Un Ejército de Todos - Ricardo Martínez Menanteau - E-Book

Un Ejército de Todos E-Book

Ricardo Martínez Menanteau

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El Ejército de Chile pertenece a todos los chilenos. Esta simple y poderosa afirmación que sustenta las páginas de este libro y le da aliento es la expresión simultánea de una realidad y de un anhelo. Como muchas instituciones nacionales de alta connotación pública, el Ejército ha tenido, en su larga y fecunda trayectoria al servicio del país, momentos de luces, comenzando por la gesta de la Independencia y la defensa permanente de la soberanía, y otros de sombras, como las graves violaciones a los derechos humanos posteriores al 11 de septiembre de 1973 por parte de algunos de sus miembros, que se han traducido en quiebres con la sociedad chilena o parte de ella. Concebido originalmente por su autor, Ricardo Martínez Menanteau, a la sazón Comandante en Jefe del Ejército de Chile (2018-2022), como un documento destinado a rescatar y fortalecer el ethos militar dentro de la institución armada, este libro pretende revalorizar la imagen del Ejército ante la ciudadanía, presentándola en todas sus facetas. Por sobre todo, aspira a contribuir, a 50 años del quiebre de nuestra convivencia nacional, al indispensable reencuentro de todos los chilenos.

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Seitenzahl: 165

Veröffentlichungsjahr: 2023

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JC SÁEZ EDITOR

Domicilio comercial: Villavicencio 361, oficina 113, Santiago, Chile

Contacto: [email protected]

Teléfono: +56 2 3346 2281

www.jcsaezeditor.cl

Título de la obra: Un Ejército de todos

Dirección editorial: Juan Carlos Sáez C.

Edición de textos: Cristóbal Santa Cruz

Diseño de portada y diagramación del interior: Marcela Veas

ISBN: 978-956-306-175-8

ISBN Digital: 978-956-306-179-6

Inscripción Nº 2023-A-8468

©Ricardo Martínez Menanteau

©JC Sáez Editor, para la presente edición

Derechos exclusivos reservados para todos los países.

Derechos digitales (electrónicos) exclusivos reservados para todos los países en castellano.

Prohibida su reproducción total o parcial, para uso privado o colectivo, en cualquier medio impreso o electrónico, de acuerdo con las leyes Nº 17.336 y 18.443 de 1985 y 20.435 de 2010 (Propiedad intelectual).

Primera edición (3.000 ejemplares): agosto de 2023

Edita y distribuye en Chile: JC Sáez Editor

Diagramación digital: ebooks [email protected]

A mi esposa Cecilia y a mis hijos, por suamor y apoyo incondicional.

A toda la sociedad chilena, en especial alas nuevas generaciones de soldados.

Índice

Prefacio

Introducción

Capítulo IEl ethos militar

Aspectos sustanciales del Ejército de Chile

Pilares fundamentales: dos triadas

¿Qué es el ethos militar?

Ejército y población

Ordenanzas del Ejército y su “deber ser”

Capítulo IIEl Ejército de Chile en el siglo XIX y primera mitad del siglo XX

Breve evolución histórica del Ejército de Chile desde su creación

La reforma prusiana del Ejército

Modernización del Ejército y contribución a otras naciones del continente

Inestabilidad política en la década de los veinte

Presidencia de Pedro Aguirre Cerda

Prestigio del mando en la doctrina del general Carrasco

La Segunda Guerra Mundial y la división del mundo

Capítulo IIIDel Tacnazo al golpe de Estado de 1973

Política de defensa de la década de los sesenta

La Guerra Fría

La doctrina Schneider

Asesinato del general Schneider

Nombramiento del general Prats como Comandante en Jefe

Incorporación de militares a los gabinetes políticos

El “Tanquetazo”

Plan Regulador de la Organización de Paz del Ejército

La Cámara de Diputados invoca a las Fuerzas Armadas

Capítulo IVLos derechos humanos en el gobierno cívico-militar (1973-1990)

Autoexilio del general Prats

La Caravana de la muerte

Asesinato del general Prats

Otros casos de violaciones a los derechos humanos

Los detenidos desaparecidos

El derecho internacional y los conflictos internos de los países

Relaciones cívico-militares durante la transición a la democracia

El Ejército y los derechos humanos durante la transición a la democracia

Iniciativas del Ejército

Ordenanza del Ejército de 2006

Interrogantes y afirmaciones finales

Capítulo VDesempeño del Ejército en dos potenciales conflictos bélicos fronterizos

El anhelo expansionista de Perú

El conflicto austral con Argentina

Decisiones estratégicas y operativas

Lecciones de dos “guerras que no fueron”

Capítulo VIEl Ejército de Chile en el siglo XXI

Contribución al desarrollo del país, una tarea permanente

La evolución de la sociedad chilena y su efecto en la cultura institucional

Integración y participación de las mujeres

Inclusión, integración y no discriminación

Pueblos originarios

Diversidad sexual y de género, y libertad de credo

Personas con discapacidad

La tragedia de Antuco

El fraude al Ejército, un duro golpe a la confianza y a la probidad

Modernización de la profesión militar

Cambios en el sistema educativo

Participación en misiones de paz de las Naciones Unidas

Participación en el Estado de Excepción Constitucional de Emergencia

Participación en el Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe

Síntesis de las experiencias del período reciente

Capítulo VIIDesafíos y propuestas de futuro

Una reflexión final sobre el ethos militar

Desafíos pendientes y propuestas

Ámbito político

Ámbito de la formación valórica y derechos humanos

Ámbito de la profesionalización militar

Ámbito de la probidad y transparencia

Palabras finales

Reseña biográfica del autor

Agradecimientos

Prefacio

Mi vida entera está ligada al Ejército de Chile.

Durante casi cinco décadas tuve el inmenso honor de formar parte de sus filas. También tuve el privilegio y la alta responsabilidad, en los cuatro años finales de ese ciclo, de asumir su conducción como Comandante en Jefe.

Ingresé a la institución armada a los 15 años, en febrero de 1976. La carrera militar representaba para mí y para mi familia una opción de desarrollo profesional y de vocación de servicio al país. Luego de cuatro años de formación en la Escuela Militar del Libertador Bernardo O’Higgins, me gradué como Oficial de Ejército con la primera antigüedad de mi generación,1 dando inicio, a partir de 1980, a una larga carrera en un período especialmente excepcional en la vida del país y de la institución.

En todos los años en que serví al Ejército forjé lazos que dejaron en mí una impronta indeleble. Antes de llegar al mando en jefe fui subordinado y subalterno, aprendiendo de muchos oficiales que fueron mis instructores y superiores en las unidades militares. Ese mismo modelo de enseñanza lo pude observar en suboficiales que contribuyeron a mi formación de soldado. De todos ellos recibí instrucciones y aprendizajes que me llamaban a actuar correctamente.

Ese modelo de conducta, inculcado inicialmente en el seno de mi familia y forjado en años de carrera militar, me sirvió para desarrollar una apreciación adecuada de lo que ocurría en mi entorno e ir elaborando una opinión propia y fundada al respecto.

En 2018, ya investido como Comandante en Jefe del Ejército, el mismo cargo que ostentaran Carrera y O’Higgins, me sentí con la obligación de plasmar en un texto destinado en primer lugar a mis compañeros de armas, pero también abierto a toda la ciudadanía, las acciones positivas y negativas de las que fuimos partícipes como institución en los últimos 50 años.

Estas cinco décadas de recorrido institucional están plagadas de hitos y logros que demuestran el gran compromiso de la institución con el país, de las cuales todos debemos sentirnos orgullosos. Pero también han estado marcadas por quiebres internos y hechos profundamente repudiables que me antecedieron como el asesinato de dos comandantes en jefe y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos durante el gobierno militar entre los años 1973 y 1990. Movido por el interés de revisar con lucidez y honestidad nuestra historia institucional reciente para revigorizar el alma interna de la institución y de tender puentes hacia la ciudadanía en aras de cerrar las heridas del pasado y recuperar un Ejército verdaderamente sentido como de todos los chilenos, me enfoqué especialmente en aquellas experiencias que hubiesen afectado los valores fundamentales que nos habían sido inculcados, en una palabra, nuestro ethos militar.

Compartí en su momento mi disposición con el Cuerpo de Generales, que apoyó la iniciativa. Les expliqué que debíamos avanzar en esta reflexión siguiendo las mismas enseñanzas que durante toda nuestra vida profesional habíamos recibido de la institución que nos formó y que fueron forjando nuestro carácter.

La tarea implicaba dejar que los hechos hablaran por sí mismos y mostrarlos sin tapujos, por muy duros que fueran. Mi responsabilidad como Comandante en Jefe era encauzar adecuadamente esa reflexión colectiva y velar por un proceso transparente y exhaustivo.

Las circunstancias especiales, por no decir excepcionales, que vivió el país durante mi período como Comandante en Jefe (retiro del 50% del Cuerpo de Generales en mi primer año, “estallido social”, pandemia, proceso constituyente, estado de excepción en la macrozona sur, entre otros) obligaron a relegar este ejercicio a un segundo plano.

El texto que sigue, originalmente denominado Reflexión sobre las actuaciones del Ejército y sus integrantes en los últimos 50 años y sus efectos en el ethos militar, finalmente vio la luz durante mi cuenta pública del 2 de marzo de 2022, día en que dejé la Comandancia en jefe del Ejército, siendo publicado en ese momento en la página web institucional.

Entendiendo que cada nueva comandancia en jefe tiene la potestad de fijar las prioridades para el plan estratégico de la institución, he decidido retomar este proyecto a título individual, por la vía de este libro.

Si bien en su esencia y propósito se trata del mismo texto, esta nueva versión, concebida para un público general —que abarca, por cierto, a mis compañeros de armas, y especialmente a las nuevas generaciones militares— es más sintética y contiene nuevos énfasis y mensajes más directos.

En un año especial en que Chile se prepara para conmemorar desde diferentes visiones los 50 años de uno de los mayores quiebres en nuestra convivencia nacional y en que el país se esmera en encontrar las vías para profundizar nuestra democracia, quisiera, desde mi condición de simple ciudadano, pero también de testigo y actor privilegiado desde mi vivencia de casi cinco décadas dentro de la institución armada, compartir estas reflexiones con mis compatriotas como un aporte para la ansiada recuperación de la paz nacional y para la revaloración del Ejército de Chile por parte de toda la ciudadanía sin excepción como lo que es y siempre ha sido: una institución de todos los chilenos.

General de EjércitoRicardo Martínez Menanteau

Excomandante en Jefe

Santiago, julio de 2023

Introducción

A pocos días de asumir la Comandancia en jefe del Ejército, en marzo de 2018, difundí el documento denominado “Concepto de mando”, a través del cual establecí los lineamientos generales de cómo cumpliría la desafiante tarea de conducir la institución castrense. En él se establecían las principales orientaciones para el trabajo de los asesores del Estado Mayor del Ejército y se señalaban los énfasis y las prioridades que tendría la gestión de mando para el periodo 2018-2022.

El espíritu que animaba ese documento era contribuir a hacer del Ejército una mejor institución desde la cual servir a Chile y lograr que el abnegado, honesto y profesional trabajo de sus integrantes fuera “más valorado, reconocido y respetado por la inmensa mayoría de los chilenos”.

Para alcanzar tales propósitos, especial trascendencia adquiere la formación valórica del personal del Ejército, razón por la cual en dicho documento expresé: “Se tendrá presente que para cimentar los valores militares se requiere revisar el accionar institucional del pasado reciente y ello será abordado durante el periodo de mando”.

La importancia de revisar el accionar institucional radica en el hecho de que el Ejército, al igual que las demás instituciones de la defensa nacional, ostenta, en representación del Estado, el uso legítimo de la fuerza con el fin de proteger la soberanía, la población y sus instituciones.

Por tal razón, su condición de institución disciplinada, jerarquizada y no deliberante es esencial para generar un sentido de pertenencia a toda la sociedad. El militar, si bien es un servidor público, lo es con una misión y un compromiso únicos.

Es por ello fundamental que la profesión militar se desarrolle bajo un modelo profesional vocacional en el que sus integrantes comprendan que deben adoptar, de manera voluntaria, un código de conducta singular y adherir a comportamientos intachables, sustentados en principios, valores y formas de actuar, asumiendo de manera consciente que la sociedad exige a quienes forman parte de la institución armada un estándar de comportamiento superior.

El código de conducta propio de la profesión militar ha sido recogido en diversos textos doctrinarios, entre otros, el Reglamento de Disciplina para las Fuerzas Armadas, la Ordenanza General del Ejército y el manual Ethos del Ejército de Chile, que constituyen la base de la formación valórica del personal institucional que debe ser enseñada, asimilada, reforzada y lo que es más importante, puesta en práctica en cada una de las actividades y etapas de la vida militar.

Uno de los aspectos centrales del ethos militar es el respeto y servicio a las personas en su dignidad y en sus derechos como un bien primario incluso anterior al propio Estado.

Esta consideración forma parte de los principios y valores originales del Ejército, los cuales se han ido reforzando periódicamente en función de las nuevas exigencias de la sociedad o como consecuencia de los compromisos internacionales contraídos por el Estado de Chile.

De lo expresado, inferimos las siguientes premisas básicas:

•El Estado de Chile tiene un rol central en la formación de los militares en materia de derechos humanos. Ello se debe a que, según los preceptos legales que rigen esta materia, los derechos humanos son responsabilidad del Estado y las Fuerzas Armadas forman parte de este.

•El Ejército, como institución permanente de la República, se debe a Chile y a los chilenos y no pertenece ni puede ser identificado con ningún sector político en particular; por tanto, sus integrantes, aun cuando pueden ejercer sus derechos civiles como cualquier ciudadano, no deben tener ninguna participación política partidista.

•Los militares, en toda circunstancia, deben observar un trato digno y respetuoso con las personas en el cumplimiento de sus actuaciones profesionales, no sólo porque ello está normado en las leyes y tratados internacionales que el país ha suscrito, sino porque es una conducta consustancial a la profesión militar.

•Ninguna norma institucional, así como tampoco la conducta de los integrantes del Ejército, pueden trasuntar en la validación o comisión de hechos que afecten al ethos militar y la cultura de la organización.

•Mientras el Ejército cumple su rol principal de defensa, mejor cumple su función militar ya que esta es parte del sistema de Defensa Nacional y, por tanto, es la que demanda la mayor atención en su desempeño profesional.

No obstante lo anterior, las convulsiones globales generadas por la llamada “Guerra Fría”, resultante de la Segunda Guerra Mundial, provocaron a partir de la década de los sesenta, no sólo en Chile, sino en todo el mundo, una dinámica política, económica y social muy compleja, de la cual la institución castrense y sus integrantes, como parte activa de la sociedad, no pudieron sustraerse, lo que los llevó a involucrarse en actuaciones políticas de la más diversa índole y a protagonizar hechos que generaron gran impacto en la sociedad.

Si revisamos los últimos 50 años de la historia institucional, encontraremos varias circunstancias en que una sucesión de hechos relevantes involucraron al Ejército y veremos cómo los acontecimientos políticos de dicho período muchas veces arrastraron a la institución, con mayor o menor voluntad de su parte. Este libro recorre someramente esos acontecimientos en los siguientes capítulos.

Sin embargo, el más significativo por sus consecuencias en todas las dimensiones de la vida de la nación —y especialmente la de sus ciudadanos— fue el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, en el que asumió el Comandante en Jefe del Ejército como presidente de la junta de gobierno.

Todos los hechos que se recogen a lo largo de estas páginas son fuente de experiencias y de lecciones para la institución y sus miembros y constituyen, por tanto, eventos susceptibles de ser analizados para determinar sus causas, efectos y comportamientos, extraer lo positivo y negativo y determinar si se ciñó o no al ethos militar y a la cultura de la institución.

Para hacer un adecuado análisis, debió revisarse someramente la conducta política del Ejército desde su creación en 1810, ya que, si nos atuviéramos sólo al actuar institucional de los últimos 50 años sería una visión muy limitada de las influencias que fueron recibiendo la institución y sus integrantes desde los distintos sectores nacionales hasta llegar al periodo en estudio.

Esta iniciativa fue incorporada a la planificación del Ejército, constituyendo uno de los objetivos estratégicos del Plan de Acción “Carrera” elaborado para el período 2019-2022, de modo de alinear los estudios e iniciativas resultantes con una mirada integral del futuro del Ejército.

Dicho objetivo señala lo siguiente: “Fortalecer los valores militares a partir de las conclusiones que se obtengan de la reflexión sobre la participación de la institución y de sus integrantes, en los hechos relevantes del pasado reciente del Ejército, determinando además cómo dicha participación influyó en el ethos militar y la cultura de la institución”.

El análisis efectuado se basó en el pensamiento crítico, entendido como un proceso racional, reflexivo y analítico que cuestiona lo que se ha asentado como realidad. Constituye una valiosa herramienta de mejora institucional, que permite que estas reflexiones sean transmitidas para conocimiento de las autoridades pertinentes y de todos los chilenos.

A partir de esta idea, no pretendemos justificar los errores cometidos en diferentes periodos de la vida del Ejército y del país, y menos aún, escudarnos en ellos para no asumir las responsabilidades institucionales que correspondan.

Pero tampoco se trata de que el Ejército asuma toda la responsabilidad histórica en los hechos de carácter político del periodo analizado, ya que ello supondría asumir un protagonismo exclusivo que no se corresponde con los hechos históricos, tal como si hubiese sido una institución que actuaba al margen de las coyunturas que afectaban al país.

De hecho, respecto de la crisis de 1973, el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, señala “en general, puede ser descrita como una aguda polarización a dos bandos gubernativo y opositores en las posturas políticas del mundo civil. Ninguno de estos bandos logró (ni probablemente quiso) transigir con el otro” (…).

Es pertinente señalar que esta revisión histórica se refiere exclusivamente al Ejército, y por tanto, no considera a aquellas organizaciones que no formaban parte de él, como la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), creada por decreto ley 521 del 14 de junio de 1974, que dependía directamente de la junta de gobierno, según lo establece su decreto de creación, y la Central Nacional de Informaciones (CNI), creada por decreto ley 1878 del 12 de agosto de 1977, la que, conforme lo señala ese mismo decreto, se relacionaba con el gobierno a través del Ministerio del Interior.

Con esta reflexión, buscamos entregar una interpretación sobre el papel desempeñado por el Ejército en el devenir del país durante el pasado reciente y las causas de sus aciertos y errores en hechos que se apartan de su rol más tradicional, para contar con una comprensión del contexto en que surgieron los eventos de mayor controversia.

Capítulo I

El ethos militar

El Ejército es del país y para el país. Su fundación obedeció a la necesidad de poseer una fuerza militar al servicio de los intereses nacionales y, por ende, de los ciudadanos. Este es un principio fundamental que sus miembros y toda la sociedad deben asumir.

En el caso de Chile, la creación del Ejército no fue obra de un caudillo para sostenerse en el poder, sino que obedeció a la decisión de un conjunto de patriotas de organizar una fuerza militar para luchar por la independencia del país. Por esta razón, el Ejército no fue nunca de Carrera ni de O’Higgins, como tampoco lo ha sido de ningún Comandante en Jefe a lo largo de su historia. El Ejército siempre ha pertenecido a Chile.

Desde una perspectiva netamente teórica como fáctica, los ejércitos desde sus orígenes fueron parte constitutiva del poder (autoridad) y, por esa razón, es muy importante conocer a fondo sus elementos esenciales para poder organizarlos, alinearlos y subordinarlos a los preceptos democráticos actuales.2

La historia mundial nos enseña que el poder en su forma original se construyó al integrar en un todo tres componentes: lo político, lo religioso y lo militar. De allí que las castas dirigentes de las primeras civilizaciones buscaran tener bajo su control estos tres elementos que juntos configuraban el poder total y, con ello, dominar al grupo social. Con la evolución de la sociedad occidental y para impedir que el poder se concentrara en una sola persona, fue dividido y regulado.

Lo militar constituye un aspecto original del poder, por lo que la historia de un ejército está ligada indefectiblemente a la política, en su más alta definición.

Por tal razón, un ejército moderno, al ser parte constitutiva del poder, deberá siempre tener en consideración la regla de oro de la democracia moderna, cual es, ajustarse estrictamente a las normas que limitan su acción, conforme a la Constitución Política del Estado.

Aspectos sustanciales del Ejército de Chile