5,99 €
¿Alguna vez tuviste el deseo de saber cuál es tu propósito? En la búsqueda por encontrarle sentido a nuestra existencia, apostamos, comúnmente, por un camino visible, uno que nos lleve hacia un encuentro inmediato con nuestro propósito. En ese desdén, teñido de impulsividad por encontrarlo, nuestra mente cae en la trampa que le tiende el futuro, que ofrece probabilidades y cálculos sobre lo que podríamos llegar a ser. O cae en las trampas del pasado, que muy ingenioso nos conduce al lamento de las acciones que acarrearon errores que ya no podemos enmendar y que solo nos recuerdan cómo esos enigmas en los que se resguarda ese supuesto "propósito" no fueron desmantelados. Es ahí donde, muchas veces, perdemos el rumbo o nos alejamos de aquello que espera por nosotros. Tal vez es la templanza de soltarse simplemente a andar, el situarse en el presente y el seguir avanzando sin tanto protocolo, lo que nos da alguna que otra respuesta. Solo son unos escasos puntos los que resultan infaltables a la hora de sumergirse en la plena libertad de permitirse ser. La autenticidad es uno de los mayores regalos del cual somos merecedores. Hacerse dueños y llevarla como bandera es el toque personal que hará increíble a cualquier trabajo que llevemos a cabo. La valentía es indispensable. Es, en el acto de contar con la determinación de mantenerse firme frente a situaciones arriesgadas, lo que nos conduce a romper límites. Y es el disfrute la mayor prioridad que debemos tener presente. Uno puede vivir aquí o allá, hacer un poco de esto o un poco de aquello, tener talento o no, ser reconocido o pasar desapercibido, pero si en medio de eso logra encontrarse con la dicha de fluir en perfecta sintonía con sus quehaceres, se topará inevitablemente con su mejor versión. Eso es ganar.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 130
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: María Emilia Rismant.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Raviolo, Laila
(Un) Tiempo fuera / Laila Raviolo. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2022.
126 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-550-8
1. Desarrollo Personal. 2. Superación Personal. I. Título.
CDD 158.1
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.
Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Raviolo, Laila
© 2022. Tinta Libre Ediciones
(Un)
TIEMPO FUERA
Cuando una pausa se hace inevitable, ¿en qué invertís ese tiempo?
Índice
Prólogo 9
Palabras preliminares 11
Introducción
Presente
Capítulo 1
Víspera de espera y pensamientos inquietos 17
Primera parte
Recomendaciones para llevar en la mochila
Capítulo 2
Receta propia 35
Capítulo 3
Dominó 41
Capítulo 4
Algo blanco y negro 49
Capítulo 5
Capa y espada 57
Segunda parte
Inevitablemente, ¿con qué te topás en el camino?
Capítulo 6
Cambios 67
Capítulo 7
El lente de las expectativas 75
Capítulo 8
Diálogos internos 83
Capítulo 9
El miedo: ¿nudo gordiano o ilusión? 89
Capítulo 10
El lado B y su letra chica 95
Tercera parte
Para resurgir, hay que recordar qué te moviliza
Capítulo 11
Soplando brasas 105
Capítulo 12
Estado de flow 111
Capítulo 13
Periplo 117
Prólogo
Cuando supe lo del libro, volví a agradecer. Gracias, muchas gracias, gracias al universo que, otra vez, me regala la dicha de cumplir mis sueños y sugerencias, sugerencias que susurran al oído de la creación, que mis hijos me superen una, otra y otra vez… Sueño cumplido el de escribir un libro, que se materializa de forma indirecta a través de uno de ellos, en este caso, Laila.
Así, repleto del sano orgullo que poco tiene de vanidad, disfruto y espero, al igual que ustedes, desconocidos lectores, por la venida de esta obra maestra de la sinceridad. Una obra contada, en tiempo real, por la “voluntad hecha fuerza” de la protagonista, una adolescente que da pasos de adulta, quien, en su cotidianidad, es una insistente deportista, y ahora también, se viste de literata, un poco más estable y aquietada.
En su escrito regala en prosa un hecho al inicio desafortunado que, con el pasar de los días, aparentemente, logra hacer alquimia y transformar en una acción concreta: (Un)Tiempo fuera. En él, modificó una desagradable experiencia, en una ventana de oportunidades, que hoy y después de ocho meses, se hace libro…
Así es como, cuando el escritor contacta con los mundos superiores, en los que habitan la inspiración, la intuición y la dedicación sostenida, todo fluye perfecto. ¡¡¡A tiempo!!! Y sin contracturas en el músculo “primo”, el CORAZÓN.
Martín, o más precisamente, papá
Palabras preliminares
Aquí les habla quien ha sido, por un largo tiempo, una lectora aficionada y una escritora de cortos relatos para sí misma. Una que ha zigzagueado y explorado entre libros y escritos variados, pero no mucho más que lo justo y esperable. El cavar profundo no estaba anotado en la lista esencial de mis quehaceres.
Esto soy, una simple novata que desea ponerse el traje de una escritora por tiempo indeterminado, con un lápiz y un papel para tomar nota en el trayecto. No tengo un mapa, ni mucho menos flechas que me indiquen hacia dónde debo ir. Es por eso que cuento solo con un combustible en este inicio: el simple deseo de ser coherente con mi exposición.
Recaer en un preámbulo extenso no es la idea, pero ya que decidí emprender este viaje, me encantaría que deseen leerlo hasta el final. Por ello, si bien mantendré mi ego a raya, seré fiel a la autenticidad que me gustaría que se refleje en mis escritos. Considero que estar abierta a trabajar con lo que fluye en el momento, así sean retazos, es lo que hará de esto un gran aprendizaje. Pero inevitablemente me detendré, haré pausas para pensar y, así, obtener algo valioso que plasmar. Y tal vez cambie en el transcurso, puede que me tope con algo que haga tambalear verdades absolutas que creía llevar conmigo.
Mis elecciones, particularmente dirigidas hacia libros de autobiografías e historias de superación, son mi mayor motivación para contarles mi historia, que, por cierto, me ha parecido y tal vez aún me parece un tanto irrelevante y poco seductora. Pero decidí que es hora de dejar de lado el victimismo de ser una humana promedio y tirar a la basura el vicio de resguardarme bajo la espera del momento “perfecto” o bajo la popular excusa de “no tener lo necesario”. Así que solo me dispondré a aventurarme en mi andar. Anhelo viajar liviana y con poco en la mochila, para poder recoger algo de lo que me encuentre en el camino.
He escuchado que suele ser un tanto provechoso escribir un libro, pero como aún no he salido a explorar el mundo de la escritura, no me basaré en dichas afirmaciones populares.
Para que se familiaricen un poco más con el hilo que conducirá mi relato, encuentro acertado comentarles que escogí hacer un recorrido que entrelace mi presente y mi sentir; creo que ahí encontraré el flujo de respuestas más enriquecedoras y cautivantes. Estoy convencida de que iré descubriendo, junto a ustedes, las emociones que me ha generado mi caminar. Tal vez así, al acabar mi relato, puede que logre aproximarme, al menos unos cuantos pasos, a una mejor versión de mí.
Durante la búsqueda de ese acercamiento y autodescubrimiento, intentaré no tropezar con la rebelde indecisión que, agazapada, espera para inundarnos de dudas y desaliento. Probablemente, esta salida de mi zona de confort avive mis debilidades, como la maldita costumbre que tengo de quedarme varada en el error o mi deseo de alcanzar la perfección, pero me comprometo tenazmente a trabajar en ellas, para que este libro sea una guía para mí y tal vez para quien la necesite.
Y no quiero terminar sin antes mencionar un punto fundamental. Sin dudas el factor determinante que me motorizó y alentó aún más a escribir. A quienes les dedico esto enteramente.
A las personas que dejaron huella para siempre en mí. A las que confían y me regalan su confianza. A las que, a pesar de su fugacidad, fueron contundentes con su paso. Aquellas que se mantienen a mi lado, las que le dan brillo y emoción a cada instante. Por las que me siento una persona privilegiada y con quienes quiero compartir cada aventura. Esas que me inspiran día a día. Las que encienden mi llama, mi alma. Las que, cuando creo haber perdido el rumbo, me recuerdan que la simple magia del andar es razón suficiente para querer ir por más. Ellos merecen un lugar privilegiado y una dedicatoria especial.
Gracias, Tomi y Saimon, mis hermanos, los compañeros más maravillosos con los que tengo la dicha de compartir este viaje fugaz que es vivir, reír a la par de ustedes dos es mucho más que una simple fortuna. Gracias, Marcela y Martín, mis papás, mis guías, quienes me han dado alas y me han aconsejado para que, sea cual sea mi circunstancia, sepa que tengo la posibilidad de elegir ser leal a mí misma. Gracias a mis amistades más cercanas, las que comparten mis alegrías y tristezas, las que hacen de mi existencia una aventura de cuentos: han enaltecido el concepto de la amistad. Gracias a los profesionales que me guiaron en esta pausa deportiva, unos distintos entre miles. Y gracias a aquellos que, sin saberlo, me han impulsado de alguna u otra manera a que hoy esté escribiendo este relato.
Dispuesta a concluir con la parte protocolar y la emotividad que intenté establecer, haré una disculpa de antemano. Porque puede que sea ligeramente confusa mi manera de escribir, así que les pido que no abandonen la lectura. Intentaré ser lo más clara posible. Aunque tengo mis dudas, no sé si algún ser humano realmente lo es.
Y sin más me presento: mi nombre es Laila Raviolo, sin apodos ni seudónimos, tengo 21 años, soy hija de dos seres increíbles, hermana mayor de un par único, amiga de unos pocos –pero extraordinarios–, estudiante, atleta y soñadora incansable. Fan de primera fila de los cielos y de la relatividad que allí se esconde. Ansiosa e impulsiva de oficio. Humana tenaz por naturaleza, que anhela seguir navegando, para nunca dejar de maravillarse al ver cuán emocionante es redescubrirse una y otra vez.
Escribir un libro estaba en mi lista de impostergables. Era algo así como un sueño que se manifestaba al cerrar los ojos cada noche. Hoy se ha dado una oportunidad a la que me es imposible resistirme. El empujoncito final me lo ha dado el valor y el poder que siempre encontré en la palabra y las incidencias que acarrea, y, sobre todo, cuando las acompaña la acción. Así que me dispongo a firmar conmigo misma un pacto implícito, sabiendo que esto no es solo una exposición de mis vivencias, es más bien una guía para actuar en el proceso presente. Y sé que este será mi mayor acto de rebeldía, por lo que considero un momento oportuno para pintarme de audacia. Aquí voy, a capa y espada. Los invito a cada uno de ustedes a acompañarme. Porque por experiencia propia, lo compartido resulta más enriquecedor...
A continuación, les comparto mi “tiempo fuera”.
Introducción
Presente
Capítulo 1
Víspera de espera y pensamientos inquietos
Recuerda que a veces no conseguir lo que quieres es un maravilloso golpe de suerte.
Dalai Lama
21/7
He decido que mi presente sea el punto de partida. Para ser franca, no tengo argumentos contundentes que ratifiquen que esta idea sea la más prometedora para hacer interesante el relato, pero como tengo el control y la autonomía que me permiten decidir el formato y el contenido, a modo de instrucción, me resulta razonable hablarles de cómo mi situación actual me condujo a tomar la decisión de comenzar a escribir lo que aquí les traigo.
Hace unos días, me sucedió algo de lo que me creía exenta. Algo que me aterraba sin siquiera haber estado cerca de vivenciar. Algo a lo que, en realidad, me encuentro expuesta por el simple hecho de practicar un deporte. Algo que mi predisposición y estructura fisiológica ciertamente favorecían. Me rompí el ligamento cruzado anterior de mi rodilla derecha mientras jugaba un partido de básquet. Y no me pregunten cómo, pero lo supe desde el primer instante.
Sin dudas, no es algo de vida o muerte, pero para un deportista puede que se parezca a algo similar, al menos apenas sucede. Por eso, apenas ocurrió, y como me gusta el drama, lo sentí como algo irremediable. Al rato, me calmé. Concluí que no serviría de mucho el apenarme en exceso por mi situación. Y recordé que lo malo también pasa, como todo. Aunque, tal vez, no fue tan malo; más bien, en mi caso, puede que haya sido un golpe de suerte.
Si bien percibí una cierta sensación fuera de lo común, no me alarmé precipitadamente, porque, como dicen, la esperanza es lo último que se pierde y bla bla bla... Me permití ignorar el dolor momentáneamente y pasar por alto esa sensación de un desequilibro puntual y extraño que experimenté durante los testeos posteriores a mi golpe. Y como les dije, la fe y la esperanza me mantuvieron a flote.
Dicen que los recuerdos orgánicos no siempre son fiables y hasta pueden ser engañosos por más recientes que sean, pero creo que esta es la excepción que pone en duda esa regla. Ahora mismo, puedo recrear esa sensación mientras escribo. El miedo retorna. Y la negación, que me ayudaba a luchar contra lo que muy profundamente ya sabía, la siento a mi lado, como si hubiese viajado en el tiempo a ese momento.
20 horas en un colectivo volviendo de Neuquén, con incertidumbre y, a la vez, una seguridad que me revolvía el estómago. Sabía, no me pregunten cómo, que se avecinaba una batalla dura. Pero en ese momento opté por escuchar palabras tranquilizadoras de mis compañeras y amigas, que, con las mejores intenciones, me decían que nada grave le pasaba a mi rodilla.
Horas después del arribo a Buenos Aires, me realicé las pruebas correspondientes para clarificar qué me había sucedido. Recuerdo cómo mi cabeza experimentó un sinfín de emociones incontrolables que solo la noticia acallaría.
Y así fue que, sentada en una silla, esperando a que alguien me pellizque y me diga que solo era una pesadilla, el traumatólogo y el kinesiólogo vinieron con los resultados de la resonancia que tan minuciosamente habían observado. Y sin demasiado protocolo, me informaron que mi ligamento se había cortado completamente. Hasta me atreví a ver yo misma la resonancia. ¡Y SÍ! Observé cómo todo lo demás estaba en su lugar, solo faltaba el maldito ligamento anterior. Sabiendo este detalle, tendría que someterme a una sencilla operación, casi de rutina, que me dejaría nueve meses fuera de la cancha.
Y de repente, la realidad parecía sucederse en cámara lenta. Estaba aturdida y mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Yo solo deseaba que dejaran de hablar, que me dijeran que era una equivocación. Pero sus miradas no mentían y sus palabras lo confirmaban. Experimenté fuertes sensaciones que me recorrían el cuerpo de pies a cabeza. Y me hundí en llanto, me derrumbé. Percibí algo así como un dolor más fuerte que el que puede experimentarse físicamente.
Y justo en ese momento, percibí una voz, más fuerte que todo el bullicio externo. A algunos les gusta llamarla “voz interior”. Para mí es esa que mejor dialoga con el corazón, la que me hace compañía en mi desorientación. Me decía con seguridad: “CONFÍA. Estás preparada, tus convicciones te acompañarán. Puede que hoy sea un golpe duro, pero no dudes de vos, te harás más fuerte con el tiempo”.
Esa voz, que me susurró al enterarme de la noticia, fue quien, en ese instante, también me sugirió dedicar mi tiempo fuera a contarles mi historia. Por ello, deseo que en los días en que todo parezca cuesta arriba, ella sea mi paracaídas y me acompañe hasta finalizar este viaje.
Tengo el presentimiento de que tomar la decisión de dedicar este tiempo para esclarecer algo de todo lo que me remolinea en la cabeza será una emocionante travesía. No veo mejor manera de aprovechar esta pausa en mi rutina que haciendo algo que deseaba desde hace tiempo.
22/7
En estos días, la lentitud predomina, análogamente a la brea que cae de un camión mientras se asfalta una calle cualquiera de un lugar cualquiera. Solo quiero trasladarme siete días al futuro para iniciar mi cuenta regresiva, a ese instante del postoperatorio, en el que abro mis ojos después de horas de anestesia para comenzar a soñar con mi vuelta.
Quiero sacudir las agujas del reloj para que giren a la velocidad de la luz. Pero soy consciente de que el mundo no juega con mis reglas fantasiosas y manipulaciones del tiempo como en las películas. Admito que aún me cuesta aceptarlo. Y no quiero tocar extremos ni dramatizar mis días, pero qué intenso es todo lo que sucede adentro.
No puedo dejar de pensar, me envuelvo en un mar de pensamientos, incansables y repentinos, un fluir sin frenos dentro de mí, que ronda y hace presión en mi pecho. No sé cómo calmarlos. Creo que es ansiedad. Pero ya no quiero pensar tanto, este conflicto interior me deja sin respiración. Me pregunto si es algo que solo está en mí o es algo que le sucede a todo el mundo. Optaré por creer que esto no es más que una vivencia humana muy recurrente en todos.
Aquí me encuentro, mientras el ocio me invade y es lo único que encuentro en mi agenda de quehaceres. Solitaria a pesar de la compañía, sumergida en reflexiones que inevitablemente provocan sutiles variaciones en mis pensamientos.
