Una sociología de la vida en común - Gabriel Kessler - E-Book

Una sociología de la vida en común E-Book

Gabriel Kessler

0,0

Beschreibung

¿Cómo somos los argentinos? Alrededor de esta pregunta se han dado debates alimentados muchas veces solo con impresiones y sentido común. Este libro viene a replantear parte de esa cuestión con un aporte fundamental: construye una verdadera sociología de nuestros vínculos y ofrece así una imagen inédita de la Argentina.      Sobre la base de una encuesta nacional realizada por primera vez con este nivel de alcance y profundidad, más un ambicioso trabajo de análisis de los autores, estas páginas presentan en detalle nuestras relaciones cotidianas de amistad, pareja, familia, vecindad y compañerismo, sus intercambios y sus conflictos. ¿Qué tan solidarios, amigueros y participativos somos los argentinos? ¿A quiénes pedimos ayuda cuando necesitamos dinero, consejo o cuidado? ¿Es cierto que nos sentimos cómodos con personas distintas a nosotros? ¿Dónde conocemos a nuestras parejas? ¿Acerca de qué cosas discutimos?      Los formidables hallazgos de Una sociología de la vida en común  permiten, además, advertir las transformaciones que en los últimos años vienen dando forma a una sociedad distinta de la que conocimos. 

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 265

Veröffentlichungsjahr: 2025

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Índice

Cubierta

Índice

Portada

Copyright

Introducción

1. Nuestro mundo social más cercano

El entorno cercano: núcleo invisible de nuestra vida social

Con quién nos rodeamos según quiénes somos

Así se construyen nuestras redes personales

Intercambios y afectos

Pequeñas o grandes: ¿de qué depende nuestra red?

La jerarquía personal

Red cerrada, red abierta: ¿conectan nuestros vínculos?

Una tipología de entornos cercanos

Las marcas de la estructura social en lo más cercano

Configuraciones dominantes de nuestra vida relacional

Comparar lo cercano: qué cambia y qué no entre grupos sociales

El índice de isomorfismo. ¿Nos parecemos a quienes queremos?

En resumen. Los argentinos y las personas que los rodean

2. Intercambios cotidianos: lo que damos, lo que esperamos y lo que recibimos

¿Qué esperamos recibir y qué recibimos realmente?

Prestar, cuidar, alojar: una sociología del dar

Reciprocantes, proveedores y beneficiarios: los flujos regulares del dinero

Brindar y recibir: lo que los números dicen de nosotros

Tipología del capital social según las relaciones

Tipología del capital social según lo que circula

El “capital social dorado”: vínculos que abren puertas

En resumen. Los argentinos y sus intercambios de dinero, ayuda y cuidado

3. Parejas y amigos: lo que nos une y lo que nos separa

Estar en pareja: la mitad sí, la mitad no

Parejas sin convivencia: intimidad con fronteras

El lugar del encuentro: cómo y dónde empiezan las parejas

Solterías múltiples: género, clase y decisión

Homogamia y heterogamia: la lógica social del emparejamiento

Homogamia identitaria: entre afinidades y diferencias

Amigos cercanos: un capital afectivo desigual

Los caminos de la amistad: familia, estudio, trabajo, vecindario

¿Con quiénes nos reunimos y con qué frecuencia?

Casas, plazas, bares: el mapa social de las amistades

Verse y hablarse: ¿complemento o reemplazo?

Sociabilidad en la pobreza y soledad en la abundancia

Contactos transnacionales: lo global en lo cotidiano

Vivir solo no es estar solo: perfiles de la vida unipersonal

Diversidad sexual y sociabilidad

Entre la sociabilidad y la satisfacción: explorando el bienestar

Conflictos cotidianos: un análisis de las tensiones interpersonales

¿De quién no seríamos amigo?

En resumen. Los argentinos, sus parejas y sus amigos

4. Más allá de nuestro mundo social más cercano: participación y acción reivindicativa

Afiliaciones institucionales: primeras formas de involucramiento

Clases, edades y géneros del vínculo institucional

Afiliación múltiple: diversidad y desigualdad en la participación institucional

Efectos sociales de la participación: identidad, vínculos y bienestar

Participación sin afiliación: el voluntariado informal

El aporte económico como forma de adhesión

Tipología de la afiliación-participación

Inclusión digital: edad, educación y acceso desigual al mundo conectado

La política desde abajo: perfiles de la acción reivindicativa

Estructura social del reclamo

Análisis multidimensional de la participación

En resumen. Los argentinos y su participación social y política

Conclusión

Mapas de contrastes interregionales

Bibliografía

Créditos

Gabriel Kessler

Juan Ignacio Piovani

UNA SOCIOLOGÍA DE LA VIDA EN COMÚN

Cómo hacemos amigos, armamos pareja, nos ayudamos y manejamos nuestros conflictos en la Argentina

Kessler, Gabriel

Una sociología de la vida en común / Gabriel Kessler; Juan Ignacio Piovani.- 1ª ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2025.

Libro digital, EPUB.- (Sociología y Política)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-801-517-0

1. Sociología. 2. Sociología de la Cultura. 3. Sociología Urbana. I. Piovani, Juan Ignacio II. Título

CDD 392

© 2025, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

<www.sigloxxieditores.com.ar>

Diseño de portada: Martín Ayerbe / <jmayerbe.com>

Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina

Primera edición en formato digital: octubre de 2025

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

ISBN edición digital (ePub): 978-987-801-517-0

Introducción

Este libro ofrece una mirada inédita sobre la Argentina, aunque su objeto de estudio nos involucre a todas y todos: nuestras relaciones cotidianas. Propone abordar la estructura social como un entramado relacional en constante movimiento, hecho de vínculos de amistad, pareja, familia, vecindad, compañerismo y conocimiento ocasional. Son relaciones a través de las cuales damos y recibimos afecto, favores, dinero, cuidados, consejos e información –intercambios que ocurren por fuera del mercado y del Estado–, y que en algunos casos son imprescindibles para sobrevivir, mejorar o no caer. Pero también son vínculos atravesados por conflictos, barreras y, en ocasiones, se entablan en espacios compartidos de participación institucional, redes digitales o protesta en las calles, donde se expresan descontentos, necesidades y apuestas colectivas por el cambio. En rigor, estas páginas abordan temas que forman parte de nuestras vidas y de nuestras conversaciones habituales: las amistades, las parejas, los conflictos interpersonales. Lo hacen, sin embargo, desde una perspectiva novedosa: ofrece una imagen precisa, basada en evidencia, sobre el conjunto de estas relaciones en la sociedad argentina. Y, al hacerlo, desafía muchas de las ideas que solemos tener sobre nuestra sociedad al tiempo que interroga supuestos arraigados en las ciencias sociales.

El libro demuestra que cada persona se sitúa, en algún momento de su vida, en un punto entre dos polos relacionales. Esta posición, sin embargo, no es fija: puede desplazarse a lo largo del ciclo de vida y en función de las condiciones sociales. Uno de estos polos está centrado en la familia y los vecinos, y resulta clave para la subsistencia y el afrontamiento cotidiano. El otro gira en torno a amistades y compañeros/as de trabajo o estudio, y cumple un rol fundamental en el sostenimiento de la posición social o en la posibilidad de movilidad ascendente. Ambos polos funcionan como redes de intercambio afectivo y material –contactos, dinero, bienes, servicios–, aunque en términos generales los intercambios materiales y los encuentros sociales son más frecuentes e intensos en el polo de las amistades.

¿Qué factores inciden en la ubicación de las personas en uno u otro polo? En líneas generales, cuanto mejor es nuestra posición económica, más probable es que nos acerquemos al segundo polo, el de las amistades, y nos alejemos del familiar y vecinal. Sin embargo, este patrón se combina con otras variables. El género es una de las más relevantes: los varones tienden a vincularse más en el polo de las amistades, mientras que las mujeres se inclinan hacia el polo familiar, sobre todo en etapas como la maternidad o la vejez. La edad también tiene un peso importante: con el paso del tiempo, la mayoría de las personas tienden a quedar más solas y a depender más del círculo familiar. No obstante, quienes se encuentran en buena situación económica, y en especial si poseen estudios universitarios, tienen mayores posibilidades de sostener una red amplia y diversa; en contrapartida, quienes se encuentran en una situación más carente tienden a mantener solo redes comunitarias y en todas las edades. Además, el tamaño de la localidad también influye: cuanto más pequeño es el lugar en que residimos, más predominan los vínculos familiares y menos frecuentes son los encuentros sociales; sin embargo, son las ciudades medianas las que ofrecen mayores beneficios relacionales de tipo instrumental. Por último, cuanto más alto es el nivel socioeconómico, más crece la participación institucional y la propensión a realizar demandas o acciones reivindicativas –una tendencia que desafía ciertos supuestos comunes en la investigación social, que suele asociar las acciones reivindicativas sobre todo con sectores populares–. En este horizonte, la buena noticia es que, salvo un grupo significativo de personas excluidas, la mayoría de quienes viven en nuestro país cuentan con otras y otros para afrontar tanto los desafíos cotidianos como los más complejos. La mala noticia es que ese mismo entramado relacional reproduce las desigualdades sociales, posiblemente más que en un pasado no tan lejano, cuando los títulos educativos eran suficientes para ascender socialmente.

Este libro es el resultado de una investigación a gran escala realizada en el marco del Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (Pisac), impulsado por el Consejo de Decanas y Decanos de Facultades de Ciencias Sociales y Humanas (Codesoc): la Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales (ENRS). Desde 2012, el Pisac ha desarrollado encuestas de alcance nacional orientadas a captar la heterogeneidad de la sociedad argentina contemporánea desde diversas perspectivas. En esta misma editorial se ha publicado en 2018 La Argentina en el siglo XXI, compilado por Juan I. Piovani (coautor de este libro) y Agustín Salvia, un libro que se basa en la Encuesta Nacional sobre la Estructura Social (ENES). Gracias a su cobertura territorial, tanto la ENES como la ENRS permiten observar la diversidad social del país urbano, pues pudieron llegar a localidades de menor tamaño sobre las que casi no ha habido investigaciones sociales. Uno de los rasgos distintivos de la encuesta que da origen a este libro es la originalidad de los temas que aborda. A diferencia de la mayoría de los estudios estructurales en la Argentina –centrados en la estratificación, las condiciones de vida, la movilidad social o los mercados de trabajo–, la ENRS se focaliza en las relaciones sociales. Si bien hay valiosos antecedentes en el estudio empírico de las relaciones sociales y del capital social, como los trabajos de Kessler y Espinoza (2007), De Grande (2015), Boniolo, Dalle y Elbert (2020), o Sautu, Boniolo, Dalle y Elbert (2023), entre otros, ellos han tenido un alcance territorial y temático más limitado.

El trabajo de campo de la ENRS concluyó en marzo de 2020. En este libro se presentan tanto datos muestrales directamente relevados por la encuesta, como estimaciones para el total de la población argentina elaboradas a partir de proyecciones demográficas actualizadas. De este modo, ofrece una base robusta para dar cuenta de estructuras y dinámicas sociales de largo aliento, y llena así un vacío en las ciencias sociales argentinas: allí donde existen investigaciones previas, nuestro estudio confirma o cuestiona tendencias ya observadas, las amplía a nivel nacional y las enriquece incorporando nuevas variables. Además, ofrece hallazgos inéditos y desarrolla tipologías, índices y escalas originales, construidas a partir de una base de datos particularmente rica en perfiles sociales diversos.

¿Cómo se hizo la investigación?

La ENRS estuvo orientada a personas de 18 años o más, residentes en viviendas particulares ubicadas en localidades de a partir de 2000 habitantes, en todo el territorio argentino. Para asegurar una adecuada representatividad territorial, se definieron siete dominios de estimación: Gran Buenos Aires (GBA: Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 24 partidos del conurbano bonaerense); Noreste (NEA: Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones); Noroeste (NOA: Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja); Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis); Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos); Pampeana (el resto de la provincia de Buenos Aires y La Pampa); y Patagonia (Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego). Se diseñó una muestra probabilística de 4480 casos, distribuidos en 184 radios censales pertenecientes a 93 localidades agrupadas en 57 aglomerados urbanos. La selección se realizó en tres etapas: en primer lugar, se establecieron los radios censales, luego de estratificarlos según región/provincia, tamaño poblacional del aglomerado y departamento; en segundo, lugar se eligieron viviendas particulares en terreno; y finalmente, una persona de 18 años o más por hogar.

El cuestionario estuvo compuesto por siete módulos: datos sociodemográficos; red relacional; capital social; sociabilidad; autoidentificación y barreras sociales; relaciones sociales conflictivas; y participación social. Su diseño fue el resultado de un proceso colaborativo que incluyó el relevamiento de investigaciones internacionales sobre el tema, consultas con expertos/as, trabajo cualitativo exploratorio para definir dimensiones claves y una prueba piloto de la encuesta. El análisis de los datos combinó técnicas estadísticas de distintos niveles de complejidad y se construyeron variables sintéticas, índices, escalas y tipologías originales que se explican en detalle en los capítulos correspondientes.

En las páginas de este trabajo se presentan resultados generales para el total del país, así como desagregaciones por variables estructurales como sexo, edad, nivel educativo, clase social, tamaño de la localidad y región de residencia. Las localidades fueron clasificadas en cuatro grupos según su tamaño: pequeñas (2000 a 19.999 habitantes), mediano-pequeñas (20.000 a 99.999), mediano-grandes (100.000 a 499.999) y grandes (500.000 o más). En el caso del GBA, se distinguieron los datos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y de los 24 partidos del Gran Buenos Aires, a los que en el texto nos referimos como GBA, a pesar de que su definición técnica incluye también a la CABA. En cambio, cuando presentamos datos agregados para ambos dominios, y a fines de diferenciarlos, utilizamos la categoría AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires). Por otro lado, cuando el tamaño de las submuestras no permitía generalizaciones confiables, reagrupamos los dominios de la siguiente manera: regiones Norte (NEA y NOA), Centro-Cuyo y Sur (Pampeana y Patagonia).[1]

Del individuo a la sociedad

A lo largo de este libro proponemos un recorrido paulatino que parte del individuo y se expande progresivamente hacia niveles más amplios de relaciones sociales: cada uno de los cuatro temas que abordamos representa un escalón en esa gradación creciente. Comenzamos en el primer capítulo por el entorno más próximo de cada persona, compuesto por quienes la rodean cotidianamente pero no comparten el hogar. Luego, en el segundo, analizamos el capital social, que incluye tanto los vínculos cercanos como otros más distantes, a menudo mediados, que amplían el acceso a recursos y oportunidades. El siguiente nivel –y tercer capítulo– es el de la sociabilidad, que en parte se construye con personas del entorno íntimo o del capital social, pero también incorpora a otros actores, y pone el foco en las formas de encuentro, afinidad y conflicto. Finalmente, en el último capítulo nos detenemos en los vínculos con colectivos más amplios: aquellos que se manifiestan cuando se participa en instituciones, organizaciones o acciones colectivas, muchas veces junto a personas desconocidas pero unidas por objetivos compartidos o por un mismo marco social.

A continuación, presentamos un breve recorrido por cada uno de los cuatro capítulos del libro. El primero, como hemos señalado, se centra en las relaciones no convivientes más significativas de personas que residen en distintas regiones del país. Estas relaciones, tomadas en conjunto, constituyen lo que definimos como “entorno cercano”. Aunque nuestra perspectiva se vincula al análisis de redes sociales egocéntricas, preferimos la expresión “entorno cercano”, porque no todos los vínculos cercanos conforman redes estructuradas ni están necesariamente interconectados entre sí. El punto de partida es el análisis de los actores –a quienes, siguiendo a los estudios sobre el tema, llamamos “egos”– y de sus relaciones más próximas: ¿quiénes forman parte de sus entornos próximos?, ¿qué características tienen?, ¿cómo y dónde se conocieron? Ahora bien, ¿por qué estudiar los entornos cercanos? En contextos donde el individuo gana centralidad, estas relaciones permiten comprender fenómenos sociales intermedios en los que se articulan experiencias individuales, instituciones y estructuras sociales (Molina González, 2005). Diversos estudios han mostrado su importancia para la supervivencia en los sectores populares, para la provisión de cuidados, el acceso al trabajo y a otras oportunidades, así como para el bienestar físico y emocional.

En el capítulo vemos cómo varían estos entornos según el perfil social y demográfico del ego, y mostramos que su composición no es azarosa, sino que responde a patrones asociados al sexo, la edad, la clase social y los cambios a lo largo del ciclo de vida. También analizamos los grados de similitud o diferencia entre egos y contactos (homofilia y heterofilia), y la naturaleza de los vínculos: afectiva, instrumental o mixta, lo que la literatura llama “multipléxica”. El capítulo aporta dos herramientas analíticas originales: una tipología de entornos cercanos y un índice de isomorfismo que permite identificar en qué medida nos parecemos –o diferenciamos– de quienes nos rodean. La tipología se construye combinando el tipo de relación (familiar, amigo, vecino, compañero, etc.) y la modalidad del vínculo (afectivo, instrumental o multipléxico), y habilita una lectura estructural de los entornos cercanos y su desigual distribución en la sociedad argentina.

A partir de allí, el foco se desplaza hacia lo que circula entre estas y otras relaciones: ¿qué se da y qué se recibe?, ¿entre quiénes?, ¿con qué frecuencia y en qué circunstancias? Así, en el segundo capítulo exploramos intercambios concretos –cuidados, consejos, ayuda económica–, que remiten a la noción de capital social, entendido como las redes de relaciones que permiten acceder a diversos recursos –desde apoyo económico y emocional hasta información, herramientas o contactos estratégicos–. Siguiendo a Bourdieu (1980), no concebimos el capital social como una mera cantidad de vínculos, sino como el acceso a recursos valiosos a través de ellos. Esta dimensión no se limita a los vínculos más cercanos: también incluye lazos más débiles o mediados, que amplían el alcance del mundo social de cada individuo. Como veremos, investigar el capital social es clave para comprender los mecanismos que producen y reproducen la desigualdad. Estas redes inciden en el acceso a la educación, el empleo, la salud y la participación política, y también influyen en la calidad de vida y la capacidad para afrontar situaciones difíciles. Distinguimos entre capital social potencial y efectivo, sondeando quiénes brindan y reciben apoyos, de qué tipo, y en qué direcciones se establecen los intercambios. Analizamos si existen patrones diferenciales según género, edad, clase social o región, con el objetivo de articular estas formas de capital con la estructura social. Una constante en nuestra sociedad –y tal vez en muchas otras– es que tendemos a creer que damos más de lo que recibimos, pero los datos recabados indican exactamente lo contrario. También nos detenemos en dos dimensiones específicas: las ayudas económicas regulares y los que llamamos “contactos dorados”, personas con posiciones influyentes en el Estado, las empresas, la política, los sindicatos o los medios, que pueden facilitar el acceso a recursos en momentos claves. Para abordar estas cuestiones, elaboramos una batería de índices y tipologías –de capital potencial y efectivo, de ayuda económica, y de “capital social dorado”– que facilitan una comprensión más profunda y estructurada de este fenómeno en la Argentina contemporánea.

Ahora bien, las relaciones no se agotan en los intercambios instrumentales; otro eje fundamental es la sociabilidad en un sentido más general: ¿con quiénes establecemos lazos afectivos, formamos pareja o cultivamos amistades?, ¿cómo nos vinculamos, con qué frecuencia nos encontramos, a través de qué medios? Aquí también emergen las fronteras de nuestras redes: ¿con quiénes evitamos relacionarnos?, ¿en qué vínculos surgen conflictos y de qué tipo? El tercer capítulo ofrece un análisis amplio de la sociabilidad en la Argentina, que va desde las relaciones de pareja hasta las amistades y los modos de vinculación cotidiana. Comprender cómo nos relacionamos –y con quiénes– es crucial para entender no solo la vida individual sino también la cohesión social. En este capítulo nos preguntamos cómo varían las relaciones de pareja según el tipo de relaciones sexoafectivas, edad, nivel educativo y clase social. Analizamos la formación de vínculos afectivos en relación con la homogamia y la heterogamia –ya sea de estatus o identitaria–, y cómo estas tendencias se manifiestan en distintos grupos sociales y generacionales. También estudiamos las amistades: su estructura, sus diferencias según género, edad o contexto urbano, y las barreras que dificultan la formación de nuevos lazos. En la pareja y también en la amistad, prestamos atención a los conflictos: su frecuencia, intensidad y distribución social. Otro eje del análisis es el impacto de las tecnologías digitales en la transformación de la manera en que nos vinculamos. Por último, examinamos la relación entre sociabilidad y bienestar subjetivo, y para ello desarrollamos una serie de escalas e índices originales que permiten observar la apertura o el cierre social, los niveles de satisfacción vital, y las formas en que las personas se posicionan frente a las diferencias.

El cuarto y último capítulo se centra en la relación de las personas con el contexto general más amplio, con la sociedad, tanto con personas conocidas como con desconocidas, pero con las que coinciden en su interés por temas públicos. Así abordamos la participación social y la acción colectiva entendida como el conjunto de formas en que las personas se involucran en la vida social, política y religiosa. ¿En qué organizaciones participamos –clubes, sindicatos, asociaciones, partidos, instituciones religiosas– y de qué modo lo hacemos?

En ese capítulo examinamos no solo la afiliación institucional formal, sino las modalidades menos institucionalizadas o voluntarias de participación. Indagamos quiénes colaboran económicamente con organizaciones religiosas, políticas o barriales, y si hay diferencias según género, edad, educación o clase. También exploramos las movilizaciones por derechos o demandas sociales, tanto presenciales como digitales. ¿Qué tipo de acciones reivindicativas o contenciosas llevamos adelante, ya sea desde nuestras casas a través de plataformas digitales o en el espacio público? Estas expresiones sirven para analizar cómo se distribuye y disputa el poder en la sociedad. Para ello, desarrollamos diversas herramientas analíticas: una tipología de perfiles de participación, otra de afiliación-participación, y escalas que miden tanto la participación reivindicativa como la digital. A contramano de nuestras intuiciones, encontramos que los más privilegiados participan más y protagonizan más acciones reivindicativas que los menos aventajados.

En conjunto, los resultados que las y los lectores encontrarán en los cuatro capítulos de este libro no solo ofrecen una mirada inédita y detallada sobre la estructura social en la Argentina contemporánea, sino que también iluminan dinámicas fundamentales de la vida cotidiana que suelen pasar desapercibidas en el discurso público y en los análisis estructurales clásicos. Esta mirada contribuye a cuestionar ciertas imágenes ya naturalizadas sobre cómo nos vinculamos, a quiénes damos ayuda y de quiénes la recibimos, y de qué modo; quiénes y cómo participamos o nos aislamos. Al mismo tiempo, el libro intenta contribuir para renovar las herramientas conceptuales y empíricas de las ciencias sociales, dialogando con debates internacionales desde una perspectiva situada. Por último, aporta insumos claves para pensar políticas públicas que enfrenten desafíos tan diversos como la desigualdad, la soledad, el acceso dispar a recursos y el debilitamiento de los lazos comunitarios. Comprender cómo se configuran y circulan nuestras relaciones no es solo una cuestión académica: es una vía para entender mejor qué sostiene –o erosiona– el tejido social sobre el que se construye nuestra vida en común.

Agradecimientos

Todo libro es una empresa colectiva, y este lo fue de manera muy especial. A lo largo de los años que llevó realizar esta investigación, distintas personas e instituciones acompañaron, sostuvieron y enriquecieron este proyecto, que logró llegar a buen puerto a pesar de haber atravesado la pandemia y algunos de los momentos más difíciles que ha vivido la investigación social en la Argentina reciente.

En primer lugar, queremos agradecer profundamente a las instituciones públicas que financiaron y respaldaron este trabajo. El Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (Pisac) no habría sido posible sin el apoyo sostenido del Consejo de Decanas y Decanos de Facultades de Ciencias Sociales y Humana (Codesoc), de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación y del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. El compromiso con la ciencia pública de estas dos últimas instituciones –lamentablemente disueltas en 2023– resultó fundamental en los años en que se desarrolló esta investigación.

También queremos reconocer a las instituciones que nos albergan día a día: el Conicet, la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (Eidaes) de la Universidad Nacional de San Martín, el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) y, de manera muy especial, la Universidad Nacional de La Plata, que fue un sostén económico e institucional decisivo, sobre todo en los momentos más complejos. Parte del financiamiento para el procesamiento de datos provino del premio Georg Forster de la Fundación Alexander von Humboldt, otorgado a Gabriel Kessler. Asimismo, el Instituto de Estudios Latinoamericanos (LAI) de la Freie Universität Berlin brindó un espacio muy propicio para trabajar algunos tramos de este libro, así como la Universidad Autónoma de Barcelona –en el marco del Proyecto Incasi– y Mecila (Maria Sibylla Merian Centre Conviviality-Inequality in Latin America).

El comité científico del Pisac fue clave en distintas etapas de la formulación del proyecto. Ernesto Calvo y Paolo Parra Saiani fueron excelentes asesores en el diseño del cuestionario. En el trabajo con los datos, contamos con el compromiso y la rigurosidad de Juliana Santa María y Lucas Alzugaray. Gonzalo Assusa, por su parte, realizó aportes significativos al capítulo 4.

Queremos expresar un agradecimiento especial a Ramiro Segura y Rafael Rey, quienes leyeron el manuscrito con atención y nos ofrecieron comentarios de gran valor. Un reconocimiento afectuoso también a quienes compartieron con nosotros el proceso de construcción de la encuesta, Augusto Hoszowski, Mariana Luzzi, Silvia Mario y Alejandra Otamendi, y de elaboración de la base de datos, Jésica Plá y Manuel Riveiro; trabajar con todos ellos fue un gran privilegio.

Ser parte, de algún modo, de la familia de Siglo XXI Editores es una verdadera dicha. Agradecemos muy especialmente a la editorial por su respaldo y a nuestra editora, Raquel San Martín, por su acompañamiento generoso y comprometido.

Por último, queremos recordar con cariño y gratitud a dos colegas que participaron en distintos momentos de esta empresa y que hoy ya no están: Nélida Perona y Jorge Vujosevich. Este libro también lleva algo de ellos.

[1] La base de datos y materiales complementarios de esta investigación se encuentran disponibles en el repositorio Memoria Académica, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata (<www.memoria.fahce.unlp.edu.ar>), y en otros repositorios institucionales relacionados con el Consejo de Decanas y Decanos de Facultades de Ciencias Sociales y Humanas (Codesoc).

1. Nuestro mundo social más cercano

En este capítulo analizamos las relaciones personales no convivientes que cada uno considera más próximas y significativas. En primer lugar, nos interesa saber si personas de diferente sexo, edad, clase social, lugar de residencia, etc. –a las que los trabajos de redes denominan “egos”– siguen patrones diferentes a la hora de elegir a sus contactos cercanos. Pero también indagamos sobre los atributos sociodemográficos de estos contactos y, a partir de ello, determinamos en qué se parecen y en qué se diferencian de los egos.

Otros puntos de atención son los ámbitos y lugares en los que los egos conocieron a sus contactos –la familia, el barrio, la escuela, el trabajo, internet, etc.–, quién es el contacto que nombran espontáneamente en primer lugar, así como la cantidad total de contactos cercanos, y si ellos se conocen e interactúan entre sí, más allá de que tal interacción esté mediada o no por los egos.

Pero el análisis no se limita a las características de los egos y de sus contactos considerados de manera individual, sino que abarca también al conjunto o red de contactos como unidad de análisis, a la que llamamos “entorno cercano”. Para ello, hemos elaborado una tipología teniendo en cuenta, por un lado, el tipo de vínculo con el ego –parentesco, amistad, vecindad, etc.– y, por el otro, si los egos definen la relación como puramente afectiva o, en cambio, hay algún tipo de intercambio instrumental.

La tipología pretende servir como una herramienta analítica para abordar la estructura social de los mundos cercanos, basada en el estudio del peso relativo de cada tipo y su distribución en la sociedad argentina, así como su incidencia entre egos de diferentes perfiles. Por último, elaboramos un índice de isomorfismo, que da cuenta del grado de similitud entre los egos y su mundo social más próximo, teniendo en cuenta sus brechas de género, etarias, de nivel educativo y de clase social.

El entorno cercano: núcleo invisible de nuestra vida social

¿Cuáles son las características principales de las redes personales más próximas, que aquí llamamos “entornos cercanos”(EC)? Construimos los EC con la pregunta inicial del cuestionario sobre las 5 principales relaciones de cada persona que no compartían el hogar y que consideraban sus vínculos más importantes. Esta metodología, conocida como generador de nombres, es de uso corriente en los análisis de redes personales egocéntricas (Eagle y Proeschold-Bell, 2015; González Casado y otros, 2025). Por su parte, la limitación de la cantidad de contactos posibles se considera una opción pragmática que facilita la estandarización y la comparabilidad (Maya Jariego, 2018). En nuestro caso, se tomaron 5 personas basándonos en resultados de pruebas piloto y porque este número coincide con el promedio de amigos cercanos según investigaciones internacionales (Dunbar, 2021).

El EC es una estructura relacional básica de una sociedad. En efecto, indagamos por lo que consideramos el núcleo de las redes personales, sin conjeturar de antemano ningún fin u objetivo del vínculo. Es decir, no asumimos que las redes más cercanas eran de capital social, relaciones establecidas con algún fin instrumental y/o expresivo, como tampoco que la proximidad implicaba intimidad y confidencias, como propusieron otros trabajos (McPherson, Smith-Lovin y Brashears, 2006), ni mayor frecuencia de contacto o cercanía emocional, ni cualquier otra conjetura que condicionara la elección de nombres por parte de cada individuo. Luego, de cada uno de los vínculos sondeamos su género, edad, nivel educativo, clase social, parentesco, lugar de residencia y el tipo de intercambio que realizan con el encuestado. Asimismo, le preguntamos dónde se conocieron y por intermedio de quién, la frecuencia de los encuentros, si se conocían con las otras personas de su entorno, entre otras cuestiones.

¿Por qué nos referimos a estas redes personales como EC? El concepto de “red social” define un conjunto delimitado de actores que se encuentran vinculados por una relación o un conjunto de relaciones sociales (Lozares, 1996). Para referirse a las redes egocéntricas se utiliza la noción de “red personal” (Lonkila, 1998; Molina González, 2005), introducida por el antropólogo John A. Barnes hace más de setenta años, y hoy relacionada con el concepto de red de la teoría matemática de grafos. La definición de Barnes (1954) parte de la idea de que cada persona está en contacto con otras personas, y de que este campo social se puede representar como una red de puntos –individuos o grupos–, algunos unidos por líneas que enlazan a quienes interactúan entre sí.

Nuestra atención se centra, desde un enfoque egocéntrico, en las redes personales cercanas. Ellas conforman solo una parte de las redes sociales en sentido amplio y excluyen, en este caso, a los vínculos con grupos, organizaciones e instituciones, o con contactos más distantes (estos vínculos más alejados serán abordados en otros capítulos del libro). Si bien la mayoría de los casos estudiados se ajusta tanto a la noción de red en sentido metafórico, por la semejanza de su representación gráfica con un tejido de mallas, como a la definición analítica de red personal de las ciencias sociales que incluye las relaciones entre los miembros de la red, hay casos de egos que tienen un único contacto cercano, o estructuras vinculares con más de un contacto, pero conectados de manera independiente con el ego, sin conocimiento o interacciones mutuos. Por estas razones, y aunque en ocasiones igualmente empleamos la expresión “redes personales”, preferimos la de EC, que es más abarcadora e incluye por supuesto a las redes personales cercanas en sentido estricto, pero también a las que no se ajustan a sus criterios definicionales.

En rigor, el EC es elegido por cada uno, pero no lo conformamos al azar, sino con quienes conocemos por la familia, el barrio, el trabajo, el estudio, las instituciones que frecuentamos, por intermedio de otras relaciones sociales y por internet. De este modo, conocer las particularidades de los EC de los distintos grupos y categorías sociales contribuye a delinear un mapa más preciso de la estructura social, en la medida en que la red personal próxima gravitará en las oportunidades laborales, información, apoyo emocional, etc. Como afirma Lozares:

La idea central del análisis de redes reside en el supuesto de que lo que la gente siente, piensa y hace tiene su origen y se manifiesta en las pautas de las relaciones situacionales que se dan entre actores oponiéndose así a la idea de que los atributos o las características de los actores individuales están a la base o son causa de las pautas de comportamientos y, por tanto, de la estructura social (Lozares, 1996: 110).

¿Cuáles son los rasgos fundamentales de los EC? Para empezar, corroboramos dos principios básicos de los estudios sobre redes sociales: la homofilia y la multiplexidad