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A Kaiso le encanta vivir en el bosque. Hace tiempo que cambió los estímulos constantes y el ritmo frenético de la gran ciudad por los árboles, el río y su pequeña cabaña. Ahí encontró la calma, pero la aparición de un pescador enigmático, que le reta a responder tres preguntas, le cambiará la vida.
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Seitenzahl: 46
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Un claro en el bosque
Primera edición: marzo de 2021Primera edición en digital: diciembre del 2023
© Oriol Ginestà, 2021
© Prólogo: Francesc Miralles
© Editorial Comanegra
Consell de Cent, 159
08015 Barcelona
www.comanegra.com
Diseño de colección: Cómo Design
Diseño de cubierta: Irene Guardiola
Producción del ePub: booqlab
ISBN: 978-84-19590-74-9
Quedan rigurosamente prohibidas y estarán sometidas a las sanciones establecidas por ley: la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier procedimiento, incluidos los medios reprográficos o informáticos, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público sin la autorización expresa de Editorial Comanegra. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Un claro en el bosque
Una fábula para inspirar a personas altamente sensibles
Oriol Ginestà
A la naturaleza y los animales salvajes, guardianes del instinto
No recuerdo exactamente cómo conocí a Oriol Ginestà, pero tengo muy presente la primera mañana que acudió a mi estudio.
Me llamó la atención la serenidad que emanaba de su rostro, de su tono de voz, de la suavidad de sus gestos. Cuando me contó que vivía de dar clases de yoga y de tocar los cuencos tibetanos, ya me hice fan de él.
Oriol quería mostrarme esta fábula, que por aquel entonces estaba en una versión embrionaria, pero ya destilaba los mensajes que hoy le dan todo su sentido y su valor.
En aquella fase inicial ni siquiera su autor lo sabía, pero yo enseguida vi que el tema principal de este relato era la alta sensibilidad, una característica de las almas más bellas que he conocido.
En este mundo tan áspero, las personas altamente sensibles —afortunadamente, cada vez suponen una parte más importante de la sociedad— son como flores que crecen en medio del lodo, el «lirio entre cardos» del que hablaba Ausiàs March en su poema amoroso.
Y no es un rasgo para ocultar, sino más bien todo lo contrario: es algo que merece la pena celebrar y compartir, ya que las personas altamente sensibles son la luz de nuestro universo.
No es casualidad que, en inglés, sensible signifique «sensato». En un entorno en el que predominan la agresividad, la lucha de egos y el ruido por el ruido, las PAS son una demostración esperanzadora de que el ser humano puede ser sensato.
Porque la sensibilidad no es solo vulnerabilidad, como pueden pensar algunos. Ser sensible significa ser poderoso, atento, profundo, respetuoso, tierno. En suma, ser humano.
Muchas gracias, Oriol, por habernos brindado esta lúcida fábula, que es una invitación a explorar nuestra propia sensibilidad.
FRANCESC MIRALLES
No intentes salvar el mundo entero ni hacer nada grandioso.
Abre, en cambio, un claro en el bosque de tu vida y espera allí con paciencia, hasta que la canción que es tu vida caiga en tus manos ahuecadas y la reconozcas y la acojas.
Solo entonces sabrás cómo darte a este mundo, tan merecedor de rescate.
MARTHA POSTLEWAITE
Clearing
Kaiso abrió los ojos en la oscuridad. Observó por un instante el vacío de su humilde cabaña, bañada por la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana.
Pronto amanecería, pero hoy tampoco tenía prisa.
Desde que decidiera dejar la ciudad, mucho tiempo atrás, a sus casi cuarenta años por fin había encontrado su lugar. Aquella vida tranquila de contemplación en la naturaleza era todo lo que necesitaba.
Antes de que saliera el sol, se lavó la cara y, como cada mañana, se dirigió al claro del bosque para dar la bienvenida al nuevo día.
Al ver el viejo puente de madera, recordó que hoy tendría que cruzarlo para ir a buscar provisiones al pueblo, a escasos kilómetros de su preciado bosque.
Las últimas estrellas del verano que llegaba a su fin ya desaparecían sobre el horizonte cuando llegó a su pequeño paraíso. Colocó suavemente su pañuelo azul sobre la hierba fresca, alzó por un instante la vista al cielo y, soltando un leve suspiro, se sentó.
Kaiso era de constitución ágil, y los largos paseos por el bosque y la vida contemplativa le habían proporcionado una flexibilidad que le permitía meditar mucho tiempo.
Era fuerte y alto y, con la cabeza rasurada, su presencia podía imponer un poco de respeto a los desconocidos, pero lo que no era Kaiso es ruidoso. De hecho, cuando estaba en el bosque los animales pasaban a su lado como si él no estuviera.
Ardillas, topos, ranas, pájaros, conejos y hasta algún cervatillo se acercaban a él durante los instantes en que se quedaba quieto, como un árbol más del frondoso bosque, cuando dejaba que los minutos y las horas se difuminaran entre respiración y respiración.
Kaiso amaba escuchar el murmullo de la naturaleza. Por eso había abandonado la ciudad, abarrotada de estímulos que lo sobreactivaban.
Mientras reconfortaba su espíritu en el corazón del bosque, cada mañana dedicaba un instante a dar las gracias a sus abuelos, que, a su muerte, le habían brindado esa vida de paz.
Gracias a la pequeña herencia, podía permitirse aquella vida frugal tanto tiempo como quisiera.
Cuando el sol se alzó en el cielo, Kaiso abrió los ojos para contemplar los primeros rayos de luz.
Como cada mañana, recogió entonces con delicadeza su preciado pañuelo azul y se marchó, dejando el pequeño templo de naturaleza tal y como lo había encontrado.
Siempre llevaba consigo aquel pañuelo azul. Era el único recuerdo que conservaba de su vida anterior de ruido, obligaciones y prisas.
