Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Un género esencial para entender la evolución de la música norteamericana hasta nuestros días. Partiendo de los padres del country rock y de cada uno de sus subgéneros Eduardo Izquierdo ha tratado de trazar en estas páginas el mapa sonoro esencial para entender la evolución de la música norteamericana del siglo XX. El género recoge conceptos del pop y del rock en sus bases instrumentales a los que les añade temáticas propiamente country, de ahí que surjan infinidad de ramificaciones como el bluegrass o el honky tonk en las que se instalarían figuras que dejarían una huella eterna, quizá por esa manera tan particular de entroncar modernidad y tradición. Este libro compendia a los principales protagonistas de una música universal que ha llegado hasta nuestros días y que amenaza con nuevas generaciones de músicos que enarbolan la bandera de las raíces musicales para aupar un género que parecía olvidado hasta lo más alto. • Johnny Cash: El hombre de negro. • Ry Cooder: el incansable buscador. • Bob Dylan: El bardo que calza camperas. • Eagles: Las águilas que volaron más alto. • Grateful Dead: Pioneros de las jam bands. Partiendo de los padres de cada género y subgénero el autor ha intentado (y conseguido) trazar un mapa sonoro de un género esencial para la evolución de la música norteamericana en el siglo XX y principios del XXI a través de las historias de muchos de sus protagonistas. También se incluye un pequeño glosario de términos básicos, una recomendación de los 50 discos esenciales del género, y hasta un pequeño apartado con la influencia de este estilo tan norteamericano en la música cantada en castellano. Con fotografías a color, videos y una tracklist al final del libro con las mejores canciones del Country Rock!
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 370
Veröffentlichungsjahr: 2016
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
COUNTRY ROCK
Eduardo Izquierdo
Un sello de Redbook ediciones
Indústria 11 (Pol. Ind. Buvisa)
08329 Teià (Barcelona)
www.redbookediciones.com
© 2016, Eduardo Izquierdo Cabrera
© 2016, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona
Diseño de cubierta e interior: Regina Richling
ISBN: 978-84-945961-7-9
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos www.cedro.org), si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
A la memoria de Merle Haggard, Guy Clark y Glenn Frey, fallecidos durante la realización de este libro.
Introducción
Yee haw!
Puede parecer que escribir un volumen de la historia del country-rock es tarea más sencilla que hacerlo sobre otros géneros como el blues, el soul o el rock and roll. Aparentemente nos encontramos ante un estilo mucho más delimitado y eso siempre facilita las cosas. Pero es cuestión de ponerse manos a la obra, investigar y recopilar información para darse cuenta de que la cosa no tiene nada de fácil, ni mucho menos. El country, y por ende el country-rock, es un género con infinidad de subgéneros y ramificaciones que convierte la delimitación en un trabajo prácticamente imposible. No en vano, en los trabajos previos a escribir esta guía, servidor se encontró con que el archivo que recogía los nombres de los artistas que se me antojaban imprescindibles de aparecer en la misma se elevaba a la friolera de 1203 solistas y grupos. No, no se asusten. Eso no es lo que van a encontrar en las siguientes páginas. En ellas se recogen simplemente aquellos que por motivos absolutamente subjetivos he considerado que debían quedarse en la criba final. Ya sea por influencia histórica, por relevancia seminal, por representatividad de un determinado tiempo o un lugar o, simplemente, por gusto personal. Porque sí señores. Todas las listas son tremendamente subjetivas y si no me creen lean Alta Fidelidad de Nick Hornby y entenderán de qué va esto. O ya se lo explico yo. Va de que probablemente les será fácil hacer una amplia lista de los que no están y los que deberían, y hasta probablemente de los que sobran, aunque esta es más complicada. Porque la cosa va de eso. Para incluir un artista hay que sacar otro de la lista y ahí es donde empiezan los problemas. Prueben y verán. Aunque yo si quieren les hecho una mano. No están Frankie Ballard, ni Jackson Browne, ni Red Foley, ni John Denver, ni Marty Robins, ni… Los motivos son tan diversos como las opiniones en contra, seguro. Pero ¿qué le vamos a hacer?
Por supuesto, la cosa no iba a quedarse ahí y esta guía del country-rock es mucho más. Partiendo de los padres de cada género y subgénero, se ha intentado (y espero que conseguido) trazar un mapa sonoro de un género esencial para la evolución de la música norteamericana en el siglo xx. y principios del xxi a través de las historias de muchos de sus protagonistas. No limitándonos al conocimiento enciclopédico, sino intentando aportar pinceladas de opinión crítica a sus carreras y sus discos. Persiguiendo entender a través de ello qué significan vocablos como bluegrass, Countrypolitan, Nashville Sound o Outlaw Country, entre otros. Pero, además, también se incluye un complicado y brevísimo (da para un libro completo) repaso histórico, un pequeño glosario de términos básicos, una recomendación de los 50 discos esenciales del género de nuevo desde la subjetividad, y hasta un pequeño apartado con la influencia de este estilo tan norteamericano en la música patria.
El country, probablemente un género con el que se ha sido injusto fuera de sus fronteras de nacimiento, es más que bailes en línea, botas camperas y sombreros de cowboy. Muchas veces, la mayoría, es un estilo de vida y una manera de entender las cosas. Muchos serán los que considerarán que no se puede comparar su influencia a la del soul, el blues o el rockabilly pero permítanme que disienta. No en vano, todos esos géneros han acabado mestizándose con nuestro protagonista, y no siempre en la misma dirección. El country ha buscado el roce con ellos pero a la inversa también ha pasado. Que no siempre va a ser el machote el que se vaya de ligue ¿He dicho yo eso? Disculpen, porque si algo también se pretende en este volumen es hacer entender que, lejos de lo que suele creerse, el country y por extensión el country-rock no es un género exclusivamente masculino. Que mujeres las hay, y muy buenas, no solo en la historia sino también en la actualidad y que son tan necesarias para el desarrollo del estilo como cualquiera de los hombres. Aunque quizá lo mejor es que en lugar de explicarles lo que contiene lo comprueben ustedes mismos y luego, si acaso, ya hablamos. Yee haw!
1. Breve historia de un género enorme
Vaya por delante que resumir la historia de la música country en unas pocas páginas es una tarea absolutamente inalcanzable para cualquiera. Llena de recovecos y giros, y cargada de leyendas personales, la vida de un género como el country ha sufrido tantos cambios, nacimientos de subgéneros, evoluciones e involuciones que tener la osadía de intentar resumirla en unos cuantos vocablos se me antoja casi caricaturesco. Pero sí podemos intentar hacer una fotografía a lo que fue y lo que es hoy en día un estilo sobre el que muchos tienen una visión equivocada, quedándose a menudo en la superficie, para acabar denostando un género que no lo merece en absoluto y del que han surgido algunas de las figuras esenciales de la cultura de nuestro tiempo.
Primera generación: los inicios
Los orígenes de la música country hay que buscarlos mucho más allá de lo que podríamos pensar. En concreto cabe irse hasta la Europa de la Edad Media, en la que la figura del trovador era admirada por una sociedad con problemas de alfabetización que veía en aquellas historias contadas y cantadas uno de sus principales medios de divertimento y distracción. Aquellos trovadores evolucionaron hacia diversas formas de transmisión músico-literaria manteniendo siempre en común un rasgo innegociable: la necesidad de contar una historia acompañada de música. Cuando a finales del siglo xviii casi 300.000 personas se habían trasladado del viejo al nuevo continente habían llevado con ellos, y como no podía ser de otra manera, sus costumbres y sus elementos culturales, con la música incluida entre ellos. Y uno de los elementos que exportaron fue el violín, importado a su vez por Gran Bretaña desde Italia. Esa será la principal aportación de los británicos a la música norteamericana y en concreto al futuro country. Pero también llegarían al nuevo mundo inmigrantes franceses, que se asentarían básicamente en Canadá y en el estado de Louisiana y cuya tradición, mezclada con la local, daría lugar al cajun, hoy considerado un subgénero del country.
Tampoco podemos obviar el esplendor de dos instrumentos claves, como el violín, para el nacimiento del country. Por un lado está el banjo, instrumento autóctono desarrollado en el siglo xix en la propia Norteamérica y, por otro, la guitarra, que aunque de origen ancestral, vive un auge en cuanto a fabricación a principios del siglo xx convirtiéndose en el principal instrumento de acompañamiento para aquellos trabajadores que tienen ganas de explicar sus penurias a través de canciones. Para ello se reúnen con vecinos, amigos y conocidos llevando cada uno sus propios instrumentos y pasan las noches cantando y bebiendo alcohol ilegal. Eso llevó, incluso, a la aparición de auténticos narradores de noticias que, una vez más a imagen y semejanza de los antiguos trovadores, daban cuenta de las noticias que sucedían en el país a través de canciones. Su figura evolucionó hacia la del cantautor viajero, dedicado a ir de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo cantando canciones que trataban sobre temas de actualidad. El country ya es un hecho tomando el nombre, evidentemente, de la palabra país, tierra. Es la música del país, y no hay mejor definición.
Esencial para entender la asunción por parte de todos los ciudadanos de Estados Unidos del country como su música más autóctona es la aparición de la radio. El invento desarrollado por el italiano Guillermo Marconi se convertirá en la principal vía de transmisión de un género que convertirán a programas como el Grand Ole Opry, presentado por George H. Day y cuya primera emisión tiene lugar el 28 de noviembre de 1925, en auténticas misas paganas consiguiendo que las familias se agolpen alrededor de sus transmisores obsesionados con no perderse ni una sola edición. Nombres como los de Deford Bailey, The Monroe Brothers o The Delmore Brothers se convierten en auténticos ídolos de masas y la radio es la única culpable. Por ello no tardarán en aparecer sellos discográficos ávidos de aprovechar el momento y la incipiente aparición del tocadiscos en los hogares que se lo podían permitir.
Dos nombres destacarán por encima de todos a la hora de «adentrarse» en las casas de todo el país. Por un lado The Carter Family, integrada originalmente por el matrimonio formado por Alvin Pleasant Carter y su mujer Sara, a la que se une Maybelle, esposa del hermano de Alvin, Ezra. No es difícil encontrar por la red expertos que aseguran que la familia Carter dejó para la historia más de 200 canciones esenciales del country. En paralelo, otra figura emergió como esencial para la consolidación del country como la música nacional por excelencia, Jimmie Rodgers, un ex maquinista de tren que además se convirtió en uno de los primeros nombres en ser incluido en el Country Music Hall of Fame, una distinción otorgada a partir de entonces solo a los grandes del género.
Segunda generación: la Gran Depresión y sus consecuencias
El crack del 29 y la posterior llegada de la Gran Depresión tuvieron, por supuesto, efectos en la manera de consumir música. Muchas discográficas desaparecieron y otras redujeron sus lanzamientos ante la disminución también de la demanda por parte de unos consumidores que suficiente tenían con intentar sobrevivir. Eso convirtió a los programas y locutores de radio en auténticos gurús marcadores de tendencias y creadores de ídolos, mientras los Barn Dance (bailes de granero) en los que se bailaba música country se convirtieron en la principal oferta lúdica de los pueblos.
Otra forma de transmisión era, curiosamente, el cine. Cualquier cantante de country que quisiera ser reconocido no podía obviar la gran pantalla y nombres como los de Gene Autry o Roy Acuff se hicieron muy populares por su participación en películas, cosa que ayudó también a desarrollar un subgénero característico del country en el cine: el western swing.
En la década de los treinta, además, se producirá un hecho esencial para la posterior evolución del country hacia el country-rock. Si durante años la batería había sido rechazada por los músicos del género al considerarla demasiado ruidosa y además difícil de trasladar, en 1935 Bob Wills la introduciría como parte de sus Texas Playboys y aunque su ejemplo no sería seguido de forma inmediata, sí que con el tiempo cada vez serían más los combos que tomarían una decisión similar. Curiosamente también sería Wills el primero en incluir en su grupo una guitarra eléctrica en 1938, demostrando su capacidad para la innovación y su condición de auténtico precursor.
Con la llegada de los cuarenta llegarían también las evoluciones del género y, sobre todo, el nacimiento de nuevos subgéneros. El bluegrass, con Bill Monroe como principal figura, sería uno de los mismos, pero tampoco podemos olvidar el honky tonk que desarrollarían figuras esenciales como Lefty Frizzell o, sobre todo, Hank Williams, considerado habitualmente como uno de los creadores del country moderno. Un músico, Williams, que fallecería muy joven de forma prematura en 1953 dejando un legado absolutamente inabarcable en cuanto a actitud y estilo.
Tercera generación: los felices cincuenta y los dorados sesenta
No hay duda de que las dos siguientes décadas de nuestro vertiginoso recorrido por la historia de la música country se pueden considerar los mejores años del género. Con los cincuenta y la llegada del rockabilly llegó también su hermanamiento con el country, siendo esta la primera vez que podemos hablar claramente de country-rock, al menos de forma seminal. La llegada de una figura tan esencial para la historia del siglo xx como la de Elvis Presley, tremendamente ligado al country, supuso también la aparición de músicos como Johnny Cash o Johnny Horton que conservando la tradición tenían también mucho de ese magnetismo que atraía a los jóvenes. De esta manera se conseguía que el country dejara de ser considerado un género «de viejos» para que sus estrellas fueran también admiradas por los menores de 30 años. Aunque no todo era eso y había sitio también para música destinada a un público más maduro. Así, mientras muchos se acercaban al rockabilly otros se dedicaban a un estilo más amable y suave que acabó recibiendo el nombre de Nashville Sound y en el que se englobaban Jim Reeves, Patsy Cline o Eddy Arnold. Curiosamente, el estilo fue poco a poco desplazado por el Bakersfield Sound, mucho más basado en el honky tonk, y cuyas principales figuras eran Merle Haggard y Buck Owens, quedando la vertiente más pop convertida en el Countrypolitan, con Tammy Wynette, Charley Pride, Charlie Rich o Glen Campbell como alguno de sus paladines. También fue esta la década de los productores, en las que nombres como los de Chet Atkins, Owen Bradley y Billy Sherrill se convierten en habituales de los discos de más éxito obteniendo prácticamente el mismo reconocimiento que los propios artistas.
Cuarta generación: la proliferación de subgéneros
Con los setenta el country se confirma como uno de los géneros con más bifurcaciones de los que conviven en el mundo de la música. El Countrypolitan se afianza con figuras como Dolly Parton, John Denver o Kenny Rogers, pero aparecen nuevos «afluentes».
La década se caracterizará por la aparición del movimiento outlaw mientras el western swing empieza desfallecer. Se trata de un estilo que bebe directamente del honky tonk de los cincuenta y que supone la llegada al primer plano musical de Willie Nelson, Billy Joe Shaver, Jessi Colter, David Allan Coe o Waylon Jennings, entre muchos otros. Un género desenfadado y divertido, típico de tugurios y bares de mala reputación y en el que se hablaba sin rubor de drogas, alcohol o asesinatos. Paralelamente, y a medio camino entre el outlaw y los grandes productores de los sesenta, emergerá la figura de un Kris Kristofferson que introducirá un nuevo tipo de artista: el del compositor de éxito.
Finalmente, los setenta serán los años en que, por primera vez y por culpa de grupos como The Byrds, The Grateful Dead o The Flying Burrito Brothers, se empezará a hablar claramente de country-rock. La fusión de estilos será una evidencia y algunos de sus nombres más destacados como el de los Eagles se convertirán en auténticos acaparadores de éxitos y, por qué no decirlo, de millones de dólares en sus cuentas corrientes gracias a los cientos de miles de copias vendidas de sus discos.
Pero no todo acabará con el cambio de década, aunque el country, igual que el resto de géneros relacionados con las raíces, tendrá que vivir una dura travesía por el desierto con la llegada de los ochenta. Los sintetizadores y la música disco se adueñarán del mercado mientras aparece el llamado Urban Cowboy, producto de la película del mismo título protagonizada por John Travolta en 1979 y que no deja de ser un intento por adaptarse a los nuevos tiempos. Pero mientras algunos intentaban sobrevivir con ese intento de modernización, otros consideraron que la clave para la supervivencia estaba en volver precisamente a los orígenes. El subgénero, apodado neo tradicionalismo, tuvo en Ricky Scaggs a su principal figura, aunque futuros country-rockers como Dwight Yoakam mantendrían su respeto por el género a pesar de su fusión de estilos.
Quinta generación: el renacimiento
Aunque no estrictamente country, pero sí relacionado en algunos casos como los de The Long Ryders, Jason & The Scorchers o Los Lobos, a mediados de los ochenta se produjo en Estados Unidos el movimiento conocido como Nuevo Rock Americano (NRA). Quizá algunos poco o nada tenían que ver con el género que nos interesa, pero otros como los citados tenían el country entre sus raíces y fueron esenciales para la aparición, poco después, del llamado Americana o Country Alternativo de los noventa. Surgidos a partir del grupo Uncle Tupelo y bifurcaciones posteriores como Wilco y Son Volt, el estilo se caracterizaba por una apuesta clara por mezclar el country y el rock alternativo en una nueva vuelta de tuerca.
Paralelamente, el country vuelve a las emisoras de radio y, sobre todo a la televisión, copando programas de cadenas eminentemente juveniles como MTV, cosa que convertiría en fenómenos de masas a gente como Billy Ray Cyrus, Dixie Chicks o Garth Brooks (capaz de reunir casi a un millón de personas en un concierto en Central Park). Mientras, además, se producía la «resurrección» de un Johnny Cash que, mediante la publicación de las American Recordings de la mano de Rick Rubin, conseguía no solo recuperar a sus seguidores de siempre sino ser aclamado también por un público más joven.
Sexta generación: los nuevos tiempos
El cambio de milenio provoca en el country dos efectos. En primer lugar la búsqueda por parte de las grandes compañías de grupos súper ventas que revienten las listas de éxitos, aunque en algunos casos esto pueda estar reñido con la calidad, como Hootie & The Blowfish, Shania Twain, Faith Hill o Taylor Swift. Una apuesta, producto de los nuevos tiempos, en el que la imagen se convierte en algo tan importante como la música y en el que se pierde alma para buscar la perfección que garantice la presencia en listas de ventas.
Y por otro se produce la consolidación del Americana gracias a figuras como Ryan Adams, Cracker o The Jayhawks. Algunos, como el primero, podrán alardear de un enorme número de fans que, a pesar de su mal carácter, comprarán todos sus discos prácticamente sin rechistar, mientras una ya veterana Lucinda Williams vivirá sus momentos de mayor reconocimiento mediático.
Séptima generación: el futuro
¿Dónde está el futuro del country? Difícil saberlo, aunque la segunda década de los 2000 no ha empezado mal para el género con algunos revivalistas como Sturgill Simpson, J. P. Harris o Daniel Romano que al menos garantizan el cambio generacional.
Para nada desdeñable es tampoco la proliferación de algunos one-man-bandas como Scott H. Biram o Bob Wayne que, con conexiones indiscutibles con el metal, han conseguido también colaborar en la revitalización de un género que, mal que le pese a muchos, sigue muy, pero que muy vivo. Y pasear por alguno de los protagonistas de su ya longeva historia es una forma inmejorable de comprobarlo.
2. Guía del country y el country rock
Roy Acuff
El rey del country
Roy Claxton Acuff
15 de septiembre de 1903 – 23 de noviembre de 1992
Maynardsville, Tennessee
Este cantante, violinista y productor recibió rápidamente el calificativo de Rey del country gracias a que representaba todo aquello que debía ser un cantante del género. Acuff defendía los valores tradicionales como ninguno y llevó su forma de pensar a sus numerosas producciones. Curiosamente Acuff no quería ser cantante sino que su sueño era triunfar en el béisbol. Consiguió llegar a jugar en equipos menores y cuando estaba a punto de dar el salto al profesionalismo varias insolaciones que le provocaron diversos colapsos físicos acabaron con su carrera. En la rehabilitación perfeccionó su técnica al violín y en 1932 ya recorría el país junto al vendedor ambulante de medicina Dr. Hauer como animador. Cuenta la leyenda que como Acuff actuaba sin micrófonos tuvo que aprender a cantar lo suficientemente alto para ser oído, desarrollando así una voz prodigiosa que luego le haría mundialmente famoso. Tras esos años junto al curandero, Acuff empezó a aparecer en la emisora WROL donde se hizo un nombre gracias a su interpretación de «The Great Speckled Bird», un clásico del góspel. ARC quiso grabarle la canción y ahí empezó su carrera como intérprete.
En 1938 ya se une al espectáculo del Grand Ole Opry junto a su banda, Smoke Mountain Boys, y rápidamente se convierte en una de sus estrellas y uno de los participantes favoritos para su público. En los cuarenta ya es una auténtica estrella y canciones como «The Wreck on the Highway» o «Beneath That Lonely Mound of Clay» se oyen de costa a costa pero, lejos de conformarse con eso, Acuff decide fundar una de las primeras editoras dedicada exclusivamente al country, Acuff-Rose Publications, para la que grabarán gente como Hank Williams, Roy Orbison, The Everly Brothers o Don Gibson. Precisamente Williams declararía que «Roy es el cantante más grande que ha habido nunca». Su tremenda fama le llevó a convertirse en candidato a gobernador por el Partido Republicano en 1948, aunque no consiguió ganar las elecciones. En los cincuenta, aunque no logra grabar ningún single de éxito, sigue girando por todo el país y apareciendo regularmente en el Opry, algo que dejará de hacer en un corto hiato de tiempo en la siguiente década, en la que por cierto está a punto de perder la vida en un accidente de coche. Eso, a pesar de haberse convertido en 1962 en el primer artista vivo en ser incluido en el Country Music Hall of Fame, le lleva a plantearse la retirada dado que además las ventas de discos han descendido, pero en 1972 y gracias a su aparición en el álbum Will The Circle Be Unbroken? de la Nitty Gritty Dirt Band su fama sufre un repunte que aprovecha con discos como Back in the Country (1974) o That’s Country (1975). Con los ochenta empieza su declive definitivo. Observa cómo mueren su mujer y varios miembros de su banda y aunque en 1987 lanza «The Precious Jewell» junto a Charlie Louvin, no conseguirá recuperarse nunca del todo. En 1992, tras haber recibido un año antes la Medalla Nacional de las Artes, fallece a causa de una insuficiencia cardíaca congestiva dejando para siempre el trono sin inquilino.
Ryan Adams
La incontinencia creativa de un niño malo
David Ryan Adams
5 de noviembre de 1974
Jacksonville, Carolina del Norte
Surgido en los años noventa como miembro de Whiskeytown, Ryan Adams demuestra, sobre todo en su carrera en solitario, que es uno de los grandes talentos aparecidos en la música norteamericana en las últimas décadas. Un joven que en sus años de formación amaba igual a Loretta Lynn, Merle Haggard o Johnny Cash que a los Ramones o Hüsker Dü. Con solo 15 años ya andaba escribiendo canciones reforzando su vertiente punk al entrar a formar parte de Patty Duke Syndrome, aunque pronto se cansó y decidió dedicar sus esfuerzos a algo más melódico. En 1994 deja el grupo y forma Whiskeytown junto a Phil Wandscher y Caitlin Cary, a los que se unirán poco después Steve Grothman y Eric Gilmore. Un año después publican Faithless Street y los críticos se vuelven locos por ellos, siendo comparados rápidamente con Gram Parsons o con la vertiente country de The Rolling Stones. Así que su siguiente disco, Strangers Almanac, (1997) ya se publica en una major, Geffen. Producido por Jim Scott, que se había encargado del Wallflowers de Tom Petty, el disco es otra delicia y la crítica vuelve a demostrar su entusiasmo aunque las expectativas comerciales no se cumplen. En 1999, ya con Adams y Cary como únicos miembros originales en el grupo, graban su nuevo disco, aunque la absorción de Geffen por parte de Universal lo deja en un cajón para ser editado en 2001, cuando el grupo ya no existe.
Y es que Adams se mete en un estudio con Gillian Welch y Dave Rawlings para dar forma a su primer disco, Heartbreaker (2000), publicado por Bloodshot Records y convertido en un auténtico hito del country alternativo. Las buenas críticas llevan a Adams a firmar por Lost Highway, que acabará encargándose de editar Pneumonia, el disco perdido de Whiskeytown, y, sobre todo, Gold (2001), el segundo trabajo de Adams. El disco funciona muy bien, en parte gracias a un single como «New York, New York» que es absolutamente perfecto. A partir de ahí Ryan Adams construye una carrera basada en su incontinencia creativa, que a veces le juega malas pasadas, y en su difícil carácter que le granjeará una merecida fama de irascible.
Es casi imposible seguir el rastro de todos sus discos, singles, proyectos paralelos y colaboraciones pero sí podemos detenernos en alguno de ellos. En 2002 publica Demolition, quizá su peor trabajo hasta el momento pero con el que obtiene los mejores resultados comerciales, y en 2003 abandona por completo cualquier rastro de raíces en su música para publicar Rock’n’Roll, un trabajo de puro rock alternativo. Regresa al redil con los dos volúmenes de Love Is Hell (2004) y, sobre todo, con la creación de The Cardinals, una excelente banda con la que grabará sus siguientes discos. El primero de ellos es el doble Cold Roses (2005), con magníficos resultados de ventas en todo el mundo. El mismo año publica dos discos más, Jacksonville City Nights, mucho más tradicional y cercano al honky tonk, y 29, quizá el más flojo de los tres. Tras meterse en proyectos relacionados con el hip-hop o el rock duro, en 2007 llega Easy Tiger y en 2008 Cardinology, su penúltimo disco con The Cardinals. Crea su propia discográfica, Pax-Am, con el objetivo de publicar todos sus trabajos y salidas de tono, como el infame disco de metal titulado Orion en 2010. Acaba su relación con The Cardinals con III/IV, el mismo año, otro disco doble con críticas favorables, publica en 2011 Ashes & Fire y en 2014 obtiene sus mejores resultados en los charts al colocar su disco de título homónimo en el puesto 4. Su última extravagancia, tras publicar en 2015 una magnífica box-set como Live at Carnegie Hall, es regrabar el mismo año y de manera íntegra el disco de Taylor Swift 1989. Curiosamente la cosa sale bien y no solo es aclamado por la crítica sino que obtiene un destacado número 9 en las listas de éxito.
Asleep at the Wheel
Esa gran familia
1969
Paw Paw, Virginia Occidental
Sería imposible citar en unas pocas líneas todo lo que ha aportado Asleep at the Wheel a la música country norteamericana. Este combo cambiante con más de treinta miembros en su historia y por el que han pasado gente como Tony Garnier, actual figura capital de la Never Ending Tour Band de Bob Dylan o Rosie Flores, inicia sus pasos cuando en 1969 Ray Benson y Lucky Oceans deciden unirse para plasmar su pasión por la música country en una banda que rindiera pleitesía a los grandes del género. Casi sin darse cuenta se encuentran teloneando a Hot Tuna y Alice Cooper, y Van Morrison los cita en una entrevista para la prestigiosa revista Rolling Stone como una de sus bandas favoritas. Su debut discográfico se producirá en 1973 con Comin’ Right at Ya, un álbum que a pesar de las buenas críticas no logra colarse ni siquiera en las listas de country. De hecho no será hasta su cuarto disco, Texas Gold, que el grupo entrará en las dichosas listas, pero lo harán a lo grande consiguiendo un destacable puesto número 7 por lo que respecta a la de country un todavía más sorprendente puesto 136 ¡en las de pop! El álbum, además, incluye la canción que a día de hoy sigue siendo su gran éxito, «The Letter That Johnny Walker Read». Por entonces el grupo ya ha tenido tiempo de poner de manifiesto sus tres grandes marcas de fábrica: los cambios constantes de formación, los cambios de discográfica y las relaciones con nombres esenciales del género.
Ya hemos citado el número de integrantes que ha pasado por el grupo unas líneas más arriba pero conviene también hacer referencia a que su treintena de discos oficiales ha supuesto también ¡21 cambios de discográfica! Por lo que respecta al tercer sello apuntado, otra lista interminable sería citar todos los nombres que de una manera u otra han tenido algo que ver con Asleep at The Wheel. En 1977, por ejemplo, mientras están de gira por Europa con Emmylou Harris, se enteran que la revista Rolling Stone los ha escogido mejor grupo de country & western del año. Bob Dylan, George Strait, Commander Cody o Willie Nelson, con el que en 2009 publicarán el álbum Willie and the Wheel, son solo algunas de esas figuras con las que han girado, grabado o colaborado. Poco antes, en 2002, Ray Benson, único miembro que se mantiene de la formación original, fue incorporado al prestigioso Austin Music Hall of Fame, el salón de la fama de la música country de la ciudad tejana.
Chet Atkins
Míster Guitar
Chester Burton Atkins
20 de junio de 1924 – 30 de junio de 2001
Luttrell, Tennessee
Cuando en octubre de 1990 Mark Knopfler, líder de Dire Straits, publica el disco Neck & Neck junto a Chet Atkins, algunos oyen por primera vez el nombre de una de las figuras más influyentes de la música country, tanto como productor, como en su faceta de guitarrista. No en vano estamos hablando de alguien que produjo discos para Waylon Jennings, Jim Reeves, Don Gibson o Eddy Arnold entre muchos otros, o que participó como guitarrista en álbumes de Ray Charles, Willie Nelson, Elvis Presley, Roy Orbison, Dolly Parton o Porter Wagoner. Aunque empezó con el ukelele y el violín, la guitarra se convirtió en su instrumento principal, adquiriendo un estilo propio y distintivo a pesar de haberse iniciado copiando a su ídolo Merle Travis. Trabajando como músico de sesión, rápidamente fue apodado Míster Guitar, título que dio a uno de sus muchos discos. En 1965 consiguió su gran éxito, gracias a la canción «Yakety Axe», aunque poco después se vio obligado a dejar temporalmente la música por un cáncer de colon que afortunadamente pudo superar. Autodidacta, huía de la etiqueta de guitarrista country prefiriendo la de guitarrista a secas, hecho que demostró tocando en su carrera todo tipo de estilos, llegando incluso en los ochenta a inclinarse por el jazz. Premiado hasta con once Grammys y nueve galardones de la Country Music Association, Atkins fallecía en 2001, con 77 años, considerado uno de los más grandes del género en la sombra.
The Avett Brothers
Sermones de emoción
2000
Mount Pleasant, Carolina del Norte
Hijos de un pastor metodista, Sett y Scott Avett se iniciaron en la música en la banda Nemo, un grupo de rock de Greenville, Carolina del Norte. Gracias a la unión con su amigo John Twomey empiezan a tocar música acústica que interpretan en la calle obteniendo un éxito considerable con su reinterpretación del bluegrass y el country. Deciden llamarse The Back Door Project hasta que en 2000, con el fin de Nemo, se convierten en The Avett Brothers. Twomey deja la banda y es sustituido por el bajista Bob Crawford, y en 2002 publican su primer disco, Country Was. Un año después hacen lo propio con A Carolina Jubilee que los pone en el mapa definitivamente por su forma acelerada y psicótica de contemporanizar el bluegrass. Empiezan a grabar y girar sin parar, ya sea como The Avett Brothers o con sus proyectos paralelos y en 2007 editan un disco que les cambiará la vida, Emotionalism. El álbum supone su primera colaboración en estudio con el chelista Joe Kwon, convertido a partir de entonces en miembro de pleno derecho del grupo y, sobre todo, que Rick Rubin se decidiera a ficharlos para su sello American Recordings donde les produjo su siguiente I and Love and you (2009). El grupo pasa a estar con ese disco en boca de todo el mundo. Tienen la crítica a sus pies y las ventas se corresponden. El álbum alcanza el puesto 16 en las listas ¡de pop!, con su siguiente The Carpenter (2012) llegan al 4 y con Magpie and the Dandelion (2013) al 5. En 2016 llega su noveno disco en estudio, True Sadness, con el grupo ya convertido en un auténtico fenómeno de masas.
The Band
Una de las bandas más influyentes de la historia
1968 – 1976
Toronto, Ontario (Canadá)
Lo de The Band fue una conjunción astral. Cinco músicos únicos, Rick Danko, Garth Hudson, Richard Manuel, Robbie Robertson y Levon Helm, que aparecieron en el mismo momento y en el mismo lugar para convertirse en un grupo que cambió la forma de entender la música norteamericana. Nacidos a principios de los sesenta como banda de soporte de Ronnie Hawkins, bajo el nombre de The Hawks, en 1964 deciden volar en solitario y cambian su nombre al de Levon Helm Sextet y luego al de Levon & The Hawks. Bob Dylan recurre a ellos como banda de apoyo de su primera gira eléctrica, otra vez bajo el nombre de The Hawks, y trabajan juntos grabando las famosas The Basement Tapes en una casa rosa rural de Woodstock. Allí también coge forma su primer disco, Music From Big Pink (1968), considerado por la revista Rolling Stone el número 34 de la lista de los mejores discos de la historia y que incluye tres canciones escritas por el propio Dylan. El álbum es realmente soberbio y define lo que es el country-rock con sus retazos tradicionales pero manteniendo una actitud claramente rock.
En su segundo disco, The Band (The Brown Album) (1969), todavía inciden más en su vertiente country siguiendo la línea marcada por el Sweetheart of the Rodeo de The Byrds. De hecho, rápidamente son considerados junto a los propios Byrds y los Flying Burrito Brothers como las espoletas del country-rock de los setenta. Stage Fright (1970) es algo inferior y el grupo inicia un descenso de calidad que, aunque no es exagerado, refleja los problemas internos que se suceden entre ellos. Cahoots (1971), Moondog Matinee (1970), Northern Lights – Southern Cross (1975) o Islands (1977) adolecen de los mismos defectos e irregularidades aunque siguen aportando canciones maravillosas a su carrera como sus versiones del «When I Paint my Masterpiece» de Dylan, de nuevo, o del «Mystery Train» de Junior Parker, «Ophelia» o «It Makes No Difference».
Tras no parar de girar en 16 años, Robertson propone a la banda separarse y lo harán a lo grande con uno de los considerados mejores conciertos de la historia, The Last Waltz, grabado el 25 de noviembre de 1976 en el Winterland Ballroom de San Francisco (California). El concierto, en el que participan Bob Dylan, Neil Young, Van Morrison, Neil Diamond o Joni Mitchell entre muchos otros, es filmado por Martin Scorsese en una película histórica.
En 1983, Levon Helm reagrupa a la banda aunque ya sin Robbie Robertson y se dedican a girar por Estados Unidos en un formato semi-acústico, y en 1993 vuelven a publicar un disco, el interesante Jericho, que de paso sirve de homenaje a Richard Manuel, fallecido en 1986. Repetirán en 1996 con High on the Hog y en 1998 con Jubilation, ambos inferiores a sus mejores obras.
En cuanto a sus carreras en solitario, Robertson fue el que mejor funcionó en lo que respecta a repercusión comercial y Helm en cuanto a calidad de sus discos. Rick Danko, que fallecería en 1999, solo publicó un disco en estudio en vida, de título homónimo, pero realmente fantástico aparecido en 1977. Canela country-rock. Richard Manuel y Garth Hudson se dedicarían a las giras de los The Band reunificados y a tocar con otros músicos. Robbie Robertson emprendería una carrera en solitario inclinada hacia el rock americano clásico y en la que destacan poderosamente su disco de debut publicado en 1987 y producido por Daniel Lanois y Storyville en 1989. Finalmente Levon Helm basó su carrera en discos de versiones de la historia de la música norteamericana convirtiéndola en una enciclopedia de la roots music. Fue el que más publicó en solitario y álbumes como The RCO All-Stars (1977), American Son (1980) o los más recientes Dirt Farmer (2007) y Electric Dirt (2009) son realmente fascinantes. Helm fallecería en 2012.
Bobby Bare
El Springsteen del country
Robert Joseph Bare, Sr.
7 de abril de 1935
Ironton, Ohio
Huérfano de madre a los cinco años y con un padre que no pudo hacerse cargo de él por problemas económicos, Bobby Bare andaba trabajando en una granja cuando a los 15 años fabricó con sus propias manos su primera guitarra. Trasladado a Los Ángeles en busca de fortuna, en 1958 graba «The All American Boy», un blues hablado firmado como Bill Parsons, que vende por 50 dólares a Fraternity Records. La canción, lanzada en 1959, se convierte en un éxito y alcanza el número 2 de las listas por lo que su reputación como compositor crece como la espuma aunque no puede disfrutar del éxito, ya que mientras está haciendo el servicio militar, Fraternity Records contrata a otro cantante que se hace pasar por Bill Parsons para girar por todo el país. A su regreso conoce a Willie Nelson, y gira con Roy Orbison y Bobby Darin convenciéndose de que en la música pop está su futuro. Rápidamente, y a pesar de que Chubby Checker graba tres de sus canciones, decide volver al country que es lo que realmente le apasiona. Firma con RCA de la mano de Chet Atkins y graba sus primeros grandes éxitos: «Shane on Me», «Detroit City» y «500 Miles from Home», convirtiéndose en habitual de las listas de éxitos.
En los sesenta se deja influir por artistas como Bob Dylan y acerca su música al folk mientras se convierte en un nombre reconocido también en Reino Unido. En 1973 y después de un breve paso por Mercury Records, regresa a RCA e inicia una duradera relación compositiva con su amigo poeta Shel Silversten, al tiempo que empieza a colocar sus canciones en las emisoras de música rock. Firma con Bill Graham, publicista de Grateful Dead o Janis Joplin, que lo define como «el Bruce Springsteen del country» y graba, ya para Columbia, Sleeper Wherever I Fall, (1978) en el que cuenta con la colaboración de Rodney Crowell y donde se atreve a versionar a The Byrds y The Rolling Stones. En los años siguientes seguirá combinando sus canciones propias con versiones de Townes Van Zandt, J. J. Cale, o Guy Clark, aunque como sucedió con muchos sufrió el descenso de ventas de las músicas tradicionales en los ochenta. Dejará de grabar discos en 1983 y no regresará hasta 1998 con el grupo Old Dogs, integrado junto a Waylon Jennings, Jerry Reed, y Mel Tillis. En 2005 vuelve a firmar un álbum en solitario con The Moon Was Blue, producido por su hijo, y repite en 2012 con Darker Than Light. Como curiosidad, ese mismo año Noruega se presenta al Festival de Eurovisión con una canción suya que alcanza el tercer puesto.
Bobby Bare Jr.
Alumno aventajado
28 de junio de 1966
Nashville, Tennessee
A pesar de ser licenciado en psicología, estaba claro casi desde su nacimiento que el hijo de Bobby Bare acabaría convertido en músico. Con solo ocho años ya fue nominado a un Grammy por la canción «Daddy What If», grabada junto a su progenitor, aunque no fue hasta cerca de los treinta que decidió convertirse en músico profesional. Después de sacar un par de álbumes como Bare Jr, llamados Boo -Tay (1998) y Brainwasher (2000), forma la banda que le acompañará hasta hoy, The Young Criminals Starvation League, con miembros de Lambchop y My Morning Jacket, y graba su debut homónimo en 2002. Su música bebe del country clásico sin olvidar la evolución que ya proponía su padre y que lo acerca estilísticamente a las bandas de country alternativo de los noventa. En 2006 publica The Longest Meow, en 2010 A Storm, A Tree, My Mother’s Head y en 2014 Undefeated. Con ellos se gana el respeto de la crítica y consigue poner los cimientos a una firme carrera propia al margen de la de su reconocido padre.
The Beat Farmers
Encantadores paletos
1983 – 1995
San Diego, California
Country Dick Montana es, sin duda, el alma máter de The Beat Farmers, una de las grandes bandas del llamado cow-punk. Nacido en Carmel, California, en 1955, empezó como propietario de una tienda de discos en el San Diego de los setenta, cosa que le permitió contactar con la escena underground de la ciudad y empezar a tocar la batería en algunos grupos. Sus dos grandes experiencias se dan con la banda de punk The Penetrators y la banda de música de raíces The Crawdaddys. En un intento de unir los dos estilos que más le gustaban formará en 1983 The Beat Farmers, donde se encargará de batería, guitarra percusión, acordeón y voces. Completan la banda Jerry Raney, Bernard «Buddy Blue» Seigal y Rolle Love.
En 1984 firman con Rhino Records y publican Tales of the New West, producido por el miembro de The Blasters y Los Lobos Steve Berlin. Rápidamente demuestran que lo suyo es el country acelerado sin olvidar las buenas versiones de temas rock de Bruce Springsteen o The Velvet Underground. El disco además incluye uno de sus grandes éxitos, «Happy Boy». En 1987 publican The Pursuit of Happiness, y dos años después Poor and Famous. Entonces ya parecen convencidos de que el éxito masivo no se ha hecho para ellos y deben conformarse con tocar en salas de aforo medio que, eso sí, ponen siempre patas arriba como demuestra su directo Loud and Plowed and . . . LIVE!!. Sus dos últimos tabajos serán Viking Lullabys (1994) y Manifold (1995) ya que Montana fallecerá a finales de ese año de un repentino ataque al corazón.
Ryan Bingham
Mescalito en Nuevo México
George Ryan Bingham
31 de marzo de 1981
Hobbs, Nuevo México
Tras pasar varios años como artista de rodeo mientras aprendía a tocar la guitarra practicando con canciones de mariachis, Ryan Bingham empezó en la música actuando en tugurios de Fort Worth, Texas. En 2007 firma por la prestigiosa Lost Highway Records que se encandila de su novedosa forma de entender el country-rock, haciendo hincapié en las guitarras y en su rugosa voz. Su primer disco para ellos, Mescalito, lo produce Marc Ford, ex miembro de The Black Crowes. El impacto es inmediato y las comparaciones con Steve Earle caen por su propio peso. Algo que no sucede con su segundo trabajo, Roadhouse Sun, demasiado calmado y cercano a la balada folk. A pesar de ello logra incluir dos canciones nuevas en la película Crazy Heart, «I Don’t Know» y «The Weary Kind». Esta última se llevará el Globo de Oro a la mejor canción y, sobre todo y por sorpresa, el Oscar de Hollywood en la misma categoría. Aunque el músico no aprovecha su salto a la fama y publica dos discos menores como Junky Star (2010) y Tomorrowland (2012), en 2015 vuelve por sus fueros y publica el mejor álbum desde su debut, el maravilloso Fear and Saturday Night, en el que vuelve a destacar recordando a su excelente puesta de largo y demostrando que el futuro puede ser suyo.
Scott H. Biram
Viejo y sucio hombre orquesta
Scott Alan Biram
4 de abril de 1974
Lockhart, Texas
Nacido en Lockhart pero criado en la cercana San Marcos, Biram se inició como muchos otros músicos de country como intérprete de punk, en su caso en la banda The Thangs, aunque rápidamente empieza a liderar un grupo de bluegrass, Scott Biram & The Salt Peter Boys and Bluegrass Drive-By. Tras eso se convierte en one-man-band, es decir, hombre orquesta, y desde sus inicios se caracteriza por la unión del country con estilos más duros como el punk y el metal. Publica sus cinco primeros discos en su propio sello, Knuckle Sandwich Records, y el último de ellos, The Dirty Old One Man Band, lo reedita al fichar por Bloodshot Records. En 2006 publica Graveyard Shift con músicos de Black Diamond Heavies, al que sigue Something’s Wrong / Lost Forever (2009), que se cuela hasta el número 5 de las listas de blues y que incluye el himno «Still Drunk, Still Crazy, Still Blue». Tras él su fama aumenta, especialmente en Europa y en parte también gracias a que su música aparece en la televisiva Sons of Anarchy. En 2014 publica Nothin’ But Blood, su octavo disco que, una vez más, es recibido de manera espléndida por crítica y público.
Clint Black
A la sombra de Garth
Clint Patrick Black
4 de febrero de 1962
Long Branch, Nueva Jersey
Clint Black fue uno de los grandes beneficiados de la explosión mediática del country rock para todos los públicos de Garth Brooks, pero también ha pasado buena parte de su carrera a la sombra del de Tulsa. Eso sí, Black, como Brooks, tuvo claro desde su debut en 1989 con Killin’ Time que la clave del éxito estaba en la fusión del pop y el rock con el country. Un disco que pudo realizarse gracias a la confianza que depositó en él Bill Ham, mánager de ZZ Top. Y tuvo razón. El disco fue un bombazo recibiendo el premio de la Americana Music Association a disco del año, a canción del año por «A Better Man» y a mejor vocalista masculino y mejor vocalista novel para el propio Clint. Vendió cerca de dos millones de copias y fue el único momento de su carrera en que pudo codearse con Brooks. A pesar de varios líos contractuales siguió grabando buenos discos de country mainstream y en 1992 vuelve a los primeros puestos de las listas con su tercer disco, The Hard Way
