TVMorfosis 2 - Guillermo Orozco - E-Book

TVMorfosis 2 E-Book

Guillermo Orozco

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Beschreibung

Pantallas, ecosistema de medios, TV, redes sociales, convergencia, transmedia, meta-medio, culturas participativas, nube, experiencias, consumo, ciudadanía, audiencias, usuarios y dispositivos móviles, entre otros elementos, constituyen la atmósfera de la era digital en la que se desenvuelve este libro. Auscultando el presente, oteando el pasado, vislumbrando el futuro, los autores de esta obra analizan la metamorfosis de la TV en el nuevo escenario comunicacional. Las reflexiones, en su conjunto, se alejan de posiciones tecnofílicas y tecnofóbicas. Ahora bien, retomando una de las preguntas que plantea Carlos Scolari, ¿Podemos seguir definiendo estas prácticas de consumo audiovisual como "ver televisión"? No hay respuestas definitivas ni certezas absolutas, en todo caso, este libro ofrece una serie de coordenadas desde donde pensar la condición comunicacional contemporánea. Lo convergente, afirma Guillermo Orozco, como tendencia y fenómeno contemporáneo distingue y a la vez define mucha de la interacción que todos tenemos con los diferentes dispositivos tecnológicos a nuestro alcance.

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Seitenzahl: 441

Veröffentlichungsjahr: 2013

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d.r. © 2013, Productora de Contenidos Culturales Sagahón Repoll, S. de R.L. de C.V.

Concepción Béistegui 2103-C4

Colonia Narvarte

México, D. F.

d.r.© 2013, Guillermo Orozco Gómez, Roberto Igarza, Carlos Scolari, Jerónimo Repoll, Salvador Leetoy, Rosalía Winocur , Alfonso Gutiérrez Martín, Juan Piñón, Fernando José García Moreira, Gabriela Gómez Rodríguez, Magdalena Acosta Urquidi, Alfredo Sabbagh Fajardo, Gonzalo Martínez Pous, José María Contreras Padilla, Daniel Ríos, Diego Zavala Scherer, Javier Redondo Rodelas, Cecilia Vallina.

TVMorfosis es una marca registrada de la Universidad de Guadalajara

Diseño de la colección

Estudio Sagahón / Leonel Sagahón y Jazbeck Gámez

Cuidado de la edición

Astrid Velasco Montante

Corrección de estilo y de pruebas

Astrid Velasco, Ana Segovia, Teresita Cortés, Jesús Nares y Lupita Baz

Imagen de portada

Estudio Sagahón / Jazbeck Gámez

Formación y captura

Cristian Cedillo

Primera edición

5 de noviembre de 2013

isbn: 978-607-95789-7-8

Todos los libros de Tintable están dictaminados con el formato doble ciego, para mayor información sobre nuestros procesos y el comité, visita www.tintable.com.mx

Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo, por escrito de la editorial.

Índice de contenido
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Presentación
ESCENARIOS DE LAS INTERACCIONES CON LO TELEVISIVO
El rescate de las mediaciones a la hora transmedia
La televisión, los libros y la feria. Si no puedes vencerlos, únete a ellos (y pásate al transmedia)
La ilusión de la participación. Volver a las mediaciones: del otro lado a muchos lados
“¡Es la economía política, estúpido!”: culturas participativas e hiperconsumismo en la nueva ecología de medios
¿Estar todo el tiempo conectados vuelve a los ciudadanos más críticos frente al poder y tolerantes con los diversos?
Televidentes en-red-dados: Educación mediática para el usuario interactivo
PERSPECTIVAS DE LA CONVERGENCIA EN DIVERSAS GEOGRAFÍAS MEDIÁTICAS CON LO TELEVISIVO
La convergencia mediática y los nuevos horizontes del mercadeo en la televisión hispana de Estados Unidos
La televisión pública frente a un nuevo modelo de negocios y el rol de la televisión universitaria
Desafíos y perspectivas de las televisoras y las audiencias ante la convergencia
Algunas experiencias de transmedialidad en la televisión pública mexicana
¿Regular la televisión sin televisores? colombia
OPCIONES CONVERGENTES DE LO INFORMATIVO Y SUS MODOS DE ACCESO
Las redes sociales, una nueva nación libre y sin fronteras
El acontecimiento informativo en la transición de la televisión a los nuevos medios
Transformaciones convergentes en procesos informativos: El periodismo ciudadano
El traductor de la época
Los autores
tintable.com.mx

Presentación

El título mismo de este libro indica ya su intencionalidad: conjuntar dos grandes temas, convergencia y escenarios propicios para la interacción televisiva con sus audiencias.

Lo convergente como tendencia y fenómeno contemporáneo distingue y a la vez define mucha de la interacción que todos tenemos con los diferentes dispositivos tecnológicos a nuestro alcance. La convergencia ha hecho posible lo que hasta hace muy poco tiempo ni siquiera se contemplaba: una liberación generalizada para acceder al conocimiento y a los otros comunicantes, liberación que consiste en la múltiple posibilidad de comunicarse y construir contenidos comunicativos, independientemente de los soportes de producción y de recepción basados sólo en la transmisión multidireccional. Este camino va siendo el epicentro de otros muchos cambios y liberaciones desde que, por primera vez, fue posible separar la escritura, fotografía o dibujo del pensamiento de su impresión con tinta o cualquier otro material, como había sido la práctica prevaleciente durante siglos, desde que el papiro ancestral fue el recipiente de las letras y luego la imprenta la gran impresora.

Después de la imprenta y de que aparecieran las máquinas personales de escribir, llegó el cambio que revolucionó para siempre la secuencia lineal de ese proceso de escritura-impresión articuladas. Este invento consistió justamente en disociar la escritura y las imágenes de su impresión, lo cual fue posible en la pantalla de una computadora.

Lo que en el fondo significa este gran invento es el estallamiento de la linealidad del soporte material de lo comunicativo y la disociación por primera vez de una serie de procesos hasta entonces siempre en cadena: pensamiento, su escritura, dibujo o diseño, su impresión, su reproducción, su almacenaje y su distribución. Lo convergente de entonces y la convergencia de hoy se basan necesaria, y paradójicamente, en diversas separaciones que constituyen divergencias en partes y momentos del proceso comunicativo.

Hay muchos tipos de convergencia basados siempre en procesos de divergencia. La convergencia sustantiva, sin embargo, es la que ocurre entre máquinas y pantallas, y la mente humana. Sin ésta, las otras convergencias resultarían meramente instrumentales.

Si bien todos celebramos la convergencia comunicativa, que propicia la interlocución libre en distintas direcciones, especialmente a través de las redes sociales y el consumo amplificado que la conectividad intermitente proporciona, poco se repara en que aún es incipiente la convergencia para definir la producción de las televisoras. Éstas siguen siendo fuente unilateral de esa semiótica social hegemónica que flota y fluye en los escenarios de la interlocución con las audiencias. Las televisoras todavía se resisten a incorporarlas de manera real en la definición misma de su programación. Desafío muy importante sobre todo para televisoras que no son comerciales y buscan ganar su legitimidad con y frente a sus audiencias.

Fortalecer la convergencia comunicacional y, con ello, esclarecer estrategias para la interactividad de las audiencias con sus pantallas, como es el caso que nos ocupa en este libro, tiene que ser un acto deliberado, pensado, planeado y programado por parte tanto de las televisoras como de sus audiencias. Por esto, el énfasis en ahondar y discutir la convergencia como tal y sus pliegues en los primeros siete capítulos, en los que se aborda esa construcción de escenarios, no necesariamente tangibles que permitan justamente la interactividad posible y la interactuación deseada de todos los involucrados, situados detrás o al frente de las pantallas.

Teniendo geografías mediáticas particulares, en este caso nacionales, como contexto y mediación de la convergencia deseada o posible en distintas latitudes, los siguientes cuatro capítulos (del ocho al once) centran su esfuerzo en análisis específicos que la evolución de la convergencia ha tenido en sus países de referencia. Análisis que muestran, y confiamos que también inspiren, políticas televisivas convergentes que vayan haciendo posible que las convergencias múltiples entre sistemas mediáticos, historias tecnológicas y formaciones particulares de las audiencias permitan una mayor interlocución con éstas y entre las audiencias mismas.

Los otros cuatro capítulos de la última sección discuten algunas de las consecuencias que la convergencia contemporánea implica para los procesos particulares de producción e intercambio informativo. En ellos se aborda una discusión que va desde la efervescencia de los intercambios en redes sociales hasta la participación de las audiencias en la producción noticiosa y el periodismo ciudadano. Temas con gérmenes de futuros convergentes, pero que aún siguen estando como una meta por alcanzarse, ya que los sistemas de medios vigentes no acaban de asumir cabalmente a sus audiencias como informantes.

Los quince capítulos que contiene este libro son versiones elaboradas por sus autores a partir de sus intervenciones en el Foro TVMorfosis, realizado durante la fil Guadalajara en diciembre del año 2012.

Como coordinador académico del foro y de los textos que componen este libro, agradezco la participación de tan distinguidos colaboradores y el auspicio de Gabriel Torres, coordinador general del foro y director del Sistema Universitario de Radio y Televisión de la Universidad de Guadalajara, por hacer nuevamente posible la entrega de estas páginas a los lectores.

Guillermo Orozco

Universidad de Guadalajara

Guadalajara, Jalisco, 15 de octubre de 2013

ESCENARIOS DE LAS INTERACCIONES CON LO TELEVISIVO

El rescate de las mediaciones a la hora transmedia

Roberto Igarza

La nube es el mensaje

Para algunos se trata de una nueva “civilización bárbara”. En realidad, son colectivos multisegmentarios en lo etáreo y en los niveles socioeconómicos; colectivos en busca de un estatuto en el nuevo ecosistema, generaciones mediáticas sobreequipadas; personas conectadas colectivamente que ponen el foco en el contenido.

Habiéndose desarrollado el nomadismo como consecuencia de una exacerbación de la competitividad urbana, la tecnologización eleva y diversifica los puntos de contacto con el sistema cultural-mediático a niveles nunca antes alcanzados. La ciudad, que multiplica las instancias de espera,las discontinuidades en los desplazamientos y las transiciones temporalmente costosas, estimula al ciudadano a deshacerse del cono anecoico en el que estuvo tanto tiempo encerrado. El nomadismo tecnologizado no es más que una reacción, un comportamiento sensible a las provocaciones posturbanas. El resultado es un ecosistema que no respeta las fronteras entre contextos antes dominados por una u otra práctica social, un soporte u otro. Las experiencias de consumo cultural redinamizan las relaciones entre actores sociales, contenidos y contextos. La progresiva desmaterialización de los contenidos (desapego de los soportes tradicionales) se acompañó de una rematerialización en múltiples pantallas.

Mientras que para algunas industrias culturales, como la editorial, el usuario siempre mantenía algún vínculo patrimonial sobre el contenido, en el caso de la televisión fue distinto. Aun cuando tuvo y tiene la oportunidad de descargar, grabar de un modo u otro el contenido, el televidente no lo hace o no tanto como podría esperarse. Aun así, el fenómeno de las rematerializaciones —el contenido que desapegado de sus soportes tradicionales es accedido a través de múltiples dispositivos-pantallas— atraviesa todas las experiencias de consumo cultural. Cada vez más, los contenidos televisivos son visionados fuera del televisor. En sentido inverso, los contenidos no producidos por el sistema de broadcast recorren el trayecto mucho más lentamente.

Los televidentes aprovechan el proceso de rematerialización para demandar mayor respeto por el valor de su tiempo. Esto tiene implicaciones en la definición del concepto de ubicuidad. No se trata de poner a disposición simultáneamente el mismo contenido a través de diversas pantallas ni tampoco de ofrecer los contendidos de manera apropiada para cada soporte. Exige que, alternando entre una pantalla y otra, el usuario no deba emplear su tiempo en una nueva búsqueda en cada pasaje, es decir, volver a bucear en la plataforma, identificar el capítulo, rastrear el time code donde dejó el visionamiento y retomar la fruición.

Si al salir del metro alguien ha detenido el visionamiento que realizaba en su dispositivo móvil, la pausa o el stop identifican el último iframe de lo que vio, de modo que, inmediatamente después de identificarse al ingresar nuevamente a la plataforma desde otro dispositivo —por ejemplo, una tableta o el smartTV—, la fruición lo espera para que, sin pérdida de tiempo, continúe con lo que estaba viendo a partir del punto en el que abandonó. Es la ubicuidad con un enfoque usuario-receptor (fruición), distinto del enfoque emisor (distribución) que velaba por la puesta a disposición.

La ubicuidad es connotada por los recursos y servicios accesibles a través de la nube. La pérdida de significación de los contenidos, de los contextos y de los actores sociales está estrechamente relacionada con el rol que juega la nube, el cual consiste en gestionar accesos a un contenido inmaterializado. Desde la perspectiva del bien simbólico, los principales cambios a los que está asociado el nuevo paradigma de la ubicuidad son los que introduce la inmaterialidad y los servicios. El paradigma que caracteriza losmainstream mediaasociados al fluir, que estaba siendo cuestionado por el paradigma de la descarga (parcial o total) del contenido, sale reforzado o, si se prefiere, su declive se aminora o se pasa a un punto plano. Hasta podría revertir su decadencia. Bajo el rigor panóptico, nada quedaría almacenado en el dispositivo-receptor. La tecnología de recepción está más vinculada con los servicios alrededor del contenido, incluidos todos los procesos de manipulación y tratamiento, que con el almacenamiento. Los servicios asociados al intercambio, adscritos a la disposición holóptica que la nube adopta en apariencia, compensan el rigor de la centralización. Por supuesto, queda aún por ver qué harán los usuarios, que siempre sorprenden haciendo de las suyas.

Con los servicios de la nube, el estatuto de televidente, aunque desde el punto de vista de la oferta de contenidos no se ve modificado, sí se ajusta a la caracterización de licenciatario, es decir, de usuario de servicios. El capital de mediatización de la nube permite superar el nivel alcanzado por las configuraciones anteriores de la red. Mientras que su valoración social y cultural es aún incipiente, su aporte a la competitividad económica alcanza ya la misma magnitud que las expectativas de las industrias de contenidos sobre la capacidad real de garantizarle sus derechos mejor que cualquier otra fórmula conocida.La industria seguirá necesitando una revisión de la legitimidad cultural sobre la cual ha fundado su progreso, pero la nube se encargará, mientras tanto, de asegurar el control de los accesos a los contenidos. Resultado de un entramado tecnológico, político y económico, tiene implicaciones sociales y culturales insospechadas. La nube es ahora el mensaje.

Nuevas problematizaciones de la recepción

Al mismo tiempo, los servicios, mayormente caracterizados por ofrecerse sin contraprestación económica visible, no implican necesariamente una renovación de las expresiones estéticas ni nuevas narrativas; tampoco un salto de paradigma tecnológico, ya que bajo nuevas apariencias subyacen disposiciones tecnológicas conocidas. Lo más significativo que ocurre consiste en que, a través de la nube, se reorganizan las fuerzas capaces de promover un sentido colectivo. Como siempre, la producción de sentido seguirásiendo el resultado de la recepción. Pero, con la trasformación del estatuto de las mediaciones que conlleva el desarrollo de la nube, quedan más expuestos los sujetos narrativos y sus relaciones, así como se evidencian huellas acerca de los procesos de recepción, cada vez mas frecuentemente compartidos remotamente.

Hace tiempo que la falsa dicotomía, proveniente de las tradiciones político-filosóficas, entre una sociedad considerada como algo extraindividual y un individuo considerado como algo extrasocial (Elias, 1990: 180), ha sido reemplazada por un campo de problematizaciones más complejo. Por un lado, estas problematizaciones consideran los dos conceptos como dimensiones de los seres humanos, distintas pero inseparables, y por otro, asumiendo que desconocemos la verdadera relación entre la multitud y el ser humano tomado aisladamente, considera individuo y sociedad en su naturaleza procesal (Elias, 1987: 16).1 Abandonado el concepto homo clausus (sujeto libre, singular y autónomo, “una casa sin ventana”), la problematización hace foco en un nuevo campo, considerado como “proceso abierto”, homines aperti, un colectivo de sujetos plurales situados en un entramado de interdependencias entre pares (Elias, 1990: 126-142), un orden que es “más fuerte y coactivo que la voluntad y la razón de los individuos aislados” (Elias, 1987: 450). Al mismo tiempo que estos procesos conciernen a personas como entidades con doble pertenencia identitaria, lo local y lo global, lo próximo y lo extraño, las audiencias se han vuelto muchedumbre. Aunque el mundo no es tan plano como se ha querido decir (Friedman, 2006), en la práctica, millones de usuarios se relacionan entre sí de manera transparente, alternando entre una posición invisible (mayoritaria) y una visible (la menos adoptada) para el sistema, haciendo caso omiso de aquello que identifica lo propio de lo ajeno, involucrándose en procesos complejos de reapropiación y cocreatividad, compartidos remotamente.

La nube, cuya dimensión tecnológica es preexistente a los fenómenos que analizamos, tiende ahora a desarrollarse en su función social, económica, política y comunicativa. Se consolida en su rol de metamediación, la que opera eficientemente en los nuevos escenarios transmediales, experiencias connotadas tanto por las formas de consumo en las que el usuario alterna entre canales de maneras muy diversas como por la activación de los sujetos como productores de contenidos y por las formas que adopta la sociabilidad entre ellos. Una transmedialidad en la que abundan los hipotextos, fragmentos y nuevas narrativas, mensajes acortados como hiperbrevedades, tanto como los hiperobjetos (objetos compuestos de infinitas remisiones/hipervínculos).

Esparcidos por doquier, los nodos de acceso a la red se multiplican. Personas con dispositivos y dispositivos sin personas al mando. Habiéndose vuelto contagiosa la conversación entre ellos, la recepción televisiva se halla en un nuevo escenario. Primero fue la recepción colectiva (n 1), luego los televisores penetraron y se arraigaron en las habitaciones para un consumo segmentado (1 1) en tiempo y espacio. Con la popularización de los dispositivos móviles, netbooks, tabletas y teléfonos, los consumos ya no respetan los contextos ni los horarios tradicionales. Durante el horario laboral o en el trayecto de casa a la universidad, visiona el capítulo que no pudo ver ayer por la noche. Sin abandonar su dispositivo móvil, se aposenta frente al televisor. Con una mirada compartida entre dos propuestas, la televisión y las redes sociales, lo unívoco y lo conversacional, lo vertical y lo horizontal, el televidente-usuario es el principal protagonista de un nuevo escenario. El resultado, un apilamiento de medios y un solapamiento de consumos. Un ejercicio de hiperzapping entre pantallas.

El “televidente” es simultáneamente “usuario”. En este juego, la pequeña pantalla lleva las de ganar. Lo individuado es más significativo que lo masivo. Para la pequeña pantalla, todo el espacio que ocupe en esos contextos es beneficio neto con un costo marginal, mientras que para el sistema de broadcast, toda distracción va en detrimento de su valor económico sustentado en lo que los anunciantes están dispuestos a pagar para acompañar el mensaje.

La segunda pantalla absorbe una significativa parte del tiempo del televidente-usuario. Cada vez más usuarios de las redes sociales hablan de lo que están viendo, qué opinión les merece la actitud del personaje o el rumbo que toma la historia. Con todas las plataformas activadas, Facebook, Twitter, mensajería de texto, correo electrónico o alguna plataforma especializada, el televidente no deja de interactuar. Al mismo tiempo responde los mensajes de los clientes que no respondió durante el horario laboral, conversa con el primo de Canadá y tuitea sobre el programa que está por empezar. Las burbujas de ocio explotan al contacto con las burbujas sociales. Nunca tanto como ahora, los medios masivos han sido de recepción tan individuada. Desde que los medios sociales encontraron los dispositivos móviles, el juego ha cambiado de escala.

El día que la TV se volvió pertinente

El proceso por el cual el sistema de broadcast se vuelve cada día más influyente en los medios sociales (broadcastización) se debe al cambio en el paradigma de los accesos a los mensajes y, a partir de éstos, las nuevas prácticas de consumo que desplazan las formas anteriores. En el fondo, está cambiando la forma en que se construyen las audiencias. Si bien los medios sociales están lejos de poder asegurar la viabilidad futura del sistema, tampoco es cuestión de seguir inmersos en aporías debatiendo acerca de la esencia del sistema televisivo.

Esto supone nuevos campos de problemas. Por un lado, mientras que la regulación del sistema de broadcast puede ser tan efectiva como las sociedades lo deseen, el resto de los accesos, en este caso, a través de la segunda pantalla (móvil), evaden cualquier forma de intersección territorial y administrativa. Por otro lado, la arquitectura mediática ya no permite en un debate público disciplinar las audiencias, al menos no como antes. Los intereses emergentes vuelven más subjetivos e interpretativos los derechos individuales que ya no respetan limitaciones ni tutelados. Con los medios sociales, las audiencias procuran independizarse de la intención estructurante del medio broadcast, lo que no significa desinteresarse por sus contenidos. Selectivamente, ocurre más bien lo contrario. Hace tiempo que puede apreciarse cómo los usuarios disocian los programas del canal, la marca corporativa de la marca producto, exacerbando el zapping a su máximo nivel. Existe además, un tercer campo de nuevas problemáticas al que pueden adscribirse los temas de privacidad e intimidad. Lo que antes fue resorte del ámbito privado, ahora es público y transparente.

Siempre existió entre los medios de comunicación competencia y complementariedad, ambas cosas simultáneamente. Pero la tensión es ahora de una naturaleza distinta. Antes los medios operaban en la linealidad, mientras que ahora se apilan, generando una tensión superficial constante entre un flujo rectilíneo y la conversación latente, la narración troncal o canónica y la comunicación interpersonal que diverge para navegar entre intereses y finalidades muy diversas. Transmediatizan todo aquello que es permitido,y lo que no también. Escenas transmediales estimuladas por la estrategia del emisor que multiplicó los canales, géneros y formatos alrededor del mismo contenido canónico o por decisión autónoma de losfans, esos “devotosfieles”(Jenkins,2010:24-25) que, inmersos en una cultura 2.0, se incluyenen comunidades dinámicas, verdaderas entidades globales, para conversar sobre sus programas favoritos, discutir antes y después acerca del argumento o de los personajes.

Es la tensión entre dos universos intersectados que exigen del usuario capacidades dea) intervención en la selección de las actividades (consumo, producción, recepción, colaboración) y su secuencia u orden,b) apreciación del valor cultural (caracterización del contenido o del intercambio en términos cualitativos) y social de cada propuesta (caracterización de la experiencia en términos de sociabilidad, por ejemplo, “lectura social”), c) determinación acerca del tipo de compromiso/lectura que adoptará, y d) definición acerca del tipo de integración o relación que establecerá entre ambos (por ejemplo, entre programa televisivo y actividad en las redes sociales). Es relevante a través de qué plataforma y en qué cohabitación de medios se produce la experiencia de consumo. Por ejemplo, los escasos comentarios que los usuarios realizan en YouTube hablan de cómo entienden la tertulia. El capítulo de The Big Bang Theory visto en el canal de la cbs en YouTube no difiere del capítulo visto en el canal de wb en el televisor. Lo que difiere es, por una parte, los ingresos por publicidad y la distribución de los mismos, y por el otro, la forma que adopta la conversación entre “televidentes”. Mientras que los comentarios en YouTube conciernen a usuarios más bien distantes temporalmente, el vivo, el directo o la oferta de la grilla de programación tradicional impulsan a los usuarios a conversar remota y simultáneamente con otros usuarios, “amigos” o no, haciendo uso para ello de plataformas autónomas del emisor (wb) o distribuidor (YouTube). Mediaciones tan autónomas como débiles. Basta con un check-in para quedar visible ante los usuarios que están viendo el programa y para comenzar a intercambiar mensajes y contenidos.

Esto implica una narración no lineal, compartida y abierta, un único dispositivo técnico-pragmático-semiótico que combina en la virtualidad y en la experiencia, lo mejor de cada universo. La publicidad fluye entre pantallas persiguiendo la mirada del usuario. En la pequeña, aparecen contenidos, conversaciones laterales y publicidad vinculada con lo que está mirando y con lo que las plataformas sociales informan de él. La experiencia se vuelve social de manera remota, con un elevado grado de automaticidad e individuación (plataformas web como ComentaTV, y aplicaciones móviles como Yap.tv,IntoNow, SocialMeter, yel [Your Emotion Live] y Get Glue). La TV asegura el anclaje en las agendas más populares, la web la personalización (Igarza, 2013).

Siendo la publicidad tan responsable como las regulaciones del diseño de la ecología de los medios, ¿cuán desleal es la competencia por la audiencia entre un medio y otro?

El usuario es el responsable de ese entrecruzamiento de lenguajes y narraciones. En el modelo de la T invertida, el punto de contacto de la comunicación vertical con la comunicación horizontal lo determinan los intereses emergentes de los usuarios. Una nueva manera de combinar demos (el pueblo) y meritus (aquellos que tienen la legitimidad de darle valor a los objetos), una manera de lateralizar el consumo del sistema, intercambiando opiniones y disfrutando entre pares, sin perder de vista aquello que le permite pertenecer a un colectivo y compartir un imaginario social. Este escenario de la convergencia le otorga al usuario el derecho de divergir en cualquier momento con las consecuencias que conlleva. En la multitarea compulsiva, más aumentan las distracciones, menos es el rendimiento de la atención (Nass, Ophir y Wagner, 2009). La suma de fragmentos de atención sobre un canal, contenido o soporte, no equivale a la misma duración de consumo lineal. En estos escenarios, se incrementa el nivel de complejidad del cálculo de lo que tradicionalmente se entiende por “tiempo de exposición a un medio de comunicación” o “tiempo de exposición promedio” (Average Time Spent [atv]). Al fin y al cabo, es el tiempo de exposición al mensaje lo que cuenta y de ese tiempo depende la sustentabilidad del sistema.

Más conversa acerca de lo que ve, más información es susceptible de ser entrecruzada, reutilizada por terceros visibles y por los invisibles. Nueve de cada diez bits que circulan por las redes han sido producidos en los últimos veinticuatro meses. Muchos de esos bits provienen de intercambios entre pares (conversaciones, contenidos de usuario, información desestructurada). La metáfora de la nube nos estimula a imaginarnos algo etéreo, casi transparente, una representación que disimula la fenomenal mina de datos que alberga en forma de pequeñas gotas de información, comportamientos, compras, intercambios comunicativos. Gotas que, algunos actores sociales más que otros, tienen la capacidad de transformar en lluvia de mensajes nanosegmentados. Una mina de datos que puede ser empleada para optimizar los estudios cualitativos sobre los deseos de las audiencias, proveer información nanosegmentada o darle pertinencia al mensaje publicitario. Ahora, los usuarios conocen algo de los demás usuarios, los emisores pueden conocer en línea sus comportamientos y tienen la posibilidad de cruzar esa información con otra información privada y pública de los usuarios, con la finalidad de dinamizar la lógica narrativa o la agenda periodística, con la mayor velocidad posible de adaptación de sus guionistas y productores que, además de colaborar en línea entre ellos, pueden auscultar la percepción de sus audiencias, incluso entreverarse en las conversaciones en las redes sociales arropados o no como los personajes transmediatizados. Nunca como ahora lo social orienta el contenido.

Pronto, nadie conocerá mejor al usuario que su dispositivo móvil: sus intereses y aspiraciones, su biblioteca, los intercambios comunicativos, sus contactos, su posición geográfica. Como lo hace su móvil, ningún otro dispositivo le permitirá interactuar con los pares y con otros dispositivos autómatas, por ejemplo, gateways de marketing de proximidad que envían mensajes al usuario cuando lo reconocen en la cercanía. Ninguno se sincronizará tan automáticamente como su móvil. La segunda pantalla se enciende mucho más rápido que una computadora y se sincroniza automáticamente con el smartTV y otros dispositivos al entrar a la habitación; para navegar las incertezas de la ciudad, comprar en el supermercado o ver televisión, sin ser necesario, ésta jugará un rol relevante. Independientemente de su forma exterior (anteojos, reloj pulsera o teléfono móvil), a medida que se convierte en la solución, al encenderse deja al descubierto al usuario, susceptible de ser destinatario de los mensajes de la nube, una lluvia ácida (gotas de agua contaminadas por la polución atmosférica: spam, virus, publicidad) o de un copioso monzón de verano (grandes cantidades de agua que producen inundación: infoxicación). La nube es el mensaje.

Lo que suceda depende, por una parte, delparaguasque adopte el usuario (competencias para gestionar su identidad digital y su privacidad), y por otra, de la pertinencia de los mensajes. El tratamiento consiste en entrecruzara) la información personal (referentes sociales, contactos, historial de búsquedas, mensajes, uso de aplicaciones, perfiles en medios sociales, consumo de contenidos, compras recientes, perfil financiero), yb) la información de contexto (intercambio comunicativo reciente, geolocalización, datos genéricos del contexto como información pública sobre eventos, mapas, datos genéricos de servicios y promociones en la proximidad). El resultado debería ser algo tan pertinente que el usuario no se resista. Desde ofertas y promociones, hasta contenidos informativos. Esta operación implica construirnrepresentaciones,nvías de acceso a los objetos de conocimiento. En términos prácticos, la publicidad que aparece en la segunda pantalla mientras ve televisión tendrá en cuenta tanto el contenido que está visionando como la conversación que está manteniendo con sus pares, así como toda otra información que esté disponible en la nube: historias personales, comportamientos, etc. Elhiperzappingno resuelve los problemas que introdujo elzappingo los grabadores digitales de video(digital video recorder), pero al mismo tiempo que los complejiza, la combinación de dos pantallas de potencia comunicacional tan complementaria es una nueva oportunidad de aproximación al televidente-usuario. Ante las limitaciones para una personalización, la solución es la pertinencia del mensaje publicitario.

Hacia una nueva agenda

Las perspectivas que se plantearon más arriba intentan analizar el sentido que puede tener la resemantización de la activación y de las prácticas de los sujetos comunicantes en torno al sistema televisivo, proceso que se inscribe obligadamente en las nuevas problematizaciones acerca de los costos culturales, sociales, políticos y económicos de las mediaciones propias de la era industrial, aquellas que pautaron las formas que debían adoptar la fruición y el trabajo, y moderaron las tensiones entre ocio y producción a favor de una ecología de medios eficiente respecto de los fines de los sistemas de producción de la época. La resignificación es un proceso incipiente que ya implica una nueva ecología de mediadores. Originarios e inmigrantes que, a esta altura, ni son tan nuevos ni tan tradicionales: todos un poco demodé, todos conversos.

La reflexión sobre esta resignificación debería focalizar sobre cuatro operaciones de la mediación. Por un lado, sobre las operaciones que pretenden seguir cumpliendo el objetivo de sustituir significados y propósitos (operaciones de didactización). En esta dirección, se eleva la tensión entre la capacidad del emisor de producir sentido bajo un modelo “autoritativo” fundado en la idea de que la legitimación comunicacional emana de la acreditación meritocrática (cultura, profesionalismo, autoridad intelectual) y de la habilitación administrativa (regulación), por un lado, y por otro, la recepción crítica en la cual la especulación y la construcción individuada de sentido se apoya cada vez más en un modelo “social”.

Segundo, las operaciones prescriptivas están sujetas más intensamente al paradigma de “hacer cosas” en lugar de “especular con ideas”. En la era de las argumentaciones, la disposición de los pares (demos) ante los prescriptores (meritus) parece modificarse. En el nivel de concreción más práctico, se observa un incremento de las interacciones y una viralización de las mismas, mayormente producidas de forma horizontal, es decir, entre nodos (autómatas o máquinas manipuladas por humanos) que intercambian información, comparten una opinión o recomiendan con menor o mayor carga argumentativa a los miembros de su tribu cómo aprecian lo que ven o informan acerca de lo que harán. Se debilitan las mediaciones a medida que los usuarios identifican su esmerilado ratio costo/beneficio. Por un lado, los costos directos o emergentes, como el acceso a la red, el consumo obligado de publicidad e, incluso, el pago de una suscripción, y por otro lado, el costo latente, simbólico, cultural y social. Para comparar, utilizan criterios similares a las generaciones mediáticas anteriores, pero regulados de manera diferente; por ejemplo, la calidad de la fuente de información. Más tiempo conectado a lo unívoco, unidireccional y vertical, representa menos tiempo para la participación, el intercambio comunicativo, la horizontalidad, el compartir. La rebelión de las audiencias está ahora al alcance de casi todos, al menos de quienes pueden acceder simultáneamente a un dispositivo móvil conectado mientras miran televisión, escuchan radio o ven un filme en la sala de cine. Apilan medios, solapan consumos. La prescripción “autoritativa” pierde valor. La recomendación en la inmediatez, leída improvisadamente, compartida de manera furtiva y desapegada de los intereses que pueden perseguir los prescriptores tradicionales, gana espacio. Es suficiente que una alerta preventiva proveniente de un par emerja en la pantalla del móvil, para que el receptor se active casi simultáneamente con su dispositivo, y se movilice. Horizontalidad y verticalidad alternan entre la competencia y la complementariedad.

Tercero. Las operaciones de curaduría, en las que el valor agregado era apreciado en función de dos criterios:a) la selección y orden de la “muestra” (la principal operación del periodismo consiste en recortar la realidad en función de su público, su propia ideología y la línea editorial del medio, alejado de toda pretensión de exhaustividad) yb) la calidad de las remisiones (la calidad comparada entre el punto de partida y la nueva fuente). En los nuevos escenarios, se agreganc) el grado de personalización del contenido fundado en la información del sistema acerca del conocimiento del usuario sobre el tema (semantización/individuación) yd) la capacidad de enriquecer el contenido con la participación sincrónica de los usuarios (la versión más cara de unebookes aquella en la que los lectores pueden leer los comentarios de los otros lectores y compartir los suyos, todo eso en línea).

Finalmente, la operación de evaluación que atraviesa las tres primeras: la transposición (didactización), la prescripción (recomendación) y la curaduría (selección/orden, remisión, semantización, participación). Según el nivel de las competencias de recepción (lectura), apropiación (manipulación) y participación (escritura, intercambio) del usuario, la evaluación de las propuestas (mediaciones) simultáneas se hace en términos de valencia (nivel de deseo de la persona por alcanzar determinado objetivo o realizar una actividad), la expectativa (la convicción que posee de que el esfuerzo le permitirá alcanzar el objetivo) y la instrumentalidad (el juicio que efectúa la persona de que una vez realizada la tarea, la valoración por parte de terceros implicará alguna recompensa) (Vroom, 1964).2 Las tensiones se multiplican. ¿Qué deseo más (valencia), la fruición/información que me provee el sistema televisivo o la relación lateral, la comunicación interpersonal?, ¿atender a la historia me dará el disfrute que espero (expectativa)?, ¿será tan buena o mejor que ayer?, ¿valdrá la pena? En las redes siempre se puede bifurcar, siempre hay una respuesta a una pregunta, siempre hay más de lo que se ve. ¿El resultado estará a la altura de las expectativas?, ¿el conocimiento que obtendré, la experiencia que tuve, me permitirá elevarme frente a los demás (instrumentalidad)?, ¿haber visto el momento clave (“lo vi” “yo estuve”), haber visionado la escena más dramática, haber descubierto la brecha en el guion será mejor apreciado que compartir experiencias y contenidos con los pares?, ¿comprometerme en la autoría compartida de un fanwork me convertirá en un experto de la tribu, un nuevo referente social en el asunto, en la serie o en el personaje?

Como hemos visto más arriba, los nuevos escenarios de la convergencia están particularmente connotados por seis factores: a) una economía de grupos fundada en una reorganización de la sociabilidad; b) un alivianamiento de las infraestructuras que introduce una reorganización de los flujos de intercambio; c) las intersecciones de plataformas horizontales y verticales; d) las transformaciones de la modernidad globalizada (generaciones mediáticas, generaciones globales); e) el sentido que adquieren las “reapropiaciones” (la relación entre lo propio y lo ajeno, el resurgimiento del procomún) y las formas que adquiere el control sobre los accesos a los contenidos; f) la legitimidad social, cultural y económica de las industrias de contenidos.

Mientras tanto, es evidente que la televisión ha perdido la virginidad sobre la que velaba su soporte tradicional, lo que es mucho más costoso que un rito de pasaje y jamás podrá repararse. Nada será como antes para el sistema televisivo. Elogiemos su metamorfosis.

1Individuoysociedadtomados como procesos inacabados.
2 Vroom estableció su “teoría de las expectativas” indagando en las formas de motivación en los espacios laborales. Aplica por analogía su aproximación, en la medida que el nivel de interactividad activa la recepción mediática durante una parte significativa de la vida cotidiana de los usuarios, sin distinguir espacios profesionales de los privados, sin diferenciar los tiempos de ocio y los tiempos laborales. Las tensiones operan sobre el dispositivo tecno-socio-semiótico de manera similar: concentración/intermitencia, secuencia/no-linealidad, metas-fijas/improvisación.

Fuentes

Elias, Norbert

1990 La sociedad de los individuos. Barcelona: Península.

1987 El proceso de la civilización. México: Fondo de Cultura Económica.

1982 La sociedad cortesana. México: Fondo de Cultura Económica.

Friedman, Thomas

2006 El mundo esplano. Madrid: Martínez Roca.

GetGlue

<http://www.getglue.com>.

Igarza, Roberto

2013 “Televisión digital: rematerialización y periodismo”, en F. Irigaray, ed., WebPeriodismo en un sistema líquido. Foro de Periodismo Digital 2012. Rosario: unr, 159 y ss., en <http://es.scribd.com/doc/129160270/Irigaray-13-Webperiodismo-en-un-sistema-liquido>, consultado el 2 de junio de 2013.

Jenkins, Henry

2010 Piratas de textos: fans, cultura participativa y televisión. Barcelona: Paidós.

Nass, Clifford., Ophir, Eyal. yWagner, Anthony.

2009Cognitive Control in Media Multitaskers, Proceedings of The National Academy of Sciences of United States of America. Washington, D. C., en <http://www.pnas.org/content/early/2009/08/21/0903620106.full.pdf+html>, consultado el 9 de octubre de 2010.

Yap Studios

<http://www.yap.tv/?lang=es>.

YEL, Your Emotions Live

<http://www.yel.me>.

Vroom, V.H.

1964Work and Motivation.Nueva York: Wiley.

La televisión, los libros y la feria. Si no puedes vencerlos, únete a ellos (y pásate al transmedia)

Carlos Scolari

La televisión

Durante varias décadas “ver televisión” fue una cosa familiar: padre, madre, hijos e hijas sentados frente a la pantalla sin que nadie se atreviera a cambiar de canal. Al principio —digamos entre los años cincuenta o sesenta del siglo xx— no había grandes discusiones: había solo un canal que ver: esta noche a las 20:00 horas dan El show de Lucy.

La milagrosa multiplicación de canales en la era de la neotelevisión (Eco, 1983) convirtió al consumo televisivo en un hecho consensual —la familia debía ponerse de acuerdo— y abrió la guerra por la posesión del comando a distancia: “¿qué vemos esta noche, Miami Vice o Dallas?”.

Todas estas experiencias que marcaron a un par de generaciones de espectadores son parte del pasado. La multiplicación de las pantallas y las fuentes de emisión (televisión satelital, televisión por cable, reproductores de dvd y blue ray, aparatos dedicados como el Tivo o el Apple TV, dispositivos móviles, televisión ip, etc.) sumadas al acceso on-demand, poco a poco están despedazando esa vieja foto en blanco y negro de la familia sentada frente a la pantalla.

Hoy “vemos televisión” en múltiples dispositivos, no sólo en la pantalla televisiva. Hoy “vemos televisión” cuando queremos: nos hemos independizado de la programación fijada por los canales. Hoy “vemos televisión” donde queremos: en casa, en el tren, en el avión o en la playa. En muchas familias cada miembro tiene su propia pantalla (otro televisor, el teléfono celular, la computadora personal, la tableta).

La pregunta del millón es ¿podemos seguir definiendo estas prácticas de consumo audiovisual como “ver televisión”?

Otra cuestión: ya no sólo “vemos televisión”, jugamos videojuegos, navegamos por la web, exhibimos nuestra vida en Facebook y nos preocupamos por alimentar con nuevos contenidos a YouTube y Flickr. También leemos menos libros y diarios (ya hablaremos de los libros). Nuestra dieta mediática es mucho más rica y variada: si antes nos alimentábamos sólo de televisión, radio, impresos y cine, ahora a lo largo del día nuestro menú se ha expandido hasta abarcar una gama de medios y experiencias comunicativas marcada por la heterogeneidad. Esta fragmentación mediática afecta a las comunicaciones interpersonales —un intercambio puede comenzar en un mensaje privado de Twitter, seguir en Facebook, continuar en un email y culminar en una llamada por Skype— y masivas —un episodio de una serie televisiva puede continuar en un mobisodio, saltar a un videojuego y terminar en forma de parodia en YouTube—. Esto se llama transmedia. Paciencia. Ya hablaremos del transmedia.

¿Cómo reacciona la televisión ante estas amenazas? Sí, leyeron bien: amenazas. El negocio de la televisión siempre ha sido vender audiencias a los anunciantes. Esta tarde a las 17:00 tenemos a un millón de niños mirando El Chavo del Ocho… ¿les interesa publicitar el nuevo muñeco de He-Man? Pero, si cada miembro está viendo un contenido diferente en un dispositivo personal no sólo se rompe la foto en blanco y negro de la familia reunida frente a la pantalla, también estalla un modelo de negocios. No tengan dudas: el tiempo que las nuevas generaciones pasan en Facebook, Twitter, YouTube, Minecraft o Grand Theft Auto es tiempo robado a la televisión. Esas audiencias —que se construían alrededor de un medio, en este caso la televisión— ahora se encuentran fragmentadas. ¿Cómo se pueden volver a juntar esas audiencias que tienden a atomizarse? Lo repito: ya hablaremos del transmedia.

Otra pregunta, la última, sobre la televisión: ¿cómo puede este viejo medio sobrevivir en un ecosistema donde están proliferando nuevas especies depredadoras de sus audiencias?, ¿cómo puede adaptarse a un ecosistema donde hasta hace poco reinaba con una cierta tranquilidad? Para hacer frente a éste y otros desafíos, la televisión tiene al menos dos posibilidades:

• Transformar su discurso para adaptarlo al nuevo ecosistema de medios y hacerlo más seductor de cara a las nuevas generaciones.

• Aliarse con otros medios (viejos o nuevos) y articular nuevas formas narrativas.

Veamos la primera. Es evidente que en los últimos años la estética televisiva ha cambiado mucho. No me canso de repetirlo: mi abuelo nunca hubiera entendido Lost (Perdidos). Vivimos una nueva edad de oro de la ficción televisiva caracterizada por historias cada vez más complejas que interpelan a los espectadores de manera nunca vista hasta ahora (Scolari, 2008, 2011; 2013a). La primera temporada de Lost incluía más de quince actores principales, flashbacks que recuperaban fragmentos anteriores de sus vidas e infinidad de misterios que se acumulaban semana tras semana. Al finalizar cada episodio las redes sociales comenzaban a hervir: los televidentes se lanzaban a hacer hipótesis y a debatir el significado de lo que acababan de ver. La televisión del 2010 no es la neotelevisión de los ochenta ni la paleotelevisión de los sesenta. Ahora su estética es mucho más fragmentada y rápida (¡es la única manera de contar la vida de quince personajes en cuarenta y cinco minutos!).

¿Por qué la televisión se ha transformado de esta manera? Yo tengo una hipótesis: la televisión ha cambiado para poder adaptarse a las nuevas condiciones del ecosistema de medios. A través de estos cambios que acabo de mencionar la televisión trata de parecerse a los nuevos medios interactivos (pienso sobre todo en la navegación en la web y en los videojuegos). A esta nueva televisión la he bautizado hipertelevisión. No es televisión “interactiva”, sino televisión simulando a los nuevos medios interactivos.

Pasemos a la segunda posibilidad: la alianza con otros medios. Esto se llama transmedia y ya es hora de que el lector se vaya enterando qué va esta historia…

El transmedia

Durante los años noventa se llenaron páginas y páginas hablando del multimedia. Ahora llegó la hora del transmedia. En la última década, se ha hablado mucho de las narrativas transmedia (transmedia storytelling), un concepto introducido por el investigador estadounidense Henry Jenkins en el año 2003.

¿Qué es una narrativa transmedia? La respuesta es muy simple: se trata de un relato que se expande a través de múltiples medios y plataformas de comunicación. Ya lo comentamos al principio de este capítulo: hablamos de una historia que puede comenzar en una serie televisiva, continuar en un cómic y expandirse a un videojuego. Cada medio cuenta una parte de la historia y los consumidores pueden entrar en ese mundo narrativo por la puerta-texto que más le guste. Muchos niños entraron en el mundo de Harry Potter a través de sus libros, otros ingresaron por la puerta grande cinematográfica y algunos descubrieron al personaje en un videojuego.

La otra característica que define a las narrativas transmedia es la participación de los usuarios en ese proceso de expansión del relato. Los fans de Harry Potter no dudan en subir sus parodias a YouTube o contar nuevas historias de su mago favorito en la web Fanfiction.net. Esta actividad frenética de los fans no tiene límites. El mundo de los contenidos generados por los usuarios (user-generated contents) abarca todo tipo de producciones, desde resúmenes de temporadas (los llamados recaps) hasta falsos tráilers, finales alternativos, remix con otros mundos narrativos y parodias de todo tipo y color (Scolari, 2011; 2013a). Como podemos ver, las narrativas transmedia se sabe dónde comienzan pero nunca dónde acaban (de hecho, ¿acaban alguna vez?).

Otra pregunta: ¿qué rol juega la televisión en este partido? Yo diría que la televisión ocupa un lugar central, casi como un número diez en el futbol: en la mayor parte de las estrategias narrativas transmedia que he investigado en los últimos cinco años la televisión está presente. Muchas narrativas transmedia nacen a partir de una obra televisiva, desde las series estadounidenses Lost y 24 hasta Dr. Who, un clásico de la ciencia ficción británica producida por la bbc. En Iberoamérica podemos mencionar la serie de capa y espada española Águila Roja o la telenovela Passione en Brasil (Vasallo, 2012): ambas producciones televisivas tuvieron ramificaciones narrativas en otros medios y plataformas. En otros casos, la televisión actúa como entorno de expansión de historias nacidas en otros medios: tanto Superman como Batman han tenido versiones televisivas, por no hablar de The Walking Dead, Indiana Jones, Mickey Mouse o Star Wars.

Las narrativas transmedia constituyen un gran desafío para los investigadores de la comunicación. Se trata de un objeto de estudio que exige ser abordado desde una perspectiva interdisciplinaria. Las narrativas transmedia llaman en causa conocimientos jurídicos (¿cómo gestionar las producciones de los usuarios desde la vieja lógica del copyright?), económicos (¿cuál es el mejor modelo de negocios a la hora de llevar adelante un proyecto transmedia?), marketing (¿cómo se explota comercialmente una marca narrativa comoHarry Potter, SpidermanoIndiana Jones?), semiótico (¿qué caracteriza a los procesos de interpretación colectivos que se dan en las redes?), narratológicos (¿cómo se expanden los relatos de un medio a otro?) y socioantropológicos (¿cómo se organizan las comunidades de fans?).

Por otra parte las narrativas transmedia no sólo se encuentran en el mundo de la ficción: también en la no ficción podemos encontrar estas nuevas formas del relato. Podría decirse que el relato periodístico siempre ha sido transmedia. Tradicionalmente las noticias se difundían primero por la radio, después se expandían en la televisión y al día siguiente se contaban con lujo de detalles en los diarios. En la actualidad este proceso se ha vuelto mucho más complejo y rápido: una noticia puede nacer en un tuit y en pocos segundos expandirse a lo largo de la mediasfera. Los receptores, además, están cada vez más acostumbrados a construir su propio relato periodístico recopilando fragmentos de información provenientes de diferentes medios y plataformas de comunicación. Algunos profesionales están incluso experimentando con un nuevo formato: el relato periodístico informativo o de opinión basado en videojuegos. Los newsgames se proponen como experiencias que vehiculizan contenidos informativos a través de la inmersión del receptor en un entorno interactivo (Bogost, Ferrari y Schweizer, 2010).

Finalmente, también el documental experimenta cada vez más con las formas narrativas transmedia. Ya sea que se trate de una obra comercial del National Geographic dedicado al Titanic o una producción de corte social del National Film Board de Canadá como Highrise, los documentalistas no dudan en llevar sus historias más allá del formato tradicional incluyendo webs, aplicaciones para dispositivos móviles o redes sociales.

¿Por qué son tan importantes las narrativas transmedia? Porque, en una ecología mediática donde reinan la atomización de las audiencias y la fragmentación de contenidos, estos nuevos formatos proponen un modelo para reunir a los receptores alrededor de un relato. Si bien resulta imposible volver a recomponer las viejas audiencias televisivas de los años sesenta o setenta, ahora es posible generar un movimiento centrípeta que integre a los seguidores de un personaje o mundo narrativo determinado. De esta manera se perfilan nuevos modelos de negocio no tanto media-centred —como era el modelo del broadcasting, construido a partir de las audiencias televisivas o radiofónicas—, sino narrative-centre, o sea, fundado en la interacción de los consumidores con un conjunto textual que se expresa en una red de medios y plataformas de comunicación.

Este capítulo se titula La televisión, los libros y la feria. Ya hemos hablado de la televisión, ahora llegó la hora de los libros. De la feria, el reino de los libros, hablaremos más adelante.

Los libros

Todos los medios evolucionan, no sólo la televisión. Tomemos por ejemplo los libros, un medio que tiene cuando menos dos mil años de existencia. La interfaz del libro —me refiero al sistema de páginas encuadernadas protegidas por unas cubiertas— nació al comienzo de la era cristiana; entonces, los libros eran manuscritos y se copiaban a mano en páginas de pergamino, sin embargo, la forma de “navegarlos” era la misma que todavía hoy utilizamos. No obstante, la historia de los medios de escritura comienza mucho antes: tendríamos que remontarnos al cuatro mil antes de Cristo o incluso más allá.

De la misma manera que evolucionaron las interfaces de lecto-escritura —de las tablillas al papiro, del libro impreso sobre el papel a la superficie interactiva de la tablet (Scolari, 2013b)— también cambiaron las formas de leer. Durante varios siglos “leer un libro” ha sido una experiencia inmersiva, individual y silenciosa. Esta forma, nacida en el siglo xiii —o sea dos siglos antes de la llegada de la imprenta, mal que le pese a McLuhan—, se convirtió en la manera moderna de consumir un texto. Antes, en la antigüedad, la lectura era otra cosa: se leía en grupos, en voz alta y encarnando la palabra con todo el cuerpo. Era una lectura colectiva que venía marcada por la cultura oral.

Las nuevas interfaces están renovando las experiencias de lectura. Veamos un ejemplo: antes, el lector atento dejaba sus notas en los márgenes del texto. Se trataba de breves comentarios que marcaban líneas de convergencia/divergencia intertextual. Ahora esos comentarios, gracias a una función incluida en el sistema Kindle de Amazon, pueden ser compartidos con otros lectores. Quizá podríamos hablar de una nueva forma de lectura colaborativa o lectura 2.0 que recupera ese componente comunitario de las viejas prácticas que antes mencionaba. Los amantes de los sufijos no dudarían en llamarlas hiperlecturas.

Algunos (¿muchos?) se quejan: los jóvenes de hoy no leen. Yo pienso que esa afirmación es una rotunda mentira: nunca se había leído tanto en la historia de la humanidad. La diferencia es que ahora leemos otro tipo de textos. Hoy leemos muchos textos breves: sms, posts, tuits y whatsapps. Leemos en papel y en pantalla, en el móvil y en el libro, en la tablet y en la pantalla de la pc. De la misma manera, podríamos decir que nunca se había escrito tanto en la historia de la humanidad. Si sumáramos todos los sms, posts, tuits y whatsapps que escribimos a lo largo del día tendríamos un texto de dimensiones respetables. No deberíamos quedar encandilados de frente a la fragmentación del texto breve: escribimos y leemos mucho más de lo que nos imaginamos, pero como estas prácticas se dan de manera atomizada y en soportes menos tradicionales terminan resultando casi invisibles.

La Feria Internacional del Libro (fil)

Antes, hablamos de la posibilidad de que los medios establezcan alianzas entre ellos. Estas relaciones entre medios pueden adoptar diferentes formas, desde la articulación de un relato transmedia —que vimos en la sección 2—hasta el desarrollo de estrategias conjuntas de supervivencia. Y aquí llegamos a TVMorfosis, uno de los eventos más relevantes dentro del gran programa de lafildedicado a las transformaciones del medio televisivo.

Y acá llegamos a la pregunta: ¿qué relación hay entre un evento dedicado a la televisión y la feria del libro?, ¿cómo se vinculan ambos eventos/medios? Durante los últimos cincuenta años, la relación entre la televisión y los libros ha sido pésima. Casi no conozco libros que hablen bien de la televisión; y, por otro lado, cuando la televisión habla de los libros lo hace después de medianoche (o el domingo muy temprano) y de manera sumamente aburrida. La televisión y los libros han sido como el perro y el gato: dos medios muy diferentes entre sí que se miraban con recelo. Uno jugaba en el equipo de la Cultura (con mayúscula) mientras que el otro pateaba a favor de la barbarie (con minúscula). En las escuelas —esas iglesias donde se veneran los objetos de celulosa impresos—, la televisión tenía las puertas cerradas; todas las maestras alguna vez han recomendado a sus alumnos “leer más y ver menos televisión…”.

Y así nos encontramos en medio de lafildiscutiendo sobre las transformaciones de la televisión ¿Por qué se da esta convergencia entre dosold media? Permítaseme arriesgar una hipótesis: las mutaciones en el ecosistema mediático han hecho que dos medios hasta ayer casi irreconciliables —la televisión y los libros— hoy puedan juntarse sin gruñirse mutuamente. Es como si dos viejas empresas competidoras —digamos la Coca-Cola y la Pepsi— se unieran porque su reinado se viera amenazado por Red Bull. Estas sinergias entre el mundo de la televisión y el universo del libro me parecen unas de las señales más claras que emergen de un ecosistema atravesado por tensiones y conflictos que tardarán un poco en resolverse.

Ver a la televisión y los libros marchar juntos, después de varias décadas de divorcio, me enternece… siempre y cuando estas alianzas no sirvan para gruñir contra las nuevas experiencias de comunicación. ¿A qué me refiero? Por ejemplo, a la consignaMenos Face, más Book