Comprender las clases sociales - Erik Olin Wright - E-Book

Comprender las clases sociales E-Book

Erik Olin Wright

0,0

Beschreibung

No hay concepto hoy por hoy, tanto en el ámbito de las ciencias sociales como a pie de calle, más controvertido que el de "clase social". No son pocos los teóricos, analistas y políticos que han decretado su muerte en la sociedad actual, mientras que otros insisten en su trascendencia y centralidad a la hora de comprender el capitalismo contemporáneo. Entre afirmar que su relevancia se limita a su uso para explicar las oportunidades económicas individuales y argumentar que es también una característica estructural de las relaciones de poder media un abismo. Erik Olin Wright lleva cuatro décadas indagando, en la teoría pero también de manera empírica, por qué la clase importa ­­–y mucho–. En Comprender las clases sociales, el destacado sociólogo estadounidense examina sus divergentes significados de cara a desarrollar un marco de estudio sólido y consistente. Partiendo de los análisis clásicos de Marx y Weber primero, de los estudios y trabajos de eminentes autores contemporáneos como Charles Tilly, Thomas Piketty o Guy Standing después, para examinar en un último bloque cómo la lucha de clases y el compromiso de clase se manifiestan en la sociedad hoy, este estudio definitivo proporciona una visión concluyente sobre cómo pensar la complejidad de las clases sociales en el mundo del capitalismo global.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 508

Veröffentlichungsjahr: 2018

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Akal / Cuestiones de antagonismo / 101

Erik Olin Wright

Comprender las clases sociales

Traducción: Ramón Cotarelo

No hay concepto hoy por hoy, tanto en el ámbito de las ciencias sociales como a pie de calle, más controvertido que el de «clase social». No son pocos los teóricos, analistas y políticos que han decretado su muerte en la sociedad actual, mientras que otros insisten en su trascendencia y centralidad a la hora de comprender el capitalismo contemporáneo. Entre afirmar que su relevancia se limita a su uso para explicar las oportunidades económicas individuales y argumentar que es también una característica estructural de las relaciones de poder media un abismo.

Erik Olin Wright lleva cuatro décadas indagando, en la teoría pero también de manera empírica, por qué la clase importa ­­–y mucho–. En Comprender las clases sociales, el destacado sociólogo estadounidense examina sus divergentes significados de cara a desarrollar un marco de estudio sólido y consistente.

Partiendo de los análisis clásicos de Marx y Weber primero, de los estudios y trabajos de eminentes autores contemporáneos como Charles Tilly, Thomas Piketty o Guy Standing después, para examinar en un último bloque cómo la lucha de clases y el compromiso de clase se manifiestan en la sociedad hoy, este estudio definitivo proporciona una visión concluyente sobre cómo pensar la complejidad de las clases sociales en el mundo del capitalismo global.

Erik Olin Wright es Vilas Distinguished Professor de Sociología en la Universidad de Wisconsin. Autor de multitud de libros, entre los que destacan Clase, crisis y Estado; Clases (ambos publicados en Siglo XXI de España) y, en esta misma colección, Construyendo utopías reales (2014), dirige asimismo Real Utopias, un proyecto iniciado en 1991 que explora una amplia gama de propuestas y modelos para un cambio social radical.

Diseño de portada

RAG

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Nota editorial:

Para la correcta visualización de este ebook se recomienda no cambiar la tipografía original.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

Título original

Understanding Class

© Erik Olin Wright, 2015

© Ediciones Akal, S. A., 2018

para lengua española

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

ISBN: 978-84-460-4561-8

Para mi hermano, Woody Wright, y mi suegro, Robert L. Kahn, con amor y admiración

Prefacio

Los ensayos reunidos en este libro se escribieron entre 1995 y 2015. Tienen tres objetivos: investigar los enfoques del análisis de clases de algunos autores concretos que trabajan en una serie de tradiciones teóricas, desarrollar marcos generales de análisis de clase que puedan ayudar a integrar los hallazgos de diversas tradiciones teóricas, y analizar el problema del conflicto y el compromiso de clases en el capitalismo contemporáneo.

La mayor parte de los capítulos se refieren al primero de estos objetivos, esto es, explorar en detalle los aspectos teóricos del trabajo de una serie de autores que entienden el concepto de clase de formas diferentes: Max Weber, Charles Tilly, Aage Sørensen, Michael Mann, David Grusky y Kim Weeden, Thomas Piketty, Jan Pakulski y Malcolm Waters y Guy Standing. Mi propio enfoque de clases está firmemente enraizado en la tradición marxista, mientras que ninguno de estos autores adopta un enfoque marxista y algunos son francamente hostiles al marxismo. En los encuentros entre enfoques marxistas y no marxistas, es frecuente que la actitud básica sea una de combate en la que cada parte trata de derrotar los argumentos de la otra. Si bien puede haber circunstancias en los debates intelectuales en los que vencer a un oponente es algo adecuado, en estos ensayos mi objetivo es averiguar qué sea lo más útil e interesante antes que limitarme a apuntar lo que esté equivocado en un trabajo de un teórico concreto. Cabría llamar a este punto de vista una crítica centrada en la virtud más que en el defecto. Desde luego, es necesario esclarecer las lagunas y los silencios en algunos trabajos, iluminar las diferencias más llamativas y, a veces, identificar defectos teóricos más graves. Pero todo ello trata de clarificar y asimilar lo que es valioso antes que desacreditar simplemente las ideas de los enfoques contrarios.

Una cosa es reconocer que hay puntos de vista valiosos de los que cabe beneficiarse incluso en las tradiciones teóricas hostiles y otro tratar de integrar sistemáticamente esos enfoques en un marco más amplio. Esta es la segunda tarea de este libro: proponer estrategias generales para integrar las ideas clave de los marxistas y las corrientes no marxistas en el análisis de clase. Mi enfoque, a la hora de coronar este objetivo, procede de una preocupación antigua en mi trabajo consistente en construir tipologías conceptuales como medio de clarificar las diferencias teóricas entre mis argumentos y los de otros autores que tratan los mismos problemas. Por ejemplo, en mi anterior trabajo empírico sobre la estructura de clase utilicé una tipología en forma de diagrama de árbol con vías alternativas para definir las clases como forma de identificar la especificidad del concepto marxista de clase.

Variedades del concepto de clase

Fuente: Erik Olin Wright, Class Structure and Income Determination, Nueva York, Academic Press, 1979, p. 5.

Mi propósito inicial, al construir esta tipología, era trazar líneas claras de demarcación entre teorías y conceptos alternativos y luego fundamentar las ventajas de mi opción preferida. No obstante, más recientemente he pensado que hay una forma alternativa de utilizar estas tipologías. En la medida en que una teoría de tipologías identifica los distintos mecanismos que son el centro de otras teorías, puede ser posible integrar, cuando menos, algunos de los diferentes enfoques de clase en un marco más general de análisis que se organiza en torno a interconexiones entre los diferentes mecanismos. En lugar de considerar los enfoques alternativos como competitivos los unos con los otros, quizá podrían considerarse más bien como complementarios.

Mi primer esfuerzo sobre esta cuestión fue Approaches to Class Analysis (Cambridge University Press, 2005), obra que yo compilé[1]. El libro contenía ensayos de seis sociólogos que trabajan con enfoques teóricos distintos acerca del análisis de clases. Se pidió a cada autor que escribiera un ensayo en el que se explicaran los fundamentos teóricos de un enfoque concreto del análisis de clases. El título del capítulo de conclusiones planteaba la cuestión de «si la clase es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?». La idea básica era que las diferentes corrientes del análisis de clases se relacionaban con distintos tipos de cuestiones, y esto ayudaba a explicar por qué el concepto de clase se define de formas distintas. La última frase del libro evocaba, en términos genéricos, el famoso pasaje de Marx acerca de una sociedad sin división de clases en la que era posible cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado al anochecer y criticar después de la cena: «Uno puede ser un seguidor de Weber para el estudio de la movilidad de clase, uno de Bourdieu para el estudio de los determinantes y estilos de vida de clase, y un marxista para la crítica del capitalismo».

El siguiente paso lógico era tratar de integrar los mecanismos conectados con estas distintas cuestiones en un marco más amplio. Tres capítulos en este libro tratan de hacerlo de formas diferentes. El capítulo I, «De las batallas del gran paradigma al realismo pragmático», publicado originalmente en 2009 en la New Left Review, construye un modelo integrador para el análisis de clases sosteniendo que sus diferentes tradiciones están ancladas en tres distintos grupos de mecanismos causales: los enfoques de estratificación de las clases definen estas en función de atributos y condiciones individuales, los enfoques weberianos lo hacen en función de una diversidad de mecanismos de acumulación de oportunidades, y los enfoques marxistas, en función de mecanismos de explotación y dominación. Cada uno de estos mecanismos causales tiene un cometido distinto en las diferentes líneas del proceso causal. El objetivo del ensayo era clarificar esos mecanismos focales y tratar luego de integrarlos en un modelo más amplio de explicación del análisis de clases. El mecanismo básico de esta integración era una serie de diagramas que conectaba el micronivel de los efectos de clase vinculados a los atributos de los individuos con los efectos más a macronivel generados por la naturaleza de las posiciones estructurales dentro del mercado y la producción.

En el plan inicial, el capítulo I era el único en el que se iba a presentar un marco general de análisis. Sin embargo, resultó que, a medida que trabajaba en uno de los nuevos ensayos para el libro, esto es, el debate en el capítulo VI acerca del trabajo de David Grusky y Kim Weeden sobre «microclases», iba surgiendo una forma complementaria de integrar las diferentes tradiciones del análisis de clases. El análisis de estos dos autores me planteaba una cuestión especial. Si bien admiraba el trabajo rigurosamente empírico de la serie de ensayos que escribieron estos dos sociólogos estadounidenses, mi reacción básica consistía en sostener que su investigación tenía poco que ver con el análisis de clases. Su idea fundamental es que, si las clases se identifican con posiciones causalmente significativas dentro del sistema de producción, en ese caso habría que definir la clase con categorías ocupacionales más pormenorizadas. Estas, según dicen, son las categorías más importantes para la vida de las gentes en cuanto que participantes en una estructura económica. Se refieren a ellas como «microclases», en contraste con las «grandes clases» de las tradiciones marxista y weberiana. Esto implica que, en un país como Estados Unidos, haya cientos, quizá miles de clases distintas.

Mi primera reacción a los argumentos de Grusky y Weeden consistió en decir, simplemente, que implicaban un uso erróneo del término «clase». Esto suponía escribir una especie de capítulo metodológico acerca del problema de las palabras y los conceptos, lo cual parecía fuera de lugar en relación con la estrategia básica del libro, que era encontrar cuál sea más útil en una diversidad de enfoques. Traté entonces de conectar el concepto de microclase de Grusky-Weeden con el marco elaborado en el capítulo I, pero no se ajustaba y mis esfuerzos para hacer que se ajustara parecían erróneos. Esto me llevó de nuevo a sostener que lo que Grusky y Weeden estaban haciendo no era una variedad del análisis de clases a pesar de los términos que empleaban. Si eliminaba su trabajo del ámbito del análisis de clases, no tendría que preocuparme acerca del hecho de que no encajaran en mi propósito a la hora de conseguir una síntesis general. Esto apuntaba a la posibilidad de olvidarme del capítulo por entero.

Después de varias semanas de trabajar en dicho capítulo sin hacer ningún avance real, se me ocurrió de repente una solución cuando me acordé del marco analítico para el análisis del Estado y el poder que presentan Robert Alford y Roger Friedland en su libro The Powers of Theory: Capitalism, the State, and Democracy (Cambridge University Press, 1985)[2]. En ese libro, Alford y Friedland utilizan la metáfora de un juego para distinguir tres niveles del poder y conflicto: en el nivel sistémico del poder, el conflicto versa sobre el tipo de juego que se juega (capitalismo contra socialismo); en el nivel institucional, el conflicto se da en torno a las reglas del juego (sobre qué tipo de capitalismo) y, en el nivel situacional, se centra en los movimientos que se hacen en el juego (cómo realizar de forma mejor los propios intereses en condiciones de normas fijas). Lo que se me ocurrió fue que los distintos enfoques del análisis de clases podían verse como encajados en la definición de clase en términos de uno u otro de esos niveles del poder y del conflicto: los conceptos marxistas de clase se definen en el nivel sistémico del juego, las categorías weberianas se definen en el nivel institucional de las reglas de juego, y el modelo de Grusky-Weeden de microclases se define exclusivamente en el nivel situacional de los movimientos dentro de normas fijas de un juego único. Reviso esta metáfora del juego con mayor detalle en el capítulo VI, de forma que no la expondré ahora. El asunto más importante aquí es que esta idea me permitió elaborar el capítulo. Resultado de ello es que el capítulo VI contiene una consideración amplia sobre una segunda estrategia general para conectar las distintas tradiciones de análisis de clases dentro de un marco más amplio.

Otro de los capítulos contiene un marco integrador para conectar los distintos enfoques del análisis de clases. El capítulo sobre el enfoque del análisis de clases de Michael Mann se construye en torno a una distinción tripartita en grupos de conceptos que se utilizan en el análisis de clases: relaciones, situación y estructura de clases; estructuración y formación de las clases, y actores colectivos de clase. La primera de estas referencias afecta a las posiciones estructurales que ocupan los individuos; la segunda, a la naturaleza de las relaciones sociales dentro de las clases enraizadas en las comunidades y las redes sociales; la tercera se centra en las organizaciones de base clasista que participan en las luchas. Algunos teóricos, como Michael Mann, insisten en que las clases solamente son un concepto significativo si existen en cuanto actores colectivos, mientras que otros se centran casi exclusivamente en el significado estructural de clase y algunos consideran que las densas interacciones de la formación de clase es la condición necesaria para que una categoría social se convierta en clase. Sostengo que un análisis avanzado de clases indaga en las interconexiones de estos tres tipos de grupos.

El tercer objetivo general del libro muda la atención desde el problema de los diversos significados del concepto de clase y cómo estos significados se pueden encajar en el problema de la comprensión del macroproblema de las configuraciones de la lucha de clases y los equilibrios de poder en el capitalismo contemporáneo. Los tres capítulos que se ocupan de esta cuestión dan, por supuesto, los parámetros básicos del análisis de clases marxista y proponen una forma de comprender los efectos de las condiciones institucionales y el equilibrio de poder del capitalismo contemporáneo en cuanto pautas de lucha y compromiso de clases. En términos del modelo general propuesto en el capítulo VI, el análisis en estos capítulos define las clases en el sentido marxista tradicional dentro del nivel sistémico del juego y además, al utilizar esta definición, explora las distintas definiciones de la lucha de clases a nivel de las normas del juego y los movimientos de este. Los capítulos, por tanto, muestran cómo el concepto marxista de clase, aunque sea específico en el nivel sistémico del poder y del conflicto, puede desplegarse en modelos explicativos en otros niveles.

Erik Olin Wright

Madison, Wisconsin

Febrero de 2015

[1] E. O. Wright (ed.), Modelos de análisis de clase, Valencia, Tirant lo Blanch, 2015.

[2] R. Alford y R. Friedland, Los poderes de la teoría: el capitalismo, el Estado y la democracia, Buenos Aires, Manantial, 1991.

I

De las batallas del gran paradigma al realismo pragmático: hacia un análisis integral de clases

Cuando comencé a escribir acerca de las clases sociales a mediados de los años setenta, consideraba que el marxismo era un paradigma completo que se enfrentaba a la ciencia social positivista[1]. Afirmaba que el marxismo tenía unas premisas epistemológicas características y unos enfoques metodológicos peculiares que se oponían radicalmente a las prácticas dominantes en la ciencia social convencional. Sostenía que esta batalla debía librarse en el terreno empírico, así como en el teórico, y consideraba que el marxismo y la sociología convencional eran dos paradigmas enfrentados, fundamentalmente distintos e inconmensurables. Al reconsiderar a mediados de los años ochenta este primer trabajo, escribía: «Tenía al principio visiones de batallas gloriosas por el paradigma con valerosos caballeros marxistas lanza en ristre que descabalgaban a los rivales burgueses en una justa cuantitativamente dramática. Y lo que es más, veía en la fantasía al vencido concediendo su derrota y cambiando de caballo en consecuencia»[2].

Cerca de cuatro decenios han pasado desde este trabajo temprano sobre las clases. Entretanto he recapacitado bastantes veces acerca de la lógica subyacente en mi enfoque sobre el análisis de clases[3]. Si bien sigo trabajando dentro de la tradición marxista, ya no pienso que la forma más útil de entender el marxismo sea como un paradigma completo que es inconmensurable con la sociología «burguesa»[4]. Antes bien, veo que las distintas tradiciones teóricas identifican diferentes aspectos de los procesos o mecanismos causales que, en su opinión, tienen capacidad exploratoria para los diversos objetivos que se planteen. Estas distintas tradiciones tienen valor científico en la medida en que sus pretensiones estén justificadas. Los distintos mecanismos elaborados por las diferentes tradiciones teóricas se cortan e interactúan en el mundo dando lugar a las cosas que podemos observar. La tradición marxista es un cuerpo de ideas valioso e interesante porque identifica acertadamente los mecanismos reales relevantes para una serie importante de problemas, pero no constituye un «paradigma» completo capaz de explicar, de modo satisfactorio, todas las cuestiones sociales o de resumir todos los mecanismos sociales bajo un marco unificado. Tampoco tiene un monopolio sobre la capacidad de identificar los mecanismos reales y, en consecuencia, en la práctica la investigación sociológica hecha por los marxistas debería combinarse con distintos mecanismos identificados como marxistas o con cualesquiera otros procesos causales que parezcan pertinentes para las tareas de que se trate; lo que puede llamarse un «realismo pragmático» ha reemplazado la gran batalla de los paradigmas.

El realismo pragmático no implica disolver simplemente el marxismo en algún tipo de «sociología» o ciencia social amorfa. El marxismo sigue siendo muy característico a la hora de organizar sus objetivos en torno a una serie de cuestiones y problemas fundamentales que las otras tradiciones teóricas ignoran o marginan. Se distingue por su enfoque normativo respecto a la cuestión de la emancipación de clase. Y también se distingue al identificar un conjunto específico de procesos causales interconectados y pertinentes para esas cuestiones e ideales emancipatorios. Estos elementos constituyen los pivotes de una tradición intelectual distintiva de la de la ciencia social emancipatoria, pero no son las bases de un paradigma excluyente[5].

En este capítulo exploro algunas de las implicaciones para el análisis de clases de este realismo pragmático. En mi trabajo teórico a finales del decenio de los setenta y comienzos de los ochenta defendía la superioridad general del concepto marxista de clase sobre sus principales rivales sociológicos, especialmente los conceptos weberianos de clase en sí y de esta dentro de la corriente mayoritaria en investigación sobre estratificación. Actualmente me parece más apropiado considerar que estas formas distintas de hablar de las clases identifican grupos diferentes de procesos que contribuyen a los aspectos micro y macro de la desigualdad de origen económico en las sociedades capitalistas. Algunos de estos grupos de mecanismos pueden ser más o menos importantes para unas u otras cuestiones y problemas, pero todos son relevantes para una plena comprensión de la desigualdad económica y sus consecuencias. Cada uno de estos enfoques del análisis de clases es incompleto si ignora los otros. Sigo pensando que el análisis marxista de clases es superior al de otras tradiciones por una serie de razones que considero de importancia vital, especialmente razones acerca de la naturaleza del capitalismo, el daño que causa, sus contradicciones y sus posibilidades de transformación. Pero, incluso en relación con estas cuestiones marxistas esenciales, las otras tradiciones del análisis de clase tienen algo que ofrecer.

Con fines de simplificación, me concentro en tres grupos de procesos causales que afectan a las clases, cada uno de ellos asociado con corrientes distintas de la teoría sociológica y los enfoques y análisis de clases. El primero identifica la clase con los atributos y condiciones materiales de la vida de los individuos. El segundo se centra en la forma en que las posiciones sociales otorgan a algunas personas un control sobre los recursos económicos de varios tipos, mientras que excluyen a otros. El tercero identifica a la clase, ante todo con las formas en que las posiciones económicas dan a algunas personas el control sobre las vidas y las actividades de otras. Llamo a los tres enfoques el enfoque de los atributos individualesde la clase, el enfoque del acaparamiento de posibilidades y el enfoque de la dominación y explotación. El primer grupo se vincula a la tradición de la estratificación, el segundo a la weberiana y el tercero a la marxista[6].

La clase como atributos individuales

Entre los sociólogos y el público no especializado, la forma principal en que la mayoría de la gente entiende el concepto de clase es por referencia a los atributos individuales y las condiciones de vida. La gente tiene todo tipo de atributos, como sexo, edad, raza, religión, inteligencia, educación, localización geográfica, etc. Algunos de estos atributos le vienen de nacimiento; otros son adquiridos, pero, un vez adquiridos, son muy estables y otros, por fin, dependen de la situación social concreta de la persona en un momento determinado y, por tanto, pueden variar. Estos atributos tienen consecuencias respecto a algunos asuntos que podemos explicar, desde la salud al comportamiento electoral y las prácticas de crianza de los hijos. La gente también se caracteriza por las condiciones materiales en las que vive: apartamentos sórdidos, cómodas casas en zonas residenciales o mansiones en comunidades bien resguardadas, pobreza, ingresos adecuados o riqueza extravagante; acceso inseguro a la atención sanitaria o un excelente seguro contra la enfermedad, así como acceso a servicios sanitarios de alta calidad. La «clase» es un modo de llamar a la conexión entre los atributos individuales y esas condiciones materiales de vida: la clase identifica los atributos económicamente importantes de la gente que determina sus posibilidades y elecciones en una economía de mercado y, por tanto, sus condiciones materiales de vida. Las clases no se deben identificar simplemente con los atributos individuales ni con las condiciones materiales de vida de la gente, sino con las interconexiones entre estos dos aspectos.

El atributo esencial que es parte de la clase en las sociedades económicamente desarrolladas dentro de este enfoque es la educación, pero algunos sociólogos también incluyen otros atributos más escurridizos, como los recursos culturales, las conexiones sociales y hasta las motivaciones individuales[7]. Todos influyen profundamente en las oportunidades que tiene la gente y, con ello, el ingreso que puede conseguir en el mercado, el tipo de vivienda que puede esperar, la calidad de la atención sanitaria que puede conseguir y muchas otras cosas.

Cuando estos diferentes atributos de los individuos y las condiciones materiales de vida coinciden en líneas generales, estas coincidencias se llaman «clases». La «clase media» en este enfoque se refiere a gentes que se encuentran más o menos a mitad de camino de la economía y la sociedad y que poseen suficiente educación y dinero para participar por entero en algún «tren de vida» definido con mayor o menor concreción como «dominante». La «clase alta» identifica a gente cuya riqueza, elevados ingresos, conexiones sociales y talentos le permiten vivir su vida al margen de la gente «ordinaria». La «clase baja» identifica a quienes carecen de los necesarios recursos educativos y culturales para vivir con seguridad por encima de la línea de la pobreza. Por último, las «subclases» identifican a quien vive en pobreza extrema, marginado del grueso de la sociedad estadounidense a causa de su falta de educación y habilidades necesarias para conseguir empleo estable.

Aunque la mayor parte de los investigadores dentro del enfoque de los atributos individuales aborda la clase mediante gradaciones imprecisas como clase alta, media y baja, hay otras corrientes que intentan especificar un conjunto de categorías más específicas. Buen ejemplo de ello es el trabajo de Mike Savage y sus colegas en su análisis de lo que se conoce como «el gran estudio británico sobre clases»[8]. En la estela del trabajo de Pierre Bourdieu, definen el concepto abstracto de clase en función de tres dimensiones de recursos económicamente relevantes que poseen los individuos: capital económico, capital cultural y capital social. A partir de ahí plantean la cuestión empírica de cuántas clases pueden distinguirse empíricamente en función de los modos en que se agrupan los indicadores de estas tres dimensiones de atributos individuales. Su respuesta, a la que llegan valiéndose de estrategias estadísticas inductivas muy refinadas, es que, en Gran Bretaña, hay hoy siete clases sociales: elite, clase media establecida, clase media técnica, nuevos trabajadores «opulentos» (new affluent workers), clase trabajadora tradicional, trabajadores emergentes en el sector servicios y precariado.

En el enfoque del análisis de clase basado en los atributos individuales, la preocupación principal de los sociólogos es comprender cómo adquiere la gente los atributos que la sitúan en una u otra clase. Para la mayoría de las personas en los países en los que viven los sociólogos, la posición económica y los beneficios se adquieren habitualmente por medio del empleo en trabajos remunerados, de forma que la mayor parte de las investigaciones en esta tradición se centran en analizar el proceso por el que la gente adquiere los recursos culturales, motivacionales y educativos que afectan a sus ocupaciones en el mercado de trabajo. Como sea que las condiciones de vida en la infancia son claramente de gran importancia en estos procesos, esta escuela de análisis de clases dedica una gran atención a lo que a veces se llama «trasfondo de clase», el carácter de clase de las circunstancias de familia en las que se adquieren estos atributos esenciales. La lógica causal de este tipo de procesos de clase se ilustra como una sucesión en el gráfico 1.1.

Gráfico 1.1. El enfoque de atributos del individuo en el análisis de clases y la desigualdad

Las competencias, la educación y las motivaciones, desde luego, son factores determinantes muy importantes de las perspectivas económicas del individuo. No obstante, lo que se echa en falta en este enfoque del análisis de clases es una seria consideración acerca de las desigualdades de las mismas posiciones que ocupan las personas. La educación determina los tipos de empleos que obtiene la gente, pero ¿cómo podemos entender el carácter de los empleos que se consiguen en virtud de la educación? ¿Por qué unos empleos son «mejores» que otros? ¿Por qué algunos empleos otorgan un gran poder a quienes los ocupan en tanto que otros no lo hacen? Antes que concentrarse exclusivamente en el proceso por el cual los individuos consiguen unos u otros puestos, los otros dos enfoques comienzan por analizar la naturaleza de los empleos a los que acceden las personas.

La clase como acaparamiento de oportunidades

El problema del «acaparamiento de oportunidades» está estrechamente ligado al trabajo de Max Weber[9]. La idea es que, si un empleo confiere a sus titulares ingresos elevados y ventajas especiales, es importante que aquellos dispongan de medios para excluir a otra gente del acceso a esos mismos trabajos. A veces se llama a este procedimiento cierre social, esto es, el proceso por el que una determinada posición queda reservada para determinadas personas, mientras que otras están excluidas. Una forma de establecer un cierre social es imponer unos requisitos muy costosos para acceder al puesto. Tal carácter suelen tener los títulos académicos: los altos niveles educativos generan elevados ingresos parcialmente a causa de las restricciones parciales en la disponibilidad de personas muy cualificadas. Los procedimientos de admisión, los costes de la enseñanza, la imposibilidad de la gente con bajos ingresos de conseguir grandes préstamos y otros muchos factores bloquean el acceso a la educación superior de mucha gente y esas barreras benefician a quienes ocupan empleos que requieren elevada educación. Si se hiciera un gran esfuerzo para mejorar el nivel educativo de quienes no tienen educación, eso mismo disminuiría el valor de la educación de aquellos que ya la poseen, puesto que este depende, en gran medida, de su escasez. Los mecanismos del acaparamiento de oportunidades se ilustran en el gráfico 1.2.

Gráfico 1.2. El enfoque de acaparamiento de oportunidades en relación con la clase y la desigualdad

Se objetará a esta descripción de los títulos académicos que la educación también afecta a los ingresos al aumentar la productividad de las personas. Los economistas sostienen que la educación crea «capital social» que hace que la gente sea más productiva, y esta mayor productividad induce a los empresarios a pagar salarios más altos. Si bien es cierto que, en algunos casos, los mayores ingresos que acompañan a la educación superior reflejan diferencias de productividad, esto es únicamente parte de la historia. También son importantes las formas en que los procesos de adquisición de la educación excluyen a la gente a través de diversos mecanismos y, por tanto, restringen la cantidad de personas que pueden acceder a los empleos. Un simple supuesto permite verlo: imagínese que las fronteras de Estados Unidos estuvieran abiertas y se permitiera que cualquiera que estuviese en posesión de un título en Medicina o Ingeniería o Informática en cualquier país del mundo viniese a practicar su profesión. El elevado incremento en la oferta de gente con esas titulaciones reduciría la capacidad de los titulares nacionales de mantener ingresos elevados, aunque ni su conocimiento ni sus capacidades –ni, en consecuencia, su productividad– menguaran. Los derechos de ciudadanía son una forma de «licenciatura» especial y muy poderosa a la hora de vender el propio servicio en el mercado de trabajo.

Las titulaciones y licenciaturas son mecanismos espacialmente importantes de acaparamiento de oportunidades, pero, en otras épocas y distintos lugares, han venido empleándose muchos otros mecanismos institucionales para restringir el acceso a cierto tipo de empleos: las barreras de color excluían a las minorías raciales de muchos empleos en Estados Unidos, especialmente (pero no sólo) en el Sur hasta los años sesenta; el estado civil y las exclusiones de género restringían el acceso de las mujeres a ciertos empleos hasta bien entrado el siglo XX en la mayor parte de los países capitalistas avanzados; la religión, la cultura, los modales, el acento, todos ellos han sido mecanismos de exclusión.

Quizá el mecanismo excluyente más importante que protege los privilegios y ventajas de la gente en determinados empleos en una sociedad capitalista sea la propiedad privada de los medios de producción. Los derechos de propiedad privada son la forma esencial de exclusión que determina el acceso al «empleo» de empresario capitalista. Si los trabajadores intentaran ocupar la fábrica y gestionarla, estarían atentando contra este proceso de cierre al cuestionar su exclusión del control de los medios de producción. La capacidad de los propietarios de conseguir beneficios depende de su defensa de esta exclusión que llamamos «derechos de propiedad». La división fundamental de clases en las tradiciones sociológicas marxista y weberiana entre capitalistas y trabajadores se puede entender, por tanto, como un reflejo de una forma específica de acaparamiento de oportunidades impuesta por las normas jurídicas de los derechos de propiedad.

Los mecanismos excluyentes que configuran las estructuras de clase en el enfoque de acaparamiento de oportunidades no funcionan solamente en las partes más privilegiadas de dicha estructura. Los sindicatos también pueden funcionar como un mecanismo excluyente al proteger a quienes ocupan ciertos empleos de la competencia de fuera. Esto no implica que, en líneas generales, los sindicatos contribuyan al aumento de la desigualdad desde el momento en que también pueden actuar políticamente para reducir las desigualdades generadas por otros mecanismos de exclusión, especialmente los relacionados con la propiedad privada de los medios de producción. No obstante, en la medida en que los sindicatos erigen barreras al acceso a ciertos empleos, crean una forma de cierre social que mejora las condiciones materiales de vida de sus miembros.

Los sociólogos que adoptan el enfoque del acaparamiento identifican, por lo general, tres categorías de clases en la sociedad estadounidense: los capitalistas, definidos por los derechos de propiedad privada en la propiedad de los medios de producción; la clase media, definida por los mecanismos de exclusión sobre la adquisición de educación y competencias técnicas, y la clase trabajadora, definida por su exclusión tanto de la alta educación como del capital. El sector de la clase trabajadora protegida por los sindicatos suele verse como un estrato privilegiado dentro de esta clase o, a veces, como parte componente de la clase media.

La diferencia determinante entre los mecanismos de clase de acaparamiento de oportunidades y los mecanismos de atributos personales es que el acaparamiento de oportunidades implica que las ventajas que la gente obtiene de encontrarse en una posición privilegiada de clase están causalmente conectados con las desventajas de la gente excluida de esas posiciones de clase. En el caso de los mecanismos conectados a los atributos individuales, las ventajas y desventajas son independientes unas de otras y generadas por procesos propios de los individuos. Para expresarlo de forma simple, en el caso de los mecanismos de acaparamiento de oportunidades, los ricos son ricos en parte porque los pobres son pobres. Los ricos hacen cosas para asegurar su riqueza que contribuyen a las desventajas con las que los pobres cargan en el mundo. En el caso de simples atributos individuales, los ricos son ricos porque tienen atributos favorables y los pobres son pobres porque carecen de esos atributos. Y no hay conexión sistemática causal entre estos hechos. Desde este punto de vista, la eliminación de la pobreza mejorando los atributos pertinentes de los pobres –mejorando su educación, nivel cultural y capital humano– no perjudicaría a los ricos. Allí donde los mecanismos de acaparamiento de oportunidades son importantes, por el contrario, la eliminación de la pobreza mediante la remoción de los mecanismos de exclusión socava potencialmente las ventajas de los ricos en el sistema existente.

La clase como explotación y dominación

La explotación y dominación de clase es la forma más polémica de pensar acerca de las clases[10]. La mayoría de los sociólogos ignora este conjunto de mecanismos cuando habla acerca de las clases y algunos niegan explícitamente su pertinencia. Estos mecanismos de análisis de clases están fuertemente vinculados con la tradición marxista de la sociología, pero algunos sociólogos más influidos por Weber también incluyen la explotación y la dominación en su concepción de la clase[11].

La «dominación» y, en especial, la «explotación» son términos controvertidos en la sociología porque, por lo general, implican un juicio moral en lugar de tratarse de descripciones simples y neutras. Muchos sociólogos tratan de evitar estas expresiones a causa de su contenido normativo[12]. No obstante, entiendo que son importantes y que identifican con exactitud ciertos asuntos clave en la comprensión de las clases. Tanto la dominación como la explotación se refieren a las formas en las que la gente controla la vida de los otros. La «dominación» se refiere a la capacidad para controlar las actividades de otros. La «explotación» se refiere al logro de beneficios económicos de la actividad laboral de las personas dominadas. En consecuencia, toda explotación implica algún tipo de dominación, pero no toda dominación supone explotación. Los carceleros, por ejemplo, dominan a los presos, pero no los explotan necesariamente.

En las relaciones de explotación y dominación suele suceder que un grupo se beneficie sin más de restringir el acceso a recursos o posiciones. Además de ello, el grupo explotador/dominante es capaz de controlar el esfuerzo de trabajo de otros en su propio beneficio. Considérense los siguientes clásicos casos opuestos. En el primero, grandes terratenientes se apoderan de pastos del común, excluyen a los campesinos y obtienen beneficios económicos de su control exclusivo para su propio uso. En el segundo caso, los mismos terratenientes se apoderan de las tierras de pastos, excluyen a los campesinos, pero luego admiten a algunos de ellos en sus tierras como trabajadores agrícolas. En este segundo caso, además de obtener beneficios del control del acceso a la tierra (acaparamiento de oportunidades), el terrateniente también domina y explota el trabajo de sus empleados agrícolas. Se trata de una forma de interdependencia relacional más fuerte que en un caso de exclusión simple porque se da una relación continua entre las actividades de las personas favorecidas y las desfavorecidas y no meramente una relación entre sus condiciones. La explotación y la dominación son formas de desigualdad estructural que requieren una cooperación activa continua entre los explotadores y los explotados, los dominadores y los dominados.

El contraste en la función de las relaciones sociales dentro de los tres enfoques del análisis de clases se resume en el cuadro 1.1. El enfoque de los atributos individuales es el menos relacional puesto que ni las condiciones económicas en las que vive el individuo ni sus actividades se entienden como un reflejo directo de las relaciones sociales. Dentro del enfoque del acaparamiento de oportunidades, se considera que las condiciones económicas de la gente están formadas mediante relaciones de exclusión, pero no se especifica que la clase incorpore relaciones entre las actividades. En el enfoque explotación/dominación se incluyen ambas formas de relaciones.

Cuadro 1.1. La función de las relaciones sociales en los distintos enfoques de análisis de clases

Enfoque de análisis de clases

Condiciones económicas

Actividades económicas

Atributos individuales

No relacional

No relacional

Acaparamiento de oportunidades

Relacional

No relacional

Dominación/explotación

Relacional

Relacional

El enfoque de la dominación y la explotación en el análisis de clases se representa en el gráfico 1.3. Al igual que en el enfoque de acaparamiento de oportunidades, el poder y las normas jurídicas que impone el cerramiento social son importantes a la hora de definir la estructura básica de las posiciones sociales, especialmente esa poderosa forma de cerramiento social y exclusión que llamamos «propiedad privada de los medios de producción». Pero aquí el efecto crítico del acaparamiento de oportunidades es la dominación y la explotación y no solamente una ventaja de mercado.

Gráfico 1.3. El enfoque de explotación y dominación en el análisis de clases y la desigualdad

Dentro del enfoque de dominación/explotación, la división central de clase en una sociedad capitalista se da entre quienes poseen y controlan los medios de producción –los capitalistas– y quienes son contratados para manejar esos medios de producción, los trabajadores. Desde este punto de vista, los capitalistas explotan y dominan a los trabajadores. Otros tipos de posiciones dentro de la estructura de clases obtienen su carácter específico de su relación con respecto a esta división básica. Los directivos, por ejemplo, ejercen muchos de los poderes de dominación, pero también están subordinados a los capitalistas. Los ejecutivos y altos administradores de las empresas a menudo tienen cuantiosas participaciones en sus corporaciones y, en consecuencia, es como si fueran capitalistas. Los profesionales muy cualificados y algunas categorías de trabajadores técnicos tienen tanto control sobre el conocimiento y las habilidades (recursos esenciales en las economías de hoy) que pueden mantener una autonomía considerable frente a la dominación dentro del trabajo que les permite reducir y hasta neutralizar la explotación a que están sometidos[13].

En los dos enfoques de clase, el de acaparamiento de oportunidades y el de explotación/dominación, corresponde al poder una función importante. En ambos enfoques, las desigualdades de ingreso y riqueza en conexión con la estructura de clases se mantienen mediante el ejercicio del poder y no solamente mediante la acción de los individuos. Las desigualdades generadas por el acaparamiento de oportunidades necesitan el empleo del poder para imponer las exclusiones y las desigualdades relacionadas con la explotación requieren supervisión, vigilancia del trabajo realizado y sanciones para imponer la disciplina laboral. En los dos casos, las luchas sociales que desafían estas formas de poder son amenazas potenciales a los privilegios de la gente en las posiciones de clase ventajosas.

Integración de los tres grupos de mecanismos de clase

Si bien los sociólogos han tendido, por lo general, a fundamentar su investigación en uno u otro de estos tres enfoques sobre las clases, no hay razón para considerarlos excluyentes. En lugar de ello, podemos ver la realidad de la clase como algo generado por las interacciones complejas de los diferentes mecanismos identificados con cada enfoque. Una forma de combinar los tres enfoques es considerar que cada uno identifica un proceso clave que conforma un aspecto diferente de la estructura de clases:

1. Los mecanismos de explotación y dominación identifican la división fundamental de clases conectada con el carácter capitalista de la economía: la división de los capitalistas y los trabajadores en dos clases sociales.

2. Los medios de acaparamiento de oportunidades identifican el mecanismo central que diferencia los empleos de «clase media» de la más amplia clase obrera creando barreras que, de un modo u otro, restringen la accesibilidad de las personas al empleo deseable. El asunto decisivo aquí no es solamente quién resulta excluido sino simplemente el hecho de que haya mecanismos de exclusión que amparen los privilegios de quienes se encuentran en posiciones de clase media.

3. Los mecanismos y condiciones de vida individuales identifican un conjunto esencial de procesos mediante los cuales los individuos ocupan diferentes posiciones en la estructura de clase o quedan excluidos de esas posiciones. El acaparamiento de oportunidades identifica procesos excluyentes relacionados con empleos de clase media. El enfoque de atributos individuales y condiciones de vida ayuda a concretar qué es lo que hay en la vida de la gente que explica que unos tengan acceso a esos puestos deseables de trabajo de clase media y otros queden excluidos de los empleos estables de la clase trabajadora.

Estos tres procesos operan en todas las sociedades capitalistas. Las diferencias en las estructuras de clase entre los países se deben a los detalles acerca de cómo actúan e interactúan esos mecanismos. La tarea teórica consiste en reflexionar sobre la forma en que se relacionan y combinan. La tarea empírica consiste en averiguar formas para estudiar cada una de sus interconexiones.

Un posible modelo micro-macro se muestra de forma esquemática en el gráfico 1.5. En este modelo las relaciones de poder y las normas jurídicas que dan a la gente control efectivo sobre los recursos económicos (medios de producción, capital financiero y capital humano) aportan estructuras de cierre social y acaparamiento de oportunidades relacionadas con posiciones sociales. El acaparamiento de oportunidades, por lo tanto, genera tres tipos de efectos causales:

1. Da forma a los procesos de micronivel por medio de los cuales los individuos consiguen los atributos que son pertinentes a su clase.

2. Da forma a la estructura de posiciones dentro de las relaciones de mercado (ocupaciones y empleos) y los conflictos consiguientes por razón de la distribución.

3. Da forma a la estructura de relaciones dentro de la producción, en especial las relaciones de dominación y explotación, así como los conflictos asociados a la distribución.

Las primeras de estas relaciones causales, a su vez, dan forma a los grupos de gente en las posiciones de clase dentro del mercado y de la producción. Los atributos de clase de los individuos y sus posiciones de clase (definidos dentro del mercado y la producción) afectan a sus niveles de bienestar económico individual.

Se necesita un último elemento en el amplio modelo sintético. En el gráfico 1.4 se consideran las relaciones de poder y las normas jurídicas como estructuras exógenas siendo así que, de hecho, esas relaciones básicas de poder están configuradas ellas mismas por los procesos y conflictos de clases. Estos asuntos importan porque las estructuras de desigualdad son sistemas dinámicos y el destino de los individuos dentro de ellos no solamente depende de los procesos de micronivel que encuentran en sus vidas o en las estructuras sociales en las que viven esas vidas, sino también de la trayectoria del sistema en su conjunto y dentro del cual se dan esos microprocesos. Considerar que las relaciones de poder que sostienen una estructura dada de posiciones de clase son parámetros fijos es muy erróneo y contribuye a generar la idea falsa de que el destino de los individuos es simplemente una función de sus atributos y circunstancias individuales. Lo que necesitamos, en consecuencia, es un modelo macro dinámico recurrente en el que las luchas generadas por las relaciones sociales contribuyan a la trayectoria de cambio de las propias relaciones. Esto apunta a un macromodelo como el que se representa de forma muy simplificada en el gráfico 1.5. Un análisis de clases completamente elaborado, por tanto, combina este tipo de macromodelo dinámico del conflicto y las transformaciones con el modelo multinivel macro-micro de procesos de clases y vidas individuales. En este modelo, se combinan los puntos esenciales de los enfoques de estratificación: el marxista y el weberiano.

Gráfico 1.4. Análisis de clases combinado: procesos macro y micro

Gráfico 1.5. Modelo dinámico macro-micro

La estructura de clases estadounidense en el siglo XXI en un análisis integral de clases

Los sistemas económicos se diferencian en el grado de libertad de que disfrutan los derechos y los poderes que acompañan a la propiedad privada de los medios de producción y, por lo tanto, en la naturaleza de la división de clases entre capitalistas y trabajadores. Estados Unidos se ha caracterizado, desde hace mucho, como una economía capitalista con una débil regulación pública de la propiedad capitalista. Así se refleja en una serie de factores esenciales: un salario mínimo muy bajo que hace que haya tasas de explotación más altas de las que habría de otro modo; baja fiscalidad de los ingresos más elevados, lo cual permite a los sectores más ricos de la clase capitalista vivir en un lujo extravagante, y muy débiles sindicatos y otras formas de unión de los trabajadores que podrían actuar como un contrapeso a la dominación dentro de la producción. La cuestión es que quizá sea Estados Unidos el que tenga la división de clases más polarizada en el eje de explotación y dominación entre los países capitalistas desarrollados.

En cuanto a la formación de la clase media a través de los mecanismos de acaparamiento de oportunidades, especialmente las vinculadas a la educación, Estados Unidos ha tenido siempre una de las clases medias más numerosas entre los países capitalistas avanzados. Estados Unidos fue el primer país en abrir el acceso masivo a la educación superior y, durante mucho tiempo, este acceso fue muy abierto y relativamente barato, lo que permitía que la gente con pocos recursos asistiera a la universidad. Estados Unidos se ha caracterizado también por un sistema multinivel de educación superior –con centros educativos comunitarios, institutos de enseñanza preuniversitaria, institutos de formación en artes liberales y universidades– que posibilitan que la gente ingrese en la educación superior relativamente tarde en la vida y pueda moverse de un nivel a otro. Un adulto joven que hubiera fracasado tenía, cuando menos, la posibilidad de volver a la facultad, si «tenía los créditos correctos», para conseguir un título y acceso a los empleos de la clase media. Este amplio y diferenciado sistema de educación superior sirvió para crear una gran cantidad de empleos de la clase media. En los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, esta tendencia se complementó con un movimiento obrero relativamente fuerte que fue capaz de suprimir la competencia por empleos en el núcleo de la economía estadounidense que no requerían educación superior. De este modo, el movimiento obrero permitió que los trabajadores sindicados en esos empleos alcanzaran ingresos y seguridad similar a los de la clase media con sus títulos.

Contrariamente a la retórica popular, sin embargo, nunca ha sido cierto que Estados Unidos fuera una sociedad con una «abrumadora mayoría de clase media». La mayoría de los empleos en la estructura laboral de Estados Unidos no obtenía ventajas de los títulos excluyentes y el movimiento sindical nunca consiguió organizar a más del 35 por 100 de la clase trabajadora no directiva. Además, en los últimos decenios se ha dado una erosión, cuando menos, de algunos de esos procesos de exclusión de la clase media; el movimiento obrero ha decaído llamativamente desde el decenio de los setenta; muchos empleos de clase media son ahora menos seguros y están menos protegidos por los títulos asociados con el trabajo en esos sectores. La crisis económica a finales del primer decenio del siglo XXI ha intensificado el sentimiento de precariedad de muchos que todavía creen que son clase media. De este modo, aunque siga siendo cierto que la educación superior y, cada vez más crecientemente, los títulos académicos avanzados tienen una importancia capital para garantizar el acceso a muchos de los mejores empleos en la economía estadounidense, las perspectivas de futuro para una amplia y estable clase media están lejos de ser claras[14].

Por último, la estructura de clases de Estados Unidos se ha caracterizado por un proceso particularmente brutal mediante el cual se han formado los atributos individuales relevantes para el destino de las personas en la estructura de clases. El sistema educativo norteamericano está organizado de forma tal que la calidad de la educación al alcance de los hijos de las familias pobres es, por lo general, muy inferior a la calidad de la educación de los niños de clase media o de familias ricas. Este déficit en la educación pública de los pobres se intensifica por las privaciones extremas de pobreza en Estados Unidos debido a la ausencia de una red de Seguridad Social y a una falta de servicios de apoyo para las familias pobres. La rápida desindustrialización de la economía estadounidense y la ausencia de programas generales de entrenamiento en los empleos para la gente desplazada por la desindustrialización significa que una gran cantidad de personas se encuentra sin los tipos de habilidades que se necesitan en la actual estructura de empleo. El resultado es que la estructura de clase de Estados Unidos se caracteriza por los índices más elevados de pobreza y marginación de cualquier país comparable. Todos estos procesos se intensifican con la permanente presencia del racismo que hace que los afroamericanos y otros grupos racialmente oprimidos resulten especialmente vulnerables a la marginación.

Si conjuntamos todos esos problemas, se sigue una imagen general de la estructura de clase a comienzos del siglo XXI:

– Una clase capitalista extremadamente rica y de altos ejecutivos de las empresas que viven en niveles extraordinariamente elevados de consumo con restricciones relativamente débiles en el ejercicio de su poder económico. La estructura de clases de Estados Unidos es la más polarizada en la cúspide entre todos los países capitalistas avanzados.

– Una clase media históricamente numerosa y relativamente estable, anclada en un sistema expansivo y flexible de educación superior y formación técnica, conectada con los empleos que requieren titulaciones de diversas clases pero cuya seguridad y prosperidad futuras son hoy inciertas.

– Una clase obrera que antaño se caracterizaba por unos sectores muy sindicalizados, con un nivel de vida y seguridad similar al de la clase media pero que actualmente carece de esas protecciones.

– Un sector pobre y precario de la clase obrera, caracterizado por bajos salarios, empleo inseguro, sujeto a una competencia sin restricciones por el empleo en el mercado de trabajo y con una protección pública mínima.

– Un sector de la población marginado y empobrecido que carece de las capacidades y de la educación necesarios para los empleos por encima del nivel de pobreza y viviendo en condiciones que hacen extraordinariamente difícil que adquiera esas capacidades. La estructura de clases de Estados Unidos es la más polarizada en el extremo inferior entre los países capitalistas.

– Una pauta de interacción de raza y clase en la que los trabajadores pobres y la población marginada están desproporcionadamente compuestos por minorías raciales.

Hacia un análisis integral de clases

Adoptar el marco integral del análisis de clases aquí propuesto plantea diferentes tipos de problemas para los estudiosos que trabajan en la tradición marxista de la sociología y quienes lo hacen en la weberiana y la de estratificación. Para muchos marxistas, el reto principal es reconocer que lo más poderoso en el marxismo es la teoría del conjunto específico de mecanismos causales antes que su aspiración a constituirse en paradigma comprensivo del conjunto de las ciencias sociales. Históricamente, se ha defendido la relevancia de estos mecanismos con la retórica de paradigmas inconmensurables, incluidos los argumentos a favor de una epistemología y metodología exclusivas marxistas que diferenciaban tajantemente al marxismo de sus rivales. No creo que este tipo de defensa de las ideas marxistas sea convincente. El marxismo es una tradición poderosa de las ciencias sociales porque proporciona explicaciones certeras para una serie de fenómenos importantes, no porque tenga algún método especial que lo diferencie de todas las demás corrientes de la ciencia social. Por supuesto, siempre es posible que esta aspiración al paradigma se realice si, en el futuro, se repiten los esfuerzos para formular el marxismo como un paradigma comprensivo distintivo. Pero de momento parece mejor ver el marxismo como un programa de información definido por su atención a un conjunto específico de problemas, mecanismos y teorías explicativas.

El reto de un análisis integral de clases puede ser aún mayor para los sociólogos que trabajan en la tradición de la estratificación. El análisis marxista de clases, después de todo, siempre ha incluido debates sobre los atributos individuales y las condiciones materiales de vida de la gente situada en una determinada estructura económica y ha considerado el acaparamiento de oportunidades como un concepto de las relaciones sociales de producción. Los teóricos de la estratificación, por otro lado, han ignorado el problema de la explotación, llegando, todo lo más, a hablar de «desventaja» y hasta el concepto de dominación está ausente de este enfoque de la clase. Reconocer la explotación y la dominación como ejes centrales del análisis de clases equivale a reconocer la importancia de una estructura de posiciones sociales distinta de las personas que las ocupan y esto también es, en gran medida, algo ajeno a la investigación sobre estratificación.

En cierto modo, los weberianos pueden tenerlo más fácil. De un lado, la mayoría de los sociólogos inspirados por Weber no han aspirado a crear un paradigma completo y se han dado por satisfechos con una tradición teórica que proporcionaba un rico menú de conceptos flexiblemente interrelacionados y que se refieren a problemas empíricos e históricos empíricos específicos. Se trata de uno de los aspectos por los que ha resultado atractiva la tradición weberiana, porque es básicamente permisiva acerca de la incorporación de casi cualesquiera otros conceptos de otras corrientes de la teoría social. Por otro lado, los weberianos siempre han hecho hincapié en la importancia del poder dentro de las estructuras sociales y no tienen dificultades a la hora de distinguir personas y posiciones estructuradas. Si bien la explotación no ha sido central en el análisis de clases weberiano, no hay barrera fundamental alguna dentro de la lógica de las categorías weberianas para incluir la explotación en el estudio de clases.

Podría parecer a partir de esta evaluación que, en último término, todos tendríamos que declararnos weberianos. Tal fue una de las acusaciones de Frank Parkin contra mi trabajo y el de otros marxistas hace treinta años: «Dentro de cada neomarxista parece haber un weberiano que lucha por salir»[15]. No obstante, no creo que esta conclusión se siga del tipo de realismo pragmatista por el que abogo. El marxismo sigue siendo una tradición distintiva en la ciencia social a causa de su conjunto peculiar de problemas.

[1] Una presentación temprana sobre mis puntos de vista acerca del marxismo y la ciencia social convencional puede encontrase en la introducción metodológica a Class, Crisis and the State, Londres, New Left Books, 1978 [ed. cast.: Clase, crisis y Estado, Madrid, Siglo XXI, 1983].

[2] «Reflections on Classes», Berkeley Journal of Sociology (1987), reimpreso en Erik Olin Wright, The Debate on Classes, Londres, Verso, 1989, p. 76.

[3] Las publicaciones más importantes en las que he reflexionado sobre estos asuntos metateóricos son Clase, crisis y Estado (Madrid, Siglo XXI, 1983); The Debate on Classes (Londres, Verso, 1989); Class Counts: Comparative Studies in Class Analysis (Cambridge University Press, 1997), y Modelos de análisis de clases (Valencia, Tirant lo Blanch, 2015).

[4] Prefiero emplear la expresión «tradición marxista» antes que marxismo precisamente porque este último presupone algo más cercano a un paradigma omnicomprensivo.

[5] Para una consideración acerca de este enfoque del marxismo como tradición intelectual, vid. Erik Olin Wright, Interrogating Inequality, Londres, Verso, 1994 [ed. cast.: Preguntas a la desigualdad, Bogotá, Universidad del Rosario, 2010], especialmente la parte 3.

[6] No todas las corrientes del análisis de clases pueden clasificarse nítidamente en estos tres grupos teóricos. En el capítulo VI estudiaré otro enfoque más de análisis de clases que se origina en categorías ocupacionales desagregadas.

[7] Pierre Bourdieu es el sociólogo contemporáneo principal que incluye, sistemáticamente, una serie de elementos culturales en una lista ampliada de atributos individuales pertinentes a la clase.

[8] Mike Savage et al., «A New Model of Social Class? Findings from the BBC’s Great British Class Survey Experiment», Sociology 47, 2 (2013), pp. 219-250.

[9] Entre los sociólogos estadounidenses, Charles Tilly es quien emplea explícitamente la expresión «acaparamiento de oportunidades» (opportunity hoading), en especial en su libro Durable Inequality, Berkeley, University of California Press, 1999 [ed. cast.: La desigualdad persistente, Buenos Aires, Manantial, 2000]. El enfoque de Tilly se analiza más a fondo en el capítulo III. El trabajo de Bourdieu en los campos y formas del capital también se plantea en términos de acaparamiento de oportunidades.

[10] A los efectos de este trabajo es útil ver la explotación y la dominación como mecanismos estrechamente vinculados. Para algunos fines explicativos, se dará mayor o menor importancia a uno u otro de estos mecanismos.

[11] Por supuesto, Weber hace una detallada exposición sobre la dominación, el poder, la autoridad, principalmente en el contexto de sus análisis de las organizaciones y el Estado, no en el de su consideración del concepto de clase, e ignora por completo el problema de la explotación. Véase el capítulo II para un estudio más amplio de estos asuntos en el análisis de clases de Weber.

[12] John Goldthorpe objeta explícitamente al concepto de explotación con estos motivos. En una nota a pie de página en la American Journal of Sociology, a propósito del concepto de clase de Aage Sørensen, Goldthorpe dice del concepto de explotación que es «una palabra que me alegraría ver desaparecer del léxico sociológico». Añade, a modo de explicación: «Su función en el pensamiento marxista era posibilitar una fusión de una pretensión normativa con una positiva de una forma que encuentro inaceptable». Y concluye: «Si, al invocar la explotación, sólo se quiere señalar la presencia de intereses de clase estructuralmente opuestos que lleva a conflictos de suma cero, su uso es inocuo, aunque escasamente necesario» («Commentary on Sørensen», American Journal of Sociology 105, 6 [mayo de 2000], p. 1574).

[13] Una forma de entender la complejidad de estos mecanismos de clase distintos y entrecruzados es caracterizar las posiciones de clase diferentes de las posiciones polarizadas entre capitalistas y trabajadores como «posiciones contradictorias dentro de las posiciones de clase». Para una consideración más detenida de esta idea, véase E. O. Wright, Classes, Londres, Verso, 1985 [ed. cast.: Clases, Madrid, Siglo XXI, 1994, reimp. 2015] y Class Counts, cit.

[14] Para un estudio de las pautas de polarización de los empleos en los decenios recientes, vid. Erik Olin Wright y Rachel Dwyer, «Patterns of Job Expansion and Contraction in the United States, 1960-1990s», Socio-economic Review 1, 3 (2003), pp. 289-325.

[15] Frank Parkin, Marxism and Class Theory: A Bourgeois Critique, Nueva York, Columbia University Press, 1979, p. 25 [ed. cast.: Marxismo y teoría de clases: una crítica burguesa, Madrid, Espasa Calpe, 1984].

PRIMERA PARTE

Marcos de análisis de clases

II

La sombra de la explotación en el análisis de clases de Weber