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Darse cuenta marca la diferencia entre vivir y sobrevivir. El impacto de esta premisa abre un espacio de diálogo en nuestro interior. Nos interpela en lo existencial. Cuál es la diferencia entre vivir y sobrevivir. Cómo darse cuenta. Depende de mí, o depende de las circunstancias y del destino, ¿Es posible cambiar estereotipos, prejuicios y patrones de conducta aprendidos que nos limitan y nos hacen daño? Decir BASTA a la indiferencia, a la falta de solidaridad. Trabajar por el bien común, reconociendo la diversidad humana y las situaciones de vulnerabilidad social que podemos transformar y mejorar, inspiradas en la propia resiliencia. Aceptar es reconocer la realidad y asumir una responsabilidad en relación con lo que nos pasa. Hacerse cargo. Un círculo virtuoso que comienza con el propio cambio y se proyecta en cada vínculo, familiar, afectivo, laboral, social. Cuál es la diferencia, entonces, entre vivir y sobrevivir. BASTA nos invita a conocer historias inspiradoras de quienes, con valentía y determinación, lograron encontrar respuestas reveladoras para su vida.
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Seitenzahl: 100
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Basta
Declaraciones de basta
Roxana Hatzikián
Hatzikián, Roxana
Basta / Roxana Hatzikián. - 1a ed. - Villa Sáenz Peña : Imaginante, 2025
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-631-6664-11-2
1. Autoayuda. 2. Coaching. I. Título.
CDD 158.1
Edición: Oscar Fortuna.
Correcciones: Gabriela Spilzinger.
Diseño de tapa: Alan Brignone.
Conversión a formato digital: Estudio eBook.
© 2025, Roxana Mabel Hatzikián
© De esta edición:
2025 - Editorial Imaginante.
www.editorialimaginante.com.ar
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Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra bajo cualquier método, incluidos reprografía, la fotocopia y el tratamiento digital, sin la previa y expresa autorización por escrito del titular del copyright.
A Olivia, que me anima siempre y aporta su magia. A Gabriela Spilzinger que vas más allá de ser la Correctora literaria y me ha acompañado en todo este proceso de volcar en letras cada una de las historias, y me permitió algunas licencias. A Alan Brignone, amigo y artista impecable que aportó su mirada para la Portada, simple e impactante, a Silvia Pitta por ser la primera lectora y aceptar el desafío del prólogo a su cargo. y a cada una de las personas que me han inspirado en cada una de estas 24 historias de BASTA… GRACIAS.
BASTA
Darse cuenta marca la diferencia entre vivir y sobrevivir. El impacto de esta premisa abre un espacio de diálogo en nuestro interior. Nos interpela en lo existencial.
Cuál es la diferencia entre vivir y sobrevivir. Cómo darse cuenta.
Depende de mí, o depende de las circunstancias y del destino, ¿Es posible cambiar estereotipos, prejuicios y patrones de conducta aprendidos que nos limitan y nos hacen daño?
Cuando Roxana me invitó a escribir el prólogo de su segundo libro, me conmovió, me sentí sorprendida. Yo no había participado de la experiencia de sus talleres, ni de sus entrevistas profesionales.
Sin embargo, ya hacía un tiempo, que la vida nos había cruzado en un proyecto con ideales en común: Decir BASTA a la indiferencia, a la falta de solidaridad. Trabajar por el bien común, reconociendo la diversidad humana y las situaciones de vulnerabilidad social que podemos transformar y mejorar, inspiradas en la propia resiliencia.
Aceptar es reconocer la realidad y asumir una responsabilidad en relación con lo que nos pasa. Hacerse cargo.
Un círculo virtuoso que comienza con el propio cambio y se proyecta en cada vínculo, familiar, afectivo, laboral, social.
Cuál es la diferencia, entonces, entre vivir y sobrevivir.
“Declaraciones de BASTA” nos invita a conocer historias inspiradoras de quienes, con valentía y determinación, lograron encontrar respuestas reveladoras para su vida.
Silvia Pitta
Creadora y Co-Fundadora de “Aldea Ideal por una comunidad inclusiva y sustentable” fundación sin fines de lucro. PJ 1875881.
Reconocida con el premio internacional “Eslabón en la Cadena de la Paz” (2022) por su labor en la Cultura.
Mujer y madre curiosa y disruptiva, creadora implacable y constante.
Lola es, lo que llamamos en Argentina, una “laburadora”. Mujer, Madre e Independiente. Personal de limpieza, ninguneada y bastardeada en múltiples ocasiones. Esposa de Juan y madre de Germán, un adulto que aun, con sus 28 años, reclama como un adolescente. Un adulto-adolescente que todavía no decide qué estudiar o de qué trabajar y aún vive con mamá y papá. La veo, y es una mujer como tantas, de esas que corren de aquí para allá durante todo el día. Lola se levanta temprano y se va a dormir tarde, y última en su hogar después de dar mil vueltas y dejar todo listo para el día siguiente. Según ella misma justifica, para alivianar las tareas de su hijo y de su esposo. Lola tiene una historia (en realidad, muchas más) con la que carga cada día, y que pocos en su entorno conocen. Como les pasa a muchas personas, no es que no la cuenta, sino que no la escuchan, no la registran. Y ella ya se acostumbró a ser casi invisible para algunos. Lola es una triunfadora. Cuando le digo que lo es, se ríe y todavía no lo cree. Es que hay que saber de dónde viene y de dónde salió para poder darse cuenta. Lola un día dijo BASTA, y una nueva puerta se abrió en su vida que le permitió vivir y, así, dejar de sobrevivir. Tenía 5 años cuando jugaba en la parte de atrás (el patio, digamos) de la prefabricada que, con mucho esfuerzo, sus padres habían comprado siendo jóvenes, junto con el terrenito donde la instalaron. Todo esto, antes de que ella naciera, cuando estaban enamorados. Antes de la violencia, de las golpizas y la relación nociva que luego construyeron, y terminó deteriorando a toda la familia. Aquel día, la mamá llamó aparte a Lola (dejando atrás a su hermana menor y a la bebé) y le entregó una carta para que ella se la diera al padre. Ese fue el último día que Lola vio a su mamá, quien abandonó a sus 3 hijas y huyó de los golpes. Lola me lo cuenta y no derrama ni una lágrima. No, no está superado. Está atravesado y con mucho dolor, con muchas secuelas. Amó a su papá y a su mamá, los odió luego; y los volvió a amar después y hasta hoy. Cuando comprendíó que en la vida no hay que entender todo, y menos a mamá y papá. Cuando entendió que en el momento que ella nació, mamá y papá ya tenían sus historias, sus traumas, sus heridas. Tampoco los justificó. Los amó, los padeció y los aceptó para volver a amarlos desde la compasión. Lola no sufrió golpes de su padre, pero sí su descuido. Asimismo, el abandono de su madre y el abuso de un amigo de papá. A los 10 años ya había muerto su inocencia. Ya se había desilusionado, decepcionado, llorado y sufrido lo que una niña de esa edad no debería atravesar jamás. Y pasó, y sigue pasando. Llegó herida al encuentro, adulta biológica – niña herida emocionalmente. Dolida, amargada, aburrida y sin entender su propósito en esta vida. Aun así, hizo su declaración de BASTA. Después de un tiempo y unos cuantos procesos, Lola logró hacer su propia “alquimia”. Su transformación (del plomo en oro) desde la esencia, desde el alma, desde su psique. No es magia, son procesos. Difíciles a veces, muy difíciles. Aunque nada más liberador y saludable que empezar a amigarse con el pasado para poder avanzar y entender que el propósito de la vida es VIVIRLA, y no solo padecerla. Hoy es una Mujer fortalecida, porque logró transformar el dolor. Y, sobre todo, liberarse de culpas y resentimientos, del miedo a repetir la historia. Un detalle no menor para tener en cuenta: su primera pareja la golpeaba. Como papá a mamá. La actual es más homogénea, ambos dan y ambos reciben, desde afecto hasta respeto. Ahora, está aprendiendo a poner límites a su hijo; y, a pesar de que la llena de miedo, también a soltarlo y apoyarlo para que no repita la historia. Darle “todo lo que a mí me faltó” no es una buena receta. Ya lo aprendió y no se castiga. Está corrigiendo, modificando, desde el Amor. Su hijo hoy cuenta con el cuidado que con ella no tuvieron, como así también el apoyo de su familia. Por el contrario, ella y sus hermanas solo tuvieron abandono y la espalda de sus abuelos y tías cuando más lo necesitaban. Por eso, ella se hizo grande siendo niña. Ahora le toca ir al rescate de esa niña desde este lugar de adulta y recordarle su lugar.
Lola es una triunfadora, una mujer victoriosa. Porque hoy, nadie la ningunea ni le falta el respeto. Porque hoy, se para ante la vida desde un lugar de creadora. Hoy tiene sueños y los hace realidades, les pone cimientos a esos castillos que construyó en el aire. Pone límites, dice que no; y no busca la aprobación de los otros, sino la suya. Hoy se acepta, acepta lo que fue y lo que es. Y transforma lo que no le agrada. Recuperó su poder, encontró el camino hacia ella misma y dio los pasos necesarios para reconocer ese camino. Hoy camina sola, y sonríe. Esa es Lola. Celebra sus logros. Ella sabe de donde salió…a dónde llegó. Hoy no tiene idea hasta dónde puede llevarla la vida. Lo que sí sabe es que cambió la historia, rompió el patrón de violencia familiar y que, por el precio que sus padres, hermanas y ella misma pagaron, AHORA puede hacerlo mejor.
Así como del barro emerge la flor de Loto, Lola emerge desde un pasado de violencia, abuso, desprecio y abandono, convertida en un Ser bello e iluminando sus sombras, amigándose con sus miedos.
Punto. Y seguido…
Empresaria exitosa, creadora absoluta de su vida, resiliente, con mucha ACTITUD, solidaria y generosa como pocas. Sonríe y cambia el ambiente con su energía. Alma. 45 años. Hija de Sandra. Madre de Analía. Solo que Analía cree que es su hermana mayor. Alma quedó encinta a los 18 años. Sandra era alcohólica en ese momento, lo cual impedía que ejerciera limpiamente su maternidad. Aun así, se “adueñó” de su nieta y la legalizó como su hija, convirtiendo a Alma en la hermana mayor. Dejó el alcohol y se dedicó a criar y educar a Analía. Excluyó a Alma, a su hija, la rechazó. La echó de su casa porque “se embarazó”, porque la defraudó. Incluso, hasta la acusó de fracasada, entre otros tantos adjetivos descalificantes. Duros, crueles, de esos que una no piensa escuchar de mamá. Alma recibió toda la ira y enojo de una Mujer profundamente herida, pero no por su embarazo, sino por su propia historia. Lo que su madre, Sandra, nunca imaginó cuando la despidió tan deshumanizadamente, era que iba a enfermar. Fue tan tomada por esa enfermedad que hasta le impedía manejarse por sus propios medios. Quedó postrada, dolida, vulnerable… ¿y quién podría haberse ocupado de ella? Sí, por supuesto, ALMA. Su hija mayor. Estando postrada y enferma, cualquiera hubiese imaginado que tomaría consciencia y le daría a su hija el lugar que le había quitado. Que sería una oportunidad para recuperar el tiempo perdido, aclaro que durante años estuvieron sin contacto. Cuando Sandra enferma, Alma regresa para ocuparse de su mamá. Y su mamá también se ocupó de Sandra. Ya ambas adultas, se ocupó de maltratarla, de agredirla, de lastimarla a más no poder, de despreciarla, insultarla a diario y en todo momento. A esa hija que la cuidaba, la bañaba, la cambiaba, le daba su medicación. La abrazaba y lloraba cada día esperanzada en que su madre tuviera UN acto de Amor, una aprobación mínima, aunque sea. Alma un día se acercó a un taller terapéutico y, ante una toma de consciencia, hizo su Declaración de BASTA. Inolvidable aquel momento. Entre lágrimas, empezó a soltar a su mamá. En definitiva, a aceptarla, a verla tal cual era, a ver su dolor, su propia historia. Entonces, entendió su propio dolor y su historia. Y abrazó el momento en todo sentido. Pudo decir BASTA de todo lo que venía viviendo y no tenía que ver con ella. Y sintió una liviandad única, se sintió liberada porque ordenó cada sentimiento y cada pensamiento en su corazón. Le dio a mamá su lugar, y ella TOMÓ SU LUGAR. Se marchó conmovida y movilizada. Sintiendo “algo” que no podía explicar, aunque algunas personas que allí estábamos también lo sentimos. Al día siguiente, su madre también dijo BASTA y dejó este plano. Alma nos comunicó su fallecimiento, comenzando su duelo con dolor. Sí, los duelos duelen…y llevan su tiempo. Y hay que permitirse llorar, angustiarse, o lo que surja para transitar ese momento. Sandra, su madre, también se liberó y se fue en paz. Por fin, ALMA pudo confesarle a Analía que ella no era su hermana mayor, sino su madre. Por fin pudo cortar el lazo de esa lealtad hacia su madre y hablar con su hija, de madre a hija por primera vez.
