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¿Alguna vez se te ha ocurrido pensar que el desayuno podría cambiarte la vida? Comenzar la jornada con un desayuno natural y equilibrado es la clave del bienestar. Cambiar los ingredientes de tu desayuno te ayudará a bajar de peso, sentirte menos hinchado, llevar a cabo todas tus tareas cotidianas con energía e, incluso, hacer ejercicio de una manera más eficaz. Los primeros pasos de la mañana establecen las bases para una vida y salud mejores y, sin duda, será el inicio de muchos otros cambios positivos en tu vida. Este libro te enseñará cómo empezar cada nuevo día con energía y vitalidad, con recetas naturales que revolucionarán todo lo que crees saber sobre los alimentos y cambiarán para siempre cómo te sientes durante el día. Desayunos deliciosos, rápidos y sencillos para preparar en casa, incluso para aquellos que siempre tienen prisa por la mañana.
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Veröffentlichungsjahr: 2022
Colección
COCINA VEGETARIANA Y VEGANA
Silvia Bianco
Adiós
al antojo de dulce
El desayuno natural y equilibrado que elimina el antojo de dulce y el ansia de comer
EIFIS Ediciones
¡Llena tu vida de nueva energía!
Título original en italiano: Bye Bye Voglia di Dolce
Primera edición: Mayo 2022
© Copyright 2022
EIFIS Ediciones
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro podrá reproducirse bajo ninguna forma salvo autorización escrita del editor.
Texto: Silvia BiancoTraducción: Luz Monteagudo, [email protected] Corrector: Ricardo de Pablo, [email protected]
Fotografía: Silvia Bianco
Ilustración: Stefania Misale
Producción fotográfica: Golden.Brand Communication
Editing: Laura Cigolini Gulesu
Art Director: Davide Cortesi
Maquetación: Luciana Agirelli por Golden.Brand Design
Producción digital: Davide Rosati by Marmellata Comunica
© EIFIS Editore srl
Viale Malva Nord, 28
48015 Cervia (RA) – Italia
www.eifis.es - [email protected]
Edición Digital
ISBN: 978 88 7517 383 8
Los editores no se hacen responsables del empleo de la información contenida en este libro. Antes de comenzar cualquier régimen alimentario o programa de ejercicio físico, recomendamos consultarlo previamente con el médico de cabecera y hacerse un chequeo médico completo.
Índice
En las raíces del alimento10
En las raíces del deporte18
Mi historia24
En las raíces del cambio34
Los carbohidratos adelgazan36
Las tostadas engordan40
No hay necesidad de azúcar44
Músculo hinchado, músculo de acero48
No te des atracones52
El desayuno equilibrado58
Es posible rejuvenecer62
Los errores64
La lista de la compra68
Recetas71
Conclusiones160
Gracias167
Índice de recetas168
Yo me pertenezco
Yo me cuido
Yo me nutro
Yo me respeto
Yo me amo
Yo me valoro por encima de todo juicio
Yo cambio
Yo me regenero y renazco
Yo agradezco, honro y bendigo cada parte de mí
Yo me libero
Yo me transmuto
Yo genero y me convierto en tierra fértil
Yo me abro
Yo dejo ir
Yo me veo
Yo me acepto
Yo me escucho
Yo me enraízo en la tierra respirando el cielo
Yo me doy coraje, me acompañoy me convierto en la mujer que hace realidad sus sueños.
A mi marido, Leo, que ha creído en mí antes que yo misma.
A Totò, mi perrito, que como un ángel suaviza y llena de esperanza los momentos más difíciles de mi viaje en la Tierra.
A Pina, mi superabuela, que desde allá arriba me recuerda que el amor es el mejor alimento. Todo el amor que pongo en la cocina viene de haberte observado tanto.
En la actualidad, hablar de alimentación correcta es un asunto complicado. Existe mucha confusión y demasiada información. Demasiada gente recomienda dietas alimentarias para conseguir una buena salud basadas en su experiencia personal o en investigaciones científicas.
Como naturópata, recomiendo un determinado estilo de alimentación para sentirse mejor, tanto física como mentalmente. Siempre he procurado encontrar un estilo de alimentación adecuado a la persona en su totalidad, no solo al problema concreto que desea tratar.
Trato siempre de ofrecer una visión holística del problema de salud. Para mí, la esencia para una buena salud se encuentra en la medicina tradicional china (en concreto en el yin y el yang) y se sustenta en dos pilares:
Somos lo que comemos, o, dicho de otro modo, somos la transformación de lo que comemos, tal como indica en la actualidad la epigenética.
Los ancianos siempre tienen razón: muéstrales respeto.
En las raíces del alimento
Con Tamio Yagisawa
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Adiós al antojo de dulce
Según la medicina tradicional china, la buena salud depende de la combinación armoniosa de dos energías cósmicas, el yin y el yang.
Estas dos energías tienen características opuestas; siempre compiten entre sí, pero al mismo tiempo se complementan.
Cuando están en equilibrio generan bienestar; por el contrario, cuando están en desequilibrio pueden provocar malestar.
El yin representa lo femenino, la oscuridad, el frío, la humedad, la polaridad negativa, etc.
El yang representa lo masculino, la luz, el calor, la sequía, la polaridad positiva, etc.
Una jornada armoniosa se compone de día y noche; luz y oscuridad; el sol (cálido) y la luna (fría); actividad y pasividad, etc. Encontrar armonía no es tan difícil, basta algo de sentido común y observar los movimientos de la naturaleza.
Si hace frío, nos ponemos más ropa y comemos alimentos calientes para combatir el frío. Si hace calor, nos quitamos la ropa y tratamos de consumir alimentos que nos ayuden a refrescarnos.
Esa es la razón de que en los periodos más cálidos encontremos tantas verduras frescas, mientras que en invierno, cuando hace frío, la variedad de verduras, en especial de aquellas que se comen crudas, es menor. Lo mismo sucede con la fruta.
Esta lógica constituía la base del estilo de alimentación de los «antiguos».
Comer jamón en verano o una ensalada de verduras crudas en invierno no tiene un sentido lógico «natural». Sin embargo, somos libres para hacer lo que queramos, siempre y cuando nuestra libertad no dañe a otros.
Nací y crecí en la alta montaña, a 900 metros sobre el nivel del mar. Mi madre nunca
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preparaba platos de verduras crudas, ni en invierno ni en verano, ni siquiera cuando la temperatura ascendía a 38 °C. Las verduras no cocidas se dejaban marinar en sal durante meses. De ese modo, se «cocinaban» con la sal, aunque no con fuego.
En invierno, no solíamos tener verduras, pero a mi madre no le preocupaba porque, según ella, las verduras eran guarniciones, añadidas más por gusto que por sus valores nutricionales (hoy bien conocidos, como la vitamina C, el calcio, el hierro, etc.). Su interés principal estaba en los cereales, en especial el arroz, la cebada y el mijo, porque ayudaban a soportar mejor el terrible frío.
Piensa que, en aquella época, hace unos setenta años, caían hasta dos metros de nieve, que duraba meses. Teníamos gallinas, pero en invierno no ponían huevos. Cuando conseguíamos atrapar alguna liebre o faisán nos sentíamos afortunados. Algunos vecinos tenían un buey o caballo, pero se empleaban para las labores del campo y la producción de estiércol.
A mi madre no le interesaban las proteínas, vitaminas ni sales minerales; lo que le interesaba era el calor. En aquella época se empezaba a hablar de la vitamina C, el calcio y el magnesio, pero «afortunadamente» mi madre era analfabeta. La casa siempre estaba caldeada porque teníamos bastante leña a nuestra disposición, pero ¿y si estaba fría la barriga?
La verdura y la fruta no son fáciles de conservar y mi madre sabía que con las verduras no podíamos entrar en calor, de manera que los únicos alimentos que nos aportaban calor eran los cereales, en especial el arroz, que nos alimentaba perfectamente sin necesidad de contar calorías: 100 gramos de arroz contienen 344 calorías; 100 gramos de verdura, aproximadamente, entre 25 y 50 calorías; y 100 gramos de carne, entre 220 y 300 calorías. Caloría más o caloría menos, sabía que el arroz con un poco de salsa de soja daba más calor y energía para trabajar que la misma cantidad de verduras.
Naturalmente (de nuevo esta palabra) o habitual o tradicionalmente, mi madre siempre cocía el arroz por la mañana, nunca por la tarde o noche. Decía que la mañana era el mejor momento. Es cierto. El arroz cocido por la mañana, con el sol naciente, tiene mejor sabor y energía que el que se cocina por la tarde o por la noche. Aunque las calorías no cambiaban, había algo especial, un placer invisible.
Con la medicina tradicional china he entendido el porqué. Naturalmente, no es más que una observación empírica y no espero que todos me den la razón. El arroz, lavado y dejado en remojo toda la noche antes de cocerlo, comienza a recordarnos momentos felices en los que jugaba, crecía y maduraba en los campos de arroz (agua), desde la primavera
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Adiós al antojo de dulce
hasta el final del verano, rodeado de insectos, mariposas, pájaros y luciérnagas en medio de hojas verdes y flores vivaces.
Cuando lo ponemos sobre la cocina de leña, sentimos el calor de las caricias maternas. Antiguamente, cocer el arroz era un ritual sagrado, porque gracias a él, y también gracias al aire y el agua, se podía seguir adelante. Por esa razón mi madre sentía un gran respeto por todo aquello que genera vida. Mientras el fuego (el calor) cuece el arroz, con la delicadeza de la leña también adquiere el calor del sol naciente, que pone en marcha a la naturaleza. Por el contrario, la energía cósmica Ki de la tarde es menguante y tiene un efecto calmante.
Por la mañana debemos recargarnos para afrontar una jornada activa. Por la tarde, llegamos cansados del trabajo y, por tanto, debemos combatir la fatiga relajándonos. Por ello, el arroz cocido por la mañana es yang, y el cocido por la tarde es menos yang o marcadamente yin.
El arroz de la mañana es ideal para iniciar la jornada con la recarga precisa porque su energía dura mucho tiempo (los cereales liberan gradualmente su energía, mientras que la carne y el pescado nos la dan de inmediato, pero dura menos tiempo que la de los cereales).
Sabemos que, a nivel químico, el cerebro tiene necesidad de azúcar, la glucosa, por lo que el arroz y otros cereales como la cebada, el trigo o el mijo (es decir, los carbohidratos complejos) son beneficiosos para el cerebro y le permiten trabajar con tranquilidad sin que se produzca «hambre nerviosa», como sucede cuando introducimos azúcares simples o disacáridos. El arroz es el mejor carburante para mantener el corazón activo y sano.
Quiero aclarar que, según el punto de vista de las filosofías orientales, prescindir del desayuno se considera un buen hábito. En el ciclo vital cósmico, la mañana es un periodo de purificación para descargar los residuos acumulados, incluso de los días anteriores. Pero si debemos o queremos hacer un desayuno, debemos dejar el terreno limpio (el intestino) y después añadir sustancias que nos aporten una buena energía.
Afortunadamente, los hidratos de carbono, refinados o integrales, tienen estas características, nos aportan energía para la desintoxicación y cargan nuestras baterías para mucho tiempo.
Verduras y frutas son ideales para la desintoxicación, pero apenas nos cargan las baterías. Las abuelas sabían esto por experiencia. A lo largo de la historia, las guerras y revoluciones no han estallado por la carne, la verdura o la fruta, sino más bien por una hogaza de pan o un puñado de arroz. La Revolución francesa del siglo XVIII es un claro ejemplo. A pesar de carecer de conocimientos sobre calorías, vitaminas y minerales, las gentes de aquel tiempo sabían por tradición que los carbohidratos eran esenciales. Obviamente, esto no
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es aplicable a los pueblos que habitan lugares donde no es posible cultivar cereales, como sucede con los inuit.
Si no te gusta el arroz, el pan también está bien. El mejor desayuno siempre es salado porque concentra mejor la buena energía de los hidratos de carbono. Si los cereales son integrales y biológicos, mucho mejor.
El desayuno salado ideal, que realmente da mucha energía, es pan de harina bio con paté de aceitunas; o unas rebanadas tostadas de polenta con aceite o anchoas saladas; o también los copos de cereales cocidos en caldo vegetal salado (sopa de miso).
Para mí, ningún cereal supera al arroz. Cuando no nos sentimos bien o tenemos fiebre, instintivamente o no, comemos arroz. El arroz tiene algo más que el resto de los cereales a nivel físico-químico, pero también en todo lo relacionado con la energía cósmica, con el llamado Kien japonés, Quien chino o Pranaen hindi. Puedo asegurar que el arroz es una pranoterapia ideal.
Tomemos como ejemplo el trigo y el arroz. El trigo se siembra en noviembre, con el frío, y durante todo el invierno permanece bajo la tierra o incluso bajo la nieve, por lo que no verá el sol durante meses. Con la llegada de la tibia primavera, el grano germina. En junio crece y madura, y se cosecha cuando finalmente empieza a ver y sentir el calor del sol.
El arroz se trasplanta en los arrozales en abril, crece y madura absorbiendo plenamente el calor del sol y la energía del agua, y se corta en septiembre, cuando está seco.
Desde el punto de vista calórico no hay mucha diferencia entre estos dos cereales. Sin embargo, el arroz tiene un calor que el trigo no ha tenido: el calor del sol.
Tomar el sol en el mar o en la montaña, tanto en verano como en invierno, es un placer enorme. Desde el punto de vista físico-químico, el sol es fundamental para la salud de los huesos a causa de la vitamina D. El trigo y el arroz contienen un poco de calcio, pero la exposición al sol del arroz lo diferencia enormemente del trigo. En la práctica, si consumimos arroz no nos faltará vitamina D.
El trigo es más resistente y serio. El arroz es más efusivo y alegre, nos da un mayor empuje. Por esta razón, elegimos el arroz cuando estamos enfermos o deseamos sentirnos mejor. Del mismo modo, cuando nuestros antepasados se sentían mal, comían un trozo seco de pan de harina de trigo o centeno bien «caliente».
He hablado de la vitamina D del arroz; ahora añadiré otro dato relacionado con el arroz u
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Adiós al antojo de dulce
otros cereales y la musculatura: cuando hablamos de una buena musculatura, la mayoría piensa en la carne. Sin embargo, yo afirmo que los hidratos de carbono pueden realmente construir una buena musculatura «especial». Los músculos hechos de carbohidratos son como un acero fino, flexible y resistente. Los músculos resultantes de las proteínas son como un acero grueso y menos flexible. Los antiguos agricultores comían básicamente pan y aceitunas, y tenían unos músculos fuertes como el acero.
A continuación, cito un antiguo dicho chino, tomado de un libro de la profesora Margherita Sportelli, que nos da una idea de la fuerza cósmica de los hidratos de carbono:
No hagamos como el hombre de Sung. Había un hombre en Sung que se lamentaba porque el trigo tardaba mucho en crecer, así que fue al campo y tiró de las plantitas hacia arriba. De vuelta a casa, contó con inocencia: «Hoy estoy cansado porque he ayudado al trigo a crecer». El hijo salió corriendo a mirar y encontró que el trigo estaba completamente seco. Cuando deseamos que algo crezca, debemos actuar solo con una mano y no «ayudar a crecer» con la otra mano; no podemos forzar un proceso natural.
El cereal en cuestión: ¿el trigo o el arroz?
Químicamente, los músculos están hechos de proteínas, las cuales pueden provenir de la carne, el pescado, los huevos, etc. También los hidratos de carbono pueden crear músculo, pero, en ese caso, necesitaremos cereales, puesto que contienen algo de proteína. Se suele creer que una mayor cantidad de proteína crea una mayor masa muscular. Sin embargo, los músculos generados rápidamente solo van bien para esprintar.
¿Y para la resistencia?
100 gramos de cereales contienen de 7 a 16 gramos de proteína.
100 gramos de carne o legumbres contienen 21 gramos de proteína.
100 gramos de trigo contienen de 11 a 12 gramos de proteína; 100 gramos de avena, 14 gramos de proteína; 100 gramos de arroz, 7,5 gramos de proteína.
Por tanto, los cereales pueden generar músculo, que se moldea con entrenamiento, con calma. Los resistentes músculos de los campesinos se creaban exactamente de esta manera.
A pesar de contener menos proteínas que otros cereales, el arroz es ideal para generar músculos fuertes aptos para largas resistencias, por lo que podemos afirmar que el trigo
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es más rápido que el arroz.
Gracias al trigo, el atleta Pietro Mennea logró ser campeón de los 200 metros.
¿Y para un atleta que practica triatlón?
Si buscamos un efecto más rápido, ¿podemos hacer algo para que el arroz actúe a más velocidad?
Basta con saber cocerlo de la manera adecuada. En la actualidad hay tantas dietas porque se sabe que los alimentos son esenciales para la buena salud. Pero encontrar la alimentación correcta puede ser un rompecabezas. Hay un exceso de información. En Oriente existen algunas directrices que nos indican cómo crear un plato perfecto. El suyo es un concepto tradicional en el que se habla de alimento principal y alimento secundario o guarnición.
El arroz u otros cereales constituyen el alimento principal, mientras que las verduras, la carne, el pescado y los huevos deberán ser la guarnición. Esto es exactamente lo opuesto a cómo nos alimentamos hoy. También en Occidente usamos fórmulas que ayudan a ver cuál es el alimento principal, el primario, y cuál el secundario. Por ejemplo, pasta y alubias, arroz y guisantes, pan y fiambre, etc. Puesto que el trigo y el arroz no contienen los ocho aminoácidos esenciales, para que el músculo crezca estas proteínas no son suficientes, por lo que es necesario añadir legumbres a los cereales.
La pasta con alubias es una obra maestra creada por un campesino desconocido y sin formación. Un plato de arroz y azuki (soja roja) es algo que nunca falta en las inauguraciones de nuevas actividades. En un plato de apertura.
En cualquier caso, cuando nos sentimos mal, tenemos más ganas de carbohidratos que de proteínas, y eso sucede por una razón. Nuestros antepasados sabían que los cereales o los carbohidratos son alimentos adaptados al ser humano. Poco importa que sean refinados o integrales, lo importante es que sean cereales. Por supuesto, es mucho mejor que sean integrales.
Mi hermana, mi madre y yo comíamos al amanecer arroz blanco cocido con poquísima guarnición y una pequeña cantidad de sopa de miso. Cuando mi madre empezó a comer principalmente platos de «guarnición» y menos platos «principales», como verduras crudas con azúcares instantáneos (refinados), comenzó a sentirse mal. Además, hay otra importante consideración: en el pasado, la cantidad de alimento era limitada.
Silvia, la autora de este libro, ha experimentado mi teoría alimentaria, que no es más que
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Adiós al antojo de dulce
