Triángulos plateados - Flora Proverbio - E-Book

Triángulos plateados E-Book

Flora Proverbio

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Beschreibung

Si históricamente el deseo femenino es un tema tabú, desplazado mediante metáforas al ámbito exclusivo del relato del amor romántico, el deseo de las mujeres maduras o mayores de 50 ha sido más negado y silenciado aún. Durante siglos vivimos un erotismo velado del que no se podía hablar ni explorar. Triángulos Plateados te propone dejar atrás esos tiempos oscurantistas. Cada vez somos más las mujeres que tenemos la casi eufórica convicción de que en esta etapa de la vida podemos seguir disfrutando y que nuestra vida sexual, si nos interesa, puede ser una fuente colosal de bienestar físico y emocional. Solas o acompañadas. Sintiendo e imaginando.   Con menos prejuicios a cuestas y toneladas de curiosidad contenida, en este libro te ofrezco nuevas maneras de acceder al goce para reconocernos y adueñarnos de nuestro deseo. Ese que no siempre nos impulsa a mantener una relación sexual, pero sí a experimentar una situación sexual.   Desde la experiencia de vida y el autoconocimiento, cada una de nosotras va aprendiendo a conectar con su pulsión sexual. No queremos mordazas, presiones, ni cumplir expectativas sociales. Preferimos escuchar nuestra voz interior, esa que nos guía y nos dice qué hacer, cómo hacerlo, dónde y con quién. La forma de vivir nuestro deseo en esta etapa se vuelve un escenario ideal para ejercer la independencia que viene con la madurez. Con satisfacción y gozoso fulgor.

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Seitenzahl: 225

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Triángulos Plateados

Triángulos PlateadosInteligencia sexual para vivir el deseo en la madurez

Flora Proverbio

Índice de contenido
Portadilla
Legales
PRÓLOGO por Mercedes Jones
INTRODUCCIÓN
Quiero provocarte Sobre cómo usar este libro
CAPÍTULO 1 Soy una maleducada
CAPÍTULO 2 Pienso, luego sexo
CAPÍTULO 3 Masturbarnos
CAPÍTULO 4 El deseo toma muchas formas
CAPÍTULO 5 Nombrar para sanar, sanar para gozar
CAPÍTULO 6 El erotismo no caduca
CAPÍTULO 7 Vínculos sin etiquetas
CAPÍTULO 8 El fin de amar: sentirse más vivo
CAPÍTULO 9 Mujer-Mujer
CAPÍTULO 10 Curiosidad, motor del deseo
CAPÍTULO 11 Sentirnos bellas es cambiar el mundo
ÚLTIMA PÁGINA
AGRADECIMIENTOS

Proverbio, Flora

Triángulos plateados / Flora Proverbio. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2023

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descargaISBN 978-950-556-965-6

1. Sexualidad. I. Título.

CDD 155.31

©2023, Flora Proverbio

©2023, RCP S.A.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor y/o fotógrafa.

Diseño de interior: Cerúleo

Diseño de tapa: Azul Pellegrini

Producción fotográfica: Eve Grynberg

Digitalización: Proyecto451

ISBN edición digital (ePub): 978-950-556-965-6

A Mariagrazia, mi mamá, que supo enseñarme

mucha más libertad de la que ella experimentó.

PRÓLOGO

Triángulos Plateados y espirales ascendentes

MERCEDES JONES1

Flora nos invita desde el primer renglón de su libro a una conversación transformadora, íntima y valiente sobre la sexualidad, la erótica y el deseo de nosotras, las mujeres. Es una comunicación disruptiva, honesta y potente que no está vedada para los hombres, ya que leer este libro puede animarlos a correr el velo de ese secreto del deseo tan bien guardado: ¿qué queremos las mujeres?, ¿qué queremos cada una de nosotras?

Triángulos Plateados es un texto comprometido y conmovedor que nos lleva a lugares muy poco transitados, bastante temidos y, muchas veces, desvirtuados por la perspectiva masculina y medicalizada que permea cada pliegue de lo que la sociedad supone (y nosotras históricamente hemos aceptado) que es nuestra sexualidad.

Tradicionalmente la interpretación de la sexualidad femenina se ha realizado de acuerdo con los parámetros masculinos, pero ahora además corremos el riesgo de saltar de una sexualidad pasiva a una sobrecarga de la sexualidad femenina, donde ser activa implicaría reproducir los esquemas culturales atribuidos a la sexualidad masculina. O aceptar una especie de mandato compulsivo de ser silver sexys,(1) donde el ejercicio de la sexualidad se transforma en una obligación sin matices y sin reconocer que hay mujeres que censuran lo que a otras les resulta fundamental. Hay quienes viven la menopausia como un momento de libertad, es la liberación de lo sexual como un deber impuesto, y otras experimentan esta liberación de lo reproductivo para escalar nuevas dimensiones de su sexualidad.

Aunque Flora aclara que el foco de su trabajo es la sexualidad de las mujeres 50+, yo me permito anunciar que muy probablemente sea un libro útil para mujeres de todas las edades, abierto al interés de los varones y a la diversidad de géneros, porque trata sobre los vínculos humanos con énfasis en la dimensión sexual, el amor y el erotismo.

Lo más importante del libro es que busca entender la sexualidad partiendo de la voz de las propias mujeres en su diversidad. Es tal la variedad y amplitud de los testimonios registrados que podemos conocer experiencias de la infancia o del momento de la iniciación sexual, pasando por otras instancias del deseo femenino (por fuera de cualquier edad o momento del ciclo vital). Al leerlo, queda claro que las mujeres no vivimos nuestra sexualidad de la misma manera en las distintas etapas de la vida, y que el disfrute y el deseo se diversifican, pero la sexualidad no desaparece.

Cuando se habla de vínculos humanos el concepto de inteligencia emocional aparece como un ingrediente popular para gestionarlos de manera positiva. Partiendo de la idea de que todos deseamos tener buenos vínculos, la autora nos desafía. Nos propone aprender a desarrollar nuestra inteligencia sexual y nos da herramientas para aumentarla. Sin pretender teorizar, pero de la mano de personas científicas, profesionales y expertas en estas temáticas, con un lenguaje que busca la cercanía y la claridad, nos ofrece pistas para poder explorar y elegir los elementos que nos ayuden a organizar nuestra propia valija de herramientas. Al final de cada capítulo hay sugerencias de videos, libros, y blogs, a los que recomiendo prestar atención porque han sido cuidadosamente seleccionados para profundizar temas específicos.

No hay recetas, no hay fórmulas, no hay bajada de línea, no hay golpes bajos. No son verdades universales. Hay libertad para pensar y disentir. En pocas palabras, la propuesta básica de Flora Proverbio es abracemos la diversidad. Tratar de aceptar la diversidad de manera genuina me llevó varias veces a preguntarme mientras leía: ¿quién soy yo para juzgar? Porque la sexualidad de las mujeres que cuentan sus experiencias está aquí expuesta, por ellas mismas, con sus palabras, en un diálogo revelador y, por momentos, de una crudeza deslumbrante y respetuosa. Se habla de la identidad sexual, la masturbación, las fantasías, los duelos, el erotismo y la tecnología, los vínculos afectivos o la falta de ellos, las emociones, el miedo. No quedan afuera la violencia infligida a las mujeres ni tampoco la violación.

Comenzar por superar el propio edadismo —el edadismo autoinfligido— es probablemente la forma más difícil pero la más segura de avanzar y detener esta epidemia silenciosa que tiene consecuencias tremendamente negativas para la vida. Comenzar por frenar el propio viejismo —esa voz interna que dice “¿cómo, a tu edad vas a…?”— nos permite identificar nuestro prejuicio, separar los asuntos que son externos y —por ahora— no están bajo mi control directo, y cuáles tienen que ver con las elecciones que hago diariamente.

Es parte de ese camino de crecimiento de nuestra inteligencia sexual aceptar lo que somos y lo que queremos y el contexto en el que nos movemos. ¿Qué queremos ahora? Aun en el caso en el que definamos poner nuestra energía en algo distinto a nuestra sexualidad, vale la pena explorar nuestro deseo. En todo el libro de Flora se respira una invitación a la exploración genuina y a la aceptación del propio deseo; a adquirir lucidez para saber lo que está en consonancia con nuestra persona y lo que no, y a escoger los valores que más nos representan.

Luego de leer este libro surgen para mí dos certezas:

∇ El proceso de cambio necesario en la percepción de la sexualidad de las mujeres requiere honestidad social y personal.

∇ Es ineludible hablar, compartir lo que somos y lo que queremos; conversar entre nosotras y darle visibilidad colectiva.

Es preciso tomar la palabra para explicar cómo resuena en nosotras esa mezcla de respeto, cuidado, equidad, honradez y responsabilidad que va más allá del bienestar y nos acerca al buen vivir. El libro lo sintetiza en algo que podríamos llamar la ética del “sentirnos bien”. ¿Qué nos hace sentir bien? ¿Con qué palabras lo describiríamos?

Ejercitar la honestidad, el coraje y la libertad es un camino de acción para la vida, un movimiento que nos integra como personas en espirales positivas y ascendentes, en senderos de vitalidad, longevidad y felicidad colectiva. Tal como decía Hannah Arendt: la fuerza de la idea de felicidad colectiva reside en la acción, la palabra y la esperanza conjunta.

MERCEDES JONES

FEBRERO DE 2023

1- El término silver significa plata y plateado se usa para identificar a las mujeres maduras.

INTRODUCCIÓN

¡Renovemos el imaginario sobre el deseo posmenopausia!

Cuando me acercaba a la menopausia, la ginecóloga, con ánimo de prepararme para esa próxima etapa vital, me vaticinó que mi libido bajaría, la vagina se secaría, las relaciones sexuales podrían volverse dolorosas y mi sexualidad perdería protagonismo.

De aquella consulta salí con un nudo en la garganta; ¿era posible que mi sexualidad se desvaneciera? Pensé: “Bueno, estoy entrando en los 50 y este tema que yo quiero disfrutar toda la vida, parece que se empieza a terminar”.

La sexualidad siempre ocupó un lugar muy importante en mi vida y en diferentes momentos vitales se resignificó. No siempre fue un tema luminoso. Tuve momentos muy oscuros y en ellos la sexualidad también se opacó. En etapas de apatía o tristeza, mi pulsión entró en “modo hibernación”. Pero siempre resurgió: modificada, cambiada y reinventada.

Por eso, ante ese pronóstico, me propuse entender y aprender. Como hice tantas veces en mi carrera de consultora especializada en longevidad, entrevisté a mujeres diversas para encontrar indicios culturales; para desenredar actitudes, creencias y comportamientos. 

Mientras trabajo me interiorizo acerca de lo que implica que la expectativa de vida se extienda en todo el mundo. En este proceso, me preparo para mi propio envejecimiento y facilito el camino a quienes vienen después de mí: mujeres que —sin estar condicionadas por su edad cronológica— se interesan por una existencia plena en todas las etapas vitales. Quiero envejecer bien. ¿Quién no? Para cada una “bien” puede significar cosas diferentes. Para mí “bien” tiene, como condición sine qua non, una sexualidad disfrutable.

Unos años después de esa charla con mi ginecóloga, que significó que emprendiera un nuevo camino lleno de gratas revelaciones, mi sexualidad me sigue interesando y aportando placer. No como antes, por supuesto. En la vida nunca nada es “como antes”. Pulsión, motor, simbolización, transgresión, comunicación, sanación, autodestrucción, crecimiento, amor, dolor… es el escenario, en cada etapa de la vida, en que mi esencia se plasma. Por suerte aprendí que lo seguirá siendo, hasta el último suspiro.

¿Por qué Triángulos Plateados?

Triángulos Plateados hace alusión a nuestras vulvas, adornadas con vellos púbicos que, conforme pasa el tiempo, se van “emplateciendo” con canas. Sin embargo, no me convencía que hiciera referencia directa a nuestros genitales. Si hay algo que no define nuestra sexualidad, es la genitalidad. Pensar la sexualidad como resultado de nuestros genitales sería un abordaje pobre y reduccionista.

Y entonces, ¿en qué quedamos? Me decidí por Triángulos Plateados para provocar. Sobre los cuerpos envejecientes pesa un discurso vergonzante. Está instalada la idea de que después de los 50 nuestros cuerpos son cada vez más feos y, si hay algo sobre lo que la sociedad no quiere (o no puede aún) pensar, imaginar o fantasear, es sobre las vulvas maduras.

Triángulos Plateados nace de experiencias personales y de lo que sé gracias al trabajo como estratega experta en el segmento de personas 50+. También, por la generosidad de profesionales en sexualidad y longevidad que me iluminaron con su conocimiento y, sobre todo, es fruto de la complicidad con muchas mujeres que abrieron su intimidad. Las informaciones que aquí comparto surgieron de estos intercambios, no son recomendaciones médicas y no deben tratarse como tales, por eso ante un síntoma que te preocupe acude siempre a un profesional de confianza.

La Ronda de Diálogos

¡Nada tan poderoso como las historias en primera persona!

El relato sobre la vida posmenopausia está patologizado y suelen ser los médicos/as quienes plantean la narrativa sobre la sexualidad en esta etapa: esta es la voz de los “expertos”, a veces sesgada y filtrada desde su profesión. Una mirada valiosa pero incompleta, a la que es necesario sumar la propia vivencia de quienes la pasamos por el cuerpo.

La Ronda de Diálogos fue ese espacio íntimo y cuidado en el que durante dos años casi sesenta mujeres compartieron sus vivencias, reflexiones, deseos, frustraciones y fantasías sexuales conmigo. Hablé con argentinas, chilenas, mexicanas, uruguayas, brasileñas, colombianas, venezolanas, costarricenses y peruanas que habían cruzado el umbral simbólico del medio siglo. Estos diálogos se complementaron con una encuesta (2) realizada entre 1.150 mujeres que pertenecen a Plateadas, la comunidad online de mujeres 50+ que coordino. En torno a este material hilvané “perlitas” de contenido que emergieron en un profundo estado de conexión emocional. Sin secretos. Sin prejuicios. Derribando tabúes. Los regalos de este proceso son cada capítulo: un recorrido por nuestra sexualidad en la segunda mitad de la vida.

¿Qué cambió y para qué? 

Triángulos Plateados da cuenta de un momento social sin precedentes: un punto de inflexión en el relato acerca de nuestra sexualidad. Ese que proclama que cuando nuestra capacidad de engendrar hijos desaparece, esta se termina y ya no tiene valor. Estamos transitando un momento bisagra en el cual algunas cosas ya cambiaron, otras están cambiando y otras aún tienen que cambiar. 

Vivimos vidas más largas. Esto hace que lo que viene después de cumplir 50 años sea una etapa bien extensa. Las generaciones de nuestras madres y abuelas en sus 50´s o 60´s no veían un horizonte lejano como el que vemos nosotras. La madurez es cada vez menos el momento de “ir cerrando ventanas”; se está convirtiendo en un momento de reinvención y nuevos comienzos. Tenemos más años de plenitud para llenar de contenido, proyectos y placer.

¿Qué más cambió? Nuestro lugar en la sociedad. Durante siglos la maternidad fue el rol que nos definió. Siempre hubo mujeres que trabajaron pero, hasta hace muy poco tiempo, se nos negaba la posibilidad de realizarnos más allá del rol de crianza y hogar. Durante el último siglo avanzamos sobre espacios y roles que nos permiten expresarnos, autosustentarnos y ser felices.

Y ¿qué más? La cantidad de información y apertura para hablar acerca de nuestra sexualidad. Nunca antes el interés en el tema fue tan significativo. Como sociedad nos estamos cuestionando mandatos y licencias. A partir de la revolución sexual del siglo XX ya no es posible etiquetar ni encorsetar las elecciones de las mujeres.

En el cruce estimulante de estos tres grandes cambios está la invitación a renovar el relato acerca de nuestra sexualidad. Es también una invitación a desmenuzar y sortear algunos de los obstáculos que hacen que —en una sociedad en la cual ya no es tabú— muchas veces ejercer nuestro deseo no resulte tan sencillo para quienes ya peinamos canas.

Diversidades

Hay mujeres maduras que no están dispuestas a dejar de sentir placer en la cama y exploran formas de seguir gozando. Solas o acompañadas. Otras, después de haber experimentado mucho en el pasado, sienten que ya el tema no les interesa tanto. Están las que tuvieron un solo amante y las que tuvieron experiencias sexuales de lo más variopintas. Las fieles, las engañadas y las que engañaron. Muchas, educadas con un modelo heteronormativo, lo reproducen sin conflicto. Otras están repensando esta noción dicotómica y entienden la sexualidad de manera diversa. Existen quienes nunca se sintieron muy atraídas por el tema y hoy encuentran en la edad y la menopausia una excusa para desligarse del sexo por completo. Están las que lo viven como algo relacionado a su pareja, las que quieren probar con personas nuevas y existen quienes tienen gran actividad sexual por fuera de su cónyuge. A varias, les sobran ganas de seguir compartiendo su sexualidad con otras personas, pero les faltan oportunidades para concretar su deseo. Muchas disfrutan del autoerotismo, de usar juguetes o de tener sexo virtual. Están quienes recibieron una educación oscurantista en donde la sexualidad era tabú, mientras otras aprendieron sobre anticonceptivos y prevención de enfermedades. Están las que se alejaron del tema luego de una enfermedad y las que exploran maneras de adaptarse a los cambios que impone la vida. Algunas siempre se supieron lesbianas, otras fantasean con la posibilidad y están las que, sin planearlo, un día tuvieron sexo con otra mujer. Hay varias que se preguntan cómo se sentirá un orgasmo, otras que tienen algunos y las multiorgásmicas.

No hay dos mujeres iguales y, a medida que avanzamos en la vida, nuestras elecciones y lo que nos tocó transitar nos convierten en seres singulares. Para cada una el deseo y la sexualidad son algo diferente. Todo vale.

En una sociedad que adjudica el erotismo y la belleza a la juventud, conectar con lo que nos enciende puede requerir de una cuota de rebeldía y testarudez. Juntas, con información y conciencia, estamos sacudiendo nociones, empezando a desarmar imaginarios nefastos y renovando la mirada sobre nuestros cuerpos y deseos. Sin pedir perdón ni permiso, estamos adueñándonos de lo que nos hace vibrar y negándonos a convertirnos en versiones desteñidas de quienes fuimos.

Triángulos Plateados es una conversación en la que juntas renovamos el imaginario social sobre el deseo, la erótica y la sexualidad posmenopáusica. Es también una invitación a encender nuestro deseo con libertad toda la vida.

2- Encuesta Comunidad Plateadas, noviembre de 2021.

Quiero provocarte

Sobre cómo usar este libro

En cada capítulo vas a encontrar ideas, información y recomendaciones para navegar distintos aspectos de tu sexualidad y tu deseo. Para que puedas pensar y experimentar de aquí en adelante o, incluso, repensar algunos temas en retrospectiva.

Sin embargo, lo que deseo más fervientemente no es tanto darte respuestas —que por otra parte no tengo— sino más bien generar todo tipo de preguntas.

Comparto en este libro los cuestionamientos que me surgieron respecto de mi propia sexualidad en esta etapa de la vida. No sólo a partir de una mirada introspectiva, sino también, a través de lo que me llegó como influencia del contexto. La educación, la cultura y los medios de comunicación sembraron preguntas. Algunas fueron la razón por las que empecé este recorrido. La mayoría, “me aparecieron” en el camino.

Amo las preguntas. Desafían los límites y abren oportunidades donde antes no las había. Incomodan porque nos obligan a definirnos, a tomar posición respecto de algo, a decidir cómo nos vamos a relacionar con el tema en cuestión.

Con preguntas, entonces, quiero incitarte a la acción. Busco que los interrogantes que propongo produzcan una reacción. Quiero estimularte para que tomes el volante de tu deseo, para que levantes el pie de lo que te frena; para que te animes a lo que tengas ganas. Para que con entusiasmo te hagas cargo de lo que te hace vibrar.

En cada capítulo encontrarás preguntas o —como me gusta decir— provocaciones. Luego, un espacio, tu espacio, para que escribas allí las respuestas que te surjan. Las primeras, las frescas, las auténticas. Registra sin filtros lo que sientas. Recién después, lo que pienses. Date tiempo, no te censures y no saltes apurada al próximo capítulo.

Puedes escribir oraciones completas o palabras sueltas. Recordar situaciones que te marcaron, fantasías que te erotizan o darle forma a algo que todavía te cuesta poner en palabras. Es un lugar tuyo para darle voz y entidad a tu deseo. Es un sitio íntimo y seguro para ser honesta contigo misma.

A lo largo del recorrido encontrarás imágenes que en lugar de contar explícitamente una situación te ofrecerán un estímulo para que tu fantasía complete la historia desde la subjetividad de tu propio deseo. Un deseo que es tan único como vos. Las fotografías de este libro no ilustran los capítulos, sino que son intervalos en los que la fotógrafa te invita a observar para imaginarte, sentirte y proyectarte allí. Por eso no se ven los rostros. Porque la protagonista eres siempre tú. Algunas fotos te harán vibrar más que otras. Cuando te enfrentes con este estímulo, registra qué te sucede: ¿cuáles te generan más curiosidad?, ¿qué imaginas que está sucediendo en la escena? ¿Qué fantasía te provoca? Date permiso y tiempo para erotizarte.

Este libro intenta ser un viaje personal para cada una de las que dialoguen con él, una especie de diario íntimo, una suerte de mapa del deseo.

Es un libro teórico y también práctico que da lugar a sensaciones y pensamientos pero que cumple su misión si se convierte en acciones. La sexualidad es una dimensión fundamental de una longevidad positiva, esa longevidad que se vive con ganas y vigencia. Por eso… Quiero provocarte para que le des play a todo eso que te enciende.

En la cama. En la vida. ¡Deseo que así uses este libro!

CAPÍTULO 1

Soy una maleducada

¿Qué aprendimos y qué nos falta desaprender sobre nuestra sexualidad?

¿Creciste con la sexualidad femenina siendo tabú? ¿Aprendiste que la sexualidad era inherente al matrimonio o para alguien especial? ¿Cuándo y cómo empezaste a pensar en tu propio placer?

Graciela tiene 71 años y es una de las mujeres que entrevisté en la Ronda de Diálogos con mujeres 50+. Ella se casó virgen, dice que su sexualidad fue buena, pero… se ríe.

La verdad no sé si fue buena porque no conocí en la intimidad a otra persona; no puedo comparar ni sabía qué esperar. Tampoco sé si tuve orgasmos, creo que sí pero no estoy segura.

Cuando me casé, ni siquiera conocía el concepto de orgasmo.

La intimidad con mi marido me gustaba y sí, sentía placer, pero siempre era él quien me buscaba, así estaba planteado. Hicimos algunas cosas de las que hoy se habla pero que en ese momento me avergonzaban mucho, por ejemplo, tener sexo anal… para que “entre fácil” ¡él me untaba con manteca! Yo gozaba bastante, pero eso mismo me perturbaba. Me sentía “depravada”, como se decía en aquel entonces. Miro hacia atrás y entiendo que él tampoco tenía experiencia ni conocimientos sobre sexualidad, aunque previamente había estado con prostitutas. Antes estaba la idea de que el hombre tenía que saber y que la mujer cuanto menos supiera al entrar en la relación, mejor. Hoy hay tanta información que me pregunto cómo habría sido si yo a los 20 años hubiese accedido a ella. Seguramente habría estado “más empoderada”, como dicen ahora.

Graciela, como muchas de sus contemporáneas, creció en un mundo en donde la sexualidad, sobre todo la femenina, era un tema del que no se hablaba. No recibió educación sexual en su niñez ni adolescencia, creció en un contexto y entorno familiar caracterizado por guardar silencio; con percepciones negativas sobre el cuerpo, el placer, la idea de la virginidad como valor y la condena al sexo prematrimonial por el riesgo a un embarazo fuera del matrimonio.

En la Ronda de Diálogos también hablé con Carla, quien transita sus 54. Su experiencia difiere bastante de la de Graciela en varios aspectos. ¿Por qué? Fundamentalmente porque su adolescencia transcurrió en los años 80, en un mundo en donde la aparición de la píldora y la masificación del uso de anticonceptivos (al menos por una parte de la sociedad) ya habían empezado a separar la idea de sexualidad del embarazo, dejando atrás algunos miedos, tabúes, prohibiciones y sacando (¿o empezando a sacar?) a la sexualidad femenina de la oscuridad, y al sexo del ámbito exclusivamente romántico. Aquí un fragmento de mi charla con Carla:

Debuté sexualmente a los 16. Los primeros años no llegaba al orgasmo teniendo relaciones, cosa que sí me pasaba al masturbarme. Una noche en la que había tomado bastante alcohol, arriba de mi novio y sin tanta conciencia, empecé a frotarme como cuando me masturbaba. Un movimiento bien diferente al de penetración “mete-saca”, que era lo que básicamente hacíamos con él. Movimientos circulares contra su pubis, una réplica de las sesiones solitarias de mi niñez y adolescencia, en las que montada en la almohada frotaba mi clítoris con diferentes intensidades. ¿Sabés qué me pasó esa noche con mi novio? Tuve un orgasmo increíble. Eso fue un antes y un después en mi sexualidad.

A partir de entonces, el placer en los encuentros se incrementó muchísimo. Simplemente pensé “tengo que hacer lo mismo que cuando me masturbo”. Sin entender del todo por qué mi cuerpo respondía así, sin siquiera preguntármelo. Mirá que en mi familia, educación y entorno, la sexualidad no era tabú. Recibí información sobre anticonceptivos y cuando empecé a tener relaciones mi mamá me acompañó a la ginecóloga. Ella me dio un diafragma, método que se usaba mucho antes de la irrupción del VIH,(3) momento en el que tuvimos que reeducarnos e incorporar el preservativo. Pero así y todo no tenía idea de cómo disfrutar en una relación sexual. Con mis amigas, cuando éramos jóvenes, hablábamos muchísimo. Sin embargo, la conversación era en relación al coito.

En esa época, conceptualmente la sexualidad se circunscribía a ser penetrada por un hombre.

Una idea que ahora, con la información que empieza a circular, me doy cuenta de que era minimizante y nos quitaba posibilidades. Te doy un ejemplo: muchos años después, recién en mis cuarenta y largos, escuché hablar del clítoris y su rol. ¡Qué locura!, ¿verdad?

Aunque las vivencias de Graciela y Carla parecen muy diferentes, encuentro un hilo conductor: ellas, como muchísimas de nosotras, fueron mal educadas en relación a su sexualidad y su deseo.

En relaciones heterosexuales, cerca del 95 % de los hombres reporta siempre alcanzar el orgasmo mientras el 65 % de las mujeres heterosexuales dice alcanzarlo siempre o generalmente. (4) Diversos estudios indagan sobre este fenómeno al que se conoce como la brecha del orgasmo. Los motivos para esta diferencia son varios, pero quiero llamar la atención sobre un factor en particular que me parece fundamental: las mujeres tardamos entre un 40 y un 80 % más de tiempo que los hombres en alcanzar el orgasmo. Siendo reduccionistas, si el encuentro se desarrolla a un ritmo que no está acorde con el tiempo que nos lleva excitarnos, nos resultará difícil llegar a un orgasmo. Para que esto no suceda, lo primero que debería pasar es que aprendamos cómo funciona nuestro cuerpo, cómo nos excitamos y que prioricemos nuestro propio placer. Cosas en las que estamos trabajando...

¡Claro que la sexualidad es mucho más que llegar a un orgasmo! Aun así, opté por estos relatos y estadísticas que giran en torno al clímax porque creo que el entendimiento y la posibilidad o no de alcanzarlo, simbolizan lo deficiente de la educación con la que crecimos y el impacto de ésta en nuestro placer, el cual es un derecho.

Sandra Magirena es médica, especialista en Ginecología y Sexóloga clínica, y autora del libro Regreso a mí: vivir una menopausia consciente. En un intercambio que tuvimos reforzó la siguiente idea: “Lo que más atenta sobre el disfrute sexual en las mujeres que hoy tenemos más de 50 años es la educación que recibimos (enmarcada en un modelo patriarcal bien establecido y estructurado, donde el goce de la mujer estaba bastante limitado). En este relato aprendido acerca de nuestra sexualidad, el propio poder deseante y nuestra capacidad de ejercerlo brillaban por su ausencia. A quienes estamos en la segunda mitad de la vida nos faltó aprender”. ¿Qué nos faltó?

Patricia Hidalgo López es licenciada en Psicología y Sexóloga clínica especializada en personas mayores. Patricia coordina el taller “De eso sí se habla” en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Ella es contundente en su afirmación: “Antes no se hablaba sobre muchas cosas. Por eso no aprendimos, por eso no sabemos. Nos faltó información sobre lo anatómico (la estructura y disposición de los órganos y las partes del cuerpo que entran en juego en nuestra sexualidad), lo fisiológico (cómo funcionan estos órganos), los cuidados y el goce”.

Mientras escucho a Patricia, reviso mentalmente la educación a la que las “afortunadas en recibirla” accedimos y veo los baches con una claridad que asusta:

∇ Aprendimos sobre los ovarios, con un rol fundamental en la reproducción, pero no sobre el clítoris y su capacidad de generar placer.

∇ Nos explicaron cómo funcionaba el ciclo menstrual, relacionado a la fertilidad, pero no sobre cómo se producía nuestra excitación sexual. Tampoco sobre en qué consistía el climaterio. La palabra menopausia brilló por su ausencia.

∇¡Y cuánto nos faltó aprender sobre los cuidados!