Tiempo de reconstruirte - Javier Regueira - E-Book

Tiempo de reconstruirte E-Book

Javier Regueira

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Beschreibung

2008 fue un año difícil para Javier Regueiro. Se vio obligado a cerrar su primera empresa y tuvo que enfrentarse a una triple quiebra económica, profesional y de salud difícil de superar. Pero, paradójicamente, esta crisis le sirvió para reconstruirse, porque por primera vez en su vida pudo dedicarse a su verdadera pasión: escribir e impartir formaciones. Este libro te cuenta sin rodeos lo que el autor de estas páginas vivió: su deriva tras el descalabro y cómo tuvo que enfrentarse a su frustración y resetear su salud desde cero para sentirme de nuevo útil y productivo; el descubrimiento de que los momentos difíciles encierran las mayores oportunidades de negocios; el emprendimiento de un nuevo rumbo profesional, conectando con sus verdaderas pasiones y capacidades, y las herramientas que utilizó para crear su marca personal, encontrar clientes y generar ingresos. Las personas no crecemos cuando el mar está en calma, sino cuando de pronto se agita y nos vemos obligados a tomar decisiones y aventurarnos hacia nuevos rumbos.

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Seitenzahl: 231

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Tiempo de reconstruirte

Cómo convertir una crisis en un trampolín profesional

Javier Regueira

Primera edición en esta colección: noviembre de 2021

© Javier Regueira, 2021

© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2021

Plataforma Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99

www.plataformaeditorial.com

[email protected]

ISBN: 978-84-18927-09-6

Diseño de cubierta y fotocomposición: Grafime

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

Índice

EnhorabuenaSobre éxitos y fracasosWarningLa patraña del vendehúmosLa patraña del emprendedor universalLa patraña de la idea felizLa mayor patraña de todas: think bigLa patraña del esfuerzo y el éxitoLo que este libro te ofrece4 razones para emprender1. Cómo dejar de sentirte como una m…La mente es el enemigoEn busca de sentidoEl estigma del fracasoVolver al serEl foco que nos deslumbraEl barco que se hunde mil veces en tu cabezaEl peligro de sentirnos científicos¿Crisis o decisión?Pequeños superhéroesLas lágrimas del fénixTest de adaptación al cambioCómo interpretar tus resultados2. Cómo volver a ser productivoAgorafobiaGame overSimplifiquemos¿Por qué yo?De paseo por el EverestTu ego es tu enemigoPermanece alertaEl complejo de PenélopeCrecimiento postraumáticoIkigai: la primera piedra de tu nuevo proyectoComienza por tus pasionesIlusionado pero no ilusoDe tus pasiones a tus capacidadesMirando por la ventanaBendita crisis3. Cómo detectar oportunidades en tiempos de crisisEl cisne negroCerca de tus amigos, más cerca de tus enemigosConsumir en tiempos de crisisTu valor versus el de tu competenciaPrecios bajos versusCómo encontrar un mercado prometedorMarketing es escuchar antes de hablarZapatero a tus zapatos¿De verdad necesitas un plan de negocio?Negocios de PowerPointDel plan al modelo de negocioMi lienzo personal: NO Content, NO BrandSi vas a fracasar, hazlo rápido y baratoLa mentalidad de Edison4. Cómo diferenciarte en tiempos de crisisEvita ser un commodityVender jeans con agujerosTu diferencia es tu marcaCreando tu propia marcaSimplifica, simplifica, simplificaLa trampa de la creatividadEn busca de mil fanesConsigue que hablen de tiDe la madera a las cámarasDos contactos, dos saltos profesionalesY recuerda que tu marca no es tuya5. ¿Acertar a la segunda?No me arrepiento, pero no lo volveré a hacerUna lección de surfTrabajo duro no equivale a éxitoEl mito de HérculesUna empresa no es un lugar donde trabajarBurnout, del sueño a la pesadillaEl secreto de EisenhowerPersonas, personas, personasEstar en las nubesServir para ganar dineroEl día perfecto para echar a andarBibliografía

Para Carlos: un ejemplo de vocación y amor por su trabajo.

Enhorabuena

Según fuentes oficiales, el índice de confianza del consumidor (ICC) cayó en 2020, como consecuencia de la pandemia, a los niveles más bajos desde 2013.1

Si estás leyendo las primeras páginas de este libro, probablemente no sea por casualidad. Como cada vez que sufrimos una crisis, tal vez temes perder tu trabajo o negocio. Y cuando todo parece colapsar alrededor, has comenzado a preguntarte si puede ser el momento de soltar, de cambiar de rumbo.

Si de alguna forma sientes que estás viviendo este proceso, quiero darte la enhorabuena porque no perteneces al grupo de los que se conforman.

Según la consultora Gallup,2 un 85 % de los profesionales se sienten insatisfechos con sus trabajos e incluso acarician la idea de abandonarlos por nuevos proyectos…, pero no hacen nada al respecto.

Enhorabuena por no atrincherarte en el pesimismo, por evitar que la queja se instale en tu vida como única reacción a todo lo que sucede alrededor.

Y gracias por considerar este libro que tienes entre tus manos como un pequeño paso en tu propio proceso de reconstrucción.

No cabe duda de que mi camino ha estado lleno de obstáculos.

Perdí mucho dinero, mi confianza y hasta mi propia salud. Pero volvería a transitar por él sin dudarlo.

Porque la crisis más traumática de mi vida, que estoy a punto de contarte sin ambages, me ha permitido ser quien soy hoy.

Gracias a esa crisis, comencé a dedicarme por primera vez en mi carrera a lo que me hace feliz: escribir y divulgar.

Y también gracias a ella me volví una persona más resistente al desánimo.

¿Comenzamos?

Sobre éxitos y fracasos

Desde niño, he tenido la suerte de disfrutar de numerosas oportunidades personales y profesionales.

Nací en Ferrol, una esquina remota de España. Mi padre, marino mercante de profesión y la persona que más influencia ha ejercido sobre mí, siempre priorizó el trabajo en su vida. Sus logros en lo profesional fueron muchos: dejó su empleo como peón en un astillero para estudiar en tiempo récord lo que le faltaba de bachillerato y la carrera de Marina Civil, y consiguió un buen trabajo que le permitió darnos una mejor vida a mi madre, a mi hermano y a mí.

El esfuerzo de mis padres me permitió acceder a una buena formación. Mi padre suele decirme que tuve muchas oportunidades, pero que las aproveché. Cuando descubras lo que me sucedió en la crisis de 2008, es posible que discrepes de él.

Heredé de mi padre ese apego por lo profesional que daba sentido a su vida y que, de forma exagerada, durante mucho tiempo ha dado sentido a la mía.

De pequeño leía y escribía compulsivamente. Era curioso y ambicioso. Quería viajar, conocer, retar mis límites. Y mis padres (sobre todo mi madre, que falleció poco después de que yo decidiese volar) lo entendieron desde el primer momento.

Así fue como en 1989 me fui a estudiar a Estados Unidos, a un lugar humilde pero imposible de olvidar llamado Troy, en el estado de Alabama, donde creo que me hice mayor. Un lugar al que he regresado varias veces para visitar a una segunda familia que siempre está cerca cuando la necesito.

A mi regreso de Estados Unidos, casi sin deshacer las maletas, me embarqué en una nueva aventura, esta vez en Londres, para estudiar Ciencias Empresariales Europeas. Completé mi carrera en Madrid, en ICADE (Universidad Pontificia Comillas), donde, como en todas las facultades de prestigio, se encargaron de calentarme la cabeza a conciencia en relación con mis supuestos talentos y capacidades.

En cuanto me licencié, encontré trabajo en una renombrada agencia de publicidad llamada Leo Burnett. De allí pasé a la multinacional cosmética Nivea como brand manager, a Imperial Tobacco como marketing manager, y a otra agencia, Grey, como director de servicios al cliente.

Con treinta años recién cumplidos, ocupaba un puesto de responsabilidad, tenía la oportunidad de viajar por toda Europa y estaba bien remunerado.

Es cierto que me hastiaban las tensiones y los fuegos que había que apagar en el día a día, pero ¿en qué trabajo no existen? Tal vez en mi lugar hubieses conservado ese trabajo, puesto que acababa de casarme y parecía el momento de echar raíces.

Pero esa naturaleza inquieta y ambiciosa de nuevo me arrastró en la dirección opuesta.

Sentía que me estaba conformando, que estaba cediendo las riendas de mi carrera a un tercero (mi empresa) a cambio de seguridad. Los viajes a Londres, a París, a Berlín, que al principio me gustaban, se convirtieron en un incordio.

En la gestión de grandes cuentas publicitarias internacionales, las decisiones se toman en las más altas esferas de las centrales: en Nueva York, en Chicago, en Londres… Los directivos de las agencias locales figuran, sí, pero no configuran esas campañas.

De modo que acudía a esas reuniones para acompañar a mi cliente local, para exhibir ejemplos de campañas locales o para asistir a formaciones, pero la sensación que me asaltaba cada vez más era la de estar perdiendo mi tiempo en un puesto de florero donde aportaba poco o nada.

Y empecé a acariciar la idea de dar un nuevo giro a mi carrera. Esta vez un giro mucho más extremo que el mero hecho de cambiar de trabajo. Quería sentirme mucho más útil.

Con más de diez años de experiencia profesional a mis espaldas, sentía que había llegado el momento de trabajar para mí mismo, de colgar la corbata y montar mi propia empresa.

La decisión estaba tomada. Ya solo faltaba la idea.

En una de mis visitas al extranjero, esta surgió inesperadamente. Un día plomizo de los que son tan comunes en Londres, antes de coger un taxi al aeropuerto, entré a comer en un lugar diferente, encantadoramente sencillo y práctico. Una especie de salad bar convertido en un hormiguero de ejecutivos que entraban y salían sin parar.

Semanas más tarde encontré restaurantes parecidos en París, Berlín, Bruselas… La fórmula era muy sencilla: restaurantes en régimen de autoservicio donde podías comer una ensalada rápida o un sándwich por poco dinero, escogiendo tú mismo los ingredientes. Es decir, un fast food, pero natural.

La idea comenzó a interesarme más y más. En los siguientes meses visité decenas de estos locales durante mis viajes: los Eat, Pret a Manger, Bert’s, Benugo. Y no vi, o no quise ver, más que ventajas: parecía bastante más sencillo de implementar que un restaurante a la carta, cubría una necesidad real de ese público objetivo (comer rápido y por poco dinero) y parecía en línea con la creciente presencia de ensaladas y fruta en la dieta española.

Mi mayor ilusión (deformación profesional de publicista) consistía en crear esa nueva marca de la nada e inocularle todo ese entusiasmo que no podía desplegar en la agencia.

Había llegado el momento, y tenía la idea. Así que en el invierno de 2004 forcé mi despido de Grey para embarcarme en mi primera aventura empresarial. Sin saber que esa primera experiencia, o más bien sus cenizas, marcarían el resto de mi vida. En lo bueno y en lo menos bueno.

Dediqué casi un año a preparar el lanzamiento: la marca, la carta, el local, su mobiliario y equipos… hasta que abrimos las puertas en la calle Fernández de la Hoz, en el madrileño barrio de Chamberí, a finales de 2005.

Lo bautizamos Pause: una pausa en tu jornada de trabajo para comer rápido y sano.

Los inicios fueron prometedores: en la primavera de 2006, ya abarrotábamos ese primer local, sirviendo más de doscientas ensaladas al día. ¿Nuestro público? Ejecutivos con poco tiempo para comer y que veían con buenos ojos una alternativa sana al clásico menú del día.

Atraídos por ese aparente éxito, un grupo de clientes se acercaron a mí para ofrecerme unirse al proyecto. No tardamos en ampliar capital. Pero lejos de utilizar esos fondos para dotar de solidez a la empresa, los dedicamos a abrir de forma inmediata un segundo restaurante en 2007 (en un parque empresarial cercano al aeropuerto de Barajas) y un tercero en 2008 (a doscientos metros de la Puerta del Sol).

Y la vida decidió entonces recordarme sus reglas: la bonanza no dura siempre, y mucho menos en los negocios.

La economía mundial comenzó a ralentizarse, y la española todavía más, recalentada por una desorbitada burbuja inmobiliaria. Se calcula que en la crisis de 2007-2012 desaparecieron en España cerca de doscientas mil empresas, casi el 6 % de los 3,4 millones censados al comienzo de ese período. Por su parte, el desempleo pasó de un 8,2 % de la población activa en 2007 a un espeluznante 26 % seis años más tarde.

En los restaurantes, nuestros clientes comenzaron a palparse los bolsillos: quien no había perdido su trabajo consideraba que podía perderlo y decidía controlar su gasto. Nuestro producto estrella, la ensalada, era además fácilmente sustituible por otro producto mucho más económico: la fiambrera traída de casa.

Primero se desplomaron los viernes. Luego los desayunos. Hasta que no pudimos hacer frente a los costes fijos y nos vimos tentados de recortarlos. Y en hostelería, si descuidas en personal y reduces calidades, solo aceleras tu defunción.

A finales de 2008, un banco denegó la renovación de nuestra línea de crédito y provocó que mi empresa terminase de desmoronarse. Tuve que cerrar los tres centros de trabajo, despedir e indemnizar a más de veinte empleados y, como yo era el único socio que avalaba los créditos bancarios, tuve que hacer frente en solitario a la cuantiosa deuda (cerca de medio millón de euros) malvendiendo mi casa.

Me sentí arrasado por una triple ruina económica, profesional y de salud. El golpe más doloroso y aleccionador de mi vida.

Económicamente, con casi cuarenta años hube de comenzar desde cero tras arruinarme por completo. Y, por supuesto, como autónomo que era, sin ningún tipo de prestación que me ayudase a coger fuelle de nuevo.

En lo profesional, me sentí desconectado por primera vez en mi carrera. Tras cuatro años trabajando por cuenta propia, me había alejado del sector publicitario y le había perdido el pulso a la profesión.

Y lo que es (mucho) peor: tuve que reconstruir mi salud. A comienzos de 2008 comencé a sentir una fatiga extrema e incapacitante. Después de visitar médicos de distintas especialidades y hacerme decenas de pruebas, fui diagnosticado con síndrome de fatiga crónica.

En mi libro Game over3 cuento el descalabro y analizo sus causas. Pero jamás había relatado el camino que recorrí después. El que me permitió levantarme del suelo y reconstruirme poco a poco en los meses siguientes.

La pandemia de la COVID-19 ha recrudecido la crisis que ya en 2019 distintos expertos vaticinaban, y ha convertido esas previsiones de lluvia en la tormenta perfecta. Porque ya no hablamos como en 2008 de una sola crisis, sino de tres: sanitaria, económica y política.

En 2020 echaron el cierre casi setenta mil empresas en España y trescientas mil más afrontaron serias dificultades. Como consecuencia, la tasa de paro, que ascendía a un 14 % en 2019, se disparó hasta el 20 % en cuestión de semanas.

Por eso, en la primavera de 2020, en lo peor del confinamiento, comencé a escribir este libro. Mientras ese virus desconocido nos enclaustraba privándonos de la libertad de la que Occidente llevaba setenta años disfrutando de forma ininterrumpida, me di cuenta de que yo ya había vivido mi propia crisis. ¡Y la había superado!

Caí en que podía ayudar a otras personas compartiendo mi propio proceso de reinvención personal y profesional. Explicando las decisiones, los conocimientos y las herramientas que me ayudaron.

Este libro es el relato sincero de todo ese camino recorrido desde el día que hube de echar el cierre de mis tres restaurantes.

Y este capítulo no se titula «Éxitos y fracasos» por casualidad: fíjate en el gráfico de mi línea de vida que te muestro a continuación.

Mi proceso de reinvención personal no es más que un reflejo de la vida misma.

El fracaso y el éxito no son extremos tan opuestos como pudieran parecer. Realmente esas oscilaciones que puedes observar en mi línea de vida son dos caras de la misma moneda, dos componentes que forman parte, nos guste o no, de nuestra travesía.

Ahora observa lo acusado de esas oscilaciones hasta la quiebra de los restaurantes. Y cómo esos desniveles son mucho más suaves a partir de 2010 y 2011.

La experiencia traumática del año 2008 me ha permitido relativizar. Porque las caídas van a seguir produciéndose, aunque yo no quiera. Y, por supuesto, las victorias también. Pero es mi trabajo anticipar y gestionar mejor los momentos de dificultad.

Por eso los vaivenes son menos acusados ahora. Y por eso esta última crisis de la COVID-19, aunque me haya obligado a adaptarme, no me ha afectado tanto como a otras personas.

Si en los últimos meses una crisis te ha hecho salir despedido de esos raíles por los que transitaba tu vida, deja de pensar que tu historia ya está escrita.

El último año tal vez sea un capítulo gris y negativo en tu vida, y puede que ahora mismo no veas la salida del túnel por el que transitas. Pero te aseguro que este último año no es en absoluto el final de tu historia.

Si yo pude reconstruirme, tú también puedes.

Cuando busquemos un modelo de vida, fijémonos en una piedra de la playa.

Es batida continuamente por las olas, pero permanece inmóvil y tranquila,

Y, al final, en torno a ella se calman las aguas.

MARCO AURELIO

Warning

Lo has visto hasta la saciedad en los últimos meses: Internet está repleto de expertos o seudoexpertos que te prometen métodos teóricamente infalibles para emprender amasando millones en tiempo récord.

La gran ventaja de la red, la amplísima oferta de contenido a tu disposición, es al mismo tiempo su mayor riesgo. Y tú eres el único que puede discriminar lo útil y beneficioso para ti de lo que te puede hacer perder el tiempo o incluso resultar perjudicial a la larga.

En los períodos de crisis siempre surgen voces oportunistas que ensalzan el emprendimiento como un camino rápido y fácil para ganarte la vida. A los políticos les encanta que los empresarios les resolvamos el reto de crear empleo. Y los divulgadores con pocos escrúpulos se sienten en su salsa rodeados de alumnos dispuestos a sacar la cartera por su estado de desesperación.

Emprender es un camino apasionante, sí. Pero no tiene nada de sencillo.

Así que cuando, pululando por Internet, detectes cualquiera de estas patrañas, hazme caso y huye sin mirar atrás.

La patraña del vendehúmos

No es cierto que en solo treinta días se puedan conseguir ventas de siete dígitos. Y pese a ello, encontrarás libros que prometen justamente esto en su portada.

Por otro lado, tu objetivo al iniciar un nuevo proyecto nunca puede ser solamente el dinero.

Si emprendes alentado exclusivamente por la expectativa de generar rápidos beneficios, te vendrás abajo en cuanto los números se tuerzan. Y te aseguro que rara vez tus ventas van a coincidir con las previsiones que has realizado antes de abrir un negocio.

Por el contrario, si, como veremos más adelante, dejas que tus pasiones y tu talento te guíen, tendrás más energía para sobrellevar tus resultados cuando no sean todo lo buenos que esperabas.

La patraña del emprendedor universal

No es cierto que cualquier persona esté capacitada para emprender cualquier actividad en cualquier sector.

Es posible que hayas oído hablar del principio de Peter, basado en el estudio de las jerarquías en las organizaciones.

Según esta teoría, el crecimiento de un profesional se estanca al llegar a un nivel de responsabilidad en el que resulta incompetente. Todos tenemos ese techo, que es diferente en cada uno de nosotros.

La aCtitud, con C, tu voluntad inquebrantable de llevar a buen puerto lo que haces, por mucho que te quieran vender humo, no es suficiente sin la necesaria aPtitud, con P, las condiciones que necesitas para montar un taller mecánico, una asesoría, una agencia de publicidad o simplemente para aspirar a desarrollar ese departamento emergente en la empresa para la que trabajas.

La patraña de la idea feliz

Habrá quien te diga que todo lo que necesitas para triunfar es una buena idea. Exaltadores de la creatividad que te invitan a visualizar esa idea, como si haciéndolo ya estuvieses transformándola en billetes de cien euros.

Tal vez no sepas que Google no fue una idea original: no fue el primer buscador. Ni iPod el primer reproductor de MP3. Idealista no fue el primer portal inmobiliario. Mercadona no fue el primer supermercado de precios populares. Todas estas enseñas no marcaron (y siguen marcando) la diferencia en sus respectivos sectores por el valor de la idea de negocio, sino por haber desarrollado esas ideas hasta la excelencia.

¿Sabes lo que valen las ideas en tu cabeza? Nada. Cero.

Las ideas adquieren su valor cuando se ejecutan brillantemente.

La mayor patraña de todas: think big

La literatura de emprendimiento es la más repetitiva que existe en el ámbito editorial. No hay otra temática que muestre más lugares comunes, más clichés, y el más grande es, sin duda, aquello de think big. Ese burro grande, ande o no ande.

Financia como un bestia, planifica como un bestia y venderás como un bestia, obteniendo beneficios igual de bestias.

Huelga decir que no funciona así. La próxima vez que visites un gran hipermercado, observa sus lineales. Apreciarás miles de referencias que se parecen entre sí como gotas de agua. La mayoría se pierde en una especie de magma indiferenciado.

Todas esas marcas quieren ser las más admiradas, las más altas, las más rubias y las más líderes. Y eso es imposible.

En las escuelas de negocios, en primero de Marketing nos hablan de la utilidad de segmentar. Segmentar es renunciar a amplias partes de un mercado para especializarnos en un producto o servicio concreto con el que podamos adquirir una credibilidad sobresaliente. Como las aspiradoras Dyson (no fabrican tostadoras, lavadoras ni robots de cocina) o como la bebida energética Red Bull (no fabrican refrescos de cola).

Como digo, nos enseñan a segmentar y, sin embargo, el día que abandonamos la facultad, parece que se nos olvida.

Si estás considerando montar un negocio, think small. Segmenta. Conoce a tu cliente en profundidad. A menudo el éxito en los negocios no requiere apuntar al cielo, sino a un pequeño grupo de clientes y a una necesidad que puedas satisfacer mejor que tus competidores. Eso se llama adquirir una ventaja competitiva. Y es lo que te permite seguir vivo a pesar de las crisis.

La patraña del esfuerzo y el éxito

Nos engañaron de niños cuando nos prometieron que, si nos esforzábamos, los resultados llegarían. Lo hicieron por nuestro bien, pero nos mintieron.

Tal vez suceda así mientras tu trabajo consista en aprobar exámenes. Estudias mucho, memorizas datos, conceptos y definiciones, y te presentas a un examen en un día previamente fijado en el calendario. Y habitualmente, si te lo has tomado en serio, apruebas. O incluso sacas buena nota.

Pero, cuando sales al mundo real, a trabajar por cuenta ajena o a desarrollar un proyecto propio, tu examen tiene lugar todos los días. Todos. Es entonces cuando te das cuenta de que puedes trabajar hasta la extenuación sin llegar a ver resultados.

Trabajar duro es imprescindible para ganarte bien la vida, sí. Fue necesario para que yo pudiese levantarme tras mi estrepitosa quiebra. Pero en absoluto es suficiente.

Este libro no promete ninguna de estas falsas quimeras.

Acertar en los negocios no es el resultado de ninguna metodología infalible (o todos esos escritores que ensalzan el emprendimiento a pies juntillas estarían forrados, tostándose bajo un cocotero en una isla paradisíaca).

Si no te estoy prometiendo una fórmula de éxito, déjame entonces que te cuente lo que sí te asegura este libro que tienes entre las manos.

La ilusión vale cuando la realidad la toma de la mano.

ANÓNIMO

Lo que este libro te ofrece

En una escena de la primera entrega de la trilogía Matrix, Morfeo (el personaje encarnado por Laurence Fishbourne)le ofrece a Neo (Keanu Reeves) la posibilidad de elegir entre dos píldoras: una azul y una roja.

La píldora azul permitiría a Neo regresar a la cálida ficción de Matrix (creada por las máquinas para esclavizar al género humano). Pero elige la roja, que le hará salir al mundo real, que en ese momento desconoce.

En ese instante, cuando Neo está a punto de escoger, Morfeo decide ser neutral para no condicionar su elección. Simplemente le dice: «Lo único que te ofrezco es la verdad, nada más».

No te voy a arruinar más la película si todavía no la has visto. Solo me serviré de esta imagen para explicarte lo que te ofrece este libro: la verdad, nada más.

Aprendizaje REAL. Nada de lo que hay en este libro es inventado o impostado. Solo lecciones reales extraídas de mi propia experiencia de reinvención. Lo que yo viví para superar mi propia crisis: frustración, parálisis, vértigo y, por fin, inspiración, actividad y resultados.Metodología REAL. Llevo casi treinta años trabajando en marketing y diez impartiendo formación en escuelas de negocios y empresas. Me dedico profesionalmente a enseñar metodologías. En otras palabras: a enseñar a hacer. De la misma forma que en el capítulo anterior te decía que no existe una fórmula mágica que te garantice resultados seguros en tu próximo proyecto, sí tendrás la posibilidad de descubrir qué pasos concretos di, qué herramientas utilicé, cuáles me sirvieron y cuáles no. Y podrás aplicar estas mismas herramientas a tus propias circunstancias personales y profesionales.INSPIRACIÓN e ILUSIÓN. Emprender no es un salvoconducto al dinero fácil. No es una fórmula mágica para garantizarte un autoempleo estable. Pero sí es una aventura apasionante en la que nunca dejas de aprender. Si, además, como te contaré en el libro, tienes la habilidad (¡y la fortuna!) de identificar una actividad que te gusta hacer, que hace que te sientas realizado como persona, que te aporta significado, tus posibilidades reales de llevar esta actividad a buen puerto se dispararán.

El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento.

VICTOR PAUCHET

4 razones para emprender

Si sigues leyendo estas líneas, es probablemente porque son relevantes para ti. Porque sientes que la crisis te ha situado en un punto de inflexión donde te toca mover ficha.

Pese a las precauciones que te he recomendado adoptar con relación a un posible proyecto personal. Pese a los cantos de sirena de los vendehúmos que te perseguirán por Internet, si no lo están haciendo ya. Pese al interés oportunista de los políticos que solo se acuerdan de ensalzar a los pequeños emprendedores en épocas tormentosas, ocultando las dificultades que encontraremos en el camino…

Pese a todo ello, yo siempre te aconsejaré que actúes. Que te pongas en marcha, con cautela, pero en marcha.

Tengo cuatro razones para invitarte a considerar un proyecto personal como próxima etapa de tu carrera.

Pasamos en el trabajo ocho horas diarias, que son unas mil ochocientas al cabo de un año y cerca de setenta y cinco mil en el transcurso de toda nuestra vida laboral. El día que nos vayamos, entre un 25 y un 30 % de nuestra vida en este mundo lo habremos pasado trabajando. ¿Realmente quieres tirar todo ese tiempo? Ahora que, por primera vez en mucho tiempo, tal vez no tienes nada que perder y estás en posición de decidir lo que quieres hacer con tu carrera, ¿vas a conformarte con un trabajo del cual quieras escapar cada tarde? ¿O puedes aspirar a hacer un mejor uso de tu bien más preciado, que es el tiempo? Te invito a recorrer el resto de las páginas de este libro conmigo para descubrir cómo utilizar cualquier crisis como un trampolín para encontrar una ocupación con mayor significado para ti.En segundo lugar, piensa que no estás solo. Siempre se ha dicho que España no es un país de emprendedores. Sería más correcto decir que no es un país de grandes