se me ocurre para describir esa relación tan particular que surge del encuentro terapéutico.
Desde mi experiencia como paciente de psicoterapia y como investigadora de diferentes terapias, también he pasado por psicólogos de diversas orientaciones, de vidas pasadas y Gestalt, con quienes trabajé por un tiempo más reducido en los intervalos en los que no veía a Laura. Lo que ello me permitió fue, en primer lugar, trabajar de diferentes formas en la consulta; en segundo lugar, entender que la personalidad del terapeuta hace a la terapia que ofrece; y en tercer lugar, comprender que con cada terapeuta se trabajan cosas diferentes, justamente por la combinación de los primeros dos factores. Cada persona con la que me encontré despertó en mí cosas distintas, emociones y recuerdos heterogéneos, sin mencionar el influjo que tenía cada momento de mi vida en los temas abordados en las consultas.
Es extraordinario lo que el espacio de la terapia fue despertando en mí, y veo que lo mismo sucede con muchas personas allegadas y con mis consultantes. Soy adepta a la idea de que ir al psicólogo no es para locos únicamente, sino que es la búsqueda de querer estar mejor con uno mismo, y en ocasiones no contamos o no podemos ver los recursos que necesitamos para lograr nuestro equilibrio interno. En ese punto la tarea psicológica se hace necesaria, para poder hacer propios esos recursos y llevarlos a la vida diaria.
Soy adepta a una psicología positiva. Sin entrar en explicaciones teóricas, me refiero a que es posible considerar la terapia como un lugar que apunta al bienestar personal, a lograr el desarrollo de nuestras potencialidades y no solo a tratar un malestar que cuando se va puede que aparezca otro, porque el punto más importante, el balance interno, no fue trabajado.
Y por último, soy adepta a la idea de un psicólogo más humano, lo que significa vislumbrar al terapeuta como una persona que genera empatía con el consultante, que es capaz también de sentir, de emocionarse, de vincularse con un semejante, y desde ese lugar entrar en una sintonía propia de consulta que permita arribar a una labor terapéutica dinámica y exclusiva.
Con el paso del tiempo y de mis experiencias, comprendí que el psicoterapeuta no es un amigo, pero tampoco tiene que ser un desconocido. Es un compañero en el cual se puede buscar soporte cuando es necesario y que brinda apoyo para ir interiorizándolo a fin de facilitar la posibilidad de seguir avanzando en la vida; es un compañero que ayuda a abrir puertas hacia el mundo interno y a ampliar el mapa de la percepción del mundo externo. Veo la vocación del terapeuta como la de quien ofrece posibilidades de crecimiento que el consultante decide tomar o no, en tanto vayan en armonía consigo mismo.
A lo largo de todo este recorrido, se fue gestando en mí la idea de plasmar por escrito las nociones, las concepciones, las percepciones, los conocimientos, las actividades y los ejercicios dirigidos hacia el mismo fin que la terapia: ser consciente de uno mismo como forma de lograr el bienestar personal. Este libro es simplemente un recurso en el trabajo personal y no desestima las consultas médicas necesarias para chequeo y control de la salud, no reemplaza al espacio de la consulta psicológica ni al trabajo terapéutico que ofrecen las terapias alternativas. Me parece pertinente remarcar que es un complemento más, entre los miles que se pueden encontrar, para el desarrollo del bienestar. Si bien aquí planteo ejercicios que pueden ser realizados en la comodidad del hogar, siempre es mucho más enriquecedor si aquello trabajado puede ser llevado al ámbito clínico para ser analizado y para generar, de ser necesario, un nuevo cierre.
LOS LIBROS SON ALIADOS
