Tierra y silicio - Vilma Almendra Quiguanás - E-Book

Tierra y silicio E-Book

Vilma Almendra Quiguanás

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Tierra y silicio examina algunas relaciones entre nuevos repertorios tecnológicos y política en el Tejido de Comunicaciones de la Asociación de Cabildos indígenas del Norte del Cauca (NASA-ACIN), y hace parte de una investigación más amplia titulada Cultura Política, ciudad y ciberciudadanías (Universidad Pedagógica Nacional, Universidad del Valle, Colciencias). Además presenta los resultados de un estudio sobre medios de comunicación, memoria histórica y formas de representación política y simbólica entre el pueblo mapuche, en el Cono Sur latinoamericano.

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Seitenzahl: 323

Veröffentlichungsjahr: 2011

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Tierra y Silicio: cómo la palabra y la acción política de pueblos indígenas cultivan entornos

digitales. / Vilma Almendra Quiguanás ... et ál. -- Santiago de Cali : Programa Editorial Universidad del Valle, 2011.

192 p. -- (Ciencias sociales)

1. Cultura 2. Política 3. Tecnología 4. Culturas indígenas colombianas I. Quiguanás, Vilma Almendra II. Serie.

306 cd 21 ed.

A1284417

CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

Universidad del Valle

Programa Editorial

Título: Tierra y Silicio: cómo la palabra y la acción política de pueblos indígenas cultivan entornos digitales

Autores: Vilma Almendra Quiguanás, Diana Giraldo Cadavid, Rocío Gómez Zúñiga, Julián González Mina, Oscar Grillo, Armando Henao Velarde, Rocío Rueda Ortiz, Gustavo Ulcué Campo, Viviam Unás Camelo.

ISBN: 9789587654387

Colección Ciencias Sociales

Rector de la Universidad del Valle: Iván Enrique Ramos Calderón

Vicerrectora de Investigaciones: Carolina Isaza de Lourido

Directora del Programa Editorial: Doris Hinestroza G.

Fotografía de portada: Liliana Marroquín

© Universidad del Valle

© Vilma Almendra Quiguanás, Diana Giraldo Cadavid, Rocío Gómez Zúñiga, Julián González Mina, Oscar Grillo, Armando Henao Velarde, Rocío Rueda Ortiz, Gustavo Ulcué Campo, Viviam Unás Camelo.

Universidad del Valle

Ciudad Universitaria, Meléndez

A.A. 025360

Cali, Colombia

Teléfono: (+57) 2 321 2227 – Telefax: (+57) 2 330 8877

[email protected]

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera su responsabilidad frente a terceros. El autor asume la responsabilidad por los derechos de autor y conexos contenidos en la obra, así como por la eventual información sensible publicada en ella.

Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.

Cali, Colombia

Abril de 2011

AGRADECIMIENTOS

Este documento no hubiera sido posible sin la decisiva participación del Tejido de Comunicaciones y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) del pueblo nasa en Colombia. A ellos, nuestro agradecimiento.

Agradecemos también a los integrantes del pueblo mapuche en Argentina y Chile que ofrecieron su generosa colaboración para la realización de la investigación adelantada por Oscar Grillo.

También, al Grupo de investigación Educación y Cultura Política de la Universidad Pedagógica Nacional (Bogotá, Colombia) y al Grupo de investigación en Educación Popular de la Universidad del Valle (Cali, Colombia).

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN GENERAL

Cultura, política y repertorios tecnológicos: el caso del tejido de comunicaciones NASA-ACIN

BIBLIOGRAFÍA

CAPÍTULO1

Aspectos generales

CAPÍTULO2

Vilma Almendra: la configuración de un agente intelectual de nuevo tipo

CAPÍTULO3

La emergencia de nuevas formas de acción política: un análisis desde la perspectiva de las formas de trabajo humano

CAPÍTULO4

ACIN: Red de vínculos y agentes

CAPÍTULO5

La página web de ACIN como obra de creatividad política y convergencia digital:www.nasaacin.org

CAPÍTULO6

Conclusiones

Bibliografía

CAPÍTULO7

Epílogo Azkintuwe: prácticas mediáticas y políticas de identidad en el activismo Mapuche

Bibliografía

ANEXOS

Anexo 1. Tabla de Registro y Clasificación de los Agentes

INTRODUCCIÓN GENERAL

CULTURA,POLÍTICA Y REPERTORIOS TECNOLÓGICOS:EL CASO DEL TEJIDO DE COMUNICACIONESNASA-ACIN

Rocío Rueda Ortiz1

Aspiramos a volvernos ciudadanos como los otros, queremos ser parte de México y eso sin perder nuestras particularidades, sin estar obligados a perder nuestra cultura... y al oponernos a aceptar que la lógica de la globalización nos marginalice [...] pues, es el caso para todos los indígenas de América Latina que la globalización exige su eliminación [...] Pues no son útiles a su dinámica

(Comunicado del subcomandante Marcos, 2001)

Las posibilidades que ofrecen los avances tecnológicos no están inherentemente en los artefactos individuales, sino que son contingentes con respecto a las redes en las que están localizadas. [...] Una política de la tecnología que promueva la emancipación requiere algo más que hardware y software, requiere wetware –cuerpos, fluidos y agencia humana–.

(Wajcman, 2006)

EL CONTEXTO DEL ESTUDIO CULTURA POLÍTICA,CIUDAD Y CIBERCIUDADANÍAS

Dos hechos contundentes son antesala para la investigación sobre (tecno)política en el campo de los estudios ciberculturales: uno, el impacto global que ha tenido el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con relación a su lucha política en el pueblo de Chiapas en México, donde internet ha jugado un papel fundamental en su acción local e internacional. Dos, las recientes movilizaciones sociales, con impactos políticos, en diferentes lugares del globo, convocadas a través de celulares, correos electrónicos, Facebook y otras redes sociales virtuales. En los dos casos, se anuncian nuevas prácticas sociales y formas de la política donde las tecnologías han dejado de ser herramientas o extensiones del cuerpo, para jugar un rol fundamental como máquinas de expresión, conexión y cooperación. ¿Pero cómo se da ese proceso de mezcla entre sujetos individuales y colectivos con tales tecnologías? ¿Qué papel juegan las particulares historias y contextos culturales, políticos y sociales en dicha mezcla socio-técnica? ¿Cómo evitar determinismos sociales o tecnológicos y dar cuenta de los matices y de las fuerzas que pujan de uno y otro lado? Pues bien, el libro que aquí se presenta recoge una de las experiencias seleccionadas en la investigación Cultura política, ciudad y ciberciudadanías, realizada entre la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad del Valle con el apoyo de Colciencias, durante el período 2007-20092. Por esta razón hablo en nombre de un “nosotros” pues, en tanto directora general del proyecto, mantuve un animado y continuo diálogo con cada uno de los equipos de investigación participantes. Pero también escribo en primera persona para subrayar mi propia y personal lectura del estudio que se expone en este libro.

El supuesto de partida de la investigación Cultura política, ciudad y ciberciudadanías fue que las categorías ciudadanía, cultura política y ciudad están siendo interpeladas y tensionadas por las emergencias de la sociedad contemporánea y, en particular, por la manera en que experiencias singulares y colectivas en interacción con los nuevos repertorios tecnológicos (NRT)3 están configurando nuevos modos de ser, estar y actuar juntos. Esto implicó una problematización constante de presupuestos teóricos y de la propia experiencia investigativa para habitar en las fisuras que estremecen lo que la modernidad configuró, con lo que ello tiene de aventura, pero también de desazón. Sus relaciones, imbricaciones y, sobre todo, las maneras complejas como perviven diferentes tiempos culturales y políticos en la contemporaneidad y las singularidades de diferentes sujetos sociales fueron en definitiva el terreno en que se movió dicho estudio.

Esta relación de ciudadanías, ciudad y tecnologías es comprendida desde un contexto en el que confluyen por lo menos cuatro tendencias en estrecha interacción: 1) Transformaciones tecnocognitivas de la cultura contemporánea, en un proceso de fuerte individualización de la subjetividad que implica tanto la desintegración de certezas de las instituciones tradicionales configuradoras de la identidad (Beck et ál., 2001), como de nuevas expresiones de subjetividad, de agencia, en redes de ensamblaje de intercambios maquínicos que crean múltiples y diferenciadas interdependencias, así como novedosas formas de control y modulación de los sujetos y del deseo (Tirado, 2001; Rueda, 2008). 2) Una extendida vacuidad política de las instituciones y su respectiva crisis de legitimidad en la mayoría de los países, así como la emergencia no institucional de lo político y de formas sociales, culturales de la política, o formas “menores” de política (Lazzarato, 2006; Virno, 2003; Lewkowicz, 2004). 3) La presencia de una nueva forma de comunicación relacionada con la cultura y la tecnología de la “red”, ubicua, sustentada en redes horizontales de comunicación y en dispositivos que permiten la coordinación de acciones en tiempo real, así como formas de “autocomunicación de masa”, como los blogs, los wikis (Castells, 2007), y que configuran ciudades comunicacionales. 4) El uso tanto de la comunicación masiva unidireccional como de la “autocomunicación de masa” en la relación entre poder y contrapoder en la política formal, en la política insurgente, y en las manifestaciones y movimientos sociales (Castells, 2007; León et ál., 2005). En consecuencia, se considera que los nuevos repertorios tecnológicos (NRT), en tanto ambientes de socialización y de prácticas sociales, han extendido la esfera pública y la acción ciudadana convirtiéndose en un soporte nada despreciable para la producción social de significado (desde lo privado a diversas esferas de lo público, de lo local a lo global, de lo global territorializado, de medios de comunicación masiva unidireccional a múltiples y cada vez más convergentes y multimodales tecnologías). (Cf. Rueda, 2009).

En este contexto de cambio cultural y comunicacional es que se pensó en la emergencia de “ciberciudadanías”, aún con los problemas que el término encierra, por la tendencia a suponer la superación de la ciudadanía moderna y a su manifestación exclusiva en la red internet, cuestiones que en este estudio siempre aparecían híbridas y mezcladas, a veces de manera ambigua. De hecho, si bien se considera que las “ciudadanías de la representación” aún permanecen (y se ejercen con relación a las organizaciones políticas clásicas: partidos, estado, etc.) una característica sobresaliente de las nuevas ciudadanías y de las “ciberciudadanías” es que, por una parte, las viejas luchas y prácticas ciudadanas tienden a desplazarse y actualizarse en los entornos virtuales, donde se produce una cierta “modernización” de las mismas; en algunos casos sólo para extender, de manera masiva y al mismo tiempo individualizada, prácticas políticas tradicionales (Hermes, 2006) y, en otros, los proyectos políticos de los sujetos sociales que, lejos de ser esenciales, se transforman creativamente y, con ellos, las tecnologías en políticas.

Pero, de otra parte, también se trata de una tendencia hacia unas “ciudadanías de la expresión” que en principio se ejercen en relación con la vida cotidiana, no institucional, con un carácter más social y cultural y, por lo tanto, están más cercanas a una política menor o del acontecimiento (Lazzarato, 2006). De esta manera estas prácticas sociales están fuertemente atravesadas por el uso articulado de nuevos repertorios tecnológicos que cumplen diversas funciones, desde ser fuentes de información y generación de opinión pública, hasta la organización y coordinación de acciones en tiempo real a nivel local y global. Así mismo, se trata de ciudadanías que tejen fuertes interrelaciones entre lo territorial, la interacción cara a cara, offline y el mundo virtual, online, mediatizado por entornos digitales.

Pues bien, con estos supuestos de partida y luego de una revisión documental y webgráfica de diferentes colectivos que están vinculados a la red en Colombia y América Latina4, se eligieron seis en Colombia: una en el departamento del Cauca, en Santander de Quilichao: El tejido de Comunicaciones y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida NASA-ACIN; una en Medellín: Corporación Vamos Mujer (CVM) y cuatro en Bogotá: Niuton, Mefisto, La Cápsula y Chicas Linux. Se seleccionaron estos colectivos por sus apuestas sociales, políticas y culturales ligadas a una voluntad de conocimiento, de crítica y “contracultura” frente a la política y la cultura establecida, esto es, por un carácter joven y renovador de la cultura política dominante. La metodología utilizada fue de corte cualitativo, una mezcla de etnografía multisituada y de diversas técnicas biográficas. No obstante, y como sucede en todo proceso investigativo, sólo la empatía con los sujetos involucrados, ciertos acuerdos y negociaciones, permitieron una aproximación mayor o menor a dichas experiencias y a sus redes de actores. Adicionalmente se hizo un seguimiento a las metáforas y a las obras mediadas tecnológicamente como las páginas web, blogs, revistas electrónicas y listas de discusión, entre otras.

Este libro hace parte, como se ha dicho, del estudio macro que se acaba de mencionar. Sin embargo, tiene una unidad propia, que se la da no sólo el talante del colectivo social que lo ocupa, sino también el del equipo de investigadores del Grupo de Educación Popular de la Universidad del Valle que trabajó con este y la particular e intensa relación de aprendizaje mutuo que establecieron en el proceso de investigación. Este colectivo es el Tejido de Comunicaciones para la Verdad y la Vida y las Relaciones Externas NASA-ACIN que pertenece a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca. A modo de epílogo, se presenta un aparte de la investigación sobre la comunidad mapuche en el cono sur latinoamericano, realizada por Oscar Grillo5, que complementa y, al mismo tiempo, nos da otra visión sobre la manera como un proyecto político identitario, a través de diversas prácticas mediáticas, apuesta por una transformación de la memoria histórica y las formas de representación política y simbólica.

A continuación me prepongo establecer un puente, un diálogo, con los resultados de este estudio. En un lado de este puente se aborda la relación movimientos sociales y tecnologías y, en el otro, el sentido que los nuevos repertorios tecnológicos tienen como dispositivos políticos hoy. De esta manera me interesa resaltar los usos que movimientos sociales y colectivos y sus apuestas políticas hacen de las tecnologías, pero también cómo las cualidades de estos nuevos repertorios tecnológicos, diferentes respecto a anteriores tecnologías, transforman ciertas prácticas políticas y culturales de aquellos. En esta doble vía, tratando de atravesar determinismos tecnológicos o sociales, es donde se cree que el estudio aporta una nueva entrada de investigación en este campo. Tejiendo movimientos sociales y tecnologías, paso a destacar los que considero son los aportes más relevantes y novedosos que esta investigación hace al campo de la educación, la cibercultura y la cultura política, donde las cualidades de los nuevos repertorios tecnológicos se expresan y actualizan de maneras diferentes, dependiendo de las configuraciones sociales y culturales en que se materializan.

DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES A LAS TECNOLOGÍAS Y LAS NUEVAS FORMAS DE LA POLÍTICA

Con nosotros vienen los recuerdos y las experiencias de una larga historia de lucha y de resistencia. Echamos mano de nuestras identidades y de nuestras culturas para enfrentar las amenazas que ha traído cada época.

Mandato Indígena y Popular, Cali, 2008 (http://www.nasaacin.org)

Entre los académicos de las ciencias sociales de América Latina existe cierto acuerdo en que los movimientos y colectivos sociales de resistencia en la red, pueden imprimir un giro político en el régimen de la propiedad social y el bien común de la humanidad (León et ál., 2005; Escobar, 2005; Finquelievich, 2000; Lago et ál. 2006). La novedad de estos movimientos sociales está en que no remiten, como antes, a la lucha de clases y a la necesaria toma del poder, sino que anuncian, como señala Lazzarato (2006), que algo ha sido creado en el orden de lo posible, esto es, un acontecimiento que no es solución a problemas, sino apertura de posibles; que se expresaron nuevas posibilidades de vida y que se trata de llevarlas a cabo. El reconocimiento de que han empezado a aparecer otras condiciones y lugares por donde pasa la experiencia y la acción colectiva, nombra otra atmósfera social y cultural, donde las tecnologías por sí solas no producen transformaciones políticas sino que son las estructuras, las redes y las prácticas sociales en las que estas se insertan, las que otorgan un significado y configuran tendencias de uso e innovación social. Sin embargo, esta nueva condición de la experiencia subjetiva —individual y social— se enfrenta siempre a un doble juego de posibilidades, entre la cooperación y la creatividad social, y novedosas formas de dominación y captura.

Las conceptualizaciones devenidas de la filosofía del acontecimiento y de teorías postmodernas del campo de la sociología, la política y de los estudios de ciencia, tecnología y sociedad, sirven de contexto para tensionar las categorías de ciudadanía, ciudad y política. Desde este marco conceptual es posible observar una potencia enorme de agenciamiento —en tanto minorías, en tanto multitud— vinculada políticamente a movimientos sociales y al activismo social que conduce a prácticas que hacen resistencia creativa, vital frente a los modelos políticos y culturales dominantes y tienen una apuesta por otras formas de vida. De esta manera, la acción colectiva, la acción política, en el marco de los movimientos sociales hace saltar algunas de las consideraciones clásicas sobre la política, ya no restringida exclusivamente a los mecanismos institucionales establecidos, ni al sometimiento a unas normas sancionadas por el derecho. Esta nueva condición de los sujetos y de las práticas sociales es un terreno propicio para entender el sentido y posibilidades políticas que pueden tener los nuevos repertorios tecnológicos hoy.

Al analizar con un poco más de detalle esta relación entre movimientos sociales y repertorios tecnológicos, Valderrama (2008) propone dos aspectos nodales: el papel mediador de estos últimos en los procesos comunicativos y las profundas transformaciones de las dinámicas políticas de la sociedad. Así, son varias las características de este cambio: a) se matiza la centralidad del espacio público urbano de interacción, cara a cara, así como la llamada esfera pública, y se promueve una nueva, provista por la inmaterialidad de las redes electrónicas (ejemplo de ello son espacios como Facebook, Flickr, MySpace, etc.). b) Las prácticas sociales se constituyen en torno a valores culturales, modos de vida y construcciones de sentido (más allá de intereses de clase o sectoriales) y en oposición a modos de organización y comunicación verticales, burocráticos y rígidos; de ahí que se privilegie la adopción de un tejido organizacional y comunicativo en red. c) La presencia creciente de colectivos y movimientos sociales de carácter global en la red que no obedecen directamente a regulaciones estatales. Sin embargo, esto no significa que no haya acciones offline, como lo muestran los estudios de Silvia Lago en Argentina (2008), sino que hay una suerte de continuidad de relaciones virtuales que mantienen y proyectan acciones políticas sobre centros de toma de decisiones o, en su interior, con intervenciones en la calle, en las plazas y, en general, en el entorno urbano. En particular, los movimientos antiglobalización o de resistencia global han mostrado formas de articularse en red y una capacidad de redimensionamiento de sus luchas a nivel territorial, donde la intención no es globalizar la experiencia a partir de su unificación, sino recrear formas de cooperar, y donde cada proceso local tendrá su propio lenguaje y forma de coordinación. De ahí que se considere que la popularización de internet está provocando cambios de actitud en los movimientos, pues se ha comenzado a dar un lugar específico a la comunicación, que antes no tenía (Lago et ál. 2006; León et ál. 2005).

Tal situación “descoloca” el lugar que ocuparon ciudadanías ligadas a la modernidad (teóricas y prácticas) y a la representación, que hoy se mezclan en una contemporaneidad híbrida y compleja, con ciudadanías de la expresión, como es el caso del presente estudio sobre el Tejido de Comunicaciones NASA-ACIN6. Sin embargo, estas emergencias sociales, estas potencias de acción se enfrentan tanto a una historia política y cultural (donde el silenciamiento, las desigualdades, las inequidades y las injusticias siguen siendo parte de sus luchas), como a una fragilidad frente a ejercicios oscuros y arbitrarios de poderes estatales y paraestatales. Esta condición compleja, de hibridez, de contemporaneidad no contemporánea de tiempos culturales, de vulnerabilidad, hace evidente que no es posible establecer una subjetividad homogénea para comprender la política ni la cultura política hoy —por más teoría postmoderna amiga de las diferencias y de la multiplicidad a la que acudamos—. Pero, al mismo tiempo, obliga a mirar el caso de la experiencia indígena y su relación con los repertorios tecnológicos, más allá de la clásica esquematización de algunos estudios antropológicos en los que se opone a la tecnología como instrumento destructor de lo “tradicional” y lo “tradicional indígena”, entendido a su vez como un elemento “puro” que se mantiene estático en el tiempo. Tanto en el caso de la comunidad NASA-ACIN como en el de la Mapuche, por el contrario, lo que se ve son procesos abiertos y porosos a la interacción y a la transformación.

La potencia de los movimientos y activistas sociales, está asociada a la pregunta por cómo construir un mundo común y en común, donde éstos se plantean la posibilidad de que los seres humanos vivan disfrutando cooperativamente de sus capacidades, que nunca son individuales en sentido estricto, sino resultado de la vida que se construye colectivamente, de la cultura compartida y del lenguaje heredado. De ahí que la prioridad no es el individuo sino el conjunto de lazos sociales, culturales y económicos en los que nacemos y nos socializamos (Garcelán, 2009). Sólo por medio de ellos, y gracias a ellos, se llega a la singularización. He aquí tres aspectos fundamentales que, en esa construcción de lo común, aportan los movimientos sociales: la prioridad de los lazos sociales, el cooperar y el compartir. Cualidades que “resuenan” con ciertas características de los actuales repertorios tecnológicos.

De hecho, esta prioridad de los lazos, de los entramados sociales lleva a la constatación de que los movimientos sociales actúan, por lo general, en forma de red (León et ál. 2005), que es anterior a la configuración tecnológica que hoy se denomina de la misma manera y que a veces, bajo cierto determinismo tecnológico, se supone que el uso de internet y sus espacios comunicativos ya convierte, sin más, a los grupos o colectivos en movimientos en red. No obstante, lo que sí es importante resaltar aquí es que los nuevos repertorios tecnológicos, a diferencia de otras tecnologías que les precedieron, que no permitían la descentralización de la circulación lingüística, perceptiva y cognitiva, se acoplan a la descentralización de los medios de expresión, con otros regímenes de signos, que son capaces de integrar otros medios y que son “potencialmente más favorables” tanto al plurilingüismo, a las plurinteligencias (Lazzarato, 2006), como al trabajo colectivo, a la cooperación y la producción de libre circulación de bienes comunes. Sin embargo, estas tecnologías entendidas como herramientas culturales, como lenguajes de expresión, se integran a prácticas sociales singulares en medio de tensiones, ambigüedades y luchas donde confluyen diversos tiempos culturales, políticos, tecnologías dominantes y modelos de producción que se superponen y que exigen de los colectivos y movimientos, siempre, un estado de alerta7.

Es decir, sería ingenuo pensar que esto se produce de manera tranquila, lineal, de unas prácticas sociales y políticas a otras, sin fricciones y pujas de poder en el interior de estos mismos colectivos y movimientos, o que se rompe totalmente con prácticas políticas tradicionales jerárquicas, o que el poder se hace invisible. En estos colectivos también se (re)producen ciertas dinámicas organizativas autoritarias, hay centralidad de los nodos coordinadores, el género, la raza y el dominio de conocimientos y lenguajes juegan un papel importante en la toma de decisiones en las relaciones de poder y en los procesos creación colectiva. Es por ello que aquí se insiste en que es importante no olvidar la presencia o persistencia de culturas políticas tradicionales heredadas, coloniales, de muchos años en países que, como el nuestro, permanecen, se camuflan y se hibridan con las nuevas prácticas políticas, incluso en aquellos sujetos sociales que pretenden la emancipación. Hibridez que, por cierto, permite destacar que ciertas prácticas tradicionales heredadas, como en el caso de ACIN o de los Mapuches, no se pueden observar en un sentido negativo, sino que son prácticas que se convierten en el insumo —en el imaginario, dirían algunos— de proyectos liberadores y de creatividad social para el presente y el futuro.

Con esta advertencia hecha, nótese que las cualidades de los protagonistas de estas luchas ya no corresponden al dúo ciudadanía–clase social, sino a grupos sociales con contornos más o menos definidos en función de intereses colectivos, a veces muy localizados y potencialmente universalizables. No se trata de movimientos o colectivos “coherentes”, con un proyecto único y clausurado, sino que son movimientos que, como su nombre lo indica, se desplazan, son fluidos, no se cristalizan en un punto, lo cual se produce por la interacción con redes, donde se (re)negocian intereses y agendas, se comparten proyectos regionales y globales y se aprende de la experiencia de otros. En palabras de Monserrat Galcerán:

Actúan sin obedecer unas normas preexistentes sino creando en su actividad un conjunto de procedimientos compartidos que sirven como herramientas, ya sea para consolidarlos, para ampliar sus oportunidades o para afianzar su fuerza y su capacidad de intervención. Esas «herramientas» constituyen una especie de «repertorio» que pervive y se transfiere de un movimiento a otro, siendo modulado, cambiado, revitalizado o abandonado, dependiendo de su eficacia en una situación dada (Galcerán, 2009: 70).

Así mismo, lo que se ha observado tanto en movimientos y activistas sociales es que en lugar de ser éstos «expresión» de un sujeto pre-existente, es en las propias intervenciones donde éstos se empiezan a fraguar y a reconfigurar. Y así resulta que la acción colectiva no es la acción de un único sujeto político o, dicho de otro modo, que el agente de la acción colectiva no es «un sujeto» sino una miríada de ellos, organizados de diversas formas e integrados en redes y colectivos anudados por discursos compartidos y prácticas comunes de cooperación aunque con singularidades que los hacen también distintos y los diferencian. Ya no se trata del discurso moderno de las clases sociales que suprimió el problema al presentarlo como la acción de «un sujeto colectivo» más o menos homogéneo y unificado. En último término, no existe «un sujeto» de la acción colectiva sino que ésta es, a su vez, resultado de múltiples interacciones, como se puede ver en las diferentes comunidades pertenecientes al movimiento indígena latinomericano o al movimiento indígena global, las alianzas temporales que se establecen en momentos determinados, las estrategias de acción regional y global, etc.

Parece pues que se trata más bien de una práctica política flexible, que en el caso del movimiento indígena es muy interesante por mantener una estructura jerárquica propia de su cultura y, al mismo tiempo abrirse y articularse a organizaciones reticulares, para favorecer una transferencia rápida de conocimientos, recursos, actividades, etc. Esta forma de organización puede tropezar en muchos casos con dificultades a la hora de tomar decisiones vinculantes o de hacer avanzar determinadas iniciativas —curiosamente no es el caso de ACIN como se verá en el estudio— pero, tiene la ventaja, frente a las organizaciones tradicionales verticales y mucho más homogéneas, que no coarta las diversas disponibilidades y ofrece un campo mucho más rico para el despliegue de la propia creatividad. Así, por ejemplo, el movimiento indígena que tiene sus orígenes en las luchas ancestrales por la recuperación de tierras, hoy en día tiene unas búsquedas que van desde las preguntas políticas y culturales por su identidad étnica, como se ve claramente en el caso mapuche, hasta cuestiones que involucran aspectos que trascienden el territorio nacional y que incluyen proyectos de orden regional y planetario. Esta nueva condición de estos sujetos sociales, ligada a otros hechos y condiciones singulares y locales de cada uno de ellos, transforma también sus formas organizativas y las formas de acción política, lo que se convierte, a su vez, en un territorio fértil para usar repertorios tecnológicos que empiezan a ser claves en estas nuevas formas de hacer política. En el caso de ACIN se encontró, por ejemplo, una estrecha relación entre una constante emergencia de objetivos políticos que se transforman y de unos repertorios tecnológicos que también cambian y se adaptan a éstos.

Uno de los retos que enfreta la nueva política, que hoy está enredada con los nuevos repertorios tecnológicos, es el de cuidar y proteger el carácter común y compartido del propio poder. Lo común es el objeto mismo que hay que construir políticamente, aceptando medirse con la simultaneidad de las opresiones porque estas no desparecen por más creativo o innovador que sea el proyecto social. Así la cultura política que estos movimientos nos permiten avizorar se refiere a un poder que no es el poder para gobernar a los otros, sino un poder como relaciones de interdependencia mutua en un espacio compartido. Como señala Galcerán (2009), no puede ser un poder depredador y abusivo puesto que silencia las necesarias dependencias que los seres humanos tenemos unos de otros y de las situaciones materiales en que se desenvuelve nuestra vida. De ahí el aprendizaje que hoy se deriva de estos movimientos y activistas sociales: la urgencia de experimentar nuevas formas políticas que, cuanto menos, deben reunir algunas condiciones, entre ellas el ser respetuosas con las exigencias ecológicas de la tierra, potenciar las capacidades de las poblaciones y preservar la diversidad ecológica y cultural de todos los habitantes. La política no sería entonces el arte de gobernar y de dominar, sino el esfuerzo y la exigencia de cuidar nuestro vivir común, un Plan de Vida como lo ha definido la comunidad NASA-ACIN.

DE LAS TECNOLOGÍAS A LOS COLECTIVOS Y MOVIMIENTOS SOCIALES

Aquí no se centra la atención en los medios tecnológicos, que no desconocemos y que por el contrario acogemos, sino en la fuerza y la riqueza de los saberes culturales, de los sentidos comunitarios, los rituales y los diversos eventos en los que se expresa la alegría de vivir y desde donde nace la resistencia para seguir viviendo. Por lo tanto, articulamos tanto medios (radio, internet, impresos, video) como formas de comunicación comunitarias (asamblea, minga, e.t.c) que nos permiten hacer un trabajo complementario para informarnos, reflexionar, debatir, proponer y tomar decisiones en un ejercicio de democracia y autonomía

Tejido de Comunicación y Relaciones Externas para la verdad y para la vida (http://www.nasaacin.org)

La reflexión que aquí se ha venido presentando parte del presupuesto de que sociedades y tecnologías se coproducen a través de usos, valores y prácticas sociales que grupos humanos hacen de aquellas. Ahora bien, los estudios sociales de la ciencia y la tecnología señalan que éstas se usan porque han sido aceptadas por grupos sociales relevantes (comunidades científicas, grupos económicos, clases sociales dominantes, etc.), por lo tanto, se trata de un proceso político, de una relación que no es neutral y que está atravesada por tensiones de poder entre los que se encuentran en mejor posición para utilizarlas y quienes deben “rebuscarse” las maneras de acceder a éstas. Pero también quiere decir que se trata de un proceso activo y relacional que se realiza a través de las interacciones sociales diarias donde entidades no humanas adquieren su forma a consecuencia de sus relaciones con otras entidades humanas y viceversa. La concepción de lo no humano como actante sirve para corregir cierta rigidez en la concepción de la estructura social y de las ciencias sociales modernas y supone, además, una visión de la sociedad definida predominantemente por el hacer y no por el ser (Cf. Latour, John Law y J. Hassard; Wajcman). Pues bien, es desde esta consideración constructivista y materialista, que en este estudio se intenta dar cuenta de cómo los repertorios tecnológicos se integran y se entremezclan en la esfera social, en tanto son incorporadas a valores, prácticas sociales e infraestructuras materiales de sujetos colectivos particulares y situados que les otorgan sentido. En el anterior apartado se resaltó el carácter de novedad pero también de hibridez y contingencia de los movimientos y sujetos colectivos. En este se planteará cómo la contingencia y la heterogeneidad del cambio tecnológico (Wajcman, 2006) son también, a su vez, una condición para comprender cómo se produce una novedosa interacción entre humanos y máquinas tal y como ocurre en el caso de la comunidad NASA-ACIN que aquí nos ocupa.

A diferencia de lo que sucedió en buena parte del país con la integración de las tecnologías al mundo educativo, como una “ola modernizante” carente de las preguntas del por qué y el para qué de éstas (Rueda y Quintana, 2004; Rueda, 2005; Tamayo y Penagos, 2007), en la comunidad NASA-ACIN se puede señalar al menos dos maneras en que los repertorios tecnológicos se integraron (por supuesto esto no quiere decir que se trate de un proceso lineal o de que no existan otras maneras en que éstos se han incorporado). Por una parte, a una apuesta política de democracia y autonomía y a unos sentidos y saberes culturales y, por otra, a un ecosistema comunicativo en el que interactúan viejos medios que siguen siendo efectivos en diferentes regiones y contextos sociales locales, como es la “Chiva-net” para aquellos lugares sin conectividad que combinaba el uso de la chiva (como medio de transporte) los diskettes, el internet y la radio comunitaria para intercomunicar las comunidades de los resguardos indígenas nortecaucanos con noticias, eventos y reflexiones procedentes de diversas y lejanas latitudes. En este caso la investigación muestra cómo una subjetividad social que participa de una tecnología puede interpretarla de formas muy distintas, incluidas sus características técnicas. Se revela así que el carácter heterogéneo y contingente de las tecnologías pues se refiere no sólo a sus significados simbólicos, sino que también incluye variaciones en los criterios que se utilizan para juzgar si una tecnología “funciona” es “eficiente” o es “apropiada” para unos fines políticos y culturales.

Otro ejemplo de ello son quizás las recientes movilizaciones lideradas por esta comunidad y que han recorrido el país de sur a centro, lo cual implica una gran logística coordinada en parte vía internet, con transmisiones en directo para las radios comunitarias y con un grupo de corresponsales indígenas que difunden comunicados a través de la red, los cuales son traducidos casi inmediatamente al inglés, al alemán, al portugués y al italiano, por otros actores internacionales que se han solidarizado con este movimiento. En el caso de ACIN, los vínculos no tecnológicamente mediados tienen una fuerza impresionante para efecto de tales movilizaciones que, en muchos casos, es superior a la que puede ofrecer la red. De esta manera, la eficacia de los repertorios tecnológicos reside, en buena medida, en que convergen y se articulan diferentes tiempos y dinámicas históricas y materiales y, en que se abren espacios para la agencia, con unas tecnologías en proceso de transformación y adaptación.

Varios de los pensadores de la cibercultura como Howard Rheingold (1996) o Lévy (2007) ven en las comunidades electrónicas una sociedad sin fronteras, el ciberespacio se describe como un lugar público no formal en el que la gente puede reconstruir determinados aspectos de la conectividad y la comunidad que se han perdido en el mundo moderno. Sin embargo, esta imagen puede ser problemática porque remite, por un lado, a una cierta nostalgia conservadora que quiere traer al futuro un pasado idealizado de comunidades viviendo en paz y armonía; nostalgia propia además de la ciudadanía liberal que desconoce que ésta se fundamentó en el reconocimiento de los derechos de los “hombres blancos y burgueses”; y de otro lado, es una imagen que refuerza una idea que privilegia cierto individualismo y separa la acción individual y colectiva entre los entornos online y los offline, como si se tratara de mundos totalmente diferentes e incomunicados y no permite ver las maneras cómo dimensiones de uno y otro se entrecruzan, se comunican, se traslapan. Así mismo, dicha visión omite el hecho de que las fronteras espaciales y los territorios siguen siendo motivo de conflictos y que por lo tanto las comunidades también se las tienen que ver con los recursos materiales y el poder. Esta imagen es paradójica pues al mismo tiempo que resalta el carácter libertario y renovador de estas nuevas comunidades en la red y en red, se hace “desmaterializando” los sujetos que las constituyen y las diferentes maneras y fuerzas de poder, con las que deben lidiar. Por ejemplo, en el caso de algunos indígenas y mujeres que usan activamente los nuevos repertorios tecnológicos para participar en luchas globales, deben mantener al mismo tiempo la lucha por el cuidado de la tierra y del hogar respectivamente, en medio de relaciones de subordinación dentro de sus comunidades al igual que lo hicieron en comunidades físicas de proximidad que, supuestamente, quedaron atrás con el advenimiento de las sociedades postfordistas y de la información y el conocimiento.

La tesis que se ha venido presentando aquí es que la tecnología siempre es un producto sociomaterial —un entramado de costuras que combina artefactos, personas, organizaciones, significados culturales y conocimiento— y que el cambio tecnológico y el cambio social son procesos contingentes y heterogéneos donde, tecnología y sociedad, se constituyen mutuamente. Tal asunción nos permite comprender, por una parte, que la tecnología y sus efectos puedan ser otros a los previstos, incluso otros a los que el capitalismo jalona (así como los movimientos y activistas sociales nos lo vienen demostrando con hechos, con acciones locales y globales); pero también, de otra parte, que nuestras sociedades han cambiado, tampoco son las mismas que acompañaron la llegada de otras tecnologías en el pasado. Así las redes, movimientos y activistas sociales en los que los nuevos repertorios tecnológicos están imbricados, también han transformado, su carácter y sus identidades. De esta manera, por ejemplo, internet llega a un Tejido de Comunicaciones de la Comunidad NASA-ACIN en un momento particular de su biografía colectiva en que se ve —nuevamente— amenazada por actores externos y se encuentra con jóvenes como Vilma Almendra y Gustavo Ulcué que han tenido un proceso de escolarización, un acercamiento a los medios y tecnologías generado por las demandas y urgencias políticas de la organización. Además, se trata de una comunidad que tiene una historia colectiva en la que confluyen diferentes circunstancias y hechos, como viajes internacionales y encuentros con otros actores regionales, el conflicto armado en Colombia, la urgencia de buscar protección a sus vidas, la participación en el movimiento antiglobalización, entre otros, que hacen que este sujeto colectivo tenga unas condiciones particulares para que se establezca una relación “activa y creativa” con las tecnologías, superando así esquemas culturales que las reducen al ámbito exclusivamente instrumental, o masculino, o que las ven como un objeto destructor de sus tradiciones. En suma, es la confluencia de todas estas condiciones históricas, sociales, culturales, políticas de este sujeto colectivo con unas tecnologías a su vez con nuevas cualidades comunicativas —con una tecnohistoriografía particular— que se entremezclan para reconfigurar prácticas tecnopolíticas del Tejido de Comunicaciones.

Dicho de otro modo, las nuevas cualidades tecnológicas de los repertorios tecnológicos, permiten recrear la cultura oral y las memorias de diferentes tiempos culturales, en entornos multimediales y plurilingüísticos y, son favorables para pequeños colectivos que con escasos recursos se conecten unos con otros y participen de esfuerzos sociales globales. Dichas acciones políticas constituyen un nuevo estado de cosas para aquellas subjetividades que anteriormente estaban aisladas de las esferas públicas más amplias y de las inciativas sociales transnacionales. En ello hay un gran potencial de transformación de una nueva configuración tecnosocial en el que pueden emerger sujetos colectivos como agentes clave en redes globales sin tener que abandonar el papel que desempeñan en sus comunidades locales y sin olvidar, como se señaló antes, las otras “opresiones” que se viven en diversos planos de la vida diaria. Por esto se considera que estos colectivos están reinterpretando las tecnologías como ambientes para la acción política, a nivel personal y colectivo, como lo muestra este estudio a través del caso de Vilma Almendra, una joven líder del Tejido de Comunicaciones.

Finalmente es necesario volver a llamar la atención sobre el carácter paradójico, ambiguo y contingente de esta nueva condición tecnosocial, pues como se ha venido insistiendo en este texto, las cualidades de los nuevos repertorios tecnológicos se expresan, se actualizan de maneras diferentes, dependiendo de las configuraciones sociales y culturales en que se materializan. Por lo tanto, en algunos casos, los resultados de dicho encuentro tecnosocial pueden ser de carácter horizontal, distribuidos y participativos, o ser mixtos como en el caso de ACIN donde convergen estructuras jerárquicas, con experiencias participativas como las asambleas, las mingas, las consultas populares, pero, en otros, esas mismas tecnologías pueden contribuir a mayores niveles de control, concentración de poder y homogenización social favorable a los mercados y al capital, incluso en movimientos que propugnan la libertad y mundos alternativos, como sucede con algunos colectivos del software libre y de los que no se hablará aquí.

POLÍTICA,TECNOLOGÍAS E INVESTIGACIÓN EDUCATIVA

El planteamiento que se ha expuesto intenta eludir, por una parte, la persistente tendencia a considerar la tecnología como necesariamente dominante, patriarcal, o saqueadoras de la condición humana y, por otra, la tentación de esencializar los sujetos colectivos (las mujeres, los indígenas, etc). Por el contrario aquí se propone, desde un enfoque socioconstructivista, materialista, ver el trabajo humano, las obras y los vínculos, la agencia y las redes, como una forma de esperanza y de poetización de la vida desde las cuales comprender el sentido y potencialidad de los repertorios tecnológicos. A continuación y, de manera muy sintética, me propongo presentar los aspectos que considero son de mayor novedad en este estudio y que están ‘tejidos’ en relación con los numerales antes desarrollados.

La investigación tuvo que enfrentar diversas preguntas que aparecieron de manera compleja en sus inicios: ¿Cómo entender la relación que un movimiento indígena establece con los repertorios tecnológicos cuando se tiende a creer —quizás como parte de nuestros estereotipos “urbano” y “académico”—, que son tan distantes de su experiencia cultural, marcada fuertemente por lo territorial y la oralidad? ¿Cómo dar cuenta, más allá de los actuales discursos de la subutilización tecnológica o de la celebración del encuentro entre movimientos sociales y la red, de las maneras en que, en la cotidianidad, se van reconfigurando los sujetos sociales y las tecnologías, o la manera en que se configura tecnológicamente una experiencia social?