Sumisa por accidente - Dannya Menchaca - E-Book

Sumisa por accidente E-Book

Dannya Menchaca

0,0

Beschreibung

Arya Anderson trabaja como agente encubierto para la DEA, a sus veintiocho años no piensa en casarse y formar una familia, ella sueña con desmantelar todos los cárteles de drogas posibles, odia que traten de controlarla; lo que no se imagina es que su próxima misión le cambiará la vida por completo. Enzo Carusso, hijo de uno de los hombres más buscados por la DEA, tiene todo lo que Arya odia en los hombres, incluso tiene gustos específicos en cuanto al sexo se refiere, le gusta dominar a sus parejas, la manera en que se conocen provoca diferencias entre ellos, pero poco a poco las cosas cambian; a tal grado que Arya pone en peligro la misión en la que está trabajando.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 382

Veröffentlichungsjahr: 2022

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Dannya Menchaca

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1386-865-3

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

.

Dedico este libro a todas aquellas personas que han creído en

mí y me alientan cada día a seguir adelante.

Familia, amigos, lectores, sin ustedes esto no sería posible,

gracias por su apoyo incondicional y por todas las muestras de cariño.

Espero que disfruten otra más de mis historias y me acompañen a echar a volar la imaginación con esta emocionante aventura de Enzo y Arya.

CAPÍTULO 1

—Pido un aplauso para nuestro equipo de trabajo, por su excelente labor en desmantelar el cártel de los Ferrer.

Todos aplaudimos emocionados, mi compañero Benji se acerca y me abraza.

—Lo logramos, Arya.

—Claro, Benji, nadie puede con nosotros.

Hace tres años trabajo para la DEA, nuestra sede principal está en Washington, pero tenemos varios meses en California, trabajamos encubiertos para desmantelar un cartel de drogas muy importante en Tijuana, tuvimos que instalarnos por unos meses en California y ahora por fin volvemos a Washington para esperar nuevas órdenes.

Tengo veintiocho años y mi familia no deja de molestarme porque no estoy interesada en casarme, disfruto mucho de mi trabajo y la verdad corro mucho peligro cuando tengo que pasar como agente encubierto, además que es más el tiempo que viajamos que el que pasamos en nuestras casas, aunque tengo mi apartamento paso más tiempo con mis padres cuando llego a estar en Washington, mi padre es un detective del FBI retirado y mi madre es enfermera, tengo una hermana mayor que tiene dos preciosas niñas, se la pasan diciéndome que tengo que sentar cabeza pero yo prefiero seguir con mi vida como hasta ahora, no podría tener una relación estable si tengo que viajar constantemente.

—Arya, vamos a tomar unas cervezas para festejar ¿quieres acompañarnos? Sabemos que mañana salimos temprano a Washington por lo que solo será un rato.

—Está bien, Benji, vamos.

Nos vamos todo el equipo a celebrar, usualmente uso pantalón gris y camisa negra como uniforme, todos nos vamos al bar así vestidos, al entrar no pasamos desapercibidos, todas las personas en el bar nos voltean a ver, Benji es mi compañero, es un hombre muy grande, moreno, pelo corto y aunque es agradable impone un poco por sus músculos.

Yo por el contrario soy de estatura media, tengo un buen cuerpo porque entreno muy duro, ya que para mi trabajo en algunas ocasiones necesito la fuerza física, tengo elcabello largo, rojizo y la mayoría del tiempo lo tengo recogido, mis ojos son verdes de un color muy claro, mi piel es muy blanca.

—¿Arya, quieres una cerveza?

—Sí, Benji, gracias.

Empezamos a tomar y a conversar de todo un poco, somos un equipo algo grande, pero solo somos dos mujeres, nos acomodan en una mesa y yo me levanto al baño, cuando salgo está un hombre muy tomado en la puerta.

—¿No me digas que eres policía?

—No, no lo soy.

Se me acerca tanto que puedo oler su horrible aliento.

—¿Y ese uniforme qué significa?

—Que trabajo para la DEA.

Le contesto señalando las letras de mi blusa.

—Para el caso es lo mismo, para mí sería muy fácil domar a una mujer como tú.

Yo sonrío.

—¿Ah sí? No me digas.

—Por supuesto, se creen muy listas y quieren ser como nosotros pero aún les falta mucho.

Yo suelto una carcajada.

—Pues no creo que ninguna mujer quiera ser como tú.

—¿Acaso quieres que te demuestre de lo que soy capaz?

—Inténtalo.

En eso Benji viene y se queda observándonos, el borracho trata de tomarme de la cintura y yo rápidamente lo detengo, le doy la vuelta torciendo su mano, ni siquiera tengo que hacer mucho esfuerzo.

—Eres muy poco hombre para domar a una mujer como yo.

—Suéltame ¿estás loca o qué te pasa?

Tuerzo más su mano y él grita.

—Suéltame te voy a demandar.

—Muy bien, demándame, pero antes de querer domar a otra mujer, fíjate con quién te metes, y en tu vida vuelvas a decir que las mujeres queremos parecernos a basuras como tú.

Lo suelto y se mete con prisa al baño de los hombres, Benji se acerca.

—No puedo creerlo, no te puedes quedar sola porque ya estás atrayendo problemas.

—Según él quería domarme y le dije que lo intentara, parece que no pudo.

Benji sonríe.

—Al paso que vas me voy a tener que casar contigo para que no te quedes solterona.

Suelto una carcajada.

—Ya quisieras tú.

Regreso con mis compañeros sonriendo y seguimos tomando y festejando hasta muy tarde, todos nos estamos quedando en el mismo edificio así que volvemos juntos y cada quien se va a su habitación.

Empiezo a preparar mi maleta para mañana estar lista para volver a Washington, me quito el uniforme y me quedo en ropa interior, nunca me ha gustado usar pijamas, con las cervezas que me tomé me siento muy relajada por lo que no tardo mucho en quedarme dormida.

Por la mañana me doy una ducha y me pongo mi uniforme, al salir del apartamento todos estamos listos y nos vamos al aeropuerto, después de dos horas de viaje por fin llegamos a Washington, el jefe nos dio una semana de descanso en lo que nos avisan de la nueva misión.

—¿Arya, te llevo a tu apartamento?

—Sí, Benji, por favor.

Nos vamos en la enorme camioneta de Benji que siempre la deja en el estacionamiento del aeropuerto, según él es más seguro dejarla ahí.

—¿Qué harás está semana de descanso?

—Creo que dormir y comer ¿y tú, Benji, qué harás?

—Buscar a mi ex para no sentirme tan solo.

—Qué exagerado ¿acaso crees que no me di cuenta de que Yara se quedó unos días contigo en tu apartamento?

—Me gusta, pero no sé si sea buena idea, nos exponemos demasiado, además que no es bueno mezclar las relaciones con el trabajo.

—Pues si no lo intentas no lo sabrás.

—No estoy seguro.

—Entonces no te gusta tanto como dices.

—Tal vez.

Me deja en mi apartamento y en cuanto llego se asoma mi vecino Flavio.

—Hola, Arya, ya te extrañaba.

—Hola, Flavio, ya ves, por fin volví.

—¿Atrapaste muchos maleantes?

—Se podría decir que sí.

En eso viene llegando una chica muy guapa y le da un beso.

—Bueno, Arya, espero que nos veamos pronto.

Yo sonrío y entro a mi apartamento, Flavio es un chico agradable pero es un picaflor, en alguna ocasión me pretendió pero nunca le hice caso, aunque no quiero tener ninguna relación formal no me gustan los mujeriegos, prefiero evitarlos.

Saco mi ropa de la maleta y empiezo a acomodarla, me quito el uniforme y me pongo ropa cómoda, tengo que ir a comprar la despensa porque está vacía, pero me siento cansada así que pido una pizza y me pongo a ver la televisión en lo que llega.

Estoy tan concentrada viendo la televisión que pego un brinco cuando escucho el timbre, salgo a recoger la pizza y me pongo a cenar, en ocasiones como esta es cuando pienso que tal vez sí debería casarme y formar una familia, no me gusta mucho estar sola, estoy acostumbrada al ruido que hacen mis compañeros y cada vez que termina una misión siento como si algo me faltara, en fin dejo de pensar tonterías y me voy a descansar temprano, por que mañana quiero ir a ver a mis padres, me quito la ropa y me acomodo en la cama, después de dar varias vueltas por fin me quedo dormida.

Por la mañana me despierto más animada, me doy una ducha y me voy a casa de mis padres, en cuanto llego sale mi padre emocionado y me da un abrazo.

—¿Hija, qué tal te fue en tu misión?

—Muy bien, papá, como siempre.

—Esa es mi niña.

En eso sale mi madre de la cocina y se acerca a abrazarme.

—Ay no, Arya, si sigues con esas misiones te vas a quedar soltera para siempre.

Abrazo a mi madre y le doy besos.

—Mamá, ya eres abuela ¿para qué quieres que yo me case?

—Arya, siempre hace falta tener un compañero en tu vida, hija.

—¿Para qué?

—Para que te cuide y te proteja.

Yo pongo los ojos en blanco.

—Eso lo puedo hacer yo sola.

—Que tengas un hombro donde dormir en las noches.

—Y después amanecer torcida del cuello, mamá.

Mi papá suelta una carcajada.

—Arya, eres imposible, y tú, Anton, deja de seguir solapándola.

Mi madre regresa a la cocina indignada y mi padre se acerca y me besa la frente.

—Estoy tan orgulloso de ti, hija, el comandante me llamo para felicitarme por tu trabajo, y ese muchacho Benji es un excelente compañero me alegro mucho de que esté contigo.

—Gracias, papá, y sí, Benji es un excelente compañero, tengo mucha suerte de que él esté conmigo en las misiones.

—¿Sabes algo de la próxima misión?

—No, papá, tenemos una semana de descanso.

—Perfecto, hija, tú descansa que tengo entendido que será algo muy grande.

—¿De verdad?

—Sí, hija, al parecer hay un cartel de unos rusos que está operando en la frontera de Texas, pero es algo bastante grande, es muy probable que los manden para allá.

—Bueno pues ya veremos qué pasa.

En eso nos habla mi madre.

—Vengan a desayunar que ya está todo listo.

Mi padre y yo nos vamos al comedor, y empezamos a desayunar, todo está delicioso mi madre es la mejor cocinera del mundo, creo que yo salí a mi padre porque no sabemos ni hacernos un sándwich decente.

—Mamá, todo está delicioso.

—Ya te preparé algunos contenedores para que te los lleves, no quiero que sigas comiendo comida chatarra como siempre.

—Gracias, mamá, eres la mejor.

—Sí, ¿y por qué no me dices eso cuando te digo que cambies de trabajo?

—Porque sí eres la mejor mamá del mundo, pero me encanta mi trabajo.

—A ti y a tu padre les gusta tenerme muriendo de nervios.

Mi padre le sonríe.

—Mujer, no seas exagerada, es un trabajo como cualquier otro.

—Sí, cómo no, a ver por qué no fuiste contadora o doctora o chef.

Mi padre suspira.

—Porque Arya es como yo, le gustan las cosas al extremo y Mayte es como tú, le gusta todo muy tranquilo, por eso es maestra porque es muy paciente.

Antes de que empiecen a discutir por mi culpa los interrumpo.

—¿Mamá, y cómo están las niñas?

—Preciosas, hija, cada vez más grandes, la próxima semana será la fiesta de cumpleaños de Agnes, espero que aún estés aquí.

—Yo creo que sí, mamá, tengo muchas ganas de verlas.

Tengo dos sobrinas, una va a cumplir tres años, y la otra tiene seis, mi hermana se casó con un banquero, que a mí nunca me ha caído bien, no dejó que yo fuera la madrina de las niñas, por que según él no soy un buen ejemplo, mi hermana y yo somos muy parecidas las dos pelirrojas pero ella tiene los ojos cafés, también mi cuerpo es un poco más proporcionado que el de ella, a veces me cuesta trabajo esconder mis encantos en mi chaleco antibalas, ella se queja de no tener y yo de tener de más, en fin, suele suceder.

—Voy a llamar a Mayte para que vengan a comer ¿te quedarás todo el día verdad?

—Sí, mamá, tengo que ir a comprar la despensa pero lo haré más tarde.

—¿Y qué vas a comprar? ¿Comida congelada?

—Sí, mamá, y también sé preparar sándwiches de crema de cacahuate.

Mi mamá suelta una carcajada.

—¿Qué voy a hacer contigo, Arya?

—Prepararme más contenedores para la semana.

Mi madre se acerca y me da un beso.

—Si no te quisiera tanto te diría que no.

—Pero como sí me quieres y soy tu consentida me vas a decir que sí, ¿verdad?

—Sí hija, no me queda de otra, hasta en eso te pareces a tu padre, de todo me convencen.

Mi padre y yo sonreímos.

—Ven hija quiero mostrarte algo.

Acompaño a mi padre a su oficina y saca una carpeta del cajón de su escritorio.

—Mira, hija, lo que me mandaron ayer.

Lo abro y me sorprendo porque en unos meses le harán entrega de una medalla de honor por su excelente trabajo, tiene muy poco tiempo que se retiró y yo creo que aún se le hace extraño.

—¿Ya lo sabe mi madre?

—No, hija, quería que fueras la primera en saberlo.

—Me alegro tanto, papá.

Me acerco y lo abrazo.

—Eres un gran ejemplo, gracias por ser el mejor papá del mundo y trabajar tan duro siempre para que nada nos faltara.

—Ay hija, tu madre y ustedes son lo mejor que me ha pasado en la vida, y aunque extraño mi trabajo disfruto mucho pasar tiempo en casa haciendo cosas que no hacía antes, ahora puedo disfrutar de ir a cenar con tu madre o ir al cine.

—Me alegro, papá, te prometo que aunque este en alguna misión haré lo posible por venir.

—No te preocupes, hija, yo entiendo perfectamente tu trabajo.

En eso escuchamos a mi hermana que llega conmis sobrinas, en cuanto salgo la mayor de ellas, Mirta de seis años, corre a mis brazos.

—Tía Arya.

—Hola, preciosa.

La abrazo y la beso, Mirta se parece a su papá, tiene el cabello negro y ojos color miel, mi sobrina más pequeña Agnes tiene dos años, ella se parece a mi hermana, es pelirroja y tiene los ojos cafés, está abrazada a la pierna de mi hermana.

—¿Agnes, no me vas a dar un abrazo?

Ella asiente chupando su dedo, me acerco y la subo en los brazos para darle besos.

—Hola, Arya, me da mucho gusto verte.

—Mayte, estas niñas cada vez están más hermosas.

Mi hermana se acerca y me da un abrazo.

—Estás muy delgada.

Mi mamá sale de la cocina.

—¿Y cómo no? Si solo come decentemente cuando viene aquí.

Mi hermana sonríe.

—¿Cuándo piensas sentar cabeza?

Yo pongo los ojos en blanco y tuerzo la boca.

—Más sermones no por favor.

—Deberías casarte con Benji, es muy agradable.

—No, claro que Benji es agradable pero solo es mi compañero de trabajo, además está lleno de tatuajes y eso no va conmigo no me agradan en absoluto.

—Eres muy exigente, así nunca me darás sobrinos.

—Y para qué quieres sobrinos si tienes estas dos princesitas.

Abrazo a mis sobrinas y ellas sonríen emocionadas.

—¿Mamá, estás segura de que Arya es mujer?

—Ay hija, qué cosas dices, claro que es mujer.

Yo sonrío.

—Digan lo que quieran, no pienso casarme.

Paso la tarde jugando con mis sobrinas.

—¿Mayte, por qué Agnes aún no quiere hablar?

Ella voltea a verme muy triste.

—Al principio pensé que era tímida porque sí decía algunas palabras pero después dejaba de hablarlas, la llevé al doctor y después de varias pruebas le diagnosticaron autismo.

Yo me sorprendo mucho pero en realidad no sé mucho del tema, para mí, mi sobrina es como las demás niñas de su edad solo que un poco retraída.

—¿Cómo te sientes respecto a eso?

—Bueno, yo siendo maestra sabía que algo no estaba bien pero no pensé que fuera algo así ya que ella aunque es tímida sí le gusta jugar con sus compañeritos, no quise pensar en esa posibilidad, en realidad su problema es solo el lenguaje y a veces se pone un poco mal por lo que no era muy fácil saberlo.

—Lo siento, Mayte.

—La verdad es que estoy tranquila, ella está tomando terapias y está avanzando mucho, por lo que creo que puede llegar a tener una vida normal.

Yo la abrazo.

—Estoy segura de que lo hará, es muy inteligente.

—Adriano no lo tomó muy bien, dice que seguramente es culpa mía por consentirla demasiado.

—Discúlpame, hermanita, pero ese hombre está completamente loco, siempre acusándote de cualquier cosa, no sé cómo lo puedes aguantar.

Ella se queda pensativa y yo vuelvo a abrazarla.

—Cuentas conmigo para lo que necesites y estoy segura de que Agnes saldrá adelante, ya verás cuando esté hablando como una periquita igual que Mirta.

—Gracias, Arya, aunque te moleste con que te cases en realidad no sabes lo orgullosa que me siento de ti, que seas tan fuerte y con ese carácter que no se deja pisotear por nadie, además nunca olvides que te quiero muchísimo.

—Yo también te quiero, Mayte, eres la mejor hermana del mundo.

Mi madre se acerca emocionada.

—Y yo las amo a las dos.

—Bueno yo tengo que irme antes de que me hagan llorar, aún no compro la despensa y la verdad es que estoy agotada.

—Arya, me gustaría visitarte estos días antes de que te vayas a tu siguiente misión.

Me lo dice un poco triste por lo que me imagino que quiere platicar conmigo de algo importante.

—Claro, Mayte, cuando quieras.

Me despido de mis padres y beso a mis sobrinas antes de irme, paso a la tienda por algunas cosas y cuando regreso al apartamento Benji me está esperando en su coche, bajo las bolsas y le hago señas para que se baje.

—Hola, Arya, déjame ayudarte.

—¿Qué haces aquí, Benji? ¿A poco ya me extrañas?

—No, bueno un poquito nada más no te lo voy a negar, pero vengo a darte una mala noticia.

Entramos al apartamento y dejamos las bolsas sobre la mesa.

—¿Qué pasa?

—Ya tenemos la misión nueva.

—¿Y cuál es la mala noticia?

—Que nos iremos este fin de semana.

—Pero si acabamos de regresar, aún no me repongo de la misión anterior.

—Pues al parecer es algo urgente y según el jefe somos el mejor equipo.

—Bueno si no hay de otra ¿ya cenaste?

—No.

—Mi madre me dio comida ¿quieres acompañarme a cenar?

—Siendo así por supuesto, tu madre cocina delicioso, deberías aceptar ser mi novia para poder ir a comer a casa de tus padres todos los fines de semana.

Yo suelto una enorme carcajada.

—Puedes ir a comer sin que seas mi novio.

—Pero habría más confianza siendo familia.

—Estás loco, Benji.

Calentamos la comida y nos ponemos a cenar mientras platicamos un poco de la misión, estamos por terminar cuando tocan la puerta con mucha insistencia, por instinto Benji se pone de pie y toca su arma.

—Calma, Benji, déjame ver quién es, no seas paranoico.

Me acerco a la puerta y mi hermana está llorando muy asustada, abro rápidamente y se arroja a mis brazos.

—¿Mayte, pero qué tienes?

Las niñas nos observan asustadas y Benji me hace una seña.

—Niñas, qué les parece si van con mi amigo Benji para que les ponga dibujos animados en la televisión.

—Sí, tía, ¿mi mamá está bien?

Me pregunta Mirta preocupada.

—Claro, preciosa, ella está bien, vayan con Benji.

Se las lleva y yo siento a mi hermana.

—¿Qué pasa, Mayte?

—Adriano, discutimos y quiso golpearme.

—Pero cómo se atreve ese pedazo de imbécil.

—No quiero volver a casa con él, últimamente discutimos por todo y ha intentado pegarme varias veces.

Yo la abrazo.

—¿Puedo quedarme aquí? No quiero molestar a mi papá, tú sabes lo que es capaz de hacer.

—Claro que puedes quedarte aquí el tiempo que necesites.

—Gracias, Arya.

Después de unos minutos entra Benji a la cocina.

—Las niñas están dormidas.

Mi hermana lo ve y se pone roja.

—Gracias, Benji, y qué vergüenza que tuviera que ver todo esto.

—No sé preocupe, Mayte.

Se queda viéndola preocupado.

—Arya, me voy, en estos días te llamo para ponernos de acuerdo.

—Está bien, Benji, muchas gracias.

Él se despide con un movimiento de cabeza y se va.

—Bueno, vamos a acomodar a tus princesas en la habitación de huéspedes.

—No podré hacerle la fiesta de cumpleaños a Agnes.

—Por eso no te preocupes, ya habrá tiempo de festejarle después.

CAPÍTULO 2

Después de acostar a las niñas le presto una pijama a Mayte y me pongo también una, a ver si puedo dormir, me acomodo en la cama y en eso entra Mayte, se acomoda a mi lado y me abraza.

—Sabes que Adriano y yo siempre hemos tenido problemas, pero desde que nació Agnes todo empeoró, mi pequeña siempre ha sido diferente, incluso no se le acerca, según él no es una niña normal.

—¿Por qué no te has separado de él?

—Por miedo, Arya, a enfrentar la vida yo sola con dos niñas, después del diagnóstico de Agnes pensé que iba a necesitar algún tipo de cuidado especial y tenía miedo de no poder hacerlo yo sola.

—Pero mis padres y yo no te dejaríamos sola.

—Lo sé, pero no quería molestarlos.

—¿Qué piensas hacer?

—Pedirle el divorcio, no quiero que Agnes crezca con el rechazo de su padre, tengo que buscar dónde vivir.

—Por eso no te preocupes, quédate aquí el tiempo que necesites.

—Adriano no va a querer darme el divorcio.

—Tienes que buscar un buen abogado.

—Sí, lo haré, creo que con esto menos vas a querer casarte ¿verdad?

—Pues la pensaría mucho, no me quiero topar con un hombre como Adriano.

—Está muy cambiado, pienso que tiene a otra mujer o anda en malos pasos, últimamente se la pasaba nervioso y salía mucho de viaje, también recibe muchas llamadas de otros estados.

—Todos los hombres son iguales definitivamente.

—No, Arya, sí hay buenos, mira mi padre.

—Él es el único que es una excepción.

Ella me sonríe y me da un beso.

—Te dejo descansar, gracias por todo.

—No tienes nada que agradecer, siempre voy a estar aquí.

Sale de la habitación y me acomodo de nuevo en la cama, pobre Mayte pero en realidad Adriano nunca fue santo de mi devoción, después de un rato de estar pensando en cómo puedo ayudarla por fin me quedo dormida.

Por la mañana escucho muy temprano a las niñas sonriendo, me arreglo un poco y cuando salgo me sorprendo porque está Benji en la cocina con ellas.

—Buenos días.

—Hola, Arya, espero que no te moleste que viniera tan temprano, les traje desayuno a las niñas.

Mi hermana lo está viendo embobada mientras él sigue hablando.

—No me voy a molestar si a mí también me trajiste algo.

—Claro, tus hot cakes favoritos.

—Entonces no hay necesidad de retarte a un duelo.

Benji suelta una carcajada.

—Igual perderías, pero no quiero quedarme sin mi compañera de trabajo.

Sonrío y me siento junto a mis sobrinas y empezamos a desayunar, mi hermana prepara café y a las niñas les da un vaso con leche, en eso tocan la puerta.

—Yo abro.

Cuando me asomo por la mirilla veo a mi cuñado Adriano, abro la puerta y me empuja para entrar.

—¿Dónde están mi mujer y mis hijas?

—En primer lugar no grites, las niñas están desayunando.

Empieza a caminar a la cocina y yo lo detengo.

—Si quieres hablar con Mayte tendrás que esperarla aquí.

—Tú no me vas a decir lo que tengo que hacer.

Adriano es un hombre alto y delgado, pero a mí no me impone ni Benji, que es realmente grande, lo tomo del brazo y le doy la vuelta para pegarlo a la pared.

—Te dije que esperes aquí, si con Mayte haces lo que te da la gana conmigo no.

Se queda parado en la puerta sorprendido por la manera en que lo sometí, entro a la cocina y le hago una seña a Mayte, en cuanto ve a Adriano se borra la sonrisa de su cara.

—¿Qué quieres, Adriano?

—Mayte, necesitamos hablar.

Voltea a verme.

—Déjanos solos, Arya.

—¿Estás segura?

—Sí.

Vuelvo a la cocina y como las niñas ya terminaron de desayunar las llevo a la sala para que vean la televisión.

—¿Quién llegó?

—Adriano, el esposo de mi hermana.

Estamos tomando nuestro café cuando escuchamos gritos y un golpe, los dos nos levantamos rápidamente y al llegar al recibidor Mayte está en el suelo sobándose la mejilla.

Benji toma del cuello a Adriano y lo pega a la pared con fuerza.

—¿Cómo te atreves a ponerle una mano encima a tu mujer?

—¿Tú quién diablos eres?

Me pongo de pie furiosa y hago a Benji para atrás, suelta a Adriano y se queda pegado a la pared, me acerco a él y antes de que pueda pensar le doy con la rodilla en sus partes.

—No vuelvas a ponerle una mano encima a mi hermana, si vuelves a hacerlo te juro que yo misma me encargaré de volarte de un disparo lo que sea que tengas ahí donde te estás sobando.

Benji lo levanta como un trapo abre la puerta y lo avienta.

—No te vuelvas a acercar a Mayte porque si Arya no te dispara yo sí lo haré.

Le da una patada en el trasero y cierra la puerta, se acerca a Mayte preocupado.

—¿Estás bien?

Ella asiente limpiándose las lágrimas.

—No puedes quedarte sola aquí cuando yo me vaya.

—¿Te irás pronto?

—Sí, el fin de semana.

Ella baja la cabeza muy triste.

—Es mejor que te quedes con nuestros padres, papá no dejaría que Adriano se acerque a ti.

—Sí, tienes razón.

—No me gustaría meterme pero deberías poner una denuncia para que no se acerque a ti o a tus hijas.

—Mayte, creo que Benji tiene razón.

—Sería muy bueno si lo hicieras ahora, ya que tienes la prueba de un golpe.

—Pero las niñas.

—Yo te puedo llevar, además seré testigo, siendo un agente de la ley eso puede ayudar.

—Ve, Mayte, yo me quedaré cuidando a las niñas.

—Está bien, voy a cambiarme.

Mi hermana se va y yo volteo a ver a Benji que nunca lo había visto tan enojado.

—Gracias, Benji.

—No tienes nada que agradecer, tú sabes que a mí no me gustan las injusticias.

—Lo sé.

—Oye, Adriano no fue a la cena que me invitaste una vez en casa de tus padres ¿verdad?

—No ¿por qué?

—Es que creo que lo he visto en algún lado pero no recuerdo dónde.

—Trabaja en un banco, tal vez ahí.

—Sí tal vez.

En eso sale Mayte, se van ella y Benji, yo me voy con mis sobrinas y Agnes en cuando me ve me abraza las piernas, yo la siento en mis brazos y nos quedamos viendo televisión por un rato más, Agnes se queda dormida viendo la televisión, le doy un beso y voy y la acomodo en la cama, es tan parecida a mí y a mi hermana que me inspira mucha ternura, cuando vuelvo a la sala Mirta se sienta a mi lado.

—Tía, yo no quiero volver con mi papá a su casa.

La abrazo y acaricio su cabello.

—No van a volver, pequeña.

—¿Nos podemos quedar aquí contigo?

—Sí, pero cuando yo me vaya es mejor que se queden con los abuelos.

—Sí, con ellos sí me gusta ir.

—Claro te encanta la comida de tu abuela como a mí.

—Sí, tía, es cierto, aunque mi mamá también cocina muy rico.

—Lo sé.

Nos quedamos ahí sentadas viendo la televisión por unas horas hasta que escuchamos la puerta, vienen Benji y Mayte sonriendo.

—¿Cómo les fue?

—Todo bien, Adriano recibirá una orden para no acercarse a mí.

—Me alegro.

—Arya, tengo que irme, nos vemos después.

—Benji, muchas gracias por todo.

Él le sonríe a Mayte.

—Nada que agradecer.

Está por abrir la puerta cuando Agnes viene entrando al recibidor con su carita somnolienta y corre a abrazar la pierna de Benji.

Mayte y yo nos quedamos asombradas, él sonríe y la levanta.

—Hola, pequeña.

Ella se acomoda en su hombro, Benji sonríe y Mayte se acerca.

—Agnes, Benji tiene que irse, ven, pequeña.

Ella niega con la cabeza.

—Bueno tendré que quedarme a comer.

Mayte sonríe.

—Lo siento.

—Mayte, no lo sientas tanto y prepara algo delicioso para comer, además Benji no tiene nada que hacer.

Benji me ve sonriendo.

—Cierto.

—Lo ves, Mayte.

—Está bien pero ven a ayudarme.

Benji se va a la sala, mientras nosotras, o más bien mi hermana cocina; yo solo sigo sus órdenes.

—Me extraña mucho la manera en que Agnes se identifica con Benji.

—Ha de pensar que es un enorme oso de peluche.

Mi hermana sonríe.

—Tal vez.

Terminamos de cocinar y Benji viene con las niñas, Agnes por fin se le despega y empezamos a comer.

—Mayte, usted cocina como su mamá, muy rico.

—Gracias, Benji.

—¿Y yo, Benji, como quién cocino?

—Tú no cocinas, de hecho soy yo el que te cocina a ti.

—Pues sí, por cierto, Mayte, aquí donde lo ves cocina muy bien.

Nos quedamos conversando hasta muy tarde y las niñas se quedan dormidas viendo la televisión, Mayte las lleva a la habitación y Benji se despide.

—Ahora sí me voy, Arya, nos vemos mañana.

Lo acompaño a la puerta y cierro, me voy a mi habitación y directamente me acuesto a dormir.

Estos días se pasan muy rápido, Benji todos los días viene a traerles algo a las niñas, Agnes lo adora y creo que también Mayte porque sonríe de una manera muy especial, ya tiene los trámites del divorcio y Adriano no la ha vuelto a molestar, para prevenir cualquier cosa se quedarán con mis padres para que no estén solas aquí en mi apartamento, mañana nos vamos muy temprano a la nueva misión, aún no sabemos muy bien los detalles, estoy preparando mi maleta cuando entra Mayte.

—Te voy a extrañar mucho, Arya.

—¿A mí o a Benji?

Ella se pone roja.

—A los dos.

—Benji es un buen hombre, pero le pasa lo que a mí, es difícil tener una pareja estable por tanto que viajamos y exponemos nuestra vida.

—Lo sé, pero yo ahora no podría tener otra relación, está muy reciente lo de Adriano, aunque si lo hiciera no sé si sería con Benji, tengo dos hijas.

—¿Y eso qué? Tus hijas adoran a Benji así más o menos como tú.

Se pone roja.

—¡¡Arya!!

—Estoy jugando ¿ya tienes listas las maletas?

—Sí, pero quería pedirte un favor.

—Sí ¿cuál?

—Cuando vuelvas me gustaría volver a quedarme contigo si no te molesta.

—Mayte, claro que puedes quedarte aquí, ya te lo había dicho, solo que no quiero que te quedes sola.

—Sí lo sé, pero me gustaría quedarme aquí contigo cuando tú estés.

Me acerco y le tomo la mano.

—Claro, Mayte, aunque aún no sé cuánto tiempo estaré lejos.

—Esperemos que no sea mucho.

Termino mi maleta y salimos a recoger sus cosas, ella se va en su coche y yo en el mío, cuando llegamos mi mamá se sorprende.

—¿Es coincidencia que llegaran juntas?

Las niñas se bajan y la abrazan, Mayte se acerca y le da un beso.

—No, mamá, no es coincidencia.

Me acerco y abrazo a mi mamá, mi papá se asoma sonriendo y al vernos tan serias se acerca.

—¿Todo está bien?

Yo lo abrazo.

—No, papá, pero a Mayte le corresponde explicarles.

Entramos a la casa y yo me voy con las niñas a jugar en la habitación mientras ellos se quedan hablando, después de unos minutos ellas se quedan entretenidas y yo bajo a la cocina, mi madre está llorando y mi padre está furioso.

—Arya, tenían que haberme avisado.

—Papá, tienes que calmarte ya todo está arreglado.

—Agradécele a Benji toda su ayuda, hija.

—Sí, papá, lo haré, ahora me voy porque tengo que viajar mañana.

—Suerte, hija, aunque sé que no la necesitas.

—Gracias, papá.

Me despido y me voy a mi apartamento, estoy por entrar cuando me toman del pelo y me pegan a la pared, es Adriano.

—¿Te creías muy valiente porque estabas con ese gorila?

Me sostiene del cuello y antes de que pueda hacerme algo le doy con el puño cerrado en el estómago, se dobla del dolor y aprovecho para darle con la rodilla en la cara, rápidamente se agarra la nariz y grita del dolor, saco mi celular y hablo a la Policía.

Mientras está en el suelo llega la Policía y lo esposan.

—¿Agente Anderson, quiere poner una denuncia?

—Sí, pero la mandaré por escrito mañana, tengo que salir fuera de la ciudad.

—Perfecto y no se preocupe nos encargaremos de que se quede un buen rato en la cárcel, además de golpear a un agente de la ley se metió con la mujer equivocada.

Yo sonrío y entro al apartamento, me reviso el cuello y lo tengo un poco rojo, me quito la ropa y me quedo en ropa interior para irme a dormir, apenas me acomodo en la cama y me quedo dormida.

Muy temprano me despierta mi alarma, sin muchas ganas me doy una ducha y al verme el cuello tengo las marcas rojas, mi piel es muy blanca por lo que cualquier cosa se me marca, me pongo mi uniforme y me voy a la oficina.

Apenas entro y tenemos una reunión, viajáremos a Laredo, Texas.

Aún no tenemos los detalles de toda la misión pero nos entregan una carpeta con la información que necesitamos saber cada uno, estoy por salir y Benji me detiene.

—¿Qué te paso en el cuello?

—Un pequeño accidente.

—Espero que ya tengas firmada la denuncia.

—¿Quién te avisó?

—El agente, es amigo mío y me llamó, no quise molestarte porque me dijo que estabas bien, que le quebraste la nariz a Adriano, pero aun así me quedé preocupado.

—Estoy bien, sabes cómo es mi piel, demasiado delicada.

—¿Le contaste a Mayte?

—No, no quise preocuparla más.

Él asiente, tomamos nuestras maletas y nos vamos al aeropuerto, tengo que concentrarme en mi trabajo así que me voy leyendo toda la información que me dieron, tengo que conseguir un empleo en un club de strippers, los dueños son una familia de Rusia que está muy involucrada con el tráfico de drogas, me cambiaré el nombre a Tris Oviedo, vienen todos los documentos que voy a necesitar, viviré muy cerca del club y tendré como vecino a Benji, tengo que conseguir toda la información que pueda de la familia Carusso.

Benji está sentado a mi lado y también va leyendo los documentos, él se llamará Tom.

—Vaya, seré un gran cliente de ese bar, cómo voy a sufrir ¿te veré bailando?

—No tendrás tanta suerte, buscaré trabajo como mesera.

—No me gustan los rusos, no solo manejan drogas estoy seguro de que tienen muchos delitos más.

—Bueno pues ahora sí que muy pronto lo sabremos.

Llegamos a Laredo después de casi cuatro horas de vuelo, tenemos unas habitaciones reservadas para poder dejar nuestras cosas, cuando vamos a alguna misión encubierta, solo llevamos los nuevos documentos y un celular especial, me pongo otro tipo de ropa más de acuerdo a mi nueva yo.

—Benji, el calor que hace aquí es insoportable, tal vez consiga trabajo bailando para quitarme la ropa y aguantar el calor.

Benji suelta una carcajada, tenemos una reunión más para ultimar todos los detalles, cuando estamos listos todos nos deseamos suerte y nos vamos a nuestros hogares provisionales.

Yo llego primero al edificio en el que viviré por unos meses, me espera un joven en la puerta.

—Señorita Tris Oviedo, bienvenida.

—Gracias ¿cómo sabías que era yo?

—Es la única persona a la que estaba esperando.

Yo sonrío.

—Le mostraré su apartamento.

Es en el segundo piso, tiene una habitación y aunque es pequeño, está limpio y amueblado.

—La renta se paga cada día primero, su padre me pagó dos meses adelantados.

Tenemos un personal muy eficiente que se hace cargo de todos estos detalles sin dejar ningún tipo de evidencia.

—Perfecto, muchas gracias.

—Cualquier cosa que necesite no dude en preguntarme.

Se va y yo suspiro, aquí vamos de nuevo, solo espero que todo salga bien, siento como una inquietud que no se me quita del pecho, pero es muy probable que sea por Mayte, me puede mucho no poder llamarla.

Esta misma noche iré al bar a buscar trabajo, me doy una ducha y me maquillo un poco exagerada, dejo mi cabello suelto porque llama mucho la atención por el color y me pongo ropa provocativa, claro que sin enseñar mucho para evitar problemas, cuando estoy lista bajo a la recepción.

—Hola, señorita Oviedo.

—¿Cuál es tu nombre?

—Soy Dany.

—Ah bueno, Dany,¿sabes de algún lugar donde pueda buscar trabajo? Necesito juntar dinero porque mi padre solo pagó la renta pero no me dio nada extra.

—Bueno hay un bar muy cerca donde siempre necesitan meseras.

—Algo es algo.

—Es un bar stripper, pero pagan bien.

—No creo que me quiera quitar la ropa.

—Puede pedir el trabajo de mesera, dejan buenas propinas.

—¿Y tú cómo sabes tanto?

—Mi hermana Katy trabaja ahí.

—¿Es mesera?

—No.

—Bueno, entonces dime cómo llegar.

Salimos a la calle y me da las indicaciones, el bar se llama The Queen’s dance, y está muy cerca del edificio, así que no tardo mucho en llegar, cuando llego a la puerta hago varias respiraciones y entro, el olor me incomoda un poco, cigarro, alcohol, sudor y no me quiero imaginar a qué más huele.

Para ser temprano hay bastantes personas, el lugar es bastante grande y se podría decir que tiene una decoración muy moderna, también hay dos chicas bailando en un enorme escenario, me acerco a la barra y pido una cerveza, el chico que me atiende se sorprende cuando me ve.

—¿No es de por aquí, verdad?

—No, soy de California, me acabo de mudar.

—Es que nunca la había visto por aquí.

—¿Sabes si hay alguna vacante?

—¿Para bailarina?

—No lo creo, no se me da bien bailar, pero podría ser mesera.

—Siempre estamos contratando meseras, los clientes se ponen un poco necios y las chicas renuncian muy rápido.

—¿Y con quién tengo que hablar?

—Más tarde llega el hijo del dueño, Fabrizio Carusso, es el que se encarga de todo.

—Bien, entonces lo esperaré, gracias.

Le doy un trago a mi cerveza mientras me pongo a observar todo, es un bar muy grande, tiene varias puertas, pero una negra que tiene dibujado un enorme látigo rojo llama mucho mi atención, tienen varios guardias de seguridad para que no se acerquen a las bailarinas, son chicas muy jóvenes.

—Disculpa, no te pregunte tu nombre.

—Tris.

—Mucho gusto, Tris, yo soy Luis.

—Mucho gusto, Luis.

—Voy a revisar si llegó Fabrizio, él entra por la puerta de atrás.

—Te lo agradezco, Luis.

Se va por un enorme pasillo y yo le doy otro trago a mi cerveza, estoy por darle otro trago cuando se para frente a mí un hombre alto, delgado, con ojos claros y cabello claro. Trae un traje gris con la camisa blanca, tiene abiertos varios botones por lo que se alcanzan a ver algunos tatuajes.

—Soy Fabrizio Carusso.

Me da la mano y le devuelvo el saludo, tiene un ligero acento.

—¿Ese color de cabello es natural?

—¿Perdón?

—Disculpa, es que hace mucho tiempo no veía un cabello así.

—Sí, es color natural, soy Tris.

—Mucho gusto, Tris, me dijo Luis que estás buscando trabajo.

—Así es.

—Si quieres vamos a mi oficina para poder hablar.

—Claro.

CAPÍTULO 3

Lo sigo por el pasillo por el que se fue Luis hace un momento y abre una puerta, la oficina es bastante grande, se sienta y me hace una seña para que me siente.

—Y bien, Tris ¿qué tipo de trabajo estás buscando?

—De preferencia como mesera.

—¿Se puede saber por qué? Con ese cuerpo y esa cara ganarías mucho dinero bailando.

—No soy buena para el baile, no tengo coordinación.

Él sonríe.

—Pues si te animas con el tiempo me avisas.

—Claro.

—Sí tengo una vacante de mesera, pero necesito que empieces hoy mismo.

—Me parece muy bien.

—Tienes que usar un uniforme.

—No tengo ningún problema con eso.

Me explica lo del horario, cuánto me van a pagar, y cómo funciona lo de las propinas, lleno una solicitud y me entrega una tarjeta.

—Aquí puedes recoger el uniforme, ese corre por nuestra cuenta, yo llamaré para que te lo den sin ningún problema.

—¿Entonces empezaré hoy?

—Bueno sé que no estás vestida de la forma adecuada pero me gustaría que sí empezaras hoy, no tenemos mucho personal.

—Por mí está bien.

—Tengo que aclararte algo, depende de ti si quieres irte con algún cliente, nosotros no tenemos nada que ver en eso, mientras estés aquí no pueden tocarte, los guardias se encargan de eso.

—Perfecto.

—Tenemos un área restringida, hay meseras encargadas de ese lugar así que no tendrías por qué encargarte de eso.

Eso de área restringida me da mucha curiosidad.

—Ve con Luis él te explicará todo lo que tienes que hacer.

—Gracias señor Carusso.

—Oh no, Tris, llámame Fabrizio.

Es agradable pero un poco presumido, aunque no es feo se siente de más guapo, se acerca a mí y me sonríe.

—Eres muy hermosa, tal vez tengamos muchos problemas con los clientes por ti.

Yo doy unos pasos para atrás y le sonrío.

—Espero que no, realmente necesito el empleo.

Salgo de la oficina y sigo por el pasillo hasta llegar de nuevo a la barra.

—¿Y bien, Tris, cómo te fue?

—Empiezo hoy.

—Me alegro, aunque conociendo a Fabrizio era imposible que no te contratara.

—¿Por qué lo dices?

—Nunca desaprovecha la oportunidad de estar cerca de una mujer hermosa, tratará de convencerte de que bailes, ya verás.

—No creo que lo logre, tengo dos pies izquierdos.

Luis me sonríe.

—Ganarías muy bien y si haces privados sacas más del doble.

—¿Bailes privados?

—Sí, aunque si te gustan cosas más rudas.

Señala la puerta que tiene un látigo dibujado.

—Detrás de esa puerta ganarías mucho más.

—¿Cosas rudas?

Se acerca mucho a mí para decirme, antes de que lo haga llega Fabrizio y nos interrumpe.

—Tris, puedes ir a los camerinos de las chicas, te prestarán un uniforme para hoy.

—Claro ¿dónde están los camerinos?

Señala el pasillo por donde queda su oficina.

—Por ahí al final del pasillo.

Sigo sus indicaciones y llego al camerino, en cuanto entro las chicas me ven molestas, me observan de arriba a abajo sin disimular, hay una chica muy bonita y agradable que se acerca a mí.

—Hola, soy Katy.

—¿Katy la hermana de Dany?

—Sí ¿lo conoces?

—Acabo de llegar a vivir en sus apartamentos.

Ella sonríe.

—No son sus apartamentos, ahí vivimos y él se encarga de todo.

—Bueno sí, a eso me refería.

—¿Vas a bailar aquí?

Hay una chica que tiene un gran cuerpo, es morena y está arreglándose, al escuchar eso voltea a verme de inmediato.

—No, seré mesera.

—Vaya, con ese cuerpo pensé que nos quitarías toda la atención.

Yo le sonrío.

—Me mandó Fabrizio a recoger un uniforme.

La chica morena se acerca a mí.

—¿Fabrizio? Es el señor Carusso.

—Bueno él personalmente me pidió que lo llamara por su nombre.

Katy regresa con el uniforme.

—Basta, Astrid, déjala en paz.

La tal Astrid regresa a seguirse maquillando.

—No le hagas caso, se cree la dueña del bar.

—¿Tiene algo con Fabrizio?

Katy se pone roja.

—No, ella tira mucho más alto, quiere a Enzo.

—¿Enzo?

—Sí, es el medio hermano de Fabrizio, él tiene muchos negocios así que tiene mucho más dinero que Fabrizio, es más, tiene más dinero hasta que el mismo padre de ambos, el señor Carusso.

—¿Y él también viene aquí?

—De vez en cuando, solo al área restringida al parecer es lo único que le gusta de este bar.

Vaya, mi primera noche y ya tengo algo de información, me voy al vestidor y me pongo el uniforme, pantalón negro de cuero y la blusa es roja, la parte de enfrente es tapada hasta el cuello, aunque no tiene espalda, tiene una especie de cola en la parte de la cintura, cuando estoy lista no me veo tan mal, suerte que hay aire acondicionado si no con este pantalón me iba a derretir.

Cuando salgo Katy se acerca a mí.

—Oye pero qué guapa te ves, robarás muchos suspiros está noche y solo enseñando la espalda.

—Gracias.

—¿Quieres retocarte el maquillaje?

—Sí, un poco.

Me acerco al espejo y saco de mi bolsa mi maquillaje, me recojo el cabello y me pongo los labios rojos, Astrid voltea a verme con recelo.

—No durarás mucho aquí, te ves demasiado ingenua para este tipo de antro.

Yo le sonrío.

—Te podrías sorprender.

—Todas dicen lo mismo hasta que un cliente borracho se pasa de listo y salen llorando como niñas.

—Astrid, te aseguro que no pretendo ser competencia para nadie, solo necesito trabajar.

Ella tuerce la boca y sale del camerino, Katy sonríe.

—¿Oye no me dijiste tu nombre?

—Soy Tris.

—Bueno mucho gusto, Tris, y es mejor que no le hagas caso a Astrid, siempre se porta así con las nuevas, sobre todo si cree que pueden quitarle su lugar.

Yo sonrío, salgo del camerino y llego a la barra con Luis.

—Vaya, Tris, a nadie le queda así el uniforme.

—Gracias.

—A Fabrizio se le caerá la baba.

—Bueno dime qué tengo que hacer.

—Mira, este es el mapa de las mesas, a ti te tocará el área B, son pocas mesas pero son clientes adinerados así que siempre están pidiendo bebidas.

—Muy bien.

Me entrega una charola, una libreta y una pluma para tomar las órdenes, cuando entro al área que me tocó me quedo sorprendida, uno de los narcotraficantes más buscados por la DEA está sentado platicando con Fabrizio, mi instinto quiere arrestarlo de inmediato pero me relajo y me acerco para tomarles la orden, Fabrizio se sorprende.

—Guau, Tris, ese uniforme te queda perfecto.

Su amigo sonríe.

—Pero qué belleza de mujer, tú no deberías estar aquí tomando órdenes, deberías estar en mi casa como toda una reina.

Yo le sonrío.

—Fabrizio, creo que vendré a visitarte más seguido.

Después de que me dicen mil y un piropos por fin puedo tomar sus órdenes, paso la mayor parte de la noche atendiéndolos a ellos, cuando por fin se llega la hora de salida me siento agotada, voy a los camerinos y me pongo mi ropa, me llevo el uniforme para lavarlo y cuando voy saliendo del bar me encuentro con Fabrizio en su coche, trae un Mercedes Benz deportivo en color negro, se ve bastante nuevo.

—¿Tris, no quieres que te lleve a tu casa?

—No, Fabrizio, no es necesario, vivo muy cerca.

En eso sale Katy.

—Qué bueno que te alcancé para irnos juntas.

—Bueno nos vemos en la noche, chicas.

Sale patinando su coche.

—¿Sabes cuánto cuesta un coche como ese?

—No, Katy, pero me lo imagino.

—Fabrizio es buen jefe, pero es un presumido.

—¿Y su papá viene al bar?

—Sí, pero solo lo hace dos veces al mes para reunirse con unos socios que tiene.

Llegamos a los apartamentos y ella se despide.

—Bueno yo estoy súper cansada, nos vemos más tarde, si quieres nos vamos juntas.

—Claro.

Entro al apartamento y Benji tiene el desayuno listo.

—Eres un sol.

—Te compré despensa, como las puertas de nuestros apartamentos están muy cerca nadie me vio entrar así que no te preocupes.

—No me preocupo, sé que eres muy cuidadoso, estoy agotada, pero tengo mucha información.

Mientras desayunamos le doy toda la información y él toma nota.

—Me encargaré de pasar el informe.

—Gracias, Benji.

—¿Oye el hermano cómo dices que se llama?

—Enzo.

—No tengo información de él, voy a investigarlo.

—Bueno yo me voy a dormir, eso de ser mesera es un suplicio.

—Tienes la opción de ponerte a bailar.

—Muy gracioso, por cierto revisa mi bolsa para que veas las propinas que saqué esta noche.

Benji abre la bolsa y grita.

—¿Qué? Pero de qué me sirvió estudiar tanto si ganaría más como mesero.

—Lo dudo, no eres pelirrojo.