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En Chile y Latinoamérica, donde muchas veces la imagen del empresario se ve ensombrecida por estereotipos de explotación y corrupción. Una mirada distinta, del autor Bernardo Álamos, nos ofrece otra perspectiva, que enriquece la visión sobre los hombres y mujeres de negocios. El libro es un retrato íntimo de trece empresarios chilenos, con sus luchas, sus triunfos, sus fracasos y sus momentos de gloria. Desde la pasión que los impulsa hasta los desafíos éticos que enfrentan, cada relato ofrece una ventana hacia la complejidad de la experiencia del empresario; testimonios sinceros y reveladores que buscan mostrar el lado humano de quienes son parte importante de la economía del país. Aquí no encontramos estereotipos vacíos, sino personas reales con historias reales que nos demuestran que el éxito no es simplemente una cuestión de ganancias y pérdidas, sino también de valores, integridad y empatía.Los protagonistas de este libro son Rodolfo Medel Vergara (Empresa FlamaMed Chile), Stephan Jarpa Cuadra (Agencia InHouse), Bruno Concha Cornejo (Recíbelo),Winston Muñoz Videla (Recíbelo), Bernado Álamos (Empresas DellOrto), José Luis Fernández Urcelay (Centro de estudios del deporte), Deborah Zoellner Moses (Zella/Zentec), Roberto Nappe Goldammer (Peumalab), José Manuel Leal Ketterer (Euromob), Anita Marambio Reynes (Workmate). El libro es un retrato íntimo de trece empresarios chilenos, con sus luchas, sus triunfos, sus fracasos y sus momentos de gloria. Desde la pasión que los impulsa hasta los desafíos éticos que enfrentan.
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Seitenzahl: 201
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Una mirada distinta
Bernardo Álamos
1ª edición - Santiago: Editorial xxx, mayo 2024
ISBN: 978-956-418-131-8
ISBN DIGITAL: 978-956-6230-19-9
© Bernardo Álamos, 2024
© Editorial Celada
Presidente Riesco 2979, oficina 510, Las Condes, Santiago, Chile
Diseño: Ian Campbell
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
A mi anciana madre, hoy de 103 años.
Mamá 24/7, 365 días al año, hasta que tuvo conciencia.
Vete al cielo, madre, no te sujetes más a este mundo.
Hiciste mucho más de lo que debías, parte en paz.
Índice
Prólogo
Capítulo IEl motivo de este libro
Capítulo IILos entrevistados
Capítulo IIIRodolfo Medel VergaraEmpresa FlamaMed Chile
Capítulo IVStephan Jarpa CuadraAgencia InHouse
Capítulo VBruno Concha CornejoRecíbelo
Capítulo VIWinston Muñoz VidelaRecíbelo
Capítulo VIIDel autor
Capítulo VIIIJosé Luis Fernández UrcelayCedep (Centro de estudios del deporte)
Capítulo IXDeborah Zoellner MosesZella/Zentec
Capítulo XRoberto Nappe GoldammerPeumalab
Capítulo XIJosé Manuel Leal KettererEuromob
Capítulo XIIAnita Marambio ReynesWorkmate
Capítulo XIIIArmando Bravo MoralesEspacio Tuesta
Capítulo XIVCristian Tala ManríquezEmpresas CTM
Capítulo XVMarcela Varas CataldoMagnolia y Concat
Capítulo XVIAlgunas lecciones
Capítulo XVIIEl orgullo de ser empresario
Epílogo
Prólogo
Es la primera vez que escribo y publico algo diferente a una novela. Me ha sido difícil este nuevo formato; aquí no puedo volar con mi imaginación más allá de lo expresado por el entrevistado. Es cierto, puedo agregar mis impresiones personales, pero el objetivo de este libro es distinto a cuando relato una historia de ficción. Lo que busco aquí es mostrar una perspectiva diferente del empresario chileno para develar la dimensión humana del mundo empresarial; una realidad que no se conoce lo suficiente. Eso ha hecho de este trabajo algo nuevo para mí.
Las profundas conversaciones que tuve con estos doce empresarios y empresarias, a mis 68 años de edad, me ayudaron a observar también las partes de mí que se habían desarticulado como costo de las batallas que me tocó librar en el ámbito empresarial. Recorrí los caminos de estos líderes, a través de sus sentidos testimonios, y volví mis propios pasos atrás para comprender mejor algunos aciertos y errores. Puse mi historia en perspectiva y reconstruí mi relato. Lo cierto es que pude haber hecho mejor las cosas, pero también mucho peor.
Hoy, mi pasado es recuerdo y experiencia. Mi futuro se construirá con lo que haga en el presente. Aun cuando alcance la longevidad y esté cerca del fin, siempre habrá un futuro de días, semanas o meses. De todas formas, aunque sea un solo día, puede ser suficiente para buscar esa perfección que, siendo imposible, estamos obligados a anhelar para nuestra evolución.
Por ahora, mi presente inmediato es publicar este libro.
Los empresarios son personas especiales. Son mar y tierra al mismo tiempo. Ese mar ruge con bravura e intenta conquistar la tierra, golpeando una y otra vez las rocas con la ambición de ganar terreno. Algunas veces esa ambición es mal entendida y como un tsunami se sale del cauce, conquistando superficie de mala manera, provocando dolor, desilusión y desconfianza en la gente. En esos casos, lo alcanzado finalmente retrocede por el imperio de la ley, teniendo que pagar el precio del tremendo daño a tantos. Pero otras veces, ese mismo mar se nos muestra apacible e invita a navegar de manera generosa en sus aguas, recorrer distancias y alcanzar nuevos puertos y nuevos horizontes. El mar nos lleva a embarcarnos, a descubrir el océano, a avanzar hacia el progreso, a aventurarse hacia lo desconocido. Nos invita a conocer otros pueblos, a comerciar con ellos, a intercambiar culturas, para que nosotros, los humanos, nos integremos y alcancemos una mejor vida.
Pienso que los buenos empresarios son como Quijotes. Recuerdo haber leído a Cervantes a mis 15 años; su obra maestra me impactó. La canción del musical El hombre de la Mancha dice mucho relacionado con los empresarios. Es interesante repasar parte de su letra:
Con fe lo imposible soñar.
Al mal combatir sin temor.
Triunfar sobre el miedo invisible.
En pie soportar el dolor.
Muchos empresarios encarnan los valores de fe que tiene el Quijote para cumplir sus sueños. La corrección para desterrar el mal, el coraje para vencer el miedo, la valentía para soportar la incomprensión y el dolor.
A lo largo de la historia moderna, hombres y mujeres han puesto en práctica algún sueño imposible. El mundo necesita de esas personas y esas personas necesitan, con reglas claras y justas, poner estos conceptos en movimiento para alcanzar sus objetivos, generar trabajo y desarrollo. Esto es lo que permite el crecimiento en una sociedad en constante movimiento y que demanda nuevos desafíos.
En el estallido social de Chile, en octubre del 2019, el país fue quemado con una violencia inusual. Muchos hombres y mujeres de negocios vieron cómo el esfuerzo de una vida se consumía por las llamas en minutos; así también vimos cómo muchísimos se volvieron a parar para intentarlo una vez más. Esas personas están hechas para pelear. En su ADN la palabra rendirse no existe, son inconscientes de que dicho intento se puede pagar con la vida.
En los testimonios de mis entrevistados se muestran algunas características empresariales. Ciertamente no están todas, eso sería imposible. Los empresarios son seres humanos, como todos, y cada uno de ellos en sí es un misterio sin fin. En efecto, los atributos que requieren las personas para cumplir con el objetivo empresarial no se pueden listar, no es como un libro de recetas. La vida no funciona de esa manera, es mucho más compleja. Muy pocos han logrado comprender su concepto integral; más pocos aún han descifrado una porción de este misterio.
Nosotros pasaremos, pero la humanidad seguirá caminando eternamente en busca de alcanzar la perfección. Los empresarios son parte de este proceso, pues van en la misma barca, que sale de un puerto terrestre para navegar sobre el mar y llegar a otro destino, una y otra vez. Luchan contra los avatares de la naturaleza, como pueden ser los cambios de la humanidad. Así será hasta el fin de los tiempos.
Sus historias han quedado plasmadas en el papel, al igual que mis reflexiones y pensamientos. Aunque este libro pase al olvido, los testimonios de ellos no pasarán. Por qué no soñar que en el futuro estas historias inspiren a otros cuando sean leídas.
Capítulo IEl motivo de este libro
En el mundo hay varias clases de empresarios, desde los que reciben una empresa por herencia y la hacen crecer, hasta los que la forman por un sueño. Desde los que llegan a ello por el destino de la vida, hasta los que se ven obligados por las circunstancias o necesidades del momento. Los que quieren cambiar las cosas, los filántropos, los que se revelan por las injusticias o los que quieren demostrar que ellos sí pueden. En fin, la lista es larga.
Según la razón de emprender va a depender la actitud y la conducta de los empresarios. Los puramente ambiciosos, con la codicia como razón de ser, hacen cualquier cosa con tal de acumular cada vez más dinero. Otros, en cambio, tienen sueños, una sana ambición o quieren cambiar el mundo, por tanto el dinero, aunque es importante, pasa a ser un medio y no un fin.
Hoy en día, parte de la sociedad tiene una mala opinión del empresariado y de las personas que manejan dichos asuntos. Se ha demonizado el concepto de empresa y empresario, creyendo que estas organizaciones y personas se mueven principalmente por la ambición del dinero y del poder, sin importar los medios a utilizar en pos de cumplir el objetivo. Se piensa, entonces, que ellos son la cara visible de la injusticia salarial, del engaño al mercado y a los consumidores o de la evasión tributaria. En fin, de hacer toda clase de trampas porque su codicia no tiene término. Y es cierto que han existido fraudes, escándalos e ilícitos que justifican parcialmente dicha opinión. Sin embargo, la inmensa mayoría de la gente dedicada a los negocios son leales y derechos.
Lo malo se difunde rápidamente, provocando incredulidad, escándalo, rabia, pena, desolación. Lo bueno, en cambio, pasa desapercibido. Si un árbol importante se cae en un bosque el ruido será estruendoso, pero cuando otros crecen, dan sombra, frutos, belleza y confort, son muy pocos quienes lo notan y menos quienes lo comentan. El mal hace ruido y mucho; el bien es silencioso.
Estas ideas las vengo meditando hace un tiempo. Creo que no es suficiente que existan muchos empresarios que actúen conforme a la ley, preocupados de sus colaboradores, de la relación de sus compañías con la sociedad y su entorno, generando riqueza y cumpliendo con las obligaciones tributarias para que el Estado haga su labor, empareje la cancha y vaya en pos de los que más necesitan. Hace un tiempo mi amigo Javier De Vicente instaló una operación en Estados Unidos. Estando allá se le acercó una señora para saber si era responsable de esa inversión, y al constatarlo lo felicitó por dar trabajo y traer progreso a esa comunidad. En mi opinión, el empresario chileno debe ir en pos de dicha percepción.
Otro de los motivos que me impulsaron a escribir este libro tiene que ver con una experiencia que me marcó. Hace unos años me enteré del momento difícil que atravesaba Hernán De Solminihac Tampier. Hernán es un ingeniero civil de la Universidad Católica, exministro de Estado del primer gobierno de Sebastián Piñera. Al momento de su nombramiento era decano de la Facultad de Ingeniería de la PUC. Además, formó parte del directorio de Codelco. Hoy el hombre tiene 66 años, es presidente del Colegio de Ingenieros y profesor titular de la PUC, entre otras actividades. Sucedió que Javiera De Solminihac, la hija de Hernán y su esposa Alejandra Aranda, cayó sorpresivamente en coma con un embarazo de algunos meses. La criatura que estaba en gestación se perdió y Javiera continúa en coma, hasta el día de hoy.
Mi familia tiene una fundación, “Con María en el Trabajo”, que busca crear espacios de oración en los lugares de trabajo y en recintos de dolor como son las cárceles y los hospitales. Para ello se dona una imagen de la Santísima Virgen con el propósito de que quede por siempre en dichos lugares. Esta circunstancia nos movió a donarle a la familia de De Solminihac Aranda una imagen de la Virgen. Durante el camino de dolor de dicha familia, hasta el día de hoy, se organizan cadenas de oraciones y una misa dominical. Recuerdo que una de ellas la celebró nuestro hijo sacerdote, el Padre Juan Pablo Álamos Zegers, creador de la fundación. Como era lógico, se produjo una cercanía natural con Hernán. Tiempo después, los médicos determinaron que la ciencia nada podía hacer por Javiera. Fue un golpe mortal para Alejandra, la señora de Hernán, que sin más, semanas después, se acostó a dormir un día para nunca despertar.
La tragedia de Hernán dio origen a su libro La vida golpea (a veces) demasiado fuerte. En paralelo, yo avanzaba en una novela sobre el Metaverso, cuando fui invitado al lanzamiento del libro de Hernán. Ese día, el salón de la Casa central de la Universidad Católica estaba a tope, al margen de las autoridades universitarias, su familia, amigos, conocidos y afines. El discurso del autor, que encarnaba en primera persona el relato, fue leído con claridad por él. Se quebró varias veces, pero nunca perdió el control. Al final hubo un cerrado aplauso de la audiencia, como una manera de decirle que no estaba solo, que lo acompañaban en esta etapa dolorosa de su vida y que nos impactaba su fe en Dios.
Entre el público se encontraba también su hermano Patricio, mi “socio en los vidrios”, como suele decirme, y aunque él no era el protagonista ese día, escondía su cabeza entre las piernas todo el tiempo. Sin duda sufría por él y posiblemente rezaba en silencio, ya que Pato no es alguien que demuestre sus sentimientos en público.
En el momento en que Hernán abrazó a sus hijos, varios estaban con los ojos enrojecidos.
Probablemente muchas personas ante estos hechos no querrían saber nada de Dios, estarían furiosos con él y hasta negarían su existencia. Sin embargo, en este caso, es lo opuesto. Esta virtud, en mi opinión, hace de Hernán un tremendo ser humano.
Fue tal mi impresión que decidí no continuar con la novela sobre el Metaverso y sí escribir sobre testimonios de empresarios. Fue una decisión bien meditada. Quién sabe si el tema del Metaverso hubiese sido más atractivo, pero es más importante escuchar al corazón que a la eventual conveniencia. Lo cierto es que estaba hasta la saciedad con la mala opinión sobre nosotros los empresarios, con las burlas por las “clases de ética” y la sinvergüenzura de algunos que nos pone, muchas veces, a todos en el mismo saco. En mi interior, el grito de “¡Hasta cuando!” pedía permiso para ser escuchado. Nadie hacía nada, solo declaraciones de condena, pero mostrar el otro lado, cero. Se estaba perdiendo el orgullo de ser lo que naturalmente son las personas de negocios.
Tenía que escribir y debía hacerlo.
Pensé en contar las historias de empresarios “derechos” a quienes conocía y que tenían cierta figuración pública. Contacté a varias personas y obtuve los primeros sí. Sin embargo, ese no era el camino. No quería nombres demasiado conocidos, quería aquellos hombres y mujeres de negocios más anónimos, aquellos que se levantan a diario con la esperanza de que las cosas mejorarán. Son miles de chilenos y chilenas que hacen con su accionar que el país progrese, cada día, todos los días y toda la vida. Son la “gente de a pie”, luchadores hasta el final. En el mismo sentido, quería empresarios que estuviesen entre “Tongoy y Los Vilos”, un dicho chileno de expresión empresarial para referirse al tamaño mediano de una compañía. Es decir, los líderes de aquellas empresas que, sin ser las más grandes, se les exige como si lo fueran, y que al no pertenecer a las pequeñas, no reciben casi beneficios. Un abandono y vacío parecido al que le ocurre a la clase media en Chile.
El primer desafío con el que me enfrenté fue el de obtener los nombres de estos empresarios desconocidos también para mí. Como la empresa de la cual soy accionista es miembro de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), lo más lógico era que partiera haciendo mis averiguaciones por ahí.
Hay un dato no menor: la presidenta de la CCS es mi sobrina, hija de mi hermana mayor. Hubiera sido para mí muy fácil utilizar ese contacto directo para acceder a los nombres que quisiera, pero mi intención fue desde un principio obtener la información por el mérito del proyecto y no por relación de contacto. Además, siempre me ha gustado entrar por la puerta chica porque creo que las ideas valen por sí mismas.
Sin más, me dirigí un día cualquiera a la CCS, directo a la recepción. Esperé con paciencia que atendieran a una joven y luego a un muchacho que estaba entregando una documentación.
–Buenos días, soy Bernardo Álamos, mi empresa es miembro de la CCS y quiero ver la posibilidad de que me reciba alguien.
Luego de dar toda la información que me pidieron, me derivaron al cuarto piso con Carolina Soto. En alrededor de quince minutos le describí lo que había hecho en el ámbito profesional y le expliqué el proyecto y el alcance del mismo. Tuve suerte, Carolina me escuchó con atención.
–Me encanta la idea. Sin embargo en la Cámara no podemos entregar información de otros socios sin su autorización...
–Comprendo– contesté– ¿Y cómo sigo?
–Déjame ver con las ejecutivas si hay empresarios dispuestos a relatar su historia. Tendremos que llamarlos y te avisaremos.
Le agradecí y le entregué de regalo una de mis novelas. Me buscó en Internet y dio con otros antecedentes de mi faceta de escritor. Carolina leyó lo que la tecnología le entregó. La conversación se alargó un poco más sobre mis publicaciones y la vida de ambos con genuino interés. Consideré que correspondía revelar mi parentesco con la Presidenta de la Cámara, lo cercano que éramos y por supuesto mi orgullo por su desempeño.
–¡Cómo no me dijiste antes! – Expresó Carolina.
–¿Hubiese cambiado algo? – Le respondí
– No, nada, pero es una grata sorpresa. De hecho esta visita inesperada ha sido muy gratificante.
Nos despedimos. A los pocos días recibí una lista de personas que podía entrevistar; la Cámara había hecho la pega. Cuando llamé a las personas estaban al tanto del asunto.
Así empecé.
Ojalá quienes lean Una mirada distinta puedan apreciar el otro lado que descubrí tras estas entrevistas. El lado bueno, desconocido, el correcto, el lado B. Deseo de verdad que mis lectores puedan empatizar con los testimonios de estos trece empresarios y aprender de esas experiencias. También anhelo, desde lo más profundo de mi corazón, cambiar la percepción sobre los empresarios. Si este objetivo se logra con muchas personas sería maravilloso, si es con menos, extraordinario, y con aún menos, fantástico. Incluso si se consigue con una sola persona habrá valido mi esfuerzo. Pensemos que, hace más de veinte siglos, uno solo cambió a la humanidad y separó la historia y el desarrollo de esta en un antes y después.
Se dará cuenta el lector que el objetivo es conocer de primera fuente parte de la vida de estos empresarios y empresarias. Este libro no es una receta o clase de cómo llegar a ser exitoso, sino cómo estas personas enfrentaron los desafíos de la vida. He querido mostrar la otra cara de la moneda representada en personas que no conocía.
Queridos lectores: los invito a aventurarse con este libro, a conocer parte de la vida de estas personas, para que sus testimonios les ayuden a progresar. A mí, al menos, me hizo reflexionar e intentar ser una mejor persona.
Capítulo IILos entrevistados
Desde su nacimiento, las personas vienen con características que le son propias y únicas. Por más que se busque, nunca se encontrará un ser humano igual a otro. Incluso dentro de una misma familia, en el mismo ambiente y con la misma educación, cada integrante es diferente, desde lo físico hasta el carácter, y una vez adultos razonan de manera dispar.
Al interior de cada uno viven aspectos negativos como la soberbia, la envidia, la pereza, la avaricia, desórdenes varios y un sinfín de imperfecciones. En el mismo sentido, hay elementos positivos como el amor, la fe, la humildad, la generosidad, la entrega y la creatividad, entre muchos otros. Ahora bien, a lo largo de la vida, cada ser humano libra una batalla diaria y permanente entre el bien y el mal. Es un error afirmar que alguien es completamente malo o completamente bueno. Las experiencias y lo que vayan encontrando en su caminar marcarán sus comportamientos, de manera que las cosas no son blanco o negro, sino de muchos matices. En nuestra historia, la vida no siempre es justa y el dolor es parte de nuestro caminar. Muchas veces lo que se planifica no resulta y las personas pasan por periodos donde comportarse de manera correcta les es más difícil. La guerra entre lo correcto y lo incorrecto es parte de nuestro andar; un desafío sin pausa.
El porqué algunos llegan a ser mejores que otros, tiene mucho que ver con la voluntad para vencer lo malo y desarrollar lo bueno. Hay gente que nació en “cuna de oro” y terminan sus vidas como esclavos de los vicios, habiendo derrochado las oportunidades y sus talentos. Hay otros que tuvieron un camino cuesta arriba y, sin embargo, al final de su existencia, logran ser recordados como grandes personas.
Surgen, entonces, las preguntas. ¿Por qué algunos ganan y otros pierden? ¿Por qué a veces se pierde ganando y se gana perdiendo? Ganar a la mala, es perder. Nadie puede disfrutar de la victoria con la conciencia intranquila. Perder a la buena es ganar, pues si la actuación fue correcta, se encontrarán las razones de la derrota, obteniendo las causas del error y la experiencia adquirida; será un bien fundamental para enfrentar la siguiente aventura.
Lo cierto es que todos saben distinguir entre hacer el bien o hacer el mal. Podemos engañar a muchos, pero jamás a nuestra conciencia. La conciencia es la campana de alerta interior, que toca sin cesar y cada vez más fuerte cuando las cosas no las llevamos por el camino correcto. Por otra parte, tenemos la capacidad de analizar por qué nos equivocamos. Además, ante cualquier emprendimiento, uno debe preguntarse si lo puedo hacer y si tengo los conocimientos y las habilidades para tener éxito. Por lo tanto, si se actúa conforme a la conciencia, si se aprenden y enmiendan los errores, si me preparo para obtener las habilidades y los conocimientos que me faltan, ciertamente triunfaré.
Las virtudes
Una de las principales virtudes con las que me encontré entre mis entrevistados es la voluntad. Pero la voluntad tiene que ser inteligente. No es posible escalar un monte con las ganas y el firme propósito de hacerlo. Si no me preparo físicamente, si no uso la ropa adecuada y los elementos que se requieren, si no estudio el clima o si no recurro a la asesoría especializada, seguro fracasaré y posiblemente pierda la vida. Si a pesar de haber hecho todo eso no logro el objetivo, probablemente lo podré intentar nuevamente, y con mayor probabilidad de éxito, debido a la experiencia adquirida. Para ser exitoso es fundamental la voluntad “inteligente”.
Así como la voluntad, existen muchas otras características necesarias para ser empresario, varias de ellas las encontré entre mis entrevistados. Creatividad, versatilidad, valentía, empatía, trabajo en equipo, intuición, aventura, disrupción, orden, resiliencia, pasión, negociación, orgullo, amor, lucha, visión y fe, entre tantas otras. Voy a dar ejemplos y explicar su significado según mi experiencia.
Creatividad:Es la capacidad que nos permite desarrollar algo nuevo o mejorar lo que existe. Recuerdo haber leído que para crear son necesarias tres cosas: buscar algo que me moleste, analizar si lo puedo solucionar y confeccionar el producto.
Versatilidad: Es adaptarse con rapidez ante una situación inesperada o crear un producto que haga múltiples funciones. A modo de ejemplo está el caso del típico cortaplumas que utilizan los scouts; cuchillo, destapador, tijera, sacacorchos, todo en una sola herramienta.
Valentía:Se trata de actuar con decisión y firmeza, enfrentando el propio miedo y la duda. Hay muchas clases de valentía. La física; un acto heroico ante una circunstancia inesperada. Por ejemplo, nos encontramos frente a una mujer que es violentada por otro individuo y decidimos intervenir poniendo en riesgo nuestra integridad física. La moral; hacer lo que nos parece correcto, sin medir las consecuencias. Por ejemplo, denunciar una ilegalidad a riesgo de perder nuestra fuente laboral o nuestra posición social. La mental; superar a punta de valor mis trancas. Para lograrlo, una alternativa válida es desnudar mis miedos, a costa de perder la imagen que se tenía de mí.
Empatía: Es poder entender y comprender las actitudes de otras personas. En términos simples, es ponerse en el lugar del otro. Los humanos somos mucho de juzgar, pero ¡cuidado! No se puede analizar la conducta de los otros si no se está en sus zapatos. La gente tiene problemas, hay que entenderlos y esperar que los resuelvan. Supongamos que un colaborador cambia de actitud repentinamente, pues en ese momento enfrenta serias dificultades, tales como un duelo por un ser querido, una enfermedad física personal o familiar, o una depresión. Si el objetivo es recuperar al individuo, el juicio debe ser acorde a las circunstancias. En este sentido, el amor juega un papel fundamental, ya que si comprendo a la persona con amor, la ayudaré a salir del estado en que se encuentra. Compadecerse de alguien no es tener lástima, es introducirse en nuestro propio interior y constatar lo afortunado que somos, por tanto, tenemos una obligación moral de salir al rescate del otro.
