Una Mano Fuerte - Catt Ford - E-Book

Una Mano Fuerte E-Book

Catt Ford

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Beschreibung

Nicholas Sayers necesita dinero para la universidad, así que acepta trabajar como el asistente del infame fotógrafo Damian Wolfe. Solo le tomarán fotografías, ¿correcto? Incorrecto. Aunque Nick nunca se preguntó qué clase de hombre es o lo que desea de la vida, trabajar para Damian durante una sesión fotográfica de bondage y sadomasoquismo (BSDM)le abre los ojos a todo tipo de posibilidades sexuales y muchas de ellas incluyen al atractivo Sr. Wolfe. Damian tiene serias dudas de involucrarse con el joven que desconoce por completo el estilo de vida BDSM, pero el enfoque divertido y aventurero de Nick ante las nuevas experiencias es demasiado atrayente como para resistirse. Aunque sabe que podría cometer un error, Damian acepta a Nick en su vida. Coquetear con el control, la sumisión y el dolor excita a Nick más de lo que imaginó posible. Con Damian, Nick aprende a descubrir sus deseos ocultos y descubre que ceder el control no lo hace débil… darle a alguien más el control de su placer sexual simplemente lo incrementa. Cuestión que es similar para Damian. El control lo excita. Así que comienzan a explorar juntos estas experiencias sensuales y ninguno de ellos espera encontrar el amor de esa forma.

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Seitenzahl: 365

Veröffentlichungsjahr: 2012

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Copyright

Publicadopor

Dreamspinner Press

382 NE 191st Street #88329

Miami, FL 33179-3899, USA

http://www.dreamspinnerpress.com/

Esta historia es ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación del autor o usados para la ficción y cualquier semejanza con personas vivas o muertas, negocios, eventos o escenarios, es mera coincidencia.

Una Mano Fuerte

Copyright © 2009 Catt Ford

Traducido por Y.M. García

Diseño de portada Catt Ford

La licencia de este libro pertenece exclusivamente al comprador original. Duplicarlo o reproducirlo por cualquier medio es ilegal y una violación a la ley de Derechos de Autor Internacional. Este eBook no puede ser prestado legalmente o regalado a otros. Ninguna parte de este eBook puede ser compartida o reproducida sin el permiso expreso de la editorial, para solicitar el permiso y resolver cualquier duda, contacta con DreamspinnerPress 382 NE 191st Street #88329, Miami, FL 33179-3899, USAhttp://www.dreamspinnerpress.com/

Publicado en los Estados Unidos de América

Primera Edición

Abril, 2009

Edición eBook en Español: 978-1-61372-868-0

Dedicada a mis más queridos amigos Liriel y

Kennedy, quienes creen en mí, me aman y

están siempre a mi lado.

A Liriel, que me pidió la historia

porque sin su apoyo incondicional,

jamás habría sido escrita.

Y a Kennedy, que me animó

y sostuvo mi mano durante todo el camino,

aunque esto no sea de su preferencia.

Y para E.N. Gracias

Prólogo

Al escuchar un enorme ruido, Damian hizo un gesto de molestia, levantó la mirada y se preguntó por enésima vez qué lo poseyó para contratar a ese torpe, desagradable, irritable, molesto, inmaduro y poco experimentado asistente.

Respiró profundamente para calmar su irritación y alzó la voz para preguntar—: ¿Estás bien, Nicholas?

—Sí—respondió una voz distorsionada. Incluso a distancia, Damian podía notar que el chico estaba irritado y molesto.

—¿Qué ocurrió esta vez? —preguntó.

Ashley trató de contener la risa desde el taburete en el que se encontraba mientras observaba cómo Damian preparaba todo para la sesión fotográfica.

—No se ha roto nada—respondió, con la voz a la defensiva.

—Quiero que todo esté limpio antes de que llegue ahí —le ordenó Damian antes de murmurar—, así me salvarás de sufrir un ataque al corazón.

La respuesta fue indescifrable, pero el tono resentido era claro.

—¿Por qué tengo que aguantar esto? —suspiró Damian.

—¿Por qué lo haces? —preguntó Ashley riendo. Estaba seguro de saber la respuesta, después de todo, el inútil asistente era el hombre más bello que Damian había contratado. Al parecer sus asistentes nunca duraban mucho, pero Ashley estaba seguro de que todos ellos tenían otras “habilidades” además de la fotografía.

—Era el mejor de todos los que se presentaron después de que Derek se marchara—gruñó Damian, enfocando su mirada en la lente de la cámara.

La sesión de hoy era de objetos inanimados, pero Damian había logrado sorprender a Ashley. Actualmente no había mejor fotógrafo en Londres que Damian Wolfe, podía hacer del objeto más simple algo atractivo y exquisito.

Le tomó mucho tiempo e influencia de su amistad que Ashley pudiera convencer a Damian de que fotografiara su catálogo. Damian tenía la nacionalidad americana, y a pesar de que su padre era francés y su madre italiana, él era bastante cosmopolita. Él y sus padres habían vivido por todo el mundo antes que él decidiera, ya siendo adulto,  instalarse en América.

Sin embargo cuando uno de sus trabajos fue tomado por la Corte Suprema de América como un ejemplo de indecencia, siendo más tarde  desestimado al catalogarse como libertad de expresión, se sintió más cómodo trabajando en Europa.

Le gustaba decir que, aunque la Corte Suprema hubiera estado de su lado, los Estados Unidos era un país muy joven para apreciar lo erótico. Preferían los sentimientos a la belleza. Calendarios cursis con pequeñas cabañas cubiertas de hiedras y floreros rebosantes o incluso peor, bebés con disfraces de animales, eran todo lo que algunos americanos se merecían, según Damian.

Fue recibido con los brazos abiertos en Londres, el muy publicitado caso de la Corte lo había convertido en una celebridad instantánea. Aunque odiaba ser tan reconocido, apreciaba el hecho de que atraía la atención de coleccionistas, como era el caso de Ashley.

Trabajaba casi exclusivamente en el área de su interés y creaba bellas representaciones eróticas, podía fotografiar un desnudo con toda la delicadeza de una extraña orquídea y usar el mismo modelo para producir una imagen con un poder sexual gráfico tan intenso que incluso hacía dudar a las mentes de los hombres que jamás consideraron un cuerpo masculino como algo sexualmente atractivo. Cosa que divertía a Damian muchísimo.

Ashley Winthrop era un empresario de juguetes eróticos de alta calidad y un admirador del arte; también era buen conocedor de lo erótico. Había comprado varias piezas del trabajo de Damian Wolfe y gracias a su ingenio había logrado conocer al artista durante una exposición en una galería.

Reconociendo sus intereses mutuos, pronto se hicieron amigos. A Ashley no le apenaba acosar a Damian para que fotografiara varios de sus artículos para la venta y cuando notó los resultados, continuó presionando al artista hasta que este aceptó fotografiar su catálogo entero.

Ashley ya sabía que su catálogo se convertiría en un objeto de colección, pues Damian podía tomar artículos ordinarios como las esposas y crear una escena simple pero elegante. Iluminó el metal, que brilló logrando una seductora promesa que sabía ningún sumiso sería capaz de resistir. Apenas podía esperar para ver lo que Damian haría con el látigo.

Damian caminó hacia adelante ajustando el ángulo de una de las esposas, se colocó un par de guantes de cuero negros para cerciorarse de no dejar huellas dactilares o polvo en la superficie reluciente.

La entrepierna de Ashley se endureció mientras miraba las seguras manos del fotógrafo acariciando el metal. La primera vez que Damian levantó un látigo en la oficina de Ashley y pasó el cuero entrelazado por sus dedos, este reconoció a un compañero dominante. No tenía el deseo de sentir el látigo en su persona, aunque encontraba al fotógrafo extremadamente atractivo, pero deseaba ver a Damian en acción, con un delgado sumiso frente a él, rindiéndose al delicioso castigo que estaba seguro que Damian podría darle.

Damian regresó situándose detrás de la cámara, no obstante, desconocía por completo los pensamientos del otro hombre mientras fotografiaba. Estaba un tanto complacido con el resultado, no estaba seguro de si era lo mejor que podía hacer, pero al menos estaba llegando a ese punto.

—No sé por qué me convenciste para hacer esto —gruñó Damian, moviendo su larga cabellera hacia atrás mientras miraba a través de la lente—. Mi trabajo es por lo menos dos veces más caro que el de un fotógrafo normal y tres veces más lento.

—Cuatro veces más lento y cinco veces más caro  —dijo Ashley emocionado, frotándose las manos—. Lo he planeado todo Ian, pero los costos están de mi lado.

No podía mirar al fotógrafo a la cara, estaba escondido detrás de una cortina de brillante cabello, aunque no estaba seguro de qué era lo que buscaba. Si era honesto, podía admitir que Damian tenía un hermoso cuerpo, amplios hombros, cintura delgada y un delicioso trasero.

Ashley sabía que si lo tuviera en su poder, jamás alejaría sus manos de él y un hombre podía soñar, ¿no? Aunque el encanto de la sumisión de un hombre no sería comprendido por Damian. Ashley se sentía atraído por él. Lo que lo contenía, era el hecho de no saber si terminaría el encuentro con su trasero en el aire, esperando ya fuera el beso del látigo o lo que parecía ser un impresionante pene, si podía guiarse por el bulto de los pantalones de Damian.

—¿Cómo es que esto es algo bueno? —preguntó Damián, exasperado por su lentitud. Sus estándares eran increíblemente eficientes, pero por lo general no tenía a un cliente sobre su hombro. De todas maneras continuó trabajando hasta estar satisfecho.

—No solo las personas que pertenecen a este estilo de vida estarán luchando por ponerle las manos encima a este catálogo, sino que también pagarán para conseguirlo  —dijo Ashley—. Y comprarán. Esas esposas han sido el sello de mi línea durante más de cinco años e incluso ahora la boca se me hace agua con solo verlas. Las compraría justo ahora, si tuviera a alguien con quien usarlas.

Damian se carcajeó.

—Seguramente tienes a alguien esperando por tus… gentiles caricias. —Sus ojos se movieron insolentemente sobre el cuerpo de Ashley.

El hombre con el cabello de color castaño tembló al recibir el intenso escrutinio de un macho alfa, pero la sonrisa que se dibujó en sus labios no cambió. Ashley era lo suficientemente experimentado como para no bajar la guardia.

—No puedo imaginarme que no hayas… ejem… probado estos artículos con detenimiento antes de ofrecérselos a tus clientes.

Ashley sonrió, sus dientes blancos brillaron bajo las luces.

—Sé para qué se usa cada uno, así es.

—Apuesto a que sí. —Damian sonrió y luego volvió a concentrarse en su toma. Era perfectamente consciente de que Ashley era un jugador entusiasta y no un simple comerciante que vendía juguetes. No era que Damian no jugara también, sino que se había cansado de los sumisos demandantes que se portaban mal para ganarse cualquier castigo que desearan. Había decidido que estar sin nadie era mejor que tener la vida medio célibe que había experimentado en estos cinco años desde que vino a vivir a Londres. Era irónico que un hombre con su trabajo viviera así. Una ironía que apreciaba en su totalidad, se había convencido de que era mejor una gratificación pura, que provenía de la estimulación visual que le daban sus modelos.

En ese momento, Nick abrió la puerta haciendo que la luz penetrara justo cuando Damian había presionado el obturador.

—Por la gran puta, Nicholas, ¿acaso no puedes recordar que tienes que llamara la puerta?  —dijo Damian enfurecido sin levantar la mirada.

Nick inmediatamente cerró la puerta, furioso por ser reprendido cuando las luces del estudio estaban encendidas, antes de entrar revisó que así fuera, pero no iba a mencionarlo.

—Solo quería saber si quería su té ahora —preguntó irritado.

Ashley miró con interés cómo los ojos oscuros del chico se movían entre el fotógrafo y las brillantes esposas expuestas como si fuera una pieza de joyería sobre suaves plumas negras.

—Apaga las luces, Nicholas.

Arrastrando los pies, el alto y delgado joven caminó hacia el interruptor y se agachó para presionar el botón. Después de un clic la habitación se tornó oscura. En ese momento la tensión erótica de la habitación resonó en los oídos de Ashley. Todo estaba en silencio, ninguno de ellos se movió en la oscuridad, pero se podía sentir que al menos uno de ellos en verdad lo deseaba.

Después el flash de la cámara de Damian llenó la oscuridad con una serie de suaves sonidos. El fotógrafo hizo varias tomas, o un horquillado,  Ashley recordó que así lo llamaban.

—Muy bien, Nicholas. Las luces —ordenó Damian cortantemente.

Escuchó otro clic y las luces volvieron a encenderse. Ashley continuó mirando en dirección a Nick para evitar ser cegado por las luces, así que estuvo en la posición perfecta para observar la mirada cálida e intensa en los ojos del chico mientras trataba de respirar mirando fijamente a las esposas, antes de que su expresión regresara a la normalidad.

Ashley volvió a mirar a Damian y lo encontró trabajando con su cámara. Finalmente se levantó.

—Creo que eso es todo por hoy  —dijo con un tono de voz lleno de satisfacción.

—Explícame otra vez, ¿por qué estabas fotografiando en la oscuridad? —preguntó Ashley.

—Usé un filtro de estrella —dijo Damian. Sus líneas de expresión se resaltaron mientras sonreía y movía una mano para apartar un mechón de su cara. —Haremos que estas viejas esposas de policía brillen como diamantes. —De repente, pareció notar que Nicholas estaba en cuclillas frente a su mochila—. ¿Por qué estás ahí? —Demandó saber cortantemente.

—Vine a preguntar si quería su té, ¿de acuerdo? —La voz ronca era suave, pero reflejaba claramente la insolencia de Nick.

—Entonces ve a hervirlo, comprarlo o lo que sea que hagas para conseguirlo —dijo Damian perdiendo interés.

—¿Qué le gustaría con su té, Sr…? —Nick le preguntó a Ashley con una pizca de amabilidad.

—Winthrop —respondió Ashley amistosamente, aunque ya iban más de dos veces que le decía su nombre a Nicholas—. Tengo antojo de algo dulce, quizás un Pettit Suisse o una napolitana y ¡cómprame un café grande descafeinado con leche, canela, y crema batida baja en calorías!

Antes de marcharse de la habitación, Nick murmuró—: ¿De verdad cree que eso ayudará?

Damian, que estaba parado con las manos en la cintura mirando las esposas como si fueran un modelo caprichoso que se negara a posar para él, rio al escuchar la respuesta insolente de Nicholas.

—Horrendos pantalones holgados —murmuró Ashley fastidiosamente, mientras miraba a Nicholas partir. Si él fuera el encargado de la ropa del joven, le hubiera puesto algo ajustado y que resaltara su figura, dependiendo de la clase de trasero que tuviera. Parecía estar bien proporcionado, pero esos pantalones eran demasiado engañosos y Ashley conocía bien el tema. El último asistente de Daniel, Derek, era un tanto regordete, y ni siquiera le gustaba jugar.

—¿Qué pasó? —Damian preguntó distraídamente.

—Le pedí a tu chico que me trajera algo dulce —dijo Ashley riendo para sus adentros por las palabras que había utilizado. Efectivamente, Damian entendió su significado y Ashley sonrió. —Parece que no le agradó.

—Eso es porque por lo general no le pido que vaya a comprar pasteles para el té. Espero que haya ido por dinero, y a la pastelería de esta calle — respondió Damian resignado—. Bueno, acompáñame. El joven lerdo seguramente ha puesto la tetera en el fuego sin agua o se le habrá olvidado por completo. Será mejor que vaya a revisar.

Ashley se bajó del taburete, siguió a Damian fuera del estudio hacia el área de la cocina, sus ojos brillaban llenos de curiosidad. Algo estaba cocinándose allí y no era el té, estaba interesado en ver cuál sería el desenlace.

Capítulo 1

Nick subió de dos en dos las escaleras de la estación del metro, esperando no llegar otra vez tarde al trabajo, pero el tren se había retrasado y ahora tenía que correr para llegar a tiempo. Pasó a toda velocidad por la calle, deteniéndose frente al almacén que albergaba el estudio de Damian e intentó recuperar el aliento. Sería malo para su imagen si su jefe se enteraba de que había corrido para no llegar tarde.

Abrió la puerta externa y tomó el ascensor en vez de las escaleras, esperando así poder recuperar el aliento antes de entrar.

—¿Otra vez tarde? —preguntó Damian irónicamente cuando escuchó que alguien abría la puerta. No se molestó en volverse para notar la mirada de culpabilidad que apareció en el rostro de Nicholas.

La voz era tan hosca como siempre y tampoco había arrepentimiento en esos enormes ojos oscuros.

—No por mucho.

—Bueno, eso apenas importa, el modelo no ha llegado todavía —dijo Damian enfurecido.

—¿Qué desea que haga? —preguntó Nick, dejando caer su mochila en la entrada, con la que cualquiera se tropezaría si pasaba por allí.

—Mira si Gabe necesita ayuda después de que muevas esa maldita bolsa —dijo Damian—. Estaré en el estudio.

Nick pateó la mochila para quitarla del camino y se dirigió al camerino, que estaba muy bien equipado para que el maquillador hiciera su trabajo. El hombre era bajo y calvo, estaba vestido con una camisa rosa con volantes, pantalones brillantes y ajustados, y botas de tacón alto  puntiagudas. Estaba sentado en la silla de maquillaje, leyendo una revista y miró a Nicholas con picardía cuando este entró.

Nick sacudió la cabeza.

—De ninguna manera, Gabe. ¿Necesita algo?

—¿Qué te parece una lección de flauta?

Nick lo miró confundido un segundo y luego se sonrojó cuando por fin comprendió el significado del comentario.

—Vete a la mierda, perdedor.

—No tendría que hacerlo si ayudaras a esta chica frente a ti —dijo Gabe riendo mientras el joven se marchaba rápidamente. Disfrutaba molestando a lindos jovencitos heterosexuales.

Después de un par de llamadas a la agencia y treinta minutos más de espera, Damian finalmente salió de su oficina para despedirse del estilista.

—Lo lamento, Gabe. Será mejor que te vayas a casa. El modelo parece haberse perdido o algo así, no vendrá.

—Sabes que de todas maneras me tendrás que pagar, ¿cierto?  —dijo Gabe, guardando las brochas dentro de su bolsa—. Cancelé otra sesión fotográfica por esta.

—Sí, lo sé. Se lo diré al cliente. Te pediremos de nuevo  la próxima vez. —Le prometió Damian.

Gabe asintió y recogió sus cosas. Damian firmó su comprobante y antes de marcharse, el maquillador dijo—: Gracias por comprenderlo, algunas personas en este negocio son…

—Lo sé — interrumpió Damian—. No tienes que decir nada más, no es culpa tuya.

—Nos vemos, amor —dijo Gabe, regresando a su comportamiento habitual.

Damian miró la puerta del estudio cerrarse suavemente después de que el estilista se marchara. Saltó cuando escuchó a Nicholas abrir la puerta del baño y dejar que chocara contra de la pared.

—¡Maldita sea! No tienes que romper la maldita puerta, ¿o sí?

—Lo siento —dijo Nick y se sonrojó hasta la punta del cabello. Dejó caer la mirada y Damian notó lo bello que se veía cuando se sentía avergonzado.

—Ven al estudio. —Ordenó, caminando sin mirar atrás para asegurarse de que Nicholas había cumplido sus instrucciones.

Nick obedeció, siguió al fotógrafo en silencio, esperando con desesperación saber lo que fuera que Damian le iba a decir ahora.

Una mano fuerte tocó su espalda y empujó a Nicholas hacia donde Damian había colocado un telón de lino y lo que parecía ser una barra de ballet.

—Arrodíllate un minuto, ¿sí? Necesito revisar las luces.

Suspirando, Nick se colocó sobre sus rodillas y se cruzó de brazos, mirando con furia a la cámara.

Ignorando la expresión desafiante, Damian le instruyó.

—Date la vuelta. No, por completo. Alejándote de mí, estúpido.

Nick se movió sobre sus rodillas hasta que su espalda estaba en dirección a la cámara.

—Ahora gírate hacia mí, a la izquierda. ¡Tu izquierda! ¡Tu otra izquierda! —Damian suspiró por la frustración que se acumuló desde que Nicholas se giró a la izquierda, alejándose de la luz principal y luego a su posición original. Caminó rápidamente y tomó al chico por los hombros, sacudiéndolo hasta que lo dejó en la posición que quería. —¡Ahí! Es justo donde te quiero. Quédate donde estás y no te muevas.

Corrió de regreso a la cámara y maldijo en voz baja. Se preguntó por qué jamás había notado los pómulos que parecían esculpidos y la elegante mandíbula de su joven asistente. Obviamente Damian había notado sus ojos, era difícil no hacerlo con esas largas pestañas, sin embargo se había fijado únicamente en su nariz, dirigiendo toda la irritación que sentía por su incompetente asistente hacia su nariz. La ligera asimetría robaba la atención de Damian cuando lo miraba, pero la forma en la que las luces acariciaban el rostro del joven hacía resaltar su belleza por primera vez.

—Nicholas  —dijo Damian suavemente en un momento de iluminación—. ¿Cómo he podido estar tan ciego?

—¿Ah? —respondió Nick,  sin atreverse a cambiar de posición.

—El modelo no vino y tengo una idea, un concepto que me está rondando en la cabeza. Quiero hacer la fotografía, necesito hacerla. ―comenzó a explicar Damian.

Nick se giró para mirarlo y asintió. Damian se sorprendió, parecía como si Nicholas comprendiera lo que estaba diciendo, acerca de su necesidad por crear esa imagen de su cabeza ¡y estaba de acuerdo con él! ¿En qué universidad estudió? Como fuera, Damian no podía recordar si alguna vez le preguntó.

—Necesito a un modelo para poder hacerlo. ¿Puedo usarte?

—¿Qué tengo que hacer? —preguntó Nick, por primera vez desde que Damian podía recordarlo, la voz del joven parecía estar interesada.

—Necesito que trabajemos en una pose, será más barato usarte a ti como modelo. Es solo para algunos de los artículos del catálogo de Ashley —dijo Damian, moviendo una mano en dirección a la mesa, donde se encontraban varios látigos y cosas que parecían tener cuerdas.

—Muy, muy bien —dijo Nick en voz baja, mirando a la mesa llena de objetos con una extraña fascinación.

—Bien, levántate y desnúdate —le ordenó Damian—. Necesito trabajar con tu piel.

Sonrió traviesamente, esperando tener que convencer al joven para cuando rehusara, pero se sorprendió cuando sin titubeos, Nicholas comenzó a desnudarse en el set, quitándose la camisa y lanzándola a un lado. Se puso de pie para quitarse las zapatillas deportivas y abrirse la cremallera, solo para notar que Damian lo miraba con atención. Sus manos titubearon.

—¿Estoy haciendo algo mal?

Damian rio.

—No hay nada malo con la forma en la que te desnudas. Especialmente si… —No terminó la idea, pensó que no sería inteligente intercambiar comentarios sexuales con su asistente. Por otro lado, por cómo iban las cosas, Nicholas no trabajaría por mucho tiempo para él. ―Especialmente con un trasero tan ajustado como el tuyo, —continuó hablando, supuso que no habría mucha diferencia si Nicholas salía huyendo del lugar. Sin modelo, no habría tomas, al menos ese día. ―¿Calcetines verdes?

—Oh. Creí que me diría que no tirara mi ropa al suelo —murmuró Nick ignorando el comentario de sus calcetines de color brillante.

—Lánzala donde gustes, excepto en el set —dijo Damian con generosidad, emocionado de tener un modelo obediente con el cual jugar por un par de horas. De esta forma, podría trabajar en la idea antes de que el modelo caro llegara.

Nick continuó desnudándose, se sentía un poco avergonzado, pero Damian ya no lo estaba mirando, así que no tardó mucho tiempo en terminar. Se quedó desnudo, esperando las siguientes instrucciones.

Damian se acercó, lo tomó por el brazo y lo guió hacia el telón.

—Arrodíllate aquí, puse un poco de esponja debajo para que no te duelan las rodillas.

—¿Mirando en dirección contraria a la cámara? —preguntó Nick.

Damian hizo un gesto de molestia.

—Sí, mirando en dirección contraria a la cámara. Justo ahí. —Señaló tratándole de forma insultante.

Nick se dejó caer sobre sus rodillas, agradecido por el suave soporte debajo del telón. Sus rodillas eran huesudas y el suelo de cemento lo había lastimado cuando se arrodilló momentos antes.

Damian se acercó otra vez y cuando Nick escuchó un ruido metálico, volvió a mirar al fotógrafo con ansiedad. Llevaba algo de cuero que parecía ser usado para restringir los movimientos de alguien y las dos piezas estaban unidas por una cadena de plata.

—Dame tus manos —ordenó Damian.

Silenciosamente, Nick levantó las muñecas.

Las esposas de cuero eran largas, casi como un guante, llegaban hasta los codos de Nick. Damian ajustó las distintas hebillas en su brazo derecho y pasó la cadena sobre una barra frente a él. Era bastante alta, casi le llegaba a los hombros a Damian y el joven tuvo que levantar los brazos para que el fotógrafo pudiera colocarle la segunda esposa.

Después de que Damian lo tuvo bien asegurado a la barra, acarició la suave piel color miel del hombro desnudo de Nicholas.

—¿Estás bien?

—Sí.

Damian pensó que la voz de Nicholas parecía un poco agitada, pero estaba tan excitado por su visión artística que no le prestó atención, regresó detrás de la cámara y comenzó a revisar los ángulos y la iluminación.

Reprimió un suspiro, tragó cuando miró el cuerpo delgado de músculos definidos y esbeltos hombros, los glúteos eran redondos y tentadores, los rizos oscuros brillaban bajo la única fuente de luz. Realmente estaba ciego, pensó Damian. Fue una bendición que el insípido modelo rubio que había sido contratado no apareciera. Nicholas era perfecto para eso. Damian disfrutó al ver cómo los músculos de los muslos de Nicholas se estremecían ligeramente, como si luchara por permanecer inmóvil.

Damian revisó su lente e hizo un par de fotografías.

—¿Todo bien? —preguntó.

—Sí, todo bien —dijo Nick, volviendo a mirar sobre su hombro mientras Damian hacía otra fotografía.

—Bien, no vuelvas a hacer eso si no quieres ser reconocido en una fotografía cuando estás desnudo y esposado. Mierda… quédate… quieto. —gruñó Damian.

Nick se dio la vuelta inmediatamente. Su corazón latía tan rápido y fuerte que se sorprendió de que Damian no pudiera escucharlo. Pensar que Damian tuviera una fotografía suya, en donde estaba desnudo y atado a una barra hizo que su pene despertara ¡y ni siquiera era gay! ¿O sí? No, pensó Nick con firmeza,  no lo era y no acabaría siéndolo. Solo ayudaba a su jefe, nada más.

Su corazón disminuyó de ritmo cuando acabó y no volvió a ver el flash de la cámara. Todo permaneció en silencio por un rato tan largo que deseaba darse la vuelta y mirar qué hacía Damian, estaba por hacerlo, cuando sintió algo frío en su pantorrilla.

—¿Qué… qué es eso? —preguntó Nick nerviosamente, estremeciéndose cuando sintió el metal frío alrededor de su tobillo.

Sin responderle, Damian le separó las piernas con su pie. Nick se sentía muy vulnerable y expuesto, su pene comenzó a hincharse pero todavía no estaba erecto, sus testículos colgaban donde Damian podía verlos con facilidad. Mierda, ¡estaba seguro de que el hombre incluso podía ver su ano!

Nick se sobresaltó cuando Damian separó aún más sus piernas y otro grillete fue colocado sobre su tobillo. Cuando unas manos fuertes lo soltaron, Nick trató de juntar las piernas, pero descubrió que le era imposible.

—No te preocupes, es solo un separador  —dijo Damian con un tono de voz complacido—. Excelente. Naciste para usarlo, luces genial.

Sonidos ligeros le hicieron saber a Nick que Damian había vuelto a la cámara otra vez. Le hizo sentir ligeramente más seguro, pero no lo suficiente. Atado de la forma en la que estaba, apenas podía moverse. Nick nunca había sido capaz de complacer a Damian y escuchar la aprobación en la voz de su jefe era… emocionante. Por otro lado, jamás había tenido las piernas separadas y restringidas y eso hacía de esta experiencia algo perturbador. Trataba de calcular si podría lograr mover sus pies con el separador cuando miró el flash de la cámara, prácticamente lo dejó ciego porque no se lo esperaba.

—¡Pudo habérmelo advertido! —Nick gritó con tanto sentimiento que incluso él mismo se sorprendió.

—Lo siento —respondió el hombre distraídamente.

De alguna forma Nick sabía que Damian no recordaría que tendría que advertirle la próxima vez. Se movió incómodamente, usar esos inmovilizadores hacía que se sintiera más desnudo que sin ropa. Se preguntó por cuánto tiempo Damian…

Las luces lo cegaron otra vez, pero no dijo nada.

—Levanta un poco tu trasero. No, en mi dirección. Más. No, demasiado, regresa a donde estabas. Muy bien, un poco más atrás. ¡Ahí! ¡No te muevas!

El flash de la cámara apareció en rápidas sucesiones mientras la cadera de Nick comenzó a punzarle. Esperaba ser capaz de mantener la pose tanto tiempo como Damian quisiera sin que le diera un calambre.

—¿Y esa cicatriz?

—Oh, lo siento —murmuró Nick—. Eh, fue un accidente. Me tuvieron que operar.

—Es hermosa —respondió Damian.

Nick estaba enfurecido, ¿cómo Damian se atrevía a decirle eso? Sabía que era horrible, estaba seguro de que no había sido nada bello conseguirla.

—Ja, que jodidamente gracioso, ja —respondió con sarcasmo.

—Cállate  —dijo Damian en su trance artístico.

Nick obedeció. Sabía que Damian no escucharía lo que tenía que decir. Se le habían dormido los brazos porque la sangre ya no circulaba por ellos.

—Muy bien, estírate un poco. Ahora gira tu cabeza un poco hacia la izquierda. Oh, muy bien, esta vez sí recordaste hacia donde es la izquierda. Quiero que la luz toque un costado de tu pómulo y la línea de tu mandíbula. Justo ahí. Quédate quieto.

Otra vez la sucesión de luces. Pero ahora, Nick ya sabía que tenía que mantener los ojos cerrados, pues Damian no estaba fotografiando su rostro. Cuando la secuencia de luces terminó, haló sus brazos para estirar la espalda y tratar de deshacerse un poco de la tensión que se había acumulado sobre sus hombros.

—¿Podrías dejar de moverte tanto? Solo quédate donde te indiqué hasta que te diga que puedes moverte—Damian lo dijo con irritación, caminó hacia adelante y acomodó a Nicholas en la misma posición—. Haz lo que se te ordena, chico.

—¡Sí señor!  —dijo Nick enfurecido.

—Y deja de hablar o te golpearé —le advirtió Damian.

Nick se quedó inmóvil, exceptuando su pene, que comenzó a elevarse por un constante flujo de sangre. El calor se acumuló en su entrepierna y lo hizo sentirse ansioso, pero no sabía si Damian hablaba en serio con la amenaza. Parecía que en verdad lo haría.

Nick saltó cuando sintió unas cálidas manos reposar sobre sus caderas. Algo tocó su trasero y gritó, a pesar de que no había dolido.

—Quédate quieto ¡maldición!

Mierda, pensó Nick, parece ser que sí habla en serio. Se concentró en mantener su cuerpo exactamente como Damian lo había dejado.

Finalmente la espalda y la cadera comenzaron a enviarle señales de auxilio y Nick tuvo que moverse, dejando escapar un ligero gruñido. Gritó y luego trató de hacerse a un lado cuando una palma golpeó su trasero, enviando ondas de calor por su glúteo izquierdo.

Se giró instintivamente justo para escuchar un clic y ver un flash.

—¿Podrías quedarte quieto ahora o quieres que te golpee otra vez?

La voz de Damian se pudo escuchar justo detrás de él, tenía el cable de la cámara en la mano. Nick permaneció en silencio y volvió a mirar en dirección contraria a la cámara. Podía ver la marca de la mano en su mente, una marca roja resaltada por la piel blanca de su trasero. De repente se sintió bastante avergonzado y humillado al saber que Damian lo había fotografiado de esa forma y se preguntó una vez más por qué había hecho la estupidez de quitarse la ropa y arrodillarse de forma sumisa mientras Damian hacía fotografías. No es que tuviera mucha opción ahora que lo había atado, y escuchar aquellas palabras, había hecho que una onda de excitación recorriera toda su piel.

—Muy bien —susurró Damian, cuando hizo la última toma reaccionó riendo al notar el delgado cuerpo de su asistente, estirado y atado con los músculos resaltando al parecer haber sido forzados a permanecer quietos. Era la imagen de una promesa sensual—. Lo lamento, Nicholas. Me distraje un poco con mi visión ―se disculpó Damian, mientras se acercaba a soltar al joven. Se carcajeó cuando notó la marca que dejó la palma de su mano en el redondo y tentador glúteo. ¿De verdad había hecho eso?

Se arrodilló detrás de Nicholas, acercándose más de lo necesario para poder sentir el ligero aroma a vainilla que emanaba del cuerpo del muchacho, mientras le quitaba los grilletes y el separador.

Nick se estremeció y los vellos de su espalda se erizaron cuando sintió el calor corporal que irradiaba Damian. Por un momento, el hombre se arrodilló detrás de él y Nick se quedó inmóvil, atado y con las piernas abiertas. Si Damian intentara hacerle algo, aprovecharse para conseguir placer, Nick no podría hacer nada para defenderse. Se sentía aterrorizado y a la vez su pene lo traicionó al permanecer erecto.

Damian notó que el chico estaba temblando y con gentileza desató un brazo y se aferró al otro, ya que presintió que Nicholas saldría huyendo con todo y la muñeca atada. Una vez liberó al joven, Nicholas se puso de pie con la gracia de un potrillo y permaneció con la espalda en dirección a Damian. Corrió por su ropa, la levantó del suelo y se dirigió inmediatamente al baño, cerrando la puerta con fuerza.

Damian permaneció donde se encontraba, acariciando los inmovilizadores de cuero con sus dedos, aún estaban cálidos por el cuerpo de Nicholas. Podía oler la excitación en el aire. ¿Entonces el chico se había excitado con todo eso? Hasta ahora, Damian se había enfocado en la escena que tenía en la cabeza y en hacerla realidad, en ningún momento  se había puesto a pensar en las consecuencias de tener a un hermoso hombre joven, desnudo y atado, arrodillado frente a él.

Escuchó la puerta exterior del estudio cerrarse con violencia y sonrió. Probablemente esa sería la última vez que vería a Nicholas, pero maldición, el chico era delicioso. Su pene comenzó a presionarse incómodamente contra la cremallera, así que Damian abrió su pantalón para aliviarlo un poco. Cuando lo sacó, el aire frío tocó su piel y el movimiento de su mano se sintió bien. Cerró los ojos, permaneció arrodillado, justo detrás de donde Nicholas había estado atado y con las piernas abiertas, continuó acariciándose, disfrutando de la belleza que habían creado juntos. Cuando se corrió con un gruñido, eyaculó contra el telón en donde Nicholas se había arrodillado.

Jamás en su vida Nick se había sentido tan agradecido de no haber seguido la moda de sus contemporáneos. Una cosa era ser un pensador independiente e ir contracorriente, pero a veces era mejor usar pantalones holgados que le daban la oportunidad de ocultar una erección.

Podía sentir cómo su endurecido pene se movía al compás de cada paso que daba, su bóxer se frotaba contra la hinchada cabeza de su miembro. Esperaba no correrse en el interior de sus pantalones antes de llegar a su pequeño y sencillo apartamento.

Tomó asiento en el tren, que estaba ligeramente vacío a esa hora. Luego se puso de pie otra vez al notar cómo su erección le abultaba los pantalones. Sería algo que solo un ciego no notaría. Comenzó a estudiar los anuncios sobre las ventanas, deseando que su pene se calmara, aunque no tuvo éxito alguno.

Por lo general tenía muchas erecciones y se masturbaba como mínimo una vez al día, sin embargo ahora estaba tan duro que podría martillar clavos. Cuando llegó a su estación se bajó del tren, cada paso era un verdadero esfuerzo. Por primera vez comenzó a preguntarse si los calzoncillos no eran una mejor opción. Seguramente serían más… restrictivos cuando uno estaba en este estado. Nick gruñó, solo pensar en la palabra “restricción” hizo que su pene saltara otra vez.

No le quedaba otra opción más que apresurarse. Llegó a la puerta de su edificio y corrió por las escaleras. Al menos el esfuerzo hizo que su erección disminuyera un poco. Para cuando abrió la puerta, esperaba que todo estuviera bajo control porque no cedería ante… lo que fuera que era eso.

Entró al pequeño cuarto de baño y se bajó los pantalones. Se paró al lado del inodoro, se giró moviéndose hasta que pudo ver el reflejo de su trasero en el espejo con la marca enrojecida de la palma de una mano.

—Estúpido, idiota, Nicky—se dijo a sí mismo y luego se carcajeó—. ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Estaba pensando?

Pero ahí estaba, la marca roja de un color más pálido. Mientras la miraba, la marca de la palma comenzó a pulsarle, enviando un ritmo latente directo a su entrepierna. Su pene volvió a levantarse, estaba duro y caliente, apuntando al techo. No podía recordar la última vez que estuvo así de duro y lo estaba matando.

Trató de pensar en los senos de su última novia y cuando eso falló, pensó en la novia anterior a esta mientras se masturbaba, frotó la cabeza llena de semen. Jadeó cuando se frotó con más fuerza y agregó un ligero giro a cada movimiento, pero no pudo alcanzar el orgasmo… De repente escuchó el ruido de la palma de Damian cuando chocó contra su trasero y se imaginó como debió lucir el otro hombre cuando lo golpeó, en ese momento comenzó a correrse con un grito, fue más duro y largo que cualquiera de sus experiencias pasadas.

Estaba sobre sus rodillas cuando recuperó la cordura, una mano estaba aferrada al lavabo y la otra alrededor de su flácido pene, tratando de recordar lo que había ocurrido entre él y su jefe.

—Maldita sea —susurró.

Después de que Damian se hubiera limpiado y arreglado, tomó su cámara y la llevó al cuarto oscuro para sacar la película. Usaba su cámara digital en ocasiones, pero prefería su vieja cámara manual de una lente, que le daba mayor control sobre iluminación, fondo y enfoque.

No podía esperar a revelar las imágenes y ver lo que tenía.

Pacientemente mezcló los químicos y se dirigió al revelador, para mayor velocidad introdujo la película en el carrete y esperó del otro lado para ver el resultado. Cuando los negativos aparecieron, se acercó y olfateó el horrendo aroma de los químicos. Levantó un lado para mirarlo contra la luz roja y comenzó a sonreír.

Una vez la película entera había terminado, la sacó a la caja de luz, aunque aún estaba húmeda. Incluso sin una lupa, podía saber que esta era la pose perfecta para los separadores, con el beneficio extra de las esposas. Ashley estaría emocionado.

Las líneas de sumisión en el cuerpo atado aunado a la innegable elegancia de las curvas y planicies de su cuerpo hacía de Nicholas el modelo perfecto para este trabajo.

Excepto por el hecho de que Nicholas no era un modelo. De hecho, lo más seguro era que el joven no volviera. Damian sonrió reaciamente mientras revisaba el resto de sus fotografías. Hizo una pausa, impresionado mirando la fotografía que hizo cuando golpeó a Nicholas.

Se lamió los labios y la miró. Era deliciosa. La cámara había captado el momento en que Nicholas miró sobre su hombro, sus labios estaban abiertos por la sorpresa al igual que sus ojos, mostró temor, estaba anonadado y a la vez excitado, cosa que Damian estaba seguro que el joven hubiera preferido ocultar.

La forma en la que su cuerpo posaba, mostraba un pezón oscuro, enorme y apetecible que rogaba por ser pellizcado. Nicholas había logrado girar su cuerpo lo suficiente como para que su pene fuera ligeramente iluminado y su sombra se reflejaba sobre el telón, con la verga dura y erecta, hambrienta por atención.

La mano de Damian acarició el bulto en sus pantalones cuando notó la marca de su mano en el trasero de Nicholas, era como una marca de dominación, la piel enrojecida contrastaba contra la pálida curvatura de su piel.

—Imprimiré una copia de esta —murmuró Damian. Sin importar qué, esa imagen sería una parte prominente y permanente de su colección privada, que jamás le mostraba al mundo.

Alcanzó su pene y se acarició hasta tener otro orgasmo, su mirada estaba enfocada en la mejor toma que había hecho, cerró los ojos mientras el éxtasis recorría su cuerpo.

Nick se despertó asustado. La alarma no se había activado pero él sí. Sonrió reaciamente. Después de masturbarse en el baño, se había sentado a estudiar, solo para que su mente se distrajera cada dos segundos.

Ahora estaba recostado sobre un charco de su propio semen y su pene aún estaba medio endurecido.

—Amigo  —dijo Nick en voz alta—. Tendrás que dejar de pensar en eso.

Contrariamente empezó a pensar más en eso, su estómago comenzó a cosquillearle con la emoción que sentía al pensar en todo lo que ocurrió esa tarde, escena por escena. Pensó que sabía lo que hacía cuando se quitó la ropa. Era un estudiante de arte y había modelado antes, además, había visto muchas veces a Damian trabajar y el hombre jamás había puesto una mano encima a sus modelos.

Debió haber sido algo que él hizo, pensó miserablemente. Algo que no sabía acerca de sí mismo pero que Damian pudo notar y que lo hizo atarlo. No, no solo atarlo, colocó esos inmovilizadores en las muñecas y lo estiró para atraparlo en la barra. Y luego los separadores. El frío metal había contrastado con la calidez de los dedos de Damian, a pesar de que apenas había rozado su piel mientras ató a Nick con ellos.

Se colocó sobre sus rodillas. Sin darse cuenta, la mano izquierda de Nick estaba masajeando sus testículos mientras con la derecha acariciaba su pene. Pensó en las manos de Damian sobre su cuerpo, acariciando su brazo con gentileza y finalmente esa mano fuerte castigándolo con un golpe en el trasero.

Nick gritó cuando se corrió una vez más, arqueó la espalda de manera que su dolorido trasero estuviera elevado, ofreciéndoselo al hombre que estaba parado detrás de él.

Capítulo 2

Ashley se sentía impaciente.

—¿Qué? ¿Ese hijo de perra no llegó?

—No y al parecer su agencia no puede localizarlo. Tendremos que buscar a otro modelo —dijo Damian.

Se sentía un poco distraído. Nicholas tampoco había llegado y él había pasado la noche en vela. Cada vez que trataba de quedarse dormido, inconscientemente encendía la luz y miraba la fotografía que había hecho de Nicholas, que lo miraba con sorpresa.

Se dijo a sí mismo que quemaría los negativos. Después de todo, el joven no había acordado hacer eso, por lo que no estaba bien conservarlas. Definitivamente las quemaría.

Pero todavía no.

—¿Qué te gustaría entonces? ¿Un rubio o alguien de cabello oscuro? —preguntó Ashley mirando varias fotografías de modelos—. Tendremos que conocerlos a todos en persona, ¿no?

—Por supuesto. No puedes conocerlos por completo por su perfil. Diablos, incluso mienten con sus medidas —dijo Damian.

—¿Los perfiles incluyen sus medidas? —Ashley preguntó con emoción y comenzó a leer uno de ellos.

—Altura y peso, Ash, no la longitud —dijo Damian sonriendo.

Se giró al escuchar la puerta crujir. Nicholas estaba parado ahí, colocando su mochila correctamente en una esquina, lejos del camino.

—Hola Damian, Sr. Winthrop. ¿Desean café? —murmuró, mirando al piso. No se atrevía a mirar a Damian a la cara por temor a que el hombre mayor se burlara de él. O peor aún, que notara con solo verlo que había pasado la noche entera masturbándose y pensando en él… y aún más humillante, imaginándose que él le hacía cosas.

—Sí por favor, ve abajo y compra tres cafés y tartas —dijo Damian felizmente mientras le entregaba el dinero.

—Café con leche para mí —agregó Ashley—. Grande, con canela…

—Lo recuerdo, Sr. Winthrop. Grande, con canela, descafeinado y crema batida baja en grasa. —Nick tomó el billete, tuvo cuidado de no tocar los dedos de Damian y se desvaneció para conseguir el café que su jefe deseaba.

Ashley miró a Nicholas con incredulidad y luego a Damian, que sonreía estúpidamente mientras miraba a su asistente.

—¿Qué hiciste para que se comportara?

—Oh, solo le azoté el trasero —dijo Damian.

Ashley se carcajeó.

—Si tan solo fuera verdad, pero en este tiempo con las demandas, los jefes ya no podemos hacer eso. Es una lástima. Muchos chicos mejorarían si tuvieran una mano fuerte que los controlara. Bueno, sea lo que sea que le hayas hecho, ha funcionado.

Damian se rio, preguntándose qué diría Ashley si supiera lo que en realidad pasó.

—Cabello oscuro  —dijo.

—¿Qué, qué? Ah, el modelo. Sí, comparto tu opinión, excepto por los artículos de cuero negro, lucen mejor con un rubio  —dijo Ashley, agachando la cabeza para estudiar los perfiles otra vez.

—Estaba pensando en usar a Nicholas para algunas de las fotografías —dijo Damian casualmente.

El tono de voz distraído alertó a Ashley de que algo estaba ocurriendo. Decidió molestar a Damian.

—No lo sé, mi querido Damian, no puedes tomar a un inocente para que haga estas cosas  —dijo, acariciando su barbilla—.Sería una gran sorpresa para él. Estaría impactado.

Damian sonrió, recordando lo fácilmente que Nicholas se había desnudado para él.

—No estaba pensando en usarlo para las fotografías más fuertes. Solo pensé que se vería bien vestido de cuero.

Ashley lo consideró.

—Muy bien. Es un chico lindo, aunque irritante. Le preguntaremos. ¿Le ofreces el salario mínimo para un modelo?

—Sí, le va bien. Por supuesto necesitaré hacer unas fotografías de prueba.

 —Por supuesto. —Ashley aceptó, sus labios no pudieron ocultar la sonrisa.