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La guerra de España es la única ocasión histórica en que nuestro país ha desempeñado un papel protagonista en la historia del siglo XX. Tan solo en otro momento, mucho más grato en sus consecuencias, como fue la transición a la democracia, España ha resultado protagonista de primera fila en la vida de la humanidad. No puede extrañar, por lo tanto, que, desde una óptica nacional o extranjera, se haya considerado como eje interpretativo de nuestro pasado lo sucedido en ese periodo. Este tipo de interpretación tiene un obvio inconveniente que nace de considerar la totalidad de la historia contemporánea española como un camino inevitable hacia la guerra entre dos sectores de la sociedad enfrentados a muerte. Nada parecido a una guerra civil con centenares de miles de muertos se dio en otro país del Occidente europeo durante el primer tercio del siglo XX. Eso, sin embargo, no debe hacer pensar que el enfrentamiento violento fuera inevitable. Hasta el último momento la guerra civil pudo haber sido evitada. Los testigos presenciales, en especial los que tenían responsabilidad política de importancia, suelen considerar que no fue así, pero ello se debe, quizá, al deseo de exculparse por sus responsabilidades. En realidad, pocos desearon originariamente la guerra aunque hubiera muchos más a quienes les hubiera gustado que se convirtieran en reales sus consecuencias, es decir, el aplastamiento del adversario. Con el transcurso del tiempo ese puñado de españoles consiguió la complicidad de sectores más amplios y se olvidó que los entusiasmos políticos que llevaban a una España a desear imponerse sobre la otra implicaban el derramamiento de sangre.
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Seitenzahl: 351
Veröffentlichungsjahr: 2013
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VIVIR EN GUERRA
Javier Tusell
ISBN: 978-84-15930-05-1
© Javier Tusell, 2013
© Punto de Vista Editores, 2013
http://puntodevistaeditores.com/
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.
Índice
El autor
Introducción
La conspiración contra la República
Un primer balance de fuerzas. España dividida en dos
La revolución y sus consecuencias
Represión en la retaguardia
La iglesia ante la guerra civil
La guerra de columnas. Julio a noviembre de 1936
La batalla en torno a Madrid
El primer impacto internacional
La campaña del norte, ofensivas de Belchite y de Brunete. De abril a octubre de 1937
Guerra y economía
La formación de dos ejércitos y la conducción de la guerra
Unidad política en torno a Franco
La evolución política del Frente Popular
Teruel y la marcha hacia el Mediterráneo
La batalla del Ebro y sus consecuencias
Alternativas finales de la política exterior sobre la guerra
Sociedad y cultura en tiempos de guerra
El fin de la guerra
Bibliografía sumaria
El autor
Javier Tusell. Es catedrático de Historia Contemporánea desde 1975, desempeñando su puesto docente en la UNED, como director del Departamento de esta titulación, después de haber sido profesor en las Universidades Complutense, Autónoma de Barcelona y de Valencia, así como subdirector de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma.
Tuvo, entre otros cargos de la vida pública, los de director General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas en el periodo 1975-1982 contribuyendo a la recuperación para España del Guernica de Picasso. También fue concejal del Ayuntamiento de Madrid y miembro del Consejo de Universidades por elección del Senado. Fue nombrado Patrono, en representación del Estado, de la Fundación Museo Thyssen Bornemisza.
Publicó más de cincuenta libros sobre materias de su especialidad científica por los que ha logrado algunos de los premios más importantes que se otorgan en España en ensayo e historia. Su obra literaria y científica se ha concentrado principalmente en la historia política y de relaciones exteriores españolas del primer tercio del siglo XX aunque cultivó también el ensayo político, la crítica literaria o la historia del arte.
Colaboró en la prensa española con artículos en las revistas intelectuales. Fue miembro del consejo editorial de Diario 16 y El Mundo y fue columnista de El País y miembro del consejo de redacción de Historia 16. También participó en programas radiofónicos en la SER, COPE y ONDA cero.
Introducción
LaguerradeEspañaeslaúnicaocasiónhistóricaenquenuestropaís hadesempeñadounpapelprotagonistaenlahistoriadelsigloXX.Tan solo en otro momento, mucho más grato en sus consecuencias, como fue la transición a la democracia, España ha resultado protagonista de primerafilaenlavidadelahumanidad.Nopuedeextrañar,porlotanto, que,desdeunaópticanacionaloextranjera,sehayaconsideradocomo ejeinterpretativodenuestropasadolosucedidoeneseperiodo.
Este tipo de interpretación tiene un obvio inconveniente que nace de considerar la totalidadde la historia contemporáneaespañola como un caminoinevitablehacialaguerraentredos sectoresdelasociedadenfrentados a muerte. Nada parecido a una guerra civil con centenares de miles de muertos se dio en otro país del Occidenteeuropeo durante el primer tercio del siglo XX.Eso, sin embargo, no debe hacer pensar que el enfrentamiento violento fuera inevitable. Hasta el último momento la guerra civil pudo haber sido evitada. Los testigos presenciales, en especiallosque teníanresponsabilidadpolíticade importancia,suelen considerar que no fue así, pero ello se debe, quizá, al deseo de exculparse por sus responsabilidades. En realidad, pocos desearon originariamente la guerra aunquehubieramuchosmásaquienesleshubieragustadoquese convirtieranen realessus consecuencias,es decir, elaplastamientodeladversario.Coneltranscursodeltiempoesepuñadodeespañolesconsiguió la complicidad de sectores más amplios y se olvidó que los entusiasmos políticos que llevaban a una España a desear imponerse sobre la otra implicabanelderramamientodesangre.
Todas las caracterizaciones de la historia española como un proceso hacia la guerra no son ciertas, pero sí lo es la peculiaridad en dicha historiarespectodel resto de las nacioneseuropeas, derivadade la guerra civil.Enciertosentidolaguerracivilnoconcluyóhasta1977,ydesde1939 todos los rasgos de la vida española estuvieron marcados por la improntabélica.Claroestáquetambiénconelcurso deltiempose superó esa situación,pero,afindecuentas,seseguíaviviendoenlaórbitahistórica de aquel decisivo acontecimiento. La actitud del historiador sobre una cuestión como la guerra civil española necesariamente ha de ser humilde. Como se ha dicho acerca de la Revolución Francesa, nunca podrá escribirse una historia definitiva de la guerra civil española por la sencilla razón de que afectó demasiado gravemente a un número demasiado grandedepersonas.
La conspiración contra la República
El estallido de la guerra civil no puede ser atribuido a factores de carácter externo a pesar de la ayuda prestada por Italia a monárquicos, tradicionalistasy falangistas.Durante la guerra se hizo públicapor las autoridadesrepublicanaslainformaciónrelativaalospactoslogrados por los monárquicos con Mussolini en 1934, con el propósito de demostrar la supuesta existencia de una temprana conspiración contra el régimen, pero cuando tuvo verdadero carácter decisivo la ayuda italiana contra la República, y a favor de quienes querían derribarla, fue solo a partirdejuliode1936.
Apartirdefebrerode1936,losgruposdeextremaderecharedoblaron sus esfuerzos por organizar una conspiración capaz de liquidar a las instituciones republicanas mediante el recurso a la violencia. La conspiración que conocemos peor en sus detalles precisos es la de los monárquicos,quizáporelhechodequeseconfundíaenrealidadconla de los jefes militares. Como carecían de masas, tenían que limitarse a financiaraotrosgrupossubversivos(comolaUniónMilitarEspañola)o a preparar unos contactos en el exterior que luego tuvieron una importancia decisiva. En cualquier momento crucial de los primeros días de la guerra aparece un dirigente monárquico desempeñando un papel fundamentalencuestionescomoeltrasladodeFrancoalaPenínsulao la primeraayudaitalianaalossublevados.
Fue, sin embargo, el tradicionalismo quien organizó más tempranamente la conspiración con sus propias huestes. Poco después de las eleccionesdefebrerosujefe,FalConde,habíaorganizadounajuntacarlista de guerra, cuyos primeros propósitos consistieron en tratar de prepararunasublevaciónlimitada.Luegoeltradicionalismoconsiguió, en torno a mayo, aumentar sus posibilidades mediante la incorporación a sus filas del general Sanjurjo, cuyo pasado militar y actividad conspiratorialpreviale daban una preeminenciaobvia entrelos militares.En realidadelgeneralseadhirióalcarlismonadamásqueporverenélelúnicogrupopolíticodispuestoalanzarseconsuspropiasmasasala calle. En Navarra estuvo el centro inspirador de la conspiración, cuya menterectoraeraMola.Losdirigentescarlistasentraronencontactoconél en fecha temprana, pero las relaciones fueron tormentosas. Lo que Fal Conde quería tenía poco que ver con lo de Mola, que, para él, no pretendía sino “disparates republicanos”.Al objeto de influir en el citado general,enlasegundasemanadejulio,loscarlistasletrajeronunacarta deSanjurjoenquesemostrabapartidariodelabanderabicolorcomo “cosa sentimental y simbólica y de desechar el sistema liberal y parlamentario”.Mola acabócomprometiéndosemuy vagamentea aceptar,ensuslíneasgenerales,lasindicacionesdeSanjurjo. A pesarde queno hubo ningúnpartidoqueproporcionarainicialmentetantos hombres armados como el carlismo, la sublevación nunca fue, pues, propiamentetradicionalista.
También Falange Española, por su ideario y por su afiliaciónjuvenil, que ahora crecía meteóricamente, estaba en condiciones de conspirar contraelrégimenrepublicano.JoséAntonioPrimodeRiveradesdela cárcelde Alicantedirigióescritosalosmilitaresespañolespresentando un panorama patético de España y animándolos a la acción. Parece indudable que estos textos tuvieron influencia sobre los acontecimientos, porque gran parte de la oficialidadjoven se sintió especialmente atraída por el falangismo. Con todo, entre un ideario de indudable significaciónfascista,aunqueconsuspeculiaridades,comoeldeFalange, ylosmilitaresnecesariamenteteníaquehabertensionesydificultades.
PrimodeRiveraparecehabertemidoquelosmilitaresnosupieranhacer otracosaqueuna“revoluciónnegativa”.
Nosquedahacermencióndelaúltimafuerzadederechadurantela etaparepublicana,queera,también,lamásimportantey nutrida,el catolicismo político. Es muy posible que la mejor forma de describir su situación a la altura del verano de 1936 sea con el término “descomposición”, con sectores dispuestos a mantenerse en la legalidad y otros apasionados por destruirla. En cuanto al propio Gil Robles, parece indudable que no participó en la conspiración y que ni siquiera los principales dirigentes de ésta pensaron en consultarle, aunque luego se identificó con ella. El destino al que, sin embargo, estaba condenada la CEDA eralamarginación.
LaconspiracióncontraelFrentePopular(inicialmentenoibacontra la República) no fue protagonizada por grupos políticos sino pormilitares. Aunquenosetrataradeunaconspiraciónexclusivamentemilitar ni de todo el Ejército, sí tuvo ese carácter. Fundamentalmente estuvo protagonizada por la generación militar africanista de 1915 y tuvo como rasgo característico una voluntad de utilización desde un primer momentodelaviolencia,queeraproductodelastensionesquevivíaelpaís y que tuvo como resultado que lo sucedido no fuera un pronunciamiento clásicosinounaguerracivil.
Laconspiraciónmilitarfueuntantoconfusaeneldoblesentidode que,porunlado,seconspirabamucho,peromuydesordenadamentey, por otro, los propósitos de los conspiradores ni estaban tan meridianamenteclaros, ni se vieron convertidosen realidad.No hubo una organización militar secreta destinada a organizar la conspiración. La importancia numérica de la Unión Militar Española no parece haber sido tan grande, pero, en cambio, difundió ampliamente la actitud subversiva contra la República en los cuarteles. Quizá el mejor ejemplo del éxito de esta labor propagandísticaes el hecho de que un buen número de los dirigentesdelaUMEdesempeñaronunpapelimportanteenlapolítica dela España deFranco.En la conspiración de 1936 no solo tomaron parte militares monárquicos, sino que la actitud subversiva contra la República estuvoextendida porsectoresmásamplios. Entre lasprincipales figurasde la conspiración y de la sublevación hubo personalidades inesperadas. El general Mola tenía una “limitadísima”simpatía por la Monarquía; Goded incluso había conspirado contra ella. Queipo de Llano también lo hizo y estaba emparentado conAlcalá Zamora. Escritores izquierdistas llegarona asegurar que la presencia de Cabanellas con los sublevados solo se entendía por haber sido obligado a punta de pistola. En cuanto a Franco, puede decirse que su trayectoria hasta entonces había sido singularmente poco política. Sanjurjo, que ya en agosto de 1932 había visto la dificultad de comprometerle en un proyecto conspirativo, tampoco confiaba ahora en que participara en él. Es muy significativo de su carácter, y también de la situaciónque vivíanEspañay los altos cargos militares,el hecho de que el23 de junio dirigiera una carta a Casares Quiroga, que era demostrativa de inquietud pero que podía ser interpretada como una amenaza de sublevación o un testimonio de fidelidad. Fue la participación de estos altos cargosmilitaresloquediouncarácterpeculiaralaconspiraciónde1936.
La fase final de la conspiración tuvo lugar al final de ese mes de abril, fechadelaquedatalaprimeracirculardeMola.Suideaoriginalno difería en exceso de un pronunciamiento, aunque preveía dificultades mucho mayores. El movimiento debía tener un carácter esencialmente militar,demodoque,aunqueesperabalacolaboracióndefuerzasciviles,éstasactuaríansolocomocomplemento.Elmovimientoconsistiríaen una serie de sublevacionesque acabaríanconvergiendo en Madrid. Hasta aquí la conspiración parecía un pronunciamientode no ser porque Mola recomendaba que el golpe fuera desde sus comienzos muy violento. Con ello no quería sentar las bases para una guerra civil, sino recalcar el carácterresolutivo que podía tener la actuacióninicial;pero ejercidaesa misma violencia por sus adversarios, la guerra se hizo inevitable. También difería la conspiración de un pronunciamiento clásico en lo que teníademodificacióndelaestructurapolítica.Elproyectoinicialde Mola tenía un indudable parentesco con fórmulas de “dictadura republicana”.LasuspensióndelaConstituciónseríatansolotemporaly se mantendríanlas leyes laicas y la separación de la Iglesia y el Estado, aspecto éste especialmenteinaceptablepara los tradicionalistas.Pero Molaensusinstruccionestambiénaludíaaun“nuevosistemaorgánico de Estado” tras el paréntesis de un gobierno militar. El mismo hecho de que una cuestión tan importante como ésa no estuviera por completo perfilada es un testimonio de hasta qué punto una sublevación de tanta envergadura hubiera sido evitable (y con ella la guerra) de no haberse producido el asesinato de Calvo Sotelo. Después de él la guerra desdibujó o transformó, como siempre ha sucedido en la historia de la humanidad,lospropósitosoriginarios.
Despuésdelaguerralasizquierdasreprocharonalúltimogobierno delFrentePopularsu incapacidadparaestrangularlarevueltaen gestación. Indalecio Prieto cuenta, por ejemplo, que al denunciar ante CasaresQuirogalaexistenciadelaconspiración,seencontróconla airadarespuesta de éste. Sin embargo estos juicios probablementeno son acertados.Si el Gobierno reaccionabaante ese género de denuncias con dureza no era porque ignorara la existenciade una conspiración:era imposible pensar que no existiera cuando hasta la prensa hacía mención de ella.LamejorpruebadequeCasareseraconscientedelpeligroexistentecomo consecuencia de la conspiración es que tomó disposiciones para evitar su estallido. Los mandos superiores del Ejército estaban ocupados por personas que no era previsible que se sumaran a la sublevación y, gracias a la disciplina, podía pensarse que la totalidad de las unidades militares les fueran fieles. Solo unos pocos militares sublevados ocupaban cargos decisivos: tan solo uno de los ocho comandantes de las regiones militares se sublevó. Fueron fieles al Gobierno el inspector de la Guardia Civil y sus seis generales; fue totalmente inesperado que no lo fuera el inspector del Cuerpo de Carabineros, Queipo de Llano. Muchos militaressospechosos fueron trasladados a puestos en los que parecían resultar mucho menos peligrosos: así sucedió con Franco en Canarias o Goded en Baleares. Mola fue mantenido en Pamplona, quizá porque se confiaraen que no llegaríaa ponerse de acuerdo con los carlistas,pero teníacomosuperioraBatet,elgeneralrepublicanoquehabíasuprimido la revuelta de octubre de 1934 en Barcelona. En cada uno de los cuerpos armadosodeseguridadsetomarondisposicionespreventivas.En Aviación el general Núñez de Prado llevó a cabo una depuración, aunque sus superiores no le dejaron que fuera tan completa como quería. Las plantillasdelCuerpode AsaltoenBarcelona,MadridyOviedofueronmodificadaspara garantizarla lealtadal régimen.Hay, por tanto,numerosas pruebas de que no es verdad la supuesta pasividad de Casares Quiroga.Delos21generalesdedivisión,l7fueronfielesalGobierno;de los59debrigada,lofueron42.Elbandofranquistaeliminófísicamenteal6generales.
Resulta, por tanto, evidente que el gobierno del Frente Popular tomó medidasparaevitarlasublevación,quedebíatemer, por mínima conciencia de la realidad que tuviera. Su error no fue pecar de pasividad sino de exceso de confianza. Todohacepensarqueesperabaquepodía repetir lo sucedido en 1932, pero ahora la situación era muy diferente. Azaña consideraba a esta altura que las conspiraciones militares solían acabar en “charlas de café”. Sin embargo, este planteamiento que suponía dejarquelasublevaciónestallarapara,unavezderrotada,proseguirla obra gubernamental ahora era suicida. La situación de 1936 no era prerrevolucionaria, pero todavía tenía menos que ver con la del año 1932. Solo unavigorosareaccióngubernamentaldestinadaacontrolarlaspropias
masas del Frente Popular y a perseguir a los conspiradores habría sido capazdedisminuirlaamplituddelaconjura.Así,además,elgobierno republicano no hubiera pasado por la situación que se produjo inmediatamente después de la sublevación cuando se encontró obligado a armar a las masas, con lo que su poder, ya deteriorado por la sublevación, todavía se redujo más. Claro está que, al no imaginar la posibilidad de una guerracivil,elgobiernodelFrentePopularnohacíaotracosaquereproducir laactituddelosconspiradores.
Un primer balance de fuerzas. España dividida en dos
TantoelGobiernocomolossublevadospensabanquelasuertedel país se dirimiríaen pocos días. Sin embargo, lo que sucedió en tres dramáticos días de julio fue que el alzamiento transformó las confusas pasiones de principios de verano en alternativas elementales y en entusiasmosrudimentarios.Aunquemuchosintentaronlaneutralidad,hubo queelegir,alfinal,entreunodelosbandos.Enesostresdíasloúnico que quedó claro fue que ni el pronunciamientohabía triunfado por completonitampocohabíalogradoimponerseelGobierno.
LasublevaciónseinicióenMarruecos.Elclimaenelprotectorado era muy tenso, por lo que no puede extrañar que finalmente la conspiraciónseadelantara.Enelprotectorado,comoenotraspartesdeEspaña, el enfrentamiento con el adversario se veía como una especie de “carrera contra reloj” en la que quien se retrasara podía perder su oportunidad. El papel de las masas necesariamente había de ser mínimo frente al de la guarnición. Las tropas mejor preparadas del Ejército, los Regularesyel Tercioseinclinabanclaramentehacialasublevación,e idéntica era la postura de los oficiales más jóvenes. Las autoridades oficiales,tantocivilescomomilitares,pecarondeexcesodeconfianza: el general Romerales y tambiénun primo hermano de Franco fueron fusilados, señalando el rumbo de lo que se convertiría en habitual en toda lageografíapeninsular.Lossublevadosseimpusieronrápidamenteen tan solo dos días (l7 y l8 de julio). Entre los dirigentes de la sublevación había militaresque desempeñaríanun papel fundamentalen la guerra, pero la direcciónle correspondió a quien era, antes de que se iniciarala sublevación, el jefe moral del ejército de Marruecos, el general Franco, comandante militar de Canarias, donde se impuso también sin dificultades.Eldíal9setrasladóaMarruecosenunavióninglésalquilado porconspiradoresmonárquicos.
A partirdell8dejuliolasublevaciónseextendióalaPenínsula, produciendo una confrontación cuyo resultado varió dependiendo de circunstancias diversas. El grado de preparación de la conjura y la decisión de los mandos implicados en ella, la unidad o división de los militares y de las fuerzas del orden, la capacidad de reacción de las autoridades gubernamentales, el ambiente político de la región o de su ciudad más importante y la actitud tomada en las zonas más próximas fueron los factores que más decisivamente influyeron en la posición adoptada. Allídondeladecisióndesublevarsepartiódelosmandosysu acción fue decidida, el éxito acompañó casi invariablemente a su decisión. SielEjércitosedividióyexistióhostilidaddeunaparteconsiderablede lapoblación,elresultadofueelfracasodelasublevación.
Las dos regiones en que en principio cabía esperar un más decidido apoyo a la sublevación, tanto por sus mandos militares como por el carácterconservadordesuelectorado,eranNavarrayCastillalaVieja. En la primera, la sublevación lanzó a la calle a las masas de carlistas, y Mola, que dejó escapar al gobernador civil, no tuvo dificultades especiales para obtener la victoria. En Castilla laVieja, la resistencia que seprodujoenalgunascapitalesdeprovinciaypueblosdeciertaentidad fuesometidasinexcesivasdificultadesporpartedelossublevados.
EncambiolasituacióndeAndalucíaeraradicalmenteopuesta,porque el ambiente era caracterizadamente izquierdista. Cuando el general Queipo de Llano, encargado de sublevar esta región, realizó sus primeros contactos descubrió pocos puntos de apoyo entre las guarniciones. Un papel decisivo le correspondió en la sublevación a Sevilla, conquistada por Queipo con muy pocos elementosy a base de una combinaciónentre audacia y bluff. En Cádiz, Granada y Córdoba también las guarniciones se sublevaron pero, como en Sevilla,la situacióninicialfue extremadamente precaria, pues los barrios obreros ofrecieron una resistenciaque no desapareció hasta que llegó el apoyo del ejército de África. El campo era anarquistaosocialistay,porlotanto,hostilalasublevación,ylascomunicacionesentrelascapitalesdeprovinciafueronnulasoprecarias, en especial en el caso de Granada, prácticamente rodeada. Otro rasgo característicodelosdecisivosdíasdejulioenestaregiónfueelimpacto quetuvoenelloslaconstitucióndelgobiernodeMartínezBarrio,del que más adelante se hablará. El general Campins al frente de la guarnicióndeGranadasevolvióatrás;elhechonotuvoconsecuenciasporque la guarnición se impuso a él y acabó fusilado, pero, en cambio, en Málaga las dudas del general Patxot acabaron teniendo como consecuenciaeltriunfodelFrentePopular.
Lasuertede Cataluñay de CastillalaNueva se jugó en Barcelonay Madrid, respectivamente. En ambas ciudades el ambiente político era izquierdista, los mandos de la guarnición militarestuvieron divididos y los sublevados cometieron errores; estos tres factores unidos a un cuarto, consistente en la actuación de masas izquierdistas armadas, explican lo acontecido,quenofuesinoladerrotadelossublevados.EnBarcelona la conspiración hubo de enfrentarse con autoridades decididas a resistir. LosprincipalesorganizadoresdelaresistenciafueronEscofet,Guarner yAranguren,responsablesdelordenpúblicoenlacapitalcatalana,todos ellos militares. La colaboración de la CNT, con la que las fuerzas leales mantuvieron solo una “alianza tácita”, fue “sustancial pero de ninguna maneradeterminante”.FinalmenteeldecantarselaAviaciónylaGuardia Civilafavordelasautoridadessupusolaliquidacióndelasublevación, apesardequeGodedllegódesdelasBaleares.Éstas,conlaexcepción de Menorca, se sublevaron y las resistencias resultaron fácilmente dominadas. En la última fase de los combates de Barcelona se produjo un hechoquehabríadetenerunaimportanterepercusión:laCNT consiguió la entrega de armas procedentes de los cuarteles y en adelante sus miliciascontrolaronlacapitalcatalana.
En Madrid la conspiración estuvo muy mal organizada. La acción más decisiva fue la toma del Cuartel de la Montaña, en donde los sublevados, en una actitud más de “desobediencia activa” que de verdadera insurrección, permanecieron acuartelados sin lanzarse a la calle y fueron pronto bloqueados por paisanos armados y fuerzas de orden público. Ni siquiera la totalidad de los encerrados era partidaria de unirse a la sublevación, y cuando se expresó divergencia con banderas blancas los sitiadores acudieron para ocupar el cuartel y fueron recibidos a tiros. La tomaseliquidóconunasangrientamatanza.
Enelnorte,elPaís Vascoseescindióantelasublevación:enÁlavael alzamiento militar fue apoyado masivamente, incluso por parte del PartidoNacionalista Vasco.EncambioenGuipúzcoayen VizcayalaactituddelPNV fuealinearseconelGobierno,enparteporlapromesade concesión del Estatuto pero también por el ideario democrático y reformistaenlosocialqueelPNVhabíaidohaciendosuyoconeltranscurso deltiempo.LatradiciónizquierdistadeAsturiashacíaprevisiblequeallí se produjera un alineamiento favorable al Gobierno, pero en Oviedo el comandantemilitarAranda,conocidoporsusconviccionesdemocráticas, consiguió convencer a los mineros de que debían dirigir sus esfuerzos hacia Madrid, asegurándoles su lealtad para acabar sublevándose luego. Su posición fue muy precaria desde un principio, prácticamente rodeado en medio de una región hostil. Una situación peor fue la experimentada por la guarnición de Gijón, que acabó con la victoria de las fuerzas de la izquierda, tras un asedio que se prolongó semanas.EnGaliciatambiéntriunfólarebelión,pesealaoposiciónde las autoridades militares y la resistencia en determinadas poblaciones comoVigoyTuy.
EnAragónyLevanteelresultadodelasublevaciónfueinesperado, teniendo en cuenta las previsiones de los conspiradores y el juicio habitual acerca de las autoridades militares. El general Cabanellas, máximo responsabledelEjércitoenAragón,habíasidodiputadoradicalyera miembrodelamasonería,perosesublevóarrastrandoalatotalidadde lasguarnicionesaragonesas.Elcasode Valenciafueuntantoperegrino pero también descriptivo de las dificultades para tomar una decisión. Durantedos semanaslos cuartelescomprometidosmantuvieronunaespeciedeneutralidadenequilibrioprecario,apesardequeelnúmerode los comprometidos en la sublevación era elevado. El decantamiento final se produjo en un momento en que la República y el gobierno del Frente Popular parecían haber obtenido una situación ventajosa. En la importantebasenavaldeCartagenafueronloscambiosdemandosmilitares losqueexplicanelfracasodeunasublevaciónqueaquíparecíacontar con apoyos importantes. En Extremadura la decisión a favor de la sublevación, en Cáceres, o en contra de ella, Badajoz, dependió de las fuerzas deordenpúblico.
En suma, durante unos cuantos días de julio, sobre la superficie de España quedó dibujado un mapa de la sublevación en que las iniciales discontinuidades pronto empezaron a homogeneizarse. Los ejemplos de estefenómenoquepuedensercitadossonabundantes:AlcaládeHenares y Albacete,porejemplo,originariamentesublevados,fueronrápidamente sometidos, mientras que el regimiento de transmisiones de El Pardo, también sublevado, se trasladó a la zona contraria. La geografía de la rebelión así resultante tenía bastante semejanza con la de los resultados electorales de febrero de 1936, prueba de la influencia del ambiente político de cada zona sobre la definición ante la insurrección. Había, por supuesto, excepciones, como la de Santander, demasiado próxima al País Vascoy Asturiascomoparadecantarseensentidoderechista,oladelas capitalesandaluzas,controladasporsusrespectivasguarniciones.
Entre estas dos Españas existíatodavíael l9 de julio una última posibilidadde convivencia.Esa fechasupuso, en efecto,ladefinitiva desaparicióndelaposibilidaddeunatransacción.DeAzañapartió,endefinitiva, la iniciativa más consistente –pero tardía– para evitar el enfrentamiento.QuizápensabaqueelFrentePopulareraunafórmula que los acontecimientos en el verano de 1936 habían convertido ya en poco viable. Los acontecimientos acabaron demostrando que ya era demasiadotardeparahacerlo,pero Azaña,cuyasculpasenlasituación parecenevidentes,tuvoelméritodeintentareneseúltimomomentoevitar la guerra. El gobierno de Casares Quiroga había tratado de mantener lalegalidadrepublicanaevitandolaentregaa las masas izquierdistas de las armas almacenadasenlos cuarteles. La extensión de la sublevación, el exceso de confianzamostrado ante las denuncias sobre la conspiracióny, enfin,su propiocaráctereimprudentesmanifestacionesimponíansu dimisión.Ell8dejulioAzañatratódequeseformaraungobiernodecentro; el encargado de presidirlo fue Martínez Barrio, que venía a ser algo así comoel representante de esta actitud en la políticaespañola de aquellos momentos.DeacuerdoconelencargodeAzaña,debíaexcluiralaCEDAyala Lliga por la derecha y a los comunistas por la izquierda. Martínez Barrio teníalaposibilidaddeconvenceralosmásmoderadosolosmásrepublicanos de los dirigentesde la sublevación,como, por ejemplo,Cabanellas.“Sería difícil–diceensusmemorias–perosepodríagobernar”.
Peronotuvolaoportunidaddehacerlo.NopudoconvencerniaMola niaLargoCaballerodelanecesidaddeunatransacción,puesningunode ellos consideraba remediable (ni tampoco deseable) evitar la guerra civil. Mola, con quien habló Martínez Barrio, le respondió que ya era tarde,comosiestojustificaranotomarenseriolaposibilidaddeevitar laconflagración.Lo mismodebíanpensar las masas que seguíana Largo Caballero o simpatizaban con lo que él representaba, porque interpretaron el propósito del dirigente de Unión Republicana como una traiciónasusintereses.“Serepetíaelmismofenómenoalucinatoriode larebelióndeAsturias–interpretaMartínezBarrio–,creerqueenEspaña lavoluntaddeunaclasesocialpuedesobreponersey regiratodaslasdel Estado”. En definitiva, fue la actitud de esas masas populares, “irreflexivayheroica”,comoladescribeélmismo,laquehizoinviable su propósito.Enestascondicionesfueyaimposibledeteneramedio camino el estallido de la guerra civil. El gobierno presidido por Giral presuponía su existencia y actuó de acuerdo con ella al aceptar que se entregaranarmasalasmasasrevolucionarias.
En realidad, antes incluso de que se hubiera formado el gobierno de Giral hubo ya en los medios gubernamentales de segunda fila quienes, gracias a mantener una actitud que consideraba el enfrentamiento inevitable, contribuyeron de manera importante a que el balance inicial del conflicto no fuera positivo para los sublevados. Los testimonios de algunos de los principales dirigentes militares republicanos son, en este sentido,muysignificativos. Tagüeñadice,porejemplo,haberpasadoen los últimostiempos“casitodas las noches de guardiaen el puesto de mando de las milicias socialistas en espera del golpe militar” porque llegar al enfrentamiento era un “deseo acariciado largo tiempo”. En la flota, la acción espontánea de un oficial radiotelegrafista llamado Balboa,queenviódesdeelcentrodecomunicacionesdela Armada telegramas a las tripulaciones en favor del Frente Popular, consiguió la rebeliónde buena partede ellasen contrade laoficialidad.Si existíauna organizaciónmilitarconspiratorialconlassiglasUME,tambiénhabía otra,denominadaUMRA (UniónMilitarRepublicana Antifascista),tan minoritaria como la citada pero vigilante respecto a los intentos conspiratorialesantirrepublicanos.
Alaalturadell9dejulionosoloerapatenteelfracasodelosintentos de llegar a una transacción sino también el del pronunciamientoimaginado por Mola, lo que hacía ya inevitable la guerra civil. Esos tres días no habían sido en absoluto resolutivos, tal como habían pensado ambos bandos. El Ejército no había actuado unánimemente y había encontrado resistencias muy fuertes de carácter popular, lo que, además, pruebaquelaactitudgubernamentalfuemuchomenospasivadeloque se suele afirmar. Por eso sería incorrecto presentar lo sucedido como una sublevación del Ejércitoo los generales en contra de las instituciones. Aunquefuerangeneraleslosprincipalesdirigentesdelbandosublevado y le dieran una impronta característica, no faltaron oficiales en la zona controlada por el Gobierno. Como ya se ha señalado, los mandoshabitualmente no se sublevaron y el número de generales afectos al régimen fue elevado. Es muy posible que las diferencias de comportamiento entre la oficialidad en el momento del estallido de la sublevaciónderivarandediferenciasgeneracionales,quesesumabana las ideológicas. Fueron los oficiales más jóvenes los que se sublevaron, hastaelextremodequeenlasúltimaspromocionesdela Academia General Militar el porcentaje de los que lo hicieron se aproxima al100%. De todos los modos al gobierno republicano no le faltaron en un primer momento oficiales, puesto que, de los aproximadamentequince mil en activo, la mitad quedaron en la zona controlada por él. Esta cifra, sin embargo, resulta engañosa por la sencilla razón de que luego el Ejército Popular no hizo uso de ellos por desconfianza respecto a sus intenciones. A losoficialesenactivosesumaronlosretiradosdispuestos a colaborar, y en totalse puedecalcularque elEjércitoPopular pudo contar con unos 5.000, cifra que era inferior en un 50% a los que combatieronenelotrobando,peroquenorevelaindefensiónporparte delasautoridadesrepublicanas.
En efecto, en esos momentos iniciales de la guerra la situación no era nimuchomenostanfavorablealasublevacióncomolohubierasidoen el caso de que ésta hubiera sumado a la totalidad del Ejército. El balance estaba en realidad bastante equilibrado e incluso, desde más de un punto de vista, si alguien tenía ventaja era el Gobierno. Un cómputo realizado por algunos historiadores militares afirma que aproximadamenteel47%delEjército,el65%delosefectivosnavalesyaéreos,el5l% de la Guardia Civil, el 65% de los Carabineros y el 70% de los CuerposdeSeguridady Asaltoestuvieronafavordelosgubernamentales. La división del Ejércitoen casi dos mitadesidénticasocultala realidaddequesuporciónmásescogida,laúnicahabituadaalcombate ydotadademedios,ladeMarruecos,estabaensutotalidadenmanos delossublevados.Encuantoalosmediosnavales,medidosennúmero debuquesofrecenunpanoramatodavíamásaplastante,porque40de los54barcosestabanenmanosdelosgubernamentales.Sinembargo los sublevados pronto contaron con unidades modernas (los cruceros Canarias y Baleares) y, sobre todo, los gubernamentales no pudieron hacerpatentesusuperioridadportenerencontraalaprácticatotalidadde la oficialidad. De unos 450 aviones, el Gobierno contó con más de trescientos, pero los aviones italianos, al ser mucho más modernos, equilibraronlasuperioridadgubernamental.
En lo que era patente ésta era en lo que respecta a los recursos humanos y materiales de los que inicialmente se partía. En un discurso radiado, Indalecio Prieto afirmó que “extensa cual es la sublevación militar que estamos combatiendo, los medios de que dispone son inferiores a los medios del Estado español”. Prieto insistió especialmente en dos hechos: el oro del Banco de España permitía al Gobierno una “resistencia ilimitada” y además el Gobierno tenía también a su favor la mayoría de las zonas industriales, de primordial importancia para el desarrollodeunaguerramoderna.
¿Cómoseexplicaentoncesqueelresultadodelaguerracivilfuera tandistintodelasprevisionesdePrieto? AlmismotiempoqueelEstado republicano hacía frente a la sublevación militar e impedía que ésta triunfara, se enfrentó también a una auténtica revolución social y política surgida en las mismas regiones y sectores sociales que se decían adictos. Elresultadodeestasituaciónfuequeesasventajasiniciales,tampoco tanabrumadoras,seesfumaron.
