Crianza con apego - Sandra Ramírez - E-Book

Crianza con apego E-Book

Sandra Ramírez

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Beschreibung

Madres y padres primerizos nos enfrentamos con el dilema de la información contradictoria. ¿Cómo saber qué es lo mejor para nuestras criaturas cuando existen tantas filosofías opuestas y mensajes dicrepantes? Por un lado están los "expertos" que ponen énfasis en los castigos, los horarios rígidos y los métodos para modificar la conducta. En el otro extremo se encuentran aquellos para quienes los límites atentan contra los derechos de los niños. Existe una manera de educar con límites, respeto y amor. Para lo cual hay que hablar de crianza con apego: una crianza involucrada, sensible a las necesidades de los niños, a los necesarios límites y con amplio respaldo científico. Este libro pone en tus manos información contrastada para que puedas tomar decisiones acertadas acerca de las prácticas de crianza que benefician a tus hijos y a tu familia. Te invito a reflexionar acerca de tu infancia, de tu crianza, a deshacerte de mitos sin fundamento y a cambiar los paradigmas de crianza que dominan nuestra sociedad actual. Una crianza consciente e informada es lo que más te conviene a ti, a tus hijos, a tus futuros nietos y a la sociedad.

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Seitenzahl: 358

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Inicio

Crianza con apego

De la teoría a la práctica

Un libro de

Sandra Ramírez

Fotografía de cubierta

Laura Vicario Vivar

Diseño de cubierta

Cristian Arenós Rebolledo

Ilustraciones de interior

Kim Carter

ISBN 978-84-125315-7-2

Primera edición febrero 2023

© 2015 Sandra Ramírez

© Kim Carter por las ilustraciones

© 2023 Útero libros

Plaza Estación, 9 Bajo 12560

Benicasim - Castellón (España)

www.uterolibros.com

www.uterolibros.com

A mi pareja Alfonso y a mi hijo Julián

AGRADECIMIENTOS

A mi pareja Alfonso por su continuo apoyo y por sus consejos.

A mis hermanas, padres y amigas por animarme a escribir este libro.

A Alejandra Carrión, mi artista favorita, por la ilustración de la portada de la versión americana y a Kim Carter por crear las ilustraciones contenidas en el interior.

A la comunidad Crianza con Apego: De la teoría a la práctica de Facebook por seguirme a diario y por ser los motivadores de este libro.

A las crisis y dificultades de la vida, pues es a partir de esos momentos cuando surge la iniciativa y la creatividad.

INTRODUCCIÓN

Nunca antes en la historia de la humanidad se ha estudiado tanto a la crianza y el desarrollo infantil. Hoy en día, los avances tecnológicos ofrecen la posibilidad de estudiar las complejidades del cerebro y su funcionamiento a nivel celular. La tecnología ha permitido a los científicos corroborar cada aspecto de la teoría del apego de Bowlby, publicada a finales de los años cincuenta, la cual marcó el inicio de una era en la que se reconoce que el tipo de crianza que los padres practican con sus hijos influye directamente en su desarrollo social, emocional, físico y psicológico. La información tan amplia y poderosa nos ayuda a comprender los efectos de nuestras prácticas de crianza en la salud y en el desarrollo cerebral, permitiéndonos así tomar las decisiones adecuadas para ofrecer a nuestros hijos la mejor oportunidad de una vida feliz y exitosa.

Los primeros tres años de vida son considerados los años más importantes en desarrollo de un ser humano, pues es durante este tiempo que las capacidades de confianza, de empatía y de afección se originan. Es también durante los primeros dos años de vida cuando el cerebro humano experimenta un crecimiento acelerado, en comparación al resto de la vida. Este proceso de crecimiento consume mucha más cantidad de energía que cualquier otra etapa en la vida y requiere no solo de los nutrientes suficientes para abastecer ese crecimiento, sino que también requiere de experiencias interpersonales óptimas para lograr madurar a su máximo potencial. Durante este periodo, el cerebro se concentra en el desarrollo del hemisferio derecho, el cual está relacionado con el sistema nervioso, controlador de las funciones vitales de supervivencia y de regulación del estrés. El hemisferio derecho también incluye el sistema límbico, el cual es el centro de las emociones además del hipocampo y la amígdala, relacionadas con la memoria y la regulación de emociones.

La corteza cerebral añade un 70% de su masa después del nacimiento y en los primeros tres años alcanza un 90% de su tamaño permanente. Es por eso que los bebés nacen con cabezas proporcionalmente más grandes que sus cuerpos, y es por eso que los pediatras miden la circunferencia de la cabeza cada vez que toca un chequeo. Es el músculo que más rápido crece los primeros tres años de vida, y por lo tanto, el que más cuidado merece.

El cerebro infantil en pleno crecimiento se ve afectado por el ambiente y por la genética. Los dos interactúan constantemente y de manera bidireccional. Con la ayuda de tecnologías tales como la resonancia electromagnética, los encefalogramas y las tomografías, hoy en día es posible estudiar esa interacción. Los estudios han demostrado consistentemente que el estrés y el trauma, producto de las malas experiencias sociales y ambientales, deterioran el cerebro infantil mientras que las relaciones de apego sanas promueven su desarrollo.

Las necesidades de los bebés deben ser satisfechas a través de la relación con, al menos, un adulto. Los estudios, sin embargo, nos dicen que estas necesidades van más allá de las básicas (alimento y sueño) pues están íntimamente relacionadas con el mundo emocional. Los bebés no pueden regularse a sí mismos. A pesar de haber nacido con la capacidad de sentir emociones muy profundas, los bebés no pueden mantenerse en un estado emocional equilibrado sin la ayuda de los adultos. Tampoco tienen la habilidad de regular la intensidad ni la duración de esas emociones. Sin la asistencia y el monitoreo de un cuidador adulto, los bebés pueden sentirse ahogados en sus emociones (miedo, ansiedad, tristeza, etc...) y, para poder salir de ese ahogo emocional, necesitan una relación consistente y comprometida con, por lo menos, un adulto. Como te imaginarás, los estudios muestran que la persona más indicada para cumplir con las demandas de un bebé es la madre, pues está dotada de las estructuras biológicas e instintivas que le permiten satisfacer las demandas de su cría. Sin embargo, el padre u otro adulto responsable, cariñoso y comprometido puede de igual manera satisfacerlas.

La ciencia confirma consistentemente que los bebés se desarrollan de mejor manera en ambientes sensibles a sus necesidades. En la sociedad actual, la crianza con apego basada en la teoría científica de Bowlby es todavía percibida como una opción más de crianza. Sin embargo, lo que el común de la gente no sabe es que más allá de las opciones, existe una inmensa cantidad de evidencia científica a favor de la elección de este estilo de crianza, una evidencia ante la cual ningún otro estilo de crianza puede competir.

En términos generales, la crianza con apego es una crianza sensible a las necesidades del bebé, respetando su individualidad y desarrollo espontáneo. Implica conectarse con el bebé, con sus señales y con las expresiones espontáneas de su personalidad. Estas interacciones respetuosas son los cimientos en los cuales restan sus futuras interacciones sociales con otros individuos. Cuando la conexión del bebé con su madre, padre (o ambos) es armoniosa, los dos (o tres) experimentarán emociones positivas. Si esas interacciones no están bien sintonizadas, entonces el bebé mostrará señales de estrés, caracterizadas por el llanto, que indica la necesidad de reconectarse y de armonizar la relación.

Desde el punto de vista científico, la crianza con apego un estilo con suficiente evidencia a favor, que ofrece la mayor probabilidad de un desarrollo cerebral óptimo y un desarrollo psicológico y social sano. Desde el punto de vista ético, la crianza con apego es una responsabilidad social. Ya no podemos aludir a la vieja excusa de: “los hijos vienen sin manual de instrucciones” pues hoy en día tenemos la información a nuestra disposición para tomar las mejores decisiones con respecto a la crianza. Es nuestra responsabilidad informarnos y ser críticos de los consejos que recibamos tanto de amigos, familiares o incluso de aquellos profesionales de la salud que no se actualizan, ni argumentan su repertorio de consejos con datos científicos.

Como te habrás dado cuenta, la crianza con apego es sin lugar a dudas una crianza involucrada. El tener tiempo con nuestros hijos es indispensable para poder practicarla. Esto, para muchos, resulta un inconveniente pues una crianza que demanda tiempo es incompatible con las demandas de la sociedad actual en donde muchas familias se ven en la necesidad de que ambos progenitores trabajen para abastecer sus necesidades económicas. La crianza con apego también resulta incompatible con nuestras propias infancias pues la mayoría de nosotros no fuimos criados bajo este paradigma, de manera que no nos viene de forma natural criar de esta manera. Tenemos muchas ideas preconcebidas sobre la crianza basada en nuestras experiencias como hijos, en las experiencias de otros y en los mitos sociales.

A pesar de los obstáculos, la inversión que hacemos al cambiar de paradigma y al dedicar tiempo a nuestros hijos es quizás la inversión más importante que podemos hacer en nuestra vida. Los primeros años de la vida de nuestros bebés son la etapa más importante porque el cerebro está en su etapa más vulnerable y de más rápido crecimiento. Sin embargo, no es la única etapa en la que el desarrollo del cerebro puede ser alterado. El cerebro es flexible, complejo y es un órgano que está en constante estado de aprendizaje. La aceptación de sus circunstancias actuales, la flexibilidad, el consumo de información con juicio crítico, y el equilibrio entre su vida familiar, laboral y social serán los elementos claves para que la práctica de la crianza con apego te traiga experiencias muy enriquecedoras, creando al mismo tiempo el mejor ambiente posible para tus hijos.

Te invito entonces a ser parte de este cambio de paradigma a través de la lectura de este libro. Utilizando la evidencia científica como base de todo tema, exploraremos las prácticas de crianza que se asocian con un óptimo desarrollo cerebral y con un sano desarrollo social y psicológico. Finalmente, como parte del proceso de adquirir un nuevo paradigma de crianza, iremos poco a poco alisando el camino empedrado de mitos y consejos infundados que recibimos de la sociedad. Espero que los argumentos científicos presentados en este libro sean lo suficientemente convincentes y motivadores como para animarte a compartir esta información con la gente de tu alrededor. Las sociedades más sólidas son aquellas que invierten sus recursos en prevenir los problemas sociales y no en resolverlos. El hogar es, sin duda, el primer lugar donde se fundan las bases para una sociedad sana y pacífica. Por lo tanto, al influenciar en los hogares de tu alrededor, estás siendo parte de una importante y necesaria transformación social.

PRIMERA PARTE - CRIANZA CONSCIENTE

“El inconsciente se asegura de que

nos parezcamos a la familia,

repitiendo patrones”.

—Gemma Pitarch—

CAPÍTULO I - Reflexiones importantes

“Cambiando tu historia personal,

cambias la historia de tus hijos.

A la par tus hijos cambian la historia de sus hijos, así sus hijos cambian la historia de sus abuelos”.

—Teodoro Esquivel—

La influencia de la crianza en la sociedad

Nadie puede criar dentro de una burbuja, pues todo lo que pasa en nuestro hogar afecta a la sociedad. Si cada generación de padres hiciera un mejor trabajo criando que la generación anterior, hoy yo no estaría escribiendo este libro. Desafortunadamente, todavía nos falta mucho por aprender. Vivimos en una sociedad en la que nos contentamos gastando mucho dinero para arreglar los problemas en vez de prevenirlos. El estrés y la rutina nos hacen a menudo olvidar el rol muy importante que tenemos en la prevención de epidemias sociales que están a la orden del día.

En las sociedades donde los estilos de crianza autoritarios son prevalentes, existe, por lo general, un gran índice de violencia. En los Estados Unidos, por ejemplo, los índices de enfermedad mental y encarcelación son muy altos. Se documentan más de tres millones de casos de abuso infantil cada año. Los profesionales de la salud, tanto en los Estados Unidos como en otros países del primer mundo, son testigos de un aumento incontrolable de casos de depresión, ansiedad, trastornos de déficit de atención e hiperactividad, desórdenes de la conducta y otros desórdenes emocionales, físicos y conductuales.

Algo está pasando en la sociedad que afecta de sobremanera a los niños. La pregunta es: ¿qué está pasando y por qué? Muchos expertos dicen que esta crisis en las sociedades está relacionada con una profunda falta de conexión de los niños con sus padres y con su comunidad. Este sentimiento prevalece entre los niños y adolescentes con problemas de tipo mental sin importar sus razas, clases sociales y religiones.

Muchos psiquiatras, psicólogos, educadores y médicos a nivel mundial estamos empezando a luchar por una solución social que, lejos de ser una solución rápida, parece ser la única vía segura. Hoy por hoy, muchos profesionales de la salud y de las ciencias humanas creemos que la clave para prevenir problemas de tipo mental, emocional, físico y social está en el vínculo de apego que los niños establecen con sus padres y que posteriormente transfieren a la sociedad.

Los que practicamos la crianza con apego estamos seguros de dos cosas:

El responder a las necesidades físicas y emocionales de un bebé o niño inmediata y sensiblemente conlleva la creación de vínculos de apego seguros.

Los niños con vínculos de apego seguros son más felices, más sanos y, por lo tanto, más capaces de contribuir positivamente a la sociedad.

En términos generales, un niño que ha establecido un apego seguro es un niño que ha formado dentro de sí un sistema de seguridad interior que le permite acceder con plenitud y confianza a la siguiente etapa de su desarrollo. El vínculo de apego establecido con la madre, padre o cuidador se extiende luego a los hermanos y otros familiares, a los amigos, compañeros y profesores y, en un futuro, a la propia pareja e hijos. Podemos originar cambios muy importantes en la sociedad del futuro si actuamos hoy como padres cariñosos, empáticos, y conscientes de nuestros instintos. Los lazos de cariño y apego se fortalecen en casa cuando los padres, inteligentemente, eligen un estilo de crianza sensitiva y respetuosa. Estas familias fuertes y estables, a su vez, enriquecen la sociedad que las rodea. Si todas las familias fueran así, ¡imagínate que sólida sociedad que tendríamos!

La influencia de la sociedad en los padres

Leerás mucho en este libro acerca de las opciones, pues como muchas cosas en la vida, la crianza también está llena decisiones y de opciones. Las opciones que tenemos como padres son muchas y diferentes en cada familia. Cada actitud que presentemos hacia la vida se basa en las decisiones que tomemos a partir de las opciones que disponemos. Tomamos decisiones acerca de cómo interpretar lo que nos ocurre y acerca de cómo responder ante todo lo que hacen nuestros hijos. De hecho, la primera noche de vida tu bebé ya te enfrentas con tu primera decisión y con dos opciones a partir de las cuales puedes elegir. La primera opción es quejarte y apartar la mirada cada vez que tu bebé se despierta por la noche mientras tu pareja duerme plácidamente. Esta opción implica levantarte de la cama con mucha mala gana y, al ver a tu bebé, decirle: “¿Otra vez quieres comer? ¡Pero si acabas de comer! ¡Duérmete ya que necesito dormir!”. La segunda opción es entender que no será una noche como las de antes, de manera que al despertarte lo primero que le dirás a su bebé sonaría algo así: “¡Hola! ¡Ya era hora que tuvieras hambre!

¿Ves la diferencia de actitud entre estas dos reacciones? El cómo criamos a nuestros hijos mucho dependerá de nuestras prioridades, de nuestras creencias sociales y religiosas. Pero, sobre todo, de la reflexión constante que hagamos en el proceso de la crianza.

Más allá del amor incondicional y de la dicha que son los hijos, tenemos que reconocer que ser padres es para incomodarse pues implica algunos sacrificios. Es un trabajo duro que requiere de mucha atención y energía. Si haces tu trabajo bien, tendrás recompensa. Tus hijos velarán por ti cuando sea anciano, no solo como agradecimiento a todo lo que hiciste por ellos sino también porque querrán estar cerca de ti y porque tu compañía les es agradable. Los padres de hoy, abuelos del mañana, harán con sus hijos aquello que se hizo con ellos. La vida está llena de ciclos y cadenas que se repiten. Esto lo vemos a cada rato en la naturaleza, desde el ciclo del agua hasta el ciclo de vida de una mariposa.

Cuando se trata de la crianza, los estudios reflejan que la sociedad se ha manejado en base a cadenas durante siglos. Con las mejores intenciones, todos los padres criamos a nuestros hijos con el mismo molde con el que fuimos criados. Esa es la realidad. “Pero ¿qué hay de malo en eso?”, te preguntarás. No habría nada de malo si ese ciclo de crianza estuviera centrado en las necesidades básicas y evolutivas de los bebés y niños. Desafortunadamente, no ha sido así.

A lo largo de estos últimos cien años, la meta de las culturas occidentales ha sido formar seres humanos que se adapten a las necesidades de los adultos y de la sociedad. Si el niño no se comporta como adulto, viene enseguida la vergüenza de los padres, la misma que resulta en reprimendas. Esta visión ilógica acerca de lo que se espera de los niños hace que ellos se vean a sí mismos como incapaces de guiar su propia vida, sus comportamientos y opiniones. Crecen pensando que algo externo (sus padres, la escuela, los amigos) están más capacitados para guiar sus vidas. El resultado de esto es una cultura de personas que viven constantemente buscando la aprobación de otros; seres humanos cuyas depresiones y desdichas se basan en la búsqueda externa de aceptación mientras en el proceso se pierden el disfrute de una seguridad que guíe sus vidas desde adentro.

Estos son algunos ejemplos de cómo la sociedad ha moldeado nuestra visión acerca de la crianza de los niños:

• En relación al parto se ha hecho creer a las madres que solo los doctores están capacitados para recibir a un bebé, aunque el parto sea normal y sin complicaciones. Como consecuencia, no cuestionamos qué se nos hace en los hospitales. A fin de cuentas, los doctores son los “únicos” que nos pueden ayudar a minimizar el dolor, ¿verdad? Pagaríamos lo que fuese para evitar los dolores del parto que tan mala fama tienen en las novelas, películas y medios de comunicación.

• En relación a las necesidades básicas del bebé, dado que se piensa que el llanto es la única manera de comunicación del bebé, se ignoran sus otras señales de hambre, de atención y de malestar de manera que el bebé se resigna a recurrir al llanto como la única manera en la que mamá responda a sus necesidades (una mamá, además, “obediente”, pues hace lo que el doctor le dice).

• En relación al aprendizaje, al ser constantemente corregidos, los niños pierden la fe en sí mismos. Se vuelven inseguros y adquieren una constante necesidad de atención y aprobación.

• En relación al juego, si el niño prefiere jugar solo, la sociedad ha programado a los padres para pensar que eso está mal. Los padres, por ende, fuerzan a sus hijos a jugar con otros y a compartir sus juguetes, incluso a una edad en la que no están lo suficientemente maduros para hacerlo.

• En relación al dormir se niega a los bebés su necesidad básica de dormir cerca de sus madres tanto en los hospitales como en casa. Después de unos años, si el niño se pasa a la cama o si quiere todavía dormir con sus padres, la sociedad ha programado a esos padres a pensar que eso es un problema. ¡Ni se os ocurra contarlo a la psicóloga de la escuela!

A pesar de todas las ideas preconcebidas que tenemos como influencia de la sociedad en que vivimos, cada uno de nosotros tenemos el poder de la reflexión y de la decisión. Tenemos la opción de dejarnos llevar por la moda o la corriente, como también tenemos la opción de reflexionar para lograr ser padres sensatos y justos. La sociedad de hoy necesita una generación de padres lúcidos que sean capaces de romper con cadenas negativas de crianza para así dar paso a una nueva cadena, esta vez de seguridad, felicidad y mejores vínculos entre padres e hijos.

Yo salí bien. ¿Por qué no criar como me criaron?

Todos tenemos una historia y un bagaje. Muchos de nosotros tenemos recuerdos muy bonitos sobre nuestra infancia y, por lo general, tuvimos padres que respondieron de manera efectiva a nuestras necesidades físicas, si bien en la mayoría de los casos, no a las emocionales. Y nos dieron una familia lo suficientemente coherente y organizada. Algunos de nosotros, sin embargo, también recordamos partes frustrantes de nuestra infancia. Por ejemplo, cuando nuestros padres no se comportaban de manera predecible o cuando nos asustaban con sus reacciones irracionales. Otros han tenido la experiencia de la separación de sus padres o de vivir solo con mamá o solo con papá e, incluso, otros han tenido la experiencia de vivir con los dos, pero en un hogar con poca interacción entre pareja y/o con padres que mostraban poco interés en sus hijos. Desafortunadamente, también hay quienes han tenido la peor de las experiencias; aquellas relacionadas con la desorganización familiar y con el abuso físico y/o emocional.

Las experiencias que hayamos tenido en la infancia influencian de gran manera nuestra forma de criar y de entender lo que significa la crianza. Por lo general, los humanos tenemos la tendencia de criar a nuestros hijos de la manera en que nos criaron. Estas cadenas de crianza se repiten a través de los años. Tus hijos recordarán las cosas que como madre o padre hacías, y así el ciclo continuará. ¿Te acuerdas de haber llorado muchas veces por la noche porque te daba miedo la oscuridad? ¿Qué hacían tus padres al respecto? ¿Recuerdas que hacían para reñirte? Quizás pegarte en el trasero o, quien sabe, te quitaban tus juguetes u otros privilegios. Todas estas experiencias dejan una impresión en tu mente, inconscientemente servirán de modelo al nosotros volvernos padres.

Así es como se repite un ciclo negativo de crianza: los niños están constantemente observando lo que les rodea y aprendiendo de ello. Los padres somos su marco de referencia, lo primero que conocen y, por lo tanto, no se cuestionan si nuestras conductas son apropiadas o no. Aquello que hagamos los padres, ante los ojos de los niños (especialmente los más pequeños) será válido, sin importar qué sea. Ahora bien, si los niños aprenden observando, es obvio que el patrón de conducta que seguirá un niño en sus próximos años dependerá en gran medida de lo que vean en casa. De ahí la frase tan conocida “de tal palo, tal astilla”. Si un niño ve que sus padres critican a cualquier persona por algún defecto, aprenderá que lo correcto es criticar a los demás; si ve que sus padres ayudan a la vecina a llevar las compras, aprenderá que lo correcto es ayudar al que lo necesita; si ve que sus padres se comunican a gritos y con insultos, aprenderá a comunicarse de esa manera.

Hasta que entendamos exactamente cómo hemos estado funcionando de modo inconsciente, nuestra tendencia será el no querer abrirnos a la posibilidad de criar a nuestros hijos con ideales totalmente diferentes a los que hemos conocido. Como he dicho anteriormente, la meta de la crianza durante largo tiempo ha sido el acostumbrar a los hijos a amoldarse a un mundo adulto, a ganarse nuestra aprobación y a sufrir en el intento.

Con todo esto que acabo de decir sobre no repetir patrones de crianza, de ninguna manera pretendo vayas corriendo a ver a tus padres para reprocharles las cosas que “hicieron mal” al criarte a ti y/o a tus hermanos. No me malinterpretes. No es nuestra responsabilidad el validar o invalidar la manera de criar de otras personas, incluso de nuestros padres. Con algunas excepciones, todos los padres del mundo lo hacen lo mejor que pueden dadas sus circunstancias y dentro de lo que cada uno ha aprendido o ha escuchado sobre la crianza. Por ejemplo, algunas personas piensan que es mejor dejar llorar a los niños porque así se fortalecen sus pulmones. Si eso es lo que se piensa, seguramente el dejar llorar a los niños será interpretado como una buena práctica por un determinado grupo de padres o una determinada subcultura mientras que otros padres pensarán que eso constituye un maltrato emocional. Tanto en el mundo como en la crianza hay tantas ideas y estilos, como culturas y subculturas. A pesar de la variedad, sin embargo, algo que es común entre casi todas las culturas del mundo es la estructura jerárquica de los roles familiares.

Tradicionalmente, la crianza se ha manejado de una manera jerárquica donde los padres controlan a los hijos desde arriba. Dado que los niños son inocentes, pequeños y no saben lo todo lo que nosotros sí sabemos, nos sentimos con pleno derecho de controlarlos. De hecho, estamos tan acostumbrados a esta jerarquía que ni siquiera se nos ocurre que tal vez esa estructura de crianza no es la mejor, ni para nosotros ni para ellos. Una estructura horizontal en la familia no es sinónimo de permisividad, ni implica que debamos ser “amigos” de nuestros hijos. Mucho se usa esa frase para que implique que al ser “amigos” de los hijos, éstos no obedecen a una autoridad en casa. La verdad es que no es posible ser amigos de nuestros hijos porque la amistad es un tipo de relación que solo es posible entre personas con la misma capacidad madurativa. No he conocido hasta ahora una persona de treinta años que sea amiga de un bebé de nueve meses, ni tampoco una persona de veinte años que quiera salir de fiesta con alguien de diez.

La relación que un adulto tiene con un bebé o con un niño nunca podrá ser una relación amistosa, sino una relación parental o de protección debido a que existe un sentimiento de responsabilidad que no existe en otras relaciones. Por ejemplo, con nuestras parejas tenemos una relación determinada, con los amigos tenemos otra relación y con nuestros compañeros de trabajo y jefes llevamos una muy distinta. Tenemos también relaciones especiales con un tío o un primo, que no es necesariamente igual a la relación con otro tío u otro primo. Cada relación es diferente y aquella que se da entre nosotros y nuestros hijos nunca podrá ser nada más ni nada menos que una relación parental, pues eso es lo que somos: sus padres. El único denominador común entre todas las relaciones interpersonales es el respeto entre los dos individuos involucrados.

Los padres no solo tenemos la responsabilidad de velar por la seguridad, la salud y el sano desarrollo de nuestros hijos, sino además tenemos la responsabilidad ética de hacerlo de manera respetuosa. Si no respetamos su individualidad y su esencia humana, nuestra relación con ellos deja de ser una relación parental armoniosa y se convierte en una relación de poder.

En una estructura horizontal, o no jerárquica, los padres somos la autoridad ante los ojos de los hijos y tenemos un poder mucho más grande y efectivo que el de inspirar miedo. Una estructura no jerárquica implica dejar nuestro sentido de superioridad y nuestro ego de lado, pues eso nos permite conectarnos pura y profundamente con nuestros hijos. Una vez que aprendamos a no ocultarnos detrás de una imagen de superioridad, nos será mucho más fácil relacionarnos con nuestros hijos y ofrecerles nuestro “yo” genuino y real. Recuerda, el llevar una relación no jerárquica con nuestros hijos no implica que seamos permisivos, ni que estemos permitiendo ser “manipulados” por ellos. Todo lo contrario, al igual que todos los otros padres, aquellos que decidimos no ser autoritarios encontramos maneras sensibles y apropiadas de enseñar a nuestros hijos a manejarse en la vida dentro de parámetros impuestos por otros (los padres, la escuela y la sociedad). Como en toda familia, los padres que nos inscribimos bajo este tipo de estructura horizontal sabemos que los límites son importantes y que nos corresponde ser los primeros en presentárselos a nuestros hijos de manera justificada.

Poco a poco iremos descifrando cómo establecer relaciones horizontales con nuestros hijos sin que eso signifique perder nuestra autoridad de padres. A medida que vayas leyendo este libro (si no estás familiarizado con la crianza con apego), te darás cuenta que las prácticas propuestas son muy diferentes a las que has visto en los programas de televisión, en tu círculo social e incluso en tu familia. Esto es porque las prácticas más comunes de crianza en las culturas occidentales han sido influenciadas mayoritariamente por un determinado tipo de “expertos” norteamericanos como el Dr. Spock o el Dr. Ferber, o incluso europeos como el Dr. Estivill de España que nos han vendido sus teorías conductistas de crianza. Seguro que sus intenciones no son malas. Sin embargo, cuando se inventan métodos con poco fundamento científico las consecuencias pueden ser perjudiciales.

Hay otros tipos de expertos como el Dr. Carlos González de España, por ejemplo, o Rosa Jové, que han escrito libros de crianza en base no solo a su visión y experiencia profesional, sino también en base a las investigaciones científicas y estadísticas. De este buen tipo de expertos lamentablemente hay muy pocos. La mayoría nos han vendido sus filosofías de crianza las cuales hemos aceptado y adoptado sin cuestionar. Ahora te preguntarás: ¿Y no eres tú (la autora de este libro) “una experta” también? ¿Por qué tengo que creerte a ti y no a los otros “expertos”? La respuesta es simple. No soy experta. Soy psicóloga escolar y educadora. He investigado y estudiado la crianza y el desarrollo de los niños durante muchos años y tengo experiencias profesionales relacionadas, pero eso no me hace “experta”. Soy madre de un hermoso niño pero este libro no está basado en mi experiencia personal como madre. Este libro está basado en la evidencia científica y en la investigación. Esa es la principal diferencia entre este libro y otros libros de “expertos”. Otros han escrito y han aconsejado desde su cabeza, su experiencia, su visión y convicción. Yo escribo desde la ciencia, los estudios y la investigación.

Al igual que en otros campos de las ciencias humanas, en el área de la crianza los científicos también han podido estudiar efectos a largo plazo de las diferentes prácticas de crianza. Sin embargo, aún después de analizar los resultados e identificar las tendencias, los científicos concluyen que no existe una fórmula perfecta de crianza que dé como resultado niños cien por cien educados, amables, inteligentes, felices, obedientes, sutiles, dulces, generosos y muchas otras cualidades más. De existir semejante receta todos estaríamos siguiéndola al pie de la letra ¿no te parece? Cada padre y madre es diferente, y cada bebé viene a este mundo con su propia personalidad. Incluso dentro de una misma familia y criados de la misma manera, los hermanos pueden acabar siendo muy diferentes. Por eso, no esperes que este libro te dé la fórmula perfecta. Siento decepcionar al lector si eso es lo que esperaba. Lo que sí te ofrezco en estas páginas es una recopilación de las investigaciones que te ayudarán a tomar mejores decisiones y te permitirán liberarte de muchos mitos que han mantenido a nuestra sociedad estancada en un ciclo de insensibilidad hacia los seres más vulnerables de este planeta, los bebés.

Las sombras del pasado

A pesar de que a nadie nos gusta admitirlo, todos empezamos criando inconscientemente. Muchos padres estamos tan a la defensiva, que una palabra acerca de nuestro estilo de criar basta para provocarnos. Nos cerramos a las opiniones de otros porque tenemos ideas preconcebidas acerca de aquellos que practican una crianza menos convencional. Ante tanta lluvia de información, la mayoría de nosotros tendemos a pescar aquellas filosofías que confirman, justifiquen y que se asemejen a nuestra experiencia, para entonces apropiarnos de ella. Rechazamos lo nuevo o aquello que nos es poco familiar porque aceptarlo significaría admitir que de alguna manera lo hemos estado haciendo “mal”. Sin embargo, es justamente en esos procesos inconscientes y en aquellos de absoluta negación donde reposan las cadenas negativas de crianza.

Si se nos pegó de niños y somos ahora seres relativamente exitosos tendemos a pensar que lo uno no tiene que ver con lo otro. Justificamos a nuestros padres por haberlo hecho y calificamos la agresión como una práctica aceptable basándonos en el hecho de que hoy en día “estamos bien” en el sentido de que no somos delincuentes ni estamos en un centro psiquiátrico. La verdad, sin embargo, es esta: resulta imposible saber cómo sería el presente y el futuro de alguien sin la influencia de haber recibido castigos físicos. El “hubiera” no existe pues nunca se dio. Sin embargo, lo que sí existe y es evidente son las secuelas de la agresión, pues si hubiéramos salido “salido bien” en realidad, no justificaríamos la agresión física ni tampoco la calificaríamos como aceptable.

Una persona que “sale bien” es alguien que empatiza con la víctima y no justifica al agresor. Una persona que “sale bien” debería poder romper con un ciclo de castigos físicos y de dolor. En una persona emocionalmente estable, el recuerdo de la agresión debería ser suficiente motivación para romper con ese ciclo doloroso. Objetivamente hablando, si alguien te pega hoy, en el trabajo o en un bar por la noche, seguro que no calificarías ese acto como aceptable. Todos sabemos que es inaceptable agredir a los animales, a los ancianos y a la pareja, pero de alguna manera justificamos ilógicamente la agresión hacia los niños. ¿Te das cuenta del disparate que esto implica? No tiene sentido lógico ni ético. De la misma manera, sabemos que no debemos usar palabras hirientes con nuestras parejas pero, sin embargo, las utilizamos con nuestros hijos todo el tiempo en nuestro afán de “disciplinarlos”. Si viviste agresiones de pequeño (verbales y/o físicas), tu inconsciente te puede estar haciendo una mala jugada al convencerte que un mismo acto es aceptable con unos pero no con otros.

Nuestros hijos, lamentablemente, son quienes pagan el precio de nuestra resistencia a cambiar o a hacer más consciente la manera en la que criamos. Al no enfrentar nuestras propias sombras del pasado, les estamos legando a las nuevas generaciones nuestras expectativas no cumplidas y nuestros sueños frustrados. Más allá de nuestras buenas intenciones, al no concienciarnos sobre nuestra crianza estamos esclavizando a nuestros hijos con la herencia emocional recibida de nuestros padres, y a través de ella, les transferimos toda la legacía emocional dolorosa de nuestros ancestros. La naturaleza de lo inconsciente es tal que seguirá pasando de generación en generación hasta el día en que finalmente sea metabolizada. Solo a través de la concienciación, y la conciliación de las heridas, podremos finalmente terminar con una cadena de dolor que se arrastra de generación en generación.

CAPÍTULO II - La transición

“Las especies que sobreviven

no son las más fuertes

ni las más rápidas

ni las más inteligentes;

sino aquellas que se adaptan

mejor al cambio”

—Charles Darwin—

Los hijos. Una decisión primero y un regalo después

Si este libro está en tus manos, me imagino que es por una de estas tres razones: o bien estás planeando ser madre o padre, o bien tienes un bebé en camino, o bien ya eres padre o madre y estás buscando una guía. Este libro es el regalo perfecto para quién ande a la espera de una criatura, pues habrá muchas reflexiones, y conversaciones que serán propuestas aquí que requerirán algo de tiempo. Y tiempo es justamente lo que menos se tiene una vez que ya ha nacido el bebé. Sin embargo, habrá capítulos y párrafos que querrás volver a leer, pues te serán de utilidad a medida que vayas conociendo a tu bebé.

Antes de lanzarnos a la aventura que es la crianza, permíteme primero felicitarte por haber tomado la decisión de tener descendencia. Ciertamente el tener hijos es una opción. Nadie nos obliga a traer un ser humano a este mundo que de por sí ya está muy poblado. No pretendo ofender ninguna sensibilidad con estas palabras tan poco románticas, pero ese es mi estilo. Las cosas son lo que son. Los hijos son una decisión primero y un regalo después. Estamos muy acostumbrados en nuestra sociedad a asumir que toda pareja debe formar una familia. Rara vez pensamos que ser padres es una opción de cada pareja. Sin embargo, esta distinción es muy importante pues tenemos la opción de tener hijos como de no tenerlos, y la opción de tener uno como de tener cinco.

Nadie niega que cada hijo es un regalo y que el amor que sentimos por ellos es infinito. Sin embargo, al ver a un hijo como un regalo mandado por un ser divino y omnipotente o por la naturaleza o por quién sea, estamos discretamente desligándonos de nuestra consciente contribución en la creación de ese ser. Todos sabemos que en realidad los bebés llegan como producto de un acto sexual exitoso (desde el punto de vista biológico). Nótese que he dicho “acto sexual”, no “acto de amor”, pues al parecer la naturaleza no ha incluido al amor en la lista de ingredientes indispensables para la reproducción. Lo que si ha incluido, sin embargo, es el instinto maternal de proteger y el instinto del bebé de buscar protección. Al ser un recién nacido un ser muy dependiente y vulnerable, la naturaleza sabia nos creó a las madres con herramientas biológicas que garantizan la supervivencia de nuestras crías.

Es muy importante poner las cosas así de crudas porque solo así nuestras mentes se preparan para analizar nuestro rol de padres más allá del romanticismo que se crea alrededor de una carita tierna y de una foto artística de caras sonrientes en la que se muestra a la familia perfecta o al bebé perfecto. Poniéndolo aún más simple, la llegada de un bebé es una oportunidad que nos hemos dado nosotros mismos en la vida para hacer las cosas bien. Es una oportunidad para generar mucha más unión tanto en la pareja como en la familia extendida. Más allá de las felicitaciones y la atención que la noticia recibe, sin embargo, a la hora de la verdad, estamos solo nosotros con nuestros hijos y la transición que se experimenta al pasar de ser una pareja, a ser una familia, puede ser abrumadora.

La pareja después del primer hijo

La llegada de un nuevo miembro a nuestro hogar es, sin duda, una de las etapas más celebradas y más esperadas por muchas parejas y sus familias. Los padres expectantes procuran tenerlo todo listo para la llegada del nuevo miembro: cuna, sillita, ropa de bebé, pañales, sonajeros y biberones. Sin embargo, si en algo están de acuerdo los consejeros y terapeutas familiares es en que la llegada del primer hijo también viene acompañada de mucho estrés y es una de las etapas más vulnerables dentro del ciclo de vida de una pareja.

Entre el ajetreo, la alegría, la novedad y el estrés, los futuros padres se olvidan de prepararse mentalmente para tan drástico cambio. Para la pareja que ve nacer a su primer hijo, este cambio es uno de los más grandes que se experimentan dentro de una relación de pareja. Cuando nace un bebé, la pareja deja de ser lo que era antes. Su relación no es necesariamente peor, ni mejor, sino diferente. Pasan de ser pareja, a ser familia. Las familias de ambos padres se fusionan inconscientemente con el nacimiento de un descendiente.

Con la llegada de un bebé, viene también la unión de dos familias, dos sistemas de costumbres, dos estilos de crianza, dos moldes en base a los cuales se perfila la crianza de un nuevo ser. Se experimentan nuevos conflictos que anteriormente no se vislumbraban. Si los pleitos en el periodo pre hijos eran por motivos sexuales, sociales, de celos o de tipo económico, ahora se añadirán los conflictos relacionados con la crianza, con las opiniones de las dos familias en relación a la crianza y con las responsabilidades de cada uno con respecto al cuidado del bebé. Las quejas o inconformidades que se tenían acerca de la pareja antes de la venida del primer hijo se sumarán a otras quejas, esta vez relacionadas con el cuidado y crianza del bebé. Algunas preocupaciones de antes serán reemplazadas por otro tipo de preocupaciones. La dinámica familiar cambia y la perspectiva hacia la vida es otra.

Al cabo de algunos meses de la llegada del primer hijo (y en algunos casos cerca del año), la pareja entra en una etapa muy vulnerable donde ambos se empiezan a cuestionar muchas cosas acerca de sus vidas. Esto frecuentemente sucede porque antes de la venida del bebé, los padres idealizamos una familia perfecta con un bebé divino y angelical. Queremos fotografías perfectas para compartirlas con todos tanto en casa como en las redes sociales, pero detrás de aquella foto hay unos padres cansados y a veces en conflicto, que darían lo que fuera para dormir un poco más. El desear más descanso y el recordar con ilusión la vida más cómoda que se tenía antes, no significa que no amemos a nuestros hijos con todo nuestro ser. Hay que darse el permiso de ser honesto con uno mismo.

En ese proceso de cambio, nuestra mente deambula por otras latitudes intentando procesar nuestros nuevos roles y responsabilidades. Nuestra relación de pareja se vuelve a configurar. La percepción que tenemos acerca de nuestra pareja se reconstruye después del primer hijo para incluir nuestra opinión acerca de su nuevo rol de padre o madre. Poco a poco vamos añadiendo piezas al rompecabezas de nuestra nueva relación hasta poder finalmente ubicar las últimas piezas. Mientras tanto, aquel cambio tan brusco que fue convertirse en padre o madre de la noche a la mañana nos hace volar por otras latitudes o realidades alternativas. En aquellas latitudes que nuestra mente construye cabe espacio para la confusión y la incertidumbre. De repente nos preguntamos si hicimos lo correcto en juntarnos, en tener hijos y en llevar la vida que llevamos.

En esta etapa muy vulnerable todo puede pasar. En el mejor de los casos la familia se une más y ese amor se refuerza gracias a la buena comunicación que siempre ha tenido la pareja. En el peor de los casos, la pareja se rompe pues no pudo sobrellevar las tensiones que acompañan la llegada de un nuevo miembro.

Pero no te asustes. No es mi intención ser negativa, mi intención es ayudarte a prevenir los conflictos, pues eso beneficiará directamente a tu bebé. Las tendencias son solo eso y no significa que todos estos conflictos de pareja te vayan a suceder a ti. Es importante tener en mente que en momentos de estrés y de cansancio es cuando las personas más tendemos a tomar malas decisiones. Sin embargo, a diferencia de otras personas, tú ya tienes el poder de la información. El simple hecho de que estés leyendo este libro te hace una persona más preparada para sobrellevar cualquier dificultad. Las parejas que superan las tensiones normales características de esta etapa son aquellas que se comunican y que perciben una dificultad o desacuerdo como una oportunidad para aprender y para crecer juntos, no como una crisis.

Conversaciones sobre el pasado

Hemos dicho que inevitablemente todos heredamos un modelo de crianza el cual está basado en nuestras experiencias de la infancia. Sabemos que hay estilos de crianza diferentes y que todos los padres lo hacen lo mejor que pueden dadas sus circunstancias, educación, sabiduría y experiencia. Unos padres son más fríos y severos; otros son más cálidos y comprensivos. Sea cual fuere el estilo con el que fuiste criado, cuando tengas tu primer hijo tendrás que enfrentarse con tus primeras reflexiones. Si lo que quieres es darles a tus hijos la mejor oportunidad para que tengan éxito en la vida, es necesario que pongas de tú parte para que tu reflexión de como resultado un cambio positivo. Entonces, ¿cómo empezar este proceso?

Para romper con un ciclo repetitivo de crianza, es necesaria una reflexión que genere un cambio consciente. El cambio consiste en mantener lo que consideramos positivo sobre la manera en la que fuimos criados y en eliminar lo negativo. Esto lo hacemos paulatinamente y en la medida en la que se van presentando las cosas que requieren una decisión.

Para un buen comienzo de este proceso es imprescindible conversar con tu pareja acerca de vuestras infancias para ver dónde están las similitudes y las diferencias entre las maneras en que fuisteis criados. Después de haberte reído un poco con su pareja, concéntrate en aquellos aspectos de la crianza que podrían resultar problemáticos. Por ejemplo, si consideras que un azote en el culo de vez en cuando es necesario mientras que tu pareja considera que no existe la necesidad de reprimendas físicas, esto será un tema potencialmente problemático y conviene conversarlo antes de que se presente una situación que requiera una reprimenda. A veces no hay tiempo para discutir y llegar a un acuerdo en medio de una situación, pues muchas situaciones con nuestros hijos requieren una respuesta inmediata. Te servirá mucho entonces encontrar los temas donde haya desacuerdos de pareja, de manera que, al presentarse una situación, estéis más preparados para presentar un frente unificado ante vuestros hijos donde no quede lugar para la duda o la posible malinterpretación o confusión por parte de ellos.

Cabe aclarar que es imposible anticipar todas las situaciones y es aún más utópico el pretender estar listos para responder eficaz y apropiadamente en todo momento. Lo que sí es posible, sin embargo, es que la pareja adopte una filosofía de crianza que guíe su manera de reaccionar y de solucionar las diferentes situaciones. Esto es similar a un arquitecto que construye una maqueta para tener una buena y clara idea de la ubicación de los cimientos y poder anticipar donde se deberán reforzar los puntos débiles de una construcción.