Siete madrugadas - Aurelio Martins - E-Book

Siete madrugadas E-Book

Aurelio Martins

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Beschreibung

"Un libro para disfrutar su lenguaje, para hacernos dudar y alegrarnos por ello. Un libro de alguien muy culto y con los pies bien pegados a la tierra. Merece la pena leerlo." De la presentación de AURORA CASILLAS "Sea cual sea su cultura nunca un ser humano ha logrado ni alumbrar todas las negruras ni evadirse de ellas totalmente. De la lucha de sus decisiones contra el destino nunca, pero nunca, un ser humano puede sentirse satisfecho. En la noche del absurdo, hay seres humanos que buscan vislumbres propios, hay otros que se arriman a destellos ajenos, pero todos caminamos a tientas." En estas páginas Aurelio Martins ilumina el caminar del hombre por el duro ofi cio de vivir desde la atalaya de su lucidez, fundamentada en los textos de aquellos que lo precedieron en el camino.

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Seitenzahl: 808

Veröffentlichungsjahr: 2021

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SIETE MADRUGADAS INMERSAS EN EL OFICIO DE VIVIR HUMANAMENTE

AURELIO MARTINS

Primera edición en esta colección: enero de 2021

© Aurelio Martins, 2021

© de la presentación, Aurora Casillas Zuzuarregui, 2021

© del prólogo del editor, Jordi Nadal, 2021

© de la presente edición: Estrella Editorial, 2021

Estrella Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99

www.estrellaeditorial.com

[email protected]

ISBN: 978-84-18582-16-5

Realización de cubierta y fotocomposición: Grafime

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

No se queda uno menos enfermo

Conociendo la enfermedad

Pero ésta entra en el orden de la vida.

V. FERREIRA

MURMULLOS DEL MANANTIAL

Existo sin palabras,sin palabras soy lo que soy:tela de urdimbre sin memoriay trama de casualidades.

En el silencio de las madrugadas,insomne, y el tiempo dormido,me retumba en el cerebro el grito:¿Quién soy?, ¿Quién soy?, ¿Quién soy?Y salgo de mí antes del amanecerpor los caminos del ser a pedira todos los seres del mundopalabras para dar ser y expresiónal ser que mora dentro de mí.

ÍNDICE

Presentación, por Aurora Casillas ZuzuarreguiPrólogo del editor, por Jordi Nadal1ª Madrugada. Disperso en todos los seres y diverso en mí1.0. Allegro non molto: si me pienso soy más de uno1.1. Por dos cosas trabaja el yo efectivo1.2. Efímeros porteadores de gónadas1.3. La pócima del vivir se toma de muchas maneras1.4. La utilidad de los delirios y pasiones1.5. La cultura pone antojeras a los ojos de los afectos1.6. El erizo y la zorra1.7. La cultura oficial es la cultura eficiente1.8. La lucidez es un acto singular. Sólo la abdicación congrega.2ª Madrugada. Los dos rostros de Jano2.0. La fiebre de enderezar el mundo2.1. El animal religioso2.2. La telaraña de la rutina2.3. Nuestras respuestas son preguntas2.4. Los seres afectivos2.5. El yo que se erosiona por dentro2.6. El tiempo de los humanos es bifronte2.7. La soledad vacía2.8. La soledad desasosegada2.9. Jano de dos rostros, dos libertades, dos leyes2.10. La saudade3ª Madrugada. Los horizontes de la memoria3.0. Vislumbres en la noche3.1. La memoria es la fuente de nuestra soledad3.2. Los grados de soledad3.3. El vértigo en las cumbres del tener conciencia3.4. Saberse vivo y mortal3.5. Primer modo de cortar el hilo del tiempo: prisas y diversión en las riberas del río del olvido.3.6. 2º modo de encadenar la angustia del tiempo: buscar razones para creer en contra de la razón.3.7. El tercer modo de mirar a la ampolleta del tiempo: nuestra eternidad es el momento, y nuestra luz las tinieblas3.8. De cómo con titubeos de los intereses privados se hacen verdades de utilidad pública3.9. Todo lo que es tiene razón de ser4ª Madrugada. Los caminos de la libertad4.0. Gritos en la noche4.1. La encrucijada de la conciencia4.2. «Animal que tiene palabra»4.3. Del oficio de sembrar palabras y de sus modos de cultivo4.4. No vemos con los ojos sino con las palabras4.5. La palabra es un ladrillo, para la torre de nuestra lucidez y para los puentes de nuestra huída5ª Madrugada. La restauración de los instintos perdidos5.0. La cultura y sus «progresos»5.1. La alquimia de las metáforas5.2. La cultura nos empapela con cuentos las ventanas de la lucidez5.3. Han perdido las alas para volar hacia el olvido5.4. Tórtolas y ruiseñores5.5. La misión redentora de la cultura5.6. Los lujos culturales6ª Madrugada. Irredentos y relapsos. Los marginados del coro6.0. El umbráculo de palabras6.1. La soledad de los irredentos6.2. Compañeros de silencios6.3. La reflexión es una enfermedad y su antídoto, el endiosamiento6.4. De los modos diversos de saborear la copa de la vida6.5. Conflicto de gustos: la hormiga y la cigarra6.6. Los enamorados de la consciencia6.7. Los pseudónimos de nuestras razones6.8. De la subversión de las palabras y sus penurias6.9. Las penas de las tórtolas7ª Madrugada. Bichos en busca de sentido7.0. Yermos de sinsentido y campos de contrasentido7.1. La perversidad está en nuestros propósitos, no en lo que sucede7.2. Los nombres de Dios son seudónimos de los humanos7.3. Los dioses y sus fanáticos clavan en la tierra pronombres posesivos7.4. La Historia tiene el sentido de los propósitos de quien la cuenta7.5. La inmanencia de la fuente y la trascendencia del río7.6. Los buscadores de la costumbre7.7. Soñando alboradas de mañanas imposibles7.8. ¡¿El orden?! Nuestros sueños cifrados en palabras7.9. ¿El alba? Son destellos de nuestros sueños en la oscuridad7.10. De cómo le ponemos diques al mar de dudas7.11. El idioma de los dioses y su traducción7.12. Remamos contra el viento7.13. La última palabra

PRESENTACIÓN

Conocer algo de un autor puede ayudar a tener una visión más amplia y viva de su libro. Con matices: Aurelio no apreciaba demasiado «las crónicas de la cotidianeidad». Prefería «las parábolas para dar voz al yo interior». Coincide con Torga (poeta portugués) y a esa coincidencia se refiere al hablar del Diario escrito por este desde 1932 a 1993, en el que no hay ni una línea de ese tipo de crónicas.

El poema «Murmullos del manantial», al inicio de Siete madrugadas…, nos sugiere el objetivo y las herramientas que utilizará para lograrlo pidiendo «a todos los seres del mundo / palabras para dar ser y expresión / al ser que mora dentro de mí», sean estos seres riachuelos, árboles, rocas, pájaros o el bicho humano (le gusta nombrarlo así). En el camino se siente y nos hace sentir hermanados con lo que llamamos Naturaleza, con las personas.

Y es importante conocer algunos datos de su vida y entorno para entender esa relación de Aurelio con lo que lo rodea, vive y escribe. Nació y vivió su infancia en una aldea portuguesa, Martim Branco, en la región de Beira Interior, en abril de 1939. Actualmente habitan en ella algo más de una decena de personas. En la infancia de Aurelio, más o menos, eran un centenar. Una aldea, y su entorno, vital en el libro: los paisajes, sus dos riachuelos, rincones perdidos en las orillas de estas riveras, los pájaros (la totovía aparece en la primera página), las personas que trabajan y viven allí… Una zona llena de pueblos con una vida rural aún visible.

En la aldea no había escuela ni en su casa, libros. Pero por veredas, caminos y autopistas llegó a la universidad, donde estudió Geología (era un maravilla viajar con él: cada montaña, cada roca contaba una historia y explicaba un paisaje) y Filosofía. La Antropología le fue interesando cada vez más, por lo que en Río de Janeiro hizo el mestrado en Antropología cultural y, en Barcelona, el de Antropología económica. Esos estudios y su vida en varios países le proporcionaron una visión muy amplia de la realidad.

Y por los mismos y otros caminos, veredas y autopistas llegó a Coimbra, Lisboa, Brasil y recaló en Barcelona a partir de 1971. Los últimos años vivió entre Barcelona y Martim Branco, donde repartía su tiempo entre la escritura, las personas, la huerta y paseos por los campos, especialmente al amanecer. Su trabajo base fue el de profesor, tanto en Lisboa como en Brasil o en Barcelona.

Escribió mucho y desperdigado en varios medios: la urgencia de los tiempos y la de ganarse la vida en circunstancias difíciles. Escribía poesía y prosa. Decía que estaba aprendiendo a escribir poesía (en portugués; la prosa en general la escribía en castellano desde que vivía en España). A «siete madrugadas inmersas en el oficio de vivir humanamente» le dedicó varios años; hacía y deshacía. Buscaba la palabra exacta para lo que quería nombrar… Y sí, salía por «los caminos del ser» a buscar esas palabras para expresar lo que necesitaba y quería decir y entender y preguntarse. Es hermoso, por ejemplo, este momento de su caminar: «En el bancal de un olivo manzanillo, al lado de la vereda a media ladera, me paré asomado al balcón de mis ojos. Contemplaba la multitud de seres siendo».

Busca también en las palabras de otros porque «el que siendo un ser reflexivo carece de palabras para dar salida a sus pensamientos […] se reconoce un ser inviable: un ser con sentimientos, pero sin habla. […] Sin las palabras robadas, del gran libro del mundo y de algunos libros de poesía, no sería capaz de soportar el insomnio en la nocturnidad absurda».

Un libro para disfrutar su lenguaje, para hacernos dudar y alegrarnos por ello. Un libro de alguien muy culto y con los pies bien pegados a la tierra. Merece la pena leerlo.

(Aurelio murió en un hospital de Coimbra el día 13 de abril de 2009, tras un accidente de coche en las curvas de la carretera que iba a Martim Branco. Está enterrado en el cementerio de una colina, a dos pasos de su aldea.)

En el último capítulo, cita estos versos de Miguel Torga:

Certezas tengo pocas o ninguna.A lo sumo creo que la vida es un absurdo maravilloso,Y la muerte, un escándalo inexorable».

AURORA CASILLAS

PRÓLOGO DEL EDITOR

AURELIO MARTINS FUE UNO DE MIS MEJORES AMIGOS

Lo conocí en 1995, cuando un amigo común, Manolo Liañez, me habló de él. Descubrí poco a poco a una persona reservada, de una enorme calidad humana, un hombre discreto, poderoso, intelectualmente impecable, de un grado inmenso de autoexigencia ética y con una enorme necesidad de coherencia. Grandísimo amigo. Maravilloso anfitrión.

Era grande de cuerpo y de alma. Sobrio y generoso. Labrador de las cosas que nos ofrece la tierra y minero infatigable de su vida.

Sus cartas, su correo y sus reflexiones eran algo sólido, porque Aurelio fue una de las personas más sólidas que he conocido en mi vida.

Nuestras conversaciones han sido para mí como los grandes poemas: nunca llegué a entenderlo todo ni totalmente, porque era alguien de una inteligencia, bondad y coherencia superiores. Me mostraba cosas que yo, con tiempo, llegaría a comprender mejor.

Nos despedíamos siempre, y él, desde su madurez sabia, lucidez y reposo, me aconsejaba solo dos cosas: «defiéndete» y «que nada humano te cause demasiado dolor».

Me ha descubierto muchísimas cosas en la vida, y una de las más grandes es a Miguel Torga, el grandísimo autor portugués.

Viajamos juntos, comimos juntos, hablamos juntos… me abrió su ser, y hoy, Aurora, su compañera, es una de las personas a las que más aprecio y por quien siento muchísimo afecto. Por todo lo que ella significa para mí y por el enorme amor y respeto que él sentía por ella.

Muchas veces he pensado en que su muerte prematura era algo que no podía ni debía ser. Me dejó (a mí, como a todos) muy huérfano de su compañía. Porque Aurelio era presencia, solidez y esencia. Ligado a cosas reales. Nunca se volvió metafísico. No creo que nadie haya sido menos creyente. Y, sin embargo, nadie me ha enseñado mejor cómo creer en los humanos, a los que él miró siempre con mucha ternura y comprensión.

Podría escribir muchas más cosas, pero no parece necesario. Este libro que ahora editamos es mi modo de decir, en homenaje a Aurelio, que hay muchas cosas importantes y dignas en las vidas de las personas normales y, sin embargo, tan extraordinarias.

Aurelio fue, sin duda alguna, la persona que con mayor exigencia vivió la necesidad de vivir con dignidad.

Aunque él no fuese creyente y yo intente serlo tan bien como puedo, creo que debe haber (si la Vida tiene sentido de justicia poética), algo así como un Cielo desde el que él debe estar sonriendo, discrepando, humildemente, por mi creencia y necesidad de Cielo, y también por mi texto. No le agradaban los halagos.

Espero –sin prisa– que un día podamos reunirnos en algún lugar del Otro Mundo alrededor del mismo fuego con el que me acogió siempre en su casa.

No podré tener mejor amigo, ni aquí ni allá ni nunca.

JORDI NADAL, enero de 2021