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Edades y prioridades es una guía de desarrollo infantil para adultos sensibles y respetuosos con los ritmos individuales de cada niño o niña. Esta guía te ayudará a despejar dudas y a encontrar respuestas a las preguntas más comunes sobre diferentes aspectos del desarrollo infantil durante los primeros cinco años de infancia. La información y las respuestas que se ofrecen en este libro están basadas en los estudios científicos más recientes sobre desarrollo infantil. Está dividido en cinco capítulos, clasificados por edades, desde el nacimiento hasta los cinco años. En Edades y prioridades encontrarás información sobre desarrollo emocional, social y cognitivo, desarrollo del habla y lenguaje, desarrollo motriz, desarrollo personal y desarrollo de la autodisciplina (moral). Estas siete secciones de cada etapa te ayudarán a tener una visión global y progresiva del desarrollo infantil para saber que se puede esperar de nuestros hijos en cada una de sus etapas. La información que proporciona Edades y prioridades constituye una pieza fundamental en el rompecabezas de la crianza respetuosa, puesto que difícilmente vamos a poder establecer qué podemos esperar y qué podemos pedirles a nuestros hijos, y cuándo, sin primero conocer cuáles son los márgenes de desarrollo infantil dentro de los cuales manejar nuestras expectativas.
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Seitenzahl: 342
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Edades y prioridades
Guía respetuosa de desarrollo
infantil y expectativas realistas
Un libro de
Sandra Ramírez
Fotografía de cubierta
Laura Vicario Vivar
Diseño de cubierta
Cristian Arenós Rebolledo
Ilustraciones de interior
Alejandra Carrión
ISBN 978-84-126794-2-7
Primera edición febrero 2023
© 2017 Sandra Ramírez
© Alejandra Carrión por las ilustraciones
© 2023 Útero libros
Plaza Estación, 9 Bajo 12560
Benicasim - Castellón (España)
www.uterolibros.com
Dedico este libro a mi padre Manuel F. Ramírez, cuya vida consistió en una eterna siembra y una fructífera cosecha. Además de un gran ser humano, mi padre fue un excelente médico cirujano y un devoto convencido de su profesión. A sus esfuerzos, a su ejemplo, a su ética moral y profesional debo yo mis logros y realizaciones. Su partida confirma que la desaparición de un ser querido conlleva sufrimiento, tristeza, rabia, miedo e impotencia, pero al mismo tiempo, trae resignación a quienes nos quedamos en cuerpo. La resignación nos ayuda a continuar con optimismo el camino que todos hemos de recorrer en esta transitoria vida. De ahí que este libro se enfoque en el desarrollo y crecimiento humano en la primera infancia. Este libro está escrito para todos los adultos responsables de la crianza y educación de los niños, pero está especialmente dedicado a los padres que, al igual que el mío propio y el padre de mi hijo, han sabido acompañar sensiblemente a sus hijos en su camino hacia la adultez, procurando que cada paso sea un paso feliz y respetado.
INTRODUCCIÓN
Edades y prioridades es una guía de desarrollo infantil para adultos sensibles y respetuosos de los ritmos individuales de cada niño y cada niña. Esta guía ayudará al lector a despejar dudas y a encontrar respuestas a las preguntas más comunes sobre diferentes aspectos del desarrollo infantil los primeros cinco años de la infancia.
La información y las respuestas que se ofrecen en este libro están basadas en los estudios científicos más recientes sobre desarrollo infantil. Este libro está dividido en cinco capítulos:
• Desde el nacimiento hasta los seis meses
• Desde los seis meses hasta los dieciocho meses
• Desde los dieciocho meses hasta los tres años
• Desde los tres años hasta los cinco años
• Transiciones importantes.
Los primeros cuatro capítulos exploran las mismas siete áreas del desarrollo infantil e incluyen indicadores de desarrollo infantil típico a cada edad y en cada área. En esos cuatro capítulos el lector encontrará información sobre:
• Desarrollo emocional
• Desarrollo social
• Desarrollo cognitivo
• Desarrollo del habla y lenguaje
• Desarrollo motriz
• Desarrollo personal
• Desarrollo de la autodisciplina (moral).
Estas siete secciones de cada etapa te ayudarán a tener una visión global y progresiva del desarrollo infantil. Al mismo tiempo, el lector comprenderá que el desarrollo no siempre será un proceso en constante ascenso. De hecho, el desarrollo infantil se asemeja más a una línea quebrada con altibajos, pues toda trayectoria infantil tiene picos o estirones evidentes de desarrollo; tiene también etapas planas o pasivas donde los progresos no son identificables; e, incluso, tiene grietas o regresiones en aspectos psico-emocionales —como la seguridad— que son efectos colaterales de los estirones de desarrollo en las otras áreas.
A pesar de la irregularidad de las trayectorias y de la variabilidad de ritmos entre niños, sin embargo existen aspectos en el camino hacia la madurez que son generalizables y ayudan a los adultos a cargo a saber qué esperar y cómo ayudar a los niños en cada etapa del proceso. Ya seas padre, madre, o profesional de la infancia, la información que aquí se presenta te ayudará a saber qué comportamientos anticipar, qué aspectos monitorear más cuidadosamente y qué hacer para influenciar positivamente el camino de cada niño y/o niña. En este libro el lector, además, encontrará pautas y señales que alertan sobre una posible necesidad de buscar ayuda profesional. La evidencia científica muestra que toda intervención profesional es más efectiva cuanto más rápido se actúe, de manera que el reconocer pronto las señales de alerta es de fundamental importancia puesto que permite a los niños acceder con rapidez al tipo de intervenciones que les permitirán alcanzar su máximo potencial. Las secciones de alerta cierran cada uno de los primeros cuatro capítulos. Finalmente, el quinto y último capítulo está dedicado a las transiciones más comunes e importantes que se dan durante la primera infancia. Esas transiciones son:
• Alimentación complementaria
• Destete
• Control de esfínteres
• Centros infantiles o guarderías
• La llegada de un hermano
Edades y prioridades incluye secciones que ayudan al lector a establecer límites razonables a cada edad. Este ha sido un aspecto poco abarcado en la literatura infantil en general. Sin embargo, es un elemento fundamental en la disciplina respetuosa. Si exigimos mucho a los niños todos terminamos frustrados y desalentados. Si les exigimos muy poco, limitamos su crecimiento y desarrollo personal. Pero si exigimos y esperamos de ellos lo justo y lo necesario entonces inevitablemente su desarrollo florecerá y nuestras relaciones con los niños y niñas se verán fortalecidas dado que la tarea de educarlos será mucho más agradable, positiva, sana y llevadera. Así pues, los primeros cuatro capítulos también incluyen una sección sobre expectativas realistas que ayudarán a los adultos a ser más sensatos y más efectivos en el establecimiento de límites. De la mano de las expectativas realistas van también las prioridades (a nivel madurativo) de los niños a cada edad. Las secciones tituladas “prioridades” resumen a manera de listado los aspectos madurativos que resaltan en cada etapa y las recomendaciones sobre el tipo de comportamientos, reacciones, respuestas o aproximaciones adultas que mejor se acomodan a las necesidades y prioridades madurativas de los niños a cada edad.
Para concluir, la información de este libro constituye una pieza fundamental en el rompecabezas de la crianza respetuosa puesto que difícilmente vamos a poder establecer cuánto y cuándo exigir sin primero conocer cuáles son los márgenes de desarrollo infantil dentro de los cuales manejar nuestras exigencias. La información de este libro será más útil y efectiva si se combina con información sobre métodos de disciplina positiva, humanizada o con corte democrático que enfatice tanto la importancia de los límites como del trato respetuoso y sensible.
DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS SEIS MESES
DESARROLLO EMOCIONAL
A pesar que son muchos los factores que influyen en el nivel de competencia emocional de un individuo (como la genética y el ambiente), hoy por hoy se sabe que la relación que un niño establece con sus cuidadores principales durante los primeros tres años de vida tiene una influencia extremadamente importante en su desarrollo emocional. De hecho, cada vez hay más evidencia de que los niños necesitan padres sensibles y capaces de responder con efectividad a sus necesidades de manera que aquellas partes cerebrales que controlan las emociones puedan desarrollarse apropiada y óptimamente. Este desarrollo se refuerza cada vez que los bebés y niños aprenden sobre el amor y el cariño, sobre la alegría y la tristeza, o sobre el miedo y la ira.
Desde el punto de vista neuro-científico, se ha descubierto en estos últimos años que el cerebro de un bebé las seis primeras semanas de vida funciona solo al nivel del tronco cerebral, también llamado reptiliano. Es decir, la parte que compartimos con los animales vertebrados. Esta es la parte instintiva cuyo objetivo principal es la supervivencia. El bebé actúa únicamente en función al miedo y está en constante búsqueda de alimento, protección y seguridad. A las seis semanas se activa el sistema límbico que alberga a las emociones. Esta es la parte cerebral que compartimos con otros mamíferos. El sistema límbico busca conexión con los progenitores y se calma con contención, contacto físico y un lenguaje suave y compasivo. Es por esto que las primeras sonrisas aparecen también alrededor de las seis semanas. El bebé reconoce a las personas que garantizan su supervivencia e inicia la interacción social con ellas, una interacción basada en la confianza que se inicia y se genera en la primera etapa que es puramente primaria.
Durante esta primera etapa lo más importante es que conseguir que los bebés se sientan amados y seguros mediante nuestra respuesta rápida y efectiva a sus necesidades emocionales y fisiológicas. El sentirse plenos y satisfechos permite a los bebés valorarse y amarse a sí mismos. Les permite enfocar su energía en desarrollarse y crecer en vez de gastarla en preocuparse en si van a ser atendidos o no. En esta etapa se inicia el establecimiento de la confianza. Los bebés han sido diseñados para evaluar, desde el día de su nacimiento, si el mundo en el que viven es un mundo en el que se puede confiar y si los adultos a cargo de ellos son personas consistentes. Este instinto de supervivencia que compartimos con otras especies animales está dotado de capacidades innatas que permiten a los bebés evaluar su ambiente y su situación. Sus señales no verbales y sus llantos son la manera en la que los bebés interactúan con el mundo en el que viven. Si los padres responden efectiva y prontamente a sus necesidades tanto de alimentación, como de cercanía, confort y atención, entonces los bebés desarrollan confianza. Si por el contrario los padres ignoran sus peticiones o reaccionan con tratos toscos o poco sensibles, entonces los bebés no podrá desarrollar confianza en sus cuidadores. De la respuesta efectiva de los padres dependerá cuan seguros emocionalmente crezcan los bebés y qué tipo de relaciones interpersonales formen con otras personas en el futuro.
Los bebés que aprenden desde temprano que los adultos en sus vidas son personas en quien se puede confiar y que pueden contar con ellos para satisfacer sus necesidades, forman una imagen positiva de sí mismos y de otros. Los padres que responden amablemente al llanto de sus crías aunque sean las 2 de la mañana, les están enseñando que son seres amados e importantes. Pero si los bebés aprenden que sus llantos son inútiles o que resultan en una respuesta negativa por parte de los padres, entonces ellos formarán una imagen negativa de sí mismos y aprenderán a desconfiar del mundo que los rodea.
Para los bebés, el amor, la constancia y el trato sensible de sus padres se traduce en la formación de un vínculo de apego seguro, el cual si bien seguirá en continua formación durante mucho tiempo más, ya puede ser reconocido y evaluado a partir de los 8 o 9 meses. El vínculo de apego seguro se caracteriza por una sana codependencia entre el cuidador y el bebé. El apego define la calidad de relaciones que el niño desarrollará después con sus compañeros, amigos, parientes e incluso pareja. El tipo de vínculo de apego que un bebé haya formado con su cuidador principal (comúnmente la madre) se extenderá después a otros miembros cercanos de la familia como el padre o los abuelos alrededor de los 18 meses de edad siempre y cuando estos adultos sean también personas en quienes se puede confiar ante los ojos del bebé. Los padres que hacen el esfuerzo de pasar tiempo con sus bebés, que hablan, juegan y ríen con ellos, les están enseñando que son personas en quienes se puede confiar. El vínculo de apego seguro se establece gracias a la presencia, la interacción y a la satisfacción de las necesidades, y poco tiene que ver con los lazos de sangre.
El establecimiento del vínculo de apego no es un proceso inmediato, rápido ni tampoco tiene fecha de caducidad. Es un proceso que lleva meses e incluso años y que se muestra y se evalúa de diferente manera dependiendo de la edad del niño. Al igual que cualquier otra relación amorosa, el vínculo se desarrolla en etapas graduales y se profundiza con el tiempo.
Para que tu bebé desarrolle un vínculo de apego seguro, te sugiero las siguientes prácticas:
Mantén a tu bebé físicamente cerca de ti o en brazos en todo momento. Portear al bebé es una práctica ancestral que permite a los padres estar más sintonizados con las señales de comunicación de sus bebés mientras mantienen su actividad normal.
Responde inmediatamente y con efectividad a las necesidades de tu bebé. El llanto prolongado causa daños permanentes a sus cerebros en desarrollo y destruye la confianza del bebé en sus cuidadores.
Duerme cerca, o con tu bebé tomando las debidas precauciones. Esto te permitirá escuchar las señales o llantos del bebé por la noche para poder así satisfacer sus necesidades más fácilmente. El colecho es una práctica recomendable, y biológicamente apropiada, puesto que permite tanto a las madres como a los bebés estar sintonizados a las señales que se emiten el uno al otro al dormir.
Juega e interactúa con tu bebé constantemente. Los bebés son seres sumamente sociales y su desarrollo cognitivo depende de la interacción con los adultos.
Aliméntalo a demanda. Es decir, cada vez que el bebé pida. Está comprobado científicamente que lo mejor es permitir al bebé que sea él quien decida cuándo y cuánto comer. La alimentación basada en horarios establecidos ya es cosa del pasado y cualquier pediatra que siga recomendando esta práctica debería actualizar sus conocimientos.
Pon atención a las señales de estrés, tristeza o frustración del bebé y responde sensiblemente. La contención y la regulación emocional son la mejor herencia que les podemos dejar a nuestros hijos pues les permitirá ser niños y adultos capaces de responder con efectividad y serenidad ante los problemas y situaciones que supongan un reto en su vida. Además les permitirá tomar mejores decisiones en cuanto a sus relaciones interpersonales puesto que estarán mejor sintonizados con sus emociones.
Para más información acerca de las prácticas parentales que permiten el establecimiento de un vínculo de apego seguro, te invito a leer Crianza con Apego: De la teoría a la práctica, en el cual exploro en profundidad los estudios científicos que respaldan cada una de las prácticas mencionadas en los párrafos anteriores.
Emociones y regulación emocional
Alegría
La primera sonrisa de un bebé es sin duda muy esperada por los padres. En el primer mes de vida, sin embargo, las sonrisas son producto de la actividad neurológica del cerebro y ocurren usualmente durante el sueño REM. Entre el mes y medio y los dos meses y medio aparece la primera sonrisa de carácter emocional. El bebé sonríe cuando ve algo que le gusta y es ahí es cuando la sonrisa cumple una función social. El bebé sonríe al ver caras familiares y al interactuar con mamá o con papá. Entre los tres y cinco meses la sonrisa aparece no solo al interactuar con mamá o con papá sino además cuando el bebé se da cuenta de que tiene algo de control en su ambiente. Sonríen cuando se dan cuenta de que pueden hacer mover el móvil que cuelga sobre ellos dando intensas pataditas. La sonrisa se transforma en risa o carcajada alrededor de los cuatro meses indicando que se llenan de gozo por situaciones que consideran graciosas. Al principio la risa puede ser provocada por tocaditas o cosquilleos pero pasado el sexto mes los bebés ríen ante cosas que ellos ven o escuchan y que consideran graciosas. Las mejores fuentes de sus risas —como imaginarás— suelen ser papá y mamá.
Regulación emocional
Además de todas las necesidades físicas y fisiológicas de los bebés, están sus necesidades emocionales que deben ser satisfechas con efectividad. Los bebés necesitan de los adultos para regular sus emociones. Dado que sus sistemas neurológicos son todavía muy inmaduros no se puede esperar que se consuelen a sí mismos. Tú, lector, eres el regulador emocional de su bebé hasta el día en que aquel pequeño cerebro haya desarrollado lo suficiente como para ser capaz de regulase a sí mismo. Ese será un proceso gradual que se dará durante los primeros años de vida.
Cuando tu bebé se enfrente a situaciones que le causen estrés o miedo, necesitará adultos serenos, cariñosos y simpáticos que le hablen con mucha calma y le brinden seguridad. Portar al bebé apretadamente o darle un suave masaje, le ayudará a relajarse. El reflejo de succión también tiene efectos calmantes para el bebé por lo que en momentos de incertidumbre o estrés es normal que quieran mamar. No necesariamente por hambre, sino por necesidad de confort.
DESARROLLO SOCIAL
Al nacer los bebés ya pueden reconocer a sus madres a través de sus olores y su voz. La madre es la base de su desarrollo social. Muchas veces cuando el padre ha hecho esfuerzos para interactuar con el bebé desde el vientre, los bebés al nacer también pueden reconocer las voces de sus papás y escucharlos les brinda calma. Los bebés están biológicamente diseñados para ver y analizar a sus padres. A las cinco semanas ya pueden sonreír y hacer sonidos para iniciar la comunicación y la interacción social que se caracteriza inicialmente por la imitación de las expresiones faciales de los padres. Los bebés analizan a sus padres y los miran intensamente. Muchos son capaces, a las pocas semanas, de imitar acciones y gestos como sacar la lengua o abrir la boca.
Amigos
Los bebés de tres meses ya disfrutan de la compañía de otros bebés. Son capaces de distinguir diferentes caras, voces y personalidades, y se mostrarán complacidos al ver a otros bebés. Si bien no están listos todavía para socializar y compartir, sí están listos para tener experiencias de juego sentados lado a lado con otros bebés. Así es como aprenden sus primeras lecciones de socialización. Formar amistades será un proceso lento que no sucederá de inmediato para los bebés y niños, pero puedes empezar este proceso reuniéndose de vez en cuando con otras madres o padres que también tengan bebés de la edad. Si haces esto, asegúrate de que los cuidadores de ambos bebés sean parte de cada encuentro. A esa edad los bebés no están listos para que se les deje solos en casas de otras personas. Su redes sociales se amplían a través de sus cuidadores principales pero no en su ausencia. En la mayoría de los casos quien hace el rol de cuidador principal es la madre y su presencia es imprescindible durante las primeras experiencias de interacción del bebé. En otras ocasiones, será el padre o algún miembro de la familia extendida. Sea como fuere, será imprescindible la presencia de los adultos familiares durante los primeros encuentros entre bebés. En esas primeras visitas es muy común que los bebés no quieran separarse de sus cuidadores y prefieran estar en tu regazo en vez de interactuar. Es lo normal y esperado. No fuerces la interacción. Les llevará un par de visitas a los dos bebés (más al bebé visitante) el sentirse listos para dejar el regazo o los brazos de sus respectivos adultos y empezar a explorar cosas juntos.
Rutinas
La vida de un recién nacido gira alrededor del alimento. Sus patrones de sueño están determinados por el tiempo que les lleva comer, digerir y sentir hambre de nuevo. Para la mayoría de los recién nacidos esto significa comer cada 2 a 4 horas y dormir en intervalos irregulares y espaciados.
Los recién nacidos deben comer frecuentemente y cuando muestren signos de hambre. Es decir, lo ideal es antes de que empiecen a llorar. Es una buena práctica que el bebé (no el reloj) determine cuando una sesión de comida debe empezar y cuando deba parar. Esto, además, permitirá a los padres aprender a leer las señales del bebé para actuar de manera oportuna y efectiva. El esperar a que el bebé llore para satisfacer su necesidad puede interferir con su capacidad de mamar. Un bebé que está llorando es un bebé entristecido y estresado. Para succionar y engancharse del seno correctamente el bebé debe tranquilizarse. De lo contrario, puede que incluso rechace el pezón o el biberón y no es porque no tenga hambre sino porque necesita calmarse antes de comer.
Los estudios científicos evolutivos sugieren, además, que los bebés han sido diseñados para comer a demanda y que aprenden a regular sus propias necesidades si se les permite. Desafortunadamente, a los padres durante muchas generaciones les han aconsejado sus pediatras y otros especialistas que alimenten a los bebés en intervalos regulares espaciados. Por ejemplo, se les ha dicho que se debe dar de comer cada 3 o 4 horas, cuando en realidad esta rigidez en el horario puede impactar negativamente en el desarrollo cognitivo. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF recomiendan lactancia materna exclusiva y a demanda los primeros seis meses de vida.
INDICADORES DE DESARROLLO
SOCIO-EMOCIONAL
Cómo ayudar en el desarrollo social-emocional de tu bebé
Hacia los 2 meses
Abraza, habla y juega con tu bebé a la hora de comer, cuando le vistes y cuando le bañas.
Atiende a tu bebé siempre que llore. Nunca lo dejes llorando solo.
Establece una rutina con su bebé, por ejemplo que sepa que después de la canción de cuna viene la hora de dormir.
El estar sintonizada con tu bebé y saber las cosas que le gustan y las que no le hará sentir más cómodo(a) y confiado(a).
Hacia los 4 meses
Lleva a tu bebé en brazos y háblale. Hazlo con sonrisas y demostrando alegría.
Presta mucha atención a las cosas que le gustan a tu bebé y las que no, así podrás saber cómo satisfacer sus necesidades de la mejor manera.
Hacia los 6 meses
Juega con tu bebé en el suelo todos los días.
Aprende a conocer los estados de ánimo de tu bebé. Si está contento, sigue haciendo lo mismo. Si está molesto, deja lo que estés haciendo y cambia de actividad.
Abraza a tu bebé para calmarlo cuando este frustrado.
Imita a su bebé. Es decir, cuando él sonría, sonríe. Cuando él haga sonidos, copialos.
DESARROLLO COGNITIVO
Los seres humanos nacemos solo con el 25% de nuestro cerebro desarrollado. La corteza cerebral añade un 70% de su masa después del nacimiento y en los primeros tres años alcanza un 90% de su tamaño permanente. El cerebro de una persona crece mucho más en los primeros tres años de vida que en cualquier otro momento de la vida.
Los primeros años de vida son cruciales en el desarrollo de los circuitos del cerebro. El cerebro tiene mayor plasticidad o capacidad de cambio durante esta primera etapa de la vida. Esto significa que es un periodo tanto de gran oportunidad como también de gran vulnerabilidad. Para bien o para mal, las experiencias de un bebé los primeros años de vida tendrán enorme influencia en su desarrollo cerebral. En ninguna otra etapa de la vida el ambiente tendrá tanta influencia como en los primeros dos años. Las vivencias de un bebé instalan las estructuras cerebrales que son la base para todo futuro aprendizaje, comportamiento y patrones de salud. Al igual que una estructura arquitectónica débil compromete a largo plazo la calidad y duración de un edificio, en el cerebro las experiencias negativas también comprometen la arquitectura cerebral y sus efectos perduran hasta la adultez. ¿Cómo ocurre esto? Te explico:
Los cerebros se construyen poco a poco, empezando por las estructuras más simples y continuando con las más complejas. La arquitectura básica del cerebro es construida a través de un proceso continuo que empieza incluso antes del nacimiento y continúa hasta la adultez. Las conexiones neuronales simples se forman primero, y los circuitos más complicados que son la base para las otras habilidades y destrezas, se forman después. En los primeros dos años de vida, el cerebro de un bebé forma entre 700 a 1.000 nuevas conexiones neuronales cada segundo. Después de este periodo de rápida proliferación, las conexiones se reducen a través de un proceso parecido al podar de un árbol. Al igual que ocurre con los árboles, el proceso de podar las estructuras cerebrales permite que los circuitos neuronales se hagan más eficientes.
En el cerebro se forman billones de conexiones neuronales distribuidas en las diferentes áreas del cerebro. Las conexiones que se usan más crecen más fuertes y son más permanentes mientras que las conexiones que se usan menos, se desvanecen. A través de este proceso, las neuronas forman circuitos y conexiones sólidas que conforman las emociones, las habilidades motoras, la regulación del comportamiento, la lógica, el lenguaje y la memoria. La formación de estas habilidades durante el periodo temprano es crítico en el desarrollo de todo ser humano.
La clave para formar una arquitectura cerebral fuerte es una interacción bidireccional con los adultos. En este juego de interacción las nuevas conexiones neuronales que se forman en el cerebro son comunicadas a los adultos a través del balbuceo, expresiones faciales y gestos. Éstas, a su vez, se refuerzan y multiplican cuando los adultos responden a las llamadas de los bebés de una manera directa y significativa. Esta interacción comienza muy temprano en la vida cuando un bebé emite sonidos y el adulto dirige su atención hacia la cara del bebé. A través de esta interacción se forman los cimientos de la arquitectura cerebral, sobre la cual toda futura capacidad o habilidad será construida.
En la ausencia de un adulto que responda sensiblemente y de forma constante, la arquitectura del cerebro no se forma como la naturaleza la diseñó. Esto —lamentablemente— puede dar como resultado problemas posteriores de aprendizaje y de conducta, pues el cerebro es un órgano muy vulnerable y complejo. Sus múltiples funciones operan coordinándose entre sí, de manera que las estructuras cerebrales que no se formaron inicialmente, impactarán negativamente en la posterior formación de las capacidades cognitivas, emocionales y sociales del niño o niña. Todas estas habilidades están intrínsecamente conectadas entre sí durante todo el curso de la vida. El bienestar emocional y las habilidades sociales proveen una base fuerte para otras habilidades cognitivas que emergerán después. Al mismo tiempo, cada etapa se construye sobre lo que ocurrió anteriormente. Es por esto que si nos aseguramos de que cada niño tenga a un adulto cuidador que consistente y efectivamente responda a sus necesidades estaremos construyendo los cimientos en el cerebro para albergar todo futuro aprendizaje, conducta y buenos patrones de salud tanto físicos como mentales.
Finalmente, las investigaciones demuestran que el vínculo de apego influye directamente en la organización neuronal y en las funciones ejecutivas de la corteza pre-frontal. Siete de nueve funciones de la corteza pre-frontal cerebral son resultado de un apego seguro. Estas son: regulación del cuerpo, comunicación sintonizada, regulación de las emociones, empatía, flexibilidad, conciencia de sí mismo e inhibición del miedo. El Dr. Daniel Siegel ha demostrado, además, que el apego ayuda a las neuronas a fortalecer sus sinapsis en los circuitos y canales cerebrales que después se convierten en nuestras representaciones mentales y modelos de interacción1.
Resolución de problemas
Los bebés son pequeños científicos y aprenden a resolver problemas cada vez que tocan, huelen, ven o saborean algo del mundo que les rodea. Sin embargo, no pueden mostrar ninguna destreza de resolución de problemas hasta el sexto mes. En el siguiente capítulo podrás leer más acerca de cómo demuestran esta habilidad los bebés desde los seis meses en adelante.
Juego
El juego es el trabajo de los bebés y niños y es lo que les permite desarrollar intelectualmente, socialmente y hasta emocionalmente. El juego debe ser una parte importante del diario vivir de todos los bebés y niños.
Durante sus primeros meses los bebés juegan en base a la observación. Es muy divertido para ellos ver todo lo que les rodea y aman ser expuestos a diferentes clases de escenarios y ambientes. Les encanta que se les hable, que se les cante, que se les bese y se les acaricie. Les gusta que les muestres los sonidos que hacen los chinescos y otros juguetes aun cuando ellos no puedan todavía manipularlos. Todas estas cosas ayudan al bebé a aprender cómo se interactúa con el ambiente. Después de todo para eso está el juego, para enseñarles algo sobre el mundo en el que viven.
A continuación una lista de sugerencias de juguetes comúnmente disponibles en el mercado para los primeros seis meses:
Hasta el tercer mes:
• Sonajeros de colores llamativos, con distintos sonidos
• Móviles y colgantes
• Muñecos de tela de diferentes texturas que no desprendan pelusas
• Llaves, campanitas
• Mantas didácticas con objetos y colores diferentes
Del cuarto al sexto mes:
• Alfombras y mantas didácticas
• Gimnasios infantiles
• Sonajeros con forma de argollas
• Cubos de plástico o tela
• Espejos irrompibles
• Pelotas pequeñas de plástico blando
Dato curioso: los papás y las mamás tienen diferentes maneras de jugar con un bebé. Los papás suelen usar su cuerpo como una especie de gimnasio para bebé y les gusta interactuar con sus bebés de maneras usualmente más exuberantes y más bruscas que las mamás. Las mamás, por el contrario, suelen jugar usando un juguete o un estímulo externo como intermediario. La exuberancia, por así llamarla, de los papás es algo común en muchos mamíferos y puede ser beneficioso cuando se lo hace con cuidado. Recuerda que las extremidades y el cerebro del bebé son todavía muy frágiles a esta edad, de manera que para cualquier juego que implique movimientos corporales rápidos y repentinos, estos deben ser hechos de formas apropiadas. En muchas culturas los papás suelen columpiar a sus bebés levemente boca abajo (agarrados de los tobillos) pues se cree que este tipo de movimiento desarrolla el sistema vestibular.
Aprendizaje
A esta edad los bebés aprenden a partir de la interacción con sus padres y con el mundo que les rodea. Les interesa más socializar y ver la cara de mamá que explorar ese juguete electrónico lleno de luces que le regalaron al nacer. Tocar, saborear, dar palmaditas y pataditas son, por lo general, las maneras en las que los bebés aprenden sobre el mundo los primeros seis meses. Es por esto que los mejores juguetes para los bebés de esta edad son aquellos que les ofrecen muchas experiencias sensoriales (juguetes de tela con colores, texturas y sonidos diferentes) o aquellos que ven a menudo en casa (cucharas, sartenes, los guantes de papa y/o las llaves del coche).
INDICADORES DE
DESARROLLO COGNITIVO
DESARROLLO DEL HABLA Y LENGUAJE
Los recién nacidos vienen de un lugar oscuro y ruidoso. En el vientre pudieron escuchar los sonidos del corazón de su madre, los rugidos de su estómago y su voz. A los pocos días de nacer los bebés pueden ya distinguir su lengua natal de entre otras lenguas. Se sienten atraídos por lo familiar y al reconocerlo dan pataditas o sacuden sus brazos. Los padres en esta etapa suelen, instintivamente, agudizar la manera en la que les hablan a sus bebés. Sus voces se tornan más agudas y las palabras son pronunciadas más lentamente, haciendo énfasis en ciertas vocales. “¡Mira esos lindos piececiiiitoooos!” o “A ver, ¿quieeeeeen se ha despertadooooó?” Este estilo de comunicación tan instintivo para los padres ayuda al bebé a aprender y a responder acorde. Los padres hablan y los bebés responden dando pataditas o estirando los brazos. Su lenguaje, durante algunos meses, es un lenguaje corporal y de esa misma manera comunican sus necesidades. Cuando sus primeras señales son ignoradas o no han sabido ser interpretadas correctamente, entonces recurren al llanto.
En muchas culturas primitivas y en algunas culturas orientales en donde los bebés duermen con sus madres y son porteados la mayoría del día, los bebés casi no lloran puesto que sus madres —gracias a la constante interacción que permite la cercanía— tienen una sintonización tal con sus bebés que aprenden a interpretar sus señales y satisfacen sus necesidades incluso antes de que el bebé recurra al llanto. En las culturas occidentales, sin embargo, esto no sucede puesto que las demandas sociales son otras. Es por esto que los bebés de las culturas occidentales suelen llorar mucho más, pues es la manera que funciona para que sus necesidades sean tomadas en cuenta. Los bebés lloran por muchos motivos. Las necesidades de los bebés van desde las básicas, como comer y dormir, hasta las emocionales como ser consolados o ser portados. A continuación una lista las razones más comunes por las cuáles los bebés lloran o se quejan. Muchas de estas razones son conocidas por todos, otras tal vez sean nuevas para ti.
• Hambre
• Sueño
• Fatiga
• Soledad
• Necesidad de ser portado
• Necesidad de contacto piel a piel
• Irritabilidad o malestar
• Gases o cólicos
• Mucho frío o mucho calor
• Percepción de que uno de los padres está estresado
• Estrés a causa de mucha estimulación
• Poca estimulación o poca interacción con los padres
• Ruidos fuertes que les asustan o les caen de sorpresa
• Mucha luz (recuerda que estuvieron en un ambiente oscuro 9 meses)
• Sensibilidad a algo ingerido a través de la leche de la madre
• Dentición
• Algún dolor o problema médico no identificado como infección de oído, anemia o reflujo
A medida que vayas conociendo a tu bebé aprenderás a descifrar sus señales de comunicación y sus diferentes llantos. Hay llantos muy agudos que son, por lo general, señales de malestar físico o de una urgencia de ser atendidos. Hay otros llantos menos agudos que comunican una necesidad de tipo emocional, como la necesidad de cercanía física con sus padres.
El saber leer e interpretar sus señales de comunicación puede ayudar a los padres a evitar a que se produzca el llanto. El llanto es el último recurso de comunicación que los bebés usan cuando sus primeros intentos de comunicación han fallado. Sin embargo, si los adultos a cargo reaccionan y responden solamente al llanto, este se convertirá en el único recurso de comunicación que el bebé usará pues ha aprendido que es el único que le sirve.
El llanto como método de comunicación y siempre que no sea prolongado, no es perjudicial. Pero una vez que estalla, es más difícil lograr que el bebé vuelva a su estado emocional normal. Un bebé que lacta y que duerme en la cama con mamá (o con los dos) —por poner un ejemplo— aprende a encontrar por sí solo los senos de su madre al dormir por la noche, aún en plena oscuridad. Si éstos no están al alcance de su boca, entonces el bebé emite quejidos de hambre ante los cuales la madre (estando tan cerca) puede responder a la petición inmediatamente, satisfaciendo así esa necesidad antes de que estalle el llanto. De no estar tan cerca la madre sería más difícil satisfacer esa necesidad a tiempo, pues una vez que estalla el llanto, les lleva más tiempo a los dos conciliar el sueño nuevamente.
INDICADORES DE DESARROLLO
DEL HABLA Y LENGUAJE
Cómo ayudar en el desarrollo cognitivo y de lenguaje de tu bebé
Hacia los 2 meses
• Demuestra su entusiasmo y sonríe cuando tu bebé “hable”.
• De vez en cuando, copia los sonidos que hace el bebé, pero también utiliza un lenguaje claro.
• Presta atención a los diferentes llantos de tu bebé, para poder aprender a distinguir qué es lo que quiere.
• Háblale, léele y cántale.
Hacia los 4 meses
• Copia los sonidos que hace tu bebé.
• Demuestra entusiasmo y sonríe cuando tu bebé “habla”.
• Dedica momentos de tranquilidad para leerle o cantarle.
• Dale juguetes adecuados para su edad, como sonajeros o ilustraciones coloridas.
• Juega, por ejemplo, a esconder tu cara detrás de las manos.
• Con las medidas de seguridad adecuadas, dale oportunidades para que pueda alcanzar juguetes y explorar lo que le rodea.
Hacia los 6 meses
• Repite los sonidos que hace tu hijo y di palabras sencillas utilizándolos. Por ejemplo, si tu hijo dice “ba”, di “barco” o “balón”.
• Léele libros todos los días. Felicítalo cuando balbucee y también cuando “lea”.
• Cuando tu bebé mire hacia un objeto, señálalo, agárralo y descríbelo.
• Cuando el bebé deje caer un juguete al suelo, recógelo y devuélveselo. Este juego le ayuda a aprender sobre la relación causa-efecto.
• Léele libros con ilustraciones coloridas.
• Señala cosas nuevas y dile cómo se llaman.
• Muéstrale las ilustraciones llamativas de las revistas y dile qué son.
INDICADORES DE DESARROLLO
MOTRIZ Y FÍSICO
Cómo ayudar en el desarrollo motriz y físico de tu bebé
Hacia los 2 meses
• Juegua a esconder la cara detrás de tus manos.
• Enséñale a que juegue a esconder su carita también. Coloca un espejo para bebés en la cuna, para que pueda mirarse en él.
• Mirad ilustraciones juntos y háblale sobre lo que ves en ellas.
• Acuéstalo boca abajo cuando esté despierto y coloca juguetes a su alrededor.
• Sostén juguetes frente al bebé para que los vea y así alentarle a levantar la cabeza.
• Sostén un juguete o un sonajero por encima de su cabeza para alentarle a alcanzarlo.
• Sosténlo de pie, con los pies apoyados en el suelo. Cántale o háblale mientras está así, levantado.
Hacia los 4 meses
• Pon juguetes cerca de tu bebé para que trate de agarrarlos o patearlos.
• Pon juguetes o sonajeros en su mano del bebé y ayúdalo a agarrarlos.
• Sostenlo de pie, con los pies apoyados en el suelo, y cántale o háblale mientras está en posición levantada con apoyo.
Hacia los 6 meses
• Sostén al bebé mientras está sentado o pónle almohadas como sostén. Déjale observar a su alrededor y dale juguetes para que mire mientras se mantiene sentado.
• Pon al bebé boca abajo o boca arriba y coloca juguetes cerca pero fuera de su alcance. Anímalo a que se dé la vuelta para agarrar los juguetes.
DESARROLLO PERSONAL
Tu bebé es una personita única que crecerá, pensará y sentirá de maneras que nunca nadie más haya pensado y sentido. Ese proceso de crecimiento personal está influenciado por cada experiencia diaria. Todas las experiencias de éxito o fracaso, de frustración o de satisfacción son un bloque más en la construcción de su personalidad. Cada experiencia de interacción social le enseña a tu bebé acerca de sí mismo y acerca de la persona en la cual se convertirá. Hay tres aspectos del desarrollo personal que se hacen evidentes a medida que el bebé va creciendo: la Conciencia del Yo, la autonomía y el desarrollo de su sentido de responsabilidad.
Conciencia del Yo
A pesar de que esto nos es difícil de imaginar a los adultos, los bebés no tienen idea de que son seres separados de sus madres. Sus mentes no están listas para entender que su existencia es independiente de la existencia de otros. Si no escuchan, huelen o ven a mamá o a cualquier otro cuidador que ocupe su rol, los bebés están diseñados para entrar en modalidad de pánico puesto que “no estar” se traduce como “no existir” y de no existir mamá entonces “tampoco existo yo”. De la madre o del cuidador principal depende su supervivencia. La Conciencia del Yo se desarrolla alrededor de los 18 meses, antes de esa edad mucho de su tiempo de interacción y de juego está enfocado en aprender a hacer esa distinción.
Autonomía
Aún antes de que puedan hablar o caminar, dan pequeños pasos hacia su autonomía. La autonomía es la necesidad de todos los seres humanos de sentirnos independientes, de actuar de acuerdo a nuestra voluntad y de tener potestad sobre lo que pasa en nuestras vidas. Es esa necesidad de autonomía la que impulsa a los bebés y niños a querer controlar lo que pasa a su alrededor, y es gracias a ella que muchos padres e hijos pelean, se enfadan y se resienten a lo largo del camino de la infancia.
A esta edad, los bebés muestran su autonomía al agarrar la nariz de mamá o al tirar cosas al suelo para que otros las recojan. Están aprendiendo que para cada acción hay una reacción. Saben que cuando se ríen hacen a otros sonreír o aprenden que si emiten sonidos lograrán que los adultos se acerquen a “conversar” con ellos.
Responsabilidades
La responsabilidad significa que se pueda confiar en uno. Es un valor que está en la conciencia de una persona, la misma que le permite orientar y medir las consecuencias de sus actos. Es un valor que los niños aprenden a medida que crecen y esta es la etapa en la que las semillas de la responsabilidad se plantan. Las primeras lecciones de responsabilidad son dadas por los padres cuando éstos responden con cariño y de manera efectiva a las necesidades del bebé. Los adultos responsables cuidan y responden a las necesidades del bebé e intentan calmar su angustia al proveerle alimento, atención, brazos y contención de manera oportuna. Los adultos responsables no dejan llorar a los hijos con el único objetivo de mostrarles quién manda en casa. En definitiva, los adultos responsables dan amor incondicional y enseñan a los bebés acerca de la responsabilidad, portándose responsablemente en su cuidado hacia ellos.
A medida que los niños van creciendo, esa responsabilidad se traduce en acciones que ellos y ellas pueden ir haciendo en casa como parte del sistema familiar al que pertenecen. Por lo pronto, lo único que les corresponde hacer es crecer, desarrollar y aprender a confiar en el mundo que les rodea y en los adultos a su cargo. De su capacidad de confiar dependerá su capacidad de responder a las demandas que el mundo y los adultos pondremos en ellos.
DESARROLLO DE LA AUTODISCIPLINA
Según Shapiro y White, en Mindful Discipline, los primeros siete años de la vida de un ser humano son años netamente guiados por el impulso y el instinto. El Dr. Dan Siegel, neuropsiquiatra, profesor de UCLA y autor del libro El cerebro del niño afirma que tanto el impulso como el instinto son funciones del cerebro inferior o primitivo de los seres humanos. Esa es la parte del cerebro poco racional y netamente emocional. La naturaleza ha dotado a los bebés con aquellas funciones puesto que esto asegura que los adultos a su cargo les den la guía, el cuidado y la protección necesaria para sobrevivir.
Los niños que ven sus necesidades satisfechas consistentemente y cuyos padres están bien sintonizados con sus necesidades, desarrollan apertura, curiosidad y resiliencia. Cuando los niños perciben el mundo desde esta modalidad optimista y progresista, entonces su cerebro se mantiene receptivo. Por el contrario, cuando los bebés no ven satisfechas sus necesidades entran en estado de constante alerta usando toda la energía que tienen para sobrevivir y no para desarrollarse. La activación constante de la respuesta al estrés sobrecarga los sistemas en desarrollo de los bebés y niños con consecuencias serias que perduran durante el resto de la vida. Esto es lo que se conoce como estrés tóxico.
A través de las nuevas tecnologías se ha podido comprobar en estos últimos treinta años que el cerebro es un músculo cambiante y plástico que responde y se moldea a las experiencias vividas. Aquellos circuitos cerebrales más usados hacen más conexiones neuronales y, por lo tanto, se expanden creando áreas cerebrales más amplias y fuertes. De ahí la importancia de que las experiencias de los niños sean experiencias basadas en la reflexión, en la comunicación y en la enmienda y no en el miedo y en la humillación. Esto es porque hay zonas cerebrales también dedicadas a activar las emociones más arcaicas y reactivas dedicadas a la autoprotección, las cuales si son activadas frecuentemente se volverán cada vez más fuertes.
Valores y moral
Para poder desarrollar valores como la honestidad o la amabilidad es indispensable para el ser humano el poder experimentar emociones desagradables como el remordimiento o la culpa, que son sentimientos que se asocian con la conciencia moral. Antes del primer año, sin embargo, los bebés no tienen la capacidad de entender que son seres separados de otros, y no tienen “Conciencia del Yo”, de manera que les es imposible empatizar con las emociones de otros. El primer año es una etapa muy egocentrista y nada empática. Esto no significa, sin embargo, que no puedan aprender sobre valores en la cotidianidad. De hecho, las experiencias que hacen que un niño desarrolle valores empiezan muy temprano en la vida.Tú le enseñas a tu bebé lecciones de buena moral en el vivir diario cuando le dices “no” ante un golpe en tu cara. Las interacciones cálidas con tu bebé le están enseñando importantes lecciones de respeto y de amabilidad hacia otros. Eventualmente, cuando tengan la capacidad madurativa, ellos transferirán esas lecciones a su propia vida. Serán capaces de demostrarse respeto a sí mismos y a otros a su alrededor. Los bebés que han sido cuidados y cuyas necesidades emocionales han sido satisfechas podrán mostrarse cuidadosos y empáticos con otros. Por el contrario, los bebés cuyas necesidades han sido ignoradas tenderán a ignorar los sentimientos de otros.
Autocontrol
