Spinoza - Cristian Andrés Tejeda Gómez - E-Book

Beschreibung

¿Cuál es la mejor forma de gobierno? Una pregunta contraria al pensamiento de Baruch Spinoza. La premisa fundamental de esta investigación es que lo político en el autor puede ser leído como una tendencia en dos direcciones opuestas: ampliación de poder y concentración de poder. En ese sentido, el escrutinio político siempre debe ser determinado por los efectos que una determinada organización genera en el seno social y no como la búsqueda de un ideal de gobierno que sirva como modelo comparativo. Por eso, en la senda de Maquiavelo, Spinoza puede ser considerado un realista político. Este libro puede ser leído como una introducción a Spinoza y se delinean algunas ideas fundamentales para su estudio general. Pero también puede ser leído como una propuesta original para entender las claves de su pensamiento político.

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Seitenzahl: 209

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Cristian Andrés Tejeda Gómez

SPINOZA

ARTURO RODRÍGUEZ MORATÓY ÁLVARO SANTANA ACUÑA

La nueva sociología de las artes

Una perspectiva hispanohablante y global

DIEGO SÁNCHEZ GONZÁLEZY LUIS ÁNGEL DOMÍNGUEZ MORENO

Identidad y espacio público

Ampliando ámbitos y prácticas

FRANCISCO VALDÉS

La regla ausente

Democracia y conflicto constitucional en México

ROSSANA CASSIGOLI

Morada y memoria

Antropología y poética del habitar humano

EDUARDO RABOSSI

En el comienzo Dios creó el canon

Biblia Berolinensis

MARÍA PÍA LARA

Narrar el mal

Una teoría posmetafísica del juicio reflexionante

JOSÉ NUN (COMP.) Y ALEJANDRO GRIMSON (COLAB.)

Debates de mayo: nación, cultura y política

FRANCISCO DELICH

Sociedades invisibles

La cultura de la ingobernabilidad en América Latina

RAMÓN ALCOBERRO (COORD.)

Ética, economía y empresa

La dimensión moral de la economía

MANUEL CRUZ (COORD.)

Odio, violencia, emancipación

WALTER MIGNOLO

La idea de América Latina

TEUNVAN DIJK (COORD.)

Racismo y discurso en América Latina

Spinoza

Una política del cuerpo social

Cristian Andrés Tejeda Gómez

© Cristian Andrés Tejeda Gómez, 2020

© De la imagen de cubierta: «Ultimi Barbarorum», de Valeria Montecinos

Diseño de cubierta: equipo Gedisa

Primera edición: febrero de 2020, Barcelona

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

© Editorial Gedisa, S.A.

Avda. Tibidabo, 12, 3º

08022 Barcelona (España)

Tel. 93 253 09 04

[email protected]

http://www.gedisa.com

Preimpresión:

Fotocomposición gama, sl

ISBN: 978-84-18193-04-0

Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

Dedico este libro a las multitudes anónimas de la insurrección iniciada el 18 de octubre de 2019 en Chile. Ellas nos enseñan que articularse en la cooperación y la generosidad, que luchar por la vida, siempre es un acontecimiento mucho más dichoso que ser serviles ante la avaricia y el egoísmo de las élites políticas, militares y empresariales que nos gobiernan. Spinoza, como un pensador de la alegría, es contemporáneo a estas luchas.

Índice

Portadilla

Portada

Créditos

Dedicatoria

Índice

Agradecimientos

Iniciales y abreviaturas

Prólogo: ¿cómo describir el movimiento de las cosas?

Introducción: lo político como estrategia de concordia colectiva

1. Spinoza frente a su historia: radicalización del realismo político

2. La Ética: lugar fundamental de la escritura spinozista

2.1. Claves históricas de la interpretación spinozista

2.2. Cuadro de obras de Baruch Spinoza: crítica comparada

2.3. Constituir el pensamiento de Spinoza en la Ética

2.3.1. La naturaleza como poder constituyente: Dios produce tal como se expresa

2.3.2. Todo modo es «en» Dios: el individuo como grado de potencia

3. La definición de lo político en Spinoza

3.1. La inmanencia transgredida: la democracia en el TTP

3.2. El TP o lo político como expresión de la potencia colectiva: la multitud

3.2.1. Los elementos del poder constituyente de una política realista

3.2.2. Los regímenes de gobierno y su tendencia en dos direcciones opuestas: ampliación y concentración de poder

4. Spinoza hoy: diálogo con el presente

Conclusión: entender las acciones humanas antes que rechazarlas

Bibliografía

Agradecimientos

Agradezco a la Universidad de Los Lagos, a su Vicerrectoría de Investigación, al Proyecto de Mejoramiento Institucional (PMI 1503), al Convenio Marco FID 1758 y al director del Departamento de Educación por darme las facilidades y el apoyo para publicar esta investigación acerca del pensamiento de Baruch Spinoza.

Agradezco a la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID, ex Conicyt, Chile) por haberme otorgado las becas de Máster y Doctorado que permitieron desarrollar mi pasión por el estudio de la obra de Baruch Spinoza. Le agradezco también a ANID por el financiamiento otorgado a esta publicación mediante el proyecto Fondecyt iniciación n.º 11190552 «Homo suum sibi utile quaerit: el fundamento de la sociabilidad en la ética de Baruch Spinoza y sus consecuencias teóricas en el tratado político».

Agradezco a mis padres, Sonia Gómez y Héctor Tejeda, por haberme apoyado durante mis cuatro años de estudio de filosofía en la Universidad de Chile. Sin ese sostén, la alegre fiesta de la lectura y la escritura filosófica me hubiera soslayado.

Agradezco a mi familia: María Paz, Leonor e Isabella. Sin su ayuda, la sistematicidad de mi labor no hubiera sido tan prolija. Ellas ordenan mi trabajo.

Agradezco a mi hermano César por traspasarme el placer de la lectura. A mi amigo Rodrigo Martínez, quien me incitó a la lectura sistemática de Spinoza: la laetitia es la clave de la vida. A mi amiga Valeria Montecinos por su obra pictórica en portada y sus fotografías.

Agradezco a grandes amigos que leyeron este escrito y que con sus sugerencias mejoraron su pulcritud: Martín Quintana, Rodrigo Lagos y Rodrigo Martínez.

Prólogo: ¿cómo describir el movimiento de las cosas?

Henri Bergson señala que uno de los proyectos fundamentales de su filosofía es encontrar conceptos fluidos que eviten la práctica común de transformar la realidad en representación de estados y cosas. ¿Cómo describir el movimiento de las cosas si «nuestra inteligencia, cuando sigue su pendiente natural, procede por percepciones sólidas, de un lado, y por concepciones estables, del otro?» (2013: 211). Pensemos en un hombre, lo imaginamos, vemos sus contornos, podemos describirlo: cabeza, brazos, piernas, cabello corto y negro, tez blanca, adulto, alto. Sin embargo, lo que tenemos ante nosotros es un recorte de lo que ha devenido en tal resultado. Perdemos de vista que ese individuo infundido de una potencia interna de despliegue pasa de ser un embrión informe, similar al de otras especies animales, a ser un sujeto constituido, maduro y con todas las capacidades para adecuarse a su medio. En ese proceso, un esqueleto blando, flexible y esponjoso que ha permitido al feto plegarse en el útero, se torna en una estructura fuerte y rígida; los músculos se robustecen y el desarrollo de la motricidad fina permite el dominio de artes y oficios que necesitan de precisión para ejecutarse. No estamos solos: una cría humana necesita del cuidado de otros seres para sobrevivir a los peligros; le es necesaria la ingesta de alimentos para fortalecer esos músculos y esos huesos hasta las etapas adultas; poco a poco aumenta su capacidad de comprensión y su capacidad de hacer: modifica su entorno.

Pensemos otra vez en un hombre: todo este proceso, este movimiento, esta tensión se oculta tras el telón de la representación. Descorrerlo supone un esfuerzo, pero nuestra tarea es «invertir la dirección habitual del trabajo del pensamiento» (2013: 213). La fascinación de las filosofías de Bergson y Baruch Spinoza tal vez se explique por el deseo compartido de «instalarse en la realidad móvil, adoptar su dirección continuamente cambiante» (2013: 213). Mientras el pensamiento común se empeña en clasificar, numerar y archivar, la filosofía de Spinoza describe la constitución misma de la naturaleza, el desarrollo y el proceso mediante el cual las cosas llegan a ser. El Dios de Spinoza es una invención singular: es informe, es fábrica de creación, es potencia infinita, fuego eterno de cuyas llamas se forjan todas las cosas. Dios no comparte ninguno de nuestros rasgos: no quiere nada porque rebosa potencia; nada conoce porque no tiene una planificación detallada del destino de nuestra vida ni tampoco del universo. Dios como un volcán siempre activo escupe energía bullente. En contacto con el aire todo se solidifica y el resultado son formas de las más variadas: una roca, un reptil, un ser humano, una mosca, polvo, infinidad de creaciones. Dios nada representa: crea de manera inocente y no «para» ni «por» nosotros; no hace el Bien ni el Mal porque esos asuntos no designan nada real. Dios se diferencia en su interior y reúne todas las posibilidades de su infinita potencia: Dios es la naturaleza expresando su continuo proceso de despliegue creativo.

Entonces, ¿cómo describir el movimiento de las cosas junto con Spinoza? Desprendiéndonos de la idea común de que la filosofía se preocupa de los individuos ya constituidos: lo importante es el proceso mediante el cual esos individuos llegan a ser lo que son. Si la potencia es la esencia de las cosas, nosotros somos una parte de ese poder inscrito en la naturaleza. El despliegue de nuestras capacidades tiene un inicio, pero nadie es capaz de predecir su fin. Potencia es ejercicio efectivo de nuestras capacidades de hacer y pensar, pero también la posibilidad de entrenarlas para hacerlas aún más potentes. Potencia es movimiento, coordinación y relación. ¿Cómo logro potenciar todas mis facultades de forma adecuada? Son muchas las posibilidades: al componer una relación con un cuerpo alimenticio que me entrega energías suficientes para el día a día; puedo potenciarme al poseer la idea acerca de qué alimentos son más adecuados para mi dieta; pero también puedo hacerlo al componer una relación con otro o muchos otros individuos y conforme a las normas de concordia que nos hemos dado.

La filosofía de Spinoza es una filosofía práctica porque se inscribe en el plano de la vida. No necesita de ninguna ciudad celestial donde redimir los pecados ni tampoco de normas trascendentes que orienten nuestra conducta a un fin único. Toda aquella superchería nos condena a vivir en la superstición. La filosofía de Spinoza nos enseña la ruta mediante la cual autoconstituirnos en la alegría de vivir; pero pido a quien lee no confundir esta alegría con un optimismo vano. La alegría es conocer las cosas más útiles para nuestra conservación y experimentarlas tal cual se nos presentan. La frase «un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida» (Spinoza, 2011: p. IV, prop. LXVII, 389) debe ser interpretada como una invitación constante para crear nuevas formas de sensibilidad, nuevas formas de percibir y concebir que no solidifiquen la fluidez con que se nos presenta lo real. Si el pensamiento spinozista no es una meditación de la muerte es porque con ella sólo tenemos una opción: «re-presentárnosla». O es un infierno ardiente en el cual pagamos las culpas o bien es un lugar de descanso para quien ha obrado según las normas estipuladas: las posibilidades son múltiples de acuerdo con la cultura que investiguemos. En cambio, la vida se nos «presenta» de forma inmediata y es «aquí» donde desplegamos nuestra singular potencia para llegar a ser y comprender un mundo que por su constante movimiento a cada momento se nos escurre.

Introducción: lo político como estrategia de concordia colectiva

En un breve escrito titulado Spinoza y Foucault se sugiere la existencia de una relación espacio-temporal que habría motivado un giro en el pensamiento de ambos autores. «Un par de hipótesis a confirmar en fechas y en filologías nos dirán que ambos filósofos fueron apremiados por el acontecimiento político y que la conmoción holandesa de 1672 afectó a Spinoza de modo muy semejante a como la parisina posterior a 1968 lo hizo con Foucault» (De Salas, 2007: 453). Se sabe que entre Vigilar y Castigar y La Voluntad de Saber hay un largo silencio en la obra de Foucault que será superado por la reflexión de una tercera dimensión adyacente al saber y el poder: el de la subjetividad (Deleuze, 2015; Castro-Gómez, 2015). Quisiéramos partir de la evidencia que la hipótesis expuesta por De Salas tiene mucho sentido: la obra madura de Spinoza conformada por la Ética, el Tratado teológico-político (TTP)y el Tratado político (TP)sufre una torsión luego de la caída del gobernante Jan de Witt y la asunción de la familia principesca Orange-Nassau. Ese movimiento puede verse reflejado en el enfoque desde el cual él aborda la política en aquellas obras: en el TTP, por ejemplo, reconoce a la democracia como un ideal de gobierno mientras que en el TP prima el realismo para el análisis de lo político. Entre medio tenemos la Ética: Spinoza habría abandonado el proyecto de redacción de esta obra para diseñar el TTP, escrito militante, en el cual manifestaba un apoyo explícito a la república holandesa. Sin embargo, remecido por el asesinato de Jan de Witt, Spinoza abandonará todo vestigio normativo y diseñará al final de su vida una teoría política inmanente, sin tendenciar ninguna forma de gobierno. Al regresar a la redacción de la Ética, sin duda, los acontecimientos deben haber gatillado una renovada comprensión de su filosofía expuesta en orden geométrico,2 lo que se refleja en los dichos del TP, su obra póstuma.

Sin embargo, esta primera hipótesis biográfica no es la principal propuesta de este libro. Ella sólo sirve de sostén a su idea fundamental: que la política en Spinoza debe ser entendida como una tendencia en dos direcciones opuestas que llamaremos «ampliación de poder» y «concentración de poder». Se acuñan estos conceptos a partir de la interpretación del TP y teniendo en cuenta la importancia atribuida por el mismo Spinoza en la Ética a las nociones de inmanencia, potencia, cuerpo y afectos. La potencia es la esencia de la naturaleza completa y, por lo mismo, el atributo fundamental de lo político es el proceso de composición y descomposición de cuerpos ad infinitum. De ahí que en política no sea relevante descubrir la mejor forma de gobierno: más bien, el proceso de composición dará como resultado la potencia real de un cuerpo, que varía de acuerdo con los procesos internos (inmanentes) y a los encuentros reales efectuados por los actores políticos. Sostenemos, entonces, que aquello que permite forjar ambos términos es el uso que Spinoza hace de uno de ellos en un momento fundamental del TP: la única regla que ha seguido para determinar las formas de gobierno es dar a la multitud una «libertad suficientemente amplia» (amplam).

De esta forma, este estudio puede ser entendido de dos formas. Primero, como una interpretación del TP que da como resultado una teoría política de composición del cuerpo social como tendencia en dos direcciones opuestas. Pero, segundo, también puede ser leída como una introducción a la filosofía de Spinoza, pues sus tres escritos maduros contienen las principales directrices que dan vida a un pensamiento original y que no pueden ser soslayados al momento de hacer una interpretación general de su obra. Como otros han dicho, es imposible realizar una interpretación de la obra de Spinoza sin tener en cuenta que su obra monumental y el centro de toda su filosofía es la Ética. Esto descarta la posibilidad de convertir a Spinoza, por ejemplo, en un adalid del pensamiento liberal por su defensa de la democracia y de la libertad individual en el TTP. Pero también nos permite afirmar que para Spinoza lo político supone una estrategia de concordia entre los hombres: mientras más se amplíe el poder hacia el colectivo, menor es la posibilidad efectiva de que surjan fracturas en la organización de los asuntos políticos.

Este libro está compuesto por cuatro partes. En la primera, exponemos una breve biografía que será funcional a los intereses del escrito: pero sobre todo queremos comprobar cómo los sucesos políticos de la época incentivaron un giro en la concepción de lo político en Spinoza. Segundo, nos adentramos en algunos elementos comparativos de su obra completa y el lugar fundamental de la Ética en su producción, sin los cuales sería imposible dar una visión de conjunto y coherente de la obra spinozista. Tercero, exponemos los elementos fundamentales del TTP y sus limitaciones e incoherencias con respecto a las nociones fundamentales de la Ética. Vemos, al contrario, cómo el TP sigue de forma más fiel los principios de la Ética y fundamentamos por qué lo político desde el TP puede ser considerado una tendencia en dos direcciones opuestas: «ampliación del poder» y «concentración de poder». Cuarto, discutimos cómo los planteamientos spinozistas permiten un diálogo con la historia y cómo, de esta forma, Spinoza puede comprenderse como nuestro contemporáneo.

2. Nos referimos a la Ética, obra escrita según el estilo de la geometría: axiomas, definiciones, proposiciones, demostraciones...

1Spinoza frente a su historia: radicalización del realismo político

Señala Étienne Balibar que «las marcas de la coyuntura histórica son omnipresentes en el TTP, por lo cual, desde ese punto de vista no se puede leer como una obra “puramente teórica”, escrita en un solo registro» (2011: 23). El TP, en cambio, puede ser visto como una respuesta posterior a los acontecimientos históricos en la Holanda del siglo XVII y como el intento por concebir un tratado teórico político más coherente y formal. Por lo mismo, esta reseña histórica no tiene sólo la función de anteceder a la presentación de los pensamientos spinozistas. La intención es mostrar de qué manera los factores culturales e históricos-políticos influyen en el giro conceptual de la obra de Spinoza. Pero de forma más específica quisiéramos sostener que la coyuntura histórica que supuso la caída y el asesinato de Jan de Witt marcó su concepción de lo político.

El 24 de noviembre de 1632 nace en Ámsterdam Baruch Spinoza. «Su verdadero nombre de pila es el portugués Bento, en hebreo Baruj, en latín Benedictus» (Gebhardt, 2008: 43). Pierre-François Moreau (2014) señala que hay al menos tres componentes de la cultura de Spinoza que son importantes para entender el conjunto de su obra. Nosotros exponemos esos elementos en orden ascendente, según el impacto directo que tiene en la constitución de su pensamiento político (sin negar que esas dimensiones se superpongan).

1. La cultura literario-filosófica-científica: la Biblia y la literatura latina son los grandes referentes de su cultura literaria. Aunque hay rasgos de herencia de cultura clásica, la originalidad de Spinoza consiste en que los toma como datos y trata de explicarlos por medio de un proceso análogo al de la física. Lo que dice de Aristóteles, Platón o Tomás de Aquino pertenece al orden de la mención.3 Habría que considerar, sin embargo, a Descartes y los escolásticos holandeses como una fuente más profunda de inspiración (Moreau, 2014). El latín lo aprendió en Ámsterdam junto al profesor Franciscus van den Enden. No se sabe con certidumbre en qué época se habría realizado ese contacto, pero Steven Nadler estima que fue entre 1664 y 1665, antes de la expulsión de la comunidad judía.

Además de la educación en literatura y filosofía clásicas, los alumnos de Van den Enden eran con casi toda seguridad introducidos a temas más modernos, incluidos los desarrollos recientes en ciencia natural. Es probable que la familiaridad de Spinoza con los pensadores de los siglos XVI y XVII se iniciara bajo la tutela de Van den Enden, que pudo informarle de la nueva ciencia (Nadler, 2004: 161).

Las lecturas a que Van den Enden pudo introducirle son las de Bacon, Galileo y el renacentista italiano Giordano Bruno; también pudo dirigirlo hacia humanistas como Erasmo de Rotterdam y Michel de Montaigne (Nadler, 2004). En lo que se refiere a la vertiente científica, Spinoza estuvo bien informado sobre la matemática, la física, la medicina y el lenguaje. Aunque se trate de una cultura pasiva, Spinoza muestra mucho manejo de todo lo concerniente a las ciencias de su tiempo. Su correspondencia con Enrique de Oldenburg acerca de los experimentos de Robert Boyle,4 es una clara muestra de que establece relaciones con científicos connotados y que habla en un lenguaje preciso. Se muestra capacitado, por ejemplo, para discutir con interlocutores de conocimiento enciclopédico como Leibniz,5 y no olvidemos que se dedica al pulido de lentes y que su trabajo es admirado. Sus cartas son fieles testigos de su fascinación por estos objetos:

Por el mismo señor Huygens también supe que el doctísimo señor Boyle vive y que ha sacado a la luz en inglés ese excelente tratado sobre los colores y que me lo prestaría, si comprendiese la lengua inglesa [...] El libro sobre las observaciones microscópicas también lo posee el señor Huygens [...] Por cierto, me contó maravillas de estos microscopios y también de algunos telescopios, construidos en Italia, por medio de los cuales pudieron observar los eclipses de Júpiter, producidos por la interposición de sus satélites y, además, cierta sombra en Saturno, como producida por un anillo (Spinoza, 2007: XXVI, 131).

Decir que la naturaleza no es más que una producción regulada por leyes es uno de los resultados significativos de aplicación del método geométrico de exposición; método que ocupa, por cierto, para deducir de forma genética el orden de las cosas reales.6 Estos elementos, aunque importantes para explicar el sentido de la obra total de Spinoza, son de menor relevancia para lo que ahora nos convoca. Aunque bien sirven para exponer el origen de algunas de sus ideas que luego serán expuestas.

2. La cultura y el contexto religioso: doble confrontación religiosa es la que se vive en los tiempos de Spinoza. Primero, en el cristianismo abundan las controversias religiosas suscitadas por los diversos bandos: asoma un pensamiento libertino cada vez más fuerte y el pensamiento judío conoce un vigor importante. Segundo, el «descubrimiento» (utilizando el eufemismo europeo) de América y Oriente refuerza el pensamiento comparatista que hasta ese momento se nutría de las tres religiones monoteístas principales (Islam, Cristianismo y Judaísmo) o de la mitología antigua (Moreau, 2014). Pareciera que el último punto tiene menos importancia; sin embargo, se debe considerar que el 31 de marzo de 1492, mismo año del «descubrimiento» de América, España decide expulsar a los judíos que durante siglos habían tenido una próspera presencia en esas tierras y desde 1391 las arremetidas de odio popular contra los judíos fueron comunes (Nadler, 2004). Los Reyes Católicos firmaron un decreto que obligaba a los judíos a adoptar las creencias católicas (Yovel, 1995). «De la noche a la mañana, los judíos se encontraron ante la siguiente alternativa: o conversión o exilio. Y en el plazo de tres meses no quedó oficialmente en España ningún judío. La otra mayoría de los exiliados (unos 120.000) pasaron a Portugal» (Nadler, 2014: 22). El rey Joao II les ofreció asilo temporal a cambio de una tarifa. Sin embargo, la acogida en este último país sólo fue momentánea. Manuel, rey de Portugal, el 5 de diciembre de 1496, decreta la expulsión de los judíos y los musulmanes de sus tierras. Pero temiendo las posibles consecuencias económicas que tendría este destierro, decide el 4 de marzo de 1497, la conversión forzosa de todos los judíos y el bautizo cristiano para todos los bebés recién nacidos. Así, otra salida forzosa sufrieron muchos judíos hacia los Países Bajos (Nadler, 2004; Yovel, 1995). ¿Quién fue, entonces, Baruch Spinoza? Un heredero directo de las expulsiones contra los judíos de la península Ibérica. «El nombre “de Spinoza” (o “Despinosa” o “d’Espinoza”, entre otras variantes deriva del portugués espinhosa, que significa “de un lugar Spinoso”. La familia pudo haber sido en su origen una de aquellas que [...] huyeron de España a Portugal» (Nadler, 2004: 55). El padre de Spinoza, Miguel, nació en Vidigere, Portugal, en el año 1587 o 1588, quien se sabe pasó a administrar algunos negocios de su tío y suegro Abraham en Ámsterdam. Ese fue el lugar de nacimiento de Baruch Spinoza, un 24 de noviembre de 1632, criado en sus primeros años bajo la normativa de vida judía y en la próspera comunidad judeoportuguesa de aquella ciudad. «No cabe la menor duda de que Miguel desearía para su hijo —nacido, a diferencia de él, como judío de una floreciente comunidad judía— una buena educación» (Nadler, 2004: 94-95). Por eso mismo, se preocupó, por ejemplo, de inscribir a sus hijos en una hermandad educativa para garantizar la educación de los niños bien dotados. Se puede afirmar que su formación siguió, durante los primeros años, un contenido de marcada tendencia religiosa-judaica.

Spinoza asistió a la escuela Talmud Torah durante los primeros cuatro grados, hasta llegar a los catorce años. Se da por supuesto a veces que fue también instruido en las materias rabínicas, lo cual querría decir que cursó los niveles superiores de la escuela [...] Spinoza, sin duda, debió de destacar en sus estudios y adquirir a través de ellos un dominio de la lengua hebrea lo suficientemente sólido como para poder escribir más tarde su propia gramática hebrea, al igual que un profundo conocimiento de la Biblia y de las más importantes fuentes rabínicas (Nadler, 2004: 101).

Existe otro evento ligado a la religión que marca el recorrido posterior de su vida. El 27 de julio de 1656 fue leído en hebreo el decreto que excomulga a Baruch Spinoza de la religión judía (Gebhardt, 2007). Maldecido y acusado de ateo,7 las causas de tal medida son sus pensamientos heréticos acerca de la religión. «La persona bajo cherem