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El vínculo entre el cáncer de mama y los sostenes Los quistes mamarios y el cáncer son una epidemia en este momento de la historia. El sector sanitario dice que se desconoce la causa del setenta por ciento de los cánceres de mama. Vestida para morir ayuda a resolver este misterio, explicando cómo algo que las mujeres hacen todos los días es una de las mayores amenazas para la salud de los senos. Este libro tiene sus raíces en una crisis personal en la vida de los autores, cuando Soma Grismaijer se sorprendió al encontrar un bulto en su pecho mientras estaba embarazada. La búsqueda de indicios que pudieran indicar el origen de este bulto llevó al equipo de antropología médica que formaba junto a su marido a desarrollar una nueva teoría y realizar una encuesta exhaustiva a casi cinco mil mujeres en los Estados Unidos, la mitad de las cuales tenía cáncer de mama, en un intento por descubrir una causa oculta de esta enfermedad En Vestida para morir, Singer y Grismaijer, pioneros en el campo de la antropología médica aplicada, explican con un lenguaje accesible su enfoque único para investigar y comprender las causas culturales de la enfermedad.ste libro ya ha tenido impacto en el mundo de la salud y en el de la moda al hacer que algunos médicos reconsideren la prevención y el tratamiento de la enfermedad mamaria y que algunos diseñadores de ropa reflexionen.
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Seitenzahl: 379
Veröffentlichungsjahr: 2021
SYDNEY ROSS SINGER SOMA GRISMAIJER
Prólogo del Dr. Habib Sadeghi, osteópata, FACEMIP (Miembro del Colegio Americano de Medicina Endobiogénica y Fisiología Integrativa).
Vestida para morir
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Los editores no han comprobado la eficacia ni el resultado de las recetas, productos, fórmulas técnicas, ejercicios o similares contenidos en este libro. Instan a los lectores a consultar al médico o especialista de la salud ante cualquier duda que surja. No asumen, por lo tanto, responsabilidad alguna en cuanto a su utilización ni realizan asesoramiento al respecto.
Colección Salud y Vida natural
VESTIDA PARA MORIR
Sydney Ross Singer y Soma Grismaijer
1.ª edición en versión digital: mayo de 2021
Título original: Dressed to Kill
Traducción: Raquel Mosquera
Maquetación: Marga Benavides
Corrección: TsEdi, Teleservicios Editoriales, S. L.
Diseño de cubierta: Enrique Iborra
Maquetación ebook: leerendigital.com
© 2018, Sydney Ross Singer and Soma Grismaijer Publicado por acuerdo con Square One Publishers, Garden City Park, NY, USA
(Reservados todos los derechos)
© 2021, Ediciones Obelisco, S.L.
(Reservados los derechos para la presente edición)
Edita: Ediciones Obelisco S.L.
Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida
08191 Rubí - Barcelona - España
Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23
E-mail: [email protected]
ISBN EPUB: 978-84-9111-765-0
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.
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Índice
Portada
Vestida para morir
Créditos
Agradecimientos
Prólogo
Mensaje del editor original
Prefacio
Introducción
1. Buscando al enemigo
2. Descubrir la conexión
3. Vestida para morir
4. Visión general
5. Probando la teoría
6. Llevándola a la calle
7. La bella y el sostén
8. Una buena copa
9. El verdadero enemigo
10. El fin del cáncer de mama
Referencias
Bibliografía
Agradecimientos
Soma y yo deseamos dar las gracias a los muchos voluntarios que ayudaron en este proyecto y agradecer la disposición de las mujeres en todo Estados Unidos a compartir los detalles más íntimos de sus vidas personales con nosotros.
También queremos agradecer a todos los médicos, osteópatas, naturópatas, terapeutas masajistas, quiroprácticos, expertos en el sistema linfático, supervivientes de cáncer y personas de los medios de comunicación que han ayudado a mantener vivo este problema difundiendo el mensaje.
Un agradecimiento especial a la Dra. Elizabeth Vaughan, Dr. Ralph Reed, Dr. Michael Schachter, Dr. Joseph Mercola, Dr. Hadid Sadeghi, Dr. Gary Null, Dr. Keesha Ewers, Dra. Patricia Bragg, Gwyneth Paltrow, Linda Gray, Yves Mazoué, Ron Nicolino, Leonard Lehrman, Ken Smith, Darrell J. Stoddard, Aubrey Lesicki, Nikisha Brunson, Christie Afrodita, Tera Warner, George Noory, Maddy Moon, Sayer Ji, Patrick Timpone, Kim Greenhouse, Marta Taylor, Jason Hartman, Jonathan Landsman, Shawn Stephenson, Mike Adams, Louise Habakus, Justin y Kate Stellman y Maryanne Camaroto.
Un reconocimiento especial a la Fundación Good Shepherd por brindar el apoyo y los recursos para hacer posible nuestro estudio. Por supuesto, un gran libro necesita un gran editor. Rudy Shur de Square One Publishing ha apoyado dos veces nuestro trabajo, la primera vez como director de Avery Publishing. Su profesionalidad, motivación y apoyo han sido inestimables. Creyó en nosotros y en nuestro trabajo cuando nadie más lo hizo.
Finalmente, si estas páginas demuestran ser la bendición para la humanidad que esperamos, queremos reconocer el coraje y la integridad de aquellos que se sienten inspirados para buscar formas de vida nuevas y más saludables.
Prólogo
A medida que el mundo se polariza cada vez más a nivel político y social en un número cada vez mayor de grupos de interés, parece que todo el mundo tiene algo que decir. El problema es que, a excepción de los miembros de su propio grupo, nadie quiere escucharlos. En un mundo donde se supone que la tolerancia está a la orden del día, nos estamos volviendo cada vez más intolerantes con cualquier persona que tenga una opinión que desafíe la nuestra; tanto que se están promulgando leyes en todo el mundo para limitar e incluso criminalizar la libre expresión de pensamientos e ideas. Ya no es suficiente con negarse a escuchar puntos de vista que se oponen a los nuestros; debemos hacer público ejemplos de herejes que se atrevan a desafiar el statu quo. El infractor debe entender que expresar ideas fuera de lo socialmente correcto es inaceptable. Mediante el castigo repetido, el individuo eventualmente dejará de albergar tales pensamientos y simplemente se conformará. A su vez, la humillación pública sirve como la señal de advertencia perfecta para evitar que alguien más se pase de la raya.
La resistencia a las nuevas ideas y la presión para ajustarse al statu quo es mayor en el sector de la medicina que en ningún otro. Simplemente hay una forma de hacer las cosas y una filosofía del cuidado del paciente que no puede ser desafiada sin grandes consecuencias. Aun así, cualquier médico que se tome en serio la vocación de curar no puede permanecer en silencio cuando la salud y el bienestar de los pacientes están en juego. La libertad de expresión es crucial para cualquier sociedad civilizada y particularmente en medicina, que no ha curado ni erradicado una sola enfermedad en más de sesenta años. Si pretendemos evitar que nuestros hijos y nietos sufran las mismas enfermedades crónicas que afectaron a cinco o seis generaciones antes que la suya, debemos permitir el libre intercambio de ideas, especialmente cuando se trata de investigación médica, tratamientos y estrategias de prevención. Esto significa compartir ideas que muchos podrían encontrar inaceptables hoy en día, pero que en una generación podrían considerarse evidentes con facilidad. ¿De qué otra manera tienen lugar los descubrimientos si no es a partir del desafío de ideas? Como dijo George Orwell: «Si la libertad significa algo, es el derecho de decirle a los demás lo que no quieren oír».
Muchos no quieren escuchar teorías médicas alternativas. Innumerables carreras, reputación profesional, revistas médicas e instituciones educativas (junto con miles de millones de inversión en investigación, productos farmacéuticos e intervenciones quirúrgicas) dependen totalmente de que las cosas se hagan como se han hecho durante los últimos cien años. Sin embargo, se dice que si sigues haciendo lo que siempre has hecho, obtendrás lo que siempre has obtenido. Si bien la medicina moderna ha mejorado mucho con respecto a los diagnósticos a lo largo de los años, sigue teniendo un historial desastroso en lo que respecta a curar las enfermedades que diagnostica. Esto se debe a que la filosofía y el enfoque de la medicina en sí no han cambiado, y los guardianes del intercambio de información dentro de la comunidad médica parecen resistirse, y quizás incluso sentirse amenazados, ante cualquier idea que tenga una naturaleza remotamente no tradicional. Han invertido demasiado en las viejas prácticas.
A través de la experiencia de primera mano, he llegado a comprender que hoy en día no se puede ser un verdadero sanador sin ser un inconformista. A medida que enfermedades como el cáncer y los trastornos neurodegenerativos continúan causando estragos en la generación actual, igual que lo hicieron en el pasado, seguir haciendo las cosas de la misma manera que siempre no sólo es irresponsable sino también negligente. Incumbe a los médicos decir que es hora de buscar otra manera. Por supuesto, esto requiere poner en marcha la próxima evolución en salud. Ser un sanador significa ser un líder, nos guste o no.
Cuando me encontré con Vestida para morir, me identifiqué profundamente con su mensaje. Sentí que los autores Sydney Ross Singer y Soma Grismaijer habían presentado un caso sustancial que, si bien no demostró de manera concluyente que el uso del sostén provoque cáncer de mama, ciertamente presentó un argumento creíble de que los sostenes podrían desempeñar un papel importante en el desarrollo del mismo, lo que justifica que lleve a cabo aún más investigación. Debido a que contribuyo regularmente con varios medios de comunicación en línea y puntos de venta de información de salud, decidí escribir un artículo sobre los hallazgos de Vestida para morir. Sentí que la investigación de Singer y Grismaijer merecía ser escuchada por un público más amplio, y aún pienso que la conversación sobre un posible vínculo entre sostenes y cáncer de mama es necesaria para las mujeres. Creo totalmente en los pacientes que cuidan su salud a través de dietas y otros tipos de opciones de estilo de vida, lo que incluye todo lo que decidimos poner sobre y dentro de nuestros cuerpos. Tenemos mucho más control sobre nuestra salud de lo que creemos, y creo en el hecho de capacitar a mis pacientes tanto como sea posible. Casi treinta años en medicina me han enseñado que no hay casi ninguna enfermedad que simplemente ocurra, y que podemos hacer mucho más desde un punto de vista preventivo para asegurar una buena salud más adelante en la vida. Naturalmente, suponiendo que tengamos la información adecuada para ayudarnos a tomar las decisiones correctas.
A las pocas horas de que mi artículo se publicara en línea, se desató una respuesta negativa. Me tildaron de chiflado y de gurú que estaba «provocando indignación» al impulsar un «mito desmentido del cáncer de mama» que durante mucho tiempo había estado «científicamente desacreditado». No sólo eso, sino que tenía la audacia de lanzar esa «pseudociencia» durante el Mes Nacional del Cáncer de Mama. Qué ingenuo fui. Pensé que las comunidades médicas y de investigación, así como los medios, estarían tan intrigados por los datos de Singer y Grismaijer como lo estaba yo, y realizarían investigaciones adicionales sobre el tema con la esperanza de empoderar a las mujeres. En lugar de eso, descubrí el alto precio que uno puede pagar por salirse de las pautas de lo socialmente aceptado. Mi artículo fue recibido con ridículo sarcástico e indignación desmedida. Sin embargo, lo que estos críticos se negaron a ofrecer fue cualquier evidencia sólida que contradijera de modo convincente las ideas de Vestida para morir.
Mediante el uso de la palabra «desacreditado», algunos detractores intentaban dar a entender que la conexión entre el cáncer de mama y el sostén era ilegítima desde el principio o, lo que es peor, un fraude intencional que había quedado expuesto de la misma manera que un testigo falso pierde toda credibilidad ante un tribunal. Nada más lejos de la realidad. Sugerir que esta teoría es pseudociencia o que los profesionales médicos que pasaron años investigándola son curanderos provoca un gran daño a mujeres que, de otra manera, leerían dichos hallazgos con una mente abierta y elegirían por sí mismas realizar algunos cambios menores en su estilo de vida que pudieran aumentar su protección contra el cáncer de mama. Mi temor era que las mujeres simplemente nunca profundizaran en el tema después de ver las críticas reaccionarias y desdeñosas a mi artículo.
En el intento de una periodista de censurar mi artículo, se dijo que sólo ofrecía «como evidencia» la fuente de mis ideas: Vestida para morir. Sin embargo, el libro sólo fue una de las doce fuentes de mi trabajo original. Debido a que Singer y Grismaijer son antropólogos médicos y no doctores en medicina, la conclusión ante el hecho de que únicamente me apoyaba en su libro como evidencia, era que la teoría no estaba respaldada por individuos calificados. Lo que la periodista no compartió con los lectores fue que Vestida para morir se inspiró en una investigación realizada por médicos de la Universidad de Harvard que demostró que las mujeres que no usaban sostén tenían la mitad de riesgo de padecer cáncer de mama que las que sí lo hacían. El periodista tampoco mencionó el resto de pruebas de mi artículo, entre las que se incluían estudios de Estados Unidos, China, Venezuela, Escocia y África, así como investigaciones publicadas en tres revistas médicas y una publicación de un departamento nacional de salud pública.
En apoyo a la afirmación de que la conexión entre el cáncer de mama y el sostén es falsa, la periodista ofrecía como fuentes una cita de la Asociación Americana del Cáncer (ACS, por sus siglas en inglés) con un enlace a una «página informativa» en su sitio web que no proporcionaba investigaciones, datos o citas científicas reales que respaldaran sus afirmaciones; simplemente tenía un enlace a un breve artículo en TheNew York Times que tampoco contenía citas de investigaciones, un enlace al blog de un ginecólogo obstetra privado de San Francisco que, en palabras de la periodista, había «destripado» mi artículo, y un enlace a un artículo de USA Today. La periodista continuó citando a la fuente del bloguero independiente, que decía: «Esto asusta a las mujeres». Por el contrario, no creo que ni yo, ni Singer, ni Grismaijer estemos asustando a las mujeres. Les estamos ofreciendo más información que, junto con otras opciones, puede brindarles la mejor oportunidad contra un diagnóstico de cáncer de mama. Una mayor cantidad de opciones empodera a las mujeres; no las asusta.
Finalmente, creo que la ira, la frustración y el rechazo inmediato de mi artículo por parte de los medios fue más revelador que el mensaje que pretendía transmitir. Como les digo a todos mis pacientes, el modo en que reaccionan ante un problema es el verdadero problema, y para mí estaba claro que los medios de comunicación protestaban demasiado por este tema.
Debido a que la lucha contra el cáncer se ha estado llevando a cabo durante generaciones con un éxito limitado en el mejor de los casos, es hora de dar la bienvenida a la conversación a otras voces, independientemente de lo poco convencionales que puedan parecer, sobre todo cuando lo que tienen que decir está respaldado por investigaciones. En 1847, el médico húngaro Ignaz Semmelweis tuvo la audacia de sugerir que algo tan simple como que los médicos se lavaran las manos entre pacientes mientras asistían partos podía evitar que miles de madres murieran de infección y fiebre puerperal. La idea fue recibida con indignación por parte del sector médico. Semmelweis finalmente perdió su posición, sólo para que años después de su muerte se le diera crédito por salvar millones de vidas, una vez que Louis Pasteur finalmente confirmara la teoría de los gérmenes. Hoy, la universidad más grande de Hungría lleva su nombre.
El impulso de sentirnos aceptados por los que nos rodean y el concepto de «donde fueres haz lo que vieres» están profundamente arraigados en los humanos. Nuestros antepasados prehistóricos sabían que para sobrevivir tenían que trabajar y permanecer juntos. Incluso hoy tenemos un fuerte deseo instintivo pero inconsciente de evitar ser separados del grupo. Desafortunadamente, los avances médicos a menudo provienen de eludir lo convencional y enfocar un problema desde una perspectiva nueva. Por eso estoy tan agradecido de ver que Vestida para morir regresa a la conversación nacional sobre el cáncer.
DR. HABIB SADEGHI
Los Ángeles, California
Mensaje del editor original
La postura de un editor es permanecer en silencio en un segundo plano y permitir que el autor de un libro sea el portavoz de su título. Por supuesto, como editores, también trabajamos con nuestros escritores para editar y elaborar cada manuscrito para que sea lo mejor posible, haciendo un seguimiento hasta su forma final como libro físico o libro electrónico. También hacemos todo lo posible para promocionar el título, pero en realidad, un buen libro debe ser capaz de funcionar por sí solo con un autor experto detrás de él. Entonces, ¿por qué he escrito esta sección?
Durante más de treinta años, he publicado una gran cantidad de títulos de salud convencionales y alternativos, muchos de los cuales se han convertido en superventas. Con el tiempo, aprendí que elegir publicar un libro no siempre es fácil. Uno debe asegurarse de que la información que contiene sea sólida y de que el autor haya hecho su tarea para reunir la información. También se debe tener en cuenta el mercado. ¿El libro producirá beneficios o será al menos rentable? Sin embargo, a veces la consideración más importante incumbe al material que contiene: información que merezca la oportunidad de atraer a un público más amplio.
En 1994, recibí una propuesta manuscrita de Sydney Ross Singer y Soma Grismaijer. La premisa de esa propuesta era que los sostenes ceñidos y mal ajustados tenían el potencial de provocar cáncer de mama. Aunque sin duda a primera vista llamó mi atención, no parecía un proyecto que alguna vez fuera a llevar a cabo. Sin embargo, después de leer la biografía de los autores, decidí al menos echar un vistazo al manuscrito antes de rechazarlo. Sorprendentemente, aunque sabía que necesitaba algo de trabajo, también supe que quería publicarlo. Si bien la premisa del trabajo no era en realidad definitiva, la ciencia detrás de ello estaba allí y el estudio único realizado por los autores era original e importante. La información que habían reunido apuntaba al icónico sujetador, el símbolo de la feminidad, como una posible causa del cáncer de mama.
Ocho meses después de firmar a los autores y editar el manuscrito, estábamos a dos meses de la publicación de Vestida para morir. Fue entonces cuando recibí una llamada telefónica de una mujer que representaba a una importante asociación comercial. Había leído algunos de nuestros comunicados previos a la publicación sobre el libro y quería informarme sobre Sydney Ross Singer. Ella afirmaba que nos había engañado acerca de su título académico y que (para ahorrarnos la vergüenza) deberíamos considerar cancelar el libro. También afirmó que su asociación ya había estado al tanto del trabajo de Singer y lo había investigado. Luego dijo que Syd no había recibido una maestría de la Universidad de Duke, como habíamos dicho en el comunicado de prensa. Me preguntó si quería publicar un libro de alguien que había mentido sobre sus credenciales. También mencionó que su asociación comercial me demandaría si continuaba con el proyecto. Le dije que haría un seguimiento y así terminó la conversación.
Como editor, confío en tantas fuentes como sea posible para verificar la legitimidad de mis autores. Sin embargo, en ese momento, sin la disponibilidad de Internet, confiaba en los criterios normales disponibles. En su mayor parte, nuestros autores eran profesionales médicos que ocupaban puestos significativos, habían sido recomendados por colegas profesionales y muchos habían visto sus trabajos publicados en revistas científicas. Pero la llamada telefónica que recibí ese día fue una gran patada en el estómago para una compañía editorial a punto de lanzar un libro tan controvertido.
Respiré hondo, tomé el teléfono y marqué el número de la Universidad de Duke. Me dirigieron y redirigieron de un departamento a otro hasta que finalmente llegué a alguien que pudo ayudarme. Después de explicar quién era y por qué estaba llamando, la mujer al otro lado de la línea revisó los registros del centro. En cuestión de minutos, confirmó que el señor Singer se había graduado en la universidad con una maestría en bioquímica y antropología. Después de dar un suspiro de alivio, me di cuenta de que la llamada telefónica que había recibido de la asociación comercial me había enseñado una lección importante: verificar siempre las credenciales de mis autores. También me hizo darme cuenta de cuán defensiva puede ponerse una organización cuando sus intereses económicos se ven amenazados.
Después de la publicación del libro, las críticas para esa primera edición de Vestida para morir fueron buenas, aunque sus ventas fueron relativamente lentas. El libro había recibido una cantidad razonable de cobertura periodística, pero los autores no lograron conseguir una exposición significativa en la radio, la televisión ni en ningún otro medio de comunicación. Las librerías también parecían rehuir el libro. ¿Pero quién podría culparlos? ¿Cómo podría alguien concebir la idea de que el sostén, un símbolo de la feminidad, podría causar cáncer? Por otra parte, ¿cuánta influencia podría ejercer la industria de la ropa interior? Lo único que sabía era que había recibido una llamada telefónica engañosa.
Aun así, si la información en este libro es correcta, ¿cuántas mujeres podrían ahorrarse el dolor y las dificultades asociadas con la cirugía, la quimioterapia u otros tratamientos que alteran la vida? ¿Cuántas mujeres podrían evitar contraer cáncer en primer lugar? Si bien la primera edición no produjo la gran oleada que esperábamos, sí había plantado semillas en la mente de otros investigadores que comenzarían a realizar sus propios estudios basados en la premisa presentada por Singer y Grismaijer.
Casi tres décadas después, vuelvo a tener la suerte de ser el editor de este título innovador, ahora en su segunda edición. Esta versión actualizada incluye información actual recopilada de otros estudios de investigadores en todo el mundo. Y aunque puede seguir siendo una batalla cuesta arriba que este libro obtenga la atención que merece, su intención sigue siendo simple: cambiar la forma en que vemos el uso del sujetador. Si la forma en que se diseñan los sostenes puede provocar cáncer de mama, ¿cuántas mujeres podrían salvarse al rediseñar esta prenda? No tengo ninguna duda de que este libro tiene muchas barreras que superar; sin embargo, con la creciente tasa de cáncer de mama en este país, la información que contiene es demasiado importante como para ignorarla.
RUDY SHUR
Square One Publishers
Garden City Park, Nueva York
Prefacio
El cáncer es quizás la enfermedad humana más temida. Para una mujer, el cáncer más temido es el cáncer de mama. La causa raíz del miedo es un sentimiento de impotencia y falta de conocimiento. Si se entendiera mejor la causa del cáncer de mama, las mujeres podrían saber cómo reducir el riesgo de contraer la enfermedad y llevar a cabo acciones para mantenerse saludables. Es a través del conocimiento de la causa de una enfermedad que perdemos nuestro miedo.
A pesar del gran número de víctimas del cáncer de mama en nuestra sociedad, poco se ha hecho para detener la marea de esta amenaza. Prácticamente todas las mujeres de Norteamérica tienen algún tipo de familiaridad con esta enfermedad; quizás una amiga o pariente la padezca, haya recibido un tratamiento o haya fallecido a causa de la misma. Quizás esta misma mujer haya experimentado el horror de detectarse un bulto en el pecho. Las estimaciones actuales sugieren que el noventa por ciento de todas las mujeres en Estados Unidos experimentarán al menos una vez el temor al cáncer de mama al encontrarse un bulto en algún momento de sus vidas. Afortunadamente, la mayoría de esos bultos no serán cancerosos. ¿Hay algo que las mujeres puedan hacer para librarse de esta enfermedad poco comprendida?
Para responder a esta pregunta, primero debemos entender la causa del cáncer de mama, que aún es imprecisa. ¿Por qué es tan difícil de precisar? ¿Han estado los investigadores buscando indicios en los lugares correctos? ¿Podría resultar fructífero adoptar una nueva dirección y un nuevo enfoque de investigación para descubrir aspectos de esta enfermedad previamente ignorados, pasados por alto o mal entendidos?
Se han identificado varios factores de riesgo asociados con el cáncer de mama, pero sus conexiones con la enfermedad no están claras. Se han descubierto mecanismos a través de los cuales las células se vuelven cancerosas, entre los que se incluyen el papel de las hormonas, el ADN y otras moléculas y estructuras celulares. La radiación, ciertas sustancias químicas y algunos factores genéticos se han identificado con el desarrollo del cáncer. Ciertas prácticas de estilo de vida también se han asociado con el cáncer de mama, pero ningún enfoque ha dado una respuesta lo suficientemente profunda con respecto a la causa. La diferencia entre los factores de riesgo y la causa del cáncer de mama es que los factores de riesgo no explican por qué las mujeres contraen la enfermedad, sólo que ciertos factores están asociados con las mujeres que la desarrollan. Las explicaciones causales piden más. Deben tener sentido, no sólo mostrar una asociación estadística; deben contar cómo sucede algo y proporcionar una razón.
La clave para resolver el problema del cáncer de mama y de otros tipos de cáncer sigue siendo difícil debido a las limitaciones de los enfoques actuales utilizados para encontrarla. De este modo, hemos decidido seguir un nuevo camino hacia la comprensión del cáncer de mama: la antropología aplicada. Déjame explicarte este término. Fundamentalmente, la antropología médica aplicada es una forma de antropología, que es el estudio de la humanidad. Es probablemente el más amplio de todos los campos, ya que todas las actividades de la humanidad están dentro de su alcance. Esto incluye aspectos de la vida que todos damos por sentado, como nuestras costumbres a la hora de vestir y comer. También incluye sistemas económicos; estructuras políticas; ideologías; procesos de pensamiento; religiones; roles sexuales; formas de relaciones interpersonales; formas de autoexpresión como el lenguaje, el arte, la música y la danza; y cualquier otra faceta de las actividades que nos hacen seres humanos. El estudio antropológico del estilo de vida es de relevancia para enfermedades como el cáncer de mama; y el estilo de vida, como estamos aprendiendo, es el responsable de la mayoría de nuestras enfermedades y muertes.
Para comprender cómo afecta el estilo de vida a la salud humana, uno necesita comprender bien cómo funciona el cuerpo humano. La antropología médica es una rama de la antropología que estudia los problemas médicos y sanitarios de diferentes culturas. Cuando se trata del cáncer de mama, por ejemplo, los antropólogos médicos pueden estudiar cómo las diferentes culturas tratan la enfermedad. La atención se centraría en una comparación cultural sobre el diagnóstico, el tratamiento del cáncer de mama y quizás el resultado de ese tratamiento.
Sin embargo, lo que estamos practicando es algo más que antropología médica, que, como la antropología en general, es una ciencia básica. Lo que estamos haciendo es una ciencia aplicada. La diferencia es que la ciencia básica es una búsqueda general de información, es una curiosidad sobre el mundo y un deseo de obtener información sin preocuparse por su practicidad. En otras palabras, los científicos básicos realizan investigaciones que actualmente no tienen una aplicación conocida. La ciencia aplicada, por otro lado, se centra en un problema particular.
Como antropólogos médicos aplicados, hacemos algo más que estudiar los aspectos culturales de una enfermedad: estudiamos enfermedades y cómo pueden ser causadas por factores culturales. Dicho de otra manera, tratamos de encontrar las consecuencias biológicas de ciertas prácticas culturales. Nos referimos a las enfermedades causadas por la cultura como enfermedades cultogénicas. La enfermedad cardíaca, por ejemplo, es predominantemente una enfermedad cultogénica porque es producida por ciertos factores del estilo de vida, particularmente un nivel alto de estrés, una dieta deficiente y mínima actividad física.
¿Cómo hemos desarrollado este concepto de antropología médica aplicada? Como mi propia formación de posgrado en antropología, bioquímica y medicina me llevó a través de estas diversas especialidades, tuve la oportunidad de experimentar sus fortalezas y debilidades.
La bioquímica tiene la fuerza de la investigación de un método preciso y altamente analítico, aunque considera todos los procesos de la vida, incluso el comportamiento humano, como procesos bioquímicos. La humanidad se pierde en un baile de vasos y probetas.
La antropología cultural tiene la ventaja de estudiar a la humanidad desde un punto de vista amplio y ver el mundo desde muchas perspectivas, pero carece de la rigurosidad de las ciencias «más duras». Como ciencia básica, también carece de aplicación práctica para su investigación.
La medicina tiene la fuerza de entender el cuerpo desde una perspectiva muy técnica, física y química, pero tiene la debilidad de ver a las personas como simples máquinas que funcionan de acuerdo con ciertas reacciones químicas. Los defectos encontrados en la bioquímica también afectan a la medicina, ya que gran parte de la medicina está definida por los bioquímicos. En ninguna parte de la medicina moderna, por lo que he podido determinar, hay una apreciación seria de los seres humanos como entidades culturales.
Si bien cada uno de estos campos tiene sus limitaciones, se puede ganar mucho combinando sus puntos fuertes. Esto es exactamente lo que hemos hecho con la antropología médica aplicada. No estoy solo en este enfoque de investigación. Soma Grismaijer es mi coautora, investigadora y esposa, además de la inspiración para esta investigación del cáncer de mama. A través de su capacitación y experiencia en ciencias del comportamiento, ecología, salud ambiental y antropología, Soma ha aportado una perspectiva ambiental a nuestro enfoque. No se puede entender realmente a las personas y sus estilos de vida sin comprender los mundos naturales y artificiales en los que se practican.
Soma también le proporcionó a este proyecto del cáncer de mama algo que un hombre no podría haber logrado por sí solo: el punto de vista de una mujer. El cáncer de mama es principalmente una enfermedad de la mujer. Todo el éxito de este proyecto se basó en la capacidad de Soma para preguntar a mujeres de forma objetiva sobre sus estilos de vida y enfermedades.
Tomando este enfoque de antropología médica aplicada, hemos reunido las piezas del rompecabezas del cáncer de mama de una forma nueva, construyendo una imagen tan obvia que nos preguntamos por qué otros aún no la han visto. Hemos desarrollado una nueva teoría sobre el cáncer de mama y hemos probado esta teoría al realizar una investigación original en miles de mujeres. Y estamos seguros de haber descubierto algo tremendamente importante.
Creemos haber encontrado un desencadenante para el cáncer de mama. Es un gatillo que aprietan las propias mujeres, pero es la sociedad la que carga el arma. Como verás, la causa del cáncer de mama es compleja, implica factores biológicos, ambientales y culturales. Algunos de estos son difíciles de cambiar; otros son fáciles de abordar. Entendemos que, a primera vista, el uso del sostén vinculado al cáncer es un blanco fácil para el humor. Entendemos que la risa puede ser un excelente mecanismo de defensa, pero lo único que pedimos es que la información de este libro se juzgue de manera justa.
Esperamos que este libro arroje la cantidad adecuada de luz en la oscuridad que rodea al cáncer de mama. Al ver lo que sucede en realidad, podemos entender mejor la causa raíz de la enfermedad y, al comprender cómo comienza, podemos adoptar una postura para prevenirlo.
Introducción
«¿Los sostenes pueden provocar cáncer de mama? Estás bromeando, ¿verdad?». Esta, por supuesto, sería la respuesta habitual. Como ropa diseñada para realzar el busto de una mujer, los sostenes parecen ser el candidato menos probable como causa del cáncer de mama que puedas imaginar. Te hacen pensar en modelos sexys, no en una mastectomía. Realzan un escote, no provocan cáncer, ¿verdad? Como aprenderás, los sostenes son más que objetos de moda y transforman algo más que la apariencia.
Muchas mujeres consideran que sus pechos son una de las características más importantes de su cuerpo. Este sesgo se ve sin duda enfatizado por la preocupación de nuestra sociedad por los pechos. Los estilos de ropa de mujer, desde ropa interior hasta camisones, trajes de baño o trajes de negocios, se centran en ellos y en el busto. Los pechos son de veras una obsesión americana. De forma irónica, esta obsesión puede ser la causa principal del cáncer.
La búsqueda de una causa del cáncer de mama es frenética. Miles de personas pasan toda su vida profesional trabajando en este problema, y generalmente en un pequeño aspecto de este problema. Cada año se generan miles de páginas de resultados de investigación sobre el cáncer de mama; sin embargo, pocas de ellas han proporcionado alguna esperanza para la prevención o cura de esta temida enfermedad. ¿Están todas estas grandes mentes científicas mal encaminadas?
La incidencia del cáncer de mama es ahora más alta que nunca en la historia. Esta enfermedad se está extendiendo por todo el mundo, sin un final a la vista. Y a pesar del descubrimiento de ciertos factores de riesgo para la enfermedad, la comunidad de investigadores admite que hay tan poca luz con respecto a la causalidad como hace cincuenta años. Muchos investigadores, como las epidemiólogas de cáncer de mama, la doctora Jennifer Kelsey y la doctora Marilie Gammon, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Columbia, piden un nuevo enfoque del problema, una nueva perspectiva.
¿Pero cómo pueden ser los sostenes la causa del cáncer de mama? Pocas cosas son lo que parecen a simple vista. Para cuando termines este libro, esperamos haber cambiado tu forma de ver el uso del sostén y otras opciones de estilo de vida. Este libro se basa en pruebas sólidas que provienen de la investigación médica realizada por otros en el campo del cáncer de mama. También proviene de lo que llamamos el Estudio del Sostén y el Cáncer de Mama (BBC, por sus siglas en inglés), que realizamos para descubrir las actitudes, valores y comportamientos de las mujeres estadounidenses con respecto a sus pechos y sostenes. Como verás, la forma en que las mujeres se sienten y actúan hacia estos tiene mucho que ver con su desarrollo del cáncer de mama.
Por supuesto, al comienzo de cualquier buen estudio debe haber una teoría. Llegamos a nuestra teoría (que el cáncer de mama puede ser provocado por el uso de sostenes) conectando hechos previamente desconectados. El campo de la investigación del cáncer está tan sobrecargado de detalles e información que al principio parecía imposible conectar las piezas. Pero, como verás, todas las piezas han sido conectadas, y la teoría tiene un mérito obvio. Cuando la pusimos a prueba, nuestros hallazgos fueron asombrosos. La conexión entre los sostenes y el cáncer de mama demostró ser mayor que nuestras expectativas originales. Y las implicaciones de nuestra investigación van mucho más allá del cáncer de mama.
Quizás el mayor desafío al que se enfrenta cualquier investigador es la necesidad de mantener una mente abierta. No podemos esperar desentrañar los misterios de nuestro tiempo cuando nos enfrentamos a los prejuicios del mismo. De hecho, existen misterios porque nos han enseñado formas de ver el mundo que están necesariamente limitadas por nuestra perspectiva cultural. Es nuestra propia ignorancia y falta de visión lo que crea misterios y epidemias como el cáncer de mama.
Para poner esto en perspectiva, utilizaremos un ejemplo de la historia médica. Durante el siglo XVIII y parte del siglo XIX, innumerables mujeres y sus hijos recién nacidos murieron de fiebre infantil en algunas partes de Europa. Esta epidemia, que se cobró la vida de casi el cincuenta por ciento de las mujeres que dieron a luz a sus bebés en ciertos hospitales, era un misterio para las grandes mentes médicas de la época. En un intento por explicar la causa de estas muertes, las teorías se multiplicaron durante más de un siglo, muchas de las cuales reflejan un pensamiento profundo y complejo y un razonamiento médico elaborado. Sin embargo, la solución, como ha demostrado la historia, era simple: los médicos no se lavaban las manos entre pacientes o después de manipular cuerpos muertos y enfermos. Los médicos propagaban enfermedades en las salas de maternidad de los hospitales más nuevos de la época como transmisores involuntarios.
Al igual que la mayoría de las personas de esa época, los médicos ignoraban la conexión entre limpieza y salud. Parecería que incluso los expertos a menudo se ven limitados por los prejuicios de su cultura. Las soluciones simples a veces subyacen a problemas aparentemente complejos y generalmente están relacionadas con los hábitos y costumbres implícitos de la época. El desafío de cualquier época al abordar una enfermedad que afecta a la sociedad es examinar el problema desde una perspectiva imparcial y objetiva. Pero la imparcialidad es tan evasiva como la verdad en sí.
Todos somos sujetos (y víctimas) de nuestro tiempo y nuestra perspectiva en la historia. La verdad, o nuestra percepción de ella, es una función de nuestra comprensión limitada y ligada a la cultura, y a menudo es tan fluida como un cambio de costumbre. El problema que esto plantea para la investigación médica es continuo, pero, como verás, en ocasiones es superable. Lo mejor que podemos esperar es elevarnos por encima de nuestra cultura tanto como sea posible para ver nuestros prejuicios, desafiarlos y permitir que nuestra visión del mundo se haga añicos a medida que estos prejuicios ceden bajo los golpes del escrutinio.
¿Qué tiene el estilo de vida o la cultura de ciertas naciones hoy en día que hace que el cáncer de mama sea una enfermedad importante para sus mujeres? Mientras intentamos responder a esta pregunta, desafiaremos al lector a observar los supuestos y los comportamientos básicos que moldean y definen la vida cotidiana para la mayoría de los estadounidenses y otros ciudadanos del primer mundo. A medida que los pilares de la cultura se tambalean, puede haber una tendencia a rechazar la pregunta como irrelevante o demasiado simple. Esto es de esperar. ¿Quién quiere ver el propio tejido de su cultura expuesto a tal grado de examen? Sin embargo, todos debemos superar esta negación para lograr un avance significativo en la comprensión de las enfermedades causadas por la cultura, o culturogénicas. Al igual que un cirujano experto, debemos analizar aquellos aspectos de la cultura que trabajan en contra de nuestra salud y que pueden arrojar luz sobre el misterio del cáncer de mama.
Aprenderás que la suposición cultural que debemos cuestionar se refiere a la moda, en concreto, a la idea de que usar sostén no tiene ningún efecto sobre la salud. Los sujetadores están tan aceptados por las sociedades occidentales modernas que cuestionar su impacto en la salud del tejido mamario parece ridículo. Pero, como será evidente, esta pregunta tiene sentido desde el punto de vista médico y se ve confirmada por los resultados de un estudio que realizamos sobre mujeres en Estados Unidos y por otros estudios que han seguido nuestra investigación.
Hemos hecho todo lo posible para que los contenidos de este libro sean comprensibles para todos los interesados en el tema. Hemos evitado la jerga médica en la medida de lo posible para que el lector no necesite tener una educación médica para comprender la información presentada. Todo lo que se requiere es una mente abierta y la voluntad de examinar la evidencia.
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Buscando al enemigo
El cinco de marzo de 1991, mi esposa, Soma, y yo entramos de forma inesperada en el campo de la investigación del cáncer de mama. Fue el día en que Soma descubrió un bulto en su pecho. Lo peor es que estaba embarazada de dos meses. En ese momento, estábamos dedicados al trabajo de campo en una de las Islas Fiji, estudiando el efecto de la introducción de la medicina occidental y el uso de medicamentos farmacéuticos en la salud y el estilo de vida de estas personas. Elegimos Fiji en gran medida porque las aldeas en las diferentes islas tenían diversos grados de exposición a la medicina y los fármacos occidentales, lo que nos permitía hacer una comparación. Además, la mayoría de los fijianos hablan inglés, lo que facilitaba mucho las entrevistas con los aldeanos.
Este tipo de investigación había sido mi sueño desde mis días en la universidad. Siempre había entendido que la forma en que viven las personas afecta a su salud (según la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos, entre el sesenta y el setenta por ciento de las personas en todo el mundo mueren a causa enfermedades crónicas evitables que están relacionadas con el estilo de vida). Los hábitos de vida saludables, un ambiente limpio, alimentos nutritivos, una actitud positiva y una buena constitución parecían esenciales para una buena salud. Mi objetivo era examinar las enfermedades en relación con todos estos factores.
Este enfoque para entender la enfermedad de manera esencial se plantea el qué, el dónde y el quién de lo que significa ser humano. ¿Qué son las personas? Engloba los problemas biológicos abordados por la investigación biomédica y la medicina. ¿Dónde están las personas? Considera la importancia de estudiar el medio ambiente, que define las condiciones externas en las que viven las personas, entre las que se incluyen la calidad de sus alimentos, el aire y el agua. ¿Quiénes son las personas? Define comportamientos, actitudes y valores; en resumen: estilos de vida. La forma en que viven las personas determinará en gran medida si pueden satisfacer sus necesidades biológicas en su entorno. Con suerte, podríamos descubrir la causa de una enfermedad al examinar el medio ambiente, la biología humana y la cultura. Después de todo, no se puede entender en realidad a las personas o sus enfermedades sin comprender dónde viven, su constitución y funcionamiento biológico, y cómo viven. Considerar a las personas y sus enfermedades en una imagen menos completa que esta sería ver sólo una parte de lo que significa ser humano, y sólo proporcionaría una solución parcial al problema de las enfermedades.
El problema de la especialización
Desafortunadamente, vivimos en un momento en que la especialización ha fragmentado nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos. Tanto el sistema educativo en Estados Unidos como la mayoría de las profesiones promueven la especialización. En la universidad tienes que elegir un campo «principal» de estudio. En la escuela de posgrado, se espera que aprendas a convertirte en un experto en tu especialización y, en la práctica, los profesionales deben proteger su territorio de otros supuestos expertos. Todo esto se traduce en un sistema en el que prácticamente todos somos especialistas. Se trazan líneas duras entre profesiones. Uno es antropólogo, médico, bioquímico o bien filósofo. Se considera poco profesional salirse del campo de especialización y adentrarse en áreas pertenecientes al ámbito de otra profesión.
El beneficio de la especialización, por supuesto, es que los especialistas se centran en un área pequeña y, por lo tanto, se familiarizan extremadamente con su campo de estudio. Es de esperar que un especialista domine todas las facetas conocidas de su campo, desde información poco clara hasta experiencias prácticas. Las personas que sufren un problema de salud específico confían en esto cuando acuden a un médico especialista, como cuando los pacientes con cáncer buscan la ayuda de un oncólogo.
Sin embargo, en medicina, como en otras profesiones, los beneficios de concentrarse enormemente y especializarse se ven disminuidos por la incapacidad de tener una visión más amplia. Cuando un especialista se convierte en un experto en su propio árbol particular, por así decirlo, su visión del bosque se puede perder. El cáncer es uno de esos bosques.
Muchos especialistas se aplican al campo del cáncer. Los bioquímicos estudian los procesos moleculares que intervienen en la transformación de una célula normal en una cancerosa. Los genetistas examinan el código de ADN que puede llevar a las células cancerosas a dividirse sin límite. Los oncólogos se especializan en el tratamiento de cánceres con medicamentos, radiación y cirugía. Hay especialistas para cada tipo de cáncer y, a medida que crece el campo de esta enfermedad, cada especialista se adapta progresivamente a su propio nicho de investigación o tratamiento, y su enfoque es cada vez más limitado.
Siempre nos ha parecido que cuanto mayor sea la perspectiva, mayor será la verdad que se descubra. Si tu objetivo es comprender cómo funciona el bosque, entonces estudiar un árbol con gran detalle, incluida su estructura microscópica, composición genética y demás, obviamente te dirá algo, pero está claro que no lo suficiente como para comprender el bosque. También debes estudiar los árboles en relación uno con el otro, con otras plantas y animales, y con el sol, el viento, la lluvia y la tierra, por nombrar algunos factores. Estudiar los detalles de cada uno de estos factores de forma aislada del resto no te proporcionará una imagen completa del bosque. El todo es mayor que la suma de sus partes. A medida que estudiamos cada parte, no debemos eliminarla del contexto del todo. Sólo estudiando un sistema completo como un todo podemos entender cómo funciona y ver sus partes en la perspectiva adecuada. Pero ha habido una pérdida progresiva de la visión general a través de la especialización, y nuestro sistema educativo así lo refleja, ya que los profesores son especialistas en sus respectivos campos.
Sin embargo, fue la visión general lo que más nos interesó, razón por la cual nos sentimos atraídos por la antropología médica, una de las pocas especialidades que proporciona una visión amplia de la condición humana al reunir varias disciplinas científicas. Como antropólogo médico, confío en los campos de la bioquímica, la medicina y la antropología para estudiar las enfermedades humanas. La antropología es el estudio de personas y culturas que aborda la compleja red de sistemas sociales, creencias, prácticas, ideologías y comportamientos que definen quiénes son las personas. Considera las realidades económicas, las estructuras políticas dentro de la sociedad, las relaciones de poder entre los diferentes grupos dentro de la sociedad y entre sexos, costumbres, valores, actitudes y todo lo que nos hace humanos.
