Tiempo sabio - Amantha Imber - E-Book

Tiempo sabio E-Book

Amantha Imber

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"Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Lee este libro y asómbrate de todo lo diferente que puedes hacer aprovechando los poderosos hábitos y secretos de productividad de las personas más exitosas del mundo. Descubre estrategias que cualquiera puede adoptar para mejorar su estilo de vida, ya seas director ejecutivo, una madre o un padre que trabaja, propietario de una pequeña empresa o estudiante universitario. Domina tu día y sube de nivel tu vida utilizando los secretos y hábitos de productividad de los pensadores, líderes y empresarios más destacados del mundo. "

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Seitenzahl: 391

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Lee este libro y asómbrate de todo lo diferente que puedes hacer aprovechando los poderosos hábitos y secretos de productividad de las personas más exitosas del mundo.

Descubre estrategias que cualquiera puede adoptar para mejorar su estilo de vida, ya seas director ejecutivo, una madre o un padre que trabaja, propietario de una pequeña empresa o estudiante universitario.

Domina tu día y sube de nivel tu vida utilizando los secretos y hábitos de productividad de los pensadores, líderes y empresarios más destacados del mundo.

¡Comienza a hacer mucho más en menos tiempo!

Amantha Imber es psicóloga organizacional y fundadora de la consultora de cambio de comportamiento Inventium. Es famosa por su podcast How I Work, que ha tenido más de 5 millones de descargas.

Ha ayudado a empresas como Google, Apple, Disney, LEGO, Atlassian, Commonwealth Bank y muchas otras a reinventar la forma en que abordan su trabajo.

En 2019, fue nombrada una de las 100 mujeres influyentes por el Australian Financial Review. En 2021, ganó el Premio a la Innovación Thinkers50 (descrito por el Financial Times como el “Oscar del Pensamiento Gerencial”), que reconoce al pensador que más ha contribuido a la comprensión de la innovación a nivel mundial durante l os últimos dos años. Fue la primera australiana en ganar este premio.

Para Frankie, mi mayor razón para usar mi propio tiempo con sabiduría

No se nos ha dado una vida corta, sino que la hacemos corta, y no somos menesterosos de ella, sino derrochadores. La vida es larga si se sabe utilizar.

 

Séneca, La brevedad de la vida

Índice

¿Cómo utilizar tu tiempo de forma inteligente?Prioridades. Determina lo que importaFijar objetivos no funciona. Cómo lo puedes arreglarCómo los atajos mentales pueden ayudarte a evitar el agotamientoPor qué necesitas un consejo de administración personalEl paso crítico que la mayoría de la gente no toma en cuenta al tomar decisionesCómo hacer las preguntas correctas te llevará a tomar mejores decisionesUn sencillo truco para que tomes decisiones más éticas¿Te comprometes en exceso? Conoce el Sí del IcebergNo vuelvas a arrepentirte de una decisión con esta sencilla preguntaCómo decidir a qué juntas debes asistirPor qué debes esforzarte por lograr el equilibrio entre la vida laboral y la personalAprovecha tu tiempo los viernes por la tardeUn ritual diario para ayudarte a ver el panorama generalAprovecha más tu tiempo con la lista de tareas de “cosas que podría hacer”Por qué necesitas poner un límite a tu lista de cosas por hacerPrioridades. ResumenEstructura. Dale forma a tu díaPor qué tienes que dejar que tu cronotipo le dé forma a tu díaCómo llevar un registro de cambios hará que optimices tu tiempoIncorpora una tarea destacada cada díaCómo hacer más tareas de 10 mil dólares la hora y menos tareas de 10 dólares la horaEs hora de podar las tonterías de tu agendaCómo evitar que la gente se apropie de tu calendarioCómo hacer que cada hora sea productivaDeja de tratar las pausas como algo secundarioEvita tener un día de locosDeja de revisar el correo electrónico mecánicamentePor qué necesitas terminar tu día con el truco de HemingwayEs hora de empezar un “ritual de cierre”Estructura. ResumenEficiencia. Trabaja más rápido y de forma más inteligentePor qué tienes que cazar zombisDeja de perder tiempo en tareas repetitivasPor qué hay que decir “no” a los “cafés”Cómo reducir drásticamente la carga de reunionesDeja de hacer perder el tiempo a todo el mundo, incluido el tuyoEs hora de sustituir las reuniones por videosRecupera el tiempo agrupando reunionesUna fórmula para lograr reuniones más eficacesPor qué necesitas una lista de temas a discutirTrata tu correo electrónico como si fuera tu ropa suciaUna estrategia sencilla para reducir la pérdida de tiempoUn empujón para un mejor comportamientoCómo recordar lo que leesCómo un ratón puede darte superpoderes de productividadEficiencia. ResumenEnfoque. Entra en el flujoUtiliza la arquitectura del comportamiento para transformar tu relación con tu teléfonoPor qué necesitas una kSafe para tu teléfonoCómo una liga de goma puede domar la adicción digitalQuita el teléfono de la mesa para aumentar la felicidadHaz que tu teléfono sea aburridoUna estrategia sencilla para dejar de revisar la pantalla de tu teléfono celularDeja de consultar el correo electrónico durante las vacacionesRegálate más soledadCómo utilizar tu entorno físico para entrar en flujoCómo una segunda computadora te ayudará a mantenerte enfocado en la tareaUn sencillo truco para salir del estancamientoCómo un guion puede ayudarte a salir del estancamientoPor qué necesitas usar un temporizador de esfuerzoCómo sentirte cómodo con la incomodidad hará que seas más productivoCómo utilizar la música para fluirUna forma poco convencional de alcanzar el flujo creativoLa verdadera razón por la que estás procrastinandoEnfoque. ResumenReflexión. Mira hacia adentroPor qué hay que programar revisiones periódicas de la vidaUtiliza la duda como una fortaleza, no como una debilidadDeja de intentar ser la persona más inteligente de la salaRecuerda, es tu historiaTransforma el miedo en emoción con esta simple preguntaEl momento ideal para buscar opinionesCómo obtener retroalimentación útilEs hora de pagar para que te critiquenEl poder de observarteUna simple frase para motivarte a hacer cosas que no quieres hacerRecuerda que morirásReflexión. ResumenConexión. Construye mejores relacionesPor qué necesitas un manual de instruccionesUtiliza una prenda de vestir para transformar el comportamientoEl poder de un regalo inesperadoDeja de pensar en ti mismo como una islaPor qué necesitas ser muy generosoCómo mejorar en el networking, sin conocer a gente nuevaUn truco para crear una relación rápidaCómo evitar las conversaciones triviales cuando conoces a gente nuevaHaz que conocer a gente nueva sea menos aterradorUn sencillo truco numérico para facilitar el networkingPor qué necesitas enviar correos electrónicos más divertidos y cómo hacerloConexión. ResumenEnergía. Conserva la chispaCómo una nota adhesiva puede ayudarte a ser más resilienteUna manera fácil de seguir si las cosas se desvían del caminoCómo hacer que el trabajo duro sea agradableEl ritmo óptimo para el trabajo duroCómo lograr mantener un hábitoPor qué hay que bromear sobre el trabajo serioPor qué necesitas una carpeta llamada “Una chispa de alegría”Cómo la contraseña de tu computadora puede hacerte más productivoDeja de correrPor qué vale la pena considerar comprar más tiempoCómo eliminar los irritantes recurrentes de tu vidaComo decir “no” sin culpaEl poder del “Sí, pero…”Crear una lista de cosas “no quieres hacer”Energía. ResumenTiempo bien invertidoMás recursosAgradecimientos

¿CÓMO UTILIZAR TU TIEMPO DE FORMA INTELIGENTE?

La mala noticia es que el tiempo vuela. La buena noticia es que tú eres el piloto.

—Michael Altshuler

Hace unos años, me encontré con un meme que se estaba haciendo viral en Internet. Decía: “Tienes el mismo número de horas en el día que Beyoncé”.

De inmediato pensé: ¡Claro que sí! Pero enseguida reflexioné: ¿Por qué no he vendido más de 100 millones de discos en todo el mundo mientras criaba gemelos y defendía importantes causas feministas en todo el mundo? ¿Qué he estado haciendo con mi vida?

Me convencí de que lo que me había impedido alcanzar tales cosas se debía tan solo a mis capacidades vocales y al hecho de que mi óvulo fecundado no se hubiera dividido en el útero. Pero me hizo preguntarme: ¿Las personas exitosas utilizan su tiempo de forma diferente al resto de nosotros?

Ahora bien, a menos que seas Beyoncé (y seamos sinceros, ella no es el público objetivo de este libro) es posible que estés pensando: “Puede que sí, pero también tiene un grupo de personas que le ayudan a desahogar una bandeja de entrada desbordante, a servir cenas nutritivas equilibradas preparadas por un chef todas las noches y a limpiar manchas y olores extraños de su inodoro. Mi vida es caótica y ajetreada. Y tengo que limpiar mi propio baño”.

Las investigaciones de la Organización Mundial de la Salud sugieren que estamos trabajando más tiempo que nunca. En 2016, 488 millones de personas en todo el mundo trabajaron más de 55 horas a la semana. Quizá pienses que no es tan malo (pero sí es muy malo).

Trabajar más de 55 horas a la semana aumenta las probabilidades de sufrir un derrame cerebral o una enfermedad cardiaca un 35 % y 17 %, respectivamente, en comparación con una jornada estándar de 35 a 40 horas semanales. El trabajo duro nos está matando, literalmente.

Y ese desagradable virus llamado COVID no ayudó en nada.

Una encuesta realizada a casi 3 mil profesionistas en Estados Unidos reveló que 70 % de los que pasaron al trabajo a distancia durante la pandemia trabajan ahora los fines de semana. El 45 % afirmó que, desde que empezaron a laborar de forma remota, trabajan más horas que cuando estaban en la oficina.

En una investigación que abarcó 75 países, el gigante del software Atlassian descubrió que la media diaria de horas de trabajo de los australianos aumentó 32 minutos al día durante el COVID. Y el Índice de Tendencias Laborales anual 2021 de Microsoft reveló que el tiempo dedicado a las reuniones por video se ha duplicado gracias a la pandemia y que la reunión media dura ahora 10 minutos más. Y todos sabemos lo apasionantes y estimulantes que son las reuniones por video.

Para empeorar las cosas, nunca habíamos sido tan bombardeados con mensajes digitales. Según el informe de Microsoft, estamos enviando 45 % más mensajes de chat a la semana en comparación con los niveles anteriores a la pandemia, y 42 % más fuera de horario. Y enviamos 40 600 millones de correos electrónicos más en febrero de 2021 que en febrero de 2020. Así que si sientes que te ahogas cada vez que abres tu bandeja de entrada, en definitiva, no eres el único.

Y solo por diversión, añadamos la escuela virtual a la mezcla. Eso es otra pesadilla de tiempo completo, es decir, un trabajo de tiempo completo. Esperemos que, cuando este libro llegue a las librerías, ya lo hayamos superado.

Tal vez no sea una sorpresa que Microsoft informara que 40 % de los empleados de todo el mundo estaban considerando renunciar a su trabajo en 2021.

La vida laboral es dura, pero no tiene por qué ser así.

En enero de 2018, tenía una vida ocupadísima. Dirigía una consultoría de gestión con ambiciosos objetivos de crecimiento, además de ser madre, hija, amiga, ama de casa, etcétera. Me sentía como si estuviera corriendo de un lado a otro, pero de alguna manera todavía encontraba horas para revisar Instagram cada semana. Prioridades, ¿verdad?

Como era enero, el mes oficial de los nuevos comienzos, me encontraba reflexionando sobre el año que acababa de pasar y lo que había conseguido. Por supuesto, mi empresa, Inventium, iba bien y estábamos haciendo un gran trabajo.

Pero ¿qué había hecho yo a nivel personal? Había respondido a miles de correos electrónicos de forma muy puntual. También había enviado muchos correos electrónicos bien redactados. Había atendido las peticiones de mi equipo la mayor parte de las horas de cada día. Había asistido a cientos de reuniones y había contribuido con ideas inteligentes. ¿Pero había hecho mi mejor trabajo? La verdad es que no.

Quería que 2018 fuera un año más grande y mejor. Quería transformar mis hábitos de trabajo, que sentía que dejaban mucho que desear. Quería dejar de ser una esclava de mi bandeja de entrada. Quería salir de la oficina todos los días a una hora razonable para asegurarme de estar siempre en casa, sin falta, para disfrutar de las tardes con mi hija pequeña.

Quería terminar cada día laboral con esa gloriosa sensación de satisfacción que se experimenta cuando se realiza un trabajo significativo y no quedarme con la sensación de haber no haber hecho nada. Quería que mi vida dejara de desaparecer en un agujero negro de Instagram. Y quería dejar de ser tan reactiva.

Así que empecé un podcast.

Pasé de ser una de esas personas molestas que dicen que van a empezar un podcast, a empezarlo de verdad. (Así que ahora soy una de esas personas molestas que hablan de dicho podcast en casi cualquier conversación que tienen).

El podcast How I work, que en español significa “Cómo trabajo yo”, era una misión personal. Quería entender cómo las Beyoncés y los Elon Musks del mundo utilizaban su tiempo de forma diferente al resto de los mortales. ¿Cómo gestionan sus días, sus horas y sus minutos de forma tan eficaz mientras el resto de nosotros luchamos por llegar conseguir una bandeja de entrada con cero mensajes una o dos veces al año?

Las personas de alto rendimiento son muy solicitadas. Sus bandejas de entrada están desbordadas, sus agendas repletas y su carga de trabajo los consume. Ante esta enorme e interminable demanda de tiempo y energía, ¿cómo consiguen hacer las cosas?

Después de tres años, de más de 150 entrevistas y más de tres millones de descargas, puedo concluir dos cosas:

En definitiva, las personas de alto rendimiento enfocan su día de trabajo de manera diferente.

Sus estrategias pueden mejorar tu productividad y tu forma de trabajar. Da lo mismo si eres un director general, un padre trabajador, un estudiante universitario o cualquier persona que intente mantenerse al día.

Este libro da acceso a las respuestas, secretos y estrategias que cada uno de ellos ha encontrado para hacer que las cosas funcionen. Te sentirás como si te hubieran admitido en un exclusivo club cuando conozcas las mejores tácticas utilizadas por los mejores en sus campos.

Te compartiré el truco del profesor de Wharton Adam Grant para que te resulte fácil entrar en flujo cuando empiezas a trabajar cada mañana. Descubrirás cómo la cocreadora y coestrella de la serie de televisión Broad City, Abbi Jacobson, utiliza el síndrome del impostor en su beneficio. Y cómo la asesora ejecutiva de productividad de Google, Laura Mae Martin, desahoga su bandeja de entrada.

Lo que no encontrarás en este libro son estrategias de productividad trilladas como: haz primero tu tarea más importante, establece objetivos claros y deja de revisar tanto las redes sociales. Todo eso ya lo sabes. En cambio, aprenderás algunos de los métodos más extraños, excéntricos y a menudo contraintuitivos para aumentar tu productividad.

Conocerás por qué el expresidente de Pinterest, Tim Kendall, guarda su teléfono celular en una kSafe durante horas. Descubrirás por qué el fundador y director general de 1-800-GOT-JUNK, Brian Scudamore, pide a su asistente que cambie la contraseña de su correo electrónico cuando se va de vacaciones, por lo que se ve obligado a tomarse un descanso. Descubrirás por qué la presentadora de noticias Sandra Sully analiza su desempeño del día casi todas las noches.

Ser anfitriona del podcast How I work es un sueño porque me fascina saber cómo las personas de éxito lo consiguen todo.

Desde que tengo uso de razón, soy una persona que se esfuerza por mejorar y alcanzar sus objetivos. Algunos de mis recuerdos más vívidos de la escuela primaria tienen que ver con mi estilo concienzudo y competitivo, siempre queriendo ser mejor.

Mi archienemiga en la primaria era una niña llamada Bonnie Smart. Hacía honor a su nombre. La competencia hacia la cima académica estaba siempre entre Bonnie y yo. Me sentía desolada cada vez que ella sacaba mejor calificación que yo en un examen de matemáticas. Y me sentía feliz (y secretamente orgullosa) cuando le ganaba.

Mi ambición continuó más allá de la escuela cuando me convertí en la persona más joven en graduarse en el doctorado en Psicología Organizacional de la Universidad de Monash. A los 24 años ya tenía las letras D y R antes de mi nombre.

¿Y ya dije que también me ofrecieron un contrato con una gran discográfica internacional durante el primer año de mi doctorado porque decidí seguir una carrera como cantautora y guitarrista? Pues eso también.

Acabé renunciando al contrato discográfico porque así de “matadita” era y sigo siendo. Quería ser psicóloga más que una estrella de rock internacional. Para cuando me acercaba a los 30, creé una consultoría de ciencias del comportamiento: Inventium.

Con mi equipo he asesorado a algunas de las mayores empresas del mundo, como Google, Apple, American Express, Deloitte, Disney, Atlassian, Nestlé, Virgin, Visa e incluso Lego. (Aunque tengo la sensación de que Lego no me volverá a contratar después de impartir un taller para un equipo de desarrollo de productos en la “sala blanca” de su sede central en Billund, Dinamarca, donde usé, por accidente, un rotulador permanente en sus blanquísimas paredes pensando que eran un pizarrón).

Digo todo esto no solo para presumir humildemente (aunque seamos sinceros, el párrafo anterior no rebosa de humildad), sino para decir que siempre he sido alguien que tiene las cosas claras.

Pero ya a la mitad de mis treinta y tantos, mis hábitos de trabajo empezaron a deteriorarse. Dirigía mi propia empresa en una etapa intensa y de rápido crecimiento, y estaba estresada.

Pero cuando el negocio más necesitaba que estuviera en la cima de mi pensamiento estratégico, mi vida laboral se convirtió en infinitos correos electrónicos y en desahogar mi bandeja de entrada cada vez que llegaba a un punto de “atasco” (o sea, cada pocos minutos).

Todo se trataba de constantes interrupciones de campanitas y alertas, en reuniones con colegas, mientras intentaba compaginar un empleo de tiempo completo con la maternidad. No me sentía plena en mi trabajo y dejaba de lado mis propios objetivos. Sin olvidar que revisaba mis redes sociales sin cesar.

Así que, como soy una nerd de la psicología en toda regla, recurrí a las revistas académicas en busca de ayuda. Al mismo tiempo que inicié el podcast How I work, me obsesioné rápidamente con la ciencia de la productividad.

Dirigí el desarrollo de nuevos productos en Inventium para idear programas que ayudaran a nuestros clientes a ganar la batalla contra la distracción digital y a enseñar a su personal a realizar un trabajo profundo y concentrado. La productividad se convirtió en mi vida. Y constantemente experimentaba con mejores formas de trabajar y hacer que el trabajo fuera más satisfactorio.

Y necesitaba estas estrategias más que nunca. En agosto de 2019, me separé de mi marido y padre de nuestra hija, Frankie. Pasé de ver a mi hija todos los días a solo la mitad del tiempo y asentarme en mi nueva vida como madre soltera. Esto sin mencionar el hecho de llevar más de 250 días lidiando con el encierro y tener que mantener a flote mi negocio para sobrevivir a la pandemia mundial que complicó mi vida.

A mediados de 2020, mi director general y yo tomamos la decisión de probar la semana de cuatro días, en la que el personal recibe un salario de tiempo completo, pero se espera que realice su trabajo en solo cuatro días de trabajo normales. Todos teníamos que cambiar nuestra forma de trabajar, y lo hicimos. La productividad aumentó 26 % en los seis meses que duró el experimento, y convertimos la semana de cuatro días en algo permanente.

Con todo el caos que me rodeaba y tratando de hacer mi trabajo a tiempo completo en cuatro días, usar mi tiempo sabiamente se convirtió en mi superpoder. Y por lo que he descubierto gracias a mis invitados en mi podcast How I work y con la investigación científica que lo respalda, usar tu tiempo sabiamente puede convertirse también en tu superpoder.

Las estrategias que aprendí de los expertos entrevistados en How I work se dividen en siete categorías. Este libro comienza con Prioridades, donde aprenderás cómo los mejores del mundo deciden qué objetivos alcanzar y a qué decir “sí” y “no”.

A continuación, pasaremos a la Estructura y examinaremos cómo organizan sus días, semanas, meses y años de forma proactiva. En la sección sobre Eficiencia, aprenderás un montón de sorprendentes y novedosos trucos para ahorrar tiempo.

A continuación, sigue Enfoque, en donde veremos cómo las personas que consiguen los mejores resultados son capaces de ignorar las distracciones digitales y centrarse en lo que importa. A continuación, pasaremos a Reflexión, que muestra cómo mis invitados han superado el diálogo interno negativo y el síndrome del impostor.

En la sección sobre Conexión te guiaré en el camino de cómo construir redes sólidas y qué hacer para que conocer gente nueva y formar conexiones sea fácil. Terminaremos con el tema de la Energía y las diferentes estrategias que mis invitados han utilizado para aportar más alegría, gratitud y energía a sus vidas laborales.

Puedes leer este libro de principio a fin, o bien puedes empezar por la sección que más te llame la atención, tal vez donde creas que necesitas más ayuda. Por ejemplo, la sección sobre la Estructura requiere que pienses en tus prioridades (que se tratan en la primera sección, Prioridades). Y aprender a minimizar las distracciones de la sección sobre Enfoque te ayudará a aplicar las estrategias cubiertas en todas las demás secciones de forma más eficaz.

Elige una o dos estrategias a la vez y comprométete a experimentar con ellas durante una o dos semanas hasta que te acostumbres a ellas o quieras pasar a algo nuevo.

Considera este libro como tu guía personal para dominar tu jornada laboral como lo hacen los mejores del mundo. Y como feliz efecto secundario, puede que descubras que tu vida personal también se beneficiará con más tiempo y energía para dedicar a tus seres queridos y a las actividades de ocio que más te gustan.

Bien. Basta de parloteo. Vamos a aprovechar tu tiempo.

PRIORIDADES DETERMINA LO QUE IMPORTA

Empiezas tu jornada laboral con las mejores intenciones. Tienes que preparar una gran presentación, así que abres PowerPoint. Pero a los pocos minutos de empezar, suena tu teléfono. Es tu jefa. Tiene una petición urgente. (Aunque ella clasificaría la petición de encontrar un meme oportuno y divertido para acompañar un correo electrónico masivo para todo el equipo, que se enviará en algún momento del próximo año, como urgente).

Dejando de lado los pensamientos negativos que te provoca tu jefa, cuelgas y te avocas a atender su petición. Pero entonces piensas: “Será mejor que eche un vistazo a mi bandeja de entrada para ver si hay algo realmente urgente esperándome”. Y claro que lo hay. Todo lo que hay ahí tiene una falsa sensación de urgencia.

Te pierdes en tu bandeja de entrada, luego recuerdas la tarea que te ha pedido tu jefa. Vuelves a ella. Pero entonces tu día se ve interrumpido por una reunión de Zoom. Y luego otra. Y otra más. Antes de que te des cuenta, son las 3 de la tarde. Y ni siquiera has hecho una sola lámina de tu gran presentación.

Si este escenario te resulta familiar, no estás solo. Muchas personas gestionan sus días de forma reactiva. Pero lo más loco es que la mayoría ni siquiera nos damos cuenta porque nunca nos detenemos para salir de la rueda del hámster.

Es hora de salir de esa rueda y poner fin a tu reactividad. Es hora de centrarse en lo que realmente importa.

Empezaremos por ver el panorama general y profundizaremos en la fijación de objetivos y en por qué no siempre funcionan. Así es: los llamados objetivos SMART en realidad no son tan inteligentes. A continuación, vamos a pasar un poco de tiempo hablando de toma de decisiones. Vas a aprender a tomar mejores decisiones, así como algunas estrategias para facilitarte la decisión de decir “sí” o “no”.

Aprenderás formas de ser proactivo en cuanto al enfoque de tus esfuerzos laborales. Cubriremos algunos consejos sencillos para evitar aceptar oportunidades que en realidad deberías rechazar (incluso si, como yo, eres complaciente con la gente). E incluso veremos un método para volver a priorizar las reuniones a las que asistes para librarte del infierno de las videollamadas.

Con estas estrategias, podrás poner en forma tus días, semanas y meses en un abrir y cerrar de ojos. Y por fin podrás dejar que tu hámstercito se suba a su rueda y la disfrute.

FIJAR OBJETIVOS NO FUNCIONA.CÓMO LO PUEDES ARREGLAR

Para tener éxito, hay que fijarse objetivos y trabajar para conseguirlos, ¿verdad? Eso es lo que dicen todos los gurús de la autoayuda. Y la mayoría de los directivos estarían de acuerdo. Asegúrate de que se trata de un objetivo SMART (se les llama objetivos SMART por el acrónimo en inglés: Specific-específico, Measurable-medible, Achievable-alcanzable, Relevant-relevante y Time-Bound-de duración determinada) y luego ve por él.

Adam Alter, autor de éxitos de ventas y profesor de marketing en la Escuela de negocios Stern de la Universidad de Nueva York, no está de acuerdo. Aunque Alter reconoce que los objetivos pueden ser señales útiles y te indican la dirección a la que debes dirigirte, cree que la idea de fijar objetivos es errónea. Alter explica:

Hay un elemento de la fijación de objetivos que para mí no funciona. Un objetivo significa en esencia que hasta que no alcanzas tu meta intrínsecamente estás fracasando. Cuando trabajas hacia tu objetivo, sigues fallando, fallando, fallando, hasta que alcanzas el objetivo y entonces tienes éxito. Y la forma en la que los humanos trabajamos es que no nos dormimos en los laureles, lo que significa que no nos alegramos mucho de alcanzar un objetivo.

Alter dice que esto es cierto tanto para los objetivos grandes como para los pequeños. Cuando trabajamos para alcanzar un objetivo, nos sentimos potencialmente como basura porque hasta que lo alcanzamos estamos en un estado constante de fracaso.

Y luego, cuando alcanzamos el objetivo, no tenemos una sensación duradera de logro porque, ¿qué hacemos? De inmediato nos fijamos un nuevo objetivo. Así que, al instante, volvemos a nuestro estado de fracaso. Se convierte en un proceso iterativo de fijación de objetivos, estado de fracaso, éxito, estado de fracaso, éxito. Para siempre.

Aunque es útil saber lo que quieres conseguir y la dirección que quieres tomar, fijar objetivos puede no ser la mejor manera de conseguirlos. Alter intenta sentarse un par de horas cada mes y pensar en qué dirección quiere ir y cómo quiere asignar sus recursos y esfuerzos.

Pero no establece objetivos. En cambio, establece sistemas.

En lugar de decir, por ejemplo: “Mi objetivo es escribir 100 mil palabras”. Lo reformulo y digo: “Mi sistema es que cada mañana durante una hora voy a escribir 500 palabras”. Y con el tiempo eso va a llegar a 100 mil palabras, pero no piensas en ello de esa manera. Piensas en ello como un sistema. Este es mi sistema para alcanzar ese estado final.

Si el sistema es factible, el proceso se refuerza por sí mismo, ya que se puede alcanzar cada día y ver un progreso claro. Los sistemas resultan mucho más satisfactorios y, por ello, Alter afirma que las personas se sienten más motivadas cuando utilizan sistemas en lugar de objetivos. Y cuando nuestra motivación aumenta, también lo hace la calidad de nuestro trabajo.

En el caso de escribir su próximo libro (Alter ha escrito dos libros superventas del New York Times, Irresistible. ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos? y Drunk Tank Pink), se dice a sí mismo que quiere tenerlo escrito en 24 meses, lo que en un sentido tradicional podría considerarse un objetivo. Alter se pregunta entonces: “¿Cuántas palabras debo haber escrito para cuándo? ¿Cuándo voy a escribir esas palabras? ¿Cuál va a ser mi sistema para conseguirlo?”.

Así, para Alter, en lugar de establecer un objetivo muy general y genérico a largo plazo, lo convierte en una actividad diaria que realizará todos los días. Cuando lo suma a lo largo del tiempo, el sistema produce el resultado al que aspira. Literalmente, no puede fallar.

Los profesores Gary Latham y Travor Brown investigaron los efectos de utilizar sistemas en lugar de objetivos con 125 estudiantes que acababan de empezar su maestría en Dirección de Empresas. A un grupo de estudiantes se les pidió que se centraran en aplicar estrategias para aprender de forma más eficaz.

A un segundo grupo se le pidió que estableciera un objetivo sobre lo que querían conseguir en el año siguiente, como la calificación que querían recibir, lo que se conoce como objetivo distal. (Sospecho secretamente que los estudiantes que estaban en el grupo de fijación de objetivos se sentían los más afortunados. Al fin y al cabo, estamos hablando de estudiantes de maestría en Dirección de Empresas).

Resulta que no fueron los más afortunados. Los investigadores descubrieron, de forma un tanto irónica, que los estudiantes que se centraron en los sistemas para aprender de forma más eficaz obtuvieron mejores calificaciones que los que se fijaron el objetivo de obtener altas calificaciones.

Entonces, ¿por qué las personas rinden más cuando especifican los sistemas que van a aplicar en lugar de los hitos que quieren conseguir? Imagina que tu estrategia o sistema es estudiar dos horas cada noche. A medida que se acerca la noche, esta estrategia parece alcanzable: al fin y al cabo, lo conseguirás en cuestión de dos míseras horas.

Esto parece factible y las cosas que parecen alcanzables también resultan motivadoras y energéticas. Pero si tu objetivo es obtener una calificación alta al final del semestre, se siente muy lejano y, por lo tanto, es mucho menos motivador e inspirador.

PONLO EN PRÁCTICA

Piensa en algo importante que quieras conseguir. Podría ser escribir un libro, como Alter. Puede ser correr un maratón. O hacer una presentación importante en el trabajo. O tal vez quieras perfeccionar el croquembouche de Adriano Zumbo en la primera temporada de MasterChef Australia (en cuyo caso, te ruego que me invites a cenar cuando hayas logrado esta misión).Diseña un sistema para llegar al estado final, idealmente un proceso que puedas hacer todos los días (o al menos de forma regular que te ayude a crear una rutina). Puedes establecer un sistema para correr un determinado número de kilómetros cada día, que se incremente gradualmente en el periodo previo al maratón. O puedes reservar 30 minutos cada mañana para ensayar tu presentación antes del gran día.Programa una revisión a mitad de camino para asegurarte de que tu sistema va a llevarte al estado final dentro del plazo que has establecido.

CÓMO LOS ATAJOS MENTALES PUEDEN AYUDARTE A EVITAR EL AGOTAMIENTO

Adam Grant, profesor de Wharton y psicólogo organizacional, es conocido por ser un dador. Incluso escribió sobre los beneficios de la generosidad en su libro, Dar y recibir, un enfoque revolucionario sobre el éxito. Sin embargo, por su alto perfil, Grant recibe más solicitudes de su tiempo de las que puede aceptar. ¿Cómo puede un dador decidir cuándo decir “sí” y cuándo “no”?

“Solía intentar decir ‘sí’ a todos y a todo”, me dijo Grant. “Pero me di cuenta de que eso era imposible a medida que aumentaba mi actividad y mi perfil fuera de la torre de marfil. Simplemente no tenía suficientes horas al día para cumplir con todas las solicitudes que llegaban”.

Grant acabó por dar un conjunto de heurísticos, lo que quizá no sea sorprendente, ya que a los psicólogos nos encantan los conjuntos de heurísticos, atajos mentales que nos permiten tomar decisiones y resolver problemas de forma más eficiente.

La heurística de Grant reflejaba lo que había estudiado durante la fase de investigación de Dar y recibir, cuando observaba las diferencias entre las personas que tenían éxito y las que no. Descubrió que los dadores exitosos son productivamente generosos, mientras que los dadores que fracasan son demasiado abnegados y acaban sobrepasados por los “tomadores” con los que tienen la desgracia de tratar.

Para ser productivamente generoso, en primer lugar, Grant piensa a quién ayudar. “En lo personal, tengo una jerarquía de personas a las que intento ayudar. Primero está la familia, luego los estudiantes, tercero los colegas y cuarto los demás. En algún momento me di cuenta de que los amigos no estaban en esa lista y me sentí muy mal por ello. Pero entonces me di cuenta de que mi objetivo en una amistad no es ayudar a la persona, sino ser un amigo”.

En segundo lugar, Grant reconoce que no va a ser igual de generoso con todos. Se siente cómodo con el hecho de que sus colegas puedan pensar que es menos generoso con ellos que sus alumnos.

“No me hice profesor para intentar inspirar a otros profesores. Me hice profesor porque quería influir en los estudiantes de la misma manera que me influyeron los grandes profesores que tuve. Quería tratar de transmitirlo”.

Grant también considera cómo y cuándo ayuda. Él me explicó que eso se reduce básicamente a decir: “Mira, quiero ayudar cuando pueda añadir un valor único y cuando no me reste energía o capacidad para hacer mi propio trabajo”.

Para ello, Grant revisó todas las formas de decir “sí” a la gente y trató de averiguar cuáles eran las que disfrutaba y en las que destacaba. “Si la gente me pedía ayuda en ámbitos en los que no sentía que tenía una contribución única que hacer, o me agotaba, sabía que con el tiempo eso significaba que iba a tener menos impacto”.

Grant acabó centrándose en dos aspectos comunes. Uno era el intercambio de conocimientos. No hay nada que me alegre más la bandeja de entrada que el hecho de que alguien me diga: “Tengo una pregunta sobre algo relacionado con la psicología del trabajo. ¿Alguien ha estudiado alguna vez 'rellena el espacio en blanco'?”. Y yo respondo: “Sí, hay una oportunidad de tomar toda esa información esotérica que estoy recopilando de las revistas académicas y compartirla con alguien que pueda tener curiosidad o que pueda aplicarla de alguna manera”.

La otra forma en que Grant creía estar en una posición única para ayudar a la gente era presentando personas que se podrían beneficiar mutuamente. Él cuenta:

Siento que, en virtud del tipo de trabajo que hago, puedo interactuar con muchos sectores y tipos de personas diferentes. Es muy divertido conectar los puntos entre dos personas que podrían ayudarse mutuamente o que podrían crear algo muy significativo juntos […].

He tratado de centrarme en esas peticiones y eso significa que cuando alguien se pone en contacto conmigo y no está en una de esas categorías, le hago saber que su petición no entra dentro de mi campo de acción, pero si puedo ser útil compartiendo conocimientos o presentándole a alguien, estaré encantado de hacerlo.

Varias semanas después de entrevistar a Grant por primera vez en el podcast How I work, fui testigo de su proceso en acción. Un estrecho colaborador suyo de Wharton, Reb Rebele, estaba a punto de mudarse a Melbourne, donde yo resido. Grant me envió una brillante referencia profesional de cuatro páginas (¡sí, cuatro páginas! ¡Interlineado sencillo!) que había escrito sobre Reb, y me preguntó si podía ponernos en contacto.

Le contesté que por favor nos presentara de inmediato. Y más de dos años después, sigo poniéndome al día con Reb cada dos meses y siempre salgo de nuestros encuentros sintiéndome enriquecida y estimulada intelectualmente. Y también, agradecida de que Grant practique lo que predica.

PONLO EN PRÁCTICA

Reflexiona sobre tus valores y considera a qué grupos o tipos de personas puedes ayudar de forma más significativa. Pueden ser amigos, familia, colegas, clientes, tus hijos, tu pareja, tu perrito o cualquier otro grupo. Elabora una escala con tus cuatro o cinco grupos más importantes para priorizar a quién ayudas.Piensa en el tipo de solicitudes para las que tú tengas algo único que aportar combinado con el tipo de peticiones que más te entusiasmen.Usa esta nueva consciencia para crear heurísticas (por ejemplo, reglas de aceptación) que te ayuden a tomar decisiones de forma rápida y efectiva sobre a quién decides decirle sí para dedicarle tu tiempo.

POR QUÉ NECESITAS UN CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN PERSONAL

Es viernes por la tarde y tienes que tomar una decisión importante durante el fin de semana. Te acaban de ofrecer un puesto de trabajo en una empresa de la competencia. Cuando se lo dices a tu jefa, te dice que te dará un aumento de sueldo del 20 % para que te quedes. Tentador… Tienes hasta el lunes para decidir.

Estás dividido. Tienes un sentimiento de lealtad hacia tu jefa, lo que hace que la decisión sea aún más difícil. Piensas en hablar sobre la decisión con un amigo o un familiar, pero es difícil que sean objetivos. Lo que en verdad necesitas en este momento es un consejo de administración personal, este es un concepto del que me habló por primera vez la profesora Rita McGrath de la Universidad de Columbia.

“Cuando pienso en cuestiones de mayor importancia, creo que es útil tener un consejo de administración personal”, explica Rita. “Son personas cuya opinión respetas y con las que puedes intercambiar ideas”.

McGrath compara el concepto con el papel tradicional de un consejo de administración.

Cuando un consejo de administración funciona correctamente, piensa en el bienestar de la empresa. Sus miembros señalan cuando creen que algo se está pasando por alto u omitiendo. Aportan su experiencia y su sabiduría a los esfuerzos de la organización. Y creo que el consejo de administración personal es muy parecido.

Para McGrath, su consejo de administración son personas a las que puede recurrir para obtener información, que pueden facilitar el contacto de alguien con un punto de vista o experiencia valiosos y que pueden tener acceso a recursos que ella no tiene. “Es una relación mucho más intensa que una relación estándar de trabajo en red. Lo que dicen en verdad sí marca una diferencia material”.

Me imaginé a McGrath convocando a su consejo directivo personal para que se reuniera alrededor de una gran mesa una vez al mes durante varias horas en lo alto de un lujoso edificio de oficinas, mientras un asistente llevaba cafés con leche de avena. Pero McGrath me asegura que no es así como funciona.

Suele acudir a su consejo de administración personal un par de veces al año y los utiliza como caja de resonancia cuando tiene que tomar una decisión importante y quiere una opinión sincera.

A diferencia del consejo de administración de una empresa, McGrath nunca ha formalizado la relación. Y, de hecho, su consejo de administración personal ni siquiera sabe que forma parte del consejo de McGrath. Reconoce que no siempre es así. Lo importante es decidir deliberadamente quiénes serán esas personas y apoyarse en ellas en los momentos críticos de su carrera.

PONLO EN PRÁCTICA

Reflexiona sobre las grandes decisiones profesionales a las que, por lo general, te enfrentas, o podrías enfrentarte, durante el próximo año (o años). Estas decisiones pueden girar en torno a cambios de trabajo, trampolines en tu carrera, perseguir un nuevo y brillante proyecto, iniciar un negocio o invertir en una granja de emúes.Identifica a las personas que crees que podrían aportar una perspectiva perspicaz y útil, diferente de la tuya. Intenta que haya diversidad cognitiva, es decir, personas que piensen de forma diferente a la tuya. Busca a personas que tengan experiencias y conocimientos diferentes, de modo que puedas ser estratégico a la hora de acudir a diferentes tipos de asesoramiento. Pero evita acercarte a los criadores de emúes, ya que puede que no tengan en cuenta tus intereses.Puedes formalizar la relación especificando la frecuencia con la que te gustaría poder contactar con ellos y el tipo de compromiso de tiempo que prevés. Incluso puedes remunerar a los miembros del consejo de alguna manera. También puedes mantener una relación informal y no decirles que están en tu consejo.

EL PASO CRÍTICO QUE LA MAYORÍA DE LA GENTE NO TOMA EN CUENTA AL TOMAR DECISIONES

Piensa en la última vez que tuviste que tomar una decisión de verdad importante. Tal vez fue si cambiar de trabajo. Quizás fue a qué colegio enviar a tus hijos. O tal vez fue si debías irte a vivir con tu pareja. O si te divorcias y vuelas a Marte (aunque supongo que no eres Jeff Bezos). ¿Cómo tomaste esa decisión?

Emily Oster es profesora de economía en la Universidad de Brown. Sus padres también son economistas y ella está casada con uno también. En secreto, imagino que sus reuniones familiares incluyen emocionantes infografías y discusiones sobre la significación estadística (mi idea del cielo, debo añadir).

Tal vez no sea sorprendente que Oster tenga un marco de referencia que utiliza para tomar todas las grandes decisiones de su vida. Se llama las 4 F por sus siglas en inglés.

La primera F (Framework) es Plantear la cuestión. “Aunque este paso puede parecer obvio, es uno de los que la gente no sabe hacer”, explica Oster. Ante una decisión como la de buscar otro trabajo, Oster dice que la mayoría de las personas se limitan a preguntarse: “¿Debo cambiar de trabajo o no?” Pero el gran problema de esta pregunta es que no se sabe cuáles son las otras opciones.

Es importante plantear la cuestión de forma que se trate de una disyuntiva entre dos opciones distintas. En lugar de una disyuntiva entre a) esta cosa concreta (por ejemplo, permanecer en tu trabajo) y b) hacer otra cosa, donde la otra cosa es una especie de cosa imaginaria, como cambiar de trabajo a uno que ni siquiera sabes lo que puede implicar.

La segunda F (Fact finding) es Recopilar datos. Para tomar cualquier decisión, se necesitan datos e información. Oster dedica gran parte de su tiempo a recopilar datos que le proporcionen pruebas que pueda utilizar para orientarse hacia una de las opciones que está sopesando.

El tercer paso es la Decisión final (Final decisión), y al igual que el paso 1, también puede parecer obvio (al fin y al cabo, estamos hablando de un marco de toma de decisiones), pero a menudo se retrasa innecesariamente. Los psicólogos han descubierto que disponer de tiempo ilimitado para tomar decisiones puede perjudicar, en lugar de mejorar, el grado de satisfacción con los resultados.

“Creo que a menudo dejamos que las grandes decisiones se filtren y se filtren. Y pensamos en ellas un poco aquí y un poco allá y en la ducha. Y hablamos con nuestra pareja sobre ellas”. Así que para evitar caer en la trampa de la parálisis por análisis y, en casos extremos, no tomar la decisión, Oster reserva literalmente una hora de reunión (aunque solo haya un participante, ella misma) para tomar la decisión.

La última F (Follow up) es el Seguimiento.

En el caso de las grandes decisiones, tendemos a pensar en ellas como “voy a tomar esta decisión y listo”. Es una decisión para siempre. Y por supuesto, para algunas decisiones, eso es cierto, pero para muchas de las decisiones que tomamos, puede que no sea para siempre. Puedes tener la oportunidad de revisar esa decisión en otro momento y no siempre aprovechamos esta posibilidad.

Por ello, Oster siempre programa un momento para revisar sus decisiones y reflexionar sobre cómo van.

Reflexionar de forma deliberada sobre las decisiones nos permite corregir el rumbo o abandonar el barco, en lugar de seguir navegando con el piloto automático. Considero esta etapa final como un cable de seguridad que me lleva a cuestionar las decisiones pasadas y a buscar oportunidades para mejorar, reiterar o eliminar.

Al utilizar el sistema de Oster, la toma de decisiones (en especial aquellas más importantes) puede pasar de ser un proceso que podrías temer o evitar a uno en el que te sientas empoderado. Sin olvidar el mayor beneficio: mejores decisiones.

PONLO EN PRÁCTICA

Cuando tengas que tomar la próxima gran decisión, primero Plantea la cuestión. Asegúrate de que tienes al menos dos opciones concretas entre las cuales elegir.Recopila datos. Busca información o datos que te ayuden a tomar una decisión informada.Toma la decisión final y programa una reunión contigo mismo (o con quien también esté involucrado en la decisión).Da seguimiento a tu decisión. Programa un momento para revisar y reflexionar si necesitas cambiar algo en tu decisión original

CÓMO HACER LAS PREGUNTAS CORRECTAS TE LLEVARÁ A TOMAR MEJORES DECISIONES

La gurú de la felicidad y autora de libros best sellers, Gretchen Rubin, adora las listas de pros y contras. Pero descubrió que, para muchas decisiones, una lista de pros y contras no era realmente útil. En especial, esto aplicaba en los casos en los que los pros y los contras estaban bastante equilibrados o cuando las dos opciones disponibles eran tan diferentes que era como comparar peras y manzanas.

Por ejemplo, decidir entre tener un pug como mascota o dedicarse al bombardeo de estambres como nueva afición (que, a pesar de su nombre, es una afición pacífica y artística. Si no tienes ni idea de lo que estoy hablando, búscalo en Google).

Rubin se dio cuenta de que, a menudo, la diferencia entre tomar una buena y una mala decisión es tan simple como las preguntas que nos hacemos para ayudar a tomar la decisión. Como resultado, desarrolló varias preguntas que le sirvieron para tomar mejores decisiones.

La primera pregunta que se hace Rubin es qué opción le llevará a lo que ella llama una “vida más grande”. Esto está relacionado con uno de sus valores fundamentales: elegir la vida más grande. Rubin lo aplicó a la hora de decidir si tener o no un perro como mascota (el bombardeo de estambres no estaba en su lista de opciones).

“Para algunas personas, una vida más grande sería una vida sin perro porque podrían viajar con mayor libertad y tener más ingresos disponibles. Pero yo sabía que para mi familia la vida más grande incluía tener un perro. Y así fue como conseguimos a nuestro perro y lo amamos”.

Rubin también se pregunta: “¿Me hará esto más feliz?”. A lo cual ella misma respondió: “Cualquier cosa que profundice las relaciones o las amplíe se traduce en felicidad. Cualquier cosa que me ayude a aprender o a crecer es muy importante para la felicidad”.

Una tercera pregunta que se plantea Rubin proviene de un consejo que recibió de su padre: “¿Disfrutaré del proceso?”. “A veces decidimos hacer algo que realmente no queremos hacer en ese momento. Podemos aguantar todo lo malo durante años porque pensamos que va a haber una gran recompensa”.

En el caso de Rubin, se trataba de estudiar Derecho, profesión a la que se dedicaba antes de convertirse en escritora de tiempo completo hace más de una década. No le gustaba ejercer la abogacía, lo que, según el Colegio de Abogados de Estados Unidos, la convierte en un ser humano normal: al parecer, 44 % de los abogados no recomendaría a los jóvenes que siguieran la carrera de Derecho.

Podría haberse limitado a aguantar su trabajo de abogada, sabiendo que probablemente se convertiría en socia en varios años. Por suerte para sus millones de lectores, no lo hizo. Pero Rubin también ha observado a personas que intentan escribir un libro con la esperanza de escribir un éxito de ventas, pero odian el proceso de escritura.

“El problema de no disfrutar del proceso es que muchas veces las cosas no salen como deseamos. No controlamos los resultados. Pero podemos controlar el proceso”.

Rubin relata la experiencia de escribir Forty Ways to Look at JFK