Un año de fulanos - Marina Deza - E-Book

Un año de fulanos E-Book

Marina Deza

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Beschreibung

En Un año de fulanos, Marina Deza, con un humor inteligente y una mirada aguda, nos sumerge en un torbellino de sensaciones. En esta colección de relatos, hilados con la maestría de una tejedora experta, nos lleva por un viaje íntimo y apasionante. A través de personajes complejos y situaciones cotidianas, la autora nos muestra la fragilidad y la fuerza de las relaciones humanas; así, exploramos los rincones más profundos de la sexualidad y el amor. Y es ahí donde el erotismo y la sexualidad se entrelazan con la brutalidad de lo natural. El mar, como testigo silencioso, acompaña a los protagonistas en su búsqueda de conexión. Es una obra que te hará sentir vivo. ¿Estás listo para descubrir cómo se encuentran los cuerpos y cómo cada parte interviene en este juego indómito? Querido lector, que lo disfrutes...

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Seitenzahl: 65

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Un año de fulanos

Un año de fulanos

Marina Deza

Deza, Marina

Un año de fulanos / Marina Deza. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tercero en Discordia, 2024.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-631-6602-71-8

1. Cuentos. 2. Relatos. 3. Literatura Erótica. I. Título.

CDD A863

© Tercero en discordia

Directora editorial: Ana Laura Gallardo

Coordinadora editorial: Ana Verónica Salas

Corrección: Gisela Mancuso

Maquetación: Ivana Franco

Diseño de tapa: Ludmila Riveiro

Ilustración de tapa: Jorge A. Genoud

www.editorialted.com

@editorialted

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.

ISBN 978-631-6602-71-8

Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723.

En agradecimiento al primer fulano, mi papá

¡Muchas gracias a:

Angélica Bartol, a Silvana Arena,

a Alejandra Nasser, a Ricardo Sverdlick,

a Gastón Giarmana, a Jorge Genoud, a Dana Gross!

Lectores

Escribí este libro. Considero que lo podría haber escrito cualquier chica de mi pueblo o cualquier mujer de mi generación; entramos al mundo formateadas, y vamos detrás del modelo buscando felicidad. Entonces, recrear desde el sentir lo que se amolda a nuestro ser femenino, moldear los modelos o romperlos. Recrearlos para andar la utopía de la felicidad es una manera de ser otra siendo una, más genuina.

Podría, sí…, pero lo escribí yo.

Hay que tener palabras para poder decir lo que queremos y lo que tenemos para decir.

Que te encuentres, que lo disfrutes…

“Quería tener un novio y casarme. Vivir con él, quería una familia. Tenía asociada la felicidad a esa vida. Hace mucho tiempo, había sido feliz llevando una vida hogareña siendo “hija de” y, con mamá y papá.

Ese era mi modelo de felicidad.

Ese era, había sido.... mi paraíso. Ahí es donde fui amada y donde necesité y amé”.

En una calle de una ciudad costera, yo había experimentado el amor filial.

También, otros sentires.

Prólogo

El Amor y la Sexualidad recortan campos diferentes, tiempos diferentes, ambos atraviesan nuestra existencia, nos marcan y —casi— que nos definen, indefectiblemente, desde un otro. Por exceso o por defecto —siempre las cantidades— resultan tan necesarios que los creemos imprescindibles.

Una mujer, Marina Deza, nos cuenta sus cuentos, nos empuja en cada uno de ellos a recorrer, compartir experiencias y las reflexiones que estas arrojan.

Con una prosa a veces ligada a lo sensorial y a la impulsividad del puro deseo, a veces destilada desde los laberínticos caminos de la introspección existencial, la autora renueva en cada cuento una apuesta a lo eminentemente vital. Elije momentos iniciáticos y finales que van desde una excitada adolescente pueblerina (“Sudor pueblerino”) hasta una mujer que madura a través de encuentros y desencuentros (“Pandora”), que vacilan entre el deseo irresistible —la moral se ríe— hasta la necesidad del otro. Otro compañero que está allí para ser extrañado.

Las palabras actúan en Marina a veces como lenguaje que intenta convertirse en discurso, en un camino que nos lleva y nos transporta. Otras son casi objetos que se arrojan como pequeños guijarros al espejo de un gran lago causando el efecto de lo efímero que olvidamos, y entonces podremos recordar.

Decirse es construir(se). Por eso es imprescindible encontrar las palabras adecuadas y el tono preciso,

Nos regala entonces Marina en “Pandora” una de sus poderosas y sutiles observaciones: “La Vida nos muestra mucho cotidianamente cuando miramos y escuchamos cómo nos hablamos a nosotros mismos”.

Entonces nos invita a reflexionar sobre la Existencia. Nuestra existencia. Cuerpo arrojado al Mundo. En este caso, cuerpo de mujer. Pero no se limita obviamente a un género. Cuerpos que aparecen y desaparecen. Que se caen y se levantan. Que se agitan y se estremecen. Empecinados en la imposibilidad de aunarse se acercan infinitesimalmente.Solo la ilusión crea un horizonte que se renueva a cada paso y relanza la búsqueda de otro que parece, pero no es.

Divertir, nos señalaba B. Brecht, implica hacer que el espectador —en este caso, lector— se desprenda por un rato de su mundo al ver el mundo escénico y recorrer el abanico que va del drama a la comedia y la tragedia. Marina nos presenta momentos contundentes en cada cuento y nos tienta, nos envuelve y nos obliga sutilmente a pensarnos pensando en la otredad.

Ricardo Sverdlick

Sudor veraniego

Si hay sal en el aire, arena en mi pelo.

Huele a verano.

Algo se insinúa duro debajo de la bragueta de Gustavo. Es el hijo del carnicero de un barrio periférico. Este verano, como otros, las normas devienen en desorden. Cambian. Los barrios se van mezclando, amontonando desde la siesta hasta la madrugada.

El verano es una verdadera fiesta y lo vivimos apiñados. Revueltos, en dos cuadras, muy cerquita del mar, en la peatonal o en sus negocios, solo durante tres meses. Después el pueblo recupera su monotonía ventosa, sus chismes y su moralidad.

Tiene unos labios carnosos y es flaco, flaco y largo. En la calle principal hay a mitad de cuadra, sobre mano izquierda, un negocio de juegos que nos reúne; el resto son bares, salvo en las esquinas. Es habitual que, entre partido y partido de metegol, nos acerquemos a la heladería de la esquina para degustar, debajo de la calurosa sombra en el cordón de vereda, un vaso chiquito de helado. El cucurucho nos deja con las ganas, porque nuestro bolsillo no llega, es flaco.

El tiempo se derrite después del helado, por eso queda pegajoso en las manos. Lamer, saborear lo último del helado y del tiempo. Eso es la siesta, eso es vivenciar un pueblo veraniego. Se ve pasar poca gente, el asfalto quema igual que las sillas de los bares; por eso el cordón, por eso la sombra.

Usa pantalones de jean bombilla que le quedan bien; muy bien, a pesar de que el hit de moda son los pantalones de campana, con sus cinturas altas y muy ajustadas. Los más tradicionalistas: short con malla y remera. Estamos en verano, estamos en la playa. Él sobresale por ser distinto, sospecho que no por coquetería, sino por economía. Esos vaqueros gastados y justos le delinean su flacura y solo la moral y la vergüenza adolescente pueden desviarte la mirada de su bragueta.

Es uno de los que mejor juega. Tal vez un foráneo puede no saber que tiene el partido “casi” ganado si lo tiene a Gustavo en el equipo. Juegue a lo que juegue, gana. Tiene sus fans y sus discípulos. Yo no formo parte ni de lo uno ni de lo otro. Somos habitué, por eso coincidimos.

A mí me gustaba otro, pero, de sopetón, me gusta Gustavo. Lo sé, porque arrebata mi espontaneidad y me trae un nerviosismo que no puedo dominar en su presencia.

Ser de los mejores jugadores lo hace atractivo. Ni qué decir de los jean, los labios o todo junto… Igual, no sé qué es lo que me gusta. Algo lo hace único, aun cuando está atestado de porteños hermosos más lindo que él, que nos invaden la costa.

Y una de estas insólitas tardes en que el aire ingresa caliente a los pulmones, Gustavo, también, se fija en mí. Se acerca. Me late el corazón, casi se me sale. Me pide, por favor, que juegue con él. Lo veo muy diferente de otros días. Nada, no digo nada y se sobreentiende que me sumo a formar parte. Aun con perfil bajo, quiero lucirme.

Experimento con sorpresa miedosa todo lo nuevo que sucede en este, mi cuerpo adolescente, criado bajo una cultura católica, apostólica y romana, y el mar, la playa y un verano que estalla.

Es enero.

Un sinnúmero de sensaciones y pasiones nuevas: intento que no se noten, ni ante Gustavo, ni ante Dios, ni ante los santos. Vaya que alguno le chismee lo que siento y se entere Dios o mi viejo.