Textos escogidos - Confucio - E-Book

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Confucio

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Beschreibung

Todo aquel que quiera comprender el decidido resurgimiento de China como potencia mundial señera en los últimos años no puede soslayar la contribución que para ello ha supuesto el hecho de que el inmenso país asiático haya vuelto a abrazar el confucianismo una vez dejado atrás el relativamente breve período maoísta. Encaminadas ante todo a pacificar el reino en una época especialmente turbulenta, las ideas de Confucio (551-479 a.C.) propugnan en realidad formas de obrar y de organización sumamente estructuradas y jerarquizadas basadas en la sabiduría, el respeto y la tradición transmitidos por la piedra angular que supone el junzi u "hombre noble", compendio de virtudes que debe dar ejemplo a su entorno. El presente volumen recoge una selección de los textos más significativos de la recopilación de sus "Pensamientos" o Analectas, así como, por primera vez en nuestro idioma, la traducción completa del Libro del amor filial. Selección, versión y estudio preliminar de Gabriel García-Noblejas y Carmen Torres Marín

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Seitenzahl: 90

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Confucio

Textos escogidos

Selección, traducción del chino clásico, estudio y notas de Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal y Carmen Torres Marín

Índice

Cronología de las dinastías chinas

Estudio preliminar: El confucianismo ayer y hoy

Pensamientos o Analectas (selección)

Libro del amor filial

Créditos

El presente libro, sobre el mayor maestro de la China antigua, no podía estar dedicado sino al mejor profesor de toda nuestra vida, Rafael Núñez Ramos. En estas páginas, de alguna manera, vuelve a él algo de lo mucho que nos dio y enseñó en la universidad de Oviedo y, luego, en sus cartas y correos.

CRONOLOGÍA DE LAS DINASTÍAS RELEVANTES*

Dinastía Shang 商

1750-1080 a. C.

Dinastía Zhou 周

1080-221 a. C.

a) Zhou Occidental 西周

1080-221 a. C.

b) Zhou Oriental 东周

b) 771-221 a. C.

– Era de «Primavera y Otoño»

771-481 a. C.

– Era de «Reinos Combatientes»

771-481 a. C.

Dinastía Qin 秦

221-206 a. C.

Dinastía Han 汉

206 a. C.-220

– Han Anterior

206 a. C.-9

– Han Posterior

25-200

Tres Reinos 三国

220-265

– Dinastía Wei

220-265

Dinastía Jin Occidental 西晋

265-316

Dinastía Jin Oriental 东晋

317-420

Dinastías del Norte y del Sur 南北朝

420-589

Dinastía Sui 隋

581-618

Dinastía Tang 唐

618-907

Dinastía Song del Norte 北宋

960-1127

Dinastía Song del Sur 南宋

1127-1279

Dinastía Yuan 元

1279-1368

Dinastía Ming 明

1368-1644

Dinastía Qing 清

1644-1911

* Autor: Julio López Saco, tomado y modificado levemente de G. García-Noblejas, editor, China. Pasado y presente de una gran civilización, Alianza Editorial, Madrid, 2012, pp. 29-30.

Estudio preliminar

El confucianismo ayer y hoy

El volumen que el lector tiene en las manos nos ofrece, seguramente, los dos libros más importantes que existen para poder comprender con cierta profundidad el confucianismo original y, por ende, por qué China y sus habitantes se comportan como lo hacen en el mundo de hoy. Las obras en cuestión son los Pensamientos –o Analectas (en chino, 论语)– de Confucio (Kongzi o Kongfuzi) y el Libro del amor filial (en chino, 孝经), que seguramente se fueron componiendo entre los siglos V y IV a.C.

Sin el confucianismo –sin los textos que hoy traducimos– es imposible comprender ni el desarrollo de China a lo largo de la Historia, ni el estatus mundial que hoy ostenta, es decir, el de ser el segundo país más poderoso del planeta. ¿Por qué? Porque es en los textos que ahora traducimos donde se definió con meridiana claridad para los chinos el bien y el mal en términos éticos y morales, es decir, donde se estipuló cómo debían comportarse las personas en toda actividad y circunstancia. Tanto en los Pensamientos de Confucio como en el Libro del amor filial quedó claramente expuesta la ética en el ámbito familiar, en el ámbito social y en la política del país entero. Recordemos, de paso, que nuestros libros de hoy definieron –y definen– no sólo el espíritu de los chinos, sino también de los habitantes de los países asiáticos de influencia cultural china. Por ello, nuestros textos confucianos explican también, en parte, por qué los japoneses, los coreanos, los taiwaneses y los singapurenses son como son y sus países y regiones están donde están en el actual marco global y económico.

Porque el confucianismo y su exigencia de amor a los padres nunca se circunscribió ni se circunscribe a un comportamiento solamente individual, privado, familiar. Como verá el lector, el amor y el respeto filial son los sentimientos que el confucianismo presentó como eje de la relación que debía haber entre los emperadores del pasado y su pueblo, pero resulta que también son los que se presentan para estructurar los derechos y obligaciones que ligan al gobernante y al gobernado hoy día. No en vano, el actual presidente de la República Popular de China no ha dejado de recurrir, proponer e implantar (por la vía de la ley) la ética confuciana a la moderna sociedad industrializada y tecnológica de China en la última década. De modo que no es en absoluto exagerado afirmar que el que China sea hoy la segunda potencia mundial tiene mucho que ver con el contenido de estas páginas. Intentaremos ver todo esto con un poco más de detenimiento en las líneas siguientes.

Aunque Confucio viviera en la convulsa China de hace veinticinco siglos, su voz nos resulta tan actual y tan sabia que se diría que conoce nuestros desajustes globales y nuestras debilidades íntimas de hoy casi mejor que nosotros mismos. Entre su voz y nuestra vida no parece haber distancia; desde luego, no parece haber tanta distancia como uno se podría haber esperado. Sin embargo, aunque sus enseñanzas no nos resulten distantes, seguramente sí nos parecerán novedosas y originales con respecto a nuestras tradiciones filosóficas y espirituales más cercanas y familiares. Distintas, pero no distantes. Distintas, pero actuales y comprensibles.

Confucio forma parte de ese grupo de figuras clave para el desarrollo del espíritu humano universal que el gran filósofo Karl Jaspers aunó bajo el concepto de «figuras de la Era axial» (800-200 a.C., aproximadamente), entre las que se encuentran, por ejemplo, Platón y Buda. Se trata de una Era en la que nacieron todas las corrientes de pensamiento actuales y en la que el ser humano tomó conciencia de sí mismo en total plenitud creativa. Entre todas esas figuras, Confucio ocupa un lugar propio con una voz tan sabia y tan sencillamente humana que sólo podemos lamentar el desconocimiento que aún tenemos de ella no sólo en nuestras casas sino también en nuestras facultades universitarias. Su voz se suma a la de otras figuras de la Era Axial que, como Sócrates o Aristóteles, sin renunciar en absoluto a su religiosidad, aportaron una perspectiva más filosófica y menos mitológica a la búsqueda de la Sabiduría.

Como veremos más abajo, a largo de la dilatada Historia de China, Confucio ha sido tanto enaltecido y alabado como humillado y denostado. Hoy vive momentos de gloria, pues, como ya se ha señalado, el actual presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, ha propuesto el pensamiento de Confucio como modelo ético para el segundo país más poderoso del mundo. Pero no siempre ha sido así. Confucio nació el año 551 a.C. en el Estado de Lu en un tiempo en que el Reino del Centro era un mosaico de Estados en guerra permanente. Llevó una vida errante, viajando de Estado en Estado y tratando de formar buenos gobernantes y buenas personas en general, para, así, lograr la paz y la estabilidad en los reinos, en las sociedades, en las familias y en los corazones. Murió casi con toda certeza en el año 479 a.C. en su Estado de nacimiento con cierta fama y sin demasiada gloria, pero dejó tras de sí una serie de discípulos que recogieron por escrito su pensamiento en los textos que hoy presentamos, que transmitieron sus enseñanzas a las generaciones posteriores y que llevaron a la práctica su doctrina, tanto en calidad de hombres de gobierno como en calidad de miembros de la unidad fundamental de la sociedad china: la familia.

Confucio lo fundamentaba todo en conceptos como justicia (yi, 义), amor universal (ren, 仁),integridad (de, 德), amor filial (xiao, 孝) y Normas y Ritos (li, 礼). De todos ellos, el más importante y difícil de abarcar intelectualmente desde nuestros presupuestos culturales es el de ren o amor universal. Con este concepto, Confucio se refiere a un sentimiento de afecto, estima, consideración, empatía, ayuda desinteresada, generosidad y trato humano a todos por igual. Considera que, para vivir según el amor, es preciso seguir las Normas y los Ritos antiguos, que son, así, las vías de canalización correctas para tan generoso afecto; que no por generoso deja de llevar consigo un discernimiento entre el bien y el mal, es decir, lo que debe amarse y lo que no (fragmento 4.3). El resultado es que la persona que vive así, al vivir por y para los demás pero comenzando por sí misma, colabora en la construcción de una sociedad en armonía. El paradigma de dicho afecto es el amor paternofilial, un sentimiento que el segundo libro que aquí traducimos propone que se extienda a todas las relaciones sociales, a las intrafamiliares, a las extrafamiliares y a las políticas.

Consideraba Confucio que tales conceptos no debían proponerse ni defenderse de manera teórica ni dogmática, sino que debían enseñarse e inculcarse en la práctica y con el ejemplo vital. La figura que debía dar dicho ejemplo y ser dicho modelo en su vida diaria era la que él llamaba hombre de bien, hombre noble (junzi, 君子), el hombre a cuya forma de ser y de vivir dedicó el Maestro gran cantidad de pensamientos, como verá el lector en las líneas que siguen. Confucio no quería teorías del comportamiento humano sino seres humanos que se comportaran debidamente y, por añadidura, sirvieran de ejemplo a los demás. Lo fundamental en todo hombre auténticamente nobleno era el cumplimiento frío y mecánico de las Normas y los Ritos, sino el sentimiento, el amor por lo bien hecho y, en consecuencia, el llevar una vida correcta y sincera. Confucio estaba convencido de que si los hombres de bien, al dirigir sus Estados, comunidades o familias, amaban la vida de bien, los que fueran por ellos dirigidos también la amarían de una forma natural, sincera y espontánea y, en consecuencia, la sociedad entera, el mundo entero amaría y viviría según la justicia, la solidaridad humana y lo estipulado por las Normas y los Ritos gracias al ejemplo auténtico.

Normas y Ritos es, pues, otro concepto capital. Se refiere a las normas que pautaban el comportamiento de la persona en lo religioso (los rituales a los dioses, el culto a los espíritus de los ancestros familiares), en lo social (las normas de corrección y buena educación, el cumplimiento de los deberes filiales y paternales) y en lo político (los protocolos que regían las audiencias, el trato entre súbditos y señores, y la diplomacia). Confucio sostenía que las Normas y los Ritos que debían seguirse eran los que habían implantado los gobernantes en la primera parte de la dinastía Zhou (dinastía modélica para Confucio por su buen hacer), como, por ejemplo, los reyes Yao y Shun, el rey Wen o el duque de Zhou. Tales normas y ritos habían quedado escritos en los libros de dicha época, libros cuyo estudio Confucio consideraba crucial para llegar a ser un hombre acabado, noble de espíritu. Los modelos de la sociedad y del hombre perfectos se debían buscar en los libros de aquella lejana época que abarcó del año 1122 a.C. al 771 a.C.; libros en los que se detallaba cómo eran los ritos y cultos religiosos, la música y los comportamientos sociales, familiares y políticos que Confucio quiso rescatar y propugnar; libros que detallaremos más abajo(véase p. 23 infra). De ahí que Confucio afirmara que él no había creado ninguna idea nueva, que simplemente había transmitido las de sus modelos antiguos, a los que admiraba, como leemos en el fragmento 7.1 infra.

Tales ideales clásicos debían encarnarse en un tipo de persona muy particular a la que ya hemos hecho alusión: aquella a la que Confucio llamó junzi, es decir, hombre noble de espíritu