Coca - Doc Arkko - E-Book

Coca E-Book

Doc Arkko

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Beschreibung

Cuando la coca fue calificada internacionalmente como droga, en 1961, por motivos políticos, económicos y culturales, nadie adivinaba qué tipo de favor iba a ser para el tráfico de cocaína. Este estimulante potente, derivado a partir de la hoja de coca con la ayuda de químicos, ya tenía cierta reputación entre círculos reducidos occidentales, pero al encontrar más consumidores, especialmente en EE.UU., su producción y contrabando brindaron ganancias astronómicas para los narcos, haciendo de la narcoeconomía la mayor economía andina. La guerra antidroga siempre se ha fracasado y a veces hasta ha pervertido en una guerra por la misma droga, en cuya sombra la coca pasó a ser la planta más malentendida del mundo. Tomando los estudios científicos y los recortes periodísticos, esta obra de un investigador finlandés examina las dimensiones históricas, políticas, económicas y medicinales de la coca y su derivado más conocido con el fin de mostrar cuán inmenso ha sido el impacto de su estigmatización y abuso para los países andinos y, particularmente, para Colombia. Tras la publicación varios libros en su lengua materna, el finés, revela en esta obra, su primer libro escrito en español, la historia de la represión y explotación sistemática de la planta andina-amazónica que aporta múltiples beneficios nutritivos, medicinales y terapéuticos, pese a su fama de ser la mata que mata.

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Seitenzahl: 553

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Agradecimientos

Debo agradecerle los servicios informativos a la biblioteca municipal de Kangasniemi, Finlandia, la cual me prestó otra vez su invaluable ayuda en mis aventuras literarias, como lo ha hecho siempre.

Asimismo, mi gratitud se extiende a dos instituciones finlandesas por las becas, al Centro de Promoción de las Artes de Finlandia y otra que lamentablemente prefiere el anonimato.

Por su parte, a un gran amigo argentino de letras, Emiliano Sarmiento Barón, le debo la corrección ortográfica del manuscrito.

Para la cordillera de los Andes

y la farmacia más vasta del mundo,

la Amazonia.

El 33 por ciento de los royalties

de este libro va a ser donado para

la preservación de la selva amazónica.

ÍNDICE

Agradecimientos

Prólogo

Capítulo I: Historias de curiosidad y curación, de incomprensión y asombro

Capítulo II: La floreciente mercancia de la muerte

Capítulo III: La lucha desquiciada de la guerra antidroga

Capítulo IV: Métodos de la guerra antidroga

Capítulo V: La paz parcial con las FARC y la implementación problemática del PNIS

Capítulo VI: El reacomodo del poder, la inauguración del paramilitarismo estatal y la neoliberalización explotadora

Capítulo VII: ¿Victorias de la guerra antidroga?

Capítulo VIII: Arquelogía científica de una droga y un alimento medicinal

Capítulo IX: Retos para resucitar del sepulcro

Capítulo X: La reiterada repetición para los oídos sordos

Notas

Bibliografía

PRÓLOGO

Del silencio abrumadora del Rio Putumayo a la noche internacional

Unos días antes de la navidad de 2019, llegué por el río Putumayo a Puerto Leguízamo, un municipio colombiano situado en la orilla norteña de la corriente fronteriza que recorre entre la región más sureña de Colombia y la más norteña de Perú. El objetivo único de mi viaje era tomar yagé con un taita recomendado por otro taita con quien había tomado dicho remedio algunas veces en San Agustín, en el departamento de Huila. Pero en una oficina, quizá perteneciente a una organización campesina, en donde iba a buscar a una persona que me llevaría donde el taita – como el primer taita me había aconsejado – encontré solo miradas silenciosas por parte de la gente presente y un número de teléfono.

En ese momento no supe que el número no me serviría para nada, pero presentí que no iba a encontrar lo que estaba buscando en aquel pueblito algo diferente, que no se asemejaba a ningún otro pueblo que ya hubiera visitado durante los 18 meses que había estado en Colombia. Tenía algo que no me atraía; algo que empezó a revelarse a través de algunas discusiones discretas que tuve con unos locales. Primero con un vendedor callejero de plantas medicinales y remedios tradicionales, un anciano de pocas palabras que me vendió una libra de mambe excelente; luego con un funcionario cansado de Protección de las Fronteras, un joven procedente de otra parte de Colombia quien me contó sobre su aburrimiento en un bar; y por último con un muruí robusto, un peruano de Puerto Lupita, la aldea ubicada en el otro lado del Río Putumayo, quien reveló ser el fabricante del mismo mambe, esa deliciosa harina de hoja de coca mezclada con ceniza de yarumo, que había aprendido a tomar durante mi primer viaje al Amazonas colombiano dos años atrás.

Estas discusiones cortas y poco informativas me despertaron un interés que me llevó por primera vez a una biblioteca colombiana, la de Puerto Leguízamo, para hojear algunos libros de historia, política y sociología, pero no me ofrecieron nada sorprendente, a diferencia de un recorte periodístico que contaba sobre una masiva operación militar que el ejército peruano había llevado a cabo recientemente en las selvas cercanas detrás del Puerto Lupita para destruir un conjunto de laboratorios ilegales de cocaína.

Habían aparecido grietas en mi imagen ingenua sobre la situación actual de aquellas selvas. Claro que ya sabía algo muy general sobre su historia y fama internacional, pero al leer más y más recortes de distintos medios, estas grietas se convirtieron en fisuras a través de las cuales empecé a ver otra Colombia de la cual nadie me había hablado; y de ahí creí entender el silencio de la oficina de aquella organización campesina, así como el del número telefónico.

No obstante, este entendimiento llegó poco más tarde. Primero solo se me ocurrió, sin pensar nada, cuando miraba la corriente lenta del Río Putumayo, con el cachete lleno de mambe muruí, que debo escribir un libro sobre las dimensiones históricas, políticas, económicas y medicinales de la coca para entender cuál ha sido su impacto para los países andinos y, particularmente, Colombia; y luego, a lo largo de la investigación de los recortes periodísticos y los estudios de diferentes disciplinas científicas, quedé aún más convencido de que el entendimiento de estas dimensiones es una clave fundamental para comprender la historia, la actualidad y el futuro de los Estados andinos y, sobre todo, el colombiano, con toda su crisis y problemática social.

En estas circunstancias, surgió el subtítulo explicativo por debajo del cual se puede cifrar toda la historia de la hoja de coca en relación con el mundo blanco –o mejor dicho, toda la historia de la relación represiva y explotadora del mundo blanco hacia la hoja de coca – ya que esta planta suramericana es, sin dudas, una de las plantas más estigmatizadas, malentendidas y abusadas de toda la humanidad. Pese a esto, la coca misma podría brindar una posibilidad real para el cambio, si las mentes occidentalizadas se detuviesen y escuchasen.

Capítulo I

HISTORIAS DE CURIOSIDAD Y CURACIÓN, DE INCOMPRENSIÓN Y ASOMBRO

”No hay alguno de las castas dichas que empiece a enviciarse en el mascado y jugo de esta hoja que, por más ágil, más activo y más laborioso que sea, no empiece a entorpecerse en todo hasta llegar a un estado de estupidez.”

F. De P. Sanz, intendente de Potosí en el siglo XVII.

”No hay mejor forma de llegar a un acuerdo con los indios que compartir poco de coca.”

Miller, general inglés en el siglo XIX.

De la fascinación y la satanización a la exploración y la explotación

La relación ambivalente de los europeos con la coca se origina en sus primeros contactos con la planta. Por un lado, su uso entre los indígenas de las tierras incógnitas causó incomprensión y desprecio, y, por otro, mucho interés y cierta admiración, dependiendo de quienes se encontraran con dicha planta, cuya importancia en las culturas amerindias quedó clara para los invasores blancos.

Américo Vespucio (1454–1512), explorador y cosmógrafo florentino, al encontrarse con algunos indígenas en la costa de Venezuela actual, anotó en 1499 que aquella gente era la más bestial y fea que había visto y, además, tenían bocas llenas de alguna hierba verde que masticaban constantemente como bestias, tanto que casi no podían hablar.1 Ese mismo año, el sacerdote español Tomás Ortíz trajo algunas hojas de dicha planta desde la misma costa suraméricana al Viejo Mundo y comentó que las masticaban con ceniza para reforzarse y eliminar el hambre, el cansancio y la sed;2 y medio siglo después, en 1544, el jesuita y cronista español Bernabé Cobo escribió que la masticación de coca servía como terapia contra el dolor de muela.3

Pero la primera descripción de la coca en las culturas europeas se ha concedido al médico y botánico español Nicolás Monardes, quien reportó en 1569 sobre las costumbres amerindias de masticar una mezcla de hojas de tabaco y coca para drogarse, divertirse y satisfacerse.4 Los beneficios de la hoja de coca en el tratamiento de diferentes problemas sanitarios fueron reportados por varios exploradores y cronistas, y en el curso de los siglos XVI y XVII algunos médicos españoles aprovechaban la coca como los médicos amerindios en la terapía de las molestías de estómago, úlceras cutáneas, enfermedades venéreas, dolor de cabeza y de músculos, síntomas de resfrío, asma, reumatismo y laringitis.5 En el siglo XVIII, el ex jesuíta español Antonio Julian alababa los efectos maravillosos de la coca y esperaba que también los campesinos y trabajadores españoles utilizaran coca en el mismo modo que tomaban café y té para mejorar su salud y productividad.6 También en el mismo siglo el militar y naturalista español Antonio de Ulloa consideró la coca como muy nutritiva y vigorizante puesto que los indígenas podían trabajar todo el día con ella sin otro alimento.7

Si bien el consumo de coca se había popularizado un poco en algunos países europeos8 y sus hojas eran consumidas, por ejemplo, para dolores de muela, heridas y fracturas,9 la planta no llamó atención a gran escala en Europa, quizá porque sus hojas no se mantenían en las mejores condiciones durante la larga travesía marítima, ni su cultivo jamás prosperó en los países europeos. Incluso se cuestionaban sus presuntos beneficios maravillosos, por lo que había muy pocos consumidores de hoja de coca en Europa.10 Uno de ellos parece haber sido el poeta inglés William Shakespeare en cuyo jardín fueron encontrados unas pipas que, según investigadores, tenían residuos de cocaína y cannabis lo que implica que el poeta probablemente aprovechaba ambas plantas en los años más productivos de su vida (1589–1613).11

En otro continente, por el contrario, la coca recibió mayor atención entre los conquistadores y colonizadores blancos. En el imperio incaico, las plantaciones de coca eran de monopolio estatal desde el mandato de Topa Inca (ca. 1471–1493) y, al principio, su consumo era el privilegio de los miembros de la clase alta del imperio, pero en ocasiones su uso fue extendido, por ejemplo, a los trabajadores de obras públicas y durante las campañas militares a los soldados.12 Los invasores eran bien conscientes de las virtudes energéticas de la masticación de coca, pero discutían si se debía tolerar o prohibir dicha costumbre, que fue dispersada mucho más allá de los privilegios incaicos tras el derrumbe del imperio.13 Desde el punto de vista católico, cualquier empleo de las ”propiedades satánicas” de la coca era vinculado con las religiones paganas y la brujería,14 y, por esa razón, el primer Concilio eclesiástico de Lima, en 1551, solicitó que el rey de España condenara cualquier uso de esta planta del Diablo.15

No obstante, la prohibición de la coca no duró mucho, a diferencia de la percepción dogmática según la cual la coca era herética. La Conquista fue parte de la formación y transformación de la primera monarquía centralizada y absoluta de Europa. Este lento proceso se inició con la unificación de la península ibérica a través del matrimonio de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla el mismo año, 1492, cuando el navegante genovés Cristóbal Colón cruzó el oceáno Atlántico e imaginó haber descubierto un nuevo mundo;16 y culminó en el año 1520, cuando el rey Carlos I fue coronado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico bajo el nombre Carlos V, cuyo deber religioso era mantenerse firme contra los protestantes en el norte, así como con la cristianización de los pueblos paganos en el Nuevo Mundo.17

La prohibición de la coca formó parte de esta misión, pero el mantenimiento de la vasta burocracia, así como el control del extenso imperio dividido en dos continentes, era completamente dependiente de los ingresos y aumento de la fiscalidad,18 lo que cambió la mirada española sobre la coca. Por un lado, los sacerdotes amerindios, aquellos brujos con sus plantas misteriosas y ritos malditos, debían ser eliminados cuanto antes,19 pero, por otro lado, los poderosos inversionistas habían hundido tantos fondos en la exploración de las tierras incógnitas en el marco del proyecto de conquista que sus esperanzas no podían ser olvidadas. Además, todo el ingreso del Sacro Imperio Romano Germánico en el Nuevo Mundo dependía totalmente del las riquezas cuya explotación requería las manos incansables,20 exclusivamente aborígenes, que eran, según los invasores, perezosas y flojas si no tenían el zumo de coca en su boca.21

A pesar de esto, el segundo Concilio eclesiástico de Lima del 1567 siguió considerando el consumo de hoja de coca como inútil y hasta un instrumento peligroso y demoníaco que fomentaba creencias supersticiosas entre los indios,22 arruinando y acortando sus vidas, como creían los invasores católicos.23 Pero los intereses económicos de las clases dominantes superaron las creencias católicas24 y, de este modo, la prohibición de la coca fue abolida en 1569, lo que no afectó mucho en la postura viciada de la iglesia sobre la coca: el virrey Francisco de Toledo siguió propagando que la coca era una invención de Satanás que fortalecía a su consumidor a través de algún poder demóniaco, destruyendo la vida de los indios por su falta de virtudes.25 En suma, la coca representaba para los misioneros un símbolo de la idolatría tenaz y, por lo tanto, un obstáculo de la evangelización.

Acabar con la coca, sin embargo, era absolutamente imposible. Aquellos colonizadores y hacendados, que entendían la importancia fundamental de la coca en la salud, bienestar y motivación de los indios,26 sacaban aprovecho de dicha planta y disponían de más tierras para su cultivo. Según crónicas del siglo XVI, muchos españoles se enriquecieron notablemente solo a través de las plantaciones de coca, y así los cultivos se extendieron también en las selvas donde la coca no había crecido ni había sido cultivada antes. Por fin también la iglesia católica, su adversario más feroz que no aceptaba su uso ni su adoración, empezó a cultivar la ”planta satánica”, haciendo que el enriquecimiento y la opulencia de la iglesia se basara parcialmente en este instrumento de Satanás y las manos fortalecidas por su zumo.27

De este modo, la coca desempeñó un papel fundamental en el proyecto colonial desde el primer momento en que hubo colonos en el Nuevo Mundo.28 Al verse la importancia de la masticación de coca para los indios sometidos al trabajo forzado en las minas, haciendas y condiciones similares, los colonizadores empezaron a distribuir coca a los trabajadores convirtiéndola en uno de los instrumentos más importantes de la explotación económica29 y, además, más valiosa que el oro.30

Por ejemplo, el descubrimiento de un gigantesco yacimiento de plata en Cerro Rico, cerca de la aldea de Potosí en Alto Perú, la actual Bolivia, en 1545, dio un gran impulso para el desarrollo económico de la coca. Durante el resto del siglo, estas minas produjeron más de la mitad del suministro de plata del mundo,31 y en 1573, con 120.000 habitantes, Potosí era la ciudad más grande del hemisferio occidental compitiendo en tamaño con las capitales de Europa, como Madrid, Roma, París, London y Amsterdam.32 Pero las condiciones de trabajo en una de las ciudades más ricas del mundo eran inhóspitas. Las minas de plata se situaban a los 4.200 metros de altitud sobre el nivel del mar, el alimento era escaso y se debía importar, muchas veces en la espalda de los indios. Los mineros fueron forzados a trabajar en jornadas atroces, de hasta 48 horas, sin beber ni comer, solo con la ayuda de la coca,33 con el resultado de que algunos indios preferieron suicidarse cuando escucharon que debían trabajar en las minas.34

Durante los años pico de la década de 1580, los mineros de Potosí consumieron más de 100.000 cestos (mil de tonelada métrica) de hojas de coca por año, haciendo el cultivo y la logística de la coca un gran negocio, en el que ya en la década anterior había ocupado al ocho por ciento de todos europeos que habitaban Perú.35 Por ejemplo en el año 1573, en las minas de plata de Potosí se compraron hojas de coca con 450 kilogramos de oro por mes.36 Para satisfacer y aprovechar la demanda de coca, cuyo negocio se convirtió en la segunda fuente de ingresos de la Corona española, más y más colonos se dedicaron al cultivo y el comercio de la coca; y todo el tiempo, la próspera jerarquía eclesiástica sacó la mayor parte de los diezmos sobre la coca.37

Surgió un boom de la coca. La gigantesca máquina potosina, que no hubiese funcionado sin la coca, devoraba más y más indios,38 cuyo rendimiento dependía por completo de las virtudes energéticas de la coca, pero aun así algunos nobles seguían juzgando su masticación. El cronista Huaman Poma de Ayala notó que ”[los indios] no dejan el vicio y la mala costumbre sin provecho, porque quien la toma lo tiene sólo en la boca, ni traga ni lo come”; y en el siglo siguiente, el intendente de Potosí F. De P. Sanz escribió que ”no hay alguno de las castas dichas que empiece a enviciarse en el mascado y jugo de esta hoja que, por más ágil, más activo y más laborioso que sea, no empiece a entorpecerse en todo hasta llegar a un estado de estupidez”.39

Al mismo tiempo, el trabajo forzado y las enfermedades importadas desde el exterior acabaron con casi el noventa por ciento de la población indígena de Tahuantisuyo, del actual Perú: en 1548, la población era 8.285.000, y luego de solo de 27 años, en 1575, 1.067.696.40 Solo en Cerro Rico, los accidentes y el refinamiento de oro con mercurio exterminaron aproximadamente diez de mil indios por año entre 1560 y 1620, y según un informe del año 1619, ningun mitayo – un minero de cierta forma de trabajo indio – había sobrevivido más de cuatro años en Huancavelica, otro centro minero con reputación inquietante, aunque los mitayos trabajaban dentro de las minas ”solo” cuatro meses en un año. Pero fue suficiente con los eventuales accidentes y el mal de la mina, la exposición extendida al mercurio y vapor.41

Por estas razones, la mitad del siglo XVI marca un despertar indígena a la verdadera naturaleza del colonialismo español: no se trataba solo de imposición de administración, fiscalidad y trabajo forzado por el Estado, sino la transformación radical de las condiciones de vida de las comunidades indígenas; y en este desarrollo del imperio español la iglesia católica desempeñó un papel crucial. En 1568, un año antes del fin de la prohibición de la coca, los jesuitas empezaron a organizar escuelas para jóvenes indígenas nobles, quienes se convirtieron en la primera generación indígena que accedió a través del español y la escritura a la ley española y la concepción católica del mundo. Rendían pleitesía al dios bíblico y al rey español.42 No obstante, la conversión de los amerindios no respetaba los dogmas del catolicismo oficial sino que adaptaba una manipulación de doble estándar. El nuevo régimen hacía, con mucha frecuencia, la vista gorda ante la idolatría y las prácticas indias, como el uso religioso de la coca, porque se entendía que un sincretismo liberal era un arma mucho más eficaz que la inquisición intolerante, y la coca se podía utilizar como un medio instrumental en esta transculturación histórica.43

Por consiguiente, el uso de la coca en la devoción a los ídolos se iba adjuntando a las supersticiones católicas.44 Esto no causó ningún problema moral para los católicos, puesto que para ellos la coca no tenía el mismo significado que para los viejos gobernadores del imperio derrotado, los incas, quienes habían reservado su uso para la nobleza y habían castigado a los pueblos oprimidos por las concepciones distintas del manejo de ella. En cambio, los españoles utilizaban la coca principalmente como un arma para dominar y explotar a los indios, maximizando el uso de sus efectos estimulantes en las minas y las haciendas, y a este fin controlaban tanto la producción como el mercado de la coca. Tampoco los españoles prohibían el uso de la coca y alcohol en los ritos católicos, sino que toleraban y hasta animaban su consumo, puesto que para los nuevos soberanos la participación en las obligaciones religiosas y el pago de impuestos y diezmos eran mucho más importantes que la ortodoxia ante los ojos omniscientes de su dios.45

De este modo, los incas sometidos podían seguir comiendo y bebiendo con las momias en sus fiestas durante el siglo XVI, haciendo libaciones de chicha y otros sacrificios a la Pachamama, otras deidades y muertos, y muchas veces estos ritos andinos de libación terminaron siendo, además de ofertas de coca y otros sacrificios, un tipo de consumo excesivo de alcohol. Poco a poco estas ”borracheras rituales” se iban asimilando al alcoholismo y, como lo percebían los sacerdotes, vicios inspirados por el Diablo, por lo que los indígenas debían ser convertidos y civilizados en el marco del proyecto colonial.46 Sin embargo, los españoles se podían mostrar indiferentes ante el alcoholismo y las sanciones impuestas a los culpables de esos actos,47 a pesar de que las bebidas alcóholicas, como la chicha y el aguardiente de caña, no eran solo bebidas alcóholicas sino concatenadas con la visión del mundo indio y así del sistema de creencias paganas.48

Sobre la base de la reciprocidad, algunas de estas prácticas, como el uso de la coca, se integraban en la cultura colonial de los españoles. Los cultivos de coca y el uso de su hoja se propagaban a las nuevas regiones, estableciéndose en la vasta area de los Andes y su entorno, y ganando un estatus destacado en la cultura y la economía de los pueblos andinos, persistiendo más allá de la época colonial. Las excepciones eran Colombia y el Ecuador, en donde la coca entró en un retroceso a finales del coloniaje español.49 El caso de Ecuador era notable por su ubicación en la región central de los Andes. Asimismo, el uso de la coca desapareció casi por completo en Centro América y la mayoría de la Costa Caribeña.50 En cambio, en otras partes de los Andes, especialmente en Bolivia y Perú, el consumo de coca terminó profundamente arraigado en las culturas indígenas, tanto en su vida social como espiritual.51

También muchos colonizadores de las tierras altas adoptaron los remedios a base de coca, así como otras curas indígenas, empezando desde el siglo XVI. Los médicos blancos la adoptaron en su farmacopea como tratamiento contra los dolores de muelas, las fracturas de huesos, los vómitos, la diarrea, las hemorragias y el asma; en el clima frío del altiplano se tomaba coca para mantenerse caliente y para tolerar los climas de alta montaña; y los trabajadores, ya sean blancos, negros o mestizos, se rendían a las virtudes energéticas de ella.52

Sin embargo, la coca empezó a ganar alguna aceptabilidad fuera de los círculos tradicionales no antes del umbral del fin de la época colonial, y entonces también los médicos de la capital Lima prescribían coca como el tratamiento de la dispepsia y el reumatismo, además de otros fines ya mencionados,53 suscitando interés también entre inmigrantes, visitantes y viajeros extranjeros, quienes iban a notar la agradable sensación causada por la coca, su poder estimulante sin reacciones adversas. Era obvio que las infusiones de coca serían ventajosas durante las exploraciones árticas, en el alpinismo y, en general, para cualquier persona durante los inviernos largos de Europa.54 Además, varios extranjeros entendieron la importancia indispensable de la hoja de coca para establecer relaciones con los indígenas andinos y comunicarse con ellos. ”No hay mejor forma de llegar a un acuerdo con los indios que compartir poco de coca”, como notó el general inglés Miller quien colaboró con Perú en la guerra contra España.55

El inicio de la investigación científica-occidental sobre la cocaína

Al mismo tiempo, la acumulación de todo tipo de documentos escritos, así como los hallazgos arquelógicos, posibilitaban investigaciones históricas, etnográficas y botánicas que aumentaron la comprensión occidental sobre la coca y su significado histórico y actual. No obstante, los descubrimientos con repercusiones más largas y profundas se hicieron en las ciencias naturales. Un ensayo escrito por el doctor español Nicolás Bautista Monardes Alfaro en 1569 se ha considerado como la primera recomendación médica de la coca por sus efectos maravillosos en combatir el hambre y el cansancio.56 Sus hojas habían sido importadas a Europa ya desde el inicio de la colonización, pero la investigación europea sobre la planta no empezó hasta 1749/1750, cuando el botánico francés Joseph de Jussieu envió muestras de un arbusto desde Perú a París, donde su hermano Antoinelle lo describió y clasificó como genus Eryhroxylon57; cuatro décadas más tarde la coca apareció en Encyclopédie Méthodique Botanique (1786) del francés Lamarck bajo el nombre de Eryhtroxylon coca.58

En el siguiente siglo, la investigación respecto de la coca aumentó. A mediados del siglo, el doctor Weddel suponía a base de sus propias experiencias que el efecto estimulante de las hojas de coca viene de los mismos ingredientes que tiene el té. También notó que la matería amarga de coca se disuelve en alcohol, pero no en agua.59 En 1855, el químico aleman Friedrich Gaedcke logró aislar una sustancia aceitosa con cristales como agujas desde el destilado a base de la coca, y la denominó como erythroxilina.60 Cinco años más tarde, en 1860, el explorador austriaco Karl von Scherzer, tras haber viajado alrededor del mundo en Novara Freegate, nave del imperio austriaco, dio algunas hojas de coca a unos científicos de la Universidad de Gottingen. Uno de ellos era el químico aleman Friedrich Wöhler; él había preparado urea desde sulfato de amonio y dióxido de carbono, y en el mismo laboratorio saboreó hojas de coca, algo agrias, observando como su lengua se adormeció y su gusto se fue perdido. Luego los mismos científicos lograron aislar un cristal de alcaloide desde hojas secas de coca, y lo clasificaron científicamente. El químico alemán Albert Niemann lo nombró como kokaine, y se graduó como doctorado a base de estas investigaciones. Dos años más tarde una empresa farmacéutica de Darmstadt, E. Merck, empezó la producción industrial de kokaine desde hojas peruanas de coca.61

Durante las dos próximas décadas la demanda del nuevo producto era casi nula,62 a pesar de que varios científicos realizaron numerosos experimentos sobre los efectos de la kokaine en animales y humanos, observando que, en dosis pequeñas, tenía un efecto estimulante y, en dosis más grandes, un efecto paralizante en el sistema nervioso.63 Uno de estos peritos, el farmacólogo austriaco Karl Damian Ritter von Schroff, se dio cuenta en 1862 cuán eficazmente la kokaine anestesia las membranas mucosas de la lengua; y otro investigador entusiasmado, el farmacólogo ruso Vasily von Anrep observó en 1879 que luego de inyectarse kokaine en su propio brazo no se sentía los pinchazos de la aguja.64

Para el año 1883, se habían publicado al menos más de 50 reportes científicos relacionados con la potencia terapeútica de esta nueva droga prometedora65 contra dolencias específicas. Asimismo, se habían explorado sus propiedades anestésicas y el uso posible en la cirugía ocular para la cual no existía droga adecuada. Otra propiedad deseable de la kokaine era su potencia en la anestesia local – su capacidad de restringir los vasos sanguíneos y, por tanto, limitar la hemorragia en el área anestesiada, lo que era valioso en la cirugía de nariz y garganta, las dos areas suministradas con mucha sangre.66

Además de obtener un éxito pequeño durante las décadas de 1860 y 1870, tanto la kokaine como la coca ganaron popularidad entre las masas europeas y norteamericanas. En 1863, el farmacéutico francés Angelo Mariani se le ocurrió agregar 60 gramos de hojas molidas de coca en un litro de vino de Bordeaux, y así nació Vin Mariani, el tónico célebre de fines del siglo XIX, cuya concentración del alcaloide kokaine era relativamente baja. Dos vasos del tónico equivalía más o menos a una sola línea de kokaine esnifada, más o menos un gramo, pero – como fue sabido mucho más tarde – el consumo simultáneo de alcohol y kokaine produce un metabolito llamado cocaetileno que aumenta y prolonga el efecto estimulante de la kokaine, y genera la sensación de bienestar.67 Además, para superar a los productos competidores, se empezó a producir para los mercados estadounidenses un Vin Mariani con un poco más de kokaine, el que obtuvo mucha popularidad a ambos lados del Atlántico. La lista de sus consumidores más conocidos es inagotable: el inventor y empresario Thomas Alva Edison, los papas Leo XIII y Pío X, el pionero de la aviación Louis Blériot, el poeta y libertador cubano José Martí, los inventores de cinematógrafo Louis y Auguste Lumiére, los presidentes de Estados Unidos Ulises Grant y William McKinley, el rey Alfonso XIII, la reina Victoria, el zar Alexander II, e incontables autores y poetas, como Émile Zola, Paul Verlaine, Jules Verne, Henrik Ibsen, Alexandre Dumas y Anatole France.68

El éxito internacional de la kokaine siguió poco después de el de Vin Mariani y otros productos de coca. En 1885, el alemán George Friedrich Merck desarrolló un método crudo para sintetizar cocaína desde la ecgonina, el ácido benzoico y el yoduro de vinilo.69 Tres años más tarde, dos doctores alemanes, Carl Liebermann y Fritz Giesel, elaboraron y luego patentaron la versión original del llamado proceso de ecgonine, un proceso tedioso pero compensado con mayor rendimiento.70 Varias posibilidades de la coca y la potencia de sus derivados habían embelesado a numerosos científicos y empresarios occidentales ya antes de estos avances científicos. Uno de estos entusiasmados era el neurólogo italiano Paolo Mantegazza cuya monografía Sulle virtù igieniche e medicinali della coca e sugli alimenti nervosi in generale (1859) proporcionó una de las escrituras más coloridas sobre el impacto personal de la coca, y su descripción detallada sobre los efectos fisiológicos, así como las sensaciones profundas de felicidad e intensidad viva afectaron, sin duda, a otros médicos e investigadores, por ejemplo el médico austriaco Sigmund Freud.71

Asimismo, ya le habían impresionado a Freud una variedad de reportes publicados en Detroit Therapeutic Gazette y, en especial, las observaciones del cirujano del ejército bávaro Theodor Aschenbrandt. En 1883 el doctor Aschenbrandt se había percatado de la posibilidad de tratar con kokaine a los soldados que sufrían del agotamiento y la diarrea, y a través de los experimentos personales se dio cuenta que el efecto estimulante de la kokaine permitía el funcionamiento efectivo pese la adversidad física.72 Por estas observaciones, Freud encargó esta nueva droga para experimentarla en sus pacientes que sufrían de enfermedades de corazón, ”agotamiento nervioso” y abstinencia de morfina. Además, estaba muy preocupado por la situación difícil de su colega Ernst von Fleischl-Marxow quien se había convertido en un adicto de la morfina como resultado de consumirla para tratar dolores después de la amputación de un dedo. También a Freud se le inyectó kokaine para ensayar bien sus efectos, como cualquier científico sediente de la verdad, y a partir de estos experimentos quedó impresionado por los impactos de la droga en su estado de ánimo, creatividad y capacidad de trabajar.73 Por consiguiente, sugería esta droga de impresionantes propiedades analgésicas a sus colegas, a su asistente, el oculista austriáco Leopold Konigstein, y al oftalmólogo austriaco Karl Koller, que descubrió la posibilidad de anestesiar no solo los ojos de los animales de experimentación, sino también los de él mismo.74 Konigstein, a su vez, logró remover un ojo de un perro utilizando kokaine como anestésico local. Además, operó la glaucoma del padre de Freud con la asistencia de Koller a través de un nuevo método inventado por ellos mismos.75

Para ellos el futuro de la kokaine parecía prometedor, y no eran los únicos. También había otros médicos y científicos que habían anticipado la potencia de la kokaine como anestésico local en la cirugía oftalmológica. Por ejemplo, Vassily von Anrep ya había investigado la farmacología de la kokaine con experimentos en animales, pero Freud y sus colegas iban a ser posteriormente más recordados. Ellos trabajaban con la sustancia purificada, usaban los instrumentos más sofisticados disponibles para obtener medidas psicofisiológicas más precisas, y registraron cuidadosamente cambios en estado de ánimo y percepción durante el transcurso de la actuación de la kokaine.76 Y Freud quedó impresionado. Escribió Über coca (1884), un serie de escritos, que terminaron siendo uno de los primeros estudios científicos sobre la droga psicoactiva, sector poco conocido en la historia de la medicina.77

Freud concluyó que la coca tiene, en una dosis de tamaño pequeño, un efecto estimulante, y, en dosis más grandes, un efecto paralizante en los nervios. Según él, el efecto de coca en el hombre no difiere mucho de el de la kokaine. Por ejemplo en una de sus sesiones de investigación, tomó 0.05 gramos de kokaine en el 1 por ciento de la solución, cuyo sabor era primero amargo pero luego se convirtió en más agradable. Antes del experimento se había sentido fatigado e incómodo, pero después de unos minutos se sintió animado y perfectamente cómodo. Sus labios y su lengua estaban insensibles y inusualmente calientes, su respiración era más lenta y profunda; bostezaba cansado y somnoliento, y sentía confusión mental, pero tras de unos minutos más, empezó la euforia verdadera con frios eructos frecuentes. Primero, su pulso estaba más lento, luego más rápido, y tenía mucho calor en la cabeza.78

También Freud tuvo oportunidad de observar los efectos de la kokaine en otras personas para percibir una vasta diversidad de reacciones, incluyendo la aceleración de la respiración, el incremento de la frequencia del pulso, ondas de contracciones musculares (llamadas peristalsis), la hipertensión, y la disminución de las secreciones. Mientras que otros tuvieron síntomas de intoxicación leve, marcado de locualidad y comportamiento frívolo, otros demostraron el incremento de capacidad de trabajo,79 de los cuales el último le fascinó a Freud. Según él, el aumento de la potencia motora inducido por la kokaine se dio rápido en unos 15 minutos y duró por un período de cuatro, cinco horas, descendiendo gradualmente. Este efecto corría en paralelo a la euforia y parecía derivarse del incremento en preparación para trabajar con el mejoramiento del bienestar en general. El incremento de la fuerza muscular Freud lo comprobó por el dinamómetro, lo que consideró como una confirmación definitiva en relación con los reportes sobre los efectos de la coca en los amerindios.80 Además, Freud estaba acuerdo en que la coca y la kokaine previenen el hambre, el sueño, el cansancio, y mejoran los esfuerzos intelectuales;81 y según él, con ambas se podían tratar los problemas digestivos de estómago, la caquexia, el alcoholismo, el morfinismo y el asma. Asimismo, se podían usar como estimulantes, afrodisiacos y anestésicos locales.82 A través de sus experiencias personales con la kokaine, estaba muy convencido sobre todo por los impactos percibidos en su estado de ánimo, creatividad y capacidad de trabajar,83 que el uso moderado de la kokaine no perjudicaba la salud, sino más bien la promovía.84 En particular, le cautivó la posibilidad de tratar el morfimismo con kokaine, hasta que su colega Ernst von Fleischl-Marxow se volvió el ”primer adicto a la morfina de Europa curado con kokaine” al ”primer adicto a kokaine en Europa”: al inyectarse kokaine en cantidades crecientes, el estado de salud de Fleischl-Marxow se deterioró rápido, y empezó a sufrir de alucinaciones paranoicas muy similares a las del alcohol con delirium tremens.85

El deterioro de la salud de Fleischl-Marxow ni su muerte a causa de la kokaine eran casos aislados, y Freud, el pionero de la investigación sobre la relación entre el efecto fisiológico y mental causado por la kokaine, tuvo que revaluar sus percepciones sobre la droga. Vio claramente que su uso inmoderado y excesivo causaba la caquexia, la exhibición de ingestión, la pérdida de músculos y fuerza, la depravación mental y ética, y la apatía, del igual modo que el alcoholismo y morfinismo,86 haciendo que la kokaine perdiera su estimación en el tratamiento de los morfinistas debido al hecho de que los pacientes morfinistas podían llegar a ser adictos a la kokaine. De este modo, la kokaine era un substituto insatisfactorio. De hecho, era un enemigo mucho más peligroso de la salud que la morfina, puesto que aumentó súbitamente la tolerancia y causó un rápido deterioro físico y mental, estados alucinatorios de agitación, y una mania crónica persecutoria, caracterizada por una experiencia de que bichos pequeños estuviesen moviéndose debajo de la piel.87

A partir de estos hechos Freud concluyó en 1887 que la kokaine no debía ser usada como tratamiento para la adicción a la morfina. No obstante, destacaba que la cocaína no se había cobrado ninguna víctima por sí misma, subrayando que él mismo, así como otras personas no adictas a la morfína, tenía una amplia experiencia del consumo regular de la cocaína sin percibir o experimentar ninguna condición igual al morfinismo o ningún deseo de continuar con el uso de cocaína. Por este motivo, estaba convencido de que la cocaína no causaba dependencia per se, manteniendo que sus inherentes características farmacológicas no habían jamás dañado a nadie.88 De ahí, seguía usando la droga, al menos, hasta 1895, pero dejó de investigar sus acciones y efectos como había hecho antes de publicar Über coca (1884).89

Una variedad de investigaciones coincidieron en ambos lados del Atlántico. En 1885, el neurólogo americano James Leonard Corning les inyectó cocaína en la médula espinal a un perro y un hombre, lo cual le posibilitó operar más tarde apéndices y realizar operaciones ginecológicas sin dolor con la anestesia espinal;90 y en el mismo año, al cirujano americano Wiliam Stewart Halsted, impresionado por el descubrimiento de Koller, se le inyectó cocaína con sus colegas y estudiantes para comprobar que dicha droga aportaba una eficaz y segura anestesia local.91 Luego Halsted anestesió con cocaína a un colega suyo, el doctor Richard J. Hall, para sacarle una muela sin molestias. Pero a partir de esta operación y otros experimentos con la cocaína, la mayoría de este grupo de investigadores se volvieron adictos de la droga, y los únicos sobrevivientes fueron Hall, inventor de varios inventos cirujanos, y el propio Halsted, padre de la cirugía moderna92 que publicó reportes sobre los resultados de mil operaciones medicinales realizadas con su propio invento, el método de bloquear nervios con la cocaína.93 Su trabajo contribuía al avance de la cirugía, pero sus experimentos personales le arruinaban su salud: al intentar curar su adicción de cocaína con la morfina, se quedó dependiente de la última hasta su muerte en 1922.94

Uno de los que advirtió sobre los riesgos de dosis grandes de cocaína fue el ex cirujano general William A. Hammond, cuyas experiencias personales eran similares a las de Freud en Über coca.95 Al inyectarse dosis aumentadas Hammond había perdido ”la conciencia de todos sus actos, creo, en una media de hora después de la administración de la dosis”, y sintió que había llegado cerca de la dosis fatal, pero concluyó, sin embargo, en base a su experiencia sujetiva y la de sus pacientes que no existía un vicio de cocaína, sino que se podía renunciar por propia voluntad. Además, reportó favorablemente sobre el uso terapeútico de la cocaína en la superación de la adicción a la morfina y, asimismo, elogió la cocaína como tratamiento de prostación nerviosa, neurastenia, debilidad general, y depresión mental.96

El comercio de la coca y su derivado potente en el mundo blanco

Al mismo tiempo con la investigación científica y el uso medicinal de la coca y la cocaína, la planta y su derivado entraron en el mercado de consumo cotidiano de Europa y Estados Unidos. En efecto, la coca era uno de los productos naturales más investigados del finales del siglo XIX,97 y la literatura sobre la coca y la cocaína, abundante de menciones sobre la naturaleza fortificante de la intoxicación causada por ellas, repetía la misma letanía sobre sus virtudes, tales como euforia, estimulación sexual, aumento de energía, reducción de fatiga y apetito.98 En fin, era perfecta para el trabajo y, en especial, el trabajo intelectual.99

No obstante, la hoja de coca como tal no se convirtió en un producto de consumo en los países occidentales, quizá por sus connotaciones étnicas y la estética negativa de la masticación, así como la fragilidad y la mala conservación de la hojas durante los envíos desde Suramérica.100 Su prestigio étnico, medicinal y científico debió levantarse mucho en el mundo occidental y entre las élites de Perú y Bolivia para que fuese un producto de consumo occidental.101 Para este fin se requería toda la infrastructura comercial desde los hacendados colonizadores, inversores, procesadores, expedidores, portavoces públicos, puntos de venta y consumidores, lo que modificó considerablemente también las pautas geográficas de la producción de coca y el consumo de ella.102

El mayor impulso para este desarrollo vino desde Alemania en donde se despertó el más fuerte interés tanto en el aspecto científico como productivo en la cocaína.103 En 1884, la empresa medicinal Merck produjo menos de un kilogramo de cocaína, pero después de que dicha droga fue adoptada en la cirurgía, su producción subió a más de 500 kilogramos por año en 1890, 1.500 kilogramos en 1898, y más de 2.400 kilogramos en 1902. Durante esta década, Merck producía más o menos un cuarto de la cocaína mundial, y la cocaína se hizo su línea de producción más lucrativa.104

La demanda de la cocaína estaba en alza, y la encrucijada entre la demanda y el precio entre 1884 y 1886 generó una crisis en el suministro internacional de la coca.105 Para solucionarlo los proveedores peruanos empezaron a producir ”cocaína cruda”, una pasta semiprocesada de sulfato de cocaína cuya pureza variaba entre el 80 y 90 por ciento. Además, era mucho más barata y fácil de enviar que las hojas de coca, se mantenía mejor, y una vez en Alemania fue procesada en el grado medicinal, lo que afectaba, por su parte, en la preferencia alemana por la cocaína ”pura” científica.106

Para el año 1900, casi toda la importación alemana al respecto era cocaína cruda, y los envíos de la hojas de coca se redujeron a un nivel insignificante.107 Esto, a su vez, contribuía a la industria peruana de cocaína que empezó a utilizar procesos muy similares a los de la fabricación clandestina de cocaína en la fase inicial de su historia. Dichos procesos eran diseñados y aptos en las condiciones rudimentarias en las zonas pioneras de Perú,108 por ejemplo, la provincia de Huánaco, que se convirtió en el centro peruano de la coca ”industrializada” con una docena de productores de cocaína cruda y miles de trabajadores migrantes, lo que sentó las bases de la riqueza para la élite regional.109 Al mismo tiempo, los ingresos basados en la cocaína cruda superaron a los de la hoja de coca.110 Alrededor de 1901, cuando el apogeo legal de la cocaína peruana, la producción de la cocaína cruda alcanzó 10.700 kilogramos, requeríendo unos 1.600 toneladas métricas de hoja de coca. Con la exportación de 610 toneladas de hoja de coca, la coca y la cocaína ocuparon juntos el quinto lugar de los ingresos de exportación peruana, promoviendo las esperanzas de desarrollo entre las élites liberales del país.111

Todo esto fue precedido por la revalorización de la coca, encabezada por unos portavoces médicos y culturales que disiparon los prejuicios tradicionales de la élite peruana y empezaron a redefinir la coca como recurso útil y comerciable. A pesar de que el desarrollo comercial peruano seguía al ejemplo aleman, así como a algunas tendencias norteamericanas, en la capital peruana hubo una explosión de experimentos farmaceúticos entre 1884 y 1887, en los mismos años en los que Alfred Bignon, peruano naturalizado de origen francés, perfeccionó el original método simplificado de la destilación de cocaína cruda.112 Estos sucesos peruanos dependían casi por completo de la demanda alemana, así como la producción de hoja de coca en Bolivia dependía de las exportaciones a Francia y Estados Unidos. No obstante, Bolivia no logró industrializar las zonas cocaleras de Yunga en el umbral del siglo XX, y las ventas bolivianas al norte se extinguieron,113 aunque la demanda de la cocaína cruda y pura aumentó también en Francia y Bretaña durante las dos últimas década del siglo XIX y, sobre todo, en Estados Unidos donde ”la cocamania” iba a alcanzar su punto culminante.114

En Norteamérica, el interés en la coca había crecido desde el aislamiento de la cocaína en 1860 pero se intensificó de manera explosiva a partir de 1884. Al contrario de Alemania, donde el interés se centraba en las aplicaciones científicas, en EE.UU. florecía el interés más comercial con una gama amplia de productos de coca o cocaína.115 La historia quizá más conocida al respecto es la de Coca Cola que inició en 1886, cuando el bioquímico John Smith Pemberton, herido en la guerra civil en 1865, buscaba un tratamiento para su adicción a la morfina, y al imitar a Vin Mariani desarrolló un refrescante que contenía damiana y nuez de kola, además de vino y cocaína. Creó un producto de éxito, un estimulante refrescante, cuya venta superó a la de Vin Mariani, hasta que la prohibición de bebidas alcóholicas en el estado de Atlanta le obligó a Pemberton retirar el alcóhol del refrescante y modificar su receta. La bebida remodificada, que contenía cocaína extraída de hojas de coca, fue renombrada como Coca-Cola, y fue hecha a base de agua hasta noviembre de 1886, cuando empezaron a disolver sus ingredientes en soda. El impacto fue sensacional.116 Se vendía en grandes cantidades en Estados Unidos y Europa, por ser un precioso estimulante para el cerebro y tratamiento de todos los problemas de nervios – dolor de cabeza, neuralgia, hysteria y melancolía117 – al menos según la mercadotecnia. Ni era el único, sino solo un producto, entre otros, que contenía cocaína, aunque en cantidades relativamente pequeñas. Tanto en EE.UU. como en Europa se vendían píldoras, cigarillos, supositorios, aerosoles, otras bebidas y pomadas para tratar el alcoholismo, el asma, el resfrío, los callos, el sarpullido, la dependencia de opiáceos y enfermedades venéreas.118

Ya en aquella época, la coca y la cocaína fueron muchas veces consideradas como sinónimos, pero en el interés comercial, especialmente en EE.UU., se exhibía un sesgo cultural hacia la hoja de coca.119 Solo aficionados, herbolarios y eclécticos preferían el producto natural, la hoja de coca, en lugar de la cocaína industrial para encontrar el mejor sabor y el efecto estimulante querido, puesto que dichos peritos entendían o presentían bien la importancia de otros componentes presentes en las hojas auténticas.120

En contraste, la mayoría de los consumidores preferían la cocaína pura, que llegó a ser uno de los cinco productos farmacéuticos más vendidos en EE.UU. hacia el año 1900. Se usaba como principal ingrediente activo en una variedad importante de productos tales como gotas para el dolor de muelas, tiritas para hemorroides, inhaladores, ungüentos, jarabes, pastillas, elixires, supositorios, inyecciones hipodérmicas, aerosoles y cigarrillos. Se promocionaba como medicamento milagroso para el resfriado común, la rinitis alérgica, los problemas de sinusitis, dispepsia, supresor del apetito, curación para la timidez de los niños y panacea general para enfermos y desanimados.121 Una de las compañias pioneras farmáceuticas, Parke-Davis Company, especializada en medicinas de coca122 anunció que la cocaína puede sustituir la comida, hacer de un cobarde un valiente, de un silencioso alguien elocuente, y de una víctima de dolor una persona insensible a la dolencia.123 Por esta u otra razón, la producción de cocaína ya estuvo sumamente concentrada: para mediados de la década de 1890, Parke-Davis y otras empresas farmacéuticas grandes, tales como Schlieffelin, Mallinkrodt, y la sucursal de New Jersey de Merck, competían vigorosamente con los suministradores alemanes de coca, y, para el año 1900, refinaron un tercio del suministro mundial de la cocaína, un total de seis toneladas métricas.124

El trabajo de desarrollo era considerado y preparado con detenimiento. Los agregados comerciales de EE.UU en Lima habían establecido contactos con los fabricantes locales de cocaína ya en las décadas anteriores, y ayudaban a los peruanos a mejorar las técnicas de envío y secado de hojas de coca, con el resultado de que las exportaciones peruanas se duplicaron durante la década de 1890, mientras que las exportaciones bolivianas, cargadas de altos costos de transporte, se retiraron de las ventas al extranjero.125 En EE.UU. se prefería la producción doméstica de cocaína en vez de las hojas importadas, puesto que las hojas de coca se importaban sin aranceles, mientras que a la cocaína le imponían aranceles elevados. Como resultado de todo esto, el consumo total estadounidense de cocaína alcanzó en 1903 el nivel máximo, las nueve toneladas métricas, equivalente a dos tercios del uso global.126

La caída de la reputación, el comienzo de la persecución

En algunos años empezó un cambio radical en el pensamiento y la política estadounidense con respecto a la coca y la cocaína.127 En EE.UU. se habían consumido de manera extensa muchos productos de coca y cocaína, pero de repente tanto la coca como la cocaína cayeron en desgracia, no sólo por la creciente reticiencia a los remedios herbales, sino también por la creciente comprensión de los efectos tóxicos de la cocaína;128 y en este vuelco la coca natural fue percibida de manera errónea como sinónimo de la cocaína.

Ya antes se había sospechado que dicha droga era culpable de la muerte de algunos pacientes de cirugía, pero después de haber investigado varios casos de muerte sospechosos, además de haber hecho 7.000 anestesias locales el médico francés Paul Reclus publicó en 1895 una investigación metodológica sobre el uso de cocaína como anestésico local. Reiteró que anteriormente se habían usado en la cirugía una solución de 30 por ciento de cocaína, aunque según él, la solución de 3 por ciento hubiera sido sucifiente; y poco más tarde, revisó que la solución de 0,5 por ciento fuera suficiente sin provocar reacciones adversas.129 No obstante, algunos investigadores criticaban cualquier uso de cocaína como anestésico local debido a su toxicidad, recomendando el uso de cloroformo o éter en vez de cocaína.130

Además, la creciente crítica sobre la cocaína se debía a su abuso y problemas relacionados. Las primeras ”epidemias” de cocaína habían surgido en la década de 1890 en el sur de EE.UU., particularmente en Crescent City de New Orleans, donde el hábito de esnifar cocaína se extendió desde las personas adineradas de la clase media a los vagabundos y criminales; y por el año 1900, la cocaína llegó a ser la droga más usada en Storyville, el barrio rojo de New Orleans, entre los negros pobres, así como entre las prostitutas blancas y negras.131 Al mismo tiempo, empezó a crecer su reputación como droga destructiva, cuyo abuso crónico parecía provocar alucinaciones extravagantes y psicosis,132 conocidas desde 1885, cuando un amigo de Sigmund Freud padeció de la sensación de tener serpientes blancas que se arrastraban por toda su piel.133 Estas serpientes blancas fueron introducidas en la vida nocturna de Londres, Gran Bretaña, a más tardar en 1911 por dos grupos visitantes de artistas estadounidenses, y rápidamente varios artistas y prostitutas consideraron este estimulante de precio moderado muy útil para mantenerse despiertos durante el trabajo nocturno.134 Lo mismo sucedió en París, Francia, donde más del 50 por ciento de las prostitutas, según publicaciones científicas, consumían cocaína en 1912.135 Poco más tarde, durante la Gran Guerra, mientras el alcohol escaseaba y los restaurantes, bares y clubes nocturnos de London debían cerrar a las nueve y media, la cocaína seguía disponible fácilmente. También se disponía en los frentes de la guerra, en los que algunos soldados la tomaban o se les daba para calmar sus nervios, hasta que en 1916 el supuesto remedio de nervios fue identificado como riesgo, y en los medios de comunicación estalló el pánico, cargado de una retórica similar a la estadounidense que combinaba temas de racismo, violencia, crimen y mujeres de afección negociable.136

En realidad, los problemas europeos del uso recreativo de cocaína se limitaban a los círculos muy pequeños de las grandes ciudades, tales como London, Paris y Berlin,137 aunque a partir del fin del siglo anterior, la cocaína ya había fluido desde los almacenes alemanes a través de Suecia, Finlandia y puertos bálticos por toda la Rusia Soviética hasta las regiones más orientales del país más grande del mundo, con la consecuencia de que ya se vendía cocaína por las calles de Krasnoyarsk en 1899. Pero estaba tan diluida, al menos en los años 20, que los aficionados rusos consumían entre 30 y 40 gramos de cocaína a diario sin consecuencias graves.138

El tráfico internacional de cocaína continuaba después de la Gran Guerra por el hecho de que la cocaína no era objeto de los requisitos de la notificación lo que posibilitaba su desvío para fines recreativos. Además, en Alemania había mucha cocaína almacenada debido a la incertidumbre en relación con el suministro de los materiales durante la guerra.139 No obstante, la cocaína no constituyó una gran amenaza para los países occidentales, pese al hecho de que podía tener efectos adversos y graves riesgos en la cirugía, y podía provocar dependencia, así como alucinaciones y psicosis como consecuencia del abuso y uso crónico. En realidad, su amenaza era más bien ilusoria y alimentada por los miedos irracionales y los alegatos distorsionados.140 En cualquier caso, sin embargo, habían círculos de poder que promovían la necesidad de imponer un control mundial sobre la cocaína y, además, la eliminación de la cocaína de los medicamentos, refrescos y otros productos de venta libre.141

Uno de los actores subyacente a esta política prohibicionista era La Asociación Médica de EE.UU. (American Medical Association), que requería también criterios más elevados del título de médico debido a la facilidad de poseer la titulación. Parecía una aspiración ética pero detrás existían varios aspectos económicos, así como algunas patentes,142 y ya desde 1900, a través de la reforma de la opinión pública, la percepción generalizada se volvió contra la cocaína y la coca, al igual que contra el alcohol y otros narcóticos.143

La legislación federal de EE.UU. contra las drogas encarnó primero en la Ley de Alimentos y Fármacos Puros (Pure Food and Drug Act) de 1906, con la que se limitó la importación de la coca y la venta de los productos de cocaína,144 y luego de ocho años, dicha legislación culminó con la Ley Harrison sobre estupefacientes (1914).145 Fue la primera mayor legislación federal de EE.UU. para restringir de manera significativa la disponibilidad de coca y cocaína, al requerir los registros sobre la importación, fabricación y distribución de opio, coca y sus derivados, así como registros de sus transferencias. El uso de cocaína en los medicamentos registrados fue especificamente prohibido, y se estableció sanciones duras por el incumplimiento de la ley.146 Pero la Ley Harrison no fue sin precedentes. Cuarenta y seis estados de los 48 ya tenían leyes prohibitivas o restrictivas sobre la cocaína, puesto que se la consideraba como una amenaza peor que los opiáceos; y solo 29 estados tenían leyes regulatorias sobre los últimos.147

El deterioro rápido de la reputación de la cocaína y la coca natural estuvo plagado de prejuicios raciales, culturales, políticos y de clase.148 Los medios de comunicación enfatizaron algunos casos aislados de violencia, elevaron el fervor antinarcótico a un nivel nuevo, engendrando el mito sobre los negros, enloquecidos por la cocaína, que violaban a las blancas. Este tipo de exageración envenenada por el racismo tenaz estaba hecha para propagar el miedo contra los subclases raciales.149 También los medios británicos difundían imágenes similares sobre la amenaza de la cocaína,150 aunque no en el mismo grado que los medios estadounidenses, según los cuales, la cocaína era un incentivo potencial que excitaba a los negros viles para cometer crímenes extravagantes.151 Dicho cambio brusco fue precedido por la cruzada prohibitiva contra el ”demonio del alcohol”, que se le consideraba como ”intrinsicamente e inevitablemente adictivo”.152 En efecto, la droga más preocupante de los EE.UU y toda la Europa en los principios del siglo XX no era cocaína ni el opio, sino el alcohol que causaba mucho más problemas que los dos ante mencionados.153

A más tardar en el año 1915, EE.UU. se había convertido en el luchador más acalorado contra la cocaína en la esfera de la política internacional,154 y aunque algunos países europeos endurecieron la legislación contra la cocaína y la heroina con otros fines distintos al uso medicinal y científico, la postura antinarcótico de EE.UU. era mucho más estricta. A principios de los años 20, EE.UU. requería que la producción de opio bruto y hoja de coca debía ponerse bajo control,155 y estaba dispuesto a patrocinar y participar en el control internacional sobre el tráfico de las drogas ilícitas.156 Empezó a exigir que Gran Bretaña, Persia y Turquía restringieran la producción de opio, y que Perú, Bolivia y Holanda redujeran el cultivo de coca.157 También participó en la segunda Conferencia Internacional del Opio en 1924–1925, aunque no fue miembro de la Liga de Naciones, con el fin de obtener el cese global de la fabricación de heroína muy similar a la prohibición votada por el Congreso de su país en 1924, puesto que se creía y se daba a entender que el control estricto sobre los cultivos de opio y coca sería el paso fundamental para la reducción de la fabricación de sus derivados.158 No obstante, después de negociaciones de casi dos meses, la delegación estadounidense se fue de la mesa de diálogo luego de enterarse que sus demandas no serían alcanzadas,159 acusando a los países europeos de la apatía frente al problema nárcotico.160

Las delegaciones restantes de la segunda Conferencia Internacional del Opio implantaron un sistema en el que todas las drogas exportadas e importadas tenían que ser selladas con certificado de autorización por cada país. El propósito del sistema era revelar la verdadera magnitud del comercio de drogas, así como comprobar el último destino de las drogas para hacer más difícil el comercio con otros fines distintos al uso medicinal y científico. A pesar del establecimiento del sistema, EE.UU. no firmó el convenio, que entró en vigor en 1928 y generó una brusca caída en las exportaciones de hojas de coca.161 En cambio, hasta EE.UU. contempló recurrir a la presión diplomática para impedir que otros países no ratificaran el convenio.162

La postura estricta antinarcótica de EE.UU. se ha explicado de varias maneras. Por un lado, se ha dicho que EE.UU. tenía poco interés económico en el mercado de opio y coca,163 y, por otro, se ha sugerido que por la falta de colonias propias para mantener el suministro de opio y coca164 quería imponer tanto el control estricto como la supervisión exhaustiva sobre el cultivo y la venta del opio y la coca con el fin de garantizar la disponibilidad de las materias primas para las empresas farmacéuticas de su propio país. De este modo, el brusco cambio de opinión sobre la coca y la cocaína fue afectado por la cooperación de alto grado entre el gobierno estadounidense y algunas compañías, las cuales deseaban y también lograron redefinir la industria y el comercio al respecto. En los años 20, después de la vuelta antinárcotica, primero cuatro y luego solo dos compañías asentadas en el Estado de Nueva Jersey se hicieron cargo de toda la cocaína estadounidense y, además, continuaron la importación de hoja de coca;165 y el único procesador de hoja de coca, además de las dos empresas antes mencionadas, era Maywood Chemical Company, una empresa especializada en la fabricación del extracto decocainisado de coca para Coca-Cola Company.166 Más aún, dichas empresas tenían relaciones íntimas con la Oficina Federal de Narcóticos (Federal Bureau of Narcotics), establecida en 1930, y su comisionado de largo plazo Harry J. Anslinger,167 cuya tarea, entre otras, era asegurar que las líneas de suministro de Coca-Cola Company permanecían intactas para la legislación internacional y nacional. Por último, la Oficina Federal de Narcóticos desanimaba a otras empresas potenciales que podían tener intereses de importar hoja de coca, haciendo que el negocio de la coca asumiera un carácter de monopolio protegido por el estado, o mejor dicho, una situación de cártel regida por el Estado, pero no tan diferente de las cadenas europeas de coca.168