Una vida nueva - Judith Mcwilliams - E-Book

Una vida nueva E-Book

Judith McWilliams

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Beschreibung

Todos los caminos conducían a él. En cuanto el doctor Nick Balfour la vio, quiso rescatar a aquella hermosa e inocente mujer y mantenerla a salvo. Gina Tesserek se encontraba en apuros económicos, por lo que aceptó la oferta de Nick para ser su asistenta temporal. En poco tiempo, Nick se dio cuenta de que su acuerdo sólo había sido una excusa para estar cerca de ella… y ahora no había vuelta atrás. Alto y misterioso, Nick escondía algo de su pasado. Gina lo sabía todo sobre demonios internos, y ahora quería saber algo del amor… y de Nick. Por él estaba dispuesta a correr el riesgo.

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Seitenzahl: 185

Veröffentlichungsjahr: 2016

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Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Núñez de Balboa, 56

28001 Madrid

© 2004 Judith Mcwilliams

© 2016 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Una vida nueva, n.º 5448 - diciembre 2016

Título original: Dr. Charming

Publicada originalmente por Silhouette® Books

Publicada en español en 2004

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial. Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin, Jazmín y logotipo Harlequin son marcas registradas propiedad de Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia. Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited. Todos los derechos están reservados.

I.S.B.N.: 978-84-687-9030-5

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

Portadilla

Créditos

Índice

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Epílogo

Si te ha gustado este libro…

Prólogo

QUÉ diablos estás haciendo?

Gina se preparó para sentir aquel miedo que la invadía cuando enfadaba a su madre. Pero no lo sintió, era como si ya no le importara…

–¡Gina!, ¡te he hecho una pregunta! ¿Por qué no me dijiste que habías vuelto pronto del trabajo? Sabes lo nerviosa que me pone oír cualquier ruido extraño en la casa. Si con veintisiete años no has aprendido a ser un poco considerada no sé cuándo lo serás. Yo no tardaré mucho en morirme y entonces tú podrás hacer lo que se te antoje.

Gina apartó la mirada de la maleta que estaba llenando de ropa y miró fijamente a su madre, sus delicadas facciones. De repente, se fijó en cosas que nunca había visto en ella.

–¿Qué diablos te pasa? –volvió a hablar su madre–. ¿Por qué me miras así? ¿No te habrán echado del trabajo, no? –la voz de Helen se volvió más aguda.

–No me han echado, madre, me he ido yo. Me acabo de despedir.

Gina se acercó al armario lleno de ropa color pastel y de vestidos y faldas de volantes. Aquella ropa no le sentaba bien, le sentaba bien a su madre, que era muy bajita y rubia, pero cuando ella se la ponía parecía una colegiala.

Gina decidió que nunca más volvería a comprar nada que no le gustara y cerró la puerta del armario de un portazo.

–¿Cuántas veces te he dicho que no des portazos? –le preguntó su madre.

–No lo sé –dijo Gina–. Pero ésta será la última vez que me lo tendrás que decir porque me marcho.

–¿Que te marchas? –Helen se puso la mano en el pecho y la miró estupefacta–. Me siento…

Gina la miró incrédula.

–Se te ha pasado el momento, mamá, ya deberías haber interpretado tu personaje.

Gina se giró, abrió el cajón de la ropa interior y vació su contenido en la maleta. Después la cerró.

La madre de Gina la miraba muy sorprendida.

–¿Cómo puedes hablarle a sí a tu propia madre?

–¿Y tú cómo pudiste mentirle a tu propia hija? Tu médico me llamó al trabajo esta mañana y me pidió que pasara a verlo a la hora de comer. Fue una comida muy reveladora –Gina se estremeció al recordar la vergüenza que había pasado–. Me habló de lo mucho que te estaba presionando. Me contó que le habías dicho que cuando tú quisiste buscar trabajo para llenar el hueco que sentías tras la muerte de papá, yo no te lo había permitido –Gina se entristeció al recordar a su padre–. Y también me dijo que tu corazón está perfectamente.

–Probablemente le habrás malinterpretado –replicó su madre–. Sabes que no eres demasiado inteligente.

Gina no prestó atención a aquel insulto que su madre solía repetirle a menudo.

–Y cuando terminé de comer con él empecé a pensar en las muchas otras cosas en las que me habrías mentido, así que fui a ver al abogado que se encarga de administrar las pertenencias de papá.

–¡No tenías ningún derecho a hacer eso!

Los ojos azules de Gina se nublaron durante unos segundos. Estaba furiosa.

–Tengo todo el derecho ya que soy una de las herederas. He averiguado que papá no sólo no te dejó arruinada como tú dices sino que te dejó bastante dinero con el que mantenerte. Y también me dejó a mí el suficiente dinero como para terminar mis estudios.

Cerró la maleta y se dirigió a la puerta.

–¡Pero no puedes abandonarme! ¡Te quiero!

Gina se detuvo y miró a su madre.

–¿Quieres decir que me has estado mintiendo durante todo este tiempo porque me querías?

La madre de Gina no quiso contestar.

–¿Adónde vas? ¿Qué vas a hacer?

–Voy a irme lo más lejos posible de aquí y pretendo empezar a vivir de verdad, porque hasta ahora tan sólo he estado viviendo para ti.

Capítulo 1

GINA frenó con suavidad, giró por una carretera de la región de Massachussets y vio las luces de una pequeña ciudad a lo lejos.

Se intentó estirar un poco, su cuerpo estaba entumecido de tanto tiempo delante del volante y tenía hambre.

Cuando llegó a la ciudad buscó un lugar para comer algo y aparcó.

Sacó el monedero del bolso, salió del coche y lo cerró. Una fresca brisa de otoño acarició sus brazos desnudos y agitó su pelo castaño rojizo. Apartó el pelo de su cara mientras pensaba en volver a abrir el coche y sacar algo de abrigo de la maleta, pero al final decidió no hacerlo ya que no tardaría en regresar al coche.

Se dirigió al restaurante, pero de camino vio un cartel que anunciaba el bar de Bill. Miró hacia el edificio lleno de carteles con luces de neón que anunciaban diferentes tipos de cervezas de las que Gina nunca había oído hablar.

Después volvió a mirar hacia el restaurante. Parecía un lugar para gente de clase media, un lugar respetable y aburrido. Sin embargo el bar de Bill parecía más misterioso, más intrigante y como Gina había decidido cambiar de vida decidió a ir allí.

Abrió la puerta del local y estudió detenidamente aquel lugar lleno de gente y muy ruidoso. De repente se sintió incómoda y se apresuró a sentarse. Miró detenidamente la carta llena de distintos tipos de cerveza y bastante escasa en cosas para comer.

Unos minutos después una camarera de mediana edad se acercó a su mesa.

–¿Qué va a tomar? –le preguntó a Gina.

–Un plato de chili, tarta de manzana y un café.

–Enseguida se lo traigo –la camarera se acercó a la puerta de la cocina y le gritó el pedido a una mujer llamada Margie.

Gina se apoyó en el respaldo de la silla y se fijó en la gente del bar. Había un grupo grande al fondo que parecían estar divirtiéndose mucho. Se reían de forma contagiosa y Gina sonrió.

–Aquí tiene, señorita –le dijo la camarera mientras colocaba un plato lleno de chili delante de ella y el café humeante–. Enseguida le traigo la tarta.

Gina estaba sirviéndose un poco de leche en el café cuando de repente alguien entró en el bar.

–¡Eh, Nick! ¿Qué tal va ese brazo? –gritó un hombre del fondo al recién llegado.

Gina sintió curiosidad y se giró para ver quién era Nick. Cuando lo vio sus ojos se abrieron de par en par. Se trataba de un hombre de un metro setenta aproximadamente, un poco más alto que ella, ancho de espaldas y muy musculoso.

Ella se mojó los labios inconscientemente mientras se fijaba en sus fuertes piernas.

Después miró fijamente el plato de chili, intentaba controlar la inexplicable fascinación que aquel cuerpo le había despertado. Tomó aire y deseó que el calor que sentía no fuera evidente.

¿Qué le pasaba? Estaba claro que aquel hombre era muy atractivo, parecía sacado de una fantasía sexual.

No pudo evitar volverlo a mirar mientras éste se acercaba a la barra y se sentaba delante de una jarra de cerveza que el camarero le había servido sin que él la pidiera.

Gina estudió su cara detenidamente, sus facciones eran bruscas, no poseía una belleza habitual, pero era cautivador y parecía tener mucho carácter.

Le observó levantar la jarra de cerveza con la mano izquierda y se fijó en el brazo derecho, que estaba escayolado.

No parecía estar de muy buen humor, quizá le dolía el brazo, o quizá alguien le estuviera molestando, o estuviera viviendo un desengaño amoroso…

Gina se fijó en los sensuales labios masculinos y pensó que era más probable que fuera él el que rompiera corazones y no al revés.

Ella comenzó a comer sin dejar de mirar al tal Nick, la atraía de una forma que ella nunca había sentido antes.

Estaba claro que se trataba de una atracción puramente sexual.

–Aquí tiene la tarta de manzana, señorita –le dijo la camarera, asustándola.

Gina la miró y se sorprendió al descubrir que se había terminado el plato de chili sin darse cuenta.

–Muchas gracias –dijo ella mientras deseaba que aquella mujer no hubiese notado la forma en que se había quedado mirando a aquel hombre.

Sin embargo la mujer se acercó a ella.

–Ese es Nick Balfour, vive a las afueras. Lo conozco desde niño, y a sus padres también. Y no tiene a ninguna mujer escondida como otros de por aquí. Si te gusta lo que ves, ve por él. La vida es breve como para dejar las cosas pasar. Piénsatelo jovencita, dicen que las oportunidades así sólo aparecen una vez en la vida.

–Gracias… –logró decir Gina.

La camarera parecía satisfecha, levantó los pulgares en señal de aprobación y se alejó.

Gina tomó aire en un intento por tranquilizarse y volvió a mirar a Nick. Él estaba observando la jarra de cerveza como si allí dentro fuera a encontrar la respuesta a sus problemas.

Estaba claro que aquel hombre la había fascinado, por lo menos físicamente y estaba deseando comprobar si su personalidad era igual de atractiva…

Sentía ganas de averiguarlo, pero no sabía cómo una mujer debía acercarse a un hombre, y mucho menos en un bar. Intentó buscar una respuesta, pero no encontró ninguna.

Pensó un rato. Las mujeres coqueteaban con los hombres desde hacía siglos, si las demás podían hacerlo, ella también podría.

¿Y qué podía decirle? Quizá podría hacer algún comentario que exigiera una respuesta, algo cómo que hacía un hombre tan atractivo como él en un lugar como aquél… Pero no sería capaz de decir algo como eso.

También estaba el tradicional recurso del tiempo, o aquello de haberse visto antes… Pero aunque estuviera dispuesta a comenzar una conversación con algo tan típico, lo primero era acercarse lo suficiente a él cómo para poder hablarle.

Lo pensó detenidamente, si se acercaba e intentaba entablar una conversación y él la ignoraba o la rechazaba se moriría de vergüenza.

Pero, ¿acaso importaba tanto pasar un poco de vergüenza? No conocía a nadie allí, en realidad no le importaba lo que pensaran de ella aunque sí le importaba lo que Nick pensara de ella. Quizá no tuviera sentido, ya que no conocía a aquel hombre de nada, pero lo cierto era que le importaba su opinión.

Gina lo volvió a mirar. Nick seguía mirando su cerveza fijamente. Estaba claro que no la estaba mirando a ella, probablemente ni siquiera la hubiera visto… Los hombres no solían fijarse en ella. Era demasiado alta, demasiado delgada y demasiado… Demasiado sosa como para llamar la atención.

Tenía que asumirlo, no tenía nada especial que despertara el interés de los hombres, aunque le hubiera gustado poder hacer que por lo menos uno se interesara por ella.

Gina frunció el ceño. La lista de cosas que quería hacer en su nueva vida era muy larga, y las lamentaciones no le iban a llevar a ningún sitio. Tenía que empezar a actuar de verdad. No importaba lo incómoda o la vergüenza que pudiera pasar, estaba decidida a cambiar radicalmente. Tenía que madurar. Se había dado hasta el comienzo de curso en invierno para ampliar sus horizontes y viajar, y vivir una relación con un hombre era parte de aquella aventura.

Miró a Nick, aquel hombre parecía prometer mucho y ella tan sólo tenía que llamar su atención para descubrirlo. Gina apretó los labios. Estaba decidida.

Abrió el monedero y sacó dinero para pagar la cena y una generosa propina para la camarera y la dejó sobre la mesa. Se había decidido, iba a acercarse a la barra y pedir una cerveza para llevar y mientras el camarero se la diera le preguntaría a Nick si conocía algún hotel para pasar la noche por la zona. Era algo bastante normal para empezar una conversación.

Gina se levantó de la mesa. Estaba nerviosa. Sin embargo, antes de dar un paso hacia la barra alguien la agarró del brazo.

Se giró y vio a un hombre un poco obeso y de mediana edad que le sonreía y la miraba con lascivia.

–¡Perdone! –le dijo Gina mientras le lanzaba una mirada intimidante–. Creo que no nos conocemos.

–Eso es fácil de arreglar, yo soy Jim, ¿y tú cómo te llamas, encanto?

Gina lo miró estupefacta. No sabía qué hacer. Se suponía que él tenía que apartarse de ella al notar su rechazo, pero aquel hombre se había acercado aún más a ella.

–No me interesa –le dijo decidida. No quería que aquel hombre se acercara a ella, pero tampoco quería salir de allí y perder la oportunidad de hablar con Nick.

–¿Y cómo puedes estar tan segura? Por qué no me dejas invitarte a una cerveza y así intimamos un poco –insistió aquel hombre, la timidez de ella parecía atraerlo más que hacerle cambiar de opinión.

Nick se giró de repente. La voz de Jim le ponía nervioso. Se quedó mirando fijamente a la mujer que Jim estaba intentando conquistar. El gusto de aquel hombre había mejorado considerablemente. Aquella mujer era alta, y además… La miró de arriba abajo. Tenía un cuerpo esbelto y seductor

Nick intentó controlar la reacción instintiva de su cuerpo. La mujer tenía una cara igual de atractiva que el resto de su cuerpo. Una nariz pequeña un tanto respingona, pecas en la cara, el pelo largo y de color castaño rojizo y unos labios carnoso muy sensuales…

Nick vio cómo ella palidecía ante los comentarios de Jim, ¿acaso estaba asustada?

Aquello le pareció extraño, una mujer tan atractiva como aquella debía estar acostumbrada a librarse de hombres molestos como Jim, aunque parecía incapaz de librarse de él.

Nick se preguntó a qué se debía, después intentó librarse de la curiosidad que sentía, no era asunto suyo y no debía preocuparlo. Las mujeres, sobre todo las atractivas, exigían a los hombres más de lo que él podía darles. La vida le había enseñado aquella lección.

Nick suspiró al ver lo atemorizada que parecía la mujer cuando Jim se acercó más a ella. No debía estar sola si no sabía librarse de los hombres como Jim.

Pero Nick no pudo evitar notar el creciente miedo que ella parecía sentir y se dijo a sí mismo que intentaría ayudarla. Espantaría a Jim, la acompañaría hasta su coche y asunto zanjado.

–Ya has oído a la señorita, Jim –Gina se giró y vio a Nick Balfour. Tenía unos preciosos ojos grises y sintió como si se estuviera derritiendo. Tomó aire para intentar tranquilizarse y pudo oler su embriagadora colonia–. Déjalo ya, Jim –dijo con dureza al ver que Jim no se apartaba.

–No hace falta que te pongas así, Nick. No me di cuenta de que estaba molestando. Pero si cambias de opinión, encanto, pregunta por mí. Todo el mundo me conoce por aquí.

Gina suspiró aliviada cuando Jim se alejó.

–Soy Nick Balfour, te acompañaré hasta el coche.

–Gina Tesserek, y muchas gracias –dijo ella mientras pensaba en algo que decir, algo que hiciera que él quisiera conocerla más–. ¿Vienes mucho por aquí? –dijo finalmente, y segundos después se arrepintió de haber dicho algo tan estúpido.

–No, ¿dónde tienes el coche? –le preguntó él mientras salían del bar.

–Al otro lado de la calle –contestó ella. La falta de interés de él la había desilusionado, pero intentó que no se notara.

Él la agarró de repente del brazo mientras ella bajaba de la acera, y la empujó hacía él evitando que un coche que pasaba en aquellos momentos la atropellara.

Gina se quedó apoyada en el pecho de él y la sensación que aquel pecho fuerte le provocó la dejó paralizada durante unos segundos.

–¿Estás bien? –le preguntó él al ver que ella no se movía.

Gina se dijo a sí misma que no estaba bien, estaba muy cerca de perder por competo la compostura y no sabía qué hacer para evitarlo.

–¿Sigues afectada por lo de Jim? –le preguntó preocupado.

–No, yo… –Gina sentía que se estaba comportando como una tonta al estar cerca de un hombre tan atractivo.

–¿Podrás conducir?

Gina tomó aire y reunió fuerzas para separase de él.

–Estoy bien –le dijo y después se reprochó haber dejado escapar la oportunidad de alegar que estaba asustada para que él le ofreciera invitarla a un café y poder estar más tiempo con él.

–¿Ese Ford azul es tuyo?

–No –dijo ella negando con la cabeza–. El mío es un Toyota marrón –dijo mientras se daba cuenta de que su coche no estaba donde ella lo había dejado.

Frunció el ceño y miró a su alrededor algo inquieta. Estaba segura de que había aparcado delante del restaurante, pero no estaba allí.

–No lo entiendo –dijo Gina–. Dejé el coche allí.

Nick miró el lugar que ella señalaba y no pudo evitar fijarse en aquellos dedos largos de uñas cortas. Odiaba las uñas largas y pintadas.

–Estoy segura de que lo dejé allí –volvió a hablar ella.

–Pues o bien te equivocas o bien alguien se lo ha llevado.

–¡Qué astuto! –replicó ella algo molesta.

–¡Todo el mundo odia al portador de malas noticias!

–Perdona, no pretendía contestarte así, pero todas mis pertenencias están dentro de ese coche. No me pueden haber robado, quiero decir… ¡Esto es una ciudad pequeña!¡Aquí no deberían pasar estas cosas!

–¿Crees que sólo hay delincuencia en las grandes ciudades? –le preguntó él aunque lo que realmente quería saber era por qué aquella mujer viajaba por el país con todas sus pertenencias en un coche ¿Acaso no tenía un hogar?

–Sé que hay delincuencia en todas partes, pero no esperaba que me ocurriera a mí y más teniendo en cuenta que no he tardado mucho en volver y que lo dejé cerrado –parecía un poco desesperada.

Nick se dio cuenta de que aquella mujer estaba a punto de ponerse histérica y se apresuró a hacer algo para remediarlo.

–Será mejor que pongas una denuncia –le dijo él, en aquellos casos era bueno pensar en algo práctico.

–¿Dónde? –dijo Gina mientras miraba a su alrededor como si un policía fuera a aparecer de repente.

–Amos Mygold es lo más parecido a un policía y lo único que tenemos aquí, a estas horas probablemente estará en casa.

Gina se estremeció de repente al recordar que sus cheques de viaje estaban en la guantera del coche. Nick la estrechó entre sus brazos instintivamente.

Al sentir el calor del pecho de él ella logró mantener la calma. Al estar tan cerca de él la idea de estar perdida y sin dinero en una pequeña ciudad alejada de todo y llena de extraños parecía no importar demasiado.

–No es tan malo –intentó tranquilizarla él.

–Eso crees tú, todos mis cheques de viaje estaban dentro del coche.

–¿Todos?

–Sí –Gina se obligó a alejarse de él. Podría afrontar aquello sola–. No quería arriesgarme a perderlos si alguien me robaba el bolso.

–Y en efecto ha sido así –dijo él y Gina se rió un poco.

A Nick le agradó la forma en que ella se reía. Era una mujer extraña, llena de cualidades que parecían muy dispares. Su aspecto daba la sensación de ser una mujer muy sofisticada y autónoma, pero su reacción ante lo ocurrido indicaba todo lo contrario, la hacía parecer bastante vulnerable y desvalida. A Nick le gustaba aquella mezcla.

–Puedes anular los cheques y pedir unos nuevos, ¿tienes los números de los cheques, no?

Ella se había quedado pálida.

–Por supuesto que los tengo, pero los metí en la maleta por si me robaban el monedero.

–¿Por qué siempre te preocupas de que te roben el monedero? ¿Dónde vives para que te obsesione tanto esa idea?

–Por ahora vivo en mi coche –dijo cada vez más desesperada.

–Lo que quiere decir que te acabas de quedar sin hogar –dijo él y tras haberlo dicho se arrepintió de ser tan brusco.

–En efecto –dijo Gina intentando parecer más calmada de lo que realmente estaba. Ella quería valerse por sí misma y había llegado el momento de hacerlo, aquella oportunidad debía emocionarla… Pero no era así.

–¿El coche está asegurado?

–Por supuesto, llamé al seguro a primera hora de la mañana –intentó no pensar en dónde podría pasar la noche y cómo podría llegar hasta allí ¿Habría un lugar para alquilar coches en aquella ciudad? Por lo menos tenía la tarjeta de crédito así que aún disponía de dinero. Y también tenía lo que había heredado de su padre. Llamaría al administrador a primera hora de la mañana y le pediría que le hiciera un giro.

–¿Quieres llamar a alguien? –le preguntó Nick.

–No –contestó ella. No tenía ninguna intención de darle explicaciones. La historia de su vida hasta el momento la haría parecer una estúpida. Aunque quizá la verdad fuera que era una estúpida. Su madre siempre la había manipulado y ahora un ladrón le había robado el coche con todo lo que tenía… No sonaba demasiado bien.

Nick se preguntó de qué estaría huyendo aquella mujer, la respuesta parecía cargada de dolor…

–Te va a llevar un tiempo arreglar las cosas –de repente se le ocurrió algo–. Mientras lo hagas creo que podemos llegar a un acuerdo y ayudarnos mutuamente. Tú necesitarás un lugar donde quedarte y a mí me vendría bien una ama de casa temporal –ella no parecía entenderle–. Como tengo el brazo derecho escayolado no puedo hacer muchas cosas y lo poco que puedo hacer con la mano izquierda lo hago despacio y muy mal y además ya estoy harto del chili del bar de Bill. Si aceptas, podrás quedarte en mi casa hasta que arregles tus asuntos y yo tendré una casa limpia y podré cambiar un poco de dieta.

No había contratado a nadie hasta aquel momento porque la idea de que alguien invadiera su intimidad no le agradaba, pero no le importaba si se trataba de Gina, incluso le gustaba la idea.

Gina intentó ocultar lo mucho que le agradaba la idea.

–¿Te has ocupado alguna vez de una casa?