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Continúa la historia de Domenico, el joven de Abruzos que a principios del 1900 dejó su pueblo natal (Aielli, en el corazón de la Marsica) para ir a trabajar, como muchos otros italianos, al extranjero para conseguir un mejor futuro, al menos desde el punto de vista económico.
Primero viajó a Prusia, luego a los Estados Unidos en Búfalo, donde trabajó junto con su primo que lo había invitado, en uno de los primeros proyectos del gran arquitecto Frank Lloyd Wright. Domenico se adaptó, con toda su ingenuidad, bastante fácilmente en este nuevo mundo tan raro donde ahora vivía y del que sufría la fascinación, como le había sucedido a tantos emigrantes antes que él. Logró establecer relaciones de amistad y estima tanto con el anfitrión y sus familiares portugueses, como con los compañeros de trabajo en la obra. Siguió siempre interesándose y enfrentándose con las fórmulas y las relaciones matemáticas, su gran “pasión” que ya había suscitado la maravilla del arquitecto Wright que, ahora, lo quiere con él también para la construcción de dos nuevos edificios que tuvo la tarea de diseñar.
Pero Domenico estaba ligado a su Erminia, la hermosa chica de la que siempre había estado enamorado, y que se quedó en el pueblo esperándolo. Entró en conflicto consigo mismo: la propuesta de Wright era tentadora; además de garantizarle años de trabajo, reconoció la habilidad del hombre y lo hacía sentir orgulloso de su imagen, de lo que ha logrado construir, aunque con poca formación escolar.
¿Qué hacer? La elección es difícil. La elección es dar una orientación a su vida, a su futuro.
¿Qué prevalecerá? ¿El amor por su Erminia y su familia o satisfacer su orgullo personal, la ganancia, el trabajo? Determinado, decidido, convencido, elige después de meditar y considerar todo lo posible, seguro de que la elección hecha es por su propio bien.
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Veröffentlichungsjahr: 2025
El libro
Gaetano Callocchia
Colophon
Caltan
Dedicación
Gracias
Un baúl de sueños
Página del título
Cubierta
Tabla de contenidos
Book start
El libro
Continúa la historia de Domenico, el joven de Abruzos que a principios del 1900 dejó su pueblo natal (Aielli, en el corazón de la Marsica) para ir a trabajar, como muchos otros italianos, al extranjero para conseguir un mejor futuro, al menos desde el punto de vista económico.
Primero viajó a Prusia, luego a los Estados Unidos en Búfalo, donde trabajó junto con su primo que lo había invitado, en uno de los primeros proyectos del gran arquitecto Frank Lloyd Wright. Domenico se adaptó, con toda su ingenuidad, bastante fácilmente en este nuevo mundo tan raro donde ahora vivía y del que sufría la fascinación, como le había sucedido a tantos emigrantes antes que él. Logró establecer relaciones de amistad y estima tanto con el anfitrión y sus familiares portugueses, como con los compañeros de trabajo en la obra. Siguió siempre interesándose y enfrentándose con las fórmulas y las relaciones matemáticas, su gran “pasión” que ya había suscitado la maravilla del arquitecto Wright que, ahora, lo quiere con él también para la construcción de dos nuevos edificios que tuvo la tarea de diseñar.
Pero Domenico estaba ligado a su Erminia, la hermosa chica de la que siempre había estado enamorado, y que se quedó en el pueblo esperándolo. Entró en conflicto consigo mismo: la propuesta de Wright era tentadora; además de garantizarle años de trabajo, reconoció la habilidad del hombre y lo hacía sentir orgulloso de su imagen, de lo que ha logrado construir, aunque con poca formación escolar.
¿Qué hacer? La elección es difícil. La elección es dar una orientación a su vida, a su futuro.
¿Qué prevalecerá? ¿El amor por su Erminia y su familia o satisfacer su orgullo personal, la ganancia, el trabajo? Determinado, decidido, convencido, elige después de meditar y considerar todo lo posible, seguro de que la elección hecha es por su propio bien.
Gaetano Callocchia
Nació en Aielli (AQ), se graduó en Arquitectura en la Universidad “La Sapienza” de Roma con la máxima calificación. Se inscribió en el Registro de Arquitectos de Roma y abrió su propio estudio en la ciudad. Se dedica a la planificación y dirección de obras de complejos monumentales, centros de acogida, edificaciones religiosas y residenciales, estructuras hoteleras y complejos escolares. Es docente de cursos de formación postuniversitaria en la Facultad de Arquitectura de Roma y de cursos de actualización profesional. Es consultor del Orden de Arquitectos de Roma, del CNEC, de la FACI y miembro del Comité Técnico Científico del Ministerio de Instrucción, nombrado por el Consejo Nacional de Arquitectos.
Publicó varias monografías sobre prevención de incendios y seguridad con las editoriales Nuova Italia Scientifica, Carocci Editore, Il Sole 24 Ore, EPC, OCD y Editoriale Italiana. Es articulista para revistas como Insieme, L’Amico del Clero, la Revista del Colegio de Arquitectos de Roma, el Notiziario CNEC y para “Ecclesia” en la sección “Spazio Convento”.
Es autor de los volúmenes “Giovanni Paolo II, Aprile 2005: Un evento Mediatico” – Edizioni OCD (2006), “Appunti per la gestione del patrimonio degli Enti Ecclesiatici
“ – Editoriale 2000 (2012) y de la novela “Intrigo matematico a Buffalo” – Marna (2019).
Recibió los siguientes premios y reconocimientos: Guinness World Records (2017), Premio “Dei Sign” – Diócesis de Cuneo (2012), Doctorado Honoris Causa con 110 y laude por la Restauración de la Curia Generalicia SFNSMC – Roma (2002), Primer Premio en la transmisión “I cervelloni” (1997), Premio Asís por la restauración – Proyecto destacado (1994/1995).
Participó en las siguientes exposiciones: Mostra architetti artisti, Casa dell’Architettura – Roma (2016, 2017, 2018), Progetto Chiesa monumento a Giovanni Paolo II – Cracovia (Polonia) Mayo 2006, Roma Octubre 2006 y Massa Carrara Diciembre 2006, Mostra Brevetti Monitor 2020, Casa dell’Architettura– Roma (2020). Es proyectista para Entidades e Institutos religiosos de inmuebles comunitarios en Italia y en el extranjero (Kenia, Tanzania, Polonia, Argentina, Perú, Ecuador, Filipinas).
Colophon
MARNA
www.marna.it
ISBN 978-88-6670-149-1
© 2024 Publishing VELAR
24020 Gorle (Bg)
www.velar.it
Todos los derechos, traducción y reproducción
texto e imágenes
realizado por cualquier medio,
están reservados en todos los países.
Primera edición digital: diciembre 2024
Caltan
El comienzo sigue siempre el principio
Caltan
Dedicación
Dedicado a mis hijos
Arianna, Guido Eugenio,
Giovanni.
Gracias
AGRADECIMIENTOS
Agradezco a todas las personas que diariamente me
acompañan en el camino de la existencia.
Agradezco, muy en particular, a mi amigo Bernardo Petit,
Que, con entusiasmo, se ha empeñado en transcribir
el manuscrito y revisar los textos.
Agradezco a Google y Wikipedia que me han facilitado
el acceso a textos, mapas, traducciones y cualquier otra cosa útil
para la redacción de la novela.
Doy las gracias a todos los amigos que me animaron
e incitaron a escribir esta segunda novela.
POR LA TRADUCCIÓN AL ESPAЙOL AGRADECEMOS:
L’INSTITUTO DE GRADO UNIVERSITARIO SSML
SAN DOMENICO DE ROMA,
LA COORDINADORA DEL PROYECTO DE TRADUCCIÓN PROF.SSA ARIANNA GHISU,
EL PROFESSOR GUSTAVO LEGUIZAMON,
LA PROFESSORA TAMARA CENTURIONI,
LA DOCTORA LUCIA FANTUCCI,
LA DOCTORA ADRIANA APICELLA.
LOS TRADUCTORES: LORENZO SALVATI (Lider del grupo),
FRANCESCA MARIA TIBERTI,
DEA ASTORE,
FEDERICA D’ERAMO (Revisora),
GIADA DE MUSSO,
REBECCA CAPUTO,
NOEMI RANOCCHI.
Caltan
Un baúl de sueños
“Dominic
Yo también te extraño, y si te extraño!
Me gusta tu nombre en americano, es más tierno, más dulce, más suave, te queda mejor. Gracias por el beso tan intenso y cálido que me enviaste, sentí todo tu calor en mis labios, sentí escalofríos como cuando nos vimos por primera vez a solas y me abrazaste junto a ti, y recibí el primer beso de amor de mi vida. No entendí mucho de todo lo que escribes, las relaciones matemáticas, las medidas, los dibujos, las fórmulas, las proporciones y todo eso. Sólo te digo que eres bueno en todo, que me he enamorado del hombre que eres, tal como eres, y sólo tal como eres me basta para esperarte, casarme contigo y construir nuestra familia juntos. Te envío lo saludos de mi padre, que cada vez más frecuentemente me pregunta por ti, si seguimos escribiéndonos, si siempre hay el mismo interés, la misma pasión entre nosotros, si siempre estoy convencida de que te espero para casarnos. Con determinación y convicción siempre respondí que te quiero, que te espero, que siempre estoy convencida de tu bien y de tus sentimientos hacia mí, que tú también confirmas nuestro amor. Siempre destaco la prenda de amor y fidelidad que me dejaste: tu pulsera de cuero hecha con tus propias manos y confirmo que no me interesan las de otros pretendientes”.
No pude agregar nada más a la carta que le envié a mi Dominic para no ponerlo aún más ansioso y agitado, y ni siquiera enumeré todos los pretendientes que andaban dando vueltas a mi alrededor instándome a un compromiso con ellos, también dispuestos a casarse conmigo. Mi padre, probablemente también apresurado por su mujer que cada vez me soportaba menos y no le gustaba mucho la benevolencia y el cariño que me tenía, un día mientras le acompañaba por el campo, de forma amable pero firme, me dijo:
“Erminia hace tiempo que quería hablar contigo confidencialmente y hoy parece el momento adecuado. Las cosas que quiero contarte son nuestras y siempre me he abstenido de hablar de ellas delante de los demás y, en particular, también delante de mi mujer. Sabes, es una buena mujer, pero un poco bocazas y, aunque no quiera tu mal, siempre parece que le haces sombra y trata de evitarte en cualquier circunstancia. No lo dice, murmura, pensando así en no herirme ni lastimarme, pero se equivoca. La quiero, es una buena mujer, fue y es de gran ayuda para mí y lamento que no capte la belleza y el bien que nos une para la serenidad y armonía de la familia. Pero ahora voy al grano: te comprometiste con Domenico y me alegro porque es un buen tipo. Le di mi consentimiento y tienes mi aprobación, pero empiezo a preocuparme por ti, ya pasaron cinco años desde que se fue y no ha dado ninguna confirmación de su regreso en un futuro próximo. Esperarle puede ser un riesgo, sin saber si sigue queriendo casarse contigo cuando vuelva y si realmente volverá.
Erminia, aquí en Aielli hay muchos hombres guapos que se casarían contigo enseguida, ya eres una mujer para un marido, no pienses en tu Domenico, él en América se habrá buscado una prometida americana, puede que incluso rica, a ver si sigue pensando en ti, pobrecita, sin tierras, sin dote. Acepta una de las muchas propuestas de los guapos y buenos chicos del pueblo, búscate otro guapetón y con un poco de propiedad para sentar la cabeza. Pasan los años, los hombres son pocos, pocos son los verdaderos, los buenos, no idealices demasiado al hombre que has elegido, no te engañes, sé valiente, el amor es bueno, idealizarlo nos lleva a afrontar la vida en plenitud, con entusiasmo, con ardor, pero también hay que estar en la realidad, ser concretos, vivir la vida en plenitud por lo que se nos permite vivir en el espacio y tiempo que nos pertenece. Erminia respeto tu pasión, tu ideal, tus ganas de vivir una vida compartida con amor y por amor, entiendo tus sentimientos, pero evalúa todo lo que te rodea, las oportunidades que te ofrece este tiempo, que te ofrece el pueblo, y luego decide. Que sepas que respeto todas tus decisiones, que siempre estoy a tu lado, que siempre estoy dispuesto a darte la vida”.
¡Las palabras de mi padre me quemaron el alma como fuego en la piel! Varias veces tuve que contener las emociones más ocultas, más íntimas. Comprendí las preocupaciones de un padre, comprendí sus cuidados, todo su amor por mí resplandecía en sus palabras. Quería verme asentada, casada, con una hermosa familia que criar, pero creía en el amor y por escrúpulos, también porque apresurado por parientes, amigos, conocidos, se vio obligado a cumplir con sus deberes paternales, aunque tenía fe en mí y un amor sin límites. Conocía los sentimientos más verdaderos y profundos del amor. Se había casado por amor, quería a mi madre y eso se notaba en todos sus gestos hacia ella y cuando enfermó gravemente y más tarde murió, dedicó gran parte de sus días a cuidarla y a cuidarme a mí. Fui hija única y fui testigo y don de un amor pleno, profundo e incondicional. Cuando terminó de exponer sus pensamientos y angustias, consciente de lo que estaba a punto de decirle, me armé de valor y con voz segura afirmé:
“Papá, siento que lleves tiempo dándole vueltas a este tema: te lo dije y te lo vuelvo a decir. Estoy enamorada de Domenico y si tengo que casarme, si Dios quiere, ¡me casaré con Domenico! Que quede claro: no me asusta ser una solterona, puedo hacer y hago muchas cosas. Para mí, el amor es un compromiso, es vivir una gran cosa. Es vivir lo humano en el don mutuo de sentimientos, afectos, emociones, deseos. Vivir con todo lo que nos pertenece, ¡el uno en el otro!”.
Fue espontáneo para mí abrazar a mi padre y asegurarle con un beso que estaba feliz, que tenía fe en mi Dominic y que esperaba con confianza su regreso, la vida. Sólo habían pasado unos días desde la conversación que tuve con mi padre cuando, al salir de la iglesia después de la misa dominical, encontré a la comadre Concettina.
La comadre Concettina era una mujer decidida y buena, y cuando murió mi madre fue una gran ayuda y un apoyo para nosotros. Cuidó de mí e intentó ayudar a mi padre a superar el gran dolor, a resignarse al destino de los hombres, a encontrar la serenidad, la paz, las ganas de vivir y de reconstruir su familia. Siempre he amado a la comadre Concettina y me unen a ella profundos sentimientos de respeto y amistad, por su ingenio, resolución, altruismo a veces exagerado pero siempre para el bien. Nos saludamos afectuosamente, hacía mucho tiempo que no la veía, y en cuanto terminaron las formalidades, me preguntó con tono firme:
“Ahijada mía ¿cómo te va con Domenico? ¿Piensa regresar? ¿Siempre os queréis? ¿Seguro que aún quiere casarse contigo?”.
“Comadre Concettì ¿a qué vienen tantas preguntas? ¿Qué sentido tienen?”.
“Ahijada mía, hace días en la panadería de Loreta había muchas mujeres esperando para hacer pan y hablando de ti”. “¿Y por qué hablaban de mí?», respondí, «¿Para qué?”. “Me han dicho que eres una chica guapa y buena y que, aunque eres huérfana de madre, has crecido con muchos sentimientos y mucha calidad y muchos chicos están interesados en ti”.
“Me alegra saber que hay tantos chicos que estarían encantados de comprometerse conmigo, ¡pero yo ya estoy comprometida!” La interrumpí con cierto resentimiento, pero ella imperturbable continuó: “Tú ya estás madura para el matrimonio y ellos no entienden, se preguntan por qué estás tan apegada a Domenico cuando hay tantos chicos guapos, tan buenos como él si no mejores, que se han declarado dispuestos a casarse contigo”. Recuperando el aliento, enumeró una letanía de nombres: “El hijo de Tomassina, Alfio, tiene una hermosa casa y muchas tierras; el hijo de Antonietta, Matteo, tiene una tienda; el hijo de Nunziata, Olindo, tiene una panadería y algunas tierras; el hijo de Teresa, Rocco, tiene un padre sastre que también se ha dedicado a este oficio; el hijo de Ortensia, Eusebio, es un chico guapo de ojos claros, pelo oscuro y una hermosa propiedad, y también está Alcione, el pariente de Marianna”. Volví a interrumpir la comadre: “Sí, todos son buenos chicos y quizás también buenos candidatos, pero te confirmo que estoy enamorada de Dominico, creo en él y estoy esperando a que vuelva para casarme con él”. “Erminia, no quiero disuadirte de tus sentimientos, sólo me preocupa hacerte reflexionar y que seas consciente de las solicitudes que se me han hecho”.
“Comadre Concettì, pero ¿qué les dijiste a esas amigas tuyas?”
“Mis queridas Comadres, le agradezco su preocupación por mi ahijada Erminia, pero ella es lo suficientemente mayor e inteligente para saber lo que quiere de la vida, ¡y si ha decidido esperar a su Domenico debe tener todas las razones para hacerlo! Y además: ¿por qué os cae tan mal Domenico? ¿Qué os hizo?”. “Pero comadre Concettì, no tenemos nada contra Domenico, ¡pero ya sabes cómo van las cosas y cómo se hacen los hombres! ¿El chico está en América y quieres que no tenga tentaciones y chicas cortejándole? Es un chico guapo, ojos claros, pelo rubio, inteligente, como lo describió mi sobrina Giovanna, que fue al colegio con él. En el colegio era muy bueno en matemáticas y le caía muy bien al profesor Macerola. América, por lo que se dice, es una tierra donde las mujeres son muy libres. Tú crees comadre Concettì, ¡las mujeres cortejan a los hombres y son ellos los que les piden que se casen con ellos! No es como aquí, que si te expones y sonríes demasiado, ¡te quedas solterona! En América, las mujeres fuman, van a bares, tienen estudios, trabajan en tiendas y oficinas, ¡igual que los hombres! Te digo más, ¡también llevan pantalones como los hombres! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡América es otra cosa para las mujeres, América es para las mujeres! Sabiendo todas estas cosas, nos resultó natural hablar de Erminia. Conociéndola y apreciando todas sus cualidades, lamentaríamos que se quedara solterona para esperar a Domenico, cuando tantos están ahora dispuestos a casarse con ella. Si renuncias ahora a todas estas posibilidades, ¡ya sabes cómo puede acabar! Como nos enseñan la experiencia y los hechos trasmitidos: ¡Aprovecha el momento! El pueblo, de hecho, como sabemos, no te permite fácilmente volver a comprometerte. Una vez que tu novio rompe contigo, tienes dos trampas: ¡una que te ha dejado y otra que es muy difícil que otra persona te pida que te cases con él! El pueblo es bueno y bonito, pero en ciertas cosas es cerrado y vengativo”.
“Gracias comadre Concettì. Has respondido como es debido”.
Se me ocurre una reflexión: cuanto más te ocupas de tus asuntos y tratas de estar disponible para los demás, más tergiversan estos sentimientos para darte consejos y entrar en tu vida de manera inapropiada. Con comadre Concettina, nos saludamos con afecto intacto, deseándonos mutuamente un buen almuerzo. Al alejarse, no dejó de enviar un saludo a mi papá: “¡Saluda al buen hombre de tu padre!”.
A toda prisa, me preparé para salir. Junto con mis amigas, dos tardes a la semana tenía cursos de costura, bordado, cocina y cualquier otra cosa útil para la educación de una mujer con el fin de sacar adelante una familia. Estas reuniones semanales tenían lugar en un pequeño laboratorio en la casa de las monjas. De hecho, en el pueblo había una comunidad de cinco monjas que, con diversas tareas, prestaban servicio y contribuían al desarrollo de los residentes. Dirigían la guardería, cuidaban de los enfermos, ofrecían servicios de enfermería, mantenían la iglesia activa y ordenada, preparaban a los niños para la Primera Comunión y formaban a las jóvenes para la vida familiar.
