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¿Te trata mal y continúas con esa persona a pesar de todo? ¿Siempre acabas tolerando más de lo deseable? Te quedas o Te quieres hace un recorrido por las circunstancias vitales, las creencias mentales y sociales, y las consecuencias que provocan estar en una relación insana. Hace un recorrido De la Oscuridad a la luz, para que acabes de abrir los ojos y puedas salir con fortaleza de ese caos en el que se ha podido convertir tu vida. Tomar la decisión no es sencillo, pero en ese cruce de camino entre quedarse o marcharse está en juego la propia autoestima. Hay muchas situaciones en las que te puedes plantear si quedarte o marcharte. En ocasiones se puede creer que quedarse es lo justo, lo deseable, lo ideal... pero puede que se aleje de la realidad. «Si me queréis, irse», que dijo una artista. Nunca hubo tanta verdad en tan pocas palabras, porque probablemente cuando empieces a quererte, si la relación no es deseable, te irás. Comienza ahora a invertir en ti, a tenerte como una prioridad y a ser la protagonista principal de tu vida, para caminar hacia tu libertad emocional, sin dependencias ni amarguras innecesarias.
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Seitenzahl: 314
Veröffentlichungsjahr: 2022
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Ana Sánchez Rincón
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-345-6
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A todas aquellas personas que he tenido la suerte de encontrarme hasta el día de hoy en mi vida, con las que he compartido momentos buenos y no tan buenos, porque todo me está ayudando a crecer.
A mi familia, a los que están y a los que viven en mí, que me han hecho sentir siempre querida y valorada incondicionalmente.
Introducción
—Entonces, después de todo lo que me has explicado, ¿por qué sigues a su lado?
—Porque lo quiero.
Hace años me sorprendía esta contestación que sigue al relato de situaciones amargas vividas en una relación de pareja insana, pero me acostumbré… y me pareció necesario e interesante indagar los motivos que hacen que una persona, a pesar de sufrir maltrato o manipulación, siga creyendo que:
… continúo «porque lo quiero».
A veces son historias que parecen calcadas.
Al ser testigo indirecto de historias espeluznantes «de amor», siento la necesidad de compartir mi perspectiva y conclusiones para poner mi granito de arena en ayudar a personas que estén en ese caos emocional, de sentirse mal tratada y continuar más tiempo del necesario a pesar de todo, por no ver o no querer ver lo que realmente hay, poniéndose a los pies de su pareja, para servirla y adorarla hasta que el Amor Propio resista.
Relaciones que se convierten en jaulas de «amor», donde se pierde calidad y cantidad de vida finita. En ocasiones está la puerta de esa jaula abierta pero no se puede salir.
Se desperdicia tiempo luchando en batallas innecesarias que no van a llevar a conseguir la paz y el bienestar ansiado.
Vamos a adentrarnos por esos caminos erróneos que al inicio pueden parecer que llevan al paraíso, pero que una vez dentro, más pronto o más tarde, se convierten en terrenos fangosos que parecen arenas movedizas de los que, si no se sale a tiempo, será más difícil escapar.
No solo se pierde la vida con la muerte, hay personas que por amor sufren mucho y pueden sentirse muertas e incluso perder las ganas de vivir.
La protagonista del libro va a ser la mente humana.
¿Por qué se entra en un camino en concreto? ¿Qué se busca? ¿Por qué unas personas caen reiteradamente y otras no? ¿Por qué se permanece ahí a pesar del sufrimiento? Y, sobre todo, ¿cómo se puede salir de ahí fortalecida?
No se trata de bandos ni se puede reducir a víctimas y agresores, se trata de historias privadas que se padecen, de mentalidades que se forman, y que detrás de cada una de ellas hay historias de sufrimiento, de personas que se están comportando de manera inapropiada: tanto la víctima como el agresor.
Esta afirmación puede generar discrepancias, pero espero que al acabar de leer el libro se pueda entender.
Obviamente hay muchas diferencias entre unos y otros, aunque la gran diferenciación es que unos evitan hacer daño para no sufrir, pero se dañan a sí mismos tolerando maltrato, y otros esparcen sufrimiento a todo su entorno para evitar su propio dolor, aprovechándose de manera despiadada de personas necesitadas de cariño o protección.
Afortunadamente, en la mayoría de sociedades, cada vez somos más libres para relacionarnos sentimentalmente con quien realmente deseemos, independientemente del sexo. En terapia, es frecuente tratar estos temas, tanto con parejas heterosexuales como homosexuales, porque el sexo no siempre es determinante en relaciones donde se ejerce la manipulación psicológica.
En el desarrollo de este libro vamos a poner el género femenino a la persona que tolera y el género masculino a la persona que ejerce la manipulación o el comportamiento agresivo. No siempre tiene el mismo sentido, porque también los roles pueden estar invertidos, y todo lo que aquí se explica es también aplicable a parejas formadas por dos personas del mismo sexo.
La primera intención fue quitar el género, pero es complicado no caer en él, por ello cualquier persona del género que sea puede sentirse identificada en cualquiera de los roles que se describen, la persona que tolera o la persona que ejerce la manipulación.
Es fundamental, para entender esta problemática, que nos centremos en los diferentes patrones de comportamiento que desarrollamos los humanos para relacionarnos y sobrevivir en «nuestra jungla» de humanos.
… «Si dices que lo quieres a pesar de todo lo que estás explicando, lo más probable es que hayas dejado de quererte, o que no hayas aprendido nunca a hacerlo. Para solucionarlo tenemos que averiguar dónde perdiste el papel protagonista de tu vida y cuándo dejaste de creer en ti».
Este libro te puede ser útil si sufres por tolerar una relación de pareja compleja, e incluso si entablas relaciones complicadas con tus hijos, familiares o compañeros/as de trabajo. Si por alguna circunstancia vital has vivido situaciones que han hecho que se abra «el grifo» de tu autoestima, fortaleza y seguridad interior y la has ido perdiendo. Si buscando cómo reparar «el grifo», te has dejado llevar por reparadores incompetentes y aprovechados que se han presentado en tu vida como «Salvadores» y realmente con esa persona se ha acabado de romper. Si por más que lo intentas no consigues esa fortaleza porque ves que vuelves a perder más y más y sientes cada vez más impotencia al creer que nunca lo vas a poder reparar. Si te sientes como un barco a la deriva sin fuerzas para dirigirte a un puerto seguro porque no tienes claro ni hacia dónde quieres ir. No te permites remar hacia donde deseas, más bien haces lo que crees que debes hacer para que todo el mundo esté contento.El objetivo de este libro es ayudarte a entenderte y conocerte para que dejes de poner parches, buscando reparadores externos, y aprendas a cerrar el grifo por dónde has perdido tu autoestima y seguridad. Para que se vuelvan a llenar tus depósitos y consigas gestionar de una manera positiva el resto de tu vida.
Vamos a desmontar mentiras del amor romántico y llamar a cada cosa por su nombre para que te quites «las vendas de los ojos» y veas con más claridad quién eres y dónde estás metida, analizando los autoengaños y las trampas que juega la mente cuando mantiene a una persona anclada a una relación que causa sufrimiento, pérdida de tiempo y angustia.
Para sentirte bien y sentir esa paz que consciente o inconscientemente llevas buscando durante años, quizás desde el inicio de tu existencia, o a raíz de algún suceso vital importante que produjo en tu vida un antes y un después.
Iniciamos el viaje…
PARTE 1: Tu mente creía que era mejor quedarse
El inicio del camino, de esa relación de pareja que después se convierte en una tortura, suele ser muy bonito, o no, pero se presenta en tu vida como esa relación ideal esperada.
Suele haber abundancia de todo eso que deseabas, te sentías querida, escuchada, entendida, siempre estaba ahí para ti, para lo que necesitases. Viviste momentos que seguro que aún recuerdas y que pueden estar guardados en tu mente, como esos momentos especiales que durante mucho tiempo has estado esperando que vuelvan a aparecer, aunque no sabes cómo ni por qué puede que solo fuesen eso, momentos o una etapa de tu vida que nada tiene que ver con lo que estás viviendo o has vivido después.
Cuando en el camino comienzan a aparecer piedras y sequía, puedes creer que es algo momentáneo y temporal, y creer que todo pasará y volverá a ser como antes, por ello te esfuerzas en todo lo que esté en tu mano para contribuir a que todo esté bien, a que esté contento, y a pesar de estar sintiendo ese malestar en tu cuerpo, has podido minimizarlo y seguir por ahí creyendo en la temporalidad y en que seguramente pronto todo cambiará y volverá a ser como antes.
En ese momento del camino, seguro que has encontrado en tu mente esas dudas que te podían plantear quedarte ahí o irte. En ese cruce de caminos es donde puede estar la diferencia entre tener una vida de sufrimiento y malestar o coger el camino de salida y retomar el propio, aunque las cosas no estuviesen bien.
Porque si se sigue, y la persona con la que se está es de un tipo de personalidad o carácter como describiremos más adelante, puede que llegue un momento que ya no sepas ni quien eres ni lo que quieres ni cómo salir de ahí.
Porque puedes seguir esperando el cambio de actitud de tu pareja y estar cavando cada vez más hondo ese agujero del que cada día va a ser más difícil salir, porque cada vez te vas a sentir con menos fuerzas.
Cada uno tiene su perspectiva y su realidad, y puede que sea muy difícil comunicarse y vayas sintiendo cada vez más un distanciamiento y creer que es imposible llegar a un punto de encuentro que beneficie a los dos. Las dos partes tienen su verdad y su realidad. ¿Cuál es la correcta?
Independientemente de que se pueda empatizar más en una parte que en otra, los dos son personas que están intentando sobrevivir en esta jungla a su manera.
Estas relaciones no son de amor, pero enganchan.
La mente nos guía y actúa por una serie de mecanismos y procesos inconscientes, que si no los entendemos podemos justificar que nos quedamos porque queremos a esa persona, a pesar de estar recibiendo un trato indeseable, donde puede haber manipulación psicológica, maltrato físico, sexual, social o económico, o «simplemente» seáis dos personas incompatibles para caminar juntas porque vuestra manera de ver y entender el mundo y sus habitantes es diferente.
La manipulación psicológica es sutil, son aquellas palabras, comentarios, ignorancias, gritos que recibes por parte de tu pareja y que te van debilitando, que te van apartando de tu tranquilidad, de tu felicidad, que te hacen estar pendiente del rostro y deseos de tu pareja para intentar que tenga calma y se sienta satisfecho en todos los sentidos para que no te diga esos comentarios que tanto te duele o actúe de esa manera que tanto te molesta.
El maltrato físico es más evidente y puede ser hasta de agradecer, porque siempre suele venir precedido de la manipulación psicológica y de la necesidad emocional que te hace estar al lado de esa persona. De agradecer me refiero porque en ocasiones solo el maltrato físico es el detonante para salir de ahí corriendo y si se busca ayuda se puede demostrar aquello que antes estaba oculto.
El maltrato sexual se da cuando te ves obligada a mantener relaciones sexuales por parte de tu pareja para evitar que se enfade. Como iremos desarrollando en el libro, es imprescindible que conozcas cómo funciona tu cuerpo y cuáles son tus derechos para que no te sientas mal si no deseas relaciones sexuales con esa persona, aunque sea muy duro tener que escuchar esos comentarios o sentir esas expresiones faciales y corporales que tan bien conoces.
El maltrato social es cuando sientes que no puedes ir donde deseas y acabas estando aislada de tu entorno más cercano e incluso de tu familia, cuando dejas de hacer todo aquello que antes tanto te gustaba porque te da miedo la reacción o comentarios que pueda hacer cuando vuelvas. Incluso puede que evites hacer aquello que deseabas porque estás siempre esperando esas migajas de tiempo que esperas que te dedique.
El maltrato económico es cuando dependes de esa persona para tu propia supervivencia, cuando te das cuenta de que has dejado de lado tu profesión o cuando no sabes ni el dinero que tienes, incluso cuando trabajas y aportas el dinero a tu casa, pero tú no controlas nada, es tu pareja la que dice lo que hay que comprar o no, y te sientes sin esos recursos imprescindibles para poder vivir.
La situación se agrava si además tenéis hijos, porque entonces el problema se multiplica por diez. Aunque ya veremos que abrir los ojos y detectar las creencias erróneas que se toleran también ayudará a tus hijos a no repetir comportamientos que toleren o agredan a otros.
Y no eres culpable de estar ahí, ni eres tonta por haber caído y entrado en ese camino, en esa relación con esa persona, que por otra parte también puede estar actuando de la manera que lo hace por aquello que vivió, pero ¿va a cambiar algo si sigues por ahí?
Seguro que quieres sentirte viva y ayudar si lo deseas a esa persona o a otras, pero no podrás si te hundes en el pozo de la amargura que se puede convertir esa relación que empezó siendo tan maravillosa.
¿Qué es querer a alguien? ¿Qué es sentir amor por alguien? O ¿qué es desear a alguien?
Vivir con consciencia implica pararse y analizar cómo se está viviendo y qué errores personales se pueden estar teniendo para tolerar y continuar con una persona que no está siendo positiva.
Los verbos que solemos utilizar al definir lo que sentimos hacia la pareja suelen ser querer, amar, desear.
La manera como los utilizamos está muy condicionada a cómo se ha normalizado socialmente y cómo a base de verlo en series, canciones o películas también nos podemos confundir al creer normal algo que no es deseable ni recomendable en tu vida.
El verbo querer proviene del latín quaerere y significa «tratar de obtener». Cuando se quiere algo o a alguien es porque se trata de tener, porque se cree que se necesita o aportará valor. Querer es poseer, creemos que necesitamos o sentimos que es positivo para nuestra vida, que de alguna manera está aportando algo que se necesita.
Cuando decimos que queremos a una persona es bueno plantearse porqué y para qué, y esto no es ser racional y fría. Si quieres a una persona que te aporta y es positiva no hay que plantearse nada, es algo genial y natural querer compartir y querer estar tiempo con esa persona, pero ¿por qué nos quedamos con una persona que la mayor parte del tiempo está restando, que está generando malestar, angustia y dolor? ¿Qué se quiere realmente de esa persona o con esa persona?
Se puede estar atraída por esa persona, sentir que se está bien a su lado, tener deseo sexual, todo, algo…ahí se puede sentir que se quiere a esa persona, que quieres compartir más momentos con esa persona.
El sentimiento no es estático, se va transformando y si una persona se valora y se quiere bien, si con el paso de los días ve que los motivos positivos para estar con esa persona se han esfumado sería deseable que, si piensa que se queda porque lo quiere, analizase ese porqué y para qué. Y evidentemente no es nada fácil, porque en la vida hay muchas áreas que se pueden ver afectadas por esa relación que se inició y por ese camino por el que has ido adentrándote con esa persona.
«Yo nunca quise que la relación acabase así».
«Quería que él volviese a ser la persona que yo conocí».
Estas dos frases también explicarían que querer a veces se convierte en capricho, posesión y necesidad.
Igual que cuando esa persona que no te trata bien te dice que te quiere, ¿qué quiere decir exactamente con eso? ¿Para qué te quiere? ¿Su manera de quererte es positiva?
Hay una gran diferencia entre querer y amar, y en estos dos verbos está muchas veces la diferencia entre seguir tolerando o salir en dirección contraria a la persona que creemos «que queremos», porque no hay duda que seguro que esa persona no se está comportando bien contigo, y sigues ahí por una serie de creencias que veremos en la tercera parte del libro.
Amar es un sentimiento superior, en el que no solo basta con querer a una persona, sino que se une el respeto, la conexión y la libertad de estar con esa persona que sientes que deseas.
Amar es desinteresado, amar a una persona hace que no importe que esté a tu lado, deseas todo lo mejor para esa persona que amas. Amar nunca causa sufrimiento, es un sentimiento puro que se tiene por las personas que consideras que te merecen. Por amar nunca se sufre por querer sí. Amar y sentir pasión o deseo por alguien es el sentimiento más positivo que puede unir a una pareja.
Caminar cerca de una persona que te ama y amas es algo que fluye, y si hay piedras en el camino, se intentan quitar como un equipo, sin competir, con colaboración, respeto y tolerancia, en la que cada una de las dos personas aportan su punto de vista de una manera libre para solucionar las situaciones que se puedan plantear.
Seguro que siempre has escuchado que si no te amas no puedes amar, y ya veremos que es imprescindible que te sientas autosuficiente para no necesitar estar con esa persona que no te trata bien. En una relación positiva y deseable la persona siente y puede verbalizar un «Te prefiero, pero no te necesito y quiero estar contigo».
Querer es un sentimiento menos profundo que amar.
Amar es mucho más desinteresado y profundo.
Amarte a sí misma implica amor incondicional, aceptando tus errores e imperfecciones que creas tener, como haces cuando amas y cuida a otra persona incondicionalmente.
Ojalá, al acabar de leer este libro, si llegas a la conclusión que la relación que tienes no te aporta y te hace sufrir, puedas llegar a sentir:
¡Amo a esa persona, pero no la quiero para mí!
¡Deseo a esa persona, pero no la quiero para mí!
Le deseo lo mejor, pero a mí no me va bien.
Porque desear es un verbo que se define como tener atracción por una persona o cosa con la intención de querer poseer. Desear a una persona no necesariamente implica amarla ni quererla. Se puede sentir atracción física por una persona y desearla sexualmente y esto puede acabar ahí, o puede continuar en una relación que puede consolidarse con sentimiento de amor.
No podemos generalizar, y en el juego de la conquista parece que tenemos interiorizado en el subconsciente colectivo que para conquistar a alguien hay que venderle la película que hay amor. Esto ocurre cuando al inicio de una relación una persona hace saber a la otra que es maravillosa, que es lo que estaba buscando y que desea estar siempre con ella hasta el fin de sus días…
Si esto se queda en verbalizar sus deseos del presente se puede aceptar, el problema viene cuando predice y sentencia el futuro y afirma que siempre estará ahí… a no ser que los Reyes Magos de Oriente le hayan regalado por Navidad una bola mágica, difícilmente sabrá qué pasará en el futuro.
Somos libres de expresar lo que queramos, pero quien recibe el mensaje también debe ser libre de cuestionarlo, o como mínimo tener claro que solo son deseos o creencias del presente. Las palabras solo son palabras. Si hay incongruencia entre las palabras y los hechos, siempre hay que dar valor a los hechos, que son las conductas que se realizan a partir de lo que hay en la mente.
Solo al ir caminando iremos comprobando si esas palabras son congruentes con lo que se está viviendo.
Esa parte de tu mente buscaba cubrir una necesidad
Si estás en una mala relación y te estás haciendo consciente de ello, puedes plantearte estas preguntas y responderlas desde lo más profundo de tu ser, para acabar de entenderte y comenzar a ser una mejor compañía para ti:
¿Por qué continúas?
¿Puedes vivir sin tu pareja o sientes que es una necesidad imprescindible?
¿Para qué lo necesitas?
¿Qué vacío emocional te está llenando?
¿Cuándo se formó esa necesidad o vacío?
¿Sigues teniendo la misma necesidad?
¿Cómo podrías saciar ahora esa necesidad?
Puede que desde el inicio de la vida se tengan carencias de alguna de las necesidades básicas, como puede ser la necesidad de sentirse segura, de ser importante para alguien, de vivir lo que se cree que viven otras personas en familias más estructuradas o felices, o incluso no tener las necesidades básicas fisiológicas cubiertas. Los mensajes que llegan desde la sociedad o desde Disney es que teniendo una pareja se va a tener la necesidad cubierta y se va a llegar al nivel donde se va a conseguir ser feliz y tenerlo todo.
Se puede conocer a ese «ser maravilloso» que en un primer momento sacia todas esas necesidades inconscientes, te sientes genial y además verbaliza que no te va a faltar nunca más en la vida, que siempre va a estar ahí contigo. La mente se ilusiona y se puede quedar atrapada y obsesionarse en no perder por nada del mundo a esa persona. Ahí está en ocasiones el inicio de la tolerancia a esa relación inaceptable.Esto no quiere decir que la persona sea responsable del maltrato recibido ni que sea una egoísta aprovechada, ¡ni mucho menos! La persona sin ser consciente se mete en un camino equivocado con alguna persona que no es la más indicada para compartir su vida.
Cuanto más tiempo estés en esa relación que al inicio parecía maravillosa pero que, más pronto que tarde no es lo que esperabas, más disminuye la autoestima y menos creerás en tu capacidad para cuidarte y protegerte. La mente se siente insegura porque había puesto la confianza en esa persona, y siente miedo porque lo que está viviendo no lo esperaba y no se ve con fuerzas para huir, por ello cada vez más se va agotando y desgastando, perdiendo confianza en ella misma y en el entorno.
Y hay una gran parte de verdad en las creencias sociales que se transmiten generacionalmente o a través de la música o el cine, que todo se soluciona con Amor, pero el Amor en el sentido amplio, no solo con el Amor romántico hacia una determinada pareja, ante todo, con Amor Propio.
Han instalado a base de repetirlo con diferentes mensajes, que al encontrar «el amor de la vida» se tendrán todas las necesidades cubiertas y que al formar una familia se cubrirá, entre otras, la necesidad de protección, seguridad y esa conexión social que te hará tener más autoestima.
Uf…
Afortunadamente, has decidido tomar el camino de vuelta a tu vida y a buscar otras maneras de satisfacer tus necesidades emocionales inconscientes y vivir.
Nunca se debe minimizar ni justificar el maltrato recibido. Una cosa no quita la otra.
Nadie, por estar cojo, debería recibir pedradas porque no pueda salir corriendo para evitarlas. Está claro que si no sale corriendo es porque no puede y la persona que está lanzando las piedras es la que se está aprovechando de esa circunstancia para comportarse de una manera inapropiada e indeseable.
No se trata de etiquetar, se trata de abrir los ojos y entenderte, saber qué necesitas ahora, qué necesitabas en aquel momento cuando iniciaste el camino de encontrar la felicidad a través de esa relación de pareja.
A mayor necesidades mayor dependencia de la otra persona y más esclava de esa situación. La persona siente tanta necesidad que cree que solo por ese camino las podrá satisfacer. La realidad ya sabemos que es otra, que ese camino se convierte en un camino tormentoso de dolor y sufrimiento donde solo por momentos sale el sol.
«No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita».
El bienestar nunca puede venir de fuera. Si algo se rompió dentro, se tiene que reparar ahí, tanto para uno como para otra. Necesitamos bienestar, y no podemos caer en las trampas de trileros que aún no han evolucionado, en PLENO Siglo XXI.
Es necesario entender el refuerzo positivo, negativo y la extinción
Toda conducta humana tiene una misión. Todo lo que hacemos lo hacemos por algo, aunque no seamos conscientes, toda conducta tiene un beneficio o sirve para evitar un daño mayor. Nadie es tan tonto de volver a tocar un enchufe si le ha dado una descarga. Nadie piensa que tal vez el enchufe en algún momento dejará de dar una descarga.
Solo volverá a tocar el enchufe aquella persona que ha aprendido a manipularlos y le da beneficio (electricista).
El refuerzo es la consecuencia positiva que tiene una conducta y hace que esta se mantenga.
Hay mentes que buscan el resultado positivo a corto plazo, aunque sepan que a largo plazo la cosa puede cambiar. Por ejemplo, fumar o comer de manera compulsiva proporciona un placer a corto plazo, pero a largo plazo hay consecuencias negativas.
La mente no solo conoce las consecuencias positivas o negativas que tiene una conducta por experiencias previas, sino también por creencias sociales.
No es necesario haber vivido la asociación entre una conducta y su premio o castigo para repetirla o evitarla, porque puede que la mente se haya ilusionado por lo que le han hecho creer, y esté esperando el premio o esté evitando llegar al lugar donde le han dicho que hay dolor o peligro.
Hay dos tipos de refuerzos:
El refuerzo positivo es el que mejor entendemos. Se da cuando después de una acción se recibe un estímulo positivo o deseable para la persona. Este refuerzo no necesariamente se tiene que dar siempre después de una conducta, por ello en psicología hablamos de razón fija o razón variable.
En las relaciones de manipulación los refuerzos, al inicio, para enganchar, son abundantes y generosos, pero a medida que la persona ya está atrapada en el camino equivocado, los refuerzos empiezan a escasear y a veces ni aparecen en meses y años, pero el cerebro se queda enganchado con pequeñas conductas que le hace mantenerse ahí y no coger fuerzas para huir, porque no siempre todo es malo.
Si todo fuese malo, la persona no estaría ahí, a no ser que tuviese una personalidad masoquista.
El refuerzo negativo se produce cuando se retira un estímulo aversivo o indeseable para la persona, después de hacer o no una conducta determinada. Por ejemplo, te puedes sentir culpable si no lo ayudas porque crees que él te ayudó en algún momento, entonces te quedas con él para ayudarlo y se alivia tu sentimiento de culpabilidad.
Algunas de las creencias que hacen tolerar la relación de maltrato también pueden funcionar de refuerzos negativos como veremos la parte 3 de este libro:
Evitar sentirse desprotegida Evitar estar sola ante la ansiedad Evitar tener que volver a empezar una relación Evitar la soledad y el miedo a envejecer sola Evitar sentir el vacío de la pérdida Evitar sentirse fracasada Evitar críticas del entorno y tener que justificarse Evitar sentir la sensación de pérdida del tiempo. Evitar sentirse egoísta y mala persona.En función de cuándo aparece el refuerzo asociado a una conducta, este puede ser fijo o variable, y también esta característica influirá en que se mantenga o no una situación.
-Un refuerzo es de razón fija cuando se refuerza la respuesta siempre después de haberla hecho o después de haberla realizado un número fijo de veces. Por ejemplo, es razón fija cobrar cada final de mes la mensualidad, o recibir un Gracias después de hacer algo.
-Un refuerzo de razón variable no tiene que producirse después de un número determinado de respuesta, sino que es aleatoria. Por ejemplo, razón variable podría ser la lotería: compras lotería y puede que te toque o puede que no.
La razón variable es la más peligrosa, porque es la que más engancha. En las relaciones de manipulación y maltrato hay mucho refuerzo de razón variable que se describen de la siguiente manera:
«A veces se ha portado bien, ahora hace tiempo que no, pero estoy esperando a ver cuándo vuelve a ser».
«Por ahora voy a seguir en la relación y sigo haciendo todo lo que está en mi mano para que vuelva a ser la persona que era y podamos volver a ser felices».
En el maltrato o manipulación, por un lado, se puede estar esperando la recompensa de volver a tener la relación soñada (refuerzo positivo) o se puede querer evitar un dolor, como puede ser quedarse sola, sentirse fracasada, que cumpla las amenazas, evitar remordimiento (refuerzo negativo).
Evitarás ir a una fiesta si crees, por experiencias previas, que no te lo vas a pasar bien. En cambio, repetirás y te apuntarás a todas las fiestas si crees que te lo vas a pasar muy bien como siempre.
Un niño que tiene una rabieta llorará y pataleará si ha aprendido que si lo hace al final le darán lo que quiere (refuerzo positivo). Otro, que no le gusta el colegio, tendrá vómitos cada lunes por la mañana y conseguirá no ir (refuerzo negativo).
Las conductas que se mantienen son las que sirven para obtener un beneficio o placer o las que sirven para evitar un sufrimiento.
Si una persona calla ante una situación que considera injusta o lejos de lo que se considera deseable es porque está evitando que se enfade otra persona y se empeore la situación. Tal vez en ese momento lo consiga, pero sin desearlo, está reforzando la conducta de la otra persona, que no se está comportando bien, y aun así está consiguiendo lo que quiere y sin quejas.
Una conducta incorrecta de la otra persona (manipuladora o maltratadora) está siendo reforzada (por la manipulada) y tenderá a repetirse más veces porque consigue todo lo que desea. La víctima de la manipulación o el maltrato está reforzando inconscientemente la conducta que quiere que su pareja cambie.
Hacernos consciente de esta asociación es imprescindible porque, aunque de miedo enfrentarse a alguna situación que se evita, hay que romper esas asociaciones y dejar de reforzar conductas que no llevan a ninguna parte.
La extinción es otro mecanismo importante a tener en cuenta para entender si una relación se mantiene o no. Se entiende por extinción cuando después de una conducta NUNCA hay la consecuencia esperada. Tiene que ser NUNCA, no sirve a veces sí, a veces no, porque entonces estaríamos hablando de un refuerzo positivo o negativo de razón variable.
Con la extinción la mente aprende que no hay nada que esperar. Si nunca hubiese un refuerzo positivo sería porque se está produciendo extinción y la persona cada vez tendría más claro que es una pérdida de tiempo continuar con esa persona, que es innecesario esperar a que cambie porque siempre será como es ahora. La persona sentiría frustración por no conseguir lo que esperaba y tendería a salir y dejar de intentarlo.
Si necesitas salir de esa relación tóxica, tienes que hacerte consciente de estos mecanismos psicológicos y darte cuenta que has estado esperando algo que casi nunca llega.
Que el refuerzo que estabas obteniendo, el tener su cariño, su comprensión, su protección…o lo que esperabas tener, cada vez es más espaciado e incluso puede que haga mucho tiempo que no ha aparecido.
Paciente: No estoy con él para obtener ningún beneficio.
Terapeuta: Ya, pero estás obteniendo castigos, porque comentas que no te trata bien, que te infravalora, que te planteas dejarlo…
Paciente: Pero yo lo quiero…
Terapeuta: ¿Por qué? ¿Qué te aporta?…
Es positivo responder a estas preguntas de manera sincera, para detectar los posibles refuerzos positivos o negativos que se obtienen al mantener esa relación.
No es ser egoísta querer obtener un refuerzo, ni es ser una persona tonta el continuar esperándolo. Es un mecanismo inconsciente, que si no lo conocemos y lo desactivamos nos puede llevar a un callejón sin salida.
Me quiero y lo quiero. El verbo querer no puede medirse de manera diferente para él y para ti. NO puedes darlo todo para la otra persona y olvidarte de ti.
Tal vez has estado esperando algo que no llega y que además cuando llega ya no es tan maravilloso como al inicio. Cada vez te das cuenta que el coste que tienes que pagar para tener un momento de felicidad es más grande, incluso que cuando lo obtienes ya no lo saboreas como antes.
Al inicio de la relación, la persona que quiere conquistar invierte mucho en reforzar tanto verbal como conductualmente, y una vez que ya «la presa» está programada a servirle, deja de ofrecer ese refuerzo y la pareja se pasa el resto de su existencia intentado hacer todo lo que cree que debe hacer para recibir ese refuerzo.
Cuando conociste a esa persona el refuerzo era fijo y abundante porque al sembrar la persona que quiere conseguir algo da mucho refuerzo constantemente.
Te está dando lo que necesitas en abundancia, está sembrando en tu mente esa ilusión y la está regando hasta el momento en el que tú por ti misma ya estás produciendo la respuesta que la otra persona desea, sin necesidad de reforzar más.
La mayoría de personas que hacen esto, no lo hacen planificando la acción, sino que su mente ha aprendido a actuar así, sabe que, si al principio da mucho y crea expectativa, atrapará a esa persona.
Las emociones, esas incomprendidas
Las emociones son reacciones psicofisiológicas que se manifiestan a través de diferentes sensaciones en el cuerpo. Aparecen como reacción a algún estímulo interno (pensamiento) o externo (situación) a la que se expone la persona.
El sistema límbico, formado entre otras estructuras por el hipocampo, la amígdala y el hipotálamo, es la parte del cerebro encargada de analizar de manera automática las situaciones diarias y analizar según los patrones de creencias y los antecedentes vividos que guarda, si una situación en concreto es peligrosa para ese individuo o no.
En el sistema límbico se almacenan los patrones de las situaciones vividas asociadas con la emoción que produjo y el aprendizaje que se sacó de ellas en el momento que se vivió.
Si esto no se modifica, estos aprendizajes serán los que utilizará nuestra mente para situaciones similares, aunque hayan pasado muchos años desde el momento que sucedió la situación.
Tenemos el mismo cerebro desde que nacemos hasta que morimos, aunque es plástico y tiene la capacidad de modificar asociaciones, si no desprogramamos las asociaciones incorrectas, seguirá actuando de la misma manera toda la vida. Es un gran paso hacernos consciente de lo inconsciente para comenzar el camino del cambio.
Las emociones son nuestras grandes aliadas, están ahí para ayudarnos, para informarnos. Son nuestro termómetro interno que mide si creemos que es correcto o no cómo estamos viviendo.
No siempre son escuchadas y entendidas, al contrario, a veces la emoción en sí es la que produce la emoción de miedo.
Se tiene dependencia emocional de alguien si las emociones propias dependen de cómo se está con esa persona. Es como si la sensación de frío o de calor que tenemos dependiese de si otra persona se abriga o no. Una persona se vuelve dependiente de otra cuando cree necesitarla para sentirse bien.
Aparentemente estamos evolucionando hacia la tolerancia y la diversidad en todos los ámbitos, pero al parecer, en nuestras mentes, cuando resistimos en una relación insana, parece que sigue en pie el modelo de familia como fuente para la felicidad. Parece que aún no tenemos muy asumido que la felicidad y bienestar son emociones que no pueden depender de nada externo.
Los bebés humanos necesitan del contacto directo con el adulto para su supervivencia, y ya desde el inicio de su vida esas interacciones serán muy importantes, porque la mente captará consecuencias y formas de conducta para sobrevivir.
En el inicio de la vida no se aprende con la información verbal, sino que el bebé, al captar las emociones de su entorno, tendrá tranquilidad si el ambiente es tranquilo y estará nervioso e inquieto si a su alrededor percibe malestar. Parece ser que hay mucha sensibilidad emocional en los bebés y se ha comprobado que pequeños cambios emocionales en los adultos producen alteraciones emocionales en el bebé.
Según investigaciones, en el vientre materno el feto es capaz de captar las emociones de la madre, cuya función es la de prepararlo para la vida. La liberación de endorfinas, hormona de la felicidad, o del cortisol, hormona del estrés, hará que el bebé sienta esas emociones.
Desde el inicio de la vida, también irá observando la gestión de esas emociones por parte de los adultos y las verbalizaciones que se hacen asociadas a diferentes estados de ánimo. Irá adquiriendo las reglas y creencias de su entorno, que se almacenarán en esa estructura con forma de caballito de mar llamado hipocampo, y serán las causantes de la interpretación de su realidad.
Una persona menor que observa cuando alguno de sus progenitores está preocupado dice frases del tipo: «El mundo está lleno de peligros», «Hay que tener cuidado con todo», ¡Qué susto…!»,hará que esa menor interiorice frases y creencias que pueden provocarle en el futuro ser una persona ansiosa, que se preocupa anticipadamente de lo que está por venir.
El cerebro «emocional» y «el racional» trabajarán conjuntamente como un gran equipo para regular el resto de órganos del cuerpo, y poder conseguir la misión, transmitida genéticamente, de supervivencia. A lo largo de su existencia, el ser humano irá adquiriendo a través de lo que capta con los cinco sentidos más información que, en función de su nivel de consciencia emocional hará que pueda ir modificando sus creencias adquiridas con anterioridad por otras más acordes con su vida y nivel evolutivo.
En función de lo que una persona siente al contacto con los demás, lo que ve, lo que oye y las consecuencias que está aprendiendo, aparecerá una emoción u otra. Es muy importante aprender a observarlas, ver qué emoción está presente y averiguar por qué ha aparecido.
Si no aceptamos las emociones como parte de nuestra existencia y no entendemos su misión, en vez de ser del bando aliado, se convierten en unas grandes enemigas a las que queremos combatir o de las que queremos huir.
Jamás cogeríamos el coche y tiraríamos como si no pasase nada si nos diésemos cuenta que hay alguna o todas las luces de alerta encendidas. Como mínimo, nos pararíamos a ver qué pasa y qué indica, porque de ello depende nuestra seguridad. Comprobaríamos qué puede pasar e intentaríamos solucionar la situación o como mínimo buscaríamos ayuda para que nos solucionasen el problema.
En el cuerpo, cuando no estamos bien en la relación de pareja o en otras situaciones, se encienden esas luces de alarma. Si en vez de mirar qué luces son y analizar por qué se han encendido, nos asustamos y las negamos, comenzaremos a tener otro problema. Puede que veamos esas señales de alarma pero que nos neguemos a aceptar que están encendidas por ese motivo, es como si nos negásemos a aceptar que el coche necesita resolver el problema.
El problema continuará, y si no se hace nada se hará más grande e incluso puede llegar a «romper a la persona», con un trastorno físico o emocional. Lo mismo que pasaría con ese hipotético coche si no revisásemos los indicadores de avería.
La información que puede analizar nuestro sistema límbico no siempre tiene que venir del exterior y ser real, simplemente con el pensamiento, recordando sucesos pasados o anticipándonos e «inventando» peligros futuros, nuestro cuerpo se puede activar con una emoción en concreto.
Salir del camino tortuoso en el que se ha podido convertir una relación de pareja no es fácil, y también lleva asociado un cóctel de emociones, lo que podríamos llamar el cuarteto emocional formado por la pena, el miedo, la rabia y la culpa.
