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Maddie solo quería una pijamada secreta con sus mejores amigas. Pero, al despertar a la mañana siguiente, descubre que la ciudad entera ha sido abandonada. Sin electricidad. Sin teléfono. Sin internet. Sin nadie. Solo queda Maddie y un rottweiler llamado George. Y la inquietante pregunta de qué está pasando. A medida que los días se convierten en semanas, y las semanas en meses, Maddie tendrá que valerse por sí misma y aceptar que su supervivencia solo está en sus manos. Por ello, deberá aprender a encontrar refugio, comida y la manera de enfrentarse a la soledad. ¿Pero hasta dónde podrá llegar, en una ciudad fantasma y sin saber qué amenaza acecha?
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Seitenzahl: 177
Veröffentlichungsjahr: 2025
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UNA NIÑA OLVIDADA Y UNA CIUDAD VACÍA…
¿CÓMO SE SOBREVIVE CUANDO EL MUNDO HA DESAPARECIDO?
Maddie solo quería una pijamada secreta con sus mejores amigas. Pero, al despertar a la mañana siguiente, descubre que la ciudad entera ha sido abandonada.
Sin electricidad. Sin teléfono. Sin internet. Sin nadie. Solo queda Maddie y un rottweiler llamado George. Y la inquietante pregunta de qué está pasando.
A medida que los días se convierten en semanas, y las semanas en meses, Maddie tendrá que valerse por sí misma y aceptar que su supervivencia solo está en sus manos.
Por ello, deberá aprender a encontrar refugio, comida y la manera de enfrentarse a la soledad. ¿Pero hasta dónde podrá llegar, en una ciudad fantasma y sin saber qué amenaza acecha?
Sola ha sido galardonada con el Colorado Book Award, el High Plains Book Award y el Vermont Golden Dome Book Award. También ha sido incluida en numerosos premios estatales en Estados Unidos, consolidándose como una de las novelas en verso más impactantes y reconocidas de los últimos años.
Es una autora estadounidense de literatura infantil y juvenil, especializada en novelas en verso. Desde pequeña, desarrolló su pasión por la escritura gracias a la influencia de poetas que visitaban su escuela.
Antes de dedicarse por completo a escribir, Freeman fue una docente galardonada que impartió diversas materias a estudiantes desde primaria hasta la universidad, y obtuvo reconocimiento nacional por sus talleres literarios.
Además, es una poeta nominada al Pushcart Prize, autora de un chapbook titulado Lessons on Sleeping Alone, y miembro de varias asociaciones de escritores y poetas de Estados Unidos. Actualmente reparte su tiempo entre el norte de Colorado y la costa del Golfo de Texas.
Para Fiona Grace.
… el sonido de una voz humana.
No hay otro sonido así en todo el mundo.
Scott O’Dell, La isla de los delfines azules
Esta es mi realidad.
Sola en este lugar
en donde he sobrevivido
por mi cuenta
por más de tres años
sin nadie además de
un rottweiler grande y apestoso,
que se echa pedos
y acapara las cobijas.
(Tal vez pienses
que exagero,
pero no.
No estoy
“siendo dramática”,
como diría mi abuela).
Creí que, cuando
fuera adolescente,
estaría pensando
en obtener mi permiso de manejo,
ir a bailar,
jugar en el equipo de futbol
y besar.
Pero en lugar de eso
estoy pensando
en dónde hallar comida
y combustible
y agua
y en si debo usar un Mountain Dew
para bajarle al baño
o para beber,
aunque tenga el color
de la orina radiactiva
y sea probablemente tóxico
cuando se ingiere
durante periodos prolongados.
¿Es mejor estar radiactiva
o deshidratada?
Estas preguntas son
las que plagan
mi vida diaria.
Al menos por ahora.
Al menos
hasta
que mis padres
vuelvan.
(sust.) dicha; éxtasis; paraíso; gloria.
–¡Quítate los zapatos antes de entrar!
–grita mamá cuando abro la puerta de la cocina–.
Hoy trapeé.
Limpia restos de naranja de la cara del bebé.
–Cariño, sé que las reglas son distintas
con tu papá, pero
¿podrías esforzarte un poco más
cuando estés en nuestra casa?
A veces,
la forma en que me habla mamá
se siente como la etiqueta de una blusa
que me raspa la nuca.
Me quito los Converse plateados y andrajosos
y calculo cuánto más
tengo que ahorrar antes
de pedir un par personalizado
para mi cumpleaños trece.
Mamá me abraza.
–Lo siento, linda.
Me estoy apurando para irnos ya.
Me da gusto que hayas llegado.
–me extiende una taza llena con
zanahorias y apio picado–.
Seguramente mueres de hambre.
Aprieto la envoltura vacía de unos Twinkies en mi bolsillo.
Debo recordar tirarla más al rato.
Antes de la secundaria,
nunca había estado tentada a mentir.
Pero de un tiempo para acá
es como si eso facilitara las cosas
mucho más.
–¿Vas a salir así?
Mi horror se hace evidente.
Mamá trae puesta
la vergüenza estampada
que llama “pants para meditar”.
Siempre se pone algo vergonzoso
para charlar del dharma los martes por la noche.
Todos se sientan,
se quedan quietos
y aprenden a respirar.
Como si hubiera que
aprender a respirar.
Mamá hace esa cosa
de jalarme el pelo
para que sonría.
–Oh, vamos, cielo.
Se llama “meditación sentada”.
Si usara jeans como los tuyos,
me cortarían la circulación en las piernas.
Ahora que lo pienso,
¿tu papá vio que te pusiste esos
cuando saliste en la mañana?
¿Es en serio?
Mis jeans ni siquiera están ajustados.
¿Y qué si la forma
de mi celular
se estampa permanentemente
en un bolsillo?
El simple hecho de estar a veces
en un mismo cuarto con mi mamá,
incluso el sonido de su voz,
hace que sea difícil ser persona.
El auto de Paul aparece.
Mamá saca su cartera
de la pañalera.
–Gracias por cuidar a los niños, linda.
Volveremos temprano
a menos de que estén parando a la gente
en los puestos de control.
Definitivamente volveremos
antes del toque de queda.
Le da un beso a Trevor.
Llama a los gemelos.
–Niños, se van a la cama
a la hora de siempre.
¡Pórtense bien!
Dibuja un te amo
en dirección al comedor,
me manda un beso
y se va.
Trevor me sonríe desde su sillita.
Me extiende los brazos.
Me inclino.
Pretendo robarle la nariz.
Se deshace en carcajadas.
Me embadurna el cabello con puré de zanahorias.
Me hago una cola de caballo
con una liga.
Suspiro.
Adoro a mi hermanito,
pero
quiero ir al piso de arriba.
Checar el Plan del Fin de Semana.
–Ni por todo el dinero del mundo comería eso.
Elliott me sorprende.
Inusualmente callado.
Nunca lo escucho venir.
Lo intento sobornar para que le dé de comer a Trevor.
(Tengo otro Twinkie
en la mochila.
En la economía sin gluten
de mi extraña familia,
los Twinkies valen mucho
en el mercado negro
de los hermanastros).
Pero está ayudando a James.
El proyecto de ciencia.
No se deja comprar.
Tienen una de esas
extrañas conexiones de gemelos.
Se pueden leer la mente entre sí.
Además, que James sea sordo
me hace sentir incómoda.
Aun después de todo este tiempo.
Sé que no está bien
decirlo, pero bueno.
Lo dije de todos modos.
No ayuda que la mitad del tiempo viva
con papá y Jennifer.
Solía gustarme el descanso habitual
de las dietas antigluten
y las conversaciones mudas en la cena.
Hasta que Paul y mamá tuvieron a Trevor.
Ahora es como si me perdiera de algo.
Quiero mi propia conexión extraña
con alguien que pueda leer mi mente.
Mi bolsillo vibra.
Hago clic en el nombre de Ashanti.
6:55 p. m.
MISIÓN DEL FIN DE SEMANA EN MARCHA
Vamos
a mentirles
a nuestros papás
y a hacer
una
pijamada secreta.
Emma y Ashanti
dirán
que van a pasar
la noche en
la casa de la otra,
y yo le diré a mamá
que estoy con papá
y a papá
que estoy con mamá,
pero
pasaremos
la noche solas
en el departamento de verano
de mis abuelos.
Vamos a:
hacer palomitas
dormirnos súper tarde
ver las antiguas pelis glamurosas de Katharine Hepburn
recostarnos en la cama king size
dormir tanto como queramos
Sin que nadie nos regañe para:
levantarnos temprano
lavar la ropa
limpiar nuestra habitación
cambiar (apestosos y asquerosos) pañales
Somos. Unas. Genias.
Después de cenar,
Elliott se acerca sigilosamente.
–¿Me ayudas con mi reporte del libro?
Tengo problemas con mi tesis.
¿Tesis?
Va en cuarto grado.
¿Qué sabe él sobre redactar una tesis?
–Estoy en modo turbo.
(Mi familia es un circo de fenómenos).
Respira profundamente.
Comienza a explicar.
–El libro es La isla de los delfines azules
y trata de una chica que vive sola
por dieciocho años en una isla.
Ella salta de un bote y se rezaga
para salvar a su hermano, pero él se muere
y ella domestica un perro y luego hace un amigo,
pero en realidad está bastante sola
hasta que crece completamente y…
– ELLIOTT
–suelto, más áspera de lo que pretendía.
Sus manos se agitan.
Se mece a ambos lados.
Le ajusto el ala del sombrero.
Se relaja.
–Tengo que probar si su mayor desafío es
A. defenderse de los perros salvajes,
B. conseguir comida y refugio
o
C. aprender a confiar en un amigo.
No tengo frescos los detalles de la trama.
Le pregunto qué piensa él.
–Su hermano muere y ella se queda sola
–los ojos de Elliott se llenan de lágrimas–.
Los perros salvajes lo atrapan.
Mira hacia el comedor,
donde escuchamos a James trabajar.
Vaya. ¿Por qué dejan que los niños lean estas cosas,
incluso si están en modo turbo?
–Oye, Ell –le digo–, los perros salvajes asustan
y es terrible lo de su hermano,
pero si ella no tiene dónde vivir
ni comida que comer, no puede sobrevivir, ¿verdad?
Definitivamente su mayor desafío es B.
Elliott exhala.
–¿En serio? Yo también lo pensaba,
pero no estaba seguro. ¡Gracias, Maddie!
Sonrío.
Y pienso en el fin de semana que viene.
Nuestra propia Isla sin hermanos ni papás.
Completamente solas, con diversión y libertad ilimitadas.
No puedo esperar.
Batallo para que los chicos se vayan a la litera.
Trevor se acaba el biberón y se duerme
en la cuna al otro extremo de la habitación,
donde estoy acostada
en mi propia cama individual.
No me entusiasma compartir mi cuarto,
pero al menos ahora está en silencio.
Prendo mi laptop.
Videos de gatitos.
Dan marometas sobre
un paciente golden retriever.
Adorable.
Tan preciosos.
Escucho la puerta del garaje.
Cambio a un libro de historia en la compu.
Abro la carpeta.
Me recuesto sobre el estómago.
Pretendo estudiar.
Después de unos minutos,
Paul se asoma por la puerta abierta.
–¿Cómo va todo, pequeña?
Camina hacia la cuna de Trevor.
Arropa al bebé con su manta.
Gruño.
Frunzo el ceño al mirar mis notas en Cornell.
Dibujo un elefante en el margen.
(Mis amigas dicen que dibujo elefantes muy bien).
Paul lo intenta de nuevo.
–Es agradable tenerte aquí. Te extrañamos
las semanas que estás con tu papá.
Ni siquiera sé por qué soy tan grosera.
La voz gentil de Paul saca lo peor de mí.
–Agradecemos mucho que cuidaras a los niños
para que pudiéramos tener una cita. Gracias.
Hace una pausa.
Unos momentos incómodos.
Yo sigo dibujando.
–Bueno. Que descanses.
Paul sale de la habitación.
Cierra la puerta.
Exhalo.
Cierro la computadora de golpe.
Me acuesto de espaldas.
Miro el ventilador del techo.
Sigo el patrón de las aspas que se mueven perezosas.
El fin de semana tarda demasiado en llegar.
Me siento bien.
Nuevo top de rayas y leggings de mezclilla.
Chamarra de mezclilla. Mochila con estampado de flores.
Incluso dejé que mamá me diera un beso
cuando me fui a la escuela.
Inglés
(piloto automático)
Preálgebra
(piloto automático)
Sala de estudios
(lista de compras)
Ciencias sociales
(simulacro de encierro)
Artes
(progreso en el proyecto de fuga)
Español
(piloto automático)
Ciencias naturales
(piloto automático)
¡Hora de salir!
En bici hasta la tienda
(bocadillos, refrescos, pizza congelada).
Las bolsas cuelgan del manubrio.
Pausa de quince minutos en el cruce
para que los camiones militares atraviesen la ciudad.
Ahora los convoyes pasan diario.
Mamá siempre está oyendo las noticias
y escucha la información
sobre puntos de control y retrasos
y toques de queda por “medidas de seguridad”,
sea lo que que eso signifique.
La verdad, no entiendo por qué están tensos todos.
Son un montón de camiones transportando cosas,
no la Tercera Guerra Mundial.
Pedaleo hasta el departamento vacío de mis abuelos.
(Fue fácil conseguir la llave,
ya que papá tenía un juego extra
colgado en un ganchito
en el área de lavado.)
Los refrescos se enfrían en el refri.
La tele está encendida.
Los pies arriba de la mesa.
SÍ.
Para mamá 4:46 p. m.
cambio de planes
me quedo con papá para que me ayude con un proyecto de historia,
vuelvo mañana por la tarde, besos
Para papá 4:47 p. m.
cuidaré a los niños por mamá y P
te veo el domingo después de la iglesia? yo hago los waffles esta vez!
Mamá 4:50 p. m.
Porfa, pregúntale a papá si puede conseguirnos dos boletos para el concierto del jueves. Quisiera llevar a Paul por su cumpleaños. Buena suerte con el proyecto y no te desveles mucho.
Los boletos del concierto
son una buena idea.
Papá dirige.
Jennifer toca la flauta.
Paul no toca nada,
pero ama la música.
Papá 4:53 p. m.
Suena bien. ¡Yo quiero plátano y nueces en los míos! Asegúrate de cobrarle a Paul las horas extra por trabajar en fin de semana! Ja ja.
Te quiero.
Todo está saliendo a la perfección.
Emma 6:40 p. m.
no habrá pijamada!
Ashanti vomitó en el auto de su mamá
Yo 6:40 p. m.
iuu! Tú vienes?
dile a tu mamá que te quedas en mi casa
Emma 6:41 p.m.
lo intenté, pero llamó a tu mamá y le dijo que estabas muy ocupada con tu papá haciendo algo de historia. apesta! mejor la próxima semana?
Yo 6:41 p.m.
Un banquete de comida chatarra
se despliega en la mesa de café.
Tanto dinero y tanto riesgo
para que al final
no venga nadie.
Al menos no hay bebé que me despierte
y puedo dormir hasta mañana.
Me acomodo en el sillón y paso los canales
hasta que encuentro una peli vieja en blanco y negro.
Ginger Rogers baila tap con Fred Astaire
por un amplio estudio de baile.
Una orquesta invisible toca fuera de cuadro.
Ginger levanta la muñeca y su falda hace una espiral
como los pétalos de una flor tropical.
Su cabello perfecto cae sobre sus hombros
en olas tersas y elegantes.
Paso mis dedos por mis rizos enredados
y me estiro para alcanzar un Twinkie.
Mitad de la noche,
retumban los camiones,
afuera hay voces.
Agarro el control.
Apago la tele.
Me alegra que las luces estén apagadas.
Algo GOLPEA la puerta principal.
Doy un salto.
En el pasillo van y vienen pasos,
habla una voz desconocida
afuera de la puerta.
–¿Qué hay de esta?
–Vienen por temporadas –dice un vecino–,
solo están en verano y vacaciones.
Se alejan las voces.
Se cierran y se abren y se cierran
las puertas.
Me arrastro por el suelo.
Me agacho junto a la puerta.
Oigo que hablan en el piso de abajo.
Los perros ladran afuera.
¿Alguien está haciendo una fiesta?
Qué curioso,
pero no puedo arriesgarme a ser vista.
Evito las ventanas,
el sonido,
la luz.
Si me descubren aquí sola,
estaré castigada para siempre.
La preocupación invade el espacio.
Los sonidos se apagan finalmente.
Me arrastro de vuelta al sillón.
Levanto la manta de croché de la abuela.
Me siento en la oscuridad,
completamente despierta.
(adj.) desatendida; desamparada; olvidada.
El sol resplandece
en lo alto del cielo.
En mi mejilla está estampado el cojín del sillón,
siento mis dientes como con pelusa.
Me froto las lagañas de los ojos.
Tomo el resto de las palomitas.
Conecto el teléfono para cargar la batería muerta.
Los mensajes y las llamadas perdidas iluminan la pantalla.
Oh, rayos.
ALERTA DE EMERGENCIA 12:01 a. m.
ALERTA DE AMENAZA INMINENTE. SE ESTÁN IMPLEMENTANDO MEDIDAS DE SEGURIDAD REFORZADAS. SIGA LAS INSTRUCCIONES DE LAS AUTORIDADES LOCALES. ESTO NO ES UN SIMULACRO.
MENSAJE DE VOZ DE PAPÁ
“Hola, cielo. Siento mucho que esto sucediera tan rápido y que no tuvieramos oportunidad de ponernos en contacto, pero lo haremos cuando lleguemos, y entonces tu mamá y yo veremos la manera de planear las siguientes semanas, ¿está bien? Por mientras, no te asustes, estoy seguro de que esto es pura precaución. Jennifer dice que no te preocupes, porque empacó tus audífonos y tus jeans morados, y te los dará cuando te veamos. ¿Está bien, galletita? Te amo y te veré pronto. Asegúrate de ayudar a mamá con los chicos e intenta no preocuparte. Nos vemos”.
1:39 a. m.
MENSAJE DE VOZ DE MAMÁ
“Hola, cariño, habla mamá. Espero que puedas escucharme por sobre el llanto de Trevor. Realmente quería hablar contigo, pero me imagino que las cosas están igual de descontroladas como acá. Estamos intentando despertar a todos y movernos, y todo es un caos. Escucha, solo tengo un segundo, pero quiero que te asegures de estar con papá y no intentes venir a casa. Sería un alboroto intentar moverse ahora, y me preocupa que terminemos separadas en medio de la confusión. Quédate con papá y Jennifer, y los veremos cuando estemos allá. ¿Está bien, Maddie? Te amo con todo mi corazón, y no puedo esperar a verte. Dile a tu papá que yo lo llamaré”.
2:07 a. m.
MENSAJE DE VOZ DE MAMÁ
“Hola, nena, es mamá otra vez. Íbamos a irnos manejando por nuestra cuenta, pero parece que no es una opción, entonces parece que nos subiremos a uno de los transportes. No puedo contactar a tu papá, pero seguro que nos pondremos en contacto en el punto de embarcación. Si no, te veremos al llegar, ¿está bien? Intenta no preocuparte, nena. ¡Te amo!”.
2:21 a. m.
Emma 2:30 a. m.
gracias a dios que no hicimos la pijamada! no es una locura!? en qué transporte estás? llámame!!
Ashanti 3:03 a. m.
hola amiga!!! estoy asustadísima y no puedo creer que tuviéramos tanta suerte, imagínate que no hubiéramos estado en casa???? estamos formados para subir al #78, pero el tipo dice que está lleno, entonces no sé si alcanzaremos este. dónde estás? ojalá que estemos en el mismo transporte!
¿
Q
U
É
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S
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Á
P
A
S
A
N
D
O
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Marcado rápido. Mamá. Ahora.
Buzón de voz. (Maldición).
“¿Mamá? ¿Dónde estás?
¿Qué está pasando?
No estaba con papá anoche,
me quedé sola en el depa de la abuela.
Márcame, por favor, mamá.
¡Estoy preocupadísima!”.
MARCADORÁPIDOAHORA.
Buzón de voz.
“Papi, es Maddie, por favor, llámame de inmediato,
no sé qué está pasando y tengo miedo,
¡por favor, márcame, papá!”.
Emma:
Buzón de voz.
Ashanti:
Buzón de voz.
Mando
mensajes,
mensajes,
mensajes,
mensajes,
mensajes,
mensajes
a todo el mundo.
Y nada.
Busco el control.
Un presentador de noticias con rostro serio
habla a la cámara.
“…amenaza inminente que provoca evacuaciones…
estado de emergencia… prioridad máxima
para asegurar la patria… protección
de infraestructuras… oeste de Estados Unidos… seguridad
de la información… planificación de crisis y emergencias…”.
La tele muestra tierras de cultivo.
Soldados erigen filas y filas de tiendas de campaña.
Autopistas y embotellamientos por kilómetros.
La imagen cambia.
Cientos de personas adormiladas
hacen filas y esperan,
suben a autobuses militares,
camionetas, trenes, camiones.
Me fijo en la multitud,
buscando a familiares o amigos,
pero no reconozco a nadie.
Ni siquiera sé si
estoy viendo las imágenes
de Colorado.
El presentador de noticias continúa.
“…aviso de amenaza nacional… otros
en alerta de preevacuación… refugios
temporales en múltiples jurisdicciones… reducir
la vulnerabilidad… la seguridad de los ciudadanos
estadounidenses… siga sintonizándonos para más
cobertura de última hora de la Operación
Reubicar la Libertad…”.
El presentador de noticias desaparece
y un perro de caricatura le ladra a una ballena
en la pantalla.
Me arrodillo,
me arrastro hasta la ventana,
miro por el alféizar.
No hay nadie en el estacionamiento.
No hay nadie nadando en la alberca.
No hay tráfico ni autos en la calle.
No veo a nadie.
¿Qué clase de amenaza?
¿Nos están atacando?
¿Estoy en peligro?
Todo se ve normal afuera,
excepto por la ausencia
de personas.
¿De qué tipo de amenaza están hablando?
¿Por qué no pueden ser específicos?
Debo salir de aquí.
Debo encontrar a mi familia.
¿Es seguro?
Sea como sea, tendré que averiguarlo.
Me alejo de la ventana
y busco mis zapatos.
Pienso en el aire.
¿Y si la amenaza inminente está en el aire?
¿Si es algún tipo de veneno?
¿Debería estar respirando?
Pero ¿cómo no voy a respirar?
Tomo el pañuelo rojo del abuelo
del borde de su sombrero jardinero.
Lo desenrollo. Lo ato a mi rostro
y parezco un cirujano
de una película de ciencia ficción del viejo oeste.
Me abro paso hacia el pasillo
y olfateo.
No huelo nada, excepto
el aftershave del abuelo.
Bajo al exterior,
